Los desechos cotidianos de una sociedad moderna, accidental… y cretina

Desde hace ya un tiempo, y no sólo en Argentina, se observa que la cuestión de los desechos cotidianos, la llamada “basura” ha cambiado francamente de status.

Brutalmente, podríamos decir que apareció. Porque durante décadas, o siglos, había permanecido cuidadosamente invisibilizada.
Sus dimensiones se hicieron tales que difícilmente podía sostenerse aquel ocultamiento, aquella liviana ignorancia.
El sistema establecido de producción de basura cuidó celosamente aquella invisibilización. Era la que permitía eliminar costos, lo que en economía se llama externalizarlos.  Pagadiós, la madre o puta madre natura si juzgamos por el tratamiento, los nietos, el fondo oceánico, en fin.

En 1977, cuando el aire de Buenos Aires se había hecho francamente irrespirable, por dos causas bien distintas, es cierto (el aire espiritual por la caza callejera del diferente desde los equipos de torturadores llamados oficialmente grupos de tareas); el aire físico, bien material, había alcanzado tal grado de contaminación mediante la quema de plásticos en todos los edificios de la capital, que el sistema político imperante tuvo que afrontar dicha contaminación. Mediante el cómodo expediente, es cierto, de alojar los desechos en enormes zanjones (que han dado lugar, con las décadas, a preciosuras semánticas como el Camino del Buen Ayre).1
La contaminación, entonces,  no desapareció, sólo se aplazó. Con el tiempo, empezó a sufrirla un sector, no más del 1% o el 0,5 % de la población, el más próximo a los vertederos; los vecinos de José León Suárez, Wilde, González Catán y últimamente Ensenada…
Pero si es cierto que desde la Luna la única obra humana perceptible no es la promocionada Muralla China sino el basurero de Nueva York, parece lógico que en algún momento semejante cuestión perdiera su invisibilidad, y que a la larga esperemos que sus responsables vayan perdiendo su impunidad.

La del tero: evitar mostrar donde está el problema

Pero estamos lejos del regocijo, lejos del núcleo problemático. Porque las más de las veces se aborda un problema cuando ya resulta insoslayable. Y sólo eso. Por otra parte, la floración de abordajes que cada vez más escuchamos sobre “la basura” presenta un sesgo sintomático: mucho reciclaje, mucha basura cero, mucha recuperación, las tres erres (reciclar, reducir, reusar) o incluso las algo más radicales cinco erres (rechazar, reparar, reducir, reusar, reciclar), pero todo o casi todo parece dedicado al consumo, al mercado de consumo. Nuestros “basurólogos” más o menos recientes, más o menos oficiales, parecen muy dedicados a encarar el consumo, no la producción.
Pero es justamente en la producción de mercancía (que prestamente se hará basura) donde está el núcleo del problema. Por lo cual, toda política concentrada en encauzar el consumo se va a parecer, peligrosamente, a arar en el mar.
Claro que ello tiene una ventaja: no toca los intereses “principales” y, en cambio, tiende a modificar la vida de los que no tienen capacidad decisoria: si no se puede hacer lo importante, al menos parecer como si se lo hiciera.
Con un plus nada despreciable desde el punto de vista de las relaciones públicas: encarar la administración de los residuos ya producidos, se ensambla con una actividad que espontáneamente, por necesidad, encararon sectores muy sumergidos de la sociedad contemporánea; los más golpeados por la modernización sacralizada y genocida: campesinos y peones rurales expulsados por la tecnificación creciente, obreros desocupados y con baja calificación, arrancados del mercado de trabajo con modernizaciones o extranjerizaciones, población toda ella que ante la indigencia golpeando a sus puertas, encararon la recolección de lo salvable de sociedades que mientras expulsan gente desde las capas más empobrecidas, por “abajo”, derrochan bienes desde las capas socioeconómicas de más “arriba”.

El problema planteado por los últimos proyectos y exposiciones sobre el tema de “la basura” que leemos cada día más en la prensa, en los sitios-e, que vemos en los informes televisivos, pasa entonces, si se es ejecutivo y sistémico, por ordenar el volumen, establecer centros patéticamente llamados “verdes” donde habrá gente –jamás los programadores– que harán la clasificación de los desechos (eso sí, con guantes y barbijo, ya que no escafandra) y si se es basurólogo pero progre, se pondrá el acento en la tarea socioeconómica de cartoneros, recuperadores y clasificadores y en el reconocimiento de sus derechos como tales. Casi como si se tratara de una profesión elegida a la que faltaba regular, como si habláramos de rematadores antes de ser colegiados, o de periodistas todavía en actividad espontánea o de diagramadores electrónicos en el momento de su irrupción laboral… como si no se tratara de una opción asumida dentro de la mayor necesidad, arrinconado cada uno por un sistema que tritura no sólo las mercancías…
Por cierto que es mejor que los clasificadores trabajen sin represión,  con reconocimiento (y hasta agradecimiento, bien merecido) social, con mejores condiciones higiénicas, pero el tema de fondo es, como ya señalamos, muy otro.
La prueba del nueve de que la actitud de los que han encarado el tema de la basura desde la progresía no conocen ni les importa el destino de los cartoneros y clasificadores por más que los invoquen permanentemente es que, cuando salieron en Montevideo con el inefable intendente Arana unos primorosos contenedorcitos que ahogaban totalmente la labor de recuperación, no sólo no escuchamos críticas ante tal política que englobaba residuos en lugar de separarlos, sino que ni siquiera  hubo espacio para abordar tal medida con el necesario ojo crítico en prensa progre. Se nos dijo: ¿Cómo criticar medidas municipales tan populares (lo cual era cierto)? 2

¿Campaña de impacto o hecho cultural?

¿En qué términos se manejan desde los medios de incomunicación de masas y desde las direcciones políticas este asunto?
Como una cuestión de campañas (de concientización), como una cuestión de organización (los centros verdes en Buenos Aires) y de estructuración de un significativo gremio novel: el de los clasificadores de la basura.
El CEAMSE en el Gran Buenos Aires había procurado en su momento poner en funcionamiento tales centros de clasificación de los restos, de las veinte mil toneladas diarias que el GBA expulsa de sus hogares luego de compradas en supermercados, autoservicios, centros de compras y otros lugares de mercadeo. Tuvieron que suspender las tareas, porque el olor nauseabundo era tal que ni siquiera la gente más maltratada por el sistema podía hacerse cargo.
Sin embargo, hay programadores, grupos de inversores asistidos técnicamente, que ven con buenos ojos la instalación de tales cámaras depurativas.

Es interesante seguir “el razonamiento” de especialistas en la materia como Elena Sanusian, auspiciada por el BGS Groups, una empresa de “análisis y asesoramiento de inversiones”, actuante en Argentina (Brasil y Venezuela).
Sanusian, en conferencia sobre el particular,3 concentra toda la actividad posible para encarar “la solución” de los residuos en la administración de lo consumido y devenido tal, con consignas entradoras, como  “del consumismo irracional al ecoconsumo responsable”. Sostiene que hay que “armar eco-clubes (algo que se utiliza en Europa) donde capacitar a los niños que luego vuelven al seno de sus familias”. Sin embargo, bien pronto se somete a la cruda realidad que nos habita, y entonces postula la separación de la basura (para recuperar, reciclar, reusar) en grandes “establecimientos”, donde “operarios” proceden a hacer esa separación “perfecta”. En medio de la mayor higiene y sin olor alguno. Lo que denomina ‘Plan integral para el tratamiento de los desechos’.
Una transición por lo menos rápida, del análisis social y la concientización al más feroz continuismo: ya estamos “respirando” soluciones tipo Macri.

Dice sin desmayo y con escasa conciencia de sus palabras: “Ésta es la tarea en que tendremos que trabajar todos”. Parafraseando a Orwell, algunos tendrán que hacerlo un poquito más que otros, ¿no?

Insiste mucho en la concientización de los consumidores. Se le ha pasado por alto –menudo detalle–  la concientización de los empresarios. La necesidad de reconfigurar la producción industrial, el universo fabril del cual proviene buena parte, por no decir casi todo lo que poco después se convierte en desechos.
A medida que avanza en su planteo, ni siquiera la concientización minutos antes ensalzada parece ya demasiado importante. Dice, sí, que lo mejor es la separación en el hogar (en origen) pero sostiene a la vez que las plantas de tratamiento son tan eficientes que resulta indiferente el estado en que ingresen los desechos [sic]. Y afirma rotundamente “que funcionan óptimamente aunque los residuos vengan  en el mayor entrevero”.
Y da una puntadita final: “Puede haber tratamiento con y sin separación de residuos.” Pero si nosotros en Argentina queremos hacer tratamiento con separación en origen, “tendríamos que empezar desde muy abajo” y eso significaría “un proceso de mucho tiempo”. Por eso, “el valor de las plantas de tratamiento de que estoy hablando es que son aptas no sólo cuando llega la basura separada” sino cuando llega “en el peor estado en que nosotros nos podemos imaginar”. Compactada o sin compactar, incluso directamente desde el camión.
“Cae por una tolva en una mesa larga, de ahí se comienza a separar mediante manejo manual en general, se separa lo que es reciclable de lo que no es reciclable [sic]. Se ve que nuestra técnica no ha avanzado un pasito más en “lo reciclable”. Seguro que se pierde.
‘Y así llegamos a tener una partida para lo que se llama disposición final, pero no como la habitual en que va todo entreverado sino que ha pasado por una selección previa…’
Le pregunto final y retóricamente:
-¿Usted ha hecho algo de lo que cuenta? y le abro la puerta de salida: ¿Quién realiza semejante separación?
-“Operarios, claro”, me contesta. Ah.

Los diseñadores de una tarea que ni los esclavistas más imaginativos pudieron concebir

Los grandes solucionadores de la basura cero han encontrado una tarea que ni los más perversos de los esclavistas de todos los tiempos habrían imaginado: seleccionar basura, elegir e ir separando los restos que la humanidad urbana, consumista y sofisticada deja detrás suyo. Imaginen apenas: restos de verduras, cáscaras de banana, potes plásticos de yogur, hilos rotos, pilas gastadas, grasa y bordes del plato del mediodía, medias rotas, sonajero que ya no suena, diskette arruinado, pelo del perro, camiseta gastada, papeles de envolver, sobres de las facturas a pagar, restos de arroz hervido, sobres de té, cáscaras de queso, bolsas de todo lo imaginable, de fruta, de electrodomésticos, bandejas de telgopor, películas plásticas de todo tipo de alimentos, comida en mal estado, plásticos duros de protección de cartuchos, cubeteras averiadas, lamparitas quemadas, otros restos de comida, panes viejos, volantes, comida en pésimo estado, jirones de lo que se te ocurra, mezclados con mugre, biromes gastadas o rotas, restos de carnes, de verdura, ramas y flores ajadas, vasos rotos, agendas y almanaques viejos, agujas hipodérmicas descuidadamente arrojadas al tacho, potes de cremas o desodorantes gastados, cortinas desvencijadas, ropa en desuso, folletería de propaganda, diarios viejos, tubos plásticos de varios productos alimentarios procesados (mostaza, salsa dulce de tomate), muebles rotos y viejos, herramientas ídem, mangueras agujereadas, llaves obsoletas, frascos de mermelada o de cera para muebles, enchufes descompuestos, pañales descartables, herrajes rotos, pasajes caducos, algodones usados, cuadernos en desuso, electrodomésticos inutilizados de todo tipo y tamaño (secadores de pelo, procesadoras de cocina, relojes a pila), botellas de vidrio o de plástico de cerveza, agua, vino, aceite, vinagre, bebidas alcohólicas fuertes, refrescos, y un larguísimo etcétera. A lo que hay que agregar lo que uno tira en el lugar de trabajo; vasitos plásticos para café, toallas de papel, papelería diversa o desde el auto: envases varios, cubiertas, baterías gastadas, o desde el jardín…

Y estamos hablando de un “hogar” que no bebe agua embotellada… que es el principal problema de saturación de los vertederos hoy en día…
Todo eso más o menos junto va creando un hedor nauseabundo. Basta acercarse a los tan bienvenidos contenedorcitos en una día de calor para darse cuenta. La diferencia es que uno lo huele a la distancia y el cartonero, clasificador, a menudo se zambulle adentro para rescatar lo rescatable… Imagine el lector no ya un contenedor de un metro cúbico sino un galpón con cientos de metros cúbicos de tal mixtura., recuerde el lector que el tiempo agrava la situación de los contenidos por putrefacción, agriamiento, aparición de larvas e insectos de todo tipo…

La cuestión de los desechos industriales, del mercado y del hogar no es un problema técnico ni organizativo sino cultural
Esta recorrida por las propuestas en boga nos permite avizorar que estamos muy, pero muy lejos de abordar realmente el problema de “la basura” generada por el consumo irrefrenable.
Encarar el problema es vérselas, precisamente, con ese consumo irrefrenable, el consumismo. La idea de sociedad que nos domina hoy en día. Que dista de ser eterna, natural o inmutable. En rigor, la producción de basura es un fenómeno relativamente reciente de la humanidad. En tiempos pretéritos ni había recolección de basura ni había acumulación propiamente dicha.  O la había en términos casi despreciables. Los vikingos llenaban hoyas durante generaciones. Claro que se trataba de agrupaciones de no más de cientos de seres humanos o tal vez miles. Pero tardaban décadas en llenar una hoya. Y cuando lo hacían, se desplazaban o hacían otra. Con nuestro régimen de consumo, mil habitantes llenaríamos cualquier hoya inmensa en cuestión de meses, no ya de generaciones. A razón de una tonelada o dos diarias, en cuatro o cinco meses tendríamos cubierto un volumen de entre cien y trescientas toneladas… una hoya más bien cuadrada de tres metros de profundidad y de diez metros de lado…

Un modelo occidental, moderno… e irradiante

La sociedad occidental moderna ha sido la gran forjadora de la producción de basura. Muy gradualmente, la sociedad moderna fue abandonando el ciclo de las cosas y constituyendo un proceso económico lineal, según el cual, el producto bruto se convierte en mercancía, se lo usa y se lo expulsa de la sociedad, desentendiéndose de él. En realidad, obligando al resto de la humanidad, ya sea las clases subalternas de los países “industrializados” o las sociedades periféricas (con sus propias reservas ambientales y habitacionales de privilegiados) a hacerse cargo de semejante “producción”, más o menos subrepticiamente expulsada.
La presencia de cada vez más productos químicos de difícil manejo (por su toxicidad, por ejemplo), fue facilitando ese camino, el destino rectilíneo de los bienes desde los albores de la modernidad, con el desarrollo  industrial en auge. Pero fue la invasión literalmente imparable de los termoplásticos a mediados del siglo XX el gran desencadenador de una conformación de la basura como ente ingobernable. Fue el auge ideológico del consumismo, del use-y-tire, la apoteosis de lo nuevo, la depreciación de lo usado, del remiendo, del zurcido, de los refritos alimentarios. El triunfo, en una palabra, del american way of life. Por ejemplo, en la cocina hogareña, todos aquellos platos, incluso sabrosos, como ropa vieja, torrejas, budines de pan, tartas, revueltos de todo tipo, albóndigas, que se hacían tan a menudo con los restos de la  comida anterior, fueron desapareciendo, de las mesas y del imaginario social nuestro. En realidad, la cultura consumista ha arrinconado a la propia cocina hogareña, hoy “nutrida” de deliveries; hasta el idioma proviene del Gran Hermano.
Fue también la llegada del alud de envasados. El mundo empresario, a caballo de razones atendibles, como la higiene, pero en realidad, más movido por los aumentos de rentabilidad que por la salud poblacional, fue universalizando los productos envasados, aboliendo los sistemas a granel.

Con una doble consecuencia: por un lado, como dice Vandana Shiva, las manos se fueron convirtiendo en agentes delictivas por excelencia: una sustancia tocada o rozada por manos, era algo penable, punible o rechazable. Como si lo envasado fuera garantía de pureza y calidad. Y por otro lado, la creación de envases, a menudo dobles, triples, cuádruples, agigantó el problema de la producción de desechos. A esa tijera que nos mutila y agiganta un problema habría que agregarle un tercer aspecto, –tendríamos que hablar de una triple consecuencia entonces– tan o más problemática que las anteriores: los envases que se usan, y los que más se usan, distan de ser inertes. Con lo cual, hemos introducido, modernización mediante, un factor patógeno desconocido o casi desconocido en tiempos tradicionales.
Pensemos que, p. ej.,  para el tratamiento de aguas minerales, hace ya un par de siglos, se usaban espitas de porcelana porque eran del material más inerte que se conocía, para no contaminar el agua surgente. O que el arquitecto romano Vitruvio, hace dos mil años, leyó bien, hace dos mil años, desaconsejaba el uso de cañerías de plomo para la distribución de agua potable en Roma, Pompeya y ciudades del imperio, por ser un metal que desprendía sustancias, no precisamente amigables para los humanos (ya estaba perfectamente diagnosticado el saturnismo). La sociedad moderna europeo-occidental, muy oronda, instaló las cañerías de plomo en todas partes, como señal de progreso, durante los siglos XIX y XX y no sólo para agua fría sino incluso para caliente, cuando el agua caliente se “come” literalmente dichos caños (y por lo tanto, los humanos ingerimos el plomo así extraído y pasado por las canillas respectivas).

La sociedad industrial, que despejó la visión para percibir una serie de acontecimientos inéditos en las sociedades humanas, a la vez, nos encegueció para ver otros aspectos de la naturaleza que las sociedades “tradicionales” sí sabían ver.

Lo que ganamos en técnica lo perdimos en sentido común

Sólo así pudimos “aceptar” plásticos blandos como envases de nuestros alimentos, cuando hay investigaciones terminantes de que dichos materiales empiezan a fundirse y a desprender sustancias cancerígenas a apenas 40 grados centígrados. La temperatura de cualquier verano rioplatense.4
Pero aquí estamos encarando el segundo de aquellos desastres: la montaña de basura creció sin medida ni concierto con la aglomeración incontenible de envases. Es lo que vemos hoy en cualquier campo, en cualquier mar.
Si llegamos a entender que se ha ido configurando un sistema de producción de basura que ha sido de interés para determinadas ramas industriales que se han expandido hasta lo irreconocible, como es el caso de la petroquímica, la industria del embalaje, y otras, entonces, es fácil darse cuenta que cualquier intento de cambiar este estado de cosas no pasa tanto por el consumo  –que siempre llega tarde y mal al problema–,  sino por la producción, que de algún modo configura el estado de situación.
Y si nos damos cuenta de esto, también podemos advertir que “el eje” no pasa por campañas de concientización, ni propaganda visual o televisiva, ni por las exhortaciones magisteriales a los niños en las escuelas, aunque todo eso contribuya en algo.
La situación es más bien de carácter económico y político.

Económico, porque ese estado de cosas afecta negativa o positivamente la rentabilidad empresaria.
Político, porque se necesitan decisiones para encauzar la actividad empresaria, por ejemplo, y la actividad material general, para evitar p. ej., el envasado ambientalmente gravoso o sanitariamente peligroso, y tantos otros encauces.
Pero que, por sobre todo, se trata de una cuestión cultural. Si sectores significativos de la población no ven problema en nuestras vidas cotidianas, va a estar difícil conseguir algo, bueno, durable. Porque es la cultura nuestra la que está en juego. Es un hecho cultural, aunque a algunos nos parezca atroz, aceptar sustancias cancerígenas y confiar luego en la medicina legal y oficial para obtener la detección precoz, que es el desiderátum de tantas campañas de “lucha contra el cáncer”).5
Si sectores decisivos de población prefieren vivir como viven, en todo caso con detección precoz (de cánceres, alergias, anemias, enfermedades autoinmunes, y otras patologías no sólo corporales sino también “mentales”), la basura es irrefrenable. Y los laboratorios festejarán, seguirán festejando, tal “elección”.

Cultura es lo que uno hace porque no puede no hacerlo

Si la gente advierte que nuestro sistema de vida nos miente, y en realidad es, poco a poco, cada vez más, un sistema de muerte, tal vez sí pueda haber un cambio. Pero tendrá que ser un cambio con rasgos culturales diferenciados. La primera erre tendrá que ser relevante: rechazar el uso de material irreciclable, como p. ej. los blixter, los tetrabrik, los sobres de papel con “la cómoda” ventana de plástico, los papeles plastificados (que no sirven para reciclar como plástico y menos como papel), las pilas no recargables, rechazar el uso “generoso” de bolsas de plástico que terminan rodando con el viento por mares y suelos, rurales y urbanos, rechazar la comida cargada de agrotóxicos, atreverse a reusar cosas, a reciclar. Pero no que lo haga “otro”, sino a partir de una asunción personal: cuando alguien ya no soporta un envenenamiento, lo que se suele llamar en el  contexto una contaminación, por ejemplo, eso quiere decir que en su trama cultural ya no lo puede incorporar (literalmente, metérselo en el cuerpo).

Cuando un edificio de veinte pisos con un predio de media manzana alrededor tenga habitantes que no soporten desprenderse cada día de una tonelada de materia celosamente escondida en bolsas negras de consorcio, y empiecen a reclamar, que, por ejemplo, los restos alimentarios, se composten en el jardín que tienen con solo césped, estaremos hablando de cambios culturales, cambios en la cultura cotidiana, que implica cambios de actitud y situaciones donde uno ya no puede comportarse como lo hacía antes y lo veía hacer a otros.
Mientras sigamos con técnicos viendo cómo hacer para que los cartoneros sean enterrados en vida en grandes recintos con tolvas para que “ellos” separen lo que pueden y devuelvan al cauce principal lo inservible, no habremos avanzado gran cosa, antes bien, nos habremos engañado una vez más. Porque los humanos tenemos la habilidad de hacerlo ene veces.

Luis E. Sabini Fernández */ luigi14@gmail.com


* Miembro del equipo docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista free-lance y editor de la revista semestral futuros del planeta, la sociedad y  cada uno.

notas:
1) Si esos zanjones además de postergar más que solucionar el problema de la contaminación por los desechos cotidianos, sirvió para resolver “dos en uno”, depositando restos humanos que “cosechaba” la dictadura entonces, es una pregunta de las que han quedado, por lo menos hasta ahora, sin respuesta.
2) En Buenos Aires, poco después, con la gestión Telerman, sobrevino algo por el estilo, aunque con un peregrino intento de clasificación entre residuos secos y húmedos. Tampoco entonces salió algún basurólogo progre a señalar que los promocionados y costosísimos contenedorcitos iban en sentido opuesto a todo criterio de separación en origen, una de las pocas medidas que, encaradas con un trasfondo cultural basado en la conciencia de la cuestión, tiene algún sentido.
3) Dictada en la Fundación R. Rojas, a fines de 2007.
4) Véanse “Detener al PVC” del equipo editorial de Integral, no 98, Barcelona, febrero 1988 y nuestros “Política de migraciones”  Página 12, Boletín Verde, 24 mayo 1992, reeditado en Ciudadanía planetaria, V. Bacchetta (comp.), Federación Internacional de Periodistas Ambientales, Montevideo, 2000;  “ALARA: otro mito tecnológico”, Revista del Sur, no 70, Montevideo, 10 jun. 1997; Basura y cultura, folleto del seminario-taller de Ecología y Derechos Humanos de la Cátedra Libre de DD.HH, de la Fac. de Filosofía y Letras de la UBA, 2º. cuatrimestre 2004; “La petroquímica y su visión autoindulgente sobre el desastre planetario”, www.rebelion.org del 20/6/2006, www.biodiversidadla.org del 21/6/2006, www.ecoportal.net/content/view/full/60988 del 3/7/2006, www.serviciosesenciales.com.ar, s/f.
5) Véase Samuel Epstein, oncólogo, autor de The Breast Cancer Program, estremecedora investigación sobre el cáncer de mama en EE.UU.: Epstein sostiene con documentación y pruebas irrefutables que las grandes organiza-ciones estadounidenses del área; National Cancer Institute (NCI) y American Cancer Society (ACS) luchan por la detección precoz, no por la prevención porque ‘es más la gente que vive del cáncer que la que muere por él’.


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El asalto oculto a las instituciones

Los niveles de la organización Inmediatista:

1) El Encuentro. Podría ser cualquier cosa desde una fiesta a un disturbio. Puede ser planeado o no, pero depende de la espontaneidad para “suceder realmente”. Ejemplos: encuentro anarquista, celebración neo-pagana, Rave, breve motín urbano o protesta espontánea. Por supuesto los mejores encuentros se convierten en TAZ’s como algunos de los Be-Ins de los 60s, las primeras reuniones de la tribu Rainbow, o el Disturbio de Stonewall.

2) El potlach horizontal. Un único encuentro de un grupo de amigos para intercambiar regalos. Una orgía planeada podría caer en esta categoría, siendo el regalo el placer sexual — o un banquete, siendo el regalo la comida.

3) La Minga (1). Como una minga de colchas, la Minga inmediatista consiste en un grupo de amigos/as que se reúnen regularmente a colaborar con un proyecto específico. La Minga podría servir como un comité de organización para un encuentro o un potlach, o como una colaboración creativa, un grupo de afinidad para la acción directa, etc. La Minga es como una Serie Pasional del sistema de Fourier, un grupo unido por una pasión compartida que solo puede ser realizada grupalmente.

4) Cuando la Minga adquiere un número de miembros más-o-menos permanente y un propósito mayor que un proyecto singular — un proyecto constante, digamos — puede convertirse en un “club” o una Gesellschaft organizada no-jerárquicamente para la actividad abierta, o también en un “Tong” organizado no-jerárquicamente sino clandestinamente para la actividad secreta. Ahora el Tong es del más inmediato interés para nosotros por razones tácticas, y también porque el club opera en el peligro de la “institucionalización” y por eso (en la frase de Ivan Illich), de la “contra-productividad paradójica”. (Eso es, mientras que la institución se acerca a la rigidez y el monopolio, comienza a tener el efecto opuesto de su propósito original. Sociedades fundadas para la “libertad” se convierten en autoritarias, etc.) El Tong Tradicional también es sujeto de esta trayectoria, pero el Tong Inmediatista es construido, por decirlo de alguna manera, para auto-destruirse cuando ya no sea capaz de servir su propósito.

5) La TAZ puede surgir de cualquiera o de todas las formas anteriores, singularmente, en secuencia, o en un patrón complejo. Aunque he dicho que la TAZ puede durar tan brevemente como una noche o tan extendido como un par de años, esta es sola una regla rústica, y probablemente la mayoría de los ejemplos están entre medio. Una TAZ es más que cualquiera de las primeras cuatro formas, en el sentido de que mientras dura, satisface el horizonte de atención de todos sus participantes; se convierte (por más corta que sea) en una sociedad completa.

6) Finalmente, en el levantamiento, la TAZ quiebra sus propias fronteras y fluye (o quiere fluir) hacia el “mundo entero”, hacia todo el tiempo/espacio inmediato disponible. Mientras dura el levantamiento, y no ha sido acabado por derrota o por un cambio hacia la “Revolución” (que aspira a la permanencia), la Insurrección mantiene la conciencia de la mayoría de sus adherentes espontáneamente sintonizada con ese otro modo esquivo de intensidad, claridad, atención, de realización grupal e individual, y (para ser obtuso) con esa felicidad tan característica de los grandes solevantamientos sociales como la Comuna o 1968. Desde el punto de vista existencial (y aquí invocamos a Stirner, Nietzsche y Camus), esta felicidad es de hecho el propósito del levantamiento.

Los objetivos de la organización Inmediatista son:

1) Convivialidad: el acercamiento en cuanto a cercanía física del grupo para el perfeccionamiento sinérgico de los placeres de sus miembros.

2) Creación: la producción colaborativa, directa e inmediata, de belleza necesaria, fuera de toda estructura de hipermediación, alienación, mercantilización (2) . Hace rato nos hemos hastiado de sutilizar los términos, y si no sabes a lo que nos referimos con “belleza necesaria” podrías también dejar de leer aquí. “Arte” es solo una sub-categoría posible de este misterio, y no necesariamente la más vital.

3) Destrucción: Iríamos más lejos que Bakunin, y diríamos que no hay creación sin destrucción. La noción misma de traer alguna nueva belleza a la vida implica que una fealdad anterior ha sido barrida del lugar o volada en pedazos. La belleza se define a sí misma en parte (pero precisamente) destruyendo la fealdad que no es ella. En nuestra versión del mito Soreliano de la violencia social, sugerimos que ningún acto Inmediatista es completamente auténtico y efectivo sin la creación y la destrucción: toda la dialéctica Inmediatista está implícita en cualquier “acción directa” inmediatista, tanto la creación-en-la-destrucción como la destrucción-en-la-creación. Por eso el “terrorismo poético”, por ejemplo; y por eso el verdadero objetivo o telos de toda nuestra forma organizacional es:

4) la construcción de valores. La “experiencia cumbre” Masloviana es formadora de valores a nivel individual; la factualidad existencial de la Minga, el Tong, la TAZ o el levantamiento permite que una “reevaluación de los valores” fluya de su intensidad colectiva. Otra forma de ponerlo: — la transformación de la vida cotidiana.
El vínculo entre la organización y el objetivo es la táctica. En términos simples, ¿qué es lo que hace la organización Inmediatista? Nuestra “estrategia” es la de optimizar las condiciones para la emergencia de la TAZ (o incluso de la Insurrección) — pero ¿qué acciones específicas pueden ser llevadas a cabo para construir esta estrategia? Sin tácticas, la organización Inmediatista podría también dispersarse de una vez. La “acción directa” debería fomentar la “causa”, pero también debe contener todo el potencial para el florecimiento de la causa en sí misma. De hecho, cada acto debe ser in potentia tanto apuntado al objetivo como idéntico al objetivo. No podemos usar tácticas que estén limitadas a la mediación; cada acción debe inmediatamente realizar el objetivo, por lo menos en parte, a fin de que no nos encontremos trabajando para abstracciones e incluso simulaciones de nuestro propósito. Aún así, las muy diferentes tácticas y acciones deberían además ser más que la suma de sus partes, y dar vida a la TAZ o al Levantamiento. Así como las organizaciones ordinarias no pueden proveernos de las estructuras que necesitamos, las tácticas ordinarias no pueden satisfacer nuestra demanda de “situaciones” tanto inmediatas como insurreccionarias.

La convivialidad es tanto una táctica como un fin. Noble en sí misma, puede servir como forma y como contenido para modos organizacionales tales como el encuentro, el potlach, el banquete. Pero la convivialidad por sí misma carece de la energía transformativa que generalmente surge solo de un complejo de acciones que incluyen lo que hemos llamado “destrucción” así como “creación”. La organización Inmediatista ideal apunta a este objetivo más complejo, y gana convivialidad como una estructura necesaria en ella. En otras palabras, reunirse en un grupo para planear potenciales TAZ para un grupo incluso mayor es ya un acto Inmediatista que involucra la convivialidad — como el reino de los cielos, se “suma a” todo el esfuerzo sincero por interrupciones más exaltadas. Podría parecer que el más puro acto o táctica Inmediatista involucraría sin embargo creación y destrucción simultánea más que solo convivialidad — por eso la Minga y el Tong son formas organizacionales “mayores” que el encuentro y el potlach.

En la Minga el énfasis está en la creación — la colcha, por así decirlo — el proyecto de arte colaborativo, el acto grupal de generosidad hacia sí misma y hacia la realidad, más que hacia una “audiencia” de consumidores mediatizados. Por supuesto la Minga puede también considerar y emprender acciones destructivas o “criminales”. Pero cuando lo hace ya ha dado, quizás, el primer paso para convertirse en una sociedad secreta o un Tong Inmediatista. Por lo tanto pienso que el Tong es la forma de organización inmediatista más compleja (o la “mayor) que puede ser pre-determinada a un grado significativo. La TAZ y el levantamiento dependen finalmente de muchos factores para que el proceso de “organización” sea llevado a cabo sin “suerte”. Como he dicho, podemos maximizar las posibilidades para la TAZ o la insurrección, pero no podemos realmente “organizarlos” o hacer que sucedan. El Tong, sin embargo, puede ser definido y organizado claramente, y puede realizar acciones complejas, tanto materiales como simbólicas, tanto creativas como destructivas. El Tong no puede garantizar la TAZ, mucho menos la insurrección, pero seguramente puede complacer muchos o la mayoría de los deseos inmediatos de menor complejidad — y después de todo podría ser exitoso en precipitar el gran evento de la TAZ, la Comuna, la “restauración del Ming” como un Gran Festival de Conciencia, el objetivo correlativo de todo deseo.

Teniendo todo esto en cuenta tratemos de imaginar — y luego criticar — posibles tácticas para el grupo Inmediatista, e idealmente para el Tong semi-permanente bien organizado o para el grupo de acción o red de afinidad virtualmente clandestinos, capaces de intentar acciones directas complejas y totalmente desarrolladas en una estrategia articulada. Cada acción de este tipo debe dañar o destruir simultáneamente algunos tiempos/espacios reales y/o imaginarios de “el enemigo”, incluso como crea simultáneamente, para sus perpetradores, la fuerte posibilidad de la experiencia cumbre o la “aventura”: así, en cierto sentido, cada táctica se mueve para apropiar y desviar el espacio del enemigo y eventualmente ocuparlo y transformarlo. Cada táctica o acción ya es potencialmente todo el “Camino” de la autonomía en sí mismo, de la misma forma que cada invocación de lo Real ya contiene la totalidad del camino espiritual (de acuerdo a la “gnosis” del Ismaelismo y el sufismo heterodoxo).
¡Pero espera! Primero: — ¿Quién es “El Enemigo”? Está muy bien eso de murmurar sobre conspiraciones de lo Establecido o de las redes de control psíquico. Estamos hablando de acciones-directas-en-tiempo-real que deben ser llevadas a cabo “en contra” de nodos identificables del poder-en-tiempo-real. La discusión de enemigos abstractos como “el estado” no nos conducirán a ningún lugar. No estoy oprimido (o alienado) directamente por ninguna entidad concreta llamada el estado, sino por grupos específicos como los profesores, la policía, los jefes, etc. Una “Revolución”: podría apuntar a derrocar un “estado”. Pero la Insurrección y todos sus grupos de acción Inmediatista tendrán que descubrir algún objetivo que no sea una idea, un pedazo de papel, un “espectro” que nos encadena a nuestros malos sueños sobre el poder y la impotencia. Jugaremos en la guerra de las imágenes, sí. Pero las imágenes surgen de o fluyen a través de nexos específicos. El espectáculo tiene una estructura, y la estructura tiene coyunturas, cruces, patrones, niveles. El Espectáculo incluso tiene una dirección — a veces — quizás. No es real en la forma en que la TAZ es real. Pero es lo suficientemente real como para un asalto.

Dado que los textos Inmediatistas han sido mayormente dirigidos a los “artistas” y a los “no-autoritarios”, y dado que el Inmediatismo no es un movimiento político sino un juego, incluso un juego estético, parecería inescapablemente obvio que deberíamos buscar al enemigo en los Medios, especialmente en aquellos que consideramos directamente opresivos. Por ejemplo, para el estudiante, el medio opresivo y alienante es “la educación”, y el nexo (el punto de presión) debe, por lo tanto, ser la escuela. Para el artista, la fuente directa de alienación parecería ser el complejo que usualmente llamamos los Medios, que ha usurpado el tiempo y el espacio del arte como quisiéramos practicarlo — que ha redefinido toda la comunicatividad creativa como un intercambio de mercancías o de imágenes alienantes — que ha envenenado el “discurso”. En el pasado el medio alienante era la iglesia y la insurrección era expresada en el lenguaje de la espiritualidad herética versus la religión organizada. Hoy los Medios cumplen el rol de la Iglesia en la circulación de imágenes. Así como la Iglesia alguna vez tramó una falsa escasez de santidad o salvación, los Medios construyen una falsa escasez de valores, o de “significado”. Así como la Iglesia alguna vez trató de imponer su monopolio en el espíritu, los Medios quieren re-hacer el lenguaje en sí mismo como pura mente, divorciado del cuerpo. Los Medios niegan el significado a la corporalidad, a la vida cotidiana, de la misma forma en que la Iglesia alguna vez definió al cuerpo como malvado y a la vida cotidiana como pecado. Los Medios se definen a sí mismos, o a su discurso, como el universo real. Nosotros, meros consumidores, vivimos en un mundo-mental de ilusiones, con TVs como ojos-enchufes a través de los cuales nos asomamos al mundo de los vivos, los “ricos & famosos”, los reales. Así mismo la religión definió al mundo como una ilusión y al cielo como lo único real — real, pero tan lejos. Si la insurrección le habló alguna vez a la Iglesia como herejía, así debe hablarle ahora a los Medios. Alguna vez, los campesinos revoltosos incendiaron iglesias. Pero, ¿cuáles son exactamente las iglesias de los Medios?

Es fácil sentir nostalgia por tales enemigos magníficos de antaño como la Iglesia Católica Romana. Incluso he tratado de convencerme que todavía vale la pena conspirar contra la desteñida charada actual de odio al sexo. Infiltrar la iglesia; llenar el anaquel de tratados con bellos volantes porno rotulados “Esta es la Cara de Dios”; esconder objetos dada/vudú bajo los asientos y detrás del altar; enviar manifiestos ocultistas al Obispo y al clero; filtrar amedrentamientos satánicos a la prensa idiota; dejar evidencia incriminando a los Illuminati. Un blanco incluso más satisfactorio podrían ser los Mormones, que están completamente cautivados por la hipermediada Tecnología de las Comunicaciones, y aún así intensamente sensibles a la “magia negra” (3). El Televangelismo ofrece una mezcla especialmente tentadora de Medios y mala religión. Pero cuando se trata del poder real, las iglesias se perciben bastante vacías. El dios las ha abandonado. El dios tiene su propio show estelar de conversación ahora, sus propios auspiciadores corporativos, su propia red. El verdadero blanco son los Medios.

El “asalto mágico”, sin embargo, todavía se mantiene promisoria como una táctica contra esta nueva iglesia y su “nueva inquisición” — precisamente porque los Medios, como la iglesia, hace su trabajo a través de la “magia”, la manipulación de imágenes. De hecho, nuestro mayor problema en asaltar a los Medios será inventar una táctica que no pueda ser recuperada por Babilonia y volverla hacia su propia ventaja-de-poder. Un jadeante reporte de “noticias en vivo” de que la CBS ha sido atacada por hechiceros radicales simplemente se convertiría en parte del “espectáculo de la disidencia”, el drama sub-maniqueo del discurso de la simulación. La mejor táctica defensiva contra esta co-optación será la sutil complejidad y la profundidad estética de nuestro simbolismo, que debe contener dimensiones fractales intraducibles al lenguaje plano de las imágenes del tubo. Incluso si “ellos” intentan apropiarse de nuestra imaginería, en otras palabras, conllevará un inesperado subtexto “viral” que infectará todos los intentos de recuperación con un nauseabundo malestar de incertidumbre — un “terror poético”.

Una idea simple sería volar una torre de transmisión de TV y luego llevarse el crédito de la acción en nombre de la Sociedad Americana de Poesía (que deberían estar volando torres de TV); pero tal acto puramente destructivo carece del aspecto creativo de la táctica auténticamente inmediatista. Cada acto de destrucción debería idealmente ser también un acto de creación. Supón que pudiéramos dejar en blanco una transmisión en un barrio y al mismo tiempo hacer florecer un milagroso festival, liberando y transformando el centro comercial local en una TAZ de una noche — luego nuestra acción combinaría destrucción y creación en una acción directa de belleza y terror verdaderamente Inmediatista — Bakuninesca, situacionística, dada real por fin. Los Medios podrían intentar distorsionarla y apropiar su poder para ellos, pero incluso así no podrían borrar jamás la experiencia del barrio liberado y su gente — y es probable que los Medios permanecerían, después de todo, silenciosos, ya que todo el evento parecería demasiado complejo para digerirlo y cagarlo como una “noticia”.

Una acción tan inmensamente complicada estaría más allá de las posibilidades de cualquier Tong Inmediatista, o sólo podría ser realizada por el más rico y completamente desarrollado. Pero el principio puede ser aplicado en bajos niveles de complejidad. Por ejemplo, imagina que un grupo de estudiantes quieren protestar contra el estupidizante efecto de la educación como medio, interrumpiendo o tomándose la escuela por un tiempo. Puede ser hecho fácilmente, como muchos agudos saboteadores secundarios han descubierto. Llevado a cabo como una acción puramente negativa, sin embargo, el gesto puede ser interpretado por la autoridad como “delincuencia” y de esa manera su energía podría ser recuperada para el beneficio del Control. Los saboteadores deberían crear un punto a través del cual se transmita simultáneamente información valiosa, belleza, un sentido de aventura. Por lo bajo, panfletos anónimos sobre anarquismo, educación en casa, critica a los Medios o información del tipo debieran ser “dejados en la escena” o distribuidos a otros estudiantes, facultades, incluso a la prensa. En el mejor de los casos, una alternativa a la escuela misma debería ser sugerida, a través de la convivialidad, el festival, el aprendizaje liberado, la creatividad compartida (4).

Volviendo al proyecto del “asalto mágico” a los Medios, o al embrujo-de-los-medios:: — debería también combinar en un gesto (más o menos) tanto los elementos creativos como destructivos de la efectiva obra de arte o de terrorismo poético Inmediatista. De esta manera probará (esperamos) ser demasiado compleja para el usual proceso de recuperación. Por ejemplo, sería fútil bombardear al blanco de los Medios con imágenes de horror, derramamiento de sangre, asesinato en serie, abuso sexual alienígena, chapoteo S&M y cosas por el estilo, ya que los Medios mismos son los principales proveedores de tal imaginería. El semi-satanismo del Guignol calza justo en el espectro del horror-como-control donde la mayor parte de la transmisión ocurre. No puedes competir con las “noticias” por imágenes de disgusto, repulsión, pánico atávico, o gore. Los Medios (si podemos personificarlos por un momento) podrían en primera instancia sorprenderse de que alguien se molestara en reflejar esta mierda de vuelta a los Medios — pero no tendría ningún efecto oculto (5).

Imaginemos (¡otro “experimento-del-pensamiento”!) que un oculto grupo Inmediatista de cierto tamaño y seriedad ha conseguido de alguna manera las direcciones (incluyendo el fax, teléfono, E-mail, o lo que sea) del staff ejecutivo y creativo de un show de TV al cual pudiéramos sentir representando un nadir de alienación y veneno psíquico (digamos “NYPD Blue”). En “La Maldición Malaya del Djinn Negro” (6) sugerí enviar paquetes de objetos dada/vudú a tales personas, junto con advertencias de que su lugar de trabajo había sido maldito. En ese momento, yo estaba poco dispuesto a recomendar maldiciones contra individuos. Ahora recomendaría, sin embargo, algo aún peor. Además, para estos magnates de los Medios favorecería el tipo horripilante de imaginería Musulmana/herética de reptil de jungla que describí en la operación del “Djinn Negro” — ya que los Medios muestran tanto miedo del terror “Musulmán” y tanta intolerancia contra los Musulmanes — pero ahora haría todo el escenario y la imaginería mucho más compleja. Se les debería enviar a los ejecutivos y escritores de TV objetos tan exquisitos y perturbadores como “cajas” surrealistas, conteniendo imágenes bellas pero “ilegales” de placeres sexuales (7), e intrincado simbolismo espiritual, evocativas imágenes de la autonomía y el placer en la auto-realización, todo muy sutil, replegado, misterioso; estos objetos deben ser hechos con fervor artístico real y la más alta inspiración, pero cada uno pensado para una persona — la víctima del hechizo.

Los receptores podrían bien ser perturbados por estos “regalos” anónimos, pero probablemente no los destruirán, ni siquiera lo discutirán alguna vez. Ningún daño a nuestro plan si es que lo hacen. Pero estos objetos podrían bien lucir demasiado finos, demasiado “caros” para destruirlos — y demasiado “sucios” para mostrárselos a alguien más. Al día siguiente, cada una de las víctimas recibirá una carta explicando que su recepción de los objetos efectuó el envío de una maldición. El hechizo les hará llegar a conocer sus verdaderos deseos, simbolizados por los objetos mágicos. Comenzarán ahora a darse cuenta de que están actuando como enemigos de la raza humana al mercantilizar el deseo y trabajar como agentes del Control del alma. Los objetos de arte mágicos se entretejerán hacia sus sueños y deseos, haciendo que sus trabajos parezcan ahora no solo venenosamente aburridos, sino también moralmente destructivos. Sus deseos despiertos tan mágicamente los arruinarán para trabajar en los Medios — a menos que se vuelvan hacia la subversión y el sabotaje. En el mejor de los casos, podrán renunciar. Esto podría salvar su sanidad a expensas de sus “carreras” insensatas. Si se quedan en los Medios se debilitarán por el deseo insatisfecho, la vergüenza y la culpa. O se convertirán en rebeldes, y aprenderán a luchar contra el Ojo de Babilonia desde el interior del vientre del ídolo. Mientras que su “show” ha sido escogido para un asalto mágico total por parte de un grupo de hechiceros terroristas Shiitas, o la Escuadra de Choque Vudú de Libia, o algo por el estilo. Por supuesto sería bueno tener un agente interno para plantar “pistas” y espiar información, pero algunas variaciones de este plan pueden ser llevadas a cabo sin una infiltración activa en las instituciones. El asalto inicial podría quizá ser seguido por cartas de propaganda anti-Medios, e incluso tratados Inmediatistas. Si fuera posible, por supuesto, algo de mala suerte podría ser producida para las víctimas o su institución. Travesuras, ya sabes. Pero, de nuevo, esto no es necesario, e incluso podría salirse del camino de nuestra pura experimentación con el cagar-la-mente y la manipulación de imagen. Deja que los bastardos produzcan su propia mala suerte desde su tristeza interna por ser imbéciles así de malvados, desde su superstición atavística (sin la cual no podrían ser ese tipo de magos de los Medios), desde su temor a la alteridad, desde su sexualidad reprimida. Puedes estar seguro de que lo harán — o que, por lo menos, recordarán la “maldición” cada vez que algo malo les pase.

El principio general puede ser aplicado a otros Medios que no sean la televisión. Una compañía de computadores, por ejemplo, podría ser maldita a través de sus computadores por un hacker talentoso, aunque uno tendría que evitar los escenarios de ciencia ficción como el cyberespacio encantado de William Gibson — demasiado barroco. Las compañías de publicidad funcionan sobre la base de pura magia, cineastas, empresas de Relaciones Publicas, galerías de arte, abogados, incluso políticos (8). Cualquier opresor que trabaje a través de la imagen es susceptible al poder de la imagen.

Debería ser subrayado que aquí no estamos describiendo la Revolución, o la acción política revolucionaria, o siquiera el Levantamiento. Esto es meramente un nuevo tipo de agit-prop neo-hermética, una propuesta para un nuevo tipo de “arte político”, un proyecto para un Tong o los artistas rebeldes, un experimento en el juego del Inmediatismo. Otros lucharán contra la opresión en sus propios campos de especialidad, trabajo, discurso, vida. Como artistas nosotros escogemos luchar dentro del “arte”, dentro del mundo de los Medios, contra la alienación que nos oprime más directamente. Escogemos batallar allí donde vivimos, en vez de teorizar sobre la opresión en algún otro lugar. He intentado sugerir una estrategia e imaginar ciertas tácticas que podrían adelantarla. Ninguna otra afirmación es hecho y ningún detalle mayor debería ser divulgado. El resto es para el Tong.

Admitiré que mi propio gusto podría correr hacia un acercamiento aún más violento a los Medios que el propuesto en este texto. La gente habla acerca de “tomarse” las estaciones de TV, pero ninguno de ellos ha tenido éxito. Por más ridículo que pueda parecer, tendría más sentido dispararle a los televisores en las vitrinas de las tiendas de electrónica que soñar con tomarse los estudios. Pero rayo una línea en el suelo al sugerir atentados contra los fascistas de las Noticias, o incluso el asesinato del perro de Geraldo, por muchas razones que todavía parecen suficientes para mí. De una vez, he tomado a pecho las observaciones de Nietzsche respecto de la inferioridad y la inutilidad del revanchismo como una doctrina política. La mera reacción nunca es una respuesta suficiente — mucho menos una senda noble. Además, no funcionaría. Sería visto como un “ataque a la libre expresión”. El proyecto propuesto aquí incluye dentro de su estructura la posibilidad de efectivamente cambiar algo — incluso si son solo un par de “mentes”. En otras palabras tiene un aspecto constructivo integral y estrechamente ligado con un aspecto destructivo, para que los dos no puedan ser separados. Nuestro objeto dada/vudú es un ataque y una seducción a la vez, y ambos motivos serán explicados a fondo en los volantes o cartas que los acompañen. Después de todo, está la posibilidad de que podamos convertir a alguien. Claramente, podríamos fallar fácilmente aquí también. Todos nuestros esfuerzos pueden terminar en la basura, olvidados por mentes demasiado bien blindadas incluso para sentir la desazón de un momento. Esto es, después de todo, un mero experimento del pensamiento, o un experimento en el pensamiento. Si quieres puedes incluso llamarlo una forma de crítica estética dirigida a los perpetradores más que a los consumidores del mal arte. El tiempo para la violencia real no ha llegado todavía, si solamente porque la producción de violencia permanece siendo el monopolio de las Instituciones. No hay punto alguno en arriesgarse y alzar una pistola si uno está enfrentándose a un satélite de rayos tipo Estrella de la Muerte (9). Nuestra tarea es la de alargar las grietas en el seudo monolito del discurso social, desvelando gradualmente porciones de espectáculo vacío, rotulando formas sutiles de control mental, mapeando rutas de escape, astillando la cristalización de la sofocación de la imagen, golpeando en sartenes y potes para despertar a algunos ciudadanos del trance de los Medios, usando los Medios íntimos (10) para orquestar nuestros asaltos a los Grandes Medios y sus Grandes Mentiras, aprendiendo nuevamente a respirar juntos, a vivir en nuestros cuerpos, a resistir la imagen-heroína de la “información”. Lo que aquí he llamado “acción directa” realmente debería ser conocida como acción indirecta, simbólica, viral, oculta y sutil más que efectiva, hiriente, militante y abierta. Si nosotros y nuestros aliados naturales disfrutamos de un poco de éxito, sin embargo, la superestructura podría eventualmente perder tanta coherencia y seguridad que su poder empezaría a resbalarse también. El día podría llegar (¿quién hubiera pensado que una mañana en 1989 el Comunismo se evaporaría?), podría llegar el día en que el Capitalismo-aún-más-tardío comience a derretirse — después de todo solo ha llegado más allá que el Marxismo y el fascismo porque es aún más estúpido — un día el material mismo del consenso podría empezar a desenhebrarse, junto con la economía y el medio ambiente. Un día el coloso podría temblar y balancearse, como una vieja estatua de Stalin en alguna plaza de provincia. Y en es día quizás una estación de televisión será volada en pedazos y se mantendrá así. Hasta entonces: — uno, diez, mil asaltos ocultos a las instituciones.

Hakim Bey

Notas:
1) N. del T.: Ya que estas traducciones están hechas para Latinoamérica principalmente, utilizo el termino Minga como la más precisa traducción del termino “Bee” usando por Bey, que designa a una tradicional costumbre anglosajona en la que grupos de mujeres (vecinas de un pueblo, de una calle…) se reúnen (al parecer la costumbre aún pervive) para hacer una colcha con retales y de paso charlar, beber y; en definitiva, pasarlo bien. Minga es el nombre que se le da a una tradición similar en diferentes lugares de Sudamérica. En definitiva, un “trabajo gratuito en común”.
2) No estoy usando aquí el término hipermedios en el sentido asignado a él por nuestros camaradas de la Endarquía Xexoxial, que llaman hipermedios simplemente a la apropiación de todos los Medios creativos para un efecto singular (en otras palabras, la nueva etapa más allá de los “Medios mezclados”)… Estoy usando el término “hipermediación” para significar la representación exacerbada al punto de la alienación máxima, como en la imagen de la mercancía.
3) El Mormonismo fue fundado por bribones Masones ocultistas, y los líderes Mormones siguen siendo extremadamente susceptibles a alusiones de un pasado enterrado regresando a rondarlos. La Iglesia Católica Romana podría tratar un “asalto mágico” con un encogimiento milenarista de sofisticación Italiana — pero los Mormones irían por sus armas.
4) Es importante no ser atrapado, ya que esto neutraliza todo poder que podamos haber ganado o buscado expresar, e incluso convierte nuestro propio poder contra nosotros. Una buena acción Inmediatista debería ser relativamente impecable, para acuñar un oxímoron. Ser expulsado de la secundaria podría arruinar el efecto. El Inmediatismo quiere ser un arte marcial, no un camino al martirio.
5) El problema con la mayor parte del arte “transgresor” es que no transgrede ninguno de los valores del Consenso — meramente los exagera, o en el mejor de los casos, los exacerba. La obsesión estética con la muerte hace una mercancía perfecta (imagen-sin-sustancia), ya que el envío del significado de la imagen efectivamente le pondría un fin al consumidor. Comprar muerte es comprar fracaso o fascismo — un borde sobre el cual el mismo Bataille se balanceó con una enfermiza carencia de balance. Digo esto a pesar de la admiración por Bataille.
6) N. del T.: Conjuro de magia negra explicado en uno de los Comunicados de la Asociación de la Anarquía Ontológica.
7) Esto prevendrá que las imágenes alguna vez aparezcan en TV o en fotos de la prensa. Coincidentemente, será también una declaración sobre la relación entre “belleza” y “obscenidad”, y entre “arte” y “censura”, etc., etc.
8) Que generalmente no valen la pena ser atacados como “políticos”, ya que después de todo son meros “tigres de papel” (dicen o parecen ser amenazas, pero no lo son realmente) — pero quizás vale la pena que sean atacados como tigres de papel.
9) Todos los elogios a los activistas que destruyeron un satélite así en California, con hachas. Desafortunadamente fueron pillados, y castigados con la retención de sus salarios para pagar el costo de la destrucción. Nada de bueno.
10) Los Medios íntimos por definición no alcanzan el inconsciente de masas como la TV, las películas, periódicos. Pueden todavía “hablarle” al individuo. Radios FM, videos de acceso público vía cable, pequeña prensa, CDs y cintas de cassette, software y otras tecnologías de la comunicación pueden ser usados como Medios íntimos. Aquí la idea de la Endarquía Xexoxial de los “hipermedios” como una herramienta para la insurrección encuentra su verdadero rol. Existen dos facciones enfrentadas dentro de la teoría no-autoritaria actualmente: — los primitivistas anti-tecnología (Fifth Estate, Anarchy: A Journal of Desire Armed, John Zerzan) y los futurologistas pro-tecnología (incluyendo tanto a los anarcosindicalistas de izquierda como a los anarco-libertarios de derecha). Encuentro todos los argumentos sumamente informativos e inspiradores. En la Zona Temporalmente Autónoma y en otras partes he intentado reconciliar ambas posiciones en mi propio pensamiento. Sugeriría ahora que la cuestión propuesta por estos argumentos no puede ser respondida excepto en el proceso-de-devenir de una praxis (o política) activa del deseo. Imaginemos que “la Revolución” ha tenido lugar. Somos libres de decidir nuestro nivel de tecnología, en un espectro que va desde lo primitivo pre-Era del Hielo hasta la Ciencia Ficción post-industrial. ¿Forzarán los neo-paleolíticos a los futuristas a que dejen su tecnología? ¿Forzarán los cadetes del espacio a los Zerzanianos a comprar equipos de Realidad Virtual? Piadosamente, uno espera que no. La cuestión será, mejor dicho: ¿cuánto deseamos la vida cazadora/recolectora? ¿o la vida CiberEvolucionaria? ¿Deseamos computadores lo suficiente como para forjar chips de silicio nosotros mismos? Porque después de la Revolución nadie aceptará el trabajo alienado. En esto coinciden todas las tendencias no-autoritarias. ¿Quieres un bosque lleno de juego? Eres responsable por su fecundidad y lo salvaje en él. ¿Quieres una nave espacial? Eres responsable de su manufacturación, desde extraer el oro hasta forjar sus partes. Por todos los medios forma una comuna o una Red. Por todos los medios demanda que mi nivel de tecnología no interfiera con el tuyo. Aparte de estas pocas reglas de base para evitar la guerra civil, la sociedad no-autoritaria no puede depender más que en el deseo para conformar su techné. Como Fourier lo habría puesto, el nivel de complejidad económica de una sociedad utópica deberá estar en armonía con la totalidad de todas las Pasiones. No puedo predecir cuál emergería exactamente. Todo lo que puedo imaginar es lo que soy capaz de desear al punto de estar dispuesto a su realización.

Personalmente (como una cosa de gustos) yo visualizo algo bastante como bolo’ bolo: — infinita variedad dentro del contexto básico revolucionario de libertad positiva. Por definición podría no haber tal cosa como una bolo-NASA o un bolo-Wall Street, porque la NASA y Wall Street dependen de la alienación para existir. Esperaría algo más como baja-tecnología o tecnología “apropiada” (imaginada por los teóricos de los 60s como Illich) para ser el promedio Utópico, con alas extremas ocupando una Salvajidad restaurada por un lado, y la Luna por el otro… En cualquier caso, todo es ciencia ficción. En mi escritura trato de visionar tácticas que puedan ser usadas ahora por cualquier tendencia no-autoritaria. Tanto el “Tong” como el asalto a los Medios deberían atraer tanto a primitivistas como a los de la tecnología. Y discuto el uso tanto de la magia como de los computadores porque ambos existen en el mundo que habito, y ambos serán usados en la lucha por la liberación. No solo el futuro, sino también el presente lleva en sí muchas posibilidades, muchos recursos, un exceso superabundante-redundante de potenciales, para ser limitado por ideología. Una teoría de la tecnología es muy restrictiva. El Inmediatismo ofrece, en cambio, una estética de la tecnología, y prefiere la praxis a la teoría.

* Una Nota sobre la Arquitectura de la TAZ : Obviamente la TAZ usualmente no deja ninguna ruina a su paso. Construir no es su prioridad. Y aún así todo el espacio habitado es arquitectura — espacio construido, espacio hecho — y la TAZ por definición tiene presencia en el tiempo y el espacio reales. El campamento nómade podría servir quizás como el prototipo primordial. Carpas, casas rodantes, caravanas, botes-casas. La antigua carpa viajera de circo o carnaval podría ofrecer un modelo para la arquitectura de la TAZ. En un escenario urbano, la okupa se convierte en el espacio más común posible para nuestros propósitos, pero en Estados Unidos, a como dé lugar, la ley de propiedad hace que la okupa sea un lugar pobre por definición. La TAZ quiere un espacio rico, no tan rico en articulación (como en el espacio de control, la construcción oficial del capital, la religión, el estado), sino más bien rico en expresión. Los espacios juguetones temporales propuestos por los situacionistas y los urbanistas radicales en los 60s tenían cierto potencial, pero financieramente probaron ser demasiado caros y demasiado planeados. la arquitectura de la ur-TAZ es la de la Comuna de París. El microbarrio es cercado por barricadas. Las casas idénticas de los pobres son entonces conectadas haciendo pasadizos a través de todas las murallas al nivel del suelo. Estos pasadizos nos recuerdan de las arcadas de Fourier, a través de los cuales los Falansterianos circularían a través de su palacio comunitario, del espacio privado al público y viceversa. La ciudad-cuadra de la Comuna se convirtió en una TAZ fortificada con espacio militar público al nivel del suelo (y en techos) y espacio privado en los pisos superiores, con las calles cerradas como un espacio-festival. Este plan influencia la arquitectura del bolo’ bolo de “P.M”, donde una cuadra-comuna se convierte en una comuna utópica urbana más permanente. En cuanto a la TAZ, es efectuado por un tipo de cierre, pero uno paradójicamente disparado a través de aberturas. Escapa al encierro asfixiante de la Capital, y a la fealdad trágica del espacio urbano. Su arquitectura es suave, no estriado — por eso la carpa, no la prisión; el pasadizo, no el portal; la barricada, no los bulevares de Haussmann.

www.caosmosis.acracia.net/?p=14

Comunicado Nº11. Arenga de las fiestas. Número especial sobre la alimentación: ¡Abajo lo light!


La Asociasión de la Anarquía Ontológica convoca un boicot contra todos los productos mercantilizados bajo el santo y seña de lo light; cerveza, carne, dulces bajos en calorías, cosméticos, música, "estilos de vida" preempaquetados, lo que sea.
El concepto de lo light desarrolla un complejo de simbolismos por el que el Espectáculo espera reutilizar toda repulsión contra su mercantilización del deseo. El producto "natural", "orgánico", "saludable" está diseñado para un sector del mercado de consumidores ligeramente insatisfechos, con casos leves de shock del futuro y con una sutil añoranza de tibia autenticidad. Han preparado un nicho para ti, suavemente iluminado con las ilusiones de la simplicidad, la esbeltez, la limpieza, con una pincelada de ascetismo y de autonegación. Por supuesto, esto cuesta un poco más caro... después de todo, la ligereza no fue diseñada para pobres hambrientos primitivos que todavía piensan en la comida como alimento en vez de como decoración. Tiene que ser más cara -de otra forma tú no la comprarías-.

La Clase Media Americana (no me vengas con sutilezas; tú ya sabes a lo que me refiero) cae naturalmente en facciones opuestas pero complementarias: los Ejércitos de la Anorexia y de la Bulimia. Los casos clínicos de estas enfermedades tan sólo representan la espuma psicosomática en una ola de patología cultural, profunda, difusa y en gran medida inconsciente. Los bulímicos son aquellos yupposos de las clases acomodadas que se atiborran de margaritas y vídeo domestico, y después se purgan con comidas light, carreras, o vapuleos (an)aeróbicos. Los anoréxicos son los rebeldes del "estilo de vida", maníacos a ultranza de la comida, comedores de algas, tristes, pálidos y macilentos -pero satisfechos en su celo puritano y en sus cilicios de diseño-. La grotesca comida basura sólo representa la otra cara de la espectral "dieta sana": nada sabe a nada sino a serrín y aditivos; todo es o aburrido o carcinogénico -o los dos- y todo es increíblemente estúpido.

La comida, cruda o cocida, no puede escapar al simbolismo. Es y a la vez representa aquello que es. Toda comida es comida del alma; tratarla de cualquier otra forma es cortejar la indigestión, ya crónica o metafísica.

Pero en la cripta al vacío de nuestra civilización, donde casi toda experiencia se encuentra mediatizada, donde la realidad es forzada a través de la malla mortífera de la percepción
consensuada, perdemos contacto con la comida como alimento; empezamos a construirnos personajes basados en lo que consumimos, tratando a los productos como proyecciones de nuestra añoranza de lo auténtico.

La AAO a veces imagina el CAOS como una cornucopia de la creación continua, una especie de geyser de la generosidad cósmica; por tanto nos abstenemos de reivindicar dieta específica alguna, por miedo a ofender a la Sagrada Multiplicidad y a la Santísima Subjetividad. Aquí no hemos venido a venderte otra receta new age más para una salud perfecta (sólo los muertos son perfectamente saludables); a nosotros nos interesa la vida, y no los "estilos de vida".

Adoramos la verdadera ligereza, y la rica pesadez nos deleita en su momento. El exceso nos sienta perfectamente, la moderación nos complace, y hemos aprendido que el hambre puede ser la más fina de las especias. Todo es ligero y las más exuberantes de las flores crecen alrededor de la letrina. Soñamos con mesas de falansterio y cafés bolo'bolo donde cada festivo grupo de comensales comparte el genio individual de un Brillat-Savarin (ese santo del paladar).

El sheik Abu Sa'id nunca ahorró dinero, ni siquiera lo retuvo por una noche; por eso, en cuanto algún bienhechor donaba una bolsa repleta a su hospicio, los derviches lo celebraban con un festín por todo lo alto; y el resto de los días, pasaban hambre. El punto estaba en disfrutar de ambos estados, pleno y vacío...

Lo light parodia el vacío y la iluminación espirituales, de la misma manera en que Mc Donald's traviste la imaginería de la plenitud y la celebración. El espíritu humano (por no mencionar el hambre) pueden trascender y superar todo este fetichismo -la alegría puede entrar en erupción incluso en el Burger King, e incluso la cerveza light puede ocultar una dosis de Dionisos-. ¿Pero por qué habríamos de luchar contra esta marea de basura de sablazo hortera barato, cuando podríamos estar bebiendo el vino del paraíso ahora mismo bajo nuestras propias viñas e higueras?

La comida pertenece al reino de la vida cotidiana, a la arena primaria de toda emancipación insurgente, de toda autosuperación espiritual, de toda reocupación del placer, de toda revuelta contra la Maquinaria Planetaria del Trabajo y sus deseos de imitación. Nada más lejos de nosotros que el dogmatizar; el cazador nativo americano puede sustentar su felicidad con ardilla frita, el anarco-taoísta con un puñado de albaricoques secos. El tibetano Milarepa, después de diez años de sopa de nido, se comió un dulce de manteca y alcanzó la iluminación. El necio no ve eros alguno en un buen champan; el brujo puede caer intoxicado con un vaso de agua.

Nuestra cultura, ahogándose en sus propios contaminantes, clama (cual Gohete moribundo) por "¡más luz! " como si estos afluentes polinsaturados pudieran aliviar de alguna forma nuestra miseria, como si su sosa ligereza y su insípida falta de carácter pudieran protegernos de las sombras acechantes.

¡No! Esta última ilusión nos sorprende finalmente en toda su crueldad. Nos vemos forzados contra nuestras propia inclinaciones perezosas para tomar postura y protestar. ¡Boicot! ¡Boicot! ¡que apaguen la luz!

Apéndice: menú para un banquete negro anarquista (vegetariano y no vegetariano)
Caviar y blinis; huevos de cien años; calamares en su tinta con arroz; calabacines preparados con la piel y sazonados con ajo negro; arroz silvestre con nueces negras y setas negras; trufas en mantequilla negra; venado marinado en oporto, pasado por la barbacoa, servido en rodajas de pan negro y aderezado con castañas asadas. Black Russians; Guiness y champan; té chino negro.
Mousse de chocolate oscuro, café turco, uvas negras, ciruelas, moras, etc.

Hakim Bey

Más comunicado de la Asosiación de la Anarquía Ontológica http://www.merzmail.net/comunicados.htm

Jan Vaclav Majaiski, ¿y a éste quién lo conoce?

Presentación en castellano de Earnest Pavesip sobre un texto escrito en 1908 por Jan Vaclav Makaiski. Serie aparecida en diferentes números de la revista Futuros.

El por qué de este texto "vetusto"


Presentamos un texto de JanVaclav Majaiski (1866-1926), un polaco nacido bajo el imperio de los zares y que vivió toda su vida en la Rusia, ya sea imperial clásica o en la neoimperial soviética. Muere de un infarto –algo que según sus allegados le ahorró una purga segura e inminente–, trabajando como corrector en las imprentas del estado-partido.

Sin pretender ser exhaustivos, no conocemos traducciones al castellano de sus numerosos trabajos, lo cual no deja de ser significativo, dada la importancia de sus reflexiones, el carácter crítico y fermentario de sus análisis. Al punto que Lenin llegó a polemizar con él en los tiempos en que la izquierda rusa se permitía los debates públicos (es decir, antes de 1917).

Nuestra presentación está motivada por la actitud más opuesta que podamos albergar a un panegírico, a una actitud de seguidismo. Los cien años que median entre la realidad que él vivió y sobre la que procuró actuar, y la nuestra, revelan la enorme distancia que tenemos en visiones políticas, expectativas, actitudes, creencias porque sin duda vivimos realidades muy distintas. Visiones tan dispares de la economía, la revolución o la familia, para nombrar tres configuraciones conceptuales francamente separables nos permiten verificar esas distancias.

Pero lo que creemos que está absolutamente en pie es su osadía intelectual, su penetración para desnudar naturalezas engoladas y escamoteadas en tantos sectores de la izquierda de su época... algo que tanto necesitamos en la nuestra.

Hacer una crítica de la izquierda desde la izquierda no es tarea fácil. Sus razones tuvieron una dramática vigencia durante un siglo; el colapso soviético descentra el peso de su crítica; el socialismo ya no es lo que era. De todos modos, su tesis principal, de que el socialismo no es sino la ideología enmascaradora del proyecto de tantos intelectuales de sustituir a la burguesía como clase o capa dominante tiene de alguna manera una corroboración siquiera indirecta en el fenómeno que corroe a las capas intelectuales en todas partes desde el desmembramiento del "campo socialista". La increíble agudeza de la crítica majaiskiana durante casi todo el siglo XX se ha trasmutado desde los noventa en dos sentidos: pierde vigencia pero confirma su tesis.

Basta ver el trasiego de tantos intelectuales otrora socialistas a las carpas bien remuneradas del neoconservadurismo mal llamado neoliberalismo, su integración en esos organismos "de nuevo tipo" llamados oenegés, a veces con el corazón a la izquierda, pero demasiado a menudo con el bolsillo a la derecha, y tantos otros fenómenos que nos muestran el entramado de poder y conocimiento que tan bien supo exponer Majaiski.

Es curiosa, sintomática y penosa la ausencia prácticamente total de este trabajador polaco, perseguido y encarcelado, en los debates políticos de todo el siglo XX en el mundo de habla castellana. Porque, además, cuando uno habla del s. XX, es inevitable hablar de socialismo. Y el alineamiento de fuerzas, al menos hasta 1990, fue el de pre-suponer a la derecha como burguesa, capitalista, antisocialista y a la izquierda como socialista más o menos anticapitalista en sus tan diversos ropajes.

Majaiski rompió ya en los albores del s. XX con esa falsa dicotomía. Haber omitido sus reflexiones ha dificultado reconocer los vicios, las falsedades ideológicas del campo socialista desde el pensamiento crítico, paradójicamente esclavizado por sus propios puntos de partida presuntamente revolucionarios.

Esta debilidad autocrítica por cierto trasciende la cortedad intelectual del mundo hispanohablante porque es un fenómeno de mucho mayor alcance. Porque también hay que saber que aunque existieron ediciones en francés o inglés (y tal vez en ruso, polaco), se trataron siempre de rara avis.

Se pueden reconocer varias vías de escape o de solución a la crisis de los noventa por parte de los intelectuales ex-orgánicos o ex-intelectuales ahora orgánicos. Unos, anteponiendo la "fuente de trabajo" a cualquier otra consideración, han abandonado "la revolución y sus inmediaciones" y han encontrado en el sistema de poderes establecidos sus lugarcitos al sol, procediendo a una democratización, liberalización u occidentalización de sus almas.

Hay un segundo grupo, que se ha replegado y mantiene en rescoldo los viejos calores, a la espera de un reverdecimiento que vuelva propicio el retorno a "la lucha por el socialismo".

Tal vez estos dos sean los comportamientos más abundantes, pero creo que existe otra constelación, más arduamente asible por sus características menos nítidas, menos instrumentales, más actitudinales: es el de la cantidad de militantes, de críticos, de gente inquieta que han abandonado todo programa de cambio, de modificaciones sociales para acercarnos a una vida más vivible, pero que no trasmutan la vieja derrota en un aggiornamiento profesional ni un repliegue "táctico" sino en una verdadera crisis acerca de la sociedad. En un desnudamiento. Lo cual no es sino una crisis acerca de qué es el mundo y cómo se transforma. Para estos agónicos, Majaiski puede ser un removedor, pese a su pérdida de vigencia (definitiva o transitoria, porque hay también quienes insisten en que este triunfo del neoconservadurismo, este retorno al capitalismo manchesteriano de hace dos siglos no es sino un paréntesis, convicción que el que suscribe no comparte).

Entendemos que Majaiski puede aportar a las sendas del "pensamiento alternativo" como muchos califican a lo que procura oponerse al "pensamiento único", el que procura persuadirnos de que el doctor Pangloss tenía razón...

Su desnudamiento del "paraíso socialista" diez años de 1917 es sencillamente estremecedor Lo mismo puede decirse de su perspicacia para ver el papel que en una perspectiva revolucionaria, los intelectuales se atribuyen a sí mismos y le atribuyen a otros. Percibir y denunciarlo décadas antes de que plasmara el intelectual orgánico en el estado soviético, en un amplísimo despliegue que cubre desde Trotski con sus proyectos de trabajo forzado, Zhadov con su realismo socialista, pasando por Neruda con su Oda a Stalin y por Liberman explicando durante el posestalinismo porqué los apparatchik tenían que tener ingresos varias veces superiores a los de obreros, es francamente notable. Qué decir de su acercamiento a la noción del conocimiento como poder, ciertamente muy elaborado en la segunda mitad del s. XX por estudiosos como Foucault, pero analizados por Majaiski con singular acierto medio siglo antes...

Un advertencia final sobre los múltiples corchetes que señalan pasajes ausentes. Alexandr Skirda, el editor de la selección de trabajos de Majaiski del cual hacemos esta extracción, en 1979, en plena época en que el socialismo estaba o parecía estar en auge (Vietnam y Afganistán tenían entonces luces muy distintas a las actuales) explicita que ha editado los pasajes "más actuales y pertinentes". En el pos-"socialismo real", tras el colapso soviético y en un mundo unipolar la actualidad del texto de Majaiski se ha reducido, ha incluso cambiado de sentido. Ya no va a servir, como cuando fue pensado y escrito, para analizar las posiciones y los ardides de la ideología socialista, pero bien nos puede servir para analizar otras ideologías, el papel de los intelectuales en los sistemas de dominación (¿intelectuales orgánicos de qué?) y otras cuestiones que es mejor ir dejando libradas al lector.

Earnest Pavesip

www.revistafuturos.com.ar

La conspiración obrera, 1º parte (1908)

¿Qué es el socialismo?, ¿qué quieren los socialistas y qué critican?

La raíz del mal –sostienen– es la propiedad privada de los medios de producción; individuos que poseen los instrumentos de trabajo, la tierras, las fábricas...

Pero, ¿han proclamado ya los liberadores que todo el mal consiste en la pertenencia de esclavos a amos distintos?

Los socialistas dicen que si se deja de lado a los pequeños propietarios campesinos y a los artesanos que no emplean a nadie y que tampoco se alquilan, y que de todos modos muy pronto se convertirán en proletarios, la sociedad contemporánea se encuentra dividida entre un puñado de propietarios de tierras e industriales, que recogen los frutos del trabajo ajeno y los proletarios que viven de la venta de su fuerza de trabajo [...] y que de esto proviene todo el mal. Y que si se modificara este estado de cosas, de modo tal que la tierra y las fábricas no fueran ya propiedad privada, sino que pertenecieran a toda la sociedad, y que no hubiera ya más patrones, entonces aparecería la feliz república de los trabajadores. Nadie podría vivir del trabajo ajeno, todo sería bueno para todos, puesto que la raíz del mal habría sido extirpada; la propiedad privada de los instrumentos de producción.

[...] Veamos un poco más de cerca esta fábula socialista. Si se descarta al pequeño propietario, según ella, la sociedad contemporánea representa, fuera de un puñado de grandes propietarios, una tropa indiferenciada de proletarios asalariados del capital, humillados por él, de un modo idéntico, ganando todos por igual su pan con el sudor de sus frentes, unos con las manos, otros con su cerebro... ¡Sí!, todos son trabajadores, los hacheros, los labriegos, los tejedores, los ingenieros, los profesores, los contables... sí, pero algunos llevan a cabo exclusivamente un trabajo manual de productores-esclavos en tanto que otros cargan el fardo patronal de la dirección y la organización de esa misma mano de obra, y llevan a cabo lo que los patrones han practicado en todos los tiempos, y lo que realizan todavía hoy en día algunos capitalistas y grandes latifundistas.

Es verdad que los intelectuales, al igual que los proletarios sin calificaciones, deben vender su fuerza de trabajo para vivir, "alquilarse" a un patrón o a toda la sociedad, al estado. Sin embargo, el obrero vende sus manos desnudas, la fuerza física de que ha sido dotado por la naturaleza; del mismo modo que cualquier animal, él vende su sudor y su sangre. El intelectual otorga al mercado los conocimientos que ha adquirido gracias al trabajo de los obreros, como el capitalista ha adquirido a su vez la fábrica; puesto que, mientras él estudiaba en la universidad, viajaba a hacer su práctica al extranjero, los obreros se debatían en la fábrica, producían los medios para su capacitación, su enseñanza "a favor de la humanidad" [...]. Él vende a los capitalistas su saber hacer para extraer del mejor modo posible el sudor y la sangre de los obreros. Vende el diploma que ha adquirido gracias a la explotación de aquéllos [...].

¿Trabaja más porque ha tenido la posibilidad de estudiar sobre las espaldas de otro en lugar de trabajar? En cuanto al obrero, no puede más que sobrevivir con su salario y perpetuarse en el mercado de trabajo como ganado laborioso, mientras el intelectual vive como los amos y hace de sus hijos "señores". Así como el propietario lega sus bienes, el intelectual transmite el privilegio de su trabajo ligero, propio y ganancioso, a su descendencia [...].

¿Significa esto que habría otros parásitos amén del puñado de propietarios de los medios de producción? No hay sino más con cada año que pasa, con cada paso dado por la civilización [...],

con el patrón se encuentra el ingeniero y una docena de sus ayudantes, y por el otro lado, se presenta una jauría de empleados al "servicio" de la sociedad, así como miembros de diversas profesiones liberales; los socialistas no pueden conocer –no pueden siquiera plantearse la pregunta– acerca de los medios mediante los cuales, no poseyendo ningún derecho sobre la tierra y las fábricas, no poseyendo ningún "propiedad", esta gente se aprovecha del trabajo de los obreros. Son gente inocente, dicen los socialistas, ¡viven de su trabajo!

Callándose en este punto, los socialistas dejan en penumbra y en paz la mejor parte de las ganancias realizadas por el patrón después de su repartija con sus intelectuales mercenarios. El patrón es, ante todo, un organizador intelectual, no se contenta con ser meramente propietario. Mete en su bolsillo izquierdo los dividendos por su aporte de capital, y en su bolsillo derecho una recompensa por su "esfuerzo", su "penuria", no sólo por el "riesgo" corrido sino igualmente por su "iniciativa", por su gestión consecuente, en una palabra, por su penoso y pesado trabajo de organizador. Los socialistas no piensan siquiera atentar contra esta clase de ganancias. Al contrario, expresan de mil modos su respeto por este bolsillo del patrón. Y bien; este bolsillo es una vía de ingreso bajo la forma de remuneración a los organizadores; cada intelectual tiene el mismo bolsillo.

Por consecuencia, hay un papel en el bolsillo derecho del patrón que señala que toma –en tanto organizador del negocio– todo el beneficio que comparte con sus ayudantes. Es aquí que se encuentran las finanzas consagradas a la remuneración de la organización –por el patrón y toda su sabia hermandad– necesaria para la producción contemporánea. En el bolsillo izquierdo tiene otro papel más que estipula que en el momento del reparto, el patrón deberá quedarse con una plusvalía, en tanto que dividendos del capital.

Entonces, cuando el socialista exclama: ¡Abajo la propiedad privada!, significa que hay que desgarrar el papel que se encuentra en el bolsillo izquierdo del patrón y que lo provee de ventajas particulares en relación con otros explotadores, y que es preferible transferir el dinero de este bolsillo al de la derecha, a la suma total del ingreso nacional... ¡Ni más ni menos! ¡En esto consiste todo el socialismo!

El patrón no se queda sin medios para asegurar favorablemente a su descendencia, ni sin poder sobre los no-propietarios, como pasó con el propietario feudal. Pero es la intelectualidad la que se apropia de todo el beneficio.

[...] No sin razón el socialista no quiere organizar el ataque directo contra las ganancias. ¡Es que son las que no piensa disminuir en ningún momento! En tanto que intelectual quiere obtener únicamente, eliminando al capitalismo, un reparto más armonioso de las ganancias en el seno de las sociedad dirigente. Si se la pasa hablando de métodos más racionales de extracción y aumento del ingreso nacional.

El socialismo no es la rebelión de los esclavos contra la sociedad que los despoja; son las quejas y los planes de rapacería pequeña, del intelectual humillado pero que está comenzando a tener parte del control y le disputa al patrón sus beneficios, extraídos de la explotación de los obreros.

Examinemos más circunstanciadamente cómo y por qué el socialista critica al patrón capitalista. Examinemos su propio razonamiento.

En la actualidad los patrones ya no organizan el trabajo de sus obreros, han cesado de dirigirlos por sí mismos, de ejercer el mando directo, y han transmitido estas tareas a la intelectualidad asalariada, en tanto viven la buena vida en sus balnearios y se contentan con percibir sus cupones. Veamos qué dice el socialista. Por esto último que hacen, los capitalistas han devenido, ahora, parásitos. Mientras extraían los beneficios con su propio órgano succionador, los capitalistas no eran parásitos, ¡desde el punto de vista de la prédica socialista! No hacían sino cumplir "un papel socialmente útil". Análogamente, antes que ellos los nobles esclavistas eran necesarios y útiles (uno puede preguntarse en todo caso, para quiénes). Fueron quienes organizaron las primeras grandes explotaciones (¿a favor de quién, con quiénes?). Defendían a los villanos contra los nobles vecinos (del mismo modo que el lobo defiende la cabra que acaba de apresar contra uno de sus congéneros vecinos) [...] En tanto el noble era el explotador casi único y en todo caso el más activo, no podía ser un parásito. En eso se convierte cuando a su costado se agranda el capitalista, quien emprende mejores trabajos que él y tiene necesidad de caminos seguros y bajo control, por eso es que se pone a organizar con los reyes y príncipes grandes estados fuertes, después pasa a la organización directa del trabajo de los esclavos, a la vista de ganancias bastante más considerables. El noble se convierte en parásito porque deja de ser el principal comanditario del negocio, porque ya no es su organizador; al contrario, sus viejos privilegios –la posesión de esclavos, etc.– impide a los nuevos amos manifestar todas sus capacidades, desarrollar sus métodos para acrecentar el bienestar de las clases privilegiadas.

Así piensan y enseñan todos los señores socialistas, y si los socialistas científicos se caracterizan por ello, mucho más todavía los socialdemócratas.

¿Por qué tendrían que justificar ellos al capitalista e incluso al noble feudal, siendo que éstos erigen un sistema social de explotación?

Para que los bienes acumulados al cabo de los siglos en las manos de la sociedad dirigente, en medio de ese "progreso", sean considerados como bienes inviolables. Para preparar a fondo la justificación y la legitimación de la deducción de todos los beneficios, de todo el "ingreso nacional", del "disfrute social", por la cofradía sabia que se apresta a tomar el lugar de los viejos explotadores. Esta cofradía que los socialistas siempre dejan en la sombra cuando enumeran a los explotadores actuales señalando con el dedo a los capitalistas y a los grandes terratenientes.

¿Un explotador acaso no sería parásito más que cuando cesa de organizar por sí mismo la explotación? Si los socialistas juzgan a los capitalistas como prescindibles y nocivos para la sociedad hoy, es porque no organizan ya la producción; por lo tanto, quienes sí lo hacen en su lugar no serán parásitos en absoluto, aunque se alcen jugosos beneficios. Por lo tanto, según el derecho socialista, son ellos quienes deben ocupar el lugar de los amos, y si toda la ganancia termina en sus manos, no significará, empero, que ellos sean ahora los parásitos de la sociedad. Al contrario, todo volverá a su cauce normal y natural. Lo que no habrá más en la sociedad es gente que percibirá beneficios sin tomar parte en la producción, aunque la esencia eterna de la esclavitud –la división de la sociedad entre explotadores-organizadores a un lado y esclavos-ejecutantes hambreados por el otro– se mantenga en su totalidad.

¿Es así? ¿Hay acaso un antagonismo radical entre los esclavos y los organizadores de la esclavitud, entre el trabajo ajeno y el propio, entre los aprovechadores del trabajo manual y los productores explotados, entre los satisfechos de siempre y los hambreados de siempre? El socialista jamás remarcará esto, ni alrededor suyo ni en el pasado. No ve más que el antagonismo

entre los amos viejos y los nuevos. ¿Será por eso que él designa a la historia del pillaje utilizando términos tan convenientes como "historia del desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad" o del "progreso humano en general, será por ello que funda tantas esperanzas en este proceso "natural", conforme a las "leyes históricas"? [...] ¡No faltaba más! Los amos siempre se han beneficiado de cada "grado de desarrollo de las fuerzas productivas", siempre han ganado y mucho con cada paso de "progreso", tanto que les resulta totalmente "natural" aceptar de un modo u otro (dialéctico u otro) la historia "de acuerdo con las leyes de desarrollo".

Por lo demás, no hay ninguna doctrina socialista que no se haya esforzado con mayor o menor elocuencia, en persuadir a los capitalistas que no tenían nada que perder con el socialismo, del mismo modo en que otrora los liberadores convencían de lo mismo a los señores feudales.

Es evidente que esto no se hace desde los folletos y proclamas que se difunden en el seno del "pueblo"; con ese destinatario se agita un único punto: ¡Abajo el capitalismo!, pero aquello está expresado en obras densas y eruditas escritas por las mismas manos, que el pueblo no lee.

[...] Pero si la jauría de lobos no pierde nada, ¿qué es lo que ganan los carneros? [...] Si los socialistas mismos aseguran que los patrones actuales no perderán nada en general, ¿qué es lo que esto podrá aportarle a los obreros, a su exigencia de supresión del hambre y la esclavitud, es decir de la explotación, en una palabra, de las ganancias de los capitalistas y otros parásitos?

Va de suyo que esto no aportará nada, puesto que el progreso de la explotación y su supresión son dos cuestiones totalmente disímiles.

El socialista no lo ignora, pero ¿es ése su negocio? ¿En qué sentido podría preocuparlo?

Kautsky, por ejemplo, a quien se dirigen casi todos los socialistas del mundo entero como a uno de los pilares vivos del socialismo, para preguntarle, pedirle explicaciones y recibir sus enseñanzas, incluso aquella que enseña a los congéneres más jóvenes acerca de cómo es necesario componer hábilmente, para los obreros, proclamas sobre temas como: "¡Abajo el capitalismo!", Kautsky, pues, en su libro sobre la revolución social declara con total tranquilidad que al día siguiente de la revolución, el salario de los obreros será sin duda más elevado que en la actualidad. y que los gastos sociales aumentarán también sensiblemente (se trata, para hablar en términos más simples, de la paga de todos los parásitos, que serán, para entonces, todos funcionarios sociales, y ya no propietarios como al día de hoy).

Si bien no todos los socialistas lo reconocen tan simple y abiertamente, algunos de entre ellos, en todo caso, no se han asombrado por las declaraciones de su propio apóstol. Todos explican que la lucha del obrero por elevar su salario y sus condiciones de vida no consigue nada, y que la raíz del mal se encuentra en la propiedad privada de los medios de producción, aunque también saben que la transferencia de la propiedad de privada a social no cambiará en absoluto las condiciones de vida de los explotadores y sus explotados.

Alcanza para advertirlo mirar un poco alrededor: ¿son solamente las empresas privada las que esquilman al obrero? ¿Qué pasa en las públicas? ¿En las de ferrocarriles del estado o en las minas nacionalizadas? Y allí no hay patrones privados. ¿Qué pasaría si todos los patrones se camuflaran de la misma manera en fábricas y propiedades raíces, bajo la forma de funcionarios de estado? ¿Habríamos llegado con ello a la república socialista, social, volcada al bienestar general? El socialista sonríe con desprecio: hay que aprender a distinguir la propiedad pública de la social; al día de hoy, dice, hay funcionarios zaristas en las fábricas [nacionalizadas] en tanto que en la repúbica socialista serán empleados sociales; ahora el patrón es la autocracia; más tarde será la sociedad, la república.

En todo caso, podemos observar desde ya en las empresas públicas del estado que la ausencia de propiedad privada de los medios de producción no resuelve en absoluto la cuestión de la explotación del hombre por el hombre, incluso aunque se denomine a ese estado de hecho, en un contexto diferente, como una "producción socializada".

[...] Es necesario antes que nada conquistar el poder político, obtener todas las libertades posibles (y sobreentendida entre ellas la de morirse de hambre), conquistar la democracia, instaurar la república, más tarde desarrollarlas hasta el fin [...] sostienen los social-demócratas y los social-revolucionarios [...] para que el capitalismo pueda desplegar todas sus contradicciones, explican los primeros, en tanto que los segundos prefieren dejar ese asunto en la sombra...

Eso significa, afirmamos nosotros, que la libertad total de concurrencia de todos los capitales y de todos los conocimientos, de todos los medios de explotación, ha conducido a los capitalistas actuales a no poder ya prescindir de los intelectuales, a la necesidad para ellos de apelar a las masas de esos explotadores suplementarios y llevarlos al proscenio con el fin de retenerlos a sus flancos.

[...] El estado democrático significa que el científico toma el lugar de la policía, o más bien que se pone en el mismo rango que la policía. Por eso se multiplican los responsables sociales; los diputados, los políticos, los agrónomos, los estadísticos, los corresponsales de periódicos, los abogados, etcétera.

He aquí porqué la intelectualidad democrática aguarda con impaciencia, más que los mismos burgueses, el progreso ulterior de la sociedad burguesa, en general, y las democratizaciones sobrevenidas con él. He aquí porqué esta intelectualidad democrática explica a las masas que se insurgen que su emancipación no se alcanzará a través de la lucha económica, del ataque a la bolsa de sus amos, sino exclusivamente a través de la lucha política, es decir de la lucha para instaurar un régimen tal que esa bolsa pueda acrecentarse de un modo mejor en primer lugar, y sobre todo pueda entreabrirse para la cofradía sapiente. He aquí porqué la intelectualidad considera a la democratización de la sociedad, es decir su propia penetración en todos los poros del estado burgués, como la garantía suficiente de que la socialización constituirá por sí la entrada en un verdadero paraíso y no una nueva prisión, mucho más hermética que la anterior. Y bien, ¡sí! La transmisión de todos los medios de producción a las manos de la intelectualidad que ya tiene el gobierno social, constituirá para ella un verdadero paraíso. La socialización de los medios de producción, en una democracia, no puede prometer a los trabajadores manuales más que el reforzamiento de la organización de poder que los domina, la reafirmación del estado, en suma.

La sociedad capitalista contemporánea daña los intereses de la intelectualidad, ya sea o no parte integrante del sistema y encima la humilla poniéndola bajo la dependencia de los capitalistas.

Resintiéndose ante tal humillación, el intelectual se resiste y se dirige a los esclavos del trabajo manual, siempre prestos a la rebelión, esforzándose en predicarles la revolución [...] cuando el progreso burgués se estanca. Sin embargo, como no sufre por las mismas causas, ni de la misma manera que el obrero, no le propone sino planes de lucha que le permitan eliminar cuanto antes las causas de su propio mal, sin aportar al "camarada" obrero nada en absoluto, salvo la promesa genérica de un futuro mejor. Las exigencias que han movido a los obreros son inevitablemente postergadas por el intelectual; para más tarde, dejadas de lado, para "el futuro".

¿Cómo gente que vive en la sociedad actual como lobos y corderos podrán luchar juntos por un porvenir mejor, por un porvenir para toda la sociedad? En tanto que unos viven a expensas de los otros. Solo quien quiere enmascarar el antagonismo existente en esta alianza que anuncia tantos problemas, se atreve a hablar del porvenir radiante de la humanidad; quiere enmascarar este antagonismo porque con ello se aprovecha para tratar sus pequeños negocios.

Toda la sumisión de los esclavos se explica por las riquezas que se les quita a cada momento, cada día, en cada pago. El socialista les enseña a dar la espalda a lo que pasa cada día, como si se tratara de cosas insignificantes, para poder fijar mejor la mirada en lo futuro, en las tareas de "la humanidad". Si el proletariado combate por las premisas de la humanidad "futura" no lo hace de hecho sino para la satisfacción de necesidades bien actuales de la intelectualidad. Si el proletariado se priva de "cosas insignificantes" del presente, en nombre de eso futuro, provee por ese mismo hecho de ventajas al universo de las "manos blancas". Este último se beneficia de cosas "insignificantes", de esas necesidades actualmente insatisfechas de la masa obrera, de allí no retira más que una parte suplementaria de riqueza.

El intelectual gana así a dos puntas. La conquista de "grados" le provee, desde ya, de una parte importante del ingreso nacional. El abandono de la lucha por el pan en nombre de esos "grados" por parte de la masa obrera, aumenta directamente y conserva toda esta ganancia nacional.

El mejor azote que somete el esclavo al señor es el hambre del desocupado; pero el cuello blanco enseña que en el estado actual de la economía de la humanidad, ese látigo no es más la obra de los amos, sino que es natural, inevitable, que no se lo puede suprimir, que pretenderlo sería insensato, incluso criminal, puesto que, si no sobreviniera en el momento oportuno, toda la obra futura de la emancipación podría peligrar... según la doctrina socialista no se podrá cocer un pan igual para todos más que en un régimen futuro y de ninguna manera de inmediato, como se lo desearía. La sociedad actual no puede proveer todavía el horno para ese fin. El trabajo no sería tan productivo en la sociedad actual, según lo que declaran. La "sociedad" está todavía demasiado dividida por la competencia a que se libran los poseedores entre sí. No se está en condiciones de nutrir a todo el mundo. No se trata de que no quiera hacerlo –por no sufrir ella misma de hambre– y que se aproveche de esa hambre extendida entre los productores, para desarrollarse y enriquecerse sin pausa; no, se trata de que "ella" no puede. ¡Eso es lo que dice "el enemigo", el "destructor" del régimen actual! ¡Un enemigo bien acomodaticio, por cierto! Para decidirse a decir todo esto a todos los que están en la indigencia en medio de innumerables riquezas, y no revelar de inmediato su naturaleza rapaz de explotador, se hace necesario elaborar concienzudamente el ideal socialista, esa piel de cordero que esconde al lobo...

La preparación del paraíso socialista o los sindicatos legales

De acuerdo con la enseñanza socialista, la sociedad actual de pillaje no establece únicamente la esclavitud de los obreros sino que prefigura igualmente la libertad de estos últimos, prepara el futuro paraíso socialista: la explotación capitalista porta en su seno la igualdad socialista, la opresión capitalista nos conduce a la libertad socialista. Por eso no nos debemos asombrar de encontrar simultáneamente entre los socialistas dos concepciones diametralmente opuestas sobre los sindicatos obreros legales. Cuando se trata de la opresión actual de los obreros, la infelicidad y los sufrimientos se transforman al mismo tiempo en bienestar y alegría, lo negro en blanco, la mentira en verdad. Semejante contabilidad doble es la continuación inevitable de sus enseñanzas.

Cuando los socialistas son llevados a discutir con los defensores de un gobierno también reaccionario, por ejemplo, con el gobierno zarista, recuerdan y demuestran con muchísmo celo que los sindicatos obreros representan por sí mismos en toda Europa la garantía del progreso burgués, la garantía de la tranquilidad, del poder y de la solidez del estado burgués. Cuando hablan de esos mismos sindicatos delante de los obreros, les aseguran que las masas laboriosas construyen en ellos el fundamento del futuro régimen socialista. Advirtamos que esto debería significar en la lengua de los socialistas " abolir el yugo para los obreros", en tanto que en realidad, solidifica el estado burgués, no contribuye sino a reforzar ese mismo yugo.

Así los socialistas se convierten en verdaderos charlatanes, tanto cuando hablan con los gobiernos burgueses como cuando hablan con los obreros, y siempre con la misma amable sonrisa: demuestran a los gobernantes que los sindicatos refuerzan la dependencia de los obreros; a los obreros les aseguran que los sindicatos los llevarán a la independencia.

¿Pretenden los socialistas tomar a los obreros por imbéciles? En algún caso la burguesía, como en los países de Europa occidental, dejando propagar los sindicatos en la mayoría de las ramas de actividad, ha garantizado efectivamente la tranquilidad al mundo del pillaje. En lo que atañe al fundamento socialista, el negocio se presenta cada vez peor. Cuanto más se elabora este fundamento por parte de los obreros, más los socialistas alaban sus méritos, más alto en el cielo se eleva el edificio socialista.

Examinemos más de cerca porqué todas las consideraciones sobre los fundamentos socialistas, planteadas por los sindicatos y otras organizaciones obreras legales no son más que mentiras.

Para emanciparse, para suprimir la clase de los capitalistas, los socialistas dicen que los obreros deben hacerse cargo de toda la producción. Sin embargo, no pueden hacerlo todo de golpe, deben primero prepararse. En los sindicatos, los obreros –siempre de acuerdo con los socialistas– se familiarizan con todas las particularidades de su rama de producción y se convierten cada vez en más capaces de hacerse cargo, con total independencia, haciendo superfluos a los empresarios privados.

Los socialdemócratas agregan también que los obreros deben aprender a dirigir el estado, y que en sus asociaciones políticas, en el momento de las campañas electorales, en todas sus bancadas parlamentarias, en todas las diversas responsabilidades elegibles, en los consejos municipales y en otras instituciones, los obreros se adueñarán progresivamente del poder de la burguesía, adquiriendo al mismo tiempo todos los conocimientos indispensables para ejercer la dirección estatal. Los socialistas declaran únanimemente, además, ser partidarios de crear todo tipo de sociedades culturales, de universidades populares, para que, pretendidamente, los obreros adquieran en la menor cantidad de tiempo los conocimientos que posee la burguesía cultivada. He aquí como, gracias a los socialistas, se edifica el fundamento de la sociedad socialista por venir. ¡Qué formidable actividad!

–Pásenla bien, diviértanse, mis pequeñuelos; no prohibimos a nadie de soñar. Así responden todos los gobiernos de la Europa occidental a estos planes socialistas de derribamiento del régimen burgués, y le acuerdan a los socialistas la más completa libertad de charlatanería. .

Los obreros tienen que destruir su prisión secular, en tanto que los socialistas los adormecen aconsejándoles que eleven su nivel moral, que desarrollen su inteligencia y su corazón. Los
obreros tienen delante suyo el adueñarse de las riquezas del mundo entero, en tanto que los socialistas les aconsejan distraer una parte de su miserable salario servil ¡con el único fin de organizar el paraíso futuro en los sindicatos y otras asociaciones corporativas! Cuando se perjudica una parcela menor de sus riquezas, la burguesía los castiga enviándolos al presidio o a la horca, en tanto que los fariseos socialistas prometen eliminar todas las leyes feroces gracias a la facundia de sus periódicos, a sus discursos en los encuentros callejeros, en los congresos y en las tribunas parlamentarias.

Jamás en lugar alguno, la gente se ha liberado en el terreno de sus enemigos, que es lo que los socialistas prescriben a los obreros. Basta comparar su obra con la de las revoluciones –cuando  nuevas clases realmente se liberaron– y entonces podremos ver que la obra de los socialistas consiste en extinguir la revolución y que, de hecho, no la preparan, sino al contrario, frenan e impiden la revolución obrera.

[...] que los socialistas no se asombren cuando los obreros insurgentes les arranquen al fin las máscaras, y los declaren traidores y enemigos de la revolución obrera.

Jan Vaclav Majaiski / Ginebra, 1908

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