Una historia repetida de negaciones y sueños
Historia del 'Malón de la Paz' que en 1946 caminó 2000 kilómetros para intentar recuperar sus tierras durante la primera presidencia de Juan Domingo Perón.
¿Quién tiene presente al Malón de la Paz que en 1946 caminó 2000 kilómetros durante 81 días para recuperar sus tierras? ¿Quién recuerda que los kollas de la Puna y de Orán durante casi tres meses fueron tapas de diarios y revistas apareciendo incluso en medios dedicados al espectáculo y la farándula como Antena y Radiolandia o en la sección de deportes? ¿Alguien sabe que por primera y única vez en la historia argentina, dos indígenas estuvieron en el balcón de la Casa Rosada ante una Plaza de Mayo colmada? ¿Quién conoce cómo terminó aquella fiesta inicial?
A mediados de 1946 un grupo de 174 indígenas kollas, representantes de comunidades originarias ubicadas en las provincias de Salta y Jujuy que padecían condiciones de explotación extrema, resolvieron realizar una marcha multitudinaria. Hartos de soportar la usurpación de tierras comunales, el látigo del capataz, el cepo del hacendado, pasando por jornales arbitrarios, golpizas intimidatorias a los que alzaban la voz por sus derechos y hasta impunes abusos sexuales como el derecho de pernada, las comunidades resolvieron realizar una gran protesta que tuvo como finalidad llegar hasta la lejana Plaza de Mayo, centro simbólico del poder político nacional. Desde tiempos inmemoriales habían elevado pleitos ante las autoridades provinciales y enviado pequeñas delegaciones de 2 o 3 comuneros a la Capital Federal. Eran concientes que, para lograr sus objetivos, debían emerger del estigma de invisibilidad. “El Malón de la Paz por las Rutas de la Patria”, tal como ellos mismos se denominaron, se convertiría en un hito en los anales de las reivindicaciones indígenas y en uno de los mas inusuales capítulos de la historia nacional. En primer lugar, el Malón kolla, fue la protesta indígena de mayor exposición pública, siendo además, el primer reclamo multitudinario que tuvo que afrontar el flamante gobierno de Perón a pocos días de asumir. Los kollas que el 15 de mayo partieron de los ejes Abra Pampa y Oran, reclamaban las tierras que les había arrebatado, entre otros terratenientes, el tristemente célebre Robustiano Patrón Costas, uno de los mayores latifundistas del Noroeste argentino y poseedor de una enorme proyección política. Cabe recordar al respecto, que el golpe de 1943, en el cual Perón era una figura relevante, buscó impedir que Patrón Costa apelara al “fraude patriótico” para apoderarse de la presidencia de la Argentina.
Vayamos por partes. Durante los casi 4 mesas que el Malón estuvo instalado como tema cotidiano en los medios de difusión escritos, radiales y cinematográficos, ocurrieron los episodios más inauditos de los que se tenga memoria en relación con una demanda de estas características. Menciono algunos de ellos. El 9 de julio de 1946, los casi doscientos maloneros con sus caballos y mulas, desfilaron junto a regimientos de infantería por las principales avenidas de Rosario, para terminar alojados en guarniciones del Ejército. Los indígenas argentinos conocían el interior de los cuarteles sólo en calidad de cautivos y las veces que marcharon con las tropas, lo hicieron como trofeos de guerra. Cuando el Malón de la Paz ingresó en la provincia de Buenos Aires, millares de personas salieron a su encuentro vitoreándolos como “nuevos héroes”. De hecho ante su mera aproximación, se creaban comités “Pro Reforma Agraria”. Al llegar a la Plaza de Mayo, varios de sus integrantes se unieron en un abrazo fraternal con el general Perón, nada menos que en el mítico balcón de la Casa Rosada, a la vista de la multitud que observaba emocionada la escena. Jamás en nuestra historia había pasado algo similar. ¿Indios en el balcón de la Casa Rosada? Paradójicamente, después de tan apoteótica recepción fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes, que como todos sabemos, era el lugar donde internaban a los extranjeros ni bien descendían de los barcos. Después, cuando el gobierno advirtió que se había metido en un laberinto, comenzaron a devaluar las aspiraciones de los kollas. Entre las actividades extravagantes en las cuales les obligaron a participar, se destaca el partido de fútbol que jugaron previo al tradicional River – Boca, encuentro al que asistieron 40.000 espectadores que no comprendían que hacían jugando a la pelota aquellos esforzados kollas que habían venido por sus parcelas. Tres semanas después de su apoteótica llegada, la esperanza kolla terminó de la peor manera: en medio de gases lacrimógenos, golpes, insultos, llantos y vejámenes. El reclamo tuvo una enorme resonancia pública y también una profunda repercusión política hasta que se desencadenó su abrupto final.
En virtud de la antinomia “civilización o barbarie”, en el momento del reclamo kolla, la percepción del grueso de la sociedad argentina oscilaba entre no advertir la presencia de los indios dejándolos en las sombras, o en su defecto, considerarlos como habitantes de un territorio que invariablemente los remitía a un pasado inculto y salvaje. En 1946, el indio vivo que respira, sueña y tiene necesidades era un asunto “inactual”, no era “marquetinero” ni siquiera para los especialistas. De hecho, las carreras universitarias de antropología no se crean hasta 1957 en La Plata y al año siguiente en Buenos Aires. Precisamente para contrarrestar los efectos negativos de esta percepción, es que el último tramo de la marcha del Malón, ya en la provincia de Buenos Aires, tuvo un evidente itinerario simbólico con el que demostrarían que también ellos eran chacareros, criollos y católicos. Examinemos este proceso con mayor detenimiento.
Cuando el Malón ya estaba en el eje Rosario-Buenos Aires, a la altura de San Nicolás, modifica la ruta prevista, y en lugar de seguir al sur rumbo a la Capital, gira al oeste internándose en la provincia con el objetivo de tocar tres puntos específicos: Pergamino, San Antonio de Areco y Luján. Cada una de estas ciudades representaba distintas aspiraciones o imágenes que el Malón pretendía brindar a la Nación. Tocar Pergamino implicaba adentrarse en el centro del granero argentino, es decir, en el eje del problema de la tenencia de tierras y mostrarse como trabajadores del campo. Cultivar la parcela propia no era una problemática circunscripta a la Puna, era una herida que lastimaba a todas las regiones por igual. De hecho la Pampa Húmeda, en la que todavía resonaba el “Grito de Alcorta” se encontraba atravesada por la misma aspiración. Los humildes kollas habían experimentado una mutación que tenía que ver con la repercusión y los contactos que establecían a diario a lo largo de la ruta; esa maduración puso en evidencia la extraordinaria capacidad de los indígenas para anudar alianzar estratégicas con otros sectores de la sociedad y ganarlos para su causa. De alguna manera querían enviar un mensaje a los retardatarios y “forzar” al primer mandatario a dar los pasos necesarios hacia la reforma agraria que había prometido en la campaña electoral. En ese momento, julio de 1946, Perón tenía apenas un mes en el ejercicio de la primera magistratura y nadie sabía a ciencia cierta hasta donde se proponía llegar. Por lo pronto la fama del Malón llevó a que varias firmas comerciales como la tabacalera 43/70 o el analgésico “Geniol”, se aprovecharon de los kollas para vender sus productos. Por su parte, pasar por San Antonio de Areco significaba imbuirse de la tradición criolla y argentina que en todo momento intentaron asumir como propia. Areco era la cuna de Ricardo Güiraldes autor del libro gauchesco Don Segundo Sombra, allí desde 1940 se celebraba la Fiesta Nacional de la Tradición. La tercera localidad en la mira fue Luján, emplazamiento de la basílica donde se encuentra el santuario de la principal Virgen patrona de la Argentina. Peregrinar hasta Luján significaba hacer una demostración de fe religiosa, cerrando la trilogía agraria, argentina y católica.
Mientras tanto, la impactante cobertura periodística irá in crescendo en forma proporcional con su cercanía a la Capital Federal. Esta aparente contradicción, tiene que ver con el propósito inicial del gobierno de convertir a los maloneros y su reclamo en un ejemplo de los alcances de la Nueva Justicia Social. La solución del pedido kolla sería inmediata. Radios, periódicos y noticieros cinematográficos como “Sucesos Argentinos” se ocupaban de kollas, brindándoles un espacio destacado con titulares, entrevistas y primeras planas. Finalmente el 3 de agosto ingresaron a la Capital aclamados por millares de porteños. Desde las ventanas de los edificios de la Av. de Mayo los vecinos arrojaban flores al paso del Malón. ¿Flores ante el paso de una caravana indígena? Tras ser homenajeados por el Congreso Nacional, atendidos por el mismísimo Perón, su vicepresidente y varios ministros, con muestras de enorme simpatía por parte de la ciudadanía y del arco político, en menos de un mes pasaron de ser “huéspedes oficiales de la Justicia Social” a transformarse en una incómoda presencia que se obstinaba en permanecer en Buenos Aires a todo trance “sin pagar un centavo, sin esfuerzo, sin trabajo”. Una fuerza conjunta compuesta por cientos de soldados de la marina de guerra y una brigada lanzagases de la policía federal obtuvieron “otra épica victoria contra la barbarie”.
El gobierno había comprendido tarde los alcances del Malón de la Paz. Si les otorgaban las parcelas a los 174 kollas, una lluvia de malones indígenas y de criollos necesitados de tierras se lanzaría contra el Ejecutivo. El presidente no tenía opción, o les daba la tierra a los kollas afrontando lo que vendría después, o los borraba de la vidriera nacional. Así los maloneros fueron secuestrados, arrojados dentro de un tren y desterrados a sus provincias en un convoy con custodia armada para que no pudiesen descender antes de arribar a la Siberia Argentina, nombre inicial de Abra Pampa. En las numerosas entrevistas realizadas para la investigación sobre el Malón, constantemente afloraba el neologismo “envagonar” enhebrado del modo siguiente: “a mi papa lo envagonaron”. A partir de aquel envagonamiento, prácticamente todo el periodismo que se había encolumnado para narrar sus padecimientos y lo justo de sus reclamos, se lanzó sin misericordia sobre ellos difamándolos burdamente o, en el mejor de los casos, manteniendo un mutismo tan escandaloso como cómplice.
Esto nos lleva a incursionar en la herencia recibida por el imaginario argentino sobre el concepto del indio y los alcances de la nacionalidad. Un ejemplo de ello fueron los estériles y absurdos debates que tuvieron lugar en la Cámara de Diputados, en relación con los kollas, como cuando el diputado Teodoro Saravia de Jujuy saltó en su banca gritando: “en Jujuy no existen indios ni kollas”. Para el imaginario argentino en general y del legislador puneño en particular, nuestro país es blanco y europeo, y por ende resulta natural la ausencia de indios y kollas. Pero las infamias todavía fueron más lejos. Para terminar con el problema, distintos sectores de la prensa como del poder político “descubrieron” que los maloneros no eran indios. Una de las “pruebas contundentes” en tal sentido, la constituía el hecho que numerosos integrantes del Malón supieran leer y escribir. Nada más “sospechoso” para el imaginario que un indio lector. Otros, aprovechando su procedencia de provincias limítrofes con Bolivia, comenzaron un proceso de bolivianización de los kollas, es decir, comenzaron a extranjerizarlos. En síntesis, si eran extranjeros, el problema desaparecía. En general, se dio rienda suelta a un racismo visceral, como el del periódico La Voz de Luján cuando señaló que los kollas regresaron a sus lares “con el cerebro estragado por el vértigo de la civilización”, o como Criterio, principal semanario católico cuando afirmó alegremente que los indígenas no querían regresar a Jujuy para continuar degustando “las delicias de la mayonesa” descubierta en la Capital Federal.
Para salir del paso, desde el gobierno además de negar su participación en el envagonamiento, se sucedieron los acostumbrados pedidos de informe y ficciones varias al gusto argentino. Entre otras se designaron tres comisiones investigadoras pertenecientes a los poderes Ejecutivo, Judicial y Legislativo con el mandato imperativo de investigar hasta las ultimas consecuencias. En el caso de los kollas ni uno sólo de los sospechosos o damnificados fue indagado.
Como consecuencia de esa nula investigación, al año siguiente se iba a producir un episodio aún más grave y dramático. Casualmente el 12 de octubre de 1947, en Rincón Bomba, Formosa, centenares de indígenas pilagás hambrientos fueron ametrallados impunemente por la Gendarmería Nacional en el mayor genocidio indígena del siglo XX. Por supuesto, al igual que en el caso del Malón, no se investigó absolutamente nada. Alrededor de 400 cadáveres terminaron en fosas comunes o pudriéndose en la selva. Gendarmería se ufanó de haber restablecido el orden tras el “malón” al mínimo costo de 4 muertos.
Si bien la reforma constitucional del 1949 suprimió pasajes vergonzosos como el de “mantener un trato pacífico con los indios, o “la obligación de convertirlos al catolicismo”, el gobierno no volverá a promover ninguna marcha indígena para la restitución de tierras originarias. La visibilidad pública que el gobierno facilitó para la percepción del reclamo del Malón de la Paz, fue producto de la vorágine de aquellos primeros meses del gobierno justicialista que había asumido las riendas del estado el 4 de junio de 1946. Perón había aprendido la lección.
La historia en un país que hace un culto de la impunidad y el olvido siguió su curso. En el 2006, se realizó un segundo Malón de la Paz que llegó hasta Humahuaca pidiendo lo mismo que 60 años atrás: tierras, dignidad, salud, justicia. El 16 de julio de 2007, casi una semana después de presentar el libro Los indios invisibles del Malón de la Paz en Abra Pampa, los kollas tomaron los edificios públicos de la localidad exigiendo que las autoridades ofrecieran soluciones con respecto a la montaña de 12.000 toneladas de deshechos de plomo que la fundidora Metal Huasi “olvidó” hace 25 años a dos cuadras de la plaza principal. Esta acumulación de residuos tóxicos provocó la contaminación de la mayoría de la población infantil de este pueblo de 14.00 habitantes. El 81% de los niños que participó de la muestra tiene valores por encima de cinco microgramos por decilitro en sangre (a partir de ese valor se estima que los niños tienen daños neuromadurativos). Cuando sopla viento norte la ceniza que se desprende de la escoria de metal llueve sobre Abra Pampa, y ese fino y mortal polvillo de plomo es lo que respiran y se les pega en la piel. Es un envenenamiento paulatino y letal. Hoy existe un proyecto de resolución en la Cámara de Diputados solicitando al Ejecutivo se informe qué resolución se tomará con esta vergüenza. La plombemia ha sido detectada desde el 2004 y todavía ninguna autoridad hizo algo que tuviera sentido, mientras tanto el nivel de plomo en la sangre de los niños sigue aumentando.
El Malón de la Paz de 1946 como el que se produjo 60 años después, solicitó los títulos de propiedad de las tierras donde tienen enterrados a sus abuelos. La Federación Pilagá interpuso una demanda contra la Nación por el mayor genocidio del siglo XX. En el caso de la plombemia de Abra Pampa existe un pedido de informes al Poder Ejecutivo. Existe impunidad. Existen gobernantes insensibles. Existen denuncias, existen trámites y esperas y papeles. Muchos papeles y la pregunta de siempre: ¿cuándo la tinta saldrá por fin de las hojas y folios, y los pedidos y reclamos se corporizarán en soluciones concretas? ¿Cuándo?
Marcelo Valko / mvalko(@)sinectis.com.ar
Fragmentos del libro "Los indios invisibles del Malón de la Paz"Pueblos Originarios y acción directa ambientalista
Acciones violentas de grupos y comunidades originarias contra las corporaciones depredadoras
Muchas veces se idealiza a los pueblos originarios como modelos de democracia o colectivismo pleno. No vamos a entrar aquí en ese asunto. Lo que sí podemos aceptar es que son pueblos primigenios y, a la vez, vulnerables tanto cultural como físicamente. Son pueblos que no cuentan apenas con defensas a la hora de enfrentarse a mutinacionales y a todo el aparato capitalista (militares, policías, jueces, etc). El desarrollismo destructor no tiene en cuenta sus derechos pues muchas veces chocan con él: acceso a tierras, a recursos, etc. Su condición es la de ciudadanos de segunda, ciudadanos sin censar, sin acceso a la administración y a los media... Pueblos que sólo saben defenderse con flechas y arcos o que son embaucados por las multinacionales sin escrúpulos: todavía se lleva eso de dar camisetas o banderas de la madre patria a un indito para que se quede contento, o el echar botas y hachas desde un helicóptero previo a una visita del cuerpo técnico o el alcohol con el que se han destruido tantos pueblos originarios. Todos estos son métodos vigentes en Ecuador, Colombia, Brasil, etc. A ello se añade la actividad de la evangelización practicada por desde católicos a protestantes y muchas otras sectas a menudo ligadas a las multinacionales mismas. O el hacer firmar contratos sin saber lo que ponen, como aquel Mapuche ciego al que Endesa obligó a firmar la concesión de sus tierras sin poder leer ni escribir y al que la firma española no tuvo escrúpulos para tirarle la casa y dejarle sin techo. O sus tierras se invaden sin más, por la maquinaria pesada bien pertrecha de dispositivos policiales o militares. Incluso en esos territorios ya establecidos por los propios gobiernos para el uso exclusivo de pueblos originarios -como las reservas naturales- se demuestra que los acuerdos no significan nada cuando se trata de intereses capitalistas. Una vez asimilados tampoco son conocedores de las reglas a seguir para hacer oír su voz o son reprimidos (como tod@s l@s demás) por reivindicar cosas de la forma más simple. Así que cuando esta gente se hace con formas de protesta más contundentes y radicales a las tradicionales marchas o cortes de carretera, sólo podemos tener palabras de elogio. A lo dicho debemos añadir que, aunque sin caer en idealizaciones, los pueblos originarios han desarrollado un mayor respeto por los recursos y hábitat y en muchos casos son el único garante para la conservación de habitats tan fundamentales como las selvas amazónicas de Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia, Papúa, Congo, etc.
Ante esto hay quienes se entregan de manos a las multinacionales y los gobiernos sin saber lo que les espera al perder su forma de vida y su espacio y habitat. Hay también quienes lo predicen y declaran guerra abierta a cualquiera que ose entrar en su territorio. Este es el caso de l@s Tageri y l@s Taromenane (subgrupos de la etnia Huaoranui de Ecuador). L@s Tageri nos son conocidos por haber dado muerte a monseñor Lavaca, el cura vasco que creyó que el podría encauzar a estos incivilizados y se presentó en su territorio con sor Inés. Estos pueblos han visto sus gentes asesinadas por cientos y también muertas por la introducción de enfermedades contagiosas a las que ellos no están inmunizados, como un simple catarro. Se han mostrado contrarios a la entrada en sus territorios de las petroleras como Repsol YPF y Petrobras que operan en su territorio, pero estas persisten. Muchos otros pueblos han exigido la salida de las petroleras de sus territorios y amenazado con pasar a acciones más radicales. Como l@s Kichwas, que el 31 de mayo de 2006 celebraron una asamblea histórica a la que asistieron 9 comunidades indígenas para ratificar su total oposición al ingreso en sus territorios de la empresa petrolera PERENCO. L@s Huaorani también han exigido la salida de Repsol y Petrobrás. En mayo de 2006 el gobierno de Ecuador rompió el contrato con la compañía usamericana Oxy y requisó las instalaciones de esta por delitos contra el medio ambiente y 42 violaciones de la ley. L@s shuar y achuar llevaban años exigiendo la salida de esta petrolera.
Pero además de la guerra declarada, otros grupos deciden mantenerse fuera del sistema tomando otras medidas de presión con las que atraer publicidad y medidas contra las multinacionales. Un ejemplo es la famosa amenaza de suicidio colectivo de l@s U’wa (Colombia) acosados por la petrolera Occidental Petroleum (Oxy) (a quien sutituyó Repsol YPF) es una de estas. Para l@s U’wa el petróleo representa la sangre de la madre tierra y su extracción significaría su muerte y también la de su gente.
Pero la acción y el valor indígenas van mucho más allá de la simple (y necesaria) protesta (a mi me causó emoción ver a Huaorani con sus atuendos típicos, sus tocados de plumas, sus torsos desnudos e incluso sus lanzas y cerbatanas asistir a manifestaciones en la ciudad contra las petroleras).
Muchos han usado la acción directa y otros métodos disuasorios del mismo modo que aquí se cortaron los cables de transporte de hormigón para el pantano de Itoiz.
A finales de agosto de 2006, l@s guaraní de Bolivia ocuparon la planta de Repsol YPF de Parapetí. Aunque ésta es una de las empresas a la que le afectó la seudo-nacionalización de los hidrocarburos promovida por el gobierno de Evo Morales, la situación para muchos (sobre todo para los indígenas) no ha cambiado. Un@s 300 Guaraní de 7 comunidades ocuparon la planta pacíficamente e instalaron un campamento. Est@s amenazaron con cerrar las válvulas de un gaseoducto que transporta gas a Brasil si la empresa no aceptaba sus demandas. Previamente habían sido instruidos para que no corrieran peligro con su acción al manipular las válvulas.
En junio también otros 350 indígenas de Xingú (Mato Grosso, Brasil) pertenecientes a las etnias kamaiurá y xavante ocuparon una central hidroeléctrica en obras y amenazan con volarla con dinamita. L@s activistas retuvieron a 300 obreros y destruyeron a mazazos parte de las instalaciones de la hidroeléctrica en construcción. El embalse Paranatinga II se sitúa en un lugar sagrado por los pueblos originarios y alberga numerosos sitios arqueológicos. Este contendrá las aguas del Cululene, el principal afluente del Xingú que riega la reserva de su nombre donde habitan 5.000 personas pertenecientes a pueblos originarios.
L@s pemona también han utilizado el sabotaje contra el desarrollismo destructor. En Octubre de 2000, activistas de este pueblo derrumbaron 7 torres de tendido eléctrico al sur de Mapaurí. La lucha contra el Tendido Eléctrico de Venezuela a Brasil fue ignorada por Chávez, quien criminalizó a las comunidades pemonas en resistencia (7). Este tendido atraviesa territorio Pemona ya afectado por la construcción de una carretera (Troncal 10) que atraviesa La Gran Sabana, el Parque Nacional Canaima y una zona también considerada por l@s Pemona como sagrada. Ahora Chávez pretende la construcción de un super-gaseoducto desde Venezuela a Brasil de más de 8.000 kilómetros atravesando de nuevo territorio pemona (mismo recorrido que el proyecto de tendido eléctrico). Los mapuche (Chile-Argentina) también han utilizado el sabotaje y la acción directa sobre todo contra las empresas madereras (9). En muchos casos este se ha centrado en dependencias o en maquinaria, como la acción del 5 de enero 2003. En ese caso, por ejemplo, una plantación de pino fue quemada junto a la maquinaria. El pino se planta reemplazando al pehuen (araucaria) árbol sagrado y base alimentaria mapuche. Por estas acciones much@s mapuches han sufrido presidio (10). A estos se les deben sumar otros a los que se acusa de participar en estos hechos, pero que no los ha cometido, en un contexto de represión indiscriminada. A tod@s ell@s se les está aplicando la ley antiterrorista, así como un nuevo Sistema Procesal Penal introducido como proyecto piloto en la 9ª Región (Chile).
De la misma forma que el ELN revienta oleoductos en Colombia, estos también son blanco del MEND en el delta de Níger (Nigeria), pero no por los mismos motivos. Nigeria ha sido un país donde las demandas de ecologistas y minorías étnicas han sufrido la mayor de las represiones, incluyendo ejecuciones como las de Ken Saro Wiwa y otros ocho activistas ogoni en 1996 (otros 20 esperaban el mismo sino, pero sus ejecuciones fueron suspendidas debido a la presión internacional). Ante esta situación y las incesantes violaciones de derechos humanos y ambientales de las multinacionales es lógico que la respuesta se intensificara. El MEND (Movement for the Emancipation of the Nigerian Delta) está conformado por grupos étnicos minoritarios de la zona, como los Ijaw. MEND se ha puesto como objetivo «destruir totalmente la capacidad del gobierno de Nigeria de exportar petróleo». Para ello MEND realiza sabotajes, aunque se han armado también robando armamento al ejército petrolero nigeriano (como el 19 enero y 23 de marzo de 2006, cuando robaron metralletas y lanzagranadas), estableciendo que no buscan la pérdida de vidas humanas. Para ello también han expresado a sus comunidades el abandono de zonas cercanas a instalaciones petroleras para evitar daños. Después de una acción en diciembre de 2005 MEND volvió con una mayor el 12 de enero de 2006 cuando voló 3 oleoductos y atacó un barco petrolero con lanzagranadas. Ese día MEND también capturó 4 mercenarios que soltó 18 días más tarde. MEND exigió a la Shell el pago de 1,5 billones de dólares a una comunidad por daños causados por escapes de petróleo. Cuatro días más tarde el MEND destruyó una estación petrolera y dos botes militares. Los activistas fueron interceptados por lanchas militares. En el consecuente tiroteo las dos lanchas militares fueron hundidas causando la muerte de varios militares (cifras desconocidas). El 23 de marzo activistas se encontraron en una situación parecida, capturando la lancha y armamento. Como resultado 3 militares murieron y los demás escaparon. En febrero de 2006 MEND intensificó su actividad como respuesta a la represión a los Ijaw por el ejército nigeriano. Esta consistió en 4 ataques en 5 días contra oleoductos y plataformas de extracción. MEND también secuestró a 9 trabajadores de la Shell. Al final, el activismo del MEND dio sus frutos y paró la producción petrolera en la zona. Como resultado de estas acciones Shell desalojó a 330 de sus empleados por su seguridad. La última acción que conocemos data del 29 abril de 2006 cuando MEND explotó un coche bomba con el efecto de volar cisternas petroleras. MEND también ha amenazado con volar por los aires la mayor planta de gas de Nigeria. Shell es la mayor compañía que opera en el país de mayor producción petrolera de Africa, toda ella concentrada en el delta del Níger. Las petroleras se han hecho con las tierras y las han contaminado, al igual que el agua y el aire. Pese a los altos beneficios de las multinacionales, la población local permanece en la pobreza más absoluta. El gobierno militar nigeriano (antes dictadura militar) siempre apoyó a la Shell y a otras petroleras y reprimió y ajustició a aquellos que mostraron oposición. Los pueblos originarios como los Ogoni o los Ijaw han vivido en sus carnes esa represión.
Otro caso de exitosa lucha contra las multinacionales destructoras fue el de la población de la pequeña isla de Bouganville, donde la empresa RTZ se adueñó de la isla para convertirla en una gran mina abierta de cobre: 500 m de profundidad y 7 kilómetros de largo. La mina dejó a l@s nativ@s sin tierra, sin casas y sin su habitat y, por si fuera poco, lo contaminó todo. En 1988 l@s nativ@s comenzaron a tomar cartas en el asunto y, tras robar dinamita a la empresa, empezaron a volar postes de alta tensión, maquinaria y edificios de la empresa. El Ejercito Revolucionario de Bougainville (lo más lejano a un ejercito...) consiguió sacar a la compañía de la isla. Desde entonces, han logrado producir vehículos y armas para su autodefensa utilizando los deshechos dejados por la compañía. Para carburante también utilizan su propio biodiesel hecho de aceite de coco.
Otra zona de gran actividad multinacional es Papúa Occidental, zona donde existe grupos étnicos y tribales que no se conocen entre ellos debido a la topografía y al escaso desarrollo (industrial- tecnológico). Estos grupos tribales también se han enfrentado con lanzas a las multinacionales. Si la mina de Bouganville era grande, la de oro y cobre de Papúa Occidental lo es todavía más (Freeport-McMoRan Copper & Gold Inc-USA). En 1981, por ejemplo, activistas volaron tuberías de esta compañía. Los grupos tribales están organizados en cierta forma bajo el Movimiento para una Papúa Libre (Organisasi Papua Merderka - OPM), una red de guerrer@s tribales. Indonesia ha practicado una represión brutal con ejecuciones sumarísimas: se calculan 300.000 muertos desde 1962.
www.nodo50.org/ekintza
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