Estados Unidos es una religión *

Los gobernantes estadounidenses se ven a sí mismos como sacerdotes, con una misión divina, eliminar los demonios de la faz de la Tierra.

El artículo de G. Monbiot fue publicado hace un año, cuando las tropas de ocupación detectaron y dieron muerte a dos hijos de Saddam Hussein. Su comienzo describe hechos de ese momento y la pertinaz falla del “comando civil y militar de las tropas estadounidenses” para ver la realidad. Por ello, se pregunta, por ejemplo: “¿Se supone acaso que tengamos que creer que los servicios de seguridad son los únicos que no pueden ver que hay muchísimos iraquíes que se quieren desembarazar de EE.UU. como en su momento querían desembarazarse de Hussein?
Monbiot llega así a la cuestión nodal, que desarrollará en el resto del artículo y que traducimos y publicamos íntegramente a partir de su hipótesis:

No hay un fallo de información, hay un fallo ideológico.
Para entender porqué persiste este fallo debemos primero captar una realidad que se aborda infrecuentemente en el periodismo. Estados Unidos ya no es una nación. Hoy en día es una ideología. Sus soldados han incursionado en Irak para exonerar a su pueblo no sólo de su dictador, su petróleo y su soberanía, sino también de sus penumbras. Así lo dijo George Bush cuando le habló a las tropas el día en que anunció la victoria: “Donde vayan, ustedes llevan consigo un mensaje de esperanza, un mensaje que es antiguo y a la vez novísimo. En las palabras del profeta Isaías, «a los cautivos, ‘salgan’ y a quienes estaban en las penumbras ‘sean libres’».

Así que los soldados de EE.UU. ya no son meramente combatientes terrenales; han devenido en misioneros. Ya no matan sencillamente enemigos, están eliminando demonios. El pueblo que reconstruyó los rostros de Uday y Qusay [los hijos de Hussein eliminados violentalmente, a los que alude el principio del artículo; n. del t.] olvidó desprolijamente restituirles el par de cuernitos, uno encima de cada ceja, pero las autoridades norteamericanas se encargaron de transmitir claramente que se trataba de oponentes pertenecientes a otro reino. Como todos aquellos que envían misioneros a ultramar, el elenco de sacerdotes mayores de EE.UU. no puede concebir que los infieles puedan resistir por su propia y libre voluntad; si rechazan la conversión que se les ofrece, es porque interviene la labor del demonio, en su disfraz como precedente dictador de Irak.

Como nos lo muestra Clifford Longley en su fascinante libro Chosen People [Pueblo elegido], publicado en 2002, los “padres fundadores” de EE.UU., aunque alguna vez se desviaron de ello, en general sentían que estaban guiados por un propósito divino. Thomas Jefferson argüía que el sello oficial de EE.UU. tendría que representar a los israelitas “guiados por una nube durante el día y una colmuna de fuego en la noche”. George Washington clamaba, en su alocución inicial que todo paso hacia la independencia “se caracterizaba por una señal de acción providencial”.

Longley sostiene que la formación de la identidad estadounidense fue parte de un proceso de “sobreseimientos sucesivos”. La Iglesia Católica romana sostenía que ella había suplantado a los judíos como pueblo elegido, en tanto los judíos habían sido repudiados por Dios. Los protestantes ingleses acusaron a los católicos de quebrar la fe y aclamaron a los cuatro vientos que ellos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios. Los revolucionarios independentistas fundadores de EE.UU. sostuvieron a su vez que los ingleses habían roto el pacto divino y que ahora los estadounidenses se habían convertido en el pueblo elegido, con el divino deber de poner a disposición del dominio de Dios a todo el mundo. Y como para mostrar que estas creencias persisten, George Bush  recordó un llamado de Woodrow Wilson. “EE.UU.”, citó, “tiene una energía espiritual en sí mismo que no tiene ninguna otra nación para contribuir a la liberación de la humanidad.”

Poco a poco, esta noción de ser elegido ha ido confluyendo con otra idea, todavía más peligrosa. No es exactamente que los yanquis son el pueblo elegido por Dios sino que el mismísimo EE.UU. configura en sí mismo un proyecto divino. En su adiós presidencial, Ronald Reagan habló de su país como “una ciudad luminosa sobre una colina”, una referencia al Sermón de la Montaña. Pero lo que Jesucristo describía no era un Jerusalem terrenal, sino el reino de los cielos. En las alusiones de Reagan no sólo se daba por descontado que EE.UU. constituye el reino de Dios sino que también se puede ubicar al reino del infierno aquí en nuestro planeta: entonces se trataba del “reino del mal”, Unión Soviética, contra el cual estaban encomendados los guerreros sagrados.

Desde los ataques a Nueva York, la noción de divinidad para EE.UU. no ha hecho sino extenderse y acentuar sus rasgos. En diciembre de 2001, Rudy Giuliani, el intentente neoyorquino hizo su discurso mayor en la capilla de San Pablo, cerca del lugar donde se levantaban las Torrres Gemelas recién destruidas. “Todo consiste”, sostuvo, “en que abraces la causa de EE.UU.  y entiendas sus ideales y lo que está en juego. Abraham Lincoln solía decir que la comprobación de tu americanism era... cuánto creías en EE.UU. Porque somos como una religión, realmente. Una religión secular.” La capilla en la que habló había sido consagrada no exactamente por Dios sino por el hecho de que George Washington una vez había orado en ella. EE.UU. no tiene ya necesidad de invocar a Dios: es Dios, y los que marchan al exterior lo hacen para distribuir la luz y hacerlo en nombre de un reinado celestial. La bandera se ha convertido en algo tan sagrado como la Biblia: el nombre de la nación se ha hecho tan sagrado como el de Dios. La presidencia se ha convertido en consonancia, en un sacerdocio supremo.

Así que aquellos que cuestionan la política exterior de Bush ya no son sólo críticos, son blasfemos. Los estados extranjeros que procuran modificar su política malgastan su tiempo: se puede negociar con políticos, pero no se puede negociar con sacerdotes. EE.UU. tiene una misión divina y como sugirió Bush en enero de 2003: “defender... las esperanzas de toda la humanidad” y guay de quienes ponen sus esperanzas en algo distinto al american way of life [awol].
Los peligros de una divinidad nacional apenas si necesitan explicitarse. Japón marchó a la guerra en la década de los 30 convencido, como Bush, que poseía un mandato divino para “liberar” al Asia y extender el reino del Imperio Divino.  Iban a, como predijo el teórico fascista Kita Ikki, “iluminar la oscuridad del mundo entero”. Los que buscan traer el cielo a la tierra están únicamente destinados a configurar un infierno.

N. del T.: Nos atrevemos a cerrar la fermentaria nota de Monbiot con una cita de Blas Pascal que no hace sino concebir lo mismo cuatro largos siglos atrás: ‘El hombre es medio ángel y medio bestia, y cada vez que procura convertirse totalmente en ángel se convierte totalmente en bestia.” [cit. p. Mario Sambarino, seminario de Filosofía de la práctica de la Fac. de Humanidades y Ciencias, Montevideo, 1971].

George Monbiot

nota:
* Título del original: “America is a religion”. El original juega con el apócope habitual del nombre, United States of America, y la habitual mención ideológica al americanismo. Nosotros no admitimos que desde EE.UU se usurpe el nombre de todo el continente llamado eurocéntricamente “El Nuevo Mundo”. [n. del ed.]

Publicado en Guardian Weekly, Londres, 7-13/8/2003.
Traducción del inglés: Luis E. Sabini Fernández

artículo publicado en Revista futuros nº7 / Río de la Plata primavera- verano 2004-2005 www.revistafuturos.com.ar


Entre la movilización y la paz social subvencionada

(Indicaciones acerca de la situación social en el Estado Español)

El proceso de desactivación del movimiento de contestación social se inserta en el proceso general de desactivación de la conflictividad social que se aprecia en los diferentes países de la Unión Europea. Una desactivación que, si bien se hace ostensible en el plano general de la movilización y contestación al sistema capitalista, tiene su reverso en la proliferación de formas perversas de conflictividad de baja intensidad (violencia contra inmigrantes, contra las mujeres, intensificación del chantaje y presión psíquica y física en el lugar de trabajo, etc.) que marcan la senda de un proceso general de descomposición de expresiones sociales heredadas del ciclo de luchas del pasado reciente, mientras abren paso a una reorganización de la sociedad sobre las bases de un nuevo autoritarismo: el totalitarismo democrático.

De este modo, mediante la invocación reiterada de una categoría vaciada de contenido, la democracia, se da pábulo a una especie de estado neocorporativo en el que la colusión de intereses entre las instancias gestoras de la representación social y económica (corporaciones empresariales, partidos, sindicatos, ONGs y demás asociaciones de la denominada sociedad civil) legitima y ampara prácticamente la expropiación de los bienes colectivos (agua, territorio/espacio público), así como la explotación y exclusión de las facciones de la población asalariada con menos capacidad de defensa de sus intereses (inmigrantes, mujeres, jóvenes, ancianos, etc., que constituyen precisamente los segmentos de la población asalariada menos competitivos).

Con este trasfondo, que marca en igual medida la ruina cultural de la izquierda histórica (socialdemocrática y leninista), se ha dado rienda suelta a la imaginación discursiva postmoderna, donde la práctica del lenguaje y el gusto por el neologismo han tomado el lugar del lenguaje de la práctica, toda vez que ésta, sepultada en el proceso de transformación impulsado por la acumulación intensiva de capital de las dos últimas décadas, ha sido relegada a mera expresión formal, simbólica, lingüística, ideológica, en fin, del antagonismo. Con ello, la producción de un discurso antagonista vendría a llenar el hueco dejado por la casi total ausencia de una práctica social antagonista. Así, mientras avanza el proceso de socavamiento de las condiciones de vida (precarización), la mayor parte de la población limita su contestación a la muestra de un malestar que encuentra su satisfacción en el recambio de las figuras en el sistema de representación política. Por otra parte, la imparable devaluación intelectual de la izquierda lleva a definir como movimientos sociales la mera agregación de diferentes segmentos de opinión. Del mismo modo que confundir sindicalismo con movimiento obrero es un error interesado de ciertas formas ideologizadas de la izquierda tradicional, es un abuso de lenguaje identificar como movimientos sociales las movilizaciones de simples corrientes de opinión (contrarias a la guerra, por ejemplo). Si algún significado tiene todavía el concepto de movimiento social será en relación con su dimensión y contenido, en la medida que por su relevancia pone en entredicho la relación social existente y se hace expresión tendencial de la superación práctica de esas relaciones sociales.

La paradoja que representaron grandes movilizaciones (Nunca Mais, No a la Guerra, 11-M, etc.) y la impotencia de las multitudes remite a la creciente disparidad entre la autonomización formal y la sumisión real de la política respecto de las exigencias de la acumulación de capital. Se hace «la política que se puede hacer», como no paran de repetirnos los profesionales de la representación política o, lo que viene a ser lo mismo, se hace lo que se puede para mantener el equilibrio entre los movimientos espasmódicos del capital y sus consecuencias sociales inmediatas, y el mantenimiento de la estabilidad social necesaria para proseguir el proceso de acumulación.

Indagar en los mecanismos que hacen posible esa aparente supresión del antagonismo en la fase totalitarista democrática, discernir si nos encontramos ante la superación/supresión real del antagonismo social inherente a la condición asalariada o, por el contrario, si se trata de su encubrimiento de acuerdo con las condiciones de la fase actual de acumulación de capital, es algo que se pretende avanzar en las páginas que siguen. Y, sobre todo, abordar los mecanismos de articulación social del Estado neocorporativo del totalitarismo democrático para poner en evidencia, al menos, algunas de sus limitaciones prácticas. Si no queremos renunciar a pensar lo social tendremos, pues, que alejarnos tanto del ensimismamiento de la obviedad descriptiva de la práctica de la acumulación de capital, como de la huida que representa el discurso del rechazo meramente ideológico del mundo circundante. La elucubración discursiva acerca de la transformación social ha llevado, hasta cierto punto, a oscurecer el análisis de la práctica de la acumulación de capital, de sus tendencias y posibilidades, que son también y sobre todo, sus limitaciones. Pues, a fin de cuentas, es en el trasfondo de esas limitaciones donde se encuentran las posibilidades reales, prácticas, de cualquier intervención encaminada a modificar la situación social presente.

Desde luego, no hay una sola razón, ni una sola forma de aproximación a la cuestión, sino que son varios los indicadores que pueden ayudar a esclarecer el panorama social; en las páginas que siguen se pretende abordar algunos de los entresijos de las aparentes paradojas, comenzando por plantear el papel de la esfera de la representación política en las actuales condiciones de desarrollo del Capital. Y más concretamente, qué tipo de subjetividad política genera la población asalariada en una sociedad como la española, plenamente integrada en el circuito de acumulación transnacional de capital. Pues, a fin de cuentas, la pregunta nada retórica de cualquier indagación crítica en la sociedad capitalista es ¿de qué se vive?

A partir de ahí se puede comprender el quién y cómo de la articulación social de esa subjetividad, de su naturaleza, sus adhesiones y disensiones. Pues la dependencia que establece el régimen asalariado en su forma concreta -y compleja- dentro de la fase actual de desarrollo capitalista es la que marca el horizonte de la conflictividad social real; de ahí también que los diferentes modos que reviste la condición asalariada sea a la vez que un medio de garantizar unas determinadas condiciones materiales de vida, una forma de gestión de la conflictividad potencial que acompaña la relación asalariada. De ahí que, en cierto sentido, la respuesta a la pregunta de qué vives sea también una manera de responder a la cuestión acerca de los mecanismos de gobernabilidad puestos en pie por el capital y el estado.

Por otra parte, la forma específica de inserción en el régimen general de asalariado es la que permite avanzar en la hipótesis acerca de un eventual sujeto social capaz de dar expresión concreta a sus intereses y a la forma de enfrentarlos al capital; un sujeto que, en las actuales circunstancias, sólo se presenta como hipótesis teórica, como corresponde a la realidad práctica fragmentaria de la conflictividad difusa de la población asalariada en defensa de sus medios de subsistencia.

La paz social subvecionada

La integración del Estado Español en la Unión Europea en 1986 supuso por parte del PSOE, que había accedido al gobierno en 1982, la continuación de la reestructuración iniciada con el gobierno de UCD y la transformación de la estructura productiva española con amplias repercusiones en forma de paro masivo y desintegración social. A cambio de entregar el mercado español al capital transnacional, el país recibiría para compensar los desequilibrios, una parte sustancial del presupuesto europeo destinado a los nuevos estados adherentes. Los fondos europeos se convirtieron así en un instrumento de amortiguación de los impactos negativos de la integración y, sobre todo, en un instrumento de articulación social y política, a través de la distribución de puestos de trabajo, subvenciones y prebendas sufragados con el dinero europeo. Se forjaron de ese modo nuevas formas de adhesión a los aparatos políticos y sindicales y, en otros casos, se potenciaron los lazos tradicionales del clientelismo; es decir, se establecieron las bases de una articulación social que, al tiempo que contribuye a potenciar las inversiones y transfería al capital privado parte de los fondos recibidos, permitía atenuar los potenciales focos de conflictividad.

Si contemplamos la actividad generada por la riada de euros recibida por el estado español y las relaciones sociales que genera, nos hallamos, sin duda, con algunas de las claves de comprensión de la situación social. Desde luego, la mayor parte de esa masa de capital va a engrosar las arcas del capital privado, por medio de concesiones, contratos y subvenciones directas o a través de mecanismos indirectos (ayudas a I+D, exenciones fiscales y de pagos a la Seguridad Social, ayudas al fomento de empleo, etc.) que, a su vez, contribuyen a fomentar las fidelidades clientelares (en esto es paradigmático el caso del Prestige1).
Si, por una parte, se produce una ofensiva contra lo público y la asistencia social, en general, por otra, hay que dilucidar cuál es la magnitud de las medidas sociales puestas en práctica, precisamente para paliar el deterioro social (PER, subsidio agrario, renta de inserción, subsidios a parados de larga duración, etc.), y  cómo intervienen todas esas medidas a la hora de potenciar una determinada forma de precarización creciente, pero sostenible, del trabajo asalariado a través del denominado tercer sector, por ejemplo, o la generación de empleo para titulados universitarios desempleados en programas de formación, o los innumerables sistemas de becas, proyectos de promoción cultural, etc., impulsados desde todas las instancias de la administración y las entidades privadas. Todo ello comporta un fenómeno de encuadramiento social bajo formas asalariadas más o menos evidentes cuya financiación proviene en su mayor parte de las subvenciones públicas o de las exenciones fiscales en el caso de las entidades privadas. Y en ese espacio de encuadramiento social que incorpora un número nada despreciable de personas, es donde se producen las adhesiones y alineamientos políticos que caracterizan la forma actual del clientelismo.

Producción de entretenimiento y 'tercer sector'


La inserción del Estado Español como país intermedio en la cadena productiva transnacional y la especialización en el terciario que le acompaña crea una base social improductiva, ligada a ciertas esferas de lo que en la crítica de la economía política se denominaría «producción de desperdicio» (la producción militar, pero también la cultural, espectáculos, ocio/turismo, formación, producción inducida por el estado o los gobiernos regionales, etc.), que experimenta sus limitaciones de intervención política precisamente en su condición deficitaria (depende de la plusvalía social producida), o bien periférica (de bajo nivel de valorización del capital).

Precisamente, el excedente que se transfiere a la producción cultural y de entretenimiento en los países capitalistas cumple una doble función en cuanto a activar el segmento de la economía improductiva (en una especie de keynesianismo tardío), por un lado y, por el otro, como forma de desactivar el potencial conflictivo que pudiera acarrear el paro masivo. Es en este contexto en el que hay que entender las políticas de subvenciones, programas asistenciales y fomento de la producción cultural en los países hegemónicos del centro capitalista; expresiones todas ellas de lo que podríamos denominar welfare (2) oculto, pues aunque la evolución reciente del capital desmonta el welfare al estilo de lo que se conocía en los años sesenta, no es menos cierto que articula otras formas de prevención y contención de la conflictividad que garanticen un relativo bienestar a la población precarizada. Además, este welfare oculto es selectivo, ya que en buena medida se accede a la condición de beneficiario por medio de relaciones personales, de participación y pertenencia, al partido gobernante en el ayuntamiento o al sindicato, por ejemplo, lo que forja vínculos clientelares, a diferencia del carácter universal, de cobertura generalizada y de acceso más abierto del sistema de welfare de los años sesenta.

El sistema de financiación de las adhesiones políticas potenciado desde las instituciones públicas y desde las entidades privadas beneficiarias de los fondos europeos, lo que no deja de ser una forma de privatización de la plusvalía social transferida al capital privado, complejiza las relaciones de clase respecto a la fase capitalista precedente. Se genera, así, una relación asalariada menos homogénea de lo que pudiera parecer en la sociedad industrial expansiva, que da origen a una amplia capa de población asalariada cuya función en el orden productivo (reproductivo) es menos crítica o se convierte, simplemente, en improductiva, mientras que, al mismo tiempo, los sectores críticos en el proceso de reproducción capitalista, que cuentan entre sus componentes con amplios sectores de la clase trabajadora tradicional (encuadrada en sindicatos), sustentan el «consenso productivo», según feliz expresión del gerente de uno de los llamados sindicatos mayoritarios. Y la construcción práctica de ese consenso, que separa los segmentos de la población asalariada que son clave en el proceso de acumulación, de quienes se encuentran en la esfera de la reproducción social, no es una cuestión sin importancia.

Dado el desarrollo del denominado tercer sector en los países capitalistas desarrollados, hay que contemplarlo en la doble dimensión de su importancia social y «productiva»; es decir, en tanto forma de encuadramiento de una determinada masa de población que «trabaja» en la esfera asistencial y la solidaridad internacional y establece una determinada relación de dependencia financiera con el Estado, las instituciones privadas del capital (fundaciones), y en tanto sector deficitario que detrae capital a la inversión directamente productiva. El denominado tercer sector es una esfera de actividad que, en un sentido restrictivo, se puede circunscribir (informe de Esade) a las ONG involucradas en las actividades de cooperación con otros países y que en el año 2000, por ejemplo, obtuvo una financiación superior a los 87.000 millones de ptas.

Ahora bien, si a ese tercer sector añadimos las actividades culturales, los servicios asistenciales en los países del centro capitalista, la producción de entretenimiento, los servicios de escaso valor añadido, nos encontramos con un indicador del agravamiento del déficit público y de gasto ineficiente para el capital (de ahí las peticiones de recortes desde las patronales), aunque también –de ahí su ambivalencia- tiene una función decisiva en el plano de la reproducción social, además de ser un medio de abaratamiento de los servicios sociales,  y un elemento importante de encuadramiento de una fuerza de trabajo no aprovechable en la esfera directamente productiva.

El crecimiento del tercer sector en los países capitalistas desarrollados hay que entenderlo, pues, como un mal necesario para el Capital, y una expresión del desempleo encubierto, en la medida en que funciona como paliativo a la degradación general de las condiciones de vida de la población menos competitiva (asistencialismo) y como área de encuadramiento de una parte de la población cualificada (técnicos, gestores, animadores, etc.) que encuentran en el tercer sector una salida de subempleo más o menos precarizado.

Precisamente, porque el tercer sector es un dispositivo de atenuación de los desequilibrios sociales, se presenta como una forma problemática de financiación de la paz social pues si, por una parte, contribuye a abaratar los servicios de asistencia social y la producción de entretenimiento, además de constituir una base de fidelización de una masa de población (la directamente asistida y la «asistente», que encuentra su medio de vida en esa forma asalariada), por otra, no puede evitar aparecer como un factor de gasto social ineficiente, ya que la parte de riqueza social que se transfiera a esas actividades tendrá un impacto directo sobre la masa de capital acumulada. Eso explica las preocupaciones del capital privado por el incremento del déficit…
Mención aparte merece el voluntariado -aunque una parte del tercer sector también es trabajo voluntario, no pagado- o la recuperación de la solidaridad activa asistencial por parte del capital y el Estado, en la forma de ahorro efectivo del gasto público, mediante la aportación voluntaria y desinteresada de trabajo social no remunerado en actividades no productivas o rentables para el capital privado. Según el estudio del ATD Fourth World, a comienzos de esta década se ha evaluado entre el 8% y el 14% del PIB de diferentes países la aportación del trabajo voluntario.

Aunque no contemplados en el ámbito del denominado tercer sector, pero también partícipes indirectos en éste, a través de los programas de formación y, especialmente, en razón a su propia naturaleza, están los sindicatos, así como otras instituciones de representación y gestión (asociaciones de vecinos). Los aparatos sindicales, como instituciones integradas en el sistema de representación y gestión de la fuerza de trabajo, constituyen en sí mismos un modo de empleo. ¿Cuántas personas, entre profesionales de la representación (burócratas) y empleados (administrativos), dependen económicamente de los sindicatos?, ¿cuál es el número de beneficiarios de las prebendas que generan los diferentes niveles de representación (horas sindicales) y que representan una oportunidad profesional para antiguos obreros que dejan la planta de producción para vegetar en los despachos y en el compadreo con los directivos de las empresas? ¿No se trata, por lo demás, de un sector social, cuantitativamente relevante cuyos intereses económicos y profesionales dependen directamente vinculados al Estado (subvenciones) y a la estructura de representación vinculada a la nueva organización del trabajo que, hegemonizada por el capital, se deriva de la reestructuración productiva de los años ochenta? ¿A quien puede sorprender, por tanto, el consenso productivo y el alineamiento de los sindicatos mayoritarios con el frente del orden capitalista?

Precarizados sí, pero ¿qué perecarización?


Precarización es un vocablo que ha hecho fortuna en la literatura izquierdista, aunque el uso abusivo de la palabra ha llevado a un creciente oscurecimiento del concepto. ¿A qué nos referimos exactamente cuando decimos precarización? ¿Nos estamos refiriendo a las condiciones jurídicas de contratación (a su temporalidad, informalidad o inexistencia)?¿A la reducción de los salarios de jóvenes y mujeres en las nuevas contrataciones (doble escala salarial), respecto a los salarios de los viejos/ hombres asalariados? ¿Las condiciones laborales de los jornaleros? ¿La de los inmigrantes? ¿Al subempleo? ¿La situación asociada a los empleos menos pagados?, etc. Quizás a todo ello a la vez, aunque el exceso de generalización que comporta el término precarización hace necesaria la matización y el análisis del fenómeno si queremos entender el carácter ambiguo y hasta contradictorio del término. Desde luego, se puede considerar la precarización como una tendencia del régimen asalariado encaminada a desarticular la agregación de la población trabajadora heredada del pasado, y a evitar su eventual recomposición. En este sentido, los mecanismos puestos en marcha son de todo tipo: jurídico-contractuales, técnicos (organización jerarquizada del trabajo y las tareas) y remunerativos (disgregación y discriminación salarial). Sin embargo, quedarse ahí serviría de muy poco. Por otro lado, asociar precarización a inestabilidad/dificultad a la hora de acceder a los medios y recursos para garantizar las condiciones de existencia de los individuos avanza en el terreno de la realidad existencial de la gente y, en este sentido, es el que se debería profundizar para evitar generalizaciones, así como para desentrañar los dispositivos puestos en pie desde las instituciones para paliar, e incluso recuperar, el deterioro rampante de las condiciones de vida de una parte de la población asalariada.

No es lo mismo inmigrante (con papeles/contrato) que el sin papeles, ni el inmigrante con contrato que el autóctono, ni la precarización de los jornaleros andaluces, las mujeres de baja cualificación o los hombres parados mayores de cuarenta años puede compararse con la precarización de los becarios e investigadores académicos o la precarización deseada de los profesionales de alta cualificación (informáticos, consultores, artistas y creativos). Tampoco con el/la joven que, gozando de una beca de intercambio universitario, trabaja temporalmente en el sector servicios para obtener un poco de dinero con el que complementar la beca y alargar una estancia provisional en otro país. Son esas diferencias las que marcan la línea de disgregación real de la tendencia que afecta a la población precarizada. Además, y es otra de las líneas de análisis que hay que tener en cuenta, la precarización no afecta solamente al proceso productivo, sino a todo el ámbito de la reproducción y los servicios. Y aquí entraría la estrategia de expropiación que supone la privatización o mercantilización de bienes comunes, como el agua o el territorio (espacio público privatizado) y el papel que representa la izquierda institucional consagrando el precio de tales bienes (nueva cultura del agua, por ejemplo).

Esta capacidad de generar una gran variedad de situaciones de hecho es lo que ha dado flexibilidad y versatilidad al sistema de reproducción social capitalista en su fase actual en las regiones hegemónicas euro-norteamericanas, mientras exporta las formas de agregación productiva fordista hacia los países de nueva industrialización. Y es en las contradicciones generadas en ese contexto de flexibilidad y mecanismos de contención de la precarización en las que nos movemos. Por eso constatar la tendencia a la precarización sería sólo una parte del problema si no se abordan también los paliativos o contratendencias que, como en el caso de los fondos europeos o el denominado tercer sector es necesario elucidar, precisamente para señalar sus limitaciones y, en consecuencia, unas eventuales líneas de intervención.

Renovar el consenso productivo y relanzar los beneficios del Capital


De los mecanismos y estrategias de financiación para garantizar la gobernabilidad y la paz social mencionados más arriba puede decirse que se trata de una especie de pacto social tácito que, al concernir fundamentalmente al terreno de la reproducción (asistencia social, producción cultural, negocio del entretenimiento, servicios personales, etc.), aparece como un factor complementario del pacto social que sustenta el consenso productivo, en la medida que actúa como contratendencia a la dinámica de deterioro social que se deriva del consenso productivo.
La aceleración del ciclo de negocio señala, igualmente, un acortamiento tendencial en el ciclo de acumulación del capital que exige una profundización en las reformas hasta ahora llevadas a cabo en el mercado de trabajo. Desde diversas instancias del Gobierno, patronal y sindicatos se invoca la necesidad de un nuevo pacto por la competitividad que garantice una cuota de acumulación para que las empresas sean «competitivas».
Otros dos aspectos cruciales de la intervención sobre el régimen asalariado son el abaratamiento de los despidos (las indemnizaciones y la agilización de los trámites) y la reducción de las cotizaciones patronales a la Seguridad Social. Una vez más el consenso productivo se puso en marcha y el secretario general de CCOO, en una intervención en la FAES, fundación del PP presidida por Aznar, manifestaba su predisposición a negociar que parte de los excedentes que acumula la Seguridad Social sirvieran para la financiación de una rebaja de las cotizaciones sociales.

El abaratamiento del despido ya fue firmado por los sindicatos en 1997 (33 días por año trabajado), pero la patronal exige una nueva reducción, de acuerdo con las recomendaciones de la OCDE. Por si no hubiera bastante, el consenso productivo de patronal y sindicatos se hizo patente, una vez más, al aceptar éstos contenciones salariales en las negociaciones de los convenios a cambio de que las empresas aumenten sus inversiones en I+D+i. En resumidas cuentas, el consenso productivo, en la medida en que legitima y da cobertura práctica a las deslocalizaciones, también contribuye a precarizar las condiciones de trabajo del sector «garantizado» de la clase trabajadora (funcionariado, trabajadores sindicados, etc.) y de la que es una prueba la tendencia a la disminución del salario real (e incluso el nominal para nuevas contrataciones) que, en el plano general, se hace patente en la caída de la participación de los salarios en la renta nacional.

Desde luego, los límites de estas líneas de actuación no se encuentran en la voluntad particular de los integrantes del consenso productivo sustentado por las fuerzas gestoras del capital y la población asalariada encuadrada en los sindicatos, sino en las posibilidades de mantenimiento de ese consenso productivo frente a los intereses del resto de población trabajadora. Y ahí es donde entran en juego los paliativos de la paz social subvencionada de que se hablaba anteriormente; una paz social cuyo coste de equilibrio repercute sobre el déficit público y que se nutre de mecanismos monetarios de peligrosos efectos ocultos, como es el caso de esa bomba de relojería que es el endeudamiento privado, que alcanza al 70% del PIB (a finales de 2007 había aumentado hasta cerca del 90%). La política seguida en estos años de dinero barato para vivir del crédito (hipotecario, créditos al consumo, etc.) ha servido para ocultar y diferir en el tiempo la disminución real de los ingresos salariales y de los ahorros acumulados por la población trabajadora. Por supuesto, podría aducirse desde la economía política que los márgenes de intervención en el sentido de atajar la burbuja del endeudamiento son considerables; dicho en otras palabras, en las sociedades opulentas del centro capitalista en que vivimos, existen unos márgenes amplios de empobrecimiento de una parte de la población sin que conlleve necesariamente una convulsión social; no obstante, la cuestión es cómo apurar esos márgenes de empobrecimiento sin que haya una caída del consumo, variable fundamental del crecimiento en la economía capitalista. Claro que la respuesta no está en las categorías de la economía política sino, precisamente, en la crítica práctica de la economía política. De ahí la necesidad de prestar una especial atención a los mecanismos de contención puestos en pie por la política económica para hacer frente, precisamente, a una eventual crítica práctica de la economía política. Pues, a fin de cuentas, es en las limitaciones materiales de esas iniciativas de contención que configuran las políticas socioeconómicas de los gobiernos capitalistas donde se evidencian las líneas de fisura y, por tanto, las posibilidades reales de la intervención en un sentido transformador de las relaciones sociales.

Corsino Vela

Notas:
(1) A los pocos días de la catástrofe del Prestige, con la aprobación de las primeras subvenciones, las cofradías de pescadores empezaban a desvincularse del movimiento de protesta, pues los pescadores ganaban más con el subsidio que les otorgaban los caciques gestores de los fondos públicos que saliendo a faenar.
(2) Estado de Bienestar.

extraído de la revista Ekintza Zuzena nº35 www.nodo50.org/ekintza

Disipando los mitos de la vacunación

Introducción a las contradicciones entre la ciencia médica y las políticas de vacunación

Alan Phillips *

Introducción

Cuando mi hijo empezó a recibir las vacunas obligatorias a los dos meses de edad, yo no sabía que las vacunas tenían riesgos. Pero había una contradicción en el volante de la clínica: las probabilidades de que mi hijo tuviera una reacción adversa seria a la vacuna triple era de 1 en 1750, mientras que el riesgo de morir de tos convulsa era uno en varios millones. Cuando le mencioné esto al médico, no estuvo de acuerdo, se enojó, y salió violentamente del consultorio mascullando: “Creo que debería leer ese volante alguna vez...”. Poco tiempo después me enteré de un niño que había quedado inválido por una vacuna, así que decidí investigar el tema yo mismo. Me enteré de cosas que me alarmaron tanto que me siento obligado a compartirlas. Para eso escribí este informe.

Las autoridades médicas atribuyen la disminución de las enfermedades a las vacunas, nos aseguran que no tienen riesgos, y que son efectivas. Sin embargo estas afirmaciones están en directa contradicción con estadísticas gubernamentales, estudios médicos, informes de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), y con las opiniones de prestigiosos investigadores científicos de distintas partes del mundo. De hecho, las enfermedades infecciosas disminuyeron sostenidamente durante décadas antes de la introducción de las campañas vacunatorias; cada año, médicos norteamericanos dan parte de miles de reacciones serias a las vacunas, incluídos cientos de muertes y casos de invalidez permanente; han ocurrido epidemias en poblaciones totalmente vacunadas, y existen investigadores que atribuyen decenas de problemas inmunológicos y neurológicos crónicos a los programas de vacunación masiva.

Décadas de estudios médicos aparecidos en las más prestigiosas publicaciones médicas del mundo han documentado el fracaso de las vacunas, y sus efectos adversos, incluso muertes. Decenas de libros escritos por médicos, científicos e investigadores independientes revelan serias fallas en la teoría y en la práctica de la vacunación. A pesar de todo esto, aunque parezca increíble, la mayoría de los médicos y padres desconocen esta evidencia. Esto ha empezado a cambiar durante los últimos años, a medida que un creciente movimiento de padres y proveedores de salud, de distintas partes del mundo, toma conciencia de los problemas asociados a las vacunación obligatoria de la población, y la cuestiona. Existe un creciente movimiento internacional que está eligiendo no ser parte de la inmunización sistemática obligatoria. Este informe presenta parte de la información en la que se basa dicho movimiento.

Mi objetivo no es decirle ni a usted ni a nadie si debe o no vacunar. Lo que busco es señalar, con la mayor urgencia, algunas muy buenas razones por las cuales todo el mundo debería evaluar los hechos antes de decidir si aceptar o no la vacunación. Como padre, me escandalicé al enterarme de que no existe ninguna obligación legal, ni una ética profesional, que obligue a los pediatras a estar informados en profundidad sobre los riesgos de la vacunación (para no mencionar el deber de informar a los padres de que al vacunar hay riesgo de muerte o de invalidez permanente). También quedé consternado al ver personalmente que la mayoría de los médicos, si bien con las mejores intenciones, llevan a cabo procedimientos basados en información incompleta, y, en algunos casos, totalmente errónea.

Este informe no es más que una breve introducción al tema. Se justifica y es altamente recomendable que usted siga investigando por su cuenta. Verá que es la única manera de tener una visión objetiva, ya que esta es una controversia altamente emocional.

Sea cauto: según la experiencia de mucha gente, los pediatras no están dispuestos a conversar sobre este tema tranquilamente y con una mente abierta, o no son capaces de hacerlo, tal vez porque muchos de ellos han puesto en juego su identidad personal y su reputación profesional en base a la supuesta seguridad y efectividad de las vacunas. Además, su profesión les exige que promuevan la vacunación. De todos modos, según comentarios de mucha gente, a la mayoría de los médicos le es muy difícil reconocer la evidencia de que las vacunas causan problemas. El primer pediatra con el que intenté compartir lo que había hallado me gritó enojado cuando mencioné el tema con tranquilidad. Los conceptos erróneos tienen raíces muy profundas.

1° Mito de la vacunación

“Las vacunas son seguras... ¿no es así?”

El sistema VAERS (Sistema de Notificación sobre los Efectos Adversos de las Vacunas) fue establecido por el Congreso bajo el Acta Nacional de Compensación por Daños causados por Vacunas a Niños de 1986. Recibe anualmente unas 11.000 notificaciones de reacciones adversas serias a las vacunas, entre las cuales se cuentan unas cien o doscientas muertes, y un número varias veces mayor de casos de invalidez permanente.[i] Según funcionarios del sistema VAERS, el 15% de las reacciones adversas son “serias” (tales como: tener que ser llevado a la sala de emergencias, ser hospitalizado, un episodio que ponga en juego la vida, invalidez permanente, o muerte). Según análisis independientes de las notificaciones del sistema VAERS, en el caso de la vacuna contra la Hepatitis B, las reacciones adversas “serias” llegan al 50% [ii]. Si bien estos datos son alarmantes, no son más que la punta del iceberg. La FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) calcula que solamente se notifican el 1% de las reacciones adversas serias [iii] [iv], y los CDC (Centros para el Control de las Enfermedades) reconocen que sólo se notifican alrededor del 10% de los casos.[v] De hecho, han habido en el Congreso declaraciones sobre casos en los que se les dice a los estudiantes de medicina que no notifiquen los posibles casos de reacciones adversas.[vi]

El Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC), una organización de base, fundada por padres de niños muertos y dañados por las vacunas, ha realizado sus propias investigaciones[vii]. Este Centro informó que “en Nueva York, sólo 1 de cada 40 consultorios médicos (2,5%) confirmó que se notifica una muerte o un daño después de una vacuna”. Dicho de otra forma, 97,5% de las muertes y casos de invalidez relacionados con las vacunas no se notifican en ese lugar. Dejando de lado las implicaciones sobre la ética médica (la ley federal de los Estados Unidos exige que los médicos notifiquen los casos serios de reacciones adversas[viii]), estos datos sugieren que las muertes y los casos de daños graves pueden ser en realidad de 10 a 100 veces más que lo que se notifica.

En el caso de la tos convulsa, el número de muertes causadas por la vacuna es mucho mayor que el número de muertes causadas por la enfermedad, que de acuerdo a los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) ha sido alrededor de 10 por año en los últimos años, y solamente 8 en 1993, último año de incidencia pico de la enfermedad (la tos convulsa aparece cada 3 ó 4 años, nadie sabe por qué, pero está claro que la vacunación no es cíclica). Si tenemos en cuenta que la mayor parte de las reacciones adversas no se notifican, puede que la vacuna sea 100 veces más mortal que la enfermedad. Algunos sostienen que este es un costo necesario para evitar el regreso de una enfermedad que sería más mortal que la vacuna. Pero dado que la mayor parte de la disminución de la incidencia de las enfermedades en este siglo fue anterior al uso generalizado de las vacunas (las muertes por tos convulsa disminuyeron un 79% antes del uso sistemático de las vacunas), y dado que las tasas de disminución de incidencia de las enfermedades se mantuvieron prácticamente iguales luego de la introducción de la vacunación generalizada de la población, las muertes causadas por las vacunas hoy en día no se pueden justificar diciendo que son un sacrificio necesario para el beneficio de una sociedad libre de enfermedades.

Por desgracia, la historia de las muertes vinculadas a las vacunas no termina ahí. A nivel internacional, diversos estudios han señalado a la vacunación como una causa del Síndrome de Muerte Infantil Súbita (SMIS)[ix] [x] (El Síndrome de Muerte Infantil Súbita, SMIS, es un diagnóstico genérico dado cuando se desconoce la causa específica de la muerte; se estima que en los Estados Unidos se producen entre 5.000 y 10.000 muertes anuales de SMIS). De acuerdo a un estudio, la incidencia máxima de SMIS ocurre a los 2 y 4 meses de edad, precisamente cuando se dan las dos primeras vacunas obligatorias[xi], mientras que en otro estudio se halló un claro correlato que se extiende tres semanas luego de la vacunación. De acuerdo a otro estudio, en los EE.UU. 3.000 niños mueren dentro de los 4 días de recibir una vacuna (aunque parezca increíble, los autores no mencionaron ningún vínculo entre las vacunas y el SMIS), mientras que los estudios de otros investigadores indican que la mitad de los casos de SMIS son causados por las vacunas.[xii]

A los estudios iniciales que mostraban una relación causal entre el SMIS y las vacunas les siguieron rápidamente estudios auspiciados por los fabricantes de vacunas, cuya conclusión fue que no había ninguna relación; uno de tales estudios sostuvo que la incidencia de SMIS en niños vacunados era levemente menor que en los no vacunados. Sin embargo, muchos de estos estudios fueron cuestionados por otro estudio que mostró que por “confusión”, los resultados habían favorecido erróneamente a las vacunas.[xiii] En el mejor de los casos, los distintos estudios se contradicen. Sin embargo, ¿no deberíamos ser prudentes? ¿No debería cualquier relación creíble entre las vacunas y las muertes infantiles ser motivo suficiente para el monitoreo generalizado y meticuloso de todos los casos de SMIS, para saber su status vacunatorio? Las autoridades médicas han preferido la negación antes que la cautela.

A mediados de los ´70, Japón elevó la edad de vacunación, de dos meses a dos años; la incidencia de SMIS disminuyó dramáticamente.[xiv] Pasó de estar 17° en el ránking de mortalidad infantil a estar 1° (o sea, tuvieron la tasa de mortalidad infantil más baja del mundo cuando los bebés no recibían vacunas). La tasa de vacunación en Inglaterra bajó temporalmente a un 30%, en la misma época, luego de informes en la prensa acerca de daño cerebral causado por las vacunas. La mortalidad infantil bajó mucho durante unos dos años, y luego volvió a subir justo cuando aumentaron las tasas de vacunación a fines de los ´70. A pesar de estas experiencias, la postura de la comunidad médica sigue siendo la negación. Los jueces de instrucción no examinan el status vacunatorio de las víctimas de SMIS, y las familias continúan pagando un alto precio, desconocedoras de los peligros de las vacunas. Además, se les niega el derecho a elegir.

Las afirmaciones de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) y de los CDC (Centros para el Control de las Enfermedades) acerca de la falta de notificación sobre reacciones adversas, sugieren que en realidad las mismas cada año pueden ser entre 100.000 y 1 millón (y las reacciones “serias” serían aproximadamente un 20%). Un estudio que revela que 1 de cada 175 niños que recibieron todas las dosis de la vacuna triple bacteriana tuvieron “reacciones severas”[xv] y un informe para abogados, escrito por un médico, según el cual, de cada 300 aplicaciones de la vacuna triple bacteriana, 1 resulta en convulsiones, dan sustento a esta idea.[xvi]

De hecho, las muertes causadas por la tos convulsa en Inglaterra disminuyeron cuando la tasa de vacunación bajó de 80% a 30% a mediados de los ´70. La conclusión del estudio del epidemiólogo sueco B. Trollfors, sobre la toxicidad y eficacia de la vacuna contra la tos convulsa alrededor del mundo, fue que “hoy en día, la mortalidad causada por la tos convulsa es muy baja en los países industrializados, y no hay diferencia entre los países con tasas de vacunación altas, bajas, e inexistentes”. También descubrió que Inglaterra, Gales y Alemania Occidental tuvieron más víctimas por la tos convulsa en 1970, cuando la tasa de vacunación era alta, que en la segunda mitad de 1980, cuando dicha tasa había disminuido.[xvii]

Además de la vida y salud de nuestros niños, las vacunas nos cuestan dinero. El Programa Nacional de Compensación por Daños causados por las Vacunas (NVICP), del gobierno federal de los EE.UU. ha pagado más de 1.200 millones de dólares desde 1988 hasta hoy a las familias de niños dañados y muertos por las vacunas,[xviii] con dinero que viene de un impuesto a las vacunas que pagan quienes las reciben. Mientras tanto, las compañías farmacéuticas tienen un mercado cautivo: en los 50 estados de los EE.UU., las vacunas son obligatorias por ley (aunque se pueden evitar legalmente en la mayoría de los casos; ver el 9° Mito), sin embargo estas mismas compañías tienen “inmunidad” en cuanto a la responsabilidad por las consecuencias de sus productos. Más aún, se les ha permitido utilizar órdenes de la corte que prohíben informar públicamente sobre un caso que está ante la justicia, como herramienta de influencia en los arreglos legales por daños causados por las vacunas, para así impedir que se revele al público información sobre los peligros de las mismas. Está claro que tales arreglos son inmorales; obligan al público norteamericano a pagar, sin saberlo, por las responsabilidades legales de los fabricantes de vacunas, y a la vez intentan garantizar que el mismo público seguirá desconocedor de los peligros de sus productos. Esta situación también disminuye cualquier incentivo que puedan tener los fabricantes para producir vacunas más seguras (después de todo, cuando la vacuna causa una muerte o una lesión, ellos no tienen que pagar, sino que siguen recibiendo sus ganancias).

Debe mencionarse especialmente el hecho de que las compañías de seguros (que realizan los mejores estudios sobre responsabilidad del fabricante) se niegan a cubrir las reacciones adversas a las vacunas. Las ganancias parecen ser lo que determina la posición tanto de la industria farmacéutica como de las compañías de seguros.

1° Verdad de la vacunación

“Las vacunas causan un número significativo de muertes y casos de invalidez, a un increíble costo personal y financiero para las familias, que no están informadas al respecto”.

2° Mito de la vacunación

“Las vacunas son muy efectivas...¿no es cierto?”


En la literatura médica encontramos un sorprendente número de estudios que documentan el fracaso de las vacunas. Ha habido epidemias de sarampión, paperas, viruela, poliomelitis y gripe en poblaciones de personas vacunadas.[xix] [xx] [xxi] [xxii] [xxiii] En 1989 los Centro para el Control de las Enfermedades (CDC) informaron que “entre los niños en edad escolar, han ocurrido epidemias (de sarampión) en escuelas con tasas de vacunación superiores al 98%”.[xxiv] Han ocurrido en todas las áreas del país, incluídas áreas que no tienen casos de sarampión hace años”.[xxv] Los CDC informan incluso sobre una epidemia en una población con una tasa de vacunación del 100%.[xxvi] Un estudio que examinó este fenómeno concluyó que “la paradoja evidente es que a medida que las tasas de inmunización contra el sarampión alcanzan niveles elevados, el sarampión se vuelve una enfermedad de gente inmunizada”.[xxvii] Según un estudio más reciente, la vacuna contra el sarampión “produce supresión inmunitaria, la cual contribuye a aumentar la suceptibilidad a otras infecciones”.[xxviii] Estos estudios sugieren que el objetivo de la “inmunización” total de la población puede de hecho ser contraproducente, como muestran los casos de epidemias luego de la vacunación completa de países enteros. En Japón, hubo un aumento anual de los casos de viruela luego de la introducción de la vacunación obligatoria en 1872. En 1892, ya habían muerto 29.979 personas, y todas habían sido vacunadas.[xxix] A principio del 1900, las Filipinas sufrieron la peor epidemia de viruela de su historia, después de que 8 millones de personas recibieran 24,5 millones de dosis de vacunas (una tasa de vacunación del 95%); la tasa de mortalidad se cuadruplicó como consecuencia.[xxx] Antes de la primer ley de vacunación obligatoria en Inglaterra, en 1853, la mayor mortalidad por la viruela en un período de dos años había sido de 2.000; en 1870-71, Inglaterra y Gales tubieron 23.000 muertes causadas por la viruela[xxxi]

En 1989, Omán sufrió una epidemia generalizada de polio, seis meses después de haber alcanzado la vacunación completa de la población.[xxxii][xxxii][xxxii] En 1986, en los EE.UU., el 90% de 1.300 casos de tos convulsa en Kansas habían sido “adecuadamente vacunados”.[xxxiii] El 72% de los casos de tos convulsa de la epidemia de Chicago en 1993 estaban al día con sus vacunas.[xxxiv]

2° Verdad de la vacunación

“La evidencia sugiere que la vacunación es un método poco confiable para prevenir enfermedades”.

3° Mito de la vacunación

“Las vacunas son la causa de la baja incidencia de enfermedades en los EE.UU. hoy en día... ¿no es así?”

De acuerdo a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, las enfermedades infantiles disminuyeron un 90% entre 1850 y 1940, paralelamente a las mejorías en higiene y sanidad, bastante antes de los programas de vacunación obligatoria. La publicación The Medical Sentinel informó hace poco: “entre 1911 y 1935, en los EE.UU., las cuatro causas principales de muerte infantil por enfermedades infecciosas eran la difteria, la tos convulsa, la escarlatina y el sarampión. Sin embargo, en 1945, la tasa de mortalidad de las cuatro enfermedades juntas había disminuído un 95%, antes de la implementación de los programas sistemáticos de vacunación”[xxxv]

Por lo tanto, en el mejor de los casos, se puede examinar la vacunación sólo en relación al pequeño porcentaje de reducción de enfermedades que ocurrió después de su uso generalizado. Sin embargo, incluso su papel en esta pequeña disminución puede cuestionarse, ya que las tasas de disminución de las enfermedades antes de la introducción de las vacunas se mantuvieron prácticamente iguales después de su introducción. Además, en los países europeos que rechazaron las vacunas contra la viruela y la poliomelitis, las epidemias terminaron al mismo tiempo que en los países donde la vacuna era obligatoria; por lo tanto está claro que las vacunas no fueron el único factor determinante. De hecho, inicialmente, luego de las campañas de inmunización contra la viruela y la polio, hubo un aumento significativo en la incidencia de estas enfermedades. Después de que se hiciera obligatoria la vacunación contra la viruela, esta enfermedad continuó siendo corriente e incluso aumentó mucho, mientras que la incidencia de otras enfermedades siguió disminuyendo sin el uso de vacunas. Eventualmente, en Inglaterra y Gales, las tasas de incidencia de viruela y de vacunación contra la enfermedad disminuyeron simultáneamente durante varias décadas, entre 1870 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.[xxxvi] Por lo tanto, es imposible saber si la vacunación contribuyó o no a la disminución sostenida de las tasas de mortalidad de la enfermedad, o si la disminución se mantuvo tal cual venía simplemente por los mismos motivos que probablemente causaron la disminución inicial - mejoras en la sanidad e higiene, mejoras en la alimentación, transporte, y desarrollo de infraestructura, tecnología de preservación de los alimentos, y posiblemente ciclos naturales de las enfermedades. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud apoya esta conclusión, ya que indica que las tasas de mortalidad y enfermedad en los países del tercer mundo no están directamente relacionadas con la vacunación o con los tratamientos médicos, sino que se hallan estrechamente vinculadas al standard de higiene y alimentación.[xxxvii] Atribuirle a las vacunas el mérito por la incidencia actual de las enfermedades es una enorme exageración, incluso un error.

Los partidarios de la vacunas señalan las estadísticas de incidencia en lugar de las de mortalidad, como prueba de la efectividad de las vacunas. Sin embargo, los expertos en estadística nos dicen que la mortalidad es un mejor indicador que la incidencia de la enfermedad, por la simple razón de que la calidad de la notificación y de los archivos es mucho más alta en el caso de la mortalidad.[xxxviii] Por ejemplo, una encuesta realizada en la ciudad de Nueva York reveló que tan sólo el 3,2% de los pediatras daban parte de los casos de sarampión al departamento de salud. En 1974, el Centro para el Control de las Enfermedades indicó que hubo 36 casos de sarampión en Georgia, mientras que el Sistema de Vigilancia del estado de Georgia informó que hubo 660 casos.[xxxix] En 1982, funcionarios de salud del estado de Maryland culparon a un programa de televisión (“D.P.T. - Vaccine Roulette” [Vacuna Triple - Ruleta Rusa] que advertía sobre los peligros de la vacuna triple), de causar una epidemia de tos convulsa. Sin embargo, cuando el Dr. J. Anthony Morris, que había sido el virólogo nro. 1 de la División de Estándares Biológicos de los EE.UU., analizó los 41 casos, solamente 5 casos estaban confirmados, y todos habían sido vacunados.[xl] Casos como éstos demuestran la falacia de basarse en los datos de incidencia, a pesar de lo cual los partidarios de las vacunas tienden a utilizarlos indiscriminadamente.

3° Verdad de la vacunación

“No se ha establecido con claridad qué influencia han ejercido las vacunas (si es que han ejercido alguna influencia) en la disminución de la incidencia de las enfermedades infecciosas en los siglos 19 y 20”

4° Mito de la vacunación

“La vacunación se basa en correctos principios teórico-prácticos de inmunización... ¿no es cierto?”

La evidencia clínica a favor de las vacunas reside en su capacidad de estimular la producción de anticuerpos en el receptor. Esto no está en discusión. Sin embargo, lo que no está claro, es si la producción de anticuerpos crea o no inmunidad. Por ejemplo, los niños anémicos con deficiencia de gamaglobulina no pueden producir anticuerpos, a pesar de lo cual se recuperan de las enfermedades infecciosas casi tan rápido como los demás niños.[xli] Además, un estudio publicado por el Consejo Médico Británico en 1950 durante una epidemia de difteria llegó a la conclusión de que no había relación entre la cantidad de anticuerpos y la incidencia de la enfermedad; los investigadores encontraron personas resistentes a la enfermedad que tenían niveles de anticuerpos extremadamente bajos, y enfermos con niveles altos de anticuerpos.[xlii] La inmunidad natural es un proceso complejo que involucra muchos órganos y sistemas; no se puede reproducir en su totalidad estimulando artificialmente la producción de anticuerpos.

La investigación también indica que la vacunación hace que las células del sistema inmunitario queden “dedicadas” al antígeno específico de la vacuna, volviéndolas incapaces de reaccionar ante otras infecciones. Por lo tanto, puede que en realidad nuestra reserva inmunológica disminuya por las vacunas, causando una menor resistencia general.[xliii]

Otro componente de la teoría de la inmunización es la “inmunidad de grupo”, que dice que cuando suficientes personas en una comunidad están inmunizadas, todas quedan protegidas como resultado. Como mostró el 2° Mito, hay muchos casos documentados que demuestran exactamente lo contrario: casos de poblaciones totalmente vacunadas que han experimentado epidemias; en el caso del sarampion, esto parece ser el resultado directo de la alta tasa de vacunación.[xliv] Según un epidemiólogo del estado de Minnesota, la vacuna contra la meningitis aumenta el riesgo de contraer la enfermedad. Un estudio reveló que los chicos vacunados tenían cinco veces más chances de contraer meningitis que los no vacunados.[xlv]

Aunque resulte sorprendente, nunca se ha demostrado clínicamente que la vacunación sea efectiva para prevenir enferemdades, por el simple motivo de que ningún investigador ha expuesto directamente a individuos a la enfermedad (ni tampoco pueden hacerlo éticamente).

El stándard preferido de la comunidad médica, el estudio doble ciego, con grupo de control con placebo, no se ha utilizado para comparar personas vacunadas con personas no vacunadas, por lo tanto la vacunación no está probada científicamente. También es importante reconocer que no todas las personas expuestas a una enfermedad desarrollan síntomas (de hecho, es suficiente que un pequeño porcentaje de la población desarrolle síntomas para declarar una epidemia). Por lo tanto, si se expone a la enfermedad a un individuo vacunado, y no se enferma, es imposible saber si la vacuna funcionó, ya que no hay forma de saber si esta persona hubiera desarrollado síntomas de no haber estado vacunada. Vale la pena mencionar también que en brotes de años recientes se han registrado más casos de enfermedad en los niños vacunados que en los no vacunados.

Otro aspecto sorprendente de la práctica vacunatoria es que se trata a todos los niños de la misma manera, independientemente de su edad y/ó peso. Un bebé de dos meses que pesa 3 kilos recibe la misma dosis que un niño de 5 años que pesa 17 kilos. Los bebés con sistemas inmunitarios inmaduros y en proceso de desarrollo pueden recibir, en proporción al peso, cinco o más veces la dosis que se le aplica a un niño mayor. Además, se ha establecido, mediante mediciones al azar, que el número de “unidades” en cada dosis puede variar entre un 50% y un 300% de lo que indica la etiqueta; los controles de calidad de fabricación toleran, según parece, un alto margen de error. El Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC) ha identificado en reiteradas oportunidades las llamadas “partidas calientes” (partidas asociadas con índices de invalidez y muerte desproporcionadamente altos), pero la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se niega a intervenir para impedir más muertes y daños innecesarios. De hecho, nunca se ha retirado del mercado una partida individual de vacunas debido a reacciones adversas. Sin embargo, la vacuna contra el rotavirus fue sacada de circulación a los pocos meses de haber sido introducida, porque causó obstrucciones intestinales en muchos de los receptores. Aunque parezca increíble, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) y los CDC (Centros para el Control de las Enfermedades) sabían de este problema antes del otorgamiento de la licencia para esta vacuna, sin embargo, de todas maneras, ambas organizaciones la aprobaron por unanimidad.[xlvi]

Por último, la práctica de la vacunación supone que todas las personas responderán de la misma manera a una vacuna, independientemente de su raza, cultura, dieta, constitución genética, ubicación geográfica o cualquier otra característica. Posiblemente la mejor demostración de que esto es falso ocurrió hace unos años en el Territorio del Norte, en Australia, donde las crecientes campañas de vacunación resultaron en una increíble mortalidad infantil del 50% entre los aborígenes.[xlvii] Según el Dr. A. Kalokerinos, que investigó el tema, fue sorprendente que sobrevivieran tantos. Cabe preguntarse acerca de los sobrevivientes, porque si la mitad murió, la otra mitad no debe haber salido ilesa.

Casi tan preocupante como el anterior es un estudio aparecido hace muy poco tiempo en el New England Journal of Medicine. En él se señaló que un numero considerable de niños rumanos estaba contrayendo poliomelitis por la vacuna. Se encontró una relación con las inyecciones de antibióticos: una dosis aplicada dentro del mes de recibida la vacuna aumentaba 8 veces el riesgo de contraer poliomelitis, de dos a nueve inyecciones lo aumentaban 27 veces, y 10 o más inyecciones lo aumentaban 182 veces.[xlviii]

¿Qué otros factores que no se tienen en cuenta en la teoría de la vacunación aparecerán inesperadamente, para revelar consecuencias no previstas o previamente pasadas por alto? No podemos ni siquiera empezar a comprender totalmente el alcance y el grado del peligro de las vacunas hasta que los investigadores no empiecen a observar e informar con seriedad. Mientras tanto, la población de países enteros está apostando, sin saberlo, en un juego en el que podrían perfectamente elegir no jugar, si se les dieran de antemano todas las “reglas del juego”.

4° Verdad de la vacunación

“Se ha demostrado en la práctica que muchos de los supuestos en que se basan la teoría y práctica de la inmunización son falsos o no han sido demostrados”.

5° Mito de la vacunación

“Las enfermedades infantiles son extremadamente peligrosas... ¿lo son, realmente?”

En el mundo moderno en que vivimos, la mayoría de las enfermedades infantiles tienen pocas consecuencias serias. Incluso las conservadoras estadísticas de tos convulsa de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), para el período 1992-94 indican una tasa de recuperación del 99,8%. De hecho, luego de la epidemia de sarampión en Ohio y Chicago en el otoño de 1993, en la que hubo cientos de casos, un experto en enfermedades infecciosas del Hospital Infantil de Cincinnati dijo: “La enfermedad fue muy suave, no hubo muertos, y nadie fue a terapia intensiva”.

En la inmensa mayoría de los casos, las enfermedades infantiles son benignas y se autolimitan. También confieren, por lo general, inmunidad de por vida a esa enfermedad, mientras que las vacunas confieren tan solo una inmunidad temporal. De hecho, la naturaleza temporal de la inmunidad de la vacuna puede crear una situación más peligrosa para el futuro del niño. Por ejemplo, se estima que la nueva vacuna contra la varicela tiene una efectividad de entre 6 y 10 años. Si es efectiva, pospondrá la vulnerabilidad del niño hasta la adultez, en la cual la mortalidad de la enfermedad, si bien es rara, es 20 veces mayor que durante la niñez. Las “fiestas de sarampión” solían ser frecuentes en Gran Bretaña: si un chico tenía sarampión, otros padres del barrio traían corriendo a sus hijos para que jugaran con el chico infectado, a propósito para que contrayera la enfermedad y desarrollara inmunidad. Esto evita el riesgo de infección en la adultez, en la que la enfermedad es más peligrosa, y proporciona los beneficios de un sistema inmunitario fortalecido por el proceso natural de la enfermedad.

Aproximadamente la mitad de los casos de sarampión que se dieron a fines de la década del ´80 fueron adolescentes y adultos, la mayoría de los cuales habían sido vacunados de niños[xlix][xlix][xlix]. y puede que las dosis de refuerzo recomendadas protejan durante menos de 6 meses.[l] A algunos profesionales de la salud les preocupa la posibilidad de que el virus de la vacuna contra la varicela se pueda “reactivar más adelante, causando herpes zoster (culebrilla) ú otras enfermedades del sistema inmunitario”.[li] El Dr. A. Lavin, del Departamento de Pediatría del Centro Médico St. Luke, en Cleveland, Ohio, se opuso rotundamente al otorgamiento de la licencia a la nueva vacuna, “hasta que realmente sepamos...cuál es el riesgo de inyectar ADN mutado (virus del herpes) en el genoma del huésped (los niños)”.[lii] La verdad es que nadie sabe cuál es el riesgo, pero la vacuna ha sido autorizada, es recomendada por las autoridades médicas, y rápidamente se está volviendo obligatoria en todo el país.

Las enfermedades infecciosas son peligrosas en raras ocasiones, y además pueden, de hecho, desempeñar un papel vital en el desarrollo de un sistema inmunológico fuerte y sano. Las personas que no han tenido sarampión tienen un riesgo mayor de contraer ciertas enfermedades de la piel, enfermedades degenerativas de los huesos y cartílagos, y ciertos tumores, mientras que el no haber tenido paperas ha sido asociado con un riesgo mayor de contraer cáncer de ovario. Los médicos antroposóficos recomiendan solamente las vacunas contra la polio y el tétanos; creen que pescarse las otras enfermedades de la niñez es beneficioso, ya que fortalece y hace madurar el sistema inmunitario.

5° Verdad de la vacunación

“Se exagera mucho sobre el peligro de las enfermedades infantiles, para asustar a los padres para que acepten un tratamiento cuestionable pero altamente lucrativo”.

6° Mito de la vacunación

“Está claro que vencer a la poliomelitis fue una de los grandes éxitos de la vacunación... ¿o no?”

En seis estados de Nueva Inglaterra se informó que los casos de poliomelitis habían aumentado un año después de la introducción de la vacuna Salk. Los aumentos fueron desde el doble de casos en Vermont hasta un sorprendente aumento del 642% en el número de casos en Massachusetts. También aumentó la incidencia en otros estados. En Wisconsin se multiplicó por cinco. De hecho, Idaho y Utah interrumpieron la vacunación debido al aumento de la incidencia y de la tasa de mortalidad. En 1959, el 77.5% de los casos de parálisis en Massachusetts había recibido 3 dosis de la vacuna inyectable contra la poliomelitis. En 1962, durante audiencias del Congreso de los EE.UU., el Dr. Bernard Greenberg, a cargo del Departamento de Bioestadísticas de la Escuela de Salud Pública (Universidad de Carolina del Norte) testificó que no solamente los casos de poliomelitis aumentaron considerablemente luego de la introducción de la vacunación obligatoria (50% de 1957 a 1958, 80% de 1958 a 1959), sino que las estadísticas fueron manipuladas por el Servicio de Salud Pública para dar la imagen opuesta.[liii] Es importante entender que la vacuna contra la polio no tuvo aceptación universal al principio. A pesar de esto, en Europa, los casos de poliomelitis disminuyeron tanto en los países que vacunaron como en los que no lo hicieron.

De acuerdo a la Dra. Viera Scheibner, autora e investigadora, las autoridades médicas eliminaron de las estadísticas el 90% de los casos de poliomelitis cambiando la definición de la enfermedad cuando se comenzó a utilizar la vacuna. En realidad, mientras tanto, la vacuna seguía causando casos de poliomelitis paralítica en varios países, en una época en la cual el virus natural no estaba causando ninguna epidemia.

Por ejemplo, los casos de meningitis viral y aséptica, que tienen síntomas similares a los de la polio, se diagnosticaban y archivaban como casos de polio antes de la introducción de la vacuna, pero se los separó y eliminó de las estadísticas de polio luego de empezar a usarse la vacuna. Además, se aumentó de 20 a 35 el número de casos necesarios para declarar una epidemia, y el requisito para ser incluído en las estadísticas de parálisis se cambió de síntomas de 24 horas de duración a síntomas de 60 días de duración (la parálisis de muchas víctimas de polio era temporal). Es lógico que la poliomelitis haya disminuído dramaticamente después de la introducción de la vacuna - por lo menos en los papeles. En 1985, los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) informaron que el 87% de los casos de poliomelitis de los EE.UU., entre 1973 y 1983, fueron causados por la vacuna, y más tarde declararon que todos los casos fueron causados por la vacuna, menos algunos que fueron importados – la mayoría de los cuales habían sido vacunados.

Jonas Salk, inventor de la vacuna inyectable contra la poliomelitis, declaró ante un subcomité del Senado que casi todos los brotes de poliomelitis a partir de 1961 fueron causados por la vacuna antipoliomelítica oral. En un seminario sobre vacunas contra la polio auspiciado por el Instituto de Medicina y los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades, el Dr. Samuel Katz, de la Universidad de Duke, citó los 8-10 casos de polio paralítica asociados con la vacuna oral contra la polio, casos de personas que habían tomado esta vacuna, y la ausencia de polio natural en el hemisferio occidental durante los últimos cuatro años. Jessica Scheer, del Centro de Investigación del Hospital Nacional de Rehabilitación (Washington, D.C.) señaló que la mayoría de los padres no son concientes de que en los EE.UU. la vacunación contra la poliomelitis implica “un pequeño número de sacrificios cada año”. Hay que agregar a esta contradicción el hecho de que la mayoría de los casos de reacciones adversas no se notifican, y las experiencias del Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (quienes confirman y corrigen diagnósticos errados de reacciones a las vacunas). Todo esto sugiere que el número real de “sacrificios” causados por la vacuna antipoliomelítica puede ser de 10 a 100 veces mayor que el número citado por los Centros para el Control de las Enfermedades. Debido a esto, el virus vivo de la polio ya no se usa comúnmente.

Con seguridad, la poliomelitis tal como se la conocía en la primera mitad del siglo 20 ya no existe. Sin embargo, la disminución en la incidencia que se produjo luego de los picos de polio a fines de los ´40 y principios de los ´50 había empezado años antes de que se introdujera la vacuna.

6° Verdad de la vacunación

“La vacuna contra la polio invirtió por un tiempo la disminución de la enfermedad que se venía dando cuando se introdujo la vacuna; esto fue ocultado deliberadamente por las autoridades médicas. En Europa, la polio disminuyó en los países que utilizaron la vacuna y en los que no lo hicieron”.

7° Mito de la vacunación

"Mi hijo no tuvo ninguna reacción a las vacunas, así que no tengo de qué preocuparme... ¿no es cierto?”

Entre los efectos adversos a largo plazo de las vacunas se han documentado: desórdenes crónicos inmunológicos y neurológicos, tales como autismo, hiperactividad, desórdenes de déficit de atención, dislexia, alergias, cáncer, y otras enfermedades, muchas de las cuales casi no existían antes de las campañas de vacunación sistemática. Entre los componentes de las vacunas encontramos conocidas sustancias tóxicas y cancerígenas, como el timerosal (un derivado del mercurio), el fosfato de aluminio, y el formaldehído (según el Centro de Información sobre los Venenos, de Australia, no existe una dosis aceptable de formaldehído que pueda inyectarse sin riesgo en un ser humano), y fenoxietanol (comúnmente conocido como anticongelante). Algunos de estos ingredientes son tóxicos a nivel gastrointestinal, hepático, respiratorio, cardiovascular, sanguíneo, o reproductivo. También hay sustancias neurotóxicas, y otras que afectan el desarrollo. Estos son sólo algunos de los peligros que se conocen. Los sistemas de ránking químico colocan a muchos de los ingredientes de las vacunas entre las sustancias más peligrosas, y están fuertemente reguladas. Se sabe que algunos de estos ingredientes pueden causar serios daños incluso en dosis microscópicas. Sumado a esto, el medio en que se producen algunas vacunas contiene células diploides originadas en tejido fetal abortado. Si esto se supiera, podría afectar la decisión de vacunar de mucha gente.

Harris Coulter, Ph.D., investigador, autor e historiador de la medicina, afirmó que su extensa investigación reveló que las inmunizaciones infantiles están “... causando una encefalitis de bajo grado en los niños, a una escala mucho mayor de la que las autoridades médicas estaban dispuestas a admitir, alrededor del 15-20% de todos los niños”. Señala que las secuelas de la encefalitis (inflamación del cerebro, consecuencia documentada de la vacunación) incluyen: autismo, problemas de aprendizaje, daño cerebral mínimo y no tan mínimo, convulsiones, epilepsia, trastornos del sueño y de la alimentación, trastornos sexuales, asma, síndrome de muerte infantil súbita, diabetes, obesidad y violencia impulsiva. Estos son precisamente los trastornos que afectan a la sociedad contemporánea. Muchos de estos desórdenes eran relativamente raros en el pasado, pero se han vuelto más comunes a medida que se han generalizado los programas de vacunación infantil. Coulter también señala que “...la toxina de la tos convulsa se utiliza para crear encefalitis en animales de laboratorio.” Por lo tanto, no sólo se conoce la capacidad de causar daño cerebral que tiene la vacuna contra la tos convulsa; los investigadores clínicos cuentan con esta característica al estudiar desórdenes cerebrales.

En un estudio alemán se encontró una relación entre las vacunas y 22 problemas neurológicos, incluídos el déficit de atención y la epilepsia. Otro dilema es que los elementos virales de las vacunas pueden permanecer en el cuerpo humano y mutar durante años, con consecuencias desconocidas. Millones de niños están siendo parte de un experimento enorme que carece de una buena planificación y seguimiento; y la comunidad médica no está haciendo ningún esfuerzo sincero y organizado para monitorear los efectos negativos o para determinar las consecuencias a largo plazo. Dado que los estudios a largo plazo sobre los efectos adversos de las vacunas son virtualmente inexistentes, su uso generalizado, sin el consentimiento de personas debidamente informadas, constituye experimentación médica. Tal como lo señalaran la Asociación Americana de Médicos y Cirujanos y el Centro Nacional de Información sobre las Vacunas, esto es una violación del primer principio del Código de Nüremberg, “obra central de la bioética moderna”.[liv] [lv]

El doctor Bart Classen, Ph.D., fundador de Classen Immunotherapies y creador de tecnologías aplicadas a las vacunas, ha llevado a cabo estudios epidemiológicos alrededor del mundo y ha hallado que las vacunas son la causa del 79% de los casos de diabetes tipo 1 en niños de menos de 10 años de edad. El aumento del riesgo iba desde 9% con la vacuna contra la difteria hasta 50% en el caso de la vacuna contra la hepatitis B. De acuerdo a Classen, los datos de los Centros para el Control de las Enfermedades confirman sus conclusiones. Sin embargo, las implicaciones de su trabajo van mucho más allá de la diabetes, tal como señala este comentario suyo en el British Medical Journal, en 1999: “La incidencia de muchas enfermedades inmunológicas crónicas, como ser el asma, las alergias y los cánceres inmuno-modulados, ha aumentado rápidamente y puede también estar vinculada a la vacunación”.[lvi] Sus hallazgos sobre la diabetes pueden ser tan sólo la punta del iceberg.

Estudios recientes en los Estados Unidos y en Inglaterra sugieren que las vacunas causan autismo.[lvii] [lviii] [lix] El envenenamiento con mercurio y el autismo tienen síntomas casi idénticos,[lx] y un solo día de aplicación de vacunas puede inyectar 41 veces más que el nivel de mercurio que se sabe causa daño.[lxi] La incidencia de autismo en California ha aumentado 1000% en los últimos 20 años, con aumentos dramáticos luego de la introducción de la vacuna triple viral a principios de los ´80. En Inglaterra hubo un dramático crecimiento del autismo comenzando en los ´90, luego de que se introdujera allí la vacuna triple viral. Algunos niños reciben, a través de las vacunas, 100 veces más mercurio que la cantidad máxima permitida por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). En enero del año 2000, la revista de Reacciones Adversas a los Medicamentos informó que la vacuna triple viral no fue testeada adecuadamente y que no se le debió haber otorgado la licencia. Otro dato que apoya la sospecha de que las vacunas causan autismo es la existencia de un grupo de médicos que han logrado mejorías enormes en la salud y el comportamiento de pacientes autistas, mediante la utilización de un régimen sistemático de desintoxicación de mercurio.[lxii] Hoy en día, 1 de cada 150 niños padece autismo, de acuerdo al Centro Nacional de Información sobre las Vacunas. A principios de los años 40, antes de la introducción de la mayoría de las vacunas que hoy son habituales, el autimo era una enfermedad rara, y pocos eran los médicos que alguna vez veían un caso.

7° Verdad de la vacunación

“Los efectos adversos de las vacunas a largo plazo han sido virtualmente ignorados, a pesar de correlaciones convincentes con muchas enfermedades crónicas. Los médicos no pueden explicar el dramático aumento de muchas de estas enfermedades.”

Disipando los mitos de la vacunación (2º parte)

8° Mito de la vacunación

“Las vacunas son la única forma de prevenir enfermedades... ¿o no?”

La mayoría de los padres se sienten obligados a tomar alguna medida para prevenir las enfermedades de sus hijos. Si bien nada brinda una garantía del 100%, existen opciones viables. Históricamente, la homeopatía ha demostrado muchas veces ser más efectiva que la medicina alopática en la prevención y el tratamiento de enfermedades. En el brote de cólera de 1849 en los EE.UU., la tasa de mortalidad de quienes utilizaron la medicina alopática fue de entre el 48% y el 60%, mientras que los hospitales homeopáticos tuvieron una tasa de mortalidad de solamente 3%.[lxiii] A grandes rasgos, estos porcentajes siguen siendo ciertos, hoy en día, en el caso del cólera.[lxiv] En estudios epidemiológicos recientes se ve que los remedios homeopáticos son iguales o mejores para prevenir enfermedades que la vacunación ortodoxa. Hay informes de poblaciones tratadas homeopáticamente después de haber estado expuestas al causante de la enfermedad, que tuvieron una tasa de éxito del 100% - ninguno de los que recibieron el tratamiento se enfermó.[lxv]

Se pueden conseguir kits homeopáticos para la prevención de enfermedades.[lxvi] Los remedios homeopáticos también se pueden tomar solamente durante los momentos de mayor riesgo (brotes de la enfermedad, viajes, etc), y han demostrado ser altamente efectivos en tales casos. Y debido a que estos remedios no tienen componentes tóxicos, tampoco tienen efectos adversos. Además, la homeopatía ha sido efectiva para revertir algunas de las discapacidades causadas por las reacciones a las vacunas, así como también muchas otras enfermdades crónicas con las cuales la medicina alopática ha tenido poco éxito.

8° Verdad de la vacunación

“Existen hace décadas alternativas efectivas y seguras a las vacunas (y han sido documentadas). Sin embargo han sido atacadas y suprimidas en forma sistemática por la comunidad médica.”


9° Mito de la vacunación

“Las vacunas son obligatorias por ley, por lo tanto son inevitables... ¿no es así?”

Las leyes que regulan la vacunación varían según el estado. Si bien todos los estados legalmente requieren la vacunación, todos ofrecen uno o más exenciones legales. Es raro que los funcionarios escolares y sanitarios ofrezcan voluntariamente información sobre las exenciones, y a menudo brindan información equivocada. Por lo tanto, es importante conocer las leyes en su estado para saber exactamente cuáles son los requisitos. Cada estado ofrece uno o más de los siguientes tres tipos de exención:

1) Exención médica: Los 50 estados de los EE.UU. permiten una exención médica. Sin embargo, son pocos los pediatras que examinan si hay indicadores de aumento de riesgo, antes de aplicar las vacunas, así que es aconsejable que los padres investiguen este tema por sí mismos, si tienen motivos para creer que su hijo puede estar predispuesto a una reacción a las vacunas. La epilepsia, las alergias severas, y/ó una reacción adversa anterior en un niño o en algún hermano, son sólo algunas de las muchas condiciones, en la historia de un niño o en la de su familia, que pueden aumentar el riesgo de tener una reacción adversa, y que por lo tanto dan derecho a una exención médica para una o más vacunas.. Por lo general, sin embargo, son difíciles de conseguir, a veces se dan solamente a aquellos que ya han tenido una reacción adversa, o son válidas sólo para la vacuna que se cree causó la reacción adversa anterior, o temporales, con validez sólo mientras dure la condición que dio lugar a la exención.

2) Exención religiosa: Se permiten exenciones religiosas en 48 estados (todos menos Mississippi y West Virginia). Las leyes de un estado pueden requerir que sea necesario ser miembro de una religión establecida. Sin embargo, este requisito ha sido hallado inconstitucional en cortes federales de Nueva York; las creencias religiosas personales son suficientes para obtener una exención religiosa, aunque usted no pertenezca a una religión organizada.[lxvii] [lxviii] [lxix] [lxx] En un caso, los denunciantes fueron indemnizados por daños; según la corte, el estado había violado sus derechos civiles al negarles una exención religiosa.

3) Exención de carácter personal o filosófico: Unos 19 estados permiten este tipo de exención, reconociendo el derecho de objetar la vacunación por motivos que no sean ni médicos ni religiosos.

No se les puede prohibir a los niños exentos que vayan a la escuela, salvo durante brotes locales de la enfermedad. Todas las escuelas, privadas o públicas, deben acatar las mismas leyes estatales y las mismas exenciones legales para las vacunas.

La mejor manera de conseguir un ejemplar de las leyes de vacunación de su estado es a través de un funcionario estatal de salud pública. Puede que alcance con llamar por teléfono al Departamento de Epidemiología o Inmunización de su estado (el nombre exacto depende del estado) para pedir que le envíen por correo un ejemplar. O, por una pequeña suma, el NVIC y New Atlantean Press le venderán una copia de las leyes de inmunización de su estado (ver información al final de este artículo). Se pueden buscar ls estatutos en Internet (ver, por ejemplo, www.findlaw.com), pero de haber cambios muy recientes en la ley, estas fuentes pueden no incluírlos. También son buenas fuentes, por supuesto, las bibliotecas legales y los abogados.

9° Verdad de la vacunación

“Muchos ciudadanos norteamericanos (no todos) pueden conseguir exenciones legales a las vacunas”.

10° Mito de la vacunación

“Los funcionarios de salud pública siempre tienen la salud como prioridad absoluta... ¿no es cierto?”

La historia de la vacunación está repleta de casos documentados de engaños con el fín de mostrar a las vacunas como los poderosos vencedores de las enfermedades, cuando de hecho muchas veces han demorado e incluso revertido la disminución de las mismas. El Departamento de Salud del Reino Unido ha admitido que el diagnóstico de las enfermedades subsecuentes dependía de si la persona había o no recibido vacunas; cuando habían sido vacunadas se les daba un diagnóstico alternativo; se falsificaban los registros de los hospitales y los certificados de defunción. Hoy en día, muchos médicos siguen siendo reacios a diagnosticar ciertas enfermedades en niños vacunados, y el mito sobre el éxito de las vacunas continúa.

Los conflictos de intereses son la norma en la industria de las vacunas. Miembros y presidentes de los comités consultivos sobre las vacunas, tanto en la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) como en los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), poseen acciones en empresas farmacéuticas que fabrican vacunas; en ambos comités hay individuos dueños de patentes de vacunas que están bajo consideración o que pueden ser afectadas por las decisiones que estos mismos comités tomen. Los CDC otorgan anualmente exoneraciones por conflictos de intereses a cada miembro del comité de asesoramiento, lo cual permite la plena participación en los debates que culminan con el voto de cada uno de los miembros, tengan o no un interés económico en la decisión..[lxxi]

La preocupación por las recciones adversas y por los conflictos de intereses hizo que la Sociedad Norteamericana de Médicos y Cirujanos emitiese una resoluciòn para que el Congreso pidiera una “moratoria en la obligatoriedad de las vacunas y que los médicos insistan acerca de que la persona debe realmente informarse antes de decidir si vacunar o no”. Aprobada por unanimidad en el mes de octubre del año 2000, en el encuentro anual de la Sociedad, la resolución hace referencia al “creciente número de vacunas infantiles obligatorias a las cuales se... somete a los niños sin... informar a los padres sobre los potenciales efectos adversos”; “al hecho de que las pruebas de seguridad de muchas vacunas son limitadas y los datos no están disponibles para ser examinados independientemente, por lo cual la vacunación sistemática de la población es equivalente a la experimentación médica, y por lo tanto está sujeta al Código de Nüremberg, que requiere que los participantes estén informados para acceder voluntariamente al procedimiento”; y el hecho de que “el proceso de aprobar y “recomendar” vacunas está viciado por los conflictos de intereses”.[lxxii]

El doctor Bart Classen, Licenciado en administración de empresas, es fundador y CEO de Classen Immunotherapies. Se dedica a desarrollar tecnología aplicada a las vacunas. En octubre de 1999, en una declaración al Congreso, sostuvo que “está claro... que lo que determina las políticas de inmunización del gobierno... es la política y no la ciencia. Puedo mencionar numerosos casos en que los empleados del Servicio de Salud Pública de los EE.UU.... parecen estar interesados en beneficiarse personalmente, actuando como representantes comerciales, apoyando fines políticos. En un caso en particular, los empleados de un gobierno extranjero, que estaban financiados y trabajaban estrechamente vinculados al Servicio de Salud Pública de los EE.UU., enviaron datos falsos a una importante publicación médica. Los datos verdaderos indicaban que la vacuna era peligrosa, pero los datos falsos que se enviaron indicaban que no había riesgo. Un empleado del Instituto Nacional de Salud, quien maneja subvenciones de grandes sumas para las vacunas, publicó una carta con información falsa, conjuntamente con uno de los empleados de aquel gobierno extranjero. Como usted sabe, es ilegal falsificar datos provenientes de investigaciones financiadas por el gobierno de los EE.UU.”. El Dr. Classen recomendó que el Congreso contrate a un fiscal especial “para determinar si los funcionarios de salud están respetando las leyes promulgadas para asegurar que las vacunas sean seguras” y para determinar “si los funcionarios de salud pública, conjuntamente con los fabricantes, están engañando al público acerca de la seguridad de estos productos”.[lxxiii]

15.000 ciudadanos franceses han demandado a su gobierno a causa de las reacciones adversas provocadas por la vacuna contra la hepatitis B.[lxxiv] Los anteriores funcionarios de salud pública están cumpliendo condenas en prisión, luego de que se supiera que no actuaron de acuerdo a la ley para garantizar que la vacuna sea segura, y se ha interrumpido el uso de esta vacuna para los niños en edad escolar. Pero aún puede ser la suerte del personal militar de los EE.UU.: “...cuatro cartas de la Administración de Alimentos y Medicamentos y del Sercicio de Salud Pública... revelan claramente que se aprobó la comercialización de la vacuna contra el ántrax sin haberse efectuado ni siquiera una prueba clínica controlada”.[lxxv] Obviamente, las pruebas clínicas son absolutamente indispensables para determinar que cualquier producto farmacéutico sea seguro y efectivo. El personal militar ha sido, y sigue siendo, sujeto involuntario de un experimento médico carente de ética.

10° Verdad de la vacunación


“Muchos de los funcionarios de salud pública que toman decisiones acerca de las políticas de vacunación se benefician substancialmente con sus propias decisiones”.

Conclusiones

En el Medical Post de diciembre de 1994, la doctora canadiense Guylaine Lanctot, autora del best-seller “Medical Mafia” (La mafia médica), dijo: “Las autoridades médicas siguen mintiendo. La vacunación ha sido un desastre para el sistema inmunitario. De hecho, causa muchas enfermedades. La verdad es que con las vacunas estamos cambiando nuestro código genético... dentro de 100 años se sabrá que las vacunas fueron el mayor crimen contra la humanidad”. Después de un análisis crítico de literalmente decenas de miles de páginas de la literatura científica sobre las vacunas, la Dra. Viera Scheibner llegó a la conclusión de que “no hay ninguna evidencia de que las vacunas tengan la capacidad de prevenir ninguna enfermedad. Por el contrario, existe una gran cantidad de evidencia de que causan serios efectos adversos”.[lxxvi] El Dr. Classen ha dicho: “Mi datos demuestran que los estudios que se utilizan para apoyar la vacunación son tan defectuosos que es imposible decir si la inmunización brinda o no un beneficio neto a alguna persona o a la sociedad en general. Esta pregunta solo se puede responder con estudios adecuados, estudios que nunca se han llevado a cabo. El error de los estudios anteriores es que no se hizo ningún seguimiento a largo plazo ni se tuvo en cuenta la toxicidad crónica. La Sociedad Norteamericana de Microbiología ha apoyado mi investigación... y por lo tanto, reconoce la necesidad de realizar estudios adecuados”.[lxxvii] Estas posturas pueden parecer radicales, pero no carecen de fundamento. La continua negación de la evidencia en contra de las vacunas no hace más que perpetuar los “Mitos” de su “éxito” y lo que es más importante, sus consecuencias negativas en nuestros niños y en nuestra sociedad. Se justifica claramente la necesidad de llevar a cabo investigaciones científicas enérgicas y abarcativas. Sin embargo, los programas de vacunación continúan expandiéndose, aunque no existan tales investigaciones. Las ganancias de los fabricantes están garantizadas, mientras que la responsabilidad por los efectos negativos está curiosamente ausente. Esto es muy triste sobre todo si tenemos en cuenta que existen alternativas seguras y efectivas, que pueden conseguirse con facilidad.

Las afirmaciones de más arriba no provienen de un puñado de lunáticos marginales; hay denuncias de organizaciones profesionales enteras. A nivel mundial, las críticas a las vacunas provienen de un número creciente de científicos con reputación y credibilidad, de investigadres, y de padres que se han informado sobre el tema. Son los funcionarios de salud pública y los partidarios intransigentes de las vacunas (muchos de los cuales tienen intereses financieros que dependen del resultado del debate) los que están empezando a perder credibilidad, al negarse a reconocer la evidencia creciente sobre los problemas de las vacunas, y al negarse a abordar los problemas reales, serios y documentados de las vacunas.

Mientras tanto, la carrera continúa. Se están desarrollando más de 200 nuevas vacunas[lxxviii] para todo, desde control de natalidad hasta adicción a la cocaína. Aproximadamente 100 ya están en fase de ensayo clínico. Hay investigadores trabajando en el desarrrollo de vacunas que puedan administrarse con sprays nasales, mosquitos (sí, leyó bien, mosquitos), y frutas de plantas “transgénicas” en las que se cultiva el virus de la vacuna. Dado que cada adulto y cada niño de este planeta es un potencial receptor obligado de múltiples dosis, y dado que cada sistema de salud y cada gobierno es un potencial comprador, no es sorprendente que se gasten muchísimos millones de dólares alimentando la creciente industria multimillonaria de las vacunas. Sin protestas públicas, seguirán apareciendo vacunas que tendremos que recibir nosotros y nuestros hijos. Y aunque las ganancias se calculan con facilidad, el costo humano real está siendo ignorado.

Sea cual sea su decisión sobre las vacunación, infórmese primero; tiene ese derecho y esa responsabilidad. Es un tema difícil, pero hay más que suficiente en juego como para justificar el tiempo y la energía que hagan falta para investigarlo.

Referencias


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[3] Less than 1%, according to Barbara Fisher, citing former FDA Commissioner David Kessler, 1993, JAMA, in the Statement of the NVIC, supra note 2.
[4] Less than 10%, according to KM Severyn, R.Ph., Ph.D. in the Dayton Daily News, May 28, 1993. (Vaccine Policy Institute, 251 Ridgeway Dr., Dayton, OH 45459)
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[11] Id.
[12] Viera Schiebner, Ph.D., Vaccination: 100 Years of Orthodox Research Shows that Vaccines Represent a Medical Assault on the Immune System, 1993.
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[14] See Viera Scheibner, supra note 12.
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[36] Neil Miller, supra note 33 at 45 [NVIC News, April 92 at 12].
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[39] Quoted from the internet, credited to Keith Block, M.D., a family physician from Evanston, Illinois, who has spent years collecting data in the medical literature on immunizations.
[40] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 15.
[41] Id. at 21.
[42] Id. at 21 (British Medical Council Publication 272, May 1950).
[43] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 21; see also Neil Miller, supra note 33 at 47 (Buttram, MD, Hoffman, Mothering Magazine, Winter 1985 at 30; Kalokerinos and Dettman, MDs, "The Dangers of Immunization," Biological Research Inst. [Australia], 1979, at 49).
[44] See Mayo Vaccine Research Group, supra note 27.
[45] See Neil Miller, supra note 33 at 34.
[46] Chairman/Congressman Dan Burton, Committee of Government Reform, Opening Statement, “FACA: Conflicts of Interest and Vaccine Development, Preserving the Integrity of the Process,” June 2000.
[47] Archie Kalolerinos, MD, Every Second Child, Keats Publishing, Inc. 1981.
[48] Washington Post, February 22, 1995.
[49] Reported by KM Severyn, R.Ph, Ph.D. in the Dayton Daily News, June 3, 1995.
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[52] Id. [Reported by KM Severyn, R.Ph., Ph.D.]
[53] Hearings before the Committee on Interstate and Foreign Commerce, House of Representatives, 87th Congress, Second Session on H.R. 10541, May 1962, at 94.
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[64] See S. Curtis, supra note 34.
[65] See S. Curtis, supra note 34.
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[67] Allanson v. Clinton Central School District, No. CV 84-174, slip op. at 5 (N.D.N.Y. 1984).
[68] Sherr and Levy vs. Northport East-Northport Union Free School District, 672 F. Supp. 81 (E.D.N.Y. 1987).
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[70] Berg v. Glen Cove City School District, 853 F. Supp. 651 (E.D.N.Y. 1994).
[71] Congressman Dan Burton, Committee on Government Reform, “FACA: Conflicts of Interest and Vaccine Development: Preserving the Integrity of the Process,” June 15, 2000.
[72] “AAPS Resolution Concerning Mandatory Vaccines” at http://www.aapsonline.org/aaps/.
[73] J. Barthelow Classen, M.D., M.B.A.
President and CEO, Classen Immunotherapies, Inc., 6517 Montrose Ave, Baltimore, MD 21212
Tel: (410) 377-4549 Fax: (410) 377-8526
E-mail: Classen@vaccines.net, letter to The Honorable Dan Burton, Chairman U.S. House of Representatives, Committee on Government Reform, Washington, DC 20515, October 12th, 1999, at http://vaccines.net.
[74] “Show us the Science,” Mothering Magazine, March/April 2001, Report on the Sept. 2000 NVIC Vaccine Conference.
[75] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.
[76] Viera Scheibner, PhD, 178 Govetts Leap Road, Blackheath, NSW 2785, Australia; phone +61 (0)2 4787 8203, Fax +61 (0)2 4787 8988
[77] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.
[78] Statement of the National Vaccine Information Center, Hearing of the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and Human Resources, "Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?" September 28, 1999.

Para más información:

En español:
1. Liga para la Libertad de Vacunación: www.vacunacionlibre.org

Acerca del autor

Al momento de terminar esta revisión, Alan Phillips es un estudiante de 3° año de Derecho en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, y es cofundador y codirector de Citizens for Healthcare Freedom, una organización sin fines de lucro dedicada a concientizar a la población sobre las vacunas y partidaria de la toma de decisiones luego de informarse. Alan tiene experiencia en escritos técnicos, evaluación de escritos, educación primaria, ha sido escritor independiente y ha investigado temas de salud alternativa. Es conocido a nivel internacional como músico profesional y como productor. Es reverendo, y tiene planeado dedicarse a la abogacía en Chapel Hill, Carolina del Norte, luego de su admisión en el Colegio de Abogados.

También disponibles

Alan ha investigado y escrito sobre varios temas legales vinculados a las vacunas, incluído el tema de las exenciones legales (con especial atención a la exenciones religiosas en conexión con la ley federal), sobre el Programa Nacional de Compensación por Daños causados por las Vacunas, y sobre la conexión entre los daños causados por las vacunas y el síndrome del bebé sacudido; casos documentados en los que los padres y las personas responsables por un niño son culpadas de abuso de menores, y luego se demuestra que el daño fue causado por una vacuna.

* Director de Citizens for Healthcare Freedom
Ultima revisión: Mayo de 2001   

sacado de www.axel.org.ar/articulos/vacunas/disipando.htm

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