(libro) Nuestro futuro robado: la amenaza de los disruptores endócrinos

Numerosas sustancias químicas, como las dioxinas, PCBs, plaguicidas,ftalatos, alquilfenoles y el bisfenol-A, amenazan nuestra fecundidad, inteligencia y supervivencia.

En 1962 el libro de Rachel Carson Primavera silenciosa dio el primer aviso de que ciertos productos químicos artificiales se habían difundido por todo el planeta, contaminando prácticamente a todos los seres vivos hasta en las tierras vírgenes más remotas. Aquel libro, que marcó un hito, presentó pruebas del impacto que dichas sustancias sintéticas tenían sobre las aves y demás fauna silvestre. Pero hasta ahora no se habían advertido las plenas consecuencias de esta insidiosa invasión, que está trastornando el desarrollo sexual y la reproducción, no sólo de numerosas poblaciones animales, sino también de los seres humanos.

Nuestro futuro robado, escrito por Theo Colborn, Dianne Dumanoski y Pete Myers, reunió por primera vez las alarmantes evidencias obtenidas en estudios de campo, experimentos de laboratorio y estadísticas humanas, para plantear en términos científicos, pero accesibles para todos, el caso de este nuevo peligro.

Comienza allí donde terminaba Primavera silenciosa, revelando las causas primeras de los síntomas que tanto alarmaron a Carson. Basándose en décadas de investigación, los autores presentan un impresionante informe que sigue la pista de defectos congénitos, anomalías sexuales y fallos de reproducción en poblaciones silvestres, hasta su origen: sustancias químicas que suplantan a las hormonas naturales,trastornando los procesos normales de reproducción y desarrollo.

Los autores de Nuestro futuro robado repasan la investigación científica que relaciona estos problemas con los “disruptores endocrinos”, estafadores químicos que dificultan la reproducción de los adultos y amenazan con graves peligros a sus descendientes en fase de desarrollo. Explican cómo estos contaminantes han llegado a convertirse en parte integrante de nuestra economía industrial, difundiéndose con asombrosa facilidad por toda la biosfera, desde el Ecuador a los polos. Y estudian lo que podemos y debemos hacer para combatir este omnipresente peligro. Nuestro futuro robado, como señala Al Gore, vicepresidente de EE.UU. y autor del prólogo, es un libro de importancia trascendental, que nos obliga a plantearnos nuevas preguntas acerca de las sustancias químicas sintéticas que hemos esparcido por toda la Tierra.

Disruptores endocrinos

Un gran número de sustancias químicas artificiales que se han vertido al medio ambiente, así como algunas naturales, tienen potencial para perturbar el sistema endocrino de los animales, incluidos los seres humanos. Entre ellas se encuentran las sustancias persistentes, bioacumulativas y organohalógenas que incluyen algunos plaguicidas (fungicidas, herbicidas e insecticidas) y las sustancias químicas industriales, otros productos sintéticos y algunos metales pesados.

Muchas poblaciones animales han sido afectadas ya por estas sustancias. Entre las repercusiones figuran la disfunción tiroidea en aves y peces; la disminución de la fertilidad en aves, peces, crustáceos y mamíferos; la disminución del éxito de la incubación en aves, peces y tortugas; graves deformidades de nacimiento en aves, peces y tortugas; anormalidades metabólicas en aves, peces y mamíferos; anormalidades de comportamiento en aves; demasculinización y feminización de peces, aves y mamíferos machos; defeminización y masculinización de peces y aves hembras; y peligro para los sistemas inmunitarios en aves y mamíferos.

Los disruptores endocrinos interfieren en el funcionamiento del sistema hormonal mediante alguno de estos tres mecanismos: suplantando a las hormonas naturales, bloqueando su acción o aumentando o disminuyendo sus niveles. Las sustancias químicas disruptoras endocrinas no son venenos clásicos ni carcinógenos típicos. Se atienen a reglas diferentes. Algunas sustancias químicas hormonalmente activas apenas parecen plantear riesgos de cáncer.

En los niveles que se encuentran normalmente en el entorno, las sustancias químicas disruptoras hormonales no matan células ni atacan el ADN. Su objetivo son las hormonas, los mensajeros químicos que se mueven constantemente dentro de la red de comunicaciones del cuerpo. Las sustancias químicas sintéticas hormonalmente activas son delincuentes de la autopista de la información biológica que sabotean comunicaciones vitales. Atracan a los mensajeros o los suplantan. Cambian de lugar las señales. Revuelven los mensajes. Siembran desinformación. Causan toda clase de estragos. Dado que los mensajes hormonales organizan muchos aspectos decisivos del desarrollo, desde la diferenciación sexual hasta la organización del cerebro, las sustancias químicas disruptoras hormonales representan un especial peligro antes del nacimiento y en las primeras etapas de la vida. Los disruptores endocrinos pueden poner en peligro la supervivencia de especies enteras,quizá a largo plazo incluso la especie humana.

Las pautas de los efectos de los disruptores endocrinos varían de una especie a otra y de una sustancia a otra. Sin embargo, pueden formularse cuatro enunciados generales:

· Las sustancias químicas que preocupan pueden tener efectos totalmente distintos sobre el embrión, el feto o el organismo perinatal que sobre el adulto;

· Los efectos se manifiestan con mayor frecuencia en las crías, que no en el progenitor expuesto;

· El momento de la exposición en el organismo en desarrollo es decisivo para determinar su carácter y su potencial futuro;

· Aunque la exposición crítica tiene lugar durante el desarrollo embrionario, las manifestaciones obvias pueden no producirse hasta la madurez.

La especie humana carece de experiencia evolutiva con estos compuestos sintéticos. Estos imitadores artificiales de los estrógenos difieren en aspectos fundamentales de los estrógenos vegetales. Nuestro organismo es capaz de descomponer y excretar los imitadores naturales de los estrógenos, pero muchos de los compuestos artificiales resisten los procesos normales de descomposición y se acumulan en el cuerpo, sometiendo a humanos y animales a una exposición de bajo nivel pero de larga duración. Esta pauta de exposición crónica a sustancias hormonales no tiene precedentes en nuestra historia evolutiva, y para adaptarse a este nuevo peligro harían falta milenios, no décadas.

La industria química prefiere pensar que, puesto que ya existen en la naturaleza tantos estrógenos naturales, como la soja, no hay por qué preocuparse por los compuestos químicos sintéticos que interfieren con las hormonas. Sin embargo, es importante tener en cuenta las diferencias que existen entre los impostores hormonales naturales y los sintéticos. Los imitadores hormonales artificiales suponen un peligro mayor que los compuestos naturales, porque pueden persistir en el cuerpo durante años, mientras que los estrógenos vegetales se pueden eliminar en un día.

Nadie sabe todavía qué cantidades de las sustancias químicas disruptoras endocrinas son necesarias para que representen un peligro para el ser humano. Los datos indican que podrían ser muy pequeñas si la exposición tiene lugar antes del nacimiento. En el caso de las dioxinas, los estudios recientes han demostrado que la exposición a dosis ínfimas es peligrosa.

La mayoría de nosotros portamos varios centenares de sustancias químicas persistentes en nuestro cuerpo, entre ellas muchas que han sido identificadas como disruptores endocrinos. Por otra parte, las portamos en concentraciones que multiplican por varios millares los niveles naturales de los estrógenos libres, es decir, estrógenos que no están enlazados por proteínas sanguíneas y son, por tanto, biológicamente activos.

Se ha descubierto que cantidades insignificantes de estrógeno libre pueden alterar el curso del desarrollo en el útero; tan insignificantes como una décima parte por billón. Las sustancias químicas disruptoras endocrinas pueden actuar juntas y cantidades pequeñas, aparentemente insignificantes, de sustancias químicas individuales, pueden tener un importante efecto acumulativo. El descubrimiento de que puede haber sustancias químicas que alteran el sistema hormonal en lugares inesperados, incluidos algunos productos que se consideraban biológicamente inertes como los plásticos, ha puesto en entredicho las ideas tradicionales sobre la exposición.

Efectos en los seres humanos

Los seres humanos se han visto afectados por los disruptores endocrinos. El efecto del DES (dietilestilbestrol), un agente estrogénico, fue un claro aviso.

El paradigma del cáncer es insuficiente porque las sustancias químicas pueden causar graves efectos sanitarios distintos del cáncer.

Causa gran preocupación la creciente frecuencia de anormalidades genitales en los niños, como testículos no descendidos (criptorquidia), penes sumamente pequeños e hipospadias, un defecto en el que la uretra que transporta la orina no se prolonga hasta el final del pene. En las zonas de cultivo intensivo en la provincia de Granada, en donde se emplea el endosulfán y otros plaguicidas, se han registrado 360 casos de criptorquidias. Algunos estudios con animales indican que la exposición a sustancias químicas hormonalmente activas en el periodo prenatal o en la edad adulta aumenta la vulnerabilidad a cánceres sensibles a hormonas, como los tumores malignos en mama, próstata, ovarios y útero.

Entre los efectos de los disruptores endocrinos está el aumento de los casos de cáncer de testículo y de endometriosis, una dolencia en la cual el tejido que normalmente recubre el útero se desplaza misteriosamente al abdomen, los ovarios, la vejiga o el intestino, provocando crecimientos que causan dolor, copiosas hemorragias, infertilidad y otros problemas.

El signo más espectacular y preocupante de que los disruptores endocrinos pueden haberse cobrado ya un precio importante se encuentra en los informes que indican que la cantidad y movilidad de los espermatozoides de los varones ha caído en picado en el último medio siglo. El estudio inicial, realizado por un equipo danés encabezado por el doctor Niels Skakkebaek y publicado en el Bristish Medical Journal en septiembre de 1992, descubrió que la cantidad media de espermatozoides masculinos había descendido un 45 por ciento, desde un promedio de 113 millones por mililitro de semen en 1940 a sólo 66 millones por mililitro en 1990. Al mismo tiempo, el volumen del semen eyaculado había descendido un 25 por ciento, por lo que el descenso real de los espermatozoides equivalía a un 50 por ciento. Durante este periodo se había triplicado el número de hombres que tenían cantidades extremadamente bajas de espermatozoides, del orden de 20 millones por mililitro. En España se ha pasado de una media de 336 millones de espermatozoides por eyaculación en 1977 a 258 millones en 1995. El descenso amenaza la capacidad fertilizadora masculina. De continuar la tendencia actual, dentro de 50 años los hombres podrían ser incapaces de reproducirse de forma natural, teniendo que depender de las técnicas de inseminación artificial o de la fecundación in vitro.

La exposición prenatal a sustancias químicas imitadoras de hormonas puede estar exacerbando también el problema médico más común que afecta a los hombres al envejecer: el crecimiento doloroso de la glándula prostática, que dificulta la excreción de orina y a menudo requiere intervención quirúrgica. En los países occidentales, el 80 por ciento de los hombres muestran signos de esta dolencia a los 70 años, y el 45 por ciento de los hombres padecen un grave crecimiento de la glándula. En las dos últimas décadas se ha producido un espectacular aumento de esta dolencia.

La experiencia del DES y los estudios con animales sugieren también una vinculación entre las sustancias químicas disruptoras endocrinas y varios problemas de reproducción en las mujeres, especialmente abortos, embarazos ectópicos y endometriosis. La endometriosis afecta hoy a cinco millones de mujeres estadounidenses. A principios de siglo la endometriosis era una enfermedad prácticamente desconocida. Las mujeres que padecen endometriosis tienen niveles más elevados de PCBs en la sangre que las mujeres que no la padecen. Diferentes estudios coinciden en señalar que entre el 60 y el 70 por ciento de los embarazos se malogran en la fase embrionaria inicial y otro 10 por ciento termina en las primeras semanas por un aborto espontáneo.

Pero la tendencia sanitaria más alarmante con diferencia para las mujeres es la creciente tasa de cáncer de mama, que es el cáncer femenino más común. Desde 1940, en los albores de la era química, las muertes por cáncer de mama han aumentado en EE UU en un 1 por ciento anual, y se ha informado de incrementos semejantes en otros países industrializados.

Industria química

Nuestro futuro robado abre un nuevo horizonte, que muy probablemente concluya con nuevos tratados internacionales, al igual que sucedió con los CFCs que agotan la capa de ozono, y a pesar de la oposición de las industrias químicas. Actualmente pueden encontrarse en el mercado unas 100.000 sustancias químicas sintéticas. Cada año se introducen 1.000 nuevas sustancias, la mayoría sin una verificación y revisión adecuadas. En el mejor de los casos, las instalaciones de verificación existentes en el mundo pueden someter a prueba únicamente a 500 sustancias al año. En realidad, sólo una pequeña parte de esta cifra es sometida realmente a prueba. Ya se han identificado 51 productos químicos que alteran el sistema hormonal, pero se desconocen los posibles efectos hormonales de la gran mayoría. Uno de los aspectos más inquietantes de los disruptores endocrinos es que algunos de sus efectos se producen con dosis muy bajas.

Las normas actuales que regulan la comercialización de productos químicos sintéticos se han desarrollado sobre la base del riesgo de cáncer y de graves taras de nacimiento y calculan estos riesgos a un varón adulto de unos 70 kilogramos de peso. No toman en consideración la vulnerabilidad especial de los niños antes del nacimiento y en las primeras etapas de vida, y los efectos en el sistema hormonal. Las normas oficiales y los métodos de prueba de la toxicidad evalúan actualmente cada sustancia química por sí misma. En el mundo real, encontramos complejas mezclas de sustancias químicas. Nunca hay una sola. Los estudios científicos muestran con claridad que las sustancias químicas pueden interactuar o pueden actuar juntas para producir un efecto superior al que producirían individualmente (sinergia). Las leyes actuales ignoran estos efectos aditivos o interactivos.

Los fabricantes utilizan las leyes sobre secretos comerciales para negar al público el acceso a la información sobre la composición de sus productos. En tanto los fabricantes no coloquen unas etiquetas completas en sus productos,los consumidores no tendrán la información que necesitan para protegerse de productos hormonalmente activos. En algunos casos, las sustancias químicas pueden descomponerse en sustancias que plantean un peligro mayor que la sustancia química original.

La industria química trata de desacreditar las conclusiones de Nuestro futuro robado, al igual que hasta hace poco hizo con los CFCs, o como las campañas de la industria del tabaco negando la relación entre el hábito de fumar y el cáncer de pulmón. La Chemical Manufacturers Association, entidad que agrupa a las mayores multinacionales de la industria química, el Chlorine Chemistry Council, el American Plastics Council, la Society of the Plastics Industry y la American Crop Protection Association (los grandes fabricantes de plaguicidas), han recolectado grandes cantidades de dinero entre sus asociados para lanzar una campaña contra el libro Nuestro futuro robado. Cuando en 1962 se publicó el libro de Rachel Carson Primavera silenciosa (Silent Spring), la revista de la Chemical Manufacturers Association tituló la reseña del libro “Silence, Miss Carson”. La industria del cloro, agrupada en el Chlorine Council, que agrupa a empresas como DuPont, Dow, Oxychem y Vulcan, gasta anualmente en Estados Unidos 150 millones de dólares (más de 20 mil millones de pesetas) en campañas de imagen y de intoxicación informativa. En España la empresa encargada por los fabricantes de PVC de intoxicar a la opinión pública es la Burson-Marsteller.

Treinta y cinco años después la misma industria que casi acaba con el ozono, que ocasionó el accidente de Bhopal y que fabrica miles de sustancias tóxicas, se enfrenta al desafío de Nuestro futuro robado. Las empresas Burson-Marsteller, Edelman y Hill & Knowlton, dedicadas al lavado de imagen de la industria del tabaco, de dictadores, del PVC y de empresas contaminantes, muchas de ellas del sector químico, realizan campañas de intoxicación contra los científicos, periodistas y las organizaciones no gubernamentales, tratando de impedir, o al menos reducir, los efectos de libros como Nuestro futuro robado y decenas de estudios científicos, informes y artículos sobre los efectos de las sustancias químicas que actúan como disruptores endocrinos.

Una buena prueba de lo acertadas que son las conclusiones del libro Nuestro futuro robado es que el gobierno de Estados Unidos gastó de 20 a 30 millones de dólares en 400 proyectos para analizar los efectos de las sustancias químicas en el sistema endocrino. El objetivo de la Agencia de Medio Ambiente (EPA) de EE.UU. es desarrollar toda una estrategia para investigar y someter a prueba 600 plaguicidas y 72.000 sustancias químicas sintéticas de uso comercial en Estados Unidos, al objeto de analizar sus efectos como posibles disruptores endocrinos. La National Academy of Sciences de Estados Unidos ha emprendido un amplio estudio para profundizar en los peligros de los disruptores endocrinos. Raro es el mes que no se publica algún artículo en las más prestigiosas revistas científicas confirmando y profundizando los peligros de las sustancias químicas.

El mercado mundial de plaguicidas representó unos 2 millones de toneladas en 1999, e incluía 1.600 sustancias químicas. El consumo mundial continúa creciendo. Los plaguicidas son una clase especial de sustancias químicas por cuanto son biológicamente activas por diseño y se dispersan intencionadamente en el entorno. Hoy en día se usan en Estados Unidos 30 veces más plaguicidas sintéticos que en 1945. En este mismo periodo, el poder biocida por kilogramo de las sustancias químicas se ha multiplicado por 10. El 35 por ciento de los alimentos consumidos tienen residuos de plaguicidas detectables. Los métodos de análisis, sin embargo, sólo detectan un tercio de los más de 600 plaguicidas en uso. La contaminación de los alimentos por plaguicidas es a menudo muy superior en los países en desarrollo.

Recuperar Nuestro futuro robado

Defendernos de este riesgo requiere la acción en varios frentes con la intención de eliminar las nuevas fuentes de disrupción endocrina y minimizar la exposición a contaminantes que interfieren el sistema hormonal y que ahora están en el ambiente. Para ello se requerirá mayor investigación científica; rediseño de las sustancias químicas, de los procesos de producción y de los productos por las empresas; nuevas políticas gubernamentales; y esfuerzos personales para protegernos a nosotros y a nuestras familias. La agricultura ecológica, sin plaguicidas y otras sustancias químicas, es una alternativa sostenible y viable.

Con 100.000 sustancias químicas sintéticas en el mercado en todo el mundo y 1.000 nuevas sustancias más cada año, hay poca esperanza de descubrir su suerte en los ecosistemas o sus efectos para los seres humanos y otros seres vivos hasta que el daño está hecho. Es necesario reducir el número de sustancias químicas que se usan en un producto determinado y fabricar y comercializar sólo las sustancias químicas que puedan detectarse fácilmente con la tecnología actual y cuya degradación en el medio ambiente se conozca.

Estas sustancias no han alterado la huella genética básica que subyace a nuestra humanidad. Elimínense los disruptores de la madre y del útero y los mensajes químicos que guían el desarrollo podrán llegar de nuevo sin obstáculos. Pero la protección de la próxima generación de los disruptores endocrinos requerirá una vigilancia de años e incluso décadas, porque las dosis que llegan al feto dependen no sólo de lo que ingiere la madre durante el embarazo, sino también de los contaminantes persistentes acumulados en la grasa corporal hasta ese momento de su vida. Las mujeres transfieren esta reserva química acumulada durante décadas a sus hijos durante la gestación y durante la lactancia.

El sistema actual da por supuesto que las sustancias químicas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. El peso de la prueba debe actuar del modo contrario, porque el enfoque actual, la presunción de inocencia, una y otra vez ha hecho enfermar a las personas y ha dañado a los ecosistemas. Las pruebas que surgen sobre las sustancias químicas hormonalmente activas deben utilizarse para identificar a aquellas que plantean el mayor riesgo y para
eliminarlas del mercado. Cada nuevo producto debe someterse a esta prueba antes de que se le permita salir al mercado. La evaluación del riesgo se utiliza ahora para mantener productos peligrosos en el mercado hasta que se demuestre que son culpables. Las políticas internacionales y nacionales se deben basar en el principio de precaución.

Una política adecuada para reducir la amenaza de las sustancias químicas que alteran el sistema hormonal requiere la prohibición inmediata de plaguicidas
como el endosulfán y el metoxicloro, fungicidas como la vinclozolina, herbicidas como la atrazina, los alquilfenoles, los ftalatos y el bisfenol-A. Para evitar la generación de dioxinas se requiere la eliminación progresiva del PVC, el percloroetileno, todos los plaguicidas clorados, el blanqueo de la pasta de papel con cloro y la incineración de de residuos.

Sustancias químicas de efectos disruptores sobre el sistema endocrino

Entre las sustancias químicas de efectos disruptores sobre el sistema endocrino figuran:

· las dioxinas y furanos, que se generan en la producción de cloro y compuestos clorados, como el PVC o los plaguicidas organoclorados, el blanqueo con cloro de la pasta de papel y la incineración de residuos.

· los PCBs, actualmente prohibidos. Las concentraciones en tejidos humanos han permanecido constantes en los últimos años aun cuando la mayoría de los países industrializados pusieron fin a la producción de PCBs hace más de una década, porque dos tercios de los PCBs producidos en todas las épocas continúan en uso en transformadores u otros equipos eléctricos y, por consiguiente, pueden ser objeto de liberación accidental. A medida que van ascendiendo en la cadena alimentaria, la concentración de PCBs en los tejidos animales puede aumentar hasta 25 millones de veces.

· numerosos plaguicidas, algunos prohibidos y otros no, como el DDT y sus productos de degradación, el lindano, el metoxicloro (autorizado en España), piretroides sintéticos, herbicidas de triazina, kepona, dieldrín, vinclozolina, dicofol y clordano, entre otros.

· el plaguicida endosulfán, de amplio uso en la agricultura española, a pesar de estar prohibido en numerosos países.

· el HCB (hexaclorobenceno), empleado en síntesis orgánicas, como fungicida para el tratamiento de semillas y como preservador de la madera.

· los ftalatos, utilizados en la fabricación de PVC. El 95 por ciento del DEHP (di(2etilexil)ftalato) se emplea en la fabricación del PVC.

· los alquilfenoles, antioxidantes presentes en el poliestireno modificado y en el PVC, y como productos de la degradación de los detergentes. El p-nonilfenol pertenece a la familia de sustancias químicas sintéticas llamadas alquilfenoles. Los fabricantes añaden nonilfenoles al poliestireno y al cloruro de polivinilo (PVC), como antioxidante para que estos plásticos sean más estables y menos frágiles. Un estudio descubrió que la industria de procesamiento y envasado de alimentos utilizaba PVC que contenían alquilfenoles. Otro informaba del hallazgo de contaminación por nonilfenol en agua que había pasado por cañerías de PVC. La descomposición de sustancias químicas presentes en detergentes industriales, plaguicidas y productos para el cuidado personal pueden dar origen asimismo a nonilfenol.

· el bisfenol-A, de amplio uso en la industria agroalimentaria (recubrimiento interior de los envases metálicos de estaño) y por parte de los dentistas (empastes dentarios). Uno de los investigadores pioneros sobre los efectos del bisfenol-A es el médico español Nicolás Olea.

José Santamarta *

Referencias

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* José Santamarta es revisor y coeditor de la edición en castellano del libro Nuestro Futuro Robado, director de Gaia y de la edición en castellano de la revista World Watch.

Editorial Ecoespaña, España, 1997.

fuente www.webislam.com/articulos/30736-nuestro_futuro_robado_la_amenaza_de_los_disruptores_endocrinos.html

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Si el clima se disparara…

Las escalas de tiempo son un elemento crucial para apreciar la situación actual: el calentamiento que estamos viviendo se produce muy rápidamente en comparación con los fenómenos análogos del pasado. Estos se desarrollaban a lo largo de miles de años; nosotros, en cambio, transformamos el sistema climático en menos de doscientos años.

Pero, en vez de operarse de manera gradual, el cambio climático podría producirse de forma brutal. En pocas décadas, el clima podría aumentar varios grados, lo cual impediría una adaptación progresiva de las sociedades. Este descubrimiento de comienzos de la década de 1990 hoy se expresa de otra manera; una vez transpuesto un umbral –que los climatólogos sitúan alrededor de los 2 ºC de calentamiento-, el sistema climático podría dispararse de manera irreversible. En condiciones normales, la biosfera corrige de forma espontánea los desajustes que la afectan. Pero debido a la saturación de su capacidad de absorción, dicho proceso reparador podría dejar de operar. Estos son los mecanismos que podrían favorecer el aceleramiento del cambio climático:
• Gran parte del gas emitido por la humanidad es absorbido por la vegetación y los océanos: la mitad permanece en la atmósfera, un cuarto es absorbido por los océanos y el otro cuarto por la vegetación. Por eso, solemos decir que los océanos y la vegetación continental son ‘pozos de gas carbónico. Ahora bien, estos pozos podrían saturarse. En ese caso, una parte muy grande del gas carbónico emitido, o incluso su totalidad, permanecería en la atmósfera, acelerando aún más el efecto invernadero. Los océanos y la vegetación podrían, incluso, comenzar a expulsar el CO2 almacenado anteriormente. Como si esto fuera poco, la deforestación continuada podría transformar los bosques tropicales, que aún funcionan como pozos, en claros emisores de carbono.
• Las regiones ártica y antártica se recalientan. Un conjunto de observaciones y cálculos llevan a los glaciólogos a pensar que Groenlandia y el continente antártico podrían fundirse rápidamente, lo que provocaría una elevación del nivel del mar más alta de lo previsto en 2001 por el GIEC: éste preveía medio metro de elevación para fines de siglo, pero habría que lidiar con un aumento de dos, tres o más metros.
• Los hielos – como toda superficie blanca- reflejan los rayos del sol y limitan, así, el calentamiento de la superficie terrestre. Es lo que se llama ‘albedo’. Pero el derretimiento progresivo de los hielos reduce el albedo y, por ende, la limitación del calentamiento, lo cual termina estimulándolo.
• Del mismo modo, el calentamiento de las latitudes altas, al parecer más acentuado que en el resto del planeta, tendría como consecuencia el descongelamiento del permafrost o pergelisol: una capa de tierra congelada, principalmente en Siberia, que recubre más de un millón de kilómetros cuadrados y tiene 25 metros de profundidad. Se estima que el pergelisol almacena 500 mil millones de toneladas de carbono, que liberaría su se descongelara.
• Los fenómenos aquí descriptos conservan un carácter hipotético. Pero muchos estudios permiten pensar que podrían concretarse. Por ejemplo, un grupo de investigadores ha demostrado que durante el calor extremo del verano de 2003, la vegetación de Europa, en vez de absorber gas carbónico, liberó cantidades importantes de éste. Otros investigadores han demostrado que el permafrost estaba comenzando a descongelarse: si esto continúa “de acuerdo con la tasa observada -escriben los autores-, todo el carbono recientemente almacenado podría liberarse en el lapso de un siglo”. Por otra parte, algunos análisis recientes estiman que los modelos climáticos han subestimado la interacción entre los gases de efecto invernadero y la biosfera, lo cual lleva a la conclusión de que el calentamiento será más importante de lo que preveía el GIEC en su informe de 2001. Estos elementos explican por qué la comunidad científica no excluye la posibilidad de un muy rápido aumento de la temperatura medio del globo hasta niveles insoportables.

“Un calentamiento de 8 grados en un siglo es muy poco probable, pero deja de serlo en un período de dos siglos si utilizamos todo el petróleo, desarrollamos la producción de esquistos bituminosos y quemamos la mitad del carbón”, dice preocupado Stephen Schneider, de la Universidad de Stanford, Estados Unidos. De hecho, el GIEC, en su cuarto informe, publicado en 2007, estima que el calentamiento podría superar el nivel máximo de 5,8 ºC anteriormente previsto.

Algo nunca visto después de los dinosaurios

Aunque es menos conocida que el cambio climático, la crisis de la biodiversidad mundial no es menos preocupante. Su más claro indicador es la desaparición de determinadas especies de seres vivos. El ritmo de esta desaparición es tan rápido que la expresión ‘sexta extinción’, que remite a las cinco mayores crisis de extinción de especies que ha sufrido el planeta antes de la aparición del hombre, se ha vuelto oficial: “Hoy, somos responsables de la sexta mayor extinción en la historia de la Tierra, la más importante después de la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años”, afirma el Informe de Biodiversidad Global, presentado en 2006 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Biodiversidad, en Brasil.

Todos los años, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza publica su ‘lista roja’ de especies en peligro: en 20006, de las 40.177 especies estudiadas, 16.119 están en peligro de extinción. “Una reducción sustancial de la abundancia y la diversidad de la fauna afectará entre un 50 y un 90% de la superficie si el crecimiento de la infraestructuras y la explotación de los recursos terrestres continúan a este ritmo”, según las previsiones del centro de investigación Globio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Aquí, una vez más, la velocidad a la que la humanidad ha transformado el medio ambiente, comparada con las anteriores evoluciones de la Tierra, es sideral; los expertos coinciden, al igual que Michel Loureau, en que la tasa de extinción de las especies debería superar por miles de veces la tasa natural registrada por la historia geológica, es decir, por el estudio de los fósiles.

La principal causa de la desaparición de las especies es la degradación o la destrucción de los hábitats. Ésta ha adquirido, desde hace medio siglo, un ritmo frenético: según el Millenium Ecosystem Assessment –un informe elaborado por más de 1300 científicos de todo el mundo-, desde 1950 se han convertido más tierras para la agricultura que en los siglos XVIII y XIX; desde 1980, hemos perdido el 35% de los manglares (bosques húmedos de las cosas tropicales), así como el 20% de los arrecifes de coral; la producción de nitrógeno de la humanidad supera la de todos los procesos naturales, mientras que la cantidad de agua retenida en las grandes represas excede entre tres y seis veces la que contienen los ríos. “En los últimos treinta años, hemos conocido cambios más rápidos que en toda la historia de la humanidad”, resume Neville Ash, del Centro Mundial para la Observación de la Naturaleza (UNEP-WCMC), en Cambrigde, Gran Bretaña. Según los investigadores de Globio, un tercio de la superficie terrestre se ha convertido en tierra agrícola, pero más de otro tercio está en vías de transformación agrícola, urbana o de infraestructuras.

Esta artificialización no sólo se da en países en vías de desarrollo que buscan satisfacer sus inmensas necesidades. También los países ricos derrochan el espacio sin consideraciones. En Francia, señala el Manifiesto para los Paisajes lanzado en 2005, “el desarrollo urbano, por lo general, va de la mano con consumo irracional del capital territorial que, sin embargo, constituye una fuente no renovable: desde 1945, se han duplicado las superficies urbanizadas y, durante esta última década, se ha registrado un aumento del 17% de las superficies artificializadas, mientras que la población sólo ha aumentado un 4%”.
El medio vivo en su conjunto se ve afectado por esta crisis de la biodiversidad. Actualmente, casi todos los medios naturales del planeta se encuentran en estado de alteración. De hecho, los científicos del Millenium Ecosystem Assessment advierten que “la actividad humana ejerce una presión tal sobre las funciones de los ecosistemas a las demandas de las generaciones futuras ya no está garantizada.”

Las consecuencias de la pérdida de la biodiversidad son difíciles de evaluar. Los naturalistas esperan efectos de umbral, es decir, reacciones brutales de los ecosistemas ante la producción de ciertos desequilibrios: “La biodiversidad puede compararse con un juego de palillos chinos y sus pérdidas, con los palillos que se van retirando – dice Jacques Weber, director del Instituto Francés de Biodiversidad-. Si retiramos uno o dos, nada se mueve. Pero, un día, todo el montón podría derrumbarse sobre sí mismo”. El Millenium Ecosystem Assessment expresa la misma idea en otros términos: “La maquinaria viva de la Tierra tiende a pasar de un cambio catastrófico sin previo aviso (…) Una vez que se alcanza determinado punto de quiebre, para los sistemas naturales puede resultar difícil, incluso imposible, volver a su estado anterior”. En efecto, como en el caso del cambio climático, los científicos comienzan a temer que se atreviese un umbral más allá del cual se desatarían fenómenos de degradación brutales y irreversibles.

Todos somos salmones

A la transformación de los hábitats por medio de procesos de artificialización o destrucción se suma una contaminación general que, según todos los indicadores, se encuentra en aumento. El mayor ecosistema del mundo, a saber, el conjunto de los océanos, hoy se está degradando de forma notoria. “Es víctima de un deterioro sin precedentes”, resume Jean-Pierre Féral, del CNRS. La masa oceánica, que cubre el 71% de la superficie terrestre y que, hasta ahora, se consideraba como un pozo sin fondo, comienza a mostrar sus límites para digerir los residuos de la actividad humana. El estancamiento y, luego, la reducción del volumen de pesca son el síntoma más visible de dicho empobrecimiento de los océanos: la cantidad de especies de peces sobreexplotadas se ha incrementado del 10%, en la década de 1970, al 24% en 2002, mientras que el 52% se encuentra en el límite máximo de explotación. Mientras que la degradación antes afectaba sobre todo las aguas costeras, hoy afecta todo el conjunto de los océanos: por ejemplo, se estima que, en cada kilómetro cuadrado de océano, flotan 18.000 trozos de plástico; en el centro del Pacífico, ¡se calculan 3 kilogramos de residuos cada 500 gramos de plancton! La alta mar y los fondos oceánicos, que albergan una biodiversidad muy importante, están comenzando a ser explotados y perturbados por la pesca, la investigación de nuevas especies, la búsqueda de petróleo, etc.

Entre el vasto océano y los lagos de Alaska, tiene lugar una de las historias más desoladoras y simbólicas sobre lo que le hemos hecho al planeta. Al final de su vida, los salmones salvajes regresan a desovar a los cientos de lagos de ese Estado. Depositan allí los huevos, mueren y sus cuerpos van a parar al fondo del lago, adonde su instinto los ha llevado de vuelta. Un grupo de investigadores canadienses tuvo la idea de recolectar y analizar los sedimentos de algunos de esos lagos, sedimentos compuestos en gran medida por los cadáveres de estos grandes peces migratorios. Para su sorpresa, descubrieron que los sedimentos analizados contenían más PCB (policlorobifenilos) de los que deberían haberse hallado en el lago por el sólo hecho de la decantación atmosférica. El PCB es un agente contaminante químicos muy persistente, que se ha utilizado en grandes cantidades durante muchas décadas en el siglo XX. El exceso de PCB en los lagos proviene de los cadáveres de los peces. De este modo, los salmones salvajes contaminan los lagos inmaculados de las zonas más recónditas de Alaska.

¿A qué se debe esto? El PCB está diseminado en cantidades ínfimas por todo el océano. Durante sus peregrinaciones al norte del Pacífico, los salmones acumulan policrorobifenilos en sus grasas: mientras que en el océano encontramos menos de 1 nanogramo por litro, el pez alcanza un nivel de concentración de 2.500 nanogramos por cada gramo de grasa del animal. Los salmones “actúan, así, como bombas biológicas”, acumulando la materia tóxica y regresando a contaminar el lago… y a su descendencia.

Pero todos somos salmones: en cuanto seres ubicados en la cima de la cadena alimentaria, nuestros organismos acumulan los agentes contaminantes ampliamente diseminados en la biosfera por nuestras tan indispensables “actividades humanas”. Y así como los salmones de Alaska contaminan hijos ya desde su nacimiento. En Alemania, donde desde hace años varios organismos analizan regularmente la leche materna, se observó que ésta contenía hasta 350 tipos diferentes de agentes contaminantes. Pero esos venenos no se encuentran sólo en la leche materna. Todos los análisis del suero sanguíneo efectuados en los países desarrollados muestran, también, que los adultos están contaminados, en pequeñas dosis, por cierto, por una amplia gama de productos químicos.

Aunque no se ha determinado con exacti tud en qué medida la contaminación química generalizada afecta la salud de las personas, una cuestión vinculada con este tema preocupa, desde hace unos diez años, a los especialistas en reproducción. Se ha observado un aumento de los trastornos de la reproducción (disminución de la cantidad de espermatozoides, cáncer de testículos, aumento de la esterilidad, etcétera). ¿Puede atribuirse a la contaminación por productos químicos, catalogados como ‘perturbadores endócrinos’, pues desarreglan el sistema hormonal? Cada vez más índices nos orientan en esa dirección. Por ejemplo, una investigación publicada a comienzos de 2006 estableció la relación entre la exposición a bajar dosis de insecticidas y la reducción de la fertilidad en los hombres examinados. Otro factor explicativo -¿suplementario?- podría ser la contaminación atmosférica, sobre la cual muchos estudios indican que afecta la reproducción humana.

De forma más global, los científicos discuten sobre el vínculo entre la contaminación de los individuos (causada por los productos químicos que absorben a través del agua, los alimentos o la atmósfera) y el aumento regular de los cánceres.

En efecto, los demógrafos y especialistas en salud pública están comenzando a considerar que la prolongación de la esperanza de vida –uno de los indicadores del progreso humano más reconocido- podría detenerse próximamente. La duración de la vida humana incluso podría acortarse. Los responsables serían la contaminación química –“hace tan sólo treinta años que estamos expuestos cotidianamente a centenares de productos químicos cuya producción masiva data de los años 1970 o 1980”, observa Claude Aubert-, una alimentación desequilibrada y sobreabundante, la exposición a la contaminación atmosférica, radioactiva y electromagnética, y hábitos de vida demasiado sedentarios (televisión y automóvil). (…)

Hervé Kempf

Extraído de Hervé Kempf, Cómo los ricos destruyen el planeta, ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2007

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La recolonización en marcha acelera el paso

I “Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”. Con esa sentencia, el blog El Muerto cubrió el acuerdo y el festejo con que representantes oficiales de Uruguay y EE.UU., como entidades soberanas e iguales, seguramente, han firmado, en realidad registrado el obsequio que los militares estadounidenses le han hecho al SINAE (Sistema Nacional de Emergencias), del Uruguay.

El título de la excelente presentación es acorde: “Las catástrofes llegaron para quedarse en Uruguay”. Elija el lector a qué tipos de catástrofes se refiere.

La ceremonia de ofrenda ha recogido las palabras del señor prosecretario de la presidencia del país, un sonriente Diego Cánepa, que se lo adivina joven pero sin embargo ya nutrido de una excelente filosofía política y al parecer profundos conocimientos geopolíticos e históricos.

En estrecha consonancia con la señora o señorita embajadora de EE.UU. en Uruguay, Julissa Reynoso, quien en plena ceremonia de celebración por semejante donación aclaró que ambos países eran “socios y cómplices”. No alcanzó a aclarar si la complicidad llegaba a los estragos que los drones estadounidenses provocan en la población civil paquistaní, afgana, somalí o sudanesa o alcanzaba a la política de apoyo al etnocidio medido y programado que el Estado de Israel ejercita sin pausa con el apoyo de “la máquina de desigualdades” que es EE.UU. -Sheldon Wolin (1)- sobre los oriundos palestinos no judíos… en fin, el momento, no estaba para precisiones sobre el alcance de tan simpática y traviesa expresión.

Sabemos que los cuerpos de seguridad de EE.UU. han generado una especial protección para con “el paisito” expresada en la construcción también manu militari de la clínica médica en Santa Catalina, atrás del Cerro, en la asistencia docente de los SEAL al FUSNA, en las manos de pintura que los fornidos brazos marineros de la Armada de EE.UU. le han prodigado al Hospital Maciel…

Estimo que Uruguay es un país que se arregla con poco, unas minucias en la geopolítica de Public Relations de EE.UU., que por su carácter servicial y solidario con todo el planeta, asiste la mayor cantidad de países o estados posibles (algunos, como Corea del Norte o Irán, no suelen participar de ese jolgorio; otros como Afganistán, Irak, Panamá, la República Dominicana, México no suelen agradecerlo).(2)

Para entender la dimensión de lo actuado, nos introduciremos, amigo lector, si a usted también le interesa, en el pensamiento profundo del eximio Cánepa. Copio textualmente la frase que, entre comillas, reproduce El Muerto:
“Se reincidió porque consideramos legítimamente, y la inmensa mayoría de los compañeros lo entendió, mantener una excelente relación con Estados Unidos, lo que no quiere decir que no tengamos opiniones críticas sobre la historia de lo que hizo como un imperio.”

La “reincidencia” a que alude, aclaremos: al gobierno frenteamplista anterior se le generó el episodio de Santa Catalina, que, provocó alguna resistencia en quienes no captaron el sentido profundo de ser asistidos por militares estadounidenses para curar enfermedades y daños muchos de los cuales son consecuencia de las políticas por las cuales desde EE.UU. disponen de bienes, materiales e inmateriales, ajenos, lo cual perjudica países periféricos como Uruguay, precisamente. Reincidencia suele ser la palabreja más común para designar la comisión de otro delito, una vez cometido un primero. ¿La coincidencia puede ser la explicación de esta reincidencia?

Observemos que Cánepa nos aclara que mantener una relación excelente con EEUU no se contradice con tener opiniones críticas contra cosas que habría hecho ese estado como imperio.
Porque, a diferencia de Marx,(3) Cánepa se nos presenta como hombre de principios:
“Nuestra opinión de la historia de Estados Unidos en América Latina es muy clara, no se modifica.”
¡Epa! Y continúa:
“Pero esto no tiene nada que ver con las responsabilidades institucionales del gobierno y la nueva etapa que se vive.”
¿No tiene nada de nada que ver? ¿Seguimos pensando que es un imperio y como tal racista y colonialista que ha esquilmado todo lo que ha podido a América Lapobre, con el garrote cuando ha sido necesario, como bien lo ha aplicado el simpático Teddy Roosevelt en sus buenos tiempos de amigote con cuanta dictadura latina pudo convivir o crear. O con sedados sistemas de control tecnológico, excepcionalidad jurídica –como por ejemplo el derecho que sus autoridades atribuyen a todo soldado estadounidense a no rendir cuenta de sus actos o delitos en ninguna nación del orbe, fuera de “sus” fronteras−; leyes y reglamentaciones económicas de dumping o bloqueo según los casos; deudas externas en buena medida inventadas y el juego de la maquinita de Fort Knox mediante el cual todos jugamos a la dependencia a una moneda que se volatilizó en 1970, cuando desde EE.UU. se decreta la inconvertibilidad del dólar, es decir la pérdida de todo respaldo material o económico, o mejor dicho, el pasaje al respaldo pretoriano (y mediático, claro: siempre están los “por las buenas” o “por las malas”, y reservamos las benedetianas “por las peores” a su uso in extremis).
“No tiene nada que ver.” Si la historia de EE.UU. como imperio y su presente como imperio actuante no tiene nada que ver, ¿no tiene nada que ver con qué?
Pero, claro, Cánepa viene en nuestra ayuda, para que resignifiquemos lo que vemos:
“Tenemos una relación adulta de mutua confianza.”

II

Un punteo que procure “ver” esta cruda y efectiva realidad del Uruguay actual.

1. EL TIEMPO: LO QUE FUIMOS, LO QUE SOMOS.

Repasar, con vergüenza ajena, este episodio es aleccionador en varios aspectos. Nos permite medir el abismo histórico y cultural que separa el país del Ariel de José Enrique Rodó en la primera década del siglo XX, pasando por el antiimperialismo militante de Carlos Quijano y la Agrupación Nacionalista Demócrata Social de las décadas del ’20 y ’30, por la “generación crítica” que Ángel Rama visualizara hacia mediados del siglo pasado, que “culminara” con la izquierda en la calle desde los ’50 a los ’70 (“con un golpe de estado no nos moverán… y quien lo quiera que haga la prueba”…) hasta este otro Uruguay pasado por la máquina de la dictadura militar, pero también por el delirio que empezó como ensueño y terminó como pesadilla como fue la guerrilla guevarista, y fundamentalmente, antes, por el apoltronamiento batllista que fabricó una capital moderna de espaldas a un “interior” semifeudal, como si nuestro pequeño tamaño permitiera hacer dos países (dos realidades).

Ahora tenemos funcionarios como Cánepa. Para quien, sin duda, la historia de los contracursos antinstitucionales de 1968, por ejemplo, ni existen y si existen no entiende su significado y si llegara a entender su significado pertenece a un pasado remotísimo… como 40 años. En política, ya 20 años es mucho, a diferencia de los que nos pasa a los humanos (tangueros o no), afectivamente considerados.

2. EL ESPACIO: LAS DIFICULTADES REGIONALES

Sabemos las dificultades situacionales de un país como Uruguay, enclavado entre dos gigantes, Argentina y Brasil.

Una vez más el proyecto artiguista revela un aspecto muy valioso, contrafáctico, ya inútil: si el Cono Sur atlántico hubiese tenido cuatro estados más parejos entre sí, un Paraguay no despedazado, una Liga Federal vertebrada sobre el río Uruguay, con las Misiones (ahora brasileñas y argentinas), una Argentina tucumana o porteña o más bien porteño-tucumana, un Brasil sin Río Grande do Sul, por tanto tiempo separatista respecto del Ordem e Progresso, otro equlibrio geopolítico existiría.

El Mercosur es, en cambio, una alianza (comercial) totalmente fuera de equilibrio entre dos países que totalizan el 95 % de la producción y otros dos que a gatas alcanzan el otro 5 %.
Ésa es la realidad regional. Con un agravante: son los países chicos, como Ecuador, Uruguay, Paraguay, los que América del Sur se achican. Fundamentalmente para mayor acopio territorial de los estados mayores: la Guerra de la Triple Alianza, el Tratado de Límites entre Uruguay y Brasil en 1855, la pretensión de la cancillería argentina de “costa seca” para sus vecinos acuáticos, el agrandamiento de Perú y el respectivo achicamiento de Ecuador disputando la Amazonia a lo largo de buena parte del siglo XX, la toma del islote Timoteo Domínguez, en la década del ’60 en el Río de la Plata…

Esa geopolítica explica la dificultad que tienen países como Uruguay y Paraguay para respaldarse regionalmente. Pero de ahí a entrar en una dependencia “alegre” y amistosa con “el imperio” como con desenfado denomina Cánepa, el plenipotenciario de Mujica, al sheriff mundial, hay un salto, un acrobático salto mortal, en un circo –el mundo– que no usa red.

Los dirigentes del Paraguay han admitido, seguramente con regocijo, una base militar norteamericana con capacidad para 15 mil soldados. En Mariscal Estigarribia, una población de pocos miles de habitantes. Pongamos 4 mil. 2 mil mujeres. Tratemos de imaginar, apenas un minuto, qué significará eso, socialmente, para la población de Estigarribia y alrededores. Para sus mujeres y niñas (y niños).

Intuimos que para Cánepa 20 años es casi una era geológica. Pero hace menos de 30 años, hondureños denunciaban con rabia e impotencia como les había ingresado el SIDA-SADI: era la época en que Honduras y su gobierno títere funcionaba como el portaaviones yanqui centroamericano: la plaga se registró primeramente entre mujeres y sobre todo niñas vecinas a una enorme base estadounidense; la de Palmerola. La fuente de contagio era obvia: soldados estadounidenses que saciaban sus apetitos sexuales comprando sexo por alimentos o chocolate o violando directamente. Estaban de tránsito: habían venido de no se sabe dónde, y luego se marchaban a otro destino. No atinaban a ubicar donde se habían contagiado y, por supuesto, menos, mucho menos si ellos habían contagiado…

Por eso, rendirse al imperio, al ejército del imperio planetario repugna a quien conoce dos hilachas de historia e incluso, pragmáticamente, no resulta una jugada brillante…
Uruguay, como Paraguay debe romper su enclave regional. Pero es más sensato tender nexos y redes con Sudáfrica al otro lado del Atlántico, con Venezuela en el norte sudamericano… ¿con Finlandia, Islandia, Jamaica?… buscar todos los vínculos posibles sin ceder soberanía, ni siquiera con complaciencia, como cómplices con quienes no pueden ni saben ni quieren respetarte. Public Relations al margen, claro.

3. AMERICANIZATION

EE.UU., mejor dicho la entente imperial, que rige el mundo cada vez más netamente se encuentra en un doble proceso. Como muy bien señala Sheldon Wolin: “El poder estadounidense está siendo cuestionado en todo el mundo, su dominio imperial se está debilitando, que su hegemonía económica es cosa del pasado [… y agrega nuestro autor:] ese fracaso deja intacta las tendencias hacia el totalitarismo invertido (4) [con tales palabras define Wolin la modalidad vigente del poder con centro en EE.UU.].

Pero a la vez, la decena de drones con que se abrió el siglo XXI, se convirtieron en miles hace pocos años y en la actualidad el aparato militar estadounidense cuenta con decenas de miles.

En los últimos cuatro años, ocho países musulmanes tienen pérdidas de vida a manos de ataques de EE.UU. u Occidente (en algunos casos, cuantiosas; en casi todos, sin que los militares yanquis hayan puesto el cuerpo).

Momento crucial: uno puede ver a la vez signos de endurecimiento y brutalización política cada vez mayores, como puede ser el trámite habido en Sudán, el desmantelamiento de un régimen cesarista en Libia, el arrasamiento de Irak y lo que ha significado esa invasión en términos históricos, arqueológicos, agrícolas y, sobre todo humanos (no hay recuento de los iraquíes asesinados o directamente muertos a causa de la acción “liberadora” y “democratizadora” de EE.UU.: todos las maníacos estadísticos yanquis han rehuido esa tarea) pero ver también signos, como los señalados por Wolin, de inminente debilitamiento, de crisis profundizándose.

Los discursos presidenciales de Obama comunican un afianzamiento; para eso se escriben, pero también los trabajos de los think tanks: “Rebuilding America’s defenses. Project for the New American Century”, 2000. El título es revelador. Se sienten los dueños del tiempo. Plena vigencia de aquel pensamiento tan optimista de la segunda posguerra resumido por H. Truman, el presidente que ordenó hacer caer las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki:

El bueno del presi ofrece la fórmula para que a todo el mundo le vaya bien, “salvarse” como decía bíblicamente: “Todo el mundo adoptar[a] el sistema estadounidense.” “Porque el sistema estadounidense” sólo podría sobrevivir “convirtiéndose en un sistema mundial”.(5)

Para esa universalización del american way of life, Israel es primordial. Pero a su manera, regionalmente, otras perlas destacadas de ese collar sobre el pescuezo planetario son Uruguay, Costa Rica, Filipinas, Corea del Sur, Singapur, Reino Unido, Canadá y un largo etcétera.

La cuestión es si nos aceptamos así. Como nos quiere el amo.

Luis E. Sabini Fernández
luigi14@gmail.com

notas:
1) Democracia S.A., Editorial Katz, Madrid, 2008.
2) Entre las minucias del paísito podría considerarse el costo, asombroso, del galpón de chapa erigido para recibir la donación; algunos cientos de colchones, almohadas, frazadas, chapas de zinc, botas y otros calzados… lo depositado más el depósito propiamente dicho, ha costado casi medio millón de dólares. Es decir, los militares donantes han informado que ése es el monto desembolsado. Confiemos en la contabilidad castrense estadounidense y que así como han sido tan generosos con el Uruguay no hayan sido igualmente generosos con los proveedores…
3) Groucho.
4) Ob. cit.,, p. 362.
5) Ob. cit., p. 329. Entrados al s. XXI, vimos a A. Negri y M. Hardt predicando algo similar, sólo que autocalificándose de izquierda. Imperio, Paidós, Buenos Aires, 2002.

fuente http://argentina.indymedia.org/news/2013/02/832050.php

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Sobre el azúcar

1. Introducción

Lo que ocurre con el azúcar moreno es difícilmente comprensible. Este residuo no tiene la pureza del azúcar blanco (ni por tanto su efecto psicotrópico) y sí en cambio infinidad de productos perjudiciales acumulados durante su procesado industrial. No obstante goza de alta estimación entre muchos ecologistas y naturistas, que creen que es mejor que el azúcar blanco.

En este artículo proponemos abandonar el uso de cualquier tipo de azúcar, sustituyéndolo por la miel y derivados de la fruta. Además, a la hora de comprar dulces y otros productos industriales proponemos escoger siempre los que estén preparados con edulcorantes artificiales.

2. Contexto histórico

En la antigüedad no se conocía el azúcar en la forma actual. El sharkara de los documentos sánscritos se refiere más bien a la costra dulce que se formaba en la corteza de la caña, y que constituía un codiciado objeto de comercio exótico. En el S. V los persas comenzaron a concentrar y refinar este jarabe (sakar) para facilitar su comercio; los cristales se empleaban principalmente como remedio de enfermedades. Los griegos le llamaron sakjar; que es la palabra de la que derivan la mayoría de los nombres con los que conocemos a este producto en Europa: sucre, zucchero, sugar, azukrea…

Según Wiliam Duffy [1], el azúcar es el producto que más ha influido en la historia de Europa. Relaciona, por ejemplo, la reactivación de las Santas Cruzadas en el S. XIV con el comercio de este producto; más concretamente con la lucha por apropiarse de la materia prima.

Noel Deer analiza una cosa más evidente: la relación entre la industria azucarera y el esclavismo. Según los cálculos de este historiador en estos oscuros años se secuestraron unos 20 millones de personas en África, vendidas a cambio de azúcar. Y además:
– En el S. XIV el sumo pontífice cristiano bendijo el comercio de esclavos. De esta forma comenzaron a emplearse como mano de obra en las plantaciones de caña de Madeira y Canarias.
– Alrededor de 1500 se construyó la primera refinería industrial en Amberes. Allí se procesaba la caña proveniente de Portugal, Canarias, Brasil, España y Costa de Marfil y después el azúcar se vendía a Alemania, Inglaterra y Europa del este. Para hacerse una idea de la cantidad de dinero que generaba este comercio en forma de tributos, valga el dato de que el emperador Carlos de Habsburgo pagó sus palacios de Madrid y Toledo con los impuestos del azúcar.
– Sobre 1560 Inglaterra también comenzó a impulsar la industria azucarera en sus colonias del Caribe. Fueron los esclavos los primeros en hacer licor del zumo de la caña (ron), siendo sus amos ingleses quienes le sacaron el máximo rendimiento.
– Para 1660 el comercio del azúcar y el ron se había vuelto tan rentable que el Imperio Británico tomó medidas para mantener su control, prohibiendo la venta de productos coloniales fuera de sus fronteras.
– A mediados del S. XVIII el Imperio Francés entró en el mercado del azúcar convirtiéndolo en su principal artículo de exportación. Pese a ello, el filósofo Claude Adrien Helvetius lo criticó por estar sustentado sobre la esclavitud.
– En 1812 Benjamin Delessert desarrolló un método para extraer azúcar de la remolacha. Napoleón le condecoró por ello y ordenó la plantación de este vegetal en toda Francia. Un año después este país produjo 4.000 toneladas de azúcar; y aprovechando el desprestigio social de la esclavitud proclamaron su abolición.
– La compañia British East Indian también aprovechó la situación para colocar letreros que decían “azúcar hecho sin mano de obra esclava” en sus barriles, aun cuando ellos seguían utilizándola.
– En el S. XIX también los EEUU entraron con fuerza en el negocio del azúcar gracias a tres inventos: la máquina de vapor, el método para hacer carbón a partir de huesos de animales y la olla a presión. Fue entonces cuando apareció el azúcar refinado tal como lo conocemos hoy.
– 1865 fue el final oficial del sistema esclavista en los EEUU, y por ello a partir de entonces las plantaciones de caña se trasladaron a Cuba.

Como podemos ver, muchos acontecimientos han tenido que ver con el azúcar, tanto directa como indirectamente. Paralelamente el consumo ha crecido sin cesar: en 1800 no se producían en todo el mundo más de 250.000 toneladas; en 1900 la producción había subido a 10.000.000 toneladas; y en el año 2000 se producían más de 92.000.000 toneladas al año. La principal razón de este crecimiento es la demanda de los países ricos. Sin duda estamos hablando de un enorme volumen de negocio y gran cantidad de puestos de trabajo; razones de peso para que no se quiera hablar mucho de los perjuicios del azúcar para la salud.

3. Glosario

Como con la palabra azúcar podemos referirnos a más de una cosa, conviene que aclaremos ciertos conceptos:
– Azúcar blanco: en el tratamiento industrial de la caña o la remolacha la pasta vegetal se procesa tres veces. En la primera ocasión se extrae la sacarosa más pura, el azúcar blanco que podemos encontrar en las tiendas (99% sacarosa).
– Azucar moreno: residuo que resulta de la producción de azúcar blanco, más oscuro según el grado de impureza.
– Etiquetas orgánico, integral, ecológico, biológico: en el caso del azúcar no son fiables por ambiguas. Pueden referirse tanto al tipo de cultivo de la planta original como a su comercialización (comercio justo, etc). Deberemos fijarnos no tanto en estos adjetivos como en el sistema de producción.
– Panela o rapadura: son el mismo producto (entero o molido), es decir, azúcares sin refinar resultado del cocimiento artesanal del jugo de caña.

Expliquemos a continuación con más detalle estos productos, así como otros edulcorantes que no provienen de la remolacha y la caña.

4. Tipos de edulcorantes

4.1 Azúcares
4.1.1 Azúcares industriales

La caña de azúcar es un alimento natural y saludable. Los trabajadores de las plantaciones tienen la costumbre de masticar pedazos de caña durante el trabajo; pese a consumir un promedio de unos dos kilos al día, en el análisis practicado en Sudáfrica a 2000 trabajadores no aparecieron niveles preocupantes de glucosa en orina. Algo parecido sucede con la remolacha: no hay problema si se consume en su estado original.

El problema se crea con el agresivo procesado industrial de la caña [2] y la remolacha [3], que tras extraer el zumo procede a concentrarlo y “aclararlo” con productos químicos, perdiendo en el camino oligoelementos y propiedades beneficiosas hasta quedar en pura sacarosa (99% en el azúcar blanco). Este ciclo se repite una y otra vez, obteniendo cada vez un azúcar más oscuro según el grado de impurezas que contenga. Tras este proceso quedan dos productos residuales:
– Azúcar moreno o de tercera: 94% de sacarosa.
– Melaza: líquido que contiene un 30% de sacarosa que no se puede cristalizar. Tradicionalmente se empleaba como alimento del ganado y para fabricar combustible.

4.1.2 Azúcares artesanales

Los azúcares artesanales están relacionados con las culturas tradicionales. En general provienen de la cocción simple del zumo de la caña, buscando su solidificación por evaporación del agua. Podemos encontrarlos en muchos lugares del mundo con diferentes nombres:
– América: panela [4], rapadura, atado dulce, chancaca, empanizao, papelón, piloncillo o panocha.
– India-Pakistán: gur o jaggery.
– Islas Mauricio: mascabado, mascabo, muscovado.
– Guayana: demerara.

Los productos obtenidos de esta forma presentan aproximadamente un 80% de sacarosa y frente al azúcar blanco conservan alguna cualidad dietética al contener glucosa, fructosa, proteínas, minerales (Ca, Fe, P), vitamina C… A pesar de que no son tan perjudiciales para la salud, en sus países de origen han conocido un paradójico retroceso ante la introducción del azúcar blanco.

4.2 Otros edulcorantes industriales

Se emplean principalmente en la producción industrial de alimentos; su característica principal es su bajo aporte calórico en comparación con el azúcar. Éstos son los más habituales.

4.2.1 De origen natural

Extraídos de alimentos o plantas:
– Dulcitol o galactitol: derivado de la leche o la planta melampyrum nemorosum.
– Esteviósido: extracto de la planta stevia rebaudiana.
– Fructosa o levulosa: a pesar de que puede obtenerse de la fruta y la miel, habitualmente se extrae del maíz.
– Isomaltitol: mezcla de los alcoholes llamados glucomanitol y glucosorbitol, extraídos del azúcar industrial.
– Lactitol: polialcohol.
– Maltitol: alcohol extraído del almidón.
– Manitol: polialcohol extraído del azúcar llamado manosa.
– Neohesperidina dihidrocalcona: derivado de la naranja amarga.
– Sucralosa: también conocido como Splenda. Producto de modificar la sacarosa introduciéndole cloro.
– Taumatina: extracto del arbol africano llamado katemfe.
– Xilitol: alcohol derivado de la madera de abedul.
– Sorbitol o glucitol: a pesar de que antes se extraía de la planta sorbus aucuparia, actualmente se produce a partir de la glucosa.

4.2.2 De origen artificial

Se sintetizan en laboratorio:
– Acesulfamo potásico.
– Arabitol, lixitol o arabinitol: polialcohol obtenido de la reducción de la arabinosa o la lixosa.
– Aspartamo: producto a base de acido aspártico, fenilalanina y metanol.
– Ciclamato.
– Eritritol: polialcohol producido por levaduras al actuar sobre la glucosa.
– Neotame.
– Sacarina: sintetizada en 1879 a partir del carbón, originó fuertes protestas de la industria azucarera achacándole perjuicios para la salud. Actualmente se produce a partir del petróleo.

4.3 Edulcorantes naturales

Denominamos así a los edulcorantes que requieren un procesado mínimo para su uso:
– Miel: además de ser un poderoso edulcorante natural tiene gran valor nutritivo con minerales (Ca, Fe, P), aceites esenciales y balsámicos, ácido fórmico, vitaminas, glucosa, fructosa, diastasas, dextrina, albúminas…
– Stevia rebaudiana: planta originaria de Paraguay y Brasik, empleada por los indígenas como edulcorante. Comenzó a cultivarse extensivamente en 1964, pero los estados que producen azúcar han puesto muchos obstáculos a su comercialización (en Europa todavía está prohibido su empleo en la industria alimentaria).
– Fruta seca.

5. Efectos del azúcar sobre el organismo

En este apartado nos referimos únicamente a los efectos de la sacarosa (azúcar de cualquier color) extraído de la caña o la remolacha. Dejaremos los otros edulcorantes –naturales como industriales- para el final.

El Dr. Robert Boesler denunció ya en 1912 la relación del azúcar con el aumento de casos de escorbuto, diabetes, hipoglucemia, hiperactividad y esquizofrenia; según él, estas enfermedades crecieron cuando el azúcar pasó de ser un producto de lujo al consumo masivo. En 1929 el Dr. Frederick Banting (descubridor de la insulina) quitó importancia al papel de la insulina en la curación de la diabetes, señalando como clave del tratamiento la retirada del azúcar, causa principal de la diabetes. También fue en la década de los 20 cuando se relacionaron los transtornos del comportamiento infantil con el consumo de este edulcorante; sería en la década de los 70 cuando la Dra. Nancy Appleton probó la mayor incidencia de hiperactividad, psicosis y problemas del aprendizaje en niños de familias con antecedentes de diabetes, hiper o hipoglucemia.

Antes de describir sus efectos, tengamos en cuenta que desde el punto de vista dietético el azúcar es un carbohidrato vacío, es decir, falto de los elementos que le acompañan en su estado natural (agua, minerales, proteínas, vitaminas, fibra). Pero como el organismo necesita de estos elementos como catalizadores, ocurre que cuando tomamos una dosis de azúcar refinado el cuerpo consume los que tiene almacenados; de forma que podemos decir que el azúcar está actuando como ladrón de nuestras reservas [5] [6].

5.1 La primera vez

En una persona que nunca tomó azúcar antes (un niño pequeño, por ejemplo) el efecto de un dulce salta a la vista. Podemos distinguir dos fases.
– a) Euforia e hiperactividad: perceptible en pocos segundos, debido al rápido paso del azúcar al sistema nervioso.
– b) Depresión (sugar blues): de intensidad y duración proporcionales a la dosis administrada.

En efecto, el combustible principal de nuestro cerebro es la glucosa; pero para un funcionamiento correcto del organismo las proporciones de glucosa y oxígeno en sangre deben estar equilibradas. Una dosis de azúcar rompe este equilibrio, y aparte de los efectos inmediatos arriba mencionados también tiene otras consecuencias no tan evidentes:
– Pérdida de calcio, sales minerales, vitaminas y enzimas para eliminar el exceso de glucosa.
– Impedimento del funcionamiento normal de los macrófagos, con la consecuente inmunodeficiencia.

A medida que el cuerpo consiga reestablecer el equilibrio, la persona volverá a su estado normal. Por desgracia, desde niños se nos acostumbra a ingerir con frecuencia altas dosis de azúcar (galletas, refrescos, dulces, colacao…). Por eso, desde muy jóvenes pasamos al estatus de consumidor habitual.

5.2 Consumidores habituales

La persona que habitualmente consume azúcar se acostumbra a estar en desequilibrio, es decir, con un nivel excesivo de glucosa en sangre. Raras veces presenta un equilibrio entre los niveles de glucosa y oxígeno, y cuando lo hace, se siente mal: triste, sin fuerzas, apático, irascible, nervioso… esto es, con síndrome de abstinencia. Trata de evitar esta situación encadenando un “subidón” tras otro, lo que le traerá otro tipo de molestias: cansancio físico, aceleración psíquica (imposibilidad de “desconectar” al final del día, insomnio…), reducción de la eficacia en el trabajo…

Desde el punto de vista fisiológico, los glúcidos son parte importante de la alimentación humana. Pero, a pesar de ser de la misma familia, el azúcar no se metaboliza como el resto de glúcidos. Para entenderlo mejor comparémoslo con el trigo (pan, pasta…):
– a) El trigo es un glúcido complejo de asimilación lenta: en la digestión sus moléculas largas y pesadas se fragmentan poco a poco en glúcidos simples. A medida que éstos pasan a la sangre, el páncreas segrega una sustancia llamada insulina que permite que estos glúcidos simples pasen al hígado donde quedan almacenados en forma de glucógeno, listos para ser usados como fuente de energía cuando lo precisemos.
– b) Por el contrario, el azúcar está compuesto de glúcidos simples de asimilación rápida. Así, éstos llegan a la sangre todos a la vez y el páncreas se ve obligado a liberar súbitamente una gran cantidad de insulina para poder captar y asimilar toda esa glucosa. Esto desequilibra el sistema, ya que con esta descarga de insulina la concentración de glucosa en sangre llega a bajar demasiado; es el característico “bajón” de las 11.00, que los adictos suelen superar con otra dosis de azúcar.

Mantener un consumo alto de azúcar durante largo tiempo suele traer también otro tipo de problemas:
– Obesidad (tiene más calorías que el resto de edulcorantes).
– Problemas endocrinos: glándulas suprarrenales, páncreas (principal causa de diabetes), deficiencia de hormona del crecimiento…
– Problemas dentarios: caries (proliferación de bacterias y déficit de calcio), malposición…
– Hipoglucemia, colesterolemia.
– Osteopenia (otro efecto del robo de calcio).
– Arteriosclerosis (cardiopatías, problemas circulatorios…).
– Problemas de la piel (acné, dermatitis seborreica…).
– Degeneración hepática.
– Miopía.
– Gota.

Factor predisponente en numerosos problemas: malformación pélvica y mandibular, candidiasis, hiperactividad, problemas en los estudios, algunas alergias, neurosis, esquizofrenia, comportamientos violentos…

Si clasificamos las drogas por su grado de dependencia el azúcar se situaría en los puestos de cabeza. Su efecto se percibe tanto en el nivel psíquico como en el físico, y el síndrome de abstinencia posterior a su abandono puede durar semanas (depresión, cambios de humor, cansancio, dolor de cabeza y cuerpo, debilidad, temblores, nerviosismo, ansiedad por comer dulces, falta de concentración, alergias, hipertensión arterial…). Además el cuerpo puede estar bastante deteriorado tras muchos años de consumo. En estos casos, la concentración de glucosa en sangre de la persona con síndrome de abstinencia puede descender hasta niveles peligrosos, entrando en estado de hipoglucemia. Los síntomas suelen ser aparatosos: sudor, temblor, ansiedad, taquicardia, dolor de cabeza, hambre, debilidad, convulsiones… Como una crisis hipoglucémica puede complicarse y acabar en muerte, suele ser imprescindible en estos casos administrar una dosis de azúcar.

5.3 Desintoxicación

Vivimos en una sociedad de yonkis de azúcar. Esta droga que consumimos desde niños se puede encontrar en los sitios más insospechados: botes de tomate, foie-gras, pan, conservas de verduras… En realidad, la única forma de reducir a cero la dosis de azúcar es casi hacerse crudívoro.

No obstante, podemos escoger abandonar el azúcar progresivamente: simplemente pasando de consumir al día 20 gramos a 10 gramos notaremos la diferencia. Al principio estaremos algo más tristes, somnolientos, faltos de fuerza… pero a medida que nuestro cuerpo consiga equilibrar el nivel de glucosa comenzaremos a sentir una especie de alegría tranquila que no tiene nada que ver con los agotadores ciclos de euforia/depresión.

Los animosos, sin embargo, puede que se animen al desenganche drástico, es decir: eliminar totalmente el azúcar. Hace falta armarse de valor, porque el síndrome de abstinencia será en grado máximo y por ser realmente complicado mantener una dieta libre de azúcar en nuestra sociedad. En casos de adicción grave, además, convendrá que este abandono se realice bajo supervisión del médico para controlar el riesgo de hipoglucemia.

5.4 Otros edulcorantes

Hay muchos edulcorantes alternativos al azúcar, que no presentan sus efectos perjudiciales; se emplean mucho en la industria alimentaria. No obstante, el control de las instituciones sanitarias es estricto y no se permite el uso de un nuevo edulcorante hasta considerar probada su inocuidad para el ser humano (algunos casos son motivo de controversia). En cualquier caso falta perspectiva en el tiempo: a pesar de que hay estudios que abarcan los últimos 25 años, esto es demasiado poco tiempo para evaluar los efectos a largo plazo [7].

Los riesgos a corto plazo de los edulcorantes químicos son bien conocidos. Por ejemplo la sacarina y el ciclamato, en la medida en que provienen de hidrocarburos, pueden ser potenciales productores de cáncer; y el aspartamo puede generar residuos tóxicos en la sangre (metanol). Aun así, cada edulcorante tiene claramente establecida la dosis máxima diaria, por debajo de la cual no se producen efectos perniciosos (salvo en el caso de los enfermos de fenilcetonuria). También es verdad que a medida que el uso de estos endulzantes está más extendido (principalmente por la proliferación de productos light) esa dosis mínima se supera cada vez más frecuentemente.

En conclusión: hasta que no se demuestre lo contrario, el efecto de estos edulcorantes en el cuerpo humano es nulo; tanto en la salud, como en el funcionamiento fisiológico.

6. Hacia un uso correcto de los edulcorantes

Hoy en día pocas personas consumen menos de 40-50 gramos de azúcar al día. A pesar de que todos sus efectos son perjudiciales (ya que ser euforizante no puede ser considerado beneficioso), en los manuales de dietética se estudia entre los alimentos “de verdad”, defendiendo incluso la necesidad de una cantidad mínima de azúcar en una dieta equilibrada [8]. Y eso es mentira.

Desde el punto de vista de la salud y la nutrición, los aditivos edulcorantes sobran en la dieta; la única razón para su uso es gastronómica. A pesar de ello, es un hecho que en nuestra sociedad los sabores dulces e intensos están muy arraigados –sin olvidar la adicción físoca- y que por ello pocas personas serían capaces de abandonar todo tipo de edulcorante conformándose con el dulzor natural de los alimentos. Por tanto, lo más fácil es cambiar gradualmente de costumbres.

La prioridad debe de ser desengancharse del azúcar, cualquiera que sea su color. Pero sería un error suplirlo con otros edulcorantes. Efectivamente, estamos mal acostumbrados: los dulces no deberían comerse a diario, ni siquiera los naturales (la miel, por ejemplo). Lo primero será, por tanto, ser conscientes de ello y guardar los pasteles para los días de fiesta.

Y ya puestos a hacer dulces, escojamos el edulcorante. Si los ponemos en una escala:
– El mejor sería la fruta: cruda, seca, en puré…
– Miel: puede sustituir al azúcar en cualquiera de sus usos. Es cierto que al cocerla pierde parte de sus enzimas y vitaminas; pero en cualquier caso sigue siendo más saludable que el azúcar. Eso sí, hay que tener en cuenta su alto aporte calórico.
– La planta stevia rebaudiana.
– Edulcorantes artificiales: a pesar de que no aportan nada al organismo, tampoco le perjudican. Son la mejor opción a la hora de comprar productos preparados (galletas, etc).
– Azúcares artesanales: tienen menos proporción de sacarosa que el azúcar industrial (ventaja que es anulada si se usa más cantidad).
– El peor sería el azúcar industrial, tanto blanco como moreno.

Si os ponéis a experimentar, pronto repararéis en que la gran mayoría de los dulces pueden hacerse sin azúcar (qué creéis ¿que nuestros ancestros no comían pasteles hace 300 años?). Haced la prueba, merece la pena: quien goce de buena salud lo seguirá haciendo, y quien esté enfermo mejorará. ¡Buen provecho!

Ekintza Zuzena

notas:
[1] Duffy W. Sugar Blues. Efectos del azúcar sobre la salud. Asesoría Técnica de Ediciones, 1977.
[2] Scolnik J. La mesa del vegetariano. Lidium, 1985
[3] Duffy W: 1977
[4] Artículo sobre la panela en la Revista Eroski http://tinyurl.com/panelaeroski
[5] Azúcar blanco, ladrón del organismo http://tinyurl.com/nutriciondepurativa
[6] Colbin A. El poder curativo de los alimentos. Robin book, 2004
[7] Artículo sobre los edulcorantes artificiales en la revista Eroski http://tinyurl.com/edulkoranteroski
[8] Lo que podemos leer en la página web de la Azucarera Paraguaya www.azpa.com.py no es más que un ejemplo del punto de vista comúnmente aceptado. Recordad la campaña publicitaria de hace unos años: “Ponga azúcar en su vida”.

revista Ekintza Zuzena nº 39 www.nodo50.org/ekintza

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