Sobre el severo destrozo de la biosfera que genera el capitalismo

El artículo al que responden dichas personas es El verano que nos creímos el calentamiento global, escrito por Marta Peirano en el sitio ElDiario que versa sobre el huracán mas fuerte jamás registrado en el Atlántico arrasa el Caribe seguido por dos huracanes más; sobre que Africa y el sur de Asia se debaten entre las lluvias torrenciales y una monstruosa sequía; sobre la ola de huracanes, incendios, sequías y devastación de las últimas tres semanas es un desastre humanitario y ecológico del que estábamos muy advertidos, pero no nos quisimos creer del todo.

por varios autores
09/09/2017

· Piolo

“(…) Emily Atkin el cambio climático es una consecuencia de la actividad económica de las grandes corporaciones de la energía fósil, y se pregunta el por qué si la industria tabaquera tiene la obligación de avisar en sus productos que el tabaco mata, por qué cuando echamos gasolina al coche o nos calentamos con gas no nos avisan de las graves consecuencias climatológicas que originan esas actividades.”

· Fred

“Sea como sea, lo que no puede dejar de tener consecuencias es que reservas de energía (fósiles), que necesitaron millones de años en acumularse se dilapiden y se viertan a la atmósfera sus desechos en no más de 250 años, por la acción de una especie estúpida que se pretende inteligente y lo es, por su codicia, mucho menos que las hormigas. Una especie incapaz de mirar a largo plazo ni de tomar decisiones que vayan más allá unos pocos años; una especie que, vencidos sus enemigos naturales (salvo a ella misma), crece sin freno ni tasa y se convierte en una auténtica plaga para el planeta y su Biosfera, capaz de producir la mayor extinción de especies vivas habida desde el Cretácico, y que, al final, acabará extinguiéndose, rebozada en su propia mierda. Hablo del Ser Humano.”

· Stimulax01

“Al planeta le da igual, durante el cretácico (Era secundaria -Mesozoico- la época de los dinos) la concentración de CO2 en la atmósfera era probablemente varias veces superior a la actual, entre 900 ppm y 3.300 ppm (hoy es de unas 390 ppm). Es la fauna terrestre, entre la que nos encontramos, la que lo va a pagar caro. Muchas especies desaparecerán, otras mermarán y todas las que queden se readaptarán. Se estimaba que para el planeta se sostenga la población humana no debe exceder de los 2500/3000 MM de personas. Probablemente caeremos muchos más de la mitad que actualmente sobra… La cuestión es, ¿cómo les irá a la otra mitad superviviente? Igual tienen que sobrevivir durante largos periodos bajo tierra y hacer frente a tortuosos periodos de escasez… Igual es mejor formar parte de los que no sobreviven.”

· Xantonio

“El cambio climático de origen capitalista (prefiero llamarlo así y no cambio climático antropogénico) es consecuencia de un sistema socioeconómico ‘bacteriano’ de crecimiento exponencial, crecimiento infinito en un planeta finito. El sistema mercantilista, para sobrevivir, necesita crecer, explotar y agotar recursos, consumir, tirar, obsolescencia programada. Esa actividad, provoca cambios el entorno, incluido cambios climáticos.

En la parte que nos afecta, el aumento de la temperatura media global, provoca que los glaciares se separan y se derritan, como los glaciares están compuesto de agua dulce, eso disminuye la salinidad del agua de los océanos, eso provoca que las corrientes oceánicas que regulan el clima global, se ralentizan e incluso se puedan detener. Eso provoca que el agua caliente de los trópicos no se desplace hacia los polos y el agua fría de los polos no se desplace hacia los trópicos.

Eso aumenta la temperatura de los océanos, y aparecen los huracanes y ciclones, que solo son válvulas de escape de agua caliente y cuyo combustible es el calor. Grandes regiones e incluso continentes enteros se convierten en desiertos. Los fenómenos adversos se intensifican, oleadas de frío en el norte de Europa, zonas costeras destruidas y grandes hambrunas.

Luego también hay factores locales, como por ejemplo en Galicia que lleva todo el año en alerta por sequía y donde no llueve desde hace un año, cuando antes llovía por lo menos la mitad del año. La deforestación, la reforestación con una especie invasora como el eucalipto, que actúa como una bomba de agua del subsuelo, secando manantiales y el entorno, la minería que destruye manantiales naturales, etc.”

· Paco Heras

“Durante años, el negacionismo organizado hizo chistes sobre nevadas y cambio climático cada vez que había un temporal invernal en Estados Unidos. Sin embargo, cuando hay olas de calor o huracanes reclaman que tiempo y clima son cosas diferentes…

¿Hay relación entre eventos meteorológicos y clima? Evidentemente sí. De hecho, llamamos ‘clima’ a un conjunto de generalizaciones que hacemos basándonos en las observaciones del ‘tiempo’. El ‘clima’ es, en cierto modo, una abstracción humana que la ciencia describe mediante herramientas estadísticas. Así, si las precipitaciones medias de un determinado lugar no suman más de 200 litros al año como media de 30 años podemos decir sin miedo a equivocarnos que el clima es ‘seco’.

Un evento concreto no es signo inequívoco del cambio climático, pero si aumenta la frecuencia de eventos extremos que eran muy raros o incluso desconocidos en los registros meteorológicos… es perfectamente lícito -y adecuado hacer la conexión.

Lo que, sin embargo, no tiene fundamento, es incluir e los terremotos en los fenómenos extremos alimentados por el cambio climático”

fuente http://www.eldiario.es/internacional/verano-creimos-calentamiento-global_0_683832418.html

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Entrevista con Miguel Grinberg: “El crecimiento económico ilimitado nos está llevando al suicidio.”

Miguel Grinberg dialogó en un programa de radio de la provincia de Córdoba, Argentina, sobre el cambio climático y la connivencia entre instituciones locales, nacionales e internacionales y la sociedad de consumo. Y dejando en claro que el comercio y el mercado están al servicio de la producción de miles de cosas inútiles que la gente verdaderamente no necesita.

Por Fabiana (Bajo el Mismo Sol)
21-10-2013

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_Fabiana: A diario en este programa hablamos acerca de conflictos socioambientales y ponemos aquí a los protagonistas, decimos esos ciudadanos que se ven afectados en su barrio, en su comunidad, en su ciudad por distintas cuestiones que tienen relación con el modelo productivo actual, que va por todos nuestros bienes naturales. Sabemos porque te hemos leído de tu perspectiva ciertamente esperanzadora, cuando decís ‘somos la generación que estábamos esperando’ un poco habla de eso, verdad?

_Miguel Grinberg: Efectivamente y… la experiencia me dicta que la situación es tan compleja y tan intimidante a veces oye la palabra ecología y se desenchufa porque, generalmente, y eso debido a la prensa amarilla, se ha vuelto esto una especie de sintomatología. La palabra ecología va acompañada ahora de malas noticias, si?, entonces lo que de verdad hay que tratar de entender es que nuestro planeta es un planeta finito, finito quiere decir que tiene límites, no está en condiciones de producir más allá de lo que la naturaleza permite y al mismo tiempo no está en condiciones de absorber toxinas y basura que la humanidad produce en su expansión en lo que se da por llamar desarrollo o progreso.

Entonces eso nos remite a una ciencia que viene siendo promovida desde hace años por algunos pioneros, no con mucho éxito, que se llama la ciencia del diseño, que se requiere así como uno planifica su hogar, cuando va a vivir con su familia y mira las ventanas y mira el estado de las cañerías y mira el estado del techo para no tener goteras y no le llueva cuando hay tormentas; del mismo modo que uno planifica su casa tiene que planificar el planeta; y eso es una responsabilidad que lamentablemente no están cumpliendo ni desde Naciones Unidas, ni desde los gobiernos particulares en todo el planeta por la simple razón de que estamos, como ciudadanos de nuestros respectivos países, sujetos a una carrera hacia un concepto, repito, que se llama el desarrollo, el crecimiento económico ilimitado que nos está llevando al suicidio, por lo tanto el hecho de planificar una ciudad, un país, una provincia, requiere tomar los problemas uno por uno, por ejemplo: en Argentina se practica la política del bombero, no se hace ecología preventiva, se sabe que en algún momento va a haber un incendio de bosques o un derrame de petróleo o una camada de gas venenosos que se escapa de algún lado y se busca resolver en el momento en que sucede, mientras no sucede los responsables de turno miran hacia otra parte; y dos o tres cosas que en Argentina habría que fomentar, primero es una campaña de reforestación masiva, mientras que al revés, está sucediendo todo lo contrario, hay una deforestación masiva, con lo cual hemos oído hablar muchas veces la imagen de que los bosques son los pulmones del planeta, las selvas son los pulmones del, además son los riñones del planeta, son fundamentales para la retención del agua de lluvia y cuanto más se deforesta más se fomenta la desertificación y nuestro país.

Si uno se fija en los mapas del Programa de Naciones Unidas Para el Medio Ambiente (PNUMA) (1), aparece en negro que es la peor situación y al mismo tiempo hay algo descontroladísimo en Argentina que son los efluentes cloacales, de los cuales nadie habla, los efluentes se tiran a los ríos, a los lagos y ya, a medida que aumenta la población, una cosa es un país con quince millones de habitantes, otros países con cuarenta millones de habitantes y si seguimos en esta proporción y con la enorme inmigración que tenemos ahora de los países limítrofes, que están sobresaturados de gente, al 2050 probablemente estemos con 60 millones de habitantes y uno pregunta ¿de dónde vamos a extraer el agua potable? y estamos ahí en medio de un baile a merced de los intereses políticos sectoriales y no de los intereses sociales masivos, yo no sé si fui claro.

_Fabiana: Clarísimo Miguel, clarísimo. Bueno qué hacemos?

_Miguel Grinberg: Bueno, qué hacemos? Tenemos inminentemente una campaña electoral donde los candidatos de todos los partidos omiten la problemática ecológica, primero porque es demasiada compleja y segundo porque no saben qué se puede hacer; y la presión que hay que poner sobre los políticos en campaña y una vez que sean electos, es un cuerpo a cuerpo empezando a reclamar medidas de prevención para el agua potable, para que se cumpla la Ley de Basura Cero con el reciclaje perentorio y obligatorio donde se empiece a invertir en el manejo de los residuos cloacales, que a su vez son una fuente de abono, se usa como abono el excremento del ganado, de las vacas, de los caballos, y no se usa el humano que, pasando por una purificación química está en condiciones de servir también como abono y también servir como biogás, productor de gas metano. En India y China no se perfora para sacar gas de la tierra sino que se usan los biodigestores que procesan las materias fecales, y se fermentan y producen gas metano; son una serie de tecnologías que están totalmente probadas pero que exigen decisión política, inversiones proporcionales y profesionales capacitados para manejar todo eso, por lo cual urgiría también la creación de una universidad nacional para el medio ambiente para formar profesionales y no políticos que de oído le encargan a algún investigador un documento y repiten como loro en los micrófonos en las entrevistas de televisión. Y vuelvo a lo del principio, es la ciencia del diseño, pero eso hay que enseñarlo antes de practicarlo, no se puede improvisar.

_Fabiana: Se está hablando mucho… nosotros, u otro tipo de ciudadanos más concientes o los afectados de cambiar la matriz energética, esto no está en el discurso de los políticos a los que hacías referencia, cuando se está cuestionando, por ejemplo, duramente, sobre todo la comunidad mapuche en la Patagonia, en Neuquén, en Río Negro, sobre el fracking, este modo de explotación no tradicional o convencional del gas o del petróleo que va a traer muchísima más contaminación y más daño y no solamente al ambiente, sino a los ciudadanos; no se habla, no se cuestiona la matriz energética ni en los políticos, ni esté en la boca de los ciudadanos comunes.

_Miguel Grinberg: Bueno, yo escribí un libro hace algunos años que ahora lo ha reeditado la Fundación Ros, de Rosario, que es una librería tradicional que se llama Ecofalacias, donde, por un lado, señalo de qué manera las corporaciones transnacionales se han apoderado de los poderes decisorios en la organización de Naciones Unidas, que está completamente copada por las corporaciones transnacionales, por un lado y nosotros, en un momento donde se debería estar negociando la minimización de la emisión de gases carbónicos por quema de petróleo, de gas y de carbón, estamos yendo en dirección de la quema del petróleo, de gas en la misma medida en que los países avanzados han contribuido a crear el efecto de invernadero y los cambios climáticos y los fenómenos extremos que el planeta entero está padeciendo, estamos en una disonancia absoluta, por falta de conocimiento y por falta de información y más que nada por falta de responsabilidad.

Porque el tema del fracking, si bien en sí mismo, es una tecnología nociva hay que tener en cuenta lo siguiente: no se trata de producir energía eléctrica para hacer funcionar miles y miles más de fábricas, sino de buscar la posibilidad de replanificar lo que es la producción industrial y lo que es el consumo para aprovechar las fuentes naturales, solamente con el sol no podemos hacer funcionar el planeta, porque con el sol no podemos reemplazar los noventa millones de barriles de petróleo que se queman por día en la tierra para que la tierra funcione. Yo no soy tan tonto como para decir que hay que dejar de quemar petróleo, porque si dejamos de quemar petróleo en dos meses muere la mitad de la población del mundo por falta de alimento, por falta de comunicación, por falta de electricidad, tiene que ser progresivo, gradual, no solamente para un gobierno sino para la política integral de la nación y nuestra nación, lamentablemente, está metida tanto en lo coyuntural, en la próxima elección, en la próxima campaña, que verdaderamente, no sólo no tenemos políticos dotados, sino que a nadie se le ocurre que hay que ir en esa dirección. Y ese es el desafío que tenemos los comunicadores sociales de reclamar a los candidatos electos que empiecen a protagonizar el futuro, pero aquí y ahora, no esperando que pasen las tragedias.

_Fabiana: Pero al igual que pasa, digo, que ni siquiera se cuestiona la matriz energética una alternativa o entrar en un proceso de transición, de la misma manera tampoco se cuestiona ni se piensa en entrar en un proceso de transición cuando hablamos, por ejemplo, del monocultivo de la soja, que está mañada a nuestra economía y que está directamente, o al menos eso nos hacen creer, que el presupuesto nacional o el Producto Bruto Interno está directamente relacionado con el ingreso del agro.

_Miguel Grinberg: Fabiana, voy a ser muy claro, los lucros de la soja transgénica no se reparten entre el pueblo sino entre las compañías detentoras de las patentes de las semillas y los intermediarios que están en el negocio de la producción y de la exportación. Entonces todo lo que podamos decir al respecto está sujeto a una irregularidad jurídica que es el país al servicio de las corporaciones y de los inversores. Entonces decididamente el pueblo que supimos conseguir que tiene pasta de espectador tiene que empezar a asumir que mientras no se haga escuchar en función de las necesidades reales de la gente, del bienestar, de la salud, de la alimentación y no del lucro de las corporaciones, vamos a ir de mal en peor, es decir, la electricidad, los combustibles son necesarios para que la sociedad funcione pero no hay un diseño de sociedad, no hay un diseño de país, todo es a merced del mejor postor.

_Fabiana; Cuando planteamos el tema del decrecimiento como los hacés vos, como lo hacen muchos otros pensadores en el mundo, también te corren por izquierda y te dicen, bueno, pero de qué van a trabajar los obreros, los laburantes de las fábricas, qué le vamos a dar de comer a la gente?

_Miguel Grinberg: Fabiana, la sociedad, el comercio y el mercado están al servicio de la producción de miles de cosas inútiles que la gente verdaderamente no precisa y… de qué va a trabajar la gente, yo al contrario, estoy pensando que hay que diseñar una sociedad y una industrialización que requiera que en vez de trabajar 8 horas por días, haya que trabajar 4 horas por día y la gente se pueda dedicar al cultivo de su alma, lo que pasa es que eso no tiene rentabilidad en el mercado ni se pueden imprimir título en las bolsas de valores y a los detentores del poder no les interesa, pero lo que hay que replantear es por completo para qué estamos en la tierra, estamos en un desafío en este momento filosófico y estructural de enorme envergadura, hemos llegado al límite del despilfarro y de la destrucción, de la contaminación y de la explotación de los recursos naturales y, además, le prueba candente que a nosotros nos está empezando a tocar es que de los 7 mil millones de habitantes que hay en la tierra, mil trescientos millones de habitantes, y esto lo dicen todas las agencias de Naciones Unidas, todos los bancos de desarrollo, todos los funcionarios de la ONU, hay mil tresciento cincuenta millones de personas que pasan hambre todos los días de todos los meses de todos los años, entonces estamos en medio de una hipocresía tan grande a lo cual contribuyen los grandes medios de comunicación, y es eso lo que hay que poner sobre el tapete, es eso lo que hay que discutir, es eso lo que hay que llevar a la política cotidiana, en el trabajo; las universidades están completamente aparte de todo esto, hay una omisión terrible.

_Fabiana: A pesar de todo este panorama que parece tan lamentable, podemos tener esperanza de que está naciendo una nueva conciencia, Miguel?

_Miguel Grinberg: Totalmente de acuerdo! permanentemente… la internet está contribuyendo a la creación de redes, se están fomentando redes de permacultura, que es agricultura permanente, tenemos gente que están prestando atención al sentido de la vida, no al lucro de la vida y esto uno lo puede comprobar poniendo las palabras ‘permacultura’ o ‘pueblos en transición’ por darte dos ejemplos, hace 6 años un permacultor europeo imaginó los pueblos en transición que redujeran su consumo y se atuvieran a la defensa de los medios naturales y ya hay mil lugares en el planeta donde hay gente que está tomando esta idea y viviendo una vida simple. Lo que pasa que la vida simple no tiene que ser una vida de carencias, tiene que sea una vida proporcionada, frugal, ajena al despilfarro, pero eso requiere la reeducación radical de la humanidad y es eso lo que exige en primera instancia también, no poner a los chicos en la escuela primaria y secundaria a estudiar botánica y zoología a medida que desaparecen las especies, sino a diseñar una sociedad ecológica; y estamos, en este momento, viendo que están apareciendo brotes en todos lados, aunque no sale una palabra en los diarios ni en la televisión.

_Fabiana: Y cómo nos preparamos desde el alma, desde la espiritualidad, sabemos que sos un iniciado en meditación, cómo a través de las palabras y de los pensamientos, cómo nos limpiamos también nuestras cabezas.

_Miguel Grinberg: Y bueno, hay que esclarecerse, no digo iluminarse porque es una palabra mucho más compleja. Hay que salir de la caravana de esclavos que siguen reproduciendo el sistema porque es lo único que conocen, y por eso yo escribo libros y traduzco y hago programas de radio, escribo artículos y participo en congresos y hay mucha gente que lo está haciendo y yo estoy comprobando que en todas partes hay núcleos de personas que están, es como la lucha contra la infección en una herida del cuerpo, los glóbulos blancos y las células reconstructivas van recreando el tejido para reemplazar el tejido muerto, el tejido emponzoñado o el tejido que ya cumplió su función y eso está pasando en el cuerpo de la sociedad, sólo que lo van a identificar los historiadores dentro de 200 años y van a decir: “Al principio del siglo XXI hubo una revolución espiritual portentosa en la tierra”, y está sucediendo, yo hago mi modesto trabajo en mi jardincito.

_Fabiana: No sé si te habrás enterado que hay un grupo de vecinas y vecinos, ciudadanos y ciudadanas que están realizando un bloqueo en la localidad de Malvinas Argentinas, aquí a escasos kilómetros de la ciudad de Córdoba a la empresa Monsanto, que quiere instalar, una de las semilleras más grandes del mundo. Podría mandarles un mensaje a todos ellos?

_Miguel Grinberg: Yo no me opongo a las menifestaciones de repudio, pero considero que respresentan apenas la mitad del trabajo a realizar, hay una pregunta que todo ciudadano, además de protestar, reclamar y denunciar tiene que hacerse ante sí mismo, qué queremos poner en el lugar de lo que no queremos? Si no queremos a Monsanto, qué ponemos en el lugar de Monsanto? Cómo creamos fuentes de trabajo? Cómo hacemos la producción de alimentos seguros? Cómo dejamos de comprar en los supermercados cosas que no deberíamos estar comprando? Si nosotros y los de Malvinas Argentinas y todos los argentinos, seguimos reproduciendo el sistema en los términos en que está planteado, por más que protestemos hasta el siglo XXIV vamos a ir derecho al tacho, ese es mi mensaje.

_Fabiana: Muchísima gracias Miguel!

_Miguel Grinberg: Un gusto enorme! Hasta pronto!

notas:
1) https://www.un.org/ruleoflaw/es/un-and-the-rule-of-law/united-nations-environment-programme

Fuente (del audio): https://www.ivoox.com/entrevista-a-miguel-grinberg-audios-mp3_rf_2470251_1.html

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La guerra contra el territorio, estadio supremo de la dominación

Durante los últimos doscientos años, la sociedad humana ha evolucionado en permanente conflicto con el hábitat planetario obligada por las normas de la producción capitalista. Una conducta que, al alterar gravemente los procesos que se generaban en el medio rural y natural, ha comportado su destrucción, poniendo en peligro no solamente la continuidad de dicha sociedad, sino incluso la supervivencia de la especie. El entorno industrializado, contaminado y exhausto, se vuelve cada vez más hostil a la vida, más inhumano.

La naturaleza, para nosotros, no es un hecho pre-social, sino un producto de la cultura y de la historia, un espacio definido por un tiempo eminentemente rural, por lo cual usaremos de preferencia la palabra «territorio» al referirnos a ella. Del mismo modo, por «sociedad» entendemos sociedad industrial y urbana, puesto que esa es su forma histórica bajo el régimen capitalista. Tras esta aclaración, advertimos que el territorio se rige por leyes muy diferentes de las que gobiernan la sociedad de masas que lo coloniza. La más importante se enuncia como sigue: todo va conectado, todo se relaciona con todo. Bien al contrario, en la sociedad masificada cada elemento actúa desconectado del resto, y no son las necesidades humanas las que lo determinan, sino que, al revés, es él quien determina dichas necesidades. El territorio es naturaleza mal socializada; la sociedad, humanidad mal naturalizada.

El funcionamiento normal de la naturaleza/territorio es cíclico: todo retorna al principio. No hay residuos. Las sustancias básicas van de un lugar a otro mediante circuitos cerrados; los desperdicios de un proceso constituyen la materia prima del proceso siguiente, y así sucesivamente, hasta volver al comienzo. En cambio, los procesos de la civilización técnica son lineales: los restos sólidos y líquidos van depositándose al final hasta contaminar tierra y aguas por un lado, y por el otro, los gaseosos van acumulándose en la atmósfera hasta envenenarla, calentar el planeta más de la cuenta y trastornar el clima. Tanto en lo relativo al territorio, como en lo que concierne a la urbe, cualquier modificación se paga. Cada innovación tiene su respuesta no deseada; los cambios repentinos acarrean desventajas inevitables. La tecnificación y quimicalización de la sociedad productivista impactan en el ambiente y, de carambola, en la misma sociedad. La concentración de la población en áreas cada vez más pequeñas, convierte enfermedades aisladas en epidemias. Una alimentación industrializada causa daños en la salud antes impensables. La humanidad entera queda atrapada en el choque entre el medio natural territorial y el medio artificial urbano, entre los procesos cíclicos, equilibrados y conservadores del territorio, y los procesos lineales, descompensados y expansivos de la sociedad industrial. En consecuencia se produce una crisis, la de verdad.

Si ignoramos el territorio, la crisis puede ser planteada como problema ambiental secundario a resolver con medios técnicos y disposiciones legislativas; cuestión de investigar, de innovar, de legislar, de impuestos, de inversiones, etc., nada que «los mercados» no puedan regular o que el Estado no pueda controlar. Si por el contrario, ignoramos la sociedad (y por consiguiente ignoramos el capitalismo), la crisis entonces puede contemplarse como un problema de civilización, cuyo responsable exclusivo es la especie humana, esa engañosa «cumbre de la creación», crisis que puede arreglarse con un control demográfico extremado, meditación trascendental, dietas veganas o primitivismo. Una posición lleva a sobrevalorar las nuevas tecnologías y la política convencional, mientras que la otra nos conduce al rechazo insensato de cualquier herramienta y a la animalización. Ambas se instalan en el irracionalismo, aunque de signo opuesto en cada caso; el primero, optimista, se inscribe en la instrumentalización del individuo y la artificialización total de la vida; el segundo, pesimista, lo hace en el antiespecismo y el espiritualismo místico, es decir, en la negación de la cultura y de la función histórica de la humanidad en el mundo. Una posición llega a justificar cualquier desastre ambiental en nombre de los supuestos beneficios aportados por la tecnología, y la otra aplaude cualquier catástrofe humanitaria con tal de reducir el número de seres humanos en el planeta, de forma que su odiosa preponderancia termine.

Entre los dos extremos hay posiciones intermedias, unas postulando un desarrollismo «sostenible» y otras inclinándose hacia el decrecimiento; no obstante, las primeras distinguen sin motivo entre crisis ambiental y economía, como si tuvieran poco que ver entre sí, queriendo superar una sin perjudicar a la otra. Eso falsea la cuestión territorial al presentarla como un problema conservacionista, no como un problema social, lo que les sitúa en el mismo terreno que el desarrollismo radical, y así pues les conduce al pacto con los agentes económicos e institucionales, que son en último extremo quienes deben de tomar las medidas oportunas. Por lo que respecta al decrecentismo, sus partidarios evitan el mismo error en la teoría para cometerlo en la práctica. Separan la economía de la política, menospreciando la defensa del territorio para fiarlo todo al Estado, entidad que debería estar por encima del bien y del mal pero que no es sino el Capital en su forma política. La solución parecería concretarse en las iniciativas ciudadanistas de cooperación, que, bien con el apoyo, o bien con la neutralidad de las instituciones, intentarían ocupar pacíficamente los espacios olvidados por el crecimiento económico.

Nosotros creemos deseable una relación armónica de la sociedad con la naturaleza y, por consiguiente, de la ciudad con el territorio. Para nosotros es un error considerar las dos cosas como si fuesen realidades separadas. No existe un rincón de la naturaleza que no tenga huellas sociales, ni lugar de la sociedad a salvo de las intemperancias naturales. Un planteamiento correcto de la cuestión hará que veamos los problemas ecológicos como sociales, y los problemas sociales como ecológicos, por la sencilla razón de que la crisis es única, global, a la vez ecológica y social, territorial y urbana. Las leyes que ordenan la naturaleza y el territorio no han de entrar forzosamente en contradicción con las leyes que estructuran la sociedad urbana. Pero en verdad, el funcionamiento industrial de la sociedad hace tiempo que declaró la guerra al medio ambiente, o sea, al territorio. Y a la guerra se responde con la guerra.

Aquello que los ecologistas expertos y asesores de empresas y partidos llaman «guerra de la sociedad contra la naturaleza» es en realidad una guerra del sistema económico que parasita la sociedad contra ella misma. La sociedad es la verdadera víctima; los males de la naturaleza son daños infligidos a ella. El principio del beneficio privado como norma fundamental de funcionamiento social es el causante de esta guerra. El dominio de una economía separada de las necesidades sociales sobre cualquier otra actividad ha desembocado en una guerra contra todo lo que obstaculiza la realización inmediata del beneficio, ya sea la naturaleza, el territorio, la tradición o las mismísimas relaciones sociales. Eso significa guerra contra cualquier impedimento puesto al mercado, y por lo tanto, contra cualquier barrera al crecimiento de las fuerzas productivas.

La primera gran guerra de la economía autónoma contra la sociedad y el territorio, que tuvo lugar a lo largo del siglo xix, recibió el nombre de «revolución industrial», involuntariamente irónico, ya que se trataba de una verdadera contrarrevolución. El territorio se valorizó entonces como mercado de la tierra. La última, la más mortífera, aquella donde el desarrollo deviene principio político y las fuerzas productivas se vuelven ampliamente fuerzas destructivas, comenzó a partir de los años cincuenta del siglo pasado. En aquel momento la búsqueda de productividad originó cambios tecnológicos de tal magnitud que entraron en conflicto con el medio territorial y urbano de forma nunca vista antes. Tanto por culpa de las transformaciones introducidas en la agricultura, la construcción, el transporte y la distribución, como por culpa de la producción de energía y el desarrollo de la industria petroquímica, la contaminación se generalizó y se produjo el sobrecalentamiento global. El territorio se convirtió en mercancía esta vez como espacio multiusos.

La industrialización de la agricultura trajo consigo el uso masivo de fertilizantes y plaguicidas, con la subsiguiente polución de tierras, ríos y aguas subterráneas, eutrofización, lluvia ácida, mortandad de la fauna y aumento del cáncer. En la actualidad la huida hacia delante se ha materializado en los transgénicos. La salida al mercado de automóviles de gran potencia fue responsable de la niebla fotoquímica conocida como smog que cubrió las metrópolis como si fuera un sombrero, de resultas de la emisión a la atmósfera de ingentes cantidades de polvo, dióxido de nitrógeno e hidrocarburos volátiles producidos en la combustión de la gasolina. La mortalidad por cáncer, alergias y enfermedades cardiovasculares aumentó proporcionalmente desde entonces. Además, la sustitución del transporte por ferrocarril por el de carretera multiplicó la demanda de combustible, y la urbanización progresiva hecha posible por el coche, incrementó la de cemento y asfalto, impactando mortalmente en el territorio. Las nuevas condiciones de vida en el reino de la mercancía implicarían el consumo de un montón de productos y derivados químicos: detergentes, fibras sintéticas, envases y carcasas de plástico, sucedáneos, aditivos, fármacos, cosméticos, etc., consumo que contribuyó a la mala alimentación y a la contaminación y, por consiguiente, al deterioro de la salud y del entorno. Encima surgió el problema grave de la eliminación de residuos y basuras, lo cual nos llevó a los vertidos incontrolados y a la incineración, y por lo tanto, a la dioxina. Más contaminación entonces, mayor regresión de la fauna y la flora, más enfermedades. Para acabar, el despilfarro de los recursos finitos, principalmente energéticos, obligó primero a la construcción de centrales térmicas y nucleares, y después, a las renovables industriales, al fracking y a los agrocombustibles.

El nuevo salto cualitativo en la industrialización del mundo y en la agresión al territorio ha dado lugar a la constitución de una nueva oligarquía capitalista transnacional compuesta por los dirigentes de los grandes bancos y las grandes corporaciones multinacionales del transporte, de la energía, de la química y los plásticos, de la agroalimentación, la construcción y las grandes superficies. Dicha oligarquía acapara toda la decisión, envenena el planeta y encima saca beneficios con la descontaminación y el reacondicionamiento «verde» de los procesos productivos. El círculo suicida de la destrucción se cierra con una concentración inaudita de poder y una evolución paralela de la desigualdad social, la pobreza y las epidemias a escala mundial.

El régimen social capitalista, pese haber triunfado, presenta síntomas evidentes de agotamiento tras la mundialización de los mercados, al no poder crecer la economía al ritmo suficiente. Ha tropezado con sus límites internos. La ruina del territorio debido a la contaminación, la destrucción de tierras de cultivo y el cambio climático, así como la crisis energética que se anuncia por la superación de los «picos» de la producción de petróleo y gas natural, indican en negativo sus límites externos. Habrá que buscar remedio no en el rechazo de la tecnología, sino en la promoción de tecnologías benignas y convivenciales, tecnologías que no condicionen ni alteren las relaciones sociales libres y solidarias, sino que al contrario las fomenten y refuercen. En energías renovables descentralizadas; en una agricultura ecológica que restablezca los sistemas naturales de fertilidad y de control de plagas; en un transporte público colectivo; en una producción local orientada hacia la satisfacción de necesidades en armonía con el medio. Abandono inmediato del vehículo privado, de la petroquímica, de los combustibles fósiles, y, en general, de la producción de masas. No es un retorno a la naturaleza, sino a la armonía con la naturaleza. Ahorro, diversidad, reciclaje, frugalidad, asambleismo… algo no realizable sin una revolución social.

La aplicación de remedios revolucionarios resulta imposible en sociedades que no sean predominantemente rurales, horizontales e igualitarias, y en consecuencia, comunitarias en un contexto antidesarrollista de desurbanización y desglobalización. Un programa que promueva tal tipo de sociedad desafía a las poderosas fuerzas que dirigen la actual sociedad de la masificación y la exclusión. Sus ganancias –y su poder– van ligadas a su permanencia y a la intensificación de sus trazos característicos. Dichas fuerzas han elegido la vía tecnológica, lo que quiere decir más casas, más cosechas, más automóviles, más capitales, más consumo, más gente. Han optado por el desastre que les sea más productivo y les salga más rentable. Ninguna modificación de la producción, la circulación o el consumo de mercancías que vaya contra sus intereses será aceptada sin lucha. Pero ninguna lucha que no consiga hacerlas retroceder vale la pena. No existen vías blandas de transición: todas las alternativas al capitalismo serán duras. El combate será muy desigual: por un lado están los ejércitos mercenarios de la oligarquía; por el otro, las mal equipadas movilizaciones populares. Sin embargo, no por eso tiene el Poder la victoria asegurada. Si las fuerzas justicieras de la verdad son todavía débiles, los errores catastróficos cometidos por la Dominación reequilibran los platillos de la balanza.

fuente https://argelaga.wordpress.com/2015/04/10/la-guerra-contra-el-territorio-estadio-supremo-de-la-dominacion

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Epidemia química: tóxicos ambientales. Entrevista con Carlos de Prada

Carlos de Prada* es presidente del Fondo Para la Defensa de la Salud Ambiental (FODESAM) (1). Habla sobre los tóxicos sintéticos que la industria crea casi sin ningún tipo de control y de los efectos sobre el ser humano y el planeta en general. Se cree que existen cien mil productos sintéticos, de los cuales fueron estudiados sólo (y no siempre a fondo) el 1% de los mismos.

Por Fundación Vivo Sano

La lucha contra la desnaturalización del mundo

“Una de las facetas es la desnaturalización de su naturaleza química, que está siendo muy profundamente alterada, mucho más de lo que la gente piensa, y además con unos efectos no solamente ya de la naturaleza misma, de la fauna, sobre la flora, sino también sobre el ser humano.”

La epidemia química

La crisis de salud producida por la contaminación química cotidiana. Hay desatada una epidemia derivada de la exposición a contaminantes químicos en nuestro planeta. Lo que pasa es que no se habla mucho de ella, por ejemplo en los medios de comunicación, sí por contra se habla mucho de ella, por ej. en las publicaciones científicas, hay millares de publicaciones científicas que nos habla de estos efectos de los contaminantes químicos sobre la salud de la personas, asociándolo, según los casos a enfermedades como el cáncer, las enfermedades autoinmunes, el asma, las alergias, los problemas de fertilidad, los problemas neurológicos de los niños, etc; es decir una serie de interminable, muy larga, de problemas sanitarios asociados, también la diabetes, incluso hay una corriente científica que explica que está asociado al incremento de la obesidad, con mayor o menor medida, con los contaminantes químicos, por alteraciones que se producen cuando un ser humano está dentro del seno de su madre y se expone a una serie de contaminantes, por ejemplo contaminantes de acción hormonal, que son mucho problemas de salud, que están además en crecimiento.

Si uno observa las gráficas del cáncer, del asma, de las alergias, de las enfermedades autoinmunes, los problemas de reproducción, estos problemas están creciendo de una manera extraordinaria, precisamente desde los años 50, de manera muy especial, es decir cuando empieza el boom de la industria química, que se ha multiplicado prácticamente de forma exponencial desde entonces.

Crecimiento exponencial de la industria en algunas décadas

Hasta ese momento, prácticamente, sí había una industria química, pero no era gran cosa, y en estos momentos se ha multiplicado cientos de veces el volumen de sustancias químicas; más de cien mil sustancias químcias sintética ha producido el hombre, sustancias químicas que no había en la naturaleza, de esas más de cien mil sustancias, solamente se ha estudiado, medianamente, de manera adecuada, si acaso, y sin siquiera, en torno a menos del 1% de esas sustancias. El otro 99 no se ha estudiado debidamente, como digo es que no llega al 1%, y digo más o menos debidamente porque tampoco de manera completa; es decir está poco estudiado; lo que sí se ha estudiado sobre las centenares de sustancias que hay estudios realizados pues es lo que hemos comentado.

Sustancias químicas esparcidas por todo el ambiente

Son sustancias que pueden ser encontradas prácticamente en todo lo que nos rodea. Es como lo de los microbios, hasta ahora se ha venido preocupando la medicina en enfermedades, sobre todo, producida por microorganismos pero hay otros agentes patógenos que son las sustancias químicas, que también son onmipresentes, están por doquier, por ejemplo, pueden ser sustancias aplicadas como retardantes de llama a unas cortinas, estos retardantes de llama han aparecido, por ejemplo, en los osos polares del Aŕtico, donde por supuesto allí los osos no tienen cortinas, ni tienen sofás ni tienen nada donde se hayan aplicado retardantes de llama.

Hay muchas formas por las cuales estos tóxicos se diseminan o acaban en nuestro entorno, una de ellas son las emisiones industriales, por ejemplo una planta de incineración de residuos emite dioxinas a la atmósfera, esas dioxinas se depositan luego en los pastos, son comidas por los animales y a través de la cadena alimentaria nos llega.

El mercurio de una central térmica o una planta de producción de cloro o de fabricación de plásticos con celdas de mercurio contamina las aguas, acaba en los peces (de río y de mar). Hay especies marinas que tienen alto contenido de mercurio, que también a través de la cadena alimentaria nos llega.

La casa como un nicho de expansión química tóxica

Otras sustancias pueden estar en los productos de limpieza que se aplican en los hogares, que luego quedan formando parte del polvo doméstico o bien, son compuestos volátiles que respiramos. No nos damos cuenta de que, con independencia de la contaminación industrial que la que la gente está más familiarizada con ella, muchas veces el lugar donde más nos podemos exponer a tóxicos de manera inadvertida es el propio hogar; tóxicos que pueden a haber llegado a través de fragancias, de perfumes, de ambientadores, de cosméticos, de productos de aseo, de productos de limpieza, de las pinturas que se utilizan en las casas que pueden contener una serie de sustancias, los plásticos que pueden liberar sustancias como los ftalatos, aunque a veces a la gente le suena muy raro.

Los ftalatos (2) son un grupo de sustancias entre las que se encuentran las más problemáticas, es innumerable la cantidad de fuentes de exposición que uno pueden tener a estas sustancias.

Conciencia sobre la problemática

En España hay una conciencia bastante escasa, pero por ejemplo en el centro de Europa existe una conciencia mayor; por ejemplo el consumo ecológico es mayor en estos países que en España, que es uno de los mayores productores europeos de agricultura ecológica que no utiliza pesticidas y consiguientemente estos alimentos no contienen residuos de pesticidas y sin embargo todo va a exportarse. Lo que sí es que se consume comparativamente poco, como por ejemplo cosmética ecológica o pinturas ecológicas se consume poco porque hay poca conciencia.

O sea que existiendo alternativas, porque existen alternativas para prácticamente todo, a lo mejor no se está potenciando todo lo que se debiera, porque existe una escasa conciencia de la población, que sería muy importante, porque simplemente cambiando no para que se asuste o que diga ‘qué mal está el mundo’, ‘qué vamos a hacer!’, no; hay alternativas a todo, pero lo primero es cobrar conciencia del problema para luego pasar a esas alternativas. El consumidor tiene un poder mucho más grande del que imagina. Simplemente no comprando un producto no ecológico y comprando uno ecológico con eso estás consiguiendo que los que no producen ecológicamente acaben poniéndose las pilas para posteriormente intentar, hay muchos ejemplos de eso.

Normativas y reglamentaciones en Europa

Se hace bastante poco y las cosas más importantes que se han hecho, por ejemplo la normativa del Reglamento Reach (3) en Europa, fue bastante torpedeado por los poderes industriales. Incluso una vez ya aprobado, los primeros borradores eran muy buenos, muy exigentes, pero se fueron descafeinando bastante, finalmente se aprobó algo, que por lo menos era mejor que la situación precedente que era casi de descontrol en el tema de las sustancias químicas, pero luego tampoco se está haciendo mucho para que lleve realmente a efecto; puede quedar en papel mojado si no se ponen las pilas. Esta normativa Reach debería cambiar eso (de que sólo se hayan estudiado el 1% de las sustancias químicas). Entró en vigor en 2007 y va muy lentamente y son miles y miles de sustancias las que habría que evaluar.

Realmente hay un descontrol bastante grande y eso hay varias maneras de cambiarlo: uno es presionando a las autoridades y a las empresas y otro con las decisiones individuales que tienen un poder, también, muy importante.

Existen alternativas de productos no tóxicos?

Parece por la desinformación que existe que no hay otro remedio, claro, si no produces con pesticidas, cómo vas a producir? si hay millones de hectáreas de agricultura ecológica que producen perfectamente sin ningún problema, cómo vas a cambiar un producto de limpieza por uno que no contenga una serie de sustancias derivadas del petróleo, sintéticas que pueden producir, eventualmente, consecuencias.

Hay productos de limpieza que no contienen esas sustancias y con los cuales limpias exactamente igual la casa, cosméticos, productos de aseo personal que la gente pone sobre su piel haciendo pasar al torrente sanguíneo sustancias, en algunos casos conflictivas como los ftalatos. Hay toda una línea de cosméticos naturales que llevan adelante un montón de empresas, donde se puede también, sin incorporar al organismo esas sustancias. Hay alternativas a todo, lo que pasa es que no hay una debida información por parte de la gente para saber eso, tampoco se le facilita.

Consejos finales

No adopten esa táctica a veces tan utilizada, que no es la adecuada en ninguna situación, que es la del avestruz, que hay muchas gente que piensa que mejor no saberlo, pues no, es mejor saberlo. Es como si vas por un desfiladero en una montaña y dices ‘uy qué miedo!’, me tapo los ojos para no ver, bueno, pues te puedes caer por el barranco. Es mucho más fácil ver las cosas, saberlas, asumirlas y eso te da un mapa de la situación que luego te puede llevar a una solución. No es tanto lo que hay que saber, son una serie de cosas muy básicas y es sencillo, pues a lo mejor no evitando todos los tóxicos, que es muy complicado, tal y como se ha llegado a la situación, pero sí evitar por lo menos un porcentaje de ellos. Y si evitas un porcentaje estás dando ya al organismo una ocasión de recuperarse.

Que se tomen en serio estas cosas, que intenten saber acerca de estos asuntos, porque realmente es algo que puede tener unas implicaciones muy importantes para, por ejemplo, la salud de sus hijos. Por cierto los niños, son, además, particularmente sensibles a los contaminantes químicos, acumulan más tóxicos que nosotros, los eliminan peor; son más sensibles a sus efectos, aunque sea solamente pensando en los pequeños, yo creo que sería importante que la gente intentara saber un poquito de estas cosas.

notas:
1) http://www.fondosaludambiental.org
2) Ftalato https://es.wikipedia.org/wiki/Ftalato
3) Reglamento Reach http://www.mapama.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/productos-quimicos/reglamento-reach

* Carlos de Prada es naturalista, periodista y escritor. Autor de libros Manual de fauna de España y Europa (1992), Tierra Quemada: Políticos y Empresarios Contra la Naturaleza: el Negocio Verde (1995), Los Cisnes de Urd. Naturaleza y Mito en la Edda (1997) Paraísos Perdidos (2006), Sensibilidad Química Múltiple: el Riesgo Tóxico Diario (2010), Anti-tóxico, Vive una Vida Más Sana (2010), La Epidemia Química (2012), Hogar Sin Tóxicos (2013).

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