Terapia con psicodélicos podría cambiar la forma en que morimos

El instante eterno que une el fin de la vida al inicio de la muerte: un vórtice de ansiedad y terror que generaciones futuras podrían suavizar mediante psicodélicos.
 
El miedo a la muerte es probablemente el enfrentamiento más imponente del hombre, una lucha introspectiva con la consciencia que nos hace dar cuenta lo finito e ignorante que es el ser frente a la naturaleza. Es justamente en el lecho de muerte cuando nuestra capacidad reflexiva se activa en su totalidad, ocasionando que síntomas como la ansiedad y la depresión se apoderen de la salud física y mental que queda por consumirse, y de los últimos momentos de felicidad y bienestar que pudieran disfrutarse con los cercanos.  Decía Terence Mckenna que el propósito de la vida es familiarizarse con el cuerpo, para que así el acto de morir no cree confusión en la psique y reconozcamos lo extraño como propio. Es precisamente el temor al desconocimiento lo que engendra que una enfermedad física terminal se convierta, también, en un problema de salud espiritual.
 
Hay quienes apuntan que el uso terapéutico con psicodélicos, -o lo que Mckenna llamaba “etnofarmacología de la transformación de la consciencia”- es la sanación más congruente de un futuro cercano, pues lejos de la doxa superficial que generaliza llamándolos drogas, existe un vínculo químico que de alguna manera conecta a sus partículas activas con las redes neuronales humanas, un intercambio energético entre natura-hombre que no ha pasado desapercibido en ninguna persona que los ha consumido. Quizás cabe recordar cuando el lúcido escritor Aldous Huxley eligió viajar en LSD para recibir la muerte cabalgando en un fractal y sensibilizarnos a la posibilidad de que los psicodélicos poseen un papel fundamental en la consciencia humana.
 
El más reciente estudio de MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies), aprobado por la FDA, revela una grandiosa oportunidad de morir equilibradamente en una cálida templanza a base de terapia asistida con MDMA. El estudio muestra el caso de Mara Howell, paciente de 33 años que murió de cáncer, luego de haberse postrado en los pilares de la depresión, hundida todavía más en su dolor físico que ni opiáceos, metadona o bombas intratecales podían controlar.
 
Marilyn Howell, madre de la paciente, describe en su libro cómo el dolor de Mara no parecía ser derivado exclusivamente de problemas físicos: Por mucho coraje que Mara tenía, las olas de la enfermedad que se apoderaron de ella eran implacables. El ejercicio no la hacía más fuerte y un antidepresivo no la hacía más feliz.
 
Después de agotar todas las opciones legales imaginables, Marilyn -junto con el trabajador de cuidados paliativos de Mara, Joyce Vassallo-, comenzaron a buscar alternativas inusuales para aliviar su sufrimiento. La respuesta la encontraron en un estudio de psicoterapia realizado en el hospital McLean, consistente en sesiones supervisadas cuidadosamente bajo la influencia del MDMA, LSD y la Psilocibina. Marilyn estaba enterada ya sobre la posibilidad de los psicodélicos para aliviar traumas psicológicos, luego de haber leído The Doors of Perception de A. Huxley, donde relata sus minuciosos estudios con mezcalina y LSD, por lo que aceptó probar la terapia en su hija, dando resultados asombrosos de mejora: Los tratamientos aliviaron su dolor, y Mara fue capaz de levantarse de la cama para salir a caminar a un parque cercano en sus últimos días, además de que los psicodélicos también le ayudaron a alcanzar un profundo sentido de la aceptación de su muerte inminente.
 
Vassallo afirmaba que antes de probar con psicodélicos Mara sólo hablaba de dolor, un dolor incontrolable que no se posaba en la consciencia sino a nivel inconsciente; el hecho de pensar solamente en el dolor, y en la idea de que era una joven de 33 años que estaba a punto de morir. Pero la terapia psicodélica asistida parecía mostrarle a Mara la realidad de la situación encontrando un sentido de templanza y claridad espiritual. Murió sin dolor pocos días después de dichas terapias, según su madre, quién le leyó, en su lecho de muerte, This Timeless Moment, A Personal View of Aldous Huxley.
 
Este mismo estudio patrocinado por MAPS y dirigido por el psiquiatra suizo Peter Gasser dio seguimiento a 12 personas más que estaban en proceso de llegar a la muerte, asistiendo a sesiones de psicoterapia con LSD controlado. Un participante austríaco describió la experiencia de la siguiente manera:
 
“Mi experiencia con el LSD trajo algunas emociones perdidas y gran capacidad de confianza, un montón de conocimientos psicológicos y momentos atemporales de cuando el Universo no parecía una trampa sino una revelación de la belleza absoluta.”
 
Hasta la fecha, los estudios clínicos que buscan, específicamente, la terapia con psicodélicos para cambiar la manera en que morimos son limitados, pero aún podemos tener esperanzas en los pocos investigadores decididos a profundizar en las potencialidades de estas sustancias. Probablemente si la terapia psicodélica asistida fuese legal, tendrían algún sentido revitalizante los cuidados hospitalarios antes de la muerte, que si bien raras veces ayudan al entendimiento de la situación sin someter al paciente a una crisis espiritual, podrían ser de gran utilidad para afrontar la muerte material y familiarizarnos con ese momento sublime que nos obliga a entender lo desconocido, que nos obliga a entender, como decía Blake, que la vida se nutre de la muerte.

Pijamasurf
7-12-2014
 
fuente http://pijamasurf.com/2014/12/terapia-con-psicodelicos-podria-cambiar-la-forma-en-que-morimos/

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“La maquinaria social está construida en torno de ambiciones al eros universal, que es el dinero”

Para Christian Ferrer*, las nuevas tecnologías a los únicos a los que les ahorran tiempo es a los dueños de las empresas. “Que se sepa –dice–, los trabajadores trabajan las mismas horas que antes, no hay ahorro de tiempo, sino aumento de la productividad.”

“Las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de que lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente”, dice Christian Ferrer, pensador que aborda con mirada crítica, ácida muchas veces, los modos en que nuestra sociedad nos forma como “consumidores”. Partiendo desde la educación que recibimos –“el saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error”–, en esta entrevista Ferrer volverá a las preguntas por el origen o los orígenes de los seres humanos: el dolor, el amor, la felicidad, la amistad, el deseo. Preguntas que abren cabezas. Preguntas para las que no tiene las respuestas. A veces, incluso –dice–, las soluciones empeoran los problemas.

–¿De dónde viene, Ferrer?

–Qué pregunta. Yo creo que soy una consecuencia de la escuela tradicional argentina en la cual estudiar era una obligación, no un gusto, no un despertar de la curiosidad. Lo que esa escuela ofrecía a los alumnos era un saber enciclopedista. Esa escuela probablemente haya desaparecido como ideal, pero a mí me parecía un modo, un tipo de alimento, típicamente moderno, por otra parte, que me convenía. Saber mucho de distintos campos posibles que tenían que ver con lo humano.

–¿Le gustaba ir a la escuela?

–No. A un niño, alguien que va a la escuela durante años, años y años, todos los meses, todas las semanas, todos los días, por horas y horas se le están restando distintas posibilidades vitales en función de saberes que le son transmitidos que no necesariamente le van a servir para la vida. Creo que soluciona más las necesidades de realización de los padres que otras cosas. Tampoco la idea de alfabetización de por sí me parece necesariamente buena. De hecho la mayor parte de las culturas que han existido en el mundo tuvieron transmisión de conocimiento de tipo oral y sin estos lugares, que son fábricas de títulos y de supuestas… personas aptas para seguir una especie de camino dentro de una máquina general a la cual la educación no le interesa, salvo en relación con los saberes de eficacia que pueden aplicarse en distintas industrias, en distintos servicios, en universidades. La alfabetización actual no implica formación del carácter de la persona sino sólo transmisión de conocimientos, además de las funciones que tienen que ver con la sociabilidad.

–Y en tanto padre, ¿cómo ve a la escuela?

–Como te decía, es transmisión de conocimiento camada tras camada, tras camada. No es lo que uno llamaría educación. Además las jornadas escolares se han alargado mucho. Hasta la década de 1960 no era habitual enviar a niños a jardines de infantes y hoy una persona puede pasar no sólo los años de formación escolar secundaria y universitaria en estas instituciones, sino que a veces está encerrado ahí hasta que se jubila como alumno. No necesariamente eso redunda en mayor sabiduría ni en mayor acumulación de saber ni en beneficios que puedan estar asociados a la formación de la conciencia. Por lo tanto, el problema del niño, que es tener aceptación y amor, como bases para su propia formación personal, no necesariamente está resuelto por las horas y horas y horas que pasa en una escuela. El saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error.

–La Iglesia ha intentado en sus colegios en la formación de carácter, pero muchas veces eso es un problema.

–¿Por qué?

–Porque no todos tienen por qué creer en los valores que transmite la Iglesia. Y el monopolio…

–Sería monopolio contra monopolio. El monopolio del Estado y el monopolio eclesiástico. Son dos monopolios.

–¿Ninguno es mejor?

–Me parece que lo que los padres esperan de la educación no es que los niños salgan mejor formados o que sean receptáculos de saber de los cuales puedan enorgullecerse. Lo que la sociedad espera de la educación es que los niños tengan el formateo suficiente como para poder ganarse el pan de ahí en adelante, es decir, ganarse la vida, como dice la metáfora tradicional, metáfora, por otra parte, que es espantosa en sí misma. Con lo cual, lo que se espera entonces es que la escuela los domestique lo suficiente y al mismo tiempo los vuelva lo suficientemente agresivos como para que cuando llegue el momento de ingresar a los campos de trabajo esa persona esté en disposición de aceptar las normas y obligaciones que eso trae aparejado, tanto en un rol de sometimiento como en un rol de agresión: jefes y empleados, eso es lo que se espera de la educación.

Por supuesto, de vez en cuando ocurren otras cosas que se cruzan con demandas generacionales, o bien por lo que ocurre en el aula misma. De repente alguna maestra, algún profesor, enseña en esa aula como si estuviera en una isla desierta, como si estuviera con unos pocos náufragos, niños. Y les da lo mejor, lo que él puede dar. Y entonces no hay muros ni hay aulas ni hay pizarrones ni hay notas ni hay títulos. Pero esas situaciones de naufragios son escasas.

–¿Y por qué da clases? Quienes han pasado por sus clases pueden sentir ese naufragio…

–En las clases se dialoga con los muertos y con los que todavía no han nacido.

–¿Cómo es eso?

–Se habla de autores, algunos antiguos o antiquísimos, con quienes uno puede sentirse más a gusto que con los contemporáneos. De manera tal que los autores antiguos pasan a ser contemporáneos. Y se habla sobre un mundo del cual nada sabemos todavía. No porque se lo pueda planificar, no porque pueda ser mejor con algún tipo de programa político supuestamente superador, no. Sino porque los niños van a seguir naciendo. Entonces, la clase ideal sería aquella que está en ese momento muerta y viva. Es decir, suspendida de todas sus obligaciones con respecto a la actualidad y sólo conectada con ese río perdido donde han ido a parar todos los muertos y al mismo tiempo conectada con el deseo de la especie de no perecer y por lo tanto de traer nuevos niños al mundo con la esperanza de que no hereden este mundo. Me parece que eso es lo que ocurre en la clase. A mí todos los discursos sobre la educación pública, el sistema pedagógico nacional y la modernización y la actualización no me dicen nada. A mí lo que me dice algo es lo que ocurre en una clase en especial. Lo que le pasó al alumno, lo que le pasó al profesor.

–Le interesan las biografías de personajes extravagantes o exóticos, ¿cómo surge la idea del libro Camafeos?

–Algunos de esos textos están escritos para que ciertas personas no sean olvidadas. Personas que yo conocí y que no quería que fueran olvidadas por mí y por todo aquel que por leer un pequeño esbozo de una vida pueda conectarse con esa historia y con sus avatares. Lo cual no quiere decir que todos los personajes me caigan simpáticos, por otra parte.

–Pero le interesó registrar algo de esas historias.

–Uno escribe por gusto, quiero decir, escribe por el simple gusto de hacerlo. En algunos casos fueron pedidos y me interesó responder a esos pedidos, tal es el caso de (Ignacio) Anzoátegui o de Marta Minujin. En otros casos no, son autores que me conmueven o me resultan imprescindibles a mí únicamente. Hay un hilo conductor. Por ejemplo, algunas figuras tienen que creer mucho en sí mismas para hacer lo que hacen: Minujín dice “yo soy una enviada”; Orélie Antoine se nombra “rey de la Araucanía”. Pero también al revés: “Soy una madriguera de complejos”, dice Ezequiel Martínez Estrada.

–¿Qué define a los excéntricos?

–No sé si hay algo que los vincule, pero sí podría decirte que hay autores que piensan por afirmación de sí mismos, que por otra parte son la mayoría. Es decir, gente que cree en lo que dice, gente que cree en lo que escribe. Gente que cree en la batalla de ideas y cómo en toda batalla cada cual se posiciona, cada cual saca su arsenal teórico o ideológico o analítico y lucha contra otros. Mientras que hay otros autores que, por el contrario, piensan y escriben en forma autodestructiva. (Héctor) Murena es un caso, Martínez Estrada es otro caso. Es decir, pensar significa autodestruir el objeto sobre el cual se piensa y al cual no se le concede ningún derecho a existir pero al mismo tiempo se autodestruye el autor, éstos son autores más raros. La mayor parte de las personas, sobre todo en el mundo intelectual y universitario, típico del intelectual que toma partido, cree que sabe y además cree que es bueno, necesariamente: si el otro es malo yo soy bueno. Es como una lógica infantil pero que funciona. Funciona en la política, en las empresas, en las universidades. Esa mezcla de supuesto saber y superioridad moral con respecto al contrincante. A mí me interesan mucho más los autores que, por el contrario, saben que pensar implica el riesgo de fundirse, de autodestruirse. Están en lucha también, pero es otro tipo de lucha, es una lucha demoníaca; la otra es de angelitos, no importa si esos angelitos a veces usan revólveres. Me parece a mí.

–Dice de Martínez Estrada que diagnostica, como un radiólogo, pero no cura.

–No todos los problemas tienen solución. Y por lo general, las soluciones agravan los problemas. Quiero decir, el hecho de que no haya solución a ciertos problemas no quiere decir que no sigan estando ahí los problemas. Y, por otro lado, las soluciones, me refiero a soluciones de índole política o técnica, por lo general son reajustes que permiten a una gran maquinaria seguir funcionando. De alguna forma, los peores defensores de un sistema defectuoso son aquellos que buscan solucionar sus aristas más impresentables pero dejando latente el funcionamiento de todo el sistema. Eso se hace notorio después de un cierto tiempo. Todo sistema social, toda máquina, necesita de un service. Pero las soluciones que sólo proceden por reajustes son falsas soluciones y tarde o temprano una época se ocupa de deshacerse de todas ellas para refundarse sobre otras bases. Justamente no porque no funcionara la anterior sino porque la acumulación de falsas soluciones tarde o temprano hace estallar todo el mecanismo.

–¿Las soluciones a los problemas técnicos son siempre técnicas?

–Ese es el ideal de la sociedad tecnocrática. Es un típico pensamiento. Por ejemplo, se extiende la frontera agrícola a lugares donde antes había bosques y esos bosques desaparecen, de manera tal que desaparecen las especies animales que allí también vivían. Entonces, la solución técnica es tomar muestras de ADN de los últimos ejemplares vivos para una eventual clonación en el futuro para que los niños escolares sigan viendo animales en el zoológico. Ante un problema creado por el ser humano se le busca una solución técnica. La cuestión aquí no es tanto elegir expansión agrícola o mantenimiento del paisaje, sino preguntarse si esa expansión agrícola contribuye a eliminar el hambre en el mundo o sólo a enriquecer las arcas de los propietarios y del Estado. Que yo sepa, no se ha eliminado el hambre en el mundo.

–¿Cómo se relaciona la técnica con el ideal actual de felicidad? Dice en el libro El entramado que hay una exigencia de felicidad en la sociedad actual.

–En nuestra época, donde hay vacunas, antibióticos, medicamentos que intiman con el dolor psíquico, afectivo; donde hay compañías de seguros, sistemas de intercomunicación y sincronización continua e instantánea; donde las distancias se han acortado; donde hay televisión, Internet, en fin, no es seguro que no se sufra más que antes. Es decir, todos esos artilugios técnicos a mí me parecen amortiguadores psicofísicos de la personalidad. Tienen funciones de amortiguación del dolor. Como si los seres humanos necesitaran de ellos inmunización, seguridad. Sin esa vida en una cápsula protegida –y de alguna forma el hogar burgués fue eso desde el siglo XIX en adelante: un estuche–, sin esa posibilidad de establecer aunque sea contactos mínimos por día a través de redes de comunicación, las personas se hundirían en la desesperación porque sus vidas reales son vidas que se juegan en el mundo del trabajo. Es decir, esto significa que el hombre ha sido construido como hombre económico; productor y consumidor a la vez. Por lo tanto se ve a sí mismo como trabajador. En la antigüedad un trabajador no era alguien bien considerado. Los que hacían el trabajo duro eran los esclavos. Sólo en la época moderna, cuando se decide que existe igualdad democrática entre todos, aparece el problema de quién va a trabajar. Si antes lo hacían los esclavos y ahora somos todos libres e iguales, quién trabaja. Es decir, quién hace la tarea que desde siempre ha sido considerada una condena. La única solución lógica era decir que el trabajo es algo muy lindo. Que el trabajador es alguien lindo. Y su salario tiene que ser más o menos lógico. Eso es todo.

–Hoy se soporta menos el dolor que antes.

–Si uno presta atención a la importancia que adquirió la farmacéutica, la evaluación médica constante, la cantidad de medicamentos que intiman con los estados de ánimo, desde los viejos barbitúricos, pasando por los ansiolíticos, hasta llegar hoy a los desactivadores de estados de pánico, y si uno atiende a la imaginación actual que espera de la técnica ya no una cura de enfermedades o dolores sino una cura de enfermedades emocionales: que se descubra el medicamento que al fin reduce la gordura en un instante, o que te implanta cinco tetas a la vez sin el menor riesgo… En otras palabras las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades. Se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente. Y no las puede imaginar a esas alternativas, no porque no las conozca sino porque le parecen poco erógenas. En otras palabras, porque la maquinaria social está construida en torno de ambiciones, del eros universal que es el dinero y de pensar a la máquina como un principio de orden y de poder. Eso les satisface a todos. De manera tal que cualquier otra alternativa que suponga más mansedumbre y más felicidad les resulta problemática para sus propios instintos agresivos.

–¿Por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido?

–Es relativo, pero es bastante evidente una presión social que cae sobre el cuerpo femenino. Yo creo que en parte es un efecto impensado y no querido de la lucha por la liberación de la mujer de los últimos 100 años, y de los últimos 50 años en particular. Es decir, una vez que se produce la liberación del viejo harén patriarcal, o al menos de sus formas más rígidas, hay todo tipo de riesgos afectivos que vienen después. Estar emancipada no quiere decir estar a salvo. Esos riesgos afectivos no se resuelven con leyes, no se puede legislar sobre ellos. Por otra parte, creo que hay una conciencia cada vez mayor de que el cuerpo es un valor en sí mismo. Que la apariencia corporal permite o posibilita, en tanto eso supone diferencias sociales entre jóvenes y no jóvenes o apariencias destacables y no destacables. Me parece que hay una creciente conciencia de que el cuerpo como valor en sí mismo permite el ascenso social hacia el otro gran diferenciador social que es la riqueza, o bien los mercados de la vanidad. A eso hay que agregar que los llamados “mercados del deseo” –y toda sociedad tiene un mercado del deseo– se han ampliado considerablemente desde hace 50 años. Antes las personas, hombres y mujeres, establecían muy jóvenes un camino afectivo que los llevaba al matrimonio, a la consecución de una familia y no mucho más. Hoy en cambio el mercado del deseo se ha vuelto barroco. Hay todo tipo de personas de toda edad intentando posicionarse en ese mercado, lo cual hace que las angustias, los malestares en torno de la imperfección corporal se vuelvan mucho más intensos. Eso toca particularmente a las mujeres, pero a todos en realidad. Y la técnica se ofrece a compensar la posición desfavorecida de todos los que no den la talla o el aspecto más presentable posible.

–¿Cuál es el rol de la pornografía en la sociedad actual? Usted la compara con algunos programas de televisión como el de Tinelli. ¿Puede explicarlo?

–Es difícil saber cuál es la causa de la expansión rampante de esta industria, pero difícilmente esté asociada con una mayor “libertad de expresión”. Es decir, al fin de la censura. Es posible que la pornografía prospere allí donde falla la monogamia, porque el contrato implícito es el de la imaginación de harén, no el del hogar. Puede sumarse a ello la cruza entre el desenfado de los medios de comunicación y variados efectos inesperados o no queridos de la revolución sexual iniciada en la década de 1960. Lo cierto es que cuando los matrimonios languidecen en frialdad, las personas se ponen a soñar con lejanías de todo tipo. La cuestión es que por todos lados se promueven epifanías de la carne, pero la experiencia habitual es la de estar encorsetados. Además, la ampliación del “mercado del deseo” conlleva la necesidad de presentar al otro una imagen de cuerpo altamente sexualizada. Quizá la pornografía tanto como las telenovelas sean modos de sublimación de la alienación cotidiana. ¿El programa de Tinelli? No sé, su centro de gravedad es la humillación consentida, con algunos toques de sensualidad pornográfica socialmente aceptable, para toda la familia.

–En un artículo sobre donación de órganos dice que la obligación de donar por ley sanciona el fracaso emocional de una comunidad.

–Por lo general, cuando hay leyes es porque han fracasado las reglas de buena vecindad. La donación de órganos debería ser un gesto de desprendimiento amoroso, no una obligación. Es decir, un gesto de “amor anónimo”, una efusión de bondad y solidaridad hacia la comunidad, a todos y a nadie en particular. De otro modo se consumaría la posible paradoja de que un misántropo, o un egoísta en grado sumo, o una persona abrasada por el odio a la humanidad, sean “donantes presuntos”, tal como lo indica la ley. En fin, este tipo de cuestiones aparece cuando los “avances” técnicos son mucho más veloces que la capacidad de una sociedad para procesarlos, y entonces se establece un desarrollo desigual y combinado entre tecnología y ética.

–En un capítulo sobre la tecnología y la escritura plantea que es una falacia pensar que la tecnología ahorra tiempo, ¿por qué?

–Hasta donde sé, por más que las redes de computadora permitan mayor velocidad y prolijidad y sincronicidad e interconexión, nadie sale antes de cumplir el mismo horario de siempre ya estipulado en fábricas y oficinas. ¿A quiénes les ahorra tiempo entonces? A los dueños de las empresas, que ven de este modo multiplicada la productividad de los trabajadores sin que ello redunde necesariamente en aumento del salario. Las tecnologías ni son neutras ni son de por sí “benefactoras”, ingresan en instituciones que determinan sus usos y, que yo sepa, vivimos en una sociedad industrialista, productivista y con poderes y jerarquías bien conocidos. Por el mismo andarivel, lo mismo que permite la interconexión también lo hace con la vigilancia, y eso no se le escapa a nadie, como a nadie le está permitido escaparse de ese destino. La llave maestra de la “libertad” también lo es del control.
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Filosofía de la técnica

*Chistian Ferrer es sociólogo y ensayista. Es profesor titular de Informática y sociedad en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, donde introduce a su alumnado en la filosofía de la técnica.

Quien haya pasado por sus clases no puede permanecer indiferente. Con una voz grave, en un tono bajo –casi un susurro– va llevando a sus oyentes por un mundo narrado en un lenguaje poético, un mundo lleno de fantasmas, muertos, deseos y cuestionamientos ontológicos de nuestra realidad y nuestra humanidad.

Su pensamiento puede gustar o no, pero es único. En algunas biografías lo definen como “referente anarquista”. Sobre su acercamiento al anarquismo dice: “Siempre me pareció un ideal de emancipación que a la mayoría le puede resultarle exagerado o imposible pero que en verdad es sumamente sensato. Supone vivir en relaciones de ayuda mutua, decidiendo los interesados sin intermediario alguno, sin que nadie se vea obligado a humillar ni ser humillado, con poco apego a producir por la producción misma y mucho más por vivir en paz y con menores sufrimientos de los que causan las actuales “presiones sociales”, sin estructuras jerárquicas y sin ingerir cadáveres de animales, y sin hacer del matrimonio una síntesis de sexo y dinero, es decir, donde la inyección de dinero, que es cosa espiritual y no sólo amonedada, remedie las fallas o las debacles del amor”. “El anarquismo es un ideal de vida emancipada y libre que pretende terminar con la sociedad de la jerarquía y del patriarcado, pero que sobre todo impugna las falsas soluciones a los problemas irresueltos de la sociedad moderna.” “Hasta el momento no se ha inventado una idea de la libertad más radical y cuerda que la proclamada en su momento por los anarquistas”, concluye.

Publicó numerosos libros. Los últimos, El entramado. El apuntalamiento técnico del mundo (Ediciones Godot, 2012) y Camafeos. Sobre algunas figuras excéntricas, desconcertantes o desbordadas (Ediciones Godot, 2013). Este año publicará otro trabajo sobre Ezequiel Martínez Estrada, personaje sobre el que vuelve siempre. “Quizá Martínez Estrada sea el único de los grandes escritores que ha dado la Argentina con el cual ninguna ideología o partido político sabe qué hacer”, dice Ferrer. “Era un hombre de ideas intransigentes, muy poco condescendiente con los defectos argentinos, alguien que amaba a su país pero que no necesariamente lo admiraba. Su prédica malhumorada, a veces violenta, tenía como objetivo hacer notar ciertos invariantes históricos que creíamos haber dejado atrás pero que seguían activos subterráneamente, y que por lo tanto retornarían, como lo hace lo que fue reprimido sin ser pensado, o como lo hacen los fantasmas.”

Sonia Santoro
21 de julio de 2014

fuente http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-251203-2014-07-21.html

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La experiencia mística

Hace aproximadamente veinte años, en mi trabajo como especialista en el tratamiento de desórdenes adictivos, descubrí el uso terapéutico de la ayahuasca en el Amazonas. El brebaje que utilizan esas tribus indígenas ha probado ser un remedio efectivo para el tratamiento de las adicciones y enfermedades mentales de pacientes occidentales.

La ingesta de ayahuasca hace que el paciente se enfrente a una serie de visiones y alucinaciones de carácter traumático que desatan miedos profundamente arraigados. Volver a vivir una de estas experiencias a través de la ayahuasca los lleva a la resolución o disolución de los conflictos. Los pacientes viven además una experiencia mística radical que les ayuda a construir conexiones profundas y de seguridad. Aunque el uso de plantas alucinógenas ha sido muy criticado en la medicina occidental, los estados de alteración de la consciencia y las experiencias místicas son fenómenos conocidos por todas las culturas.

Estas experiencias son estados que trascienden la consciencia cotidiana y permiten una visión especial, intuitiva y difícil de explicar sobre la naturaleza de la realidad, una especie de constatación que desplaza la consciencia de un nivel subjetivo/relativo a un nivel objetivo/absoluto. Sorprendentemente, esta constatación a nivel objetivo/absoluto es casi idéntica en todas las culturas. Según Ben Kilwer (filósofo de la cultura, phD CPH), esta estado particular de la existencia puede estar estructurado en tres categorías.

1. Experiencias sutiles

Existe experiencias sutiles de imágenes y sensaciones delicadas que surgen cuando los contenidos mentales llamados ‘fuertes’ o ‘duros’ son silenciados. Estas experiencias pueden tener una apariencia amorfa, como también adoptar formas bien definidas.

2. Experiencias causales

Con la experiencia causal, el alcance de la consciencia está libre de todo objeto. Aquí, sólo se mantiene la consciencia propiamente dicha, no como consciencia de alguna cosa, sino como consciencia pura e indisoluble, parecida a ese espacio que no se manifiesta, que no contiene fenómenos.

3. Experiencias absolutas

La experiencia absoluta no es ningún tipo de esta avanzado, sino la conditio sine qua non de todo fenómeno. En este caso, la mente reconoce todos los fenómenos que aparecen como meras creaciones suyas. A este nivel, se reconoce que la consciencia impregna todos los otros niveles, se manifiesta en ellos y, en realidad, es idéntica a ellos.

Si la experiencia mística se tuviera que emplear psicológicamente, tendríamos que admitir que el origen de este tipo de alteración de la consciencia está en medio del cerebro, en la llamada glándula pineal. La glándula pineal es un pequeño órgano en forma de cono y del tamaño de un grano de arroz que, en medio de la bilateralidad de nuestro cerebro, es el único órgano singular. Una de sus labores es la de convertir la serotonina producida durante el día en melatonina durante la noche y coordinar así los ritmos entre el sueño y la vigilia. Además, produce la dimetiltriptamina (DMT). Esta triptamina alcaloide, principal ingrediente activo de la ayahuasca, se puede encontrar en pequeñas cantidades en casi todos los organismos vivos. La glándula pineal segrega dimetiltriptamina durante toda experiencia místico-espiritual, así como también durante la experiencia del nacimiento y la muerte.

Muchas prácticas espirituales desarrollan métodos para activar esta glándula, que ya el mismo René Descartes describía como el ‘asiento del alma’. Con la ingesta de plantas alucinógenas, los chamanes de Sudamérica y África aumentan los niveles de DMT en el cuerpo de manera externa. Los yoguis de la India practican la ‘meditación del tercer ojo’ y la técnica de ‘mirar al solo’, mientras otras religiones practican el aislamiento en estancias oscuras para ayudar al cuerpo, a escala bioquímica, a producir DMT por sí mismo. Es muy probable que las experiencias místicas y de la alteración de la consciencia hayan facilitado el desarrollo de la consciencia humana propiamente dicha.

Los científicos asumen que el hombre primitivo sólo pudo desarrollar consciencia de sí mismo al ingerir plantas con ingredientes psicoactivas, al principio de manera accidental y más tarde de manera voluntaria. Inicialmente, su limitada percepción quedó alterada por la ingesta de estas plantas y fue así como adquirió la habilidad del auto-conocimiento.

Aunque las experiencias místicas parecen estar lejos de la experiencia cotidiana del hombre occidental, todas las culturas del mundo conocen lo que son los estados de alteración de la consciencia y los experimentan de manera regular. Más allá de nuestro estado de vigilia, conocemos también los cambios de consciencia que se producen mientras dormimos y soñamos. Muchos de nosotros también hemos vivido los cambios mentales que se producen durante períodos de fatiga o en situaciones de gran estrés. Hoy en día, una gran cantidad de personas practican yoga y meditación, y todos hemos vivido el nacimiento y tendremos que vivir la experiencia de la muerte algún día.

Aunque nos parece fácil entender el hecho que nuestra consciencia normal sea capaz de inventarse historias, construir aviones y dirigir guerras, somos, al contrario, incapaces de penetrar universalmente las correlaciones existenciales de la vida, el nacimiento y la muerte.

En mi trabajo de doctor, he aprendido que la falta de conocimiento sobre nuestra existencia nos lleva al miedo que es la condición básica de todo trastorno adictivo. El placer siempre nos viene dado por alguna cosa fuera de nosotros, mientras la alegría surge de dentro. La enfermedad y la adicción son productos de la falta de conexión, de unidad y pertenencia. Sólo la experiencia mística de la unidad puede llevarnos a la curación.

Reconocer la propia enfermedad mental es, sin lugar a dudas, el inicio de la recuperación de la cordura, el principio de la sanación y la trascendencia. Pronto, todo el mundo deberá reconocer, si todavía no lo ha hecho, que la humanidad se enfrenta a una elección muy importante: evolucionar o morir.

Gad Lund-Meyer*

Deseo agradecer personalmente su ayuda y sus consejos al doctor Gad Lund-Meyerscheen, a Nath Lea Trishnamtrah y al profesor Loz Merlo.

* Gad Lund-Meyer es especialista en investigación y tratamiento de desórdenes de adicción y dependencia en el Bethlem Royal Hospital (Maudsley Foundation TRust) de LOndres. Actualmente, dirige la Unidad de Desórdenes de Adicción y Dependencia y es profesor del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres.

Revista El Estado Mental nº4, septiembre de 2014 http://www.elestadomental.com

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Pequeño libro de la verdad & pequeño libro de la sabiduría eterna

Care Stie Totul fue un místico rumano nacido en Atlántida, a la orilla del lago Tal’antys, en la región de Moldavia. El año de su nacimiento es dudoso, pero debió de ser ente 1295 y 1297, en todo caso alrededor de 1300. No hay duda sobre el día de su nacimiento: el 21 de marzo. También se lo conoce como Alltid’alla (Siempre en castellano), nombre con el que firmó algunos de sus escritos. Murió en Ulmu Mic el 25 de enero de 1366. Stie Totul escribió la historia de su vida interior (conocido generalmente como el Pequeño libro de la verdad) y hizo una revisión del Pequeño libro de la sabiduría eterna (Cartea înțelepciunii eterne). En algún momento de sus últimos años, hacia 1361–63, publicó esos trabajos junto con once de sus cartas. La colección de dibujos que reproducimos son ilustraciones originales aparecidas en esas publicaciones.

Uno de los principios más importantes de su práctica es «morir antes de morir». Para poder conseguirlo, se debe combatir el impulso del «alma inferior», el «ego tiránico» (an-nafs al- ammara), hasta transformarlo en una característica positiva. De esa forma se superan los diferentes estadios hasta llegar al más elevado de todos: el «alma pura» (an-nafs al-safiya).

El misticismo (1), tal como lo entendía Stie Totul, significa no poseer nada y no ser poseído por nada. Otro aspecto muy importante de sus enseñanzas es que la verdad no puede ser aprehendida intelectualmente. En todo caso, ha de ser vivida. En el libro Philosophia Perennis de Maren Mietshliebeskind, se recogen los principios del pensamiento de Stie Totul según el siguiente esquema:

No obedezcas órdenes de nadie, salvo que provengan también de tu interior
No hay más Dios que la misma vida
La verdad está dentro de ti, no la busques fuera
El amor es oración
Llegar a no ser nada es la puerta a la verdad
La vida es el aquí y el ahora
Vive plenamente despierto
No nades, flota
Morir a cada momento para poder ser nuevo cada momento
Lo que es, es. Detente y mira

Axis mundi

Atlántyda (Moldavia) es el lugar de nacimiento más probable de Stie Totul. A unos doce kilómetros se extiende el valle de Tsunk, donde crece uno de los árboles más viejos del mundo, el Sarver -e Abarkuh (Pinus longaeva). Ya durante la infancia de Totul, dicho árbol era objeto de culto como axis mundi sagrado (o como eje cósmico, eje del mundo, pilar del mundo, columna cerului, centro del mundo, árbol del mundo). Aún hoy este árbol sigue representando la conexión entre el Cielo y la Tierra. Los árboles reúnen tres niveles: el cielo (ramas), la tierra (tronco) y el mundo subterráneo (raíces). En este sentido, hacen de puente entre estos los mundos y su imagen especular hace dudar sobre los principios de la gravedad; la habitual percepción de lo que está arriba o abajo queda cuestionada. Se cree que Totul tuvo sus primeras visiones a la edad de cuatro años, sentado bajo este árbol, aunque en sus posteriores enseñanzas siempre insistió en que el centro del mundo es el lugar que uno ocupa en cada momento. Con esta afirmación intentaba neutralizar la tendencia generalizada a adorar lugares y objetos en vez de la vida en sí misma.

El viaje astral

Astrální Cestováni es el viaje que hace el cuerpo astral (un cuerpo intermedio, hecho de luz, que vincula el alma con el cuerpo físico). En dicho viaje, el cuerpo astral abandona el físico para trasladarse al plano astral, que es un mundo intermedio entre el Cielo y la Tierra, hecho de las esferas de los planetas y las estrellas. El viaje se puede emprender de manera voluntaria, pero también por casualidad. Suele ocurrir al principio del sueño, sin legar a perder la consciencia, o al despertarse mental pero no físicamente. También puede alcanzarse mediante la práctica del sueño lúcido. Ya durante su infancia Stie Totul tuvo experiencias extracorporales involuntarias seguidas de viajes astrales que, como cuenta en sus diarios, lo aterrorizaban, pues las consideraba síntomas de locura inminente. Un día se lo confió a Hlavní Most, su profesor de filosofía, que con  el tiempo se convertiría en su guía espiritual. Most le explic que esas experiencias, si se utilizaban correctamente, eran en realidad un don extraordinario.

Taguna

A los 16 años Stie Totul decidió abandonar la casa de sus padres para trasladarse a una cueva en la falda del monte Rrszck. Durante los siguientes diez años, esa cueva fue su hogar. El interior era muy austero. Dormía en el suelo, y una fogata le daba calor y por la noche mantenía a raya a los lobos. En una de las paredes de la cueva había un nicho que le servía de altar. Lo llamaba Taguna. Durante muchas horas, a diario, Taguna era el centro de sus meditaciones. ‘Ta’ representa los atributos relacionados con los reinos más oscuros e ignotos dela vida. ‘Guna’ se refiere a la suprema energía de la disolución. Tanto la psicología como la ciencia afirman que sólo un pequeño porcentaje del Universo es consciente. Esos reinos desconocidos contienen todos los misterios de la vida. Ya que el conocimiento del hombre acerca de la vida es muy limitado, y para él está envuelto en tinieblas, se le representa con el color negro, que se asocia a ‘Ta’. ‘Ta’ es la fuente esencial de todo lo que es místico y desconocido para el hombre. Por otro lado, ‘Guna’ es la energía necesaria para trascender la materia y la muerte misma.

Chlupaté Srdce

En varios de sus cuadernos personales Totul menciona a su madre, Karina Totul Srdce.

(…) Todo parecía ajeno a ella, (…) en su rostro podía ver sentimientos insostenibles que le aparecían y luego desaparecían sin dejar ninguna marca en su conducta o en su alma (…)

Desde una perspectiva psicológica contemporánea, la madre de Totul podría haber sufrido de alexitimia, un trastorno dimensional de la personalidad que varía de gravedad de una persona a otra. La lexitimia se caracteriza por la dificultar en identificar y distinguir las emociones y las sensaciones física que acompañan a las mismas. Las persona que la padecen tienen dificultades en describir sus emociones a otras personas debido a una constricción de los procesos imaginativos, lo que se manifiesta en una pobre imaginación. Además, aquellos que sufren de alexitimia relatan sueños muy lógicos y realistas, como por ejemplo que van a comprar algo o que están comiendo. No hay duda de que a Stie Totul debió afectarle el ser criado por una madre incapaz de sentir o expresar emociones de ninguna clase. Totul confeccionó este ex voto en su juventud. Se cree que Karina Totul Srdce se curó después.

El diente de Cer

La palabra ‘Cer’ proviene del Bolgato rumano (una extensa compilación de folclore y mitos rumanos, que data del siglo IV a.C.) Significa paraíso, cielo, portador de la madrugada o, si se usa como adjetivo, el que trae la luz). Cer es un personaje embaucador, y como en muchas tradiciones vernáculas, los payasos y los embaucadores eran esenciales para establecer el contacto con lo sagrado. La gente no podía ponerse a rezar antes de que aquéllos hubiesen reído, pues la risa nos abre y nos libera de los rígidos prejuicios. Las ceremonias más sagradas de los humanos debían contar con los bufones, por el temor a olvidar que lo sagrado viene del descontento, de la subversión y de la sorpresa. En casi todas las tradiciones vernáculas, el bufón es esencial para la creación y el nacimiento.

Es probable que StieTotul, al hacer su escultura de miga de pan El Diente de Cer, recibiera la influencia del mito rumano de Miorita, en el que la bella Madre de la Tierra se harta de Cer, que la desea eternamente. En un ataque de ira lo golpea en la cara con un árbol, con lo que Cer pierde todos los dientes. Más tarde, al ver su sonrisa desdentada, se apiada de él y le concede una dentadura hecha de pan.

No digas lo que piensas

Aparte de ser un dibujante muy versátil, Stie Totul confeccionó a lo largo de su vida gran cantidad de pequeños objetos, de los cuales sólo unos pocos han llegado hasta nosotros. En el capítulo 9 de su Pequeño libro de la sabiduría eterna (‘El Mal pesa el 61%, el Bien el 26%, el resto es Atrofia’?, compuesto por nueve cartas a Mala Kin Jov (un compañero místico de Mesopotamia), explica las visiones que tuvo durante los años que vivió como ermitaño en Sibiu, Transilvania. Hay dos objetos que datan de este período.

Extracto de su tercera carta a Jov:

(…) y oí a mi voz decir: no digas lo que piensas, pues tus pensamientos son vanos si no han viajado a través de tu corazón. Si no has sentido ni experimentado algo, no puedes entenderlo, y en consecuencia no puedes hablar de ello. Así que permanece en silencio. Por sí mismos, los pensamiento están vacíos y carecen de rumbo, a menos que se nutran de la compasión genuina.  Convencer y persuadir con la inteligencia y el ingenio no te harán subir una montaña: te quedarás a sus pies entreteniendo a la muchedumbre. ¡Aspira a la confusión en lugar de una claridad falsamente cegadora! Déjame oír la silenciosa verdad que se eleva de tu interior, abandona una a una esas palabras en tu camino a la superficie, a la luz. ¡Toma un soplo de aire fresco, sin palabras! (…)

Extracto del Pequeño libro de la sabiduría eterna (cartea intelepciunii eterne)

(…) llamo Turiya a la experiencia de la conciencia pura. Es lo que sostiene y trasciende los tres estados generales de la conciencia: la vigilia, el sueño y el sueño sin sueños. Muchos de vosotros sos sólo parcialmente conscientes debido al carácter de vuestra mente poco ejercitada y la influencia de los impulsos y las preocupaciones mundanas. Para lo real permanecéis dormidos, incluso cuando estáis inmersos en la labor cotidiana. (…) En el estado de Turiya, viviréis la realidad extrema, el estado de la visión total, una conciencia en la cual la atención mejora, se refina y acera; un estado en el que trascienden aspectos de la mente como el pensamiento y la percepción. Es un nivel de consciencia más alto que el ordinario, puesto que se alcanza una mayor conciencia de la realidad. (…)

Cielo de piedra

El cielo de piedra es probablemente el documento escrito más antiguo en el que se habla de la importancia religiosa de la piedra como tal. En proto-rumano (o româna comunä, rumano antiguo o straromâna) las palabras para ‘cielo’ y ‘piedra’ son idénticas: ‘asman’. Tanto los lingüistas como los historiadores consideran que hace 8.500 años Rumanía era el centro de la vieja civilización europea, una afirmación respaldada por recientes hallazgos arqueológicos en Tartaria (Rumanía). Entre otras cosas se encontraron tablillas escritas (más antiguas que las sumerias), que al ser descifradas revelaron esta visión del mundo: ‘el mundo habitado por los humanos es una enorme cueva dentro de un cielo de piedra’, una concepción probablemente alentada por el descubrimiento de meteoritos. Stie Totul reinterpretó hábilmente en sus escritos esta idea común. Reforzó el significado simbólico de las piedras, representando en ellas en no ser que puede asimilarse a la eternidad. Declaró que las piedras, de cualquier forma y tamaño, son la prueba del cielo en la tierra. En último término, esta idea está ligada a la ‘unidad’ del aquí y el ahora’ y el ‘más allá’.

Dios

Extracto del capítulo 5.1 Indiferencia material (Del pequeño libro de la Sabiduría)

(…) Dios es una esfera inteligente cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia en ninguna. (…) El universo se ha construido a partir de ella. (…) Al estudiar Júpiter, la estrella de madera, encontré que tenía un compañero secreto (…) Júpites y su compañero secreto, que gira en torno a su hemisferio interno, son una unión sin igual en la Vía Láctea. El pequeño compañero, el Xx4-‘cc, es en realidad un fragmento de luna (su segunda luna a la izquierda, Kartofolie) que se desprendió en el impacto de un meteorito sobre la superficie de Júpite. Curiosamente, dicho fragmento de luna permanece siempre en la misma posición y distancia, en un punto ciego (nornoroeste 7/5,2 cel). Su forma y consistencia son muy parecidas a las de la patata (…)

Nambia supernova

La Santa Nambia Supernova (-1320-1354 Bielorrusia() y Stie Totul se conocieron durante su peregrinación a Homyel. La naturaleza curiosa de Supernova y sus conocimientos de la Vía Láctea fascinaron a Totul, t forjaron una amistad que duró toda la vida. Nambia Supernova descubrió el fenómeno que se da durante la muerte de una estrella. Hasta 1940 no recibió el crédito que merecía por parte de la Unión Católica de la NASA, que nombró en su honor dicho fenémno: Supernova (plural: Supernovae). La Supernova es el proceso de rápida fulgencia con el que las estrellas llegan al final de su existencia. Este proceso de muerte estelar provoca un estallido de radiación que pueda llegar a eclipsar a una galaxia entera con una energía equivalente a la emitida por el Sol en toda su existencia. Con mucho esfuerzo, Nambia Supernova consiguió reunir restos de partículas de uno de estos estallidos estelares en una tela tejida para el caso. Las partículas de polvo estelar se han fusionado con el tejido, formando con el tiempo una superficie casi petrificada. Esta tela de polvo estelar está alojada en la Capilla Real de la Catedral de San Juan Bautista (Sudario de Oviedo).

Care Stie Totul. Transformare relicva (reliquia transformadora)

En casos excpecionales las reliquias corporales atraviesan un proceso de trasnformación especial llamado Patrâvoin â. En dicho proceso los restos del cuerpo (pelo, huesos, etc.) se convierten, a lo largo de un período de siete días, en piedra. Las reliquias se transforman en una gran variedad de tipos y formas de piedras. Los estadios de un proceso de Transformare relicvâ Piatrâvoin ä quedan indicados a continuación:

1. Hueso natural
2. Reliquia derivada de hueso natural
3. Aumento de tamaños
4. La transformación se completa

Muy a menudo, las mismas Transformare relicvâ pueden provocar maravillas como el aumento o diminución de sus tamaños; pueden llegar a ser ligeraes, brillar en la oscuridad, volar por su contenedor en todas direcciones, y transformarse en varias formas. En el caso de las reliquias de Stie Totul, su maravillosa transformación se produjo un año después de su muerte.

“Con el tiempo, la madera, el hombre y los océanos devienen vaivén.” Care Stie Totul

El tiempo no existe

La afirmación de que ‘el tiempo no existe’ a punto estuvo de costarle la vida a Stie Totul. A este tema le dedicó tres capítulos de su Pequeño libro de la sabiduría eterna (Cartea int,elepciunii eterne) (Capítulo 12: Eternidad) y también muchas conferencias. En una de esas ocasiones fue detenido por las autoridades locales, acusado de blasfemia y sedición. Escapó por los pelos de la pena de muerte, pero fue expulsado del país para siempre.

Extracto del Capítulo 12, Simultaneidad:

(…) Vuestra percepción de la naturaleza es errónea. El tiempo, tal como lo vivís, es una ilusión creada por vuestros sentidos, que os obligan a percibir las secuencias de los hechos en orden cronológico. Esa no es la esencia verdadera de las secuencias de los hechos. Vuestros sentidos solamente pueden percibir la realidad en pequeños pedazos, y os parece como si solamente hubiera existido un momento y después se hubiera agotado para siempre: entonces otro momento se presenta para desaparecer como lo hizo el anterior. No obstante, todo en este universo existe simultáneamente. Las primeras palabras que nunca fueron pronunciadas aún resuenan por el universo.

El Estado Mental

notas:  
1) El misticismo (del griego: υστικός, mystikós, misterioso) busca la comunión y la identificación, o la conciencia de una realidad final, de una divinidad, verdad espiritual o Dios, a través de una experiencia directa, de la intuición, el instinto y la lucidez. El misticismo normalmente desarrolla prácticas dirigidas a alimentar su experiencia. Fundamentalmente, muchos místicos creen que la verdad se puede encontrar en cualquier religión, y que todas las religiones, en esencia, son iguales. Por tanto, el misticismo no está ligado a ninguna religión y camina separado y libre de ellas.

Revista El Estado Mental nº4, septiembre de 2014 http://www.elestadomental.com

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