El universo técnico y su exterior

Elementos para una comprensión de nuestro universo técnico.

1. La organización social de los humanos, su forma de vivir en común ha variado a lo largo de su historia, pasando de unas formas de relación a otras; formas creadas por ellos mismos y que a la vez modifican su comportamiento. La forma mercancía es una de estas formas que ha configurado la relación entre los hombres a lo largo de los últimos siglos, lo que llamamos civilización capitalista, modo de producción de mercancías, bien descrito por Marx a mediados del siglo XIX. Sólo en una sociedad determinada los productos del trabajo humano toman la forma de mercancías.

Lo peculiar de esta forma mercancía es que en la producción de objetos (mercancías) se busca no tanto su valor de uso como su valor de cambio, valor que en el desarrollo del modo de vida capitalista tiende a aumentar al tiempo que el valor de uso de la mercancía tiende a disminuir. El valor de uso es pues, en este sistema, la coartada del valor de cambio. No es pues tanto un sistema de producción de objetos para satisfacer unas necesidades, sino un sistema de creación de necesidades que demandarán la producción de objetos (esquematizando, diremos que si produce bebidas no será tanto para apagar la sed como para propiciarla). Produce pues la necesidad misma; a ello concurren la imagen (Kraus, Anders), la propaganda (Ellul), la publicidad (Voyer). En este sistema, escribe Marx, la producción no solamente proporciona materiales a la necesidad sino que proporciona también una necesidad a los materiales, de modo que la producción no solamente produce un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto (1857, “Introducción general a la Crítica de la Economía Política”).

El objeto producido es, para el capital, un objeto abstracto, cuya utilidad es el beneficio. La lógica que preside este sistema de la forma mercancía es la de la obtención del máximo beneficio (valorización / acumulación de capital), lógica que ha de atravesar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, lo que sitúa la crisis de este sistema no en su mejor o peor funcionamiento sino en su funcionamiento mismo, en su misma esencia. Es esta misma lógica la que preside la tendencia de esta forma mercancía a ocupar todo el espacio, su tendencia a convertir cualquier cosa en mercancía, cualquier actividad en trabajo asalariado, cualquier actividad artística en espectáculo; su tendencia a capitalizarlo todo, a que no quede nada exterior a esta relación mercantil, hasta convertir las relaciones que en la producción de mercancías se instauran entre los hombres, en la forma de relaciones entre cosas.

Esta tendencia es cuestionada por la subjetividad humana que en su lucha contra esta cosificación afirma el límite y la contingencia de esta forma mercancía, al considerarla como algo histórico, y no natural y para siempre, afirmando así la existencia de un espacio exterior al dominio de esta forma mercancía, al dominio del capital. Subjetividad que vemos aparecer, en determinadas circunstancias, a lo largo de todo este periodo regido por la forma mercancía, mostrando una actividad no reducida a espectáculo, un hacer no reducido al trabajo, una resistencia al trabajo asalariado, buscando una asociación más allá de la forma Estado.

2. Esta forma mercancía propicia un espectacular crecimiento de la Técnica, crecimiento regido por el principio de la máxima eficacia. La eficacia va a situarse por encima de cualquier otra dimensión y va a erigirse en el criterio clave de nuestra época.

En esta época capitalista –cuyo dominio no tiene más de 300 años–, la técnica se ha convertido en el fenómeno esencial. La técnica es el fenómeno más importante del mundo moderno, porque el acelerado desarrollo e implantación a la que la ha sometido el sistema productivo capitalista, la ha transformado en algo mayor que otro fenómeno más. La técnica es capaz de generar todo un universo simbólico por sí y en sí misma, una concepción del mundo que ocupa y determina el pensamiento, la conciencia y el espíritu humano. En realidad, el fenómeno técnico se ha convertido en la centralidad de ésta civilización capitalista, pasando a ser más que una ideología, una metafísica que impone una determinada interpretación de la realidad: una manera de cómo el ser humano ha de estar, comprender e interpretar el mundo.

Una rápida incursión en los análisis de Marx, de Mumford, de Ellul y de Anders sobre la Técnica nos pueden ayudar a problematizar y a entender el fenómeno técnico y nuestra actual civilización técnica.

(Marx) El hombre al no encontrar en su medio lo que le puede satisfacer sus deseos y necesidades, lo produce artificialmente, transforma el mundo artificialmente; la Naturaleza no produce arados, ni tractores, ni locomotoras, ni automóviles, ni pianos…, ni ninguno de los muchos artefactos que conforman nuestra artificialidad. Al producir el mundo, al realizarlo y moldearlo para lograr satisfacer necesidades, el hombre realiza el acto propiamente humano, no sólo se adapta al medio, al mundo, sino que es capaz de adaptar el medio para él, creando el hábitat, alterando el mundo. El mundo pasa a ser para el hombre un medio que se puede transformar según las conveniencias.

Marx denuncia, clara y reiteradamente, que cuando las máquinas toman el mando en las fábricas, el obrero, inevitablemente, se convierte en apéndice y servidor de éstas, es decir, en un simple engranaje más de los muchos que conforman la máquina. “La máquina destruye todos los límites morales y naturales de la jornada de trabajo. (…) En un sistema mecánico el trabajador colectivo aparece como el sujeto dominante y el autómata mecánico como su objeto; lo que caracteriza el empleo capitalista de la máquina es que el autómata es el sujeto y los trabajadores son simplemente órganos subordinados a la fuerza motriz central. (..) En el oficio y en la manufactura, el obrero se sirve de su instrumento; en la fábrica el obrero sirve a la máquina. El medio de trabajo convertido en autómata se erige ante el obrero en la forma de capital, de trabajo muerto que domina y bombea su fuerza viviente” (El Capital, cap. XV). Sin embargo, será, como la mayoría de pensadores del siglo XIX (y casi todos los del siglo XX), deudor de lo que Georges Sorel calificó como “la ilusión del progreso”. Para Marx la técnica es un medio, cuya mediación, bajo el control de la clase obrera, logrará satisfacer los deseos y las necesidades humanas. Y sin embargo el sistema capitalista y su técnica, más que satisfacer, crea necesidades. Necesidades a las que nos vemos sometidos y somos determinados por ellas. Para Marx la técnica (fuerzas productivas) no es solo neutra sino positiva. Marx no cuestiona ni los objetos producidos ni los medios de producción, sino solo la apropiación que de ellos hace el capital. Llega un momento que las relaciones de producción devienen un freno al desarrollo de la técnica (fuerzas productivas). El capital en contra de la técnica. El desarrollo técnico conducirá, ya fuera de la relación social capitalista, a la abundancia y al comunismo.

(Mumford) Para Lewis Mumford, con el actual avance de la técnica el hombre se convierte en un animal pasivo y sin finalidades y pasa a ser una pieza de la máquina. Cifra las características de la civilización técnica en la supeditación a la regularidad temporal (importancia decisiva de la invención del reloj); la eficiencia; desaparición de la distancia en el espacio y en el tiempo; uniformidad y estandarización; supeditación a la máquina y al consumo obligatorio que ella dicta. Pero el consumo no significa para Mumford un máximo de eficiencia vital. La sociedad dominada por la máquina se orienta hacia las “cosas” y sus miembros tienen toda clase de posesiones excepto la posesión de sí mismos.

La máquina es ambivalente, es al mismo tiempo instrumento de liberación y de represión, ha economizado energía humana pero no ha sabido dirigirla. De lo que se trata es de usarla en un sentido liberador. Cuando el automatismo se generalice y los beneficios de la mecanización se socialicen, los hombres se encontrarán de nuevo en un estado paradisíaco. Es imperativo construir una nueva sociedad en la que los propósitos de la industria se desvíen del propósito de hacer ganancias, e imaginarse que un sistema basado en la falta de ganancias es imposible, es olvidar que durante miles de años la humanidad no ha conocido otro sistema. Contra el mito maquinista y progresista del siglo XIX, debemos buscar un equilibrio dinámico y no un progreso indefinido, por otra parte imposible, pues el progreso mecánico está limitado por la naturaleza del mundo físico. Mumford distingue dos clases de tecnologías, una totalitaria y centralizada y la otra democrática y dispersa, basada en operaciones artesanales a pequeña escala, que desarrolla nuestra humanidad.

(Ellul) Hasta la revolución industrial (s. XVIII) la técnica sólo se aplicaba a campos restringidos; los medios técnicos que se aplicaban eran limitados; su espacio era local; era limitada en el tiempo, su evolución era lenta; al hombre le quedaba la posibilidad de escoger. Todos estos caracteres desaparecen en el actual desarrollo técnico. En nuestra civilización, la Técnica no tiene límite, se extiende a todos los campos, recubre toda la actividad del hombre, engloba toda la civilización. Seis caracteres: artificialidad (la Técnica se opone a la naturaleza); automatismo de la elección (es la técnica y no el hombre la que elige. “The one best Way”); autocrecimiento (progresa sin intervención del hombre, por acumulación, la evolución es causal); indivisibilidad (no hay distinción entre técnica y su uso); autonomía (respeto a la economía y a la política y a la moral; la máquina ocupando el lugar del hombre). En este proceso la técnica se ha autonomizado. Ante el fenómeno técnico desaparecen la ética, la búsqueda de un sentido, la metafísica y el lenguaje. El hombre pre-técnico vive en un escenario humanista donde imperan la finalidad y el sentido; la técnica carece de finalidad y de sentido, funciona, progresa de manera puramente causal, por autocrecimiento, receptiva sólo a la intro-información. Proponerle un fin, pensar que la técnica no es más que un conjunto de medios al servicio de unos fines, es no entender el significado de la técnica. Es ilusorio pues distinguir entre un buen uso y un mal uso de la técnica: sólo tiene un uso, el uso técnico. Pedirle a la técnica otro uso es pedirle que no sea la técnica: no hay diferencia entre la técnica y su uso. Hoy la técnica se ha vuelto autónoma respecto a otras instancias. Lo que se puede hacer se hará. El progreso técnico es ambivalente, no es bueno ni malo, mezcla de elementos positivos y negativos: todo progreso técnico tiene un precio; el progreso técnico causa más problemas que los que soluciona; los efectos favorables y los nefastos son inseparables; todo progreso técnico conlleva efectos imprevisibles.

(Anders) Günter Anders analiza la esencia de la máquina y la cifra en las siguientes consideraciones. La sed de expansión que tienen las máquinas es algo innato y es insaciable; se trata de una tendencia expansionista que se reproduce cada vez al nivel superior y no tiene límite. Por otra parte, por absurdo que parezca, el número de máquinas existente disminuye pues, por lo afirmado con anterioridad, pasa a ser parte de otra máquina mayor. Las máquinas se degradan, más allá de que su obsolescencia sea programada desde su construcción, en el sentido de que dejan de ser máquinas para pasar a ser componentes de sistemas (es lo que nos pasa a los seres humanos que perdemos nuestra personalidad al ser reducidos a simples engranajes del sistema). Así las máquinas se transforman en una única máquina hasta llegar a un estado final totalitario donde todo sea maquínico. Ante esto no basta protestar diciendo que se debería utilizar la técnica para fines buenos y no malvados. Lo que hemos de preguntarnos hoy es si podemos disponer libremente de la técnica. Es posible que el peligro que nos amenaza no resida en un mal uso de la técnica sino en su misma esencia.

Confrontados con el Apocalipsis a partir del desarrollo nuclear, la cuestión que la humanidad tiene planteada, según Anders, no es ya cómo vivir sino si continuará la vida. Como Ellul, niega cualquier neutralidad de la técnica respecto a su uso: el conjunto (sistema) de instrumentos (el macro-instrumento) que se nos imponen no son meros medios a nuestro alcance para obtener unos fines previamente decididos por nosotros, sino que determinan ya, por su estructura y por su función, su utilización. Hoy ya no es el artesano (como en tiempo de los ludditas) el que es amenazado por la máquina sino que somos todos, víctimas de las máquinas y de sus productos. A partir de todos estos instrumentos (Anders analiza en especial la radio y la televisión, cuya forma de mostrar el mundo lo oculta) deviene imposible nuestra experiencia del mundo, del que sólo vemos su fantasma. El hombre entra en el mundo de los instrumentos dejando detrás su humanidad (como el niño que deja su niñez al entrar iniciáticamente en el mundo de los adultos). Ya desposeído de sí mismo, no puede alienarse más.

3. La naturaleza de la Técnica consiste en abarcarlo todo, hacer un mundo técnico en el que todo lo que está en él, toda la Naturaleza –incluyendo, por supuesto, los seres humanos– sean simples objetos a su disposición, disponibles de ser utilizados técnicamente, para extraer el máximo beneficio posible. El fenómeno técnico ha configurado por sí mismo una nueva Fenomenología, pues actualmente la técnica representa el “devenir de la ciencia en general o del saber”. La técnica ha llegado a ser, en el mundo actual, un Ideal Absoluto: “la idea que se piensa a sí misma”. Representa para la mayoría de los que sobrevivimos en ésta sociedad, toda la “existencia contenida en sí misma”. Todo ha de ser contemplado, representado y pensado técnicamente: para el amor hay técnicas, se utilizan técnicas del pensamiento y técnicas del control del pensamiento, técnicas sexuales y técnicas reproductivas, técnicas políticas y técnicas de control, técnicas de dominación y mando y técnicas de obediencia y sumisión, la producción, la educación, la salud están técnicamente organizadas, etc. Como señala S. Giedion, cuando “la mecanización toma el mando”, la técnica llega a lo orgánico, a la agricultura y a la comida, se adueña del nacimiento, de la enfermedad y la muerte, determina la manera de desplazarse y hacia donde hacerlo, y también se ha introducido en cada rincón del hogar… La concepción del universo se ha hecho mecánica, técnica.

La técnica, como la economía, se ha convertido en uno de los puntos fundamentales del discurso ideológico capitalista. La ideología capitalista ha fabricado, desde sus inicios (aún antes de que la burguesía tomara el Estado), una serie de mitos que, finalmente, determinan nuestra conciencia, nuestra percepción y representación del mundo que nos conforma y en el que deambulamos. El primer mito de esta época fue el de la Razón, seguido por el progreso, la civilización capitalista como sinónimo de la razón del progreso; le siguieron el mito del progreso, el de la economía y el dinero, el de la utilidad, etc. y principalmente el de la Técnica que rápidamente logró abducir a la ciencia.

La técnica se ha convertido en un fenómeno de tal importancia que cualquier mirada sobre la actual conciencia del ser humano ha de tenerla en cuenta como factor primordial en la conformación y estructuración de dicha conciencia. La técnica de la información, mediante todos sus soportes tecnológicos, es actualmente tan poderosa que es capaz de estar presente, multiplicada en varios formatos, en cada hogar y propagar uniforme y universalmente la información-propaganda, y sus efectos no son tan sólo factores reificantes y desnaturalizadores del ser humano, sino que son factores constitutivos de una determinada conciencia en los humanos. La industrialización masiva de la cultura (la cultura como gran negocio económico), despliega nuevas tecnologías de la memoria. La técnica marca y construye los modos de significación y los símbolos contemporáneos.

Quizás la invención técnica que más ha marcado nuestra civilización sea el reloj, la máquina más importante que ha hecho posible todo el progreso moderno. El tiempo, es tiempo del Capital, y el espacio se ha reducido a ser, todo él, un bien material para la explotación capitalista. Con el sistema de fábricas, las mujeres, los hombres y los niños tuvieron “que adaptarse a la celeridad regular de la máquina”. La electricidad hizo posible el trabajo continuo las 24 horas de cada jornada, sin distinción entre día y noche. Mediante la disciplina de los horarios de trabajo en la fábrica primero, y después mediante el sometimiento al control del cronómetro en la cadena de montaje, los obreros se sometieron definitivamente al tiempo del Capital. El sistema capitalista introduciendo al trabajador a la cultura del consumo y mediante el dominio de la industria cultural, logró colonizar y determinar su ocio. Así pues, el tiempo del Capital –el tiempo dominado y determinado por el Capital–, salía de los talleres y de las fábricas y se adueñaba de todo el tiempo de los trabajadores y de la gente en general. Marcaba sus pautas y señalaba los ritmos y los horarios a cumplir, adueñándose del tiempo de los trabajadores en su vida cotidiana, fuera de la esfera del trabajo, en el taller, la fábrica o la oficina. Actualmente el único tiempo contable y gastable es el tiempo marcado y señalado por el Capital. El espacio, en el cielo y en la tierra, es tenido como un dominio capitalista, para la extracción de la mayor cantidad de beneficios posibles que aseguren la continua acumulación y ganancia para el Capital.

La técnica de la modernidad capitalista ha posibilitado la transformación del espacio y del tiempo, comprimiendo el primero y acelerando el segundo, haciendo de ellos un continuum de tiempo homogéneo y vacío que transcurre por espacios cada vez más equiparables, de la misma manera construidos y destruidos. Esta nueva configuración de un espacio-tiempo similarmente continuo, comprimido y acelerado, origina una sincronía globalizadora entre el ritmo productivo y el flujo de las conciencias. La técnica ha posibilitado que el ritmo de la producción: su ideología económica, la deificación del dinero y del consumo, su realidad y su verdad, simbología, etc, se haya sincronizado y constituya el flujo de la conciencia de una gran mayoría de los humanos.

Las Técnicas de la Información y de la Comunicación (TIC), configuran una determinada noción de la Realidad. Conforman la imagen de la realidad que el consumidor-receptor debe asumir, al ser capaces de fabricar y reproducir masiva y uniformemente, los emisores del poder, unas opiniones y una disposición cognitiva determinada. Como señaló Baudrillard, la técnica posee un poder genésico capaz de engendrar lo hiperreal, el simulacrum, una suerte de realidad producida por matrices y modelos, con lo cual la distinción entre ser y apariencia queda abolida. La realidad virtual, hace lo virtual real.

Los penúltimos artefactos –nunca podremos hablar de los últimos debido a la velocidad de su generación e implantación– del actual desarrollo técnico respecto al sistema electrónico de comunicación, el móvil, la pantalla, suprimen la distancia entre sus usuarios: ya no hay separación, y sabemos que la separación es necesaria para la constitución del sujeto, y sabemos que para relacionarnos necesitamos una distancia que el artefacto elimina. La inmediatez hace perder el sentido de la duración, todo está colocado en el espacio, sin temporalidad, sin pasado y futuro. En la comprensión del mundo se subraya la dimensión espacial a expensas de la dimensión temporal

El mito de la independencia de la técnica cae por si sólo al dedicarle una simple mirada. La técnica forma parte, de una manera trascendental, del sistema de poder y dominación de la civilización capitalista. Los instrumentos técnicos dejan de estar al servicio del hombre para ser éste el que está a su servicio. Podemos servirnos de unas pinzas, no de las máquinas que son servidas por los obreros, que a su vez desconocen el producto que fabrican. Hoy la técnica nos abre un mundo que no podemos comprender, podemos hacer más de lo que podemos imaginar. La capacidad de producción, que es ilimitada, ha superado la capacidad de imaginar que es limitada. No nos podemos representar los efectos de los productos que hacemos, no sabemos lo que hacemos cuando fabricamos los productos.

4. La contundencia de la crítica a la Técnica aquí apuntada no pretende conducir a una demonización de la técnica y del progreso técnico que les negaría cualquier efecto positivo; sería absurdo no considerar su aportación en el mejoramiento, por ejemplo, de muchos aspectos de nuestra vida cotidiana, ahorrando esfuerzo y energía, aunque también es cierto que tales efectos positivos van acompañados de efectos negativos. Inseparables ambos, la categoría que mejor definiría esta complejidad sería la de ambivalencia, de la que ya hemos hablado. Tampoco se pretende, con esta crítica de la técnica, reivindicar con nostalgia un pasado pre-técnico lleno de valores humanos ya perdidos…; sabemos de este engaño y de esta ilusión. Lo que la crítica aquí apuntada pretende es comprender de raíz el fenómeno técnico y el universo por él creado: nuestra sociedad actual.

Hemos visto pues cómo la técnica de un medio que era tiende a ser un fin, que el hombre pasa de ser sujeto a ser predicado, pasa a ser un instrumento de la técnica, quedando el ser humano reducido a objeto al servicio de lo que él ha creado y que, como al aprendiz de brujo de la balada goethiana, se le ha escapado de las manos y es amenazado ahora con su autodestrucción. No estamos hablando de un relato de ciencia ficción si no de lo que el desarrollo técnico tiende a construir. Realidad tendencial a la que se opone nuestra humanidad, lo que de más humano hay en nosotros, impidiendo que esta realidad tendencial se convierta en toda la realidad: si así fuera, el universo técnico carecería ya de exterior, la banda de Moebius bastaría para representarlo.

Este rápido recorrido por algunas de las características y los significados del universo técnico, señala una tendencia: la tendencia de la Técnica a carecer de límites, a abarcarlo todo, a no dejar nada fuera de su dominio. Pero tiene límites; primero, el límite físico, evidente, de una expansión ilimitada de la máquina, aunque, es cierto que este límite puede estar a años vista, lo que bastaría para un posible fin apocalíptico; después el límite interno del capital que la propicia: su misma capacidad productiva lo desvaloriza; y por último y sobre todo el límite humano: la subjetividad humana. En efecto, la resistencia a la técnica desarrollada por el capital atraviesa toda su historia, desde las primeras luchas ludditas, hasta la actual resistencia indígena en México, pasando por todas las afirmaciones individuales y colectivas, teóricas y prácticas contra la ilusión del progreso, contra la visión desarrollista de la técnica que en demasiadas ocasiones se ha mostrado como una brutal barbarie, o simplemente rechazando la reglamentación mecanizada de nuestras vidas.

Hoy, nuestra sociedad no es un sistema técnico total, una megamáquina. Los hombres no son simples engranajes de la máquina, se comunican, entran en relación y rompen cuando y cuanto pueden el cerco a la vida que la civilización técnica y capitalista les impone. Siempre queda valor de uso en la mercancía producida buscando el valor de cambio; queda relación humana en las relaciones marcadas por la cosificación; queda creación, en la actividad convertida en espectáculo. Hay exterior a la técnica; hay exterior al capital. Es decir, que aún dentro de la relación social que introduce el capital hay vida y hay un sujeto que se resiste a devenir objeto. No se trata de recuperar los vacíos que la técnica y el capital ya han colonizado, inútil pensar una vuelta atrás, sino de constatar la vida que se les escapa e impide la total dominación. Este sistema técnico es, como toda nuestra sociedad capitalista, contingente, no es naturalmente necesario, es simplemente histórico y es el interés del poder capitalista el que pretende convertirlo en natural y necesario.

Etcétera, noviembre 2010
extraído de la revista Etcétera nº47

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La pobreza planificada

Esta de moda exigir que las naciones ricas trasformen su maquinaria bélica en un programa de ayuda al Tercer Mundo. Las cuatro quintas partes más pobres de la humanidad se multiplican con desenfreno, mientras su consumo per capita decrece.

La amenaza que para el mundo industrializado representan la superpoblación y el subconsumo de nueve décimos de la humanidad, podría aún conducir a esa improbable manifestación y autodefensa. Pero si ello sucede, llevaría también a una desesperación irreversible; porque los arados de los ricos pueden hacer tanto daño como sus espadas; A largo plazo, los camiones norte-americanos pueden ser tan dañinos como los tanques norteamericanos, debido a que es más fácil crear una demanda masiva para los primeros. Y una vez que el Tercer Mundo se haya convertido en un inmenso mercado para los bienes, los productos y las formas de procesamiento diseñadas por y para los ricos, la discrepancia entre la demanda de estos artefactos occidentales y su oferta, aumentara progresivamente.
El automóvil familiar no puede transportar al pobre a la era de los jets, ni el sistema escolar proporcionarle una educación, ni el refrigerador familiar asegurarle una alimentación sana.

Por desgracia, no todos consideran evidente el hecho de que la mayoría de los latinoamericanos – no sólo de nuestra generación, sino de la próxima, e incluso la siguiente – no puede costearse ninguna clase de automóvil, ni de hospitalización, y ni siquiera de escuela primaria; preferimos no ser conscientes de esa realidad, tan obvia, porque detestamos reconocer que nuestra imaginación ha sido arrinconada. Tan persuasivo es el poder de las instituciones que nosotros mismos hemos creado, que ellas modelan no sólo nuestras preferencias sino también nuestra visión de lo posible. No podemos hablar de medios modernos de transporte sin referimos a los automóviles y aviones. Nos sentimos impedidos para tratar el problema de la salud sin implicar automáticamente la posibilidad de prolongar indefinidamente una vida enferma. Hemos llegado a ser por completo incapaces de pensar en una educación mejor, salvo en términos de escuelas aún más complejas, y maestros entrenados durante un período más largo. El horizonte de nuestra facultad creadora esta bloqueado por gigantescas instituciones que producen servicios carísimos.

El consumo enlatado

Hemos limitado nuestra visión del mundo a los marcos de nuestras instituciones y somos ahora sus esclavos. Las fábricas, los medios de comunicación, los hospitales, los gobiernos y las escuelas, producen bienes y servicios especialmente concebidos, enlatados de manera tal que contengan nuestra visión del mundo. Nosotros, los ricos, concebimos el progreso en términos de la creciente expansión de esas instituciones. Concebimos el perfeccionamiento del transporte en términos de lujo y seguridad enlatados por la General Motors y la Boeing, bajo el aspecto de automóviles y aviones. Creemos que el bienestar cada vez mayor se origina en la existencia de un numero creciente de doctores y hospitales, que enlatan la salud entendiéndola como una prolongación del sufrimiento. Hemos llegado a identificar nuestra necesidad de un aprendizaje creciente con la demanda de un mayor confinamiento en las aulas de clase. En otras palabras, la educación es hoy un producto enlatado, que incluye guarderías, certificados para trabajar y derechos de voto, todo ello empaquetado con el adoctrinamiento en las virtudes cristianas, liberales o marxistas.

En apenas cien años, la sociedad industrial ha modelado soluciones planteadas para satisfacer las necesidades básicas del hombre, y nos ha hecho creer que las necesidades humanas están configuradas como demandas de los productos que nosotros mismos inventamos. Esto es tan cierto para Rusia o Japón, como para las sociedades del Atlántico Norte. Mediante una lealtad invariable a los mismos productores – que darán siempre los mismos productos empacados, ligeramente mejorados o mejor presentados -, el consumidor es entrenado para enfrentarse a la obsolescencia. Las sociedades industriales pueden surtir de estos productos a la mayoría de los ciudadanos – para su consumo personal, pero esto no prueba que tales sociedades sean sanas o promuevan la vida.

Lo contrario es verdad. Cuanto más se ha entrenado al ciudadano para el consumo de estos paquetes de uso corriente, menos efectiva parece ser la persona en la modelación de su medio ambiente. Así es como el individuo agota sus energías y sus finanzas en procurar continuamente nuevos artículos de primera necesidad, y el medio ambiente se convierte en un subproducto de sus hábitos de consumo.

Benévolamente, las naciones ricas imponen ahora a las pobres las camisas de fuerza de los embotellamientos de tráfico, el confinamiento en los hospitales y las escuelas; y mediante un consenso internacional eso se llama “desarrollo”. Los ricos, los escolarizados y los viejos pacientes del mundo desarrollado, tratan de compartir sus dudosas bendiciones exportándolas hacia el Tercer Mundo. Mientras los enjambres de tráfico crecen en Sao Paolo, casi un millón de campesinos del nordeste brasileño deben caminar ochocientos quilómetros para escapar de la sequía. Mientras la disentería amibiana sigue siendo un mal endémico en las favelas, villas-miseria y ranchitos, donde se concentra un noventa por ciento de la población, los doctores latinoamericanos reciben el New York Hospital for Special Surgery, un entrenamiento que luego aplicaran a unos pocos. Una insignificante minoría de latinoamericanos, pagada con frecuencia por los gobiernos de sus respectivos países, recibe en Estados Unidos una avanzada educación en el campo de las ciencias básicas. Si alguna vez esas personas regresan a Bolivia, por ejemplo, pasan a ser maestros de segunda categoría de orgullosos residentes de La Paz o Cochabamba. el mundo rico nos exporta las versiones anticuadas de sus modelos desechados.

Exportación de miseria

Cada automóvil que Brasil echa a andar, le niega a cincuenta brasileños el poder de disfrutar de un buen servicio de autobús. Cada refrigerador particular que entra al mercado reduce la posibilidad de construir un congelador comunitario. Cada dólar que América Latina gasta en doctores y hospitales cuesta cien vidas, para adoptar una frase del brillante economista chileno Jorge Ahumada… Si cada dólar así gastado se hubiera invertido para proveer agua potable, habría salvado cien vidas. Cada dólar que se gasta en escolarización significa más privilegios para la minoría, a costa de la mayoría en el mejor de los casos, aumenta el número de quienes antes de abandonar la escuela, han sido enseñados durante un tiempo más largo y se han ganado el derecho a un poder, una salud y un prestigio mayores. Lo que logra tal escolarización es enseñar a los escolarizados la superioridad de los mejores escolarizados.

Todos los países latinoamericanos se hallan frenéticamente volcados a gastar más y más dinero en sus sistemas escolares. Pero pese a esas gigantescas inversiones ningún país ha conseguido hasta ahora proporcionar cinco años completos de educación a más de un tercio de sus habitantes. La demanda y la oferta de escolarización crecen geométricamente en dirección contraria. Y lo que es cierto acerca de la escolarización, lo es también referido a los productos de la mayoría de las instituciones en el proceso de modernización del Tercer Mundo.

La propaganda puede convencer a un granjero del medio oeste norteamericano de que necesita un transporte de doble tracción que desarrolle una velocidad de setenta millas por hora en carretera, tenga un limpiaparabrisas eléctrico, y que en un año o dos sea cambiado por uno nuevo. Pero la mayoría de los agricultores del mundo no necesitan esa velocidad ni esa comodidad, ni se preocupan tampoco en lo más mínimo porque el articulo pase de moda. Lo que ellos necesitan son vehículos que gasten poco, porque en su mundo el tiempo no es dinero, los limpiaparabrisas manuales son suficientes, y un equipo pesado debe durar cuando menos una generación. Aquel tipo de vehículo requeriría una ingeniería y un diseño totalmente distintos de los empleados en ese ejemplo del mercado norteamericano. Esa clase de vehículos no se fabrica en la actualidad.

En realidad, la mayoría de los sudamericanos necesitan un personal paramédico, que pueda funcionar eficazmente durante un largo plazo sin necesidad de ser supervisado por un doctor. En lugar de establecer un proceso para entrenar a las parteras y a los asistentes médicos que saben como usar un arsenal limitado de medicamentos con bastante independencia, las universidades latinoamericanas crean cada año un nuevo departamento de enfermería especializada, para preparar un personal que sólo sabe trabajar en un hospital, o farmacéuticos que sólo saben vender una cantidad cada vez mayor de recetas delicadas.

Subdesarrollo en las conciencias

El mundo se mueve hacia un impasse definido por dos procesos convergentes: un número creciente de personas tiene cada vez más, un número todavía mayor posee cada vez menos elecciones básicas. El crecimiento de la humanidad es ampliamente publicitado y crea pánico. La disminución de elecciones fundamentales se desprecia porque crea una angustia profunda, la explosión demográfica excede las fronteras de la imaginación, pero la atrofia progresiva de la misma imaginación social es racionalizada común aumento de la posibilidad de elegir entre dos marcas registradas. Los dos procesos convergen hacia un punto muerto: la explosión demográfica provee, cada vez más, consumidores para todo, desde alimentos hasta anticonceptivos, mientras que nuestra imaginación se encoge y no puede concebir otra forma de satisfacer su demanda, como no sea a través de los productos enlatados que ya están a la venta en las sociedades admiradas. En lo siguiente, me limitaré a esos dos factores, puesto que a mi modo de ver forman las dos coordenadas que juntas nos permiten definir el subdesarrollo.

En la mayoría de los países del Tercer Mundo la población crece, así como la clase media. El ingreso, el consumo y el bienestar de la clase media crecen, mientras aumenta la brecha entre esta clase y la multitud. Aun cuando los índices de consumo per capita aumentan, la gran mayoría de los hombres disponen de menos alimentos, menos salud pública, menos trabajo significativo, y peores condiciones habitacionales que en 1945. Esto se debe, por una parte, al consumo polarizado y, por otra parte, a la ruptura de la familia y la cultura tradicionalista. En 1969 hay más personas que padecen hambre, dolor y frío, que al final de la Segunda Guerra Mundial, no sólo en cifras absolutas sino también en términos comparativos del porcentaje de la población mundial.

Estas consecuencias concretas del subdesarrollo son exuberantes; pero el subdesarrollo es también una actitud mental, y el problema crítico es comprenderlo como una actitud mental, o como una forma de conciencia. El subdesarrollo como actitud mental sucede cuando las necesidades del pueblo se trasforman en la demanda de nuevas marcas de soluciones enlatadas que están siempre más allá del alcance de las mayorías. En este sentido el subdesarrollo crece rápidamente en los países en que también crece la oferta de aulas, calorías, automóviles y clínicas. Los grupos dirigentes en estos países, construyen servicios que fueron diseñados para una cultura afluente; una vez que monopolizan así la demanda, nunca pueden satisfacer las necesidades de la mayoría. El subdesarrollo como una forma de conciencia, es un resultado extraño de lo que podemos llamar, en términos comunes a Marx y Freud, verdinglichung, o materialización. Por materialización entiendo la enajenación de la percepción de las necesidades reales como una demanda explícita de productos manufacturados en masa. Por materialización entiendo traducir la “sed” por “necesidad de beber una coca-cola”. Este tipo de materialización surge cuando las necesidades humanas primarias son manipuladas por un aparato burocrático que ha logrado dominar la imaginación de los consumidores en potencia.

Permítaseme volver a mi ejemplo tomado del campo de la educación. La propaganda intensa que se hace acerca de la necesidad de escuelas lleva a todos a creer que la asistencia a clases y la educación son sinónimos, hasta el punto de que en el lenguaje cotidiano los dos términos son intercambiables. Una vez que la imaginación de todo un pueblo ha sido escolarizada o adoctrinada para creer que la escuela tiene el monopolio de la educación formal, los analfabetos pueden ser obligados a pagar impuestos para proporcionarles una educación gratuita a los más de los ricos.
El subdesarrollo es el resultado de crecientes niveles de aspiración mediante la mercadotecnia intensiva de productos “patentados”. En este sentido, el subdesarrollo dinámico que ahora tiene lugar, es exactamente lo opuesto de lo que creo que debe ser la educación: el despertar consciente de los nuevos niveles de posibilidades humanas, y el uso de los propios poderes creativos para alimentar la vida humana. El subdesarrollo, sin embargo, implica la sumisión de la conciencia social a las soluciones prefabricadas.

Escuelas y Coca-Cola

El procedimiento mediante el cual la circulación en el mercado de productos importados aumenta el subdesarrollo, es algo que sólo se entiende en términos superficiales. El hombre que siente indignación al ver una planta de Coca-Cola en un suburbio latinoamericano, es a menudo, el mismo que se siente orgulloso al ver una escuela normal que crece en el mismo lugar. Resiente la evidencia de que hay una patente extranjera vinculada al refresco; en su lugar, le gustaría ver algo así como “Coca-Mex”. Pero ese mismo hombre trata de imponer a toda costa la escolarización de sus compatriotas, sin darse cuenta de la patente invisible que ata, profundamente, esta otra institución al mercado mundial.
Hace algunos años vi a un grupo de trabajadores que levantaban un anuncio de la Coca-Cola, de unos veinte metros, en el valle desértico del Mezquital. La sequía y el hambre acababan de diezmar seriamente a la meseta mexicana. Un indio pobre de miquilpan, que fue quien me invitara, ofrecía a sus visitantes vasitos de tequila con un traguito de la costosa y oscura agua azucarada. Cuando recuerdo esa escena aún reacciono con furia, pero me es más irritante todavía recordar los encuentros de la UNESCO, en los cuales los bienintencionados y mejor pagados burócratas discuten con seriedad los curriculums escolares en América Latina; o cuando pienso en las peroratas de liberales entusiastas que abogan por la necesidad de un mayor número de escuelas.

El fraude perpetrado por los vendedores de escuelas es mucho menos obvio, pero mucho más fundamental que el del satisfecho representante de la Ford o de la Coca-Cola, puesto que el partidario de la escuela consigue hacer morder a la gente el anzuelo de una droga mucho mis exigente. La asistencia a la escuela primaria no es un lujo inofensivo, sino que con día ocurre lo mismo que con el indio de los Andes, a quien su hábito de mascar coca lo tiene enjaezado a su patrón.

Cuanto mayor es la dosis de escolaridad que ha recibido un individuo, tanto más deprimente resulta su experiencia de abandonar las clases. El desertor de un séptimo grade nota mucho más agudamente su inferioridad, que aquel que desertó en el tercer grado. Las escuelas del Tercer Mundo administran su opio mucho más eficazmente que las iglesias de otras épocas. A medida que el espíritu de una sociedad es progresivamente escolarizado, sus miembros pierden, paso a paso, la sensación de que era posible vivir sin ser inferiores a los demás. Conforme la mayoría pasa del campo a la ciudad, la enfermedad hereditaria del peón es reemplazada por la inferioridad del desertor escolar, que es acusado como responsable personal de su fracaso. Las escuelas racionalizan el origen divino de la estratificación social con mucho mis rigor que el que nunca han usado las iglesias.

Esa traducción de objetivos sociales en niveles de consumo es exclusiva de unos pocos países. Por encima de todas las fronteras culturales, ideológicas y geográficas, las naciones se mueven hoy en día hacia el establecimiento de sus propias escuelas primarias y en la mayoría de los casos se trata, cuando mucho, de pobres imitaciones de modelos extranjeros, especialmente norteamericanos.

Por una revolución de verdad

El Tercer Mundo necesita una profunda revolución de sus instituciones. Las revoluciones de la última generación fueron abrumadoramente políticas. Un nuevo grupo de hombres, con un nuevo conjunto de justificaciones ideológicas, tomó el poder para dedicarse luego a administrar fundamentalmente las mismas instituciones escolares, medicas y de mercado, con el fin de satisfacer el interés de un nuevo grupo de clientes. Puesto que las instituciones no han cambiado radicalmente, la dimensión de la nueva clientela resulta ser aproximadamente igual a la anterior.

Esto resulta claro en el caso de la educación. Los costos de la escolarización por alumno son hoy prácticamente comparables en todas partes, debido a que se tiende a compartir los estándars empleados para evaluar la calidad de la escolarización. El grado de acceso a la enseñanza pública subsidiada – la cual se identifica con la posibilidad de ir a la escuela-, depende en todas partes del ingreso per capita. (Lugares como China y Vietnam pueden ser excepciones significativas).
En todo el Tercer Mundo las instituciones modernas – si tenemos en cuenta el propósito igualitario según el cual fueron fundadas -, son sumamente improductivas. Mientras la imaginación social de la mayoría no haya sido paralizada de manera irreversible, mediante la fijación a esas instituciones, hay una mayor esperanza de que la revolución de las instituciones pueda ser planeada en el Tercer Mundo y no en los países ricos. De ahí la urgencia de abocamos a la tarea de desarrollar alternativas viables para las soluciones “modernas”.

En muchos países el subdesarrollo se acerca a un estado crónico. La revolución a que me refiero debe ser echada a andar antes de que eso suceda. Una vez más la educación ofrece un buen ejemplo: el subdesarrollo educativo crónico tiene lugar cuando la demanda de escolarización se difunde tanto, que la concentración total de los recursos educativos en el sistema escolar, se convierte en una exigencia política unánime. En este momento, la distinción entre la escuela y la educación, se hace prácticamente imposible.

La única respuesta viable, frente al creciente subdesarrollo, es una solución de las necesidades básicas planificada como una meta a largo plazo para áreas que siempre tendrían diferente estructura de capital. Es más sencillo hablar de alternativas para las instituciones, los servicios y los productos, que definir esas alternativas en términos precisos. No es mi propósito pintar una utopia ni describir el escenario de un futuro de alternativas. Debemos contentamos con algunos ejemplos que indiquen la posible dirección de las investigaciones.

Algunas alternativas

Algunos de estos ejemplos ya han sido expuestos. Los autobuses son una alternativa para los enjambres de automóviles particulares. Los ayudantes de los médicos son una alternativa para los doctores y las enfermeras. El almacenamiento comunal de los alimentos, resulta una alternativa frente a los costosos equipos de cocina.
Hablar de alternativas en la educación es más fácil, en parte porque las escuelas han agotado enteramente los recursos de buena voluntad, imaginación y dinero que se destinan a la educación. Pero, inclusive en este campo, podemos indicar las líneas generales para la investigación.

Hoy en día la escolarización es concebida como la asistencia graduada a clase, programada durante cerca de mil horas por año, y durante un período ininterrumpido de varios años. Como regia general, los países latinoamericanos pueden proporcionar a cada ciudadano entre ocho y treinta meses de servicio. ¿Por qué no por ejemplo, hacer obligatorio uno o dos meses de clases para todos los ciudadanos de menos de treinta años?

Hoy en día la mayor parte del dinero se gasta en los niños, pero un adulto puede ser enseñado a leer en una décima parte del tiempo y en un costo diez veces inferior, que un niño. En el caso de la persona adulta existe una recuperación inmediata de la inversión, no importa que su aprendizaje sea visto como la adquisición de una nueva perspectiva, de la conciencia política y el deseo de adoptar responsabilidades por el tamaño y el futuro de su familia, o que sea enfocado desde el punto de vista de una productividad creciente. En el caso del adulto, el saldo es doble, puesto que no sólo puede contribuir a la educación de sus hijos sino también a la de otros adultos. A pesar de esas ventajas, en América Latina los programas de alfabetización básicos tienen subsidios escasos o nulos. Es más, estos programas son bárbaramente suprimidos, como sucede en Brasil, y en otros países, donde el apoyo militar a las oligarquías feudales o industriales se ha quitado ahora la máscara de su inicial benevolencia.
Debemos entonces imaginar que los recursos públicos destinados a la educación sean distribuidos de tal manera que se ofrezca a cada ciudadano una oportunidad mínima.

Preguntemos entonces: ¿Qué hacer con los compasivos recursos que cualquier república latinoamericana le ofrece a cada uno de sus niños? Respondemos: proveer casi todos los libros básicos, dibujos, cubos, juguetes y juegos que están totalmente ausentes de las casas de los niños pobres, y que le permiten a un niño de clase media aprender los números enteros, el alfabeto, los cobres, las formas y otras clases de objetos y experiencias que aseguran su progreso educativo. Entre todas estas cosas sin escuelas, o las escuelas sin ninguna de estas cosas, la elección es obvia. Pero el pobre, el único para quien desafortunadamente la elección se plantea en términos reales, jamás puede elegir.

Es difícil elegir las alternativas a los productos y las instituciones que por ahora tienen prioridad, y ello se debe, no sólo, como he tratado de demostrar, al hecho de que tanto esos productos como esas instituciones modelan nuestra concepción de la realidad, sino también a que la construcción de esas alternativas requiere una concentración de voluntad e inteligencia poco frecuentes. En el último siglo nos hemos acostumbrado a llamar investigación a esa combinación de voluntad e inteligencia al servicio de la solución de problemas particulares independientemente de su naturaleza.

Soluciones, reírse de las falsas

Hablo de un tipo de investigaciones peculiarmente difícil y diferente, que por razones evidentes ha sido ahora profundamente descuidado. Lo que estoy haciendo es una llamada para investigar las alternativas a los productos que hoy dominan el mercado: alternativas a los hospitales y las profesiones que se dedican a mantener vivos a los enfermos; alternativas a las escuelas y a los procesos de enlatar productos que niegan educación a los que no tienen la edad requerida, a quienes no han seguido los programas exigidos, a quienes no se han sentado en una clase durante el número de horas sucesivas indicadas, a quienes no van a pagar su aprendizaje con sumisión a la custodia, los exámenes de admisión y la constancia de materias o títulos, o al adoctrinamiento en los valores de la elite dominante.

Esta investigación contracorriente que intenta hallar alternativas fundamentales a las soluciones patentadas más comunes, es el elemento critico principal para la búsqueda de un futuro en el cual puedan vivir las naciones pobres.
Hay un camino normal para aquellos que dictan una política del desarrollo, ya vivan en Norte o Sudamérica, en Rusia o en Israel. Ese camino es definir el desarrollo y establecer sus objetivos en términos que nos resulten familiares, según la manera habitual en que ellos están acostumbrados a satisfacer sus necesidades, y que les permitan usar las instituciones sobre las cuales ejercen el poder o el control. Esa fórmula ha fracasado y debe fracasar. No hay en el mundo suficiente dinero como para que el desarrollo pueda tener éxito según esas vías, ni siquiera en el caso de que las superpotencias combinaran, con ese fin, sus presupuestos bélicos y espaciales.

Un curso análogo es seguido por aquéllos que intentan llevar a cabo las revoluciones políticas, especialmente en el Tercer Mundo. Como regla general, prometen hacer accesibles a todos los ciudadanos los privilegios más comunes de que gozan las elites del presente, es decir, la escolarización, hospitalización, etc. Respaldan esa promesa en la vana creencia de que un cambio de régimen político les permitirá ampliar las instituciones que producen esos privilegios. La promesa y la llamada de los revolucionarios están, por tanto, tan amenazadas por el tipo de investigación contracorriente que se ha propuesto, como lo esta el dominante mercado de los productores.

En Vietnam, un pueblo armado con bicicletas y lanzas de bambú ha llevado a un callejón sin salida a la mayor concentración de centros de investigación y producción que jamás ha conocido la historia. Debemos buscar nuestra supervivencia en un Tercer Mundo en el cual la ingenuidad humana es más lista que el poder mecánico. Por más difícil que sea, la única manera de revertir el subdesarrollo creciente es aprender a reírnos de las soluciones aceptadas, para poder así cambiar las demandas necesarias. Sólo los hombres libres pueden cambiar sus mentalidades y ser capaces de asombrarse.

Ivan Illich *

* Nació en Viena en 1926. Estudió teología y filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma, doctorándose por la de Salzburgo. El Vaticano lo escogió para la carrera diplomática, pero prefirió el ministerio pastoral. Inició su labor en una parroquia de Nueva York en 1951, y en 1956 pasó a ser vice-rector de la Universidad Católica de Ponce (Puerto Rico). En Cuernavaca (México) fundó posteriormente el Centro Intercultural de Documentación, CIDOC, que se convirtió en motivo de controversia eclesiástica. Lo secularizó en 1968 y al año siguiente abandonó su carrera sacerdotal. Es autor de La Sociedad Desescolarizada, La Convivencialidad, Némesis Médica y otros libros no conformistas que le han valido ser puesto en listas negras en algunos países latino-americanos. Su próximo trabajo se titula Valores Vernáculos, y su primera edición aparecerá en Inglaterra. El CIDOC cesó su actividad en 1976, pero la documentación continúa bajo la dirección de Valentina Borremans, Tecno Política, Apartado 479, Cuernavaca, Morelos, México. Un importante trabajo de esta investigadora es la guía titulada Reference Guide To Convivial Tools.

Publicado originalmente por Bicicleta, Nave 12, 2ª, Valencia, España. Cedido por Barbanegra. Extraído de revista Mutantia nº4, 1981 www.gentepraias.com.br/pensamentoecologico/mutantia/mut04c.htm

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Pueblos originarios y acción directa ambientalista

Acciones violentas de grupos y comunidades originarias contra las corporaciones depredadoras.

Muchas veces se idealiza a los pueblos originarios como modelos de democracia o colectivismo pleno. No vamos a entrar aquí en ese asunto. Lo que sí podemos aceptar es que son pueblos primigenios y, a la vez, vulnerables tanto cultural como físicamente. Son pueblos que no cuentan apenas con defensas a la hora de enfrentarse a mutinacionales y a todo el aparato capitalista (militares, policías, jueces, etc).

El desarrollismo destructor no tiene en cuenta sus derechos pues muchas veces chocan con él: acceso a tierras, a recursos, etc. Su condición es la de ciudadanos de segunda, ciudadanos sin censar, sin acceso a la administración y a los media…
Pueblos que sólo saben defenderse con flechas y arcos o que son embaucados por las multinacionales sin escrúpulos: todavía se lleva eso de dar camisetas o banderas de la madre patria a un indito para que se quede contento, o el echar botas y hachas desde un helicóptero previo a una visita del cuerpo técnico o el alcohol con el que se han destruido tantos pueblos originarios.

Todos estos son métodos vigentes en Ecuador, Colombia, Brasil, etc. A ello se añade la actividad de la evangelización practicada por desde católicos a protestantes y muchas otras sectas a menudo ligadas a las multinacionales mismas. O el hacer firmar contratos sin saber lo que ponen, como aquel Mapuche ciego al que Endesa obligó a firmar la concesión de sus tierras sin poder leer ni escribir y al que la firma española no tuvo escrúpulos para tirarle la casa y dejarle sin techo.

O sus tierras se invaden sin más, por la maquinaria pesada bien pertrecha de dispositivos policiales o militares. Incluso en esos territorios ya establecidos por los propios gobiernos para el uso exclusivo de pueblos originarios -como las reservas naturales- se demuestra que los acuerdos no significan nada cuando se trata de intereses capitalistas. Una vez asimilados tampoco son conocedores de las reglas a seguir para hacer oír su voz o son reprimidos (como tod@s l@s demás) por reivindicar cosas de la forma más simple. Así que cuando esta gente se hace con formas de protesta más contundentes y radicales a las tradicionales marchas o cortes de carretera, sólo podemos tener palabras de elogio. A lo dicho debemos añadir que, aunque sin caer en idealizaciones, los pueblos originarios han desarrollado un mayor respeto por los recursos y hábitat y en muchos casos son el único garante para la conservación de habitats tan fundamentales como las selvas amazónicas de Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, Bolivia, Papúa, Congo, etc.

Ante esto hay quienes se entregan de manos a las multinacionales y los gobiernos sin saber lo que les espera al perder su forma de vida y su espacio y habitat. Hay también quienes lo predicen y declaran guerra abierta a cualquiera que ose entrar en su territorio. Este es el caso de l@s Tageri y l@s Taromenane (subgrupos de la etnia Huaoranui de Ecuador). L@s Tageri nos son conocidos por haber dado muerte a monseñor Lavaca, el cura vasco que creyó que el podría encauzar a estos incivilizados y se presentó en su territorio con sor Inés.

Estos pueblos han visto sus gentes asesinadas por cientos y también muertas por la introducción de enfermedades contagiosas a las que ellos no están inmunizados, como un simple catarro. Se han mostrado contrarios a la entrada en sus territorios de las petroleras como Repsol YPF y Petrobras que operan en su territorio, pero estas persisten. Muchos otros pueblos han exigido la salida de las petroleras de sus territorios y amenazado con pasar a acciones más radicales. Como l@s Kichwas, que el 31 de mayo de 2006 celebraron una asamblea histórica a la que asistieron 9 comunidades indígenas para ratificar su total oposición al ingreso en sus territorios de la empresa petrolera PERENCO. L@s Huaorani también han exigido la salida de Repsol y Petrobrás. En mayo de 2006 el gobierno de Ecuador rompió el contrato con la compañía usamericana Oxy y requisó las instalaciones de esta por delitos contra el medio ambiente y 42 violaciones de la ley. L@s shuar y achuar llevaban años exigiendo la salida de esta petrolera.

Pero además de la guerra declarada, otros grupos deciden mantenerse fuera del sistema tomando otras medidas de presión con las que atraer publicidad y medidas contra las multinacionales. Un ejemplo es la famosa amenaza de suicidio colectivo de l@s U’wa (Colombia) acosados por la petrolera Occidental Petroleum (Oxy) (a quien sutituyó Repsol YPF) es una de estas. Para l@s U’wa el petróleo representa la sangre de la madre tierra y su extracción significaría su muerte y también la de su gente.
Pero la acción y el valor indígenas van mucho más allá de la simple (y necesaria) protesta (a mi me causó emoción ver a Huaorani con sus atuendos típicos, sus tocados de plumas, sus torsos desnudos e incluso sus lanzas y cerbatanas asistir a manifestaciones en la ciudad contra las petroleras).

Muchos han usado la acción directa y otros métodos disuasorios del mismo modo que aquí se cortaron los cables de transporte de hormigón para el pantano de Itoiz.

A finales de agosto de 2006, l@s guaraní de Bolivia ocuparon la planta de Repsol YPF de Parapetí. Aunque ésta es una de las empresas a la que le afectó la seudo-nacionalización de los hidrocarburos promovida por el gobierno de Evo Morales, la situación para muchos (sobre todo para los indígenas) no ha cambiado. Un@s 300 Guaraní de 7 comunidades ocuparon la planta pacíficamente e instalaron un campamento. Est@s amenazaron con cerrar las válvulas de un gasoducto que transporta gas a Brasil si la empresa no aceptaba sus demandas. Previamente habían sido instruidos para que no corrieran peligro con su acción al manipular las válvulas.

En junio también otros 350 indígenas de Xingú (Mato Grosso, Brasil) pertenecientes a las etnias kamaiurá y xavante ocuparon una central hidroeléctrica en obras y amenazaron con volarla con dinamita. L@s activistas retuvieron a 300 obreros y destruyeron a mazazos parte de las instalaciones de la hidroeléctrica en construcción. El embalse Paranatinga II se sitúa en un lugar sagrado por los pueblos originarios y alberga numerosos sitios arqueológicos. Este contendrá las aguas del Cululene, el principal afluente del Xingú que riega la reserva de su nombre donde habitan 5.000 personas pertenecientes a pueblos originarios.

L@s pemones también han utilizado el sabotaje contra el desarrollismo destructor. En Octubre de 2000, activistas de este pueblo derrumbaron 7 torres de tendido eléctrico al sur de Mapaurí. La lucha contra el Tendido Eléctrico de Venezuela a Brasil fue ignorada por Chávez, quien criminalizó a las comunidades pemonas en resistencia. Este tendido atraviesa territorio Pemon ya afectado por la construcción de una carretera (Troncal 10) que atraviesa La Gran Sabana, el Parque Nacional Canaima y una zona también considerada por l@s Pemones como sagrada. Ahora Chávez pretende la construcción de un super-gaseoducto desde Venezuela a Brasil de más de 8.000 kilómetros atravesando de nuevo territorio pemon (mismo recorrido que el proyecto de tendido eléctrico).

Los mapuche (Chile-Argentina) también han utilizado el sabotaje y la acción directa sobre todo contra las empresas madereras.
En muchos casos este se ha centrado en dependencias o en maquinaria, como la acción del 5 de enero 2003. En ese caso, por ejemplo, una plantación de pino fue quemada junto a la maquinaria. El pino se planta reemplazando al pehuen (araucaria) árbol sagrado y base alimentaria mapuche. Por estas acciones much@s mapuches han sufrido presidio. A estos se les deben sumar otros a los que se acusa de participar en estos hechos, pero que no los ha cometido, en un contexto de represión indiscriminada. A tod@s ell@s se les está aplicando la ley antiterrorista, así como un nuevo Sistema Procesal Penal introducido como proyecto piloto en la 9ª Región (Chile).

De la misma forma que el ELN revienta oleoductos en Colombia, estos también son blanco del MEND en el delta de Níger (Nigeria), pero no por los mismos motivos. Nigeria ha sido un país donde las demandas de ecologistas y minorías étnicas han sufrido la mayor de las represiones, incluyendo ejecuciones como las de Ken Saro Wiwa y otros ocho activistas ogoni en 1996 (otros 20 esperaban el mismo sino, pero sus ejecuciones fueron suspendidas debido a la presión internacional). Ante esta situación y las incesantes violaciones de derechos humanos y ambientales de las multinacionales es lógico que la respuesta se intensificara.

El MEND (Movement for the Emancipation of the Nigerian Delta) está conformado por grupos étnicos minoritarios de la zona, como los Ijaw. MEND se ha puesto como objetivo «destruir totalmente la capacidad del gobierno de Nigeria de exportar petróleo». Para ello MEND realiza sabotajes, aunque se han armado también robando armamento al ejército petrolero nigeriano (como el 19 enero y 23 de marzo de 2006, cuando robaron metralletas y lanzagranadas), estableciendo que no buscan la pérdida de vidas humanas. Para ello también han expresado a sus comunidades el abandono de zonas cercanas a instalaciones petroleras para evitar daños. Después de una acción en diciembre de 2005 MEND volvió con una mayor el 12 de enero de 2006 cuando voló 3 oleoductos y atacó un barco petrolero con lanzagranadas. Ese día MEND también capturó 4 mercenarios que soltó 18 días más tarde. MEND exigió a la Shell el pago de 1,5 billones de dólares a una comunidad por daños causados por escapes de petróleo. Cuatro días más tarde el MEND destruyó una estación petrolera y dos botes militares. Los activistas fueron interceptados por lanchas militares. En el consecuente tiroteo las dos lanchas militares fueron hundidas causando la muerte de varios militares (cifras desconocidas).

El 23 de marzo activistas se encontraron en una situación parecida, capturando la lancha y armamento. Como resultado 3 militares murieron y los demás escaparon. En febrero de 2006 MEND intensificó su actividad como respuesta a la represión a los Ijaw por el ejército nigeriano. Esta consistió en 4 ataques en 5 días contra oleoductos y plataformas de extracción. MEND también secuestró a 9 trabajadores de la Shell. Al final, el activismo del MEND dio sus frutos y paró la producción petrolera en la zona. Como resultado de estas acciones Shell desalojó a 330 de sus empleados por su seguridad. La última acción que conocemos data del 29 abril de 2006 cuando MEND explotó un coche bomba con el efecto de volar cisternas petroleras. MEND también ha amenazado con volar por los aires la mayor planta de gas de Nigeria. Shell es la mayor compañía que opera en el país de mayor producción petrolera de Africa, toda ella concentrada en el delta del Níger. Las petroleras se han hecho con las tierras y las han contaminado, al igual que el agua y el aire. Pese a los altos beneficios de las multinacionales, la población local permanece en la pobreza más absoluta. El gobierno militar nigeriano (antes dictadura militar) siempre apoyó a la Shell y a otras petroleras y reprimió y ajustició a aquellos que mostraron oposición. Los pueblos originarios como los Ogoni o los Ijaw han vivido en sus carnes esa represión.

Otro caso de exitosa lucha contra las multinacionales destructoras fue el de la población de la pequeña isla de Bouganville, donde la empresa RTZ se adueñó de la isla para convertirla en una gran mina abierta de cobre: 500 m de profundidad y 7 kilómetros de largo. La mina dejó a l@s nativ@s sin tierra, sin casas y sin su habitat y, por si fuera poco, lo contaminó todo. En 1988 l@s nativ@s comenzaron a tomar cartas en el asunto y, tras robar dinamita a la empresa, empezaron a volar postes de alta tensión, maquinaria y edificios de la empresa. El Ejercito Revolucionario de Bougainville (lo más lejano a un ejercito…) consiguió sacar a la compañía de la isla. Desde entonces, han logrado producir vehículos y armas para su autodefensa utilizando los deshechos dejados por la compañía. Para carburante también utilizan su propio biodiesel hecho de aceite de coco.

Otra zona de gran actividad multinacional es Papúa Occidental, zona donde existen grupos étnicos y tribales que no se conocen entre ellos debido a la topografía y al escaso desarrollo (industrial- tecnológico). Estos grupos tribales también se han enfrentado con lanzas a las multinacionales. Si la mina de Bouganville era grande, la de oro y cobre de Papúa Occidental lo es todavía más (Freeport-McMoRan Copper & Gold Inc-USA). En 1981, por ejemplo, activistas volaron tuberías de esta compañía. Los grupos tribales están organizados en cierta forma bajo el Movimiento para una Papúa Libre (Organisasi Papua Merderka – OPM), una red de guerrer@s tribales. Indonesia ha practicado una represión brutal con ejecuciones sumarísimas: se calculan 300.000 muertos desde 1962.

fuente: revista Ekintza Zuzena Número 34. www.nodo50.org/ekintza

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Videla, dictadura y la izquierda ausente

Análisis del pasado reciente argentino, procurando evitar el maniqueísmo fácil, ni en la versión adocenada de la teoría de los dos demonios ni en los ultrismos que descargan todo en “el otro”.

El 21 de diciembre ppdo., como se sabe, fue el desenlace de los juicios incoados contra jefes de la represión depuestos, como Jorge R. Videla y otros mandos de la pesadilla 1976-1983.
Las cartas, pasadas tres décadas largas de los atroces acontecimientos examinados, ya están bastante echadas.

Tenemos a las organizaciones de derechos humanos que han avanzado en muchos aspectos y han logrado finalmente volver a llevar a juicio por delitos imprescriptibles a una serie de militares y profesionales de la represión; tenemos las reacciones y “defensas” de militares, enjuiciados y acólitos como Cecilia Pando que procuraría “dar vuelta la torta” y enjuiciar o sencillamente degollar a los impugnadores del “Proceso de Reorganización Nacional”; tenemos a quienes procuran seguir aprovechándose de situaciones generadas en aquel período de discrecionalidad del poder y de terror, como vemos con el estiradísimo trámite por la identidad de algunos adoptados/apropiados.

También sabemos de las voces que juegan en cada coro, aunque a veces hayan surgido fuerzas que procuran obturar tales expresiones. Recuerdo los esfuerzos de una serie de abogados y redes antidictatoriales procurando impedir, a fines de los ’80, una declaración firmada por miles de “ciudadanos” que querían apoyar a Videla y a la dictadura procurando publicar una solicitada de opinión en La Razón. Era una magnífica oportunidad para “verles las caras a tantos partidarios de la dictadura” pero los demócratas absolutistas lograron convencer al juez M. Izurzún de que la lucha por la democracia incluía el ahogo de la libertad de opinión y se impidió semejante publicación, y nos quedamos, de paso, sin saber qué enemigos teníamos y dónde, si en nuestros lugares de trabajo o de estudio…

Por eso, no sorprendió demasiado escuchar, una vez más, la preocupación que en el programa radial “Periodismo sin vueltas” (Radio América, 22 diciembre 2010) sus encargados, Ernesto Lucero y Jorge Fernández Costa o alguno de ellos, transmitía. Apesadumbrados, contrariados por la difusión del alegato de Jorge R. Videla en el juicio que se le hace. Su última instancia de defensa.
Había disgusto. Como que temían que el alegato de Videla y la fuerza y entereza con que lo planteó, pudiera resultar atractivo, deslumbrar o desconcertar a más de uno. No terminaba de entender si los desconcertados no serían alguno de ellos, periodistas ka del más puro modelo.
Me decidí por auscultar pareceres más cerca de la calle. Quien vende los diarios que a veces compro me pareció un buen referente. Efectivamente, llegar a comprar un matutino y que me expectara: ¿miró el juicio anoche? fue todo uno. Auspicioso.

Me comenta que Videla estaba entero y que hizo un discurso muy convincente. Y de allí, fue desplazándose, e insensiblemente llegó a la “teoría de los dos demonios”: “Que fue un tiempo de una tuya y una mía”, me lo tradujo un poco más deportivamente…
Videla alegó que antes del golpe militar «”el estado había perdido el monopolio de la fuerza” y se vivía un “far west vernáculo”.» (Marta Platía, Los Andes, 22/12/2010).
También recordó: «”El estado de caos del país desde octubre de 1975″; la firma del decreto de “aniquilación del terrorismo” suscripto por la ex presidente Estela Martínez de Perón e Italo Lúder.» (ibídem).

Y para remate, aludió directamente a la constelación K, resucitando el imaginario de la “seguridad nacional” de los ’70, madeinUSA.: «”Los enemigos de ayer están en el poder y desde él intentan establecer un régimen marxista, a la manera de Gramsci, que puede estar satisfecho de sus alumnos.» (anónimo, La Nación, 21/12/2010).
En otro pasaje, Videla describe la situación de entonces: «”Agotada la instancia de represión sin haberse restablecido el orden, ante las dimensiones de la agresión terrorista, y ante la inoperancia de la Justicia, parecía llegado el momento de apelar a las Fuerzas Armadas para combatir al terrorismo”.»
Y ya casi filosóficamente: «”la Argentina afrontó una guerra interna revolucionaria de profunda raíz ideológica”.»

Y bien: ¿cuál es el problema? No lo que dice, por ejemplo, la última cita es inobjetable y se podría decir que sus pasajes “descriptivos” no son fáciles de rebatir. En todo caso, los problemas, graves, del “discurso” de Videla pasan por lo que omite, lo que escamotea o por el enfoque maniqueo, ideológico madeinUSA, que confunde al gobierno K con el marxismo.
No hablar ni una palabra de los botines. Algo sistemático que empezó rateando dinero y terminó cambiando la identidad de bebes. Un cáncer social todavía vigente. Una profunda corrupción de la máquina militar.

Un desprecio absoluto por la vida y la dignidad humana.
Ni mencionó, ¡cómo va a mencionarlo!, que su primer acto de gobierno fue establecer la pena de muerte, por decreto. Preguntémonos si por la alta estima que hayan tenido Videla y sus secuaces por la vida humana y si por su altísimo sentido del honor y la compasión, jamás la efectivizaron. O si no prefirieron “la noche y la niebla”, los cuerpos esfumados, para escamotear, con enorme cobardía moral, las atrocidades que cometían a diario.

Con lo cual, sus reiteradas alegaciones a la “crueldad necesaria” sólo muestra su abyección.
Tampoco habló de la satelización total de la Argentina a estrategias imperiales ajenas, lo cual hacía retozar de contento a un perro guardián como el sádico A. Harguindeguy.
Pero no, no es ése el problema que preocupara a “Periodismo sin vueltas”. Es lo que dijo Videla. No lo que escamoteó. ¿Y por qué lo que dijo es tan explosivo y temible?
Porque la izquierda en este país, lo que suele considerarse la izquierda constituida y reconocida como tal, ha escamoteado precisamente el estado real de la sociedad argentina sobre el que embate una y otra vez el asesino frío Videla con aquella renovada Triple A que denunciara Rodolfo Walsh; las tres armas.

Porque lo que se llama la izquierda en este país procura hacerle creer a la sociedad que efectivamente la dictadura se descargó sobre una sociedad de carmelitas descalzas y con ello “prueba” que efectivamente son unos monstruos.
El ejército, la Triple A, las policías y otros cuerpos represivos oficiales, múltiples, del estado argentino, cometieron monstruosidades sin cuento ni medida –incomparables con los pinitos de la “violencia revolucionaria”; por eso la teoría de los dos demonios es insensata–, pero todo no arrancó con sus acciones contra carmelitas descalzas.

Cuando los “grupos de tareas” caían, como también cayeron, sobre carmelitas descalzas era porque venían con su brutalidad casi intacta, con su soberbia armada, con su pretensiones de salvadores absolutos, pisando fuerte y no admitiendo ni una brizna de diferencia: recordemos el “aforismo” de Saint-Jean, el 7 de octubre de 1976, gobernando la provincia de Buenos Aires: ‘A los que vamos a matar’. “Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos”.»

Para decirlo con las palabras del economista y periodista Carlos Quijano (1900-1984), para una realidad análoga; la presencia tupamara en Uruguay y el auge guerrillero: ‘Le están abriendo la jaula al monstruo’. Con ello, Quijano explicitaba que la violencia guerrillera, minúscula pero irritante, habilitaba la salida a la calle, la invasión de la sociedad por parte de sus presuntos protectores, los militares, a los que calificaba sin ambages de “el monstruo”. Porque Quijano sabía bien cómo se estaban formando los militares, y al servicio de qué estrategia de poder estaban, con Escuela de las Américas en Panamá y con “asesores” franceses, torturadores colonialistas, p. ej., en el caso de Argentina.
En rigor, los pujos de violencia revolucionaria le vinieron como anillo al dedo a los golpistas y “salvadores de la patria”.

Con los riesgos del análisis contrafáctico, se podría plantear la hipótesis de que si no hubiera mediado Cuba y el encandilamiento consiguiente en tantas realidades sudamericanas, los servicios de inteligencia de la constelación de poder que quería apretar (todavía más) las clavijas podrían haber “acentuado las contradicciones”. Como estimo que ha acontecido con los peculiares atentados del 11 de setiembre de 2001 en Washingon y Nueva York, al servicio de un recrudecimiento de la condición imperial y/o imperialista de EE.UU.

Pero, claro, si desde tanta izquierda se escamotean aquellas secuencias que muchos consideraban prerrevolucionarias, la pieza oratoria de Videla puede resultar inflamable. Porque se adueña de aquellos “hechos” y los pone a su servicio.
Particularmente efectivo ante gente poco politizada y por lo tanto con un potencial sesgo derechoso. Y no solamente para tales. Los jóvenes tampoco conocieron la pesadilla del terror de estado y por eso no alcanzan a tener una idea cabal del período setentista, cargado de esperanzas, de proyectos, de idealismo, de entregas, de sacrificios, a menudo heroicos, pero también de necedad y soberbia de “las organizaciones armadas”. Gente que no querrá, los primeros, y que no podrán, los segundos, conocer los “hechos difíciles” que de modo distinto nos sumían a todos en la inseguridad. Recordemos un único ejemplo: la voladura del comedor de la Policía Federal, que arrojó 21 muertes. Esos vientos tienen que ver con las tempestades del abuso, la corrupción, el poder omnímodo, la abyección de vivir bajo el “Proceso de Reorganización Nacional”.

Para lo que realmente sirvió la dictadura asesina de 1976 fue para distorsionar un poco más el ya distorsionado carácter guerrero del ejército convertido en cazador de mujeres a menudo desarmadas, jovencitos, sindicalistas, bebes y que frente a una guerra que ellos mismos provocaron, en las irredentas Malvinas, no pudieran comportarse como ejército, con un zanjón de clase monstruoso entre conscriptos tratados como el pueblo todo, y una oficialidad hipercorrupta que, como en el caso del tirador de élite A. Astiz, se rindió sin disparar un solo tiro.

Ésa sí que fue una ayuda, involuntaria, claro, a la sociedad argentina. Porque desobturó la vuelta a la democracia, que se precipitó incontenible poco después del desastre malvíneo y permitió vérselas con cuerpos militares desvencijados que facilitaron la irrupción civil y el Nunca Más.
Pero ésa ya es otra historia.

Luis E. Sabini Fernández
luigi14@gmail.com

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