Masa y poder o cómo destruir tu vida ensalzando a los maltratadores

La primera forma de destruir tu vida es idealizar a tus maltratadores. La segunda forma es politizarla (que viene a ser lo mismo pero a otra escala).

Por José Luis Cano Gil *

¿Y por qué politizar tu vida es una forma de ‘destruirla’? Muy sencillo. Al politizar tus problemas, los reduces a algún estándar generalizador controlado por un algún grupo o líder, al que automáticamente quedas sometido. Ya no eres tú mismo con tus peculiaridades y decisiones, etc., sino un triste átomo de una masa dócil y acéfala ejecutando los intereses de gente peligrosa que idealizas o ni siquiera conoces. Puedes gritar y reivindicar cuanto quieras, sí. Pero si piensas que a tus amos les han importado nunca tus problemas, o que ellos deben o pueden ‘mejorar’ tu vida (salvo mediante halagos y privilegios), aún no has nacido. Y ojalá no lo hagas demasiado tarde. Mientras ingenuamente busques ‘salvadores’ (familia, políticos…) sólo hallarás abusadores. Sólo cabe despertar de la masa, madurar, convertirnos en individuos. ¡Siente, piensa y vive por ti mismo!

* Psicoterapeuta integral


Problema psicológico, problema político

En la era presente, se han invalidado las fronteras entre la psicología por un lado y la filosofía social y política por el otro, gracias a la condición actual del hombre. Por eso en Eros y civilización hace uso de categorías psicológicas, ya que antes los procesos psíquicos, antiguamente autónomos e identificables ahora están siendo absorbidos por la función del individuo en el estado, por su existencia pública. Por lo mismo los problemas psicológicos se transforman en problemas políticos: el desorden privado refleja más directamente que antes el desorden de la totalidad, y la curación del desorden personal depende más directamente que antes de la curación del desorden general. La psicología puede ser elaborada y practicada entonces como una disciplina especial tan sólo en tanto la psique pueda mantenerse a sí misma contra el poder público, en tanto la vida sea realmente deseada y construida por sí misma, y afirma Herbert Marcuse, que si el individuo no tiene ni la habilidad ni la posibilidad de ser para sí mismo, los términos de la psicología llegan a ser los términos de las fuerzas sociales que definen la psique.

fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Herbert_Marcuse

Capitalismo de vigilancia, el nuevo mundo feliz en el que el producto eres tú (y prefieres no saberlo)

La nueva era económica se fragua en plena crisis de las ‘puntocom’. Google descubrió cómo hacer predicciones sobre las personas y monetizarlas. La gratuidad en los servicios promueve un sistema que espolea la adicción.

Por Patricia C. Serrano
eleconomista.es
08/06/2019

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Fraguas Revive, Ecoaldea autogestiva en Castilla La Mancha en peligro de desalojo

¿Es posible vivir fuera del sistema? Fraguas demuestra que sí. Varios jóvenes procedentes de distintos puntos de España emprendieron en 2013 un proyecto de okupación rural mediante la reconstrucción de las ruinas de un antiguo pueblo abandonado en la Sierra Norte de Guadalajara.

Por Sin Filtros

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Biopolítica

“Ahora la vida ha llegado a ser […] un objeto de poder.” Michel Foucault, «Las redes del poder».

Por Julio Díaz y Carolina Meloni

Los estudios tradicionales han identificado frecuentemente los distintos modos de producción con sus correspondientes ideologías. Sin embargo, estas investigaciones no siempre vinieron acompañadas de un acertado análisis de las diversas e históricas regulaciones del comportamiento humano. El tabú, por ejemplo, una de las formas más antiguas e inconscientes de control social, consistía básicamente en la ligazón del deseo prohibido con una negatividad extrema como, por ejemplo, la amenaza de un universo colapsado por todo tipo de desastres. Tan irracional como efectivo, bastaba que a un miembro de la tribu le asaltara cualquier deseo vedado en el tiempo productivo para que a la vez se le presentara asociado neuróticamente un tremendo pavor o un asco absoluto.

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(libro) Comentarios sobre la sociedad del espectáculo

“Sin duda, el aspecto más inquietante de los libros de Debord consiste en el empeño puesto por la historia en confirmar sus análisis. No solamente, veinte años después de La Sociedad del espectáculo, los Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988) han registrado en todos los campos la exactitud de los diagnósticos y previsiones, sino que entretanto, el curso de los acontecimientos se ha acelerado con tal uniformidad en la misma dirección, que apenas dos años después de la publicación del libro, es como si la política mundial no fuese otra cosa hoy que una puesta en escena paródica del guión escrito por Debord. La unificación sustancial del espectáculo concentrado (las democracias populares del Este) y del espectáculo difuso (las democracias occidentales) dentro del espectáculo integrado, que constituye una de las tesis centrales de los Comentarios, y que muchos encontraban hasta hace poco paradójica, se revela ahora como una evidencia trivial. Los muros inquebrantables y los hierros que dividían los dos mundos fueron destrozados en unos cuantos días. Con el fin que el espectáculo integrado pudiese realizarse plenamente también en sus países, los gobiernos del Este han abandonado el partido leninista, igual que los del Oeste habían renunciado desde hace tiempo al equilibrio de poderes y a la libertad real de pensamiento y de comunicación en nombre de la máquina electoral mayoritaria y del control mediático de la opinión (que ambos se habían desarrollado en los Estados totalitarios modernos).” Giorgio Agamben (1)

Por Guy Debord
febrero-abril, 1988

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Acerca de la ideología de los que prescinden de toda ideología

“El siglo corto” que va desde la ruptura de la ilusión del progreso con la Gran Guerra en 1914 hasta la del comunismo en 1989/1991 (Iván Berend, cit. p. Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX, p. 10) ha terminado con la caída del Muro —simbólicamente— o con la URSS —literalmente—, pero la sociedad actual —salvo sus capas más recientes, casi adolescentes— ha conocido, ha convivido con aquel mundo ahora fenecido; el de “capitalismo y socialismo”. Junto con aquella realidad fuimos nutridos, o malnutridos, por una serie de lugares comunes como el de la existencia de dos sistemas económico-sociales filosóficamente contrapuestos, con una serie de roles atribuidos a cada “actor” en aquel escenario mundial que prácticamente ocupó todo el siglo XX. Derecha e izquierda, idealismo vs. materialismo, justicia o libertad.

Por Luis E. Sabini Fernández
luigi14@gmail.com

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Escena de la película Good Will Hunting sobre la NSA y la política exterior norteamericana

Good Will Hunting (1997). Sinopsis: Will es un joven rebelde con una inteligencia asombrosa, especialmente para las matemáticas. El descubrimiento de su talento por parte de los profesores le planteará un dilema: seguir con su vida de siempre -un trabajo fácil, buenos amigos con los que tomar unas cervezas- o aprovechar sus grandes cualidades intelectuales en alguna universidad. Sólo los consejos de un solitario y bohemio profesor le ayudarán a decidirse. 

GOOD WILL HUNTING
Dirección: Gus Van Sant
Guión: Matt Damon, Ben Affleck
Año: 1997
Duración: 126 minutos.
Mas sobre la película: https://www.filmaffinity.com/es/film503907.html

 

Debate en torno al uso de chips en humanos

Una empresa belga ha decidido implantar chips a sus trabajadores para acceder a sus ordenadores. El hecho ha generado una verdadera polémica sobre la privacidad de los trabajadores y las posibilidades que esto tiene para un futuro no tan remoto. Expertos en chips y espionaje analizarán las claves de esta tecnología que ya empieza a instaurarse en diversos países. Participan del mismo Pedro Barcos, Enrique de Vicente y…

Por Iker Jimenez, Cuarto Milenio
09-04-2017

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fuente: https://www.ivoox.com/cuarto-milenio-9-4-2017-12×32-los-juegos-muerte-audios-mp3_rf_18052865_1.html

Informarse. Hoja de links con información, análisis, revistas, para difundir y/o imprimir

Que cada cual lo use como le parezca, difundiéndolo vía internet o imprimiéndolo y fotocopiándolo. Quizá no quiera hacer nada con esto, simplemente pase de largo y mande saludos!

“El espectáculo organiza con maestría la ignorancia acerca de lo que está pasando, y acto seguido, el olvido de cuanto, a pesar de todo, acaso haya llegado a saberse. Lo más importante es lo más oculto” Guy Debord, Comentarios Sobre la Sociedad del Espectáculo (1988)

Por raas
raas@riseup.net

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Capitalismo vs. Privacidad. El capitalismo informacional ha convertido Internet en un medio de control social

En el discurso popular, el autoritarismo suele ser considerado la dramática antítesis del capitalismo liberal, y las pretendidas diferencias entre ambos no están en ningún lugar más marcadas que en sus actitudes con respecto a la privacidad. Mientras en el mundo liberal capitalista se considera que la casa de cada persona es su castillo, en los regímenes autoritarios no es más que otra jaula monitorizada por el Estado.

Por Samuel Earle*
01/11/2017

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(libro) Nosotros

Nosotros (en ruso: Мы) es una novela rusa escrita por Yevgueni Zamiatin en 1921 ambientada en una sociedad futura donde la vigilancia y represión por parte del Estado es total. No fue publicada en ruso hasta 1988, debido a problemas de censura. Es una de las primeras obras del subgénero de las distopías e inspiró, entre otras novelas, 1984 de George Orwell, quien, según el propio autor británico, había leído a Zamiatin en su traducción francesa, Nous autres.

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La razón científica como dispositivo de dominación

La importancia adquirida por la ciencia y por el conocimiento científico en las sociedades modernas se debe, sin duda, a la utilidad de sus aportaciones tanto para la comprensión de los fenómenos naturales y sociales, como para intervenir sobre ellos produciendo riqueza y bienestar, o explotación y perjuicios. Este texto se centra en otra de las razones que explican la importancia de la ciencia, y que no es otra que su configuración como uno de los dispositivos de dominación más eficaces de nuestra época, y procura desmontar los mecanismos más insidiosos de ese dispositivo, afrontando directamente la problemática de la propia “razón científica”.

Por Tomás Ibáñez
Revista Libre Pensamiento

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Autopsias (de la violencia cotidiana)

Los primeros síntomas de la enfermedad mental que me acompañaría toda la vida surgieron alrededor de los 9 años. Un tiempo después, mi abuela había recomendado una visita al psiquiatra. Nada menos factible en la atmósfera familiar, social y política de mediados de los años 70, cultivada a fuerza de violencias silenciosas y tabúes, y que poco después concluiría en catástrofes y exilios (esta dimensión colectiva será tema de próximas entregas).

Por Zenda Liendivit
27 de agosto de 2017

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La creencia neoliberal

Topía, en su aniversario 25, al cual pocas revistas llegan y, por lo cual, hay que felicitar a sus directivos calurosamente, nos ha convocado para discutir sobre el neoliberalismo -y su persistencia- desde distintas perspectivas y a mí me han dado como tema el de “La creencia neoliberal”, para lo cual considero necesario revisar el sentido del término.

Por Mario Campuzano Montoya
revista Topía

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Guía de privacidad y seguridad en Internet

¿Sabes por qué es tan importante tener contraseñas robustas? ¿Y de hacer copias de seguridad? ¿Te gustaría obtener unos consejos para comprar en línea o sobre cómo evitar los programas maliciosos? Pues has aterrizado en la página correcta. Te presentamos la guía de “Privacidad y seguridad en Internet” que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y la OSI hemos desarrollado para ti.

Por AEPD y OSI

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Los ejércitos secretos de la OTAN: Operación Gladio

Cuando el juez Felice Casson reveló la existencia de Gladio, comenzaron apenas a vislumbrarse los alcances de los servicios secretos de la OTAN. La estructura secreta continúa operando hasta nuestros días; realiza misiones de las que no necesariamente se enteran los parlamentos de los países. Los atentados organizados por los regímenes se imputan a la oposición para desmantelarla. “Había que actuar contra los civiles, la gente del pueblo, las mujeres, los inocentes; la razón era muy simple: se suponía que tenían que forzar a aquella gente a recurrir al Estado para pedir más seguridad”, reconoció uno de los “soldados clandestinos”

Por Daniele Ganser*
Red Voltaire
7 de diciembre de 2009

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Archivo de Frases con Sabiduría, 324 páginas

Archivo actualizado a septiembre de 2018 con selección de frases, opiniones, sentires, fragmentos y poesías de personas comunes, escritores, poetas, pensadores, filósofos, brujos, militantes, organizaciones, grupos, revistas, etc. sobre el mundo en el que vivimos y morimos.

Por raas

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(presentación) Del Asesinato de la Naturaleza como una de las Bellas Artes

Presentación de 27 páginas en formato PDF, que es, fundamentalmente, un intento gráfico de señalar responsabilidades sociales políticas (individual y colectivamente hablando). Un cuadro lo que hemos generado como especie en el planeta en un par de siglos.

Por raas
raas@riseup.net

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Desinformación e ignorancia. Rumbo a la distopía

Entre la realidad social y lo que una persona cree que es la realidad social, media un espacio de representaciones simbólicas que decora dicha realidad al gusto de algún interés, personal o colectivo. Ese espacio es el mensaje, la versión de los acontecimientos que nos cuentan, bien sean los medios de comunicación o las personas que forman nuestro entorno más próximo. Historias sin las cuales no podríamos interpretar lo que ocurre ahí fuera.

Por Rafael García del Valle
Erraticario
5 de diciembre de 2012

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Autoprotección digital contra la vigilancia: Consejos, herramientas y guías para tener comunicaciones más seguras

La tecnología moderna ha traído nuevas y poderosas habilidades para recolectar y vigilar secretamente los datos de personas inocentes. Autoprotección Digital Contra La Vigilancia es la guía de la EFF para defenderte a ti y tus amigos del espionaje, utilizando tecnologías seguras y educándote en la implementación de prácticas de seguridad cuidadosas.

Por EFF (Electronic Frontier Foundation)

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La nueva gran transformación

Una de las pocas ventajas de las grandes crisis es que nos ayudan a descorrer el velo con el cual el sistema encubre y disimula sus modos de oprimir. En este sentido la crisis que vive Grecia puede ser fuente de aprendizajes. Para ello propongo dejarnos inspirar en el largo camino recorrido por Karl Polanyi al escribir La gran transformación. Para comprender el ascenso del nazismo y del fascismo se remontó a los orígenes del liberalismo económico, situados en la Inglaterra de David Ricardo.

Por Raúl Zibechi
La Jornada
24-7-2015

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The illusion of Choice. Una crítica de la creatividad

Vamos a comenzar realizando un breve viaje en el tiempo. En el periodo entre las décadas de los 60 y los 70 los movimientos políticos y culturales antagonistas pusieron en crisis el modo de subjetivación dominante hasta esos momentos, que no tardó en colapsar junto a la estructura familiar victoriana y su largo periodo de apogeo en Hollywood. Aparece una subjetividad ‘flexible’, acompañada de la experimentación radical con modos de existencia y la producción contracultural, que desestabilizaron el estilo de vida imperante y sus anticuadas políticas del deseo, con su lógica de identidad, sus relaciones con el ‘otro’ y su imaginario.(1)

Como sostiene el colectivo británico de investigadores activistas Deterritorial Investigations Unit, se produjo un auténtico éxodo desde la sociedad disciplinaria hacia lo afectivo, lo corporal y las políticas de resistencia contraculturales. El deseo de abandonar, drop out, esa realidad, afirmar la libertad individual frente a ella y experimentar de manera abierta otras formas de vida, fue premiado progresivamente con la flexibilización de la fuerza laboral y el consumo ‘cool’ durante el tiempo libre. Este proceso ha ido acompañado de un enorme cambio tecnológico que permite un consumo personalizado, la utilización del ‘machinic phylum’ (filo maquínico) y el desarrollo del General Intellect o conocimiento social.(2)

 Para el colectivo Tiqqun, el paso de la sociedad disciplinaria a la actual de control es inseparable de las revueltas antidisciplinarias de los 60 contra el Fordismo. El ciudadano mutante postmoderno, como ellos le denominan, fue prefigurado por los estudiantes experimentando con LSD, la gente joven huyendo del mercado de trabajo y las revueltas contraculturales.

El capitalismo ‘cultural’ o ‘cognitivo’, concebido como una solución a la crisis provocada por estos movimientos contraculturales, absorbió los modos de vida que éstos inventaron y se apropió de sus fuerzas subjetivas, especialmente del potencial creativo.(3) Toyotismo, automatización, incremento de la flexibilidad y personalización del trabajo, deslocalización, externalización, descentralización, metodologías de tiempo real, gestión específica de proyectos, cierre de grandes plantas de fabricación y liquidación de los sistemas industriales pesados, son algunos de los aspectos de las reformas cuyo propósito fundamental era restaurar el poder capitalista sobre la producción de vida.(4)

En un poderoso proceso de comodificación y cooptación, a finales de los años 70 la experimentación llevada a cabo de manera colectiva en las décadas anteriores, con el objetivo de alcanzar la emancipación del Fordismo y de la subjetividad disciplinaria, era ya bastante difícil de distinguir de su absorción en un nuevo régimen. De hecho, este cambio del sistema fue experimentado por muchos de los protagonistas como un signo de reconocimiento e inclusión: el nuevo estado de cosas parecía liberarles de la marginación a la que habían sido confinados en ese mundo ‘provinciano’ y disciplinario, de valores fuertes, que ahora se desvanecía. Deslumbrados por la recepción de su producción creativa, que ahora les llevaba a la portadas de los grandes medios y engordaba sus cuentas bancarias, los precursores de las transformaciones de las décadas anteriores entraron en el juego. Muchos de ellos llegaron, de este modo, a convertirse en los creadores y constructores de un mundo fabricado por y para un capitalismo de nuevo estilo.

Las estrategias de subjetivación, de relación con el ‘otro’ y de producción cultural tomaron una importancia esencial. Hablamos de un régimen que se nutre de las fuerzas subjetivas del conocimiento y la creación, por eso es descrito como capitalismo cultural o cognitivo. (pp. 44-5) Según Suely Rolnik todos tenemos una subjetividad flexible que ha sido instituida por los movimientos colectivos contraculturales. En otros lugares hemos llamado a este proceso ‘la muerte del Pop’.(5)

Este cambio de paradigma en la producción de subjetividades es descrito con acierto por la Facción del Ejército Rojo (RAF), en un texto en el se observa como “el sistema capitalista ha tomado todo el tiempo libre de la gente. A la explotación en los centros de trabajo se añade ahora la explotación de las emociones y pensamientos, deseos y sueños utópicos, a través del consumo y la comunicación. (…) El sistema ha conseguido en las metrópolis hundir a la gente de un modo tan profundo, que parece que han perdido cualquier sentido de la naturaleza explotadora y represiva de su situación. Así que por un coche, un par de pantalones vaqueros, un seguro de vida y un préstamo, aceptarán cualquier atropello del sistema. De hecho, ellos ya no pueden imaginar ni desear nada que vaya más allá de un coche, unas vacaciones o un cuarto de baño con azulejos.”(6)

En este contexto resulta interesante traer a colación la noción de biopoder, con la que Michael Foucault se refiere a la tecnología de control que gestiona poblaciones de modo que sus dictados son interiorizados. Los productos capitalistas han colonizado, finalmente, el tejido de la realidad cotidiana, hasta el punto en el que todo lo que una vez era directamente vivido se ha convertido en representación. El biopoder abraza el consumo superficial de interminables intercambios de deseos al ritmo de las novedades del mercado. Nos ofrece pastiche como invención, parodia como entretenimiento, propaganda como información, cinismo e hipocresía como reflexión. Pero el biopoder permite espacio para subjetividades que pueden tender hacia los límites, como el punk y el rebelde, siempre que lo sean sin causa y, sobretodo, tengan un compromiso de responsabilidad social equiparable a la gestión del sistema. El ciudadano post-Fordista desea poder manifestar su propia expresión, aunque se trate de una expresión enraizada en las semióticas del mercado.(7)

Hacia una biopolítica neoliberal

Las condiciones de vida y trabajo actuales remiten a la genealogía de los movimientos contraculturales desde la década de los 60. En el contexto del feminismo, el ecologismo, la izquierda radical y los movimientos autónomos de esos años, las prácticas disidentes de formas de vida alternativa y los deseos de cuerpos y relaciones diferentes buscaron constantemente distinguirse de las condiciones de trabajo habitual en esos momentos y de sus medidas disciplinarias, controles y limitaciones. La aceptación voluntaria de condiciones de empleo precarias generalmente respondió a la necesidad de superar la moderna división patriarcal entre reproducción y trabajo asalariado.

En lo últimos años, sin embargo, son precisamente estas condiciones alternativas de vida y de trabajo las que han llegado a ser cada vez más utilizables económicamente como posibilidades de negocio, porque favorecen la flexibilización del mercado laboral exigida por los poderes financieros. De este modo, las prácticas y discursos de los movimientos sociales en los treinta o cuarenta últimos años no fueron sólo disidentes y dirigidas contra la normalización, sino que fueron simultáneamente absorbidas como parte de la transformación hacia una forma neoliberal de gobernabilidad.(8)

En Una Breve Historia del Capitalismo, David Harvey ha analizado cómo cualquier movimiento político que tenga la libertad individual como valor sacrosanto es vulnerable de ser incorporado sin problemas por el neoliberalismo. Cooptando toda la retórica de la igualdad, el mercado ha podido apaciguar los movimientos políticos identitarios de resistencia. Sus energías y potencias han sido capturadas por la neoliberalización de la cultura y, de este, modo han perdido su carácter antagonista. Harvey sostiene que la explotación narcisista del ‘yo’, la sexualidad y la identidad son ahora el leitmotiv de la cultura urbana burguesa. El capitalismo tardío despliega de este modo la cultura para cooptar y comodificar la resistencia, para robarle su potencial revolucionario.(9)

La creatividad

Estar bien con uno mismo. La búsqueda de la verdad interior. La optimización del ‘yo’ en consonancia con la neoliberación de la cultura, la economía y la política. Términos como creatividad, liderazgo o innovación son considerados como valores positivos fundamentales, orientados hacia el mercado según su lógica instrumental y ajustados a sus condiciones y necesidades. La potencialidades del sujeto son, así, racionalizadas en conformidad con el consumo.

Nos referimos al régimen terapéutico para definir al gobierno de las formas-de-vida y a la producción de subjetividad características del capitalismo cognitivo. Con la comodificación de la creatividad como ausencia de problematización, la cadena de producción de subjetividades se modela dentro de los cauces de eficacia y funcionabilidad mercantil de la sociedad de consumo. La producción de creatividad funciona dentro de la lógica instrumental del capitalismo, que regula, administra y neutraliza cualquier disrupción heterogénea antagonista y problemática. No se cuestiona el marco de referencia sino que se buscan soluciones productivas, evitando la posibilidad de problematizar las condiciones de producción.

Según sostiene Tiqqun en su texto Esto no es un programa, a quienes debemos temer con mayor intensidad y tendríamos más motivos para traicionar, son a todos aquellos que siguen nuestras pistas desde la distancia, maquinando la manera de capitalizar la energía expandida de nuestras luchas: los managers, los coachings, los maníacos de la re-territorialización.(10)

El artista

No sólo se controla el posible potencial creativo, también es interesante analizar los significados que se invierten en el término y cómo se opera desde ahí. La creatividad abre un régimen de ideas que el capitalismo se vende a si mismo. Al capitalismo le encanta la creatividad y se ve a si mismo como su paradigma, personificación, agente productor, coherente súper-ego mercantil; la creatividad es el pensamiento mágico del capitalismo.

El filósofo italiano Paolo Virno sostiene que en la era del capitalismo ‘cognitivo’ el trabajo productivo ha adoptado las características particulares de la actividad artística performativa. Cualquiera que produce plusvalía en el post-Fordismo actúa, visto desde una perspectiva estructuralista, como un pianista, un bailarín, etc.(11)   

La creatividad es un concepto clave del imaginario capitalista, que busca la comodificación de los procesos de producción cultural y artística. El mercado del arte es un paradigma de la fuerza creativa de la inflación y la generación de valor; de hecho, conforma un espacio privilegiado que permite experimentar arriesgadas apuestas especulativas.

En su interesante ensayo Unpredicable Outcome / Unpredicitible Outcast, la investigadora Marion von Osten sostiene que la figura del artista personifica la exitosa combinación de una diversidad ilimitada de ideas, creatividad a la carta y elegante auto-marketing, que hoy en día se le exige a cualquiera persona. Los individuos situados fuera del mercado de trabajo tradicional son presentados como fuentes de productividad dirigidas por su propia fuerza motivadora. Aquellos que alcanzan el éxito son celebrados públicamente como comprometidos creadores de nuevas ideas subversivas y de estilos de vida y modos de trabajo innovadores. La figura del artista parece ser el punto de referencia para este nuevo entendimiento de la relación entre el trabajo y la vida, y, lo que es más importante en nuestro contexto, para mediarlo a audiencias más amplias.(12)

Esta mistificación del artista individual, cuyo modo de trabajo está basado en la auto-responsabilidad, la creatividad y la espontaneidad, es la que alimenta los slogans del discurso sobre el trabajo hoy en día. En los debates sobre política de empleo en países como Alemania y Gran Bretaña, por ejemplo, que luego han sido adoptadas en otros países, el apoyo al parado depende de su disposición a conjugar el tiempo de trabajo y el de la vida de manera productiva y, en suma, a su capacidad de ser creativo. Así puede verse en la retórica de la Comisión Hartz, encargada de diseñar los planes para el ajuste estructural del mercado laboral germano. En su terminología, los parados emergen como auto-motivados freelances y artistas, al tiempo que periodistas y otros trabajadores auto-empleados son revalorizados como “los profesionales de la Nación”.

En los discursos actuales de gestión y consultoría corporativos, las acciones e ideas creativas ya no se esperan sólo de los artistas, curators o diseñadores. Los nuevos empleados precarios son, a su vez, clientes potenciales del próspero mercado de la creatividad, provisto de una amplia literatura específica, terapias, seminarios, software y así sucesivamente. Estos programas educacionales, técnicas de aprendizaje y herramientas específicas proyectan nuevas formas potenciales de ‘ser’. El objetivo es hacer que parezca deseable la optimización del ‘yo’. Los trainings de creatividad demandan y apoyan una liberación del potencial creativo, sin parase a considerar las existentes condiciones sociales o políticas. Por un lado, la creatividad se muestra como la variante democrática de la genialidad: la habilidad de ser creativo es otorgada a todo el mundo. Por otro lado, todo el mundo está obligado a desarrollar su potencial creativo individual. La llamada a la auto-determinación ya no designa sólo una utopía emancipada.

Los individuos cumplen con estas nuevas relaciones de poder aparentemente por voluntad propia. Ellos están obligados a ser libres e instados a ser responsables, ecuánimes, ponderados, autónomos y auto-responsables. Su comportamiento no es regulado por un poder disciplinario, sino por técnicas ‘gubernamentales’ de control enraizadas en la idea neoliberal de un mercado auto-regulador. Estas técnicas están dirigidas a movilizar y estimular más que a disciplinar y castigar. Tan contingente y flexible como es el mercado deberán ser los nuevos sujetos del trabajo.(13)

Por otra parte, la mitología del artista continúa proyectando la imagen de un cierto estilo cosmopolita donde la vida y el trabajo se desarrollan en un mismo lugar, con la añadida ilusión del posible disfrute del tiempo libre. Como Elisabeth Wilson comenta en su Bohemians: The Glamorous Outcasts, la noción de flexibilidad y movilidad emerge históricamente de la tradición del excluido, establecida por la generación de artistas que trataban de resistir los ‘dictums’ de disciplina y racionalización. Pensemos en la Beat Generation, por ejemplo. Pero el estatus social y el capital cultural añadidos a la imagen del ‘artista’ también apuntan a una forma de trabajo que se pretende más ética, pues ha descartado la coerción de los regímenes disciplinarios y es destinada a algo más abstractamente ‘humano’. El estudio del artista o loft se convierte en un símbolo de la confluencia del trabajo y el ocio en la vida diaria, con el objetivo de la innovación y la diversidad de ideas.

De este modo, la ideología neoliberal adquiere en el régimen terapéutico la dimensión estética que necesita para su realización plena, como puede comprobarse en una oficina de diseño o en un espacio de vivienda, que ahora son ‘habitats’. Los sujetos son situados en nuevos ambientes; proliferan las ofertas asociadas al estilo de vida.(14) Básicamente, estamos ante la producción de sujetos despolitizados…

Creatividad y precariedad

Las políticas que gobiernan el proceso de subjetivación son características del capitalismo financiero que se estableció a lo largo y ancho del planeta desde mitad de la década de los 70.

La tradición moderna desarrolló la exigencia de que había que orientarse hacia la normalidad, de modo que todas las personas debían desarrollar una estrecha relación con el ‘yo’, para observar, regular, ordenar, negociar, optimizar y controlar su propio cuerpo y su vida. Inseparable de esta necesidad de auto-control son algunas ideas encriptadas, como que la auténtica esencia de nosotros mismos, nuestra verdad central, es el resultado de relaciones de poder.

La auto-regulación normalizadora del ‘yo’ está basada en una supuesta coherencia, una unidad imaginaria e integradora, que se remonta a la construcción del individuo burgués masculino. La coherencia es uno de los prerrequisitos del sujeto moderno soberano. Estas verdades, imaginadas, interiores, naturales, estas construcciones de realidad, todavía alimentan la idea de que tenemos que ser capaces de dar forma a nuestra propia vida de manera libre y autónoma, de acuerdo a decisiones propias. La noción de ‘responsabilidad personal’, usada como un mantra por los medios corporativos de comunicación en el curso de la restructuración neoliberal, opera sobre esta tecnología liberal de auto-regulación.(15)

La revolución neoliberal necesitaba la flexibilización tanto como el trabajo barato fácilmente explotable. El llamado trabajo autónomo sigue una serie de parámetros de precarización: la búsqueda de ocupaciones temporales sin derecho a baja médica, a cobrar paro o vacaciones pagadas; la ausencia de protección ante despidos improcedentes; la carencia de una mínima protección social. La línea divisoria ente el tiempo laborable y la vida desaparece. Hay una acumulación de conocimiento durante las horas no pagadas que no es remunerada, pero que se exige de manera natural. La comunicación permanente en las redes es vital para poder sobrevivir. Pero estos parámetros se mantienen invisibilizados bajo el manto de la creatividad.

Estas prácticas están unidas tanto al deseo como al conformismo. Es por esto que los trabajadores de las industrias creativas, estos virtuosos precarizados voluntariamente, como les denomina Paolo Virno, son tan fácilmente objeto de explotación. Ellos parecen capaces de tolerar sus condiciones de vida y trabajo con una paciencia infinita por la creencia en su propia libertad y autonomía, por las fantasías de auto-realización. En el contexto neoliberal, son tan explotables que, ahora, ya no es sólo el Estado quien les presenta como los modelos de los nuevos modos de vida y de trabajo.

La experiencia de ansiedad y pérdida de control, las sensaciones de profunda inseguridad, el miedo al error, la caída del estatus social y la pobreza, van unidos al estado de precarización. Tienes que estar alerta ante las oportunidades. Se rápido y competitivo o serás eliminado. Te sientes siempre amenazado. No hay un tiempo específico para relajarse ni para la recuperación y los cuidados. Entonces, el deseo de desconectar y ‘encontrarse a uno mismo’ se vuelve insaciable. Pero estas prácticas tienen que ser aprendidas una y otra vez. Han dejado de ser la cosa más natural en el mundo y hay que luchar por ellas en una batalla contra uno mismo y contra los otros. La reproducción individual y sexual, la producción de vida, ahora se individualiza y es trasladada a los propios sujetos. La auto-realización, es decir, crearse a uno mismo a través del poder personal de acuerdo consigo mismo, se convierte en una tarea reproductiva para el ‘yo’.

La soberanía moderna de la subjetivación tiene lugar a través de la estilización de la auto-realización personal, la creatividad, el régimen terapéutico, la autonomía y la libertad, la conformación del ‘yo’, la responsabilidad personal y las coreografías de la represión. En general, esta soberanía moderna de la subjetivación parece estar basada, en primera instancia, en la ‘libre’ decisión de llevar una existencia creativa y precaria, que es cualquier cosa menos libre. Esta podría ser una razón que explique por qué es tan difícil ver la precarización estructural como un fenómeno neoliberal de gobierno que afecta a la sociedad como un todo, y que no está realmente basado en ninguna decisión libre. De ahí que podamos preguntarnos por qué es tan escasa la crítica de este proceso y por qué formas de contra-comportamiento son todavía prácticamente inexistentes.(16)

Vamos despidiéndonos

El tema de la creatividad es particularmente interesante, porque muestra cómo lo que está en juego son las formas-de-vida, es decir, su selección, gestión y adecuación. El coaching se ha convertido en el policía de la sociedad de control psíquico, que diría William S. Burroughs. Su labor es limpiar las aristas, desterrar la problematización y el riesgo. Jerarquiza y coloca la creatividad dentro del marco de producción y orden. Invisibiliza el conflicto. El problema de la creatividad se convierte en un problema de orden público. Se trata, como sostiene Tiqqun, de perfilar a los ciudadanos.(17)

A pesar de todas las apariencias construidas por las imágenes publicitarias del capitalismo cognitivo, es sorprendente la falta de creatividad y el estancamiento cultural que vivimos desde la consolidación como fenómeno global hegemónico de la cultura Pop, hace más de 60 años. Así como la comodificación de los procesos de subjetivación entorno a nociones como creatividad e innovación.

Terminamos con un lúcido comentario de Alan Badiou al respecto, recogido en su texto La ética y la cuestión de los derechos humanos: “El problema es saber cuál es nuestra libertad y preguntarnos en qué medida hemos incorporado a nuestras mentes la imposibilidad de hacer algo distinto, que también suele tomar la forma de un consentimiento del que muchas veces ni siquiera tenemos plena conciencia.”(18)

Javier Montero*
antiliteratura@gmail.com
El Estado Mental

notas:
1) Suely Rolnik. ‘The Geopolitics of Pimping’. (p. 46)
2) Deterritorial Investigations Unit. Empire, Biopower, Spectacle: Notes on Tiqqun.
Blog: http://deterritorialinvestigations.wordpress.com/2013/11/14/empire-biopower-spectacle-notes-on-tiqqun
3) Suely Rolnik (pp. 46-7)
4) Toni Negri y Michael Hardt. Empire. (p. 397)
5) Javier Montero. La muerte del Pop.
Publicado por Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/culturas/la-muerte-del-pop.html
6) Red Army Faction. Projectiles for the People. (p.222)
7) Deterritorial Investigations Unit. Empire, Biopower, Spectacle: Notes on Tiqqun.
8) Isabell Lorey. Virtuoso of Freedom (p. 103-4)
9) David Harvey. A Brief History of Neoliberalism (p.47)
10) Tiqqun. This is not a program (p. 56)
11) Paolo Virno. A Grammar of the Multitude (p. 154-5)
12) Marion von Osten. Unpredicable Outcome / Unpredicitible Outcast: On recent debates over creativity and the creative industries
13) Marion von Osten. Unpredicable Outcome / Unpredicitible Outcast (pp. 155-6)
14) Elisabeth Wilson. Bohemians: The Glamorous Outcasts (p.157)
15) Isabell Lorey. Virtuoso of Freedom (p. 102-3)
16) Isabell Lorey. Virtuoso of Freedom (pp. 103–7)
17) Tiqqun. Primeros materiales para una teoría de la jovencita (p.18)
18) Alan Badiou La ética y la cuestión de los derechos humanos

* Javier Montero es autor y director de artes escénicas, artista visual, escritor y comunicador. Ha estrenado sus últimos trabajos escénicos en Matadero (La gaseosa de ácido eléctrico) y en el Festival Escena Contemporánea (El teatro de accin violenta presenta el Ruido y la Furia)

Publicado en revista El Estado Mental nº3, junio de 2014 http://www.elestadomental.com

fuente http://redessecretas.blogspot.com.ar/2014/07/the-illusion-of-choice-una-critica-de.html

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Facebook y el declive del hombre privado

Una aproximación a los nuevos modos de construcción autobiográfica

Los cuentos infantiles que empiezan con “había una vez” tienen la finalidad de situar al oyente en otro tiempo, espacio y lugar; alertan, con un código ya conocido, que todo lo que se relate a partir de esa frase es del orden de lo improbable porque cualquier cosa puede pasar en una realidad que no obedece a ninguna lógica. Y es por eso que una vez que se enuncia, aparecen hadas, duendes, caballos parlantes y seres imposibles.

Un efecto similar sucede cuando se recorren las primeras páginas de un libro emblemático de los últimos cuarenta años. En 1974, Richard Sennett publicaba El declive del hombre público ofreciendo un sombrío diagnóstico acerca de, justamente, el deterioro de los lazos sociales en las sociedades modernas. La inquietante cita a Tocqueville, al inicio, no dejaba lugar a los matices, afirmando que: “Cada persona retirada dentro de sí misma se comporta como si fuese un extraño al destino de los demás. Sus hijos y sus buenos amigos constituyen para él la totalidad de la especie humana. En cuanto a sus relaciones con sus conciudadanos, puede mezclarse entre ellos, pero no los ve; los toca, pero no los siente; él existe solamente en sí mismo y para él sólo. Y si en estos términos queda en su mente algún sentido de familia, ya no persiste ningún sentido de sociedad” (Sennett, 1976).

Y, sin embargo, si hace cuarenta años, la tendencia era hacia una introspección de la vida privada, si todo hacía suponer que la brecha entre lo público y lo privado no sólo se volvía cada vez más evidente, sino menos irreconciliable, la escena de los comienzos del siglo XXI ofrece una imagen inimaginable salvo en películas de ciencia ficción. Lo que ha sucedido a partir de la irrupción de las redes sociales es un proceso doble, tal vez triple, o infinito. Porque estas nuevas tecnologías han captado algo que ya venía asomando, en coincidencia con “El declive del hombre público”: la espectacularización de la vida cotidiana.

En 1967, Guy Debord publicaba la primera versión de La sociedad del espectáculo, donde, en una de sus primeras tesis afirmaba que “el espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes” (Debord, 2005). Señalar esto de manera temprana no hacía más que alertar acerca de las consecuencias del crecimiento y desarrollo de los medios de comunicación de masas y su consumo ilimitado por enormes poblaciones citadinas que quedaban obnubiladas por las pan tallas de rayos catódicos entrando al living de sus casas, su ámbito privado. Porque justamente lo que produjo la llegada de la TV no fue el consumo de imágenes en movimiento. Eso existía desde principios de siglo XX por- que el cine ya había hecho lo suyo.

La televisión trajo otra cosa, ella produjo el anudamiento entre las imágenes mediáticas y el ámbito privado. El mundo, cada vez más íntimo y privado, comenzó a cerrar puertas y ventanas pero dejó el espacio para la pantalla, como ven- tana virtual que muestra pero no obliga a mostrar, sino todo lo contrario – no olvidemos que una TV excesivamente interactiva resultaría inconveniente. Así, la televisión en los albores de la década del ‘70 fue absolutamente funcional a un mundo que al replegarse cada vez más, empezaba a ofrecer imágenes del mundo público, de lugares remotos, de historias ajenas, aliviando la tensión de la no interacción con los otros.

Al fin y al cabo, Debord vislumbraba que la espectacularización no tenía como fin duplicar nada, sino establecer nuevos lazos sociales, acordes con las nuevas épocas. En síntesis, si el proceso de repliegue quedaba ligado a la construcción del espectáculo, el resultado era uno, pero especialmente unidireccional. Cada lado de la pantalla jugaba con sus propias reglas. No es novedad para nadie que este nudo, que parecía armado con la precisión de un marinero experimentado, comenzara a aflojarse con la aparición de Internet. Lo que la red global produjo, unas décadas después de la irrupción de la TV en todos los livings, en primera instancia, estaba claro, era la interactividad. A partir de ese momento, la relación fue bidireccional: además de recibir, ahora comenzaba a emitirse. La creciente democratización de esta tecnología revolucionó los conceptos de comunicación, y por ende de las relaciones sociales.

Los fines de la década del ‘90 se encontraron con la evidencia de que si antes la imagen de la pantalla plana era exclusividad de celebrities y astros internacionales, ahora, con la posibilidad de las nuevos modos de comunicación, era posible verse en fotografías digitales que luego eran enviadas ya no a direcciones postales, sino que por medio de un signo @ tomado originalmente del árabe, el envío era virtual y tardaba unos pocos instantes en hacer el recorrido entre emisor y destinatario. A esta altura ya resulta un poco pasado de moda hablar de virtualización del cuerpo. Indignarse, por ejemplo, porque a fin del siglo XX, la gente prefería encerrarse en salas de chat en lugar de interactuar en lugares públicos, ya suena vintage.

Y su antigüedad no reside solamente en que estos modos de relación ya son moneda corriente, sino en que estos mecanismos eran coherentes con el proceso de repliegue. La ecuación era clara: a mayor crecimiento del área de lo íntimo, menos relación con el exterior, y en consecuencia, mayores relaciones virtuales, con todo lo que eso suponía. Si el dispositivo telefónico ya había excluido los gestos de la interacción (la materialidad corporal), estos nuevos modos aplanaban la imagen, reemplazando letra escrita por voz, volviendo todo mucho más ambiguo. Una relación de chat podía parecerse más a dos buzos en el fondo del mar, avanzando a tientas, sin más sentido que el de la intuición.

Y entonces llegaron las redes sociales
 
Si la historia fuera un proceso lineal, entonces todo habría sucedido según una creciente tendencia de aislamiento combinada con una cada vez más evidente virtualización de las relaciones sociales. En “La posibilidad de una isla” , Michel Houellebecq imagina ese mundo virtual hasta sus últimas consecuencias en una escena donde pixela, con su correspondiente código binario, la imagen de los labios de una vagina de alguien que está igual de encerrada que su aparente compañero sexual, que la observa del otro lado de la pantalla. Y sin embargo, las cosas han sucedido de una manera menos previsible. Tal vez porque como alguna vez dijo Althusser parafraseando a Lenin, la historia avanza por el eslabón más débil. O quizás porque la subjetividad moderna, en su faceta técnica, conserva y presenta sus costados más azarosos. La fisura llegó de la mano de las conocidas redes sociales. Y si bien existen muchas y cada una afecta a otro aspecto del modo de las relaciones sociales, no quedan dudas de que es Facebook la que evidencia con más claridad las consecuencias de este fenómeno que nació hace menos de siete años.

En este corto período de tiempo ha presentado, como si fuera un prisma, múltiples cuestiones que, cada una a su tiempo, resultan emblemáticas de nuestra época. Aunque no sea el objetivo de este artículo relatar la historia de sus orígenes, no puede dejar de mencionarse que la idea de armar un libro de caras virtual la tuvo un tímido estudiante universitario, tomando a su vez, lo que ya existía en su versión papel.(1) Lo que este nuevo libro ofrecía no era ni más ni menos que la virtualización del conocido anuario, para que al tiempo que los estudiantes actuales, sus compañeros de Harvard, pudieran “conocerse las caras”, viejas generaciones de egresados, que probablemente tuvieran el suyo en algún cajón, no sólo pudieran tener un revival de esas épocas de estudiante, sino que interactuaran con aquellos que alguna vez habían compartido un aula. En todo caso, en sus inicios, Facebook no ofrecía más que una nostalgia virtualizada.

Pero no pasó mucho tiempo hasta que el “genial invento” se viralizó y la red incluyó, además de viejos compañeros de estudio, nuevos modos de relación, construyendo novedosas alianzas. De todos modos conservó algo que la diferenció de otras redes. Porque si al comienzo los usuarios daban de alta sus perfiles con datos verdaderos, lo hacían porque era el único modo de encontrar y ser encontrados, ese diferencial se sostuvo, aun cuando los nuevos contactos ya no eran necesariamente viejos conocidos. La lista de “contactos” se volvió más ecléctica, perdió su carácter nostálgico y se transformó en algo que su inventor, en sus inicios, no pudo imaginar. Facebook , un par de años después de su invención, aunque seguía conservando su eslogan(2) como manera de recordar su “espíritu original”, le dio un sentido específico a ese reencuentro.

Al fin y al cabo, ¿cuál es el sentido de encontrarse con gente a la que se le ha perdido la pista hace veinte años? Podrían ensayarse muchas respuestas y probablemente todas válidas, pero no puede negarse que uno de los signos de esta red es la de ver y ser visto. En este soporte, las imágenes tienen una relevancia que las distingue de otras redes. Porque aunque el prisma facebookeano ha ido mostrando luz en diferentes caras, siempre, desde su inicio, ha conservado la impronta de “mostrar” con su soporte privilegiado: la imagen digital. Y si nuevamente se intentara hacer una historia, desde los primeros daguerrotipos hasta la actualidad, nada habría de lineal.

No sólo porque la captura de imágenes fue sufriendo transformaciones en sus dispositivos, sino porque junto con los aparatos, fueron variando las funciones. Lo que en principio surgió como sustituto de la pintura, imponiendo su impronta de realidad, fue convirtiéndose, en representación de ésta, ante miles de ojos entrenados en construirla según la composición del ojo mecánico primero y electrónico después.(3) Lo que la fotografía realmente revolucionó no fue la reproducción masiva de la realidad, sino la mediatización de ésta misma, y esta tendencia vino de la mano de la prensa escrita y también de otros medios masivos de comunicación. Pero, como se mencionaba unas líneas más arriba, la linealidad de las imágenes masivas vuelve a encontrar sus límites ante Facebook.

Si la segunda mitad del siglo XX encontró al hombre replegado en su ámbito privado, si la televisión contribuyó a mediar el contacto con el mundo exterior, si la aparición de Internet ahondó aún más en la intimidad como bien, hasta para el contacto más íntimo, Facebook quebró la lógica aun en las zonas donde el celo por lo privado había colonizado los lugares más evidentes y menos discutidos. De pronto resultó ser que ni la intimidad ni el celo por lo privado valían tanto como lo pensaba Sennett. Y tanto puso en duda, que hasta obligó a preguntarse por la propia construcción de la subjetividad. En poco tiempo, miles de personas se vieron “interpeladas” a abrirse un perfil, poner datos sobre el estado civil, seña- lar su religión, creencias políticas, gustos literarios y de los otros, y coronar todo con una “foto de perfil”.

Una imagen, que por supuesto, fuera lo menos parecida a la tradicional foto carnet del documento de identidad. Más bien, esta foto debía ser una ventana al mundo privado de cada uno. Algo atrayente para los miles de usuarios ávidos de privacidad ajena. Claro que al comienzo no fue cualquier ajenidad, sino la de aquellos viejos amigos a los que se les había perdido el rastro después de los años escolares y a los que era necesario mostrarles qué había hecho el tiempo con cada uno o en el mejor de los casos, que había hecho cada uno con el paso del tiempo. Y como el período de tiempo pasado era el del pasaje de la infancia o adolescencia a la adultez, no fue de extrañar que los primeros álbumes mostraran familias sonrientes compuestas por parejas aceptables de la mano de pequeños niños, embarazos con fondo de jardín y pileta. Claro que tampoco faltaron los autos, las oficinas vidriadas y las mas- cotas de aquéllos, que para bien o para mal, no mostraban más compañía que ellos mismos, dedicándose a escalar, en algunos casos, hasta el Aconcagua. De ese modo, todo el andamiaje construido alrededor de lo privado no sólo terminó de derrumbarse, sino que se puso en duda, incluso su posible existencia. Cada uno desde su propio “muro”(4) se abocó a la original tarea de construirse una nueva identidad hecha de fragmentos de frases, comentarios, “posteos”, especialmente soportados por fotos.

Al fin y al cabo, ya lo dice el dicho: “una imagen vale más que mil palabras” y cada miembro de la red social puso especial empeño en eso. Pero lo fundamental en este fenómeno, queda claro, fue la casi total anulación de lo privado. Poco queda del repliegue, cuando cualquiera mientras desayuna se autofotografía tomando el primer sorbo de café y escribiendo un “buen día para todos”. Y eso, que podía parecer un poco obsceno al comienzo, fisgonear en la cara del recién levantado o hasta en la decoración parcial de la cocina de la casa que nunca se había visitado personalmente, de a poco fue convirtiéndose en moneda corriente, el ojo voyeur ya no tuvo problemas en admitir su interés por la irrelevante vida ajena.

Tal vez, como una especie de consuelo, del tipo que brindan los psicoanalistas, sobre la evidencia de la falta propia primero y ajena después. Sea como fuera, lo cierto es que Facebook , que había sido pensado originalmente como una herramienta de reencuentro en un mundo exclusivamente privado, fue mutando hacia zonas más extrañas, menos coherentes con el proceso de subjetivización propio del siglo XX. Tal vez porque lo que esta red puso en duda fueron las categorías de lo público y su opuesto, pero también aspectos más relacionados con lo íntimo y con el modo de (auto) narrarse ante uno mismo y ante los otros.

La narración autobiográfica

Afirmar que los fines del siglo XIX y comienzos del XX marcan un punto de inflexión en la historia del pensamiento moderno no es ninguna novedad. Muchas veces se ha dicho que fueron Marx, Freud y Nietzsche aquellos “hijos bastardos” que pusieron a la Razón en entredicho y con ese gesto arrastraron al hombre, que hasta ese momento ocupaba cómodamente el centro, a zonas más hostiles, lejos de la certeza y tranquilidad el conocimiento y dominio de la naturaleza. La oposición sujeto objeto, que tan bien les había venido a los naturalistas desde Descartes en adelante, se ponía en duda con tres conceptos: ideología, inconsciente, invención, especialmente porque los tres indicaban que el hombre no era (del todo) dueño de sus actos. La peor noticia fue que el centro rector no podía ser representado, o por lo menos no de la manera tradicional.

El inconsciente freudiano y su consecuente “cura por la palabra” revelaron que el lenguaje, lejos de ser una herramienta de comunicación, era aquello que “hablaba por el hombre” y que en su desarrollo había menos de voluntad confesional y más de develamiento de lo desconocido por éste. Y era precisamente, con la ayuda de la escucha del analista, que era posible descubrir estos núcleos traumáticos y reprimidos. Si bien los modos en los cuales esa manera de narración fue cambiando a lo largo del siglo XX no es el tema de este artículo, podría establecerse una relación entre esta cuestión y lo desarrollado hasta aquí, relación sostenida en la hipótesis de que las redes sociales contribuyen a construir un tipo de narración autobiográfica, apoyada especialmente en las imágenes digitales. Ahora bien, decir que en las fotos que se suben, se elige qué mostrar o que se busque aquella que favorece al interesado no resulta ninguna novedad y no tiene más valor que el de la evidencia.

Lo que podría resultar relevante, y en un punto curioso, es el modo en el cual estas imágenes se van hilando, a la manera de un tapiz que con cada puntada cuenta su “lugar en el mundo” desde un sitio particular, y sin precedentes en la historia de la modernidad. En ese sentido, tal vez las redes sociales no fueron las responsables de modificar drásticamente las relaciones entre lo público y lo privado, sino que fueron ellas las que pusieron en evidencia que el ciudadano común, el oficinista gris, la empleada del shopping, ya no se resignaba a permanecer en el anonimato y que a partir de su ingreso a la red también tenía derecho a sus quince minutos de fama. Pero no fue sólo eso, porque su reclamo al derecho a la popularidad habría durado lo que un suspiro. Lo que perduró, en este proceso, fue otra cosa: a partir de cierto momento, ese ciudadano común y anónimo, que mantenía bajo siete llaves su privacidad, que tenía su correspondencia a salvo, amparado incluso por leyes y que sus asuntos íntimos eran, a lo sumo, confesados al cura o al terapeuta, de pronto, se volvió conocido para todos los integrantes de su red social, y contrariamente a la lógica del celebrity, del cual, toda información sobre su vida privada es “robada” por un paparazzi indiscreto y a costa del propio interesado, aquí, la comunicación del acto más íntimo, se transforma en voluntario. Un escenario que claramente no encuentra sus precedentes en las sociedades disciplinarias de Foucault pero tampoco en las de control deleuzeanas.

Porque ambos autores coincidían, aunque se refirieran a distintos momentos del desarrollo técnico social, en que el control siempre venía del exterior. El Estado o la Empresa se constituían como aquellos agentes que, por medio de diferentes mecanismos, explícitos o implícitos (torres de control, ojo humano, cámaras de circuito cerrado o micrófonos), vigilaban aun a pesar del propio vigilado. Pero aquí todo sucede en otro sentido. Las fotos que se exhiben no sólo son elegidas y subidas por el mismo usuario, sino que se muestran con la lógica de la autobiografía. En Facebook , todo sucede como si cada perfil fuera una hoja en blanco donde contar una historia, una línea de vida. Y tan bien supieron interpretar este uso, no planificado al comienzo, que sus ideólogos, a mediados de 2012 cambiaron el tradicional “muro” por la “biografía”, un (no del todo logrado) diseño donde lo publicado se va ubicando en una línea de tiempo desde el momento del nacimiento hasta la actualidad.

Este acontecimiento permite delimitar un campo de relaciones particular porque liga la  narración autobiográfica, propia del siglo XX, con su impronta de reconstrucción subjetiva, la restitución (fallida) de restablecimiento del yo en el relato, al proceso de repliegue de lo privado. Así, las redes sociales se erigen como nuevos soportes para un (nuevo) intento de construcción identitaria. Pero si el gesto ya había sido propuesto por la confesión primero y por el diván freudiano después, en ambos casos, claro está, todo sucedía en la intimidad, en el resguardo del secreto profesional, y su valor estaba precisamente en esto: en que todo lo contado en ese ámbito era confesado porque no trascendería, porque había algo de la esfera de lo más íntimo que necesitaba ser dicho para, en el mejor de los casos, permitirle al sujeto, sufriente, aceptar, revertir o luchar contra eso.

El psicoanálisis lo llamó síntoma y no por casualidad fue Lacan el que advirtió que su base era menos patológica y más estructural. Pero entonces llegó Facebook y quedó claro que las cosas ya nunca volverían a ser lo mismo. En primera instancia, al perder de vista la diferencia entre lo público y lo privado, todo se volvió más plano. Lo que el sujeto es, es lo que se ve. El creciente desarrollo de la fotografía digital y su uso doméstico fueron la nueva herramienta privilegiada para este relato. Reemplazó la voz primero, la mano, la lapicera y hasta los teclados, aunque se deba reconocer que estos últimos le fueron funcionales a la imagen, anclando, a la manera barthesiana, el sentido de todo lo exhibido en la pantalla(5). Ocupó con su aparente espontaneidad cualquier atisbo de duda sobre la manipulación de las imágenes. La foto captada hasta por un teléfono móvil logró superar la sospecha que los televidentes más avezados han logrado percibir ante cada cosa que se muestra.

Todo lo que el usuario sube, al hacerlo con un formato “no profesional”, construye el efecto de sentido de lo verdadero, de lo que siempre estuvo allí, al tiempo que logra la identificación de aquel que ve. De esta manera, la narración autobiográfica, erigida como terapia psicoanalítica, género literario, o cualquier manifestación subjetivo-artística, perdió, parafraseando a Walter Benjamin, su aura, para volverse algo que cualquiera no sólo puede componer, sino consumir. Y tal vez en esto resida uno de los núcleos principales de todo lo expuesto hasta aquí. Porque si por un lado la subjetividad se aplana en las imágenes que se eligen subir, ellas son tomadas y exhibidas con un solo fin: la mirada de los otros.

Si a partir de Freud, la voz propia se volvió elemento fundamental de relato del inconsciente, ésta tenía la función de activar aquellas zonas reprimidas. Todo sucedía como si la relación paciente-analista fuera una ficción para que el primero creyera que le hablaba a alguien cuando en realidad era a él mismo al que iba dirigida su voz. Se intentaba que el analista, por medio de su escucha privilegiada, captara las frases, pero también los silencios y las escansiones en el lenguaje y que reflejara, como un espejo, al hablante su propio núcleo traumático. Pero en la narración de imágenes, las cosas son distintas.

La autobiografía se construye con premeditación. Las fotos son tomadas con una intencionalidad y se piensan como eslabones de relato a los otros. Desde el comienzo están teñidas de prejuicio por la reacción del ojo ajeno. Como un modo, incluso de enrostrar ese eslabón icónico en un modelo de vida que seguramente reflejará los modos correctos del “deber ser”, de aquello que se supone que espera la sociedad de cada uno de sus miembros, acentuando, en el mejor de los casos, la idea de un sujeto productivo en el ámbito que sea. Y esto habilita a dejar abiertas algunas preguntas que se han ido formando a lo largo de este desarrollo, especialmente aquellas que cuestionan los modelos de subjetividad formados a la luz de las nuevas herramientas tecnológicas. Porque si tal como recuerda Murray Bookchin en “La ecología de la libertad” la relación entre técnica y sociedad es insoslayable, entonces, este nuevo modo de construcción subjetiva, fuertemente mediado por las imágenes virtuales, propondrá, claro está, nuevas formas sociales.

Pero como lo nuevo siempre conserva improntas de lo anterior, esta configuración mantiene las necesidades de construcción subjetiva social, especialmente la del sujeto productivo, centrado y asegurando, en todo momento, la conservación y reproducción de la especie. En las fotos elegidas para construir la línea del tiempo, probablemente, habrá parejas, hijos, trabajos, vacaciones y frases que acompañarán todo eso que está ahí. Incluso reflexiones sobre la vida, frases de autoayuda, que, aunque suene redundante, podrían servir a cualquiera. Y todo eso sostenido en la aceptación de los otros. Tampoco faltarán alusiones a momentos clave de la autobiografía: nacimientos, casamientos, primer día de clases de los hijos, boletines de calificaciones escolares, registro del momento en el cual el pequeño lleva la bandera, mete un gol o sopla las velitas, pero también despidos laborales, desengaños amorosos y hasta muertes de seres queridos, todos expuestos como una gran vidriera de catarsis colectiva.

En ese sentido, Facebook ofrece la opción “me gusta” para señalar que el usuario comulga con algo de lo que se ve en el muro, ya sea propio o ajeno. Y por supuesto, “megustear” en muro ajeno es un gesto del buen ciudadano virtual, de agradable compañero social. Claro está, coleccionar una enorme cantidad de aprobaciones ajenas es la mejor manera de testear la aceptación, o no, en la mirada de los otros. Es por eso que a pesar del atravesamiento del fantasma de lo privado, que más allá de las evidentes transformaciones en los modos de relación y exhibición ante los demás, incluso teniendo en cuenta el posible derrumbe de las barreras del pudor y el celo por lo íntimo, podría aventurarse que la frase sartreana conserva plena vigencia. No se puede negar, el infierno siguen siendo los otros.

Ingrid Sarchman*
Revista Artefacto

notas:
1) Si bien existen infinitas versiones acerca del origen de Facebook, una versión acotada puede leerse en http://www.cad.com.mx/historia_de_facebook.htm, visitado el 29 de enero de 2013.
2) Durante los primeros años el eslogan de Facebook era algo así como“ Reencuéntrate con viejos amigos de la escuela, del trabajo y de tu ciudad”. Este eslogan cambió en 2012 por “Conecta con tus amigos más rápido, estés donde estés”.
3) Una interesante reflexión sobre la función de la fotografía es desarrollada por el ya clásico Ante el dolor de los demás de Susan Sontag (2000).
4) Existe una copiosa terminología alrededor de las redes sociales en general, dependiendo de las herramientas que se usan para tal fin. Un resumen de estos puede leerse en http://www.josemorenojimenez.com/2012/06/04/facebook-para-principiantes-terminologia-basica, visitado el 29 de enero de 2013.
5) Paralelamente al desarrollo de Facebook, se fueron multiplicando los blogs. Nacidos como alternativa a las páginas webs tradicionales, cualquier usuario puede tener su propio lugar web para escribir lo que le venga en gana. La oferta es infinita, pero lo que diferencia un blog exitoso de uno que no lo es, es la cantidad de seguidores y por ende de “interactuantes” con aquello que se escribe para que otros lo lean. Es curioso porque en entrevistas a “blogueros famosos” muchos afirman que comenzaron a escribir a modo de diario íntimo. Si omitimos el detalle de que este diario era potencialmente leído por cualquiera, el blog tiene una fuerte impronta terapéutica, más parecida a la confesión o al análisis. Un caso emblemático fue el blog “Ciega a citas” de Carolina Aguirre que luego de ser publicado como libro fue llevado a la televisión http://ciegaacitas.wordpress.com.

Bibliografía Bookchin, Murray (1999). La ecología de la libertad. Surgimiento y disolución de la jerarquía . Madrid, Mostoles. Debord, Guy (2005). La sociedad del espectáculo . Barcelona, Pre Textos. Houellebecq, Michel (2005). La posibilidad de una isla . Barcelona, Alfaguara. Sennett, Richard (1976). El declive del hombre público. Barcelona, Ediciones Península. Sontag, Susan (2000). Ante el dolor de los demás. Madrid, Alfaguara.

fuente: Revista Artefacto www.revista-artefacto.com.ar

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