¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina alimentaria o la cadena agroindustrial?

Se nos dice que la cadena alimentaria agroindustrial, globalizada y manejada por corporaciones, nos ayudará a sobrevivir el caos climático y la inseguridad alimentaria con nuevas tecnologías para una “agricultura inteligente”.

Por Grupo ETC

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Debate en torno al uso de chips en humanos

Una empresa belga ha decidido implantar chips a sus trabajadores para acceder a sus ordenadores. El hecho ha generado una verdadera polémica sobre la privacidad de los trabajadores y las posibilidades que esto tiene para un futuro no tan remoto. Expertos en chips y espionaje analizarán las claves de esta tecnología que ya empieza a instaurarse en diversos países. Participan del mismo Pedro Barcos, Enrique de Vicente y…

Por Iker Jimenez, Cuarto Milenio
09-04-2017

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fuente: https://www.ivoox.com/cuarto-milenio-9-4-2017-12×32-los-juegos-muerte-audios-mp3_rf_18052865_1.html

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Informarse. Hoja de links con información, análisis, revistas, para difundir y/o imprimir

Que cada cual lo use como le parezca, difundiéndolo vía internet o imprimiéndolo y fotocopiándolo. Quizá no quiera hacer nada con esto, simplemente pase de largo y mande saludos!

“El espectáculo organiza con maestría la ignorancia acerca de lo que está pasando, y acto seguido, el olvido de cuanto, a pesar de todo, acaso haya llegado a saberse. Lo más importante es lo más oculto” Guy Debord, Comentarios Sobre la Sociedad del Espectáculo (1988)

Por raas
raas@riseup.net

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La razón científica como dispositivo de dominación

La importancia adquirida por la ciencia y por el conocimiento científico en las sociedades modernas se debe, sin duda, a la utilidad de sus aportaciones tanto para la comprensión de los fenómenos naturales y sociales, como para intervenir sobre ellos produciendo riqueza y bienestar, o explotación y perjuicios. Este texto se centra en otra de las razones que explican la importancia de la ciencia, y que no es otra que su configuración como uno de los dispositivos de dominación más eficaces de nuestra época, y procura desmontar los mecanismos más insidiosos de ese dispositivo, afrontando directamente la problemática de la propia “razón científica”.

Por Tomás Ibáñez
Revista Libre Pensamiento

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Archivo de Frases con Sabiduría, 324 páginas

Archivo actualizado a septiembre de 2018 con selección de frases, opiniones, sentires, fragmentos y poesías de personas comunes, escritores, poetas, pensadores, filósofos, brujos, militantes, organizaciones, grupos, revistas, etc. sobre el mundo en el que vivimos y morimos.

Por raas

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(presentación) Del Asesinato de la Naturaleza como una de las Bellas Artes

Presentación de 27 páginas en formato PDF, que es, fundamentalmente, un intento gráfico de señalar responsabilidades sociales políticas (individual y colectivamente hablando). Un cuadro lo que hemos generado como especie en el planeta en un par de siglos.

Por raas
raas@riseup.net

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(documental) “La tragedia electrónica”… o como el reciclado es un lindo cuento

El documental aborda el tráfico y reciclaje ilegal de residuos electrónicos. En los países desarrollados generamos 50 millones de toneladas anuales. El 75% desaparece del circuito oficial de reciclaje y se exporta ilegalmente.

Ficha técnica:
Dirección: Cosima Dannoritzer
Producción: Media 3.14 y Yuzu Productions en coproducción con Arte France, Al Jazeera English, Televisión Española, Televisió de Catalunya. 2014
Colaboración: Lichtpunt (Bélgica), RTS (Suiza), SVT (Suecia), TG4 (Irlanda) y YLE (Finlandia)

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“La maquinaria social está construida en torno de ambiciones al eros universal, que es el dinero”

Para Christian Ferrer*, las nuevas tecnologías a los únicos a los que les ahorran tiempo es a los dueños de las empresas. “Que se sepa –dice–, los trabajadores trabajan las mismas horas que antes, no hay ahorro de tiempo, sino aumento de la productividad.”

“Las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de que lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente”, dice Christian Ferrer, pensador que aborda con mirada crítica, ácida muchas veces, los modos en que nuestra sociedad nos forma como “consumidores”. Partiendo desde la educación que recibimos –“el saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error”–, en esta entrevista Ferrer volverá a las preguntas por el origen o los orígenes de los seres humanos: el dolor, el amor, la felicidad, la amistad, el deseo. Preguntas que abren cabezas. Preguntas para las que no tiene las respuestas. A veces, incluso –dice–, las soluciones empeoran los problemas.

–¿De dónde viene, Ferrer?

–Qué pregunta. Yo creo que soy una consecuencia de la escuela tradicional argentina en la cual estudiar era una obligación, no un gusto, no un despertar de la curiosidad. Lo que esa escuela ofrecía a los alumnos era un saber enciclopedista. Esa escuela probablemente haya desaparecido como ideal, pero a mí me parecía un modo, un tipo de alimento, típicamente moderno, por otra parte, que me convenía. Saber mucho de distintos campos posibles que tenían que ver con lo humano.

–¿Le gustaba ir a la escuela?

–No. A un niño, alguien que va a la escuela durante años, años y años, todos los meses, todas las semanas, todos los días, por horas y horas se le están restando distintas posibilidades vitales en función de saberes que le son transmitidos que no necesariamente le van a servir para la vida. Creo que soluciona más las necesidades de realización de los padres que otras cosas. Tampoco la idea de alfabetización de por sí me parece necesariamente buena. De hecho la mayor parte de las culturas que han existido en el mundo tuvieron transmisión de conocimiento de tipo oral y sin estos lugares, que son fábricas de títulos y de supuestas… personas aptas para seguir una especie de camino dentro de una máquina general a la cual la educación no le interesa, salvo en relación con los saberes de eficacia que pueden aplicarse en distintas industrias, en distintos servicios, en universidades. La alfabetización actual no implica formación del carácter de la persona sino sólo transmisión de conocimientos, además de las funciones que tienen que ver con la sociabilidad.

–Y en tanto padre, ¿cómo ve a la escuela?

–Como te decía, es transmisión de conocimiento camada tras camada, tras camada. No es lo que uno llamaría educación. Además las jornadas escolares se han alargado mucho. Hasta la década de 1960 no era habitual enviar a niños a jardines de infantes y hoy una persona puede pasar no sólo los años de formación escolar secundaria y universitaria en estas instituciones, sino que a veces está encerrado ahí hasta que se jubila como alumno. No necesariamente eso redunda en mayor sabiduría ni en mayor acumulación de saber ni en beneficios que puedan estar asociados a la formación de la conciencia. Por lo tanto, el problema del niño, que es tener aceptación y amor, como bases para su propia formación personal, no necesariamente está resuelto por las horas y horas y horas que pasa en una escuela. El saber desangelado, transmitido sin corazón, presuponiendo además que esos conocimientos explican oscuridades o misterios que siempre han preocupado a los seres humanos, es un error.

–La Iglesia ha intentado en sus colegios en la formación de carácter, pero muchas veces eso es un problema.

–¿Por qué?

–Porque no todos tienen por qué creer en los valores que transmite la Iglesia. Y el monopolio…

–Sería monopolio contra monopolio. El monopolio del Estado y el monopolio eclesiástico. Son dos monopolios.

–¿Ninguno es mejor?

–Me parece que lo que los padres esperan de la educación no es que los niños salgan mejor formados o que sean receptáculos de saber de los cuales puedan enorgullecerse. Lo que la sociedad espera de la educación es que los niños tengan el formateo suficiente como para poder ganarse el pan de ahí en adelante, es decir, ganarse la vida, como dice la metáfora tradicional, metáfora, por otra parte, que es espantosa en sí misma. Con lo cual, lo que se espera entonces es que la escuela los domestique lo suficiente y al mismo tiempo los vuelva lo suficientemente agresivos como para que cuando llegue el momento de ingresar a los campos de trabajo esa persona esté en disposición de aceptar las normas y obligaciones que eso trae aparejado, tanto en un rol de sometimiento como en un rol de agresión: jefes y empleados, eso es lo que se espera de la educación.

Por supuesto, de vez en cuando ocurren otras cosas que se cruzan con demandas generacionales, o bien por lo que ocurre en el aula misma. De repente alguna maestra, algún profesor, enseña en esa aula como si estuviera en una isla desierta, como si estuviera con unos pocos náufragos, niños. Y les da lo mejor, lo que él puede dar. Y entonces no hay muros ni hay aulas ni hay pizarrones ni hay notas ni hay títulos. Pero esas situaciones de naufragios son escasas.

–¿Y por qué da clases? Quienes han pasado por sus clases pueden sentir ese naufragio…

–En las clases se dialoga con los muertos y con los que todavía no han nacido.

–¿Cómo es eso?

–Se habla de autores, algunos antiguos o antiquísimos, con quienes uno puede sentirse más a gusto que con los contemporáneos. De manera tal que los autores antiguos pasan a ser contemporáneos. Y se habla sobre un mundo del cual nada sabemos todavía. No porque se lo pueda planificar, no porque pueda ser mejor con algún tipo de programa político supuestamente superador, no. Sino porque los niños van a seguir naciendo. Entonces, la clase ideal sería aquella que está en ese momento muerta y viva. Es decir, suspendida de todas sus obligaciones con respecto a la actualidad y sólo conectada con ese río perdido donde han ido a parar todos los muertos y al mismo tiempo conectada con el deseo de la especie de no perecer y por lo tanto de traer nuevos niños al mundo con la esperanza de que no hereden este mundo. Me parece que eso es lo que ocurre en la clase. A mí todos los discursos sobre la educación pública, el sistema pedagógico nacional y la modernización y la actualización no me dicen nada. A mí lo que me dice algo es lo que ocurre en una clase en especial. Lo que le pasó al alumno, lo que le pasó al profesor.

–Le interesan las biografías de personajes extravagantes o exóticos, ¿cómo surge la idea del libro Camafeos?

–Algunos de esos textos están escritos para que ciertas personas no sean olvidadas. Personas que yo conocí y que no quería que fueran olvidadas por mí y por todo aquel que por leer un pequeño esbozo de una vida pueda conectarse con esa historia y con sus avatares. Lo cual no quiere decir que todos los personajes me caigan simpáticos, por otra parte.

–Pero le interesó registrar algo de esas historias.

–Uno escribe por gusto, quiero decir, escribe por el simple gusto de hacerlo. En algunos casos fueron pedidos y me interesó responder a esos pedidos, tal es el caso de (Ignacio) Anzoátegui o de Marta Minujin. En otros casos no, son autores que me conmueven o me resultan imprescindibles a mí únicamente. Hay un hilo conductor. Por ejemplo, algunas figuras tienen que creer mucho en sí mismas para hacer lo que hacen: Minujín dice “yo soy una enviada”; Orélie Antoine se nombra “rey de la Araucanía”. Pero también al revés: “Soy una madriguera de complejos”, dice Ezequiel Martínez Estrada.

–¿Qué define a los excéntricos?

–No sé si hay algo que los vincule, pero sí podría decirte que hay autores que piensan por afirmación de sí mismos, que por otra parte son la mayoría. Es decir, gente que cree en lo que dice, gente que cree en lo que escribe. Gente que cree en la batalla de ideas y cómo en toda batalla cada cual se posiciona, cada cual saca su arsenal teórico o ideológico o analítico y lucha contra otros. Mientras que hay otros autores que, por el contrario, piensan y escriben en forma autodestructiva. (Héctor) Murena es un caso, Martínez Estrada es otro caso. Es decir, pensar significa autodestruir el objeto sobre el cual se piensa y al cual no se le concede ningún derecho a existir pero al mismo tiempo se autodestruye el autor, éstos son autores más raros. La mayor parte de las personas, sobre todo en el mundo intelectual y universitario, típico del intelectual que toma partido, cree que sabe y además cree que es bueno, necesariamente: si el otro es malo yo soy bueno. Es como una lógica infantil pero que funciona. Funciona en la política, en las empresas, en las universidades. Esa mezcla de supuesto saber y superioridad moral con respecto al contrincante. A mí me interesan mucho más los autores que, por el contrario, saben que pensar implica el riesgo de fundirse, de autodestruirse. Están en lucha también, pero es otro tipo de lucha, es una lucha demoníaca; la otra es de angelitos, no importa si esos angelitos a veces usan revólveres. Me parece a mí.

–Dice de Martínez Estrada que diagnostica, como un radiólogo, pero no cura.

–No todos los problemas tienen solución. Y por lo general, las soluciones agravan los problemas. Quiero decir, el hecho de que no haya solución a ciertos problemas no quiere decir que no sigan estando ahí los problemas. Y, por otro lado, las soluciones, me refiero a soluciones de índole política o técnica, por lo general son reajustes que permiten a una gran maquinaria seguir funcionando. De alguna forma, los peores defensores de un sistema defectuoso son aquellos que buscan solucionar sus aristas más impresentables pero dejando latente el funcionamiento de todo el sistema. Eso se hace notorio después de un cierto tiempo. Todo sistema social, toda máquina, necesita de un service. Pero las soluciones que sólo proceden por reajustes son falsas soluciones y tarde o temprano una época se ocupa de deshacerse de todas ellas para refundarse sobre otras bases. Justamente no porque no funcionara la anterior sino porque la acumulación de falsas soluciones tarde o temprano hace estallar todo el mecanismo.

–¿Las soluciones a los problemas técnicos son siempre técnicas?

–Ese es el ideal de la sociedad tecnocrática. Es un típico pensamiento. Por ejemplo, se extiende la frontera agrícola a lugares donde antes había bosques y esos bosques desaparecen, de manera tal que desaparecen las especies animales que allí también vivían. Entonces, la solución técnica es tomar muestras de ADN de los últimos ejemplares vivos para una eventual clonación en el futuro para que los niños escolares sigan viendo animales en el zoológico. Ante un problema creado por el ser humano se le busca una solución técnica. La cuestión aquí no es tanto elegir expansión agrícola o mantenimiento del paisaje, sino preguntarse si esa expansión agrícola contribuye a eliminar el hambre en el mundo o sólo a enriquecer las arcas de los propietarios y del Estado. Que yo sepa, no se ha eliminado el hambre en el mundo.

–¿Cómo se relaciona la técnica con el ideal actual de felicidad? Dice en el libro El entramado que hay una exigencia de felicidad en la sociedad actual.

–En nuestra época, donde hay vacunas, antibióticos, medicamentos que intiman con el dolor psíquico, afectivo; donde hay compañías de seguros, sistemas de intercomunicación y sincronización continua e instantánea; donde las distancias se han acortado; donde hay televisión, Internet, en fin, no es seguro que no se sufra más que antes. Es decir, todos esos artilugios técnicos a mí me parecen amortiguadores psicofísicos de la personalidad. Tienen funciones de amortiguación del dolor. Como si los seres humanos necesitaran de ellos inmunización, seguridad. Sin esa vida en una cápsula protegida –y de alguna forma el hogar burgués fue eso desde el siglo XIX en adelante: un estuche–, sin esa posibilidad de establecer aunque sea contactos mínimos por día a través de redes de comunicación, las personas se hundirían en la desesperación porque sus vidas reales son vidas que se juegan en el mundo del trabajo. Es decir, esto significa que el hombre ha sido construido como hombre económico; productor y consumidor a la vez. Por lo tanto se ve a sí mismo como trabajador. En la antigüedad un trabajador no era alguien bien considerado. Los que hacían el trabajo duro eran los esclavos. Sólo en la época moderna, cuando se decide que existe igualdad democrática entre todos, aparece el problema de quién va a trabajar. Si antes lo hacían los esclavos y ahora somos todos libres e iguales, quién trabaja. Es decir, quién hace la tarea que desde siempre ha sido considerada una condena. La única solución lógica era decir que el trabajo es algo muy lindo. Que el trabajador es alguien lindo. Y su salario tiene que ser más o menos lógico. Eso es todo.

–Hoy se soporta menos el dolor que antes.

–Si uno presta atención a la importancia que adquirió la farmacéutica, la evaluación médica constante, la cantidad de medicamentos que intiman con los estados de ánimo, desde los viejos barbitúricos, pasando por los ansiolíticos, hasta llegar hoy a los desactivadores de estados de pánico, y si uno atiende a la imaginación actual que espera de la técnica ya no una cura de enfermedades o dolores sino una cura de enfermedades emocionales: que se descubra el medicamento que al fin reduce la gordura en un instante, o que te implanta cinco tetas a la vez sin el menor riesgo… En otras palabras las personas confían en que la técnica va a resolver el viejo problema del sufrimiento humano, no dándose cuenta de lo que les cuesta vital y económicamente pagar por esas comodidades. Se paga en términos temporales, ya que se tiene que dedicar muchísimo tiempo a conseguir el dinero para pagar por esas comodidades. Y se paga en términos vitales en tanto y en cuanto ya la persona no puede imaginarse otras alternativas en donde pueda vivir más en paz o más suavemente. Y no las puede imaginar a esas alternativas, no porque no las conozca sino porque le parecen poco erógenas. En otras palabras, porque la maquinaria social está construida en torno de ambiciones, del eros universal que es el dinero y de pensar a la máquina como un principio de orden y de poder. Eso les satisface a todos. De manera tal que cualquier otra alternativa que suponga más mansedumbre y más felicidad les resulta problemática para sus propios instintos agresivos.

–¿Por qué el cuerpo de las mujeres es el más exigido?

–Es relativo, pero es bastante evidente una presión social que cae sobre el cuerpo femenino. Yo creo que en parte es un efecto impensado y no querido de la lucha por la liberación de la mujer de los últimos 100 años, y de los últimos 50 años en particular. Es decir, una vez que se produce la liberación del viejo harén patriarcal, o al menos de sus formas más rígidas, hay todo tipo de riesgos afectivos que vienen después. Estar emancipada no quiere decir estar a salvo. Esos riesgos afectivos no se resuelven con leyes, no se puede legislar sobre ellos. Por otra parte, creo que hay una conciencia cada vez mayor de que el cuerpo es un valor en sí mismo. Que la apariencia corporal permite o posibilita, en tanto eso supone diferencias sociales entre jóvenes y no jóvenes o apariencias destacables y no destacables. Me parece que hay una creciente conciencia de que el cuerpo como valor en sí mismo permite el ascenso social hacia el otro gran diferenciador social que es la riqueza, o bien los mercados de la vanidad. A eso hay que agregar que los llamados “mercados del deseo” –y toda sociedad tiene un mercado del deseo– se han ampliado considerablemente desde hace 50 años. Antes las personas, hombres y mujeres, establecían muy jóvenes un camino afectivo que los llevaba al matrimonio, a la consecución de una familia y no mucho más. Hoy en cambio el mercado del deseo se ha vuelto barroco. Hay todo tipo de personas de toda edad intentando posicionarse en ese mercado, lo cual hace que las angustias, los malestares en torno de la imperfección corporal se vuelvan mucho más intensos. Eso toca particularmente a las mujeres, pero a todos en realidad. Y la técnica se ofrece a compensar la posición desfavorecida de todos los que no den la talla o el aspecto más presentable posible.

–¿Cuál es el rol de la pornografía en la sociedad actual? Usted la compara con algunos programas de televisión como el de Tinelli. ¿Puede explicarlo?

–Es difícil saber cuál es la causa de la expansión rampante de esta industria, pero difícilmente esté asociada con una mayor “libertad de expresión”. Es decir, al fin de la censura. Es posible que la pornografía prospere allí donde falla la monogamia, porque el contrato implícito es el de la imaginación de harén, no el del hogar. Puede sumarse a ello la cruza entre el desenfado de los medios de comunicación y variados efectos inesperados o no queridos de la revolución sexual iniciada en la década de 1960. Lo cierto es que cuando los matrimonios languidecen en frialdad, las personas se ponen a soñar con lejanías de todo tipo. La cuestión es que por todos lados se promueven epifanías de la carne, pero la experiencia habitual es la de estar encorsetados. Además, la ampliación del “mercado del deseo” conlleva la necesidad de presentar al otro una imagen de cuerpo altamente sexualizada. Quizá la pornografía tanto como las telenovelas sean modos de sublimación de la alienación cotidiana. ¿El programa de Tinelli? No sé, su centro de gravedad es la humillación consentida, con algunos toques de sensualidad pornográfica socialmente aceptable, para toda la familia.

–En un artículo sobre donación de órganos dice que la obligación de donar por ley sanciona el fracaso emocional de una comunidad.

–Por lo general, cuando hay leyes es porque han fracasado las reglas de buena vecindad. La donación de órganos debería ser un gesto de desprendimiento amoroso, no una obligación. Es decir, un gesto de “amor anónimo”, una efusión de bondad y solidaridad hacia la comunidad, a todos y a nadie en particular. De otro modo se consumaría la posible paradoja de que un misántropo, o un egoísta en grado sumo, o una persona abrasada por el odio a la humanidad, sean “donantes presuntos”, tal como lo indica la ley. En fin, este tipo de cuestiones aparece cuando los “avances” técnicos son mucho más veloces que la capacidad de una sociedad para procesarlos, y entonces se establece un desarrollo desigual y combinado entre tecnología y ética.

–En un capítulo sobre la tecnología y la escritura plantea que es una falacia pensar que la tecnología ahorra tiempo, ¿por qué?

–Hasta donde sé, por más que las redes de computadora permitan mayor velocidad y prolijidad y sincronicidad e interconexión, nadie sale antes de cumplir el mismo horario de siempre ya estipulado en fábricas y oficinas. ¿A quiénes les ahorra tiempo entonces? A los dueños de las empresas, que ven de este modo multiplicada la productividad de los trabajadores sin que ello redunde necesariamente en aumento del salario. Las tecnologías ni son neutras ni son de por sí “benefactoras”, ingresan en instituciones que determinan sus usos y, que yo sepa, vivimos en una sociedad industrialista, productivista y con poderes y jerarquías bien conocidos. Por el mismo andarivel, lo mismo que permite la interconexión también lo hace con la vigilancia, y eso no se le escapa a nadie, como a nadie le está permitido escaparse de ese destino. La llave maestra de la “libertad” también lo es del control.
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Filosofía de la técnica

*Chistian Ferrer es sociólogo y ensayista. Es profesor titular de Informática y sociedad en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, donde introduce a su alumnado en la filosofía de la técnica.

Quien haya pasado por sus clases no puede permanecer indiferente. Con una voz grave, en un tono bajo –casi un susurro– va llevando a sus oyentes por un mundo narrado en un lenguaje poético, un mundo lleno de fantasmas, muertos, deseos y cuestionamientos ontológicos de nuestra realidad y nuestra humanidad.

Su pensamiento puede gustar o no, pero es único. En algunas biografías lo definen como “referente anarquista”. Sobre su acercamiento al anarquismo dice: “Siempre me pareció un ideal de emancipación que a la mayoría le puede resultarle exagerado o imposible pero que en verdad es sumamente sensato. Supone vivir en relaciones de ayuda mutua, decidiendo los interesados sin intermediario alguno, sin que nadie se vea obligado a humillar ni ser humillado, con poco apego a producir por la producción misma y mucho más por vivir en paz y con menores sufrimientos de los que causan las actuales “presiones sociales”, sin estructuras jerárquicas y sin ingerir cadáveres de animales, y sin hacer del matrimonio una síntesis de sexo y dinero, es decir, donde la inyección de dinero, que es cosa espiritual y no sólo amonedada, remedie las fallas o las debacles del amor”. “El anarquismo es un ideal de vida emancipada y libre que pretende terminar con la sociedad de la jerarquía y del patriarcado, pero que sobre todo impugna las falsas soluciones a los problemas irresueltos de la sociedad moderna.” “Hasta el momento no se ha inventado una idea de la libertad más radical y cuerda que la proclamada en su momento por los anarquistas”, concluye.

Publicó numerosos libros. Los últimos, El entramado. El apuntalamiento técnico del mundo (Ediciones Godot, 2012) y Camafeos. Sobre algunas figuras excéntricas, desconcertantes o desbordadas (Ediciones Godot, 2013). Este año publicará otro trabajo sobre Ezequiel Martínez Estrada, personaje sobre el que vuelve siempre. “Quizá Martínez Estrada sea el único de los grandes escritores que ha dado la Argentina con el cual ninguna ideología o partido político sabe qué hacer”, dice Ferrer. “Era un hombre de ideas intransigentes, muy poco condescendiente con los defectos argentinos, alguien que amaba a su país pero que no necesariamente lo admiraba. Su prédica malhumorada, a veces violenta, tenía como objetivo hacer notar ciertos invariantes históricos que creíamos haber dejado atrás pero que seguían activos subterráneamente, y que por lo tanto retornarían, como lo hace lo que fue reprimido sin ser pensado, o como lo hacen los fantasmas.”

Sonia Santoro
21 de julio de 2014

fuente http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-251203-2014-07-21.html

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Game of drones: hacia la guerra perpetua

Los avioncitos sin piloto vigilan campos, exploran yacimientos de petróleo, filman eventos deportivos. En Argentina ya se los usa en tareas de inteligencia y acompañan a la bonaerense en operativos complejos. Pero los drones posta están enfierrados y desdibujan la frontera entre lo militar y lo policial. En el siglo XXI te matan para respetar tus derechos humanos.

A rgentina tiene un programa propio de desarrollo de drones. Se trata por ahora de modelos más precarios que los que utiliza Estados Unidos, los fabricados por Israel o los que usan las dos Coreas para espiarse mutuamente. Son, sin embargo, los predecesores de los drones que vigilan y matan en el marco de la “guerra contra el terrorismo”. En nuestro país se habla poco de ellos, apenas se elogian sus posibles usos civiles. Pero los drones están transformando la guerra contemporánea y plantean una serie de interrogantes políticos sobre las nuevas formas de ejercicio del poder. El drone armado opera un desplazamiento cualitativo: con esta arma se torna a priori imposible morir matando. La guerra, todo lo asimétrica que fuera, se vuelve ahora absolutamente unilateral. Lo que hasta hace poco todavía podía presentarse como un combate se convierte ahora en un matadero.

El Estado argentino se propuso fabricar drones que sean, en algún momento, cien por ciento industria nacional. El desarrollo de prototipos se realiza desde 2011 a través de un Consorcio Nacional de Fabricación de UAV , una combinación de empresas privadas, estatales y universidades, impulsado por el ministerio de Defensa, el ministerio de Seguridad y la empresa estatal INVAP, junto al Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Pero los sistemas de electrónica y sensores son sumamente costosos, producirlos en el país implica plazos largos, saberes específicos e inversiones millonarias. El proyecto originalmente presentado por INVAP implicaba un programa de desarrollo de entre ocho y diez años. En la primera versión del presupuesto nacional 2014 figuraba una partida de 208 millones de pesos destinados al Proyecto Nacional UAV- SARA (Sistema Aéreo Robótico Argentino), pero la ley finalmente aprobada para este año no lo incluyó y lo habría dejado sin un mango. En otros países de la región, Estados Unidos e Israel venden versiones de sus drones con capacidad militar inferior y una vez comprados la dependencia de los fabricantes es total.

Por ahora, solo hay un puñado de prototipos operativos en el país. Se trata de modelos Clase I que desarrollan tareas civiles, militares y de seguridad. Pueden transportar hasta 10 kilogramos de carga útil, recorren unos 40 kilómetros y tienen una autonomía de 5 horas. Las aplicaciones militares de estos drones y de los futuros Clase II y III, nacionales o importados, incluyen: inteligencia, vigilancia y reconocimiento, enlace y nodo de comunicaciones, ataque electrónico, ataque y supresión de defensas enemigas, lanzamiento aéreo, evacuación de heridos del campo de batalla y reabastecimiento en vuelo. Un verdadero mundo del juguete militar que en las revistas especializadas y los foros de retirados entusiasma a los viejos y nuevos admiradores de Mosconi, Savio y Pujato así como a los más incrédulos, esos que hasta hace poco se quejaban del desfinanciamiento de las Fuerzas Armadas y las comparaban con un par de borceguíes viejos que hace agua por los cuatro costados.

El que mata no tiene que morir

El léxico oficial del Ejército norteamericano define al drone como un vehículo terrestre, naval o aeronáutico, controlado a distancia o de forma automática. En la jerga militar se los llama “vehículo aéreo no tripulado” (Unmanned Aerial Vehicle, UAV) o “vehículo aéreo de combate no tripulado” (Unmanned Combat Air Vehicle, UCAV), según si el artefacto está o no equipado con armas. Los drones suelen ser voladores, pero también pueden pertenecer a otras familias de armas: drones terrestres, drones marinos, drones submarinos, e incluso drones subterráneos. Cualquier artefacto piloteado puede ser transformado en drone, siempre que prescinda de la tripulación humana a bordo. Un drone puede ser controlado a distancia por operadores humanos (principio del control remoto) o de manera autónoma mediante dispositivos robóticos (principio del piloto automático).

Los drones armados voladores son el testimonio de una historia en la que el ojo devino arma; mediante el pasaje de los UAV usados para tareas de información, vigilancia y reconocimiento, a otros que cumplen “funciones cazadoras-asesinas”. En síntesis, se trata de artefactos de vigilancia aérea que se transforman fácilmente en máquinas de matar. Una definición de diccionario para estos drones podría ser “cámaras voladoras, de alta resolución, armadas con misiles”. Sin embargo, un oficial de la Air Force definió el principio estratégico fundamental de una manera más esclarecedora: “la verdadera ventaja de los sistemas de aeronaves sin piloto, es que permiten proyectar poder sin proyectar vulnerabilidad”. En la historia de los imperios militares, “proyectar poder” era sinónimo de “enviar tropas”. Ahora, es precisamente ese principio el que parece derrumbarse.

Una novedad que introduce el drone es el retiro del cuerpo vulnerable, ubicándolo fuera de alcance. Se trata de la culminación de un deseo antiguo que recorre la historia de las armas balísticas: ampliar el recorrido para alcanzar al enemigo con la menor exposición posible. Sin embargo, la mayor innovación del drone es que entre el gatillo, sobre el cual se tiene el dedo, y el cañón, de donde va a salir la bala, se interponen miles de kilómetros. A la distancia de alcance –entre el arma y su blanco–, se añade la del telecomando –entre el operador y su arma.

Para eludir las críticas, la estrategia contemporánea de lucha contra el terrorismo se basa en acciones contrainsurgentes que evitan pasar el límite a partir del cual la opinión pública perciba los conflictos como una guerra. La mayoría de las operaciones aéreas contrainsurgentes suceden en países oficialmente en paz. Esta nueva estrategia implica un ocultamiento intencional de la frontera que separa la guerra y la paz. La paz perpetua imperial contemporánea es una guerra perpetua disimulada.

Buena parte de las impugnaciones al uso de drones armados discurre en torno a la necesidad de regular su uso, o a la falta de transparencia en su fabricación y comercialización, pero no cuestionan la legitimidad de estas nuevas formas de violencia. Antes de clausurar el problema con una mirada moral, conviene preguntarse por el mecanismo. Tratar de entender qué efectos produce en los utilizadores, en el enemigo que es su blanco, y en sus relaciones mutuas. Analizar los proyectos de defensa que dirigen estas elecciones técnicas y que, al mismo tiempo, son determinados por ellas. Se sabe: la forma más eficaz de asegurar la perdurabilidad de una elección estratégica es optar por medios que la materialicen hasta transformarla en la única opción posible.

Estás nominado

La mayoría de los drones armados son piloteados en el marco de operaciones secretas que escapan a cualquier tipo de control del derecho internacional. Son el arma preferida de la guerra post-heroica. El intento de erradicación de toda reciprocidad en la exposición a la violencia reconfigura la conducta material de la violencia armada (técnicamente, tácticamente, físicamente). A diferencia de las viejas guerras coloniales, el objetivo ya no es derrotar políticamente al enemigo o conquistar un territorio, sino eliminar a distancia la amenaza terrorista.

El politólogo norteamericano Francis Fukuyama, cuyo fin de la historia se derrumbó el 11 de septiembre de 2001, es fanático de los drones. Si bien considera que su uso irrestricto podría transformar a los Estados Unidos en un nuevo far west, el nuevo hobby de Fukuyama es ensamblar drones caseros: unos cuadricópteros que envían imágenes en directo a la computadora de su casa cerca de Stanford y que le sirven para despuntar su pasión por la fotografía aérea. Los intelectuales que trabajan en el campo de la ética militar, en cambio, dicen que el drone es el arma humanitaria por excelencia. Y ese trabajo discursivo es esencial para garantizar la aceptabilidad social y política del portento.

Pocos días después de la caída de las Torres Gemelas, George W. Bush declaró que comenzaba una guerra “que exige de nuestra parte una cacería humana a nivel internacional”. Esa afirmación, que sonaba a respuesta de un cowboy de Texas después de los atentados, se convirtió en pocos años en doctrina de Estado: con expertos, planes estratégicos y armas nuevas. Un cambio que condujo a la aparición de una forma inédita de terrorismo estatal global que combina herramientas de la guerra y de operativos policiales. El filósofo francés Grégoire Chamayou la ha denominado “cacería humana militarizada”, un imperialismo de la desorganización que multiplica las condiciones de excepción.

El 11 de diciembre de 2001, semanas después del inicio de la guerra de Afganistán, Bush declaró: “La guerra en Afganistán nos enseñó más sobre el futuro de nuestras fuerzas que una década de coloquios y think tanks juntos (…) todavía no tenemos suficientes vehículos sin piloto”. Hoy, el drone es uno de los emblemas de la presidencia de Obama, el instrumento de su doctrina antiterrorista oficial: matar en vez de capturar, en lugar de acumular más prisioneros y tortura en Guantánamo, asesinar selectivamente con drones. Desde una base militar en Nevada un operador observa imágenes de algún punto de la tierra y espera la orden para apretar el gatillo tomando una bebida, a veces a pocos kilómetros de la casa donde vive con su familia.

De acuerdo a la investigación de Jean-Martial Lefranc en el documental Drones asesinos y guerra secreta (Francia, 2013), la designación de los blancos se realiza en base a dos principios. Como lo confirman también una serie de artículos en The New York Times desde 2012, la Casa Blanca organiza todas las semanas una reunión denominada “Martes del terror”, en la que el presidente recibe informes de inteligencia de la CIA y de la JSOC (agencia militar) y aprueba oralmente la lista de personas que serán asesinadas la semana siguiente. Los “nominados” de la lista de la JSOC serán asesinados por drones controlados por militares. Quienes manejan los drones destinados a los “nominados” de la CIA es un misterio, pero se presume que podrían ser dirigidos por empleados de empresas tercerizadas contratadas para este tipo de misiones.

Además de estas “cacerías de referentes” con nombre y apellido, se organizan asesinatos en base a indicios (signature strikes) que no apuntan a individuos conocidos sino a personas que presentan comportamientos sospechosos. Como recuerda Thomas Hippler en su libro El Gobierno del cielo, el 14 de enero de 2010, 17 hombres fueron asesinados por un drone en Pakistán porque los vieron hacer flexiones de brazos y trotar cerca de un campo talibán. Se trata probablemente del ritual burocrático más tétrico del siglo XXI: todas las semanas, decenas de miembros del aparato de seguridad nacional norteamericano se reúnen por videoconferencia confidencial para exponer las biografías de presuntos terroristas y sugerir al presidente quiénes deben ser los próximos asesinados (ver Jo Becker, Scott Shane, “Secret ‘Kill List’ Proves a Test of Obama’s Principles and Will”, The New York Times, 29/05/2012). El Gobierno de Obama se niega a especificar los criterios que rigen la elaboración de esos listados. Los oficiales norteamericanos utilizan lo que denominan “análisis de formas de vida” (pattern of life analysis).

El principio podría formularse de la siguiente manera: toda persona tiene un modo de vida, nuestras acciones cotidianas son repetitivas, nuestro comportamiento tiene regularidades, nos levantamos en general a la misma hora, vamos a trabajar, vemos generalmente a los mismos amigos, en los mismos lugares, etc. Si somos vigilados se puede tomar nota de esas regularidades y establecer un mapa crono-espacial de recorridos habituales. También, al acceder por ejemplo a nuestra factura de teléfono se pueden sobreimprimir en aquel mapa nuestras redes sociales y la importancia relativa de cada relación personal. Una vez establecida esta doble red, de lugares y vínculos, será fácil predecir nuestro comportamiento. Pero también será muy simple advertir las irregularidades sospechosas. Toda desviación de nuestras propias costumbres y hábitos puede hacer sonar la alarma. Se trata de una vigilancia permanente, mediante un sistema que podría pensarse como la superposición en un mismo mapa digital de Facebook, Google Maps y una agenda Outlook, un trabajo paciente que permite ubicar a individuos sospechosos, que archiva las diferentes dimensiones de un conjunto de vidas anónimas: un carpetazo que si alcanza cierto grosor puede implicar una condena a muerte.

Nac&drone

El 1 de noviembre de 2013, Magdalena Ruiz Guiñazú y Joaquín Morales Solá hicieron una presentación ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre el derecho a la libertad de expresión en Argentina. Las intervenciones de los periodistas fueron seguidas con especial atención por los medios de nuestro país. Resulta llamativa, sin embargo, la falta de atención prestada ese mismo día a la audiencia inmediatamente posterior en la CIDH. Durante más de cuarenta minutos el argentino Santiago Cantón, director del centro Robert F. Kennedy por los Derechos Humanos, encabezó una presentación sobre “La utilización de drones y su impacto en los derechos humanos en las Américas”. Cantón realizó su exposición acompañado por expertos norteamericanos en derechos humanos y civiles, leyó un texto de la académica Ruth Diamint y entregó, para que fuera evaluado por la Comisión, un informe redactado por Amnistía Internacional.

La presentación de Cantón puso el acento en la necesidad de regular el uso de drones. Expuso varios problemas: la peligrosidad de la utilización de drones en países con escaso control civil de las fuerzas armadas y donde los ministerios de defensa son agencias precarias, el lugar central de la inteligencia militar para seleccionar los objetivos de los drones (lo cual empodera a las fuerzas armadas), el peligro de que sectores ajenos al Estado utilicen este tipo de armas, la falta de regulaciones nacionales e internacionales para el comercio de drones. Cantón afirmó que, además de Estados Unidos, otros catorce miembros de la OEA tienen drones, ya sea porque los producen con un programa propio o bien porque se los compran a otros países. El Ejército argentino, dijo, ha desarrollado su propia tecnología para vigilancia, reconocimiento aéreo y recolección de inteligencia. Brasil es el país latinoamericano con mayor número de drones, tanto de producción nacional como externa: los usa para monitorear fronteras y para vigilancia en las ciudades. Bolivia compró drones. Colombia hizo operaciones conjuntas con Estados Unidos y los ha usado en operaciones contra las FARC. Chile también compró drones a Israel y en México se han realizado maniobras conjuntas con Estados Unidos en el marco de “la lucha contra el narcotráfico”.

La presentación se cerró con otros datos relevantes: hay empresas públicas y privadas que ya producen drones en América Latina y su desarrollo “no fue acompañado de una regulación que permita controlar y disminuir el uso de los drones en el marco de los derechos humanos”. Según Cantón, a la falta de control se suma la falta de transparencia, y esa falta de transparencia contribuiría al uso ilegítimo e ilegal de los drones. Por último, solicitó que se realice un informe sobre drones armados y no armados en la región y se prepare un borrador de legislación regulatoria de su uso. Los representantes de la CIDH hicieron pocas preguntas tras la presentación, dos de las cuales no pudieron ser respondidas claramente por la supuesta falta de datos.

La primera fue por qué no se prohíbe el uso de drones armados, en lugar de pretender regular su uso. La segunda, engañosamente simple, fue: ¿qué es exactamente y como funciona un drone? Resulta llamativo que los diferentes modos de funcionamiento de los drones, sus virtudes para la “lucha contra la inseguridad” y las razones por las cuales sería o no sería conveniente prohibirlos, por lo menos en sus usos militares y policiales, no hayan sido presentados con mayor rigurosidad por el propio Cantón quien, a fines de septiembre de 2013, había sido presentado en Tigre como el asesor estrella de Sergio Massa en materia de derechos humanos. Las discusiones en torno a la incorporación de nuevas tecnologías para luchar contra el delito y proteger las fronteras, son algunas de las obsesiones del ex intendente de Tigre, el primer municipio argentino que utilizó drones para “combatir la inseguridad”.

En efecto, la Miami argentina decidió importar unos pequeños cuadricópteros dronisados para monitorear el municipio y grabar acciones delictivas. Pesan poco más de 3 kilos, vuelan a 2 kilómetros de altura como máximo y tienen una autonomía de no más de media hora. Son los hermanos menores de los que usan las Fuerzas Armadas. Los drones militares que utilizan Estados Unidos, Gran Bretaña o Israel tienen nombres poco inocentes como Predator o Reaper (la guadaña del ángel exterminador). Los de Tigre, en cambio, tienen un felino estampado en la trompa que el municipio adoptó como logo y que suele decorar las banderas del Matador de Victoria.

A fines de marzo de 2014, Massa realizó una gira por Estados Unidos con varios encuentros de primer orden, incluidos funcionarios del Departamento de Estado: se reunió con la secretaria de Estado Adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson, y conversó sobre el avance del narcotráfico en Argentina. La edición del diario La Nación del 24 de marzo de 2014 comentó la noticia con un textual de uno de los principales armadores de la agenda de Massa en Estados Unidos, Santiago Cantón, quien confirmaba que “el narcotráfico es uno de los temas en los que hemos detectado inquietud”. También anticipaba una cena a puertas cerradas auspiciada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, que contaría con la asistencia de empresarios y figuras de la diplomacia norteamericana, entre ellas la ex secretaria de Estado Madeleine Albright.

Los drones son uno de los formidables negocios futuros para la industria militar-securitaria norteamericana y sus empresarios y lobbistas aliados en el resto del mundo. Para el período 2013-2020, la consultora Teal Group estimó en 89 mil millones de dólares el mercado mundial de drones civiles y militares. El mercado militar debería pasar de 6 mil millones de dólares en 2013 a más de 11 mil millones en 2022, (ver Glennon J. Harrison, “Unmanned Aircraft Systems (UAS): manufacturing Trends”, CRS Report for Congress). Esta última estimación excluye los usos comerciales: filmaciones televisivas, exploraciones gasíferas o petroleras y, sobre todo, los drones utilizados en la denominada agricultura de precisión y en la seguridad pública, que se estima cubrirán el 90 por ciento de los usos civiles durante la próxima década. Todo negocio cuidado necesita un marco jurídico-político que lo sostenga y respalde.

Giro alocado de la historia

Estados Unidos tiene unas 60 bases de drones armados alrededor del mundo que son administradas por el Ejército norteamericano, la CIA y, en ciertos casos, por aliados militares locales. Se trata de uno de los pilares de un nuevo arte de la guerra que permite atacar cualquier punto del planeta mediante aparatos controlados a distancia, sin necesidad de rendir cuentas ni de organizar presencia militar efectiva en el extranjero.

De acuerdo a una investigación reciente de Nick Turse, Estados Unidos prevé la instalación de nuevas bases para drones en África, Asia, Medio Oriente y América Latina. Ya no son prioritarias las invasiones de gran escala, se refuerzan en cambio los programas de drones y las fuerzas especiales de operación para combatir enemigos dispersos en todo el planeta.

Las recientes intervenciones del Gobierno de Obama en Asia, África, Medio Oriente y América Latina dejan al descubierto un programa organizado en base a seis puntos claves: operaciones especiales, drones, espionaje, relaciones con agencias civiles, ciberguerra y ejércitos tercerizados. Para reforzar esta estrategia, se destinan más recursos financieros a la militarización del espionaje y a los servicios de inteligencia, a la utilización cada vez más frecuente de drones, y se promueve una colaboración más estrecha entre el Pentágono y las diferentes agencias gubernamentales.

Las Fuerzas Armadas norteamericanas tenían, a inicios de 2013, más de 6 mil drones de diferentes modelos y más de 160 drones Predator en poder de la Air Force. En Pakistán, los drones de la CIA lanzan en promedio un ataque cada cuatro días. Las cifras son difíciles de establecer pero, para ese país, las estimaciones varían entre 2640 y 3474 asesinatos entre 2004 y 2012. Estados Unidos forma hoy más operadores de drones que pilotos de aviones de combate y bombarderos juntos. Mientras el presupuesto de defensa bajó en 2013, los recursos otorgados a los sistemas de armas no tripuladas aumentaron el 30 por ciento (ver Grégoire Chamayou, Teoría del drone). Este crecimiento refleja un proyecto estratégico: la dronisación a mediano plazo de una parte creciente de las Fuerzas Armadas norteamericanas.

Pero esto no es todo. La primera tarea de un drone militar no es inmovilizar al enemigo, sino identificarlo y localizarlo. La generalización de semejante arma implica también una mutación de la relación del Estado con sus propios sujetos. El cazador avanza y la presa huye o se esconde. La racionalidad política que guía estos proyectos está orientada por el concepto de defensa social y su herramienta privilegiada son las medidas de seguridad que se concentran en preservar a la sociedad de los peligros potenciales que la amenazan y de la presencia de personajes peligrosos. Esta lógica securitaria, fundada en el control o eliminación preventiva de individuos peligrosos, está transformando la guerra en una sucesión de ejecuciones extrajudiciales. Los defensores de los drones para realizar tareas policiales y militares prometen estrategias de represión con menos pérdidas humanas y sin derrotas. Pero omiten aclarar los efectos de terror y encierro psíquico de la vigilancia permanente, que se trata además de guerras sin victorias y que construyen las condiciones de una violencia infinita: la guerra perpetua.

Tal como lo señala Chamayou la pregunta clave podría formularse de la siguiente manera: ¿Qué implicaría, para una población, transformarse en sujeto de un Estado-drone? No hay que olvidar que el uso de un arma nueva nos transforma, antes que nada, en sus blancos potenciales. Que gobernar con una burocracia armada y reforzar las dimensiones paraestatales del Estado puede costar muy caro. Y, para volver al título de esta nota, que ciertas armas sirven para conquistar el trono pero no suelen ser las más eficaces para conservarlo.

Heber Ostroviesky

fuente: Revista Crisis nº19 / http://www.revistacrisis.com.ar/game-of-drones-hacia-la-guerra.html

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(libro) La quiebra del capitalismo global: 2000-2030

Crisis multidimensional, caos sistémico, ruina ecológica y guerras por los recursos. Preparándose para el inicio del colapso de la Civilización Industrial.

Por Ramón Fernandez Durán

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal, ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica. Una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente.

Índice
I.- El inicio del fin de la energía fósil: una ruptura histórica total
1. Introducción
2. Un ejercicio de política-ficción, pero con mucha dosis de realidad
3. La Crisis del actual Capitalismo Global empieza ya en torno al 2000
4. Pico del Petróleo y consecuencias de la nueva Era del declive energético
5. Incapacidad física de cerrar las fauces del cocodrilo (oferta y demanda energética)
6. Imposibilidad tecnológica de “ensanchar los límites” ecológicos planetarios
7. Crisis Energética, Cambio Climático y Colapso Ecológico: un triángulo diabólico
8. Quiebra de la reproducción social y crisis de los cuidados, los grandes olvidados
9. Entre “Salvar el Planeta” del nuevo Capitalismo Verde y el Business as Usual
10. Crisis sistémica, explosión y desequilibrios demográficos y guerra por los recursos
11. 30 años perdidos y “Un Mundo Lleno” con reducidas opciones de futuros posibles
12. Derrumbe financiero-corporativo, ruptura de la globalización y quiebra geopolítica
13. ¿Hacia Nuevos Capitalismos de Estado Regionales Planetarios, luchando entre sí?
14. Nuevo orden geopolítico, guerras por los recursos, caos sistémico y quiebra de Estados
15. Inicio del Largo Declive de la Civilización Industrial, peligros y potencialidades
16. Los “Dioses” de la Modernidad en crisis, pero todavía no terminal
17. Los nuevos mitos de la Postmodernidad, apoyados por la Sociedad de la Imagen
18. ¿Sobrevivirá la Aldea Global y el Ciberespacio a la Quiebra del Capitalismo Global?
19. Fin a la expansión del “Yo” en las nuevas Sociedades de Masas multiculturales
20. 2010-2030: De la generación del 68 a la generación “más preparada de la historia”
21. Caminando sin hoja de ruta hacia el 2030, pero mirando también por el retrovisor
22. Catástrofe, crisis del discurso dominante y oportunidad de transformación
23. La urgencia de cambiar y ampliar nuestras estrategias de intervención socio-política
24. Una relación conflictiva y compleja con el Estado y la Metrópoli
25. Guerra y Patriarcado, problemas de especie a resolver para subsistir humanamente
26. Bibliografía
II.- El final de la escapada (2000-2010): la incapacidad de sortear la crisis global y ecológica (próximamente)
III.- El imposible futuro del sistema urbano-agro-industrial mundial y sus consecuencias (próximamente)
IV.- Aventurando los próximos veinte años de descomposición del capitalismo global (próximamente)
– 2010-2020: Declive energético, fin del crecimiento, derrumbe financiero y ruptura de la globalización
– 2020-2030: Un capitalismo no global en fuerte crisis y balcanizado
V.- Más allá de 2030: entrando de la mejor forma posible en la era del colapso de la Sociedad Industrial (próximamente)
I- El inicio del fin de la energía fósil: una bifurcación histórica total

1.- Introducción

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal, ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica. Una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente. Se están produciendo ya profundas mutaciones económicas, geopolíticas y culturales, muchas de ellas de carácter todavía subterráneo, que irrumpirán con fuerza en la superficie en las próximas dos décadas, pero que aún permanecen ocultas, sobre todo para los que no las quieren ver.

La gran mayoría de las sociedades del mundo, condicionadas por los mensajes que les transmiten sus estructuras de poder y la Aldea Global, pero las fuerzas que las van a sacar bruscamente a la luz y las van a intensificar aún más se están fraguando rápida e intensamente en la trastienda, pues no se han mostrado todavía tampoco de forma abierta, o tan sólo en parte, para los que las quieran ver también. Y esas fuerzas no son otras que el progresivo agotamiento de los combustibles fósiles o el principio del fin de la era de la energía barata, al menos en un primer momento, pero también los límites ecológicos planetarios al despliegue “sin fin” del actual Capitalismo Global y la Civilización Industrial.

Límites tanto de inputs (agotamiento de recursos) como de outputs (saturación y alteración de los sumideros) planetarios, lo que está implicando una catástrofe ecológica sin precedentes en la Historia de la Humanidad, que se va sumando cada día con más fuerza a los desequilibrios internos en ascenso, económicos y sociopolíticos, que genera el despliegue (y las crisis) de las fuerzas capital a escala mundial. Sin embargo, van a ser los límites ecológicos, en concreto el agotamiento de recursos, y muy especialmente de combustibles fósiles, los que sin duda van a poner fin a esta carrera desenfrenada.

Y no las contradicciones internas que induce el actual modelo, como hasta ahora pensaban algunos. O eso parece. Incluso aunque el capitalismo global haya ido gestando una estructura social mundial que simula que no pertenece a la misma especie, el homo sapiens, pues las diferencias entre sus miembros son tan acusadas que parece como si correspondieran a individuos de especies distintas. Es decir, la división salvaje que ha creado entre centros y periferias, propietarios y no propietarios, y especialmente entre rentistas, asalariados, trabajadores por cuenta propia y excluidos totales.

Durante el periodo excepcional entre el derrumbe del “Imperio Oriental del Socialismo Real” (1989-91) y la crisis de Wall Street (2007-2008), pareció que el “Imperio Occidental” se consolidaba y ampliaba su alcance a escala mundial definitivamente, inaugurándose una especie de Vacaciones de la Historia, en presente continuo. Un sistema industrial más ágil, flexible, consumista, “democrático” y glamuroso era capaz de imponerse y engullir a otro más torpe, burocratizado, con escasez de bienes y servicios, fuertemente represivo y sobre todo gris.

El Fin de la Historia, lo denominó Fukuyama (1992), para caracterizar el triunfo planetario del Capitalismo Global de corte liberal-occidental. Pero todo fue un espejismo temporal propiciado por más de veinte años de energía barata, es más, muy barata, el periodo de coste energético más bajo de la Historia, como resultado de la caída espectacular de los precios de petróleo desde los ochenta (Fdez Durán, 2008); lo que también propició la incorporación clave de la China “comunista” al nuevo Capitalismo Global, reforzando su mundialización.

Es más, sin la incorporación de la nueva Fábrica del Mundo (y todas las periferias del Sur Global), y su inmensa, barata y superexplotada fuerza de trabajo, así como sus abundantes recursos de todo tipo, el nuevo Capitalismo Global no hubiera sido factible. Y tampoco sin la nueva y cuantiosa mano de obra inmigrante barata que se trasladó a los países centrales desde la Periferia, y a otros centros emergentes del Sur Global. Todo ello permitió también destruir el poder obrero en los espacios centrales, junto con la conquista del alma propiciada por la Sociedad de Consumo y la Aldea Global.

Sin embargo, la crisis financiera mundial con epicentro en Wall Street, vino a mostrarnos que todo era más bien un simulacro pasajero, por su consistencia evanescente, aunque eso sí con tremendos impactos reales, como veremos. En este sentido, podemos decir que la crisis de Wall Street está siendo para el Capitalismo Global lo que la Caída del Muro de Berlín fue para el Socialismo Real.

La chispa que ha activado una dinámica de crisis global multidimensional y creciente y dispar desmoronamiento societario, que se venía incubando ya desde hacía años. Podríamos decir que, como poco, desde el inicio del nuevo milenio, en torno al 2000. En cualquier caso, como apuntaremos, la quiebra del Capitalismo Global y el consiguiente colapso progresivo de la Civilización Industrial no será un proceso repentino, tipo Hollywood, sino que será un lento proceso, con altibajos, pero también con importantes rupturas, que se ha iniciado ya y es imparable (Greer, 2008).

fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/IMG/pdf/el_inicio_del_fin_de_la_energia_fosil.pdf

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Dialéctica del cénit y el ocaso

El capitalismo ha alcanzado su cenit, ha traspasado el umbral a partir del cual las medidas para preservarlo aceleran su autodestrucción. Ya no puede presentarse como la única alternativa al caos; es el caos y lo será cada vez más. Durante los años sesenta y setenta del pasado siglo, un puñado de economistas disconformes y pioneros de la ecología social constataron la imposibilidad del crecimiento infinito con los recursos finitos del planeta, especialmente los energéticos, es decir, señalaron los límites externos del capitalismo.

Por Miguel Amorós

La ciencia y la tecnología podrían ampliar esos límites, pero no suprimirlos, originando de paso nuevos problemas a un ritmo mucho mayor que aquél al que habían arreglado los viejos. Tal constatación negaba el elemento clave de la política estatal de posguerra, el desarrollismo, la idea de que el desarrollo económico bastaba para resolver la cuestión social, pero también negaba el eje sobre el que pivotaba el socialismo, la creencia en un futuro justo e igualitario gracias al desarrollo indefinido de las fuerzas productivas dirigidas por los representantes del proletariado. Además, el desarrollismo tenía contrapartidas indeseables: la destrucción de los hábitat naturales y los suelos, la artificialización del territorio, la contaminación, el calentamiento global, el agujero de la capa de ozono, el agotamiento de los acuíferos, el deterioro de la vida en medio urbano y la anomia social. El crecimiento de las fuerzas productivas ponía de relieve su carácter destructivo cada vez más preponderante.

La fe en el progreso hacía aguas; el desarrollo material esterilizaba el terreno de la libertad y amenazaba la supervivencia. La revelación de que una sociedad libre no vendría jamás de la mano de una clase directora, que mediante un uso racional del saber científico y técnico multiplicase la producción e inaugurara una época de abundancia donde todos quedaran ahítos, no era más que una consecuencia de la crítica de la función socialmente regresiva de la ciencia y la tecnología, o sea, del cuestionamiento de la idea de progreso. Pero el progresismo no era solamente un dogma burgués, era la característica principal de la doctrina proletaria. La crítica del progreso implicaba pues el final no sólo de la ideología burguesa sino de la obrerista. La solución a las desigualdades e injusticias no radicaba precisamente en un progresismo de nuevo cuño, en otra idea del progreso depurada de contradicciones.

Como dijo Jaime Semprun, cuando el barco se hunde, lo importante no es disponer de una teoría correcta de la navegación, sino saber cómo fabricar con rapidez una balsa de troncos. Aprender a cultivar un huerto como recomendó Voltaire, a fabricar pan o a construir un molino como desean los neorrurales podría ser más importante que conocer la obra de Marx, la de Bakunin o la de la Internacional Situacionista. Eso significa que los problemas provocados por el desarrollismo no pueden acomodarse en el ámbito del saber especulativo y de la ideología porque son menos teóricos que prácticos, y, por consiguiente, la crítica tiene que encaminarse hacia la praxis. En ese estado de urgencia, el cómo vivir en un régimen no capitalista deja de ser una cuestión para la utopía para devenir el más realista de los planteamientos.

Si la libertad depende de la desaparición de las burocracias y del Estado, del desmantelamiento de la producción industrial, de la abolición del trabajo asalariado, de la reapropiación de los conocimientos antiguos y del retorno a la agricultura tradicional, o sea, de un proceso radical de descentralización, desindustrialización y desurbanización debutando con la reapropiación del territorio, el sujeto capaz de llevar adelante esa inmensa tarea no puede ser aquél cuyos intereses permanecían asociados al crecimiento, a la acumulación incesante de capital, a la extensión de la jerarquía, a la expansión de la industria y a la urbanización generalizada. Un ser colectivo a la altura de esa misión no podría formarse en la disputa de una parte de las plusvalías del sistema sino a partir de la deserción misma, encontrando en la lucha por separarse la fuerza necesaria para constituirse.

Al final de la era fordista, tras la subida de precios del petróleo como consecuencia del cenit de la producción en Estados Unidos, conocemos la salida que buscó la clase dirigente para preservar el crecimiento: un desarrollismo de nuevo tipo, neoliberal, basado primero en el fin del Estado-nación, la privatización de la función pública, el abandono del patrón oro, la energía nuclear, la eliminación de las trabas aduaneras, el abaratamiento del transporte, la globalización de los mercados, la expansión del crédito y la desregulación del mundo laboral. Una segunda fase, algo más keynesiana, rentabilizaría la destrucción acumulada mediante un desarrollismo llamado sostenible, integrando el punto de vista ecologista en un capitalismo “verde”. El Estado recuperaría un tanto su papel de impulsor económico que tenía en la época anterior de capitalismo nacional financiando dicha modernización y forzando el reciclaje de la población en el consumo de mercancía labelizada.

También conocemos las alternativas progresistas neokeynesianas que en el marco del orden establecido reivindicaron “otra” globalización en donde las cargas estuvieran mejor distribuidas, o lo que viene a ser lo mismo, una mundialización tutelada por los Estados que respetara los intereses de la burocracia obrerista y el estatus de las clases medias. Esta propuesta descansaba en la falsa suposición de que el Estado era un instrumento neutral frente al capitalismo, y no la adecuada expresión política de sus intereses. Como quiera que fuera, ambas políticas –la neoliberal conservadora y la neokeynesiana socialdemócrata– fracasaron al tropezar el capitalismo con sus límites internos.

La liquidación de las economías locales arruinó poblaciones enteras que se fueron acumulando en las periferias de las metrópolis, dando vida a inmensos poblados de chabolas. Innumerables masas emigraron a los países “desarrollados”, extendiendo las consecuencias de la crisis demográfica a las zonas privilegiadas del turbocapitalismo. Esta nueva mutación del capital creaba una nueva división social: los integrados y los excluidos del mercado. La contención de la exclusión quedó fundamentalmente en manos del Estado, en absoluto neutro, obligado a desarrollar para la ocasión políticas represivas de control de la inmigración y extenderlas a cualquier forma de disidencia. Por otro lado, el carácter eminentemente especulativo de los movimientos financieros internacionales y las políticas estatistas clientelares, tras una década de euforia, condujeron a la bancarrota general del 2008, agravada por las deudas que los Estados no habían podido rembolsar, precipitando una vuelta al neoliberalismo mucho más dura. Las medidas draconianas son necesarias para traspasar la crisis provocada por los Bancos y los Estados a la población asalariada, mayoritariamente hipotecada.

La pauperización material de un tercio de la población se suma a una pauperización moral vieja de años, pero la incapacidad irremediable de crecer lo suficiente de los Estados Unidos y la Unión Europea si no es compensada con una demanda emergente, china o india, proporcionará un marco crítico duradero donde podrá invertirse el proceso de anomia. Potencialmente, y por mucho tiempo, el espectro de Grecia –las condiciones griegas—asediará la conciencia de los dirigentes. La venganza o la voluntad de desquite dominarán en los primeros momentos con toda la secuela de conflicto y violencia, pero para construir habrá de darse en las masas vapuleadas un sentimiento de dignidad a la par que el desarrollo de una conciencia verdaderamente subversiva.

Paradójicamente, en la fase actual de descomposición del sistema dominante, las contradicciones internas ocultan las externas. El drama de la exclusión, el paro, la precariedad, los recortes, los desahucios y el empobrecimiento de las clases medias asalariadas, al poner por delante sus intereses inmediatos todavía ligados al mantenimiento de un estilo de vida urbano, artificial y consumista, han oscurecido momentáneamente la cuestión esencial, el rechazo del credo del progreso, y, por consiguiente, el del modelo social y urbano que le es inherente.

En consecuencia, la creciente “huella ecológica” y la insostenibilidad intrínseca de la supervivencia bien o mal abastecida bajo el capitalismo no se han tenido en consideración, por lo que las exigencias desindustrializadoras y desurbanizadoras parecen fuera de lugar. La protesta urbana, obrera o populista, rechaza pagar la factura de la gestión desarrollista anterior y así se contenta con exigir “otra” política, “otra” banca u “otro” sindicalismo, a lo sumo, “otro” capitalismo, pero jamás se planteará seriamente la ruralización o la desaparición de las metrópolis, es decir, otra manera de convivir, otra sociedad u otro planeta.

La mayoría de los habitantes de las conurbaciones solamente busca o aspira a encontrarse con la naturaleza los fines de semana, en tanto que consumidores de relax y paisaje, por lo que una crítica antidesarrollista tiene serios problemas para darse a conocer fuera de estrechos círculos, ya que la mentalidad urbana es incapaz de asumirla y los desertores del asfalto son todavía pocos. Por otra parte, la población campesina, residual, sufre un deterioro mental aún peor, fruto de su suburbanización, y las más de las veces reproduce estereotipos ideológicos urbanos. La crítica antidesarrollista no cuaja pues, ni en el medio rural, que debía ser el suyo, ni en el medio urbano, mucho menos propicio. Por eso la materialización en la práctica del antidesarrollismo como defensa del territorio se ve sometida a multitud de inconsecuencias y limitaciones. El carácter específicamente local de dicha defensa juega en su contra. Apenas se conforma una oposición contra una nocividad particular, surgen acompañantes municipalistas, verdes o nacionalistas, que tratan de confinarla como “nimby” en la localidad, exprimirla políticamente y empantanarla en marismas jurídicas y administrativas.

Solamente en los casos en que ha conseguido aliados de las conurbaciones gracias precisamente a los irregulares de la post ciudad, ha podido formularse un interés general y desarrollarse un conflicto de envergadura (p. e. contra trasvases, contra las líneas MAT, contra el TAV, contra autopistas, centrales eólicas, etc.). Resumiendo, la defensa del territorio está lejos mostrarse como el único conflicto realmente anticapitalista, ya que, debido a las condiciones hostiles que debe afrontar, no consigue constituir una comunidad de lucha estable y suficientemente consciente que contribuya con eficacia a incrementar el número de renegados de la urbe.

Todavía no ha logrado transformar la descomposición urbana en fuerza creativa rural, ni la oposición al desarrollismo territorial en barrera contra la urbanización total. Será necesaria otra vuelta de tuerca en la crisis para que la cuestión urbana –el problema de desmontar la conurbación– aparezca en el centro de la cuestión social. En efecto, la conurbación es la forma ideal de la organización del espacio por el capitalismo; una gran concentración de consumidores hecha posible por la abundancia hasta ahora ilimitada de combustible fósil barato y de agua potable. Es de suponer que un encarecimiento del combustible conduciría a una crisis energética que pondría en peligro la agricultura industrial, el sistema de vida urbano y la existencia misma de las conurbaciones. Igual sucedería con una sequía prolongada que exigiera la construcción de numerosas desaladoras funcionando con petróleo.

Ese es el horizonte que perfila a corto plazo la gran demanda de los países emergentes y el cenit de la producción petrolífera a medio: el fin de la era de la energía barata. No hay remedio posible puesto que la energía nuclear y las llamadas “renovables” son caras, necesitan igualmente para su puesta en marcha ingentes cantidades de combustible fósil cada vez menos al alcance y el ritmo de su producción nunca podrá satisfacer las exigencias de un consumo creciente. El capitalismo verde es una falacia y la globalización está entrando en su fase terminal; las innovaciones tecnológicas no podrán salvarla. La perspectiva de un declive de la producción industrial de energía pinta de negro el futuro de las conurbaciones, puesto que un encarecimiento del transporte paralizará los suministros y las volverá inviables. Los bloques de viviendas, los rascacielos, los centros comerciales, los adosados residenciales, los polígonos logísticos, las autopistas y demás se deteriorarán a gran velocidad. Entonces, los sofisticados materiales de construcción, el aire acondicionado, los electrodomésticos, los ordenadores, la calefacción central, la telefonía móvil y los automóviles serán cosas del pasado.

Además, el calentamiento global es imparable puesto que el consumo de energías contaminantes es imposible de aminorar, y, en pocos años, cuatro o cinco, desbocará el cambio climático y entonces los daños provocados serán irreversibles. El decaimiento de la agricultura industrial –esclava del fuel, de los abonos y herbicidas petroquímicos—junto con las secuelas del calentamiento –incremento del efecto invernadero, deforestación, erosión, salinización y acidificación de los suelos, desertificación, sequías e inundaciones– desembocarán en una crisis alimentaria de graves consecuencias. La mayoría de la población urbana quedará desabastecida, viéndose impelida violentamente a buscar comida y combustible fuera, desperdigándose por un campo esquilmado. El que este proceso de expulsión del vecindario se efectúe de forma caótica y terrorista o transcurra positivamente dependerá de la capacidad integradora de las comunidades de lucha surgidas de la deserción y la defensa del territorio.

Si éstas son débiles no podrán enfrentarse a la avalancha de una población hambrienta y transformar su desesperación en fuerza para el combate por la libertad y la emancipación. La desagregación del turbocapitalismo daría lugar entonces a un reguero de formaciones capitalistas primitivas defendidas por poderes locales y regionales autoritarios. Será inevitable que la sociedad se contraiga y se vuelva intensamente localista, pero lo pequeño no siempre es hermoso. Puede ser horrible si la necesaria ruralización que habrá de afrontar las consecuencias de una superpoblación repentina y brutal, no discurre por vías revolucionarias, es decir, si se limita a una producción centralizada y privilegiada de comida y energía en lugar de orientarse hacia la creación de comunidades libres y autónomas capaces de resistir a la depredación post urbana. En definitiva, si el proceso ruralizador no respira esa atmósfera de libertad que antaño se atribuía a las ciudades.

A fin de no caer en profecías apocalípticas y evitar que la ciencia ficción se adueñe de los análisis futuristas postulando retornos al paleolítico o a la barbarie de género cinematográfico, conviene considerar la crisis energética como un marco general y un horizonte temporal que condicionará cada vez más el acontecer social con el chantaje consabido de ‘o la energía o el caos’ sin por lo tanto determinarlo completamente. La especulación novelesca es deudora de la actitud contemplativa frente a la catástrofe, típica de la religión –o de su equivalente secular, la ideología historicista– que considera lo que adviene como resultado forzoso y no como una posibilidad entre muchas, un desenlace en el tiempo fruto de múltiples variables: la conciencia del momento, la inteligencia de los cambios, la configuración de fuerzas independientes, la habilidad en captar las contradicciones que se manifiestan y en aprovechar las ocasiones que se presentan… Ni el resultado explica enteramente el proceso, ni el proceso, el resultado.

El cenit no precede necesariamente a la extinción. Entre los dos interviene el juego dialéctico de la táctica y de la estrategia entre contrincantes con fuerzas desiguales, a corto y medio plazo. El juego de la guerra social. Las esperanzas de los sectores aferrados a la conservación del capitalismo de Estado en un decrecimiento paulatino, pacífico y voluntario serán prontamente desmentidas por la brutalidad de las medidas de adaptación a escenarios de escasez y penuria y la dinámica social violenta que van a originar.

Si bien el colapso catastrófico no va a producirse en fecha fija, inminente, tampoco va a ser inevitable la entronización de un régimen ecofascista; sin embargo, la probabilidad más o menos cercana de ambos fenómenos puede servir para llevar la acción por derroteros consecuentes, lográndose así en las sucesivas confrontaciones una salida favorable al bando de los partidarios de un cambio social radical y libertario. Nada está decidido, por lo que todo es posible, incluso las utopías y los sueños.

fuente: www.decrecimiento.info/2012/01/dialectica-del-cenit-y-el-ocaso.html

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Reflexiones en torno a la guerra y el integrismo tecnológico

“… Hay que recuperar el mundo. Hay que dejar de fantasear sobre el más allá del mundo, sobre el más allá de la Tierra y sobre el más allá del hombre […] en cuanto a crear atmósfera artificial sobre la Luna o sobre Marte ¿a quién pretenden tomarle el pelo?.” Paul Virilio (1)

Por Loreto Echeverría

Conspiradores de lo viviente

El vizconde Étienne Davignon niega que el ya quincuagenario Bilderberg Group que él preside, constituya “una clase dirigente global”. Tal cosa no existe. “Los negocios influyen en la sociedad y la sociedad es influida por la política… eso es puro sentido común”. Se trata, nos explica, que se reúna gente “que tiene influencia interesada en conversar con otra gente influyente”.(2) A sus miembros, todos en la cima de la jerarquía política-corporativa “occidental” (que comprende desde los presidentes del Banco Mundial y British Petroleum hasta los cinco mayores propietarios de prensa y el rey de Bélgica) suelen incorporarse futuros líderes elegidos por el Estado Llano. El gobernador de Arkansas Clinton y el parlamentario Blair ya estaban en el club, que según dicen, se inicia en Holanda en 1954 .

Con perfecta regularidad, el poder habla al poder, que con agenda desconocida ha de aceitar una de las “hélices mundializadoras”: “el cuatrimotor”: ciencia, técnica, industria e interés económico.(3)

¿Es el fenómeno Bilderberg la punta del iceberg?  Muy probable. Las teorías conspirativas, ejercicio que despierta tanto escarnio dentro del establishment académico, hoy apenas demandan elucubraciones. Porque si en un mundo globalizado los órganos directivos de las finanzas, la industria, los medios de comunicación sostienen “conversaciones” tan inaudibles como las de una logia masónica y cuyo contenido permanecerá secreto  in perpetuum ¿no es legítimo concluir que se está gestando un supra-estado en la sombra?

Por otra parte, ¿no es obvio que la Guerra Fría de los últimos 60 años ha moldeado la economía mundial como una economía de guerra bajo el comando de la tecnocracia militar-corporativa (TMC) y en consecuencia, impedido un efectivo funcionamiento democrático?

Ni las fuerzas de “disuasión” ni la “conquista” espacial, que siguen marcando la carrera armamentista en la era post-soviética, permiten una economía justa o una democracia genuina. La nuclearización en sí despoja a la sociedad civil de parte importante de su capacidad de escrutinio (baste recordar lo sucedido en Kashiwazaki, en las cercanías de Tokio, en julio pasado; véase recuadro). La complejidad de la tecno-ciencia, que espanta tanto como asombra, deja al margen del debate a la mayor parte de la clase política, que no sabe ni contesta. Y algo parecido pasa en la brumosa esfera financiera, progresivamente más ininteligible, aun para los “expertos”.

La patria extraterrestre

En estos años de guerras frías y sangrientas, de déficit incontrolable, de mega bancarrotas, Washington, fiel a su propia lógica autística, ha alentado con obstinado celo la aventura espacial, piedra angular de todo tecno-utopismo. A pocos meses de “la caída” de Bagdad se lanza la Declaración de la Luna, entre cuyos signatarios (estadounidenses en abrumadora mayoría y con la conspicua ausencia de China) figuran Boeing y Lockheed Martin. El documento es elocuente: necesitamos de nuestro satélite, no sólo por sus recursos de agua y energía, sino como un refugio en caso de catástrofe (4) y finaliza con una romántica proclama: “nuestra visión es la de una humanidad expandiéndose en el espacio en un viaje sin término”.(5)

Conscientes que sin robots la colonización del espacio es inviable, los arquitectos de la Declaración subrayaron que el progreso en este campo era fundamental. Rodney Brooks, “Panasonic Professor” de robótica en MIT, figura cumbre en la inteligencia artificial (IA) y un militante ferviente de la astronáutica, ha dedicado sus mejores esfuerzos a construir robots para misiones espaciales. Su objetivo, sin embargo, va más allá de la creación de máquinas que nos abran el camino en el sombrío espacio estelar. Lo que busca el profesor Brooks es “alterar nuestra percepción de las capacidades potenciales de los robots”

En su popular libro Cuerpos y máquinas: de los robots humanos a los hombres robot (6) explora “la recíproca conexión entre humanos y sus hermanos tecnológicos” (“Technological Brethren”), e impugna indignado la concepción que tenemos de nosotros. “Nos hemos programado” afirma, para creer que constituimos seres únicos, cuando nuestro cuerpo “es una masa de biomoléculas”, una máquina que actúa de acuerdo con reglas específicas. De ahí se infiere que debamos mirar a los robots con ojos fraternos.

Su “biologicismo” es paradigmático de lo que E. Morin y su escuela (Asociación para el pensamiento complejo, APC) denominan “la cosmovisión unidimensional de un pensamiento simplificante y reduccionista”.(7) Y que entendemos como la ideología dominante de la TMC en general y del alto sacerdocio de la IA en particular.
En sus antípodas, la antropolítica, el movimiento ciudadano que percibiendo a la Tierra como “la casa de todos” reacciona “contra los efectos de una civilización reducida a lo cuantitativo, el dinero, lo prosaico y lo agresivo”.(8)

Un caso interesante de esta reacción contra la TMC es el de James Hansen, director del Instituto Goddard de la NASA a quien la administración Bush ha tratado de silenciar. Décadas atrás, a raíz de sus investigaciones climáticas de Venus, Hansen fue uno de los primeros en hacer sonar la alarma respecto al calentamiento global, advirtiendo que “nuestro modo de vida es insostenible” y que si no hay cambio de rumbo inmediato, el daño será irreparable.(9) Reconoce el interés científico que encierran Venus y Marte, pero no vacila en enfatizar que el planeta en el que vivimos “es más importante” y que tenemos “una obligación hacia nuestros hijos y nietos” . Para este rebelde que ha abandonado la nave de los locos es “esencial” que la comunidad científica pueda establecer una comunicación directa con la gente, ya que “la preocupación pública es probablemente lo único capaz de imponerse a los intereses corporativos que han confundido (obfuscated) el tema”.(10)

Confrontado por C. Gracie a la pregunta de si hay o no “una conspiración en el corazón del establishment norteamericano”, Hansen (quien ha sido amordazado y sujeto a implacable vigilancia como es de público conocimiento) soslaya el término “conspiración” y se limita a denunciar manipulación de información y “fraude científico”. Su insistencia en que ni el Congreso ni la ciudadanía están siendo debidamente informados sobre una situación próxima a escapar a todo control es muy reveladora.

Fraude jurídico: derechos robóticos y corporativos

Los desarrollos en el campo de la biónica y de la IA nos aproximan con celeridad al advenimiento del “robo sapiens”. Lo más notable de todo, sin embargo, es la mutación que parece estar sufriendo el robot en el imaginario colectivo y en consecuencia en el concepto de lo humano. David Levy de la Universidad de Maastricht en Holanda profetiza que habrá matrimonios “legales” entre hombres y robots. Tal vez a mediados de este siglo en los EE.UU.(11)

Una revolución que según él es similar a la suscitada por la primera unión interracial en EE.UU. o entre individuos del mismo sexo (“Live science”, 12-10-07). Las proyecciones políticas y jurídicas que intenta darle la TMC son también escabrosas. Debido a que se espera, como una suerte de fatalidad cósmica, “la llegada” de las máquinas autorreplicantes, evolutivas y autónomas, el gobierno de Blair (“New Labour”) financió una curiosa investigación. A través de una organización gubernamental (The UK Office of Science and Innovation’s horizon Scanning Centre) encargó a diversas consultoras y “think tanks” (Outsights, Ipso Mori, Institute For The Future) dilucidar el status jurídico que los robots, como “sentient machines” podrían adquirir dentro de las próximas décadas. El estudio, publicado a fines de 2006, concluye que si los robots desarrollan conciencia y son capaces a su vez de generar IA, requeriremos “reglas éticas” que regulen nuestra interacción. El sueño del profesor Brooks se haría realidad: tendremos que amarlos como a nosotros mismos. “La sociedad “, nos advierten, “tendría el deber de cuidar a estos nuevos ciudadanos digitales”, contribuyentes con derecho a voto y “quizás”, ¡sujetos a servicio militar obligatorio!

Esto a su vez ha abierto otros debates. En el programa “Reporting Religion” de la BBC, Dan Demon entrevistó en julio pasado a un “experto” sobre el tema, Ronald Arkin, un roboticista de Georgia Institute of Technology, Atlanta, EE.UU. ¿Cómo enseñarles los principios de la Guerra Justa y quienes serían en última instancia los responsables de sus actos? Porque un error mecánico podría convertirse en “crimen de guerra”, pero Arkin nos tranquiliza. Los robots, desprovistos de emociones, tendrían un mejor desmpeño que los humanos, circunscribiéndose a “blancos legítimos”.(12)

En este contexto de enajenación y necrofilia es muy natural que en el seno del universo corporativo las empresas estén demandando derechos comparables a los que, en teoría, el sistema democrático garantiza a las personas. “Puede que las grandes corporaciones no respiren, ni hablen ni coman, pero ellas ahora están utilizando la legislación de derechos humanos para exigir protecciones y libertades legales”.(13) Por muy exiguo que sea nuestro conocimiento respecto al círculo de Bilderberg estamos en posición de hacer un pronóstico: su “quehacer” será cada vez más siniestro y destructivo. Junto con corromper absolutamente, el poder absoluto también enloquece por completo…

El soldado-máquina

Las dificultades de reclutamiento, las incesantes deserciones, el costo de las fuerzas mercenarias, etcétera, han forzado al “mundo civilizado” a una creciente tecnificación de la guerra. Foster-Miller corp. dio a luz “EL ROBOT GUERRERO”, capaz de perseguir y atacar al enemigo (BBC Report: US  plans “robot troops” for Iraq, 23-1-05). Aún suponiendo cierta exageración con fines propagandísticos, la tendencia es clara. Recientemente el Ministerio de Defensa británico convocó, con tentadores premios y fondos, a un concurso para seleccionar los mejores robots destinados a incorporarse a las filas (BBC Report: “Robots battle for military prize”, J.Fildes, 31-7-07)

Por otro lado, el sinnúmero de combatientes que han sufrido amputaciones ha conducido a sorprendentes logros, bien publicitados en la web por el Departamento de Defensa de EEUU. Ahí podemos observar, por ejemplo, cómo un ingeniero biomecánico enseña al sargento Ramón Padilla a usar armas de fuego con su prótesis, ya que de lo que se trata ahora es de “reciclar” el reducido contingente disponible: re-habilitar y reintegrarlos en el frente.

En Escocia Touch Bionics ha manufacturado “una mano biónica completamente funcional” que se ha colocado con éxito en los ex-soldados. Y la American Forces Press Service anunció, también en julio, prótesis con un avanzado sistema, provisto de mayores sensores y velocidad y de mejor memoria, para  2009.

Terremoto

En el terremoto del 16 de julio de 2006 la mayor central nuclear del mundo, la de Kashiwazaki-Kariwa (proveedora del 12 % del consumo eléctrico de Tokio) –ahora cerrada “por reparaciones” –, sufrió daños desastrosos: incendio, decenas de agrietamientos y múltiples escapes radioactivos, contaminando agua, suelo y atmósfera. La Tokyo Electric Power Co. guardó silencio sobre lo ocurrido y la globalización se encarga de que el “incidente” y sus indeterminadas víctimas caigan en el olvido.

notas:
1) P. Virilio, Cibermundo ¿una política suicida?, Dolmen, Stgo. 1997, p. 83.
2) Bill Hayton , “Inside the secretive Bilderberg Group”, BBC REPORT: 29-9-05.
3) Edgar Morin, E. Roger Ciurana y R.D. Motta, Educar en la era planetaria, Gedisa , Barcelona 2003, p. 11. La otra “hélice mundializadora” es: “las ideas humanistas y emancipadoras del hombre”.
4) Véase mi nota “La Carrera Espacial: control cibernético y fiebre sideral”, Futuros n· 7, primavera-verano 2004-2005, pp. 33-35.
5) Conferencia Lunar Internacional 2003. “The Hawai Moon Declaration”. Días después Bush visita la NASA y autoriza financiamientos para exploraciones a la Luna y a Marte, obteniendo un incremento presupuestario para la agencia “más allá de la tasa de inflación”. Guardian Weekly, 15-22 enero, 2004.
6) Ediciones B.  Título original: Flesh and Machines: how robots will change us ( Feb. 2002).
7) E. Morin, ob. cit,  p. 73
8) Ibíd , p. 110.
9) C.Gracie en “The Interview”, BBC World Service Radio, 16-9-07.
10) Ibíd. Véase además la entrevista a Hansen de Andrew Revkin, 29-1-06.
11) Financial Times, 19-12-06,  BBC World Service News, “Robots could demand legal rights”, 24-12-06.
12) Reporting Religion, 29-7-07.
13) “On a legal absurdity”, columna de G. Monbiot, Guardian Weekly, 19-25 oct. 2000.

Publicado en revista Futuros nº11, primavera-verano 2007, Río de la Plata. https://revistafuturos.noblogs.org

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HAARP: los ‘músicos’ que nos quieren hacer tocar el arpa

Desde hace unos años han recrudecido las notas que señalan algo tenebroso alrededor del proyecto HAARP, un engendro de los militares estaodunidenses para el control del clima con fines militares.

Por Luis E. Sabini Fernandez
luigi14@gmail.com

Las notas de quienes se han tomado el trabajo de recopilar elementos sobre el proyecto High-Frequency Active Aural Research (Programa de investigación activa de alta frecuencia de la aurora), que es a su vez parte del programa estratégico mayor, Guerra de las Estrellas, apuntan todas ellas a “preocupaciones”, indicios, atisbos, de semejante estrategia, que, faltos de pruebas de alguna concreción, se limitan a hacer un diagnóstico preocupante y a la vez quieren evitar presentar cargos que, sin verificación a la vista, puedan convertirse en flancos débiles a cualquier reacción. Por infundio, calumnia, etcétera.

“Nuestro” estimado Michel Chossudovsky (1) en un trabajo de 2005 ubica el origen de tales proyectos en 1992. (2) Otro estudioso del tema, Nick Begich, (3) en coaturía con Jeane Manning, en cambio, rastrea orígenes de estos planes en la década del 50, algo en lo que coincide el grupo-e en otra presentación reciente. (4)

Públicamente, como aclaran Begich y Manning en su trabajo, HAARP “da la impresión que se trata de un proyecto académico con el objetivo de modificar la ionosfera para mejorar la calidad de nuestras comunicaciones. Sin embargo, diversos documentos de origen militar expresan más claramente que el objetivo de HAARP es aprender a “explotar la ionosfera al servicio de los propósitos del Ministerio de Defensa [sic]”.
Lo cierto es que la Universidad Fairbanks, de Alaska, está empeñada en investigaciones de manipulación atmosférica sin precedentes desde los estallidos de las bombas atómicas.

Se estima que este programa, tan celosamente custodiado por los militares estadounidenses les permitiría proveerse de un tomógrafo cubriendo todo el planeta con el cual verificar a quien lo instrumente si hay o no proliferación nuclear, por ejemplo. Asimismo se podría rastrear aviones volando a muy bajo nivel o cruceros misilísticos, superando así las viejas formas de detección. El manejo de HAARP según sus titulares también habilitaría asegurar mejores y más amplias comunicaciones en áreas extremadamente extensas.
Pero ésas son las “actividades legales” o “a la vista” del proyecto. Para algunos científicos un uso desconsiderado de ondas electromagnéticas, incluidas en los proyectos HAARP, podría incluir cataclismos ambientales.

Antecedentes no faltan. Precisamente en vísperas de lo que cambió el estilo político del planeta con la “guerra al terrorismo” inaugurada en el WTC, el Weekly Telegraph en su edición (semanal) que salió el 5 de setiembre de 2001, reveló “un experimento que se había mantenido oculto en Inglaterra en 1952, y que luego de casi medio siglo salía a luz gracias a la puesta a disposición del público de información del estado hasta entonces confidencial”.
Un aguacero cayó entonces en una pequeña población del sur inglés, Lynmouth, “matando a 35 personas en una sola noche”. El artículo remata: “puede no haber sido un desastre natural”.

Los documentos oficiales hasta entonces confidenciales han permitido conocer planes de la RAF [Fuerza Aérea militar británica] para “precipitar precipitaciones” valga la cacofonía. Algo que las autoridades habían estado negando reiteradamente, pese a atisbos presentados por diferentes ex-miembros de la RAF.

El Ministerio de Defensa británico sostuvo tras lo publicado en el 2001 que no se pudo tratar de una tormenta inducida, y por lo tanto rehuyó toda responsabilidad por los 35 muertos, puesto que los estudios para modificar el clima no empezaron hasta 1954. En resumen: por un esguince cronológico de dos años, el gobierno excusaba toda responsabilidad pública, estatal… Dos años con el paso de las décadas parece una minucia, un esquive poco digno. Para remate, la BBC, al poner a luz los documentos antes secretos reveló que el Archivo Nacional británico se refería a experimentación e inducción climática… entre 1949 y 1955, lo cual es totalmente coherente con el comienzo de la Guerra Fría, pasada la cortísima primavera de posguerra. Tan enmarcados en la Guerra Fría estaban tales planes que en ellos se puede leer que la inducción de lluvias torrenciales estaba pensada “para entorpecer la marcha del enemigo” y ”para incrementar el cauce de los ríos e impedir su franqueo al enemigo” (programa radial de fines de agosto de 2001, BBC Radio 4, cit. p. Weekly Telegraph, ibíd.).

Para terminar con los esquives de responsabilidad institucional, el mismo artículo nos recuerda que a su vez el Science Monitor atribuye los primeros experimentos para desencadenar lluvia a la década de los ’40 en EE.UU. bajo el nombre “Project Cirrus”, conducido por General Electric y encabezado por Irving Langmuir, premio Nobel en Química del año 1932, un especialista en el estudio de las nubes, en la creación de aparatos de descarga de electrones, bombas de vacío, soldadura de hidrógeno atómico y en la producción artificial de lluvia…

Pero no se trata sólo de investigar cuán lejos se ha llegado con el proyecto HAARP, y desde cuánto tiempo se ha estado trabajando en ello. Se trata de ver la mentalidad dominante en las capas militares que procuraron adueñarse del planeta en 1945, que tuvieron un cierto eclipse, por empate al menos aparente de fuerzas con el bloque soviético durante la Guerra Fría, y que a partir de los ’90 otra vez se han sentido los amos indiscutidos, excluyentes.

En un período geopolíticamente similar a éste que estamos viviendo, de unipolaridad, que va de mediados de los 40 hasta comienzos de los ’50 (en 1952 la URSS detona su primera bomba de hidrógeno y se acaba la primacía que creían haber cosechado los estadounidenses para un largo período…), el mundo, igual que ahora, estaba pletórico de candidatos a confrontar con la hegemonía norteamericana. En aquel entonces, todavía “calientes” los planteos racistas (aunque erradicados del vocabulario, junto con la caída ignominiosa del nazismo), los militares se dedicaron a buscar armas étnicas, por ejemplo. De esa época son precisamente el Proyecto Cirrus y la Operación Cumulus.

La necedad y el racismo fueron tan consustanciales al militarismo estadounidense, que había entrevisto con la segunda posguerra el principio de su universalización, que gastaron millones en procurar rastraer virus o bacterias que dañaran a las razas “negra” o “amarilla” dejando indemnes a los blanquitos. Uno de esos proyectos se denominó “Who, me?” e imaginaba encontrar sustancias que vertidas al aire (en un aeropuerto, por ejemplo) hicieran que un chino o un jap despidieran un olor apestoso que por supuesto, presuponían, no iba a desprenderse de los cuerpos blancos. El proyecto, con cierta lógica, aunque también afortunadamente, no encontró las ansiadas sustancias, pero da cuenta de la mentalidad de los dueños del poder, mentalidad que por cierto perdura por encima, o debajo, de coyunturas polìticas o cambios epocales. Salió a luz cuando algunos de los experimentos militares terminaron con la vida de algún civil de los rociados en espacios públicos con sustancias de experimentación y sin aviso, es decir usando a su población como cobayos.1 Cuando los papeles confidenciales de aquella época salieron a luz, en la década de los ’80, se tuvo un panorama de la amplitud de las técnicas militares puestas al servicio de la preponderancia estadounidense.

También la soberbia caracterizó la estrategia militar norteamericana.
La ingeniería genética, por ejemplo, fue entrevista como la posibilidad inagotable de producir agentes patógenos irresistibles, mediante modificaciones genéticas que los hicieran irreconocibles a las defensas biológicas naturales, tradicionales o adquiridas mediante medicamentos. Hay frases que dan el sentido de esa aspiración al poder absoluto: “La ingeniería genética empuja el potencial de crear patógenos nuevos hasta el infinito”; “La barrera moral para la guerra biológica ha sido franqueada”, la primera pertenece a un “informe” del Depto. de Defensa [sic] de EE.UU., en general más conocidos, vaya uno a saber por qué, por sus funciones ofensivas, y la segunda, una escaramuza ética del director de la CIA de los ’80, suponemos que etólogo William Webster…
Los proyectos étnicos, así como los bioquímicos pertenecen exactamente a la misma época que el Proyecto Cirrus y la Operación Cumulus que hemos espigado.

Y es a la luz del modus operandi, sistémico, de los mandos militares estadounidenses que tenemos que juzgar la posibilidad, la probabilidad, la certeza de estrategias de dominio climático, de poder militar a través de modificaciones climáticas.
Integrar entonces los datos fraccionados que se conocen, como los que presentamos sucintamente, con esta estrategia o cosmovisión con aspiraciones al dominio planetario que ha caracterizado a la élite de EE.UU. y que, de alguna manera, ha tenido éxito en llevarla a cabo. Con las armas sofisticadas que estamos repasando, con las más tradicionales de los bombardeos o sencillamente con el poder cultural que han sabido diseminar en el mundo entero, al punto que hoy en día podemos hablar, mal que nos pese, de una americanization de, en mayor o menor medida, todas las sociedades humanas.

El antídoto está en nosotros. Conciencia, resistencia, forja de otros vínculos. No aceptar que un país sea doblegado mediante el clima. Como tampoco deberíamos aceptar que fuera doblegado por hambre o enfermedades, como el sur sahariano, o por los bombardeos, “convencionales” o nucleares. Perdimos con Irak. No deberíamos perder con Irán. El universo de los agresores debería ser conmovido por nuestra reacción: no se puede agredir impunemente y proseguir “como si nada”, la “vida cotidiana”. La de ellos, y la nuestra.

notas:
1) “Falsedades globales: como el BM y el PNUD distorsionan las nociones de pobreza planetaria”, futuros, nº 2, invierno 2001.
2) “La nueva «arma de destrucción masiva», manipulación del clima con fines militares”, Global Research, Canadá.
3) “The Military Pandora’s Box”, www.haarp.net
4) El proyecto HAARP o la tierra en peligro www.formarse.com.ar/conspiraciones/proyecto_haarp.htm

https://revistafuturos.noblogs.org

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