Guía para identificar los transgénicos de nueva generación en alimentos y cosméticos

Guía para los consumidores sobre biología sintética

Los organismos genéticamente modificados (OGMs) han estado presentes en nuestra comida por 20 años, pero comenzaron a cambiar hace poco tiempo, pues las grandes corporaciones están interfiriendo con la naturaleza en formas nuevas y más riesgosas. Por ejemplo, pueden modificar ahora una especie (animal o vegetal) borrándole genes, desactivándolos o, incluso, creando secuencias de ADN enteramente nuevas en una computadora.

Algunas compañías hacen esto con biología sintética: un nuevo campo de la ingeniería genética que se encarga de producir compuestos artificiales que saben o huelen como sustancias conocidas por todos, pero que no provienen de fuentes naturales. Por ello llamamos a la biología sintética una “ingeniería genética extrema” y a sus productos, OGMs 2.0.

Los OGMs 2.0 ya se están incorporando a nuestros alimentos y cosméticos, ¡pero sin aviso alguno! Incluso puede ocurrir que se los etiquete como ingredientes “naturales”.

Lo que necesitamos saber sobre los OGMs 2.0

Entre los ingredientes de la biología sintética que ya están incorporados en los productos (o están por introducirse) se encuentran versiones sintéticas de la vainilla, el azafrán, la stevia, el aceite de rosas, el pachuli, el humectante a base de escualano y sustitutos de ingredientes de origen animal.

Esta guía nos orientará sobre las preocupaciones generadas por estos productos y cómo evitar los artículos con ingredientes provenientes de la biología sintética.

Algunos ejemplos de transgénicos 2.0 incluyen:

· Aceite de colza (canola) editado genéticamente: la eliminación de una pequeña sección del ADN de la planta de la colza la vuelve resistente a los pesticidas. Debido a que se le suprime ADN en lugar de añadírselo, hay quienes argumentan que “no es un transgénico”, aún cuando es resultado de un proceso de ingeniería genética.

· La stevia de biología sintética: una levadura genéticamente modificada produce una sustancia que se encuentra en la stevia. Este producto, llamado EverSweet, puede ser vendido como “natural” o como “derivado de la fermentación”.

· Manzanas de genes silenciados: Un gen se desactiva en las manzanas para que éstas no adquieran un color marrón al oxidarse. Estas manzanas genéticamente modificadas se aprobaron recientemente para su venta en Canadá y Estados Unidos.

Grupo ETC
04 de Septiembre de 2017

fuente: http://www.etcgroup.org/es/content/new-guide-ids-gmos-20-food-and-cosmetics

Informe en PDF (12 pp.)

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Vivir intoxicados, un mal de época

“En mi larga experiencia clínica he podido comprender que los grandes afectos tienen mucho que ver con la resistencia a las infecciones.” Sigmund Freud

1. Lo tóxico

a. Formas. A veces se introduce en el organismo con los alimentos, a veces se manifiesta a través de las emociones, a veces de los pensamientos. Lo contaminado, lo tóxico se filtra en la vida cotidiana mutando para que nuestros cuerpos, nuestras antenas no reconozcan el formato. Los receptores para lo tóxico no estuvieron atentos, tal vez estén fumigados, confundidos, desorientados. En lugar de fumigar a los emisores y transmisores de toxinas, nos fumigaron los receptores, las antenas. ¿Error? Cada vez creo menos en los errores.

b. Los especialistas. Hay personas que se especializan en saber. Ellos saben sobre vos, saben qué te conviene hacer para estar sano y formar parte de un mundo feliz. Lo dicen desde la pantalla de un televisor, desde una radio, desde las páginas de un periódico. Te anuncian, te recomiendan, te avisan, te informan sobre qué deberías consumir. También te aconsjean sobre todos alimentos más sutiles: “No sientas eso”. “No pienses eso”. “Eso” es aquello que puede perjudicarte según un especialista que no te conoce.

c. Pensamientos. “Si lo hubiera hecho antes”. “¿Por qué lo habré hecho?”. “Tendría que…” Pensamientos que prueban la infección en mí, la dificultad que atravieso, ésa que me impide indagar entre lo que fui entonces cuando hice o no hice tal cosa y lo que soy ahora que estoy sentada en una silla, alejada de los hechos y escribiendo una nota. ¿Para qué me servirá pensarlo? Tal vez para no vivir el presente. Esta respuesta tampoco me conforma, es una frase hecho. Digo…

d. Tato. Eduardo “Tato” Pavlovsky hablaba de gente tóxica, mucho antes que algunos libros que circulan. Cuando estaba frente a una persona que consideraba tóxica, que le hacía preguntas que no quería contestar, solía decir>: “Hacer dintel” alejándose del personaje poco a poco y silenciosamente.

e. Sorpresa. ¿Se puede prevenir la entrada de esos virus al organismo? Casi siempre te das cuenta del virus cuando lo tenés adentro. No hay vacunas contra los pensamientos y sentimientos tóxicos en uno, sólo el reconocimiento de las debilidades, de lo que algunos poetas y filósofos llaman la flaca salud. La distinción entre lo que puedo y lo que no puedo no siempre es posible en momentos de cansancio, por ejemplo. Desde el cansancio los límites son borrosos, confusos.

f. Protecciones. A algunos les sirve no encender el televisor y de la radio sólo oír algunos programas. Cuidado con las redes que contagian virus, lo estoy padeciendo. Contener el impulso licencioso por el Whatsapp. Agruparse con los que piensan como uno, aún con diferencias. A veces saltarse estas reglas.

g. Daño en el tono vital. Estrés de los receptores sensibles -sordera, insensibilidad, adormecimiento- por efecto de un exceso de estímulos. El estrés en los receptores no permite oír las alarmas. Ya no dinstinguís entre lo que envenena y lo que es un buen alimento, sean sensaciones, emociones, reacciones o actos.

2. La Ecosofía. Félix Guattari y “Las Tres Ecologías”

(…) Ocurre que el sustento (de la ecosofía), la contaminación en el campo de las ideas, es uno de los pilares de la Biopolítica y por tanto de mis intereses fundantes de estos tiempos. Leemos en “Las Tres Ecologías”, el libro de Guattari:
“Aunque recientemente hayan iniciado una toma de conciencia parcial de los peligros más llamativos que amenazan el entorno natural de nuestras sociedades, en general se limitan a abordar el campo de la contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática. Sólo una articulación ético-política, que yo llamo, Ecosofía, entre los tres registros ecológicos: el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de clarificar convenientemente estas cuestiones.”

El libro de de Guattari trae un epígrafe de un libro de Gregory Bateson, zoólogo en sus orígenes , y con un amplio recorrido en las ciencias sociales y en la teoría de la comunicación entre otras disciplinas. Un verdadero transdisciplinario. Bateson publicó en los años ’70: “Pasos para una ecología de la mente”, que ya desde el título nos sitúa en el pensamiento que lo organiza y de allí el epígrafe mencionado:
“Existe una ecología de las ideas nocivas así como existe una ecología de las hierbas dañinas.”

Para Félix Guattari, la crisis del medio ambiente, tal como se la considera, muestra la superficie de una problemática más profunda. Se trataría del vínculo de los seres humanos con la naturaleza y con el ambiente social que los rodea, en lo micro y en lo macro. Una ecología de lo mental, de lo social, y de lo político.

En este sentido, según Guattari, cobran relevancia los medios de comunicación y su tendencia a “marcar agenda” dándole visibilidad a algunos temas y silenciando otros, homogeneizando los modos de pensar, los estilos de vida, los modos y en especial los estereotipos “ideologizantes” de la engañosa equidad del Mercado, que contaminan con la idea de que existe una regulación natural, una autorregulación que permitirá que la vida sea vivible a nivel planetario.

Guattari considera contaminación en el campo de las ideas a la penetración cultural, la producción de una subjetividad atravesada por ciertos modos que infantilizan, que se filtran en la mente de las personas, en sus vidas cotidianas, en sus valores, en sus creencias sobre el éxito, sobre la eficacia, sobre qué es verdad, introducidos por los medios de comunicación y por la industria del espectáculo.

Para combatir esta alienación y “embrutecimiento colectivo”, Guattari propone singularizarnos individual y colectivamente, explorando nuevas formas de relacionarnos con los otros seres vivos -no necesariamente humanos- y con nosotros mismos, enriqueciéndonos de ese modo para desarrollar la biodiversidad necesaria para la vida misma; diversidad de ideas, de formas de intercambio, de dinámicas relacionales, de maneras de vivir, etcétera.

La ecosofía intenta sumar al ecologismo una dimensión social y mental para impulsar un cambio profundo de la visión del mundo y lograr conformar la base para una nueva filosofía en el siglo XXI.

“Las tres ecologías” es un libro breve pero de difícil lectura -como toda la escritura de Guattari en general- repleta de neologismos, términos psicoanalíticos, relaciones a múltiples niveles y operaciones deconstructivas, pero que en su planteamiento general y más accesible -para quienes no han profundizado en la obra de Guattari- nos quiere hacer entender que la diversidad es la base del ecosistema, considerado éste en su sentido amplio, abarcando la esfera ambiental, social y mental para hacer patente la profunda conexión e interdependencia de todo lo que nos rodea y conforma.

3. Biopolítica en Foucault, lo macro y lo micro

a. Lo corporal. Estás en el campo de lo corporal. Ves cuerpos circulando en el territorio. Cuerpos portadores de vida y también de no vida. La tarea es darle más lugar a la vida. Trabajás para que la vida circule en el cuerpo, en el cuerpo de los otros y en tu cuerpo. Y eso es hacer política: disponer tus herramientas profesionales al servicio de una vida más vivible.

b. Lo biopolítico. Se trata de mi cartografía personal de mi libro de viaje por lo corporal, del lente que abre mi mirada. Lo Micro me lleva por el camino de las emociones, de las sensaciones, de las percepciones, de los afectos. Lo Macro circula por el histórico social, el paisaje en el que los cuerpos se mueven, viven, sueñan, trabajan, se relacionan, se proyectan.

c. Control social. Michel Foucault nos propuso el nombre de Biopolitica refiriéndose al ejercicio de las políticas de control social sobre las formas de vida, dicho de otro modo simple. Por intermedio de este concepto, él investigó diversos modos de ejercicio del Poder y los mecanismos de control, en escalas diferentes, que se ejercen sobre los modos de nacer, de vivir y de morir, de relacionarse las personas en las distintas sociedades y tiempos.

d. Molar y molecular. El argumento de Foucault tiene un nivel molecular, sutil, de lo que pasa inadvertido por lo ínfimo: son los controles que se introducen de varias maneras en la vida privada, en las personas, en las familias. Moleculares son los controles imperceptibles, no te das cuenta y te hacen actuar, pensar, sentir cuando en apariencia hacés lo que te dicta tu conciencia, tu deseo. Justamente por eso son moleculares, porque manipulan la conciencia y el deseo. Además están los controles molares, explícitos y frente a ello podemos estar más conscientes, la resistencia es más fácil. Prohibido circular, prohibido disentir… En todas las organizaciones que detentan Poder, sean de beneficencia, sean profesionales, sean políticas o de otros formatos, funcionan los dos niveles: una dimensión molecular subjetiva y una dimensión molar social y política.

e. CMI. El Capitalismo Mundial Integrado, tal como denominan Deleuze y Guattari (no sólo ellos) a estas nuevas formas del Capitalismo, propagan un virus. Ese virus -como otros- no lo ves, lo actúas. Estados para los que la inversión en áreas importantes del sostén poblacional es un gasto, hacen circular el miedo: miedo a perder el trabajo, a no poder contar con una protección social a la salud, a la educación, miedo a perder el derecho a una vida confiable y protegida. Te sentís desamparado y creés que estás solo. Como consecuencia de ese miedo, deviene la infección del silenciamiento de los ideales, la impotencia, la postergación, la resignación… Pasiones tristes.

f. Los Medios de Comunicación. Cada vez más a través de lo que se señala como Cuarto Poder llegan los efluvios de una fuerte contaminación de las ideas. Los Medios formatean a las personas, en el núcleo más profundo de la subjetividad. A través de ellos se afecta, se controla a las instituciones escolares, culturales, de salud, de defensa y otras. Así, tal vez, y sin que nos demos cuenta, somos inoculados por la penetración y el consumo de “ideas nocivas”, como decía Bateson.

g. Biopoder. Cuando las defensa actúan estamos en el área del Biopoder, de los anticuerpos. Así podrían serlo las charlas amigables con quienes, piensan parecido o diferente de nosotros, la lectura de los medios de comunicación con opiniones diversas, las juntadas en las plazas, en las calles y si es posible la elaboración de un pensamiento propio para lo cual un devenir Robinson Crusoe no estaría mal. Esta propuesta es de algún modo similar a la que expresa Guattari en la Ecosofía.

4. Los Curie y el encantamiento de lo tóxico

La novela “La ridícula idea de no volver a verte”, de la escritora española Rosa Montero, aborda un segmento de la vida de los Curie a partir del diario que Marie Curie comenzó a escribir a la muerte de su esposo.. Tanto Marie Curie como Pierre, y luego la hija de ambos, mueren por efecto del radio, un efecto evidente, que ellos negaron al punto de dormir con el radio en la habitación, muy cerca de sus camas.

Transcribo un párrafo de ese diario donde aparece un aspecto de lo tóxico que todavía no he abordado en la nota; su atracción, el encantamiento que te impide calibrar riesgos:
“Sentimos una alegría especial al observar que nuestros productos que contenían radio concentrado se volvían espontáneamente luminosos. Mi marido, que esperaba ver hermosas coloraciones, tuvo que estar de acuerdo en que esta otra característica inesperada le dio aún más satisfacción… (esos productos) fueron dispuestos en mesa y tableros (en el laboratorio): por todas partes podíamos ver siluetas ligeramente luminosas y ese brillo, que parecía suspendido en la penumbra, despertó en nosotros nuevas emociones y encantamiento.”

Susana Kesselman*
revista Kiné

* Es licenciada en Letras, Eutonista, Asesora del Centro de Psicoterapias Operativas. Autora de numerosos libros, entre ellos: Dinámica Corporal, El Pensamiento Corporal, El Cuerpo en Estado de Arte, y las novelas La Sudaca y Crónica de un éxito.

Artículo publicado en revista Kiné, año 25, Nº 122, junio-agosto 2016. http://www.revistakine.com.ar

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Cuerpos y toxinas

(…) Nuestras prácticas corporales están dirigidas a cuestionar ideas preestablecidas sobre la salud, la normalidad y la felicidad de los seres que nos consultan. Los poderes políticos siempre han usado técnicas corporales de dominación más duras o más blandas: guerras, discriminación, propagandas, modos de trabajo y producción, discursos científicos, etc.

Castoriadis planteaba que las representaciones imaginarias de la sociedad son producciones que le dan identidad y cohesión; también aquellas que pueden ser vistas como monstruosas, detestables o tóxicas. Es así que un “chivo emisario” ha podido unir a las masas en manifestaciones de odio, incluso crueldad.

Asistimos en las últimas décadas a una multiplicación de las luchas en este plano, el de las creencias. Las ideas son discutibles, analizables, los argumentos se trabajan pero las creencias se in-corporan, son viscerales, no se piensan, se actúan. Más bien una creencia nos domina, impulsándonos a hacer y decir, dando por cierto cuestiones que no nos detenemos a reflexionar; las damos por verdades y punto. En este sentido podemos decir que las certezas ideológicas actúan en el cuerpo social al modo de un veneno, que va invadiendo de a poco, contaminando las conciencias, una sustancia tóxica que nos va tomando impidiendo los interrogantes.

Así pasó en la Alemania de Hitler, en la dictadura del ’76 que casi sin cuestionamientos nos llevó a una triste guerra por Malvinas. Así en Medio Oriente los fanatismos religiosos se cobran víctimas. Así en la historia del mundo, muchas veces, la razón fue desplazada por la pasión. No toda pasión nos cuida.

¿Qué es lo tóxico?

Lo tóxico es generalmente una sustancia, droga o pócima que produce daño, que lastima. El organismo humano utiliza mecanismos fisiológicos al servicio de aliviarse de lo que lo deteriora, lo ensucia; desde esos reflejos automáticos (vomitar, excretar, cerrar los ojos ante el excesivo resplandor) hasta otros que incluyen a varios sistemas u órganos para reconocer y eliminar lo que daña o irrita. En general, todos los procesos del enfermar y del curar tienen que ver con el trabajo de lo tóxico sobre uno y de uno sobre lo tóxico. Las “idishes mames” de todo origen son esos seres expertos en tés con limón, calditos de pollo, baños tibios y otros secretos para paliar malestares, dolores y descomposturas.

Pero si pensamos en el cuerpo ya no es tan sencillo definir qué es lo tóxico ni que relaciones establecemos con lo perjudicial. Lo corporal se construye en nuestra historia vincular. libidinal (quiero decir amorosa, con objetos que son personas, otros, ¡qué problema!). Lo corporal se realiza en un mundo de cultura, donde los valores y costumbres imperantes ordenan, socializan, “disciplinan” el cuerpo. Lo corporal es también imaginación sobre el organismo, creatividad, invención continua… Lo corporal es psiquismo en actividad, en constante producción.

Diversos autores (Freud, Reich, Lowen, etc.) utilizan como metáfora la imagen de la ameba, para pensar a la persona como totalidad o al psiquismo en sus inicios. Coinciden, en imaginar ese organismo, origen de lo vital, dentro de un ambiente. Esta vitalidad adquiere dos movimientos fundamentales en relación a ese entorno: uno de expansión hacia lo útil, y otro de contracción frente a lo hostil, dañino o tóxico. Asimilación y evacuación, las primeras tareas biológicas de las células, adquieren una complejidad y multiplicidad muy grandes si las pensamos desde los procesos psíquicos originados en la vulnerabilidad inicial de un ser humano: la célula reacciona a un ambiente químico, climático, con texturas, espacios y tiempos bastante previstos por la naturaleza; el bebé responde a miradas que aprueban o rechazan, a brazos que pueden sostener o dejar caer, a voces que a veces canturrean y a veces gritan… La cosa se complica tanto desde un lado (célula-bebé),como del otro (ambiente-madre-cultura).

Freud ya en sus textos tempranos explica como el psiquismo se va construyendo en el eje placer-displacer; en esta tarea de acercarse a lo placentero y huir del displacer, o de lo peligroso. Se organizan así espacio psíquicos, sistemas de defensa, producciones conscientes e inconscientes.

Wilhelm Reich en su clásico libro “La función del orgasmo”, analiza las condiciones en que la energía vegetativa se transforma en ira, angustia o temor. Investiga el funcionamiento del sistema nervioso autónomo en sus acciones simpática y parasimpática, la neurología y sus efectos condicionando las reacciones biológicas; el impacto del stress y las emociones sobre los órganos:
“Examinando detalladamente la complicada inervación de los órganos encontramos que el parasimpático opera dondequiera haya expansión, elongación, hiperemia, turgencia y placer. A la inversa, el simpático se encuentra funcionando dondequiera el organismo se contrae, retira sangre de la periferia, donde hay palidez, angustia o dolor”.

Estos funcionamientos de nivel fisiológico se experimentan a nivel psíquico como placer o displacer. Reich ha sido un autor muy cuestionado, pero no es es necesario estar de acuerdo con todas sus manifestaciones ni experimentos para reconocerle una gran coherencia y honestidad intelectual. Fue uno de los primeros en tratar de superar la disociación cuerpo-mente y de afirmar una unidad funcional y a la vez antitética del organismos total.

Es en el juego de deseos y evasiones, de cargas y descargas como se va haciendo cuerpo en la vida, porque la forma de huir de lo que nos intoxica en lo corporal es transformar las cantidades de estímulo en calidad, imagen, ideas, sueños, síntomas, representaciones: traducimos la biología a una poética del cuerpo, somos a la vez personajes y autores del cuento de nuestras vivencias corporales.

“La hipocresía mata tanto como la sustancia” Lo dijo hace pocas semanas Félix Crous (titular de la Procuraduría Adjunta de Nacrocriminalidad), a raíz de la tragedia en una fiesta electrónica donde se intoxicaron varios jóvenes. Consumo de drogas sí, pero también desidia, mercantilismo y descuido. Hipocresía de los responsables.

Lo que llamamos “realidad” tiene también sus cuestiones tóxicas, envenenamientos en el trabajo, en la familia, en las noticias. Los medios. La manipulación de la información. ¿Será que una noticia me puede envenenar? ¿Será que una creencia puede anular mis capacidades de percibir, de pensar libremente? ¿Será que hay algo en los seres humanos que nos hace neuróticamente vulnerables a la mentira y al engaño?

Hace varios siglos atrás, en Amsterdam, el filósofo Baruj Spinoza nos legó sus ideas que hoy son plenas de sentido: para él no nacemos libres, ni sabios. Somos seres que estamos a merced de nuestros encuentros, con cosas, con personas. Hay encuentros que me potencian, me hacen bien, me convienen; otros en cambio, me afectan negativamente, disminuyen mis capacidades de actuar. Mis conocimientos provienen de mis experiencias, de la experiencia de mis capacidades, qué puedo, qué me afecta en beneficio, qué me causa dolor. Haré según mi capacidad. Lograremos un saber según nuestras experiencias en relación a otros cuerpos, aprenderemos cuáles de esas relaciones me constituyen, pertenecen a mi esencia, potencian mis capacidades.

Y cuáles son relaciones que me descomponen, qué me producen tristeza. Hay relaciones que envenenan, dice Spinoza. Ya que alteran mis relaciones esenciales. Y toma un ejemplo antiguo y le cambia el sentido de un modo genial: Adán y la manzana, considerado por las lecturas religiosas como el primer pecado y la primera prohibición, dice Spinoza que dios no prohíbe nada, le otorga a Adán una revelación, le ofrece un conocimiento., advirtiéndole el efecto nocivo que comer la manzana de ese árbol tendría sobre su cuerpo: la manzana es un veneno para Adán, descompondrá sus relaciones esenciales, transformando sus vínculos con la naturaleza y con los otros seres.

No hay culpa en este señalamiento, el “mal” es para Spinoza aquello que me descompone, el trabajo de la Razón será ir comprendiendo esos efectos y buscar lo que simplemente “me haga bien”, me potencie, me dé alegría. Spinoza avanza aún más. Nos dice que el ejercicio del Poder se acompaña de la necesidad de inspirar en los súbditos las pasiones de tristeza. En esto se asemeja al déspota, el tirano y el sacerdote que imparte un dogma. Necesitan seres sumisos, tristes en el sentido de haber suprimido sus potencias de acción.

Para el psiquismo, la palabra puede envenenar. Para lo social, también. Hay grados de toxicidad que no ayudan a hacer-cuerpo: una pérdida significativa, una situación no comprendida, un episodio no hablado, una vivencia excesivamente fuerte para el ser en construcción, pueden permanecer como un “cuerpo extraño” difícil de eliminar. El miedo, la mentira, la violencia, lo que interrumpa el ritmo espontáneo del vivir aparecerán sin duda, en la clínica corporal como inhibiciones serias, limitaciones de movimiento o un exceso desordenado y ansioso.

La falta de un cuerpo político social, de un cuerpo-estado que sostenga y estimule el desarrollo puede aparecer como una sombra oscura que amenaza cada proyecto con el veneno de la depresión o con el sentimiento de debilidad corporal y poca energía: ahogos, sofocos de angustia, opresiones en el pecho, en la garganta serán expresiones de lo que no se pudo “drenar” de otra manera. El dolor, la soledad o la confusión pueden ser intolerables, destruyendo lazos con el cuerpo, disociando lo mental, perdiendo el anclaje en la realidad compartida.

No será fácil para el terapeuta acompañar ese proceso, entrar en ese dolor, “prestar” cuerpo y palabras que ayuden a filtrar lo enquistado: tal vez tenga que hacer un continuo “ejercicio” de contactar y tomar distancia, alojar lo tóxico y buscar más que eliminarlo, disolverlo. Que los cuerpos puedan reapropiarse de sus capacidades.

Mónica Groisman*

* Licenciada en Sociología, Terapeuta Corporal y Psicoanalista.

Artículo publicado en revista Kiné, año 25, Nº 122, junio-agosto 2016, Buenos Aires, Argentina. http://www.revistakine.com.ar/sum25.html

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10 razones para decir no a los transgénicos

Los promotores de los transgénicos (organismos genéticamente transformados = OGT), prometen que éstos serán más nutritivos, aumentarán las cosechas y disminuirán el uso de químicos, y por ello, son la solución para el hambre en el mundo. Deberíamos, nos dicen, aceptar los riesgos que conllevan, ya que todas las tecnologías tienen riesgos y siempre hay quienes no comprenden la ciencia y se resisten a los cambios.

La realidad de los transgénicos nos muestra que no cumplen con ninguna de estas promesas. Por el contrario, producen menos, usan más químicos, generan nuevos problemas ambientales y de salud, crean más desempleo y marginación, concentran la propiedad de la tierra, contaminan cultivos esenciales de las economías y las culturas, como el maíz, aumentan la dependencia económica y son un atentado a la soberanía.

1. La ingeniería genética se basa en más incertidumbres que conocimientos

Los transgénicos son organismos a los que se les ha insertado material genético, generalmente de otras especies, por métodos que jamás podrían ocurrir en la naturaleza.

Estudios recientes, aparecidos en publicaciones científicas (1) postulan que los dogmas centrales de la genética desde la década de 1950, podrían estar fundamentalmente equivocados. Lo grave es que sobre este dogma central ¿equivocado? se están produciendo a gran escala organismos transgénicos que van a parar a nuestros alimentos, medicinas y a la biodiversidad circundante.

La tecnología de la ingeniería genética tiene tantas incertidumbres y efectos colaterales impredecibles, que no podría llamarse ingeniería ni tecnología. Es como construir un puente tirando bloques de una orilla a la otra, esperando que caigan en el lugar correcto. Durante el proceso aparecen todo tipo de efectos inesperados y los dueños de esta obra, aseguran que no hay evidencias de que tengan impactos negativos sobre la salud o el medio ambiente, y que los que los cuestionan no son científicos. La realidad es peor, porque los transgénicos no son inertes, sino organismos vivos que se reproducen en el ambiente, fuera de control de los que los han creado.

2. Conllevan riesgos para la salud

Si usted fuera a una tienda y viera un anuncio de galletas que dice “no hay pruebas de que sean malas para la salud”, ¿las compraría? Yo no. Y creo que nadie más. Por supuesto, la industria biotecnológica no está buscando estas pruebas. Científicos independientes, como el Dr. Terje Traavik de Noruega, han encontrado en 2004 resultados alarmantes: alergias en campesinos debido a que inhalaron polen de maíz transgénico (2).

Pero la verdadera Caja de Pandora, son los efectos impredecibles: ni los que construyen transgénicos saben qué efectos pueden tener en la salud humana y animal, al recombinarse, por ejemplo, con nuestras propias bacterias o ante la posibilidad de que nuestros órganos incorporen parte de estos transgénicos, como ya ha sucedido en pulmones, hígado y riñones de ratas y conejos. (3)

3. Tienen impactos sobre el medioambiente y los cultivos

No hay casi estudios sobre los impactos en los cultivos y en el medioambiente. Sin embargo, es claro y tristemente demostrado con la contaminación transgénica del maíz en México, que una vez que los transgénicos sean liberados, contaminarán los demás cultivos, por polen, viento e insectos. Los cultivos insecticidas pueden afectar a otras especies que no son plaga de los cultivos,tal como se comprobó que el polen de maíz Bt afecta a las mariposas Monarca— y en países de gran biodiversidad, los riesgos se multiplican.

En varias de las plantas de maíz contaminadas que se han descubierto en México, se notaron deformaciones.

4. No solucionan el hambre en el mundo: la aumentan

Según los promotores de los transgénicos, deberíamos aceptar todos estos riesgos, porque necesitamos más alimentos para la creciente población mundial. Pero la producción de alimentos no es la causa del hambre en el mundo. Actualmente se producen el equivalente a 3,500 calorías diarias por habitante del planeta: cerca de 2 kilos diarios de alimentos por persona, lo suficiente para hacernos a todos obesos. (4) El hambre en el mundo no es un problema tecnológico. Es un problema de injusticia social y desequilibrio en la distribución de los alimentos y la tierra para sembrarlos. Los transgénicos aumentan estos problemas.

5. Cuestan más, rinden menos, usan más químicos

Desde que Estados Unidos comenzó con los transgénicos en 1996, el uso de agroquímicos aumentó en 23 millones de kilos.

Los cultivos transgénicos también producen menos. El cultivo más extendido, que es la soya tolerante a herbicidas (61% del volumen de transgénicos en el mundo) produce entre de 5 a 10% menos que la soya no transgénica. (5)

Las semillas transgénicas son más caras que las convencionales. Esto hace que en algunos casos, aún cuando provisoriamente haya un pequeño aumento de producción, éste no compensa el gasto extra en semilla. La industria biotecnológica arguye que esto no puede ser verdad (¡aunque lo sea!), porque entonces los agricultores estadunidenses no usarían estas semillas. Lo cierto es que la mayoría no pueden elegir, ya no tienen sus propias semillas, hay falta de opciones en el mercado y tienen fuertes ataduras con las multinacionales semilleras.

6. Son un ataque a la soberanía

Prácticamente todos los cultivos transgénicos en el mundo están en manos de cinco empresas transnacionales. Son Monsanto, Syngenta (Novartis + AstraZeneca), Dupont, Bayer (Aventis) y Dow. Monsanto sola controla más de 90% de las ventas de agrotransgénicos. Las mismas empresas controlan la venta de semillas y son las mayores productoras de agrotóxicos. (6) Lo cual explica porqué más de las tres cuartas partes de los transgénicos que se producen en realidad —no en la propaganda— son tolerantes a herbicidas y aumentan el uso neto de agrotóxicos.

Aceptar la producción de transgénicos significa entregar a los agricultores, de manos atadas, a las pocas transnacionales que dominan el negocio y enajenar la soberanía alimentaria de los países.

7. Privatizan la vida

Todos los transgénicos están patentados, la mayoría en manos de las mismas empresas que los producen. Esto significa un atentado ético, en tanto son patentes sobre seres vivos, y además son una violación flagrante a los llamados “Derechos de los Agricultores” reconocidos en Naciones Unidas como el derecho de todos los agricultores a guardar su semilla para la próxima cosecha. Las patenten impiden esto y obligan a los agricultores a comprar semillas nuevas cada año. Si no lo hacen, se convierten en delicuentes. Las empresas multinacionales de transgénicos tienen iniciados cientos de juicios a campesinos de Norteamérica, por “uso indebido de patente”.

8. Lo que viene: semillas suicidas y cultivos tóxicos

La próxima generación de transgénicos incluye cultivos manipulados para producir sustancias no comestibles como plásticos, espermicidas, abortivos, vacunas. En Estados Unidos hay más de 300 experimentos secretos (pero legales) de producción transgénica de sustancias no comestibles en cultivos: fundamentalmente en maíz. Se nombra la producción de vacunas en plantas como si esto fuera algo positivo: ¿pero qué sucedería con estos farmacultivos si se colaran inadvertidamente en la cadena alimentaria? La mayoría de nosotros ha sido vacunado contra algunas enfermedades -¿pero se vacunaría usted todos los días? ¿qué efectos tendría esto?. Ya se han producido escapes accidentales de estos cultivos.

En México, la siembra de maíz transgénico está prohibida y sin embargo desde el 2001 se ha encontrado contaminación del maíz campesino en varios estados de la república, al Norte, Centro y Sur del país (7). ¿Cómo sabremos que no sucederá con estos maíces? ¿Quién lo va a controlar, si las propias autoridades de la Secretaría de Agricultura firmaron en noviembre del 2003 un acuerdo con Estados Unidos y Canadá que les autoriza hasta un cinco por ciento de contaminación transgénica en cada cargamento de maíz importado que entra a México?

Las empresas que producen transgénicos están desarrollando diversos tipos de la tecnología “Terminator”, para hacer semillas “suicidas” y obligar a comprarlas para cada siembra.

9. La coexistencia no es posible ni el control tampoco

Tarde o temprano, los cultivos transgénicos contaminarán todos los demás y llegarán al consumo, sea en los campos o en el proceso post-cosecha. Según un informe de febrero 2004 de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, un mínimo de 50 por ciento de las semillas de maíz y soya, de ese país que no eran transgénicas, están contaminadas. El New York Times (1-3-04) comentó sobre esto “Contaminar las variedades de cultivos tradicionales es contaminar el reservorio genético de las plantas de las que ha dependido la humanidad en gran parte de su historia. (…) El ejemplo más grave es la contaminación del maíz en México. La escala del experimento en el que se ha embarcado a este país —y los efectos potenciales sobre el medio ambiente, la cadena alimentaria y la pureza de las semillas tradicionales— demanda vigilancia en la misma escala”.

Para detectar si hay transgénicos, dependemos de que la propia empresa que los produce nos entregue la información, cosa que son renuentes a hacer, y por la que ponen altos costos que cargan a las víctimas de la contaminación. “Casualmente”, luego de que se han sucedido los escándalos de contaminación, se ha hecho cada vez más difícil detectarlos.(8)

10. Ataque al corazón de las culturas

La contaminación del maíz en México, su centro de origen, concentra todos los problemas que describimos hasta aquí, pero además es un ataque violento al corazón mismo de las culturas mexicanas: a su vasta cultura culinaria y los mil usos que se le dan al maíz, a sus economías campesinas, a las bases de la autonomía indígena. Con esta guerra biológica al maíz tradicional, las transnacionales podrían apropiarse y privatizar este tesoro milenario y colectivo de los mesoamericanos, obligando a los creadores del maíz a pagar para seguir usándolo en el futuro.

Las empresas multinacionales productoras y distribuidoras de transgénicos, así como los que favorecen las importaciones de maíz OGT, los que quieren levantar la moratoria que impide sembrar maíz OGT, o aprobar una ley de bioseguridad para legalizarlos, asumen una inmensa deuda histórica que los pueblos de México no van a permitir ni olvidar.

Aldo González zapoteco de Oaxaca, resume:

“…somos herederos de una gran riqueza que no se mide en dinero y de la que hoy quieren despojarnos: no es tiempo de pedir limosnas al agresor. Cada uno de los indígenas y campesinos sabemos de la contaminación por transgénicos de nuestros maíces y decimos con orgullo: siembro y sembraré las semillas que nuestros abuelos nos heredaron y cuidaré que mis hijos, sus hijos y los hijos de sus hijos las sigan cultivando. (…) No permitiré que maten el maíz, nuestro maíz morirá el día en que muera el sol”.

Silvia Ribeiro*

Notas:
(1) Wayt Gibbs,W, “The Unseen Genome” en Scientific American, noviembre 2003. Ver también grain, “Blinded by the Gene”, en Seedling, Setiembre 2003, http://www.grain.org
(3) New Health Dangers of Genetically Modified Food Discovered, Boletín de prensa del Institute for Responsible Technology, citando los estudios de Terje Traavik, del Norwegian Institute for Gene Ecology, Malasia, 24-02-2004
(4) Moore Lappé. F, Collins J y Rosset Peter, World Hunger: 12 Myths, Food First Books, Estados Unidos, Oct. 1998.
(5) Benbrook, Charles, Tiempos problemáticos en medio del éxito comercial de la soja Roundup Ready, Northwest Science and Environmental Policy Center, AgBioTech InfoNet, Technical Paper # 4, Estados Unidos, 2001. http://www.biodiversidadla.org/arti…
(6) Grupo etc, etc Communiqué # 82: Oligopolio sa, Nov/Dic 2003, http://www.etcgroup.org/article.asp…
(7) Contaminación del maíz en México: mucho más grave. Boletín de prensa colectivo de comunidades indígenas y campesinas de Oaxaca, Puebla, Chihuahua, Veracruz, ceccam, cenami, Grupo etc, casifop, unosjo, ajagi, Oct 2003
(8) Heinemann, Jack A. gm Corn in New Zealand: a case study in detecting purposeful and accidental contamination of food. Ponencia en el seminario científico para delegados al Protocolo Internacional de Cratagena sobre Bioseguridad de la Red del Tercer Mundo y el Institute de Gene Ecology, Malasia, 22-02-2004.

*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo etc, http://www.etcgroup.org

fuente http://elgalpon.org.ar/blog/10-razones-para-decir-no-a-los-transgenicos/

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