(libro) Abecedario zombi. La noche del capitalismo viviente

Este Abecedario Zombi no es un libro. Es un cementerio, y no el de la paz perpetua. Vivimos en la era de la putrefacción: de la política, de los derechos, del medio ambiente… Es cierto que, antes de la catástrofe en la que ahora moramos, ya se olfateaba el hedor que se escapaba tras las cortinas del proclamado Fin de la Historia. Y no fueron pocos los que lo advirtieron. Pero, ¿quién iba a sospechar que tras la muerte del Estado y de las Ideologías se estaba gestando un tercer principio aún más mortífero, una fría tanatodinámica cuyo fruto más podrido sería nuestro omnipresente zombi?

Por Julio Díaz y Carolina Meloni

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Sobre la mayoría absoluta de votantes gilipollas en España (y otras regiones) en dos tapas de ‘El Jueves’

Se ha organizado una dura polémica en torno a dos recientes portadas de la revista satírica El Jueves. El motivo de la indignación era “llamar gilipollas” a millones de votantes. Independiente del talento o gracia que puedan tener determinados enfoques, temas o chistes, lo que es indiscutible es que nuestra sociedad se ha vuelto mucho más recatada y mojigata con respecto a una determinada crítica.

Por Pascual Serrano*
ElDiario.es
05/07/2016

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La educación de la nueva subjetividad neoliberal

Este trabajo analiza cómo se está educando una nueva subjetividad neoliberal adaptada a la sociedad del capitalismo avanzado en que vivimos y el papel que juega la educación, formal y no formal, en dicha reconfiguración. La actual globalización neoliberal es productora de cierto tipo de manera de vivir y de relaciones sociales, de cierta forma de comprensión del mundo y de un imaginario social, que está contribuyendo a cimentar una subjetividad determinada. A través de los medios de comunicación, de las normas y costumbres que socializamos y a través de los propios contenidos que se nos transmiten en la educación formal, se está transformando la mentalidad de las personas, que son llamadas a concebirse y a conducirse como una empresa, emprendedores de sí mismos. Se ha consolidado así esta nueva subjetividad capitalista, donde la lógica del mercado se concibe como la lógica normativa generalizada, desde el Estado hasta lo más íntimo de la subjetividad. Lo que así resulta radicalmente transformado es la definición misma del sujeto político, haciendo de la razón neoliberal una verdadera razón-mundo.

Por Enrique Javier Díez-Gutiérrez*

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Informarse. Hoja de links con información, análisis, revistas, para difundir y/o imprimir

Que cada cual lo use como le parezca, difundiéndolo vía internet o imprimiéndolo y fotocopiándolo. Quizá no quiera hacer nada con esto, simplemente pase de largo y mande saludos!

“El espectáculo organiza con maestría la ignorancia acerca de lo que está pasando, y acto seguido, el olvido de cuanto, a pesar de todo, acaso haya llegado a saberse. Lo más importante es lo más oculto” Guy Debord, Comentarios Sobre la Sociedad del Espectáculo (1988)

Por raas
raas@riseup.net

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La creencia neoliberal

Topía, en su aniversario 25, al cual pocas revistas llegan y, por lo cual, hay que felicitar a sus directivos calurosamente, nos ha convocado para discutir sobre el neoliberalismo -y su persistencia- desde distintas perspectivas y a mí me han dado como tema el de “La creencia neoliberal”, para lo cual considero necesario revisar el sentido del término.

Por Mario Campuzano Montoya
revista Topía

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Archivo de Frases con Sabiduría, 324 páginas

Archivo actualizado a septiembre de 2018 con selección de frases, opiniones, sentires, fragmentos y poesías de personas comunes, escritores, poetas, pensadores, filósofos, brujos, militantes, organizaciones, grupos, revistas, etc. sobre el mundo en el que vivimos y morimos.

Por raas

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(presentación) Del Asesinato de la Naturaleza como una de las Bellas Artes

Presentación de 27 páginas en formato PDF, que es, fundamentalmente, un intento gráfico de señalar responsabilidades sociales políticas (individual y colectivamente hablando). Un cuadro lo que hemos generado como especie en el planeta en un par de siglos.

Por raas
raas@riseup.net

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(documental) “La tragedia electrónica”… o como el reciclado es un lindo cuento

El documental aborda el tráfico y reciclaje ilegal de residuos electrónicos. En los países desarrollados generamos 50 millones de toneladas anuales. El 75% desaparece del circuito oficial de reciclaje y se exporta ilegalmente.

Ficha técnica:
Dirección: Cosima Dannoritzer
Producción: Media 3.14 y Yuzu Productions en coproducción con Arte France, Al Jazeera English, Televisión Española, Televisió de Catalunya. 2014
Colaboración: Lichtpunt (Bélgica), RTS (Suiza), SVT (Suecia), TG4 (Irlanda) y YLE (Finlandia)

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Autoprotección digital contra la vigilancia: Consejos, herramientas y guías para tener comunicaciones más seguras

La tecnología moderna ha traído nuevas y poderosas habilidades para recolectar y vigilar secretamente los datos de personas inocentes. Autoprotección Digital Contra La Vigilancia es la guía de la EFF para defenderte a ti y tus amigos del espionaje, utilizando tecnologías seguras y educándote en la implementación de prácticas de seguridad cuidadosas.

Por EFF (Electronic Frontier Foundation)

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La nueva gran transformación

Una de las pocas ventajas de las grandes crisis es que nos ayudan a descorrer el velo con el cual el sistema encubre y disimula sus modos de oprimir. En este sentido la crisis que vive Grecia puede ser fuente de aprendizajes. Para ello propongo dejarnos inspirar en el largo camino recorrido por Karl Polanyi al escribir La gran transformación. Para comprender el ascenso del nazismo y del fascismo se remontó a los orígenes del liberalismo económico, situados en la Inglaterra de David Ricardo.

Por Raúl Zibechi
La Jornada
24-7-2015

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Esclavos del miedo (Slaves of fear)

Por Amon Amarth

Hablan de amor y tolerancia
Crecen en la ignorancia de la gente
Para hacerlos esclavos del miedo.

Alimentan tu ansiedad
Para construir su sociedad muerta
Te mantienen abajo por miles de años.

Alimentan el prejuicio y el odio
Condenan las guerras que crean
En el nombre de cualquier dios.

Sacrifican tus vidas con mucho gusto
El precio es incrementar su poder
Derramarán tu sangre sin remordimiento.

Te alimentan con sus mentiras
Con sonrisas calculadas
Esclavizando las mentes humanas
En tanto te arrodilles a su autoridad
La religión es lo que te ciega.

Los están tratando como tontos sin cabeza
Y te utilizan como herramientas obedientes
Es tiempo de liberar tu espíritu.

No podemos tolerar este mundo
Es hora de sellar la suerte de los predicadores
Y dejarlos colgar del árbol de Odin.

Tus mentes están contenidas
Obediencia es la cadena
Ellos te han encerrado y han tirado la llave.

Sus almas están en venta,
Y ustedes los que pagan
Pero aun así, nunca son puestos en libertad.

Te alimentan con mentiras
Con sonrisas calculadas
Esclavizando las mentes humanas
En tanto te arrodilles a su autoridad
Religión es lo que te ciega.

Del disco Surtur Rising (2011)

They speak of love and tolerance
They thrive on people’s ignorance
To make you all slaves of fear.

They feed on your anxiety
To build their dead society
They’ve kept you down for a thousand years.

They nurture prejudice and hate
Condemn the wars that they create
In the name of whatever god.

They gladly sacrifice your lives
Increasing power is their prize
Without regrets they’ll spill your blood.

They’re feeding you lies
With calculating smiles
Enslavement of the human mind
As long as you kneel to their authority
Religion is what makes you blind.

They’re treating you as mindless fools
And use you as obedient tools
It’s time to set your spirit free

This world we cannot tolerate
It’s time to seal all preachers’ fate
And let them hang from Odin’s tree.

Your minds are restrained
Obedience is the chain
They’ve locked you up and thrown away the key.

Your souls are for sale,
And you’re the ones who pay
But still, you’ll never be set free.

They’re feeding you lies
With calculating smiles
Enslavement of the human mind
As long as you kneel to their authority
Religion is what makes you blind.

Traducción: María Fernanda Bouza

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(libro) La sociedad desescolarizada

La sociedad desescolarizada, es una profunda crítica a la educación tal y como se lleva a cabo en las economías “modernas”.

Por Ivan Illich

Lleno de observaciones críticas sobre los planes de estudios de su tiempo, el libro puede parecer desfasado, pero sus afirmaciones y propuestas básicas siguen siendo tan radicales hoy como lo fueron en su momento. A través de ejemplos reales sobre la naturaleza ineficaz de la educación escolarizada, Illich se mostraba favorable al autoaprendizaje, apoyado en relaciones sociales libremente intencionadas en encuentros y conversaciones fluidas e informales:

“La educación universal por medio de la escolarización no es factible. No sería más factible si se la intentara mediante instituciones alternativas construidas según el estilo de las escuelas actuales. Ni unas nuevas actitudes de los maestros hacia sus alumnos, ni la proliferación de nuevas herramientas y métodos físicos o mentales (en el aula o en el dormitorio), ni, finalmente, el intento de ampliar la responsabilidad del pedagogo hasta que englobe las vidas completas de sus alumnos, dará por resultado la educación universal. La búsqueda actual de nuevos embudos educacionales debe revertirse hacia la búsqueda de su antípoda institucional: tramas educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse. Confiamos en estar aportando conceptos necesarios para aquellos que realizan tales investigaciones a grandes rasgos sobre la educación –y asimismo para aquellos que buscan alternativas para otras industrias de servicio establecidas.”

“Muchos estudiantes, en especial los que son pobres, saben intuitivamente qué hacen por ellos las escuelas. Los adiestran a confundir proceso y sustancia. Una vez que estos dos términos se hacen indistintos, se adopta una nueva lógica: cuanto más tratamiento haya, tanto mejor serán los resultados. Al alumno se le ‘escolariza’ de ese modo para confundir enseñanza con saber, promoción al curso siguiente con educación, diploma con competencia, y fluidez con capacidad para decir algo nuevo. A su imaginación se la ‘escolariza’ para que acepte servicio en vez de valor. Se confunde el tratamiento médico tomándolo por cuidado de la salud, el trabajo social por mejoramiento de la vida comunitaria, la protección policial por tranquilidad, el equilibrio militar por seguridad nacional, la mezquina lucha cotidiana por trabajo productivo. La salud, el saber, la dignidad, la independencia y el quehacer creativo quedan definidos como poco más que el desempeño de las instituciones que afirman servir a estos fines, y su mejoramiento se hace dependiente de la asignación de mayores recursos a la administración de hospitales, escuelas y demás organismos correspondientes.”

“(…) La institucionalización de los valores conduce inevitablemente a la contaminación física, a la polarización social y a la impotencia psicológica: tres dimensiones en un proceso de degradación global y de miseria modernizada. (…) Este proceso de degradación se acelera cuando unas necesidades no materiales son transformadas en demanda de bienes; cuando a la salud, a la educación, a la movilidad personal, al bienestar o a la cura psicológica se las define como el resultado de servicios o de ‘tratamientos’.

“Tanto el pobre como el rico dependen de escuelas y hospitales que guían sus vidas, forman su visión del mundo y definen para ellos qué es legítimo y qué no lo es. Ambos consideran irresponsable el medicamentarse uno mismo, y ven a la organización comunitaria, cuando no es pagada por quienes detentan la autoridad, como una forma de agresión y subversión. Para ambos grupos, el apoyarse en el tratamiento institucional hace sospechoso el logro independiente.”

“Las burocracias del bienestar social pretenden un monopolio profesional, político y financiero sobre la imaginación social, fijando normas sobre qué es valedero y qué es factible. Este monopolio está en las raíces de la modernización de la pobreza. Cada necesidad simple para la cual se halla una respuesta institucional permite la invención de una nueva clase de pobres y una nueva definición de la pobreza.”

“El morir y la muerte han venido a quedar bajo la administración institucional del médico y de los empresarios de pompas fúnebres.”

“Una vez que una sociedad ha convertido ciertas necesidades básicas en demandas de bienes producidos científicamente, la pobreza queda definida por normas que los tecnócratas cambian a su tamaño. La pobreza se refiere entonces a aquellos que han quedado cortos respecto de un publicitado ideal de consumo en algún aspecto importante.”

Introducción extraída de http://es.wikipedia.org/wiki/Iv%C3%A1n_Illich

Libro La sociedad desescolarizada (Deschooling Society), de 1971.

Libro en PDF

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(libro) El horror económico

Con un libro tan palpitante, apasionado, que por momentos se parece a un monólogo interior joyceano -aunque las frases todas tienen los signos de puntuación de rigor, constituye un torrente sin capítulos o en todo caso con capítulos innominados, casi sin referencias al pie-, con un libro con esta configuración cuesta buscar un inicio, descubrir “las partes”.

Por Luis E. Sabini Fernández
revista Futuros
julio de 1997

Parece escrito al borde de la desesperación y por cierto que no es una impresión engañosa. Y sin embargo, se libra con un discurso ceñido, concebido por una mente lúcida cuya exaltación no ha empañado el hilo conductor. El horror económico, de Viviane Forrester, plantea una serie de tesis con la indignación y el cansancio moral de quien se siente obligado a repetir por enésima vez las verdades de a puño que tantos parecen empeñados en ignorar: “Todo se organiza, prevé, prohíbe y realiza en función de la ganancia, que por lo tanto parece insoslayable, unida al meollo mismo de la vida hasta el punto que no se pretenda no es sino un fraude” (p. 91); que existe un gobierno mundial (p. 100) que le deja a los estados nacionales la administración de los símbolos ideológicos pero se reserva para sí, no ya la declaración de su existencia sino las decisiones políticas al margen de las instancias oficialmente políticas.

Medio libro se puede entender como una aproximación al excluido. Esa función, mejor dicho, esa falta de función social que últimamente ha adquirido tanta presencia (y aquí el lenguaje nos juega otra mala pasada). Viviane Forrester es brillante para explicar que el excluido dista de ser un accidente del sistema económico dominante, del “nuevo orden” de las privatizaciones universalizadas. El excluído es, básicamente, nuestro desocupado. Sólo que en el presente momento tecnológico, histórico, demográfico, se trata de un desocupado crónico, un trabajador obsoleto que vuelve cada vez menos al mercado. Ya Marx explicó la importancia del “ejército de desocupados” para el rendimiento del capital. Sólo que, como bien señala Forrester, un nuevo factor ha ingresado en los cálculos del capital: somos muchos, en el planeta; sobramos. Y decir esto es sobrecogedor si reparamos en esa “pequeña minoría que detenta los poderes y para la cual la existencia de las vidas humanas que evolucionan por fuera de un círculo íntimo sólo tienen un interés utilitario”. (p. 148). Forrester, sin embargo, desarrolla otra tesis, más discutible: la de la desaparición del trabajo. “El mercado laboral está menguado y en vías de desaparecer”. (p. 65); “se pretende que lo social y económico están regidos por las transacciones realizadas a partir del trabajo cuando éste ha dejado de existir”. (p. 13).

Forrester establece una relación biunívoca entre la tesis de que sobramos y la de que el trabajo desaparece, pero la gravedad de las implicancias de la primera no necesita de la segunda para estremecernos. Las observaciones de Forrester sobre el comportamiento de las elites es ilustrativo: “la pobreza (…) conduce a los pobres a mutilarse en beneficio de los poseedores con tal de sobrevivir un poco más (se refiere a la venta ‘voluntaria’ de órganos en India). Se lo acepta (…). Nadie hace nada salvo cerrar el diario o apagar el televisor”. (p. 155).

Creemos que el neoliberalismo incluye al trabajo ajeno en su diseño; allí anida uno de sus rasgos pavorosos, porque se trata del trabajo concebido como hace dos siglos, cuando la esclavitud, la servidumbre, no sólo existía como en la actualidad, sino que lo hacía a cara descubierta, con buena conciencia. Es ese retroceso en el túnel del tiempo lo aterrador. Forrester parece pagar un cierto precio a la ubicación personal, en un país -Francia- del primerísimo mundo.

Esta es, en resumen, su tesis principal: “La ferocidad social siempre existió, pero con límites imperiosos porque el trabajo realizado por la vida humana era indispensable para los poderosos. (…) La supervivencia de la humanidad nunca estuvo tan amenazada (…) hasta ahora el conjunto de la humanidad tenía una garantía: era esencial al funcionamiento del planeta” (p. 148).

En rigor, “el conjunto de la humanidad jamás tuvo una garantía”. Etnias arrasadas lo podrían atestiguar innumerables veces. Poblaciones obreras diezmadas también. Este momento de neoimperialización mediática mundializada no es el primer momento en que la vida valga tan poco. Pero la advertencia de Forrester dista de ser infundada porque es indudablemente cierto que nunca ha habido tanta abundancia de vida humana y tanto “exceso” de acuerdo con el diseño dominante.

Forrester nos escribe un formidable capítulo final sobre la génesis de las atrocidades sociales, que merece una reflexión sobre todo por parte de quienes hemos vivido en sociedad bajo momentos atroces. Los albores, los primeros indicios, carecen ciertamente de la crudeza de lo atroz explícito que con el tiempo se desarrolla. Pero los comienzos encierran los síntomas de lo que se viene y sólo cerrando los ojos, el corazón puede no verlos. Nos recuerda que “los crímenes contra la humanidad siempre son crímenes de la humanidad. Perpetrados por ella”. (p. 154). Las grandes atrocidades, de las cuales después la sociedad reniega, son precedidas por “pequeñas atrocidades cotidianas”, con las que ya convivimos: ella nos habla del turismo sexual infantil, nosotros podríamos hablar del “gatillo fácil”, sin establecer falsa oposición.

Tampoco tiene desperdicio su descripción de lo que Pierre Salama ha llamado la financiarización de la economía; “En la actualidad los mercados de productos derivados son más importantes que los tradicionales. (…) esta nueva forma de economía no produce: apuesta”. (p. 94). La frase reduce una vez más el problema a su expresión más aguda: en realidad, la producción existe, sigue existiendo; no obstante, el pensamiento de la autora no falsea la urdimbre de la realidad: la economía se rige cada vez menos por la producción actual y cada vez más por su proyección de futuro; economía de apuesta, estamos, así, cada vez más, dentro de un loto planetario.

Un libro sensible y sensibilizador. Muy poco académico.

Es bueno que a veces se escriba sobre economía no sólo con la obvia tinta sino con sangre en las venas. Y que esas venas no sean solo propias, sino ajenas. Y que la sangre esté incluso en el ojo.

Libro El Horror Económico (L’horreur Economique), de 1996.

fuente: www.redtercermundo.org.uy/revista_del_sur/texto_completo.php?id=1189

Libro en PDF

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Congo, siglos de saqueo

Los delitos contra el Congo se repiten siglo tras siglo. Hoy hay allí un gobierno corrupto y ávidas compañías transnacionales mantienen al país en un estado de semicaos para poder seguir extrayendo los riquísimos minerales qua hay en su suelo al menor costo posible, sin consideración alguna a las vidas humanas. El tenebroso corazón del colonialismo late de modo tan repugnante hoy como hace cien años.

Por Carolina Jemsby

Hay una piedra verde en mi escritorio. Es una piedra de cobre, de la mina de Ruashi en Kongo-Kinshasa. Cuando nadie veía me agaché rápidamente y me la metí en el bolsillo, después la escondí mejor y la saqué del país. Ahora resplandece venenosa en el medio de mi escritorio, denunciando siglos de despojo.

A primera vista, la mina Ruashi es un hormiguero. Miles de seres humanos que cavan en una mina a cielo abierto, que llevan con grandes esfuerzos pedazos de metal que extraen de la arena plateada y verde brillante que cubre la zona.
Parece algo irreal. Desde el borde superior se ve a los trabajadores mineros como pequeños muñecos que tropiezan y avanzan a los tumbos con enormes bolsas con piedras de cobre, con pantalones cortos gastadísimos y con ojotas deshechas. Damos una vuelta por el borde para ver la mina en toda su extensión. Tropezamos, nos resbalamos. Mis borceguíes reforzados para escalar montañas resbalan en algo más resbaladizo que el hielo. Me siento una infeliz, deslizándome por la pendiente, recupero el equilibrio y puteo para mí misma mientras veo que al fotógrafo le pasa lo mismo y entonces sí tengo miedo, porque el fondo de la mina está a por lo menos 50 o 60 metros, pero se reincorpora con su cuerpo y la cámara a salvo.

–No tenemos ningún equipo de seguridad, nos dice, con amargura,  Patrick, 35 años, que hace uno trabaja en la mina y nos relata de los accidentes que se suceden uno tras otro.

–Cada semana muere o se lastima alguno; necesitamos yelmos y overoles. Es peligrosísimo trabajar así. Y ganamos poco. A gatas si cobramos, murmura con rabia.
Alrededor se apresuran los trabajadores. Muchos son niños y llevan enormes bolsas pesadas sobre sus enjutas y pequeñas espaldas. Todos los rostros están impregnados de polvo, un polvo brilloso blanquiverdoso, de aspecto muy venenoso que se asienta alrededor de la nariz y la boca.
En los caminos alrededor de la mina transitan camiones permanentemente, que cargan el cobre y desaparecen tan rápidamente como vinieron. ¿Adónde? Nadie lo sabe con certeza. Pero fuera del país. De eso y sólo de eso se trata.

La República Democrática del Congo es un país desangrado, deshecho, saqueado por Occidente desde hace más de un siglo.  Las riquezas del país son enormes, tal vez sea la región de mayor riqueza minera del mundo entero.
Es repugnante ver cómo los delitos contra el Congo se repiten. Jospeh Conrad en El corazón de las tinieblas describe el saqueo del marfil. Luego se dedicaron a saquear el caucho en condiciones igualmente terroríficas. Hoy son diamantes, aceite, oro, coltán, cobre y cantidad de otros minerales que atraen a compañías mineras sin escrúpulos. Y las compañías hacen todo lo posible por mantener la guerra en el Congo y el desorden generalizado, que les permite aumentar los precios.

Imagínese que usted es un director de una minera transnacional importante. Haga usted lo que hiciere, su objetivo es siempre encontrar tanto metal como sea posible al más bajo precio, factores que harán que tu compañía resulte la mayor y más exitosa.
Puede resultar éticamente problemático trabajar en el Congo, pero aquí están los mayores yacimientos del planeta de, por ejemplo, coltán, un metal que se usa en celulares y del que no se conoce otros yacimientos.

Si hay paz, no hay más remedio que conseguir un costosa licencia para explotar el mineral, Además hay que pagar regalías al gobierno y a las autoridades locales y una parte de los metales hay que purificarlos en el lugar, en el Congo. No se puede exportar directamente el mineral en bruto, se necesita algún tipo de inversión en el lugar.  Todo esto, siguiendo las leyes nacionales e internacionales, lo cual es complicado y costoso.

Pero si en cambio rige un estado de conflicto de baja intensidad, todas las legislaciones quedan fuera de juego. Y si se pone un importe adecuado en una cuenta suiza del presidente, se compra una licencia de explotación que te conceda un líder local o un señor de la guerra, es fácil ponerse a extraer el mineral. Y cuesta sólo una fracción  de todo el procedimiento “legal” y no
hay que costear inversiones locales. Todo se hace ilegalmente, pero ¿quién controla?

Ése es, por ejemplo, el concepto de éxito que tiene Lundin Minings, empresa sueca, que está por cierto en la primera línea de “trabajo” dentro del Congo.
La guerra en el Congo viene arreciando desde 1997. Se la ha denominado Primera Guerra Mundial africana y parece haber hecho estallar todos los límites para la crueldad y la maldad humanas. La población civil está siendo permanentemente maltratada, perseguida, violada, mutilada y aterrorizada desde hace casi una década.Ninguna guerra desde fines de la Segunda

Guerra Mundial ha aniquilado tantas vidas como la del Congo, se estima que han muerto hasta ahora unos cinco millones de seres humanos.
Uno siente que se trata de una grosera reiteración de la historia. A fines del siglo XIX, el Congo pertenecía al rey Leopoldo II, de Bélgica y durante su treinta años de “gobierno” se estima que entre tres y veinte millones  [sic] de congoleses fueron asesinados. Los sicarios de Leopoldo presentaban manos derechas seccionadas de sus cuerpos para que se contaran los asesinados y recibir la recompensa calculada sobre esas bases. Los congoleses sobrevivientes fueron forzados a la esclavitud en los plantíos de caucho o en las construcciones ferroviarias y en caminos.
Hoy tiene lugar un proceso de paz. Por primera vez en cuarenta años hay elecciones en el país.  Pero, irónicamente, la paz y la democracia están amenazadas por las enormes riquezas del suelo y el subsuelo. Las compañías mineras tienen muy escaso interés en un proceso de democratización.

Un ejemplo es la empresa minera australiana Anvil Mining. Anvil Mining proveyó a soldados congoleses de camiones y aviones para llevar a cabo una matanza y volverlos a sus sitios. Con ese operativo un centenar aproximado de seres humanos fue masacrado a sangre fría. La empresa también avitualló a los soldados durante el operativo. Ahora ha sido llevada a juicio.
Lubumbashi es una ciudad pletórica de sedes de companías mineras transnacionales y a su ingreso hay un enorme portal que da la bienvenida a “la capital del cobre”.

Como en el Lejano Oeste o en Disneylandia, como si se tratara de cavar y ponerse contento, se hacen cruceros para ricachones en enormes camiones blancos que desfilan por los pésimos caminos hasta que resultan casi intransitables. Desde Lubumbashi a Zambia es corto el camino y por lo tanto no es tan difícil llevarse por allí los metales fuera de frontera. A lo largo de las rutas se ven enormes propagandas de camiones Volvo. Lundin Mining no es por cierto la única empresa sueca que se aprovecha de la situación en el Congo.

La mina de Ruashi queda apenas fuera de la ciudad. Yendo para allí, pasamos al lado de mujeres que venden frutas a la orilla de las rutas, alguna vende carbón para conseguir alguna extra. La pobreza en el Congo es enorme y pocos son los que tienen la posibillidad de comer a satisfacción cada día.
–Ganamos un par de dólares diarios, nos diche Patrick en la mina. [Unos seis pesos argentinos. Unos cincuenta uruguayos].

De aquí procede el bienestar occidental, pienso y contemplo los cuerpos que se hacen trizas buscando afanosamente metales que aquí son tan baratos, con los cuales se hacen celulares baratísimos, baratísimos anillos de matrimonio o diamantes. ¿Cuál es la responsabilidad para los habitantes cualesquiera de los países enriquecidos? ¿Y cuánto derecho tenemos de descargar la responsabilidad sobre las empresas mineras que a su vez tiran tan abajo los precios?
Un muchachito se nos aproxima agitado. Jean-Jacques Lumumba tiene 13 años y arrastra, tira y lucha para poder llevar consigo la bolsa cargada de cobre a lo largo del camino.
–No, si no pesa nada, nos dice. No pasa nada.

El polvo ha coloreado su nariz de un blanquecino brillante y sus ojotas están destrozadas.
–Mis padres no tienen trabajo, no tienen guita y yo quisiera estudiar, verdaderamente, nos cuenta. Por eso va a la escuela de mañana y trabaja en la mina de tarde. Consigue dinero para los gastos escolares, lapiceras, cuadernos de apuntes y libros.

Serge Kapend es geólogo y está preocupado por el trabajo infantil. Nos acompaña hasta el lugar de extracción del cobalto, algunos kilómetros más adelante. Hay cada vez más niños que trabajan en las minas. A menudo son huérfanos que tienen que trabajar para sobrevivir. Son los que hacen los peores trabajos, los más pesados, transportan las bolsas del pozo hacia afuera, por ejemplo. Serge es congoleño y trabajó antes en distintas empresas multinacionales en Lubumbashi. Al día de hoy se cambió de bando y trabaja para el sindicato minero, se hastió de ver y formar parte del saqueo.

–Se necesitan mejores leyes respecto de la explotación de nuestras minas. En la situación actual, las normas se acomodan a lo que se hace. Quien gobierna localmente, o los señores de la guerra, venden el derecho a explotar un sitio, la empresa minera va a ese lugar, extrae las riquezas y se marcha con el botín. El proceso da algunas, muy transitorias, posibilidades de trabajo, pero los recursos desaparecen para siempre del país.
Uno de los objetivos del sindicato es el de poner en regla la extracción y retener una parte de las ganancias dentro del país, nos explica un colega de Serge, Komichelo.
–En verdad, habría que conseguir que las licencias sean otorgadas exclusivamente por el gobierno. Hoy en día cualquiera que tiene una Kalaschinov vende licencias para explotaciones mineras.
–El problema que tenemos hoy en día es que las empresas procuran mantener en pie los conflictos, porque ganan mucha plata con eso. Y mientras el Congo hace todo lo posible por alcanzar la pacificación, hay un actor muy poderoso que hace todo lo posible en sentido contrario, continúa Komichelo.
Alrededor suyo seres humanos se hunden en agujeros negros de cobalto. Ese metal, por ejemplo, se usa en los auriculares de los pequeñísimos MP3.
De pronto estalla el caos y se oyen voces airadas que hacen eco y salen del pozo mayor.
–¡Una mujer en la mina! ¡Esto significa una desgracia! ¡Debe ser una bruja! ¡Mátenla!
Algunos de los revoltosos son sujetados por los guardias que nos acompañan, otros vuelven al trabajo. Yo me voy de allí de prisa. El linchamiento en una mina congoleña pertenece a una de mis pesadillas.

El MONUE, de la ONU, tiene como cometido vigilar la llamada paz en el Congo. Alexandre Essome es jefe de esa repartición en Lubumbashi. Participará de las elecciones como observador y supervisor de la ONU. Su principal preocupación son las minas extranjeras y la presión extorsiva que ejercen sobre los políticos locales y los grupos armados.
–¿Cómo vamos a tener elecciones democráticas y como vamos a poder soñar en alcanzar la paz cuando hay intereses tan poderosos para que continúe la guerra? Las empresas mineras ganan enormes ganancias gracias a la guerra, nos aclara.
En Lubumbashi. hay todo un semillero de empresas mineras extranjeras. En el ámbito del desarrollo global que hoy impera no son sólo empresas occidentales las que llevan delante el despojo; al lado de las belgas, francesas, canadienses y australianas también las hay sudafricanas, libanesas, indias, israelíes y sobre todo, chinas. Todas igualmente brutales en su rapiña.

–Aquí puede pasar cualquier cosa, si contás con el dinero suficiente. Las minas son saqueadas, los interesados son incontables. Hemos comparado la compra de metales y la importación de armas: van juntas: cuanto más metales se embarcan hacia el exterior, más armas entran de contrabando, sostiene Alexandre.
–Le he escrito a las autoridades y les he pedido que hagan algo, pero no hay respuesta.
Levanta los hombros en señal de impotencia. Su oficina está en un barracón en un descampado limitado por alambre de púa en Lubumbashi. Los supervisores para las elecciones ya han llegado y se están entrenando en control de ejercicios democráticos. De alguna manera hay una esperanza de paz y democracia en el Congo. Pero la inmensa mayoría de los delitos desaparecen como en un agujero negro, de ceguera y olvido. Bajo responsabilidad “occidental”.

Sostengo mi piedra verde. Resplandece hermosamente,  tengo en mi mano un pequeño trozo del conflicto. Un signo bien concreto de mi culpa. Fui rápida para tomarla, la escondí con disimulo en mi equipaje y ahora descansa en mi escritorio. Al lado de decenas de toneladas de diamantes, oro y otro metales, testimonia el saqueo ininterrumpido que tiene lugar en el Congo. Y testimonia nuestras culpas.

El artículo con fotografías www.argentina.indymedia.org/news/2007/06/530314.php con fotos del artículo

artículo publicado en Revista futuros nº10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

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