Economía extraña: ¿Qué es el neuromarketing?. Entrevista con Daniel Arias Aranda

Averigua qué es el neuromarketing y cuales son sus principales técnicas. Cada año, las empresas gastan una ingente cantidad de dinero en investigación sobre neurociencia para descubrir nuevos métodos que les permitan influir en la mente de sus consumidores. 

Por Días Extraños / Santiago Camacho (24-01-2018)

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fuente: http://www.ivoox.com/economia-extrana-neuromarketing-audios-mp3_rf_23338586_1.html

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Enzo Tagliazucchi: “La división entre el yo y el universo no es lo que creemos: es una construcción”

Enzo Tagliazucchi es físico, neuro-científico, especialista en drogas alucinógenas, argentino y uno de los pocos investigadores de los potenciales terapéuticos del LSD y sustancias similares.

Por Agencia Paco Urondo
19.01.2018

El potencial terapéutico del LSD y las sustancias asociadas

El LSD empezó a ser utilizado en muchos lugares del mundo para tratar ansiedades, depresiones, adicciones, incluso en sesiones normales de terapia. Vas a ver a tu psicólogo, tomás LSD, y te abrís más, tenés un acceso más rápido a lo que sería tu inconsciente. En esa época, de todas formas, lo que se consideraba como evidencia para aceptar que un tratamiento era adecuado, era mucho más laxo de lo que es hoy. Entonces toda esa evidencia recabada en los 50 (en una época donde el LSD no había llegado a la calle y no era una droga contra-cultural), que fue mucha (hay miles de trabajos publicados) creo que se queda un poco corta para el día de hoy.

El LSD es una argolina, es una molécula que está emparentada con otras que se llaman triptaminas, todas ellas entran bajo la categoría de lo que se llama Psicodélicos serotonérgicos porque actúan en el cerebro imitando la función de la molécula de la serotonina. Hay otros psicodélicos serotonérgicos que se han explorado recientemente con estándares altos y adecuados para el tratamiento de distintos problemas psiquiátricos, uno de ellos es la Psilocibina y otro la Psilocina, que son los dos compuestos activos de los hongos Cucumelos (como se los llama acá), que dan una experiencia cualitativamente muy similar a la que se conoce del LSD (generalmente un poco más corta), y hay ensayos que muestran que la Psilocibina realmente tiene potencial terapéutico para tratar depresión, problemas de adicciones, incluso hay un estudio que me gusta mucho que muestra como una única dosis de Psilocibina puede ayudar a pacientes con ansiedad existencial en estados avanzados de Cáncer. Lo cual tiene sentido. Yo pude hablar con uno de esos pacientes (que no murió) me contó que la experiencia intensa con Psicolocibina, que esa disolución del Yo con el Universo le había descentralizado su conciencia, y que la extinción de su conciencia que enfrentaba debido a su enfermedad le generaba mucha menos ansiedad. Huxley también murió bajo dosis altas de LSD.

Hay otras sustancias que tienen un perfil farmacológico un poco más distinto, si bien califican como triptaminas o como psicodélicos serotonérgicos uno es la ibogaina, que tiene realmente un potencial muy importante para tratar adicciones. Es una experiencia que dura días, es muy fuerte, muy intensa, y los adictos a heroína, cocaína, alcoholismo pueden entrar en remisión de su adicción. Estas son drogas análogas al LSD, aunque sean similares farmacológicamente.

Por qué ocurren éstas investigaciones y experiencias con drogas análogas y no con el LSD. Bueno, vos tenés que pensar en que el LSD fue la sustancia que desencadenó la “Guerra contra las drogas” en 1970 en la administración Nixon. Por la asociación al movimiento hippie, las protestas contra la guerra de Vietnam, el LSD quedó estigmatizado por el pensamiento reaccionario. Eso dura hasta hoy.

El 25i NBOMe o el “Nuevo LSD” oscuro y amargo

El 25 i NMBOMe, es una feniletinamina, tiene otro tipo de moléculas, además de las triptaminas y las ergolinas, que tienen efectos psicodélicos y son mucho más selectivas del receptor de serotonina que causa el efecto psicodélico. El problema es que también le pega a muchos otros receptores. Es lo que se llamaría una droga sucia. No es una experiencia psicodélica pura. Tiene lo que en la jerga se llama “carga corporal”: dolor de cabeza, aumento del ritmo corporal, etc. Es una droga que en dosis altas te puede matar. Podes tener problemas cardíacos y podés morir. Con el LSD no se conocen casos de muerte por sobredosis, en cambio con el 25i sí hay casos de gente que ha muerto por consumir dosis altas, por la farmacología de la droga. Hoy por hoy en Bs As prolifera el 25i, más que el LSD por una cuestión logística, y como consecuencia de la guerra contra las drogas. El NBOMe es muy fácil de sintetizar, los precursores químicos del LSD (el ácido lisérgico y sustancias asociadas son muy difíciles de conseguir y están muy controlados) y no pasa lo mismo con el NBOMe, sus precursores están mucho menos controlados, entonces eso es lo que hace que prolifere una y no la otra. La presentación es la misma, eso es lo interesante el 25i, que es una de las feniletinamina tan potentes que podés dosificarla en un blotter. Son activas en el rango de los micro-gramos, entonces vos podés impregnar un papelito con la sustancia, como con el LSD, y ya tenés un efecto psicoactivo. Esto es lo que hace que sea tan difícil de distinguir una de la otra. El 25i NBOMe tiene un característico gusto metálico y todos estos problemas asociados que antes comentaba.

La comunión con el BIOS: las fronteras del yo y el setting

Respecto a esto lo interesante es que estas sensaciones ocurren. De hecho si leemos con cuidado la primera experiencia que tuvo Hoffman, cuando ingirió LSD, cuenta que él sentía que los límites con su cuerpo y el resto del entorno se perdían. Yo creo que desde un punto de vista científico, eso tiene que ver que este tipo de sustancias actúan en el cerebro reduciendo la inhibición de ciertos procesos que están latentes, siempre presentes, pero que uno no los percibe de manera conciente. Porque el cerebro tiene mecanismos que lo suprimen. Si querés podés hacer una analogía con el inconsciente freudiano, esta idea de que hay un montón de procesos reprimidos, que están en el “sótano”, los cuales pueden salir a la luz (según Freud esto ocurría en sueños) y la evidencia muestra que algunos de estos fenómenos pueden salir bajo la influencia de éste tipo de sustancias.

Freud creía que los sueños eran como una válvula de escape para represiones sexuales, traumas de la infancia, y que el inconsciente era un lugar muy complejo, un lugar donde se guardaban cosas muy íntimas y particulares del individuo, lo que creo que la ciencia muestra es que el inconsciente es un lugar mucho más sencillo, es un lugar donde el cerebro esconde cosas, que si no las escondiste circuitarían el accionar cotidiano de las personas en el mundo, por ejemplo, por el hecho de que la construcción de lo que uno ve, observa conscientemente, es un proceso por el cual se van juntando los colores, las formas, los movimientos y uno no ve la construcción de eso, ve su resultado final, y esto tiene sentido porque ese resultado es el que necesitamos para actuar de manera coherente en el mundo. Todo eso que está detrás, para mí es el inconsciente, que lo veo muy distinto a cómo lo planteó Freud. Creo que una de esas cosas que están en el “inconsciente moderno”, tal como lo describí ahora, es esta trascendencia del límite corporal y de la sensación del Yo, del EGO.

Es ventajoso, en términos de la teoría de la evolución, que una persona se perciba como un agente aislado del mundo, alguien que tiene que actuar para sobrevivir. Uno tiene esa sensación todo el tiempo, salvo en ciertas enfermedades como la esquizofrenia, quienes la padecen sufren esa disolución del Yo. Los psicodélicos, al colaborar con este proceso deshinibidor, nos permiten ver de alguna manera que todo eso es una construcción, que la idea del “uno mismo”, de la “identidad personal” y la frontera entre el Yo y el resto del universo es una construcción y que eso está detrás de las experiencias místicas, y es lo que buscan frecuentemente los usuarios de psicodélicos. Incluso en las sociedades pre-industriales, usuarios de Ayahuasca, Psilocibina, etc.

En un estudio que realizamos en el año 2016, utilizamos ciertas técnicas para mostrar que pasa en el cerebro cuando las personas pierden esta sensación de identidad corporal y se fusionan con su entorno y su ego se disuelve. Demostramos que efectivamente hay zonas del cerebro cuyas neuronas procesan información relacionadas con el entorno y la personalidad, y que esa información se confunde bajo la experiencia psicodélica. Logramos entender más o menos bien cómo una molécula puede desencadenar esos cambios. En mi opinión es súper interesante, ya que no significa que lo que uno percibe, que la idea del YO o del EGO es más real que lo que uno percibe cuando tiene esa sensación de unidad con el universo bajo la influencia de un psicodélico. Porque lo que el cerebro hace, justamente, es inhibir esa sensación, engaña a la conciencia para que no se dé cuenta. El Yo es una construcción y el borde entre uno mismo y el resto del universo no es tan claro como uno cree. ¿Qué es la realidad? Es un concepto complejo.

Con respecto a los malos viajes, no me gusta llamarlos así porque no creo en esa cuestión moral de que existan buenos y malos viajes, todas son experiencias difíciles. Uno no se encuentra así mismo, pierde la sensación de identidad, y es difícil aunque retrospectivamente la experiencia suele ser muy valiosa. Uno aprende mucho. Genera empatía respecto a personas que tienen este tipo de experiencias sobre las cuales no tienen control, como por ejemplo con pacientes esquizofrénicos. Cuando el LSD se empezaba a vender, luego de que (el laboratorio) Sandoz lo empezó a sintetizar y comercializar, el objetivo era que los psiquiatras lo consuman para tener experiencias similares a sus pacientes y poder tener mayor empatía con ellos. El mal viaje y la experiencia mística en el fondo son lo mismo, y creo que científicamente entendemos por qué la molécula lo desencadena. Lo que puede transformar una experiencia en un mal viaje, o en una experiencia mística es lo que se llama “setting”, el entorno, si lo hacés en una fiesta, en un lugar donde estas solo, deprimido, o si lo hacés en la naturaleza, o rodeado de gente en la que confiás, ahí se puede lograr que la experiencia de disolución del Ego pueda ser una u otra, y eso no está en la molécula, está en el entorno.

Más artículos de Enzo Tagliazucchi: https://elgatoylacaja.com.ar/author/enzo/

fuente: http://www.agenciapacourondo.com.ar/dossier/enzo-tagliazucchi-la-division-entre-el-yo-y-el-universo-no-es-lo-que-creemos-es-una

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Los invisibles

Me gusta el subte porque es como el cumpleaños de quince de una prima lejana al que todos se ven obligados a ir aunque nadie tenga ganas. En él converge la mezcla más exótica de seres humanos, una suerte de feria llena de colores y ruido y voces estridentes y alguna que otra imagen triste.

Por Juan Solá
16-11-2016

Los pibes se metieron al vagón a los gritos. Eran tres y ninguno tenía más de ocho años. Eran flaquitos y chabacanos, maleducados sin maldad, medio pillos pero compañeros. Uno solo tenía zapatillas, el más chiquito. Y cuando digo chiquito no hablo de la cantidad de años sino de la cantidad de costillas que le conté sobre la piel desnuda. El más chiquito tenía las zapatillas y también tenía las tarjetitas. Las fue repartiendo mientras hablaba a los gritos y el otro le respondía a los gritos y un tercero le gritaba a la gente que les tiraran una moneda, que Dios los bendiga. Una señora se tapó los oídos.

Recién cuando pasaron en retirada escuché hablar al pibe que tenía sentado enfrente. Él también habrá tenido unos ocho años.

—Mamá, ¿por qué gritan los nenes? —preguntó, sin sacarles los ojos de encima. Eran ojos de asombro. ¡Qué libres eran los nenes que podían jugar en el subte!, habrá pensado.

—Porque son negros —dijo la madre y sentí como si de repente me hubieran apretado el pecho. Pensé que había escuchado mal y presté atención. No sé por qué tuve miedo.— Y cuando sean grandes, van a ser ladrones. Vos tenés que tener mucho cuidado con esos chicos, ¿sabés?

La cara del nene cambió como cambia la luz de la tarde cuando es verano y son las ocho menos diez y hay sol y de repente son las ocho y todo se ha puesto oscuro. Sus ojos se apagaron y los ratoncitos de curiosidad que espiaban desde las pupilas se atacaron entre ellos. Sus cejas se torcieron hacia adelante y sus labios se convirtieron en una línea recta y severa. Creo que hasta se le cayó un poco de magia de los bolsillos.

—¿Sabés? —repitió la madre.

—Sí, mamá.

No entiendo muy bien lo que me ocurrió a mí. Se me aceleró el corazón y mi garganta se puso rígida y quería salir del tren aunque estuviera en movimiento. Quise ser yo el que gritara ahora, pero me pareció más virtuoso el silencio de quien sabe que nunca se humilla a alguien delante de sus hijos.

Tenías la oportunidad de sembrar una semilla de amor y preferiste perpetuar el odio. Elegiste enseñar a tener miedo. Podría haberte perdonado la falsa misericordia de quien observa y murmura ‘pobrecitos’ pero masticaste tanta bronca que ya no sabés hacer ni eso. Ay, nene, ojalá alguien te explique que tu vieja ese día estaba enojada y que los pibes de la calle no se juntan para jugar, sino porque tienen miedo. Los pibes de la calle no gritan porque son negros, gritan porque son invisibles.

fuente: https://brujulacuidador.com/2016/11/16/los-invisibles

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