La cultura de la muerte en la sociedad del espectáculo

Desde las Danzas de la Muerte medievales nunca como hoy estuvo la muerte tan presente de tantas maneras coincidiendo con esta cultura decadente que la usa de espectáculo, espantapájaros y como negocio.

Tal vez nunca como hoy estuvo tan presente la muerte de tantas maneras como referente cotidiano en los noticiarios, las películas y el mundo cultural. La muerte no existe, pues todo es vida y energía activa en el Universo y en la conciencia de cada ser vivo, pero la de la cultura, desde luego que sí. Los valores de la sociedad occidental y de sus imitadoras en Oriente son valores caducos que llevan directamente a la cloaca en que hoy se reúnen la palabra cultura y la palabra civilización. Ambos términos se han convertido en apéndices emponzoñados del poder dominante, que ya no se limita a querer ejercer su dominio en el orden material únicamente, sino que extiende sus sucios tentáculos hacia las conciencias individuales para atraparlas en su telaraña intelectual y de valores trucados; y una vez conseguido esto procura que este veneno se extienda como una pandemia. Para que esta suerte de posesión sea posible existen diversos mecanismos, pero destaca el de la cultura. Esta debe desempeñar -y desempeña- el papel de adormidera del espíritu, el pensamiento y la voluntad de cada individuo para sustituir con ilusiones prefabricadas todo lo real que se eliminó.

Mas no con cualquier clase de ilusiones, sino justamente con aquellas que que son aptas para servir al Producto y a la Mercancía en el gran zoco capitalista que es el mundo. Se pretende que todos formemos parte de ese zoco tanto como compradores como como mercancías. Y el papel que desempeña la cultura no es otro que desarrollar los elementos precisos de un guión que se nos transmite de muchos modos y que debemos aprendernos para saber cómo interpretar nuestro papel. Y en ese guión, la muerte, o mejor dicho, el propagar el miedo a la muerte en cualquiera de sus formas es un tema central en la actual cultura. Tal vez desde la Edad Media no había tenido tanto predicamento ni tantos rostros: el de la guerra, el de la destrucción ecológica, pero esos no interesan al sistema. Lo que interesa al sistema es el negocio, por lo que la muerte ha de ser rentable y se exhibe para que lo sea, de lo contrario se esconde en los tanatorios, en los suburbios urbanos y en los países donde no terminan las guerras, las enfermedades ni el hambre.

La banalidad

Una de las formas de muerte del alma potenciada por la cultura del sistema es la banalidad convertida en valor social. A diferencia de épocas pretéritas anteriores a la aparición de la Sociedad de Consumo y Espectáculo que sufrimos, la banalidad es glorificada y convertida en objeto útil de intercambio y con valor de cambio en todos los terrenos: el artístico, el literario, el socio-político, el filosófico, el educativo, o el que se quiera. A no ser por el fetichismo de los nombres que se promocionan y la credibilidad prefabricada de quienes los representan sería más fácil para la mayoría, de estar despierta, la visión de los cadáveres que ocultan, pues nos hallamos ante la cultura de Tanatos que se opone a la cultura de Eros o la vida.

La finalidad de la cultura

Y en la aventura de vivir, cada uno de nosotros nace en un ambiente social, cultural y natural cuyas claves desconoce. El papel de la cultura como proyecto común debería ser tanto la búsqueda de una Totalidad capaz de unificar todos esos aspectos como el de facilitarnos la inmersión creativa en esa Totalidad para servir a la Vida. Este debería ser el objeto preciso de la cultura: incorporarnos a Eros. Desde luego, no lo cumple.

No siempre fue así

El mundo ha tenido su época érotica ligada a la agricultura y a la economía de subsistencia –y así sigue en los países pobres donde no ha penetrado demasiado el virus cultural globalizador- hasta que se impuso el modelo de producción capitalista, el modelo de producción de la muerte cultural. Hasta la llegada de este modelo en esta su última fase, y a pesar de las calamidades sociales producidas por los poderosos de todas las épocas, cada una de ellas se caracterizó por el contacto creativo con la naturaleza, el desarrollo de cualidades convivenciales y cooperativas y el desarrollo de una moral moral social y la fiesta como afirmación de la comunidad en acción de gracias a la vida. Ahora todo eso ha sido hecho trizas.

La Época Represivo-Regresiva que supuso el capitalismo hasta llegar a la sociedad cibernética y desigual actual se define por su alejamiento y agresión contra la naturaleza, el culto a lo artificial y artificioso, el individualismo egocénttrico, la perversión de los instintos naturales, el adocenamiento y la ausencia de una filosofía de la existencia que cimiente y oriente la vida colectiva. La dinámica de la sociedad industrial ha situado al producto por encima de su creador, destruyendo así su verdadero valor para ser sustituído por el del mercado.

Un mundo crepuscular

Nos hallamos, por tanto, ante un mundo sofisticado en los aspectos técnicos: los aspectos técnicos industriales, los militares, los de control y manipulación de la colectividad humana, donde el vacío de contenidos positivos existenciales y regeneradores de los dominados se complementa con el pragmatismo oportunista de los dominadores en el poder; pragmatismo basado en la búsqueda del beneficio para convertirlo en poder y al revés: la búsqueda del poder como fuente de beneficios.

No es aventurado decir que este es un mundo crepuscular en su penúltima hora, si no más tarde.

Para llegar a esta dramática situación han operado de un modo convergente todas las jerarquías que actúan sobre la humanidad desde cualquiera de sus ángulos: políticos, financieros, religiosos, militares.En el terreno religioso actúan a través del miedo al infierno y de la culpa como pasaporte que somete a los convencidos a la jerarquía de la institución correspondiente y a una vergonzante ceguera científica y espiritual.

En el terreno social se han socavado los cimientos y adulterado todas las formas de vida social hasta conseguir modelos donde los individuos se encuentran solos frente al Estado, los patronos y las máquinas en competencia con otros individuos, estableciendo así entre ellos relaciones propensas a la hostilidad, la envidia, el individualismo egocéntrico y la pugna por ocupar mejores puestos a costa de otro, todos ellos gérmenes negativos para una vida de comunidad y cooperación a la que deberiamos aspirar de tener las ideas claras.

En el terreno filosófico se favorecen y se propagan -cuando no se crean a propósito- ideologías encaminadas a confundir, distanciar y enfrentar a los hombres, alejándoles tanto de su personal realidad interna como de las realidades exteriores que le son ofrecidas maquilladas a través de redes de comunicación prostituídas. Esto contribuye al conformismo y a la pasividad, pues estas redes bloquean, ningunean o desacreditan formas de pensamiento, ideas espirituales o alternativas culturales o sociales que pudieran contribuir a cambiar este programa destructor o al menos a tomar conciencia de sus imposturas y entrar en conflicto con él.

Todas las instituciones de la Sociedad Represiva, desde la Escuela-cuartel o el cuartel mismo, hasta el lugar de trabajo o de ocio están unidos por el mismo hilo conductor: ata, separa, domina.
En estas condiciones la toma de posesión de sí mismo, la liberación de la propia conciencia de su carga de negatividad autodestructora y de sus miedos a los poderes que constriñen la vida es algo necesario si queremos un mundo donde el gozo de vivir supere el miedo a morir. Este acto de posesión de sí mismo supone eliminar de sí toda la basura mental propia y adquirida desde que se tiene conciencia ética.

El Sistema no está dispuesto de ningún modo a tolerar que nadie se libere, porque deja de ser sumiso y receptivo a manipulaciones, y en consecuencia se obliga cada vez con más intensidad y amplitud a intentar inculcar sus venenos culturales a cada uno desde edades cada vez más tempranas hasta edades cada vez más tardías y por métodos cada vez más sofisticados.

Una cultura enferma

La cultura en el mundo que llamamos civilizado ha enfermado desde la raíz y gran parte de la gente tiene problemas de salud física o de origen emocional mientras no es capaz de liberarse de la influencia sociocultural. Al individuo, sin el que cualquier cultura es imposible, se le prohibe o se le induce a desconfiar de cualquier filosofía liberadora del orden que sea: social, mental, o espiritual. No es extraño que el resultado de tamaños esfuerzos llevados a cabo por todos los poderes negativos en conjunción -invisibles y visibles- sea la progresiva pasividad y paralización de tantas gentes que abdican de su propio poder y de su propia historia, pierden el sentido de la realidad y arrastran todos esos desequilibrios emocionales y físicos como observamos en todas partes del llamado Primer Mundo.

Esta es la forma de conseguir una homologación pseudo cultural entre naciones de las más diversas tradiciones y conducirlas a través del mercantilismo y la autodestrucción cultural a una filosofia pragmática de la existencia sin otro fundamento de valor que el tener y el ser reconocido por el conjunto para estar por encima. Quien no consigue esto, se presenta como un don nadie, un fracasado. Esta es la filosofía social y cultural del imperialismo globalizador-homologador cuya práctica lleva a los convencidos a la vida miserable de angustia y ansiedad competitiva y autodestructora que el sistema precisa. Se facilita así la aparición de cenáculos de iniciados, o de adictos al Poder que asumen su maldad y la extienden con subvención estatal. Como resultado estamos viviendo una cultura empobrecida y convertida en piezas de escaparate del espectáculo, una cultura urbana, ensimismada y negativa para la inteligencia, pero rentable a muchos niveles para sus promotores; una cultura que aplasta no sólo por su simpleza sino por el aburrimiento que es capaz de producir.

originario

fuente: www.kaosenlared.net/noticia/cultura-muerte-sociedad-espectaculo

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Que la sin-razón interrogue a la razón

Alzo la mirada, lo veo tocando la guitarra, ella interpreta un tango, estoy sentado en el patio de una antigua casa rodeado de personas, algunos son amigos, otros son médicos, otros psicólogos e intermitentemente encuentro algunos “locos”.

Procuro entender de que se trata esta escena, ¿porque nos encontramos juntos y mezclados si la lógica occidental exclama a gritos que cada uno debe permanecer seguro en su lugar, no moverse, mantenerse siempre mas acá del alambrado de la diferencia? Discurso que pregona la tolerancia como entre las máximas de la democracia, pero la tolerancia es poder sostener la diferencia con el otro, es superar el respeto a la manera de un movimiento dialéctico, es una invitación a poder desdibujar los lugares para poder sostener un modo de pensamiento distinto; distinción que no implica el no reconocimiento de la diferencia…porque al estar ahí sentado la misma resulta visible, palpable, perceptible, sería un engaño decir que somos todos iguales cuando la realidad muestra el reverso de esta idea.

¿De qué serviría negar que somos diferentes? Pero, ¿De qué diferencia se trata? ¿Qué quiere decir estar loco? Uno podría pensar que el loco es aquel que muestra al mundo sus extravagancias con el fin, no del todo conciente, de captar la mirada ajena, mirada que le asegura cierta existencia, que le brinda una aparente consistencia allí donde nunca sabemos, y nunca sabremos, con claridad quienes somos; postura que resulta independiente del estrato al que pertenece el sujeto, quien de nosotros no ha dicho alguna vez: mira este como se hace el loco!

Entonces parece evidente que por allí no va la locura, cualquiera de nosotros puede hacer una distinción clara entre aquellos que son y aquellos que se ubican del lado de la impostura, de querer mostrarse a sus espectadores, para los que montan el espectáculo de una supuesta rebeldía….Habiendo hecho esta pequeña distinción, que se encuentra del lado del saber común, intentaré aproximarme a una idea de la locura procurando eludir los álgidos laberintos conceptuales, que encontrarán su vía de acceso en algún acartonado texto académico.

Tengamos como brújula que para aproximarnos a la locura debemos ubicarnos en el centro mismo de la subjetividad, subjetividad que la mayoría de las veces produce un padecer que no tiene que ver con las condiciones sociales, culturales, humanas, económicas, etc; porque la locura no discrimina, la encontramos en los mas diversos campos sociales y económicos, no tiene frontera ni territorio, recorre los diversos espacios sociales sin detentarse en ninguno de ello quebrando las lógicas territoriales y anudándolas en su propio movimiento.

La mayoría de las veces el “loco” se encuentra atravesado por una particular forma de padecimiento, no siempre presente, que tendrá que ver con como se estructura la realidad y el mundo de estos sujetos, el cual no puede resultar sino profundamente diferente al nuestro, su realidad, su mundo se torna difícilmente compartible, no por ello imposible, en la medida que su psiquis se organiza a partir de una lógica radicalmente diversa a la de mayoría de nosotros.

Esta construcción alternativa del mundo, al que hemos sido arrojados, por momentos tiende a teñirse de una excitación emocional a raíz de que muchos de ellos poseen la certeza radical de poseer un lugar privilegiado por sobre el resto de los mortales, o bien dicha certeza puede convertirse en un padecer inquebrantable al asegurarle que el resto de los hombres se encuentran complotados y confabulando un gran plan en su contra. Este es uno de diversos modos que puede adoptar la locura, otros podrán tener alucinaciones auditivas o visuales; diversas son las formas que puede tomar, sin embargo en todas ellas se ven trastocados los modos de vincularse con los otros, los modos de sentir lo que ocurre a su alrededor, de sentir a los otros, de enamorarse, de construir amistades, de conformar los lazos familiares.

Los distintos modos de relacionarse adquieren una forma diversa a la de aquellos que nos regimos bajo una estructura psíquica, que nos permite entendernos a pesar de encontrarnos atravesados por el malentendido. A esta altura es evidente decir que la “locura” posee su propia lógica, lógica que se desliza mas allá de los márgenes, de los pivotes, que sostienen a la estructura social-cultural.

Procuremos eludir la tentadora valoración a la que estamos acostumbrados, a saber: es mejor, es peor, es preferible, no lo es, o cualquier otra forma de concebir la realidad. La mayoría de las veces estas valoraciones se aproxima a cierta moral construida desde determinados lugares de ordenamiento, a la manera de un antiguo castillo que aparenta integrar un paisaje pero que en verdad no mas que una construcción adosada por el hombre. De lo que se trata entonces, es de tolerar como movimiento superador de la tolerancia propuesta por el discurso democrático-occidental-capitalista, una tolerancia que pueda sostenerse en la diferencia sin recaer en las valoraciones que tienden a efectuarse desde cierto pedestal de la verdad, como si existiera tal podio desde el cual pudiese decirse cual es la realidad mas real. Verdad que no se permite admitir que existen variados sentidos para un mismo mundo y que procura imponerse por sobre las pequeñas verdades subjetivas.

Vuelvo a alzar la mirada, durante ese impasse percibo que se trata de fugarse por un instante de ese territorio cartografiado por infinitos atravesamientos discursivos, para jugar a que se pueden concebir los vínculos de una manera absolutamente particular, que la realidad puede tener infinitos matices, tantos como sujetos se encuentren sintiéndola; de lo que se trata es de explotar los pliegues que se entraman en los territorios por los que nos deslizamos cotidianamente, dejando advenir nuevos sentidos del mundo.

Santiago Candia

extraído del fanzine Festival Sarcástico nº1

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Turismo, consumo y “acorralamiento” de recursos nativos

En la actual conformación social la vida de verano suele tener lugar como tal siempre y cuando permita la concreción de ciertas aspiraciones burguesas como la autoridad económica que canaliza derroche, opulencia, cierto capricho.

Entre el inmenso cúmulo de mercancías que se ofrece para su ávido consumo, se mercantilizan incluso aquellos recursos naturales nativos que ya se presentan como escasos: de ser propios a un lugar determinado, adquieren valor comercial por haberse tornado extraños. Los ejemplos más visibles son sólo el ápice perceptible de la irracionalidad inherente a los parámetros de consumo moderno-occidentales. Pues el propio sistema capitalista-neoliberal explota hasta la extinción los insumos que necesita para generar las mercancías que hacen a su esencia. ¿Se escribirá el fin del capitalismo en paralelo a los límites “físicos” del planeta?

Temporada estival: miles de familias huyen del agobio de las grandes metrópolis hacia los destinos que prometen distensión y relax. Respetando sus habituales parámetros de abundancia, determinado sector social permuta el diario consumo propio a la vida en la inmensa ciudad por otros pintorescos objetos: artesanías, adminículos para la playa, platos extravagantes, ropa de colores excéntricos y un inacabable catálogo de enseres “imprescindibles”.

La mercantilización de la vida profundizada con las transformaciones económicas de la década del ’90 trastocó los sentidos de muchas prácticas sociales. Entre otros, los de la recreación veraniega. El turismo de los estratos relativamente acomodados y de las clases medias –muchas veces auto representadas como portadoras de aspiraciones, valores y privilegios burgueses-, parece materializarse “objetivamente” sólo si adquiere el estatus de espacio y tiempo de consumo. Excede, de esta manera, al simple ocio y descanso familiar.

¿Cuántos paradisíacos lugares aparecen como desolados, no son anotados como destino de plácido descanso en las respectivas guías ni beatificados con el título de “paisaje”, si no cuentan con una feria fenicia que garantice el paseo comercial diario, dador de sueños y de pasajera felicidad?

Voraz e inescrupulosa, la economía neoliberal se caracteriza entre otras cosas por producir mercancías –en diferentes escalas y ámbitos- sin importar los costos sociales, culturales y ecológicos de ello.

Respecto de estos últimos, y considerando el caso de las serranías cordobesas, uno de los más promocionados destinos turísticos argentinos, es tan llamativo como variado el abanico ofrecido de mercaderías y servicios elaborados con “insumos” de la flora y fauna nativas que por distintos motivos hoy resultan escasos o casi extintos en la región(2). (Irracionalidad que se adosa, por cierto, a la tan común dilapidación de recursos naturales en general).

“Muebles de algarrobo”, peperina (y distintas especies aromáticas y de uso medicinal francamente amenazadas por la extracción compulsiva), “Carbón de quebracho blanco”, escabeches de liebre y de pato silvestre, “Cabrito a la leña” (léase madera de monte nativo), labores con cueros de animales no domésticos, “Cabañas de troncos”. Estos y otros insólitos placeres son anunciados por carteles y volantes. Parecen sólo unos ítems dentro del exhaustivo menú preparado para satisfacer la avidez de los comensales. Pero, tanto los mencionados como muchos más, son amasados con los pocos especimenes del tipo que la explotación intensiva del hombre permite subsistir en la región (3).

Extrañas, inhallables exquisiteces que otorgan a los apetitosos compradores cierta distinción social; o el particular deleite individual de estar allí en donde otros no, ni en el presente ni a futuro.

¿Se ofrece sólo un plato caliente que se digiere ingenuamente, sin sopesar la inevitable destrucción supuesta en esta transformación de recurso natural a producto de mercado? ¿O se trata por parte de quien lo consume de la obtención de un souvenir, de un simbolismo que se fundamenta en el acceso y la conquista de lo más recóndito y último del medio nativo, vivo desde tiempos inmemoriales hasta el momento de aparecer etiquetado en la góndola?

Como sea, por unos pocos pesos generosamente el sistema permite participar del singular (y quizá no dimensionado) privilegio de maltratar al ambiente, de desbaratar su equilibrio.

Dentro de la lógica del consumo indetenible e irreflexivo, el gozo se erige sobre el cadáver de lo virgen. La vida es momento, es presente y yo: no hay ni tiempo ni sentido de la alteridad para reparar en las bellas y diminutas lumbres que se manifiestan frente a los ojos, que si bien pequeñas, son en fin las que hacen al indescifrable rompecabezas de la biodiversidad planetaria. Los ejemplos antes referidos son sólo pequeños testimonios distinguibles entre tantos gestos inciertos, borrosos. Pero permiten certificar con nitidez la triste insensatez del modelo de hombre dominante en esta época de la historia. Pues cuanto menos sustentable son las acciones humanas, más evidente se hace la formulación de Franz Hinkelammert según la cual la globalización del capitalismo constituye una conformación caníbal respecto del sujeto y del entorno. Aunque también, suicida, en tanto para asegurar su existencia socava los propios basamentos en los cuales se asienta la humanidad(4).

En las antípodas del sistema y fuera de esta factibilidad autodestructiva –y de la consecuente eliminación de los hombres que lo padecen a la vez que sostienen- sólo puede pensarse en una posibilidad para evitar este escenario: la sensibilidad por la sencillez de la vida; y la consciencia colectiva, revolucionaria, emancipatoria.

Emiliano Bertoglio

Notas:
(1) Por Emiliano Bertoglio. Sierras de Punilla (Córdoba, Argentina). Enero, 2010.
(2) Anótese que las diferentes especies amenazadas son valiosas en sí mismas, pero tanto más en tanto parte de un conjunto (considerar a los ejemplares de la flora y de la fauna como existentes independientemente de los demás, es contemplarlos desde una perspectiva excesivamente “técnica”, aislados del contexto en el cual desarrollan su vida). Dentro del conjunto que componen, cada acción violenta del hombre altera la delicada necesidad mutua entre quienes conforman la biodiversidad, y no sólo a tal o cual animal o planta.
(3) Además de estas delectaciones autóctonas, como goces exóticos o provenientes de ignotas regiones, los locales de venta de “productos regionales” ofertan “opciones” como ciervo ahumado y salames de jabalí, entre otros. (En sintonía con las anteriores graficaciones, un selecto restaurant de la Capital Federal honra a sus comensales con un plato formado por carne de yacaré asada).
Debe considerarse que en las serranías cordobesas los ofrecimientos constituyen o alternativas de economía de subsistencia para los auténticos lugareños, en donde la explotación generalmente es menos intensiva; o relativamente importantes emprendimientos comerciales de los migrados capitalinos que buscan en los nuevos aires una vida lejana al vértigo de la ciudad.
(4) Franz Hinkelammert, El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización. 2001. Colección Escafandra. Santiago de Chile. En sintonía con esta expresión, dice Ceceña que “El mercado, por sí mismo, es autodestructivo. (…) (Con muchos de) los desarrollos tecnológicos que se han conocido en los últimos 30 años, se traspasó el umbral de la mayor catástrofe ecológica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme número de especies, por provocar desequilibrios ecológicos y climáticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extinción” (Ana Esther Ceceña, El posneoliberalismo y sus bifurcaciones. Artículo publicado en http://www.rebelion.org, el 5 de enero de 2010 y días ss.).

fuente: www.rebelion.org/noticia.php?id=100607

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La colonialidad del poder

La revista Polis de la Universidad Bolivariana * presenta una entrevista a Ramón Grosfoguel, realizada por Angélica Montes Montoya y Hugo Busso.

Profesor Grosfoguel, ¿qué es la colonialidad del poder?

El colonialismo es distinto al concepto de colonialidad. Lamentablemente mucha gente confunde los dos conceptos. El colonialismo es la usurpación de la soberanía de un pueblo por otro pueblo por medio de la dominación político-militar de su territorio y su población a través de la presencia de una administración colonial. Con el colonialismo un pueblo ejerce la dominación y explotación política, económica y cultural sobre otro pueblo. El colonialismo es más antiguo que la colonialidad precediendo por mucho el presente sistema-mundo capitalista/patriarcal moderno/colonial que se inaugura con la expansión colonial europea en 1492. Lo nuevo en el mundo moderno-colonial es que la justificación de dicha dominación y explotación colonial pasa por la articulación de un discurso racial acerca de la inferioridad del pueblo conquistado y la superioridad del conquistador. La colonialidad aunque tiene una relación estrecha con el colonialismo no se agota en ello.

La colonialidad se refiere a un patrón de poder que se inaugura con la expansión colonial europea a partir de 1492 y donde la idea de raza y la jerarquía etno-racial global atraviesa todas las relaciones sociales existentes tales como la sexualidad, género, conocimiento, clase, división internacional del trabajo, epistemología, espiritualidad, etc. y que sigue vigente aun cuando las administraciones coloniales fueron casi erradicadas del planeta. Por ejemplo, el patriarcado no se puede entender en su complejidad si no entendemos cómo la colonialidad del poder lo atraviesa y transforma.

¿Como se da esa relación entre patriarcado y colonialidad del poder?

R.G: En primer lugar, lo que se globalizó fue un patriarcado europeo. No es que no hubieran otras formas de patriarcado antes de la colonización europea, pero éstas operaban con formas de organización y lógicas de dominación distintas. El patriarcado europeo encontró diversas relaciones entre los sexos en diferentes regiones del mundo cuando se expandió junto a la expansión colonial europea hasta cubrir el planeta entero a fines del siglo XIX. En unos lugares el patriarcado europeo encontró formas patriarcales no-occidentales y reacciono ante ellas de diversas maneras de acuerdo a las historias y contextos locales. En unas regiones destruyó el patriarcado local e impuso el europeo, en otros lugares afirmó los formas locales sin pretender reemplazarlas, mientras que en otros lugares se dio una negociación articulándose formas híbridas entre el patriarcado europeo que se globalizó y el patriarcado no-occidental local que persistió.

En otras regiones del mundo donde las relaciones entre los géneros eran de igualdad o donde habían matriarcados, el patriarcado europeo las destruyó para imponer su lógica de dominación. Esto no se pueden entender en su complejidad si no estudiamos los procesos concretos que se dieron en cada región colonizada por Europa.

En segundo lugar, lo más importante de esto es que por primera ves en la historia mundial tenemos un patriarcado que se globaliza hasta cubrir el planeta entero y donde unas mujeres demográficamente minoritarias van a tener mayor poder, recursos y riqueza que la mayoría de los hombres del mundo. Es decir, tenemos un patriarcado donde algunas mujeres son superiores a gran parte de los hombres. En los patriarcados pre-modernos todas las mujeres eran inferiores a todos los hombres. Pero esto cambia con la globalización del patriarcado europeo durante la expansión colonial europea. El feminismo eurocentrado, blanco tiene dificultades en entender esto. Las feministas negras, indígenas e islámicas han insistido en que no se puede entender el patriarcado hegemónico sin entender cómo el racismo rearticula las relaciones de género y sexualidad otorgando privilegios a las mujeres blancas sobre los hombres y mujeres de color. Pongo este ejemplo para ilustrar cómo la idea de raza y su jerarquía etno-racial global afecta todas las relaciones sociales incluidas las de género y sexualidad.

Cuando se trata de la división internacional del trabajo entre centros y periferias o cuando se trata de las relaciones inter-estatales político-militares globales o cuando se trata de la relación capital-trabajo es más fácil de hacer visible cómo la idea de raza afecta todas estas relaciones. Por ejemplo, los centros que acumulan la riqueza del mundo son como tendencia fundamentalmente poblaciones de origen europeo y las periferias como tendencia son fundamentalmente poblaciones de origen no-europeo. En las relaciones capital-trabajo las formas más coercitivas y menos remuneradas de trabajo son hechas por poblaciones no-europeas. “Europeo” aquí no se refiere a la población del territorio que conocemos como “Europa”. Se refiere a una posición en un sistema de clasificación racial en una jerarquía etno-racial global donde el que sea clasificado como “euro” tendrá privilegios y acumulación de riquezas superiores a los que sean clasificados como no-europeos. Es decir, la idea de raza y el racismo no son un epifenómeno o superestructura derivada de la lógica de acumulación de capital a escala mundial sino que es constitutiva de ésta.

La idea de raza organiza la división internacional del trabajo, define quién recibe mayor riqueza o mejores salarios y quién hace los peores trabajos. Japón es la excepción que confirma la regla, pues es el único país no-occidental que forma parte de los centros metropolitanos del sistema-mundo porque nunca fue colonizado ni periferializado por Europa ni por Euro-Norteamérica. Por el contrario, Japón participó junto a occidente en la expansión colonial apropiándose de territorios y poblaciones que constituyó como parte de su periferia. En fin, que el concepto de colonialidad nos habla de un patrón de poder colonial que sigue vigente aun cuando las administraciones coloniales hayan desaparecido. Esto nos invita a descolonizar la manera como pensamos la economía-política.

¿A qué se refiere por descolonizar la economía-política?

Los paradigmas de la economía-política (de izquierda y derecha) siguen produciéndose desde la epistemología eurocentrada de la ego-política del conocimiento. La ego-política del conocimiento es la epistemología que inaugura a mediados del siglo XVII René Descartes como fundamento de la filosofía moderna. La epistemología cartesiana se caracteriza por el lema de “Yo pienso luego existo”. Este “Yo” es abstracto, no se sitúa en ningún lugar de acuerdo a la epistemología cartesiana. Es un punto de vista que no se asume a sí mismo como punto de vista. Descartes seculariza al Dios de la teo-política del conocimiento cristiana y pone como fundamento del conocimiento al hombre. Pero si tomamos en cuenta que en el sentido común colonial/imperial/patriarcal de la época las mujeres (occidentales y no-occidentales) y los hombres no-occidentales no tenían uso de razón, es decir, son seres inferiores irracionales, este “Yo” que aparece como abstracto se refiere concretamente al hombre occidental. En la epistemología cartesiana los atributos de Dios pasan ahora al hombre occidental. La capacidad de producir un conocimiento eterno e infinito más allá de todo tiempo y espacio y de acceder a la verdad universal se transfiere de Dios al hombre occidental. Esta arrogancia de situarse como el ojo de Dios proviene de una localización existencial muy precisa: el ser imperial.

Como dice el filósofo de liberación latinoamericano Enrique Dussel, el ego cogito cartesiana es precedido por 150 años del ego conquirus occidental. La condición política de posibilidad del “Yo pienso, luego soy” son 150 años de “Yo conquisto, luego soy”. Esta epistemología imperial donde el hombre occidental va a ser el fundamento de todo conocimiento verdadero y universal, está en la base de todas las ciencias sociales y humanísticas occidentales. El “Yo” abstracto encubre quién habla y desde cuál localización corporal y espacial en las relaciones de poder se habla.
Para poder asumir un conocimiento que sea equivalente al ojo de Dios, la epistemología cartesiana y su herencia en las ciencias sociales occidentales tiene que encubrir la corpo-política y la geo-política del conocimiento. No puede haber conocimiento universal mas allá de todo tiempo y espacio si el mismo estuviera localizado en un lugar y en un cuerpo determinado. De ahí que el dualismo cartesiano entre cuerpo y mente, mente y naturaleza, como dos substancias aparte le permite entonces representar la mente como fuera de toda determinación espacial y corporal y, por tanto, como capaz de producir un conocimiento no-situado, neutral y objetivo entendido como verdadero para todos en el universo.

Este reclamo de objetividad y neutralidad es fundamental para el encubrimiento epistemológico que ejercen las ciencias occidentales de la geo-política y la corpo-política del conocimiento a nombre de una falsa ego-política del conocimiento. Esta arrogancia está en la base de los proyectos imperiales y las ciencias sociales occidentales que reproducen un racismo epistemológico donde la tradición de pensamiento de los hombres occidentales es representada como superior y todo conocimiento que provenga de epistemologías y cosmologías no-occidentales es considerado como inferior. Esta ego-política del conocimiento y su derivado racismo epistemológico se sigue reproduciendo aun entre pensadores que se declaran críticos del cartesianismo.

Volviendo a la pregunta, el asunto es que los paradigmas de la economía-política se construyeron a partir de una mirada eurocentrada del mundo donde se privilegia a nombre de la ego-política del conocimiento la mirada Europa de lo que conocemos como expansión colonial europea y capitalismo global. Visto desde Europa, lo nuevo es la lógica de acumulación a escala mundial. Pero si cambiamos la geografía de la razón, vista la expansión europea desde la localización estructural de una mujer indígena en las Américas, lo que llegó fue un paquete de relaciones de poder más amplio y complejo que incluye, por supuesto, la acumulación de capital sin agotarse en ella.

Me refiero a que simultáneamente a la construcción de una división internacional del trabajo de centros y periferias donde el capital domina y explota a través de diversas formas coercitivas de trabajo (esclavitud, servidumbre, salario, etc.) en los pueblos de la periferia se construyeron otras jerarquías globales tales como etno-raciales (donde los occidentales son considerados como superiores a los no-occidentales), de género (donde los hombres dominan sobre las mujeres), sexuales (donde los heterosexuales con la familia monogámica nuclear cristiana domina sobre otras formas de sexualidad y de organización familiar no-occidentales), epistémicas (donde a través del sistema universitario global los saberes occidentales dominan sobre los no-occidentales), espiritual (donde los cristianos (católicos y protestantes) a través de la iglesia cristiana global dominan sobre las espiritualidades no-cristianas y no-occidentales), estéticas (donde las formas de arte y belleza europeas se privilegian sobre las no-europeas), pedagó-gicas (donde las formas de pedagogía occidental dominan sobre las pedagogías no-occiden-tales), lingüísticas (donde las lenguas europeas se privilegian sobre las no-europeas),etcétera.

Todas estas jerarquías globales enredadas entre sí, forman un sistema heterárquico, es decir, donde diversas jerarquías de poder están entrelazadas y enredadas unas con otras y la idea de última instancia no se puede determinar a priori para todas las situaciones. El sistema-mundo no es simplemente un sistema económico como nos quieren hacer ver los paradigmas de la economía-política. Es un sistema de poder heterárquico que no puede ser pensado desde una lógica reduccionista económica. Como han mostrado las experiencias socialistas fracasadas del siglo XX, no se puede transformar este sistema si no destruimos todas las jerarquías de poder existentes en su multiplicidad. La vieja idea de que resolviendo los problemas de clase automáticamente se resuelven los problemas de la explotación y dominación es una idea obsoleta que parte de un análisis del sistema-mundo que se limita a relaciones económicas.

Sin negar la importancia de la explotación del trabajo como una dimensión fundamental del presente sistema-mundo, rehúso seguir caracterizando el presente sistema-mundo como “capitalismo global” o “sistema-mundo capitalista”. Esta caracterización in-visibiliza las múltiples relaciones de poder envueltas en el presente sistema-mundo y por tanto descarrila las luchas contra el mismo. De ahí que a riesgo de sonar ridículo opte por una frase más larga para caracterizar el presente sistema que visibilice la heterarquía de la multiplicidad de relaciones de poder: “sistema-mundo Europeo/Euro-norteamericano cristiano-centrado moderno/colonial capitalista/patriarcal”.

El “patrón de poder colonial” que habla Quijano es precisamente esta multiplicidad “histórica heterogénea estructural” de relaciones de poder. Esto es fundamental porque no puede haber lucha radical contra el sistema si la misma no es –como dicen las feminista chicanas y negras- desde una conciencia interseccional, es decir, si no abarca al mismo tiempo la producción de una conciencia y una lucha contra todo el paquete de relaciones de poder envuelto en el patrón de poder heterárquico arriba descrito. Lo que ha pasado con la izquierda del siglo XX es que siempre privilegio una de las jerarquías de poder (ej., el asunto de clase) asumiendo que resolviéndola por sí misma y automáticamente resolvía todas las demás.

De ahí que en la lucha del movimiento socialista del siglo XX se construyeran jerarquías patriarcales, racistas y elitistas que terminaron produciendo un capitalismo de estado en lugar de una nueva sociedad. La radicalidad consiste en no dejar que ningún elemento de las ideologías y jerarquías de poder del sistema-mundo quede sin ser atacado. Que cuando luchamos contra los capitalistas construyamos al mismo tiempo organizaciones feministas, anti-racistas, anti-eurocéntricas, etc. Que cuando luchamos contra el patriarcado al mismo tiempo luchemos contra el capital, contra el racismo, contra el cristiano-centrismo, etc. Los medios construyen los fines. Si al luchar contra una jerarquía de poder olvidamos las demás y, peor aún las reproducimos al interior de las organizaciones, terminamos construyendo las mismas jerarquías contra la cual luchamos y terminamos reproduciendo el mismo sistema social contra el cual nos oponemos. Esta es la paradoja de la que no hemos logrado salir en la izquierda mundial.

¿Cómo debemos entender y ver al mundo occidental hoy?, ¿cómo evitar los fundamentalis-mos que cierran el pensamiento y rompen puentes entre culturas y sociedades históricas?

El fundamentalismo de orden epistemológico y religioso más peligroso es el fundamentalismo occidentalista eurocéntrico. El fundamentalismo que llamamos indigenista, islamista, afrocentrista, etcétera, no es otra cosa que una invención derivada del fundamentalismo eurocéntrico, son derivados de este. ¿Por qué digo esto? Porque las oposiciones binarias del pensamiento fundamentalista-eurocéntrico que no reconoce en plano de igualdad otras epistemologías que la propia y que no ve de igual a igual ninguna otra epistemología o cosmología como normal excepto la propia, produce un racismo epistemológico donde solamente la verdad y la justicia están del lado occidental pues los conocimientos no-occidentales son considerados como inferiores.

El fundamentalismo tercermundista reproduce las mismas premisas y términos binarios de occidente pero invirtiendo las oposiciones binarias del fundamentalismo eurocentrista. Occidente dice que el mundo no occidental no tiene democracia, solamente tiene concepto de democracia occidente, el mundo no occidental no tienen capacidad de pensar en términos de universal, no tiene concepto de ciudadanía, o de igualdad, etc. y los fundamentalismos anti eurocentristas aceptan la premisa y se posicionan exactamente como occidente los caracteriza: como patriarcales, autoritarios, anti-democráticos, etcéetera.

En primer lugar sabemos que todos estos conceptos de la modernidad fueron apropiacio-nes de occidente del mundo no occidental. La modernidad eurocentrada nos ha hecho creer que todas estas son categorías inherentemente europeas, cuando en realidad no lo son, histó-ricamente muchas de esas categorías fueron usadas por otras epistemologías, sino que Occi-dente se las ha apropiado haciéndolas inherente y naturalmente suyas, y ha hecho del resto del mundo ignorante y naturalmente opuesto a eso, autoritario, particulturalista, etcétera.

Entonces, lo que hace el “fundamentalismo-tercermundista” es invertir estas categorías y aceptar la premisa del “fundamentalismo eurocéntrico” y decir: es verdad la democracia es occidental, no se aplica a mí, yo defiendo la monarquía (eso es Bin-Laden); la igualdad no me pertenece a mí, así que yo apoyo la desigualdad; los derechos de la mujer son occidentales, aquí tenemos a la mujer que debe obedecer al hombre, etc. Este tipo de reflexiones, no son sino una caricatura del otro invertida y asumiéndose como superior: agarra las mismas premisas del discurso eurocéntrico, las invierte las deja intactas, y afirma su otredad como superior a la de occidente. Eso es, fundamentalismo hoy en día, y eso no es otra cosa que fundamentalismo eurocentrista invertido, es decir, diversas visiones del mismo problema eurocéntrico. Para mi Ben-Laden, es tan fundamentalista eurocéntrico como Habermas, porque están atrapados en las mismas premisas del pensamiento occidental.

Pero, ¿cómo entender el lugar de la izquierda en este fundamentalismo eurocéntrico? Ya que una crítica fuerte a esa visión universalista y capitalista, llega de la izquierda: quien reclama derechos de igualdad y una relación horizontal entre los individuos que conforman una sociedad, y ello al margen de sus condiciones particulares, de género, de cultura, de raza, etcétera.

En ese sentido, la crítica que viene a la relación de poder desde esa izquierda eurocéntrica, occidentalizada, no logra resolver el problema, porque nunca logra salirse o descolonizar el concepto de universal de occidente. Sino que la derecha de occidente afirma, desde su particularidad, un proyecto universal, y la izquierda responde con lo mismo desde su particularidad, con otro proyecto universal. Ello sin mirar el problema de la diversidad epistémica, y de que cualquier proyecto que hagamos debe ser el resultado de un diálogo epistémico múltiple. Debe ser un “andar preguntando” tojolabal zapatista y no un “andar predicando” que viene de la cosmología cristiana y nos lleva a la campaña de prédica del Leninismo.

La “otra campaña” zapatista parte del “andar preguntando” que se funda en una cosmología Tolojabal, y por supuesto, su proyecto político es distinto. Se trata de ir a dialo-gar y a construir. En ese sentido, toda la izquierda occidental tiene que pasar por un proceso descolonizador que parta del reconocimiento de la diversidad epistémica. La lucha contra el capitalismo, el patriarcado, y el imperialismo, hacia una socialización anti-estatista del poder será muy distinta a nivel institucional en los mundos islámico, tojolabal, aymara o bantú.

A partir de lo anterior, ¿podría decirse que la descolonización implica la construcción de nuevos y novedosos conceptos, que sirvan para pensar el mundo hoy?

No, el concepto de novedad es totalmente moderno y colonial. La descolonización no implica crear nuevos conceptos, no necesita de nuevos conceptos, ella implica meternos en otras genealogías de pensamiento, que no son nuevas, son viejísimas. El “mandar obedeciendo” o el “andar preguntando” por ejemplo, son viejísimos. ¡Tienen como 1000 años!, lo que ocurre es que desde esas cosmologías otras se resignifican elementos de la modernidad eurocentrada.

Es el caso de la premisa “mandar obedeciendo”, de los zapatistas. Es un concepto de democracia donde ellos están resignificando la democracia desde esa otra cosmología. Esto es, el pensamiento fronterizo no fundamentalista, que no rechaza la democracia sino que la resignifica desde otra cosmología. No se trata necesariamente, entonces, de crear nuevos conceptos, aunque a veces sea necesario. Se trata mas bien de situarnos desde esas genealogías de pensamiento otras, partir de ahí para redefinir los elementos de la modernidad eurocentrada.

Eso sería el proyecto decolonial, estos son conocimientos otros que han sido silenciados y enterrados por la colonización occidental y que ahora han salido al espacio público con los movimientos indígenas, los movimientos negros, etc. Y ahora la gente dice, ah este es un nuevo concepto de “democracia” como cuando los zapatistas hablan de “mandar obedeciendo”, verlo como nuevo es domesticarlo en la modernidad, pues enfatizar en lo nuevo o novedoso, forma parte de la lógica de la modernidad/colonialidad. La pregunta es: ¿Nuevo para quién? Es nuevo para los que no conocen estas cosmologías otras, pues el “mandar obedeciendo” tiene miles de años como concepción y como práctica.

¿Es decir que la descolonización trata de rescatar pensamientos, imaginarios silenciados y oprimidos?

¡Sí, la descolonización trata mas de rescatar que de inventar!

Si no quisiéramos llamar a los indígenas así, ¿como podríamos llamarlos o no deberíamos llamarlos?, ¿sería muy universal en un país, decir que este solo está compuesto de hombres y de mujeres, y así dejaríamos las categorías de negro, indio, blanco, etcétera?

No, las categorías como negro, indio, blanco antes de 1492 no existían, esas son categorías del mundo colonial y de la modernidad eurocentrada. Antes de 1492 nadie se definía como blanco en Europa, nadie se denominaba negro en África y nadie indio en América latina, estas son categorías coloniales. Una vez se construyen entonces plantean la creación de un mundo de desigualdades sociales muy distinto a los sistema-mundo anteriores. Una solución a este problema es el modelo republicano francés (que han imitado las elites criollas blancas de América Latina), que se tapa los ojos y propone no usar esas categorías raciales, prohibiéndolas si es posible. “Para no crear mas división” nos dicen, como si la división no estuviera ya creada y estructurada en las relaciones de poder colonial existentes, como si nuestro imaginario y nuestras estructuras de poder económicas, políticas y sociales no estuvieran ya atravesadas por ello.

Ante esta situación, si bien en el largo plazo podemos pensar y desear un mundo mas allá de eso, en el corto plazo la manera de contestar la supremacía blanca no es ocultando la racialización existente como hacen las “democracias raciales” latinoamericanas. Porque en América Latina si tu tratas de ocultar esas categorías, tú caes en el mito de la “democracia racial”. Reproduces la manera como la supremacía blanca opera. Por ello, cuando el movimiento negro se llama negro y apunta al Estado colombiano como un Estado de hombres blancos , o cuando el movimiento indígena de Ecuador y Bolivia, se llaman a sí mismos indígenas (sabiendo que hay entre ellos mismos diferentes grupos étnicos variados y que indígena no es sino una categoría colonial homogeneizadora de la heterogeneidad), y apuntan a que el Estado Boliviano es Blanco y que hay que descolonializar este Estado, están haciendo visible algo que la democracia racial, el discurso de la supremacía blanca en América Latina intenta ocultar. Es por ello que yo me opongo al discurso de desracializar las identidades y desracializar las relaciones sociales. Porque lo que ocurre con eso es que participas en el ocultamiento que pretende la supremacía blanca en el poder en toda América Latina. Ésta, como dijera antes, no opera nombrando, opera ocultando bajo discursos de identidad nacional y de ciudadanía nacional: somos colombianos, somos brasileros, somos bolivarianos, etc. Pero en la práctica, el que manda es un blanco boliviano, un blanco colombiano y un blanco brasileño. Mandan no obedeciendo sino dominando. En la práctica, el negro está en la favela, y el indígena en situaciones de pobreza extrema.

¿Como tú explicas esto? Obviamente, las relaciones sociales son fuertemente racializadas. Entonces, lo que ha hecho el discurso de la supremacía blanca, de “democracia racial” y “discurso republicano” imitador de los franceses, es ocultar esas jerarquías sociales racializadas. Precisamente porque como son minorías demográficas en sus propios países, necesitan ocultar a nivel del discurso político cómo opera socialmente el país. Y la manera de ocultarlo es desracializando las relaciones sociales, porque si las racializa, las hace visibles y si esto ocurre, tiene un problema político serio pues una minoría de blancos no puede dominar a una mayoría de no-blancos sin ocultar las divisiones raciales que se manifiesta de manera compleja y enredada con la estructuración de clase.

Entonces, el primer paso para descolonizar es nombrar, identificar con categorías que hagan visible quien es quien. Quién esta en el poder y quién esta abajo, jodido. Para eso tienes que usar categorías raciales coloniales, para hacerlo visible, y si no lo haces por querer escapar al uso de dichas categorías identitarias coloniales, entonces terminas participando del ocultamiento y la invisibilización del poder blanco capitalista/patriarcal. Los movimientos negros en las Américas han sido muy claros en este sentido. En particular, el movimiento negro brasilero ha sido exitoso en acentuar la identidad negra para hacer visible las desigualdades raciales y el racismo de Brasil.

A ese propósito, hace algunos años algunos grupos de mujeres decían que “lo que no se nombra no existe”, y reivindicaban el denominarse movimiento de mujeres, frente a un sistema patriarcal. Pero diez anos después, uno ve que algunos grupos de mujeres han perdido su impulso y otras en su participación en el poder repiten el comportamiento del patriarcalismo y de la política eurocéntrica y tradicional…

Existe un feminismo blanco y heterosexual muy fuerte. Hay muchos feminismos, no uno solo. Por ejemplo, existen feministas islámicas, indígenas zapatista, negras y es muy interesante porque las feministas de la diferencia en Francia o las feministas de la igualdad en los EEUU caen en el mismo esquema colonial/imperial al no reconocer ni tomar en serio los feminismos que parten desde epistemologías otras. El límite de la igualdad es la mujer de color y el límite de la diferencia son las feministas islámicas, aquí. No es posible en el contexto de un feminismo de la diferencia una feminista islámica, porque no se le reconoce su diversidad epistémica. Volvemos a la discusión central, la mujer occidental no le puede dictar a la mujer no occidental sus formas de liberación. Es decir, desde un particular no se puede definir un proyecto universalista y aplicarlo como diseño global imperial a todo el mundo, como la barra que va a medir si tú eres feminista o no. Entonces si usas las categorías del feminismo occidental, sea de la diferencia o de la igualdad, ahí te caíste de cabeza, porque esa es una diferencia al interior, no es alteridad y, por tanto, no es decolonial.

Se repite y reproduce al interior del propio feminismo los problemas que la derecha reproduce como diseño global. Pues hay un feminismo occidental, que reproduce como diseño global qué es la liberación femenina y qué es el patriarcado. Pero en ese proceso no reconocen el feminismo indígena zapatista, ni el feminismo islámico porque estos movimientos están pensando desde otra cosmología y epistemología, un proyecto de liberación otro muy distinto al de la mujer occidental. El problema del racismo epistémico se refleja en esta discusión cuando estos feminismos otros no son tomados en serio por el feminismo blanco occidentalista. Entonces, ahí se reproduce nuevamente, al interior del feminismo blanco, el mismo problema de la filosofía occidental, que consiste en un particular definiendo para todos, encubriendo desde donde habla, y luego definiendo la universalidad para todos desde su particularidad y negando la diversidad epistémica. ¿Que pasaría si el feminismo se planteara en serio la diversidad epistémico?; entonces tendría que entrar en un diálogo transmoderno, horizontal entre todas las particularidades epistémicas para definir un proyecto de liberación de la mujer universal-concreto y no abstracto. Un universal-concreto en oposición a un universal abstracto sería el resultado del diálogo crítico entre mujeres islámicas, afro-descendien-tes, yorubas, bantú, de París, de NY, etc. Es un proyecto de liberación de la mujer donde surge un universalismo más consecuente, que sería pluriversal en vez de universal, muy distinto al proyecto universal del feminismo blanco. Este cambio epistémico de un proyecto universal a uno pluriversal aplica también a la izquierda en general.

¿Qué opinión te merece lo que ocurre en Venezuela, y la tan anunciado socialismo del siglo XIX, que lo promueve Chávez como un pensamiento “postcolonial” desde la marginalidad, y su propuesta política esta pensada no sólo para una clase pobre y obrera (en términos occidentales), sino a una población marginal por que es indígena, femenina o negra?

Lo primero sería señalar que para nosotros el concepto de postcolonial es problemático, porque no existe un post a la colonialidad. Nosotros preferimos hablar de la colonialidad del poder, de la colonialidad del ser, y la del saber como tres formas de colonialidad en el mundo moderno colonial. Pero la idea de postcolonial y los estudios anglófonos que se llaman postcoloniales tienen la dificultad de que siguen hablando de ese post, como si hubiera una temporalidad, en donde en algún momento terminó la colonialidad y ahora estamos en otro mundo. Eso, para nosotros es muy problemático, desde la perspectiva de la colonialidad. En segundo lugar, otra diferencia que tenemos con ellos es el problema de la diversidad epistémico.

Ellos siguen pensando desde la epistemología occidental. Si tú miras los estudios postcoloniales anglófonos Spivak piensa con Derrida, Bhabha con Lacan, Said con Foucault, los subalternos de la India con Gramsci, siguen todavía pensando en categorías de pensadores de esa izquierda que formuló una crítica al eurocentrismo desde el eurocentrismo. No logran romper con el racismo epistemológico, no logran plantearse en serio el problema de la diversidad epistémica. Entonces, eso lo vemos como un problema, porque si bien ellos tienen trabajos muy importantes e interesantes que no rechazamos, los vemos positivamente, hay unos límites hasta donde puedes llegar con eso. Puedes criticar, desmontar y destruir, pero, ¿qué vas a construir? Para construir tienes que plantearte la diversidad epistémica, y sino te la planteas entonces vuelves y caes en el mismo problema colonial que tratas de criticar. Por eso, para nosotros, a diferencia de la escuela de pensamiento postcolonial, el asunto no es culminar el proceso de la modernidad o hacer modernidades otras, sino que como la modernidad-colonialidad están intrínsicamente ligadas, no podemos separarlas y por ello es necesario pensar un mundo más allá de la modernidad que llamamos, siguiendo a Enrique Dussel, “transmoderno”. En ese sentido, la transmodernidad se inscribe en un proyecto de descolonización.

En cuanto a Hugo Chávez, yo tuve la oportunidad de trabajar con el grupo de colonialidad en mayo del año pasado en Caracas y tuve la oportunidad de estar allá y ver muchas cosas que aquí no se ven. Me parece que el proceso que abre el movimiento bolivariano liderado por Hugo Chávez tienen un potencial descolonizador y antisistémico enorme, porque a través de ese proceso se han abierto toda una serie de intervenciones de grupos subalternizados, racializados etcétera, que anteriormente no encontraban espacio para manifestarse. Ahora se han abierto todos esos espacios. En ese sentido, veo positivamente lo que esta pasando en Venezuela y creo que todo lo que se lee fuera de Venezuela de que Chávez es un dictador que limita la libertad de prensa, y la oposición, es una gran mentira y una exageración. Porque en Venezuela operan todos los canales de televisión y prensa contestatarios y la mayoría de los medios están contra él y operan libremente. El problema con esa televisión en particular, es que se trataba de una televisión golpista, televisión que no duraría 5 minutos en ningún país occidental, ya que llamaba prácticamente al derrocamiento del régimen por métodos nada democráticos. Durante el golpe de estado fue la televisión que instrumentalizó toda la publicidad de los golpistas con la población. Hugo Chávez no le renovó su contrato. No fue que censuraran, la dejo operar hasta que se acabó el contrato, entonces, ¿por qué renovarlo?

La cuestión es, que podemos discutir si la táctica de HC es correcta o no, lo que es indiscutible es que en Venezuela hasta el momento no hay un proceso de dictadura, ni un proceso autoritario como lo intentan vender en occidente. Hay un proceso en donde se practica una democracia liberal mucho mas consecuente que una democracia occidental, por que hay un inciso que tiene la constitución bolivariana que permite a la oposición que si hoy fue elegido Sarkozy, se recojan un numero de firmas con las cuales se puede convocar a un referendo para revocar el mandato presidencial. Eso ninguna democracia occidental tienen esta posibilidad. Tienen que esperar 4 años para poder revocar al presidente de turno. En el caso de Venezuela existe eso. Añádase que Chávez ha ganado limpiamente las elecciones. Más limpiamente que la elección de Bush en 2000 y 2004.

Eso no quiere decir que no existan contradicciones al interior de ese proceso, que no existan intentos de instrumentalizar a los movimientos sociales, grupos subalternos, desde el poder. Hay luchas y contradicciones, creo que no se puede confundir el proyecto de Evo Morales con el de Chávez, porque el proyecto de Morales sí es un proyecto descolonizador. Están partiendo de descolonizar al estado abiertamente. Están partiendo desde el ayllu que es una cosmología aymará (cosmología otra) desde la cual se plantean esta descolonización. La idea es, por un lado, instrumentalizar el estado para viabilizar los movimientos sociales indígenas y, por el otro, transformarlo fuera del marco de estado-nación en un estado plurinacional que tenga estructuralmente como parte de su poder constituyente la estructura del Ayllu así como las formas de democracia parlamentaria. Eso no se lo ha planteado Chávez. De hecho dentro del proyecto chavista co-existen también fuertes sesgos estatistas, autoritarios y coloniales.

La reciente propuesta de reforma constitucional chavista elimina puntos democráticos fundamentales de la propia constitución bolivariana y centraliza el poder en el ejecutivo. Yo no creo que el proyecto de Chávez con todos los puntos positivos que podamos señalar, sea un proyecto descolonizador, porque sigue atrapado en la epistemología y cosmología occidental y en el proyecto socialista del siglo XX a pesar de la retórica de apoyar un socialismo del siglo XXI. Como el socialismo del siglo XX no sirvió vamos a refundar el socialismo del siglo XXI, otro diseño global universal que no creo que nos lleve muy lejos y que no constituye una ruptura con el socialismo anterior. Pues no se plantean en serio el problema epistemológico eurocéntrico de Occidente.

* Santiago de Chile, volumen 5 nº 18, del año 2008

fuente: www.revistafuturos.com.ar

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