No olvidéis a los presos de Action Directe

La memoria del poder contra la memoria anticapitalista y viceversa

Si la película «Salvador», a pesar de su eminente mediocridad, ha sido promocionada con tan gran despliegue de medios, entre los que no han faltado once nominaciones a los Goya y un premio, no será solamente porque la concentración de la oferta mediática haga que todo quede en casa, ni porque la mayoría de los «académicos del cine español» sean profesionales del espectáculo muy interesados en estar a bien con su productora, Mediapro, multinacional española de la «comunicación», prepotente en varios sectores del mercado correspondiente y un claro exponente de esa tendencia a la concentración. Será quizá también porque en el actual régimen totalitario de dominación mercantil-tecnológico-espectacular los medios se confunden absolutamente con los fines y la oferta crea directamente la demanda.

La historieta que cuenta sobre los últimos días de Puig Antich y los acontecimientos que le llevaron al garrote ha sido compuesta -partiendo de un libro del director de la televisión catalana, que también hizo un documental sobre el mismo tema- por unos mercenarios sin ideas. Su estilo es el de los telefilmes gringos, con el sentimentalismo como principal materia prima, moldeada en los humanitarios valores del individualismo burgués, pero, eso sí, en versión posmoderna. Así que no hace falta que el héroe tenga personalidad, basta con que sea guapo, amante de la familia y de talante bondadoso y tolerante, incluso con sus propios carceleros y verdugos, como corresponde a un «mártir de la lucha por la democracia».

Quizá otro de los factores de su éxito sea, precisamente, que lo cuenta todo desde la perspectiva de los arrepentidos, o más bien, de los que están de vuelta sin haber ido a ninguna parte, de manera que el espectador medio, por el precio de la entrada, pueda ver morir ejecutado al «joven idealista» que lleva dentro y volver, relajado después de la catarsis, a su vida normal de servidumbre voluntaria.

Por otra parte, semejante falsificación, no es más que una de tantas dentro de la corriente iniciada con la llamada «transición española a la democracia» y más vigente hoy en día que nunca, a través, por ejemplo, de la «ley de memoria histórica» o de los diversos intentos de revisión de hechos represivos de la dictadura, uno de ellos patrocinado por las hermanas de Puig Antich, las mismas que se han dejado manejar por los perpetradores de la película.

Un caso parecido es el engendro «Oriol Solé, el Che catalán», que maltrata la figura de otro miembro del MIL, asesinado dos años después que Salvador durante una fuga masiva de la cárcel, presentándole como una especie de «independentista catalán» y «luchador por la democracia», y que no nos sorprendería nada fuera llevado también al cine. Unos episodios cualesquiera de esa corriente revisionista animada desde sus inicios por el partido del orden producto de la reconciliación de todos los servidores fascistas o demócratas del capitalismo, los que ganaron la guerra para acabar con la revolución y los que acabaron con ella para perder la guerra.

La misma alianza que consiguió vencer durante la «transición» contra el proletariado autoorganizado que amenazaba sus sueños de prosperidad con su dinámica de huelgas salvajes, motines en las cárceles y otras actitudes insurreccionales, y que ha querido celebrar sus hazañas con tanto disimulo que pretende ocultar incluso la existencia de los vencidos. Las nuevas tendencias de moda entre la élite dirigente no parecen haber alterado gran cosa la dirección de esa corriente: ahora hablan de lo que ha estado censurado durante años, pero ocultando celosamente cualquier rasgo que pueda resultar peligroso para la dominación.

Los beneficiarios de esa victoria, los mismos que hoy se reparten el poder en la sociedad española, y sus servidores de todas las escalas, incluidos los recién llegados al socaire de la renovación tecnológica, estaban tan interesados entonces como lo están ahora en presentar el franquismo democratizado, una monarquía directamente heredera de Franco, con los mismos policías, jueces o militares que la dictadura y al servicio de los mismos intereses, como un régimen democrático y legítimo «al servicio de todos los españoles».

El mismo bajo el que nos encontramos ahora, así que, en realidad, estamos hablando de historia oficial. Al fin y al cabo, los subproductos mediáticos que sustituyen hoy en día la conciencia, histórica o de cualquier otra clase, son elaborados por un sector de esa capa social sin nombre que constituye la base humana del actual totalitarismo, para consumo de sus congéneres de otros sectores de la misma, de acuerdo con ellos en casi todo y, en primer lugar, en lo fundamental: en aceptar, comprar y vender, la falsificación de todos los aspectos de la vida en que consiste la dominación a la que sirven como si fuera vida auténtica.

Por eso, no se van a poner ahora unos mercachifles mediáticos a desenterrar las vergüenzas de sus mejores clientes contando la verdadera historia del Movimiento Ibérico de Liberación, para trasmitir su herencia envenenada contra el Capital y el Estado y ponerla a disposición de sus potenciales enemigos. No tiene nada de sorprendente que intenten ocultarla con esa especie de máscaras funerarias, verdaderos certificados de defunción de todo lo que tenían de revolucionarios sus protagonistas reales ¡Así se alimentan los chacales de la dominación con los despojos de los asesinados!

El verdadero MIL fue el producto efímero (de enero del 71 a agosto del 73) del acuerdo de personas y grupos de diferentes procedencias en apoyar los intentos de autoorganización del proletariado contra las maniobras dirigistas de los burócratas cristianos, leninistas y demócratas que luchaban por el poder dentro de las Comisiones Obreras de entonces. CCOO habían surgido unos años antes como espontáneos comités de huelga extendiéndose rápidamente por todo el territorio industrial, pero habían caído finalmente bajo la hegemonía de los estalinistas. Éstos propugnaban ya entonces la «Reconciliación Nacional» con el régimen franquista, la colaboración con sus estructuras sindicales, en una toma de posiciones con vistas a su posible democratización, y la negociación con los sectores liberales de la burguesía que habría de necesitar para sus proyectos de modernización económica y social «fuerzas políticas y sindicales progresistas» que, al estilo europeo, integraran en ellos a la clase obrera.

La línea del resto de las organizaciones izquierdistas sólo se diferenciaba en que soñaban con sustituir al PCE en la dirección mientras le seguían el juego. Frente a todo eso, los Grupos Autónomos de Combate, que utilizaron a veces la sigla MIL, o 1000, se propusieron contribuir al fortalecimiento de una corriente obrera autónoma y anticapitalista difundiendo textos antiguos y actuales en defensa de una concepción de la revolución comunista como insurrección general del proletariado autoorganizado.

Y también por medio de la agitación armada (consistente, en su caso, principalmente en expropiaciones de dinero y de material de impresión), que había de servir «como expresión de ira por la cotidianidad humillada del proletariado»; para autofinanciarse y apoyar económicamente las luchas autónomas y la agitación teórica en su defensa; y para demostrar que «el nivel de violencia con el que se puede, y por lo tanto se debe, responder a la violencia capitalista es mucho mayor de lo que comúnmente se cree».

Quisieron practicar, contra todo militarismo o vanguardismo, «el terrorismo mediante la palabra y el acto contra el capital y sus fieles guardianes, sean de derechas o de izquierdas». Para ellos la democracia era, como la dictadura, una forma de la dominación capitalista y los partidos llamados obreros y sus sindicatos, «la izquierda del programa político del Capital».

Tampoco es sorprendente que no cuenten nada nuestros serviciales publicistas del abandono en el que dejaron los «demócratas», empezando por la Asamblea de Cataluña (una especie de plataforma unitaria de la oposición democrática catalana) tanto a Puig Antich como al resto de los presos del MIL. Ni de la verdadera solidaridad con ellos, practicada, sobre todo en forma de atentados, manifestaciones violentas y alguna huelga salvaje, por algunos incontrolados, los cuales, a raíz de la condena a muerte y posterior asesinato de Salvador, respondieron al llamamiento lanzado un poco antes por el GAC Septiembre 73, que agrupaba a los antiguos miembros del autodisuelto MIL ahora presos, en el sentido de que «la intensificación de la lucha por la destrucción del sistema que engendra la represión es la mejor manera de desarrollar la solidaridad revolucionaria con los represaliados».

Hasta que cayeron presos algunos de los participantes, sólo se supo de ellos por sus actos, pues nunca utilizaron unas siglas fijas ni se pudo percibir ninguna estructura permanente en su manera de organizarse: se coordinaban sencillamente en y por la práctica. Y, de hecho, la mayor parte de sus acciones no las reivindicó nadie: se entendían por sí mismas y por el contexto. Todo lo cual recuerda también otra propuesta del MIL: «la organización es la organización de tareas».

La policía y la prensa, íntegramente adicta al régimen de dominación, más o menos como hoy en día, llamaron OLLA (Organització de LLuita Armada) a algunos detenidos, en un intento de aparentar que se había desarticulado una organización, supuestamente responsable de una parte de esas acciones. Además de en el territorio del Estado español, hubo acciones de ese tipo en Francia (donde, por ejemplo, fueron volados con explosivos varios puentes y otras vías de comunicación con España), en Suiza, Bélgica y otros países. Posteriormente, una coordinación de grupos autónomos utilizó las siglas GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista) para reivindicar una serie de acciones realizadas en territorio francés y belga entre mayo y agosto del 74, en solidaridad con los presos del MIL.

Por ejemplo: secuestro del director del Banco de Bilbao en París, atentado contra los autobuses de los peregrinos españoles a Lourdes, sabotajes contra el tour de Francia, atentados contra representaciones diplomáticas españolas, contra oficinas de Iberia, trenes y autobuses con destino a España, puestos fronterizos, etc. Otros grupos autónomos continuaron realizando después con parecido estilo acciones de solidaridad a ambos lados de los Pirineos.

Con todo, la peor omisión de ese «alegato contra la pena de muerte», como llama la crítica sumisa a la citada película, es que ni siquiera menciona el nombre de algunos antiguos miembros de varios de esos grupos, que continúan presos en Francia, condenados a una prolongada muerte en vida por haberse empeñado en continuar aquellas luchas bajo las siglas de Action Directe.

El Estado francés los mantiene encarcelados en un régimen de excepción parecido al FIES. Por ejemplo, Jean-Marc Rouillan, que participó en los GAC-MIL, en los GARI y en varios grupos autónomos posteriores; Nathalie Ménigon, miembro del Colectivo Autónomo de trabajadores de la Banca Nacional de París y de la coordinadora de grupos autónomos parisienses conocida por Camarades; Georges Cipriani, que militó también en diferentes grupos franceses y alemanes.Llos tres, condenados a dos cadenas perpetuas, cumplen este febrero los veinte años de prisión efectiva. Régis Schleicher, otro antiguo componente de los GARI, condenado también a cadena perpetua, lleva más de veintitres años en la cárcel.

Todos han pasado gran parte de ese tiempo en aislamiento sometidos a un verdadero programa de aniquilación en el que el Estado ha hecho de todo para destruirlos tanto física como psíquicamente. Desde luego, los citados productos «culturales» constituyen un insulto a la memoria de sus protagonistas y una provocación para quienes se identifiquen de alguna manera con sus propuestas, pero pueden tener un lado positivo: la posible reacción de los provocados.

Al contar, en versión amañada según los intereses de la dominación, lo que se puede considerar un episodio de su propia historia, les obliga a fijar la atención sobre la misma poniendo a prueba su memoria histórica, y les coloca ante la alternativa de abandonarla en manos del enemigo o dedicarse a fortalecerla. Por otra parte, los insultos duelen más cuanto más se corresponden con la realidad del insultado, y esta película recuerda por defecto que los presos de Action Directe, al fin y al cabo prisioneros de la guerra entre la dominación capitalista y las perspectivas autónomas, han sido abandonados en manos del enemigo por sus supuestos compañeros durante largos años y en las peores condiciones.

Ellos serán lo único que quede vivo de aquella historia a no ser que algunos de los que estamos en la calle decidamos darnos cuenta de que nosotros también somos prisioneros de esa misma guerra. Para terminar de explicar por qué decimos eso, vamos a continuar intentando reanudar, aunque sea parcialmente, el hilo roto de los acontecimientos. Aunque eso sólo se puede hacer realmente en la práctica.

Todavía no se había cerrado completamente la crisis revolucionaria en Portugal cuando en el territorio del Estado español se celebraba la muerte de Franco resucitando en multitud de frentes las tradiciones libertarias de acción directa. Las huelgas salvajes se extendían, poniendo en peligro tanto los beneficios capitalistas como los proyectos reformistas de la nueva «clase política» y haciendo efectiva la autonomía obrera a base de solidaridad, piquetes, asambleas soberanas y delegados revocables.

Mientras en la calle se luchaba, entre otras muchas reivindicaciones de quienes entendían la democracia a su manera y no a la del poder, por la ampliación de la amnistía a los acusados de delitos violentos, en las cárceles, los presos sociales, autoorganizados también por medio de asambleas y de una Coordinadora de Presos En Lucha, se amotinaban en cadena por una reivindicación no menos justa pero inaceptable para el sistema: que se les considerara presos de la dictadura y de la injusta sociedad correspondiente, o sea, presos políticos y que, por tanto, se les amnistiara. También se multiplicaban, con un elevado porcentaje de éxitos, los intentos de fuga, mientras crecía vertiginosamente el número de atracos, a bancos sobre todo, como si el MIL hubiera conseguido, al menos en este aspecto, el objetivo ejemplificante de su agitación armada.

Con todo y con eso, una gran parte de los componentes de los muchos grupos autónomos existentes entonces renunciaron a la defensa de la autonomía, tanto la suya personal como la de las luchas proletarias, participando en la reconstitución de la CNT o integrándose en otros sindicatos y grupúsculos izquierdistas. Sólo algunos individuos y grupos continuaron resistiendo, recurriendo a menudo a acciones violentas, como atracos, atentados con cócteles o explosivos y, en el caso de los autónomos vascos, algunos atentados personales, en apoyo de las luchas obreras autónomas, de las luchas de los presos o contra la represión estatal y paraestatal.

En el 81 cayeron los últimos participantes en una coordinación de grupos de Barcelona, Madrid y Valencia que habían continuado en activo a pesar de la detención de la mayor parte de sus compañeros, precisamente para intentar con todas sus fuerzas liberarlos. Los Comandos Autónomos Anticapitalistas de Euskadi todavía continuaron actuando hasta su desarticulación después de la matanza de Pasajes en marzo del 84, último episodio del verdadero linchamiento al que, una vez derrotados los intentos de autonomía proletaria, les sometieron en formación cerrada todos los poderes constituidos en las sociedades española y vasca, incluidos los sectores abertzales.

Entre el 68 y el 78, en Italia, alcanzó el grado más alto el enfrentamiento entre el proletariado salvaje y el Estado capitalista, el cual no retrocedió para vencer ante ningún medio (provocación, delación, leyes especiales, asesinatos, masacres…), siguiendo el camino abierto en Alemania occidental, en la guerra entre los grupos armados y el Estado, al recurrir éste a leyes antiterroristas, prisiones de alta seguridad con regímenes de tortura blanca y endurecer la represión hasta llegar al asesinato de los presos de la RAF, presentándolo como suicidio con la complicidad de la mayor parte de los medios de «comunicación» internacionales. Medidas que inauguraron el estado de excepción permanente en el que nos encontramos hoy. Los atentados de protesta se extendieron espontáneamente por toda Europa.

En Francia, a pesar del «reflujo» del 68, aún se producían algunas luchas obreras salvajes y ganaba fuerza una corriente autónoma. Eran numerosos los individuos y grupos que intentaban enfrentarse a la dominación capitalista, fuera de los partidos y sindicatos y casi siempre directamente contra ellos, organizando por sí mismos día a día su participación en las luchas sociales que se planteaba en diversos terrenos, como la lucha antinuclear o contra la precarización del trabajo, la solidaridad antirrepresiva, el movimiento anticarcelario, la autodefensa de los inmigrantes, las ocupaciones, etc.

Los intentos de coordinación práctica, aunque efímeros, se sucedieron unos a otros. Incluso en la extrema izquierda, algunas organizaciones se fragmentaron en pequeños grupos produciéndose una verdadera hemorragia de militantes hacia el área de la autonomía. De ahí proceden, por ejemplo, parte de los componentes de los NAPAP (Núcleos Armados Por la Autonomía Proletaria) que reivindicaron en 1977 varios atentados y sabotajes, empezando por la ejecución de un segurata de extrema derecha que en 1972 había matado, en un enfrentamiento entre vigilantes de la Renault y militantes de la GP (Gauche Proletarienne, organización del «maoísmo espontaneísta»), a uno de ellos, Pierrot Overney.

Muchos otros individuos y grupos autónomos anarquistas y comunistas, recurrieron también a acciones armadas, coordinándose de diversas maneras, unas veces coincidiendo espontáneamente en la elección de los objetivos, como las oficinas del paro, agencias de trabajo temporal, comisarías o juzgados, etc. Otras veces la coordinación fue más explícita recurriendo a siglas de circunstancias, al estilo de los GARI, algunos de cuyos antiguos componentes participaban también en ellas.

Por ejemplo, la «Nuit bleue» (Noche azul) antinuclear, jornada de lucha en la que se produjeron, en noviembre del 77, veintitantos atentados en todo el territorio del Estado francés, contra intereses ligados a la industria nuclear, sobre todo instalaciones de EDF (Electricité De France), reivindicados con la sigla CARLOS (Coordination Autonome Radicalement en Lutte Ouverte contre la Société); o las acciones del 78 en Toulouse contra oficinas de empleo y agencias de trabajo temporal en protesta por la precarización reivindicadas CACT (Coordination Autonome Contre le Travail).

De ahí surgió Action Directe, al decidir algunos de los grupos e individuos participantes en ese movimiento coordinarse bajo unas siglas permanentes en una estrategia común a más largo plazo. Mediante acciones armadas simbólicas, intentaron enfrentarse a la reestructuración capitalista que se iniciaba entonces, señalar sus puntos neurálgicos, poner de manifiesto sus principales líneas de fuerza, atacando, por ejemplo, en momentos clave, las sedes patronales, los ministerios de trabajo, comercio o sanidad, las oficinas de extranjería, del paro o de gestión urbanística, los bancos y empresas de armamento, inmobiliarias o de trabajo temporal, los bancos de datos informáticos, los comercios de artículos de lujo, las sedes del FMI o del Banco Mundial, de la UE, de INTERPOL o de la OTAN, atentando contra confidentes y policías, militares traficantes de armas, un dirigente empresarial responsable de miles de despidos… En una primera etapa, a partir del 1 de mayo de 1979, cuando hicieron su primera aparición reivindicando el ametrallamiento de la sede central de la patronal francesa, actuaron casi siempre en estrecho contacto con luchas sociales concretas. A principios del 81, al iniciarse la campaña para las elecciones presidenciales y legislativas a las que se presentaba una coalición de la izquierda liderada por François Mitterrrand, el número de presos de AD había crecido mucho. Durante la campaña y en la primera etapa de mandato de aquél la gente de AD decidió abandonar temporalmente las acciones armadas limitándose a apoyar las luchas de los presos por su libertad, las cuales se resolvieron con una amnistía del gobierno. A partir de ahí, actuaron durante un tiempo a la luz del día, participando abiertamente en las luchas sociales. Incluso mantenían una sede pública en una casa ocupada del barrio de Barbès. Muchos de sus integrantes decidieron abandonar el proyecto por no considerarlo ya necesario en la nueva situación. Entre los que quisieron seguir hubo varias escisiones. Aunque se mantuvieron las siglas, la organización resultó bastante disminuida numéricamente. Cuando el Estado volvió a declararla ilegal, y a medida que se iban debilitando las luchas sociales, la línea de acción, fue cambiando cada vez más en una dirección «antiimperialista», y de especialización en la lucha armada.

Finalmente se aliaron con la RAF alemana y otras «organizaciones de guerrilla» de corte leninista y los atentados se dirigieron mayoritariamente contra el «complejo militar-industrial» occidental, aunque sin olvidar la denuncia de la reestructuración capitalista. La última acción fue la muerte del director general de la Renault, un especialista en «reestructuraciones de plantilla», responsable de uno 50.000 despidos, reivindicada por el «comando Pierre Overney» en noviembre del 86. Poco después fueron detenidos los últimos militantes. Todavía siguen presos.

En la cárcel han mantenido siempre una actitud de enfrentamiento con el sistema penitenciario y contra el régimen especial que sufren. Han hecho varias huelgas de hambre reivindicado, por ejemplo, su abolición, o el reagrupamiento. Con muy poco apoyo exterior, han sufrido durante mucho tiempo lo peor de la represión. Las consecuencias se hacen notar: Georges fue psiquiatrizado a la fuerza; Nathalie ha sufrido varios ataques cerebrales y se encuentra semiparalizada y afectada por una grave depresión.

De un tiempo a esta parte ha habido movilizaciones en Francia, Alemania, Bélgica, Grecia y otros lugares, y alguna también en territorio del Estado español pidiendo su libertad. Pero no han sido suficientes. Sólo se consiguió la de Joëlle Aubron, que llevaba diecisiete años presa y sufría un tumor cerebral. Murió en marzo de 2006. Si los deseos que algunos manifiestan de que lleguen a reabrirse aquellas perspectivas revolucionarias han de cobrar siquiera un mínimo de realidad, se tienen que hacer cargo de sus presos, sin lo cual darían sencillamente risa por su falta de dignidad. Los presos de la lucha armada, son prisioneros de guerra, igual que otros miles de presos que abarrotan las cárceles del mundo: los presos de la precarización, de la inmigración, de la exclusión social, prisioneros de la reestructuración capitalista, igual que todos nosotros.

Ellos son, en relación con quienes estamos en la calle, lo mismo que los FIES respecto a los presos en general: son quienes sufren, como escarmiento por su rebeldía, la cárcel dentro de la cárcel. Pero, en realidad, todos estamos presos, más o menos voluntariamente. Las reivindicaciones actuales de la gente de Action Directe y de quienes les apoyan coinciden con las de quienes luchan hoy contra la cárcel, desde dentro y desde fuera, en Europa y en todo el mundo. La lucha por su liberación es un momento necesario de la lucha contra la opresión.

Más información: www.llibertatsebas.info

Cronología de Action Directe

1979

– 1 de Mayo.: ametrallamiento de la sede central de la patronal francesa.
– 15 de septiembre: atentados contra los ministerios de Trabajo y Salud.
– 16 de septiembre: destrucción de la sede de la SONACOTRA (sociedad mixta que gestiona las residencias de trabajadores inmigrantes), después que los antidisturbios desalojaran las residencias tras varios meses en huelga de alquileres. Ametrallamiento de los locales oficiales del secretariado de los trabajadores inmigrantes.
– 27 de septiembre: atentado contra los locales de la patronal encargados de la gestión del empleo para la región parisiense.

1980

– 3 y 5 de febrero: atentados contra la dirección de la inspección de trabajo.
– 10 de febrero: atentado contra la UCPI, sociedad inmobiliaria implicada en expropiaciones de viviendas en barrios populares de París.
– 12 de marzo: atentado contra otra sociedad inmobiliaria implicada.
– 14 de marzo: atentado contra los locales de la DST (Dirección de Vigilancia del Territorio. Equivalente al CNI: Centro Nacional de Inteligencia). Atentado contra la sede oficial de la Organización Internacional de Cooperación de las Policías.
– 16 de marzo: ocupación armada del Ministerio de la Cooperación.
– 27-28 de marzo: 32 detenciones. Acciones de respuesta contra el cuartel del GIGN (Grupos de Intervención de la Gendarmería Nacional) y contra una comisaría de Toulouse.
– 15 de abril: lanzamiento de misiles contra Ministerio de Transportes y contra la Dirección de Seguridad de las Carreteras.
– 4 de julio: robo de documentación en blanco en la alcaldía del distrito XXIV de París.
– 28 de agosto: tiroteo con la policía durante un atraco.
– 13 de septiembre: detención de una docena de militantes después de otro tiroteo.
– 17 de septiembre: ametrallamiento del puesto de guardia de la Escuela de Guerra.

1981

– Al principio del invierno, AD suspende sus acciones durante la campaña presidencial.
– 15 de abril:: tiroteo durante el atraco a un banco en París; un policía muerto.
– Después de la elección de Mitterrand, dos huelgas de hambre de los presos de AD en seis meses con un gran apoyo en el exterior. Amnistía y liberación de todos los presos políticos comunistas y anarquistas. Escisión de AD en varias tendencias. Noviembre y diciembre: AD participa en la ocupación de talleres clandestinos en Le Sentier y de viviendas en Barbès (barrio de inmigrantes árabes en París).
– 22 de diciembre: Laouri «Farid» Benchelal, militante de AD, torturado hasta la muerte en la comisaría de Helsinki donde estaba detenido.
– 24/25 de diciembre: siete atentados contra tiendas de lujo, entre ellas la de Rolls Royce, en diferentes ciudades francesas.

1982

– 13 de febrero: ejecución del chivato Gabriel Chahine.
– 19 de febrero: atentado contra el local de las organizaciones fascistas turcas en París.
– 30 de marzo: ametrallamiento de la antena en París del Ministerio de Defensa israelí.
– Abril: sale el texto «Por un proyeto comunista», donde AD se define «comunista libertaria» o anarcomarxista, sin ninguna referencia a Lenin ni a Mao. Se dicen anarquistas, pero luchan por una «sociedad comunista». Detenciones y redadas en las okupas de Barbès. La sede de AD destruida por una bomba.
– Junio: cumbre del G7 en Versalles donde se están decidiendo las políticas neoliberales, atentado contra la sede del FMI y del Banco. Aparece el texto «Sobre el imperialismo», en el cual los USA y la URSS son equiparados como potencias imperialistas.
– Agosto: Acciones armadas contra empresas israelíes y norteamericanas, en respuesta por las masacres de refugiados palestinos en los campos de Sabra et Chatila. AD habla por primera vez de su alineación en el «Frente Antiimperialista».
– 19 de agosto: el Estado «disuelve» AD. Atentado contra el periódico fascista Minuit.

1983

– 31 de mayo: tiroteo con la policía: Dos policías muertos y uno gravemente herido.
– 26 de septiembre: atentado contra la Marina Nacional.
– 29 de septiembre: atentado contre el Círculo Militar Inter-aliado.
– 14 de octubre: tiroteo en París, Ciro Rizzato, militante italiano de los COLP (Comunistas Organizados por la Liberación Proletaria) muerto, y dos policías heridos. Otoño: aparición del mensual L’Internationale.

1984

– 29 de enero: atentado contra la empresa Panhard, que fabrica blindados militares.
– Febrero: detención de una decena de militantes en Francia y en Italia.
– 13 de marzo: emboscada de la policía en Bruselas. Varias detenciones a los pocos días.
– Primavera: con compañeros belgas, atracos a bancos, asalto la armería de un cuartel militar y robo de una tonelada de explosivos. Todo ello en Bélgica.
– 11 de julio: AD inicia la ofensiva «unidad de los revolucionarios en Europa del oeste» con un atentado contra el Instituto Atlántico.
– 12 de julio: atentado contra el Instituto de los Asuntos Atlánticos.
– 13 de julio: atentado contra los servicios informáticos de la oficina de investigación y programación del Ministerio de Defensa .
– 14 de julio: atentado contra edificios del Ministerio de Industria.
– 2 de agosto: atentado contra la sede de la ESA (European Space Agency).
– 23 de agosto: aparcan un coche-bomba bajo las ventanas del hemiciclo de la UE.
– 28 de agosto: atentados contra la sede del PSF y contra el Ministerio de Defensa.
– Septiembre: se inicia una huelga de hambre de 38 días de los presos de AD junto con otros presos por el reagrupamiento y contra el régimen de aislamiento.
– 20/21 de Octubre: atentados contra varias empresas de armamento. Diciembre: detenidos los miembros del colectivo de redacción de L’Internationale. Condenados a grandes penas por «asociación de malhechores».
– 31 de diciembre: Atentado contra la misión técnica del armamento de la Embajada francesa en Bonn.

1985

– 15 de enero: alianza con la RAF en un «frente antiimperialista».
– 25 de enero: ejecución del general Audran, responsable de los asuntos internacionales del Ministerio de Defensa (relación con la OTAN, venta de armas, etc.).
– 13 de abril: atentado contra la banca Leumi y contra la ONI.
– 14 de abril: atentado contra el periódico Minute.
– 27 abril: atentado contra la sede europea del FMI.
– 30 de abril : atentado contra las empresas de armamento TRT y SAT.
– 26 de junio: atentado contra el general Blandin, controlador general de los ejércitos.
– 8 de agosto: un comando común RAF-AD ataca la base aérea USA de Francfort. Tres soldados norteamericanos muertos.
– 5 de septiembre: atentados contra ATIC, Péchiney, Renault, Spie-Batignolles.
– Octubre: atentados contra Radio-France, Antena 2 y la Alta Autoridad del Audiovisual.

1986

– 15 de abril: atentado contra el vicepresidente de la patronal, Guy Brana, Presidente Director General de la rama de armamento de la multinacional Thomson.
– 16 de mayo: penetran en la sede de INTERPOL, ametrallan las diferentes oficinas y colocan varias decenas de kilos de explosivos.
– 21 de julio: atentado contra la sede de la OCDE.
– 9 de septiembre: el Estado francés adopta leyes de excepción antiterroristas. .
– 17 de noviembre : el comando Pierre Overney ejecuta a Georges Besse, PDG de Renault, responsable de 50.000 despidos. 1987
– 21 de febrero: detención de Nathalie Ménigon, Joëlle Aubron, Jean-Marc Rouillan y Georges Cipriani.

www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=437

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El océano planetario ante su destino final

En abril de 2006 la revista Mother Jones, expresión de periodismo crítico y ecologista en EE.UU., ajena al universo mediático dominante, publicó un informe de la investigadora Julia Whitty: The Fate of the Ocean (El destino del oceáno).* Project Censored lo tomó entre sus cuestiones principales [véase al final de la nota]. A fines de ese año, Argenpress, otra expresión de periodismo ajeno al universo dominante, lo resumió y tradujo. Nosotros transcribimos aquí esta última versión (de Ernesto Carmona), previo cotejo y revisión con pasajes del original inglés. Edición, notas y aclaraciones entre corchetes, de futuros.

“Más allá de especulaciones empresarias, la realidad es un proceso de retroalimentación que ya está en pleno desarrollo: el hielo compacto con su gran blancura refleja el 80% del calor solar y lo devuelve al espacio, en tanto el agua de mar, con mucho menos blancura, absorbe el 80%. La conversión de los hielos en agua, que es lo que se verifica cada vez más en el Ártico, incrementa el calentamiento del océano, que además se expande térmicamente, creando una superficie aun mayor de agua, que a su vez promueve más calentamiento y consiguientemente mayor derretimiento de los hielos.” (pasaje del trabajo de J. Whitty).

Rachel Carson  escribió acerca del oceáno que “en su misterioso pasado acompaña todos los brumosos comienzos de la vida y recibe al final, después, tal vez de muchas transmutaciones, los últimos pellejos o carcasas ya muertos de la misma vida. Porque todo, a la larga vuelve al mar, al mar océano, al río océano.” Retornamos al mar, también en varios pellejos, incluyendo uno bajo la forma de emisiones atmosféricas. A propósito de ellas, en Suecia se ha calculado que con su población de casi nueve millones de habitantes, retornan 2,8 toneladas de mercurio, casi tres mil kilos, provenientes de los arreglos dentales en sus bocas; la inmensa mayoría de ese mercurio llegará a la atmósfera a través de los crematorios.

Los problemas oceánicos encontrados antes a escala local son ahora pandémicos. Los datos de la oceanografía, la biología marina, meteorología, ciencia de la pesquería y glaciología revelan que los mares están cambiando de manera ominosa. Un vórtice de causa y efecto forjado por los dilemas ambientales globales está cambiando el océano de un horizonte acuático con variados problemas regionales a un sistema global en alarmante aflicción.
[…] hay un solo océano, con sus corrientes uniéndose en los mares y regulando el clima. La temperatura del mar y su química cambia al ritmo de la contaminación y de las prácticas temerarias de la pesca, entrelazándose para poner en peligro la fuente común de vida más grande del mundo.

Calentamiento por efecto invernadero

En 2005, los investigadores del Scripps Institution of Oceanography y del Lawrence Livermore National Laboratory encontraron pruebas de que el océano está calentándose rápidamente. Descubrieron que hasta unos 800 metros de profundidad, desde la superficie, el océano se ha calentado dramáticamente en los últimos cuarenta años como resultado de la inducción de los gases del invernadero humano.

Una manifestación de este calentamiento es la fusión del Ártico [y de la Antártida]. Por cuarto año consecutivo, la cubierta ártica de hielo ha retrocedido (en grosor y extensión) acelerando un aumento de la superficie del agua que promete más calentamiento y fusión de hielos. Con el aumento de las aguas polares en los mares más templados y tropicales más salados, el ciclo de evaporación y precipitación se vuelve más rápido, vigorizando aún más el efecto invernadero. […] Esta aceleración del ciclo de causa y efecto se hará difícil de revertir, si no imposible.

La basura atmosférica también está alterando la química del mar, así como miles de compuestos tóxicos de propagación devastadora que envenenan a las criaturas marinas. Se estima que el océano ha absorbido unos 118 mil millones de toneladas métricas de anhídrido carbónico desde el arranque de la Revolución Industrial, con 20 a 25 toneladas que se agregan diariamente a la atmósfera.

La acidez en aumento de los niveles crecientes de CO2 está cambiando el equilibrio del pH del océano. Los estudios indican que las conchas y esqueletos de moluscos y plancton que contribuyeron a construir los arrecifes de coral se disolverían en 48 horas de exposición a la acidez que se espera tenga el océano en el 2050. Los arrecifes de coral ciertamente casi desaparecerán y, lo aún más ominoso, tal legado afectará al plancton. El fitoplancton absorbe los gases del efecto invernadero, fabrica oxígeno y es el productor primario del tejido de la red de alimentos del mar.

La contaminación de mercurio ingresa en el tejido de los alimentos por la vía del carbón y de los residuos de la industria química. Se oxida en la atmósfera y se establece en el fondo del mar. Allí es consumido entregando mercurio a cada eslabón subsecuente de la cadena alimentaria. Los predadores como atunes o ballenas acumulan niveles de mercurio un millón de veces más altos que las aguas que los rodean. El Golfo de México tiene los niveles más altos de mercurio jamás registrados, con un promedio equivalente a diez toneladas de mercurio que bajan cada año por el río Mississippi, y otra tonelada agregada por las perforaciones costeras.

Agujeros negros del océano

Junto con el mercurio, el Mississippi entrega nitrógeno (sobre todo de los fertilizantes). El nitrógeno estimula en el agua el crecimiento bacteriano y de plantas que consumen oxígeno, creando una condición conocida como hipoxia, o zonas muertas. Las zonas muertas aparecen dondequiera que el oxígeno oceánico se empobrece por debajo del nivel requerido para sostener la vida marina. Una porción importante del Golfo de México, que en 2001 medía casi 13.000 kilómetros cuadrados, se ha convertido en zona muerta, el área más grande en EE.UU. y la segunda más grande en el planeta. No es ninguna coincidencia que prácticamente todas las casi 150 zonas muertas (o eutrofizadas) conocidas en la Tierra estén en la desembocadura de los ríos y casi 50 ulceren las costas de EE.UU.

Mientras la mayoría fueron causadas por el nitrógeno llevado por los ríos, las instalaciones de combustible fósil ardiendo también ayudan a crear esta condición, como lo hace el alcantarillado humano, fosforoso, y las emisiones de nitrógeno de los automóviles.
[…] Desde su nivel más alto en el 2000, la captura global de peces silvestres ha iniciado un marcado declive, a pesar del progreso en las tecnologías marineras y la pesca intensificada. La llamada eficacia en la pesca ha estimulado estragos inauditos en la vida marina, deviniendo en una de las más resonantes ineficacias. Una de las formas más lesivas es la de que un solo barco puede tender aparejos hasta sesenta o más millas de océano [unos cien km o más], cebando unos 10.000 anzuelos con los que captura por lo menos un 25% de peces no deseados. Estimando unos 2 mil millones de anzuelos instalados cada año, se terminan tirando al océano unos 40 mil millones de kilos anuales de peces muriéndose, vida desechada.

A la pesca con desperdicio hay que agregarle las mallas que se ponen con boyas y se recogen días después de echadas. Constituyen cortinas casi invisibles que van dañando la vida del océano. En el Atlántico Norte, redes para tiburones y otros peces pueden ser de hasta 200 km de largo y se ubican a unos 300 metros por debajo de la superficie y allí pasan a moverse a la deriva, atrapando vida. En el curso de las operaciones de pesca con tormenta, muchas de estas redes gigantescas son abandonadas y continúan llenándose con presas que a su vez atraen a predadores que a su vez quedan también atrapados reproduciendo el ciclo con nuevos predadores. Están hechas con productos sintéticos y no biodegradables, son redes fantasmas con pesadillesca eficiencia por años y años…

Adicionalmente, los pesqueros de arrastre dragan cada centímetro cuadrado de las plataformas continentales. Pescando en el suelo del mar con una verdadera excavadora o bulldozer, las rastras nivelan cada año una área 150 veces mayor que todos los desmontes en tierra y destruyen los ecosistemas del fondo del mar. La acuacultura tampoco es buena: cada kilo de salmón cultivado devora como alimento más de tres kilos de peces silvestres capturados. Un estudio difundido en 2003 por la Universidad Dalhousie de Nova Scotia, basado en datos fechados desde los años cincuenta, concluyó que tras cinco décadas de tal asalto en cualquier parte en el océano apenas si sobrevive el 10% de los grandes peces de altura (atún, pez espada) y peces de costa (bacalao, merluza, lenguado).

También están amenazadas otras guarderías del mar. En los últimos diez años ha desaparecido el 10% del lecho de hierba marina, privando así a los peces juveniles, manatíes y tortugas de mar de sus hábitats ya en situación crítica. Los lechos de algas marinas también están muriendo en proporciones alarmantes.

Mientras continúa la vorágine del ataque humano en los mares, la ciencia en ningún momento de su historia ha enseñado más que hoy sobre cómo trabajan los sistemas que sostienen la vida sobre la Tierra. Si no se revierte rápidamente el fracaso humano en el gobierno del dominio público más grande del mundo, ciertamente el océano alcanzará pronto un punto de no retorno.

Julia Whitty

P.S. de la autora:
Esta historia está sintonizada con los nuevos desarrollos. Científicos están publicando actualmente una proporción sin precedentes de observaciones -no sólo predicciones- sobre los rápidos cambios del océano en nuestro planeta. Primero y principal, el 2005 resultó ser el año más caluroso registrado. Esto refuerza otros datos que muestran que la tierra está más caliente que nunca en los últimos 400 años y posiblemente en los últimos 2.000 años. Un estudio emitido por el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica indica que las temperaturas del océano halladas en el Atlántico Norte tropical en 2005 son aproximadamente un grado centígrado más altas que el rango normal anterior. Lo cual resultó el catalizador predominante para los monstruosos huracanes de la temporada 2005, la estación más violenta nunca vista.

Las noticias del hielo polar no son nada buenas. Los estudios científicos (2002/2006) de la alianza NASA/Universidad de Kansas revelan que los glaciares de Groenlandia están desplazándose hacia el mar y están fundiéndose dos veces más rápido que hace diez años. Esto pone en peligro el equilibrio crítico del Atlántico Norte meridional poniendo en zozobra la circulación que sostiene nuestra estabilidad climática. El Estudio Antártico Británico anunció que “el recalentamiento global” del Antártico es tres veces más grande que el que estuvimos observando en otras partes de la Tierra; la primera prueba a gran escala del cambio de clima también en el continente sur.

Desde que se publicó ‘The Fate of the Ocean’ en Mother Jones, es evidente que también ha surgido la politización de la ciencia en la guerra sobre el clima global. En enero de 2006, uno de los científicos de clima más relevantes de la NASA, James Hansen, acusó a la agencia de intentar censurar su trabajo. Cuatro meses después, las imputaciones de Hansen tuvieron eco entre los científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, así como en un científico del Estudio Geológico de EE.UU. que trabaja en un laboratorio de NOAA [Administración Océanica y Atmosférica Nacional, por su sigla en inglés], quien denunció que su trabajo sobre el cambio del clima global estuvo censurado en su departamento, como parte de una política de intimidación anti-ciencia de la administración Bush.

Los problemas de la fauna del océano también están agravándose. En 2005, biólogos del Servicio de Manejo de Minerales de EE.UU. encontraron osos polares ahogados aguas afuera de Alaska, claramente victimados por la desaparición del hielo. En 2006, investigadores del Centro de Estudios de Ciencias Geológicas para Alaska encontraron osos polares matándose y comiéndose en áreas del mar en las que en ese año no se formaron hielos, dejando a los osos privados de comida. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales revisó su “Lista de Peligros” para el oso polar, cambiándole la calificación de conservación ‘dependiente’ a ‘vulnerable’ […].
La mayoría de estas historias permanece fuera de la vista, sumergidas en el remanso de los periódicos científicos. Los grandes medios de comunicación resultan incapaces de discernir lo bueno y lo malo de la ciencia y dan a todo el mismo crédito, sin definirse. La historia de nuestro declinante mundo oceánico y de nuestro propio futuro transcurre más allá del conocimiento público, sin alterar conductas o metas y marcada por la falta de previsión.

Project Censored (Proyecto Censurado) es un programa a cargo del profesor de sociología Peter Phillips, de la Universidad Sonoma, California, que desde hace treinta años emite un estudio anual sobre las 25 grandes noticias mayores ocultadas por la gran prensa de EE.UU., cuyo conocimiento permite comprender mejor los designios del imperio. Los textos completos pueden verse (en inglés) en  www.projectcensored.org/censored_2007/index.htm#1

notas:
www.motherjones.com/news/feature/2006/03/the_fate_of_the_ocean.html
1) Bióloga marina, autora de Silent Spring,, Primavera silenciosa, el texto que en 1962 anunció y denunció la muerte multitudinaria de los pájaros por los agrotóxicos aplicados a cultivos y frutales.
2) Véase Luis E. Sabini Fernández, “Un estilo de vida… necrofílico”, futuros no 7, acerca de la censura de la Casa Blanca acerca de otro informe sobre clima, que revela que la manipulación de informes que molestan es sistemática y sistémica.
3) Los m.i.m.  nos anuncian que Bush se ha sensibilizado frente a los osos. Y se habla de ponerlos bajo la protección de La Ley de Especies en Peligro. Menos mal. Como sostiene Clive Stafford Smith, defensor de presos políticos (v. p. ¿?), vivimos en un mundo en que tenemos que luchar para que las leyes que supuestamente favorecen a los animales alcancen a los humanos. Porque afganos,  palestinos, iraquíes, somalíes, haitianos, leoneses, nicaragüenses, sudaneses, ecuatorianos, aymaras, tzoziles, bengalíes, malíes, y tantos otros no parecen gozar de la sensibilidad de Bush. Al contrario.

fuente: revista futuros nº 10 (2007) www.revistafuturos.com.ar

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La residencia, eufemismos, paradojas, mitos y realidades

Un análisis sobre el papel de los centros de encierro modernos.

«La norma está representada por la eficacia o la productividad, quien no responde a estos requisitos tiene que encontrar su ubicación en un espacio en el que no entorpezca el ritmo social.» Franco Basaglia

Presentación

Las personas con grave discapacidad intelectual institucionalizadas en residencias conforman uno de los colectivos más olvidados de nuestra sociedad. En este artículo se pretende dar a conocer la situación de exclusión que padece este colectivo, así como los efectos negativos de la institucionalización. También se describe el funcionamiento y realidad interior de las residencias donde se materializa este género de marginación, haciendo hincapié en los aspectos técnicos que le dan cobertura.

A pesar de los esfuerzos por disfrazarla, la institucionalización de personas con graves discapacidades intelectuales sigue siendo uno de los escenarios donde más se vulneran los derechos humanos y una de las formas más graves de exclusión. Las instituciones dedicadas al confinamiento de este colectivo -oculto y marginado entre los marginados- pretenden adquirir un carácter terapéutico, huyen del término institución, incluyen en su propaganda conceptos como calidad de vida, atención especializada, rehabilitación, etc. Sin embargo, se utilizan exclusivamente como «depósitos» donde los internos son abandonados a una denigrante situación vegetativa, sin estimulación ni libertad alguna, y donde son víctimas de todo tipo de abusos.

Este es el caso, por ejemplo, de las macrorresidencias para «profundos» con capacidad para cien y más personas que, alejadas de los núcleos urbanos, controlan la totalidad de la vida de sus internos bajo el eufemismo atención integral (dispensan todos los servicios necesarios y «no hace falta salir para nada»). Gobernadas según criterios empresariales, en estas residencias se procura organizar la vida diaria de tantas personas con el mínimo gasto de recursos. De hecho, la única atención que reciben allí los residentes se limita a una misma y estricta custodia para todos. Asimismo los ambientes restrictivos y deshumanizados que reinan en su interior, lejos de ser terapéuticos, contribuyen a incapacitar totalmente a los individuos, aumentando sus minusvalías y cronificando su situación de dependencia.

De individuo a problema técnico

El internamiento en residencias de este tipo nunca es un acto libre y voluntario. En la mayoría de las ocasiones llega producto del deseo de los familiares, muchas veces tras conseguir éstos la incapacitación legal del afectado por sentencia judicial. Este mecanismo legal se basa en que un juez nombra un tutor (representante) «porque el individuo es incapaz de manifestar su voluntad puesto que su discapacidad se lo impide», limitando así la capacidad de obrar y de decidir sobre todos los aspectos de su vida.

En todos los casos el encierro supone reforzar los efectos negativos que se producen sobre la persona que padece una minusvalía. Estas instituciones anquilosadas y marginadoras no responden en absoluto a las necesidades de sus internos. Su ideología asistencial está cimentada sobre una manera superficial y obsoleta de concebir la realidad del colectivo, herencia de los prejuicios del pasado. Las personas con grave discapacidad intelectual son incapaces de aprender nada y muchísimo menos llevar una vida mínimamente independiente, tan sólo se les pueden cubrir las necesidades básicas (higiene, salud y alimentación).

Una vez dentro, el radical desarraigo que se produce con el mundo exterior y la vida diaria institucional originan un progresivo proceso de despersonalización. Al ingresar en grandes soluciones residenciales, donde es característica la masificación deshumanizante, los internos pasan a considerarse meros objetos pasivos de intervención técnica. Marcados, agrupados, clasificados y uniformados según su patología, van perdiendo paulatinamente su propia identidad. La persona que estaba ahí con sus dificultades y sus capacidades es despojada de toda su humanidad y convertida poco a poco en un cúmulo de registros e informes (control de crisis epilépticas, evaluaciones psicológicas, historias clínicas, informes médico-psiquiátricos, registros de medicación, de dietas, de actividades,…)
Efectos yatrogénicos

El entorno hostil y restrictivo en el que viven las personas institucionalizadas tiene realmente unos efectos catastróficos. Las relaciones humanas en el seno de estos centros son fuertemente jerárquicas. Evidentemente, los internos se encuentran degradados en el último peldaño de la estructura, obligados a adaptarse al disciplinado «existir» diario y sometidos al rígido reglamento de la institución, la cual no discrimina necesidades ni demandas particulares de los que allí residen. Todos reciben la misma oferta institucional basada en un «asistencialismo de contención».

Moldeados mediante la celosa privación de estímulos en un día a día absolutamente rutinario y vacío de contenido, los residentes son conducidos a la pasividad incondicional. No tienen derecho a manifestar preferencias ni derecho a decidir nada en ningún aspecto de sus propias vidas, teniendo que ir de una sala a otra en rebaño y resignándose a dormir, despertar, comer, hacer sus necesidades, etc. a la hora que toca y no a otra. Simplemente han de «portarse bien». Lo que quiere decir que su conducta ha de limitarse a la docilidad y a la obediencia. El interno «bueno» es el interno pasivo, el que no reniega ni perturba. Así, pasan la mayor parte del día sin hacer nada, vigilados de cerca por un escaso número de cuidadores no cualificados y en condiciones más que precarias.

La existencia en las entrañas de estas instituciones puede llegar a ser absolutamente tediosa y denigrante, inimaginable para quien no ha estado en una de ellas alguna vez. Los internos tan sólo reciben una cama para dormir, comida y se les pone delante de la televisión, que representa la única «ventana hacia el mundo». Nadie ha de preocuparse de nada porque todo lo deciden otros . La mayoría no desempeñan ningún tipo de actividad lúdica u ocupacional. Además la carencia de calor y de estimulación da lugar a una destrucción de las voluntades. Nadie tiene deseos ni esperanzas allí dentro. Todos los días son iguales.

La misma secuencia invariable de gestos y actos se repite diariamente hasta el infinito. Eventualmente este ambiente llega a proporcionar una falsa sensación de seguridad a los internos, que acaban temiendo cualquier cambio o novedad. Las pocas actividades y salidas que se realizan en la institución vienen rigurosamente programadas desde arriba y van dirigidas siempre al mismo grupito de internos (los que han aprendido a no crear problemas y a pasar desapercibidos). Pero la mayoría no tienen otra opción que replegarse en su autismo, indiferentes a todo lo que les rodea, abstraídos psíquicamente en cualquier rincón, sumergidos en una profunda apatía o golpeándose estereotipadamente contra la pared. De esta manera, día tras día, año tras año, la competencia y las aptitudes de los individuos se van deteriorando, se crean nuevas discapacidades adicionales y se fortalecen las dependencias. El resultado final es un grupo de personas totalmente ineptas para encarar los aspectos más básicos de su vida diaria.

Para facilitar este régimen carcelario en un contexto donde es característica la insuficiencia extrema de personal, existen todo tipo de medidas de control del comportamiento. Desde los cócteles de psicofármacos hasta las contenciones mecánicas como las muñequeras o el chaleco-cinturón son utilizados para acabar de restringir la capacidad funcional de aquellos posibles «alborotadores» del orden institucional.

Cobertura técnica

A pesar de la fachada terapéutica que le proporciona la presencia de médicos, psicólogos, asistentes sociales, rehabilitadores, etc., la residencia no es precisamente un espacio de salud ni de rehabilitación ni de integración social. El personal técnico se encarga básicamente de dar una apariencia ética a la institución. Cosa que no ha de ser nada fácil ya que, mientras por un lado se proclaman objetivos formales a favor de la inclusión social de sus internos, por el otro se ha de justificar la existencia de vallas, puertas cerradas, ventanas con rejas, aparatos de contención física, etc. Como dice Goffman respecto a las instituciones totales, «esta contradicción entre lo que la institución hace realmente y lo que sus funcionarios deben decir que hace, constituye el contexto básico donde se desarrolla la actividad diaria del personal» (Goffman: 2004, p. 83).

Las restricciones físicas, por ejemplo, se justifican argumentando razones terapéuticas o de seguridad (evitar caídas, eliminar conductas desadaptadas, mantener vías invasivas, vencer las resistencias a un tratamiento o alimentación, mantener la alineación corporal del interno,…) Sin embargo la mayoría de las veces se utilizan como simple castigo o como medida desesperada de un cuidador ante la terrible sobrecarga de trabajo. Cualquier indisciplina o desobediencia por parte de algún interno se interpreta como un síntoma de empeoramiento de su enfermedad y se corrige rápidamente con muñequeras y cinchas.

Posteriormente el incidente se traduce a un lenguaje técnico y queda registrado como una crisis de agitación psicomotriz. Sucede que ante la inexistencia de alternativas menos intransigentes, muchas de estas prácticas se acaban «institucionalizando», y a pesar de que atentan directamente contra los principios fundamentales del cuidado y chocan frontalmente con los fabulosos objetivos de la institución en relación con la autonomía, independencia y calidad de vida de los internos, la utilización abusiva de restricciones físicas termina formando parte de lo cotidiano y de lo habitual. De este modo podemos encontrarnos con residentes que pasan los días y los años atados «preventivamente» a la cama de manos y pies simplemente por el hecho de contar con antecedentes conflictivos.

Otros, los que presentan conductas «molestas» para sus cuidadores, pasan el tiempo inmovilizados por un acercamiento extremo entre la silla y la mesa, apretados como auténticos bocadillos humanos, o directamente sujetados a la silla con sábanas anudadas y correas. Es evidente que en estos casos el uso de dispositivos limitantes responde más a razones de gestión y organización que a criterios terapéuticos o de seguridad.

Lo mismo sucede con los psicofármacos. Las personas con discapacidad psíquica institucionalizadas constituyen una de las poblaciones más medicadas con neurolépticos. Aunque se argumenta para ello la alta frecuencia y gravedad de los trastornos de conducta presentes en esta población, no parece ser este el principal criterio para la utilización de estas drogas tan nocivas para la salud. Las prácticas de prescripción están fuertemente influidas por factores no médicos, como la falta de personal o la inexistencia de programas, actividades y estrategias más adecuadas. Además, pese a que los psicofármacos los prescribe un psiquiatra (que apenas pisa la institución), la persona que cuenta las gotitas de haloperidol que caen en el desayuno del interno es la misma persona que después ha de estar ocho horas custodiándolo (y… si hoy te has levantado un poco «motorizado» hoy te tomas cinco o seis gotitas extras).

Esencia y presencia

Muchas de estas instituciones desarrollan un obsesivo afán por el cuidado de su imagen. Se presentan a la sociedad como hogares donde las personas con discapacidad encuentran una atención especializada, y donde llegan a estar «mejor que en casa». Repetidamente los órganos directivos muestran en público su interés por la gestión de la calidad, pregonan principios de solidaridad, divulgan la mejora constante de sus servicios, anuncian su compromiso con las personas discapacitadas, se llenan la boca de objetivos y misiones, incluso inician procesos de certificación para acreditar la bondad de su manera de proceder.

En realidad esta gestión de la calidad nunca llega a salir de los despachos porque su verdadera finalidad es totalmente ajena al compromiso con sus usuarios. La implantación de un plan de calidad no deja de ser un lavado de cara de la organización que sirve para ganar posiciones en el mercado y estar en mejor situación para la consecución de subvenciones públicas. Subvenciones millonarias que sirven para engrosar las arcas particulares de gestores y fundaciones privadas, y que se justifican con la remodelación permanente de mobiliario y arquitectura del centro, pero que nunca suponen una mejora real para el usuario.

Se eliminan barreras arquitectónicas de los aseos para recibir una subvención, pero acto seguido se ha de derribar todo porque la próxima subvención exige lavabos individuales que preserven la intimidad de los residentes, se construyen de nuevo los lavabos y se vuelven a derrocar, se construye, se derriba… Esto explicaría la presencia continua de obras en estas instituciones.

Tras este discurso de sus gobernantes se oculta una clara preocupación por parchear los objetivos reales de la institución, procurando aparentar una realidad que, en el mejor de los casos, tan sólo existe sobre el papel. Todos los esfuerzos dirigidos a mejorar la imagen de la residencia son pocos. No obstante, de puertas para dentro la esencia sigue siendo la misma de siempre. De hecho, esa es precisamente la esencia de estas instituciones: que nada cambie, que siga todo igual.

Cualquier cambio es sinónimo de ansiedades, confusión y desconcierto, y no sólo para los internos. El personal, con el tiempo, también acaba padeciendo una institucionalización paralela donde la inercia es el motor de toda su actividad. Difícilmente cualquier innovación, por pequeña que sea, será tolerada por el rígido orden establecido. El tiránico equilibrio institucional entretejido durante años no es capaz de asimilar reformas que podrían llevar al caos. Todo está perfectamente dispuesto, jerárquicamente ordenado. Y eso hace que los profesionales se sientan terriblemente frustrados e insatisfechos, que no puedan desarrollar adecuadamente su profesión. Porque el buen hacer profesional es incompatible con la eficiencia institucional. Y tarde o temprano todos, internos y personal, tienen que adaptarse a las precisas «normas de la casa».

Lo cierto es que la última sensación que tienen los residentes es la de sentirse en su casa. Cada vez más medicados y menos autónomos, son sencillamente reducidos a un lamentable estado vegetativo, animados a dormir todo el día. Y así languidecen a través de los años hasta su extinción, víctimas día a día de la infantilización, los castigos corporales, las amenazas, las humillaciones y el trato vejatorio que reciben de sus cuidadores, los cuales, a su vez, son víctimas de un trato vejatorio por parte de su convenio laboral (célebre es la precariedad laboral que caracteriza al sector de las residencias privadas). Toda una violencia vertical que impregna la actividad diaria en el interior de la institución y que cristaliza en forma de clima humano irrespirable.

Es innegable que estas instituciones no tienen otra función que la de «almacenar» internos hasta el día de su muerte de la manera más económica posible. A pesar de su atención médica y «especializada», la residencia no cura ni rehabilita ni beneficia en nada. Más bien es un lugar oscuro de marginación y yatrogenia devastadora, del que ninguno de sus internos saldrá alguna vez para volver a su hogar.

Sílvia Broto Vizcaíno / silvia.broto@hotmail.com

Bibliografía
– Focault, Michel (1975): Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión. Siglo XXI Editores, S.A. 13ª reimp. (2005). p.338
– Goffman, Erving (1961): Internados. Ensayos sobre la situación social de los enfermos mentales. Amorrortu editores. 8ª reimp. (2004). p. 383.
– Basaglia, F., Carrino, L., Castel, R., Espinosa, J., Pirella, A., y Casagrande, D. Psiquiatría, antipsiquiatría y orden manicomial . Barral Editores, Barcelona, 1975. Recopilación de textos a cargo de Ramón García.
– Editar una vida, documental de Raúl de la Morena, 2005.
– L’atenció a la gent gran dependent a Catalunya: Informe extraordinari del síndic de greuges de Catalunya

fuente www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=426

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La sociedad transparente. Tecnologías de control en la estructura empresarial moderna

Detrás de la inclinación del capitalismo occidental de exhibir de modo obsceno un agresivo «poder pastoral» (aquel capaz de desarrollar el doble juego de la ciudad y el ciudadano, y el del pastor y el rebaño) e imponer sobre la espalda del sujeto el peso inabarcable de una organización que le trasciende, se ocultan los mecanismos que protegen precisamente a aquello que otorga fundamento y eficacia a las prácticas del sistema.Se asiste así a un universo de imperceptibles coacciones que se incrustan en nuestras vidas cotidianas, una microfísica del poder que se infiltra en los cuerpos de los individuos allí donde se materializa la acción capitalista. 

Decía Michel Foucault que «el poder es tolerable sólo con la condición de enmascarar una parte importante de sí mismo».

Si bien eso es cierto, hoy en día difícilmente podemos encontrar una parcela de nuestras vidas que escape a su dominio, ya que el fondo ideológico y práctico que anima el discurso neoliberal (a pesar de que en apariencia resulte lo contrario) exige, para su perpetuación, la necesidad de intervención, de ordenación y ordenamiento de las colectividades. En este sentido, la floreciente emergencia de las tecnologías (ligadas a la información/comunicación) han contribuido a facilitar y, por ello, a «endurecer» el desarrollo de la economía neoliberal.

Algo que se contempla muy bien en el ámbito del trabajo, cuyas débiles resistencias (lo que queda de la histórica lucha de la clase trabajadora por sus derechos) ante cualquier ataque se han visto superadas por el ímpetu de toda una infraestructura tecnológica de control político/social. Del «departamento sociológico» encargado de investigar el comportamiento de los trabajador@s en las cadenas de producción fordistas se ha pasado a la integración en la gestión empresarial de las innovaciones y capacidades de los servicios de seguridad e inteligencia surgidos desde los Estados modernos.

Las tecnologías de control han favorecido una «humanización» de las relaciones con l@s trabajador@s, reduciendo la presencia de los actos de carácter represivo o de la disuasión basada en la fuerza, «normalizando» las condiciones de aceptabilidad del poder por l@s propi@s dominad@s. De esta manera las lógicas empresariales del liberalismo imperante no van a influir en la capacidad de elección de los trabajadores sino que, en un nivel más profundo, van a incidir en la elaboración de los criterios desde los que el sujeto selecciona la toma de una postura.

Hay pues «libertad» en la toma de decisiones del sujeto trabajador/a precisamente porque el sistema económico es capaz de naturalizar su imposición, es decir, de convencer de que la imposición a la que se ve sometido el individuo surge de su «libre actividad reflexiva» y de su «libre voluntad». Con ello se despliega una estructura disciplinaria de control basada en la ilusión ( ya lo dejó apuntado Bentham en «El panóptico») de l@s trabajador@s de estár bajo una vigilancia constante. De este modo, el sujeto termina por sumergirse en un «estado de conciencia y visibilidad permanente que asegura el funcionamiento automático del poder» (M. Foucault).

simultáneamente, parece evidente que el entramado de tecnologías de la información y de la comunicación han acelerado el proceso de reorganización de la estructura laboral y empresarial. Con su desarrollo se ha posibilitado la dispersión geográfica de l@s trabajador@s (teletrabajo) sin que por ello haya disminuído el poder de control sobre ést@s, ya que ahora la vigilancia empresarial puede introducirse en los espacios más íntimos con el fin de supervisar los horarios y la productividad. Hablamos, pues, de una reorganización de las estructuras de control desde la descentralización, algo que crea la figua del «cibersierv@» sujeto a un entramado comunicativo unidireccional que le lleva a convertirse en la parte terminal de la gestión económica.

Son las consecuencias de lo que David Lyon denomina «vigilancia desorganizada» y de lo que Abbe Mowshowitz, con cierta semejanza en sus planteamientos, sugiere con su término de «feudalismo virtual». En el desarrollo de ambos conceptos se reconoce el incremento de la vulnerabilidad del/la trabajador/a dado que las tecnologías se han convertido en instrumentos posibilitadores del «horario flexible», en mecanismos que revalorizan los aspectos de flexibilidad, rapidez, eficacia y productividad, y en las bases fundamentadoras de un discurso ideológico generado desde las instituciones políticas y socioeconómicas que prioriza la movilización del/la trabajador/a en un proceso cíclico de formación contínua, «normalizando» la arbitrariedad y la impunidad en las relaciones laborales (desde el contenido de las modalidades contractuales a los criterios de despido).

De igual modo, las tecnologías ejercen una labor de vigilancia interna (vigilancia reflexiva) que se ha convertido en fundamental en el aseguramiento de la «competitividad» de las empresas. No tenemos que ir muy lejos para escuchar este discurso: la Unidad de Consultoría Tecnológica de ROBOTIKER nos dice que «las personas deben tener conocimiento sobre su organización (misión, visión, valores, cultura, procedimientos, formas de trabajo, etc.) y las actividades que se realizan (ofertas, proyectos, cursos, ponencias, seminarios, artículos, etc.) de forma que se evite la duplicidad de esfuerzos, se aprovechen las lecciones aprendidas, etc. mejorando la productividad de las personas y su satisfacción» (en el Parque Tecnológico de Miramón, Donostia ya se están ofertando cursos de «Vigilancia Tecnológica e Inteligencia Competitiva» -BIC BERRILAN DIGITAL- cofinanciado por el Gobierno Vasco).

Esta «High Tech», esta sofisticada tecnología, le sirve a la clase empresarial para seleccionar, vigilar y controlar a l@s emplead@s, con el argumento justificativo de mejora de la competitividad de la productividad, de establecimiento de la Calidad Total, de la Reingenieria (Conceptos estos que ocultan toda una ideología de corte belicista que se añade a los fines del rancio liberalismo de siempre. Baste, para darse cuenta de ello, mencionar el éxito logrado en occidente de la traducción y aplicación de las técnicas del bushido japonés a la gestión empresarial). La ventaja de la vigilancia sistemática a l@s trabajador@s por parte de l@s empresari@s es clara, en la medida en que mejora el establecimiento de filtros de cara a reclutar al personal más conformista y sumiso ante las órdenes patronales, permite la elaboración actualizada de registros individuales de desempeño laboral y el perfeccionamiento de bases de datos con información personal e individualizada (datavigilancia), así como el establecimiento de medidas que garanticen el cumplimiento de las normas estándar de productividad.

El/la trabajador/a y, más allá, el individuo alcanza un grado de vulnerabilidad máxima pues se ha transformado en un sujeto «aislado, subcontratado en una red flexible» (Manuel Castells), al que se le conquistan los últimos espacios de intimidad que le quedan y acaba siendo «gestionado» sutilmente desde el control mediático y el procesamiento informacional. Convendría por ello, en lo que sigue, describir brevemente alguno de estos procedimientos a fin de ser conscientes de la real dimensión de este nuevo fenómeno.

Uno de los fenómenos más simples es el «monitoreo telefónico», en el que los números desde las extensiones de una línea telefónica pueden registrarse por medio de un aparato denominado «pluma registradora». Dicho aparato permite que el empresario disponga de una lista de los números de teléfono que se marcan desde la extensión que pueda poseer cada empleado, así como la duración de la llamada. No obstante, el procedimiento de control más generalizado es lo que R. Clarke denominó como «datavigilancia» que, aunque en un principio, se utiliza para referirse a la investigación de las personas utilizando la estela cibernética dejada, quizá hoy en día es aplicable además a los mecanismos de procesamiento, recuperación y consolidación de todo dato.

Para ello las tarjetas inteligentes (tarjetas de crédito, de control de asistencia, de identidad (ID), de identificación…) están siendo rediseñadas para facilitar la conexión de bases de datos múltiples. Mediante una técnica denominada «corrimiento de fusión» las nuevas tarjetas poseen un circuito microelectrónico que puede almacenar varias páginas de información de cada persona. Así se dispone de la capacidad tecnológica para elaborar perfiles sociales (data profiles) de l@s usuari@s (recordemos que ya existe software, como el llamado Falcon, capaz de reconocer patrones de conducta-cuándo y dónde se compra, cuándo y dónde se viaja, etc- tras el análisis de las transacciones económicas realizadas por l@s usuari@s). En ese sentido las tarjetas de identificación laboral son paradigmáticas ya que aseguran el control y localización del trabajador/a en las empresas públicas y privadas (controlando su rendimiento, cuánto tiempo tarda en tomarse el café, etc).

En todo caso, ésta no es la única técnica de vigilancia y de control de la identidad existente. Más allá del control básico a partir de la huella dactilar se están imponiendo las técnicas de verificación biométricas, o sea, sistemas automáticos que hacen «scan» electrónico y digitalizan partes del cuerpo humano singulares, y que nunca son idénticas a las de otra persona (iris, voz humana-sonometría…). Ejemplos de ello son el sistema de la geometría de la mano que mide, a través de un lector electrónico, la longitud y la distancia entre los dedos o, por otro lado, la terrmografía facial que mide las curvas del rostro desde varios ángulos, digitalizando la información y haciendo comparación computerizada con imágenes ya existentes en la bases de datos o en una tarjeta de identidad. En la actualidad ya es posible realizar una operación en un cajero automático mediante la exploración de la retina y el iris con unos lentes de cámara a las que se tendrá que aproximar el/la usuari@a (unos 30 ó 40 centímetros), esperando la confirmación de su identidad mediante el estudio comparativo con el código almacenado en la base de datos (se trata de una tecnología desarrollada en Gran Bretaña que «puede reconocer una huella ocular individual, el único patrón encontrado en el iris, una anilla coloreada de tejido que envuelve a la pupila. Cada persona tiene un patrón diferente de filamentos, marcas y estrías en el iris» Nigel Hawkes).

Otro de los métodos de vigilancia más extendidos es la introducción en las áreas de trabajo de las Cámaras de Televisión de Circuito Cerrado (CCTV). El sistema SEEHAWK, por ejemplo, es un modelo de la penetración del «ojo electrónico» proporcionada por la tecnología en el ámbito laboral, ya que mantiene las áreas vigiladas mediante una unidad conectada con cámaras que permite ver exactamente lo que sucede y llama al/la operador/a del PC controlador en el caso de que sucedan actividades sospechosas en las zonas monitoreadas, desplegando imágenes congeladas en la pantalla (es lo que se denomina «videocam», o sea, un sistema de cámaras dirigidas por ordenadores). El operador puede controlar la situación del empleado a distancia ya que dispone de una unidad remota manteniendo una red de seguridad que genera una grabación digital de ocho canales MPEG 1 (sistema de compresión) multiplexados. Termina por imponerse así, con este tipo de tecnología, la tendencia que deja a un lado la vigilancia con fines defensivos o de conservación de la empresa, y asume sin complejos el control activo de la localización de trabajador@s.

Sin embargo, si a este sistema se le añade el monitoreo de los sistemas computerizados, la vigilancia activa es casi completa. El empresario puede hacer uso de un software de ordenador que le permita ver lo que está en pantalla o guardado en las terminales y discos duros que vean los empleados. Además, las personas que trabajan intensivamente con procesador de palabras y captura de datos puede estar sujeta a la vigilancia del teclado (golpes por hora) e, incluso, es posible conocer y registrar el tiempo que desperdicia frente a la pantalla del ordenador o lejos de él.

Además, con la expansión del correo electrónico y del correo vocal como complemento indispensable en el trabajo han surgido simultaneamente los sistemas para su control. Si en la empresa funciona un sistema de correo electrónico el empresario es el dueño del sistema, y puede revisar el contenido. Es conveniente mencionar aquí que los sistemas de correo electrónico y vocal guardan los recados en la memoria del sistema, aún después de ser borrados, quedando registrados permanentemente en un archivo «respaldo» de cinta magnética, junto con el resto de información importante del sistema computerizado.

La cibervigilancia que puede realizar el/la empresari@ se incrementa mediante el registro de las cookies (códigos incrustados en el disco duro que identifican al usuario de la red), ya que a través de ellas es posible conocer las páginas web a las que entra el/la trabajador/a. No es de extrañar, entonces, que estados como Gran Bretaña, país pionero en la legalización de la intervención de las comunicaciones electrónicas sin autorización judicial, planteen la elaboración de normativas como las Lawful Business Practices Regulations, en desarrollo de la Regulation of Investigatory Powers Act 2000, que autorizan a la empresa a controlar, interceptar y grabar cualquier llamada telefónica, correo electrónico o la navegación por internet sin conocimiento del/la trabajador/a, «siempre que la finalidad de tal interceptación encaje en alguno de los supuestos que se establecen».

COmo consecuencia de ello, comienzan a surgir sistemas de vigilancia y control como el programa SurfWatch que está diseñado para bloquear los contenidos pornográficos y el lenguaje injurioso. El Spector 2.1 lleva a cabo pantallazos cada pocos segundos que, posteriormente se pueden contemplar como si se tratara de una sucesión de imágenes-del ordenador en el que está instalado. Estas se almacenan en un servidor, al que el/la espía puede acceder por contraseña o bien recibir las imágenes vía correo electrónico.

Las contramedidas tecnológicas tradicionales que se utilizan normalmente no sirven para Spector (no se pueden cifrar los mensajes con PGP ni ocultar las huellas en la web mediante un programa anonimizador). Y si con estos procedimientos tecnológicos de control no tenemos bastante siempre nos queda esperar a la aplicación en el terreno laboral (todavía tiene un uso estríctamente militar) de la tecnología TEMPEST, capaz de interceptar directamente (sin necesidad de red) las comunicaciones del ordenador y de penetrar en su disco duro aprovechando las radiaciones electromagnéticas que emite. O de otro modo, interceptar las comunicaciones laborales realizadas desde los teléfonos móviles mediante el control de las estaciones a las que llegan las señales (Reg Whitaker, en este sentido nos propone, como si de un juego se tratara, que tecleemos la siguiente dirección de AT&T: www.anywho.com y, una vez allí, tecleemos nuestro número de teléfono. Sorprendentemente quizá podamos encontrar información sobre nuestra propia localización). Así las cosas, si nos atenemos a las cifras que se dan en el más grande Estado policial laboral del mundo (EEUU) nos daremos cuenta de la importancia de todo ello: un 45% de las grandes empresas tienen instalados sistemas de vigilancia interna para controlar el correo electrónico de sus emplead@s (50 millones). De ellas más del 30% almacena y revisa los correos electrónico envíados y recibidos por sus empleados. El 20% de las compañías tienen instaladas cámaras de vigilancia.

La prolongación de la vigilancia del/la trabajador/a presenta otra dimensión que en un futuro ya cercano puede resultar trascendente como es la aplicación de las tecnologías a los procesos vitales del sujeto, es decir, la ingeniería genética. Los análisis genéticos se enmarcan en el contexto de la vigilancia médica de l@s trabajador@s, debido a la necesidad de prevención o protección de la salud del/la futur@ trabajador/a. Con ello se puede desencadenar un riesgo de medicina de la obediencia que intente establecer cuerpos menos opacos, más transparentes, más sujetos al «cuidado» y al «control». Aplicados por el/la empleador/a como instrumento de selección de l@s candidat@s en aras de la mejora de la productividad y de la rentabilidad de sus empresas, los análisis genéticos tienen el riesgo de abocar a la exclusión sistemática de ciertas personas y de crear también un «proletariado genético».

En definitiva, la productividad como valor no sólo sociopolítico sino también ético/moral (el/la empresari@ se transforma no sólo en un agente capaz de orientar los procesos políticos de primer orden sino en un verdadero «benefactor social» investido de un conjunto de atribuciones morales) se sobrepone e, incluso, justifica la intervención en la gestión de lo íntimo y de la corporalidad del sujeto. El empleado se encuentra así atrapado en una red de influencias coercitivas sutiles que descansan en un orden de «seguridad».

Orden generado por una tecnología que propicia, por su propia estructura panóptica, la interiorización de los propios esquemas de control -debido al miedo a ser vigilados- y genera actitudes de autocensura por parte del propio trabajador sin necesidad de que existan otros sistemas de control manifiestos. Y es que la tecnología sutiliza los sistemas de control social, haciéndolos invisibles a los ojos de los individuos aunque éstos se expongan con toda desnudez a la visibilidad de los propios sistemas. Esta lógica bipolar enfatiza y desarrolla actitudes de sumisión y de aceptabilidad por parte del sujeto.

En última instancia, parece evidente que el orden establecido asume sin tapujos unos dispositivos de control y vigilancia cada vez más complejos y eficaces. El neoliberalismo se ha metamorfoseado en una sofisticada red de gestión de los individuos. Sin embargo, en nuestro mundo contemporáneo todavía pueden encontrarse rendijas por las que escapar a ese dominio.

Es necesario recordar aquí que la propia tecnología, fuente de control y represión, puede convertirse también en el principal instrumento de liberación y de lucha. Una primera vía que se plantearía sería la propia defensa frente a la ofensiva controladora, que las estructuras neoliberales fortalecen desde la tecnología de control mediante programas «trituradores de cookies», sistemas de «retransmisión» (re-mailing, en los que las personas envían sus comunicaciones canalizadas por un centro de retransmisión que presenta la capacidad de borrar marcas de identificación o trayectorias virtuales tanto del/la emisor/a como del/la receptor/a), encriptación en clave pública de los mensajes (sistema asimétrico en el que se utiliza una clave pública y otra privada de decodificación de los mensajes imposibles de relacionar entre sí y que permite únicamente al receptor la posibilidad de leerlos.

Al mismo tiempo, mencionemos la versatilidad defensiva de programas de encriptación de mensajes como el PGP-Pretty Good Privacy, capaz de asegurar la inviolabilidad del mensaje gracias a un sistema de 128 bites, frente a los de 56, o la llamada «esteganografía» (ocultación de mensajes en otro conjunto de información para que se ignore y no se intercepte. Normalmente se mezclan los bites del mensaje con los de un archivo de imagen o de sonido). La segunda vía, complementaria a la primera, se hace eco de la capacidad subversiva de la tecnología para infiltrarse en los centros económicos y políticos principales del sistema para desestabilizarlo.

Los ciberasaltos a las agencias de seguridad, la emisión de virus informáticos y saqueo de los centros informáticos de las grandes estructuras económicas, así como la llamada «infoguerra» organizada sobre las bases de datos de los estados y el aprovechamiento de la infotecnología como un elemento de guerra mediático desde el que es posible acceder y proyectar las situaciones reales de ciertas luchas (Palestina, Euskal Herria, Chechenia…) suponen un conjunto de posibilidades y recursos que ofrece la propia tecnología a muchos colectivos y que son imposibles de eludir si se desea afrontar con realismo la compleja trama del poder existente en las sociedades modernas.

Vivimos cada vez más en la ciudad de cristal que tan brillantemente muestra Zamiatin en su obra «Nosotros», un cristal transparente a través del cual el poder dominante contempla las trayectorias vitales de todos sus «subdit@s». Si la tecnología de control ha contribuído a su consolidación quizá también nos permita, por otra parte, construir espacios de invisibilidad, lugares «conspirativos» y opacos, ajenos a la mirada vigilante del poder contemporáneo.

Carlos Hugo Sierra

www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=72

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