Entrevista con Miguel Grinberg: “El crecimiento económico ilimitado nos está llevando al suicidio.”

Miguel Grinberg dialogó en un programa de radio de la provincia de Córdoba, Argentina, sobre el cambio climático y la connivencia entre instituciones locales, nacionales e internacionales y la sociedad de consumo. Y dejando en claro que el comercio y el mercado están al servicio de la producción de miles de cosas inútiles que la gente verdaderamente no necesita.

Por Fabiana (Bajo el Mismo Sol)
21-10-2013

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Informarse. Hoja de links con información, análisis, revistas, para difundir y/o imprimir

Que cada cual lo use como le parezca, difundiéndolo vía internet o imprimiéndolo y fotocopiándolo. Quizá no quiera hacer nada con esto, simplemente pase de largo y mande saludos!

“El espectáculo organiza con maestría la ignorancia acerca de lo que está pasando, y acto seguido, el olvido de cuanto, a pesar de todo, acaso haya llegado a saberse. Lo más importante es lo más oculto” Guy Debord, Comentarios Sobre la Sociedad del Espectáculo (1988)

Por raas
raas@riseup.net

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Economía extraña: ¿Qué es el neuromarketing?. Entrevista con Daniel Arias Aranda

Averigua qué es el neuromarketing y cuales son sus principales técnicas. Cada año, las empresas gastan una ingente cantidad de dinero en investigación sobre neurociencia para descubrir nuevos métodos que les permitan influir en la mente de sus consumidores. 

Por Días Extraños / Santiago Camacho (24-01-2018)

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fuente: http://www.ivoox.com/economia-extrana-neuromarketing-audios-mp3_rf_23338586_1.html

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El asesor de seguridad de Jimmy Carter: ¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!

Dejé la mitad de mi vida en mis tierras persas, y cuando aterricé en esta península de acogida, entrañable plataforma de reclamo de pan y paz para todos, me puse a ejercer el desconcertante oficio de exiliado: conocer, aprender, admirar, transmitir, revelar y denunciar, estos últimos aprovechando las clases de la Universidad, los medios de comunicación y una docena de libros como ‘Robaiyat de Omar Jayyam’ (DVD ediciones, 2004), ‘Kurdistán, el país inexistente’ (Flor del viento, 2005), ‘Irak, Afganistán e Irán, 40 respuestas al conflicto de Oriente Próximo’ (Lengua de Trapo, 2007) y ‘El Islam sin velo’ (Bronce, 2009).

Por Nazanín Armanian
Público.es
20-08-2017

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Archivo de Frases con Sabiduría, 324 páginas

Archivo actualizado a septiembre de 2018 con selección de frases, opiniones, sentires, fragmentos y poesías de personas comunes, escritores, poetas, pensadores, filósofos, brujos, militantes, organizaciones, grupos, revistas, etc. sobre el mundo en el que vivimos y morimos.

Por raas

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Entrevista con Patricio de Grupos de Estudio Autogestionados (Buenos Aires)

Conoce la experiencia de los Grupos de Estudio Autogestionados a través de la voz de Patricio.

Estos espacios de auto-formación, impulsados por estudiantes de diversas carreras de la UBA, apuntan a la horizontalidad y la autonomía y son abiertos, gratuitos y de convocatoria permanente.

Por Revista Dialéktica

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fuente http://lacolectiva.org.ar

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Christian Ferrer: ‘Como voluntad de poder, la técnica va por delante de cualquier control’

Ensayista, sociólogo, crítico original de la época, cree que la tecnología se despliega hoy más allá de la moral, y que las personas “observan y soportan los juegos de la política”, que es sólo “lucha ascendente a sitiales de poder”.

Por Diego Genoud
La Nación
26 de junio de 2016

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Mujer y cuerpo bajo control. Entrevista con Rita Segato

Rita Segato es una intelectual feminista lúcida. Vive en Brasil, nació en el barrio porteño de Constitución y se define como una mujer del Sur. Comprometida con el feminismo latinoamericano, los movimientos indígenas y el movimiento negro en Brasil, sus libros son un bálsamo al cual recurrir para poder penetrar los grandes dilemas de nuestro tiempo. Acaba de publicar La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (Tinta limón). Esta entrevista realizada en Buenos Aires es un fragmento de una charla sobre renovados proyectos emancipadores.

–¿Qué cambios ha observado en Ciudad Juárez, y en su propia reflexión, en la década que va de 2003 a 2013?
–En Ciudad Juárez descubro el territorio, la territorialidad. Lo que antes se decía “estar en la base” hoy se dice “estar en el territorio”. Ha pasado a formar parte del vocabulario de las personas y del vocabulario político. En 2003 yo empiezo a ver al cuerpo de las mujeres como una función territorial, como territorio mismo y lo relaciono con la idea de soberanía. Desde los 70 se venía hablando de la posición de la mujer como “naturaleza”, lo que después pasó a ser criticado dentro del feminismo. Eso pasó a ser muy fértil de varias formas: comencé a decir que el cuerpo de las mujeres era el propio campo de batalla donde se plantaban las banderas del control territorial, jurisdiccional, donde las nuevas corporaciones armadas en las modalidades mafiosas de la guerra no convencional, emitían los signos de sus siempre fugaces victorias, de su capacidad de soberanía jurisdiccional e impunidad, y también comencé a pensar en los porqués del cuerpo como ese bastidor en que se cuelgan insignias.

También vi, que el cuerpo es nuestro último espacio de soberanía, lo último que controlamos cuando todas nuestras posesiones están perdidas. Las afinidades semánticas entre cuerpo y territorio, dentro del paradigma colonial, son infinitas… Posiblemente el cuerpo indio no tenga, desde una perspectiva pre–colonial o no–colonial, esos mismos significados. Pero la colonialidad se los asigna. Esto, cruzado con las políticas de las identidades, cuya crítica es el tema central de mi libro La nación y sus otros es también, y de otra forma, fértil. El formateo de las identidades, como soporte de la política, tiene que ver también con lo territorial, lo que voy a llamar en dos ensayos de ese libro y en otro texto posterior el carácter territorial de la política hoy. La cultura política de las identidades es también territorial y, si prestamos atención, constataremos que hasta la política partidaria es hoy una cuestión de identidad y, por lo tanto, de territorio. La expansión de las identidades en red, las formas de anexión de miembros a redes identitarias o, en otras palabras, en redes como territorios, es hoy el tema y el proyecto de la política. Así como la religión hoy se prende al control fundamentalista de los cuerpos (y aquí coloco en el mismo plano el velo obligatorio en el islam y la obsesión anti–abortista entre los cristianos) por razones que son de soberanía jurisdiccional y no de orden teológico, moral o doctrinal, de la misma forma, las razones de la política son hoy del orden de la cohesión y de las alianzas y, en ese sentido hasta la política partidaria es hoy “política de identidad” y su proyecto puede ser también comprendido como territorial, entendiendo la red de sus miembros como su territorio. Entonces, el tema de los cuerpos, de su control y de la espectacularización de ese control sobre los cuerpos se ha vuelto central en la política.

–¿Cómo define la política de la identidad?
–Cuando cae el Muro de Berlín y finaliza la Guerra Fría, el paradigma dominante de la crítica política pasa a ser el de la política de las identidades. Identidades que, para ese fin, pasan a ser formateadas y globales. La crítica antisistémica, al sistema capitalista y sus metas de acumulación y concentración pasa a ser sustituida por una política de identidades y se enfoca en lo distributivo. En ese sentido el discurso de los DDHH pasa a tener un papel que poco se ha examinado y cuya meta “inclusiva” no es otra que la de poner límites al pacto estado–capital. En lugar de la crítica anti–sistémica, pasa a considerarse que deben haber algunas garantías de protección para aquellos que no son igualmente “productivos”, “desarrollados”, “modernos” o, mejor, “modernizados”, para que puedan incluirse, no sólo a los derechos sino también en el mercado. Las políticas de inclusión siempre hay que mirarlas bajo un signo de interrogación. Son interesantes como agitación porque cuando uno dice “hay que incluir” está también apuntando a fallas severas del orden social, de la justicia, del bienestar colectivo. Entonces los DDHH entran ahí, cuando hay que poner límite a la intervención del capital en las instituciones, al poder del capital en el orden estatal.

El capital nunca se satisface y los DDHH son la normativa que intenta ponerle coto a su injerencia. Las políticas de las identidades no son más anti sistémicas como fue la política del activismo de los 70. Cuando pasa ese período histórico, queda una especie de silencio, un interregno, durante el cual los de nuestra generación quedamos perplejos ante la caída del Muro. Aunque no fuésemos pro rusos, aquello era un mundo alternativo con un proyecto alternativo al capital. Cuando esa ilusión acaba, sobreviene un gran silencio. No tenemos una historia de la mentalidad, no he visto investigaciones de cómo se transforma la conciencia de las personas en el período que va desde los 60 hasta la transformación de los paradigmas de la política, de cómo se transformó el paisaje de nuestra conciencia a través de un cisma ideológico muy profundo.

–¿Ha podido el discurso de los DDHH proteger a las personas de la violencia del proyecto capitalista? Y trasladado esto a las mujeres, ¿ha podido protegerlas de la masacre misógina?
–Creo que no, lo que estamos viendo es que ese techo de contención de los males a que pueden ser expuestas las personas muestra su incapacidad de protegerlas, y es indispensable liberarnos de nuestra fe cívica y comenzar a sospechar de la capacidad del Estado y de las organizaciones supraestatales para proteger a las personas. Más que de una fe cívica, estamos sufriendo hoy de una ceguera cívica. Hemos utilizado demasiado tiempo y puesto demasiadas fichas a la expansión de esos derechos y lo que vemos es un mundo en que nunca hubo mayor concentración de riquezas y las personas están cada vez más vulnerables.

Tenemos que preguntarnos qué ha pasado y qué está pasando, cómo hemos perdido derechos básicos en la Argentina frente al camino del capital, es decir, a los valores de la competitividad, la productividad, la acumulación, la concentración cada vez mayor y la exclusión. Entonces el discurso de los DDHH, como promesa efectiva de protección por parte de cortes estatales supraestatales, es, hasta el momento, francamente ficcional, es una falsa conciencia. La justicia moderna es punitiva por naturaleza, no constructiva. Todo el peso es colocado en la negatividad, y prácticamente no hay resultados en los aspectos positivos de la justicia. Lo que es incontestable es el valor de agitación y pedagógico del discurso de los Derechos Humanos, en su capacidad de persuadirnos de que debemos transformar valores, costumbres, y por lo tanto, humanizarnos, azuzando nuestra insatisfacción ética por una mayor felicidad colectiva.

–¿En qué momento de su trayectoria se cruza con el pensamiento de Aníbal Quijano?
–Cuando escucho en él la manera más lúcida y más conmovedora de hablar de la raza y el racismo sin entrar en la trampa de las políticas de las identidades de matriz multicultural burguesa, que es ornamental: las figuritas del indio, del negro, cada uno haciendo su papel, Quijano propone cómo pensar la raza históricamente y no a partir de íconos de diversidad que son superficiales, cosméticos, enlatados, falsamente naturalizados, como en el multiculturalismo. Cuando cae el Muro se abren dos caminos nuevos de la política: uno es del multiculturalismo anodino, como le ha llamado Homi Bhabha, donde la estructura, o sea, el sistema, no está en juego y no cambia, y el otro camino es el de la crítica de la colonialidad como la estructura profunda que guía la reproducción de las desigualdades.

La crítica de la colonialidad busca en las lógicas indígenas y en las lógicas comunitarias caminos alternativos al del capital. Quijano nos ofrece un análisis sociológico, filosófico e histórico que permite entender la raza como una invención histórica y por fuera completamente del multiculturalismo. La raza es producto de la racialización de origen colonial. Leí recientemente una propuesta de descolonización maravillosa en un libro publicado por el gobierno de Evo Morales, pero que no cita al autor que es el que genera esta idea de una colonialidad diferente del colonialismo y de un pensamiento descolonial. Y me pareció equivocada la utilización de formulaciones que son claramente de Quijano sin el debido reconocimiento de autoría. El reconocimiento de la gestación de las ideas es sagrado para mí, y no se trata de propiedad y sí de parentalidad. Reconocer autoría es muy importante sobre todo en nuestro mundo latinoamericano, en primer lugar porque un autor es una posición en la escena histórica y tenés que comprender la escena y la historia; si vos lo censurás, le negás este conocimiento a la gente, le negás acceso a la genealogía de ese pensamiento, el quién y el dónde. La genealogía permite situarse en una historia.

Me doy cuenta de eso a partir de una lucha en la que participé activamente, como fue la lucha por las cuotas raciales de estudiantes negros en Brasil, cuyo proceso de gestación se ha censurado. Esa lucha –que protagonicé en 1998– contra la discriminación de un estudiante negro en el Doctorado de Antropología en la Universidad de Brasilia originó la primera propuesta de reserva de cupos para estudiantes negros y algunas medidas inclusivas para estudiantes indígenas. Hoy es una realidad consagrada pero condicionada a una censura de la historia que originó ese proceso debido a la cual muchos estudiantes negros piensan que un rector, un ministro o el mismo Lula tuvo un día una idea beneficiosa y, con un golpe de pluma, tuvieron la gentileza de firmar un decreto que les dio acceso a la universidad. Decirles que sujetos concretos, situados en las escenas históricas de nuestro continente pensaron propuestas que tomaron forma es hablarles de su propia potencia transformadora y constituye una verdadera pedagogía política. El reconocimiento de la autoría y del protagonismo son esenciales por esa razón autorizadora, especialmente en un continente en el que las universidades, por su eurocentrismo endémico, enseñan que las ideas y los grandes cambios históricos siempre se originan en otro lugar.

–¿Cómo pensar entonces la relación de afectación sumamente cruel y violenta del cuerpo de las mujeres por el paradigma territorial de la política?
–El cuerpo de las mujeres es particularmente afectado por este paradigma territorial que domina hoy el pensamiento contemporáneo. Como sostuve en mi libro Las estructuras elementales de la violencia , la violencia sexual tiene componentes mucho más expresivos que instrumentales, no persigue un fin, no es para obtener un servicio. La violencia sexual es expresiva. La agresión al cuerpo de una mujer , sexual, física, expresa una dominación, una soberanía territorial, sobre un territorio–cuerpo emblemático.

–¿Cómo mueren las mujeres en ese espacio de la guerra que has llamado “segunda realidad”?
–La mujer muere en el espacio doméstico por la gran lucha, la gran tensión entre los géneros, porque el hombre está masacrado, emasculado por el capitalismo contemporáneo. La presión sobre el sujeto masculino es enorme, y éste se restaura como masculino también mediante la violencia. Restaura dentro de casa la masculinidad que pierde fuera de casa. Pero también la mujer muere en otras esferas. Por ejemplo, en las estadísticas de Bolivia entre 1 de enero y el 31 de agosto de 2011, de todos los asesinatos cometidos, 62,5% son de mujeres, y menos del 51% ocurren en el espacio doméstico; el otro 49% ocurren en otro lugar y eso nuestras categorías no lo alcanzan a ver.

Muchos de esos óbitos, que, cada vez más ocurren fuera del ambiente doméstico, son de mujeres que mueren en las guerras informales de la segunda realidad, esfera en que las mujeres y, en algunos casos, niñas, como lo fue Candela, son torturadas, violentadas sexualmente, asesinadas como espectáculo de la soberanía de quien tiene el control territorial en esas guerras que nunca empiezan y nunca terminan, que son guerras continuas, sin declaración y sin armisticio, sin victorias ni derrotas más que transitorias. La impunidad y discrecionalidad de lo que se puede hacer con el cuerpo de las mujeres como el lugar donde se implanta la insignia de la soberanía expresa el control territorial en la modalidad mafiosa de las nuevas guerras informales.

Karina Bidaseca
10/02/2014

fuente www.revistaenie.clarin.com/ideas/Rita-Segato-Mujer-cuerpo-control_0_1081091894.html

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“La destrucción de la biodiversidad tiene las mismas causas que la degradación social”

Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad”. En su reflexión se aúnan dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política. El resultado resalta una evidencia no siempre destacada: “Nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una “cooperación” con el tejido viviente del planeta.

¿Qué es la vida? Un paseo a través de las pasarelas de la Galería de la Gran Evolución del Museo de Historia Natural de París bosqueja una respuesta singular: los elefantes, los dinosaurios, las jirafas, las cebras, los monos, los tigres, los rinocerontes, las focas, los incontables pájaros y mariposas componen un retrato alucinante de la diversidad de la vida terrestre. Del silencio atomizado de esos animales, de su eterna inmovilidad científica ofrecida a la observación, se desprende una sensación de admiración, de extrañeza y de hermandad sustancial con aquel laberinto de especies.

La terminología moderna define esa variedad de seres vivos que pueblan la Tierra con un término no siempre comprendido en su exacta profundidad: la biodiversidad, eso que el biólogo francés Robert Barbault llama “el tejido viviente del planeta”. Tejido, red, malla, entrelazado, entramado, la relación entre las especies es una interconexión permanente que no excluye al ser humano. Barbault es un reconocido especialista de la biología de las poblaciones humanas y, a partir de los años ’80, uno de los primeros que reflexionó sobre el concepto de “biodiversidad” que el entomólogo Edward Wilson puso de moda cuando advirtió sobre la acelerada desaparición de las especies.

Biólogo, profesor en la Universidad de París VI y director del Departamento Ecología y Gestión de la Biodiversidad en el Museo Nacional de Historia Natural, Barbault ha explorado ese “tejido viviente” pero no como una curiosidad científica sino en su relación más directa y peligrosa con las sociedades humanas. En su libro más célebre, El elefante en la cacharrería (Editorial Laetoli, 2009), el biólogo francés analizó la “destrucción programada de la biodiversidad” bajo la presión del crecimiento de las sociedades humanas. La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) calcula que una tercera parte de las especies animales o vegetales están amenazadas de extinción y que la velocidad de esa extinción es mil veces más elevada que el ritmo natural. Barbault aúna en su reflexión dos fuentes disociadas: la ecología naturalista y la ecología política.

El resultado es un trabajo riguroso y claro que resalta una evidencia no siempre destacada por la ecología política: “nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes”, todo lo que consumimos “proviene de los seres vivos”. De allí su cruzada científica contra el crecimiento del PIB como única variable del desarrollo y su defensa de una “cooperación” con el tejido viviente del planeta, es decir, con los seres vivos. Robert Barbault observa a menudo que de la biodiversidad sólo percibimos la palabra, que Occidente vive tan alejado de la biodiversidad que hasta perdió la conciencia de que la aventura del ser humano en el planeta es posible gracias a ella, incluso cuando consumimos gas o petróleo. ¿Qué es la vida? Pues precisamente eso: un tejido de diversidades que la especie humana se ha empeñado en destruir.

Los sentidos de la biodiversidad 

–La biodiversidad es una palabra de moda cuyo sentido profundo, sin embargo, escapa a la comprensión completa. Los medios la resumen a la relación que puede haber entre una araña y una mosca, pero la biodiversidad es algo más complejo e incluso más estratégico que el cambio climático.

–Si se inventó la palabra biodiversidad no fue sólo para afirmar que la vida es diversificada. No, fue para introducir algo nuevo y radicalmente diferente: se trata de tomar conciencia de nuestras implicaciones en la biodiversidad, a la que yo defino como el tejido viviente del planeta. Existen redes, mallas, tejidos e interacciones entre las especies, entre nosotros y las especies. Y es ese tejido el que hoy se está deconstruyendo, destejiendo. La biodiversidad es un fenómeno geopolítico que plantea muchos problemas. Cuando nos referimos a la biodiversidad estamos aprendiendo muchas cosas sobre nosotros, los seres humanos. La biodiversidad es un espejo, es un problema de la sociedad humana y no sólo de los seres vivos, que pueden prescindir de nosotros. El sistema de lobbies que está detrás del desarrollo actual tiene una potencia financiera tal, una capacidad de comunicación y de manipulación de la opinión tan grande que llega a sembrar la duda en la sociedad sobre los problemas derivados de la biodiversidad o del cambio climático. Tenemos una visión limitada de la biodiversidad, como si sólo se tratara de un catálogo de especies o de una colección de estampillas. No se llega a entender que una especie es semejante a la población humana, es un conjunto de individuos que depende de recursos, de un territorio.

–Usted señala en sus trabajos una paradoja terrible: nuestra relación con el sistema de los seres vivos es destructora cuando, en realidad, el ser humano depende enteramente de la integridad de ese sistema.

–El modo de desarrollo económico está gobernado por una especie, la humana, que se ha desarrollado a un paso acelerado y que, para vivir, requiere constantes recursos. El sistema económico dominante hizo perder de vista la noción según la cual nuestra existencia se funda sobre los sistemas vivientes. Las energías fósiles, carbón o petróleo, son el resultado de los seres vivos. Todo lo que comemos proviene de los seres vivos, de la diversidad. La ropa con la que nos vestimos, incluso cuando es sintética, proviene de la diversidad porque sale del petróleo y el petróleo es el trabajo de la vida durante millones y millones de años. Todo parte de las estructuras de los seres vivos, estamos rodeados de ellos. La razón de ser de la diversidad es la estrategia de adaptación a los cambios, a las catástrofes. Ello explica por qué los seres vivos son tan diversificados y por qué hay mucho más que tres especies en la Tierra. Para durar en un mundo que cambia todo el tiempo sólo la diversidad tiene esa capacidad de adaptación.

El papel de la cooperación 

–Usted también pone de relieve otra de las carencias de la visión contemporánea de la naturaleza. Se ahonda mucho en los principios de preservación, de protección, pero se aborda muy poco la noción de cooperación entre las especies, concretamente, entre el ser humano y su entorno natural. Se erigió la competición y el desarrollo como norma, o sea, como abuso.

–Consumimos en exceso lo que nos da la vida y olvidamos con ello la noción de cooperación con las especies. Se ha trabajado muy poco sobre la cooperación entre las especies. Hasta los años ’80 se hablaba mucho acerca de la relación entre el predador y la presa pero muy poco sobre la interacción, la cooperación. Eso me llevó a interesarme en la historia del pensamiento ecológico. En esos textos encontré un reflejo de la sociedad industrial, es decir, el concepto de competencia por encima de todo, la relación comedor/comido. Nada había sobre la importancia de las relaciones basadas en la cooperación. Sin embargo, en la historia de los seres vivos, la cooperación y las interacciones positivas entre individuos de la misma especie y de especies diferentes son fundamentales, tanto más cuanto que constituyen la fuente de la diversidad y de la vida en la Tierra. No niego la existencia de la competencia entre las especies, pero también encontramos los mismos niveles de cooperación. Por ejemplo, si reflexionamos un poco, enseguida nos damos cuenta de que la agricultura no es otra cosa que una relación de cooperación entre el Homo Sapiens, las plantas y los animales que hemos domesticado. Las sociedades humanas también funcionan en torno de la confianza y la cooperación. Como lo vimos con la crisis financiera, cuando se produce una ruptura en la confianza se fractura la sociedad y nada funciona. La misma ley que rige las sociedades humanas vale para los seres vivos.

–Sin embargo, el modelo de desarrollo es totalmente destructor, a la vez de la biodiversidad y de la idea de cooperación.

–Este sistema se construyó según la hipótesis de que la naturaleza era una cuestión de recursos infinitos, ilimitados. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII esa hipótesis podía ser válida porque el impacto del ser humano sobre la naturaleza era moderado. Pero con la aceleración del tiempo, gracias a los desarrollos técnicos y científicos y a la irrupción de la sociedad industrial, la población humana creció enormemente, y con ello sus necesidades. Esa hipótesis es entonces inaplicable. El cambio se produjo con la Segunda Guerra Mundial. A partir de allí se aceleró la depredación de los recursos. Desde entonces nada detuvo el movimiento. Hoy sabemos que esa política no puede continuar. Se inventó el concepto de desarrollo sostenible, pero tengo la impresión que esa idea feliz se limita a una suerte de marca, de etiqueta, de sello carente de beneficios. De hecho, por más desarrollo sostenible que se quiera impulsar, si no se reflexiona sobre la falsedad en que se basó nuestro modo de funcionar, no sirve de mucho. Si se quiere cambiar el rumbo de la situación es imprescindible llevar a cabo esa reflexión, encontrar en qué nos equivocamos a fin de reincorporarnos al tejido de lo viviente planetario y tomar conciencia de que dependemos de él. Es preciso cambiar muchas cosas de forma radical. Esto no se hará de un día para el otro. Pasar de un sistema de desarrollo como el nuestro, totalmente depredador, a otro más racional, necesitará tiempo. Desarrollo sostenible también quiere decir desarrollar la calidad de vida. Pero claro, si se habla de desarrollar el crecimiento del PIB entonces caemos en un sin sentido. Lamentablemente ése es el riesgo que corremos hoy.

La dictadura del PBI

–La idea de crecimiento es intrínseca al concepto de desarrollo. Resulta filosófica y políticamente imposible hacer entender que la dictadura del crecimiento del PIB como única medida del desarrollo humano y del progreso es un suicidio programado.

–La realidad es la siguiente: si pasamos a un modo de crecimiento más económico y eficaz apenas esto nos permitirá ganar un poco de tiempo para intentar, al menos, cambiar de dirección. Pero el problema que se plantea es que es casi imposible hablar de decrecimiento. No se acepta la idea de que el crecimiento no puede ser eterno, es imposible hablar de ello o analizar qué estamos poniendo dentro de la palabra crecimiento, qué es lo que sí puede crecer y lo que no. Ese ha sido uno de los límites que encontré en el desarrollo sostenible. No se trata de discutir sobre lo sostenible sino sobre qué es exactamente el desarrollo, eso que concierne a las sociedades humanas y que debería permitirles durar el mayor tiempo posible. La crisis de la biodiversidad nos obliga hoy a reflexionar en esos términos. Lamentablemente, la biodiversidad sigue limitada a las reservas, a la idea simple de preservación. Y todo sigue igual porque las referencias son estrictamente económicas y ese modo de desarrollo económico no toma en cuenta los estragos que se ocasionan. ¡Muy por el contrario, los estragos están incluidos en el crecimiento! Cuanto más se destruye, más se aumenta el PIB. ¡Con un indicador semejante hemos empezado muy mal!

–Se ha llegado a una velocidad de destrucción de la biodiversidad mil veces superior a la velocidad natural.

–La velocidad de destrucción de la biodiversidad es considerablemente mayor que la natural y, sobre todo, si no se cambia nada esa destrucción continuará acelerándose. Esa es la principal preocupación, que muy pocos toman en serio.

–Incluso si hay un debate al respecto, muchos científicos sostienen que hemos llegado a la sexta etapa de la extinción.

–Depende de cómo se digan las cosas porque si no esto puede tener un aspecto más negativo que constructivo. Se dice: estamos en la sexta crisis de extinción y se hace la analogía con las cinco precedentes, que se produjeron cuando el ser humano no estaba aquí y en escalas de tiempo que nada tienen que ver con las escalas con las que vivimos hoy. La última extinción duró millones de años. Dicho esto, debemos comprender que estamos en un proceso, en una fase de aceleración de la tasa de extinción. En nuestra calidad de especie humana tenemos la capacidad de reaccionar. Si somos capaces de hacer la guerra de un día para otro, incluso cuando no hay dinero, pienso que podemos resolver el problema. No creo que vayamos a erradicar por completo la amplificación de la erosión de la biodiversidad, pero podemos tender hacia una estabilización, a una coexistencia pacífica con la biodiversidad. Prefiero decir que estamos en una fase de incremento de la extinción, conocemos la causa y tenemos los medios de corregir la tendencia. Necesitamos la riqueza de los seres vivos para seguir teniendo una calidad de vida humana en la Tierra. No es la supervivencia biológica del hombre lo que está amenazado, es su supervivencia como ser humano con una gran H lo que está en la cuerda floja, es decir, su dimensión de ser humano. Las causas de la destrucción de la biodiversidad son las mismas que desencadenan la degradación social. Hacer como si fueran cosas distintas, como si los problemas de las especies fuesen secundarios y los problemas del desempleo una cosa de primer plano, no es pertinente: en realidad, la misma aplanadora que degrada la sociedad humana degrada el marco de vida de las sociedades humanas en todo el mundo.

–¿Cómo explicar la indiferencia y hasta la irresponsabilidad planetaria de la población humana, especialmente en Occidente, frente a la degradación de la biodiversidad, a la desaparición de las especies?

–Creo que es ante todo un problema de impotencia. Además, la población humana es cada vez más humana y Yalta un elemento central: la desaparición de la transmisión de la información sobre las especies. Ya casi no quedan abuelos para contar cómo era antes la naturaleza. Pero lo más fundamental que ha ocurrido es que el ser humano se cortó del resto de los seres vivos. Se descompuso la trilogía judeo cristiana: Dios, el hombre y la naturaleza. Cuando uno se baña en la visión dinámica de la biodiversidad, en el tejido de lo viviente en el planeta, en sus interacciones, en las relaciones de parentesco que hay entre las especies, lo que se llama el árbol de la vida, ello nos lleva a tomar conciencia de que estamos arraigados muy profundamente en lo viviente. En nuestros genes tenemos herencias que remontan a millones y millones de años. Por consiguiente, sentirse un primo cercano de los otros seres vivos en una época de profunda desestabilización equivale a una forma saludable de arraigamiento. A partir de ahí podemos redescubrir nuestra relación parental con las otras especies, nuestra dependencia con el resto de los seres vivos y ver así la riqueza que hay en todo esto. Nuestra relación de dependencia con los seres vivos también nos da nuestra libertad de seres humanos para desarrollar nuevas cosas. Hay una paradoja en la toma de conciencia de la dependencia, que es a la vez la base de una auténtica libertad.

Los caminos de la humanidad

–¿Cómo transmitir ese saber, esa conciencia, a las nuevas generaciones? La educación, que es una base decisiva, ha fracasado hasta ahora. ¿No habría que refundar el sistema educativo para desarrollar las nociones de biodiversidad, cooperación, interacción?

–La educación sigue siendo esencial. La educación debe ser un instrumento de formación al espíritu crítico.

–La ecología política tiene un lugar sobresaliente en el discurso y en la sociedad. ¿Acaso los ecologistas no pecaron por falta de amplitud, por una incapacidad de explicar con más generosidad la relación del ser humano con la naturaleza?

–Esa crítica es válida tanto para la ecología política como para la ecología científica. Si miramos la historia, la ecología nació poco después de la explosión de la Revolución Industrial con la influencia de Thomas Malthus y los problemas que planteó en torno del equilibrio entre el crecimiento de la población y los recursos. De inmediato, los científicos se pusieron a mirar cómo funcionaba la naturaleza, en qué se basa la regulación de los efectivos de las plantas y los animales. En ese entonces la ecología se hacía preguntas que hoy se hace el desarrollo sustentable. Era el problema de fondo. Pero después, de forma progresiva, la ecología fue monopolizada por los naturalistas. Se empezó a hablar de las poblaciones animales y vegetales, de los ecosistemas, como si el hombre no tuviera nada que ver. De hecho, se puso al ser humano de costado. La ecología política hizo lo mismo, con el condicionante negativo de que la ecología política no se apoyó en la ecología científica. No estoy seguro de que un solo partido político pueda responder a los problemas que nos plantea el mundo de los seres vivos. Para mí, lo importante es lo que yo llamo tener una visión ecológica del mundo. Debemos pasar de un mundo en donde se ven las cosas parcelarias a otro donde se perciben las interacciones entre el todo y el todo, tanto entre las mismas sociedades humanas entre sí como entre las sociedades humanas y el resto del mundo. Esa visión permite comprender las interacciones y los efectos colaterales. Con ese enfoque estamos seguros de que somos conscientes de que pertenecemos a la biosfera. La gente ni siquiera es consciente de que la atmósfera es un recurso natural y que también es el resultado del trabajo de los seres vivos. Si no hubiese habido vida en la tierra no tendríamos atmósfera.

–Finalmente, la idea individual de desarrollo, o sea, de crecimiento, aplastó a todas las demás.

–El acento que se puso en la individualización ha sido nefasto, pero esa idea es también una de las riquezas de las sociedades occidentales. Si no se la controla como es debido o si no tenemos conciencia de ella sólo cosechamos lo negativo. La libertad para cada individuo no excluye la responsabilidad y la interacción. Fíjese si no en la historia de Estados Unidos, llena de páginas oscuras. Estados Unidos es hoy uno de los grandes, grandes problemas, es uno de los responsables más decisivos de la situación actual. Hay algo muy perverso en el sistema norteamericano: por un lado está la imagen de libertad total, de imperio del bien. Pero no es así. Cuando analizamos el resultado de la cumbre de Copenhague, la culpa del fracaso no la tienen ni China ni la India. La situación a la que llegamos hoy la produjo la sociedad occidental. Hemos, por ejemplo, depredado muchos países. Pero el éxito de la sociedad occidental se forjó con el tributo oscuro que pagaron los esclavos, la trata de seres humanos, la expoliación. El saqueo de los recursos del mundo entero hizo nuestra riqueza pero hoy nos conduce a constatar que hasta el clima se degrada. Los responsables somos entonces nosotros. Si fuésemos responsables no diríamos que la culpa la tienen los chinos o la India porque quieren imitarnos. Habría que decir: pecamos en exceso y, ahora, debemos sanear la situación. Lamentablemente no se procedió así y vamos a perder 30 años. Occidente perdió una oportunidad. Todo esto es consecuencia del culto al individualismo que nos lleva a perder de vista una noción esencial: en las sociedades humanas, lo más importante es lo social, incluso en la economía. Sin la dimensión social el hombre no existiría.

Eduardo Febbro

fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/18-158034-2010-12-04.html

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Dolor, miedo, pasión, amor *

7º charla de Jiddu Krishnamurti.

(…) Hablamos sobre el temor, y si es posible acaso librarse por completo de él, que es la reacción que surge cuando uno se da cuenta del peligro. Y (…) quisiera, si se me permite, hablar sobre la terminación del dolor; porque el miedo, el dolor y lo que llamamos amor siempre van juntos. Si no comprendemos el temor, no podremos comprender el dolor, ni podremos conocer ese estado de amor en el cual no hay contradicción, ni fricción.

Terminar por completo con el dolor es una cosa dificilísima de hacer, porque el dolor está con nosotros en una u otra forma. Quisiera, pues, investigar este problema bastante profundamente; pero mis palabras tendrán muy poco sentido si cada uno de nosotros no examina el problema dentro de sí, sin aprobar ni desaprobar, sino simplemente observando el hecho. Si podemos hacer esto, de hecho y no sólo teóricamente, entonces quizá podamos comprender la enorme importancia del dolor, y por consiguiente terminar con él.

A través de los siglos, el amor y el dolor siempre han ido de la mano, a veces predominando uno y a veces el otro. El estado que llamamos amor pasa pronto, y de nuevo quedamos atrapados en nuestros celos, vanidades, temores, desdichas. Siempre ha existido esta batalla entre el amor y el dolor; y antes de que podamos entrar en la cuestión de la terminación del dolor, creo que debemos comprender lo que es la pasión.

Permítaseme observar que no somos un grupo privilegiado de personas que por tener buena posición y bastante dinero para viajar hasta un lugar como este- hemos venido aquí meramente a complacernos con una forma de entretenimiento intelectual. Aquello de que hablamos es muy serio, y tiene uno que ser muy serio para indagarlo. Por “ser serio” quiero decir tener la intensidad, el impulso para ir hasta el fondo mismo de esta cosa llamada dolor. Estamos aquí para descubrir por nosotros mismos si es acaso posible terminar completamente con el dolor, de manera que la mente esté sin una sombra, clara, aguda, capaz de pensar sin ilusión. Y esto no lo podemos hacer si sólo vivimos en el nivel de las palabras, como lo hacemos la mayoría de nosotros. Los conceptos, las normas, los ideales, las palabras, los símbolos, tienen un extraordinario sentido para la mayoría de nosotros, y ahí nos detenemos. Parece que somos incapaces de trasponer el nivel verbal y penetrar más allá; mas para comprender el dolor, tiene uno que ir más allá de las palabras. Así pues, a medida que entro en este problema del dolor, espero que vosotros también lo examinéis intensa y claramente, sin sentimentalismo o emocionalismo.

Ahora bien, a menos que comprendamos la pasión, no creo que podamos comprender el dolor. La pasión es algo que muy pocos de nosotros hemos sentido realmente. Lo que podemos haber sentido es entusiasmo, que es estar enredado en un estado emocional con respecto a algo. Nuestra pasión es por algo: por la música, por la pintura, la literatura, por un país, por una mujer o un hombre; es siempre el efecto de una causa. Cuando os enamoráis de alguien os halláis en un gran estado de emoción, que es el efecto de esa causa particular; y acuello de que estoy hablando es de la pasión sin una causa. Es ser apasionado por todas las cosas, no sólo acerca de algo; mientras que la mayoría de nosotros nos apasionamos por una particular persona o cosa; y creo que debemos ver muy claramente esta distinción.

En el estado de pasión sin causa hay intensidad libre de todo apego; pero cuando la pasión tiene una causa, hay apego; y el apego es el comienzo del dolor. La mayoría de nosotros estamos apegados, nos aferramos a una persona, a un país, a una creencia, a una idea, y cuando perdemos el objeto de nuestro apego, o cuando él pierde su importancia nos sentimos vacíos, insuficientes. Esta vacuidad tratamos de llenarla adhiriéndonos a alguna otra cosa, la cual de nuevo se convierte en el objeto de maestra pasión.

Mientras hablo, por favor examinad vuestro propio corazón y vuestra mente. Yo sólo soy un espejo en el que os estáis viendo a vosotros mismos. Si no queréis mirar está muy bien pero si queráis mirar, entonces miraos con claridad, implacablemente, con intensidad; no con la esperanza de disolver Vuestras desdichas, vuestras ansiedades, vuestro sentimiento de culpa, sino para comprender esta extraordinaria pasión que siempre conduce al dolor.

Cuando la pasión tiene una causa se convierte en deseo. Cuando hay pasión por algo ‑por una persona, una idea, por alguna clase de realización-, entonces de esa pasión surge contradicción, conflicto, esfuerzo. Os esforzáis por lograr o mantener un estado determinado, o por recapturar uno que ha existido y se ha ido. Pero la pasión de que yo hablo no da lugar a contradicción, conflicto. No tiene ninguna relación con una causa, y por lo tanto no es un efecto.

Mirad, permitidme sugerir que os limitéis a escuchar; no tratéis de conseguir este estado de intensidad, esta pasión sin causa. Si podemos escuchar atentamente, con ese sentimiento de facilidad que viene cuando la atención no es forzada por la disciplina sino que nace del simple afán de comprender, entonces creo que descubriremos por nosotros mismos lo que es esta pasión.

En la mayoría de nosotros hay muy poca pasión. Podemos ser sensuales, podemos anhelar algo, podemos querer escapar de algo, y todo esto da cierta intensidad. Pero a menos que despertemos y tentemos nuestro camino hacia esta llama de la pasión sin una causa, no podremos comprender eso que llamamos dolor. Para comprender algo debéis tener pasión, la intensidad de la plena atención. Cuando existe la pasión por algo, que produce contradicción, conflicto, esta pura llama de pasión no puede existir; y es necesario que exista esta pura llama de pasión para poner fin al dolor, para disiparlo completamente.

Sabemos que él dolor es un resultado; es el efecto de una causa. Amo a alguien y esa persona no me ama; ésa es una clase de dolor. Quiero realizarme en cierta dirección, pero no he logrado la capacidad para ello; o, si tengo la capacidad, mi realización queda obstaculizada por la mala salud o algún otro factor: ésa es otra forma de dolor. Existe el dolor de una mente mezquina, que está siempre en conflicto consigo misma, luchando sin cesar, ajustándose, tanteando, adaptándose. Hay el dolor del conflicto en las relaciones, y el dolor de perder a alguien por la muerte. Todos conocéis estas diversas clases de dolor, y todas ellas son el resultado de una causa.

Pues bien, nosotros nunca enfrentamos el hecho del dolor, siempre estamos tratando de racionalizarlo, de despacharlo con explicaciones; o nos aferramos a un dogma, a una norma de creencia que nos satisface, nos da momentáneo consuelo. Unos toman una droga, otros recurren a la bebida, o a la oración, a cualquier cosa para aminorar la intensidad, la agonía del dolor. El dolor y el eterno intento de escapar de él, es la suerte de cada uno de nosotros. Nunca hemos pensado en acabar con el dolor por completo, de modo que la mente no esté atrapada en ningún momento en la autocompasión, en la sombra de la desesperación. No pudiendo terminar con el color, si somos cristianos lo adoramos en nuestras iglesias, como la agonía de Cristo. Y tanto si vamos a la iglesia y rendimos culto al símbolo del dolor, como si tratamos de librarnos de él con razonamientos, o de olvidar nuestro dolor tomando una bebida, todo ello es lo mismo: estamos escapando del hecho efectivo de que sufrimos. No hablo del dolor físico, que puede ser atendido con bastante facilidad por la medicina moderna. Hablo del dolor, el sufrimiento psicológico que impide la claridad, la belleza, que destruye el amor y la compasión. Y ¿es posible terminar con todo dolor?

Creo que la terminación del dolor está relacionada con la intensidad de la pasión. Sólo puede haber pasión cuando hay total abandono de sí mismo. Uno nunca es apasionado si no hay una completa ausencia de lo que llamamos pensamiento. Como vimos el otro día, lo que llamamos pensamiento es la respuesta de las diversas normas y experiencias de la memoria, y donde existe esta respuesta condicionada no hay pasión no hay intensidad. Sólo puede haber intensidad cuando haya una completa ausencia del “yo”.

Mirad, hay un sentido de belleza que no depende de lo que es hermoso y lo que es feo. Y no es que la montaña no sea hermosa o que no existe un edificio feo; pero hay una belleza que no es lo opuesto de la fealdad, hay amor que no es lo opuesto del odio. Y el autoabandono de que estoy hablando es ese estado de belleza sin causa, y por lo tanto es un estado de pasión. Y ¿es posible ir más allá de lo que es el resultado de una causa?

Por favor, escuchad esto con plena atención. Puede ser que no sea yo capaz de explicarlo muy claramente, pero tomad el sentido, más bien que quedaros con las palabras. Como veis, la mayoría de nosotros estamos siempre reaccionando; la reacción es la norma de nuestra vida. Nuestra respuesta al dolor es una reacción. Respondemos tratando de explicar la causa del dolor, o escapando de él; pero nuestro dolor no termina. El dolor sólo termina cuando nos enfrentamos con el hecho del dolor, cuando comprendemos y vamos más allá tanto de la causa como del efecto. Tratar de librarse del dolor por medio de una práctica determinada, o por un pensamiento de liberado, o entregándonos a cualquiera de las diversas maneras de escapar del dolor, no despierta en la mente la extraordinaria belleza, la vitalidad, la intensidad de esa pasión que incluye y trasciende el dolor.

¿Qué es el dolor? Cuando oís esta pregunta, ¿cómo respondéis? Vuestra mente procura de inmediato explicar la causa: del dolor, y esta búsqueda de una explicación despierta el recuerdo de los dolores que habéis tenido. Estáis, pues, volviendo siempre verbalmente al pasado o yendo hacia el futuro en un esfuerzo por explicar la causa del efecto que llamamos dolor. Pero yo creo que uno tiene que ir más allá de todo eso.

Sabemos muy bien qué es lo que causa dolor: la pobreza la mala salud, la frustración, el no ser amado, etc. Y cuando hemos explicado las diversas causas del dolor, no hemos terminado con él; no hemos captado realmente la extraordinaria profundidad y significación del dolor, lo mismo que no hemos comprendido ese estado que llamamos amor. Creo que ambos están relacionados ‑dolor y amor. Y para comprender qué es el amor, tenemos que sentir la inmensidad del dolor.

Los antiguos hablaban sobre la terminación del dolor, y establecieron una manera de vivir de la que se suponía que pondría fin al dolor. Muchas personas han practicado esa manera de vivir. Lo han intentado los monjes de Oriente y Occidente, pero lo único que han hecho ha sido endurecerse; han cerrado sus mentes y corazones. Viven tras los muros de su propio pensamiento, o tras los muros de ladrillo y piedra, pero yo realmente no creo que hayan trascendido y sentido la inmensidad de esto que se llama dolor.

Poner fin al dolor es hacer frente al hecho de nuestra soledad, de nuestro apego, de nuestro mezquino y pequeño afán de fama, de nuestra hambre de ser amado; es estar libre del autointerés y de la puerilidad de la autocompasión. Y cuando uno ha ido más allá de todo eso y ha terminado quizá con el propio dolor personal, aun existe el inmenso dolor colectivo, el dolor del mundo. Podemos poner fin al propio dolor haciendo frente en nosotros mismos al hecho y la causa del dolor, y eso debe sucederle a una mente que quiera ser completamente libre. Pero cuando hemos terminado con todo eso, aún existe el dolor de la extraordinaria ignorancia que hay en el mundo; no la falta de información, de conocimientos librescos, sino la ignorancia del hombre con respecto a sí mismo. La falta de comprensión de uno mismo es la esencia de la ignorancia, que provoca esta inmensidad del dolor que existe en todo el mundo. Y ¿qué es de hecho el dolor?

Como veis, no hay palabras para explicar el dolor, como no las hay para explicar qué es el amor. El amor no es apego, no es lo opuesto del odio, no es los celos. Y cuando hemos terminado con los celos, con la envidia, el apego, con los conflictos y las agonías por los que pasamos, creyendo que amamos, cuando todo eso ha legado a su fin, aún queda la cuestión de qué es el amor, y qué es el dolor.

Descubriréis qué es el amor, y qué es el dolor, sólo cuando vuestra mente haya rechazado todas las explicaciones y ya no esté imaginando, buscando la causa, satisfaciéndose con palabras o volviendo al recuerdo a sus propios placeres y dolores. Vuestra mente ha de estar en completa quietud, sin una palabra, sin un símbolo, sin una idea. Y entonces descubriréis, o surgirá ese estado en el cual, aquello que hemos llamado amor, lo que hemos llamado dolor, y que hemos llamado muerte, son lo mismo. Ya no habrá ninguna división entre amor y dolor y muerte; y no habiendo división, habrá belleza. Mas para comprender, para hallarse en este estado de éxtasis, tiene que haber esa pasión que viene con el total abandono de uno mismo.

Señor, por favor no toméis fotografías. Debierais estar mejor informado. Esta no es una reunión política, ni una reunión de entretenimiento, y es una lastima reducirlo a ese nivel.

¿Vamos a discutir o queréis hacer preguntas sobre lo que he estado diciendo esta mañana?

Pregunta: ¿Es una cualidad la pasión o intensidad?

Krishnamurti: Me pregunto qué entendemos con esa palabra, “cualidad”. ¿Es la pasión o intensidad una virtud que se haya de adquirir por la práctica, la disciplina, el autosacrificio, etc.? ¿Es eso lo que queréis decir?

Pregunta (de otra persona): ¿Puedo hacer una pregunta?

Krishnamurti: Señor, ya se ha hecho una pregunta. Como veis, estamos tan ocupados con nuestras propias preguntas que no escuchamos a ningún otro, y esto está pasando siempre en la vida. Estamos tan enredados en nuestros propios problemas, en nuestras esperanzas y ambiciones, en nuestras desesperaciones, que casi nunca vemos más allá de nuestros pequeños “yoes”. Tal vez algunos de nosotros tengamos otras preguntas, pero, si puedo sugerirlo respetuosamente, no estéis tan ocupados con vuestra propia pregunta.

Para volver a la pregunta formulada: ¿es una cualidad la pasión o intensidad? No me gusta usar esa palabra “cualidad’. Cuando estáis apasionados por algo, no preguntáis si ello es una cualidad, ¿verdad? Estáis en ese estado. Cuando estáis irritados, o sensuales, o cuando sois verbalmente brutales con alguien, no preguntáis en ese momento si lo que estáis sintiendo es una cualidad. Estáis ardiendo con eso. Pero más tarde decís, “¡Ah, ese fue un feo momento!”; y entonces eso se convierte en una cosa que hay que evitar en lo sucesivo. O, si fue un bello momento, procedéis a cultivarlo; pero lo que cultiváis es artificial, no es una cosa pura.

Así pues, la pasión o intensidad de que he estado hablando no es cultivable, no está a la venta en el mercado, no podéis comprarla con la práctica o la disciplina; pero si habéis escuchado y habéis penetrado realmente en vosotros mismos, si habéis luchado con eso, sabréis lo que es. Esa pasión no tiene nada en absoluto que ver con el entusiasmo. Sólo viene cuando hay una completa cesación del “yo”, cuando se ha dejarlo atrás todo sentido de “mi casa”, “mi propiedad”, “mi país”, ‘mi esposa”, “mis hijos”. Podéis decir: “Entonces no vale la pena tener esa pasión”. Tal vez no valga para vosotros. Vale la pena sólo si realmente queréis descubrir qué es el dolor, qué es la verdad, qué es Dios, cuál es el sentido de toda esta fea y confusa cuestión de la existencia. Si estéis interesados en eso, entonces debéis investigarlo con pasión, lo que significa que no podéis estar atados a vuestra familia. Podéis tener una casa, podéis tener una familia, pero si estáis psicológicamente atados a ellas, nunca podréis ir más allá.

Pregunta: ¿Tenemos todos la misma capacidad para la pasión?

Krishnamurti: No creo que la pasión sea una capacidad. Podéis tener capacidad para escribir libros, poemas, o para tocar la flauta, o para hacer cualquier serie de otras cosas; y las capacidades pueden cultivarse, mantenerse, incrementarse. Mas la pasión, la intensidad, no es una capacidad. Al contrario, si tenéis una capacidad, tenéis que morir para ella si habéis de ser apasionados. Si morís para la capacidad, entonces ésta se vuelve mecánica, aunque podáis incrementarla y ser muy hábiles en ella. Como veis, aún estamos pensando en términos de adquirir, y de proteger aquello que ha sido adquirido.

Pregunta: Habéis dicho que el dolor es una cosa bella, y sin embargo decís que tenemos que librarnos de él.

Krishnamurti: No dije que tenéis que libraros del dolor Dije que tenéis que mirarlo, indagarlo, comprenderlo. No podéis libraros del dolor, no podéis simplemente dejarlo un lado. ¿Cuándo siente uno dolor? Si amáis a alguien y esa persona no os ama a su vez, sufrís. ¿Por que? ¿Por qué habéis de sufrir? ¿Qué significa vuestro sufrimiento? Significa que estáis pensando en vosotros mismos: ese es el hecho real. Y mientras estéis pensando en vuestro propio pequeño yo, queriendo ser amado y sintiendo miedo de no serlo, con toda la fealdad implicada en eso, naturalmente vais a tener lo que llamáis dolor. Del mismo modo, si quiero ser hombre famoso y no lo soy, sufro, inevitablemente; y si estoy satisfecho permaneciendo en ese estado, muy bien. Pero si quiero comprender mi sufrimiento y trascenderlo, entonces empiezo a mirarlo; examino inflexiblemente el impulso psicológico a ser famoso, que es tan completamente superficial, inmaduro; y entonces viene una comprensión del dolor, que es el principio del fin del dolor. Y, como dije, cuando uno ha trascendido todo este dolor personal, encuentra que amor y dolor y muerte son lo mismo. Ese es un estado de gran belleza ‑que no es la belleza creada por el hombre o por la naturaleza.

Pregunta: ¿Es pasión o intensidad el deseo de saber?

Krishnamurti: Me pregunto qué entendemos por deseo de saber. El ansia de reunir conocimientos forma una parte del devenir, y es por lo tanto una causa de conflicto. Más yo no estoy hablando de acumular conocimientos, que pueden encontrarse en cualquier enciclopedia. Quiero comprender, ir hasta el fin mismo del dolor y descubrir por mí mismo su significación; y eso no significa que yo tenga que saber. Como expliqué muy cuidadosamente el otro día, conocer es una cosa y aprender es otra. El conocer implica acumulación de conocimientos; y cuando habéis acumulado conocimientos, desde ese trasfondo experimentáis. Por la experiencia adquirís aun más conocimientos; pero en este proceso adquisitivo de añadir conocimiento sobre conocimiento mediante la experiencia, no hay movimiento de aprender. Sólo podéis aprender cuando ya no estáis buscando o adquiriendo conocimiento.

Señor, yo no quiero saber sobre el dolor Todos tenernos dolor. ¿No tenéis dolor en una forma u otra? ¿Y queréis saber acerca de él? Si es así, podéis analizarlo y explicar por qué sufrís. Podéis leer libros al respecto, o ir a la iglesia, y pronto sabréis algo sobre el dolor. Mas yo no estoy hablando de eso; hablo sobre la terminación del dolor. El conocimiento no pone fin al dolor. La terminación del dolor comienza al enfrentar los hechos psicológicos dentro de uno mismo, y dándose plena cuenta de todas las implicaciones de esos hechos de instante en instante. Esto significa no escapar jamás del hecho de que uno está en dolor, no racionalizarlo nunca, no dar nunca opinión sobre él, sino vivir con ese hecho por completo.

Mirad, es muy difícil vivir con la belleza de esas montañas y no acostumbrarse a ella. La mayoría de vosotros habéis estado aquí desde hace cerca de tres semanas. Habéis contemplado esas montañas, oído el riachuelo y visto las sombras arrastrarse a través del valle, día tras día; y ¿no habéis notado cuán fácilmente os acostumbráis a todo eso? Decís, “Si, es muy hermoso”, y seguís vuestro camino. Vivir con la belleza, o vivir con una cosa fea, y no habituarse a ella, requiere enorme energía, una alerta percepción que no permite que vuestra mente se embote. Del mismo modo, el dolor embota la mente si sólo os acostumbráis a él; y la mayoría de nosotros nos habituamos. Pero no es forzoso que uno se habitúe al dolor. Podéis vivir con el dolor, comprenderlo, indagarlo, más no para adquirir conocimientos sobre él. Sabéis que el dolor está ahí, es un hecho, y no hay nada más que saber. Tenéis que vivir con el dolor, y para vivir con él tenéis que amarlo; y entonces hallaréis, como dije antes, que el amor y el dolor y la muerte son uno.

Pregunta: ¿No hay amor sin pasión?

Krishnamurti: ¿Qué queremos decir con la palabra “pasión” y con la palabra “amor”? Ya seáis hombre o mujer, cuando os enamoráis de alguien, ¿no tenéis pasión, al menos durante los primeros dos años o lo que sea? Y entonces os acostumbráis uno al otro, empezáis a fastidiaros. Con esa pasión, aunque la llaméis amor, hay sensualismo, apego, celos, ambición, codicia y todo lo demás. Es como una llama en medio del humo. Y ¿qué ocurre? Gradualmente la llama muere, y sólo os queda el humo. Pero si hay una disminución del apego, de la sensualidad, de los celos y de todos los demás elementos que contribuyen al humo y al conflicto que llamamos pasión, si se muere para todo eso y desaparece, no a través del tiempo y el hábito, sino porque uno lo ha profundizado, lo ha comprendido, ha visto sus profundidades y alturas, entonces el amor puede ser pasión sin una causa. No me refiero a la pasión del misionero que, porque ama a Jesús, sale a convertir a los paganos. No es esa la pasión de que estoy hablando. Al contrario, ella es la repulsa de todo eso sin un motivo; y, de esta repulsa surge la clara llama.

Pregunta: ¿Es posible para un ser humano estar permanentemente en un estado de comprensión?

Krishnamurti: Es importante comprender lo que entendemos por esa palabra, “permanente”. No creo que podáis nunca estar permanentemente en nada. Si estáis permanente en algo, estáis muerto. Y eso es lo que queremos la mayoría de nosotros: queremos ciertas cosas: amor, pasión, comprensión, Dios; continuar de modo permanente. ¿Qué significa eso? Que no queremos ser perturbados, no queremos ser sensibles, estar vivos. Como he explicado, la verdad o la comprensión vienen en un relámpago, y ese relámpago no tiene continuidad, no está dentro del campo del tiempo. Ved esto por vosotros mismos. La comprensión es nueva, instantánea, no es la continuidad de algo que ha sido. Lo que ha sido no puede traeros comprensión. En tanto busquemos una continuidad ‑queriendo permanencia en las relaciones, en el amor; anhelando encontrar paz perpetua, etc.-, estaremos persiguiendo algo que está dentro del campo del tiempo y que por lo tanto no pertenece a lo temporal.

5 de agosto de 1962

* Extraído de “Tragedia del hombre y del mundo: la mente mecánica”

fuente http://verdeingles.blogspot.com/2008/07/dolor-miedo-pasin-amor.html

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La seguridad criminal como espectáculo para ocultar la inseguridad social*

Entrevista con Loïc Wacquant **

Mi trabajo sobre la marginalidad urbana me llevó a encontrar la prisión, porque para hacer un estudio sobre la transformación del gueto negro de Chicago, me inscribí en un Club de Boxeo del gueto (Wooldlawn Boys Club) como una forma de hacer una observación participante. Hice ese trabajo de campo para aproximarme a la realidad cotidiana, en particular, a la realidad de la juventud negra y pobre del gueto de Chicago.

Por Fernanda Bocco, María Livia Nascimento y Cecilia Coimbra Entrevistadores: desearíamos que nos relatase brevemente su trayectoria y los principales intereses académicos que atraviesan ese derrotero.

Loïc Wacquant: Nací y crecí en el sur de Francia. Cursé mis estudios en Francia, inicialmente en Economía Industrial y luego en Sociología. Me trasladé a Estados Unidos en 1985 para hacer un doctorado en la Universidad de Chicago. Trabajé inicialmente sobre ilegalidades urbanas y la marginalidad. (1)

Para hacer esa observación me inscribí en ese club y pronto descubrí que todos mis colegas de box habían pasado por la prisión. Recuerdo que cierta vez pregunté al responsable de la academia (Herman “DeeDee” Armour) quién del grupo había pasado por la prisión. Él me respondió: “Todos. ¿Tú no?”. Entonces, supe que para comprender la vida cotidiana de mis amigos que practicaban boxeo debería comenzar a estudiar las prisiones. Para entender los esquemas culturales urbanos de mis colegas, yo debía estudiar la prisión norteamericana y, así descubrí, en 1993-1994, al Estado Penal. Encontré a las estadísticas que mostraban un crecimiento extraordinario de la población carcelaria y, sobre todo, de la población carcelaria negra. Como estaba estudiando la transformación del gueto, reparé que había un paralelo entre la evolución del gueto negro, especialmente después de los años 1960, y la prisión. Percibí cómo el gueto poco a poco fue tomando las características de una prisión, se fue convirtiendo en un territorio cerrado, con una población considerada desviada, peligrosa y dependiente. Esa historia del gueto la conocía bien, porque trabajé sobre eso por casi diez años, pero lo que no sabía era que existía una historia paralela de la prisión, que había crecido de manera extraordinaria durante el período en que el gueto declinaba, particularmente después de las grandes manifestaciones negras de los años 1960. De modo sugerente, desde el punto de vista de la investigación, después de ese período, el gueto se convirtió lentamente en algo muy parecido a la prisión y, paralelamente, la prisión se fue asemejando al gueto.

En aquella época, 1995-1996, cuando escribía mis primeros artículos, existía un gran debate sobre las políticas públicas en los Estados Unidos, el debate sobre el Estado de Bienestar Social y la reforma de la asistencia social. Cuando analizamos esa reforma, quedó claro que el Estado se estaba transformando de un instrumento de ayuda a los pobres en un instrumento para disciplinar a los pobres y empujarlos hacia el mercado de trabajo precarizado.

Tenía mis amigos de la academia de boxeo, sobre todo mi sparring habitual (Ashante), que en su juventud fue un miembro destacado de una pandilla muy fuerte de Chicago. En esa etapa de su vida fue condenado a 12 años de prisión por un crimen grave: asalto a mano armada. Él aprendió a boxear en la prisión y cuando salió el entrenador de la prisión lo guió hacia el club de box. Esa actividad lo protegió de la calle, de retornar a la vida criminal. O sea, él se transformó en boxeador profesional para escapar del regreso a la pandilla y a la violencia criminal, pero también para huir de los empleos precarios, mal pagos, que ellos llaman trabajos esclavos. Entonces comprendí que su actividad de boxeador fue una estrategia de resistencia a los empleos y salarios bajos e inseguros. Cuando su carrera de boxeador declinó y la academia de box cerró, retornó primero a las actividades criminales dentro de las pandillas, pero también fuera de ellas, a la economía de las calles.

Frecuentemente recibía llamadas telefónicas para ir hasta el cuartel de la policía para ayudarlo a salir de prisión, pagando la fianza para liberarlo. Una vez llegué incluso a pagar un abogado para ayudarlo. Percibí cómo él quedaba aprisionado entre la economía de las calles, un mercado de trabajo extremadamente precario y el Estado Penal. Su estrategia de resistencia era evitar empleos inseguros del nuevo mercado de trabajo, pero se complicaba en condenas cada vez más duras, y rápidamente se vio frente a una condena que podría ir de seis a veinte años de prisión por la posesión de cinco gramos de droga. Intervine una vez más, y conseguí que pasara seis años en prisión, lo que en el caso fue la mejor solución posible. Después de cumplir cuatro años él salió diciendo: “Vea Loïc, yo debo trabajar en un empleo esclavo, debo aceptar los salarios descalificados porque si no la alternativa es no ver más a mis hijos.” Estaba en una condición que, si tuviese una condena más, ella sería de por lo menos veinte años.

Observé, en el contexto de la vida cotidiana, cómo el Estado estaba funcionando. Por un lado, retirando la ayuda social y empujando a las personas hacia un salario de inseguridad. Por otro, el crecimiento del Estado Penal, que incrementa el riesgo de la economía de las calles y empuja a la cárcel o al trabajo precarizado.

Por una parte, contemplaba la trayectoria personal de mis amigos de la academia de boxeo y por otra observaba las estadísticas y los análisis históricos mostrando al gueto transformándose en una prisión urbana y a la prisión transformándose en un gueto para aquellos que no aceptan el trabajo descalificado o que son rechazados por los empleadores. En el caso de mi colega de la academia de box, él sufrió aún un proceso judicial. Fue terrible, porque la tendencia era darle veinte años, pero felizmente encontré un abogado que consiguió que sólo le dieran dos. Le quedaron dos años, pero es imposible para él encontrar un empleo, porque cuando se presenta procurando trabajo, debe declarar que pasó por la prisión. Está obligado a hacer eso, y cuando lo hace el empleador no se interesa más por él. Entonces, casi es forzado a retornar a la economía de las calles y haciendo eso él puede ser apresado, y entonces le corresponderá prisión perpetua. O sea, se ve forzado a buscar empleos descalificados.

Fue, pues, mi trabajo de campo con los boxeadores lo que me llevó a descubrir el papel de la prisión en su vida cotidiana, pero, también, me permitió establecer una relación entre la transformación histórica del gueto y la emergencia del Estado Penal. En verdad, existen dos asociaciones: la transformación de la economía, del gueto y del Estado Penal y la transformación del Estado Social en Estado Penal, el pasaje del Estado Social, que protege de las oscilaciones del mercado de trabajo, hacia el estado de trabajo compulsivo, que empuja a todo el mundo hacia el trabajo descalificado.

Entrevistadoras: Pensando la situación degradante en que vive gran parte de la población mundial en el contexto del capitalismo contemporáneo, y en las pocas transformaciones que esa realidad ha encontrado, que función usted piensa que la pobreza ejerce en el mundo contemporáneo.

Loïc Wacquant: Escribí un libro sobre este asunto que se llama Los condenados de la ciudad. (2)

El segundo elemento importante es la reconstrucción del Estado Social. Entre 1945 y 1975/80, en las sociedades avanzadas existía, básicamente, el Estado Asistencialista [Welfare State], que se desarrollaba para redistribuir ingresos a fin de estabilizar la vida de las personas y actuar como mecanismo contracíclico, contra los ciclos de depresión de la economía industrial El Estado estaba presente para proteger las oscilaciones y riesgos de la economía. Desde el final de los años 1970 y el inicio de los 1980, las sociedades avanzadas comenzaron a reorganizar sus Estados de Bienestar Social de una forma que el Estado no proteja más de los cambios en el mercado, sino que nos empuje hacia el mercado. Esa e la llamada “tercera vía” de Blair, en la cual se Los últimos dos capítulos consisten en análisis de las nuevas formas de pobreza urbana en las sociedades avanzadas (“El advenimiento de la marginalidad avanzada: características e implicaciones” y “Lógicas de la polarización urbana por abajo”).

Pienso que existe una forma de pobreza urbana que llamo “marginalidad urbana avanzada”, a la cual se liga, por un lado, las transformaciones del trabajo, la desorganización del empleo y la caída del sindicalismo, pero también la variabilidad creciente de los contratos de empleo. Actualmente, todos los contratos de empleo son individuales, para trabajadores en diferentes condiciones de trabajos, diversos salarios, distintos tipos, tiempos variables, duraciones heterogéneas. Entonces, ése es un elemento principal, lo que llamo la desocialización del trabajo asalariado, ese trabajo asalariado se tornó, en sí mismo, una fuente de inseguridad y de inestabilidad.

En el período que se extiende entre 1945-1975/80, se acostumbraba pensar que, si usted quería combatir a la pobreza, debería dar más empleos, el trabajo sería el remedio para la pobreza. Desde que el trabajo se transformó, ahora el trabajo en sí mismo es inseguro, existe subempleo, subsalarios, trabajos temporarios o sin ningún tipo de seguridad en el empleo, usted tiene un trabajo hoy, pero no sabe si tendrá un trabajo el próximo mes o el próximo año. Entonces, este nuevo trabajo fragmentado es, él mismo, un vector de pobreza y de inseguridad. Entre 1945 y 1975, podríamos decir “usted quiere combatir la pobreza, de más empleos a las personas”, pero hoy estamos muy lejos de eso. Primero, hay muchas personas que no tienen trabajo y, segundo problema, muchas tienen trabajo inseguro. Entonces, si usted da más trabajo inseguro, creará más inseguridad social.

El segundo elemento importante es la reconstrucción del Estado Social. Entre 1945 y 1975/80, en las sociedades avanzadas existía, básicamente, el Estado Asistencialista [Welfare State], que se desarrollaba para redistribuir ingresos a fin de estabilizar la vida de las personas y actuar como mecanismo contracíclico, contra los ciclos de depresión de la economía industrial El Estado estaba presente para proteger las oscilaciones y riesgos de la economía. Desde el final de los años 1970 y el inicio de los 1980, las sociedades avanzadas comenzaron a reorganizar sus Estados de Bienestar Social de una forma que el Estado no proteja más de los cambios en el mercado, sino que nos empuje hacia el mercado. Esa e la llamada “tercera vía” de Blair, en la cual se defiende un estado “capacitador” [Enabling State], o sea, un Estado que debía equipar a las personas para competir en el mercado, pero en verdad las personas están y son equipadas de forma muy desigual. Eso incluso significa una transformación en el papel del Estado, éste ya no protege de las sanciones del mercado, pero equipa para competir en el mercado. Esto crea una inseguridad atomizada, una inestabilidad atomizada en la vida de las personas.

Por un lado existe la desocializacion del trabajo, por el otro la transformación del Estado, y ambas empujan a las personas a tener una vida insegura. Entonces, esta doble inseguridad objetiva, del lado del trabajo y del lado del Estado, que ya no protege a las personas de la inseguridad del trabajo, crea dos formas de inseguridad. Una es la inseguridad social objetiva, causada por el trabajo asalariado desocializado, pero existe además una inseguridad mental: cuando el trabajo es inseguro, los individuos no pueden proyectarse en el futuro no saben si tendrán empleo en el próximo mes, eso desestabiliza el mundo mental y crea un gran sentimiento de ansiedad en la sociedad. La inseguridad social no afecta sólo a la clase obrera objetivamente, por ser sus condiciones objetivas inseguras, sino que ha afectado, de forma creciente, también a las personas de clase media, que se sienten inseguras. Ellas no están realmente inseguras, pero se sienten inseguras, especialmente en su capacidad de proyectarse en sus futuros y de proyectar su estatus en sus hijos. Hace veinte años, la clase media podía enviar a sus hijos a la Universidad, ellos recibían un diploma, encontrarían un trabajo, recibirían un ingreso suficiente para vivir bien, entonces se sabía que seguirían siendo parte de la clase media.

Mientras tanto, actualmente, si usted es de clase media, existe mucha competencia en la escuela, la competencia es universal en las escuelas ahora, ingresar en la universidad es muy difícil, e incluso teniendo un diploma universitario no hay garantía de encontrar un empleo, incluso teniendo un empleo no hay garantía de tener un buen salario, y aunque consiga un buen empleo y un buen salario, no hay garantías de que el empleo continuará por mucho tiempo. Esto crea una gran corriente de inseguridad dentro de la sociedad, relacionada a la inseguridad del trabajo y relacionada o no a la voluntad del Estado de proteger de esa inseguridad, lo que genera una demanda en la población por la estabilidad de la vida. El Estado responde a esta demanda de estabilización ofreciendo policía y políticas penales. El Estado dice “nosotros no vamos a dar más trabajo seguro, o un ingreso garantizado, porque no es eso lo que el Estado hace ahora, pero daremos un fin a la población de las calles y a los criminales de sus barrios, etc. Responderemos a su demanda por seguridad social reforzando la seguridad criminal.”

Eso explica porqué, en la clase trabajadora y también en la clase media, hay una fuerte demanda por políticas punitivas. También la desregulación de la economía y la reconstrucción del Estado de Bienestar social en la forma de Estado de trabajo compulsivo [Workfare State] crean un déficit de legitimidad para las campañas políticas, porque para que los políticos tengan sus votos, ellos tienen que ofrecer servicios, entonces, ¿qué servicios ofrecer? Ya no pueden garantizar empleos ni asistencia social, ¿entones, qué garantizan? Bien, para compensar la falta de legitimidad del Estado, los políticos han ofrecido más policía, justicia criminal y prisiones. Así, el Estado se hace presente, reafirmando su autoridad en el campo penal para compensar la creciente impotencia y ausencia de poder del Estado en el campo social y económico. Paradojalmente, este es un dilema particularmente fuerte para los gobiernos de izquierda, porque estos son electos con la promesa de reducir la desigualdad y proporcionar la seguridad en la vida, en el trabajo, en la salud pública, la educación pública.

Pero los partidos de izquierda, cuando llegan al gobierno, también siguen las políticas de desregulación de la economía y de conversión del Estado de Bienestar social en Estado de Trabajo compulsivo. Entonces, para ellos, la cuestión de la legitimidad política es particularmente fuerte, porque el electorado de la clase obrera quiere un bien tangible del gobierno de izquierda. El gobierno dice “nosotros vamos a dar una mejor justicia”, por ejemplo, en Francia, Jospin dijo: “Una gran desigualdad es una desigualdad antes del crimen, las primeras víctimas del crimen son los pobres, son la clase obrera.” En vez de decir “nosotros vamos a ofrecer más represión para reducir el crimen, ese es el bien que vamos a proporcionar a la clase obrera.” Esa doble transformación del trabajo y del Estado crea ese sentimiento de inseguridad que difunde una impresión de ansiedad social e crea las condiciones para el desenvolvimiento del Estado Penal.

Entrevistadoras: En su libro Las Cárceles de la miseria,(3)

Loïc Wacquant: El huracán Katrina fue un doble desastre. Un desastre meteorológico, y no podemos decir natural porque la meteorología actualmente no es un fenómeno sólo de la naturaleza. Ella depende de factores industriales, del calentamiento global, por ejemplo, que tiene un impacto sobre los huracanes. La primera catástrofe fue meteorológica, pero hubo una segunda, referida a la respuesta del gobierno americano en el nivel local y, sobre todo la del Estado Federal. El gobierno federal viene trabajando en la retirada del Estado como fuerza pública.

El gobierno de Bush en un pie de página, usted dice que una de las personas que más defiende la política de la Tolerancia Cero, en Francia, es Regis Debray que fue preso con el Che Guevara en Bolivia. ¿Podría usted agregar algo más a eso? Loïc Wacquant: Regis Debray, considerado un héroe revolucionario en América Latina, actualmente es uno de los mayores defensores de la política de Tolerancia Cero, de la política represora y de las políticas penales de Francia. Es un caso típico de conversión de todo un sector de intelectuales de izquierda que giraron hacia una visión individualista y moralista de los pobres, ni ellos mismos siquiera se dan cuenta de esa conversión hacia una versión neoliberal, se siguen viendo como progresistas. Terminan aceptando especialmente el discurso de la responsabilidad individual. No se dan cuentan que la contrapartida de ese discurso de responsabilidad individual es la irresponsabilidad colectiva, o sea, un abandono de la naturaleza y del diagnóstico políticos de las causas de inseguridad y, por tanto, de la solución para la inseguridad. Hay una serie de otros intelectuales socialistas que tomaron el mismo camino, sin darse cuenta de que el discurso que sale de sus bocas es el mismo que los intelectuales de la derecha pronuncian.

Entrevistadoras: Los Estado Unidos han pasado por una serie de situaciones catastróficas causadas por la naturaleza en los últimos tiempos. ¿Cómo un fenómeno como el Katrina coloca a la sociedad estadounidense bajo análisis o cómo afecta a la sociedad en general?

Loïc Wacquant: El huracán Katrina fue un doble desastre. Un desastre meteorológico, y no podemos decir natural porque la meteorología actualmente no es un fenómeno sólo de la naturaleza. Ella depende de factores industriales, del calentamiento global, por ejemplo, que tiene un impacto sobre los huracanes. La primera catástrofe fue meteorológica, pero hubo una segunda, referida a la respuesta del gobierno americano en el nivel local y, sobre todo la del Estado Federal. El gobierno federal viene trabajando en la retirada del Estado como fuerza pública. El gobierno de Busch ha tenido una política sistemática de enflaquecimiento del Estado público, utilizándolo como la justificación para la privatización de los servicios públicos las carencias del Estado. Es importante verificar que hubo una doble catástrofe, meteorológica y política, que revela, que muestra para la población norteamericana, especialmente para las elites, que no conocen su propia sociedad, que existían personas que no tenían su propio auto, que no tenían cinco dólares, ni veinte dólares para poder salir de la ciudad y escapar del huracán. Esas elites se interrogaban “¿¡Ah! existen personas que tienen hambre? Existen personas que sufren de enfermedades graves y no tienen acceso a los servicios de salud?”

Las elites norteamericanas descubrían de forma abrumadora aspectos de su propia sociedad, descubrían algo que ellas sabían, pero a lo que no prestaban atención, el hecho de que existe una segregación extrema entre negros y blancos y que ella es hoy la misma de hace cincuenta años atrás. Puede decirse que se desmanteló el sistema jurídico de segregación, el aparato jurídico que mantenía la segregación, aunque, en realidad, la separación residencial entre negros y blancos es aún actualmente muy fuerte. En el caso de Louisiana, lo que no fue informado en la prensa es que ese Estado, además de ser uno de los más pobres, con gran segregación racial y tener una criminalidad de las más fuertes, tiene una tasa de encarcelamiento de las más altas de Estados Unidos. Es el estado líder en casos de prisión. Entretanto, fue justamente la prisión el servicio público que mejor funcionó durante el desastre. No hubo muertos en las prisiones. Todas ellas fueron evacuadas sin problemas.

En Nueva Orleans hay una cárcel con 6.500 presos, y ellos fueron evacuados sin problemas. Los pobres y enfermos, principalmente los pobres ancianos, quedaron sin ser evacuados por más de una semana, muchos murieron dentro de los hospitales, porque no había comida ni agua, porque los equipos de emergencia no estaban allí. La policía montada de Vancouver (Canadá) llegó a algunos lugares de Louisiana antes que el ejército estadounidense, y proveyeron ayuda antes de que las autoridades estadounidenses mandaran sus propias tropas. Los prisioneros fueron evacuados sin ninguna fuga, ninguna muerte, ninguna lesión, en dos días ya se les había proporcionado una nueva prisión, una antigua estación de autobuses fue transformada en cárcel. Si buscamos qué sector del Estado funcionó bien, veremos al Estado Penal, todo el resto entró en colapso, pero el Estado Penal funcionó muy bien, porque el estado de Louisiana tiene un Estado Penal muy profesional y eficiente. Ningún preso murió o pasó hambre.

La doble catástrofe del Katrina, meteorológica y política, también reveló el grado de desinterés sobre aquello que le ocurre a los pobres. Lo que sucedió era extremadamente previsible, los barrios que quedaron inundados son también los barrios más pobres, exclusivamente allí viven negros, que están en un Estado que posee el nivel más bajo de asistencia social, así como el nivel más alto de desigualdades en las escuelas y los índices más altos de violencia criminal.

El gobierno de esa región, y del país como un todo, casi abandonó a esa sociedad en particular, literalmente la dejaron pudriéndose, como si fuese una sociedad escindida. Lo que la catástrofe hizo fue forzar a los políticos a que reconocieran: “éste es nuestro país”, “esa es nuestra sociedad”, y los medios fueron obligados a mostrar que aquello no estaba sucediendo en África, o en algún país del tercer mundo y sí en los Estados Unidos. Fue muy interesante ver a los periodistas en la televisión en vivo, ellos mismos estaban muy choqueados, como si estuviesen descubriendo su propio país. Descubrían las deficiencias extraordinarias en la distribución de los servicios públicos. Fue impresionante lo que dejó y lo que dejó ver el Katrina, pero eso es la realidad que los pobres viven cotidianamente en los Estados Unidos: falta de transporte público, falta de servicios de salud, falta de escuelas, falta de vivienda, (sobre)viviendo bajo condiciones muy duras.

Otra cosa que fue poco discutida por los medios, pero que fue muy importante, fue que una de las razones por las cuales las personas no podían irse era porque la gran mayoría vive con las ayudas del gobierno, una asistencia muy escasa pero totalmente esencial, sin la cual no tienen nada más. El Katrina llegó en el final del mes, un momento en el cual ya no tienen más dinero, porque reciben tan poco que a mitad de mes ya no hay nada que sobre. Entonces, para esas personas pobres de Nueva Orleans era doblemente imposible salir: ellas no tenían los medios, pero también, si saliesen, ¿hacia dónde irían? Entonces, para ellos tenía sentido quedarse allí. Es importante recordar que el huracán Katrina, en si, no causó muchos estragos, la ciudad no fue inundada directamente por el huracán, más bien fue inundada por el colapso de los diques y por la infraestructura inadecuada, en definitiva, por los años de desinversión en la infraestructura. No fue una catástrofe natural, y sí una catástrofe política, tanto la inundación en sí como la respuesta a la inundación.

Lo que pienso que ninguno esperaba, incluso el crítico más severo de los Estados Unidos nunca pensó, era que el gobierno pudiese ser tan incompetente, que hubiese tanta incapacidad para llevar agua, o para evacuar a los más enfermos y a los que estaban en los hospitales. En algunos momentos estaban tan desorganizados que llamaban un helicóptero para evacuar a alguien de un hospital y llegaban cinco, y no sabían donde aterrizar. Algunos hospitales privados llamaron helicópteros, pero el gobierno acababa redireccionando aquel helicóptero hacia otro lugar, entonces los pacientes de los hospitales no eran evacuados y morían en el tejado del hospital, porque el gobierno oficial había pedido que fuesen hacia otro sitio. Ese nivel de desorganización ocurrió. Si fuera para atacar alguna ciudad, para evacuar soldados, en algunos minutos ellos organizan un despliegue impresionante y eficiente de tecnología y de apoyo humano, pero cuando se trata de los pobres en una ciudad grande de los Estados Unidos, hay una incompetencia total en ese nivel.

Lo interesante es que ahora, como eso fue muy perjudicial para Bush y destruyó su imagen de jefe en el comando, de que es un buen líder, eficiente, fuerte, él se vio forzado a decir que pagará y reconstruirá Nueva Orleans. La realidad es que esas personas no le importaban antes del Katrina y después de que el Katrina desparezca de los medios, nadie más se preocupara por ellos. Esa es la realidad de ser pobre y negro en una ciudad grande de Estados Unidos. Existe un gobierno que es completamente ineficiente, servicios públicos que son prácticamente inexistentes y las personas deben sobrevivir semana a semana, mes a mes de la mejor forma que pueden particularmente cuando se vive de la economía ilegal de la calle.

La otra cosa que oímos, en medio de la explosión del discurso sobre el crimen, es que niños fueron violados en los refugios, etc. Ahora está probado que eso fue apenas miedo a las personas pobres y negras, creando una imagen que afirma que “ellas deben ser criminales”. Resulta claro que acontecieran incidentes, algunos hurtos, eso ocurre todos los días en Nueva Orleans, y bajo esas condiciones se espera que pueda ocurrir algún arresto, pero hubo una gran proyección del imaginario racial y de clase de los estadounidenses en la idea de que ellos son “animales” que se van a atacar unos a los otros. Algunos días después de ocurrido el desastre, una de las grandes preocupaciones de la televisión era descubrir dónde estaban los delincuentes sexuales, si ellos habían sido expulsados o estaban en los refugios, dónde más podrían estar? Hubo un pánico enorme y los sherifs fueron entrevistados para declarar cuántos abusadores existían en su distrito, a lo que ellos respondían: “Tenemos 6.500, y ahora no sabemos donde están ellos!”. Existe una ciudad entera que fue destruida, y lo que se piensa es que los criminales están allá para violar niños, nada más alejado de lo que está ocurriendo.

Entrevistadoras: De modo general, los psicólogos y otros profesionales, cuando trabajan en cualquier establecimiento, en especial, los ligados a la justicia y a los establecimientos penitenciarios, hablan mucho de la “ilusión re”: reeducación, reintegración, reinserción, etc.

Loïc Wacquant: Los presos no son integrados, ¿cómo pueden ser reintegrados?

Entrevistadoras: Peor, para los que trabajan en el sistema, y cuando se tienen buenas intenciones… cuando se hacen oficinas para educación en la prisión, trabajo en la prisión… Las prácticas “re” son de la época del Estado Asistencialista, que ya terminó, era una ilusión en aquel momento, pero ahora es una prisión para aquellos que trabajan dentro del sistema penitenciario, porque comienzan a imaginar que van a hacer una “buena” prisión, y eso es peor…

Loïc Wacquant: Si, acaban usando el Estado Penal, y puede haber excelentes programas de educación, excelentes programas de psicología, entonces, diremos “¡vengan hacia nuestras prisiones!”

Entrevistadoras: Se acredita que las personas no pueden recuperarse si no estuvieron trabajando. Además se piensa que “los prejuicios dejan entrar al diablo en la mente”, entonces los presos precisan estar ocupados para poder ser reinsertados. Esas “ilusiones re” tienen mucho que ver con una creencia no sólo en el Welfare State, sino con una creencia en que el Estado capitalista puede ser un estado democrático. En la periferia del capitalismo no hay democracia… y ahora, yo pienso que en el corazón tampoco…

Loïc Wacquant: Considero que en la periferia del capitalismo se muestra la verdad de las tendencias del centro. Brasil en la dirección de los Estados Unidos, por ejemplo, en lo que se refiere a la prisión, la tendencia a militarizar la contención punitiva de los pobres en las favelas es el futuro de los Estados Unidos y no lo contrario.

Entrevistadoras: ¿Qué cuestiones lo ocupan actualmente?

Loïc Wacquant: Acabo de terminar un libro que se llama Simbiosis Letal: raza y penalidad neoliberal. El artículo “De la esclavitud al encarcelamiento masivo” es una pequeña versión preliminar de dos capítulos del libro, donde hago un análisis de la proximidad entre el sistema penal y el hipergueto en los Estados Unidos, y un análisis comparativo de este problema en la Unión Europea, sobre el hiper-encarcelamiento de los inmigrantes post-coloniales. El libro tiene también un capítulo sobre el Brasil, sobre la contención punitiva de los pobres en las ciudades brasileñas y la aberración carcelaria que existe aquí. Considero que, de mis libros, éste es el más interesante y creativo, porque es una reflexión sobre la naturaleza del Estado Penal como una máquina de clasificar y administrar las poblaciones difíciles material y simbólicamente. Pienso que el sistema penal es una máquina para la sociodicea negativa, para la legitimación de la exclusión de los desechos de la sociedad de mercado.

Las sociedades avanzadas tienen dos instituciones para legitimar la desigualdad. Una institución de sociodisea -término de Pierre Bourdieu adaptado de Max Weber que significa una justificación social para el estado del mundo, por analogía con la teodicea (Leibiniz)- positiva, que es el sistema de educación universitaria, que distribuye diplomas que legitiman la herencia del capital cultural y económico y explica la eminencia de la clase alta por sus grandes propiedades individuales “los sujetos merecedores”, una lógica de meritocracia que dice que administran grandes negocios porque son más inteligentes, porque conocen más sobre ciencias económicas. Existe también una máquina de sociodicea negativa, que es el Estado Penal. Ella distribuye diplomas negativos, en cierto sentido, distribuye creencias que atestiguan un mal carácter y una mala moral y que se acoplan como un diploma que los pobres cargan consigo. Como mi amigo, cuando intento conseguir un empleo, tuvo que escribir en las fichas que había estado preso. Él acarrea ese diploma negativo que va restringiendo las chances de vida y empujándolo hacia los márgenes de la sociedad, además de explicar su exclusión por su propio comportamiento.

Es una meritocracia negativa. Hay una meritocracia superior y una meritocracia inferior, y un mismo discurso de merecimiento individual es aplicado a aquellos que tienen éxito (superiores) y a los más marginados (inferiores). El mismo discurso de la responsabilidad individual es atestiguado por el Estado con diplomas universitarios para individuos “superiores” y con un estigma penal y vigilancia para el individuo “inferior”, ya que una vez preso esa marca va a seguirlo a lo largo de toda la vida. Eso se da de manera especial en Estados Unidos, donde hay 60.000.000 procesos criminales en la justicia, donde casi la mitad de los trabajadores de la clase obrera tienen una ficha policial o judicial, y donde cada vez más esa información no es usada sólo por la administración pública, sino que está disponible en Internet, es vendida a las empresas privadas, o es usada para determinar quien irá a conseguir un empleo, quien puede alquilar un departamento, quien puede vivir cerca de una escuela, etc.

Es una reflexión del papel del Estado Penal no sólo como un poder coercitivo, sino también como un poder simbólico que atribuye esas características negativas a aquellos que forman parte de las clases bajas, y lleva a una reflexión sobre la noción de ciudadanía jurídica. En el trabajo clásico de T. H. Marshall, existen tres esferas de ciudadanía: primero la ciudadanía civil, el derecho a la seguridad el reconocimiento de su individualidad, después la ciudadanía política, el derecho al voto, y a la ciudadanía social. La primera surge en el siglo XVIII, la segunda en el siglo XIX, y la tercera en el siglo XX, con los derechos sociales y económicos a través del Estado de Bienestar Social.

Yo defiendo que, después del fin del siglo XX; ahora tenemos que hablar de una ciudadanía jurídica, particularmente porque es una ciudadanía negativa para los pobres, los que están en las clases bajas, que son procesados y marcados por el Estado Penal, y tendrá consecuencias reales para el resto de sus vidas.

Además de ese trabajo, escribí otro libro llamado El misterio del ministerio: Pierre Bourdieu y la política democrática (4) Es una reflexión sobre la cuestión democrática, una explicación de los conceptos que Bourdieu nos da para reforzar la teoría y la práctica democrática hoy. También organicé un número especial de la revista Etnography sobre el trabajo de campo de Bourdieu en Argelia,(5) y su investigación de campo sobre su pueblo de origen (Lasquire).(6)

Hay otro libro que se llama Observando la calle: cuestiones de etnografía urbana, en el cual hago una crítica metódica de la razón etnográfica, sobre todo las implicancias políticas, las bases políticas de la etnografía urbana, principalmente sobre esas poblaciones pobres, la intersección entre pobreza y la dominación racial.

Traducción: Diego P. Roldán

* Esta entrevista apareció por primera vez publicada en Fractal Revista de Psicología, vol. 20, núm 1, jan/jun. 2008. Agradecemos al autor, las entrevistadoras y los editoras permitirnos reproducirla en español.
** Profesor de Sociología en la Universidad de California, Berkeley. Department of Sociology – 410 Barrows Hall – University of California, Berkeley, CA 94720 USA. e-mail:
loic@berkeley.edu

notas:
1) Wacquant, Loïc Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.
2) Wacquant, Loïc Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y estado, Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.
3) Wacquant, Loic Las Cárceles de la Miseria, Manantial, Buenos Aires, 2000.
4) Wacquant, Loic El misterio del ministerio. Pierre Bourdieu y la política democrática, Gedisa, Barcelona, 2005.
5) Algunos de los estudios sobre Argelia pueden leerse en Bourdieu, Pierre Argelia 60. Estructuras económicas y estructuras temporales, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.
6) Buena parte de los artículos que Bourdieu dedicó a lo largo de su carrera al estudio de su pueblo natal han sido recopilados en Bourdieu, Pierre El baile de los solteros. La crisis de la sociedad campesina en el Bearme, Anagrama, Barcelona, 2004.

fuente: revista Pensar epistemología, política y ciencias sociales Nros. 3/4 2008-2009 http://argentina.indymedia.org/news/2010/04/728745.php

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Diálogo a fondo con Carlos Castaneda

Puso énfasis en que esta conversación fuese publicada en una revista de Sudamérica. Dice Graciela: “Lo entreviste en Los Ángeles. Fue una experiencia muy interesante, la cual compartí con tres amigos que me acompañaron. CC nos refirió, con franqueza y simplicidad, sus ultimas experiencias. En mi opinión, en la entrevista se nos mostró sin mascaras ni poses.

Esta conversación aclara y pone en situación algunos de los episodios que refiere en su último libro: The Eagle’s Gift (El Regalo del Águila. Creo que la historia de “Joe Córdoba y su señora” presenta un aspecto no popularizado de Carlos Castaneda y su grupo, que en mi opinión seria la síntesis o ultima etapa de su camino o conocimiento: ese “tocar tierra” y “ser una nada”. Acabo de hacerle unas líneas para avisarle que el trabajo se publicara en Mutantia. El tenia mucho interés en que se diera a conocer en alguna publicación en español. Estoy segura de que se alegrara enormemente.”

Hacía varios meses que le había escrito (dos cartas, para ser más precisa) cuando Carlos Castaneda llamó por teléfono. Eso fue a mediados de julio. Su llamada me tomó totalmente por sorpresa. Castaneda habló largamente, y sin que yo se lo pidiera se ofreció a darme información. Castaneda tenía interés en encontrarse y hablar conmigo. Procuró hacerme comprender que la tarea que estaba realizando era de gran importancia. “No soy ni un gurú ni un charlatán”. -insistió haciendo referencia a algunos críticos y periodistas. Castaneda es un investigador serio que tenía interés en hablar acerca de los trabajos que está realizando en México y sobre su labor epistemológica. Según él, el hombre europeo no concibe que haya otro que piense ni que haya otra descripción de la realidad que la suya. Estando ya en Los Ángeles, CC llamó por teléfono. No encontrándome, dejó su mensaje y las indicaciones acerca de la hora y el lugar del encuentro: “Salga de la Freeway en tal calle y doble a la derecha en tal otra. Pase, luego, cuatro luces. Allí, a la izquierda está la Iglesia de la Inmaculada pero a Ud. eso no le importe y doble a la derecha. Ahí, encontrará Ud. el campus de UCLA (1). Entre al ‘parking lot’ . Como es domingo no va a haber nadie y Ud. podrá entrar sin problemas. Generalmente hay poca gente durante los fines de semana.

Entonces, a las 4 de la tarde; junto a la garita”. Castaneda esperaba que llegásemos en un Volkswagen marrón. Esa noche y la mañana siguiente trabajé febrilmente en mis notas. Había dormido poco pero no estaba cansada. A eso de la una de la tarde, mis amigos y yo salimos rumbo al campus de UCLA. Teníamos algo más de dos horas de viaje. Siguiendo las indicaciones de Castaneda. llegamos sin dificultad a la garita de la entrada del ‘parking lot’ de UCLA. Faltaban aún unos 15 minutos para las 4 de la tarde. Estacionamos en un lugar más o menos sombrío: A las cuatro en punto, levanté la vista y los vi venir hacia el auto: mi amiga junto a un señor moreno y algo más bajo que ella. Castaneda vestía “jeans” azules y remera de cuello abierto (sin bolsillos) color crema pálido. Bajé del auto y me apresuré a encontrarlos. Después de los saludos y fórmulas de cortesía convencionales, le pregunté si me permitiría usar un grabador. En el auto teníamos uno para el caso de que él lo permitiera. “No, es mejor que no”, contestó con un gesto de hombros. Nos encaminamos, de cualquier manera, al auto a buscar las notas, cuadernos y libros. Cargados de libros y papeles; nos dejamos guiar por Castaneda. El conocía bien el camino. “Por ahí -decía señalando con la mano- hay unos bancos lindísimos”. Desde el principio Castaneda fijó el tono de la conversación y de los temas que habríamos de tratar. Me di cuenta también de que no iba a necesitar todas esas preguntas que tan trabajosamente había elaborado.

Tal como me lo había anticipado por teléfono, él quería hablarnos de la tarea que estaban haciendo y de la importancia y seriedad de sus investigaciones. La conversación se llevó a cabo en español, lengua que maneja con fluidez y gran sentido del humor. Castaneda es un maestro en el arte de la conversación. Hablamos por espacio de siete horas. El tiempo pasó sin que su entusiasmo ni nuestra atención decayeran. A medida que tomaba confianza, hizo más y más uso de expresiones típicamente argentinas tanto como para hacer alardes de su “porteñismo” como a modo de amable gesto para con nosotros que éramos todos argentinos. Cabe mencionar que aunque su español es correcto, es evidente que su lengua es el inglés. Hizo abundante uso de expresiones y palabras en inglés a las cuales le dimos el equivalente en español. El que su lengua sea el inglés se manifiesta también en la estructura sintáctica de sus frases y oraciones. Toda esa tarde Castaneda procuró mantener la conversación en un nivel que no fuera intelectual. Aunque sin duda ha leído mucho y conoce las distintas corrientes de pensamiento, en ningún momento estableció comparaciones con otras tradiciones del pasado o del presente. La “enseñanza tolteca” nos la transmitió por medio de imágenes materiales que, precisamente por eso; impiden que se las interprete especulativamente.

De este modo Castaneda no solamente fue obediente a sus maestros sino totalmente fiel al camino que ha elegido, no quiso contaminar su enseñanza con nada ajeno a ella. A poco de encontrarnos quiso saber las razones de nuestro interés en conocerlo. El ya sabía de mi posible reseña y del proyectado libro de entrevistas. Más allá de todo profesionalismo insistimos en la importancia de sus libros, que tanto habían influido en nosotros y en muchos más. Teníamos un profundo interés por conocer la fuente de esa enseñanza. Entretanto, habíamos llegado a los bancos, y a la sombra de los árboles nos sentamos. “Don Juan a mi me lo dio todo -comenzó diciendo-. Cuando lo encontré no tenía otro interés que la antropología, pero a partir de ese encuentro cambié. ¡Y esto que me ha pasado a mi no lo cambiaría por nada!” Don Juan estaba presente allí con nosotros. Cada vez que Castaneda lo mencionaba o lo recordaba percibíamos su emoción. De don Juan nos dijo que era una totalidad de exquisita intensidad capaz de darse todo en cada ahora. “Darse todo en cada momento es su principio, su regla”, dijo. El que don Juan sea así no puede ser explicado y es rara vez comprendido, “simplemente es”.

… En “El Segundo Anillo de Poder” (1) Castaneda recuerda una característica especial de don Juan y de don Genaro, de la cual todos los demás carecen. Allí escribe: “Ninguno de nosotros está dispuesto a prestarle al otro una atención indivisa, de la manera que don Juan y don Genaro lo hacían (p. 203). Estas palabras apuntan a ese ser todo en cada instante, a esa presencia que es don Juan. En muchas oportunidades Castaneda se ha de referir a eso de tener “un gesto”, a ese acto totalmente gratuito y libre del ser.

El segundo anillo de poder me había dejado llena de preguntas. El libro me interesó mucho; sobre toda después de su segunda lectura, pero había escuchado comentarios desfavorables. Yo misma tenía ciertas dudas. Le dije que creía que Viaje a Ixtlán era el que más me había gustado sin que supiera bien por qué. Castaneda me escuchaba y contestó mis palabras con un gesto que parecía decir: Y yo, ¿qué tengo que ver con el gusto de todos ellos? Yo seguí hablando, buscando razones y explicaciones. “Tal vez esa preferencia se deba a que en Viaje a Ixtlán se percibe mucho amor “, dije. Castaneda puso cara fea. La palabra amor no le gustó. Es posible que el término tenga para él connotaciones de “amor romántico”, “sentimentalismo” o “debilidad”. Tratando de explicarme, insistí en que la última escena de Viaje a Ixtlán está preñada de intensidad. Ahí Castaneda asintió: Sí con esto último estaría de acuerdo. “Intensidad, sí -dijo- , ésa es la palabra”. Insistiendo en el mismo libro, le manifesté que algunas. escenas me habían resultado definitivamente “grotescas”. No les encontraba justificación. Castaneda estuvo de acuerdo conmigo. “sí, el comportamiento de esas mujeres es monstruoso y grotesco pero esa visión me era necesaria para poder entrar en acción”, dijo.

Castaneda necesitaba ese “shock”. “Sin adversario no somos nada -continuó-. El ser adversario es propio de la “forma” humana. La vida es guerra, es lucha. La paz es una anomalía “: Refiriéndose al pacifismo lo calificó de “monstruosidad.” porque, según él, los hombres “somos seres de logros y de luchas”. Sin poder contenerme le dije que no podía aceptar que calificara el pacifismo de monstruosidad “¿Y Ghandi? ¿Cómo ve Ud. a Ghandi, por ejemplo?” “¿Ghandi? -me respondió- Ghandi no es un pacifista. Ghandi es uno de los más tremendos luchadores que han existido: ¡Y qué luchador!” Comprendí entonces que Castaneda da valores muy especiales a las palabras. El “pacifismo” al cual él había hecho referencia no podía sino el pacifismo del débil, el de quien no tiene agallas suficientes como para ser y hacer otra cosa, el de quien nada hace porque no tiene objetivos ni energía en la vida; en una palabra, ese pacifismo refleja toda un actitud autocomplaciente y hedonista. Con un amplio gesto que quería incluir a toda una sociedad ya sin valores, voluntad y energía, replicó: “Todos drogados… sí, ¡hedonistas!” Castaneda no aclaró estos conceptos, ni nosotros se lo pedimos. Yo tenía entendido que parte de la ascesis del guerrero era liberarse de la “forma” humana pero los inusitados comentarios de Castaneda me habían llenado de confusión: Poco a poco, sin embargo, me fui dando cuenta de que eso de ser “seres de logros y de luchas” es un primer nivel en la relación. Esa es la materia prima de donde se parte. Don Juan, en los libros, se refiere siempre al buen “tonal” de una persona. Ahí comienza el aprendizaje y se pasa a otro nivel.

“No se puede pasar al otro lado sin perder la “forma” humana” -dijo Castaneda. Insistiendo sobre otros aspectos de su libro que no me habían quedado claros, le pregunté acerca de los “huecos” que le quedan a las personas por el simple hecho de haberse reproducido. “Sí -dijo Castaneda-. Hay diferencias entre las personas que han tenido hijos y las que no. Para pasar de puntillas frente al águila hay que estar entero. Una persona con ‘huecos’ no pasa”. La metáfora del “águila” nos la explicaría mas adelante. Por el momento pasó casi inadvertida ya que el foco de nuestra atención estaba en otro tema. “¿Cómo explica. Ud. la actitud de doña Soledad con Pablito así como la de la Gorda con sus hijas?”, quise saber con insistencia. Eso de quitarles a los hijos ese “filo” que al nacer ellos nos toman era, en gran medida, algo inconcebible para mí. Castaneda convino en que aún no tiene bien sistematizado todo eso. Insistió, sin embargo, en las diferencias que existen entre las personas que se han reproducido y las que no. “Don Genaro es ¡loquito!, ¡loquito! Don Juan, en cambio, es un loco serio. Don Juan va despacio pero llega lejos. Al final, los dos llegan…” “Yo, como don Juan -continuó- tengo huecos: es decir. tengo que seguir su camino. Los Genaros, en cambio, tienen otro modelo.” “Los Genaros, por ejemplo, tienen un “filo” especial que nosotros no tenemos. Son más nerviosos y de marcha rápida… Son muy livianos; nada los detiene.” “Los que como la Gorda y yo hemos tenido hijos, tenemos otras características que compensan esa pérdida. Se es más reposado y, aunque el camino sea largo y arduo, también se llega. En general, los que han tenido hijos saben cómo cuidar a otros. No significa que las personas sin hijos no sepan hacerlo, pero es distinto…”

“En general uno no sabe lo que hace; se es inconsciente de las acciones y después se paga. ¡Yo no supe lo que hacía!” exclamó refiriéndose, sin duda, a su propia vida personal. “Al nacer, a mi padre y a mi madre les quité todo -dijo. ¡Quedaron todo magullados! A ellos les tuve que devolver ese “filo” que les había quitado. Ahora tengo que recuperar el “filo” que yo perdí.” Pareciera que esto de los “huecos” que hay que cerrar tiene que ver con los atavismos biológicos. Quisimos saber si el tener “huecos” es algo irreparable. “No – nos respondió -. Uno se puede curar. Nada es irrevocable en la vida. Siempre es posible devolver lo que no nos pertenece y recuperar la que es de uno”. Esta idea de la recuperación es coherente con todo un “camino de aprendizaje”; camino en el cual no basta conocer o practicar una o más técnicas sino que requiere la transformación individual y profunda del ser. Se trataría de todo un sistema coherente de vida con objetivos concretos y precisos. Tras un breve silencio le pregunté si The Second Ring of Power había sido traducido al español. Según Castaneda una editorial española tenía todos los derechos, pero no estaba seguro de si el libro había salido o no. [El no estaba muy conforme con la distribución de sus libros por el Fondo de Cultura Económica.] “Las traducciones al español las hizo Juan Tovar, quien es un gran amigo mío”. Juan Tovar usó las notas en español que el mismo Castaneda le había facilitado; notas que algunos críticos han puesto en duda. La traducción al portugués parece ser muy hermosa. “Sí -dijo Castaneda-. Esa traducción está basada en la traducción al francés. Realmente está muy bien hecha “. En Argentina, sus dos primeros libros habían sido prohibidos. Parece que la razón que se dio fue el asunto de las drogas. Castaneda no lo sabia. “¿Por qué? – nos preguntó para concluir sin esperar nuestra respuesta-. Me imagino que es obra de la Madre Iglesia”. (2)

Al principio de nuestra conversación, Castaneda mencionó algo acerca de la “enseñanza tolteca”. También en The Second Ring of Power se insiste en “los toltecas” y en “ser un tolteca”. “¿Qué significa ser un tolteca?” -le preguntamos. Según Castaneda, la palabra “tolteca” constituye una unidad de significación muy amplia. Se dice de alguien que es un tolteca de la misma manera que se puede decir que es un demócrata o un filósofo. Tal como él la usa. esta palabra nada tiene qué ver con su significado antropológico. (3)

“Tolteca es el que sabe los misterios del acecho y del sueño”. Todos ellos son toltecas. Se trata de un pequeño grupo que ha sabido mantener viva una tradición desde más de 3.000 años antes de J.C. Como yo estaba trabajando en el pensamiento místico y tenía particular interés en establecer la fuente y el lugar de origen de las distintas tradiciones, insistí: “¿Cree Ud. entonces que la tradición tolteca ofrece una enseñanza que sería propia de América?” La “nación tolteca ” mantiene viva una tradición que es, sin duda, propia de América. Castaneda adujo que es posible que los pueblos de Américas hubieran traído algo de Asia al cruzar el estrecho de Bering, pero que hace tantos miles de años de todo eso que por el momento no hay más que teorías. En Relatos de Poder, Don Juan le habla a Castaneda de “los brujos”, de “esos hombres de conocimiento” que la conquista y colonización del hombre blanco no pudieron destruir porque ni supieron de su existencia ni notaron todo lo incomprensible de su mundo. “¿Quiénes forman la nación tolteca? ¿Trabajan juntos? ¿Dónde lo hacen?” -preguntamos. Castaneda contestó todos nuestros interrogantes. El está ahora a cargo de un grupo de jóvenes que vive en la zona de Chiapas, al sur de México. Todos se trasladaron a esa zona debido a que la señora que ahora les enseña estaba radicada allí. “Entonces… ¿Ud. volvió? -me sentí impelida a preguntarle al recordar la última conversación entre Castaneda y las hermanitas al final de “The Second Ring of Power”. “¿Volvió Ud. pronto, tal como la Gorda se lo pedía?” “No, no volví pronto pero volví” -me contestó riendo. “Volví para llevar a cabo una tarea a la cual no puedo renunciar”.

El grupo consta de unos 14 miembros. Si bien el núcleo básico es de 8 o 9 personas, todos son indispensables en la tarea que se realiza. Si cada uno es suficientemente impecable, se puede ayudar a un mayor número de seres. “Ocho es un número mágico”, -dijo en algún momento. También insistió en que el tolteca no se salva solo sino que se va con el núcleo básico. Los otros quedan y son indispensables para continuar y mantener viva la tradición. No es necesario que el grupo sea grande, pero cada uno de los que está envuelto en la tarea es definitivamente necesario para el todo. “La Gorda y yo somos los responsables por los allegados. Bueno, realmente yo soy el responsable pero ella me ayuda íntimamente en esta tarea” -aclaró Castaneda. Nos habló después de los miembros del grupo que conocíamos por sus libros. Nos dijo que don Juan era indio Yaqui, del estado de Sonora. Pablito, en cambio, era indio mixteco, y Néstor era mazateco (de Mazatlán, en la provincia de Sinaloa). Benigno era Zotsil (Sotzil]. Recalcó varias veces que Josefina no era india sino que era mexicana y que uno de sus abuelos era de origen francés. La Gorda, como Néstor y don Genaro, era mazateca. “Cuando la conocí, la Gorda era una mujer inmensa, pesada y toda golpeada por la vida, dijo-. Ninguno de los que la conoció puede hoy imaginar que la de ahora es la misma de antes”. Quisimos saber en qué lengua se comunicaba él con toda la gente del grupo, y cuál era la lengua que generalmente usaban entre ellos. Le recordé que en sus libros se hacen referencias a algunas lenguas indias. “Nos comunicamos en español porque es la lengua que todos hablamos, -respondió-.

Además ni Josefina ni la señora Tolteca son indias. Yo sólo hablo un poquito en lengua india. Frases sueltas, como saludos y alguna que otra expresión. Lo que sé no me permite mantener una conversación”. Aprovechando una pausa suya le preguntamos si la tarea que ellos están realizando es accesible a todos los hombres o si se trata de algo para unos pocos. Como nuestras preguntas apuntaban a descubrir la relevancia de la enseñanza tolteca y el valor de la experiencia del grupo para el resto de la humanidad, Castaneda nos explicó que cada uno de los miembros del grupo tiene tareas específicas que cumplir, sea en la zona de Yucatán, en otras áreas de México o en otros lugares. “Cumpliendo tareas, uno descubre una gran cantidad de cosas que son directamente aplicables a las situaciones concretas de la vida diaria. Haciendo tareas se aprende mucho.” “Los Genaros, por ejemplo, tienen una banda de música con la que recorren todos los lugares de la frontera. Se imaginarán Uds. que ellos ven y están en contacto con mucha gente. Siempre se tiene posibilidades de transmitir el conocimiento. Siempre se ayuda. Se ayuda con una palabra, con una pequeña insinuación… Cada uno, cumpliendo fielmente su tarea, lo hace. Todos los seres pueden aprender. Todos tienen la posibilidad de vivir como guerreros.” “Cualquier persona puede emprender la tarea del guerrero. El único requisito es querer hacerlo con un deseo inconmovible; es decir, se ha de ser inconmovible en el deseo de ser libre.

El camino no es fácil. Constantemente buscamos excusas y tratamos de escapar. Es posible que la mente lo logre, pero el cuerpo lo siente todo… El cuerpo aprende rápida y fácilmente.” “El tolteca no puede gastar energía en tonterías, -continuó-. Yo era una de esas personas que no pueden estar sin amigos… ¡Ni al cine podía ir solo!”. Don Juan en un determinado momento le dijo que debía abandonar todo y, particularmente, separarse de todos aquellos amigos, con los cuales no tenía nada en común. Por largo tiempo resistió la idea hasta que por último lo fue envolviendo. “Cierta vez, volviendo a Los Ángeles, bajé del auto una cuadra antes de llegar a casa y llamé por teléfono. Por supuesto que ese día, como todos, mi casa estaba llena de gente, me atendió uno de mis amigos a quien le pedí que preparara una valija con algunas cosas y que me la trajera adonde me encontraba. También le dije que el resto de las cosas -libros, discos, etc: podían repartírselas entre ellos. Claro es que mis amigos no me creyeron y tomaron todas las cosas como en préstamo” -aclaró Castaneda. Este acto de deshacerse de la biblioteca y los discos es como cortar con todo el pasado, con todo un mundo de ideas y emociones. “Mis amigos creyeron que yo estaba loco y se quedaron esperando que volviera de mi locura. No los vi como en doce años… sí, como en doce años.” -concluyó. Después de pasados doce años, Castaneda pudo encontrarse nuevamente con ellos. Buscó primero a uno de sus amigos quien lo puso en contacto con los demás. Planearon luego una salida en la que fueron juntos a cenar. Ese día lo pasaron muy bien. Comieron mucho y sus amigos se emborracharon.

“Encontrarme con ellos después de todos esos años fue mi modo de agradecerles la amistad que me habían brindado antes, -dijo Castaneda-. Ahora todos están grandes. Tienen sus familias, esposas, hijos… Era necesario sin embargo, que yo les agradeciera. Sólo así pude terminar definitivamente con ellos y cerrar una etapa de mi vida”. Es posible que los amigos de Castaneda ni entiendan ni puedan compartir nada de lo que él está haciendo, pero el hecho de que él quisiera y pudiera agradecerles fue algo muy bonito. Castaneda no se enojó con ellos, no pretendió nada de ellos. Les agradeció sinceramente su amistad y al hacerlo, se liberó interiormente de todo ese pasado. Hablamos entonces del amor, “del tan mentado amor “. Nos contó varias anécdotas de su abuelo italiano, “siempre tan enamoradizo”, y de su padre “tan bohemio él”. “¡Oh! ¡L’amore! ¡L’amore!”. -repitió varias veces. Todos sus comentarios tendían a destruir las ideas que comúnmente se tienen acerca del amor. “A mí me costó mucho aprender, -siguió. Yo era también muy enamoradizo… A don Juan le costó trabajo hacerme entender que debía cortar con ciertas relaciones. El modo como finalmente corté con ella fue el siguiente. La invité a cenar y nos encontramos en un restaurante. Durante la cena pasó lo que siempre pasaba. Hubo una gran pelea y ella me gritó e insultó. Por último le pregunté si tenía dinero. Me respondió que sí. Aproveché para decirle que debía ir hasta el auto a buscar mi billetera o algo así. Me levanté y no volví más. Antes de dejarla quise estar seguro de que tenía suficiente dinero como para tomar un taxi y volver a casa. Desde ese entonces no la he vuelto a ver”. “No me van a creer Uds., pero los toltecas son muy ascéticos” -insistió. Sin poner en duda su palabra le comenté que esa idea no se desprendía de El segundo anillo.

“Al contrario, -recalqué-. Creo qué en su libro muchas escenas y actitudes se prestan a confusión”. “¿Cómo cree Ud. que yo iba a decir eso claramente? -me contesto-. No podía decir que las relaciones entre ellos fueran puras porque no sólo nadie me lo hubiera creído sino que nadie me hubiera entendido”. Para Castaneda, vivimos en una sociedad muy “lujuriosa”. Todo lo que nosotros estuvimos hablando esa tarde, la mayoría no lo hubiera entendido. Es así como el mismo Castaneda se ve obligado a amoldarse a ciertas exigencias de los editores quienes, a su vez, procurarían satisfacer los gustos del público lector. “La gente está en otra cosa, -continuó Castaneda-. Los otros días, por ejemplo, entré a una librería, aquí en Los Ángeles, y me puse a hojear las revistas del mostrador. Encontré que había una gran cantidad de publicaciones con fotos de mujeres desnudas… Muchas también con hombres. No sé qué decirles. En una de las fotos había un hombre arreglando un cable eléctrico en lo alto de una escalera. Llevaba su casco protector y un gran cinturón lleno de herramientas. Eso era todo. El resto estaba desnudo. ¡Ridículo! ¡No cabe algo as(! Una mujer tiene gracia… ¡Pero, un hombre!”. A modo de explicación agregó que esto se debe a que las mujeres tienen mucha experiencia debido a su larga historia en ese tipo de cosas. “¡Un papel así no se improvisa!”. “¡No me diga! -replicó vivamente uno de nosotros-. Es la primera vez que escucho una explicación semejante. Eso de que el comportamiento de las mujeres no se improvisa es algo totalmente nuevo para mi”. Después de escuchar a Castaneda, quedamos convencidos que para “el tolteca” el sexo representa un inmenso desgaste de energías que necesita para otra tarea.

Se comprende entonces su insistencia acerca de las relaciones totalmente ascéticas que mantienen los miembros del grupo. “Desde el punto de vista del mundo, la vida que el grupo lleva y las relaciones que mantienen es algo totalmente inaceptable e inaudito. Lo que les cuento no sería creíble. A mi me llevó mucho tiempo comprenderlo pero lo he podido finalmente comprobar”. Castaneda nos había dicho antes que cuando una persona se reproduce pierde un “filo” especial. Parece que ese “filo” es una fuerza que los hijos toman de los padres por el mero hecho de nacer. Este “hueco” que a la persona le queda es el que hay que llenar o recuperar. Hay que recuperar la fuerza que se ha perdido. Nos dio también a entender que la relación sexual prolongada de una pareja termina por desgastarlos. En una relación van surgiendo diferencias que hacen que progresivamente se vayan rechazando ciertas características de uno y de otro. En consecuencia, para la reproducción se elige de la otra parte aquello que a uno le gusta, pero no hay ninguna garantía de que aquello que se elige sea necesariamente lo mejor. “Desde el punto de vista de la reproducción -comentó-, lo mejor es ‘at randum’ “. Castaneda se esforzó por explicarnos mejor estos conceptos, pero hubo de confesar nuevamente que son temas que él mismo no tiene aún claros. Castaneda nos venía describiendo un grupo cuyas exigencias, para el común de las personas, eran extremas. Estábamos muy interesados en saber adónde conducía todo ese esfuerzo. “¿Cuál es el objetivo único del “tolteca”?” Queríamos saber el sentido de todo eso que Castaneda nos venía diciendo. “¿Cuál es el objetivo que Ud. persigue?”-insistimos llevando la pregunta a un nivel personal. “El objetivo es salirse del mundo vivo; salirse con todo lo que uno es pero con nada más que con lo que uno es. La cuestión es no llevarse nada ni dejar nada. Don Juan se salió enterito -¡vivito! del mundo. Don Juan no muere porque los toltecas no mueren” (4).

Según Castaneda, la idea de que somos libres es una ilusión y un absurdo. Se esforzó por hacernos comprender que el sentido común nos engaña porque la percepción ordinaria sólo nos dice una parte de la verdad. “La percepción ordinaria no nos dice toda la verdad. Debe haber algo más que el mero paso por la tierra, que eso de sólo comer y reproducirnos” -dijo con vehemencia. Y con un gesto que interpretamos como aludiendo al sin sentido de todo y al inmenso tedio de la vida en su cotidiano aburrimiento, nos preguntó: “¿Qué es todo esto que nos rodea?” El sentido común sería ese acuerdo al que hemos llegado tras un largo proceso educativo que nos impone la percepción ordinaria como la única verdad. “Precisamente, el arte del brujo -dijo- consiste en llevar al aprendiz a descubrir y a destruir ese prejuicio perceptivo”. Según Castaneda, Edmundo Husserl es el primero en Occidente que concibe la posibilidad de “suspender el juicio” (5). El método fenomenológico no niega sino que simplemente “pone entre paréntesis” aquellos elementos que sustentan nuestra percepción ordinaria.

Castaneda considera que la fenomenología le ofrece el marco teórico-metodológico más útil para comprender la enseñanza de don Juan. Para la fenomenología el acto del conocimiento depende de la intención y no de la percepción. La percepción varía siempre según una historia; es decir, según el sujeto con saberes adquiridos e inmerso en una determinada tradición. La regla más importante del método fenomenológico es eso de “hacia las cosas mismas”. “La tarea que don Juan realizó conmigo -insistió- fue la de romper poco a poco los prejuicios perceptivos hasta llegar a la ruptura total”. La fenomenología “suspende” el juicio y se limita a la “descripción” de los puros actos intencionales. “Así, por ejemplo, el objeto “casa” yo lo construyo. El referente fenomenológico es mínimo. La intención es lo que transforma al referente en algo concreto y singular”. La fenomenología, sin embargo, tiene para Castaneda un simple valor metodológico. Husserl no trascendió nunca el nivel teórico y, en consecuencia, no tocó al ser humano en su vida de todos los días. Para Castaneda, el hombre occidental -el hombre europeo- a lo más que ha llegado es al hombre político. Este hombre político sería el epítome de nuestra civilización. “Don Juan,dijo-con su enseñanza, está abriendo la puerta para otro hombre mucho más interesante: un hombre que vive ya en un mundo o universo mágico”. Meditando sobre eso del “hombre político” vino a mi memoria un libro de Eduardo Spranger llamado Formas de vida, en el cual se dice que la vida del hombre político “está entrecruzada de relaciones de poder y rivalidad”.

El hombre político es el hombre de dominio cuyo poder controla tanto la realidad concreta del mundo como los seres que la habitan. El mundo de don Juan, en cambio, es un mundo mágico poblado de entidades y de fuerzas. “Lo admirable de don Juan -dijo Castaneda- es que aunque en el mundo de todos los días él parece estar loco (¡loquito! ¡loquito!), nadie es capaz de percibirlo. Al mundo, don Juan le ofrece una fachada que es necesariamente temporal… una hora, un mes, sesenta años. ¡Nadie lo podría agarrar descuidado! En este mundo don Juan es impecable porque él siempre supo que lo de aquí es sólo un momentito y que lo que viene después… Bueno… ¡Una belleza! Don Juan y don Genaro amaban intensamente la belleza”. La percepción y concepción que don Juan tiene de la realidad y el tiempo son indudablemente muy distintas a la nuestra. Si bien a nivel de la cotidianeidad don Juan es siempre impecable, esto no impide que sepa que “de este lado” todo es definitivamente pasajero. Castaneda continuó describiendo un universo polarizado hacia dos extremos: el lado derecho y el lado izquierdo. El lado derecho correspondería al tonal y el lado izquierdo al nagual. En Relatos de Poder don Juan le explica largamente a Castaneda acerca de esas dos mitades de la “burbuja de la percepción”. Le dice que la tarea del maestro consiste en limpiar prolijamente una parte de la “burbuja”, para luego reordenar “todo lo que hay” en el otro lado. “El maestro se ocupa de esto martillándoselo al aprendiz sin piedad hasta que toda su visión del mundo queda en una mitad de la burbuja.

La otra mitad, la que ha quedado limpia, puede entonces ser reclamada por algo que los brujos llaman voluntad”. Explicar todo esto es muy difícil porque a este nivel las palabras son totalmente inadecuadas. Precisamente, la parte izquierda del universo “implica la ausencia de palabras”, y sin palabras no podemos pensar. Allí sólo caben las acciones. “En ese otro mundo -dijo Castaneda-el cuerpo actúa. El cuerpo, para entender, no necesita palabras”. En el universo mágico -por así llamarlo- de don Juan, existen ciertas entidades que llaman “aliados” o “sombras fugaces”. Estas, se pueden captar un sinnúmero de veces. Para este tipo de captaciones se ha buscado una gran cantidad de explicaciones pero, según Castaneda, no hay duda de que estos fenómenos dependen principalmente de la anatomía humana. Lo importante es llegar a comprender que hay toda una gama de explicaciones que pueden dar cuenta de estas “sombras fugaces”. Le pregunté, entonces, acerca de ese conocer con el cuerpo del que habla en sus libros. “¿Es que para Ud. el cuerpo entero es un órgano del conocer?” -inquirí. “¡Claro! El cuerpo conoce” -me respondió. A modo de ejemplo, Castaneda nos habló de las muchas posibilidades de esa parte de la pierna que va de la rodilla al tobillo, donde se asentaría un centro de la memoria. Pareciera que se puede aprender a usar el cuerpo para captar esas “sombras fugaces”. “La enseñanza de don Juan va transformando el cuerpo en un electronic scanner” -dijo, buscando la palabra adecuada en español al comparar el cuerpo a un telescopio electrónico a distintos niveles.

El cuerpo tendría la posibilidad de percibir la realidad que a su vez, revelaría configuraciones de la materia también distintas. Era evidente que para Castaneda el cuerpo tenía posibilidades de movimiento y percepción a las que la mayoría de nosotros no estamos acostumbrados. Levantándose y señalando el pie y el tobillo, nos habló de las posibilidades de esa parte del cuerpo y de lo poco que conocemos de todo esto. “En la tradición tolteca -afirmó- se entrena al aprendiz en el desarrollo de estas posibilidades. A este nivel comienza don Juan a construir”. Meditando sobre estas palabras de Castaneda, pensé en el paralelismo con la Yoga Tántrica y los distintos centros o “chakras” que el oficiante va despertando mediante ciertas prácticas rituales. En el libro El círculo hermético de Miguel Serrano se lee que los “chakras” son “centros de conciencia”. En el mismo libro, Karl Jung le refiere a Serrano una conversación que tuvo con un cacique de los indios Pueblo llamado Ochwián Biano o Lago de la Montaña. “Me explicaba su impresión de los blancos, siempre tan agitados, siempre buscando algo, aspirando a algo… Según Ochwián Biano, los blancos estaban locos, pues afirmaban pensar con la cabeza, y sólo los locos lo hacen así. Esta afirmación del jefe indio me produjo gran sorpresa y le pregunté que con qué pensaba él. Me respondió que con el corazón”. (6)

El camino del conocimiento del guerrero es largo, y requiere total dedicación. Todos ellos tienen un objetivo concreto y un incentivo muy puro. “¿Cuál es el objetivo?” -insistimos. Parece que el objetivo consiste en pasar conscientemente al otro lado por el costado izquierdo del universo. “Hay que tratar de aproximarse lo más posible al águila y procurar escapársele sin que ella nos devore.”

“El objetivo -dijo- es salirse de puntillas” por el lado izquierdo del águila. “No sé si Uds. saben -continuó buscando el modo de aclararnos la imagen- que hay una entidad que los toltecas llaman el águila. El visionario la ve como una inmensa negrura que se extiende al infinito; es una inmensa negrura que un relámpago cruza. Por eso es que la llaman el águila: tiene alas y lomo negros, y su pecho es luminoso.” “El ojo de esa entidad no es un ojo humano. El águila no tiene piedad. Todo lo que es vivo está representado en el águila. Esa entidad encierra toda la belleza que el hombre es capaz de crear así como también toda la bestialidad que no es el ser humano propiamente dicho. Lo que es propiamente humano en el águila es inmensamente pequeño en comparación a todo el resto. El águila es demasiada masa, bulto, negrura… frente a lo poquito que es lo propio del ser humano.” “El águila atrae a toda fuerza viva que está pronta a desaparecer porque se alimenta de esa energía. El águila es como un imán inmenso que va recogiendo todos esos haces de luz que son la energía vital de lo que está muriendo”. Mientras Castaneda nos decía todo esto, sus manos y dedos como martillos imitaban la cabeza de un águila picoteando el espacio con insaciable apetito. “Yo sólo les digo lo que don Juan y los otros dicen. ¡Son todos unos brujos y brujas! exclamó-. Todos ellos están envueltos en una metáfora que es incomprensible para mi”. “¿Cuál es el dueño del hombre? ¿Qué es lo que nos reclama? -se preguntó. Nosotros escuchábamos atentamente y lo dejábamos hablar porque él había entrado en un terreno en el cual ya no cabían las preguntas. “El dueño de nosotros no puede ser un hombre” -dijo. Parece que los toltecas llaman “dueño” al ‘molde del hombre’.

Todas las cosas -plantas, animales y seres humanos- tienen un molde. El ‘molde del hombre’ es el mismo para todos los seres humanos. Mi molde y el suyo -continuó explicando- es el mismo, pero en cada uno se manifiesta y actúa en forma distinta según sea el desenvolvimiento de la persona “. A partir de las palabras de Castaneda, interpretamos que el “molde humano” es lo que nos reúne, lo que unifica la fuerza de la vida. La “forma humana”, en cambio, sería aquello que impide que veamos el molde. Parece que mientras no se pierda la “forma humana” sólo somos capaces de ver los reflejos de esa forma en todo lo que percibimos. A esa “forma humana” no la vemos pero la sentimos en nuestro cuerpo. Esa “forma” es la que nos hace ser lo que somos y nos impide cambiar. En The Second Ring of Power la Gorda lo instruye a Castaneda acerca del “molde humano” y la “forma humana”. En ese libro, el “molde” se describe como una entidad luminosa y Castaneda recuerda que don Juan, lo describió como “la fuente y el origen del hombre (p. 154)”. La Gorda, pensando en don Juan recuerda que éste le dijo que “si llegamos a tener suficiente poder personal podremos vislumbrar el molde aunque no seamos brujos; y que cuando esto ocurra diremos que hemos visto a Dios. Me dijo que si lo llamamos Dios, sería acertado porque el molde es Dios” (p. 155]. Varias veces esa tarde volvimos sobre el tema de la “forma humana” y el “molde ” del hombre.

Rodeando el tema desde distintos ángulos, cada vez se fue haciendo más evidente que “la forma” humana es esa cáscara dura de lo personal. “Esa forma humana dijo- es como una toalla que lo cubre a uno desde las axilas a los pies. Tras esa toalla hay una vela encendida que se va consumiendo hasta apagarse. Cuando la vela se apaga es porque uno ha muerto. Entonces, viene el águila y se lo devora.” “Videntes -continuó Castaneda- son aquellos seres capaces de ver al ser humano como un huevo luminoso. Dentro de esa esfera de luz está la vela encendida. Si el vidente ve que la vela está chiquitita, por más fuerte que la persona parezca, significa que ya está terminada”. Castaneda nos había dicho antes que los toltecas nunca mueren porque ser tolteca implica haber perdido la forma humana. Sólo en ese momento lo comprendimos: si el tolteca ha perdido la forma humana, no hay nada que el águila pueda devorar. No nos quedaba duda tampoco de que los conceptos “dueño” del hombre y “molde ” del hombre, así como la imagen del águila se referían a una misma entidad o estaban íntimamente relacionados. Varias horas más tarde, sentados ante unas hamburguesas, en una cafetería del boulevard Westwood y otra calle cuyo nombre no recuerdo, Castaneda nos refirió su experiencia al perder la “forma humana”. Según dijo, su experiencia no fue tan fuerte como la de la Gorda (7) , quien tuvo síntomas similares a los de un ataque cardíaco. “En mi caso, dijo Castanedase produjo un simple fenómeno de hiperventilación. En ese preciso momento sentí una gran presión: una corriente de energía entró por la cabeza, atravesó el pecho y el estómago y siguió por las piernas hasta desaparecer por el pie izquierdo. Eso fue todo.

“Para asegurarme -continuó-fui al médico, pero no me encontró nada. Solamente me sugirió que respirara en una bolsa de papel para disminuir la cantidad de oxígeno y contrarrestar el fenómeno de hiperventilación”. Al principio de nuestra conversación, Castaneda mencionó algo acerca de la “enseñanza tolteca”. Según los toltecas, de alguna manera hay que devolverle o pagarle al águila lo que le corresponde. Ya nos ha dicho Castaneda que el dueño del hombre es el águila, y que el águila es toda la nobleza y belleza así como todo el horror y ferocidad que se encuentra en todo lo que es. ¿Por qué el águila es el dueño del hombre? “El águila es el dueño del hombre porque se alimenta de la llama de vida, de la energía vital que se desprende de todo lo que es.” Y, haciendo una vez más el gesto con sus manos semejando la cabeza con pico de águila, recorrió con su brazo el espacio a picotazos mientras decía: “¡Así! ¡Así! ¡Todo lo devora!”. “El único modo de escapar a la voracidad del águila, es salirse de puntillas y conteniendo el aliento…” Cuando uno está listo para el último vuelo, se le hace una ofrenda al águila; “una ofrenda recalcó Castaneda- que casi es como darse uno mismo. Se le da al águila un equivalente de uno. A esta ofrenda ellos la llaman la recapitulación personal. Don Juan me dijo que la muerte comienza con esta recapitulación personal. Sólo entonces, vale decir, cuando la muerte es irrefutable e ineludible, la acción comienza”. “¿En qué consiste, cómo se hace la recapitulación personal?” -quisimos saber nosotros.

“En primer lugar hay que hacer una lista de todas las personas que uno ha conocido a lo largo de la vida -respondió-; una lista de todos aquellos que de una u otra manera nos han forzado a poner el ego -ese centro del orgullo personal que más tarde mostraría como un monstruo de 3.000 cabezas-, sobre la mesa. Tenemos que traer de vuelta a todos los que han colaborado pare que entrásemos en ese juego de “me quieren o no me quieren”. Juego que no es otra cosa que un vivir volcados sobre nosotros mismos…, ¡lamiéndonos nuestras lastimaduras!” “La recapitulación tiene que ser total -continuó-; va de la Z a la A, hacia atrás. Se comienza en el momento presente y se va hacia la temprana infancia, hasta los dos o tres años y aún antes si fuera posible”. Desde que nacemos, todo va quedando grabado en nuestro cuerpo. La “recapitulación” es y requiere un gran entrenamiento de la memoria. Ahora bien, ¿cómo se hace esta “recapitulación”? “Se van trayendo cuidadosamente las imágenes y se las van fijando frente a uno; luego, con un movimiento de cabeza de derecha a izquierda, se sopla cada una de las imágenes como si las barriésemos de nuestra visión… El aliento es mágico” -agregó. Con el fin de la “recapitulación” se acabaron también todos los trucos, los juegos y los autoengaños. Parece que al final sabemos todos nuestros trucos y no hay manera de poner el ego sobre la mesa sin que inmediatamente nos demos cuenta de lo que con eso pretendemos. “Con la `recapitulación personal” uno se despoja de todo. Entonces. sólo queda la tarea; la tarea en toda su simpleza, pureza y crudeza. “La recapitulación” es posible para todos los hombres, pero se tiene que tener una voluntad inflexible. Si uno fluctúa o titubea, está perdido porque el águila se lo devora. En este terreno la duda no tiene cabida. (8)

“No sé bien cómo explicar todo esto, pero en el cumplimiento y dedicación a la tarea se tiene que ser compulsivo sin de verdad serlo porque el tolteca es un ser libre. La tarea pide todo de uno y, sin embargo, se es libre. ¿Comprenden?” Si esto es difícil de entender es porque, en el fondo, se trata de una paradoja. “Pero a esta recapitulación -agregó Castaneda cambiando de tono y postura- hay que ponerle ‘salsa’. La característica de don Juan y sus “compinches” es que son livianos. Don Juan me curó a mi de ser pesado. El no es solemne, nada ceremonioso.” Dentro de la seriedad de la tarea que todos ellos realizan hay siempre cabida para el humor. Para ilustrar de un modo concreto la manera como don Juan le enseñaba, Castaneda nos refirió un episodio muy interesante. Parece que él fumaba mucho, y que don Juan resolvió curarlo. “Fumaba como tres cajetillas por día. ¡Uno tras otro! No los dejaba apagar. Uds. ven que ahora yo no llevo bolsillos -dijo señalando su remera que, en verdad, carecía de ellos-. Eliminé los bolsillos en ese entonces para quitarle al cuerpo la posibilidad de sentir algo en el costado izquierdo, y que este algo le recordara el hábito.

Al eliminar el bolsillo eliminé también el hábito físico de llevar la mano hacia el bolsillo.” “Cierta vez don Juan me dijo que íbamos a pasar unos días por los cerros de Chihuahua, Recuerdo que expresamente me dijo que no me olvidara de traer mis cigarrillos. Me recomendó, también, que llevara provisiones como para unos dos paquetes diarios y no más. Compré entonces las cajas de cigarrillos, pero en vez de 20 empaqueté unas 40. Hice unos paquetes divinos que recubrí con papel de aluminio para proteger mi carga de los animales y la lluvia.” “Bien equipado y con la mochila a cuestas, seguí a don Juan por los cerros. ¡Ahí andaba yo encendiendo cigarrillo tras cigarrillo, y tratando de recuperar el aliento! Don Juan tiene un vigor tremendo; con gran paciencia me esperaba mientras me observaba fumar y agitarme por los cerros. ¡Yo no tendría ahora la paciencia que él tuvo conmigo!”, -exclamó. “Llegamos, por fin, a una meseta bastante alta, rodeada de acantilados y empinadas laderas. Allí don Juan me invitó a que tratara de volver o de bajar. Por mucho tiempo probé por un lado y otro hasta que finalmente tuve que desistir del intento. No iba a poder.” “Seguimos así, por varios días, hasta que una mañana me despierto y lo primero que hago es buscar mis cigarrillos. ¿Dónde están mis divinos paquetes? Busco y busco, y no los encuentro. Cuando don Juan se despierta, quiere saber lo que me pasa. Le explico lo que ocurre y me dice: “No te preocupes. Seguramente vino un coyote y se las llevó, pero no pueden estar muy lejos. ¡Aquí! ¡Mira! ¡Hay rastros del coyote!”

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2º parte
Por (reenvio) Graciela N. V. Corvalán * – Saturday, Apr. 10, 2010 at 4:13 AM

“Todo ese día lo pasamos rastreando las huellas del coyote en busca de los paquetes. Después de mucho buscar, don Juan seguía insistiendo en que no debía preocuparme porque ahí nomás -me decía-, tras la loma, hay un pueblo. Allí puedes comprar todos los cigarrillos que quieras.” “Otra vez anduvimos buscando y buscando… Claro es que ahora buscábamos el pueblo. ¿Dónde está el pueblo? Ni señales de él. En eso estábamos, cuando don Juan se sentó en el suelo y haciéndose el viejito, bien viejito, empezó a quejarse: “Esta vez sí que estoy perdido… Ya estoy viejo… No puedo más…” Mientras esto decía: se agarraba la cabeza y hacía grandes aspavientos.” Castaneda nos hacía toda esta historia imitando a don Juan en sus gestos y tono de voz. Era un espectáculo verlo. Más adelante, el mismo Castaneda nos diría que don Juan solía hacer referencia a sus habilidades histriónicas. “Con tanto andar -siguió Castaneda- creo que habían pasado como 10 o 12 días, ¡Ya ni ansias de fumar me quedaban! Así es como se me quitaron las ganas de fumar. ¡Si nos las pasábamos como demonios corriendo por los cerros! Cuando llegó el momento de volver, se imaginan que don Juan supo perfectamente cómo hacerlo. Bajamos derechito al pueblo. La diferencia fue que, entonces, yo ya no tenía necesidad de comprar cigarrillos. De este episodio -dijo nostálgico- han pasado como 15 años. “La línea del no-hacer -comentó- es precisamente lo opuesto a la rutina o rutinas a las cuales estamos acostumbrados. Hábitos como el del cigarrillo, por ejemplo, son los que nos tienen amarrados, encadenados… En el sentido del no-hacer, en cambio, todas las avenidas son posibles”.

Castaneda nos dio a entender que don Juan los conocía muy bien a todos; los conocía en sus hábitos y debilidades. Así fue como uno a uno los fue agarrando. Don Juan y don Genaro, “esos dos compinches”, al decir de Castaneda, supieron hacerle a cada uno la jugada apropiada y, así, hacerlos caer en el camino del conocimiento. Quedamos en silencio un rato; finalmente lo rompí para preguntar acerca de doña Soledad. Le dije que ella me había impresionado como una figura grotesca; como una bruja, verdaderamente. “Doña Soledad es india -me contestó. La historia de su transformación es algo increíble. Puso tal voluntad en su transformación que al final lo logró. En este esfuerzo desarrolló su voluntad a tal extremo que como consecuencia desarrolló también demasiado orgullo personal. Precisamente por esto es que no creo que ella pueda pasar de puntillas por el costado izquierdo águila. De cualquier modo, es fantástico lo que fue capaz de hacer consigo misma! No se si Uds. recuerdan quién era ella… Ella era la ‘Manuelita’ la mamacita’ de Pablito, siempre lavando, planchando y fregando…; ofreciendo comidita a unos y otros.” Al referimos esto, Castaneda imitaba en gestos y movimientos a una viejecita muy pobrecita. “Hay que verla ahora -siguió-. Doña Soledad una mujer fuerte y joven, ¡Ahora hay que temerle!” “La recapitulación le llevó a doña Soledad siete años su vida. Se metió en un hueco, y de allí no salió.

Se quedó metida hasta que terminó todo. En siete años no hizo más que eso. Aunque no pueda pasar junto al águila -dijo Castaneda lleno de admiración-, nunca más volverá a ser la pobrecita de antes.” Tras una pausa Castaneda nos recordó que don Juan y don Genaro ya no estaban con ellos. “Ahora ya todo es distinto” -expresó Castaneda nostálgico. “Don Juan y don Genaro no están. La señora Tolteca está con nosotros. Ella nos pide tareas. La Gorda y yo hacemos la tarea juntos. También los otros tienen tareas que cumplir; tareas distintas, en lugares también distintos.” “Según don Juan, las mujeres tienen más talento que los hombres. Las mujeres son más susceptibles. En la vida, además, ellas se gastan menos y se cansan menos que los hombres.” “Por esto es que don Juan me ha dejado ahora en manos de una mujer. Me ha dejado en las manos del otro lado de la unidad hombre-mujer. Más aún, me ha dejado en manos de las mujeres: de las hermanitas y la Gorda “. La mujer que ahora le enseña no tiene nombre (9). Ella es, simplemente, la mujer Tolteca.

“La Sra. Tolteca es la que ahora me enseña. Ella es responsable de todo. Todos los otros, la Gorda y yo somos nada”. Quisimos saber si ella sabia que iba a encontrarse con nosotros así como de sus otros

planes. “La Sra. Tolteca lo sabe todo. Ella me mandó a Los Ángeles para que conversara con Ud. nos respondió dirigiéndose a mi-. Ella sabe de mis proyectos, y que voy a Nueva York”. Quisimos también saber como era ella. “¿Es joven? ¿Es vieja?” -le preguntamos. “La Sra. Tolteca es una mujer muy fuerte. Sus músculos se mueven de una manera muy peculiar. Es vieja, pero una de esas viejas que lucen así a fuerza de maquillaje”. Era difícil explicar cómo era ella. En su intento, Castaneda buscó un punto de referencia y nos recordó la película Gigante. “¿Recuerdan Uds. -nos pregunto- esa película en que trabajaban James Dean y Elizabeth Taylor? Allí E. Taylor hace de mujer madura aunque en realidad ella era muy joven. Esa misma impresión me causa la mujer Tolteca: un rostro con maquillaje de vieja sobre un cuerpo aún joven. También diría yo que ella se hace la vieja.” “¿Conocen Uds. el National Enquirer? -continuó sueltamente-. Un amigo mío se encarga de guardármelos aquí en Los Ángeles, y cada vez que vengo los leo. Es lo único que aquí leo… Precisamente en ese periódico (recientemente) vi unas fotos de Elizabeth Taylor. ¡Ahora sí que está grande de verdad!”. Este comentario, de algún modo sintetizó su juicio con respecto a la inmensa producción de noticias que caracteriza a nuestra época.

Este comentario también encierra un juicio respecto al valor de toda la cultura occidental. Todo está al nivel del National Enquirer. Nada de lo que Castaneda dijo esa tarde fue casual. Los distintos trozos de información que él proporcionó apuntaron a crear una determinada impresión en nosotros. En esta intención de Castaneda no había nada equívoco; al contrario su interés fue transmitir la verdad esencial de la enseñanza en que están envueltos. Continuamos hablando de la señora Tolteca y Castaneda nos dijo que ella se va pronto. “Ella nos ha dicho que en su lugar van a venir otras dos señoras. La mujer Tolteca es muy estricta. ¡Sus demandas son terribles! (10) Ahora bien, si la mujer Tolteca es brava puede que las dos que vienen sean mucho peores. ¡Pueda ser que no se vaya todavía! Uno no puede dejar de querer ni puede impedir que el cuerpo se queje y tema la severidad de la empresa… Sin embargo, no hay modo de alterar el destino. ¡Ahí me agarró, entonces!

“Yo no tengo más libertad -siguió- que la de ser impecable porque sólo si soy impecable cambio mi destino; es decir, me voy de puntillas por el costado izquierdo del águila. Si no soy impecable, no cambio mi destino y el águila me devora.” “El Nagual Juan Matus es un hombre libre. El es libre cumpliendo con su destino. ¿Me comprenden Uds.? No sé si entienden lo que quiero decir” -preguntó preocupado. “¡Claro que lo entendemos! -replicamos con vehemencia. Tanto en esto último como en muchas otras cosas que Ud. nos ha referido hasta ahora encontramos gran similitud con lo que sentimos y vivimos diariamente”.

“Don Juan es un hombre libre –continuó-. El busca la libertad, su espíritu la busca. Don Juan está libre de ese prejuicio básico; el prejuicio perceptivo que no nos deja ver la realidad”. Lo importante de todo eso que veníamos hablando reside en la posibilidad de desbaratar el círculo de las rutinas. Don Juan le hacía hacer numerosos ejercicios para que tomara conciencia de sus rutinas. Entre ellos está el de “caminar en la oscuridad” y la “marcha de poder”. ¿Cómo romper ese círculo de las rutinas? ¿Cómo quebrar ese arco perceptivo que nos une a esa visión ordinaria de la realidad? Esa visión ordinaria que nuestras rutinas contribuyen a fijar es, precisamente lo que Castaneda denomina “la atención del tonal” o “el primer anillo de la atención”. “Romper ese arco perceptivo no es tarea fácil, puede demorar años. La dificultad conmigo afirmó riendo- es que soy muy testarudo. A las malas fui haciendo las cosas. Por esto es que, en mi caso, don Juan tuvo que usar drogas… y así es como quedé… ¡Con el hígado en la acequia! “En la línea del no-hacer se logra desbaratar las rutinas y tomar conciencia” -explicó Castaneda. Al decir esto se levantó y comenzó a caminar hacia atrás mientras nos recordaba una técnica que don Juan le había enseñado: la de caminar hacia atrás con la ayuda de un espejo. Castaneda siguió refiriéndonos que para facilitarse la tarea ideó un artefacto de metal (como un aro que a modo de corona se sostenía en la cabeza) en el cual había fijado el espejo. De esa manera, pudo practicar el ejercicio y tener libres las manos. Otros ejemplos de técnicas del no-hacer serían la de ponerse el cinturón al revés y la de llevar los zapatos cambiados. Todas estas técnicas tienen como objetivo hacerlo a uno consciente de lo que en cada momento se está haciendo. “Desbaratar las rutinas -dijo- es él modo que tenemos de darle al cuerpo sensaciones nuevas. El cuerpo conoce…”.

Seguidamente Castaneda nos refirió algunos de los juegos que los jóvenes toltecas practican durante horas. “Son juegos de no-hacer -explicó-. Juegos en los que no hay reglas fijas sino que éstas se van creando a medida que se juega”. Parece que al no haber reglas fijas, la conducta de Los jugadores no es previsible y, en consecuencia todos deben estar muy atentos. “Uno de estos juegos -continuó- consiste en darle al adversario señales falsas. Es un juego de jalar o tirar “. Según dijo, en ese juego de jalar intervienen 3 personas y hacen falta dos postes y una soga. Con la soga, se ata a uno de los jugadores y se lo cuelga de los postes. Los otros dos jugadores deben tirar de los extremos de la soga y tratar de engañarse dándose señales falsas. Todos tienen que estar muy atentos para que cuando uno tire, el otro también lo haga y la persona que está colgada no quede torcida. Las técnicas y juegos de no-hacer desarrollan la atención. Se puede decir que son ejercicios de concentración puesto que obligan a los que los practican a estar plenamente conscientes de lo que hacen. Castaneda comentó que la senectud consistiría en haber quedado encerrado en el círculo perfecto de las rutinas. “La manera de enseñar de la señora Tolteca es ponernos en situaciones. Creo que es la mejor manera porque al ponernos en situaciones descubrimos que no somos nada. El otro camino es el del amor propio, el del orgullo personal. Por este último camino nos vamos transformando en detectives, siempre atentos a todo lo que nos puede pasar y ofender. –

¿Detectives?- ¡sí! Nos lo pasamos buscando evidencias de si nos quieren o no nos quieren. Así centrados en nuestro ego no hacemos otra cosa que fortalecerlo. Según la mujer Tolteca, lo mejor es empezar considerando que nadie nos quiere”. Castaneda nos dijo que para don Juan, el orgullo personal semeja a un monstruo de 3.000 cabezas. “Uno destruye y abate cabezas pero siempre otras se levantan… ¡Es que uno tiene todos los trucos!” -exclamó. Con los trucos parece que nos auto engañamos creyendo que somos alguien. Le recordé, entonces, la imagen de cazar las debilidades “como se recogen los conejos de una trampa”, que aparece en su libro. “SI -me respondió-, hay que estar constantemente en acecho”. Cambiando de posición, Castaneda comenzó a hacernos la historia de los tres últimos años. “Una de las tantas tareas fue la de cocinero en esas cafeterías de rutas. La Gorda me acompañó ese año como mesera. ¡Más de un año anduvimos por allí como Joe Córdoba y su Sra.! “Mi nombre completo era José Luis Córdoba, para servirlos-dijo haciendo una profunda reverencia-. Sin embargo, todos me conocían como Joe Córdoba.” Castaneda no nos dijo el nombre ni el lugar de la ciudad en que vivieron. Es posible que hayan estado en diversos sitios. Parece que en un principio llegaron él, la Gorda y la Sra. Tolteca, quien los acompañó por un tiempo. Lo primero era encontrar casa y trabajo para Joe Córdoba, su Sra. y su suegra.

“Así fue como nos presentamos -comentó Castanedade lo contrario, la gente no hubiera entendido”. Por mucho tiempo buscaron trabajo, hasta que al final lo encontraron en una cafetería de ruta. “En ese tipo de establecimiento se empieza muy temprano en la mañana. A las cinco hay que estar ya trabajando”. Castaneda nos contó, riendo, que en esos lugares lo primero que le preguntan a uno es: “¿Sabe Ud. hacer huevos?” ¿Qué podía ser eso de hacer huevos? Parece que él demoró bastante tiempo en darse cuenta de lo que querían decirle, hasta que finalmente descubrió que se trataba de los diversos modos de preparar los huevos para los desayunos. En los restaurantes o cafeterías para camioneros, esto de “hacer huevos” es muy importante. Un año estuvieron trabajando así. “Ahora sí que sé “hacer huevos” -afirmó riendo-; ¡todos los que Uds. quieran!”. La Gorda también trabajó mucho. Fue tan buena mesera que terminó haciéndose cargo de todas las muchachas. Al cabo de un año, cuando la señora Tolteca les dijo “que basta, que se acabó con esa tarea”, el dueño de la cafetería no los quería dejar ir. “La verdad es que allí trabajamos muy duro. ¡Mucho! Desde la mañana hasta la noche”. Durante ese año tuvieron un encuentro significativo. Se trata de la historia de una muchacha llamada Terry, que llegó a la cafetería en que ellos estaban, pidiendo trabajo como mesera.

Para ese entonces, Joe Córdoba había ganado la confianza del dueño del establecimiento y era el encargado de contratar y vigilar a todo el personal. Según Terry les dijo, ella estaba buscando a Carlos Castaneda. ¿Cómo pudo saber ella que ellos estaban por allí? Castaneda no lo sabia. “Esta muchacha Terry -continuó Castaneda con tristeza y dando a entender que lucía sucia y desarreglada-, es una de esas “hippies” que toman drogas… Una vida espantosa. “Pobrecita!” Más adelante, Castaneda nos diría que, aunque nunca pudo decirle a Terry quién era él, Joe Córdoba y su Sra. la ayudaron mucho durante los meses que pasó con ellos. Nos contó que un día vino muy excitada desde la calle diciendo que acababa de ver a Castaneda en un Cadillac estacionado frente a la cafetería. “¡Está allí -nos dijo ella gritando-; está en el auto, escribiendo! ¿Estás segura de que es Castaneda? ¿Cómo puedes estar tan convencida? !e dije. Pero ella siguió: ¡Que sí, que es él, que estoy segura…! Yo, entonces, le sugerí que fuera hasta el auto y se lo preguntara. Tenía que quitarse esa duda inmensa. ¡Anda! ¡Anda! -insistí. No se animaba a hablarle porque decía que estaba muy gorda y muy fea. Yo la animé: Pero si estás divina, ¡anda! Al final fue, pero volvió en seguida hecha un mar de lágrimas”. Parece que el hombre del Cadillac no la había mirado, y la había echado diciéndole que no lo molestara. “Se imaginan que traté de consolarla -nos dijo Castaneda. -Me dio tanta pena que casi le dije quien era. La Gorda no me dejó; ella me protegió”. Realmente no podía decirle nada porque estaba cumpliendo una tarea en la cual era Joe Córdoba y no Carlos Castaneda. El no podía desobedecer. Según Castaneda contó, cuando Terry llegó no era buena mesera. Con los meses, sin embargo, la sacaron buena: limpia y cuidadosa.

“La Gorda le dio muchos consejos a Terry. La cuidamos mucho… Nunca ella se imaginó con quienes estuvo todo ese tiempo”. Estos últimos años han pasado momentos de gran privación durante los cuales se los maltrató y ultrajó. Más de una vez estuvo a punto de decir quién era, pero… “¡Quién me hubiera creído! -dijo ¡Además, la mujer Tolteca es la que decide”. “Ese año -continuó- hubo momentos en que estuvimos reducidos al mínimo: dormíamos en el suelo y comíamos de una sola cosa”. Al escuchar esto, quisimos que nos explicara el modo de comer que tienen. Castaneda nos dijo que los toltecas comen un sólo tipo de alimento por vez, pero que lo hacen más seguido. “Los toltecas comen todo el día”- comentó en tono casual.” (11)

Según Castaneda, la mezcla de alimentos-por ejemplo, comer carne con papas y verdurases muy mala para la salud. “Esta mezcla es muy reciente en la vida de la humanidad afirmó. Comer un sólo alimento ayuda a hacer la digestión y es mejor para el organismo.” “Cierta vez don Juan me acusó de que yo siempre me sentía mal. ¡Se imaginan que me defendí! Sin embargo, luego me di cuenta de que él tenía razón y aprendí. Ahora me siento bien, fuerte y sano.” También el modo de dormir que ellos tienen es distinto al de la mayoría de nosotros. Lo importante es darse cuenta de que se puede dormir de muchas maneras. Según Castaneda, se nos ha enseñado a acostarnos y a levantarnos a una determinada hora porque eso es lo que la sociedad quiere de nosotros. “Así, por ejemplo -dijo Castaneda-, los papás acuestan a los niños para sacárselos de encima”. Todos nos reímos porque algo de razón había en eso. “Yo duermo todo el día y toda la noche -continuó-, pero si sumo las horas y minutos que duermo no creo que lleguen a más de cinco horas por día”.

Dormir de esta manera requiere, por parte de la persona, la habilidad de ir directamente al sueño profundo. Volviendo a Joe Córdoba y su Sra., Castaneda nos dijo que un día la señora Tolteca vino y les dijo que no estaban trabajando lo suficiente. “Nos mandó a que organizásemos un negocio bastante grande de landscaping, algo así como diseño y arreglo de jardines.” “Esta nueva tarea de la señora Tolteca no era nada pequeña. Tuvimos que contratar a un grupo de gente para que nos ayudase a hacer los trabajos durante la semana, mientras nosotros estábamos en la cafetería. Durante los fines de semana nos dedicábamos exclusivamente a los jardines. ¡Tuvimos mucho éxito!” “La Gorda es una persona muy emprendedora. Ese año trabajamos muchísimo… Durante la semana estábamos en la cafetería y durante los fines de semana puro manejar el camión y podar árboles. ¡Las demandas de la mujer Tolteca son muy grandes!” “Recuerdo -siguió diciendo Castaneda- que en cierta oportunidad estábamos en casa de un amigo cuando llegaron los periodistas buscando a Carlos Castaneda. Eran unos periodistas del New York Times. Cosa de pasar inadvertidos (13) la Gorda y yo nos pusimos a plantar árboles en el jardín de mi amigo. A la distancia los vimos entrar y salir de la casa. Entonces fue cuando mi amigo nos gritó y maltrató muchísimo delante de los periodistas. Parece que a Joe Córdoba y a su Sra. se los podía gritar sin consecuencias. Ninguno de los que allí estaba presente salió en nuestra defensa. ¿Quiénes éramos nosotros? ¡Allí, sólo los pobres y los perros trabajan al sol!

“Así fue como entre mi amigo y nosotros engañamos a los periodistas. A mi cuerpo, sin embargo, no lo pude engañar. Tres años anduvimos envueltos en la tarea de darle al cuerpo experiencias que le hicieran darse cuenta de que, en verdad, no somos nada. La verdad es que el cuerpo no es el único que sufre. La mente también está acostumbrada a constantes estímulos. El guerrero, sin embargo, no tiene estímulos del medio; él no los necesita. ¡Qué mejor lugar, entonces, que aquel en donde estábamos! ¡Allí nadie piensa!” Continuando con la historia de sus aventuras, Castaneda comentó que más de una vez a él y a la Gorda los echaron a patadas a la calle. “Otras veces, yendo en camión por la carretera, nos empujaban a los bordes del camino. ¿Qué alternativa teníamos? ¡Mejor es dejarlos pasar!” Por todo lo que Castaneda nos venía diciendo, parece que la tarea de esos años tuvo que ver con “aprender a sobrevivir en circunstancias adversas”, y con “la experiencia de la discriminación”. Esto último, “algo muy difícil de soportar pero muy informativo” -concluyó con gran calma.

El objetivo de la tarea consiste en aprender a sustraerse al impacto emocional que la discriminación provoca. Lo importante es no reaccionar, no enojarse. Si uno reacciona, se está perdido. “Uno no se ofende con el tigre cuando ataca -explicó-; uno se hace a un lado y lo deja pasar”. “En otra oportunidad, la Gorda y yo encontramos trabajo en una casa, ella de sirvienta y yo de mayordomo. ¡No se imaginan cómo terminó eso! Nos echaron a la calle a patadas y sin sueldo. ¡Más aún! Para protegerse de nosotros en el caso de que protestáramos, habían llamado a la policía local. ¡Se imaginan! Estuvimos presos por nada”. “Ese año, la Gorda y yo lo pasamos trabajando muy duro y sufriendo grandes privaciones. Muchas veces no teníamos nada para comer. Lo peor fue que no podíamos quejarnos ni teníamos el apoyo del grupo. En esa tarea estuvimos solos y no pudimos escapar. De cualquier modo, aunque hubiésemos podido decir quiénes éramos nadie nos habría creído. La tarea es siempre total.” “Verdaderamente, yo soy Joe Córdoba -continuó Castaneda acompañando sus palabras con todo su cuerpo-; y esto es muy lindo porque ya no se puede caer más. Ya he llegado a todo lo bajo que se puede llegar. Eso es todo lo que soy”. Con estas últimas palabras tocó el suelo con las manos. “Como les dije antes, cada uno de nosotros tiene tareas distintas que cumplir. Los Genaros son muy listos; Benigno está ahora en Chiapas y le va muy bien. Tiene un grupo de música. Benigno posee a maravillas el don de imitar; imita a Tom Jones y a muchos más. Pablito es el mismo de siempre; es muy flojo. Benigno es el que hace los ruidos y Pablito los festeja. Benigno es el que trabaja y Pablito recoge los aplausos.” “Ahora -dijo a modo de conclusión- todos hemos terminado las tareas que veníamos haciendo y estemos preparándonos para tareas nuevas. La señora Tolteca es la que nos manda”. La historia de Joe Córdoba y su Sra. nos había impresionado mucho.

Se trataba de una experiencia muy distinta a las de sus libros. teníamos interés en saber si había escrito o estaba escribiendo algo acerca de Joe Córdoba. “Yo sabia que Joe Córdoba existía -dijo uno de nosotros-; tenía que existir. ¿Por qué no escribe Ud. sobre esto? De todo lo que Ud. nos ha venido diciendo, Joe Córdoba y su Sra. es lo que más me ha impactado “. “Acabó de entregar un nuevo manuscrito a mi agente, -nos respondió Castaneda-. En este manuscrito, la señora Tolteca es la que enseña. No podía ser de otra manera… Su título es posible que sea El acecho y el arte de estar en el mundo (12). Allí está toda su enseñanza. Ella es la responsable de este manuscrito. Una mujer tenía que ser la que enseñase acerca del arte del acecho. Las mujeres lo conocen bien porque han vivido siempre con el enemigo; es decir, siempre han andado ¡de puntillas! en un mundo masculino. Precisamente por eso, porque las mujeres tienen una larga experiencia en este arte, la señora Tolteca es la que tiene que dar los principios del acecho.”

“En este último manuscrito, sin embargo, no hay nada concreto acerca de la vida de Joe Córdoba y su Sra. No puedo escribir en detalle sobre esa experiencia porque nadie lo comprendería ni lo creería. Puedo hablar de éstas con muy pocos… Si, la esencia de la experiencia de los últimos tres años está en el libro”. Volviendo a la señora Tolteca y a su modalidad, Castaneda nos dijo que ella era muy diferente a don Juan. “Ella a mi no me quiere -insistió: a la Gorda. en cambio, ¡sí que la quiere! A la mujer Tolteca no se le puede preguntar nada. Antes de que uno le hable, ella ya sabe lo que tiene que decir. Además, hay que temerle; cuando se enoja, pega” concluyó haciendo muchos gestos que indicaban su temor. Quedamos un rato en silencio. El sol había bajado y sus rayos nos llegaban por entre los troncos de los árboles. Sentí un poco de fresco. Calculo que serían alrededor de las siete de la tarde.

Castaneda pareció también tomar conciencia de la hora. “Es tarde ya -nos dijo- ¿Qué les parece si vamos a comer algo? ¿Los invito?” Nos levantamos y comenzamos a caminar. Por una de esas ironías Castaneda cargó por un trecho con mis notas y sus libros. Lo mejor era dejar todo en el auto. Así lo hicimos. Libres de bultos, caminamos unas cuantas cuadras en animada conversación. Todo lo que ellos han logrado requiere años de preparación y práctica. Un ejemplo es el ejercicio del sueño. “Eso que parece una tontería -afirma Castaneda enfático-, es muy difícil de lograr”. El ejercicio consiste en aprender a soñar a voluntad y en forma sistemática. Se empieza por soñar con una mano que entra al campo visual del soñador. Luego, se ve todo el brazo. Se continúa en forma progresiva hasta poder verse a uno mismo en el sueño. La otra etapa consiste en aprender a usar los sueños. Es decir, una vez que se ha logrado controlarlos, hay que aprender a actuar en ellos. “Así, por ejemplo -dijo Castaneda, se sueña con uno mismo que se sale del cuerpo y que abre la puerta y sale a la calle. La calle es entonces, ¡algo inaudito! Algo en uno se sale de uno; algo que se logra a voluntad”. Según Castaneda, el soñar no toma tiempo. Es decir, el soñar no ocurre en el tiempo de nuestros relojes.

El tiempo del sueño es algo muy compacto. “La mujer Tolteca -continuó Castaneda-dice que el soñar ocurre en el tiempo de P. ¿Por qué? Yo no lo sé. Así es como ella dice”. Castaneda nos dio a entender que en sueños se produce un inmenso desgaste físico. “En sueños se puede vivir mucho -dijo-, pero el cuerpo se resiente. Mi cuerpo lo siente mucho… Después queda como una torpeza de años”. Varias veces, al tocar este tema del sueño, Castaneda diría que lo que ellos hacen en sueños tiene un valor pragmático. En Relatos de poder, se lee que las experiencias de los sueños y las de la vigilia “adquirían la misma valencia pragmática”, y que para los brujos “los criterios para diferenciar entre sueño y vigilia se hacían inoperantes (p. 21)”. Eso de las salidas o viajes fuera del cuerpo físico despertó agudamente nuestro interés, y quisimos saber más sobre esas experiencias. Nos respondió aclarando que cada uno de ellos ha logrado experiencias distintas. “La Gorda y yo, por ejemplo, nos vamos juntos. Ella me toma del antebrazo y… nos vamos”. Nos explicó también que el grupo tiene viajes comunales. Todos están en constante entrenamiento cuyo objetivo sería ¡llegar a ser testigos! “Llegar a ser testigos significaafirmó Castaneda- que ya no se puede juzgar nada: Es decir, se trata de un ver eterno que equivale a no tener más prejuicios”. Josefina parece tener grandes habilidades para estos viajes en el cuerpo de sueño. Ella se lo quiere llevar y lo tienta contándole maravillas. La Gorda es la que siempre lo salva. “Josefina tiene gran facilidad para romper ese arco de la reflexibilidad. Ella es loca, ¡loquita! -exclamó-. Josefina vuela muy lejos. pero no quiere irse sola y siempre vuelve. Vuelve y me busca… ¡Me da reportajes que son de maravilla!·”

Según Castaneda, Josefina es un ser que en este mundo no puede funcionar. “Aquí -dijohabría terminado internada en alguna institución”. Josefina es un ser “sin ataduras” a lo concreto; ella es etérea. “En cualquier momento puede irse definitivamente”. La Gorda y él son, en cambio, mucho más cautelosos en sus vuelos. La Gorda, particularmente, representa la estabilidad y el equilibrio que en alguna medida a él le falta. Después de una pausa, le recordé esa visión del domo inmenso que en The Second Ring of Power se presenta como el lugar del encuentro y donde don Juan y don Genaro estarían esperándolos. “La Gorda también tiene esa visión -comentó pensativo-. Eso que vemos no es un horizonte terrestre. Es algo muy llano y árido en cuyo horizonte vemos levantarse como un arco inmenso que todo lo cubre y que avanza hasta llegar al cenit. En ese punto del cenit se ve una gran luminosidad. Diría que es algo así como una cúpula que emite una luz de color ámbar”. Procuramos presionarlo con preguntas para que nos diera mas información sobre esa cúpula.”¿Qué es? ¿Dónde está?” -inquirimos. Castaneda nos respondió que por el tamaño de lo que ven, puede ser un planeta. En el cenit-agregó-hay como un gran viento”. Por la brevedad de su respuesta, nos dimos cuenta de que Castaneda no quería hablar mucho sobre ese tema. Es posible, también, que no pudiera encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que veían.

Sea como fuere, es evidente que esas visiones, esos vuelos en el cuerpo de sueño, son un constante entrenamiento para el viaje definitivo, ese salirse por el costado izquierdo del águila, ese salto final que se llama muerte, ese dar fin a la recapitulación, ese poder decir “estamos listos” en el cual nos llevamos todo lo que somos, pero nada más que lo que somos. “Según la mujer Tolteca -nos confió Castaneda-, esas visiones son aberraciones mías. Ella piensa que ése es mi modo inconsciente de paralizar las acciones; es decir, la manera que tengo de decir que no quiero irme del mundo. La mujer Tolteca dice también que con mi actitud estoy deteniéndola a la Gorda en sus posibilidades de un vuelo más fecundo o más productivo”. Don Juan y don Genaro eran grandes soñadores. Tenían un control absoluto del arte. “Me asusta -exclamó de pronto Castaneda, llevándose la mano hacia la frente- el hecho de que nadie note que don Juan es un soñador inaudito. Lo mismo se puede decir de don Genaro. Don Genaro, por ejemplo, es capaz de llevar su cuerpo de sueño a la vida de todos los días”. El gran control de don Juan y don Genaro se evidencia en ese no ser notados o pasar inadvertidos (13). “Todo lo que ellos hacen -continuó con entusiasmo- es digno de elogio. De don Juan, admiro intensamente su gran control, compostura y serenidad.

De don Juan, jamás se podrá decir que es un viejo senil. “No pasa así con otra gente. Hay aquí en el campus, por ejemplo, un viejo profesor que cuando yo era un muchacho era ya famoso. En aquel entonces, él estaba en el pico de su robustez física y de su creatividad intelectual. Ahora… ¡Allí está mascando su lengua de corcho! Ahora puedo verlo tal como es, como un viejo senil. De don Juan, en cambio, jamás podré decir algo así. Su ventaja respecto a mi es siempre abismal”. En la entrevista con Sam Keen, Castaneda dice que cierta vez don Juan le preguntó si pensaba que los dos eran iguales. Aunque él realmente no pensaba que lo fueran, en un tono condescendiente le dijo que sí. Don Juan lo escuchó pero no aceptó su veredicto. “No creo que lo seamos -le dijo-, porque yo soy cazador y un guerrero y tú no eres más que un “pimp”. Yo estoy dispuesto en cualquier momento a ofrecer la recapitulación de mi vida. Tu pequeño mundo lleno de tristezas e indecisiones no, puede ser nunca igual al mío ” (14).

En todo lo que Castaneda nos había contado se pueden encontrar paralelismos con otras corrientes y tradiciones del pensamiento místico. En sus mismos libros se citan autores y obras de la antigüedad y del presente. Le recordé que, entre otros, se hace referencia a El libro egipcio de los muertos, al Tractatus de Wittgenstein, a poetas españoles como San Juan de la Cruz y Juan Ramón Jiménez, y a escritores latinoamericanos como el peruano César Vallejo. “Sí -respondió-, en mi auto siempre hay libros, muchos libros. Cosas que me mandan unos y otros. Le solía leer trozos de esos libros a don Juan… A él le gusta la poesía. ¡Claro es que sólo le gustan las cuatro primeras líneas! Según él, lo que sigue es una idiotez. Dice que después de la primera estrofa se pierde la fuerza, que es pura repetición”. Uno de nosotros le preguntó si había leído o si conocía las técnicas yogas y las descripciones de los distintos planos de la realidad que ofrecen los libros sagrados de la India. “Todo eso es maravilloso -dijo-. He tenido, además relaciones bastante estrechas con gente que trabaja en la Hatha Yoga “.

“En 1976, un médico amigo llamado Claudio Naranjo, (¿Lo conocen? -nos preguntó-) me conectó con un maestro yoga. Así es que fuimos a visitarlo a su Ashram, aquí, en California. Nos comunicamos por intermedio de un profesor que hizo de traductor. Yo buscaba descubrir en esa entrevista los paralelos con mis propias experiencias de los viajes fuera del cuerpo. Allí, sin embargo, no se habló nada importante. Hubo, sí, mucho aparato y ceremonia pero no se dijo nada. Hacia el final de la entrevista, este personaje tomó en sus manos un tipo de rociador de metal y empezó a mojarme con un líquido cuyo olor no me gustó nada. Ni bien se retiró, pregunté qué era lo que acababa de tirarme. Alguien se aproximó y me explicó que debía de estar muy contento porque me había dado la bendición. Yo insistí en conocer el contenido de la vasija. Finalmente se me dijo que todas las secreciones del maestro se guardaban: “Todo lo que sale de él es sagrado. Se imaginarán Uds. -concluyó en un tono entre jocoso y burlón- que aquí se terminó la conversación con el maestro yoga”. Unos años después Castaneda tuvo una experiencia similar con uno de los discípulos de Gurdjieff. Se encontró con él en Los Ángeles a instancias de un amigo suyo. Parece que ese señor había imitado a Gurdjieff en todo. “Se había pelado y tenía unos inmensos bigotes- comentó indicando con sus manos el tamaño de los mismos-.

Ni bien entramos, me tomó enérgicamente del cuello y me dio unos tremendos golpes. Inmediatamente después me dijo que debía dejar al maestro que tenía porque estaba perdiendo el tiempo. Según él, en ocho o nueve clases me iba a enseñar todo lo que tenía que saber. ¿Se imaginan? En unas pocas clases le enseñan a uno todo “. Castaneda también nos dijo que el discípulo de Gurdjieff había mencionado el uso de drogas para acelerar el proceso de aprendizaje. La entrevista no duró mucho. Parece que el amigo de Castaneda se dio cuenta muy pronto de lo ridículo de la situación y de la magnitud de su error. Ese amigo había insistido en que lo viera al discípulo de Gurdjieff porque estaba convencido de que Castaneda necesitaba un maestro más serio que don Juan. Cuando terminó la entrevista, Castaneda nos dijo que su amigo se sintió lleno de vergüenza. Llevábamos caminando ya unas seis o siete cuadras. Por un rato hablamos de cosas circunstanciales. Recuerdo que le comenté que había leído en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica un artículo de Juan Tovar en el que se menciona la posibilidad de filmar los libros.” (15)

“Sí-dijo-. En un tiempo se habló de esa posibilidad”. Nos hizo después el relato de su encuentro con el productor, Joseph E. Levine, quien lo habría intimidado desde su inmenso escritorio. El tamaño del escritorio y las palabras del productor, apenas comprensibles por el inmenso puro que sostenía entre los labios [¿Did the tribe mind? -le dijo-], eran de las cosas que más lo habían impresionado a Castaneda. “El estaba tras un escritorio como sobre un estrado -explicó-, y yo, allá abajo muy pequeñito. ¡Poderoso! Con las manos llenas de anillos de piedras muy grandes”. Castaneda ya le había dicho a Juan Tovar que lo último que esperaba ver era a Anthony Quinn en el papel de don Juan. Parece que alguien había propuesto a Mia Farrow para uno de los papeles. Concebir una película así era muy difícil -comentó-. No es ni etnografía ni ficción. El proyecto al final fracasó. El nagual Juan Matus me dijo que no se podía hacer”. Durante esa misma época se lo invitó a participar en shows como el de Johnny Carson y Dick Cavett. “Al final no pude aceptar cosas así. ¿Qué le digo a Johnny Carson, por ejemplo, si me pregunta si hablé o no con el coyote? ¿Qué le digo? Le digo que sí, que… ¿Y entonces? Indudablemente, la situación se hubiera prestado al ridículo. “Don Juan fue quien me encargó que diera testimonio de una tradición -dijo Castaneda-. El mismo insistió en que aceptara entrevistas y diera conferencias para promocionar los libros. Después me hizo cortar con todo porque ese tipo de tarea quita mucha energía.

Si uno está en esas cosas hay que darles fuerza”. Castaneda explicó claramente que con el producto de sus libros él se encarga de solventar los gastos de todo el grupo. Castaneda les da de comer a todos. “Don Juan -insistió- me dio la tarea de poner por escrito todo lo que los brujos y brujas dijeran. Mi tarea no consiste sino en escribir hasta que un día me digan, “Basta, aquí se acabó”. El impacto o no de mis libros, realmente lo desconozco porque no estoy relacionado con lo que pasa por aquí. A don Juan antes y a la mujer Tolteca ahora les pertenece todo el material de los libros. Ellos son responsables de todo lo que allí se dice”. El tono de su voz y sus gestos nos impresionó vivamente. Era evidente que en este terreno la tarea de Castaneda consiste en obedecer. Su objetivo no es sino ser impecable como receptor y transmisor de una tradición y de una enseñanza. “Personalmente -continuó tras una pausa-, estoy trabajando en un tipo de journal; es algo así como un manual. De este trabajo, sí, yo soy responsable. Quisiera que una editorial seria los publique y se hiciera cargo de distribuirlos a personas interesadas y a centros de estudio”. Nos dijo que llevaba elaboradas unas 18 unidades en las que ha creído resumir toda la enseñanza de la nación tolteca. Para organizar el trabajo, se ha valido de la fenomenología de E. Husserl como marco teórico para hacer comprensible lo que le enseñaron. “La semana pasada -dijo estuve en Nueva York. Les llevé el proyecto a los editores de Simon and Schuster pero fracasé. Parece que se asustaron. Es que una cosa así no puede tener éxito.” “De esas 18 unidades yo soy el único responsable-continuó en tono meditativo- y, como pueden ver, no tuve éxito. Esas 18 unidades son algo así como las 18 caídas en las que me he golpeado fuertemente la cabeza. Convengo con los editores en que es un trabajo de lectura pesada, pero así soy yo… Don Juan, don Genaro, todos los otros son diferentes. ¡Ellos son livianos! (16)

“¿Por qué las llamo unidades? -se preguntó adelantándose a nosotros-. Las llamo así porque cada una de ellas pretende mostrar uno de los modos de romper la unidad de lo familiar. De distintas maneras se puede romper esa visión perceptiva única”. Castaneda, tratando de aclararnos nuevamente esto, nos dio el ejemplo del mapa. “Cada vez que queremos llegar a algún sitio, necesitamos un mapa con claros puntos de referencia para no perdemos. No encontramos nada sin un mapa -exclamó Castaneda-. Lo que ocurre después es que lo único que vemos es el mapa. En vez de ver lo que hay que ver, terminamos viendo él mapa que llevamos dentro. Por eso es que romper ese arco de la reflexibilidad, cortar constantemente los lazos que nos conducen a los puntos de referencia conocidos, es la última enseñanza de don Juan”. Muchas veces durante esa tarde había Castaneda de insistir en que él no era más que un “simple puente con el mundo”. Todo el conocimiento de los libros le pertenece a la nación tolteca. Ante su insistencia, no pude menos que reaccionar y decirle que la labor de compaginar el material de las notas en libros coherentes y bien organizados no dejaba de ser inmensa y difícil. “No -respondió Castaneda-. Yo no tengo ningún trabajo. Mi tarea consiste, simplemente, en copiar la página que se me da en sueños”. Según Castaneda no se puede crear nada de la nada. Pretender crear así es un absurdo.

Para explicarnos esto, trajo a colación un episodio de la vida de su padre. “Mi padre -dijo-
decidió que iba a ser un gran escritor. Con ese propósito, resolvió arreglar su escritorio. El necesitaba tener un escritorio que fuera perfecto. Había que tener en cuenta hasta el mínimo detalle, desde la decoración de las paredes al tipo de luz de su mesa de trabajo. Una vez que la habitación estuvo lista, pasó mucho tiempo buscando el escritorio adecuado a su empresa. El escritorio tenía que ser de determinada medida, madera, color, etc. Otro tanto ocurrió con la elección de la silla sobre la que se sentaría. Después tuvo que seleccionar la cubierta adecuada para no arruinar la madera de su escritorio. La cubierta podía ser de plástico, de vidrio, de cuero, de cartón… Sobre esa cubierta mi padre iba a apoyar el papel en el que escribiría su obra maestra. Así, sentado en su silla frente al papel en blanco no supo qué escribir. Ese es mi papá. El quiere empezar escribiendo la frase perfecta. Claro…, así no se puede escribir. Uno es siempre un instrumento, un intermediario. Yo veo cada página en sueños, y el éxito de cada una de esas páginas depende del grado de fidelidad con que yo soy capaz de copiar ese modelo del sueño. Precisamente, la página que impresiona o impacta más es aquella en que he logrado reproducir el original con mayor exactitud”. Estos comentarios de Castaneda revelan toda una teoría del conocimiento y de la creación intelectual y artística. [Pensé inmediatamente en Platón y en San Agustín con su imagen del “maestro interior”].

Conocer es descubrir y crear es copiar. Ni el conocimiento ni la creación pueden ser nunca una empresa de tipo personal. Mientras cenábamos le mencioné algunas de las entrevistas que había leído. Le dije que me había gustado mucho la que Sam Keen le había hecho y que había publicado en Psychology Today. Castaneda también estaba satisfecho con esa entrevista. El le tiene mucho aprecio a Sam Keen. “Durante esos años -dijo- conocí a mucha gente de la cual hubiera querido seguir siendo amigo…, un ejemplo es el teólogo Sam Keen. Don Juan, sin embargo, dijo basta”. Con respecto a la entrevista de Time, Castaneda nos contó que primero vino a encontrarse con él en Los Ángeles un periodista hombre. Parece que la cosa no anduvo bien [“No funcó” -dijo] y se marchó. Le enviaron entonces “una de esas chicas que no se pueden rehusar” -dijo haciéndonos sonreír a todos. Todo salió muy bien, y se entendieron “a maravillas”. Castaneda tuvo la impresión de que ella comprendía lo que él le decía. Al final, sin embargo, ella no hizo el artículo. Las notas que ella había tomado se las dieron a un periodista que “creo que ahora está en Australia “-agregó. Parece que ese periodista hizo lo que quiso con las notas que le dieron. Cada vez que por un motivo u otro se mencionó la entrevista de Time, fue evidente su fastidio. El le había advertido a don Juan que Time era una revista demasiado poderosa e importante. Don Juan en cambio, había insistido en que la entrevista se realizase. “La entrevista se hizo, ‘por si las moscas’ ” -concluyó Castaneda informalmente haciendo uso nuevamente de una expresión típicamente porteña. Hablamos también de los críticos y de lo que se había escrito sobre él y sus libros. Le mencioné a Richard de Mille y a otros que han puesto en duda la veracidad de sus trabajos y el valor antropológico de los mismos. “El trabajo que yo tengo que hacer-afirmó Castaneda- está libre de todo lo que los críticos puedan decir. Mi tarea consiste en presentar ese conocimiento de la mejor manera posible. Nada de lo que puedan decir me importa porque yo ya no soy Carlos Castaneda, el escritor. No soy ni un escritor, ni un pensador ni un filósofo…; en consecuencia, sus ataques no me encuentran. Ahora, yo sé que no soy nada; nadie me puede quitar nada porque Joe Córdoba es nada. No hay, en todo esto, ningún orgullo personal.

“Nosotros vivimos -continuó- en un nivel más bajo que el del campesino mexicano, lo cual es ya mucho decir. Nosotros hemos tocado la tierra y no podemos caer más. La diferencia entre nosotros y el campesino es que éste tiene esperanzas, quiere cosas y trabaja para un día tener más de lo que tiene hoy. Nosotros, en cambio, no tenemos nada y cada vez tendremos menos . ¿Se imaginan Uds. esto? Las críticas no pueden dar en el blanco”. “Nunca soy más plenamente que cuando soy Joe Córdoba -exclamó con vehemencia levantándose y abriendo los brazos en un gesto de plenitud-. Joe Córdoba, friendo hamburguesas todo el día con los ojos llenos de humo… ¿Me comprenden Uds.?”. No todos los críticos habían sido negativos. Octavio Paz, por ejemplo, escribió un prólogo muy bueno para la edición en español de Las enseñanzas de don Juan (17). A mi me había parecido bellísimo. “sí -asintió Castaneda-. Ese prólogo es excelente. Octavio Paz es todo un caballero. Tal vez sea uno de los últimos que van quedando “.

La frase “todo un caballero” no se refiere a las indiscutibles cualidades de Octavio Paz como pensador y escritor. ¡No! La frase apunta a las cualidades intrínsecas del ser, al valor de la persona como ser humano. El que Castaneda apuntara que es “uno de los últimos que van quedando” acentuó el hecho de que se trata de una especie en peligro de extinción. “Bueno -siguió Castaneda tratando de suavizar el impacto-. Tal vez queden dos caballeros”. El otro es un viejo historiador mexicano amigo suyo cuyo nombre no nos era familiar. De él nos contó algunas anécdotas que reflejaban su vitalidad física y vivacidad intelectual. A esta altura de la conversación, Castaneda nos explicó cómo selecciona las cartas que le llegan. “¿Quiere que le explique cómo di con Ud.?” -preguntó dirigiéndose a mi. Nos dijo que un muchacho amigo las recibe, las pone en una bolsa y se las guarda hasta que él llega a Los Ángeles. Una vez en Los Ángeles, Castaneda sigue siempre una misma rutina. Primero vuelca toda la correspondencia en un cajón grande, “como de juguetes”, luego sólo saca una carta. La carta que saca es la que lee y contesta. Claro es que nunca lo hace por escrito. Castaneda no deja huellas. “La carta que saqué -explicó- era la primera que Ud. escribió. Después busqué la otra. ¡No se imagina cuántos problemas tuve para conseguir su teléfono! Cuando ya creía que no iba a tener suerte, lo obtuve por intermedio de la Universidad. Realmente yo ya pensaba que no iba a poder hablar con Ud.”. Quedé muy sorprendida al conocer todos los inconvenientes que había tenido hasta dar conmigo. Parece que una vez que tuvo mi carta en la mano, él debía tratar de agotar todos los medios.

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3º parte
Por (reenvio) Graciela N. V. Corvalán * – Saturday, Apr. 10, 2010 at 4:23 AM

En su universo mágico se da mucha importancia a les señales. “Aquí en Los Ángeles -continuó Castaneda casual- tengo un amigo que me escribe mucho. Cada vez que vengo leo todas sus cartas, una tras otra como si se tratara de un diario. Cierta vez, entre esas cartas me topé con otra que sin darme cuenta abrí. Aunque inmediatamente me di cuenta de que no era de mi amigo, la leí. El hecho de que estuviera en la pila fue para mí una señal”. Esa carta lo puso en contacto con dos personas que le refirieron una experiencia muy interesante. Era de noche y tenían que entrar a la “San Bernardino Freeway”. Sabían que para encontrarla debían continuar por donde iban hasta el final de la calle. Después tenían que tomar a la izquierda y continuar hasta dar con la carretera. Así lo hicieron, pero después de unos 20 minutos se dieron cuenta de que se encontraban en un lugar extraño. Esa no era la “San Bernardino Freeway”. Resolvieron bajar y preguntar, pero nadie los ayudó. En una de las casas que golpearon se los echó a gritos. Castaneda continuó contándonos que los dos amigos desandaron el camino hasta llegar a una estación de servicio donde pidieron indicaciones. Allí se les dijo lo mismo que ya sabían. Volvieron, así, a repetir los mismos pasos y sin inconveniente alguno llegaron a la carretera: Castaneda se encontró con ellos. De los dos, parece que sólo uno está interesado verdaderamente por entender el misterio. “En la tierra -dijo a modo de explicación- hay lugares, sitios especiales o aperturas, por los que se entra y se pasa a otra cosa”. Aquí se detuvo y se ofreció a llevamos. “Es aquí cerca… En Los Ángeles… ¿Si quieren los llevo?” -dijo. “La tierra es algo vivo. Esos lugares son las entradas por donde la tierra periódicamente recibe fuerza o energía del cosmos. Esa energía es la que el guerrero debe almacenar. Tal vez; si soy rigurosamente impecable pueda llegar junto al águila. ¡Siquiera! “Cada 18 días cae una ola de energía sobre la tierra. Cuenten Uds. -nos sugirió- a partir del tres de agosto próximo. Podrán percibirla. Esta ola de energía puede ser o no ser fuerte; depende.

Cuando la tierra recibe olas muy grandes de energía, no importa dónde uno esté, ella siempre nos alcanza”. Frente a la magnitud de esa fuerza, la tierra es pequeña y la energía llega a todos lados.” Estábamos aún conversando animadamente cuando se aproximó la camarera y en tono cortante nos preguntó si nos íbamos a servir algo más. Como nadie quería postre ni café, no tuvimos más remedio que levantamos. Ni bien la camarera se alejó, Castaneda comentó: “Parece que nos están echando…”. Sí, nos estaban echando y, tal vez, con razón. Era tarde… Con sorpresa comprobamos lo avanzado de la hora. Nos levantamos y salimos a la avenida. Era de noche, la calle y la gente tenía aspecto de feria. Un mimo vestido de frac y galera hacía payasadas a nuestras espaldas. Todos nos miramos sonriendo mientras nuestros ojos buscaban el platillo que se suele pasar durante esas representaciones. A nuestra derecha, bajo el alero de un viejo teatro, alguien intentaba otra representación en un escenario en miniatura. Creí ver un gato listo para la función. Realmente por allí se veía de todo. En otros tiempos, un hombre disfrazado de oso trató de competir con el hombre orquesta. “La cuestión es buscar alternativas cada vez más extravagantes” -alguien comentó. Mientras caminábamos de vuelta rumbo al “campus”, Castaneda habló de un proyectado viaje a la Argentina. “Allí se cierra un ciclo-nos dijo-. Volver a la Argentina es muy importante para mí. No sé aún cuándo pueda hacerlo, pero iré. Por ahora tengo cosas que hacer aquí. Recién en agosto se cumplen tres años de tareas, y es posible que entonces pueda ir”.

Esa tarde, Castaneda nos habló bastante de Buenos Aires, de sus calles, barrios y clubes deportivos. Recordó con nostalgia la calle Florida con sus tiendas elegantes y la multitud ambulante. Se acordaba aún con precisión de la famosa calle de los cines. “La calle Lavalle” -dijo haciendo memoria. Castaneda vivió en Buenos Aires durante su infancia. Parece que estuvo internado en un colegio céntrico. De esa época recordó con tristeza que le habían dicho que él era “más ancho que alto”; palabras que cuando se es niño duelen mucho. “Siempre miraba con envidia -comentó- a esos argentinos tan altos y buenos mozos.” “Uds. saben que en Buenos Aires siempre hay que ser de algún club -continuó Castaneda-. Yo era de Chacarita. Ser de River Plate no tiene gracia. ¿Verdad? Chacarita, en cambio, siempre es uno de los últimos”. En esos tiempos, Chacarita siempre salía último. Fue conmovedor verlo identificado con los que pierden, con los “de abajo”. “Seguramente la Gorda irá conmigo. Ella quiere viajar. Claro es que ella quiere ir a “Parici” aclaró-. La Gorda ahora compra en Gucci. es elegante y quiere ir a París. Yo siempre le digo, Gorda, ¿para qué querés ir a París? Allí no hay nada. Ella tiene cierta idea de París, “la ciudad luz”. Uds. saben”. Muchas veces nombró a la Gorda esa tarde. Con ella, Castaneda nos trajo a un personaje extraordinario por el cual él, sin duda, siente gran respeto y admiración. ¿Cuál sería, entonces, el sentido de toda esa información circunstancial que sobre ella nos dio? Creo que con esos comentarios así como con los que se referían al modo de comer y dormir de los toltecas, Castaneda trató de impedir que nos formásemos una imagen rígida de lo que ellos son.

La labor que ellos están haciendo es muy seria y sus vidas son austeras, pero no son rígidos ni se dejan oprimir por las normas tradicionales de la sociedad. Lo importante es liberarse de esquemas, no reemplazarlos por otros. Castaneda nos dio a entender que no ha viajado mucho por América latina, si se excluye México. “Últimamente sólo he estado en Venezuela -dijo-. Como ya les dije, tengo que ir a Argentina pronto. AIIí se cierra un ciclo. Después m e puedo ir. Bueno…, la verdad es que no sé si me quiero ir todavía”. Sus últimas palabras las dijo sonriendo. ¿Quién no tiene ataduras? Por Europa ha viajado varias veces por asuntos relacionados a sus libros. “En 1973, sin embargo, don Juan me mandó a Italia -afirmó-. Mi tarea consistía en ir a Roma y obtener una audiencia con el Papa. No pretendía que obtuviese una audiencia privada sino una de esas audiencias que se otorgan a grupos de personas. Todo lo que tenía que hacer en la entrevista era besarle la mano al Sumo Pontífice”. Castaneda hizo todo tal cual don Juan se lo había pedido. Fue a Italia, llegó a Roma y pidió la audiencia. “Era una de esas audiencias de los miércoles, después de que el Papa oficia una misa pública en la Plaza de San Pedro.

Hasta que me otorgaron la audiencia pero… no pude ir -dijo-. No llegué ni a la puerta”. Esa tarde, Castaneda se refirió varias veces a su familia y a su educación y formación típicamente liberales y francamente anticlerical. En The Second Ring of Power, Castaneda también hace referencia a la herencia anticlerical que recibió. Don Juan, que no parece justificar todos sus prejuicios y luchas contra la Iglesia Católica, le dice: “Vencer las tonterías de nosotros mismos requiere todo nuestro tiempo y energía. Esto es lo único que importa. Lo demás carece de consecuencias. Nada de lo que tu abuelo y tu padre han dicho de la Iglesia, los ha hecho felices. Ser un guerrero impecable, por otro lado, te dará fuerza, juventud y poder. Es así que lo apropiado para ti es saber elegir.” Castaneda no teorizó sobre estos temas. Con respecto a la disyuntiva “clericalismoanticlericalismo” sólo quiso transmitimos una enseñanza con el ejemplo de su experiencia. Es decir, nos dio a entender que es muy difícil romper los esquemas que se han formado en la juventud. “Entonces -le pregunté pensando en la tarea que le había encargado don Juan-, ¿tendrá Ud. que volver a Italia?”. “¡Oh! ¡No! Ya no hace falta -me respondió-. De todo eso ha pasado mucho tiempo”. Con respecto a Europa, la impresión de Castaneda fue terminante. “Allí no hay nada.” insistió-. Europa está terminada; todo está muerto. Uno puede notar eso hasta en el paisaje. ¡Los Alpes no tienen nada que ver con Colorado! A Europa le falta la fuerza que a América le sobra”. Con respecto a Italia, fue particularmente contundente. “El paisaje es de miniatura. Allí todo está arregladito y muy civilizado. Una lomita por aquí, una casita por allá. ¡No hay fuerza! En Italia, o se es comunista o se es católico. No hay otra cosa”.

Sus palabras nos hicieron comprender que en Europa no hay sino ideologías viejas, dicotomías de otras épocas. Castaneda, en cambio, se mueve en un plano muy diferente al de la política o las religiones. En su universo, los modos tradicionales de ver y juzgar no tienen cabida. Justo antes de entrar al “campus”, Castaneda se volvió, y tomándome el antebrazo y las manos me dijo, “Señora, no sabe cuánto le agradezco que Ud. me haya presentado a sus amigos”. Sus palabras fueron muy intensas y me emocionaron. Cabe indicar que me agradeció el hecho de que me hubiera portado bien como intermediaria, como puente entre mis amigos y él. Cuando llegamos al “parking lot”, nos saludamos amablemente y nos separamos. Castaneda caminó hacia la esquina y desapareció tras los altos arbustos de la calle. Serían cerca de las once de la noche. Subimos al coche y emprendimos el viaje de regreso. Las dos horas resultaron cortas. Habíamos quedado muy impresionados y nos faltó tiempo para decirnos todo lo que el encuentro de esa tarde había suscitado en nosotros. Esa tarde Castaneda puso gran atención en distinguir y aclarar aquello que él ha comprobado y es capaz de experimentar, de lo que los otros dicen y hacen. Nos dijo que llevaba 17 años en la tarea de aprender. Durante todo ese tiempo, hay cosas que ha podido experimentar y comprobar por sí mismo, otras que las está aprendiendo y otras que aún no ha incorporado a su vida. Así, por ejemplo, él ha podido comprobar el modo tolteca de comer y de dormir. El arte del sueño también lo ha incorporado, aunque aún necesite la ayuda de la Gorda. Con respecto a otros fenómenos fue evidente que no quería hablar mucho, y más de una vez hubo de confesar que hay cosas que no entiende. Más aún; hay muchas cosas que no cree que sea posible entender jamás. Castaneda, sin embargo, confía en don Juan y en su enseñanza; él confía en lo que no entiende ni ha logrado explicar. Una y otra vez don Juan le ha demostrado que los toltecas tenían razón y, en consecuencia, confía en que han de tener razón hasta el final.

La memoria de esa tarde, ha quedado como un cuadro claramente delineado en el cual la fascinante figura de Castaneda ocupa todo el espacio. Todas las fantasmagorías y prodigios-al decir de Octavio Paz-, sus libros que yo tantas veces había puesto en duda y que con cierto disgusto había considerado como un innecesario despliegue de lo fenoménico, después de conocerlo a Castaneda se hicieron perfectamente creíbles y posibles. Más allá de la facticidad de los hechos que narró, se descubre la verdad esencial de sus afirmaciones. Después de todo… ¿Qué hay más difícil que freír hamburguesas todo el día como Joe Córdoba con los ojos llenos de humo?

(1980/81) Hoy Carlos Castaneda ya se ha “Ido”.

Graciela N. V. Corvalán *

* Graciela N. Vico Corvalán es Licenciada en filosofía (Univ. Nacional de Cuyo, Mendoza) y profesora en la misma casa de estudios, obtuvo su doctorado en la Washington University de St. Louis (Misuri) en 1975. Ha desarrollado una intensa actividad docente en los Estados Unidos, enseñando nuestro idioma, literatura latinoamericana, historia de la religión y filosofía para niños. Se ha especializado además en pensadores místicos contemporáneos. Alterna la escritura con las disertaciones, enseñando además español en cursos comunitarios. Ha sido merecedora de variados honores académicos y becas. Entre sus trabajos se encuentra la traducción de To Be the Noad: On the Journey of Spiritual Unfolding (al español) de la Dra. Judy Gómez. Prepara una serie de conversaciones con pensadores místicos contemporáneos de las Américas, y una serie de reseñas breves para un proyecto de la Modern Language Association: “Guide to Research in Women”s Studies””, Vol. III. En julio del año pasado; en el Montclair State Cóllege, dedicó dos semanas a un seminario intensivo sobre Filosofía para Niños, programa del Institute of Philosophy for Children. Entre sus más importantes disertaciones figura: “La vida como rebeldía y misión de Ezequiel Martínez Estrada”, en un ciclo dirigido por el Dr. Ivan A. Schulman.

Notas:
1) El Segundo anillo de poder ha sido publicado por Editorial Pomaire.
2) Obvia alusión a la Iglesia Católica. Así como España es la Madre Patria para los países de América Hispana, la Iglesia Católica es la Madre Iglesia, la iglesia que trajo España con la conquista y la colonización. En este comentario hay, sin duda, un matiz irónico.
3) Desde el punto de vista antropológico, la palabra hace referencia a una cultura india del centro y sur de México que ya se encontraba extinta en el momento dé la conquista y colonización de América.
4) En The Second Ring of Power, la Gorda lo instruye a Castaneda con respecto a la dicotomía “nagual -tonal”. El dominio de la segunda atención “sólo se logra después de que los guerreros barren totalmente la superficie de la mesa… esta segunda atención hace que las dos atenciones formen una unidad y que esta unidad sea la totalidad de uno mismo”. En el mismo libro, la Gorda le dice a Castaneda: “Cuando los brujos aprenden a “soñar” , atan sus dos atenciones y, entonces, no hay necesidad de que el centro empuje hacia afuera …Los brujos no mueren… No quiero decir que nosotros no muramos. Nosotros somos nada; somos badulaques (tontos); no estamos ni aquí ni allá. Ellos, en cambio, tienen sus atenciones tan unidas que tal vez nunca mueran [p. 281).”
5) En Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica (1913), Husserl trató detenidamente de la “epoché” o “reducción fenomenológica”.
6) Miguel Serrano, El círculo hermético (Buenos Aires: Ed. Kier, 1978), p. 89.
7) En The Second Ring of Power, la Gorda le refiere a Castaneda que cuando ella perdió “la. forma humana” comenzó a ver un ojo siempre frente a ella. Este ojo la acompañaba todo el tiempo y casi terminó por volverla l oca. Poco a poco se acostumbró hasta que un día el ojo pasó a formar parte de ella. “Algún día, cuando llegue a ser un ser verdaderamente sin forma, no veré más ese ojo; el ojo será uno conmigo.:.” (p. 158).
8) En el primer libro, Las enseñanzas de don Juan, éste le dice: “La cosa que hay que aprender es cómo llegar a la raja entre los mundos y cómo entrar en el otro mundo… Hay un lugar donde los dos mundos se montan el uno sobre el otro. La raja está allí. Se abre y se cierra como una puerta con el viento. Para llegar allí, un hombre debe ejercer su voluntad. Debe, diría yo, desarrollar un deseo indomable, una dedicación total. Pero debe hacerlo sin la ayuda de ningún poder y de ningún hombre…”
9) Varios meses má s tarde, la Gorda (Maria Elena) me llamó por teléfono para trasmitirme un mensaje de Carlos Castaneda. En esa conversación, me dijo que la señora Tolteca se llamaba doña Florinda, y que se trataba de una persona muy elegante, vivaracha e inquieta. La señora Tolteca debe tener unos 50 años.
10) Por teléfono, la Gorda también insistió en que la Sra. Tolteca era muy “brava” y en que si bien a ella la quiere más que a Castaneda no estaría mal que la quisiera un poco más. “Andamos con todo el cuerpo magullado de los golpes que nos da ” -dijo.
11) En esta afirmación de Castaneda se puede ver el deseo de romper la imagen que la gente tiene del hechicero o brujo -seres con poderes especiales que no tienen las mismas necesidades del resto de las mortales. Al decir que “comen todo el día”, Castaneda los unió al resto de los hombres.
12) Recientemente, Simon and Schuster de Nueva York, anunció un nuevo libro de Carlos Castaneda. Su título es The Flight of the Eagles (El vuelo de las águilas).
13) En todos los libros, Castaneda se ha referido a eso de “no ser notado” y “pasar inadvertido”. En “The Second Ring of Power”, Castaneda recuerda las veces que don Juan le había ordenado que se concentrara “en no ser obvio”. Néstor, también, dice “que don Juan y don Genaro aprendieron a no ser notados en medio de todo esto.” Los dos son maestros en el arte del “acecho”. De don Genero, la Gorda dice que “estaba en su cuerpo de sueño la mayor parte del tiempo”.
14) Sam Keen, Voices and Visions (New York: Harper and Row, 1976)
15) Véase, Juan Tovar. “Encuentro de poder”, Gaceta, F.C.E. ( México: diciembre de 1974).
16) Según nos comunicó Castaneda por teléfono, Simon and Schuster finalmente decidió aceptar el proyecto del “journal” que tanto parecía preocuparle. Hasta el momento no ha salido.
17) “La mirada anterior”, prólogo de Octavio Paz.

fuente: www.thenahual.blogspot.com

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La mafia médica, el negocio de crear enfermedades

“La Mafia Médica” es el título del libro que le costó a la doctora Ghislaine Lanctot su expulsión del colegio de médicos y la retirada de su licencia para ejercer medicina. Se trata probablemente de la denuncia publicada más completa, integral, explícita y clara del papel que juega a nivel mundial el complejo formado por el Sistema Sanitario y la industria farmacéutica.

El libro expone, por una parte, la errónea concepción de la salud y la enfermedad que tiene la sociedad occidental moderna, fomentada por esta mafia médica que ha monopolizado la salud pública creando el más lucrativo de los negocios.

Además de tratar sobre la verdadera naturaleza de las enfermedades, explica cómo las grandes empresas farmacéuticas controlan no sólo la investigación sino también la docencia médica, y cómo se ha creado un Sistema Sanitario basado en la enfermedad en lugar de en la salud, que cronifica enfermedades y mantiene a los ciudadanos ignorantes y dependientes de él. El libro es pura artillería pesada contra todos los miedos y mentiras que destrozan nuestra salud y nuestra capacidad de autorregulació n natural, volviéndonos manipulables y completamente dependientes del sistema. A continuación, una estupenda entrevista a la autora que realizó Laura Jimeno Muñoz para Discovery Salud:

Medicina significa negocio

La autora de La mafia médica acabó sus estudios de Medicina en 1967, una época en la que -como ella misma confiesa- estaba convencida de que la Medicina era extraordinaria y de que antes del final del siglo XX se tendría lo necesario para curar cualquier enfermedad. Sólo que esa primera ilusión fue apagándose hasta extinguirse.

-¿Por qué esa decepción?

Porque empecé a ver muchas cosas que me hicieron reflexionar. Por ejemplo, que no todas las personas respondían a los maravillosos tratamientos de la medicina oficial. Además, en aquella época entré en contacto con varios ’terapeutas suaves’ -es decir, practicantes de terapias no agresivas (en francés Médecine Douce) – que no tuvieron reparo alguno en abrirme sus consultas y dejarme ver lo que hacían. Y llegué pronto a la conclusión de que las medicinas no agresivas son más eficaces, más baratas y, encima, tienen menores efectos secundarios.

-Y supongo que empezó a preguntarse por qué en la Facultad nadie le había hablado de esas terapias alternativas no agresivas

Así es. Luego mi mente fue más allá y empecé a cuestionarme cómo era posible que se tratara de charlatanes a personas a las que yo misma había visto curar y por qué se las perseguía como si fueran brujos o delincuentes. Por otra parte, como médico había participado en muchos congresos internacionales -en algunos como ponente- y me di cuenta de que todas las presentaciones y ponencias que aparecen en tales eventos están controladas y requieren obligatoriamente ser primero aceptadas por el ’comité científico’ organizador del congreso. ¿Y quién designa a ese comité científico? Pues generalmente quien financia el evento: la industria farmacéutica. ¡Sí, hoy son las multinacionales las que deciden hasta qué se enseña a los futuros médicos en las facultades y qué se publica y expone en los congresos de medicina! El control es absoluto.

-Y eso fue clarificador para usted…

Y tanto. Darme cuenta del control y de la manipulación a la que están sometidos los médicos -y los futuros médicos, es decir, los estudiantes- me hizo entender claramente que la Medicina es, ante todo, un negocio. La Medicina está hoy controlada por los seguros -públicos o privados, da igual- porque en cuanto alguien tiene un seguro pierde el control sobre el tipo de medicina al que accede. Ya no puede elegir. Es más, los seguros determinan incluso el precio de cada tratamiento y las terapias que se van a practicar. Y es que si miramos detrás de las compañías de seguros o de la seguridad social… encontramos lo mismo.

-El poder económico

Exacto, es el dinero quien controla totalmente la Medicina. Y lo único que de verdad interesa a quienes manejan este negocio es ganar dinero. ¿Y cómo ganar más? Pues haciendo que la gente esté enferma…. porque las personas sanas no generan ingresos. La estrategia consiste, en suma, en tener enfermos crónicos que tengan que consumir todo tipo de productos paliativos, es decir, para tratar sólo síntomas; medicamentos para aliviar el dolor, bajar la fiebre, disminuir la inflamación.. . pero nunca fármacos que puedan resolver una dolencia. Eso no es rentable, no interesa. La medicina actual está concebida para que la gente permanezca enferma el mayor tiempo posible y compre fármacos; si es posible, toda la vida.

Un sistema de enfermedades

-Infiero que ésa es la razón de que en su libro se refiera al sistema sanitario como ’sistema de enfermedad’

Efectivamente. El llamado sistema sanitario es en realidad un sistema de enfermedad. Se practica una medicina de la enfermedad y no de la salud. Una medicina que sólo reconoce la existencia del cuerpo físico y no tiene en cuenta ni el espíritu, ni la mente, ni las emociones. Y que además trata sólo el síntoma y no la causa del problema. Se trata de un sistema que mantiene al paciente en la ignorancia y la dependencia, y al que se estimula para que consuma fármacos de todo tipo.

-Se supone que el sistema sanitario está al servicio de las personas

Está al servicio de quien le saca provecho: la industria farmacéutica. De manera oficial -puramente ilusoria- el sistema está al servicio del paciente pero, oficiosamente, en la realidad, el sistema está a las órdenes de la industria que es la que mueve los hilos y mantiene el sistema de enfermedad en su propio beneficio. Se trata, en suma, de una auténtica mafia médica, de un sistema que crea enfermedades y mata por dinero y por poder.

-¿Y qué papel juega el médico en esa mafia?

El médico es -muchas veces de forma inconsciente, es verdad- la correa de transmisión de la gran industria. Durante los 5 a 10 años que pasa en la Facultad de Medicina el sistema se encarga de inculcarle unos determinados conocimientos y de cerrarle los ojos a otras posibilidades. Posteriormente, en los hospitales y congresos médicos, se les refuerza en la idea de que la función del médico es curar y salvar vidas, de que la enfermedad y la muerte son fracasos que debe evitar a toda costa y de que la enseñanza recibida es la única válida. Además se les enseña que el médico no debe implicarse emocionalmente y que es un ’dios’ de la salud. De ahí que incluso exista caza de brujas entre los propios profesionales de la medicina. La medicina oficial, la ’científica’, no puede permitir que existan otras formas de curar que no sean serviles al sistema.

-El sistema, en efecto, pretende hacer creer que la única medicina válida es la llamada ’medicina científica’, la que usted aprendió y de la que ha renegado. Precisamente en el mismo número en que va a aparecer su entrevista publicamos un artículo al respecto.

La medicina científica está enormemente limitada porque se basa en la física materialista de Newton: tal efecto obedece a tal causa. Y, por ende, tal síntoma precede a tal enfermedad y requiere tal tratamiento. Se trata de una medicina que además sólo reconoce lo que se ve, se toca o se mide y niega toda conexión entre las emociones, el pensamiento, la conciencia y el estado de salud del físico. Y cuando se la importuna con algún problema de ese tipo le cuelga la etiqueta de ’enfermedad psicosomática’ al paciente y le envía a casa tras recetarle pastillas para los nervios.

-Es decir, que a su juicio, la medicina convencional sólo se ocupa de hacer desaparecer los síntomas.

Salvo en lo que a cirugía se refiere, los antibióticos y algunas pocas cosas más, como los modernos medios de diagnóstico, sí.. Da la impresión de curar pero no cura. Simplemente elimina la manifestación del problema en el cuerpo físico pero éste, tarde o temprano, resurge.

-A su juicio, pues, dan mejor resultado las llamadas medicinas suaves o no agresivas

Son una mejor opción porque tratan al paciente de forma holística y le ayudan a sanar… pero tampoco curan. Mire, cualquiera de las llamadas medicinas alternativas constituyen una buena ayuda pero son sólo eso: complementos. Porque el verdadero médico es uno mismo. Y cuando uno es consciente de su soberanía sobre la salud deja de necesitar terapeutas. El enfermo es el único que puede curarse. Nadie puede hacerlo en su lugar. La autosanación es la única medicina que cura. La cuestión es que el sistema trabaja para que olvidemos nuestra condición de seres soberanos y nos convirtamos en seres sumisos y dependientes. En nuestras manos está, pues, romper esa esclavitud.

-Y, en su opinión, ¿por qué las autoridades políticas, médicas, mediáticas y económicas lo permiten? ¿Por qué los gobiernos no acaban con este sistema de enfermedad, costosísimo por otra parte?

A ese respecto tengo tres hipótesis. La primera es que quizás no saben que todo esto está pasando… pero es difícil de aceptar porque la información está a su alcance desde hace muchos años y en los últimos veinte años son ya varias las publicaciones que han denunciado la corrupción del sistema y la conspiración existente. La segunda hipótesis es que no pueden acabar con ello… pero también resulta difícil de creer porque los gobiernos tienen el suficiente poder.

-Y la tercera, supongo, es que no quieren acabar con el sistema

Pues lo cierto es que, eliminadas las otras dos hipótesis, ésa parece la más plausible. Y si un Gobierno se niega a acabar con un sistema que arruina y mata a sus ciudadanos es porque forma parte de él, porque forma parte de la mafia.

La mafia médica

-¿Quiénes integran, a su juicio, la ’mafia médica’?

A diferentes escalas y con distintas implicaciones, por supuesto, la industria farmacéutica, las autoridades políticas, los grandes laboratorios, los hospitales, las compañías aseguradoras, las Agencias del Medicamento, los colegios de médicos, los propios médicos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) -el Ministerio de Sanidad de la ONU- y, por supuesto, el gobierno mundial en la sombra del dinero.

-Tenemos entendido que para usted la Organización Mundial de la Salud es ’la mafia de las mafias

Así es. Esa organización está completamente controlada por el dinero. La OMS es la organización que establece, en nombre de la salud, la ’política de enfermedad’ en todos los países. Todo el mundo tiene que obedecer ciegamente las directrices de la OMS. No hay escapatoria. De hecho, desde 1977, con la Declaración de Alma Ata, nadie puede escapar de su control.

-¿En qué consiste esa declaración?

Se trata de una declaración que da a la OMS los medios para establecer los criterios y normas internacionales de práctica médica. Se desposeyó así a los países de su soberanía en materia de salud para transferirla a un gobierno mundial no elegido cuyo ’ministerio de salud’ es la OMS. Desde entonces ’derecho a la salud’ significa ’derecho a la medicación’. Así es como se han impuesto las vacunas y los medicamentos a toda la población del globo.

-Una labor que no se cuestiona

Claro, porque, ¿quién va a osar dudar de las buenas intenciones de la Organización Mundial de la Salud? Sin embargo, hay que preguntarse quién controla a su vez esa organización a través de la ONU: el poder económico.

-¿Cree que ni siquiera las organizaciones humanitarias escapan a ese control?

Por supuesto que no. Las organizaciones humanitarias también dependen de la ONU, es decir, del dinero de las subvenciones. Y, por tanto, sus actividades están igualmente controladas. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras creen que sirven altruistamente a la gente pero en realidad sirven al dinero.

-Una mafia sumamente poderosa

Omnipotente, diría yo. Ha eliminado toda competencia. Hoy día a los investigadores se les ’orienta’. Los disidentes son encarcelados, maniatados y reducidos al silencio. A los médicos ’alternativos’ se les tilda de locos, se les retira la licencia o se les encarcela también. Los productos alternativos rentables han caído igualmente en manos de las multinacionales gracias a las normativas de la OMS y a las patentes de la Organización Mundial del Comercio. Las autoridades y sus medios de comunicación social se ocupan de alimentar entre la población el miedo a la enfermedad, a la vejez y a la muerte. De hecho, la obsesión por vivir más o, simplemente, por sobrevivir ha hecho prosperar incluso el tráfico internacional de órganos, sangre y embriones humanos. Y en muchas clínicas de fertilización en realidad se ’fabrican’ multitud de embriones que luego se almacenan para ser utilizados en cosmética, en tratamientos rejuvenecedores, etc. Eso sin contar con que se irradian los alimentos, se modifican los genes, el agua está contaminada, el aire envenenado.. . Es más, los niños reciben absurdamente hasta 35 vacunas antes de ir a la escuela. Y así, cada miembro de la familia tiene ya su pastillita: el padre, la Viagra; la madre, el Prozac; el niño, el Ritalin. Y todo esto, ¿para qué? Porque el resultado es conocido: los costes sanitarios suben y suben pero la gente sigue enfermando y muriendo igual.

Las autoridades mienten

-Lo que usted explica del sistema sanitario imperante es una realidad que cada vez más gente empieza a conocer pero nos han sorprendido algunas de sus afirmaciones respecto a lo que define como ’las tres grandes mentiras de las autoridades políticas y sanitarias’

Pues lo reitero: las autoridades mienten cuando dicen que las vacunas nos protegen, mienten cuando dicen que el sida es contagioso y mienten cuando dicen que el cáncer es un misterio.

-Bien, hablemos de ello aunque ya le adelanto que en la revista no compartimos algunos de sus puntos de vista. Si le parece, podemos empezar hablando de las vacunas. A nuestro juicio, afirmar que ninguna vacuna es útil no se sostiene. Otra cosa, que sí compartimos, es que algunas son ineficaces y otras inútiles; a veces, hasta peligrosas

Pues yo mantengo todas mis afirmaciones. La única inmunidad auténtica es la natural y ésa la desarrolla el 90% de la población antes de los 15 años. Es más, las vacunas artificiales cortocircuitan por completo el desarrollo de las primeras defensas del organismo. Y que las vacunas tienen riesgos es algo muy evidente; a pesar de lo cual se oculta. Por ejemplo, una vacuna puede provocar la misma enfermedad para la que se pone. ¿Por qué no se advierte? También se oculta que la persona vacunada puede transmitir la enfermedad aunque no esté enferma. Asimismo, no se dice que la vacuna puede sensibilizar a la persona frente a la enfermedad. Aunque lo más grave es que se oculte la inutilidad constatada de ciertas vacunas.

-¿A cuáles se refiere?

A las de enfermedades como la tuberculosis y el tétanos, vacunas que no confieren ninguna inmunidad; la rubéola, de la que el 90% de las mujeres están protegidas de modo natural; la difteria, que durante las mayores epidemias sólo alcanzaba al 7% de los niños a pesar de lo cual hoy se vacuna a todos; la gripe y la hepatitis B, cuyos virus se hacen rápidamente resistentes a los anticuerpos de las vacunas.

-¿Y hasta qué punto pueden ser también peligrosas?

Las innumerables complicaciones que causan las vacunas -desde trastornos menores hasta la muerte- están suficientemente documentadas; por ejemplo, la muerte súbita del lactante. Por eso hay ya numerosas protestas de especialistas en la materia y son miles las demandas judiciales que se han interpuesto contra los fabricantes. Por otra parte, cuando se examinan las consecuencias de los programas de vacunaciones masivas se extraen conclusiones esclarecedoras.

-Le agradecería que mencionara algunas

Mire, en primer lugar las vacunas son caras y le suponen a los estados un gasto de miles de millones de euros al año. Por tanto, el único beneficio evidente y seguro de las vacunas… es el que obtiene la industria. Además, la vacunación estimula el sistema inmune pero, repetida la vacunación, el sistema se agota. Por tanto, la vacuna repetida puede hacer, por ejemplo, estallar el ’sida silencioso’ y garantizar un ’mercado de la enfermedad’ perpetuamente floreciente. Más datos: la vacunación incita a la dependencia médica y refuerza la creencia de que nuestro sistema inmune es ineficaz. Aunque lo más horrible es que la vacunación facilita los genocidios selectivos pues permite liquidar a personas de cierta raza, de cierto grupo, de cierta región… Sirve como experimentació n para probar nuevos productos sobre un amplio muestrario de la población y es un arma biológica potentísima al servicio de la guerra biológica porque permite intervenir en el patrimonio genético hereditario de quien se quiera.

-Bueno, es evidente que hay muchas cosas de las que se puede hacer un buen o mal uso pero eso depende de la voluntad e intención de quien las utiliza. Bien, hablemos si le parece de la segunda ’gran mentira’ de las autoridades: usted afirma que el Sida no es contagioso. Y perdone, pero así como el resto de sus afirmaciones en este ámbito nos han parecido razonadas y razonables, no hemos visto que argumente esa afirmación

Yo afirmo que la teoría de que el único causante del sida es el VIH o Virus de la Inmunodeficiencia Adquirida es falsa. Ésa es la gran mentira. La verdad es que tener el VIH no implica necesariamente desarrollar sida. Porque el sida no es sino una etiqueta que se ’coloca’ a un estado de salud al que dan lugar numerosas patologías cuando el sistema inmune está bajo. Y niego que tener sida equivalga a muerte segura. Pero, claro, esa verdad no interesa. Las autoridades nos imponen a la fuerza la idea de que el Sida es una enfermedad causada por un solo virus a pesar de que el propio Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, co-descubridor oficial del VIH en 1983, reconoció ya en 1990 que el VIH no es suficiente por sí solo para causar el sida. Otra evidencia es el hecho de que hay numerosos casos de sida sin virus VIH y numerosos casos de virus VIH sin sida (seropositivos) . Por otro lado, aún no se ha conseguido demostrar que el virus VIH cause el SIDA, lo cual es una regla científica elemental para establecer una relación causa-efecto entre dos factores. Lo que sí se sabe, sin embargo, es que el VIH es un retrovirus inofensivo que sólo se activa cuando el sistema inmune está debilitado.

-Por cierto, usted afirma en su libro que el VIH fue creado artificialmente en un laboratorio

Sí. Investigaciones de eminentes médicos indican que el VIH fue creado mientras se hacían ensayos de vacunación contra la hepatitis B en grupos de homosexuales. Y todo indica que el continente africano fue contaminado del mismo modo durante campañas de vacunación contra la viruela. Claro que otros investigadores van más lejos aún y afirman que el virus del sida fue cultivado como arma biológica y después deliberadamente propagado mediante la vacunación de grupos de población que se querían exterminar.

-También observamos que ataca duramente la utilización del AZT para tratar el SIDA

Ya en el Congreso sobre SIDA celebrado en Copenhague en mayo de 1992 los ’supervivientes del sida’ afirmaron que la solución entonces propuesta por la medicina científica para combatir el VIH, el AZT, era absolutamente ineficaz. Hoy eso está fuera de toda duda. Pues bien, yo afirmo que se puede sobrevivir al sida… pero no al AZT. Este medicamento es más mortal que el sida. El simple sentido común permite entender que no es con fármacos inmunodepresores como se refuerza el sistema inmunitario. Mire, el sida se ha convertido en otro gran negocio. Por tanto, se promociona ampliamente combatirlo porque ello da mucho dinero a la industria farmacéutica. Es así de simple.

-Hablemos de la ’tercera gran mentira’ de las autoridades: la de que el cáncer es un misterio

El llamado cáncer, es decir, la masiva proliferación anómala de células, es algo tan habitual que todos lo padecemos varias veces a lo largo de nuestra vida. Sólo que cuando eso sucede el sistema inmunitario actúa y destruye las células cancerígenas. El problema surge cuando nuestro sistema inmunitario está débil y no puede eliminarlas. Entonces el conjunto de células cancerosas acaba creciendo y formando un tumor.

-Y es en ese momento cuando se entra en el engranaje del ’sistema de enfermedad’

Así es. Porque cuando se descubre un tumor se le ofrece de inmediato al paciente, con el pretexto de ayudarle, que elija entre estas tres posibilidades o ’formas de tortura’: amputarle (cirugía), quemarle (radioterapia) o envenenarle (quimioterapia) . Ocultándosele que hay remedios alternativos eficaces, inocuos y baratos. Y después de cuatro décadas de ’lucha intensiva’ contra el cáncer, ¿cuál es la situación en los propios países industrializados? Que la tasa de mortalidad por cáncer ha aumentado. Ese simple hecho pone en evidencia el fracaso de su prevención y de su tratamiento. Se han despilfarrado miles de millones de euros y tanto el número de enfermos como de muertos sigue creciendo. Hoy sabemos a quién beneficia esta situación. Como sabemos quién la ha creado y quién la sostiene. En el caso de la guerra todos sabemos que ésta beneficia sobre todo a los fabricantes y traficantes de armas. Bueno, pues en medicina quienes se benefician son los fabricantes y traficantes del ’armamento contra el cáncer’; es decir, quienes están detrás de la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía y toda la industria hospitalaria.

La mafia, una necesidad evolutiva

-Sin embargo, a pesar de todo, usted mantiene que la mafia médica es una necesidad evolutiva de la humanidad. ¿Qué quiere decir con esa afirmación?

Verá, piense en un pez cómodamente instalado en su pecera. Mientras tiene agua y comida, todo está bien pero si le empieza a faltar el alimento y el nivel del agua desciende peligrosamente el pez decidirá saltar fuera de la pecera buscando una forma de salvarse. Bueno, pues yo entiendo que la mafia médica nos puede empujar a dar ese salto individualmente. Eso sí, habrá mucha gente que preferirá morir a saltar.

-Pero para dar ese salto es preciso un nivel de conciencia determinado

Sí. Y yo creo que se está elevando mucho y muy rápidamente. La información que antes se ocultaba ahora es pública: que la medicina mata personas, que los medicamentos nos envenenan, etc. Además, el médico alemán Ryke Geerd Hamer ha demostrado que todas las enfermedades son psicosomáticas y las medicinas no agresivas ganan popularidad. La mafia médica se desplomará como un castillo de naipes cuando un 5% de la población pierda su confianza en ella. Basta que ese porcentaje de la población mundial sea consciente y conectado con su propia divinidad. Entonces decidirá escapar de la esclavitud a la que le tiene sometida la mafia y el sistema actual se derrumbará. Tan sencillo como eso.

-¿Y en qué punto cree que estamos?

Pues no sabría cuantificarlo pero pienso que probablemente en menos de 5 años todo el mundo se dará cuenta ya de que cuando va al médico va a un especialista de la enfermedad y no a un especialista de la salud. Dejar a un lado la llamada ’medicina científica’ y la seguridad que propone para ir a un terapeuta es ya un paso importante. También lo es perder el respeto y la obediencia ciega al médico. El gran paso es decir no a la autoridad exterior y decir sí a nuestra autoridad interior.

-¿Y qué es lo que nos impide romper con la autoridad exterior?

El miedo. Tenemos miedo a no acudir al médico. Pero es el miedo, por sí mismo, quien nos puede enfermar y matar. Nos morimos de miedo. Se nos olvida que la naturaleza humana es divina, es decir, concebida para comportarnos como dioses. ¿Y desde cuándo los dioses tienen miedo? Cada vez que nos comportamos de manera diferente a la de un dios nos ponemos enfermos. Esa es la realidad.

-¿Y qué cree que pueden hacer los medios de comunicación para contribuir a la elevación de la conciencia en esta materia?

Informar sin intentar convencer. Decir lo que sabéis y dejar a la gente hacer lo que quiera con la información. Porque intentar convencerles sería imponer otra verdad y de nuevo estaríamos en otra guerra. Se necesita sólo dar referencias. Basta decir las cosas. Luego, la gente las escuchará si resuenan en ellos. Y si su miedo es mayor que su amor por sí mismos dirán: ’Eso es imposible’. En cambio, si tienen abierto el corazón, escucharán y se cuestionarán sus convicciones. Es entonces, en ese momento, cuando quieran más, cuando se les puede dar más información.

Laura Jimeno Muñoz

Publicado en revista Discovery Salud N°47 www.dsalud.com/numero47_4.htm

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Actores de la mafia médica

Para Ghislaine Lanctôt, los actores de La mafia médica son los siguientes:

-El paciente. Es el explotado por excelencia. Cuanto más enfermo esté mayores beneficios para la industria farmacéutica. En consecuencia, hay que mantenerlo enfermo y medicado.

-El médico. Es el vendedor inconsciente de los productos de la industria así como su instrumento de promoción. Las autoridades le forman de tal manera que estará al servicio de sus fines al pie de la letra, sin cuestionar jamás la sacrosanta verdad que se le inculca como doctrina. Según los casos, también se le puede sobornar con privilegios económicos, jerárquicos o ambos. En cuanto al terapeuta, simplemente es declarado ilegal y se le elimina, o bien se le integra y se le controla.

-Los hospitales, clínicas, laboratorios y farmacias. Son los distribuidores del fabricante, sus cómplices. Para eso se les paga bien. La recompensa por su buena disposición suele ser de orden crematístico.

-La industria. Es el explotador. El Padrino del sistema sanitario, el Gran Dictador y beneficiario de la enfermedad. Su inmenso poder oculto hace que se le sometan todos los niveles de “autoridades”, ya sean del gobierno, médicas o mediáticas. Después de todo, es la industria la que concede el acceso al poder y la notoriedad. Lo que se pide, en contrapartida, es que nadie muerda la mano que le da de comer. Su lema es “Cuantos más pacientes enfermos, con mayor frecuencia y durante más tiempo, más rentabilidad”. Todo vale para conseguirlo.

-Las autoridades. Son el usurpador. Han creado las instituciones y las leyes para apropiarse y desposeer al paciente de sus legítimos derechos sobre su salud. Para no despertar sospechas las autoridades se ocultan tras un biombo: el Gobierno. Las instituciones y los seguros se sitúan bajo su control directo o indirecto. Lo elegimos y financiamos nosotros pero nos traiciona vendiéndonos a la industria. En realidad, el gobierno y sus organismos (“las autoridades”) son generalmente asalariados de la industria.

-La mafia de las mafias. El poder establecido no es sólo nacional. Por encima del sistema sanitario de cada país hay un sistema sanitario mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dicta la política sanitaria global a seguir por todos los gobiernos del planeta.

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Los formateadores

“No podrán controlarte por completo, porque no pueden estar dentro tuyo”, decía animada Julia a Winston, en medio del totalitarismo de 1984. Más de veinte años después del imaginado por Orwell, poco margen parece haber quedado para esa ínfima pero amenazante “libertad interior”. El viejo escenario en el que unos pocos vigilan el comportamiento de muchos ha dejado de ser funcional a un mundo en el que, alentadas por el espectáculo del consumo, las sociedades aprenden a internalizar los mecanismos de control.

Por revista La Brumaria

Como un canto de sirenas, el poder pone en circulación un discurso que promete la desaparición de la escasez e incita a entrar en el simulacro de una fiesta capitalista en la que tanto trabajadores como patrones serían anfitriones. Para asegurar la efectividad de esta falacia, existe además un ejército de administradores de la conciencia que se encarga de implantarla en la subjetividad de cada asalariado. Son los encargados de procesar conflictos, aguar tensiones, diluir reclamos. Guardianes del dominio, los Formateadores operan sobre el más mínimo vestigio de resistencia, buscando convertir a cada individuo en cifra, contraseña, dato almacenable.

”Los tipos se desquitan”

Con una enorme sonrisa y a paso apresurado, Hernán Salas entra al kiosco-bar de San Juan y Paso, donde lo esperábamos. No nos conoce pero se lo ve confiado. Seguramente Salas piensa (sigue pensando) que efectivamente vemos las cosas del mismo modo.”Déjenme tomar una Coca antes de empezar porque estoy muerto”, dice en un tono que revela cansancio. Y no es para menos: viene de jugar un partido de fútbol bastante agotador. “¿Ven acá?”, dice señalando unos moretones y lastimaduras. “Es que estamos jugando el campeonato que organizamos en la empresa”, explica. ”Los obreros siempre nos cagan a patadas. Los tipos se desquitan”.

Entre coca y coca, Hernán admite que su tarea no es sencilla. Para él, que trabaja en el departamento de Recursos Humanos de la empresa CONUAR (Combustibles Nucleares Argentinos SA), “es difícil romper la barreras rígidas que están metidas en la sociedad. Es difícil sacarle al empleado la idea de que la empresa lo quiere cagar. Para eso estamos nosotros, para quebrar la estrechez mental que te hace pensar que siempre alguien te quiere joder, que te quieren usar para su propio beneficio. El empleado tiene que entender que la empresa es un equipo y que tiramos todos para el mismo lado”.

”Hay que venderles nuestra filosofía”

“La tarea de Recursos Humanos implica romper con todos los estatutos”, dijo con la solvencia de quién parece estar convencido de cada palabra. Y agregó: “Hay que romper con el panóptico del que hablaba Foucault”. Nuestro asombro era máximo. Entre todos los comentarios esperables no cabía lugar para una respuesta de ese tipo (mucho menos viniendo de ese tipo). “¿Leen Foucault?”, nos lanzamos como quién se arroja sediento a un pozo con agua. “Si, claro”, contesta entusiasmado. “Sirve mucho para pensar como romper con el viejo sistema de control”, dice entre sorbos de Coca. “Con el panóptico el empleado siente que lo están mirando aunque no lo estén mirando, se siente vigilado. Entonces el tipo trabaja mal, porque está presionado, siente que su trabajo es algo que no le gusta y que tiene que hacer por obligación”, dice con tono de especialista. “¿Y cómo quiebran con ese panóptico?”, preguntamos como si nuestro interlocutor fuese un idealista de la liberación humana. “Cuando el empleado deja de creer que hay alguien que lo vigila y empieza a pensar que lo que hace es para su propio beneficio, no para el de otro. Así se trabaja mejor, se produce mejor”.

Había capturado la hilacha del asunto: la vieja empresa en la que el jefe implicaba un mecanismo de control externo, comienza a ser reemplazada por una en la que, armados de conocimiento sobre el funcionamiento social, un grupo de expertos se encarga de hacer que la vigilancia esté incorporada en la mente de cada empleado. “Cuando hay un compromiso con la empresa, la gente pierde la noción de que está trabajando una hora más de la que dice el contrato, porque ya no trabaja por obligación, sino que lo hace porque piensa que es para su propio beneficio”, dice Hernán sonriente. Sus palabras revelaban el verdadero objetivo de su tarea: lograr una mayor producción con la menor cantidad de conflictos posibles.

El trabajo de “adecuar” personas.

”La psicología sirve para pensar cómo hacer que el empleado actúe como yo quiero”. Hernán Salas

“El nuestro es todo un trabajo psicológico”, dice Hernán. Tiene apenas 25 años, pero sabe perfectamente que si el conflicto entre trabajadores y patrones no fuera real, su tarea cotidiana no sería la de llevar adelante una verdadera labor de manipulación, o lo que en lenguaje gerencial se denomina marketing dentro de la empresa: fiestas de fin de año, torneos de fútbol o cualquier otra simulación de unión que permita suavizar asperezas al interior de la empresa. “Es para estimular al personal”, explica, “en ese momento el empleado deja de pensar en la distancia que lo separa del gerente”. Lo dice con la certeza de un matemático, pero sus lesiones futbolísticas muestran que ninguna técnica es tan efectiva. “Adentro de la fábrica todo funciona como en la teoría, pero en la cancha se nota que los tipos siguen pensando que sos un garca”, se sincera.

Sus ojos se encienden a medida que avanza el relato, y detrás de las anécdotas, asoma una sonrisa sospechosa. Algo en su mirada revela placer. “Los tipos nunca se olvidan de que sos de Recursos Humanos”, dice con una mueca de yuppie.

El lapsus no dura mucho y rápidamente retoma el eje de su discurso. “Es toda una mentalidad muy estrecha la que hay que quebrar, y no es fácil”, dice ocultando el desliz. “Pero existen técnicas que ayudan a romper con esos límites”. Se trata de la puesta en marcha de lo que él llama procesos de motivación, que implican la exploración de mecanismos que impulsen al trabajador a “moverse” hacia un objetivo. “Lo que se busca es que fluyan psicológicamente del propio trabajador las ganas de decir: me gusta este empleo y voy a seguir para adelante, voy a seguir trabajando porque me gusta”.

El formateo comienza desde el mismo proceso de selección, buscando ahorrarle a la empresa cualquier “dolor de cabeza”. “Las herramientas psicológicas ayudan a ver qué valores tiene la persona. Si esos valores se adecuan a los de la empresa, a vos te conviene”, dice con un gesto de complicidad. Sus palabras revelan la fórmula: el empleado que ingresa a la fábrica es aquel que sobrevivió ileso al “detector de resistencias” al que fue conectado durante el proceso de selección. Varios años después de Darwin, los formateadores confirman la supervivencia del más apto de la forma más paradójica: aquel que sobrevive es el que menos resiste, el que carece de defensas, el más “adecuado”, en suma, a la lógica de la acumulación.

La empresa protectora

Al igual que el señor feudal ofrecía seguridad a sus siervos, la nueva empresa se presenta como tutora, amparadora, benevolente. Lo que pide a cambio es nada menos que lo que demanda un padre a su hijo: fidelidad y entrega absoluta. “Si al empleado lo escuchás, le das beneficios y le vendés la idea de que va a poder escalar, te va a producir mucho más, porque va a pensar que cuanto más trabaja más prospera”, dice Hernán. Hace un tiempo atrás su empresa puso en marcha una política de paternidad destinada a lograr este objetivo: se organizó un concurso llamado “comentá tus ideas”, que buscaba que el empleado hiciera sugerencias para el mejor funcionamiento de la compañía. “Las ideas que aportaron le hicieron ganar a la empresa cerca de dos millones de pesos”, comenta entusiasmado. “Entonces a fin de año el empleado que aportó la mejor idea se va a llevar un premio de hasta diez mil pesos”, explica. El saldo para la empresa es más que beneficioso, ya que logra ligar emocionalmente al personal con la organización. “¿Querés estudiar inglés? Te hacemos estudiar inglés, la empresa se hace cargo. ¿Querés comprarte una casa? La hipoteca de tu casa te la pagamos nosotros”. El discurso patronal se vuelve así paternal, y como un chico ansioso por devolver una imagen deseable a los ojos de la autoridad, el empleado se esmerará ahora por saldar su deuda trabajando más y mejor.

Perros de Pavlov

”Hay infinidad de formas para hacer que el empleado se ponga la camiseta de la empresa” Lalo Huber

¿Por qué será que los perros empiezan a salivar cuando tienen en frente la comida? ¿Por qué será que los trabajadores producen más cuando se les ofrece un premio? Para los formateadores, una de las herramientas de motivación por excelencia es el otorgamiento de beneficios. “No se trata de que los empleados trabajen sólo porque se les paga, sino de que lo hagan fundamentalmente por un compromiso con la organización”, explica Lalo Huber, profesor de la facultad de Ciencias Económicas de la UBA, la UCA y El Salvador, y director de una importante empresa de informática. Para este experto formateador, el primer paso a seguir en el proceso de motivación es la creación de una lista de comportamientos que se pretende que el personal adopte (iniciativa, creatividad, puntualidad, etc). El paso siguiente consiste en premiar esos comportamientos. “Si yo quiero puntualidad, tengo que premiar a los puntuales, aunque más no sea un simple comentario halagatorio, o la posibilidad de acceso a una capacitación”, explica. Los jugosos premios ofrecidos por la empresa pueden ser desde seguros médicos privados, medios de transporte o planes de pensiones, hasta reconocimientos públicos de valor simbólico: un mail del jefe, una felicitación verbal frente al resto de los empleados o los famosos cuadritos del empleado del mes.

Como ratitas de laboratorio, los trabajadores son sometidos a un proceso de estímulo- respuesta, premios y castigos. El resultado es una mayor productividad, un quiebre de lazos de solidaridad entre los propios trabajadores (inducido a partir de un ambiente en el que todos quieren ser “el favorito”) y un plus adicional para el empresario, quién detrás del reality show de los premios, se evita el pago de cargas sociales (jubilación, vacaciones, cobertura médica, etc).

”Me están parando la planta”

Los grandes procesos de sindicalización de la clase trabajadora, sobre cuyos escombros se monta la nueva organización productiva, no parecen haber transcurrido en vano. Las empresas aprendieron una lección: el trabajo no debe ser visto por el empleado como lo que es, una actividad obligatoria que se realiza para obtener un salario con el cual satisfacer necesidades, sino que debe ser percibido como una forma de autorrealización, de alcanzar objetivos e ideales, de sentirse, en suma, feliz. Este simulacro implica no sólo una estrategia hacia una mayor productividad, sino también un antídoto contra la amenaza siempre latente de la organización gremial de los trabajadores. Si la tarea fuese sencilla, el departamento de Recursos Humanos no se habría convertido en un brazo fundamental de la nueva estructuración laboral.

“En una empresa de producción tenés que cuidar el capital humano, porque es fuerza de trabajo que viene con ciertas complicaciones, como los gremios, los sindicatos”, dice Hernán. Una de las mayores dificultades que recuerda haber vivido en la empresa fue cuando uno de sus colegas olvidó poner el ítem “cuenta de futuros aumentos” en el sueldo de los empleados, lo que significaba una quita de doscientos pesos al salario básico. A mitad de mañana todos los jefes de producción estaban parando la planta. “Tuvimos que salir de Recursos Humanos a la planta, ir al de los gremios y decir: muchachos, fue una equivocación humana, no les vamos a sacar del sueldo los doscientos pesos”. La aclaración consiguió volver a poner en marcha la producción, pero no logró salvar el puesto de quien cometió el error.

“¿Y si me toca a mi?”

Luego de esta anécdota, Hernán decidió profundizar el relato. Pero esta vez el tono de la conversación sufrió un cambio notable. Pasó a hablar como un pibe de 25 años preocupado por su propia estabilidad laboral. Así, las explicaciones sobre cómo cuidar el capital humano mutaron hacia la historia del “chico que se equivocó y lo rajaron”. “Diego hacía mucho que trabajaba en la empresa, pero estuvo solo un año en Recursos Humanos. No tenía experiencia, entonces lo mandaron a hacer cursos de liquidación, lo capacitaron. Pero al tipo le costaba, se mandaba muchas cagadas”, explica. “Fue ahí cuando entré yo, como pasante. Y ahora yo ocupo su puesto”. Su tono era pausado y lánguido, como quién da extrañas vueltas para no transmitir una noticia dolorosa. Se produjo una pausa. “Yo no hice nada para que lo rajaran, ¿está bien? Tengo la conciencia tranquila”, expresó entre risas. Sus gestos, sin embargo, parecían hablar otro idioma. “¿Ven?”, dijo volviendo a mirarnos a los ojos. “Así funciona la psicología en la empresa. Me pusieron a trabajar al lado de Diego para que él sintiera la presión”. Hablaba como un maestro a su discípulo, pero cada palabra parecía pesarle una tonelada, y la rueda de la conversación fue extinguiéndose hasta quedar flotando en el aire un silencio molesto. “¿Y si ahora me ponen a mí un pasante?”, dijo con un hilo de voz y tomó rápidamente lo poco que quedaba de Coca.

Extraído del sumplemento Precario de la revista La Brumaria Nº2

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Entrevista con Roberto Rosler: ‘tenemos un cerebro del paleolítico’

Convencido de que la complejidad de lo humano no podía explicarse sólo por la interacción de neuronas y moléculas, el neurocirujano Roberto Rosler encontró respuestas en la neurobiología de la afectividad, un área de estudio relativamente nueva, que analiza los circuitos del sistema nervioso para explicar emociones como la agresividad, la tristeza y el miedo. “Las neurociencias de la afectividad muestran que Freud tenía razón y que el inconsciente de verdad existe”, afirma.

Por Mori Ponsowy
La Nación
18-05-2008

Roberto Rosler trabajó muchos años como neurocirujano “duro” antes de interesarse por el novedoso campo de las relaciones entre el sistema nervioso y los afectos. En esa primera etapa de su carrera introdujo innovaciones en procedimientos quirúrgicos que lo llevaron a recibir reconocimientos como el Premio Neurocirugía (otorgado por la Sociedad Argentina de Neurociencias), el Premio Raúl Carrea (de la Asociación Argentina de Neurocirugía), el Premio Julio Monereo en Oncología Pediátrica y el Premio otorgado por la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

Sin embargo, con el paso de los años, Rosler empezó a preguntarse si todos los males de sus pacientes podían explicarse a partir de la interacción entre neuronas y moléculas. “La neurofisiología que se enseña en la Facultad de Medicina es ortodoxa, sigue la separación entre el alma y el cuerpo iniciada por Descartes”, afirma Rosler. “Como los afectos no se pueden medir, muchas veces los médicos desatendemos ese campo.

A veces un paciente dice que se siente mal, pero si todos sus análisis de laboratorio arrojan resultados normales, nosotros le decimos que está bien.”
Sospechando que quizá había una manera de tender un puente entre lo que Descartes había separado, Rosler inició sus primeras lecturas en torno a la neurobiología de la afectividad, un área de estudio relativamente nueva, que “analiza los circuitos del sistema nervioso que ayudan a explicar emociones como la agresividad, la tristeza y el miedo”.

Empezó entonces a considerar muchos padecimientos desde una nueva óptica. “Vivimos en la modernidad, pero nuestro cerebro sigue siendo del paleolítico”, afirma. “Algunos síntomas que consideramos patológicos, en realidad no son más que reacciones sanas.”

Actualmente, Roberto Rosler trabaja como neurocirujano en el Hospital Británico y como docente en la Facultad de Medicina de la UBA y en la Maestría en Neuropsicología del Hospital Italiano. Su doble interés, por la fisiología del sistema nervioso y por la neurobiología afectiva, se ve reflejado en su producción escrita más reciente: por el lado más árido de la fisiología, es autor del libro Del síntoma al diagnóstico neurológico para estudiantes de medicina y, por el lado más “humanístico” de la psicología, es autor de trabajos como Un viaje neurobiológico al interior del lenguaje , Tratamiento neuroquirúrgico de la neurosis obsesivo compulsiva , y Bases neurobiológicas del psicoanálisis .

-¿Las neurociencias están reñidas con el psicoanálisis?
-No, de ninguna manera. Las neurociencias de la afectividad muestran que Freud tenía razón y que el inconsciente de verdad existe.

-¿A qué se refiere cuando afirma que el inconsciente existe? ¿Han encontrado el lugar donde se aloja en el cerebro?
-Topografiar el inconsciente es complicado, pero existen trabajos que demuestran su existencia. Hay una enfermedad que se llama negligencia, en la cual el paciente tiene una parálisis de un lado del cuerpo, pero aun así niega que está paralizado. Lo mismo ocurre con ciertos casos de ceguera en los que el paciente niega rotundamente su condición. Conscientemente, ambos pacientes creen que lo que dicen es verdad, pero en trabajos realizados por equipos multidisciplinarios se ha demostrado que el inconsciente de estos pacientes conoce su verdadera condición. Hay otro trabajo en el que a un paciente ciego se le muestran distintas caras, unas sonrientes y otras tristes. Es asombroso, pero ellos saben con exactitud cuándo se trata de una u otra. Además de nuestra visión consciente, tenemos una visión inconsciente, en paralelo, que también procesa información.

-Como si el nervio óptico llegara hasta el inconsciente…
-El nervio óptico tiene una terminal en la corteza moderna del cerebro, que es la parte consciente, pero tiene otra terminal en el complejo amigdalino, que es la corteza reptiliana, la que nos queda de una etapa evolutiva anterior. Esa vía procesa, sobre todo, gestos emocionales. Cuando una persona no nos cae bien, y no sabemos por qué, muchas veces lo que sucede es que hemos percibido algo de un modo no consciente.

-Todo esto parece decir que la psicología y la neurología tienen un área de estudio en común.

-Siempre ha habido el temor de que las neurociencias se abalanzaran sobre la psicología, pero para poder avanzar en el conocimiento se necesita que neurocientíficos, psicólogos y filósofos trabajen juntos.

-¿Las neurociencias de la afectividad pueden explicar todos los aspectos de nuestras emociones?
-No. Nuestros afectos son un cóctel, una mezcla de lo biológico con factores psicológicos, históricos y sociales. Uno viene con un programa genético, con un perfil afectivo que marca ciertas tendencias, pero ese programa está abierto a los estímulos que recibimos. La neurobiología de la afectividad muestra que muchas emociones que a veces consideramos patológicas, en el fondo, son normales. Sucede con el miedo y la tristeza. Hoy en día, a muchas personas que dicen que están tristes las diagnostican como deprimidas y les dan antidepresivos. En esta sociedad estar triste es estar enfermo, pero en la mayoría de los casos es normal ponerse triste. Está realmente enfermo quien nunca se pone triste.

-¿Y el miedo?
-Tener miedo es normal. Pasa como con la tristeza: si tenemos el circuito del miedo en nuestro sistema nervioso es porque a lo largo de milenios, al protegernos de daños corporales, eso aumentó nuestra posibilidad de supervivencia. Sorprendentemente, en el DSM-IV, el catálogo comúnmente aceptado de todas las enfermedades psiquiátricas, se describen muchas enfermedades entre cuyos síntomas está el miedo, ¡pero no se habla de ninguna enfermedad por no tener miedo! El miedo a las alturas, por ejemplo, y hasta el estrés, en realidad son mecanismos sanos de supervivencia.

-¿Está diciendo que el estrés es síntoma de buena salud?
-Los medios dicen que el estrés nos está matando y los libros de fisiología dicen que el estrés aumenta la supervivencia del hombre. Ambos tienen razón. Nuestro cerebro está brillantemente adaptado al paleolítico, una época en la que no había contadores, índices de inflación, políticos, ni suegras. El estrés era provocado por algún felino que nos quería devorar. Al cabo de unos minutos, el felino nos comía o nos subíamos a un árbol, y todo terminaba. Vivimos de esa manera durante un millón trescientos noventa y tres mil años. Hace sólo siete mil años que nos transformamos en sedentarios, pero fue sólo después de la II Guerra Mundial cuando nuestras sociedades se trastornaron a una velocidad nunca observada.

-¿Podría dar ejemplos de esas respuestas sanas que hoy se convierten en patológicas?
-Hoy se diagnostica a muchos chicos con síndrome de atención disminuida, pero ¿acaso es normal que un niño de cinco años tenga que quedarse ocho horas sentado prestando atención a la maestra? Neurobiológicamente, nuestro sistema nervioso central termina de madurar recién a los doce o trece años. Otras enfermedades, como el colon irritable, muchas veces ocurren porque vivimos constantemente estresados. En la década del 70, la mayoría de los infartados tenía más de 60 años; ahora no es raro ver a infartados de 30.

-¿Qué otras características de las sociedades contemporáneas representan un reto para ese cerebro paleolítico?
-La rapidez de los cambios. La incertidumbre constante. Antes uno empezaba a trabajar en un lugar y sabía que se jubilaría ahí. Ahora nunca se sabe dónde va a terminar. Hay un trabajo que se hizo con una chimpancé embarazada que a mí me parece que refleja el modelo del argentino. La chimpancé no sabía cuándo iba a comer, un día comía a mediodía, otro en cuanto se despertaba, otro recién a la caída del sol. La incertidumbre generaba un inmenso nivel de estrés. Pero no sólo eso: la cría de esa madre tuvo por el resto de su vida una respuesta al estrés diez veces superior a la de otras crías. Eso demuestra que el estrés impacta también en nuestra descendencia. La buena noticia es que también se demostró que la respuesta al estrés podía disminuir si la cría era cuidada por una madre tranquila, protectora y cariñosa.

-¿Qué tienen para decir las neurociencias acerca de la diferencia entre mujeres y hombres?

-La neurociencia de la afectividad es un argumento poderosísimo contra el machismo. El cerebro femenino es mucho más inteligente que el masculino y tiene muchas ventajas desde el punto de vista cognitivo. Las mujeres pueden procesar el lenguaje con ambos hemisferios cerebrales. Además, tienen conexiones más fuertes entre ambos hemisferios lo cual hace que el paso de la información de uno a otro sea más rápido y eficaz. Por otra parte, la mujer siempre ha tenido funciones más importantes que el hombre en la reproducción y en el aporte alimentario. Muchos científicos se preguntan por qué prosperó la reproducción sexuada, si en el fondo representamos un doble costo para ustedes.

-Si lo que dice es cierto, ¿por qué por lo general son los hombres los que detentan el poder?
-Porque somos más fuertes muscularmente, no porque seamos más inteligentes. Y por miedo. Uno siempre tiene miedo a quien es más inteligente. En el sistema nervioso, el circuito de miedo potencia el de la agresividad, y el de la agresividad potencia el del miedo. Siempre le digo a mis residentes que si se encuentran con una persona inexplicablemente agresiva con ellos es señal de que esa persona les tiene miedo. Si los hombres no tuviéramos miedo de las mujeres no tendríamos que ser machistas y les daríamos igualdad de oportunidades.

-¿Todas estas cosas que aprendió cambiaron en algo su manera de estar en el mundo?
-Sí. Especialmente con respecto a la Argentina. Hay que comprender que cuando una persona está en un estado de pobreza grande, cuando desde la infancia no ha tenido ninguna educación, cuando ha sido abusada y maltratada, la agresividad es una respuesta ineludible. La represión y la cárcel no son la solución. Estoy convencido de que lo único que se puede hacer para disminuir la agresividad es disminuir la pobreza y aumentar la educación.

-¿Hacia dónde cree que va la especie?
-Soy muy pesimista. Hay dos grandes tipos de organismos vivos: los especialistas y los generalistas. La cucaracha y el ratón son generalistas, porque pueden vivir en cualquier parte y bajo un abanico inmenso de condiciones. Nosotros, en cambio, somos especialistas. Eso significa que si hay un cambio brutal en el medio ambiente, lo más probable es que no sobrevivamos. El problema es que con nuestra cultura nos hicimos generalistas: podemos volar, hacer submarinismo, vivir en los polos y en los desiertos. Todo eso ha hecho que nos creamos invencibles. Confiamos tanto en nuestra cultura que creemos que somos generalistas, pero si nuestro medio ambiente cambia nos va a pasar como a los dinosaurios.

fuente http://www.lanacion.com.ar/1013181-roberto-roslertenemos-un-cerebro-del-paleolitico

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