El Anti-Edipo: Una introducción a la vida no fascista

Durante los años 1945-1965 (pienso en Europa), había una determinada manera correcta de pensar, un cierto estilo de discurso político, una cierta ética para intelectuales. Había que tutearse con Marx, no dejar que los sueños vagabundeasen demasiado lejos de Freud, y tratar a los sistemas de signos -el significante-  con  el mayor respeto. Esas eran las tres condiciones que convertían en aceptable esta singular ocupación que consiste en escribir y enunciar una parte de verdad acerca de sí mismo y de su época.

Después vinieron cinco años breves, apasionados, cinco años de júbilo y de enigma. A las puertas de nuestro mundo, Vietnam, evidentemente, y el primer gran golpe asestado a los poderes constituidos. Pero aquí, dentro de nuestras murallas, ¿qué estaba ocurriendo, exactamente? ¿Una amalgama de política revolucionaria anti-represiva? ¿Una guerra librada en dos frentes, el de la explotación social y la represión psíquica? ¿Una escalada de la libido, modulada por el conflicto de clases? Es posible. De todos modos, es a partir de esta interpretación familiar y dualista que se ha pretendido explicar los acontecimientos de esos años. El sueño que, entre la Primera Guerra Mundial y el advenimiento del fascismo, mantuvo bajo su encanto a las fracciones más utópicas de Europa -la Alemania de Wilhelm Reich y la Francia de los surrealistas- había regresado para arrebolar a la mismísima realidad: Marx y Freud iluminados por una sola incandescencia.

Pero, ¿fue realmente esto lo que ocurrió? ¿Fue realmente una recuperación del proyecto utópico de los años treinta, esta vez a la escala de la práctica histórica? ¿O bien, por el contrario, hubo un movimiento hacia luchas políticas que ya no se adecuaban al modelo prescrito por la tradición marxista? ¿Hacia una  experiencia y una tecnología del deseo que habían dejado de ser freudianas? Es cierto que los viejos estandartes fueron enarbolados una vez más, pero el combate se desplazó y ganó nuevas zonas.

El Anti-Edipo muestra en primer lugar, la extensión del terreno cubierto. Pero es mucho más que eso. No derrocha su caudal en denigrar viejos ídolos, si bien es cierto que se divierte mucho con Freud. Y, sobre todo, nos incita a ir más lejos.

Sería un error leer El Anti-Edipo como la nueva referencia teórica, es decir, esa famosa teoría que tan a menudo nos ha sido anunciada: la que todo lo englobará, esa absolutamente totalizadora y tranquilizante; esa, se nos asegura, “que tanto necesitamos” en esta época de dispersión y de especialización, de donde “la esperanza” ha desaparecido. No hay que buscar una “filosofía” en esta extraordinaria profusión de nociones nuevas de conceptos-sorpresas. El Anti-Edipo no es un Hegel relumbroso.

Yo creo que la mejor manera de leer El Anti-Edipo, consiste en abordarlo como un “arte”, en el sentido en que se habla de “arte erótico”, por ejemplo. Apoyándose en las nociones, en apariencia abstractas, de multiplicidades, flujos, dispositivos y ramificaciones, el análisis de la relación del deseo con la realidad y con la “máquina” capitalista aporta respuestas a preguntas concretas. Preguntas que se preocupan menos del por qué de las cosas que de su cómo. ¿Cómo se introduce el deseo en el pensamiento, en el discurso, en la acción? ¿De qué manera el deseo puede y debe desplegar sus fuerzas en la esfera de lo político e intensificarse en el proceso de derrumbamiento del orden establecido?

Ars erotica, ars theoretica, ars politica.

De allí los tres adversarios a los cuales El Anti-Edipo se halla confrontado: Tres adversarios que no poseen la misma fuerza, que representan grados diversos de amenaza, y que el libro combate con diferentes medios.

1. Los ascetas políticos, los militantes morosos, los terroristas de la teoría, aquellos que quisieran preservar el orden puro de la política y del discurso político. Los burócratas de la revolución y los funcionarios de la Verdad.

2. Los lamentables técnicos del deseo -los psicoanalistas y semiólogos- que registran cada signo y cada síntoma y que desearán reducir la organización múltiple del deseo a la ley binaria de la estructura y de la carencia.

3. Por último, el enemigo mayor, el adversario estratégico (ya que la oposición de El Anti-Edipo con sus otros enemigos constituye más bien un combate táctico): el fascismo. Y no solamente el fascismo histórico de Hitler y de Mussolini -que tan bien supo movilizar y utilizar el deseo de las masas- sino también el fascismo que existe en todos nosotros, que habita en nuestros espíritus y está presente en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace amar el poder,  desear esa cosa misma que nos domina y nos explota.

Yo diría que El Anti-Edipo (ojalá que sus autores me perdonen) es un libro de ética, el primer libro de ética escrito en Francia desde hace mucho tiempo (y de ahí, tal vez, la razón por la cual su éxito que no limita un “lectorado” en particular: ser anti-Edipo se ha convertido en un estilo de vida, en un modo de pensar y de vivir).

¿Cómo hacer para no convertirse en fascista incluso cuando (sobre todo cuando)  se cree ser un militante revolucionario? ¿Cómo hacer desaparecer de nuestro discurso y de nuestros actos, de nuestros corazones y placeres, ese mismo? ¿Cómo arrancar ese fascismo incrustado en nuestro comportamiento? Los moralistas cristianos buscaban las trazas de la carne que se habían introducido en los repliegues del alma. Deleuze y Guattari, en cambio, acechan las más ínfimas partículas del fascismo en el cuerpo.

Rindiendo un modesto homenaje a San Francisco de Sales (1) podría decirse que El Anti-Edipo es una introducción a la vida no fascista.

Este arte de vivir contrario a todas las formas de fascismo, ya estén instaladas o próximas de serlo, van acompañadas de un cierto número de principios esenciales, que yo resumiría como sigue si tuviera que convertir este gran libro en un manual o una guía de la vida cotidiana:

– Libera la acción política de toda forma de paranoia unitaria y totalizadora.

– Incrementa la acción, el pensamiento y los deseos mediante proliferación, yuxtaposición y disyunción, antes que por subdivisión y jerarquización piramidal.

– Libérate de las viejas categorías de lo Negativo (la ley, el límite, la castración, la carencia, la laguna) que el pensamiento occidental ha sacralizado durante tanto tiempo como forma de poder y modo de acceso a la realidad. Prefiere aquello que es positivo y múltiple, la diferencia a la uniformidad, los flujos a las unidades, las disposiciones móviles a los sistemas. Considerá que lo que es productivo no es sedentario sino móvil.

– No imagines que haya que ser triste para ser militante, incluso si lo que se combate es abominable. Es el vínculo del deseo a la realidad (y no su fuga en las formas de la representación) el que posee una fuerza revolucionaria.

-No utilices el pensamiento para dar a una práctica política el valor de Verdad; ni la acción política para desacreditar un pensamiento, como si no fuera más que pura especulación. Utiliza la práctica política como un intensificador del pensamiento, y el análisis como un multiplicador de las formas y de los dominios de intervención de la acción política.

– No exijas a la política que restablezca los “derechos” del individuo tal cual han sido definidos por el filosofo. El individuo es el producto del poder. Lo que hay que hacer es “desindividualizar” por la multiplicación y el desplazamiento,  por la suma de combinaciones diferentes. El grupo no debe ser el vínculo orgánico que une a individuos jerarquizados, sino un constante generador de “desindividualización”.

– No te enamores del poder.

– Podría incluso decirse que Deleuze y Guattari aman tan poco el poder que trataron de neutralizar los efectos del poder vinculados a su propio discurso. De ahí los juegos y las trampas que encontramos un poco en todo el libro, y que convierten su traducción en un auténtico tour de force. pero no se trata de las trampas familiares de la retórica, aquellas que tratan de seducir al lector sin que este sea consciente de la manipulación, y que terminan por ganarlo para la causa de los autores, contra su voluntad. Las acechanzas de El Anti-Edipo son las del humor: otras tantas invitaciones a dejarse expulsar, a despedirse del texto dando un portazo. El libro hace a menudo pensar que no se trata de otra cosa que de un humor y de juego, allí donde, sin embargo, ocurre algo esencial, algo tremendamente serio: el acoso de todas las formas del fascismo, desde aquellas, colosales, que nos rodean y nos aplastan, hasta las formas más pequeñas que instauran la amarga tiranía de nuestras vidas cotidianas.

Michel Foucault *

notas:
* Este texto de Michel Foucault sirvió de prefacio a la edición estadounidense del Capitalismo y esquizofrenia, el Anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Formará parte de Dits et écrits, antología de textos de Michel Foucault, que aparecerá en 1989 en Gallimard, (tomado de “Magazine Littéraire”). Publicado en español en Cuadernos de Marcha, Montevideo.
(1) Hombre de Iglesia del S. XVII, que fue obispo de Ginebra. Es conocido por su Introducción a la vida devota.

http://www.psicologiagrupal.cl/documentos/articulos/antiedipo.html

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La propaganda subversiva y los “ismos”

¿Cómo hacer? En esta sociedad habemos personas que estamos, por decirlo de alguna manera, “disconformes” con la misma. Queremos destruir las relaciones sociales de explotación y de dominación y reemplazarlas por otras relaciones sociales, donde la libertad del individuo sea condición para la libertad de la sociedad. Queremos la sociedad sin clases ni Estado, queremos la autogestión de nuestras vidas.

La agitación y la propaganda de nuestras ideas sobre cómo llevar adelante la lucha por la sociedad que queremos y de cómo relacionarla con la lucha por nuestra supervivencia física a la que nos vemos obligad@s, es algo que podemos hacer para contribuir a cambiar el estado de cosas actual. Si nosotr@s queremos una sociedad donde cada persona sea libre, y sabemos que es falso que una persona pueda liberar a otra, que las personas deben autoliberarse, entonces nuestro objetivo inmediato es dirigir nuestra actividad en pos de nuestra autoliberación individual y, consecuentemente con esto, contribuir a la autoliberación de l@s demás.

La cuestión es cómo. Si lo hacemos con criterio cuantitativo o con criterio cualitativo. Con un criterio ideológico o con un criterio práctico.

El primer criterio empieza con la delineación/adopción de un “ismo” de la liberación y enfoca nuestra actividad en sumar adherentes, sumar “istas”. Aquí la autoliberación propia ni siquiera se contempla, o sólo se hace de forma ideológica (con adherir a un programa/organización/ideología revolucionaria y a una especie de “moral revolucionaria”, ya estaría).

El segundo criterio es enfocarnos en dirigir nuestra acción y nuestro pensamiento en función de nuestra autoliberación. Como individuos, como agrupaciones, y como clase oprimida. Esto requiere que nuestra actividad esté siempre ligada a objetivos prácticos concretos, no a ideologías o al “objetivo final”.

Yo opino que el segundo criterio es el correcto. Porque enfocar nuestra propaganda en llamar a l@s oprimid@s a que se sumen un “ismo” con una propia historia y tradición de lucha prefabricada es un gran error. Es caer en patrones repetidos de acción y pensamiento que no dan pie a la iniciativa propia, a la autonomía, y a la creatividad. Porque por más que el discurso de un “ismo” particular incorpore el culto a la autonomía y a la espontaneidad, en última instancia conspira contra ellas, por su misma naturaleza de “ismo”, de pensamiento petrificado y acción predecible.

La libertad, la autonomía, y los “ismos” Todo es ilusión, excepto la libertad.

Si queremos contribuir a la creación de una comunidad humana libre, ésta debe ser formada por hombres y mujeres libres. La libertad es sólo una palabra sin la autonomía individual y colectiva. La autonomía es mucho más que garantizar formalmente el carácter horizontal y federalista de la asociación. La autonomía no es posible sin individuos totales, sin una autoformación integral de los individuos en todos sus aspectos (físico, intelectual, espiritual, afectivo, etc.).

El objetivo de nuestra propaganda (que debe ser un momento de nuestra actividad vital y no algo externo a ella) debe ser contribuir a la autonomía real de las personas, no a la suma de adherentes a algún “ismo” de la libertad o de la autonomía. Pues ninguna ideología de la libertad supera a la libertad misma. De hecho, la ideología de la libertad es enemiga de la libertad real. Lo mismo vale para la autonomía.

Contribuir a la libertad real de las personas, a su autonomía, requiere de una actitud radicalmente distinta a la que nos acostumbran los “ismos”. Los “ismos” nos acostumbran a que nuestra acción parta de un sistema de ideas autosuficiente que tiene su propia lógica, independiente de la realidad en que vivimos. Nuestra acción, entonces, se reduce a ejecutar ese pensamiento, a llevar la ideología a la práctica.

Esto genera una relación alienada entre nuestra actividad y nuestros objetivos. Porque la medida de la coherencia de nuestra actividad no pasa a ser la comparación entre nuestros objetivos y los resultados de nuestra actividad, sino la comparación entre éstos últimos y lo que dice la ideología. En los “ismos”, nuestra práctica se subordina a la ideología. La ideología puede venirnos ya formada o ser una creación propia, no importa. Es ideología y significa la alienación entre nuestra acción y nuestro pensamiento.

Acción y pensamiento

“Es esto lo que normalmente no se os dice, es esto lo que no está escrito en los periódicos, es esto lo que no está escrito en los libros, es esto lo que la escuela calla celosamente porque esto es el secreto de la vida: no separar definitivamente el pensamiento de la acción, las cosas que se saben, las cosas que se comprenden, de las cosas que se hacen, de las cosas a través de las cuales actuamos.” Bonanno – La tensión anarquista
Lo necesario para contribuir a la libertad real de las personas es partir desde otro punto de vista, relacionar de manera distinta nuestro pensamiento con nuestras acciones. Cuando nuestra práctica se subordina a un “ismo”, se pierde la relación entre nuestra actividad mental y física y nuestras necesidades y deseos reales, y también la relación entre acción y pensamiento.

Si mantenemos nuestra actividad relacionada con nuestros objetivos y no con un “ismo”, entonces mantendremos una relación correcta entre nuestro pensamiento y nuestra acción. Las ideas que surgen de la reflexión de la práctica (tanto la propia como la práctica histórica ) no deben servir para establecer verdades absolutas que nos guíen incondicionalmente al “objetivo final”, sino verdades relativas que nos sirvan para nuestra actividad cotidiana, y que deben ser verificadas continuamente.

No necesitamos adherir a ningún “ismo” para entender las cosas como son. El Estado es la organización de la violencia de la clase dominante para mantener el status quo; los políticos son mercenarios de las grandes corporaciones económicas; el papel de las religiones es legitimar la autoridad en todas sus formas; el papel de los medios de comunicación es desinformar, construir un pensamiento único llamado “opinión pública” y difundir paranoia; las guerras sólo sirven para que unos pocos se enriquezcan con la sangre de miles; la policía es un cuerpo de mercenarios al servicio de los patrones; el sindicalismo es la manera que tiene el sistema de asegurar que las luchas obreras queden dentro del trabajo asalariado; el patrioterismo sólo sirve a los intereses de la burguesía; los partidos políticos obreros tienen el papel de llevar las luchas obreras al parlamentarismo para que algunos dirigentes tengan alguna banca o, en el caso de los partidos antiparlamentarios, para que un partido en representación de los trabajadores tome el poder del Estado e instaure el socialismo como lo entienden ellos, desde un centro y de arriba a abajo.

La ideología no hace más que oscurecer estas cuestiones prácticas, porque cada “ismo” se dedica a mantener una posición histórica en competencia con otros “ismos”, cuando lo que nos debería interesar no es la victoria ideológica de un “ismo” sobre otro, sino la victoria de l@s oprimid@s sobre el Estado-Capital.

¿Qué significa esto? ¿Tirar a la mierda todo lo escrito sobre el tema en nombre de una especie de pragmatismo “practicista”? No, significa ejercer de una vez por todas el pensamiento crítico, y esto sólo puede hacerse cuando nuestra actividad está relacionada a un objetivo verdaderamente revolucionario, no a un “ismo”. Porque si nos subordinamos a un “ismo”, seremos menos crítico con él que con los demás, ya que subordinaremos toda nuestra actividad (incluyendo nuestra crítica) a la victoria del “ismo” por el cual hemos tomado partido. Nos convertiremos en guardianes de ese “ismo”, en conservadores de esa tradición específica. Y todas las organizaciones que formemos alrededor de ese “ismo” serán, aunque le pongamos otros nombres, partidos políticos.
En concreto: concebirnos antes que nada como partidari@s del anarquismo, tiende a alejarnos de la anarquía. Tendemos a hacer de la lucha por la anarquía algo privado a quienes decidan encuadrarse en el anarquismo. Nuestra práctica no debe ser dirigida a sumar personas al anarquismo, sino a que cada vez más personas vivan y luchen por la anarquía.

Nuestra actividad y nuestros objetivos

Si subordinamos cada una de nuestras actividades al “objetivo último” de la sociedad sin clases ni Estado caemos en otra trampa. Porque la sociedad sin clases ni Estado sólo existe como necesidad y posibilidad teórica, no como realidad. Subordinar nuestra actividad a una utopía tiene el mismo efecto que subordinarla a una ideología. Las utopías pueden servir como inspiración, como motivación, pero nada más.

Subordinar nuestra actividad a algo que por ahora sólo existe como proyecto a muy largo plazo, no nos sirve. Lo convierte en una “causa”, y subordinar nuestra vida a una “causa” fuera de ella es la peor de las alienaciones. Nuestro pensamiento y acción deben estar conectados con objetivos que sean coherentes con las relaciones sociales en las que queremos vivir y que al mismo tiempo se encuentren a nuestro alcance.

Muchas veces se dice que la anarquía debe ser nuestro fin y al mismo tiempo nuestro medio. ¡Hagámoslo concreto!

En primer lugar, se necesita reconocer que cada un@ de nosotr@s es una persona oprimida, y que dentro nuestro habita el sistema. Aún quienes somos conscientes de las actuales relaciones sociales y queremos cambiarlas por otras radicalmente distintas, hemos sido educad@s por este sistema, hemos crecido inmers@s en sus relaciones sociales. No somos libres. Y a menos que hagamos conscientemente un esfuerzo por superarnos, reproduciremos las relaciones sociales del sistema en nuestra vida cotidiana.

Nuestra autoliberación como individuos jamás será completa mientras l@s demás sigan actuando como am@s y/o como esclav@s, pero nadie puede iniciarla más que nosotr@s mism@s. Ningún individuo puede delegar su liberación en otro, porque la libertad no es una cosa que se pueda dar o quitar, es una relación con un@ mismo y con el mundo. Ligar nuestro pensamiento y nuestra acción en pos de nuestra autoliberación, es lo primero que debemos hacer. La revolución empieza dentro de cada un@. La persona que quiere cambiar todo menos a sí misma, es reformista y autoritaria, porque inevitablemente dirigirá su actividad a hacer que l@s demás sean como el/ella, en vez de que l@s demás sean ell@s mism@s.

Nuestra auformación integral, a nivel afectivo, espiritual, física e intelectual, es una labor que nos tomará todas nuestras vidas. En nuestra autoformación intelectual, lo primero es liberar a nuestro pensamiento de todo “ismo”, de toda ideología. El pensamiento ideológico, incluso el que se autotitula revolucionario, es la forma de pensamiento característica de la sociedad de clases, porque la relación alienada entre pensamiento y acción es un reflejo de la división social y técnica del trabajo manual e intelectual, de la separación entre productores y medios de producción, de la separación entre el poder político y la comunidad. Si no salimos de esta forma de pensar, la cantidad de libros y textos que leamos sólo nos traerá erudición e intelectualismo. Si creemos que el antídoto al intelectualismo es no formarnos intelectualmente, caeremos en la estupidez . Si no liberamos a nuestra individualidad de los roles, nuestra autoformación intelectual sólo contribuirá a reforzar el rol en que nos hemos encasillado. Salir del rol es el primer paso para que nuestra agitación y propaganda salga de la lógica del club, de la reproducción de roles.

Propaganda militante vs. Propaganda subversiva

El rol del “militante revolucionario” es una forma de actividad perteneciente a esta sociedad y que sólo puede servir para recuperar la verdadera actividad revolucionaria y como “anticuerpo” para el sistema. El rol del “militante revolucionario” no sólo no lucha contra la alienación, sino que incorpora toda una carga extra de la misma: el culto al martirio y al autosacrificio en pos de una “causa” ajena al individuo. Desde la lógica del “militante revolucionario”, la revolución estará más cerca a medida que l@s partidari@s de su “causa” vayan en aumento. Entonces, su propaganda estará orientada no a que cada individuo tome las riendas de su vida, sino a que l@s demás compartan el peso de su “causa”. El único mensaje que podrá dar la propaganda militante es instar a que l@s demás – mediante la culpa, mediante el “¡hay que hacer algo ya!” – se conviertan en “militantes revolucionarios” y se unan al club del martirio y del autosacrificio .

Pero nuestra autoconstitución en individuos genuinos y totales, o sea: ser nosotr@s mism@s, diferenciar nuestras necesidades y deseos reales de las necesidades y deseos que nos crea el sistema, requiere liberar nuestra individualidad de todos los roles. Y esto no sólo es una tarea a realizar en pos de la revolución social y la anarquía, es también la única manera de realizarnos como personas, de alcanzar una vida plena. ¿O para qué mierda hacemos todo esto? ¿Para qué queremos la libertad si no es para poder realizarnos plenamente? No podemos dejar nuestra realización como individuos para “después de la revolución”, nuestra lucha aquí y ahora por realizarnos como individuos libres y como comunidad de individuos libres es la revolución.

Sólo evitando caer en los roles nos daremos cuenta que lo que vale para nosotr@s mism@s debe valer para l@s demás. No podemos establecer una separación fija y abstracta entre “l@s revolucionari@s” y “las masas” sin caer en el vanguardismo, el paternalismo y otras actitudes autoritarias. En principio, debemos hablar para tod@s l@s oprimid@s. La distinción – concreta en tiempo y espacio – entre las personas que queremos destruir este orden social y aquellas que a lo sumo quieren reformarlo es necesaria para la evaluación de los objetivos logrables a corto o mediano plazo. Pero si caemos en actitudes de club y el mensaje de nuestro lenguaje, de nuestra actitud, de nuestra actividad, es “uníte a nuestro club”, no contribuímos realmente a la autoliberación de las personas.

Si reconocemos en la autoformación integral de los individuos el camino a la superación de las actuales relaciones sociales, nuestra propaganda debe estar orientada a ese objetivo. Nuestra contribución a la autoliberación de l@s demás debe ser un momento de nuestro propio proceso de autoliberación individual, no algo ajeno y separado de él.

El análisis concreto de las relaciones sociales en las que estamos inmers@s y propuestas prácticas de cómo combatirlas. Esto, en resumen, es lo que debería ocupar nuestra reflexión y nuestra propaganda, que es la difusión de nuestra reflexión para que sea evaluada colectivamente.

Yo tengo un objetivo que es liberar mi pensamiento tanto de la ideología dominante como de las que se autotitulan “revolucionarias” (que son candidatas a ideologías dominantes). Quiero contribuir con mi reflexión tanto a mi propia autoliberación como la de l@s demás. Elaborar este texto me ha servido para clarificar mis pensamientos actuales sobre el tema y la difusión del mismo puede servirle a otr@s. Sé que la difusión de este texto será reducida, por eso lo he dedicado a quienes en este momento luchamos conscientemente por la destrucción de este orden social y queremos una sociedad donde cada individuo sea libre para realizarse plenamente. El objetivo de este texto era tratar el tema de la propaganda subversiva y relacionarlo con la lógica activista que todavía domina a gran parte de l@s oprimid@s que queremos emanciparnos.

Ricardo Fuego
8.5.2006

Fuente:  http://cai.xtreemhost.com

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Con el tiempo

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende que el amor no significa acostarse.

Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender… Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes… y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual. Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido. Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo..

Jorge Luis Borges

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La tecnofobia, de Gutemberg a Internet

Algunas impresiciones sobre nuestra realidad virtual

En toda época existió la encarnadura del mal.
Aquello que nos hace “perder humanidad”, o por lo menos “la cabeza”.
Y no me refiero a las tentaciones de la carne ni a la poca disponibilidad interna de muchos sujetos para recibir la salvación. No.
Me refiero, sí, a aquellos fenómenos que “sirven” para ver afuera de los individuos razones muy potentes que explican desvíos de lo “correcto”, alienación y adicciones diversas.
Puntualmente voy a hablar de las tecnologías. De lo que hoy se llaman las nuevas tecnologías en el campo de la comunicación.
A lo largo del siglo XX aparecieron diversos inventos tecnológicos que modificaron radicalmente el mapa cotidiano de la gente: la radio, el cine, la televisión, la computadora y, recién sacada del horno, Internet.
Obviamente que no son tecnologías salidas de la nada y sin historia. Son producto del largo desarrollo de la experiencia cotidiana, de la ciencia y la técnica, que reconoce innumerables hitos de los cuales la creación de la imprenta y el teléfono son solo dos de los más impactantes y relativamente cercanos en el tiempo.

¿Encarnadura del mal la imprenta?…

La pregunta viene bien para empezar por que hoy en día el libro, principal producto de aquella tecnología, es un objeto de culto en nuestra sociedad, así como los diarios y revistas en general.
¿Pero que pasó cuando Gutemberg dio a luz las primeras copias de la Biblia desencadenando uno de los fenómenos de multiplicación mas impresionantes después del de los panes y los peces?
Se alzaron las voces cultas de la sociedad de entonces, los monjes cuidadores del saber y de los libros manuscritos, alegando que la imprenta, la reproducción de los libros, iba a llevar a la humanidad a la perdición.

No estaba la gente preparada para leer, alegaban, para leer lo que le cayera en las manos sin el filtro de los custodios del saber.
En “El nombre de la rosa”, el excelente texto de Umberto Eco, el “Libro de la Risa”, supuesto tercer tomo de la Poética Aristotélica, era guardado por el Venerable Jorge para que nadie tomase contacto con un texto que negaba las sagradas escrituras, que era portador de otra moral y otra filosofía. Así también en la trama de esa novela, los monjes copistas eran asesinados uno a uno por la curiosidad de lectura del libro prohibido. La imprenta vino patear el tablero de la exclusividad del saber y de su almacenamiento.
Hoy sabemos que fue un arma imprescindible en la lucha por la democratización de la sociedad y empuñado por las clases y grupos progresistas y revolucionarias de cada época.

¿Que se dijo del libro en el momento de su nacimiento?
Que era un arma del diablo que enfermaba las mentes de las personas, que les cambiaba hasta el color de piel y ensombrecía el semblante -piénsese que se leía a la luz de velas, muchas veces a escondidas-. Además era un objeto que venia a destruir la comunión de la gente que hasta ayer nomás formaba rondas para escuchar las narraciones orales y hoy se aislaba para establecer contacto con un objeto: el libro.
¿Les suena ésto?
El sujeto y un objeto…¡horror!. Un evidente ataque al vinculo de las personas perpetrado por un aparato que apareció hace quinientos años y todo indica que tiene para largo aun: la imprenta. Y su producto preferido: el libro.
De ahí en más cada nueva tecnología en el campo de las comunicaciones fue recibida no solo con impacto y expectativas. Siempre era, para ciertos círculos ligados al saber, un elemento de engaño para las masas, un peligro que ellos debían detener o al menos denunciar ya que la gente “compraba” acriticamente.

¿Recuerdan las infinitas polémicas acerca de la televisión?
La caja boba, la inductora de violencia para las criaturas, la estupidizadora, la fragmentadora, la manipuladora, etc, etc.
Cada tanto reaparece, aunque sin la fuerza de otrora, en algún articulo de nuestros periódicos, en algún debate… televisivo o en los congresos de los científicos sociales y psicólogos, puestos a custodiar el Libro de la Risa de Aristóteles u Olmedo.
Y aparecieron los “apocalípticos y los integrados”, los fanáticos de los medios en sí y los críticos a izquierda y derecha.
En nuestros ámbitos Psi, es casi el “tiro al pichón”: la TV empobrece los vínculos, aliena al sujeto, inyecta violencia y sadomasoquismo…
“Yo no veo televisión” era casi un guiño en la década del ’70 de un buen número de intelectuales y de gente de ideas.
Y claro, ¿como compartir los gustos con la masa, no?. Algo debía de andar mal ahí, claro.
La TV fue un blanco exquisito del ataque de la inteligencia durante más de treinta años hasta que apareció (sonido de clarines, por favor) la computadora.

Otra vez el mal encontraba una manera de seguir robando la mente y la voluntad de los niños inocentes e incautos, otro ataque a los vínculos, nuevamente el sujeto, solo, con un objeto.
“¿Que va a pasar con esos chicos que pasan horas jugando solos con los videogames?”. “Ya no necesitan de un otro, se vuelven autistas”, se desesperan los profesionales del diván.
Y los pibes, y no tan pibes, siguen frente a las pantallas como si nada.
Para colmo, como si la computadora y los jueguitos fueran poco, aparece Internet, (¿red de redes o rey de reyes?) y ahora si, grandes, chicos, hombres y mujeres, todos solos con la computadora, soñando que se comunican con el mundo mientras venden, sin saberlo quizás, el alma.
Como con el libro podríamos decir, que su piel se palidiza, su semblante se oscurece y pierde horas de sueño y vinculo tecleando solos frente a una pantalla luminosa.

¿El fin de la familia? ¿El fin de la comunicación cara a cara? ¿El fin del amor?
Como a mi no me gustan los apocalipsis pero si las “provocaciones”, mas que contestar estas frenéticas preguntas que hoy se hacen muchos, les dejo una primera hipótesis:
En la esfera de lo humano nada es más real que lo virtual.

Nuestra realidad virtual

“En la esfera de lo humano, nada es mas real que lo virtual”.
Bueno, no todos los días uno tiene el privilegio de citarse a si mismo.
El problema es sostener los dichos, ser racional, convencer o dar argumentos verosímiles.
Y estas cuatro operaciones que acabo de enumerar, no son mas que pura virtualidad.
“Te quiero”, afirman los enamorados. Y uno que los ve a cierta distancia -sentados, como describía Roberto Arlt en un Aguafuerte Porteña, en un banco de plaza haciéndose mimos aunque diluvie- puede tener la maldita costumbre de preguntarse: “¿Será verdad? ¿Estarán viviendo una ilusión? ¿Terminaran casándose para despertar una mañana, después de 17 años, sin reconocer al ser que tienen al lado?”.
Bueno. Tanto el cinismo de éstas preguntas, como el enamoramiento de aquellos jóvenes, tal vez no sean otra cosa que pura virtualidad.
Son tan virtuales como el lenguaje, las convenciones sociales o el pulgar extendido hacia arriba.
Enredados en estas cuestiones virtuales vivimos. Eso si, nos pasamos buena parte del tiempo discutiendo con los demás acerca de quien tiene la verdad, quien ‘ve’ o ‘interpreta’ la realidad tal cual es.

A nuestros amigos con problemas les pedimos ‘que sean objetivos’.
A los adolescentes, que crecen a razón de dos centímetros por minuto, ‘que no se confundan’. Y a los abuelos, que reclaman un poco mas de atención, les devolvemos cosas del tenor de ‘ubicate, tenes que entender como son las cosas’.
¿Y como son las cosas?
Son, amigos y amigas, virtuales.

Claro, a todos nos gusta hablar de la Realidad, así, con mayúscula. Ser ‘realista’ es una virtud en nuestros días, en contraposición al soñador, al que no posa sus pies sobre la tierra, al que vive en un mundo, digámoslo así, virtual.
Pero lo que los sujetos humanos llamamos realidad, es la realidad de nuestras percepciones, el ‘mapa’ que vamos construyendo del mundo, no el mundo en sí. Alguien dijo alguna vez “el mapa no es el territorio”, lo que en nuestro caso seria como decir: lo que pensamos de la realidad no es la realidad. Es nuestra construcción, nuestra representación mental del mundo, que puede coincidir o no con la ‘realidad’ que ven y viven los demás. Así que en éste texto, estimados lectores, equiparamos la realidad subjetiva con la realidad virtual.
No fueron internet ni las computadoras las que introdujeron la virtualidad en nuestras vidas. Tal vez, sí, son responsables de haber puesto de moda el termino, como también despertar la recurrente polémica acerca de las ventajas y desventajas de la tecnología, de la reubicación de todo el mapa vincular que estos cambios traen aparejados, de polarizar a la opinión publica entre apocalípticos e integrados.
‘Opinión pública’… si ese concepto no es un himno a la virtualidad, será por lo menos su bandera.

¿Vínculos virtuales?

Volvamos.
En el comienzo de este trabajo me preguntaba qué sucederá con los vínculos humanos en la era informática y con la masificación de la internet.
Sintetizaba en esa preocupación varias decenas de notas aparecidas en diarios y revistas, donde diversos especialistas alertan sobre los riesgos de una sobredosis tecnológica o de una adicción a la pantalla y a sus tentaciones en red.
¿Y que sucede?

Sucede que muchos utilizan estas tecnologías para trabajar, otro tanto para entretenerse, algunos estudian y aquellos otros buscan distracción.
Muchos chicos y chicas toman contacto por medio de los chat (conversaciones en vivo con participantes de cualquier rincón del planeta…o de acá a la vuelta) así como otros se especializan en la búsqueda de material erótico, educativo o comercial.
Miles y miles se suscriben a ‘listas de discusión’, foros abiertos donde se debate o intercambia información sobre un tema mas o menos especifico, encontrando no pocas veces gente afín o tercos enemigos, estableciéndose lazos que muchas veces pasan de la computadora al encuentro en un café, del café al cine, del cine al parque, etc, etc, etc.

Conforman de esta manera verdaderas comunidades virtuales, ‘cibergrupos’ donde circulan afectos, tareas y vínculos diversos.
Pero el ‘corazón’ del enganche con la red tiene que ver con el uso del correo electrónico. Aquel que se estaba olvidando de escribir, o que siempre fue fiaca para las esquelas, en poco tiempo se convierte en escritor, sino nobel, por lo menos ampliamente leído. Escribir y contestar mensajes que a diario pueblan las casillas de correo (e-mail) es una nueva gimnasia que mantiene aceitadas las articulaciones de la mano y del cerebro.
A la niña bonita de la internet, sin embargo, se la identifica con las letras WWW. De alguna manera es el aspecto de mayor crecimiento que tiene la red y revolucionario como soporte de todo tipo de información. En la Web (otra manera de denominarlo) uno encuentra desde diarios y revistas ‘on-line’ hasta sitios de universidades, instituciones, empresas comerciales y paginas personales. Desde Coca-cola hasta su vecino, desde la Universidad de Buenos Aires hasta el club Colón de Santa Fe pueden, y de hecho tienen, posibilidad de ‘colocar’ su pagina en la red.
Hoy por hoy son cerca de 90 millones las paginas que están disponibles para el visitante o navegador de todos los ítems que uno pueda imaginar. Con el atractivo de que su manejo es hipertextual (posibilidad de lectura seleccionando un enlace -o link- de acuerdo al propio interés), multimediatico (combinación de texto, imágenes, animaciones y sonido) y con la posibilidad de recorrerlo ‘off-line’ , guardarlo en la propia computadora o imprimirlo.

Pero ¿qué es la internet?

Los que quieran ver en la Internet una continuación y síntesis de los tradicionales medios de comunicación están en lo cierto. Los que hablan que es una biblioteca universal, también. Quienes vislumbran que es la base de datos mas grande al alcance de cualquiera que tenga conexión, no se equivocan. Los que se entusiasman con la creación de redes al margen del poder político y la creación de verdaderas comunidades de intereses, pueden comprobarlo a diario. Y los que suponen que es algo así como un Aleph donde van converger todas las informaciones, datos, sonidos, gráficos, videos, etc. no están lejos de la verdad.
De ahí la fascinación que este nuevo medio de comunicación-herramienta despierta.
Pero volviendo a aquella pregunta de que pasara con los vínculos humanos mediados en buena medida por estas tecnologías, yo respondo -y me respondo-: no sé.

¿Esperaban otra respuesta? Algunas cosas cambiaran, muchas otras sugerirán como hasta ahora.
Me preocupa mas que sucederá con los vínculos con la creciente tendencia a la perdida del trabajo y la desocupación, con la brecha cada vez mas honda entre los que mas tienen y los excluidos del sistema, con la indiferencia de los gobiernos hacia la salud y la educación de la gente.
Internet y sus alcances son del reino de este mundo, como la guerra y la paz.
La pesadilla -ya no la virtualidad- es política, no tecnológica.

Román Mazzilli

fuente www.campogrupal.com/tecnofobia.html

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