Resumen: La salud es un producto social, y para mantenerla y mejorarla, es imprescindible la aproximación intersectorial, “la salud en todas las políticas”. Las intervenciones sanitarias se suelen valorar en exceso, quizá por su espectacularidad, y efectividad, que a veces las hace casi milagrosas; por ejemplo, el uso razonable de medicamentos que ayudan en la agonía, y a morir sin dolor. Pero, en general, la salud depende más de la sociedad, que, de los médicos, y conviene saber que más medicina no equivale a más salud, por lo que hay que mantener alejados a los médicos, especialmente en el campo de la prevención. En su “afán preventivo,” los médicos pueden llegar a causar mucho daño al promover una “tiranía de la salud” sin ciencia, ni ética, sin límites. Por ejemplo, con las definiciones de preenfermedades, tipo preosteoporosis, o prediabetes, o preobesidad, que transforman a sanos, en enfermos, con la ilusión de evitar males mayores. Prevenir no es siempre mejor que curar, y sobre todo conviene ser conscientes de que las actividades preventivas también tienen efectos adversos.
Por Juan Gérvas* y Mercedes Pérez-Fernández**
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