El dinero *

Si las sensaciones, pasiones, etc., del hombre son no sólo determinaciones antropológicas en sentido estricto, sino verdaderamente afirmaciones ontológicas del ser (naturaleza) y si sólo se afirman realmente por el hecho de que su objeto es sensible para ellas, entonces es claro:

1) Que el modo de su afirmación no es en absoluto uno. y el mismo, sino que, más bien, el diverso modo de la afirmación constituye la peculiaridad de su existencia, de su vida; el modo en que el objeto es para ellas el modo peculiar de su goce. 2) Allí en donde la afirmación sensible es supresión directa del objeto en su forma independiente (comer, beber, elaborar el objeto, etc.), es ésta la afirmación del objeto. 3) En cuanto el hombre es humano, en cuanto es humana su sensación, etc., la afirmación del objeto por otro es igualmente su propio goce. 4) Sólo mediante la industria desarrollada, esto es, por la mediación de la propiedad privada, se constituye la esencia ontológica de la pasión humana, tanto en su totalidad como en su humanidad; la misma ciencia del hombre es, pues, un producto de la autoafirmación práctica del hombre. 5) El sentido de la propiedad privada -desembarazada de su enajenación- es la existencia de los objetos esenciales para el hombre, tanto como objeto de goce cuanto como objeto de actividad.

El dinero, en cuanto posee la propiedad de comprarlo todo, en cuanto posee la propiedad de apropiarse todos los objetos es, pues, el objeto por excelencia. La universalidad de su cualidad es la omnipotencia de su esencia; vale, pues, como ser omnipotente…, el dinero es el alcahuete entre la necesidad y el objeto, entre la vida y los medios de vida del hombre. Pero lo que me sirve de mediador para mi vida, me sirve de mediador también para la existencia de los otros hombres para mi. Eso es para mí el otro hombre.

“¡Qué diablo! ¡Claro que manos y pies,
y cabeza y trasero son tuyos!
Pero todo esto que yo tranquilamente gozo,
¿es por eso memos mío?
Si puedo pagar seis potros,
¿No son sus fuerzas mías?
Los conduzco y soy todo un señor
Como si tuviese veinticuatro patas.”
Wolfang Goethe: Fausto-Mefistófeles.

William Shakespeare, en el Timón de Atenas:

«¡Oro!, ¡oro maravilloso, brillante, precioso! ¡No, oh dioses, no soy hombre que haga plegarias inconsecuentes! (Simples raíces, oh cielos purísimos!) Un poco de él puede volver lo blanco, negro; lo feo, hermoso; lo falso, verdadero; lo bajo; noble; lo viejo, joven; lo cobarde, valiente ¡oh dioses! ¿Por qué?) Esto va arrancar de vuestro lado a vuestros sacerdotes y a vuestros sirvientes; va a retirar la almohada de debajo de la cabeza del hombre más robusto; este amarillo esclavo va a atar y desatar lazos sagrados, bendecir a los malditos, hacer adorable la lepra blanca, dar plaza a los ladrones y hacerlos sentarse entre los senadores, con títulos, genuflexiones y alabanzas; él es el que hace que se vuelva a casar la viuda marchita y el que perfuma y embalsama como un día de abril a aquella que revolvería el estómago al hospital y a las mismas úlceras. Vamos, fango condenado, puta común de todo el género humano que siembras la disensión entre la multitud de las naciones, voy a hacerte ultrajar según tu naturaleza.»

Y después:

«¡Oh, tú, dulce regicida, amable agente de divorcio entre el hijo y el padre! ¡Brillante corruptor del más puro lecho de himeneo! ¡Marte valiente! ¡Galán siempre joven, fresco, amado y delicado, cuyo esplendor funde la nieve sagrada que descansa sobre el seno de Diana! Dios visible que sueldas juntas las cosas de la Naturaleza absolutamente contrarias y las obligas a que se abracen; tú, que sabes hablar todas las lenguas para todos los designios. ¡Oh, tú, piedra de toque de los corazones, piensa que el hombre, tu esclavo, se rebela, y por la virtud que en ti reside, haz que nazcan entre ellos querellas que los destruyan, a fin de que las bestias puedan tener el imperio del mundo…!»

Shakespeare pinta muy acertadamente la esencia del dinero. Para entenderlo, comencemos primero con la explicación del pasaje goethiano.

Lo que mediante el dinero es para mi, lo que puedo pagar, es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis -de su poseedor- cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Luego no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo y sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra al dinero, luego también a su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, ¿y no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo, que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrario?

Si el dinero es el vinculo que me liga a la vida humana, que liga a la sociedad, que me liga con la naturaleza y con el hombre, ¿no es el dinero el vínculo de todos los vínculos? ¿No puede él atar y desatar todas las ataduras? ¿No es también por esto el medio general de separación? Es la verdadera moneda divisoria, así como el verdadero medio de unión, la fuerza galvanoquímica de la sociedad.

Shakespeare destaca especialmente dos propiedades en el dinero: 1º) Es la divinidad visible, la transmutación de todas las propiedades humanas y naturales en su contrario, la confusión e inversión universal de todas las cosas; hermana las imposibilidades; 2º) Es la puta universal, el universal alcahuete de los hombres y de los pueblos. La inversión y confusión de todas las cualidades humanes y naturales, la conjugación de las imposibilidades; la fuerza divina del dinero radica en su esencia en tanto que esencia genérica extrañada, enajenante y autoenajenante del hombre. Es el poder enajenado de la humanidad.

Lo que como hombre no puedo, lo que no pueden mis fuerzas individuales, lo puedo mediante el dinero. El dinero convierte así cada una de estas fuerzas esenciales en lo que en sí no son, es decir, en su contrario. Si ansío un manjar o quiero tomar la posta porque no soy suficientemente fuerte para hacer el camino a pie, el dinero me procura el manjar y la posta, es decir, transustancia mis deseos, que son meras representaciones; los traduce de su existencia pensada, representada, querida; a su existencia sensible, real; de la representación a la vida, del ser representado al ser real. El dinero es, al hacer esta mediación, la verdadera fuerza creadora.

Es cierto que la demanda existe también para aquel que no tiene dinero alguno, pero su demanda es un puro ente de ficción que no tiene sobre mí, sobre un tercero, sobre los otros, ningún efecto, ninguna existencia; que, por tanto, sigue siendo para mi mismo irreal sin objeto. La diferencia entre la demanda efectiva basada en el dinero y la demanda sin efecto basada en mi necesidad, mi pasión, mi deseo, etc., es la diferencia entre el ser y el pensar, entre la pura representación que existe en mí y la representación tal como es para mí en tanto que objeto real fuera de mí. Si no tengo dinero alguno para viajar, no tengo ninguna necesidad (esto es, ninguna necesidad real y realizable) de viajar. Si tengo vocación para estudiar, pero no dinero para ello, no tengo ninguna vocación (esto es, ninguna vocación efectiva, verdadera) para estudiar.

Por el contrario, si realmente no tengo vocación alguna para estudiar, pero tengo la voluntad y el dinero, tengo para ello una efectiva vocación. El dinero en cuanto medio y poder del universales (exteriores, no derivados del hombre en cuanto hombre ni de la sociedad humana en cuanto sociedad) para hacer de la representación realidad y de la realidad una pura representación, transforma igualmente las reales; fuerzas esenciales humanas y naturales en puras representaciones abstractas y por ello en imperfecciones, en dolorosas quimeras, así como, por otra parte, transforma las imperfecciones y quimeras reales, las fuerzas esenciales realmente impotentes, que sólo existen en la imaginación del individuo, en fuerzas esenciales reales y poder real. Según esta determinación, es el dinero la inversión universal de las individualidades, que transforma en su contrario, y a cuyas propiedades agrega propiedades contradictorias.

Como tal potencia inversora, el dinero actúa también contra el individuo y contra los vínculos sociales, etc., que se dicen esenciales. Transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en señor, el señor en siervo, la estupidez en entendimiento, el entendimiento en estupidez.

Como el dinero, en cuanto concepto existente y activo del valor, confunde y cambia todas las cosas, es la confusión y el trueque universal de todo, es decir, el mundo invertido, la confusión y el trueque de todas las cualidades naturales y humanas.

Aunque sea cobarde, es valiente quien puede comprar la valentía. Como el dinero no se cambia por una cualidad determinada, ni por una cosa o una fuerza esencial humana determinadas, sino por la totalidad del mundo objetivo natural y humano, desde el punto de vista de su poseedor puede cambiar cualquier propiedad por cualquier otra propiedad y cualquier otro objeto, incluso los contradictorios. Es la fraternización de las imposibilidades; obliga a besarse a aquello que se contradice.

Si suponemos al hombre como hombre y a su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere gozar del arte hasta ser un hombre artísticamente educado; si se quiere ejercer influjo sobre otro hombre, hay que ser un hombre que actúe sobre los otros de modo realmente estimulante e incitante. Cada una de las relaciones con el hombre -y con la naturaleza- ha de ser una exteriorización determinada de la vida individual real que se corresponda con el objeto de la voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, una desgracia.

Karl Marx

* Extracto del Tercer Manuscrito, (Propiedad privada y trabajo. Economía política como producto del movimiento de la propiedad privada), de los Manuscritos Económicos y filosóficos (1844) de Karl Marx.

fuente www.filosofia.cu/archivos/manuscritos_III.htm#dinero

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Si el amor alguna vez

Si el amor alguna vez
fuera algo más
que dos espejos frente a frente,
o el miedo al tiempo que no vuelve,
que se escapa, victorioso,
sin pedir perdón,
no sería
el ave que voló.
Si el amor alguna vez
fuera algo más
que encuentro de almas solitarias
en el rechazo de ser nada
que no es nada sino toda
la desolación,
no sería
la más pesada de las cadenas,
el pozo seco de la tristeza
ni la herida
que nunca cicatriza.
Si el amor alguna vez
fuera algo más
que la necesidad urgente
de que los cuerpos se alimenten
con los cuerpos perpetuando
su contradicción,
no sería
sustento del dolor.
Si el amor alguna vez
fuera algo más
que dos verdugos inconscientes
jugando al juego de la muerte
con la vida que se entrega
a la inmolación,
no sería
la más pesada de las cadenas,
el pozo seco de la tristeza
ni la herida
que nunca cicatriza.

Luis Eduardo Aute

Del disco Fuga (1981)

Abraza la oscuridad

La confusión es el dios
la locura es el dios

la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.

La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.

no olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes.

aquí en Estados Unidos
hemos asesinado a un presidente y a su hermano,
otro presidente ha tenido que dejar el cargo.

La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios:
sorben aire con pajitas
torcidas

no hay dios
no hay política
no hay paz
no hay amor
no hay control
no hay planes

mantente alejado de dios
permanece angustiado

deslízate.

Charles Bukowski

Versión de Rafael Díaz Borbón

Del libro Madrigales de la pensión. Primeros poemas escogidos 1946-1966 ‘The Roominghouse Madrigals: Early Selected Poems (1946-1966)’, Visor, 1999.

fuente http://amediavoz.com/bukowski.htm

La guerra contra bacterias y virus: Una lucha autodestructiva

La guerra permanente contra los entes biológicos que han construido, regulan y mantienen la vida en nuestro Planeta es el síntoma más grave de una civilización alienada de la realidad que camina hacia su autodestrucción.

Las dos obras fundacionales que constituyen la base teórico-filosófica del pensamiento occidental contemporáneo, de la concepción de la realidad, de la sociedad, de la vida, y que han sido determinantes en las relaciones de los seres humanos entre sí y con la Naturaleza son “La riqueza de las naciones” de Adam Smith y “Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la existencia” de Charles Darwin.

La concepción de la naturaleza y la sociedad como un campo de batalla en el que dos fuerzas abstractas, la selección natural y la mano invisible del mercado rigen los destinos de los competidores, ha conducido a una degradación de las relaciones humanas y de los hombres con la naturaleza sin precedentes en nuestra historia que está poniendo a la humanidad al borde del precipicio. El creciente abismo entre los países victimas de la colonización europea y los países colonizadores, las decenas de guerras permanentes, siempre originadas por oscuros intereses económicos, la destrucción imparable de ecosistemas marinos y terrestres… sólo pueden conducir a la Humanidad a un callejón sin salida.

La gran industria farmacéutica se puede considerar, dentro de este proceso destructivo, un claro exponente de la aplicación de estos principios y de sus funestas consecuencias. La concepción del organismo humano y de la salud como un campo para el mercado, como un objeto de negocio, unida a la visión reduccionista y competitiva de los fenómenos naturales ha conducido a una distorsión de la función que, supuestamente, le corresponde, que puede llegar a constituir un factor más a añadir a los desencadenantes de la catástrofe.

Un ejemplo dramáticamente ilustrativo de los peligros de esta concepción es el alarmante aumento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, que puede llegar a convertirse en una grave amenaza para la población mundial, al dejarla inerme ante las infecciones (Alekshun M. N. y Levy S. B., 2007). El origen de este problema se encuentra en los dos conceptos mencionados anteriormente, que se traducen en el uso abusivo de antibióticos ante el menor síntoma de infección, su utilización masiva para actividades comerciales como el engorde de ganado, y su comercialización con evidente ánimo de lucro, pero, sobre todo, de la consideración de las bacterias como patógenos, “competidores” que hay que eliminar.

Esta concepción pudo estar justificada por la forma como se descubrieron las bacterias, antes “inexistentes”. El hecho de que su entrada en escena fuera debido a su aspecto patógeno, unido a la concepción darwinista de la naturaleza según la cual, la competencia es el nexo de unión entre todos sus componentes, las estigmatizó con el sambenito de microorganismos productores de enfermedades que, por tanto, había que eliminar.

Sin embargo, los descubrimientos recientes sobre su verdadero carácter y sus funciones fundamentales para la vida en nuestro planeta han transformado radicalmente las antiguas ideas. Las bacterias fueron fundamentales para la aparición de la vida en la Tierra, al hacer la atmósfera adecuada para la vida tal como la conocemos mediante el proceso de fotosíntesis (Margulis y Sagan, 1995). También fueron responsables de la misma vida: las células que componen todos los organismos fueron formadas por fusiones de distintos tipos de bacterias de las que sus secuencias génicas se pueden identificar en los organismos actuales (Gupta, 2000).

En la actualidad, son los elementos básicos de la cadena trófica en el mar y en la tierra y en el aire (Howard et al., 2006; Lambais et al., 2006) y siguen siendo fundamentales en el mantenimiento de la vida: “Purifican el agua, degradan las sustancias tóxicas, y reciclan los productos de desecho, reponen el dióxido de carbono a la atmósfera y hacen disponible a las plantas el nitrógeno de la atmósfera. Sin ellas, los continentes serían desiertos que albergarían poco más que líquenes”. (Gewin, 2006), incluso en el interior y el exterior de los organismos (en el humano su número es diez veces superior al de sus células componentes).

La mayor parte de ellas son todavía desconocidas y se calcula que su biomasa total es mayor que la biomasa vegetal terrestre. Con estos datos resulta evidente que su carácter patógeno es absolutamente minoritario y que en realidad es debido a alteraciones de su funcionamiento natural producidas por algún tipo de agresión ambientalantelaque reaccionan intercambiando lo que se conoce como “islotes de patogenicidad” ( Brzuszkiewicz et al., 2006) una reacción que, en realidad, es una reproducción intensiva para hacer frente a la agresión ambiental. De hecho, se ha comprobado que los antibióticos no son realmente “armas” antibacterianas, sino señales de comunicación que, en condiciones naturales, utilizan, entre otras cosas, para controlar su población: Lo que los investigadores conocen sobre los microbios productores de antibióticos viene fundamentalmente de estudiarlos en altos números como cultivos puros en el laboratorio, unas condiciones artificiales comparadas con su número y diversidad encontrados en el suelo” (Mlot, 2009). A pesar de todos estos datos reales, se puede comprobar cómo la industria farmacéutica sigue buscando “nuevas armas” para combatir a las bacterias (Pearson, 2006).

Los virus han seguido, con unos años de retraso, el mismo camino que las bacterias, debido a que su descubrimiento fue más tardío a causa de su menor tamaño. Descubiertos por Stanley en la enfermedad del “mosaico del tabaco” fueron, lógicamente, dentro de la óptica competitiva de la naturaleza, incluidos en la lista de “rivales a eliminar”. Es evidente que algunos de ellos provocan enfermedades, algunas terribles, pero, ¿no estará en el origen de éstas algún proceso semejante al que ya parece evidente en las bacterias? Veamos los datos más recientes al respecto: El número estimado de virus en la Tierra es de cinco a veinticinco veces más que el de bacterias.

Su aparición en la Tierra fue simultánea con la de las bacterias (Woese, 2002) y la parte de las características de la célula eucariota no existentes en bacterias (ARN mensajero, cromosomas lineales y separación de la transcripción de la traslación) se han identificado como de procedencia viral (Bell, 2001). Las actividades de los virus en los ecosistemas marinos y terrestres (Williamson, K. E., Wommack, K. E. y Radosevich, M., 2003; Suttle, C. A., 2005) son, al igual que las de las bacterias, fundamentales.

En los suelos, actúan como elementos de comunicación entre las bacterias mediante la transferencia genética horizontal (Ben Jacob, E. et al., 2005) en el mar tienen actividades tan significativas como estas: En las aguas superficiales del mar hay un valor medio de 10.000 millones de diferentes tipos de virus por litro. Su densidad depende de la riqueza en nutrientes del agua y de la profundidad, pero siguen siendo muy abundantes en aguas abisales. Su papel ecológico consiste en el mantenimiento del equilibrio entre las diferentes especies que componen el plancton marino (y como consecuencia del resto de la cadena trófica) y entre los diferentes tipos de bacterias, destruyéndolas cuando las hay en exceso. Como los virus son inertes, y se difunden pasivamente, cuando sus “huéspedes” específicos son demasiado abundantes son más susceptibles de ser infectados.

Así evitan los excesos de bacterias y algas, cuya enorme capacidad de reproducción podría provocar graves desequilibrios ecológicos, llegando a cubrir grandes superficies marinas. Al mismo tiempo, la materia orgánica liberada tras la destrucción de sus huéspedes, enriquece en nutrientes el agua. Su papel biogeoquímico es que los derivados sulfurosos producidos por sus actividades, contribuye… ¡a la nucleación de las nubes! A su vez, los virus son controlados por la luz del sol (principalmente por los rayos ultravioleta) que los deteriora, y cuya intensidad depende de la profundidad del agua y de la densidad de materia orgánica en la superficie, con lo que todo el sistema se regula a sí mismo. (Fuhrman, 1999).

Hasta el 80% de las secuencias genéticas de los virus marinos y terrestres no son conocidas en ningún organismo animal ni vegetal. (Villareal, 2004). En cuanto a sus actividades en los organismos, los datos que se están obteniendo los convierten en los elementos fundamentales en la construcción de la vida. Además de las características de la célula eucariota no existentes en las bacterias que se han identificado como procedentes de virus, más significativo aún es el hecho de que la inmensa mayor parte de los genomas animales y vegetales está formada por virus endógenos que se expresan como parte constituyente de éstos (Britten, R.J., 2004) y elementos móviles y secuencias repetidas, ambos derivadas de virus, que se han considerado erróneamente durante años “ADN basura” gracias a la “aportación científica” de Richard Dawkins con su pernicioso libro “El gen egoísta” (Sandín, 2001; Von Sternberg, R., 2002).

Entre éstas, los genes homeóticos fundamentales, responsables del desarrollo embrionario, cuya disposición en los cromosomas de secuencias repetidas en tandem revela un evidente origen en retrotransposones (capaces de hacer, con la ayuda del genoma, duplicaciones de sí mismos), a su vez derivados de retrovirus (Wagner, G. P. et al., 2003; García-Fernández, J., 2005). Una de las funciones más llamativas es la realizada por los virus endógenos W, cuya misión en los mamíferos consiste en la formación de la placenta, la fusión del sincitio-trofoblasto y la inmunosupresión materna durante el embarazo (Venables et al., 1995; Harris, 1998; Mi et al., 2000; Muir et al., 2004).

Pero la cantidad, no sólo de “genes” sino de proteínas fundamentales en los organismos eucariotas (especialmente multicelulares) no existentes en bacterias y adquiridas de virus sería inacabable (Adams y Cory, 1998; Barry y McFadden, 1999; Markine-Goriaynoff et al., 2004; Gabus et al., 2001; Medstrand y Mag, 1998; Jamain et al., 2001 ), aunque, en ocasiones, los propios descubridores, llevados por la interpretación darwinista las consideran aparecidas misteriosamente (“al azar”) en los eucariotas y adquiridas por los virus (Hughes & Friedman, 2003) a los que acusan de “secuestradores”, “saboteadores” o “imitadores” (Markine-Goriaynoff et al., 2004) sin tener en cuenta que los virus en estado libre son absolutamente inertes, y que es la célula la que utiliza y activa los componentes de los virus (Cohen, 2008). Por eso, resultan absurdas las acusaciones, que estamos cansados de oír, de que los virus “mutan para evadir las defensas del hospedador”. Las “mutaciones” se producen durante los procesos de integración en el ADN celular debido a que la retrotranscriptasa viral no corrige los “errores de copia”.

En definitiva, e independientemente de la incapacidad para la comprensión de la importante función de los virus en la evolución y los procesos de la vida motivada por la asfixiante concepción reduccionista y competitiva de las ideas dominantes en Biología, los datos están disponibles en los genomas secuenciados hasta ahora. En el genoma humano se han identificado entre 90.0000 y 300.0000 secuencias derivadas de virus. La variabilidad de las cifras es debida a que depende de que se tengan en consideración virus completos o secuencias parciales derivadas de virus. Es decir, también están en nuestro interior. Cumpliendo funciones imprescindibles para la vida. Pero también sabemos que los virus endógenos se pueden activar y “malignizar” como consecuencia de agresiones ambientales (Ter-Grigorov, et al., 1997; Gaunt, Ch. y Tracy, S., 1995).

Es decir, por más que la concepción dominante de la naturaleza, la que nos parecen querer imponer los interesados en la lucha contra ella, sea la de un sórdido campo de batalla plagado de “competidores” a los que hay que eliminar, lo que nos muestra la realidad es una naturaleza de una enorme complejidad en la que todos sus componentes están interconectados y son imprescindibles para el mantenimiento de la vida. Y que son las rupturas de las condiciones naturales, muchas de ellas causadas por esta visión reduccionista y competitiva de los fenómenos de la vida, las que están conduciendo a convertir a la naturaleza desequilibrada en un verdadero campo de batalla en el que tenemos todas las de perder.

El peligroso avance de la resistencia bacteriana a los antibióticos se puede considerar como el más claro exponente de las consecuencias de la irrupción de la competencia y el mercado en la naturaleza, pero hay otra consecuencia de esta actitud que nos puede dar una pista de hasta donde pueden llegar si se continúa por este camino: Desde 1992 hasta 1999, el periodista Edward Hooper siguió el rastro de la aparición del SIDA hasta un laboratorio en Stanleyville en el interior del Congo, por entonces belga, en el que un equipo dirigido por el Dr. Hilary Koprowski, elaboró una vacuna contra la polio utilizando como sustrato riñones de chimpancé y macaco.

El “ensayo” de esta vacuna activa tuvo lugar entre 1957 y 1960, mediante un método muy habitual “en aquellos tiempos”, la vacunación de más de un millón de niños en diversas “colonias” de la zona. Niños cuyas condiciones de vida (y, por tanto, de salud) no eran precisamente las más adecuadas. En un debate en el que el periodista expuso sus datos, Hooper fue vapuleado públicamente por una comisión de científicos que negaron rotundamente esa relación, aunque no se consiguió encontrar ninguna muestra de las vacunas. Parece comprensible que los científicos no quieran ni siquiera pensar en esa posibilidad. Desde entonces, se han publicado varios “rigurosos” estudios que asociaban el origen del sida con mercados africanos en los que era práctica habitual la venta de carne de mono o, más recientemente, “retrasando” la fecha de aparición hasta el siglo XIX mediante un supuesto “reloj molecular” basado en la comparación de cambios en las secuencias genéticas de virus. Lo que ni Hooper ni Koprowsky podían saber era que los mamíferos tenemos virus endógenos que se expresan en los linfocitos y que son responsables de la inmunodepresión materna durante el embarazo. En la actualidad, Koprowsky es uno de los científicos con más patentes a su nombre.

Las barreras de especie son un obstáculo natural para evitar el salto de virus de una especie a otra. Son necesarias unas condiciones extremas de estrés ambiental o unas manipulaciones totalmente antinaturales para que esto ocurra. Y todo esto nos lleva al cuestionamiento de de muchos conceptos ampliamente asumidos que, como ajeno profesionalmente al campo de la medicina, sólo me atrevo a plantear a los expertos en forma de preguntas para que sean ellos los que consideren su pertinencia:

Si tememos en cuenta que las secuencias genéticas de los virus endógenos y sus derivados están implicadas en procesos de desarrollo embrionario (Prabhakar et al., 2008), se expresan en todos los tejidos y en muchos procesos metabólicos (Sen y Steiner, 2004), inmunológicos (Medstrand y Mag, 1998), ¿cuál es la verdadera relación de los virus con el cáncer o con las enfermedades autoinmunes? ¿son causa o consecuencia? Es decir, ¿existen epidemias de cáncer o artritis o son los tejidos afectados los que emiten partículas virales (Seifarth et al., 1995)?

Si tenemos en cuenta que la inmunidad es un fenómeno natural que cuenta con sus propios procesos para garantizar el equilibrio con los microorganismos del entorno (del exterior y del interior de los organismos), la introducción artificial de microorganismos “atenuados” o partes de ellos en el sistema circulatorio saltando la primera barrera inmunitaria ¿no producirá una distorsión de los mecanismos naturales incluyendo un posible debilitamiento del sistema inmune que favorecería la posterior susceptibilidad a distintas enfermedades?

Y, finalmente, si tenemos en cuenta que la existencia en la naturaleza de “virus recombinantes” procedentes de dos especies diferentes es tan extraña que posiblemente sea inexistente debido a la extremada especificidad de los virus. ¿De dónde vienen esos extraños virus con secuencias procedentes de cerdos, aves y humanos?

En el caso “hipotético” de que los verdaderos intereses de la industria farmacéutica fueran los beneficios económicos, la enfermedad se convertiría en un negocio, pero las vacunas serían, sin la menor duda, el mejor negocio. Ya hemos visto repetidamente hasta donde pueden llegar las dos industrias que, junto con la farmacéutica, constituyen los mercados que más dinero “generan” en el mundo: la petrolera y la armamentística. Sería un duro golpe para los ciudadanos convencidos de que están en buenas manos comprobar que una industria aparentemente dedicada a cuidar la salud de los ciudadanos fuera en realidad otra siniestra máquina acumuladora de dinero capaz de participar en las turbias maquinaciones de sus compañeras de ranking como, por ejemplo, controlar prestigiosas organizaciones internacionales para favorecer sus propios intereses.

La concepción de la naturaleza basada en el modelo económico y social del azar como fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de cambio (progreso) impone la necesidad de “competidores” ya sean imaginarios o creados previamente por nosotros y está dañando gravemente el equilibrio natural que conecta todos los seres vivos. Pero la Naturaleza tiene sus propias reglas en las que todo, hasta el menor microorganismo y la última molécula, están involucrados en el mantenimiento y regulación de la vida sobre la Tierra y tiene una gran capacidad de recuperación ante las peores catástrofes ambientales. El ataque permanente a los elementos fundamentales en esta regulación, la agresión a la “red de la vida”, puede tener unas consecuencias que, para nuestra desgracia, sólo podremos comprobar cuando la Naturaleza recobre el equilibrio.

Máximo Sandín *

* Universidad Autónoma de Madrid. Departamento de Biología

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fuente www.somosbacteriasyvirus.com

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La aldea de los molinos *

“Hoy día los seres humanos olvidan que también ellos son parte de la naturaleza; y que a ella le deben su existencia, pero la gente suele tratarla negligentemente, creyendo que son capaces de crear algo mucho mejor…

Especialmente los cientificos; puede que intelectualmente estén bien preparados, pero lo malo de ellos es que muchos ignoran el verdadero significado de la naturaleza…

Y esos sos los que se sienten orgullosos inventando cosas que sólo acarrearán tragedias a los seres humanos. Y lo que todavía es mucho peor, la mayoría de la gente suele conceder un gran valor a todos esos inventos absurdos; y como si de milagros se trataran, los adoran.

Ellos no saben que esas cosas arruinan la naturaleza, y consecuentemente se están destruyendo a sí mismo. Las cosas más importante para los seres humanos son el aire puro y el agua pura. Los árboles y las plantas nos proporcionan ambas cosas, pero absurdamente la gente continúa contaminándolas a su antojo. El aire y el agua contaminadas contaminan incluso la mente de los seres humanos.”

Akira Kurosawa

* Extracto del capítulo La aldea de los molinos: un rincón del mundo maravilloso en donde un anciano le habla a un niño en la película Los sueños de Akira Kurosawa (Akira Kurosawa’s dreams), 1990.

El punto de vista de los no indígenas

Son considerados agresivos sin motivo y feroces como los “incivilizados”

El punto de vista de los no indígenas sobre los pueblos indígenas no contactados es una mezcla de miedo, desconfianza y racismo. Los esfuerzos de los indígenas por proteger sus vidas y hogares, a menudo motivados por el recuerdo de persecuciones violentas ocurridas en el pasado, son interpretadas por quienes viven cerca de ellos como agresiones injustificadas y salvajismo “incivilizados”.

“Los indígenas korubo son animales, no seres humanos. Matan y se comen a cualquiera que entre en sus tierras, incluyendo otros indígenas. Aléjense si quieren seguir vivos… Yo prefiero disparar a los salvajes que dejarles que maten a mi mujer y mis hijos”. Colono brasileño.

“Podías oler dónde habían estado ellos [los jarawa]. Huelen tan mal, no se lavan. Tenemos que entrar en la selva a buscar caña y hojas. Llevamos perros, ellos van delante y si huelen a jarawa se vuelven corriendo”. Colono de las Islas Andamán, India.

“Los indígenas son peores que animales. Ni siquiera te los puedes comer”. Terrateniente brasileño.

Si yo estuviera al mando, exterminaría a todos los yanomami. Dejaría uno vivo para exhibirlo al público en un zoo”. Propietario de un hotel brasileño.

“A ningún ciudadano de la India debe permitírsele vivir en la selva o como salvajes después de más de cincuenta años de independencia de este país”. Funcionario de la India hablando sobre los sentineleses.

“Los nativos de esta tierra son crueles de espíritu, son ladrones, y la educación sólo les hace más astutos”. Colono australiano, Papúa Nueva Guinea.

“Quiero darles a la ‘Gente del cerdo’ (los indígenas ayoreo-totobiegosode) la oportunidad de escuchar la Biblia, porque si no lo hacen irán al infierno y serán condenados eternamente”. Misionero de la Misión Nuevas Tribus.

“Los yanomami carecen de toda inteligencia, vagan por ahí desnudos y se reproducen como animales”. General brasileño.

“Son animales, viven completamente desnudos igual que animales”. Colono hablando sobre los indígenas nómadas en Colombia.

Survival

fuente http://www.survival.es/articulos/3117-el-punto-de-vista-de-los-no-indigenas

Populistas, demagogos y dictadura

Mi padre discutía con su cuñado, Pedro Fraga, el esposo de mi tía Isabel. Ambos eran libertarios, individualistas, pero tenían enfoques diferentes. Mi tío Pedro consideraba que había que redimir a los más humillados, a los más desamparados. Odiaba la demagogia y al clero con tanta vehemencia como mi padre. Reunía en la cocina de su humilde hogar a todo zaparrastroso que caminaba por Piñeiro. Los dejaba dormir en la cocina ante el miedo de mi tía Isabel, que sufría los estados emocionales de su esposo.

Quería que dejasen la bebida. Les servía sopa y un vaso de agua. Les leía El Quijote, les hablaba de la solidaridad humana, de la Guerra Civil Española y de la hipocresía de la Iglesia. Éstos solían estar dos o tres días como máximo escuchando sus sermones laicos para huir inesperadamente. Si alguno de ellos regresaba en estado de ebriedad, mi tío lo recibía con su escopeta apuntándolo a la cabeza. Mi padre le decía que eso no conducía a nada, que perdía el tiempo. Mi tío insistía en que la lectura, la sopa y el vaso de agua purificaban el espíritu.

No lo tome a mal, no deseo ser grosero ni ortodoxo. Ni populista ni monárquico. Usted sabe, fariseo lector, sostengo teorías aberrantes. Tal vez porque mis padres fueron campesinos de origen gallego, tal vez porque mi formación –formación que ya no existe – fue literaria, clásica, estética o porque colaboré muchos años con investigadores básicos, no conozco la obsecuencia. Ni la sonrisa insustancial, torpe, de clara felonía. Ni los aplausos o las pérfidas palmadas en la espalda. Gazmoños sin disfraces,  los vemos sonreír y aplaudir sin rubor, sin bochorno. Descarados, diría mi madre. Tal vez, pensándolo bien, por todo eso y porque además conocí y me formé con maestros sólidos, íntegros; verdaderos humanistas. Sin dobleces, entonces. Y también porque conocí a viejos libertarios de mirada transparente, hombres que sabían disimular vicisitudes extremas,  privaciones económicas. O porque los hombres del poder, desde niño, me parecieron patéticos.

Los textos griegos, latinos e isabelinos lo corroboraron tiempo después.
Durante décadas el Partido Comunista señaló en una suerte de Inquisición del hombre nuevo, que todo aquello que no pasase por su concepción era reaccionario, agente del imperialismo o secuaz de la CIA. Y quedó la marca. Diluida, sin criterio, pero el halo sigue dando vueltas. Nacieron los mitos, las leyendas. Hicieron listas negras donde estaban Camus y Ionesco, Pirandello y Orwell.

Se ocultaron datos de manera desenfadada, siniestra. Desde los campos de concentración o Gulag (qué no dijeron los camaradas de Solhzenitsyn) hasta los crímenes más absolutos en la Guerra Civil Española o en México. Pero los camaradas leían Novedades de la Unión Soviética y todo estaba en orden. El mal se hallaba afuera: en la Alemania nazi, en la España franquista, en la Italia de Mussolini o en el liberalismo inglés. Y naturalmente  lo falso, lo espúreo, lo irracional, lo conspirativo, provenía del Pentágono. Entre nosotros – argentinos hasta la muerte –  nacía el culto del bombo, se incrementaba la delación y los sindicatos se transformaban en burdeles. Y todo era idolatría y felicidad.

El potitburó, mientras tanto,  estaba ajeno al mundo. Era la Biblia, lo único digno, lo sagrado. Hasta embalsamaron a Lenin para cumplir con la tradición del culto a la muerte. Cientos, miles de documentos y antecedentes. Montañas de documentos, de contradicciones, de engaños. El pueblo, que nunca se equivoca, no escuchaba, no veía, no respiraba.Y paralelamente mártires, persecuciones, exilios. Insisto, hay bibliotecas enteras con fotografías, manuscritos, cartas. No se confunda, no sea mal pensado. Hoy todo es distinto. En esta tierra y en las otras. O viceversa. Nos basta ver con quienes están, a quienes acompañan en estos días.

Es así. Hay mapas genéticos, trabajos sucios, torniquetes. En política, digo, no se confunda. Hay segmentación, retórica, montaje. Comportamientos enigmáticos y de los otros. La imbecilidad, la torpeza, la ignorancia, nos empuja de manera fenomenal. Poco y nada es lo que va quedando. ¿Siempre fue así?
No deja de ser atractivo ver como se mueve el Estado. Nuestro Estado y los otros, ahora y en el pasado.

El Estado y los obsecuentes que crecen sin piedad y sin rubor. Aquí y en otras partes, reitero. A jugar al Gran Bonete. Ya lo señalaron los griegos y los latinos, todo está en sus páginas, en sus obras. En verdad no se diferencian mucho, depende las circunstancias, las aberraciones de turno, los caballeritos que se arrastran en nombre de lo que sea. Podemos hablar de Turquía, de Arabia Saudita, de Irán, de Wall Street.  De Vladimir Putin, de Fidel, de Chávez o de Kim Jong-un. Del duque de Edimburgo, del Generalísimo Francisco Franco por la Gracia de Dios o del Primer Trabajador, líder de los descamisados.

De los héroes mundiales, de los héroes latinoamericanos, del Santo Padre o de los ideólogos revolucionarios que piensan desde Londres o desde París el hambre de los desheredados, de los explotados, de los indignados. Y de los salvadores que hablan de los pobres pisando alfombras rojas, con oro en arcas secretas y estelas funerarias. En fin -desaprensivo lector- todo, absolutamente todo es posible desde la óptica de nuestros césares. Mientras, a engordar las arcas de nuestros bolsillos, en nombre de la patria. En nombre de la patria, no se olvide. Y lo peor es que los admiramos, los veneramos y los pensamos inmortales. (Sin palabras fervorosas, tilingas o alambicadas: espero que este artículo no sea incluido en la ley  antiterrorista. Uno nunca sabe.)

Le recomiendo, amigo lector, que analice el cine de Harun Farocki. Que vea dos veces Wie man sieht (Cómo se ve). La historia técnica como una sucesión de fases de automatización. Y no digo más.

“… Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla.” Carta de Niccolò Machiavelli a Francesco Guicciardini, mayo de 1521.

Carlos Penelas
enero de 2012

fuente www.laletraindomita.blogspot.com.ar

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(libro) La quiebra del capitalismo global: 2000-2030

Crisis multidimensional, caos sistémico, ruina ecológica y guerras por los recursos. Preparándose para el inicio del colapso de la Civilización Industrial.

Por Ramón Fernandez Durán

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal, ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica. Una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente.

Índice
I.- El inicio del fin de la energía fósil: una ruptura histórica total
1. Introducción
2. Un ejercicio de política-ficción, pero con mucha dosis de realidad
3. La Crisis del actual Capitalismo Global empieza ya en torno al 2000
4. Pico del Petróleo y consecuencias de la nueva Era del declive energético
5. Incapacidad física de cerrar las fauces del cocodrilo (oferta y demanda energética)
6. Imposibilidad tecnológica de “ensanchar los límites” ecológicos planetarios
7. Crisis Energética, Cambio Climático y Colapso Ecológico: un triángulo diabólico
8. Quiebra de la reproducción social y crisis de los cuidados, los grandes olvidados
9. Entre “Salvar el Planeta” del nuevo Capitalismo Verde y el Business as Usual
10. Crisis sistémica, explosión y desequilibrios demográficos y guerra por los recursos
11. 30 años perdidos y “Un Mundo Lleno” con reducidas opciones de futuros posibles
12. Derrumbe financiero-corporativo, ruptura de la globalización y quiebra geopolítica
13. ¿Hacia Nuevos Capitalismos de Estado Regionales Planetarios, luchando entre sí?
14. Nuevo orden geopolítico, guerras por los recursos, caos sistémico y quiebra de Estados
15. Inicio del Largo Declive de la Civilización Industrial, peligros y potencialidades
16. Los “Dioses” de la Modernidad en crisis, pero todavía no terminal
17. Los nuevos mitos de la Postmodernidad, apoyados por la Sociedad de la Imagen
18. ¿Sobrevivirá la Aldea Global y el Ciberespacio a la Quiebra del Capitalismo Global?
19. Fin a la expansión del “Yo” en las nuevas Sociedades de Masas multiculturales
20. 2010-2030: De la generación del 68 a la generación “más preparada de la historia”
21. Caminando sin hoja de ruta hacia el 2030, pero mirando también por el retrovisor
22. Catástrofe, crisis del discurso dominante y oportunidad de transformación
23. La urgencia de cambiar y ampliar nuestras estrategias de intervención socio-política
24. Una relación conflictiva y compleja con el Estado y la Metrópoli
25. Guerra y Patriarcado, problemas de especie a resolver para subsistir humanamente
26. Bibliografía
II.- El final de la escapada (2000-2010): la incapacidad de sortear la crisis global y ecológica (próximamente)
III.- El imposible futuro del sistema urbano-agro-industrial mundial y sus consecuencias (próximamente)
IV.- Aventurando los próximos veinte años de descomposición del capitalismo global (próximamente)
– 2010-2020: Declive energético, fin del crecimiento, derrumbe financiero y ruptura de la globalización
– 2020-2030: Un capitalismo no global en fuerte crisis y balcanizado
V.- Más allá de 2030: entrando de la mejor forma posible en la era del colapso de la Sociedad Industrial (próximamente)
I- El inicio del fin de la energía fósil: una bifurcación histórica total

1.- Introducción

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal, ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica. Una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente. Se están produciendo ya profundas mutaciones económicas, geopolíticas y culturales, muchas de ellas de carácter todavía subterráneo, que irrumpirán con fuerza en la superficie en las próximas dos décadas, pero que aún permanecen ocultas, sobre todo para los que no las quieren ver.

La gran mayoría de las sociedades del mundo, condicionadas por los mensajes que les transmiten sus estructuras de poder y la Aldea Global, pero las fuerzas que las van a sacar bruscamente a la luz y las van a intensificar aún más se están fraguando rápida e intensamente en la trastienda, pues no se han mostrado todavía tampoco de forma abierta, o tan sólo en parte, para los que las quieran ver también. Y esas fuerzas no son otras que el progresivo agotamiento de los combustibles fósiles o el principio del fin de la era de la energía barata, al menos en un primer momento, pero también los límites ecológicos planetarios al despliegue “sin fin” del actual Capitalismo Global y la Civilización Industrial.

Límites tanto de inputs (agotamiento de recursos) como de outputs (saturación y alteración de los sumideros) planetarios, lo que está implicando una catástrofe ecológica sin precedentes en la Historia de la Humanidad, que se va sumando cada día con más fuerza a los desequilibrios internos en ascenso, económicos y sociopolíticos, que genera el despliegue (y las crisis) de las fuerzas capital a escala mundial. Sin embargo, van a ser los límites ecológicos, en concreto el agotamiento de recursos, y muy especialmente de combustibles fósiles, los que sin duda van a poner fin a esta carrera desenfrenada.

Y no las contradicciones internas que induce el actual modelo, como hasta ahora pensaban algunos. O eso parece. Incluso aunque el capitalismo global haya ido gestando una estructura social mundial que simula que no pertenece a la misma especie, el homo sapiens, pues las diferencias entre sus miembros son tan acusadas que parece como si correspondieran a individuos de especies distintas. Es decir, la división salvaje que ha creado entre centros y periferias, propietarios y no propietarios, y especialmente entre rentistas, asalariados, trabajadores por cuenta propia y excluidos totales.

Durante el periodo excepcional entre el derrumbe del “Imperio Oriental del Socialismo Real” (1989-91) y la crisis de Wall Street (2007-2008), pareció que el “Imperio Occidental” se consolidaba y ampliaba su alcance a escala mundial definitivamente, inaugurándose una especie de Vacaciones de la Historia, en presente continuo. Un sistema industrial más ágil, flexible, consumista, “democrático” y glamuroso era capaz de imponerse y engullir a otro más torpe, burocratizado, con escasez de bienes y servicios, fuertemente represivo y sobre todo gris.

El Fin de la Historia, lo denominó Fukuyama (1992), para caracterizar el triunfo planetario del Capitalismo Global de corte liberal-occidental. Pero todo fue un espejismo temporal propiciado por más de veinte años de energía barata, es más, muy barata, el periodo de coste energético más bajo de la Historia, como resultado de la caída espectacular de los precios de petróleo desde los ochenta (Fdez Durán, 2008); lo que también propició la incorporación clave de la China “comunista” al nuevo Capitalismo Global, reforzando su mundialización.

Es más, sin la incorporación de la nueva Fábrica del Mundo (y todas las periferias del Sur Global), y su inmensa, barata y superexplotada fuerza de trabajo, así como sus abundantes recursos de todo tipo, el nuevo Capitalismo Global no hubiera sido factible. Y tampoco sin la nueva y cuantiosa mano de obra inmigrante barata que se trasladó a los países centrales desde la Periferia, y a otros centros emergentes del Sur Global. Todo ello permitió también destruir el poder obrero en los espacios centrales, junto con la conquista del alma propiciada por la Sociedad de Consumo y la Aldea Global.

Sin embargo, la crisis financiera mundial con epicentro en Wall Street, vino a mostrarnos que todo era más bien un simulacro pasajero, por su consistencia evanescente, aunque eso sí con tremendos impactos reales, como veremos. En este sentido, podemos decir que la crisis de Wall Street está siendo para el Capitalismo Global lo que la Caída del Muro de Berlín fue para el Socialismo Real.

La chispa que ha activado una dinámica de crisis global multidimensional y creciente y dispar desmoronamiento societario, que se venía incubando ya desde hacía años. Podríamos decir que, como poco, desde el inicio del nuevo milenio, en torno al 2000. En cualquier caso, como apuntaremos, la quiebra del Capitalismo Global y el consiguiente colapso progresivo de la Civilización Industrial no será un proceso repentino, tipo Hollywood, sino que será un lento proceso, con altibajos, pero también con importantes rupturas, que se ha iniciado ya y es imparable (Greer, 2008).

fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/IMG/pdf/el_inicio_del_fin_de_la_energia_fosil.pdf

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Estupidez humana

Desde niño me ha preocupado lo que considero una cuestión importante: “¿Qué es lo que hace únicos a los seres humanos? ¿Hay algún atributo humano que ningún otro animal posea?” La primera respuesta recibida fue que los seres humanos tenemos alma, y los animales no. Esto me sonó extraño y doloroso, porque amaba y amo a los animales. Además, si Dios era tan justo y generoso hecho que yo todavía creía firmemente en esos días no hubiera hecho semejante discriminación. 0 sea, que no me convencí.

Varios años más tarde, bajo la influencia de mis primeros maestros, se me llevó a concluir que nosotros éramos los únicos seres inteligentes, mientras que los animales sólo tienen instintos. No me llevó mucho tiempo darme cuenta que estaba otra vez sobre la pista falsa. Gracias a las contribuciones de la etología, hoy sabemos que los animales también poseen inteligencia. Y reflexioné, hasta que un día finalmente creí que lo tenía; los seres humanos son los únicos seres con sentido del humor. Otra vez fui desengañado por estudios que demuestran que hasta los pájaros se hacen bromas entre sí y se “ríen”.

Ya era un estudiante universitario y había casi decidido rendirme, cuando mencioné a mi padre mi frustración. Simplemente me miró y dijo: “¿Por qué no intentas por el lado de la estupidez?”. Aunque al principio me sentí impactado, los años pasaron, y me gustaría anunciar, a menos que alguien más pueda reclamar una precedencia legítima, que estoy muy orgulloso de ser probablemente el fundador de una nueva e importante disciplina: la Estupidología. Sostengo, por lo tanto, que la estupidez es un rasgo único de los seres humanos. ¡Ningún otro ser vivo es estúpido, salvo nosotros!

Manfred Max Neef

Extraído del libro Desarrollo a escala humana, una opción para el futuro, escrito por Manfred Max Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, 1986.

Libro en PDF aquí o acá

fuente www.decrecimiento.info/2012/03/estupidez-humana.html

“La transgenia es a la agricultura lo que la usura a la economía”

Entrevista a Vandana Shiva.

La líder ecologista mundial estuvo en España para participar en el programa de debates y conferencias del Rototom Sunsplash Festival de Benicàssim. Vandana Shiva explica cómo pasó de ser técnica nuclear a ecoactivista internacional. La modificación genética aplicada a la agricultura ha provocado miles y miles de suicidios en India.

Charlar con Vandana no es fácil. Tiene una agenda sin respiro. Y, a pesar de todo, siempre tiene una palabra amable para los que queremos saber más. Y siempre obtiene tiempo, también, para seguir estudiando la forma en que el tecnopatriarcado lleva a cabo estrategias cada vez más sibilinas de control y de poder.

-¿El tecnopatriarcado quiere controlar la fertilidad del mundo?

-Sí, y es una situación que ocurre en todas las partes del planeta, incluidos los países ricos. Esta es una situación que en términos políticos es contradictoria con el régimen democrático que los mismos países occidentales pregonan. Es algo muy similar a lo que ocurre con la energía nuclear, que fue el tema de debate llevado a cabo en el festival Rototom Sunsplash. Ambos modelos productivos están basados en el control total de la producción; la industria nuclear tiene además una relación directa con la industria armamentística. Ambas son producciones que dependen de un fuerte subsidio gubernamental… que lo pagamos los ciudadanos…

Miles de suicidios

-¿De qué manera el tecnopatriarcado controla la vida y la fertilidad en el apartado de la agricultura?

-En la agricultura industrial lo hace en varias etapas. Primero, por el control de la producción de semillas y por el sistema de patentes, lo que causa una dependencia total de los campesinos versus los productores. La segunda etapa ocurre con los fertilizantes, que también supone un control de la producción y una dependencia por parte de los campesinos hacia los fabricantes de estos fertilizantes químicos. Y la tercera, es por medio de los pesticidas. De esta manera se acaba con las alternativas. El último paso de la industria alimentaria se ha dado con los alimentos genéticamente modificados. El precio de estas semillas es altísimo y, en un primer momento, muchos campesinos en India, por ejemplo, se lanzaron a cultivarlas. Para poder comprarlas, pensando que eran semillas mágicas que no necesitarían de insecticidas, pues se decía que eran inmunes a plagas o insectos, tiraron la casa por la ventana. Lo que no sabían los campesinos es que eran semillas que producían, a su vez, semillas no aprovechables. Esta situación ha destruido a millares de pequeños productores, ha provocado el suicidio de muchos campesinos y está destruyendo el tejido social campesino en India.

-¿Cada vez se concentra el poder agrario en menos manos? ¿Cuáles?

-En la actualidad hay cinco grandes multinacionales que controlan más del 75% de la producción agraria, entre ellas están Monsanto, Bungue y Cargill. Pero la concentración también está en otros procesos de la producción alimentaria, como es la de alimentos procesados y su distribución. Su poder se extiende no sólo por su capacidad económica que destruye la alternativa y la competitividad, sino también por la complicidad de los gobiernos que han optado por impulsar la agricultura industrial y las legislaciones que benefician a este sector.

Granjas familiares

-¿Por qué las pequeñas granjas familiares son más productivas que los monocultivos industriales?

-Son más productivas si miramos la producción desde un aspecto amplio y cualitativo, desde la eficiencia energética… Por eso soy una defensora de la agricultura ecológica. En la agricultura ecológica, un productor consumirá menos energía para producir productos que, además, tendrán una mayor calidad. Utilizará semillas que él mismo produce, no usará fertilizantes o pesticidas que dañan el medio ambiente. La producción tendrá lugar en un ciclo natural, respetando el medio ambiente, es decir conservándolo. El sistema industrial de producción agrícola es rentabilista, favorece el monocultivo que produce grandes cantidades pero que necesita una inversión de energía mucho mayor, una energía que lamentablemente no se contabiliza dentro del sistema de producción, como puede ser la compra de semillas, fertilizantes, pesticidas, gasto energético en maquinaria, irrigación, etc.

-¿Qué papel tienen las mujeres en estas granjas, en India o en cualquier otro lugar del mundo?

-Las mujeres tienen un papel fundamental en todo el mundo. Hay regiones donde tienen un papel más prominente, como en África, donde el 90% de la población que trabaja en el campo está en manos de mujeres. Pero no es sólo en zonas menos desarrolladas donde las mujeres tienen un rol importante. En la producción ecológica de Europa y Estados Unidos, la mujer tiene un papel preponderante de impulsora de nuevas iniciativas. Hay que tener en cuenta que la mujer es quien administra el alimento a sus hijos y eso es fundamental.

Agricultura usuraria

-Los transgénicos en India han llevado a muchas personas al suicidio… ¿Los transgénicos son a la agricultura lo que la usura a la economía?

-Todo forma parte de un mismo sistema y no hay duda de que los transgénicos son la usura de la agroalimentación industrial y lo que la energía nuclear es a la producción de energía. Millares de campesinos se han suicidado angustiados por las deudas contraídas debido a la compra de semillas “milagrosas” que les fueron vendidas a precios muy elevados. En estos tres casos –transgénicos, banca y energía nuclear– lo que se percibe es que hay una ausencia de responsabilidad y es la sociedad la que paga los platos rotos con consecuencias alarmantes. ¿Cómo se pueden cuantificar las pérdidas que ha habido con el desastre de Fukushima? Son pérdidas que han recaído mayoritariamente en Japón pero no sólo en Japón. ¿Cómo se puede contabilizar la contaminación que ha provocado en el mar, la tierra, cuya producción agrícola está condenada por muchísimos años? Sabemos que habrá una valoración económica y que mucha gente será indemnizada pero la catástrofe tiene unas consecuencias que van mucho más allá de lo económico a corto plazo. En ese sentido, creo que estamos en un momento de cambio importante, y la gente está formando parte de él. El sistema de funcionamiento ya no da para más, eso se está viendo en muchos lugares, incluso en España con el Movimiento 15M; la gente está “indignada” con todas las barbaridades que están ocurriendo.

-En India, la situación de la mujer ¿dónde está peor? ¿En las megalópolis o en las zonas rurales?

-Eso es relativo, depende del contexto específico. Hay situaciones en el campo, donde las mujeres tienen que llevar todo el peso de la supervivencia del núcleo familiar, pues sus maridos se han suicidado a causa de las deudas contraídas por la compra de semillas transgénicas, que son muy delicadas. Hay otras, en este mismo entorno, que trabajan dentro de un sistema de integración social, lo que les hace la vida más fácil. Depende de la situación específica de cada una o de la comunidad en la que viven. Y de los casos particulares, claro.

Del pasado al futuro

-¿Cómo dio el paso de la complicidad con el Sistema, como técnico nuclear, hasta convertirse en una líder ecologista mundial?

-Empecé a trabajar como técnico nuclear cuando tenía 20 años cuando recibí una beca. Mi perspectiva profesional en aquel momento era la de la fascinación de tener un futuro brillante, era muy joven. Sabía que era reconocida profesionalmente y estaba orgullosa de ello. Mi conocimiento de la física nuclear era muy esquemático, se basaba en fórmulas y resultados, no estaba conectado con la Naturaleza o con el entorno. Mi hermana, que era médico y que era amante de la Naturaleza, tenía más contacto con las plantas, las hierbas y ella fue quien empezó a relacionar mi profesión con la vida orgánica, fue quien cuestionaba mi trabajo y quien me mostró la necesitad de dar un giro a mi profesión.

Navdanya

-¿Qué trabajo hace su fundación respecto a todo esto que hemos hablado?

-La fundación trabaja básicamente con la agricultura ecológica, por medio del programa Navdanya. La difusión es un elemento importante para propagar la importancia de la agricultura ecológica. También realizamos estudios para el mantenimiento de la biodiversidad. La razón de nuestro trabajo con las mujeres es para que se unan al movimiento ecologista y se debe a las razones que ya hemos comentado. La mujer tiene un papel fundamental en el campo, bajo su responsabilidad está la organización familiar, ella es un elemento de cohesión y de diálogo en las comunidades y por ello tiene una gran relevancia en la difusión y ejecución de prácticas ecológicas.

Esteban Zarauz
1-01-2012

fuente: Revista The Ecologist para España y Latinoamérica www.theecologist.net/files/articulos/48_art4.asp

Los que se alejan de Omelas *

Variaciones sobre un tema de Willian James

Con un clamor de campanas que impulsó a las golondrinas a levantar el vuelo, el Festival del Verano llegaba a la ciudad de Omelas, que descollaba radiante junto al mar. En el puerto, los aparejos de los barcos destellaban con banderas. En las calles, entre las casas de rojos tejados y pintadas tapias, entre los viejos jardines donde crece el musgo y bajo los árboles de las avenidas; frente a los grandes parques y los edificios públicos desfilaba la multitud. Decorosos ancianos con largas túnicas rígidas malva y gris; graves y silenciosos artesanos, alegres mujeres que llevaban a sus hijos y charlaban al caminar. En otras calles, la música sonaba más veloz, un trémulo de batintines y panderetas y la gente iba bailando; la procesión era una danza.

Los niños correteaban de una parte a otra y sus gritos se alzaban sobre la música y los cantos como el vuelo cruzado de las golondrinas. Todos los desfiles serpenteaban hacia el norte de la ciudad, donde en la gran vega llamada Verdes Campos, chicos y chicas, desnudos en el luminoso aire, con los pies, los tobillos y los largos y ágiles brazos salpicados de lodo ejercitaban a sus inquietos caballos antes de la carrera. Los caballos no llevaban ningún tipo de pertrecho, sólo un ronzal sin bocado. Las crines trenzadas con cordones de plata, oro y verde. Resoplaban por los dilatados ollares, hacían cabriolas y se engallaban. Al ser el caballo el único animal que había adoptado nuestras ceremonias como propias, se hallaba muy excitado.

A lo lejos, por el norte y el oeste, las montañas se alzaban sobre la bahía de Omelas casi envolviéndola. El aire de la mañana era tan límpido que la nieve, coronado aún los Ocho Picos, despedía reflejos oro y blanco a través de las millas de aire iluminado por el sol, bajo el azul profundo del cielo. Soplaba el suficiente viento como para que los gallardetes que marcaban el curso de la carrera ondearan y chasquearan de vez en cuando. En el silencio verde de la amplia vega se oía la música que recorría las calles de la ciudad, y de todas partes y acercándose siempre, una alegre fragancia de aire que de vez en cuando se acumulaba y estallaba con el gozoso repique de las campanas.

¡Gozoso! ¿Cómo se puede explicar el gozo? ¿cómo describir a los habitantes de Omelas?
No eran personas simples, aunque si felices. Pero no pronunciaremos mas palabras de alabanza. Todas las sonrisas se han vuelto arcaicas. Al proceder a una descripción como ésta, uno tiende a hacer ciertas suposiciones, a dar la impresión de que busca un rey montado en un espléndido corcel y rodeado de nobles caballeros, o quizás en una litera dorada conducida por altos y musculosos esclavos. Pero no había rey. No usaban espadas ni poseían esclavos. No eran bárbaros. Desconozco las reglas y leyes de su sociedad pero sospecho que eran singularmente escasas. Al igual que se regían sin monarquía ni esclavitud, tampoco  necesitaban la bolsa de valores, la publicidad, la policía secreta y la bomba. Sin embargo, repito que no era un pueblo simple; nada de dulces pastores, nobles salvajes ni blandos utópicos, ni menos complejos que nosotros.

El mal estriba en que nosotros poseemos malos hábitos, animados por pedantes y sofisticados empeñados en considerará la felicidad como algo estúpido. Sólo el dolor es intelectual. Sólo el mal es interesante. Es la traición del artista: la negativa a admitir la banalidad del mal y el terrible fastidio del dolor. Si no puedes morder no enseñes los dientes. Si duele, vuelve a dar. Pero alabar el desespero es condenar el deleite; aceptar la violencia es perder la libertad para todo lo demás. Nosotros casi la hemos perdido; ya no podemos describir la felicidad de un hombre ni manifestar una alegría. ¿Cómo definir al pueblo de Omelas? No eran cándidos ni niños felices – aunque a decir verdad, sus hijos si lo eran – sino adultos maduros, inteligentes, apasionados, cuya vida no era desventurada. ¡Oh milagro! Mas, ¡ojalá supiera explicarlo mejor y convencerles! Omelas produce la impresión según mis palabras, de un país de un cuento de hadas: érase una vez hace mucho tiempo.

Quizá fuera mejor que se lo imaginaran según su propia fantasía, teniendo en cuenta que me pondría a la altura de las circunstancias, pues lo que sí es cierto es que no puedo armonizar con todos. Por ejemplo, ¿qué pasaba con la tecnología? Creo que no había coches ni helicópteros ni en las calles ni por encima de ellas, como lógica consecuencia de que el pueblo de Omelas era feliz. La felicidad se basa en una justa discriminación de lo que es necesario, de lo que no es ni necesario ni destructivo y de lo que es destructivo. Sin embargo, en la categoría intermedia – la de lo innecesario pero no destructivo, la del confort, lujo, exuberancia, etc. -, podían perfectamente poseer calefacción central, ferrocarriles subterráneos, máquinas lavadoras y toda clase de maravillosos ingenios que aún no se han inventado aquí; fuentes luminosas flotantes, poder energético, una cura para los catarros comunes o nada de eso; no importa, como lo prefieran.

Me inclino a pensar que las personas que han estado viniendo a Omelas desde todos los puntos de la costa durante estos últimos días antes del Festival, lo hicieron en pequeños trenes muy rápidos y en tranvías de dos pisos, y que la estación de ferrocarriles de Omelas es el edificio más bello de la ciudad, aunque más sencillo que el magnifico Mercado Agrícola. Pero aún, concediendo que hubiera trenes, temo que, hasta ahora, Omelas produzca en algunos de mis lectores la impresión de una ciudad gazmoña y cursilona. Sonrisas, campanas, desfiles caballos, garambainas.

En tal caso, agreguen una orgía. Si les sirve una orgía no vacilen. No obstante, no le pongamos templo que, con hermosos sacerdotes y sacerdotisas desnudos, casi en éxtasis, se hallen dispuestos a copular con quien sea, hombre o mujer, amante o extraño, por el deseo de unión con la profunda divinidad de la sangre, aunque ésa fue mi primera idea. Pero sería mejor no levantar templos en Omelas, por lo menos templos habitados. Religión, si. Clero, no. Por supuesto, los hermosos desnudos pueden deambular ofreciéndose como divinos suflés al hambriento del éxtasis de la carne. Que se incorporen a los desfiles. Que repiquen las panderetas sobre las cópulas y la gloria del deseo se proclame sobre los batintines y (un punto muy importante) que los vástagos de esos deliciosos rituales sean amados y atendidos por todos. Sé que en Omelas hay algo que nadie considera delito. Pero, ¿Qué puede ser?

Al principio pensé si no serían las drogas, pero eso es puritanismo. Para los que les gusta, la tenue y persistente fragancia del drooz perfuma las calles de la ciudad; el drooz, que al principio otorga una gran lucidez mental y fuerza a los miembros, y finalmente maravillosas visiones con las que penetras en los misterios y secretos más profundos del universo a la vez que excita el placer del sexo hasta lo indecible; y no crea hábito. En cuanto a los gustos más modestos, creo que debería ser la cerveza. ¿Qué otra cosa incumbe a la jubilosa ciudad? Sin dudad, la sensación de la victoria, la evocación del valor. Sin embargo, si suprimimos al clero, procedamos igual con los soldados. El júbilo que se erige sobre crímenes impunes no es verdadero júbilo; nunca lo será; es horrendo e inútil. Una satisfacción ilimitada y generosa, un magnífico triunfo que se experimenta no contra un enemigo de fuera, sino por la comunión de las almas más delicadas y hermosas de todos los hombres y el esplendor del verano del mundo es lo que inunda el corazón de los habitantes de Omelas y la victoria que celebran es la de la vida. En realidad, no creo que necesiten drogarse.

Casi todos los desfiles habían llegado ya a los Verdes Campos. Un delicioso aroma de manjares surge de las tiendas rojas y azules de los abastecedores. Las caras de los niños pequeños están llenas de graciosos pringues; en la afable barba gris de un hombre, se han enredado unas cuantas migas de un rico pastel. Los muchachos y muchachas han montado en sus caballos y comienzan a agruparse en la línea de salida. Una anciana, pequeña, gorda y sonriente, distribuye flores que saca de una cesta y un joven alto las prende en su cabello. Un niño de nueve o diez años se sienta al borde de la multitud, solo, jugando con una flauta de madera. La gente se detienes a escuchar y sonríe, pero no le hablan pues nunca deja de tocar ni tampoco los ve; sus ojos negros están totalmente absortos en la dulce y tenue magia de la melodía. Termina y lentamente alza las manos sosteniendo la flauta de madera.

Como si ese breve y reservado silencio fuese una señal, se oye de pronto el toque de una corneta que surge del pabellón junto a la línea de partida: imperioso, melancólico, penetrante. Los caballos se alzan sobre sus esbeltas patas traseras y algunos relinchan como respuesta. Con semblante sereno, los jóvenes jinetes acarician el cuello de sus monturas y las calman susurrando: <<Tranquilo, tranquilo, no te preocupes, todo saldrá bien, mi beldad, mi ilusión…>>  Ocupan sus puestos en la línea de salida. A lo largo de la pista, los espectadores son como un campo de hierba y flores al viento. El Festival de Verano ha comenzado. ¿Lo creen? ¿Aceptan el festival, la ciudad, la alegría? ¿No? Entonces, permítanme que lo describa una vez más.

En el subsuelo de uno de los hermosos edificios públicos de Omelas, o tal vez en el sótano de una de sus espaciosas casas particulares hay un lóbrego cuartucho. Tiene una puerta cerrada con llave y carece de ventanas. Una tenue luz se filtra polvorienta entre las rendijas de la carcomida madera y que procede de un ventanuco cubierto de telarañas de algún lugar del otro lado del sótano. En un ángulo del cuchitril un par de fregonas, con las bayetas tiesas, pestilentes, llenas de grumos, están junto a un balde oxidado. El suelo está sucio, pegajoso como es habitual en un sótano abandonado. El cuarto tiene tres pies de largo por dos de ancho: un simple armario para guardar las escobas y los enseres en desuso. En el cuarto hay un niño sentado. Podría ser un niño o una niña.

Aparenta unos seis años pero en realidad tiene casi diez. Es retrasado mental. Tal vez nació anormal o se ha vuelto imbécil por el miedo, la desnutrición y el abandono. Se hurga la nariz y de vez en cuando se manoseo los dedos de los pies o los genitales mientras se sienta encorvado en el rincón más alejado del balde y de las bayetas. Les tiene miedo. Las encuentra horribles. Cierra los ojos pero sabe que las fregonas siguen ahí, erguidas, y la puerta está cerrada y nadie acudirá. La puerta siempre está cerrada y nunca viene nadie salvo en ciertas ocasiones – la criatura no tiene noción del tiempo y los intervalos – en que la puerta cruje espantosamente, se abre y asoma una o varías personas. Entra una sola y de un puntapié le obliga a levantarse.

Los otros jamás se le acercan sino que lo observan con ojos de horror y asco. La escudilla de comida y el jarro de agua se llenan rápidamente, se cierra la puerta, los ojos desaparecen. La gente que está en la puerta nunca habla pero el niño, que no siempre ha vivido en el cuarto de los trastos y recuerda la luz del sol y la voz de su madre, a veces habla: <<Por favor, sáquenme de aquí. Seré bueno.>> Jamás le responden. Por las noches el niño gritaba pidiendo auxilio, gritaba muchísimo, pero ahora se limita a un débil quejido y cada vez habla menos. Está tan flaco que las piernas carecen de pantorrillas y tiene el vientre hinchado; solo se alimenta una vez al día con media escudilla de gachas con sebo. Va desnudo. Las nalgas y muslos son una masa de dolorosas llagas pues continuamente está sentado sobre su propio excremento.

Todos saben que existe, todo el pueblo de Omelas. Algunos han ido a verlo, otros se contentan únicamente con saber que está allí. Todos saben que tiene que estar. Algunos comprenden la razón, otros no pero ninguno ignora que su felicidad, la belleza de su pueblo, la ternura de sus amigos, la salud de sus hijos, la sabiduría de sus becarios, la habilidad de sus artesanos, incluso la abundancia de sus cosechas o el esplendor de su cielo dependen por completo de la abominable miseria de ese niño.

Se lo explican a los niños de ocho a diez años, siempre que estén capacitados para comprender, y casi todos los que van a verle son adolescentes, aunque con cierta frecuencia también un adulto acude y vuelve para ver al niño. Por muy bien que se lo expliquen, al verlo experimentan un asco que habían creído superar. A pesar de todas las explicaciones se les advierte furiosos, ultrajados, impotentes. Quisieran hacer algo por el niño, pero todo es inútil. ¡Qué hermoso sería si sacaran al sol a esa criatura, la limpiaran, le dieran de comer, la cuidasen. ¡Pero si alguien lo hiciera, ese día y a esa hora, toda la prosperidad, la belleza y la dicha de Omelas quedarían destruidas. Esas son las condiciones. Cambiar todo el bienestar y la armonía de cada vida de Omelas por esa sola y pequeña rehabilitación: acabar con la felicidad de millares a cambio de la posibilidad de hacer feliz a uno: pero eso sería, por supuesto, reconocer la culpa, admitir el delito.

Las condiciones son estrictas y terminantes; no debe dirigirse al niño una sola palabra amable.
A veces los jóvenes regresan a sus casas llorando o con una furia sin lágrimas cuando han vista al niño y se han enfrentado a esa terrible paradoja. Tal vez meditan sobre ello, semanas y años, pero a medida que transcurre el tiempo comienzan a darse cuenta de que aunque soltaran al niño, de poco le serviría su libertad; sin duda, una ligera, vaga satisfacción por el cuidado humano y el alimento, pero muy poco mas. Se halla demasiado degradado e imbécil para comprender la auténtica felicidad. Ha estado asustado demasiado tiempo para librarse del miedo. Sus costumbres son demasiado zafias e inciviles para que responda al trato humano. En efecto, después de tanto tiempo probablemente se sentiría infortunado sin los muros que lo protegen, sin la oscuridad para sus ojos, sin el propio excremento para sentarse. Sus lágrimas, ante la amarga injusticia, secan cuando empiezan a percibir la terrible justicia de la realidad y acaban aceptándola. Sin embargo, tal vez sus lágrimas y su rabia, el intento de su generosidad y la aceptación de su propia impotencia son la verdadera causa del esplendor de sus vidas. Su felicidad no es vacua e irresponsable. Saben que ellos, como el niño, no son libres. Conocen la compasión. La existencia del niño y el conocimiento de esa existencia hacen posible la elegancia de su arquitectura, el patetismo de su música, la profundidad de su ciencia. A causa del niño son tan amables con los niños. Saben que si ese desdichado no lloriquease en la oscuridad, el otro, el flautista, no tocaría esa alegre música mientras los jóvenes jinetes se ponen en filas sobre sus beldades para la carrera que se celebra la primera mañana de estío.

¿Que piensan ahora de ellos? ¿No son más dignos de crédito? Pero todavía tengo algo más que contarles, y esto es totalmente increíble.

A veces, un adolescente, chico o chica que va a ver al niño, no regresa a su casa para llorar o enfurecerse, no, en realidad no vuelve más a su hogar. Otras, un hombre o mujer de mas edad cae en un mutismo absoluto durante unos días. Bajan a la calle, caminan solos y cruzan sin vacilar las hermosas puertas de Omelas. Siguen andando por las tierras de labrantío. Cada uno va solo, chico o chica, hombre o mujer. Anochece; el caminante pasa por las calles de la ciudad, ante las casas de ventanas iluminadas, y penetra en la oscuridad de los campos. Siempre solos, se dirigen al Oeste o al Norte, hacia las montañas. Prosiguen. Abandonan Omelas, siempre adelante, y no vuelven. El lugar adonde van es aún menos imaginable para nosotros que la ciudad de la felicidad. No puedo describirlo, en absoluto. Es posible que no exista. Pero parece que saben muy bien adónde se dirigen los que se alejan de Omelas.
Fin.

Ursula K. Le Guin

* The Ones who walk away from Omelas.

fuente http://www.fenceec.org

Texto en PDF

(libro) El placer de la revolución

Capítulo 1: Cosas de la vida

Por Ken Knabb

“Sólo podemos comprender este mundo cuestionándolo como un todo… La raíz de la ausencia de imaginación dominante no puede entenderse a menos que seamos capaces de imaginar lo que falta, esto es, lo desaparecido, oculto, prohibido, y ya posible en la vida moderna.” Internacional Situacionista (1)

Utopía o quiebra

Nunca se ha dado en la historia un contraste tan deslumbrante entre lo que podría ser y lo que se da realmente.

Basta hoy examinar todos los problemas del mundo — la mayoría de los cuales son bien conocidos, y meditar sobre ellos no tiene normalmente otro efecto que hacernos menos sensibles a su realidad. Pero aunque seamos “lo bastante estoicos para soportar las desgracias de los demás,” a la larga el deterioro social presente nos afecta a todos. Quienes no padecen la represión física directa aún tienen que soportar las represiones mentales impuestas por un mundo cada vez más mediocre, estresante, ignorante y feo. Quienes escapan de la pobreza económica no pueden escapar del empobrecimiento general de la vida.

Ni siquiera a este nivel mezquino puede ya continuar la vida. La destrucción del planeta por el desarrollo mundial del capitalismo nos ha llevado a un punto en que la humanidad puede extinguirse en pocas décadas.

Y sin embargo este mismo desarrollo ha hecho posible abolir el sistema de jerarquía y explotación basado previamente en la escasez material e inaugurar una forma nueva y genuinamente liberada de sociedad.

Saltando de un desastre a otro en su camino a la demencia colectiva y el apocalipsis ecológico, este sistema ha desarrollado un impulso que está fuera de control, incluso para sus supuestos dueños. Cuanto más nos aproximamos a un mundo en el que no somos capaces de abandonar nuestros ghettos fortificados sin vigilantes armados, ni salir a la calle sin aplicarnos protección solar para no coger un cáncer de piel, es más difícil tomar en serio a quienes nos aconsejan mendigar unas cuantas reformas.

Lo que hace falta, creo, es una revolución democrática-participativa mundial que aboliría tanto el capitalismo como el estado. Admito que es mucho pedir, pero me temo que no bastará con ninguna solución de menor alcance para llegar a la raíz de nuestros problemas. Puede parecer absurdo hablar de revolución, pero todas las alternativas asumen la continuación del actual sistema, que es aún más absurdo.

“Comunismo” estalinista y “socialismo” reformista son simples variantes del capitalismo

Antes de entrar en lo que esta revolución debe suponer y responder a algunas objeciones típicas, hay que subrayar que no tiene nada que ver con los estereotipos repugnantes que evoca normalmente la palabra (terrorismo, venganza, golpes de estado, líderes manipuladores que predican el autosacrificio, militantes zombies entonando slogans políticamente correctos). Particularmente no debería confundirse con los dos fracasos principales del cambio social moderno, “comunismo” estalinista y “socialismo” reformista.

Después de décadas en el poder, primero en Rusia y después en muchos otros lugares, ha llegado a ser obvio que el estalinismo es el opuesto total de una sociedad liberada. El origen de este fenómeno grotesco es menos obvio. Trotskistas y otros han tratado de distinguir el estalinismo del antiguo bolchevismo de Lenin y Trotsky. Es verdad que existen diferencias, pero son más de grado que de tipo. El Estado y la Revolución de Lenin, por ejemplo, presenta una crítica más coherente del estado que la que puede encontrarse en la mayoría de los escritos anarquistas; el problema es que los aspectos radicales del pensamiento de Lenin acabaron disfrazando la actual práctica autoritaria bolchevique. Situándose al lado de las masas que afirmaba representar, y con una jerarquía interna correspondiente entre los militantes del partido y sus líderes, el partido bolchevique ya se encaminaba a la creación de las condiciones para el desarrollo del estalinismo cuando Lenin y Trotsky tenían todavía firmemente el control.(2)

Pero debemos tener claro lo que falló si queremos hacerlo mejor. Si socialismo significa plena participación de la gente en las decisiones sociales que afectan a sus propias vidas, no ha existido ni en los regímenes estalinistas del Este ni en los estados del bienestar del Oeste. El reciente colapso del estalinismo no es ni una vindicación del capitalismo ni una prueba del fracaso del “comunismo marxista.” Cualquiera que se haya molestado en leer a Marx (la mayor parte de sus elocuentes críticos obviamente no) sabe que el leninismo representa una severa distorsión del pensamiento marxista y que el estalinismo es su parodia total. Tampoco la propiedad estatal tiene nada que ver con el comunismo en su auténtico sentido de propiedad común, comunal; es simplemente un tipo diferente de capitalismo en el que la propiedad de la burocracia de estado reemplaza a (o se combina con) la propiedad privada corporativa.

Desde hace tiempo el espectáculo de la oposición entre estas dos variedades de capitalismo oculta su reforzamiento mutuo. Los conflictos serios se limitan entre ellas a batallas por delegación en el Tercer Mundo (Vietnam, Angola, Afganistan, etc.). Ninguna de las partes lleva a cabo un intento real de golpear al enemigo en su mismo corazón. (El Partido Comunista Francés saboteó la revuelta de mayo del 68; los poderes occidentales, que han intervenido masivamente en lugares donde no se lo habían pedido, rechazó enviar ni siquiera las pocas armas antitanques que necesitaban desesperadamente los insurgentes húngaros de 1956.) Guy Debord señaló en 1967 que el capitalismo de estado estalinista se había revelado ya simplemente como un “pariente pobre” del clásico capitalismo occidental, y que su caída estaba empezando a privar a los dominadores del Oeste de la pseudo-oposición que los reforzaba aparentando representar la única alternativa a su sistema. “La burguesía está en el trance de perder el adversario que objetivamente la apoyaba aportando una unificación ilusoria de toda la oposición al orden existente.” (La sociedad del espectáculo, §§110-111).

Aunque los líderes del Oeste fingieron dar la bienvenida al reciente colapso estalinista como una victoria natural de su propio sistema, ninguno de ellos lo había visto venir y no tienen obviamente idea de qué hacer con los problemas que esto plantea excepto sacar partido de la situación antes de que se desmorone. Las corporaciones multinacionales monopolísticas que proclaman el “comercio libre” como una panacea son muy conscientes de que el capitalismo de libre mercado habría reventado hace tiempo por sus propias contradicciones si no hubiera sido salvado a pesar de sí mismo mediante unas cuantas reformas seudosocialistas estilo New Deal.

Puede que aquellas reformas (servicios públicos, seguridad social, jornada de ocho horas, etc.) hayan mejorado algunos de los defectos más notorios del sistema, pero no para llevarlo más allá. En años recientes ni siquiera lo han mantenido con sus aceleradas crisis. Las mejoras más significativas se consiguieron en todos los casos sólo mediante largas y con frecuencia violentas luchas populares que finalmente forzaron a los burócratas: los partidos de izquierdas y los sindicatos que pretendían dirigir aquellas luchas funcionaban en primer lugar como válvulas de escape, cooptando las tendencias 4radicales y engrasando los engranajes de la máquina social.

Como los situacionistas han mostrado, la burocratización de los movimientos radicales, que degradó a la gente al nivel de simples seguidores constantemente “traicionados” por sus líderes, está ligada a la espectacularización creciente de la sociedad capitalista moderna, que ha reducido a las personas a la condición de simples espectadores de un mundo sobre el que no tienen control — un desarrollo que ha llegado a ser cada vez más notorio, aunque normalmente no se entiende de modo suficiente.

Tomadas en conjunto, todas estas consideraciones apuntan a la conclusión de que sólo puede crearse una sociedad liberada mediante la participación activa de la gente como un todo, no mediante organizaciones jerárquicas que actúan supuestamente en su beneficio. No se trata de elegir a los líderes más honestos o “responsables”, sino de evitar conceder un poder independiente a cualquier líder sea el que sea. Individuos o grupos pueden iniciar acciones radicales, pero una porción sustancial y rápidamente extendida de la población debe tomar parte si un movimiento pretende conducir a una sociedad nueva y no ser simplemente un golpe de estado que instale nuevos dominadores.

Democracia representativa versus democracia delegativa

No repetiré todas las clásicas críticas socialistas y anarquistas del capitalismo y el estado. Son ampliamente conocidas, o al menos ampliamente accesibles. Pero para acabar con algunas de las confusiones de la retórica política tradicional puede ser útil resumir los tipos básicos de organización social. En atención a la claridad, comenzaré examinando separadamente aspectos “políticos” y “económicos”, aunque están obviamente interrelacionados. Es tan fútil tratar de igualar las condiciones económicas de la gente mediante una burocracia de estado como lo es intentar democratizar la sociedad mientras el poder del dinero permite a una minúscula minoría controlar las instituciones que determinan la conciencia de la realidad social de la gente. Puesto que el sistema funciona como un todo sólo puede ser cambiado fundamentalmente como un todo.

Comenzando con el aspecto político, podemos distinguir de forma aproximativa cinco grados de “gobierno”:

1) Libertad sin restricción
2) Democracia directa
a) consenso
b) dominio de la mayoría
3) Democracia delegativa
4) Democracia representativa
5) Dictadura abierta de una minoría

La sociedad actual oscila entre 4) y 5), es decir entre el dominio abierto de la minoría y el dominio encubierto de la minoría camuflado por una fachada de democracia simbólica. Una sociedad liberada debe eliminar 4) y 5) y reducir progresivamente la necesidad de 2) y 3).

Discutiré más tarde los dos tipos de 2). Pero la distinción crucial está entre 3) y 4).

En la democracia representativa la gente abdica de su poder en beneficio de candidatos elegidos. Los principios proclamados por los candidatos se limitan a unas cuantas generalidades vagas, y una vez que han sido elegidos hay poco control sobre sus decisiones reales acerca de cientos de problemas — aparte de la débil amenaza de cambiar el voto, unos años más tarde, a cualquier rival político igualmente incontrolable. Los representantes dependen de los ricos mediante sobornos y aportaciones a la campaña; están subordinados a los propietarios de los medios de comunicación, que deciden qué temas consiguen publicidad; y son casi tan ignorantes y débiles como el público general en lo que respecta a muchos asuntos importantes que están determinados por burócratas y agencias secretas independientes. Los dictadores abiertos son a veces derrocados, pero los verdaderos dominadores en los regímenes “democráticos”, la pequeña minoría que posee o controla virtualmente todo, nunca ganan ni pierden el voto. La mayoría de la gente no sabe siquiera quiénes son.

En la democracia delegativa, los delegados son elegidos para propósitos determinados con muy específicas limitaciones. Pueden actuar estrictamente bajo mandato (encargados de votar de una cierta manera en un cierto asunto) o el mandato puede dejarse abierto (los delegados son libres de votar como mejor crean) reservándose la gente que los ha elegido el derecho a confirmar o rechazar cualquier decisión así tomada. Generalmente los delegados son elegidos para períodos muy cortos y están sujetos a revocación en todo momento.

En el contexto de las luchas radicales, las asambleas de delegados se han llamado normalmente “consejos.” La forma del consejo fue inventada por los trabajadores en huelga durante la revolución rusa de 1905 (soviet es la palabra rusa que significa consejo). Cuando los soviets reaparecieron en 1917, fueron sucesivamente apoyados, manipulados, dominados y cooptados por los bolcheviques, que pronto consiguieron transformarlos en parodias de sí mismos: sellos de caucho del “Estado Soviético” (el último soviet independiente que sobrevivió, el de los marineros de Kronstadt, fue aplastado en 1921).

No obstante los consejos han continuado para reaparecer espontáneamente en los momentos más radicales de la historia subsiguiente, en Alemania, Italia, España, Hungría y otros lugares, porque representan la solución obvia a la necesidad de una forma práctica de autoorganización popular no jerárquica. Y continúan recibiendo la oposición de todas las organizaciones jerárquicas, porque amenazan el dominio de las élites especializadas señalando la posibilidad de una sociedad de la autogestión generalizada: no la autogestión de unos cuantos detalles del sistema presente, sino la autogestión extendida a todas las regiones del globo y a todos los aspectos de la vida.

Pero como señalamos arriba, la cuestión de las formas democráticas no puede ser separada de su contexto económico.

Irracionalidades del capitalismo

La organización económica puede estudiarse desde la perspectiva del trabajo:

1) Totalmente voluntario
2) Cooperativo (autogestión colectiva)
3) Forzado y explotador
a) abiertamente (trabajo de los esclavos)
b) disfrazado (trabajo asalariado)

Y desde la perspectiva de la distribución:

1) Verdadero comunismo (accesibilidad totalmente libre)
2) Verdadero socialismo (propiedad y regulación colectivas)
3) Capitalismo (propiedad privada o estatal)

Aunque es posible regalar los bienes y servicios producidos por el trabajo asalariado, o aquellos producidos por el trabajo voluntario o cooperativo para convertirse en mercancías para el mercado, la mayor parte de estos niveles de trabajo y distribución tienden a corresponderse unos con otros. La sociedad actual es predominantemente 3): producción y consumo forzados de mercancías. Una sociedad liberada debe eliminar 3) y reducir 2) tan pronto como sea posible en favor de 1).

El capitalismo se basa en la producción de mercancías (producción de bienes para conseguir beneficios) y el trabajo asalariado (la propia fuerza del trabajo se compra y se vende como una mercancía). Como apuntaba Marx, hay menos diferencia entre el trabajador esclavo y el “libre” de lo que parece. Los esclavos, aunque no parecen percibir nada a cambio, son provistos de los medios de su supervivencia y reproducción, por los que los trabajadores (que se convierten en esclavos temporales en sus horas de trabajo) están obligados a pagar la mayor parte de su salario. El que algunos trabajos sean menos desagradables que otros, y que los trabajadores tengan el derecho nominal a cambiar de trabajo, emprender su propio comercio, comprar stocks o ganar a la lotería, encubren el hecho de que la inmensa mayoría de la gente está colectivamente esclavizada.

¿Cómo hemos llegado a esta absurda situación? Si retrocedemos lo suficiente, encontramos que en algún momento la gente fue desposeída por la fuerza: expulsada de la tierra y además privada de los medios para producir los bienes necesarios para la vida. (Los famosos capítulos sobre la “acumulación primitiva” de El Capital describen vívidamente este proceso en Inglaterra.) En la medida en que la gente acepta esta desposesión como legítima, están obligados a un trato desigual con los “propietarios” (los que les han robado, o quienes han conseguido después títulos de “propiedad” de los ladrones originales) en el que intercambian su trabajo por una fracción de lo que realmente producen, siendo retenida la plusvalía por los propietarios. Esta plusvalía (capital) puede entonces reinvertirse para generar continuamente mayores plusvalías de la misma forma.

A efectos de distribución, una fuente pública de agua potable es un ejemplo simple de verdadero comunismo (accesibilidad ilimitada). Una biblioteca pública es un ejemplo de verdadero socialismo (accesibilidad libre pero regulada).

En una sociedad racional, la accesibilidad debería depender de la abundancia. Durante una sequía, el agua debe ser racionada. A la inversa, una vez que las bibliotecas estuviesen enteramente puestas on-line podrían llegar a ser totalmente comunistas: todos podrían tener acceso libre al instante a cualquier número de textos sin necesidad de fichar ni devolverlos, de seguridad contra ladrones, etc.

Pero esta relación racional está impedida por la persistencia de los intereses económicos separados. Por tomar el último ejemplo, pronto será técnicamente posible crear una “biblioteca” mundial en la que todos los libros escritos, todas las películas realizadas y todas las interpretaciones musicales grabadas podrían ponerse on-line, potencialmente accesibles a cualquiera, para recibir libremente y obtener copias (sin necesidad ya de tiendas, comercios, propaganda, empaquetado, transporte, etc.). Pero como esto eliminaría los beneficios actuales en la publicación, grabación y comercio de películas, se invierte mucha más energía confeccionando complicados métodos para prevenir o cobrar las copias (mientras otros dedican la energía correspondiente ideando maneras de soslayar tales métodos) que en desarrollar una tecnología que podría beneficiar potencialmente a todos.

Uno de los méritos de Marx fue el de superar las oquedades de los discursos políticos basados en principios abstractos filosóficos o éticos (“naturaleza humana” tal y cual, todo el mundo tiene un “derecho natural” a esto o aquello) mostrando cómo las posibilidades sociales y la conciencia social están limitadas y configuradas en alto grado por las condiciones materiales. La libertad en abstracto significa poco si casi todo el mundo tiene que trabajar todo el tiempo simplemente para asegurar su supervivencia. No es realista esperar que la gente sea generosa y cooperativa cuando apenas hay suficiente para todos (dejando de lado las condiciones drásticamente diferentes en que el “comunismo primitivo” floreció). Pero un excedente lo bastante grande abre posibilidades más amplias. La esperanza de Marx y otros revolucionarios de su tiempo estaba basada en el hecho de que los potenciales tecnológicos desarrollados por la revolución industrial aportaban finalmente bases materiales adecuadas para una sociedad sin clases. Ya no era cuestión de afirmar que las cosas “debían” ser diferentes, sino de indicar qué podría ser diferente; la dominación de clase no sólo es injusta, es ahora innecesaria.

¿Fue realmente necesaria siquiera en otros tiempos? ¿Acertaba Marx al ver el desarrollo del capitalismo y el estado como etapas inevitables, o podría ser posible una sociedad liberada sin este desvío penoso? Afortunadamente, ya no es preciso ocuparse de esta cuestión. Cualesquiera fuesen las posibilidades en el pasado, las condiciones materiales presentes son más que suficientes para sostener una sociedad global sin clases.

El más serio retroceso del capitalismo no es su injusticia cuantitativa — el mero hecho de que la riqueza esté desigualmente distribuida, de que los trabajadores no perciban el “valor” completo de su trabajo. El problema es que este margen de explotación (incluso si es relativamente pequeño) hace posible la acumulación privada del capital, que finalmente reorienta todo hacia sus propios fines, dominando y deformando todos los aspectos de la vida.

Cuanta más alienación produce el sistema, más energía social debe ser desviada sólo para mantenerlo en marcha — más publicidad para vender mercancías superfluas, más ideologías para tener a la gente embaucada, más espectáculos para tenerla pacificada, más policía y más prisiones para reprimir el crimen y la rebelión, más armas para competir con los estados rivales — todo lo cual produce más frustraciones y antagonismos, que deben ser reprimidos con más espectáculos, más prisiones, etc. Mientras este círculo vicioso continúe, las necesidades humanas reales serán sólo incidentalmente satisfechas, o ni siquiera lo serán en absoluto, al tiempo que casi todo trabajo se canaliza hacia proyectos absurdos, redundantes o destructivos que no sirven a otro propósito que mantener el sistema.

Si este sistema fuera abolido y los potenciales tecnológicos modernos fueran transformados y redirigidos apropiadamente, el trabajo necesario para cubrir las necesidades humanas se reduciría a un nivel tan trivial que podría ser fácil realizarlo voluntaria y cooperativamente, sin requerir incentivos económicos o el reforzamiento del estado.

No es difícil concebir la idea de una superación del poder jerárquico evidente. La autogestión puede verse como el cumplimiento de la libertad y la democracia que son los valores oficiales de las sociedades occidentales. A pesar del condicionamiento sumiso de la gente, cualquiera ha tenido momentos en que rechazaba la dominación y comenzaba a hablar o a actuar por sí mismo.

Es mucho más difícil de concebir la idea de una superación del sistema económico. La dominación del capital es más sutil y autoreguladora. Las cuestiones de trabajo, producción, bienes, servicios, intercambio y coordinación en el mundo moderno parecen tan complicadas que la se acepta mayoritariamente la necesidad del dinero como mediación universal, encontrando difícil imaginar cualquier cambio más allá de la distribución de éste de un modo más equitativo.

Por esta razón pospondré la discusión en extenso de los aspectos económicos hasta más tarde, cuando sea posible entrar en ello más en detalle.

Revueltas modernas ejemplares

¿Es verosímil tal revolución? Las posibilidades están probablemente en contra. El principal problema es que no hay mucho tiempo. En épocas anteriores era posible imaginar que, a pesar de todas las locuras y desastres de la humanidad, podríamos salir del paso y quizás aprender finalmente de los errores del pasado. Pero ahora que las políticas sociales y los desarrollos tecnológicos tienen ramificaciones ecológicas globales irrevocables, no basta con seguir un método de ensayo y error. Tenemos sólo unas décadas para cambiar las cosas. Y como el tiempo pasa, la empresa se hace más difícil: el hecho de que los problemas sociales básicos apenas son encarados, y mucho menos resueltos, fortalece cada vez más la desesperación y las tendencias delirantes a la guerra, el fascismo, el antagonismo étnico, el fanatismo religioso y otras formas de irracionalidad colectiva, desviando lo que podría potencialmente actuar en favor de una nueva sociedad en acciones de contención meramente defensiva y en última instancia fútiles.

Pero la mayoría de las revoluciones han ido precedidas de períodos en que todos se burlaban de la idea de que las cosas pudiesen cambiar. A pesar de muchas tendencias desalentadoras en el mundo, hay también algunos signos alentadores, el no menor de los cuales es el extendido desencanto con respecto a las falsas alternativas previas. Muchas revueltas populares de este siglo se han movido ya espontáneamente en la dirección correcta. No me refiero a las revoluciones “exitosas”, que son fraudes sin excepción, sino a esfuerzos menos conocidos, más radicales. Algunos de los ejemplos más notables son Rusia 1905, Alemania 1918-19, Italia 1920, Asturias 1934, España 1936-37, Hungría 1956, Francia 1968, Checoslovaquia 1968, Portugal 1974-75 y Polonia 1980-81; muchos otros movimientos, desde la revolución mejicana de 1910 hasta la reciente lucha anti-apartheid en Sudafrica, contuvieron también momentos ejemplares de experimentación popular antes de que fueran puestos bajo control burocrático.

Nadie que no haya analizado cuidadosamente estos movimientos está en disposición de rechazar las expectativas de revolución. Ignorarlas por su “fracaso” es no entender lo más importante.(3)

La revolución moderna es todo o nada: las revueltas individuales están condenadas a fracasar hasta que estalle una reacción internacional en cadena que se extienda más lejos de lo que la represión pueda abarcar. No es sorprendente que estas revueltas no fuesen más allá; lo que es estimulante es que fuesen tan lejos como lo hicieron. Un nuevo movimiento revolucionario tomará indudablemente formas nuevas e impredictibles; pero estos esfuerzos anteriores siguen llenos de ejemplos de lo que puede hacerse, tanto como de lo que no debe hacerse.

Algunas objeciones comunes

Se dice con frecuencia que una sociedad sin estado funcionaría si todos fuéramos ángeles, pero debido a la perversidad de la naturaleza humana es necesaria alguna jerarquía para mantener a la gente a raya. Más cierto sería decir que si todos fuéramos ángeles el sistema presente podría funcionar tolerablemente bien (los burócratas actuarían honestamente, los capitalistas se abstendrían de empresas socialmente dañinas aunque fuesen provechosas). Es precisamente porque las personas no son ángeles por lo que es necesario eliminar el sistema que permite a algunas de ellas llegar a ser diablos muy eficientes. Mete a cien personas en una pequeña habitación con un sólo agujero de ventilación y se pelearán unos con otros hasta la muerte por alcanzarlo. Déjalos salir y puede que manifiesten una naturaleza diferente. Como decía un graffiti de mayo de 1968, “El hombre no es ni el noble salvaje de Rousseau ni el pecador depravado de la Iglesia. Es violento cuando está oprimido, tierno cuando es libre.”

Otros sostienen que, cualesquiera que sean las causas profundas, la gente está ahora tan fastidiada que necesita ser curada psicológica o espiritualmente antes de que pueda concebir crear una sociedad liberada. En sus últimos años Wilhelm Reich sentía que una “plaga emocional “ estaba tan firmemente incrustada en la población que llevaría generaciones de niños crecidos sanamente antes de que fuese capaz de la transformación social libertaria; y que mientras tanto uno debería evitar enfrentarse frontalmente al sistema puesto que esto removería el nido de avispas de la reacción popular ignorante.

Es cierto que las tendencias populares irracionales exigen algunas veces discreción. Pero aunque puedan ser poderosas, no son fuerzas irresistibles. Contienen sus propias contradicciones. Ceñirse a alguna autoridad absoluta no es necesariamente un signo de fe en la autoridad; puede ser un intento desesperado de superar las dudas crecientes (la tensión convulsa de un asimiento que resbala). Quienes se unen a bandas y a grupos reaccionarios, o caen en cultos religiosos o histeria patriótica, están buscando también un sentido de liberación, conexión, propósito, participación, poder sobre su vida. Como Reich mismo mostró, el fascismo da una expresión particularmente dramática y vigorosa a aquellas aspiraciones básicas, lo que sucede porque con frecuencia tiene un encanto más profundo que las vacilaciones, compromisos e hipocresías del progresismo y el izquierdismo.

A la larga la única forma de derrotar a la reacción es presentar expresiones más francas de estas aspiraciones, y oportunidades más auténticas de cumplirlas. Cuando los asuntos básicos son forzados a salir al dominio público, las irracionalidades que florecían bajo la tapa de la represión psicológica tienden a disminuir, como los bacilos de la enfermedad expuestos a la luz del sol y el aire fresco. En cualquier caso, incluso si no nos imponemos, existe alguna satisfacción en luchar por lo que realmente creemos, mayor que en caer en una posición de vacilación e hipocresía.

Existen límites a la medida en que uno puede liberarse (o criar niños liberados) dentro de una sociedad enferma. Pero aunque Reich estaba en lo cierto al señalar que la gente psicológicamente reprimida era menos capaz de imaginar la liberación social, falló al comprender en qué medida el proceso de revuelta social puede ser psicológicamente liberador. (¡Psiquiatras franceses dijeron haber registrado una caída significativa en el número de sus clientes entre las secuelas de mayo de 1968!)

La noción de democracia total eleva el espectro de la “tiranía de la mayoría.” Debemos reconocer que las mayorías pueden ser ignorantes y fanáticas, sin duda. Pero la única solución real es enfrentarse esta ignorancia y este fanatismo e intentar superarlos. Mantener a las masas en la oscuridad (confiando en jueces progresistas para proteger las libertades civiles o en legisladores progresistas para adoptar discretamente algunas reformas progresivas) sólo conduce a la reacción popular cuando las cuestiones sensibles empiezan a ser públicas.

Examinados más en detalle, sin embargo, la mayor parte de los ejemplos de opresión de una minoría por una mayoría no se deben al dominio de la mayoría, sino al dominio encubierto de una minoría en el que la élite dominante juega con cualquier antagonismo racial o cultural que pueda darse para dirigir las frustraciones de las masas explotadas unas contra otras. Cuando la gente tiene poder real sobre su propia vida tienen cosas más interesantes que hacer que perseguir minorías.

Así se evocan tantos abusos o desastres que podrían darse en una sociedad no jerárquica que sería imposible responder a todos ellos. La gente que resignadamente acepta un sistema que condena cada año a la muerte en guerras y hambrunas a millones de sus prójimos, y millones más a la prisión y a la tortura, se escandaliza ante la idea de que en una sociedad autogestionaria podrían darse algunos abusos, alguna violencia o coerción o injusticia, o incluso simplemente algunas inconveniencias temporales. Olvidan que no es necesario que un nuevo sistema social resuelva todos nuestros problemas; sino simplemente que los trate mejor de lo que lo hace el sistema actual — lo que no es pedir demasiado.

Si la historia siguiera las opiniones complacientes de los comentadores oficiales, nunca habría habido revoluciones. En cualquier situación dada hay siempre suficientes ideólogos dispuestos a afirmar que no es posible ningún cambio radical. Si la economía funciona bien, afirmarán que la revolución depende de las crisis económicas; si hay crisis económica, otros declararán con la misma confianza que la revolución es imposible porque la gente está demasiado ocupada haciendo malabarismos para vivir. Los primeros, sorprendidos por la revuelta de mayo de 1968, intentaron descubrir retrospectivamente la crisis invisible que según insiste su ideología debe haber estado allí. Los últimos sostienen que la perspectiva situacionista ha sido refutada por las peores condiciones económicas desde aquel tiempo.

En realidad, los situacionistas señalaron simplemente que el logro creciente de la abundancia capitalista había demostrado que la supervivencia garantizada no era un sustituto para la vida real. Los ascensos y descensos periódicos de la economía no cuestionan de ninguna manera esta conclusión. El hecho de que unos pocos en la cima de la sociedad hayan logrado reunir recientemente de modo gradual una parte aún mayor de la riqueza social, echando a la calle a un número cada vez mayor de personas y aterrorizando al resto de la población con la posibilidad de caer en la misma suerte, hace menos evidente la viabilidad de una sociedad de la post-escasez; pero los prerrequisitos materiales están ya presentes.

Las crisis económicas que evidenciaban que necesitábamos “reducir nuestras expectativas” fueron realmente causadas por la sobre-producción y la falta de trabajo. El absurdo más profundo del actual sistema es que el desempleo se ve como un problema, con las tecnologías potencialmente liberadoras del trabajo dirigidas hacia la creación de nuevos trabajos que reemplacen a los viejos que se han vuelto innecesarios. El problema no es que mucha gente no tenga trabajo, sino que mucha gente lo tiene todavía. Necesitamos ampliar nuestras expectativas, no reducirlas.(4)

El dominio creciente del espectáculo

Más serio que este espectáculo de nuestra supuesta falta de poder en el plano de la economía es el poder enormemente incrementado del propio espectáculo, que en años recientes se ha desarrollado hasta el punto de aplastar finalmente cualquier conciencia de historia pre-espectacular o de las posibilidades anti-espectaculares. Los Comentarios a la sociedad del espectáculo (1988) de Debord encaran este nuevo desarrollo en detalle:

El cambio de mayor importancia en todo lo que ha sucedido en los últimos veinte años reside en la continuidad misma del espectáculo. Esta importancia no se refiere al perfeccionamiento de su instrumentación por los media, que ya anteriormente había alcanzado un estadio de desarrollo muy avanzado; se trata simplemente de que la dominación espectacular ha educado a una generación sometida a sus leyes… La primera intención de la dominación espectacular fue erradicar todo el conocimiento histórico en general, empezando con toda información y comentario racional acerca del pasado más reciente… El espectáculo se cuida de que la gente sea inconsciente de lo que está sucediendo, o al menos de que olviden rápidamente todo aquello de lo que puedan haber llegado a ser conscientes. Lo más importante es lo más oculto. Nada en los últimos veinte años ha sido tan profundamente cubierto con las mentiras oficiales como mayo de 1968…

El flujo de imágenes va arrollándolo todo, y siempre es otro quien controla este resumen simplificado del mundo perceptible, quien decide adónde llevará el flujo, quien programa el ritmo de lo que es mostrado en una serie inacabable de arbitrarias sorpresas que no deja tiempo para la reflexión… separando todo lo que se muestra de su contexto, su pasado, sus intenciones y sus consecuencias… No es así sorprendente que los niños estén hoy comenzando su educación con una introducción entusiasta al Conocimiento Absoluto del lenguaje de los ordenadores mientras son cada vez más incapaces de leer. Porque leer requiere hacer juicios a cada línea; y como la conversación casi ha muerto (como lo harán pronto la mayoría de aquellos que sepan cómo conversar) la lectura es el único acceso que queda al vasto campo de la experiencia humana pre-espectacular.

En este texto he tratado de recapitular algunos puntos básicos que han sido sepultados bajo esta intensa represión espectacular. Si estos asuntos parecen banales a unos u oscuros a otros, pueden servir al menos para recordar que una vez fue posible, en aquellos tiempos primitivos de hace unas décadas, que la gente tuviese la singular noción pasada de moda de que podían entender y afectar su propia historia.

Aunque es incuestionable que las cosas han cambiado considerablemente desde los sesenta (en su mayor parte para peor), puede que nuestra situación no sea tan desesperada como parece a quienes engullen todo aquello con lo que el espectáculo los alimenta. A veces sólo hace falta una sacudida para romper el estupor.

Y aunque no hubiese garantía de una victoria final, tales rupturas son ya un placer. ¿Existe alguno mayor?(5)

Capítulo 2: Excitación preliminar:

· Descubrimientos personales.
· Intervenciones críticas.
· Teoría versus ideología.
· Evitar falsas opciones y elucidar las verdaderas.
· El estilo insurreccional.
· Cine radical.
· Opresionismo versus juego.
· El escándalo de Estrasburgo.
· La miseria de la política electoral.
· Reformas e instituciones alternativas.
· Corrección política, o igualdad en la alienación.
· Inconvenientes del moralismo y el extremismo simplista.
· Ventajas de la audacia.
· Ventajas y límites de la no violencia.

Capítulo 3: Momentos decisivos:

· Causas de las brechas sociales.
· Convulsiones de postguerra.
· Efervescencia de situaciones radicales.
· Autoorganización popular.
· Los situacionistas en mayo de 1968.
· El obrerismo está obsoleto, pero la posición de los trabajadores sigue siendo pivotal.
· Huelgas salvajes y ocupaciones.
· Huelgas de consumo.
· Lo que podía haber sucedido en mayo de 1968.
· Métodos de confusión y cooptación.
· El terrorismo refuerza el estado.
· El momento decisivo.
· Internacionalismo.

Capítulo 4: Renacimiento:

· Los utópicos no preveen la diversidad postrevolucionaria.
· Descentralización y coordinación.
· Salvaguardas contra los abusos.
· Consenso, dominio de la mayoría y jerarquías inevitables.
· Eliminar las raíces de la guerra y el crimen.
· Abolición del dinero.
· Absurdo de la mayor parte del trabajo presente.
· Transformar el trabajo en juego.
· Objeciones tecnofóbicas.
· Temas ecológicos.
· El florecimiento de comunidades libres.
· Problemas más interesantes.

Versión española de The Joy of Revolution. Traducción de Luis Navarro revisada por Ken Knabb.

Fuente: www.bopsecrets.org

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