Sencillos compromisos conmigo mismo y la humanidad

El presente texto tiene como base otro que circula a través de la red y cuya autoría, tras diversos intentos, no ha podido ser definida. De sus contenidos, Emilio Carrillo hizo una selección, para centrarlos en los más sencillos, directos e inmediatos antes los actuales acontecimientos. Y, con este mismo objetivo, realizó igualmente una adaptación, en forma y fondo, de lo seleccionado.

Por Emilio Carrillo

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(video) Entrevista con Judy Mikovits, viróloga que destapa todo lo que hay detrás de la pandemia por Coronavirus (Covid-19)

Una entrevista que es parte de un documental llamado Plandemic que ha sido censurado por YouTube. Una experta viróloga que trabajó bajo el mando de Anthony Fauci antes de ser encarcelada y con una orden de mordaza de 5 años está hablando en un par de entrevistas virales. Los cineastas de Plandemic lanzaron una cinta de 27 minutos de duración donde la renombrada científica Judy Mikovits PHD expone la participación del Dr. Fauci en la retención intencional de información que podría haber salvado millones de vidas durante la epidemia del SIDA.

Por Superocho.org

https://superocho.org/watch/D3U8xydvD4Y88EM

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El Estado con mascarilla. Último avatar de la mundialización

El Estado pretende mostrarse como la tabla salvadora a la que la población debe de agarrarse cuando el mercado se pone a dormir en la madriguera bancaria y bursátil. Mientras se trabaja en el retorno al orden de antes, o sea, como dicen los informáticos, mientras se intenta crear un punto de restauración del sistema, el Estado interpreta el papel de protagonista protector, aunque en la realidad este se asemeje más al de bufón macarra.

Por Miquel Amorós
07-04-2020

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(libro) El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo

No hay muchas ideas que hayan merecido su nombre. El anarquismo pudo reclamar ese derecho, y a ello contribuyeron las impugnaciones gubernamentales y las connotaciones pánicas que fue acumulando su historia. Los anarquistas afrontaron por un siglo entero el repudio y la persecución por parte de todos los Estados por igual, irritados por los rasgos excéntricos y extremos de éste pensamiento del “afuera” y tan refractario a los símbolos de su tiempo. Originados en una horma anómala, los anarquistas aprestaron y difundieron propuestas que no estaban contempladas en el pacto fundador del ideario republicano moderno y que darían contorno a la imaginación antagonista del dominio del hombre por el hombre. No sorprende que una “leyenda negra” haya acompañado la historia del movimiento libertario: utopía, nihilismo, asociales, quimera política, fogoneros de asonadas violentas, maximalistas intratables.

Por Christian Ferrer

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Fraguas Revive, Ecoaldea autogestiva en Castilla La Mancha en peligro de desalojo

¿Es posible vivir fuera del sistema? Fraguas demuestra que sí. Varios jóvenes procedentes de distintos puntos de España emprendieron en 2013 un proyecto de okupación rural mediante la reconstrucción de las ruinas de un antiguo pueblo abandonado en la Sierra Norte de Guadalajara.

Por Sin Filtros

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Intervención de Greta Thunberg en la Conferencia sobre Cambio Climático COP24: «No podemos solucionar una crisis sin tratarla como una crisis.»*

“Mi nombre es Greta Thunberg, tengo 15 años y soy de Suecia. Ahora hablo en nombre de la justicia climática.

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(libro) Comentarios sobre la sociedad del espectáculo

«Sin duda, el aspecto más inquietante de los libros de Debord consiste en el empeño puesto por la historia en confirmar sus análisis. No solamente, veinte años después de La Sociedad del espectáculo, los Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988) han registrado en todos los campos la exactitud de los diagnósticos y previsiones, sino que entretanto, el curso de los acontecimientos se ha acelerado con tal uniformidad en la misma dirección, que apenas dos años después de la publicación del libro, es como si la política mundial no fuese otra cosa hoy que una puesta en escena paródica del guión escrito por Debord. La unificación sustancial del espectáculo concentrado (las democracias populares del Este) y del espectáculo difuso (las democracias occidentales) dentro del espectáculo integrado, que constituye una de las tesis centrales de los Comentarios, y que muchos encontraban hasta hace poco paradójica, se revela ahora como una evidencia trivial. Los muros inquebrantables y los hierros que dividían los dos mundos fueron destrozados en unos cuantos días. Con el fin que el espectáculo integrado pudiese realizarse plenamente también en sus países, los gobiernos del Este han abandonado el partido leninista, igual que los del Oeste habían renunciado desde hace tiempo al equilibrio de poderes y a la libertad real de pensamiento y de comunicación en nombre de la máquina electoral mayoritaria y del control mediático de la opinión (que ambos se habían desarrollado en los Estados totalitarios modernos).» Giorgio Agamben (1)

Por Guy Debord
febrero-abril, 1988

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España: Alerta de la ecoaldea El Calabacino

Han pasado ya 38 años desde que los primeros repobladores llegaron a la aldea de El Calabacino situada en la Sierra de Aracena provincia de Huelva. El Calabacino es una ecoaldea perteneciente a la RIE (Red ibérica de Ecoaldeas) y la componen un grupo de 115 personas, 40 de ellos niños, con un índice de natalidad muy por encima de la media de cualquier municipio español.

Por El Calabacino
elcalabacino@gmail.com

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Informarse. Hoja de links con información, análisis, revistas, para difundir y/o imprimir

Que cada cual lo use como le parezca, difundiéndolo vía internet o imprimiéndolo y fotocopiándolo. Quizá no quiera hacer nada con esto, simplemente pase de largo y mande saludos!

“El espectáculo organiza con maestría la ignorancia acerca de lo que está pasando, y acto seguido, el olvido de cuanto, a pesar de todo, acaso haya llegado a saberse. Lo más importante es lo más oculto” Guy Debord, Comentarios Sobre la Sociedad del Espectáculo (1988)

Por raas
raas@riseup.net

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La guerra contra el territorio, estadio supremo de la dominación

Durante los últimos doscientos años, la sociedad humana ha evolucionado en permanente conflicto con el hábitat planetario obligada por las normas de la producción capitalista. Una conducta que, al alterar gravemente los procesos que se generaban en el medio rural y natural, ha comportado su destrucción, poniendo en peligro no solamente la continuidad de dicha sociedad, sino incluso la supervivencia de la especie. El entorno industrializado, contaminado y exhausto, se vuelve cada vez más hostil a la vida, más inhumano.

Por Miquel Amorós
revista Argelaga

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Disparen sobre el machismo ¿Resguarden al capitalismo?

Sin confrontación no hay historia. Aún hoy, en el siglo XXI, cuando los límites parecen cada vez más difusos, la posibilidad de una historia sin contrincantes resulta imposible. Nuevos órdenes mundiales vienen a reforzar estas contiendas e individualizar a nuevos enemigos. La violencia que ejerce el sistema capitalista, o neoliberalismo transnacional y financiero en su versión contemporánea, sobre los sectores más desposeídos (y también, sobre los no tanto) ha recrudecido y, en ocasiones, revivido formas antiguas que se suponían desterradas: xenofobia, racismo y exclusión del diferente vuelven a escena con una virulencia y, sobre todo, con multitudinarias adhesiones no vistas desde la hecatombe de la 2° Guerra Mundial.

Por Zenda Liendivit
Contratiempo
Enero de 2017

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Archivo de Frases con Sabiduría, 324 páginas

Archivo actualizado a septiembre de 2018 con selección de frases, opiniones, sentires, fragmentos y poesías de personas comunes, escritores, poetas, pensadores, filósofos, brujos, militantes, organizaciones, grupos, revistas, etc. sobre el mundo en el que vivimos y morimos.

Por raas

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Página de archivo de frases:
https://sagen.noblogs.org

(presentación) Del Asesinato de la Naturaleza como una de las Bellas Artes

Presentación de 27 páginas en formato PDF, que es, fundamentalmente, un intento gráfico de señalar responsabilidades sociales políticas (individual y colectivamente hablando). Un cuadro lo que hemos generado como especie en el planeta en un par de siglos.

Por raas
raas@riseup.net

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Caosmosis

«Son las máquinas estéticas las que, en nuestra época, nos proponen los modelos relativamente mejor realizados de esos bloques de sensación susceptibles de extraer sentido pleno a partir de todas esas señaléticas vacías que nos invisten por todas partes.»

Por Felix Guattari

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Post-estructuralismo y anarquismo

La dificultad para valorar la filosofía política de los post-estructuralistas franceses -Foucault, Deleuze, Lyotard, en particular- es inseparable de la dificultad de comprender cuál es su filosofía política general. Que ellos han rechazado el marxismo como el criterio adecuado de actuación social y política, es cosa clara. Pero con qué lo han sustituido es todavía objeto de controversias. Esto es debido al hecho de que, en vez de ofrecer una teoría política general, los post-estructuralistas nos han suministrado análisis específicos de situaciones concretas de opresión. Su atención se centra en la locura, la sexualidad, el psicoanálisis, el lenguaje, el inconsciente, el arte, etc.; pero no sobre un criterio unitario acerca de lo que es política o de las modalidades de su conducción en el mundo contemporáneo.
 
Esta ausencia, o rechazo, de una teoría general ha llevado a algunos críticos a acusar a los post-estructuralistas de nihilismo. La base sobre la que se construye tal presupuesto es que se debe poseer una posición política previa a confrontar con la situación política presente, a fin de ayudar a comprender los defectos del presente y los posibles itinerarios para llegar a un remedio de tales defectos.
 
El anarquismo a menudo se archiva según los mismos criterios aplicados para el post-estructuralismo dado su carácter de relativismo ético o caos voluntarista. Pero la tradición teórica del anarquismo, aunque no igual de voluminosa que la del marxismo o el liberalismo, suministra un contexto general en el ámbito del cual el pensamiento post-estructuralista puede ser situado y ser así valorado de manera adecuada. Lo que sigue propone llegar a considerar el post-estructuralismo como una forma contemporánea de anarquismo. Se discutirá en primer lugar la tradicional posición anarquista. En segundo lugar, se tomará en consideración la crítica post-estructuralista de algunos conceptos del siglo XIX que están en la base de la lectura anarquista. En tercer lugar, se esbozará un anarquismo libre de tales conceptos y más consonante con el pensamiento político francés contemporáneo, lo que podríamos denominar como un anarquismo post-estructuralista. En este esbozo se mostrará cómo tal anarquismo está libre de los problemas que vician lo que podría ser definido como una teorización «fundamentalista» del anarquismo.
 
Desde abajo y desde diversos puntos de vistas
 
En el conflicto entre Marx y Bakunin, que marcó la primera internacional, estaban en cuestión tanto el método como los fines de la organización del proletariado contra la burguesía. Lo que Bakunin encuentra errado en la política de Marx, tanto en la estrategia como en los fines, es la idea de la representación como concepto político. Allí donde hay representación hay opresión. El anarquismo puede ser definido como la lucha contra la representación en la vida pública. El pensamiento anarquista no confía en la representación política porque considera la cesión del poder como una invitación al abuso. En este sentido, no sólo el poder estatal o el económico merecen desconfianza, sino todas las formas de poder ejercidas por un grupo sobre otro.
 
La adopción directa de decisiones a lo largo de los varios registros dula vida social de una persona permite un acercamiento más descentralizado a la intervención política que el que permite el marxismo. Para este último, aunque haya toda una serie de áreas sociales que pueden, estrictamente hablando, no ser reducibles a la estructura económica capitalista, es siempre el capitalismo el que funda su posibilidad. Al fin y al cabo sólo una intervención es la que cuenta: la intervención para apropiarse del plusvalor a través de la conquista de los medios de producción y la toma de posesión del Estado. El marxismo, independientemente de cuánto ha apoyado las luchas contra el racismo, el sexismo, etc., siempre las ha visto como estratégicamente subordinadas a la lucha por el socialismo económico. Y es por esto que se presta a formas centralizadas de lucha de representación política.
 
Capacidad natural
 
El anarquismo cuestiona el sometimiento de los individuos a un ideal superior, pues éste siempre tiende a eliminar la propia capacidad de reflexionar en situaciones irreductiblemente concretas. Se pide a los individuos que se subordinen a un ideal que pretende realizar su naturaleza más alta, pero que en realidad los separa de las propias capacidades de reflexión crítica y de acción ponderada. Si se quiere que los individuos estén en condiciones de actuar autónomamente, es necesario permitirles considerar las situaciones en las que se encuentran en su especificidad y materialidad, y no impulsarles a someterse a una fórmula abstracta que se impone a las situaciones desde lo alto. Es aquí donde se encuentra el a priori del anarquismo tradicional: la fe en el individuo. La más clara formulación formulación contemporánea es la del anarquista norteamericano Murray Bookchin: «Los individuos siempre revelan poseer la capacidad natural -en los hechos una propensión- de idear soluciones sociales al mismo tiempo justas y eficaces. Es sólo en situaciones de desigualdad, en las cuales se permita a algunos individuos tener poder por encima de otros, que las capacidades individuales son deformadas y dirigidas hacia la opresión, en vez de hacia el respeto recíproco y la creatividad. Las características del privilegio y toda posición privilegiada, la característica común que distingue a todas las instituciones que oprimen políticas, económicas, religiosas, patriarcales y de otro tipo- es la represión del potencial individual».  
 
Deshacerse del sujeto
 
Hay, en la superficie, numerosas similitudes entre el pensamiento anarquista tradicional y la teoría post-estructuralista. La crítica de la representación es un tema central de los post-estructuralistas. Descentralización, actuación local, descubrimiento del poder en sus variadas facetas y no como un sólo estado, son las características que distinguen los análisis de los post-estructuralistas. Sin embargo, si se debiera caracterizar el pensamiento político post-estructuralista con una única propiedad, la elección recaería sobre la crítica de la teoría del sujeto. El anarquismo tradicional afirma que sin una confianza en el individuo no tiene absolutamente ningún sentido hablar de autonomía. El anarquismo tradicional se funda sobre el concepto de que el individuo posee una reserva que es irreductible a los ordenamientos sociales del poder.¿Por qué la teoría post-estructuralista rechaza el concepto de autonomía individual, que es la primera piedra de la teoría anarquista tradicional? Foucault, Deleuze, Lyotard no buscan el cambio social en menor medida que los anarquistas.  
 
Pero si no tienen confianza en una reserva en el ámbito del sujeto, que constituye la fuente del cambio, ¿dónde la encontrarán? Ciertamente no en una agente externo (ideología) que ellos unánimemente rechazan. La renuncia al individuo o al sujeto autónomo como lugar de resistencia y su sustitución por «otro algo» constituye el paso decisivo de un concepto de resistencia radicado en el siglo XIX a concepciones más actuales.Los motivos para deshacerse del sujeto como lugar de resistencia son históricas y conceptuales. Históricamente la revolución pre-anunciada por Marx no se ha verificado, al menos en Occidente. Este fracaso es en parte debido al hecho de que las clases obreras de las naciones industriales desarrolladas no han ido empobreciéndose, como Marx pensaba que sucedería.  
 
Sin embargo, la razón del fracaso de las previsiones revolucionarias está en parte adscrita a la capacidad del capitalismo de manipular la subjetividad: La Escuela de Frankfurt, por ejemplo, ha tratado de explicar la ausencia de revoluciones recurriendo a la capacidad del sistema cultural de absorber toda resistencia y, con ella, toda subjetividad. En el caso de los acontecimientos de Mayo del 68 en Francia, los estudiantes afirmaban que el capitalismo contemporáneo crea un espectáculo en el que cada uno está obligado a participar. En definitiva, la reserva de autonomía individual ha sido absorbida por los sistemas de opresión y, por tanto, no está adaptada para formar la base de un cambio social.La puesta en cuestión de la autonomía individual, sin embargo, es más que un hecho histórico. La filosofía del siglo XX ha llegado a concebir el sujeto como una entidad cubierta de fuerzas que anteriormente eran consideradas externas a él.
 
La trampa de la ideología
 
Sin embargo, no es en favor del caos por lo que el post-estructuralismo ha rechazado las ideologías. Lo que en cambio ha ofrecido son análisis precisos de la opresión. Ellos prefieren comprometerse en lo que se ha definido a menudo como «micropolítica»: una teorización de regiones, tipos o niveles de actividad política, pero que no pretende ofrecer una teoría política general. La opresión debe ser analizada y combatida sobre muchos registros y en los muchos nexos en los cuales se descubre. Para los post-estructuralistas hay un Stalin a la espera de cada teoría política global: o se nos adapta a los conceptos sobre los cuales se basa, o bien es necesario ser cambiados o eliminados en favor de tales conceptos.
 
La definición de un modelo de sujeto a liberar es la trampa en la que han caído los anarquistas. Para el anarquismo tradicional, la anormalidad debe ser curada, en vez de expresada; y aunque es mucho más tolerante en la confrontación de las «desviaciones» de las normas en materia de sexualidad y de otros comportamientos, queda en tal anarquismo el concepto de la norma como prototipo de lo propiamente humano e individual. Este prototipo, han sostenido los post-estructuralistas, no constituye la fuente de la resistencia contra la opresión en la época contemporánea: es más, con su unidad y su actuar concreto es una de las formas de opresión.

El anarquismo tradicional, en sus conceptos ideológicos -y, además, por el hecho de tener conceptos fundacionales- traiciona las intuiciones que constituyen su núcleo. Toda ideología es una forma de representación y por tanto, el anarquismo como crítica de la representación no puede ser construido sobre una base de conceptos cerrados y dados para siempre.
 
Las ideas de Foucault, Deleuze y Lyotard no buscan definir un sujeto oprimido al cual liberar y se dirigen en cambio a favorecer las luchas de los diversos grupos ofreciendo análisis, estrategias, así como críticas políticas y teóricas de las diferentes opresiones. «El intelectual no debe desarrollar el rol de aquellos que dan consejos. Pertenece a los mismos que luchan y debaten con ellos el proyecto, las tácticas y los blancos necesarios en la resistencia. Lo que el intelectual puede hacer es dar los instrumentos de análisis»(M. Foucault). El post-estructuralismo deja la decisión de cómo liberarse a los oprimidos, limitándose a suministrarles los instrumentos intelectuales que podrán ser útiles durante el camino.
Buscar una teoría general, fuera de todo conflicto específico, es comprometerse de nuevo con el proyecto de construir los fundamentos ideológicos de un proyecto de representación. Más allá del punto de los valores locales que permitan resistir a lo largo de toda una serie de registros distintos, no hay más teoría, sino sólo lucha.
 
Por lo tanto, la teoría post-estructuralista es más coherentemente anarquista de cuanto la teoría anarquista haya dado prueba de ser. La fuente teórica del anarquismo -el rechazo de la representación mediante medios políticos o conceptuales- encuentra la más precisa articulación de sus fundamentos en los teóricos post-estructuralistas. Reiner Schurman tenía razón al definir el lugar de la resistencia en Foucault como un «sujeto anarquista» que lucha contra la ley de totalización de lo social. El tipo de actividad ejemplificado por los post-estructuralistas consiste en análisis específicos más que en una crítica global. Los anarquistas tradicionales señalaban los peligros de una dominación de la abstracción; los post-estructuralistas han tenido en cuenta estos peligros en todas sus obras.
 
Han producido un cuerpo teórico que se desarrolla en una época que ha visto demasiada representación política y demasiada poca autodeterminación. Lo que buscan, sea el anarquismo tradicional o el post-estructuralismo contemporáneo, es una sociedad -o mejor, una serie de sociedades- en la cual a las personas no se las diga quiénes son, qué quieren y cómo vivirán; estando ellas en condiciones de decidir estas cosas por sí mismas.
 
Estas sociedades constituyen un ideal y, como los post-estructuralistas reconocen, un ideal probablemente imposible. Pero es en los tipos de análisis y en las luchas que tal ideal promueve -análisis y luchas tendentes a abrir espacios concretos de libertad en el campo social- donde reside el valor de la teoría anarquista, sea tradicional o contemporánea.

Todd May *
 
* Todd May es uno de los principales exégetas de la obra de Deleuze y Foucault en lengua inglesa, según afirma una publicación filosófica de la Universidad de Notre Dame. May es propulsador de una suerte de postestructuralismo anarquista, o ‘post-anarquismo’. Actualmente es profesor de filosofía en la Universidad de Clemson, Carolina del Sur. Este artículo fue originalmente publicado en «A Rivista Anarchica» de Italia. La versión en castellano es de Pablo Serrano, publicada por la revista «Ekintza Zuzena» nº 20 (Bilbao, 1996).  
 
Fuente www.contranatura.org/articulos/Polit/May-Postanarquismo.htm

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La Tablada: el último acto de la guerrilla setentista (1)

El 23 de enero de 1989 un grupo armado dirigido por Gorriarán Merlo, simuló pertenecer al movimiento golpista carapintada y asaltó el cuartel de La Tablada. La autora reconstruye y analiza una operación que culminó con la muerte y la cárcel de la mayoría de sus participantes.

1. Introducción

Desde el momento en que, a media mañana del lunes 23 de enero de 1989, se comenzó a confirmar la sospecha de que quienes habían irrumpido de manera violenta en el cuartel de La Tablada no eran militares “carapintadas” sino civiles, hombres y mujeres según toda apariencia ligados al Movimiento Todos por la Patria y en algunos casos antiguos militantes del PRT-ERP, la perplejidad y la consternación cayeron como un pesado manto sobre grandes sectores del espectro político y político-intelectual local. ¿Qué explicación –se preguntaban, nos preguntábamos– podía encontrarse para ese asalto a un cuartel militar en pleno régimen alfonsinista, por parte de integrantes de una agrupación que sostenía, hasta donde era públicamente conocido, un discurso político amplio, democrático y aglutinador de las fuerzas progresistas del país? ¿Qué lógica, qué confusión o desvarío podían explicar ese hecho, a primera vista inentendible, que evocaba inmediatamente reminiscencias del accionar guerrillero de la primera mitad de los 70?

Recuerdo de manera casi física mi propia desolación. Recuerdo también la intuición implacable, luego confirmada, de que entre los asaltantes reconocería algunos nombres que reemergerían de aquel pasado setentista. Presos liberados por la democracia, exiliados retornados al país, integrantes de mi generación que –por motivos cuyo sentido me propuse entonces intentar esclarecer algún día– habían hallado la muerte en la brutal represión que siguió a lo que entonces se me figuraba como la parábola absurda de vidas aún jóvenes que parecían, en esa inmolación mortífera y suicida, poner en escena su imposibilidad de regresar a la “vida corriente” luego del fracaso del proyecto revolucionario.

En el año 2005, en el marco de la construcción del Archivo de Historia Oral de la Argentina Contemporánea coordinado por Marcos Novaro y Vicente Palermo, tuve la oportunidad de participar de una larga entrevista a Enrique Gorriarán Merlo, antiguo dirigente del PRT-ERP y figura preeminente del MTP. Esa entrevista fue –si se me permite la malvenida metáfora militar– el detonador para mi proyecto siempre diferido de intentar comprender el “sentido” del ataque a La Tablada. En ella, Gorriarán se atuvo, en lo esencial, a lo que más abajo denomino la “versión oficial” de los hechos; aun así, el diálogo prolongado permitió que en los pliegues de esa versión oficial se ratificara una certeza, que a mí me resultaba fuertemente perturbadora de aquella versión oficial: las fuerzas atacantes habían buscado disimular su carácter de “civiles” arrojando volantes de un ficticio agrupamiento denominado “Nuevo Ejército Argentino”. Y había sido, en palabras de Gorriarán Merlo, “en el momento en que se empezó a decir que el grupo atacante no era un grupo carapintada sino un grupo de civiles” que la operación naufragó definitivamente. Asida al hilo conductor de esa certeza perturbadora reconocida de manera pública por Enrique Gorriarán Merlo, encaré esta investigación.(2)

2. La versión oficial

Recordemos muy suscintamente los hechos, intentando mantenerlos lo más desprovistos de interpretación que podamos. Alrededor de las 6.30 de la mañana del lunes 23 de enero, un camión de Coca Cola, del que más tarde se sabría que había sido robado minutos antes en San Justo, derribó el portón de ingreso al Regimiento III de La Tablada. Detrás del camión ingresó una fila de seis autos, y de estos vehículos se inició un ataque armado contra la guardia de prevención del cuartel. Según declaraciones posteriores del chofer del camión y de otros testigos del hecho, tras el robo del camión y antes del ingreso al cuartel los atacantes, algunos de ellos con sus caras pintadas, arrojaron volantes desde uno de los vehículos, mientras gritaban “Viva Rico”.

El ataque se extendió al resto del Regimiento, al sector de Casino de oficiales y de los Galpones de blindados, donde los atacantes encontraron una importante resistencia. A partir de media mañana ya nadie bien informado ignoraba que los ingresantes no eran “carapintadas” sino civiles; la presencia de mujeres y de hombres muy jóvenes apoyaba la tesis de una reedición de la guerrilla de cuño setentista. De allí en más, la intervención del ejército sería cada vez más violenta y si bien ya nadie creía que el ataque podría resultar victorioso, el desenlace se estiraría hasta la mañana siguiente.(3) El martes 24 la rendición de los últimos atacantes será seguida, según la denuncia de los prisioneros y según toda verosimilitud, del fusilamiento de algunos de los más notorios de ellos. El saldo final del ataque para las fuerzas, que según ya se había confirmado eran del MTP, es de 29 muertos y 13 prisioneros.(4)

Como lo señalo en la introducción, la asunción, por parte de Enrique Gorriarán, de que el ingreso al cuartel había sido acompañado del lanzamiento de volantes de un ficticio “Nuevo Ejército Argentino” orientó, desde el principio, mi necesidad de restituir la lógica, el sentido, de los acontecimientos, pues se insinuaba como inabsorbible en el relato hegemónico que proveían los asaltantes de La Tablada, primero en el juicio, y luego también en sus declaraciones posteriores.(5)

La “versión oficial”, que puede fácilmente recomponerse a través de la contrastación de la escasa bibliografía existente sobre el hecho, en principal a través de las afirmaciones de Enrique Gorriarán en sus memorias, de su entrevista para el Archivo de Historia Oral, de los testimonios de presas de La Tablada en Mujeres Guerrilleras, o a través de las fuentes provistas por el libro de Juan Salinas y Julio Villalonga Gorriarán, La Tablada y las guerras de inteligencia en América Latina (6), y que me fue también suministrada en primera instancia por varios de los entrevistados, se erige fundamentalmente sobre la afirmación de que el ingreso al cuartel por parte del grupo del MTP tuvo como finalidad detener un nuevo alzamiento carapintada, que debía producirse el día 23 de enero.(7) Ese alzamiento, se afirma, tenía su base, o una de sus bases fundamentales, de lanzamiento en dicho cuartel; y sobre todo, se añade, de producirse habría tenido características particulares que lo harían especialmente peligroso: el alzamiento en preparación se habría propuesto no limitarse a los cuarteles sino salir a la calle y producir una suerte de “noche de San Bartolomé” –la expresión se repetía de manera sistemática–, orientada contra dirigentes progresistas.(8) A su vez, ese alzamiento por venir debía ser enmarcado en un complot más vasto, que incluía a Carlos Menem y a otros dirigentes del peronismo, y que colocaba en el horizonte cercano la destitución del presidente Raúl Alfonsín y su sustitución por el vicepresidente Victor Martínez.

En apoyo de esa lectura, los atacantes de La Tablada ofrecían numerosas pistas: en primer lugar, una interpretación de la sucesión de remezones que se habían venido produciendo desde Semana Santa y que se sleían en términos de una escalada, que había llegado hasta la producción de muertos civiles en el alzamiento de Villa Martelli, y que habría de continuar ahora bajo la forma de una salida de los cuarteles y la mencionada “noche de San Bartolomé” –la columna de opinión “Un secreto a voces”, del dirigente del MTP Quito Burgos, publicada en Página 12 del 17/1/89, describía ya entonces ese posible escenario de manera muy detallada–. En segundo lugar, la insistencia en un complot menemista-seineldinista, cuya verosimilitud estaba sostenida sobre una conjunción de “fuentes propias” no declaradas, sobre informes de inteligencia provenientes de Panamá y, de la manera públicamente más proclamada, sobre el testimonio de personas que, por diversas razones particulares, habían tenido acceso a información acerca de movimientos carapintadas y contactos entre Seineldín y Menem. Estos últimos testimonios –de Karin Liatis y Gabriel Botana– fueron, en los días previos a los hechos de La Tablada, anunciados en conferencia de prensa por la cúpula del movimiento, presentados ante la justicia por Jorge Baños, abogado del CELS e integrante de la dirección del MTP, posteriormente muerto en La Tablada, y propalados con fuerza a través de los medios, en particular de Página 12.(9) Sumados a estos elementos, el gobierno de Alfonsín, sostiene el relato, se mostraba confundido, inerme, incapaz de una respuesta ante la creciente amenaza militar.

En una palabra: el 23 de enero debía producirse un alzamiento carapintada con epicentro en el cuartel de La Tablada, que tendría por propósito salir a la calle y, posiblemente, producir una matanza selectiva de dirigentes progresistas. La acción del MTP era una acción destinada a abortar el alzamiento antes de que éste se produjera, acción heroica de hombres y mujeres decididos a actuar frente a la inacción de un gobierno inerme. Nada había en esa acción, se insistía, que la ligara a los copamientos de cuarteles por parte de la guerrilla en los años 70: en los textos, y sobre todo en las entrevistas, resulta notable la afirmación, también repetida, de que el MTP no se proponía reeditar la táctica de lucha armada propia de aquellos años previos al golpe de 1976. Testimonio de la diferencia entre aquellos copamientos y este acontecimiento era –como también se decía de manera reiterada– que algunos de los atacantes habían entrado al cuartel con sus propios vehículos y sus documentos de identidad, y que las armas empleadas no sólo eran pobres para una intentona de copamiento “tradicional”, sino que habían sido compradas en los días previos al hecho en armerías de la ciudad de Buenos Aires.

¿Qué creían los militantes del MTP que ingresaron a La Tablada que debía resultar de su acción? ¿De qué manera podía su ingreso frenar el alzamiento que decían debía producirse? ¿Podía un grupo mal armado de cuarenta personas, la mayoría carente de un entrenamiento militar más o menos serio, frenar un alzamiento en marcha? En el caso de que hubieran podido ocupar el cuartel, ¿qué habrían hecho luego?

Es difícil, si no imposible, encontrar una respuesta a estas preguntas en los textos o testimonios mencionados si nos seguimos orientando por la lectura más estrecha de la versión oficial según la cual el objetivo era “parar el golpe”. ¿Cómo, de qué manera, lograrían frenar el golpe en marcha? ¿Qué harían los atacantes una vez ocupado el cuartel de La Tablada y reducidos los supuestos militares alcistas? Para encontrar algún sentido a la idea expresada de “parar el golpe” era necesario añadir a la versión oficial por lo menos la idea algo vaga de “cambio de rumbo”, expresada en esos términos por Enrique Gorriarán en sus Memorias: “la idea”, explica Gorriarán, “era ganar la iniciativa, parar el golpe y exigir al gobierno firmeza frente a los planteos militares. Pensábamos que con la gente en la calle y los militares aún no movilizados en conjunto se dificultaría mucho la represión posterior; claro que no descartábamos nuevos enfrentamientos pero ya en mejores condiciones. En aquel momento el poder político estaba cada vez más condicionado, el pueblo se sentía cada vez más separado de ese poder político, y los golpistas estaban cada vez más envalentonados. Con La Tablada intentábamos frenar ese proceso y ayudar a un cambio de rumbo que despejara el camino a la democracia”.(10)

¿De qué manera, repetimos, imaginaban los atacantes de La Tablada ese cambio de rumbo, y de qué modo podía su acción contribuir a él? En una primera aproximación, si nos atuviéramos a la versión oficial de los hechos que provocaron el ingreso al cuartel y no intentáramos leer entre líneas las afirmaciones de Gorriarán, podríamos imaginar que ese “cambio de rumbo” debía consistir en un fortalecimiento de las fuerzas antigolpistas, envalentonadas por el efecto suscitado por la acción de un grupo de 40 civiles pobremente armados, que habrían demostrado poder tomar un cuartel a punto de alzarse contra la democracia, y probado la posibilidad de impedir la acción de los sublevados y humillado así a los militares. La salida del grupo del MTP del cuartel sería acompañada por la movilización de “la gente en la calle” que, frente al éxito de la acción de un grupo pequeño y decidido podría ver entonces que la manera de cambiar la relación de fuerzas entre militares golpistas y civiles demócratas no era por vía de las concesiones y el retroceso, sino por la del fortalecimiento de la movilización, el coraje y el avance; exigiría e impondría al gobierno mayor firmeza frente a los golpistas.

3. ¿Víctimas de una operación de inteligencia?

Cuando encaré esta investigación comprendí muy pronto que no sólo para mí el sentido de los hechos de La Tablada resultaba difícil de asir. En la escasa documentación consagrada al tema o en las conversaciones con actores políticos ajenos al MTP o con periodistas que siguieron de cerca los acontecimientos del 23 de enero reaparecía de manera reiterada la hipótesis explicativa de que el ingreso al cuartel del grupo del MTP podría haber resultado en una operación de inteligencia exitosa, comprada con cierta ingenuidad por Gorriarán y los suyos. Los promotores posibles de esa operación variaban según el interlocutor, pero eran básicamente dos: los militares (no carapintadas) por un lado, y “la Coordinadora” de Enrique Nosiglia por el otro.(11) Los militares, parecían sostener unos, habrían alimentado la versión de una conspiración e instigado la acción “preventiva” del MTP, para desarticular en esa jugada exitosa simultánea un grupo ideológico opositor cuyo crecimiento veían con preocupación, cobrar cuentas pendientes a antiguos militantes del ERP, reverdeciendo la teoría del carácter agresor de la guerrilla en la represión de los 70, y enaltecer su propio papel en el mantenimiento de las instituciones frente al accionar renovado de la subversión y, eventualmente, de los propios sectores carapintadas. La Coordinadora de Enrique Coti Nosiglia, imaginaban otros, se habría servido de los contactos conocidos entre Nosiglia y Provenzano (12) para instilar en el MTP la información de un pacto entre Menem y Seineldín, con el fin de desprestigiar al líder peronista que se perfilaba ya entonces como el potencial triunfador en las elecciones de fines de 1989, y habría contribuido de esa manera a alimentar las peores fantasías del MTP respecto de un retorno de la influencia militar en los asuntos políticos. Las denuncias ya mencionadas de Baños, basadas en los testimonios de Liatis y Botana, en los días previos al 23, serían el resultado de esa operación urdida desde las oficinas de Nosiglia.

Cabe destacar que estas dos hipótesis disímiles –que ponían ambas el acento en que el MTP habría podido ser víctima de una operación de inteligencia– se apoyaban, para ello, en la “versión oficial” de los hechos. En otras palabras, no interrogaban la razonabilidad de la finalidad declarada de la acción de La Tablada –”parar el golpe”–, que eventualmente calificaban de delirante, y cuestionaban tan sólo el carácter fidedigno de la información que habría llevado al grupo liderado desde fuera del cuartel por Gorriarán a la decisión de ingresar en él para detener un alzamiento, para ambas hipótesis inexistente.

Aun sin adentrarnos todavía en una relectura de los acontecimientos que desdiga de plano la admisión lineal de la “versión oficial”, cosa que haremos en el apartado siguiente, podemos advertir que la teoría según la cual el MTP habría sido víctima de una operación de intoxicación presentaba dificultades indisimulables. Por una parte, si bien la hipótesis era compatible con el carácter creciente del ambiente conspirativo del MTP, cuyos máximos dirigentes parecían –según nos señalaron diversos interlocutores– cada vez más fascinados por las elucubraciones de inteligencia propias y ajenas, debía suponerse que al mismo tiempo idéntico “humor” conspirativo habría puesto en alerta a militantes avezados, como eran muchos de los atacantes de La Tablada, respecto de las posibilidades de operaciones de inteligencia o de infiltración de los servicios de inteligencia adversos. En segundo lugar, dicha teoría tomaba por dinero contante y sonante la versión oficial del ataque brindada por los protagonistas, y rechazaba la versión de los mismos protagonistas cuando estos negaban –como lo negara enfáticamente Roberto Felicetti en una “Carta Abierta al periodismo” en septiembre de 1989– haber sido víctimas de una operación de inteligencia ajena.(13) Por fin, ya tras el fracaso de la acción, dicha hipótesis no ofrecía respuesta a la pregunta que nos hacíamos en el apartado anterior: si la versión oficial del MTP reflejaba la verdad de la acción del movimiento, ¿qué esperaba el MTP lograr con el ingreso a La Tablada? Suponiendo que La Tablada hubiera salido mal porque los militares los estaban esperando, ¿qué hubiera sido, desde la óptica del MTP, que La Tablada “saliera bien”? Añadamos, para concluir este breve apartado, que un análisis muy superficial de los elementos previos o contemporáneos al ataque hacía poco verosímil esta hipótesis: los mismos elementos que me perturbaron a mí en el origen de mi indagación, en particular los falsos volantes del “Nuevo Ejército Argentino”, a los que se sumó muy pronto la evidencia de la naturaleza endeble de las fuentes citadas por el MTP como prueba de sus denuncias de conspiración militar, debían poner seriamente en duda la idea de que el MTP hubiera sido víctima de una operación de inteligencia por parte de un tercero, que lo habría llevado de ese modo a ingresar violentamente al cuartel de La Tablada aquel 23 de enero de 1989.

4. De La Tablada a La Rosada: el camino más corto de la insurrección popular

Como señalé varias veces en los párrafos precedentes, el hilo conductor de mi investigación se desenrolló, desde el primer momento, partiendo de los volantes falsos arrojados por los activistas del MTP que ingresaron al cuartel de La Tablada. ¿Era cierto que esos volantes habían sido sembrados por el MTP? En caso afirmativo, ¿por qué, si efectivamente había un golpe en marcha en ese cuartel, debían los atacantes proveer de (falsos) elementos de prueba de ese golpe? Obtuve una respuesta afirmativa a mi primera pregunta en la entrevista a Enrique Gorriarán: sí, habían sido ellos quienes habían arrojado esos volantes –era una cuestión de “tácticas militares”.(14) Algunas entrevistas posteriores a ingresantes al cuartel corroboraron esta afirmación, como así también las versiones –ratificadas durante el juicio por el chofer del camión robado– de que algunos de ellos habían actuado con las caras pintadas y vestidos de militares; otros entrevistados negaron enfáticamente ambos hechos.(15) Quedaba por responder a la segunda pregunta: ¿por qué habían arrojado los volantes, camuflados de militares carapintadas? La lógica más elemental indicaba que si los atacantes tomaban a su cargo la representación de su propio papel y también el de los carapintadas… era porque tal golpe no existía, y que de lo que se trataba era de poner en escena un golpe inexistente y su derrota por parte de un grupo de civiles armados. Con el correr de mi investigación fui confirmando esta hipótesis que aun negada por Enrique Gorriarán, había ido tomando cuerpo en aquella larga entrevista. En un intercambio sorprendente, al que ya me referí en la Introducción de este texto, al mismo tiempo que sostenía que la finalidad de la acción de La Tablada había sido la de frenar un golpe antes de que éste saliera de los cuarteles, Gorriarán también afirmaba que dicha acción había sido exitosa durante un primer momento, en el cual la impresión general había sido que los ingresantes al cuartel era un grupo de carapintadas y que se estaba en presencia de un nuevo alzamiento, lapso durante el cual se habían comenzado a sumar pronunciamientos de diversas organizaciones sociales y políticas en contra del golpe. Las cosas anduvieron bien, afirmaba Gorriarán, “hasta que surgió que era un ataque guerrillero contra un cuartel”.(16)

¿Qué esperaban los atacantes del cuartel de La Tablada del plan consistente en la puesta en escena de un alzamiento militar en el cual se habían reservado el papel de vencedores? El plan había fracasado, a ojos vista. Pero ¿qué hubiera significado su éxito? A medida que en el curso de mi investigación iba confirmando que, por lo menos para los activistas directamente comprometidos en el asalto al cuartel, se trataba sin lugar a dudas de la puesta en escena de un alzamiento y no de la convicción de que ese día, el 23 de enero, se preparaba efectivamente una asonada militar en La Tablada,(17) esta pregunta fue tomando un lugar preponderante.

La respuesta que, de manera coincidente, fui obteniendo me provocó una perplejidad no menor a la que me había provocado el aparente sinsentido del ataque: la imagen repetida del éxito de la operación La Tablada era la de los atacantes saliendo del cuartel montados en los tanques, rumbo a la Plaza de Mayo, civiles valientes que proclamándose victoriosos en su reacción contra una nueva asonada de los militares alcistas, encabezarían una insurrección popular que los militantes del MTP tenían por misión fogonear en coincidencia con la salida del cuartel en los distintos barrios. El plan habría de incluir, entre otros, la posterior toma de radios y de edificios públicos, y el llamado a la movilización de la población a través de una proclama previamente preparada. También la elección del Regimiento III como centro del operativo adquiría en ese contexto una nueva significación: La Tablada, se me dio a entender, era, de todos los cuarteles, el que reunía la doble condición de cercanía respecto de la Capital y de contar con tanques en su interior. El relato del éxito esperado del ataque al cuartel otorgaba así un sentido definido a la afirmación de Gorriarán respecto del “cambio en la relación de fuerzas”; ese cambio, lejos de proponerse reforzar al gobierno y a las fuerzas antigolpistas frente a las presiones golpistas, debía consistir en una insurrección exitosa, cuyos contornos más detallados no parecían estar demasiado claros (o por lo menos no parecían estarlo para muchos de los sobrevivientes), pero que definitivamente debían producir un cambio de connotaciones mayores en la vida política argentina.(18)

A la luz de la explicación de La Tablada en estos términos, de una puesta en escena de una asonada militar derrotada por un grupo de civiles que, fuertes por su triunfo, encabezarían una insurrección exitosa, el carácter endeble de las denuncias previas a los acontecimientos del 23 de enero toma otro cariz: señalábamos antes que las únicas denuncias realizadas por testigos supuestamente directos de la conspiración carapintada realizada por Jorge Baños en su presentación judicial fueron las de Karin Liatis y Gabriel Botana; es preciso señalar que –si bien nada se decía al respecto– ambos eran militantes del MTP, y, la primera, entonces pareja del propio Baños.(19) Las denuncias, reproducidas sobre todo por Página 12 y más bien desestimadas en cuanto a su seriedad por el resto de los diarios,(20) pueden en ese contexto comprenderse como parte de la preparación del clima que haría más verosímil el armado de la operación del día 23.

Si tal era entonces el sentido de la operación el ataque a La Tablada, quedaba para el investigador la tarea de restituir a esta operación algún tipo de lógica que hiciera que su éxito resultara verosímil para los militantes que participaron en ella, y también coherente de alguna manera con la historia de la organización que la llevó a cabo. Y es preciso decir al respecto que, pese al carácter inverosímil que para un observador externo pudiera tener esa lógica, pese a la naturaleza aparentemente delirante de un proyecto que, en una democracia recientemente recuperada tras años de la más cruel dictadura, aspirara a concitar el apoyo masivo a una aventura armada, cuando comencé a adentrarme en la lógica que guió a los atacantes de La Tablada volví a percibir la virulencia del efecto que sobre sus participantes ejercen los microclimas conspirativos de las sectas revolucionarias.

5. Un poco de historia

a. La formación del MTP

El Movimiento Todos por la Patria, fundado en Managua en el año 1986, fue el corolario de la creación de la revista Entre Todos surgida también en Nicaragua hacia fines de 1983 de la reunión del grupo de antiguos militantes del PRT-ERP, nucleados alrededor de Gorriarán Merlo, con individuos o grupos provenientes de otras experiencias de la izquierda y el peronismo radicalizados de los años 70.(21) El grupo del PRT-ERP reunido en torno de Enrique Gorriarán Merlo, que había participado de los momentos finales de la Revolución sandinista de julio de 1979, representaba probablemente entonces la única expresión organizada de lo que había sido el PRT. Enfrentado a la conducción de Luis Mattini, secretario general de la organización tras la muerte de casi toda la dirección en julio de 1976, el grupo de Gorriarán había expresado en la crisis que se produjo en el PRT en el exilio posturas que, en términos generales, representaban sobresaltos de fuerte contenido voluntarista y de corte renacidamente foquistas frente a una posición probablemente más crítica del accionar pasado, y por ello también menos voluntarista, de la mayoría del Buró Político liderada por Mattini. Fue uno de esos sobresaltos que lo llevó al grupo de Gorriarán –ya separado del PRT de Mattini– a dejar de lado momentáneamente su plan de conformación de una guerrilla rural en Argentina para unirse a la Revolución nicaragüense poco antes de la victoria final, y fue posiblemente a su vez la conciencia de la crisis de las concepciones tradicionales del PRT la que llevaría poco después a una nueva división y a la disolución final del grupo liderado por Mattini.(22)

Cuando con el arribo de la democracia a Argentina en 1983 los presos políticos recuperan la libertad, un grupo importante de antiguos militantes del PRT-ERP que había seguido durante su cautiverio ligado de manera lo más orgánica posible a su organización se plantea la posibilidad de retomar la actividad política en continuidad con su historia previa. En ese momento, de lo que había sido el PRT, el grupo de Gorriarán Merlo aparece como la única opción mínimamente articulada. Si bien para muchos de aquellos militantes Enrique Gorriarán aparecía como una figura históricamente cuestionada por representar las posturas más militaristas y menos políticas de la organización, por ende podían haberse sentido más afines a la tendencia representada en el momento de la ruptura por Luis Mattini, pero esta última había dejado de existir en tanto tal. Simultáneamente, la propuesta pluralista y basista de la revista Entre Todos, primera expresión pública de lo que luego habría de ser el Movimiento Todos por la Patria, debió ayudar a superar las prevenciones iniciales respecto de la figura de Gorriarán y condujo a varios de aquellos ex presos del PRT a sumarse a la iniciativa. Francisco Provenzano, Roberto Felicetti, Carlos Samojedny, tres antiguos presos liberados en el 1983-1984 que participarían en La Tablada, se contaron entre quienes decidieron unirse a esa empresa.(23)

Si reconstruimos la historia temprana de la revista Entre Todos y de quienes serían luego notorios militantes del MTP encontramos que varios de ellos ocupan, entre 1984 y 1985, lugares de relevancia en la estructura del Partido Intransigente (PI). La experiencia de algunos de ellos los llevaría muy rápidamente a ocupar posiciones de dirigencia intermedia y a lograr un reconocimiento considerable entre los jóvenes que por entonces afluían masivamente a las organizaciones progresistas. Para estos militantes setentistas ligados desde el inicio al proyecto de Entre Todos, el paso por el Partido Intransigente pareció volverse muy pronto (cuando no lo había sido desde el inicio) una opción táctica que debía, tarde o temprano, dar lugar al pasaje de una parte de la militancia al nuevo movimiento que en algún momento se conformaría. Y efectivamente, la posición adquirida en el PI redundaría en que, en el momento del paso de estos dirigentes al naciente MTP, detrás de ellos se desplazara un número considerable de militantes.(24) Según múltiples testimonios, en ausencia de otras publicaciones, el trabajo político en el PI se realizaba por otra parte entonces en gran medida a través de la revista Entre Todos, llamativa por su carácter plural y antisectario, en la que coincidían firmas de todo el espectro progresista de la vida política argentina, desde el peronismo hasta los antiguos militantes del PRT, pasando por los sectores más progresistas del radicalismo, del Partido Intransigente o del Partido Comunista, como así también por las voces progresistas no partidistas de la Iglesia, de los sindicatos o de otros movimientos sociales.

La revista Entre Todos fue también un importante vehículo de organización y nucleamiento de numerosos grupos de jóvenes que en los barrios, alrededor de las parroquias, en los colegios secundarios o en las Universidades expresaban en su activismo el entusiasmo de aquella primavera de 1984. Los relatos recabados entre los jóvenes militantes de entonces reproducen todos, en términos generales, la misma secuencia: grupos autoorganizados que, al entrar en contacto con la revista encuentran en ella una expresión más global, generalizadora, para sus preocupaciones, y un discurso que inscribe sus preocupaciones en un relato que liga su actividad con la lucha antidictatorial. Estos grupos de jóvenes, en abierta disponibilidad política, se ven masivamente atraídos por un discurso amplio, reivindicativo en el ámbito de lo local y que inscribe simultáneamente su actuación en un proyecto más abarcativo, tanto espacial como temporalmente.

Si recorremos la revista Entre Todos en su primera época, dos asuntos llaman la atención: el primero, el amplio abanico de las firmas, señalado precedentemente; el segundo, muy visible, es la presencia permanente –a razón de uno o dos artículos por número– de la Revolución nicaragüense. A la vez, a la lectura de esta publicación la evolución del proyecto MTP se deja observar con claridad: con el correr de los números el tono democrático, reivindicativo y pluralista va dejando paso progresivamente a un tono más declaradamente revolucionario. Pero será necesaria una ruptura interna del MTP para que ese tono revolucionario se afirme definitivamente, y que Entre Todos deje de ser una publicación concebida como instrumento del trabajo político con las bases –rol que como señalábamos más arriba había cumplido con notable éxito– para pasar a ser un órgano de aglutinación de cuadros con definiciones políticas más marcadas, con una propuesta de construcción partidaria y de vanguardia, y organizado alrededor de las firmas de los militantes más notorios del MTP.

Aquella ruptura interna del MTP se produjo en dos momentos: un primer momento, en diciembre de 1987, signado por la salida de algunas personalidades notorias de la dirección del Movimiento, entre ellas sobre todo Rubén Dri y Manuel Gaggero, quienes habían participado de la fundación del movimiento, e incluso antes, del proyecto originario de una reorganización pluralista de las fuerzas progresistas alrededor de la fundación de la revista Entre Todos. Un segundo momento, de menor impacto público pero de mayor trascendencia interna, se produjo casi sin solución de continuidad respecto del primero, signado por la partida de grupos importantes de militantes, sobre todo en Buenos Aires, Gran Buenos Aires y Córdoba, disconformes con el rumbo abiertamente vanguardista y el cariz conspirativo que tomaba el MTP, y con la presencia cada vez más determinante de la figura de Enrique Gorriarán en su seno.

A la escucha de los testimonios de quienes participaron –quedándose o yéndose– de aquel proceso de vanguardización del MTP, y a la luz de la deriva posterior de este movimiento que condujo a La Tablada, es interesante destacar que la tensión que derivó en ruptura, entre una postura más basista o movimientista, y más reticente con respecto a las posibilidades de una aceleración revolucionaria, y las posiciones más vanguardistas y más optimistas respecto de una tal aceleración, parecen haber surcado el movimiento desde sus inicios. Probablemente, unos y otros suscribieran, en aquellos momentos iniciales, a la idea de una revolución futura; posiblemente, unos y otros pensaran que la derrota del proyecto setentista no ponía en crisis la idea de Revolución, pero sí obligaba a reconsiderar los tiempos y los modos en que podría producirse un cambio revolucionario en Argentina. Pero allí donde disentían, y donde disentirían cada vez más, era en la comprensión del modo en el que la actividad política debía contribuir a dicho proceso, si debía hacerlo a través de un proceso de organización de los sectores populares que no podía, en las condiciones de entonces, sino ser abarcador, lento y paulatino, o si estaba en sus manos acelerar los tiempos a través de una férrea formación política de vanguardia.

b. Una, dos, tres Managuas.

La Tablada en el espejo de la Revolución sandinista El asalto a La Tablada constituyó, entiendo, la cristalización mortífera de esta última postura de aceleración de los tiempos, encarnada por el grupo que, nucleado alrededor de Gorriarán Merlo, había participado de los últimos momentos del triunfo de la Revolución sandinista. Ajenos en su mayoría a los avatares de la vida cotidiana en la Argentina durante la dictadura militar, profesionalizados como militantes revolucionarios desde hacía décadas o desde su salida más reciente de la cárcel, los integrantes de aquel núcleo duro del MTP, sumidos en el microclima de la militancia revolucionaria y del triunfo reciente de la revolución nicaragüense, creyeron posible leer los acontecimientos de la vida política argentina tras la instalación de la democracia a la luz de los debates de la vanguardia sandinista bajo la prolongada dictadura de los Somoza. Así, bajo el influjo de la victoria de las posturas terceristas de los hermanos Ortega en el debate interno del sandinismo, abrigaron las esperanzas de una reedición de la salida insurreccional en Argentina, tras el fracaso setentista de la teoría de la guerra de guerrillas o de la guerra popular y prolongada.

En efecto, la Revolución nicaragüense y la disputa previa, en el seno del sandinismo, entre tres tendencias políticas que terminarían de unirse poco antes del triunfo de 1979 ofrecen una clave de interpretación relevante para intentar dar cuenta de aquello que imaginaban quienes encabezaron la aventura de La Tablada. Si comprendemos cómo se impuso, bajo el liderazgo de Gorriarán, la idea de que la revolución en Argentina, derrotada la vía de la guerra prolongada “a la vietnamita”, debía y podía tomar la forma de la insurrección, se hace posible obtener un prisma de intelección de aquel acontecimiento.

Para ello, recordemos muy brevemente que la dirección sandinista unificada que lideró la victoria final contra la dictadura somocista había sido el resultado de la reunión de tres tendencias: la tendencia de la guerra popular y prolongada, liderada por Henry Ruiz y Tomás Borge, que seguía de manera general el ejemplo chino o el vietnamita y propugnaba el desarrollo de la acumulación de fuerzas de un ejército popular de base campesina organizado desde la montaña; la tendencia proletaria, liderada por Jaime Wheelock, que sostenía la necesidad de privilegiar el trabajo en las zonas urbanas, en particular entre los sectores proletarios, y que sin renunciar en palabras a la lucha armada la había dejado de lado en la práctica, y la tendencia insurreccional o tercerista, liderada por Daniel y Humberto Ortega, quienes entendían que si se seguía apostando a estrategias de largo plazo –fueran éstas la organización del ejército popular en la montaña o la organización urbana del proletariado– el momento de la revolución se alejaría irremediablemente. Para los terceristas, las condiciones objetivas de la Revolución parecían alejarse en la medida en que crecía el peligro de una cooptación “burguesa” de las conciencias de los sectores populares. Pero, al mismo tiempo, entendían que era posible crear, a través de la acción voluntarista, condiciones subjetivas que contrarrestaran el peligro creciente de desmovilización revolucionaria y aceleraran las condiciones de la Revolución.

Más allá del equilibrio de fuerzas en la dirección sandinista unificada, representada por los líderes de las tres tendencias, resulta claro que la hegemonía del movimiento nicaragüense quedaría tras la unión de éstas en manos de la corriente tercerista de Daniel y Humberto Ortega, y esto de modo más notorio luego de la insurrección victoriosa. Como lo señalaba Jaime Wheelock, dirigente de la tendencia proletaria, en una entrevista realizada por Marta Harnecker y que circuló profusamente entre los militantes del MTP, la política de la tendencia insurreccional o tercerista, que planteaba al mismo tiempo una base muy amplia de apoyo y una aceleración de las condiciones insurreccionales a través de la provocación de acciones espectaculares, se mostró retrospectivamente como exitosa pese a las críticas de las que era objeto por parte de las otras dos.(25)¨

¿Qué fue lo que, a la luz de los acontecimientos posteriores, podemos imaginar que habían extraido Gorriarán y su grupo más cercano de su experiencia en Nicaragua? En primer lugar, la certeza de las posibilidades del éxito de una Revolución. En segundo lugar, la convicción de que la forma insurreccional tenía la virtud de provocar hechos que aceleraban las condiciones de posibilidad de la Revolución en tiempos de reflujo del entusiasmo revolucionario. Al respecto, no deja de ser llamativo que, de manera también coincidente, los militantes del MTP pusieran el acento, en el año que precedió al asalto a La Tablada, en la preocupación que representaba para el MTP la constatación de que el pueblo se mostraba menos movilizado. Y no menos llamativa es la apreciación común en los antiguos militantes del MTP, tanto entre quienes rompieron con el movimiento antes de La Tablada como entre quienes participaron de ese hecho, que Gorriarán parecía extrañamente apurado, necesitado de acelerar los tiempos.(26) En ese apuro, añadimos, la postura tercerista, insurreccional, que se había revelado exitosa en Nicaragua, le brindaba la apoyatura teórica que la teoría clásica de la guerra popular y prolongada, enarbolada por el PRT en su primera época, le negaba. (27)

Estratagema vulgar o lectura exitosa de una política de alianzas por parte del FLN –las afirmaciones de Wheelock dejan flotar cierta ambigüedad–(28). Lo cierto es que la combinación de una política de amplias coaliciones y la simultánea elaboración de una estrategia insurreccional en la Revolución nicaragüense parece así brindar la matriz que sostiene la esperanza del grupo proveniente de Managua de repetir esa experiencia en su regreso a la Argentina. Más allá de lo que se pueda pensar de tal expectativa, en ese contexto ideológico la aparente contradicción entre una política de discurso basista y amplio y una simultánea proyección de una estrategia insurreccional por parte del MTP no aparece como antinómica para sus militantes.(29)

¿Estratagema vulgar o evolución de la política de alianzas? A la luz de su desencadenamiento final, el proyecto original del grupo nucleado en torno de la figura de Enrique Gorriarán merece ser interrogado en estas coordenadas. ¿En qué medida contenía ya el proyecto originario el germen de su desenlace fatal del 23 de enero? Sostuvimos antes que parece factible considerar que la cooptación para el MTP de sectores juveniles del Partido Intransigente por parte de algunos militantes del antiguo PRT podía estar prevista en sus grandes rasgos desde los inicios del Movimiento; creíamos también constatar que el horizonte revolucionario era común a todas las expresiones internas del MTP o, por lo menos, a las de sus dirigentes. Pero afirmábamos también que, en el horizonte de la idea de Revolución futura, la tensión entre una expresión más largoplacista, paciente y autocrítica del vanguardismo setentista (que ponía el acento en la lenta acumulación de fuerzas y en la unidad de los sectores populares), y una postura más vanguardista (que parecía considerar la amplia política de alianzas en términos más instrumentales), atravesó al MTP prácticamente desde sus orígenes, y terminó de expresarse públicamente en el abandono del movimiento por una parte considerable de sus integrantes.

Al producirse esta ruptura se reforzó, entendemos, el carácter instrumental de aquellos elementos que el proyecto inicial podía tal vez contener como estratagema, pero también como creencia profunda: si el basismo, la amplitud en la convocatoria y la lenta acumulación de fuerzas populares, era, para el sector que se retiraba la verdad de su práctica política, estos elementos adoptaban, para el sector vanguardista, un carácter mucho más marcadamente instrumental. Y este carácter cada vez más fuertemente instrumental del discurso basista del MTP alcanzará con posterioridad a 1987 su punto culminante en el asalto a La Tablada.

Claudia Hilb

Publicado en Lucha Armada, Año 3, Número 9, 2007

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Declaración de Ravachol, durante su proceso, en Junio de 1892 *

Su discurso de defensa fue interrumpido por los jueces momentos después de haberse iniciado, aquí está íntegro:

«Si tomo la palabra, no es para defenderme de los actos de los que se me acusa, ya que sólo la sociedad, que por su organización pone a los hombres en lucha continua los unos contra los otros, es la responsable.

En efecto, no vemos hoy en todas las clases y en todas las profesiones personas que desean, yo no diré la muerte, porqué eso suena mal, pero si la desgracia de sus semejantes, si ésta les puede procurar algún beneficio. Ejemplo: ¿un patrón no desea ver desaparecer un competidor? ¿Todos los comerciantes en general no querrían, y de manera recíproca, ser los únicos en disfrutar de los beneficios que puede conllevar este tipo de ocupación? ¿El obrero sin trabajo no desea, para obtener trabajo, que por un motivo cualquiera el que esté ocupado sea despedido del taller?

Pues bien, en una sociedad donde se producen semejantes hechos, no debemos sorprendernos del tipo de actos que se me reprochan, que no son más que la consecuencia lógica de la lucha por la existencia que tienen los hombres que, para vivir, están obligados a usar todo tipo de medios. Y ya que cada uno es para él mismo, el que está en la necesidad no se ve reducido a pensar: “Pues bien, puesto que esto es así, yo no tengo por que dudar, cuando tengo hambre, en emplear todos los medios a mi alcance, aun y con el riesgo de provocar víctimas! Los patronos cuando despiden a los obreros, se preocupan si se van a morir de hambre? Todos los que tienen beneficios se ocupan de si hay gente que les falta lo necesario?” Hay ciertamente algunos que prestan ayuda, pero son incapaces de aliviar a todos aquellos que están necesitados y que morirán prematuramente a consecuencia de privaciones de todo tipo, o voluntariamente por los suicidios de todo tipo para poner fin a una existencia miserable y no tener que soportar los rigores del hambre, las vergüenzas y las humillaciones sin número y sin esperanza de verlas acabar.

En esta situación se encontró la familia Hayem y la mujer Souhain que dio muerte a sus hijos para no verles sufrir más tiempo, y todas las mujeres que por temor de no poder alimentar a un hijo, no dudan en comprometer su salud y su vida destruyendo en su seno el fruto de sus amores. Y todas esas cosas pasan en medio de la abundancia de todo tipo de productos. Comprenderíamos que todo esto tuviese lugar en un país donde los productos son escasos, donde hay hambruna.

Pero en Francia, donde reina la abundancia, donde las carnicerías rebosan de carne, las panaderías de pan, donde la ropa, el calzado están amontonados en las tiendas, donde hay viviendas vacías! ¿Cómo admitir que todo está bien en la sociedad, cuando se ve tan claramente lo contrario? Habrá gente que se compadecerá de todas estas víctimas, pero que os dirán que no pueden hacer nada. Que cada uno se espabile como pueda! ¿Qué puede hacer quien le falta lo necesario mientras trabaja, cuando está desocupado? No hay más que dejarse morir de hambre. Entonces se lanzarán algunas palabras de piedad sobre su cadáver. Esto es lo que yo he querido dejar a otros. Yo he preferido hacerme contrabandista, falsificador, ladrón y asesino.

Hubiese podido mendigar: pero es degradante y cobarde, y hasta castigado por vuestras leyes que hacen un delito de la miseria. Si todos los necesitados, en lugar de esperar, tomasen donde hay, y no importa con que medio, los satisfechos entenderían quizás más deprisa que hay peligro en querer consagrar el estado social actual, donde la inquietud es permanente y la vida está amenazada a cada instante. Acabaríamos, sin duda, por comprender más rápidamente que los anarquistas tienen razón cuando dicen que para conseguir tranquilidad moral y física, es necesario destruir las causas que generan los crímenes y los criminales: no es suprimiendo a aquel que, en lugar de morir de una muerte lenta a consecuencia de privaciones que ha tenido y tendrá que soportar, sin esperanzas de verlas acabar, prefiere, si tiene un poco de energía, tomar violentamente aquello que le puede asegurar el bien estar, aun con el riesgo de su muerte, que no es más que un final para sus sufrimientos. He aquí porqué he cometido los actos que me reprochan y que no son más que la consecuencia lógica del estado bárbaro de una sociedad que no hace más que aumentar el número de sus víctimas por el rigor de sus leyes que se alzan contra los efectos sin jamás tocar las causas; dicen que se tiene que ser cruel para matar a un semejante, pero los que hablan así no ven que decidimos hacerlo tan solo para evitarnos la muerte a nosotros mismos.

Igualmente, ustedes, señores jueces, que sin duda me vais a condenar a la pena de muerte, porque creeréis que es una necesidad y que mi desaparición será una satisfacción para vosotros que tenéis horror de ver fluir la sangre humana, pero que, cuando creéis que será útil derramarla para asegurar la seguridad de vuestra existencia, no dudareis más que yo en hacerlo, con la diferencia que vosotros lo haréis sin correr ningún riesgo, mientras que, yo actué poniendo en riesgo y peligro mi libertad y mi vida. Bien, señores, hay más criminales para juzgar, pero las causas del crimen no se destruyen. Creando los artículos del código, los legisladores han olvidado que ellos no atacan las causas sino simplemente los efectos, y, entonces, no destruyen de ninguna manera el crimen; en verdad las causas siguen existiendo y, por tanto, los efectos todavía se desencadenarán. Siempre habrá criminales, aunque destruyáis uno, mañana nacerán diez.

¿Qué hacer entonces? Destruir la miseria, este germen de crimen, asegurando a cada cual la satisfacción de todas sus necesidades! Y cuan difícil es de realizar! Sería suficiente establecer la sociedad sobre nuevas bases donde todo estaría en común, y donde cada uno produciendo según sus aptitudes y sus fuerzas, podría consumir según sus necesidades. De esta manera no veremos más gente como en el ermitaño de Notre-Dame-de-Grâce, mendigando un metal del que se vuelven esclavos y víctimas! No veremos a más mujeres ceder sus cuerpos, como una vulgar mercancía, a cambio de ese mismo metal que nos impide bastante a menudo reconocer si el afecto es realmente sincero. No veremos a más hombres como Pranzini, Prado, Berland, Anastay y otros que, por obtener ese mismo metal llegan a dar muerte! Esto demuestra claramente que la causa de todos los crímenes es siempre la misma y que hay que ser realmente insensato para no verla. Sí, lo repito: es la sociedad quien hace los criminales, y vosotros, jueces, en lugar de golpearlos, deberíais usar vuestra inteligencia y vuestras fuerzas para transformar la sociedad.

De golpe suprimiríais todos los crímenes; y vuestra obra, atacando las causas, sería más grande y más fecunda que vuestra justicia que se limita a castigar sus efectos. Yo no soy más que un obrero sin instrucción, pero porque he vivido la existencia de los miserables, siento más que un rico burgués la inequidad de vuestras leyes represivas. ¿De dónde tomáis el derecho a matar o encerrar a un hombre que, puesto sobre la tierra con la necesidad de vivir, se ha visto en la necesidad de tomar aquello que le faltaba para alimentarse? Yo he trabajado para vivir y hacer vivir a los míos; hasta tal punto que ni yo ni los míos hemos sufrido demasiado. Me he mantenido lo que vosotros llamáis honesto. Después el trabajo faltó, y con el paro vino el hambre. Es entonces cuando esta gran ley de la naturaleza, esta voz imperiosa que no admite réplica: el instinto de conservación me empujó a cometer ciertos crímenes y delitos que ustedes me reprochan y de los que reconozco ser el autor.

Júzguenme, señores jueces, pero si me han comprendido, juzgándome juzgan todas las desdichas que la miseria, aliada a la ferocidad natural, ha hecho criminales, cuando la riqueza con la misma facilidad hubiese hecho honestos hombres! Una sociedad inteligente no hubiese hecho hombres pobres, y por tanto criminales, ni hombres ricos, y por tanto honestos, sino simplemente hombres»…

Ravachol **

* Su proceso se inicia el 26 de abril; fue condenado a cadena perpetua por el atentado, y a muerte en un segundo proceso, acusado de tres homicidios pasados. Muere en la guillotina el 11 de julio de 1892 en Montbrison.
** Arrestado en el Restaurante Lhérot el 30 de marzo de 1892. Al siguiente día del comienzo del juicio, una bomba estalló en el Restaurante Lhérot en represalia.

fuentes
www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/1189
www.es.wikipedia.org/wiki/Ravachol

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Libertad, desventura, innombrable

No se da con frecuencia pensamiento más libre que el de Etienne de La Boétie. Tampoco la singular firmeza de este comentario escrito por un joven aún adolescente. Quizá pudiéramos hablar de un Rimbaud del pensamiento. La audacia y la gravedad de su interrogación es de evidencia accidental: ¡qué irrisión la de intentar dar cuenta de ella refiriéndola a su siglo, o la de remitir esa mirada altiva –insoportable– al círculo cerrado de los que vuelven a trazarse una y otra vez! ¡Cuántos malentendidos desde el Contra uno de los hombres de la Reforma!

Por Pierre Clastres

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Formulario para un nuevo urbanismo

La Internacional Letrista adoptó en octubre de 1953 este informe de Gilles Ivain (pseudónimo de Ivan Chtcheglov) sobre el urbanismo que más tarde sería publicado en el nº1 de Internationale Situationniste.

Señor, soy de otro país

Nos aburrimos en la ciudad, ya no hay ningún templo del sol. Entre las piernas de las mujeres que pasan los dadaístas hubieran querido encontrar una llave inglesa y los surrealistas una copa de cristal. Esto se ha perdido. Sabemos leer en los rostros todas las promesas, último estado de la morfología. La poesía de los carteles ha durado veinte años. Nos aburrimos en la ciudad, tenemos que jodernos para descubrir misterios todavía en los carteles de la calle, último estado del humor y de la poesía.

Baños de los Patriarcas, Máquinas de charcutería, Zoo de Nuestra Señora, Farmacia deportiva, Alimentación de los Mártires, Hormigón translúcido, Serrería Mano de Oro, Centro de recuperación funcional, Ambulancia Santa Ana, Café de la Quinta Avenida, Calle de los Voluntarios Prolongada, Hostal familiar en el jardín, Hotel de Extranjeros, Calle Salvaje.

Y la piscina de la calle de las Nenas. Y la comisaría de la calle de las Citas. La clínica quirúrgica y la oficina de empleo gratuito del muelle de los Orfebres. Las flores artificiales de la calle del Sol. El Hotel de los Sótanos del Castillo, el bar del Océano y el café de Ir y Venir. El Hotel de Época.

Y la extraña estatua del Doctor Phillippe Pinel, benefactor de los locos, en las últimas tardes del verano. Explorar París.

Y tú, olvidado, tus recuerdos asolados por todas las consternaciones del mapamundi, encallado en las Cuevas Rojas de Pali-Kao, sin música y sin geografía, sin ir ya a la hacienda donde las raíces piensan en el niño y el vino se acaba en fábulas de almanaque. Ahora se acabó. Nunca verás la hacienda. No existe.

Hay que construir la hacienda

Todas las ciudades son geológicas, y no se pueden dar tres pasos sin encontrar fantasmas armados con todo el prestigio de sus leyendas. Evolucionamos en un paisaje cerrado cuyos puntos de referencia nos atraen constantemente hacia el pasado. Algunos ángulos movedizos, algunas perspectivas fugitivas nos permiten vislumbrar concepciones originales del espacio, pero esta visión sigue siendo fragmentaria. Hay que buscar en los lugares mágicos de los cuentos del folklore y en los escritos surrealistas: castillos, muros interminables, pequeños bares olvidados, cuevas de mamut, hielo de los casinos.

Estas imágenes caducas conservan un pequeño poder de catálisis, pero es casi imposible utilizarlas en un urbanismo simbólico sin rejuvenecerlas dándoles un nuevo sentido. Nuestro imaginario cultivado por viejos arquetipos ha quedado muy por detrás de las máquinas perfeccionadas. Los diversos intentos de integrar la ciencia moderna en los nuevos mitos continúan siendo insuficientes. Mientras tanto lo abstracto ha invadido todas las artes, en particular la arquitectura de hoy. El hecho plástico en estado puro, sin anécdota e inanimado, descansa y refresca los ojos. En otros lugares se encuentran más bellezas fragmentarias, pero la tierra de las síntesis prometidas cada vez más lejana. Cada cual duda entre el pasado emocionalmente vivo y el futuro ya muerto.

No prolongaremos las civilizaciones mecánicas y la fría arquitectura cuya meta es el ocio aburrido.

Nos proponemos inventar nuevos escenarios móviles (…)

La oscuridad retrocede ante la luz artificial y el ciclo de las estaciones ante las salas climatizadas: la noche y el verano pierden su encanto y el alba está desapareciendo. El hombre de las ciudades piensa alejarse de la realidad cósmica y por eso ya no sueña. La razón es evidente: el sueño se alza sobre la realidad y se realiza en ella.

La fase última de la técnica permite el contacto ininterrumpido entre el hombre y la realidad cósmica a la vez que elimina sus aspectos desagradables. El techo de vidrio deja ver las estrellas y la lluvia. La casa móvil gira con el sol. Sus muros corredizos permiten a la vegetación invadir la vida. Deslizándose sobre vías puede ir hasta el mar por la mañana y volver por la noche al bosque.

La arquitectura es el medio más simple de articular el tiempo y el espacio, de modular la realidad, de engendrar sueños. No se trata solamente de la articulación y la modulación plásticas, expresión de una belleza pasajera, sino de una modulación influencial que se inscribe en la curva eterna de los deseos humanos y del progreso en su realización.

La arquitectura de mañana será un medio para modificar las condiciones actuales de tiempo y de espacio. Un medio de conocimiento y un medio de acción.

El complejo arquitectónico será modificable. Su aspecto cambiará parcial o totalmente siguiendo la voluntad de sus habitantes. (…)

Las colectividades del pasado ofrecieron a las masas una verdad absoluta y ejemplos míticos incuestionables. La aparición de la noción de relatividad en la mentalidad moderna permite sospechar el aspecto experimental de la nueva civilización, aunque la palabra no me satisface. Un aspecto más flexible, más «divertido» digamos. Sobre la base de esta civilización móvil, la arquitectura será -al menos inicialmente- un medio para experimentar miles de formas de modificar la vida, con vistas a una síntesis que sólo puede ser legendaria.

Una enfermedad mental ha invadido el planeta: la banalización. Todo el mundo está hipnotizado por la producción y el confort -desagüe, ascensor, baño, lavadora.

Este estado de cosas que nace de una rebelión contra la miseria supera su remoto fin -la liberación del hombre de las inquietudes materiales- para convertirse en una imagen obsesiva en lo inmediato. Entre el amor y el basurero automático la juventud de todo el mundo ha hecho su elección y prefiere el basurero. Se ha hecho imprescindible una transformación espiritual completa, que saque a la luz deseos olvidados y cree otros completamente nuevos. Y realizar una propaganda intensiva en favor de estos deseos.

Hemos apuntado ya la necesidad de construir situaciones como uno de los deseos básicos en los que se fundaría la próxima civilización. Esta necesidad de creación absoluta siempre ha estado estrechamente asociada a la necesidad de jugar con la arquitectura, el tiempo y el espacio.(…)

Uno de los más destacados precursores arquitectónicos seguirá siendo Chirico. Él abordó los problemas de las ausencias y las presencias en el tiempo y el espacio.

Sabemos que un objeto que no es conscientemente advertido en una primera visita provoca, en su ausencia, una sensación indefinible en visitas posteriores: mediante su percepción diferida la ausencia del objeto se hace presencia sensible. Más exactamente: aunque la calidad de la impresión generalmente sigue siendo indefinida, varía con la naturaleza del objeto desaparecido y la importancia concedida al mismo por el visitante, pudiendo ir del gozo sereno al terror (poco importa que en este caso específico sea la memoria el vehículo de esos sentimientos; sólo he escogido este ejemplo por su comodidad).

En la pintura de Chirico (período de Las Arcadas) un espacio vacío crea un tiempo pleno. Es fácil imaginar el futuro que reservamos a tales arquitectos y su influencia sobre las masas. Hoy no podemos sino despreciar un siglo que ha relegado tales maquetas a supuestos museos.

Esta nueva visión del tiempo y del espacio, que será la base teórica de futuras construcciones, no está a punto ni lo estará completamente antes que se experimente el comportamiento en ciudades reservadas para este fin, donde se reunirían sistemáticamente, además de las instalaciones necesarias para un mínimo de confort y seguridad, construcciones cargadas de un gran poder evocador e influencial, edificios simbólicos representando los deseos, las fuerzas, los acontecimientos del pasado, del presente y del futuro. A medida que desaparecen los motivos para apasionarse se hace más urgente una ampliación racional de los antiguos sistemas religiosos, de los viejos cuentos y sobre todo del psicoanálisis en provecho de la arquitectura.

De algún modo cada uno habitará en su «catedral» personal. Habrá habitaciones que harán soñar mejor que cualquier droga y casas donde sólo se podrá amar. Otras atraerán irresistiblemente a los viajeros…

Este proyecto podría compararse con los trampantojos chinos y japoneses -con la diferencia de que aquellos jardines no estaban diseñados para vivir en ellos- o con el ridículo laberinto del Jardín des Plantes en cuya entrada se puede leer, colmo del absurdo, Ariadna en paro: Los juegos están prohibidos en el laberinto.

Esta ciudad podría ser imaginada como una reunión arbitraria de castillos, grutas, lagos, etc… Sería el estadio barroco del urbanismo considerado como un medio de conocimiento. Pero esta fase teórica está ya superada. Sabemos que se puede construir un inmueble moderno que no se parezca a un castillo medieval, pero que conserve y multiplique el poder poético del Castillo (mediante la conservación de un mínimo estricto de líneas, la trasposición de otras, el emplazamiento de las aberturas, la situación topográfica, etc.)

Los distritos de esta ciudad podrían corresponder al espectro completo de los diversos sentimientos que se encuentran al azar en la vida corriente.

Barrio Bizarro – Barrio Feliz, reservado particularmente al alojamiento) – Barrio Noble y Trágico (para buenos chicos) – Barrio Histórico (museos, escuelas) – Barrio Útil (hospital, almacenes de herramientas) – Barrio Siniestro, etc. Y un Astrolario que agruparía las especies vegetales de acuerdo con las relaciones que manifiestan con el ritmo estelar, un jardín planetario comparable al que el astrónomo Thomas quería establecer en Laaer Berg, en Viena, indispensable para dar a los habitantes conciencia de lo cósmico. Quizás también un Barrio de la Muerte, no para morir sino para tener donde vivir en paz, y pienso aquí en Méjico y en un principio de crueldad en la inocencia que cada día me seduce más.

El Barrio Siniestro, por ejemplo, reemplazaría ventajosamente esas bocas del infierno que muchos pueblos poseían antiguamente en su capital y que simbolizaban las potencias maléficas de la vida. El Barrio Siniestro no tiene por qué encerrar peligros reales, como trampas, mazmorras o minas. Sería de difícil acceso, horrorosamente decorado (silbatos estridentes, timbres de alarma, sirenas intermitentes con una cadencia irregular, esculturas monstruosas, móviles mecánicos motorizados llamados Auto-Móviles) y tan pobremente iluminado por la noche como escandalosamente durante el día mediante un uso abusivo del fenómeno de reverberación. En el centro, la «Plaza del Móvil Espantoso». La saturación del mercado con un producto provoca la caída de su valor: el niño y el adulto aprenderán mediante la exploración del Barrio Siniestro a no temer ya las manifestaciones angustiosas de la vida, sino a divertirse con ellas.

La actividad principal de los habitantes será la deriva continua. El cambio de paisajes entre una hora y la siguiente será responsable de la desorientación completa. (…)

Más tarde, con el inevitable desgaste de los gestos, esta deriva abandonará en parte el campo de lo vivido por el de la representación.(…)

La objeción económica no resiste la primera ojeada. Sabemos que cuanto más reservado a la libertad del juego esté un lugar más influye sobre el comportamiento y mayor es su fuerza de atracción. Lo demuestra el inmenso prestigio de Mónaco y Las Vegas. Y de Reno, caricatura del amor libre. Pero no se trata más que de simples juegos de dinero. Esta primera ciudad experimental vivirá generosamente del turismo tolerado y controlado. Las próximas actividades y producciones de la vanguardia se concentrarán en ella. En unos pocos años llegará a ser la capital intelectual del mundo y será universalmente conocida como tal.

Gilles Ivain

Traducción extraída de Internacional situacionista, vol. 1: La realización del arte, Madrid, Literatura Gris, 1999.

fuente www.sindominio.net/ash/is0109.htm

La ley no es pacificación. Es guerra debajo de la paz

«La ley no es pacificación, puesto que debajo de ella la guerra continúa causando estragos en todos los mecanismos de poder, aun los más regulares. La guerra es el motor de las instituciones y el orden: la paz hace sordamente la guerra hasta en el más mínimo de los engranajes. En otras palabras, hay que descifrar la guerra debajo de la paz: aquélla es la cifra misma de ésta. Así pues, estamos en guerra unos contra otros; un frente de batalla atraviesa toda la sociedad, continua y permanentemente, y sitúa a cada uno en un campo o en el otro. No hay sujeto neutral. Siempre se es, forzosamente, el adversario de alguien» Michel Foucault (1976)

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Y la guerra apenas ha comenzado

A los niños perdidos

En el gran cuerpo social del Imperio, en el gran cuerpo social del Imperio que tiene la consistencia y la inercia de una medusa varada, en el gran cuerpo social del Imperio que es como una enorme medusa varada con toda su redondez sobre toda la redondez de la Tierra, se han plantado electrodos, centenares, miles de electrodos, un número increíble de electrodos.

De tipos tan diversos que incluso ya los hay que ni parecen electrodos.

Esta el electrodo Tele, por supuesto, pero también el electrodo. Dinero, el electrodo Farmacéutica y el electrodo. La jovencita es un agente de animación en la gestión dictatorial de los placeres” “La jovencita es toda la realidad de los códigos abstractos del espectáculo” “La jovencita es una mentira de la que el rostro es el apogeo”

“La jovencita muchas veces padece de vértigo, cuando el mundo deja de girar a su alrededor” “Como el dinero, la jovencita es equivalente sólo a ella misma”

“La jovencita no envejece, se descompone”

Por medio de estos miles, estos millones de electrodos, de naturaleza tan diversa que he renunciado a contarlos, se mantiene el encefalograma plano de la metrópolis imperial.

Por estos canales, imperceptibles para la mayoría, se emiten sin pausa las informaciones, los cambios de ánimo, los afectos y contra-afectos susceptibles de prolongar el sueño universal. Y notad que paso por alto todos los dispositivos de captura agregados a estos electrodos, sobre todo periodistas, sociólogos, policías, intelectuales, profesores y demás agentes de un incomprensible voluntariado al que se le ha delegado la tarea de orientar la actividad de los electrodos.

Es conveniente mantener un cierto nivel de angustia con el fin de preservar la disponibilidad general a la regresión, el gusto por la dependencia.

No por casualidad se difunde en el momento oportuno tal o cual sentimiento de terror, de conformismo o de amenaza. Nadie debe librarse de esta posición infantil de pasividad hastiada o pendenciera, de saciedad entumecida o de reivindicación quejosa que produce el malvado murmullo de la incubadora imperial.

Se dice “el tiempo de los héroes ha pasado”, con la esperanza de enterrar junto a él toda forma de heroísmo. El sueño de la época no es el buen sueño que procura el descanso, sino más bien un sueño angustiado que os deja más exhaustos todavía, deseosos solamente de volver a él para alejaros un poco más de la irritante realidad. Es la anestesia que requiere una anestesia aún más profunda.

Aquellos que por suerte o por desgracia se sustraen al sueño prescrito, nacen a este mundo como niños perdidos.

¿Dónde están las palabras, dónde la casa, dónde mis antepasados, dónde están mis amores, dónde mis amigos? No existen, mi niño. Todo está por construir. Debes construir la lengua que habitarás y debes encontrar los antepasados que te hagan más libre. Debes construir la casa donde ya no vivirás solo. Y debes construir la nueva educación sentimental mediante la que amarás de nuevo. Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general, porque los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen.

Aquí prevalece la regla de no-actuar, que se expresa así: la fecundidad de la acción verdadera reside en el interior de ella misma; podría decirlo de otro modo, podría decir: la acción verdadera no es un proyecto que uno realiza, sino un proceso al cual uno se abandona.

Quien actúa, actúa hoy como niño perdido.

La errancia gobierna este abandono. Vagamos. Vagamos entre las ruinas de la civilización; y precisamente porque se encuentra en ruinas, no nos será dada la posibilidad de enfrentarla. Es una guerra bien curiosa esta en la que nos hallamos comprometidos. Una guerra que requiere que se creen mundos y lenguajes, que se abran y ofrezcan lugares, que se constituyan hogares, en medio del desastre.

Existe esa vieja noción, bolchevique y, ciertamente, un poco frígida: la construcción del Partido. Creo que nuestra guerra es la de construir el Partido o, más bien, la de dar un contenido nuevo a esa ficción despoblada.

Una sociedad que ha agotado el conjunto de sus posibilidades vitales tiene buenas razones para juzgar como “terrorista” todo aquello que se experimente más allá de ella.

Charlamos, nos besamos, preparamos una película, una fiesta, una revuelta, encontramos un amigo, compartimos una comida, una cama, nos amamos, en otras palabras: construimos el Partido.

Las ficciones son cosas serias. Necesitamos ficciones para creer en la realidad de lo que vivimos. El Partido es la ficción central, la que recapitula la guerra en curso.

Quien se exilia, exilia; el extranjero que parte se lleva consigo la ciudad habitable.

No puede ser más que el fin de un mundo, avanzando. Los padres desaparecieron en primer lugar. Se fueron a la fábrica, a la oficina. Luego fueron las madres las que, a su vez, partieron a la fábrica, a la oficina. Y cada vez no eran los padres o las madres los que desaparecían, sino un orden simbólico, un mundo. El mundo de los padres desapareció en primer lugar, luego lo hizo el de las madres, el orden simbólico de la madre, que hasta entonces nada había logrado socavar. Y esta pérdida es tan incalculable y el duelo por ello tan enorme, que nadie consiente hacerlo.

El Imperio resume el deseo de que un neo-matriarcado tome mecánicamente el relevo del difunto patriarcado. Y no hay revuelta más absoluta que aquella que desafía esa indulgente dominación, ese poder cordial, esa empresa maternal.

Los niños perdidos son los huérfanos de todos los órdenes conocidos. Bienaventurados los huérfanos, el caos del mundo les pertenece.

Lloras por lo que has perdido. Lo hemos perdido todo, en efecto. Pero mira a nuestro alrededor, hemos ganado hermanos, hemos ganado hermanas, tantos hermanos y tantas hermanas.

Ahora, sólo esta nostalgia nos separa, y eso es algo inédito.

Caminas, estás perdido; no encuentras en ningún lugar la medida de tu valor; caminas, y no sabes quién eres y no tienes valor, como el primer hombre.

Vas por los caminos.

Pero si no estuvieses tan perdido, no llevarías en ti esta fatalidad de encuentros.

Huyamos, ya es la hora; pero te lo ruego, huyamos juntos.

Fíjate en nuestros gestos, la gracia que nace en el interior de nuestros gestos; fíjate en nuestros cuerpos, cómo se intercambian con fluidez, cuánto tiempo hacía que no se abatía sobre el mundo tanta gratuidad.

No hemos dejado este mundo.

Aún hay envidia, estupidez, el deseo de ser alguien, de ser reconocido, la necesidad de valer algo y, peor aún, la necesidad de autoridad. Son las ruinas que el viejo mundo ha dejado en nosotros y que no hemos abandonado. A la luz de ciertos proyectores, a veces nuestra caída nos produce la sensación de una decadencia.

¿Adónde vamos?

Comité Invisible

fuente: revista Tiqqun www.bloom0101.org/tiqqun.html

El Mito del Partido. Símbolo de la Esclavitud Moderna

La revolución no es obra de los partidos

Las revoluciones de tipo social no son efectuadas por «partidos», grupos o cuadros: acaecen como el resultado de fuerzas historicas y contradicciones que ponen en actividad a amplios sectores de poblacion. Se traducen no solo -como afirma Trotsky- porque las «masas» hallan insoportable la sociedad existente, sino tambien a consecuencia de la tension entre lo actual y lo posible, entre «lo que es» y «lo que podia ser». La miseria abyecta solamente no produce revoluciones. La mayor parte de las veces ocasiona una desmoralizacion inutil o, lo que es peor, la lucha privada y personal para sobrevivir.

La Revolucion Rusa de 1917 gravita en la conciencia de todos como una pesadilla, porque fue en gran parte la consecuencia de «insoportables condiciones» de una devastadora guerra imperialista. Los sueños en ella contenidos fueron pulverizados por una guerra civil aun mas sangrienta, por el hambre et la traición. Lo que emergio de la revolucion fue la ruina, no de una vieja sociedad, sino de las esperanzas de construir una nueva. La revolucion Rusa fallo lamentablemente al sustituir al zarismo por el capitalismo de Estado.

Los bolcheviques fueron las tragicas victimas de su ideologia y en gran numero pagaron con sus vidas durante las purgas de los años treinta. Intentar adquirir una sabiduria total de ese ensayo revolucionario es ridiculo. Lo que podemos aprender de las revoluciones del pasado es lo que todas ellas tienen en comun y sus profundas limitaciones, si se comparan con las enormes posibilidades que ahora se abren ante nosotros.

El rasgo mas sorprendente de las pasadas revoluciones es que se iniciaron espontaneamente. Tanto, si se examinan los prolegomenos de la revolucion Francesa de 1789, como si se etudia la de 1848, la Comuna de paris, la revolucion rusa de 1905, la caida del zarismo en 1917, la revolucion hungara de 1956, o la huelga general francesa de 1968, las fases iniciales son generalmente identicas: un periodo de fermentacion que se transforma espontaneamente en una insurreccion popular. Que esta triunfe o no depende de su resolucion o de si el estado puede emplear con eficacia su fuerza armada, es decir, si las tropas pueden ser lanzadas contra el pueblo.

El «glorioso partido», alla donde existe, va casi invariablemente detras de los acontecimientos. En febrero de 1917 la organizacion bolchevique de Petrogrado se opuso a la declaracion de huelga, precisamente en el momento mismo en que la revolucion estaba destinada a expulsar al zar. Afortudamente, los trabajadores ignoraron la «direccion» bolchevique y proclamaron por doquier la huelga. En los acontecimientos que siguieron nadie se vio mas sorprendido por la revolucion que los partidos «revolucionarios», incluyendo los bolcheviques.

Lo recuerda el lider bolchevique Kayurov con estas palabras: «No hubo en absoluto ninguna directriz del partido… el comite de Petrogrado habia sido detenido y el representante del Comite Central, camarada Shliapnikov, era incapaz de dar iniciativa alguna para el siguiente dia». Lo cual acaso fue un hecho afortunado: antes de la detencion del comite de Petrogrado, la evaluacion que este hacia de la situacion y de su rol en ella era tan deplorable, que de seguir los trabajadores sus orientaciones es dudoso que la revolucion se hubiera producido cuando lo hizo.

(…)

Las revoluciones y rebeliones de alguna importancia, no solamente revelan una fase esplendidamente anarquica sino que tienden tambien, espontaneamente, a crear sus proprias formas de autogobierno revolucionario. Las secciones parisinas de 1793-94 fueron las mas notables formas de autogobierno creadas por cualquier revolucion social en la historia. Una forma mas conocida: los consejos, o «soviets» establecidos por los trabajadores de petrogrado en 1905. Aunque menos democraticos que las secciones, los consejos estaban destinados a reaparecer años mas tarde en algunas revoluciones. Sin embargo, otra forma de autogobierno, o autogestion revolucionaria lo fueron los comites de fabrica establecidos por los anarquistas en la Revolucion española de 1936.

Finalmente, las secciones reaparecieron en las asambleas de estudiates y en los comites de accion durante la revuelta y la huelga general de Paris, en mayo-junio de 1968 (Es sarcastico que la mayoria de los grupos marxistas-leninistas- trotskistas-maoistas se sieran a la tarea de maniobrar sin pudor alguno en las asambleas estudiantiles de la Sorbona, en un esfuerzo por controlarlas, e introdujeron en ellas elementos de discordia que acabaron por desmoralizar a todo el conjunto. Despues para completar el sarcasmo, todos esos grupos se pusieron a charlar acerca de la necesidad de una «direccion centralizada» cuando el movimiento colapso -un movimiento que se produjo muy a pesar de sus directrices y, en ocasiones, en oposicion a ellas).

LLegados a este punto debemos preguntar que rol desempeña el «partido revolucionario» en todos estos desarrollos. Para comenzar, hemos visto que tiende a tener una funcion inhibitoria, en modo alguno de «vanguardia». alla donde existe o ejerce influencia tiende a refrenar el flujo de los acontecimientos, no a «coordinar» las fuerzas revolucionarias. Esto no es casual. El partido esta estructurado de acuerdo con las lineas jerarquicas que refleja la sociedad misma a la que pretende oponerse. Pese a sus pretensiones teoricas es un organismo burgues, un Estado en miniatura, con un aparato y un cuadro cuya funcion es tomar el poder, no disolverlo. Afincado en el periodo pre-revolucionario asimila todas las formas tecnicas y mentalidad de la burocracia.

Sus miembros estan educados en la obediencia, en los conceptos preformados de un dogma rigido, y enseñados a reverenciar el liderismo. Este liderismo o funcion dirigente del partido, a su vez, se basa en costumbres nacidas del mando, la autoridad, la manipulacion y hegemonia. Esta situacion empeora cuando el partido participa en elecciones parlamentarias. Debido a las exigencias de las campañas electorales, el partido acaba de modelarse a si mismo totalmente de acuerdo con las formas existentes e incluso adquiere los atavios externos del partido electoral. La situacion se deteriora aun mucho mas cuando el partido adquiere grandes medios de propaganda, costosos cuarteles generales, numerosos periodicos controlados rigidamente por la cuspide, y un «Aparato» pagado ; en resumen, una burocratia con intereses creados.

La jerarquía del mando

A medida que el partido crece la distancia entre la direccion y los hombres de base se acrecienta fatalmente. Los lideres no solamente se convierten en «personajes», sino que pierden contacto con la situacion viva en las filas bajas. Los grupos locales, que conocen su situacion de cada momento mucho mejor que cualquier lider remoto, se ven obligados a subordinar su vision directa a las directrices de arriba. Los dirigentes que carecen de todo conocimiento directo de los problemas locales responden rutinaria y cautamente.

Si bien reclam una mayor amplitud de mras y justifica una mayor «competencia teorica» propia, la competencia del lider tiende a disminuir cuanto mas asciende en la jerarquia de mando. Cuando mas nos acercamos al nivel donde se toman las decisiones «reales», mejor observamos el caracter conservador del proceso que elabora las decisiones, cuanto mas burocraticos y ajenos son los factores que entran en juego, tanto mas las consideraciones de prestigio y el atrincheramiento suplantan la creacion, la imaginacion y la dedicacion desinteresada a los objetivos revolucionarios.

El resultado es que el partido se hace menos eficiente desde un punto de vista revolucionario, cuanto mas busca la eficiencia en la jerarquia, los cuadros y la centralizacion. Aunque todos vayan al paso, las ordenes suelen ser en general equivocadas, sobre todo cuando los acontecimientos empiezan a fluir rapidos y a tomar giros inesperados, lo cual acaece en todas las revoluciones. El partido solamente es eficiente en un sentido: en el de moldear a la sociedad de acuerdo con su propria imagen jerarquica si la revolucion tiene exito. Crea la burocracia, la centralizacion y el Estado. Alienta las condiciones sociales que justifican este tipo de sociedad. De aqui que en vez de desaparecer progresivamente, el Estado controlado por el «glorioso partido» preserva las condiciones esenciales que «necesita» la existencia de un Estado, y de un partido para «guardarlo».

(…)

Es un hecho y un claro desafió a la inteligencia de las gentes: diez o doce partidos de estirpe marxista-leninista o simplemente marxista, se disputan el titulo de partido de la clase obrera. En realidad no puede haber diez o doce partidos o partidillos de la clase obrera. Es como en religión: no puede haber diversos dioses verdaderos. Tal hecho lo descalifica globalmente y el simple observador del fenómeno concluye muy cuerdamente la falsedad de todos ellos.

La pluralidad de partidos que es auto atribuyen el titulo de “partidos de la clase obrera”, no hace sino demostrar por la simple prueba del sentido común que no hay ningún partido de la clase obrera. Esta es para tales grupos la coartada ideológica, pero en realidad, todos los partidos carismáticos desconfían profundamente de la clase obrera. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de esos partidos fueron fundados por burgueses, o por individuos que vivían o pensaban como tales y por tanto despreciaban a la clase obrera.

Lenin y Trotsky, entre otros, reían sarcásticos cuando los anarquistas o consejitas querían confiar la gestión económica y el autogobierno político a las organizaciones naturales de la clase obrera: los sindicatos y consejos. ¿Como pueden ser revolucionarios y obreros los partidos que en nombre de la clase obrera estatifican la economía y marginan radicalmente a las masas obreras de su organización y control y le asignan el mero rol de fuerza del trabajo? Es asombroso considerar como los partidos “revolucionarios” de la clase obrera, lo primero que hacen al llegar al poder es separar a la clase obrera de la tarea auténticamente revolucionaria.

La clase obrera ha de ser dirigida y por tanto la función del dirigente es el atributo primero de esos partidos. Por ello permite afirmar a la critica libertaria no solo el carácter burgués de esos grupos, sino la concepción radicalmente primitiva de su filosofía política, basada en el autoritarismo. No olvidemos que la autoridad es vieja como el mundo, mientras el socialismo es una realidad comunitaria basada en la responsabilidad compartida.

De lo dicho se colige el carácter excluyente de todo partido :la lucha por el poder hace que se excluyan unos a otros, puesto que siendo cada uno de ellos el “partido” por antonomasia, solo a cada uno de ellos corresponde el control de aquel. De ahí la dictadura y el totalitarismo sobre los grupos descartados del poder y sobre la clase trabajadora.

(…)

La superioridad ideológica del anarquismo y del sindicalismo revolucionario es que no aspira al poder, sino a la liquidación del poder tal como lo conciben los demás partidos. Por tanto, no entra en la lucha hegemónica excluyente. El sindicalismo revolucionario, por ejemplo, ofrece a todos la posibilidad de una participación abierta, es en si mismo esta participación abierta a todos. El sindicalismo revolucionario no pide a los demás que abdiquen ante su poder, sino que contemplen la posibilidad de una reestructuración social de la base comunitaria, al margen del poder tradicional. Este poder es el gran factor excluyente, el que mediatiza y alienta a las masas.

Este poder del punto omega, este poder antidemocrático, antirrevolucionario y antisocialista del vértice, debe ser sustituido por el poder de participación generalizada en la base social. Debe partir de esta; el poder de decisión y participación debe estar diluido, generalizado, debe ejercerse en todos y cada uno de los sectores de la actividad económica y política. Este poder decisorio de base diluido en la fabrica, en la industria y en la federación de comunas, arranca de la periferia social, donde nacen todos los fenómenos esenciales de la vida comunitaria y se articula hacia arriba en nexos que muy bien pueden ser federativos.

Pero el poder reside en la base, que puede revocarlo en cualquier momento. Frente al primitivismo de la filosofía política de los “partidos de la clase obrera”, afincados todavía en el ancestral principio de autoridad, la responsabilidad compartida en la base. Esta es la filosofía política, clara y directa, que corresponde al fenómeno comunitario del socialismo, el cual se basa en la solidaridad y la mutua correspondencia. El socialismo de dirigentes y dirigidos no es socialismo, sino autoritarismo y empieza por la discriminación política y termina en el nacimiento de nuevas clases privilegiadas, como muestra la experiencia. (…)

Grupo Orobón Fernández
España, 1973

Folleto aparecido por primera vez en la revista venezolana Ruta Nº15 en septiembre de 1973. Fue editado, a su vez, por la FORA en Tucuman, Argentina.

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