“La ciudadanía cree que está informada cuando está sólo entretenida”

Entrevista con Rosa María Calaf. La periodista mantiene su defensa del periodismo comprometido en conferencias y clases: “Es el único periodismo que conozco”.

La periodista Rosa María Calaf me recibe y despliego ante ella un folio con mis preguntas, siendo consciente de que nos faltará tiempo. Optamos por guardarlo y conversar, aunque me advierte: “Hay un problema y es que hablo mucho”. Los veinte minutos previstos se convierten en una hora donde Calaf señala claves de la situación en la que vivimos. Respuestas donde no guarda silencio ante ningún tema, por delicado que sea: desde la democracia débil, pasando por los refugiados, la Unión Europea, Venezuela, Siria, el feminismo o la posverdad. Tras su despido en el ERE de TVE en 2009, confiesa que hay días en los que agradece no estar en primera línea, pero mantiene su defensa del periodismo comprometido en conferencias y clases porque, en el fondo, es “el único periodismo que conozco”.

Tras su jubilación ha tenido un descanso muy relativo pero, desde esa situación, ¿cómo ve el mundo?

_Estamos en un momento de incertidumbre donde la ciudadanía cree que está informada cuando está solo entretenida, en realidad. Y eso es muy grave. La calidad de información que recibe es tan aceleradamente deteriorada que puede construir una sociedad muy indefensa. El no saber, no conocer…

_Pero los ciudadanos creen que saben.

_Claro, esa es la falacia. Porque si no sabes, intentas saber. Pero cuando ya te han convencido de que sabes todo, te das por satisfecho. Crees que con tantas pantallas, Twitter y Facebook ya es suficiente. Primero, eso no es verdad. Y segundo, piensa con qué calidad recibes la información. La información es cada vez más sesgada, menos independiente y menos rigurosa. Y así la ciudadanía se forma opinión en base a errores o mentiras. Una serie de parámetros extraordinariamente peligrosos porque con esa opinión tienes mucho riesgo de equivocarte y, en consecuencia, las decisiones que vayas a tomar van a afectar a ti, a tus hijos y a la construcción del mundo.

_Según usted, el periodismo tiene una responsabilidad fuerte en este resultado.

_El periodismo es un pilar fundamental de la construcción social y del modelo social. Una sociedad que no está bien informada corre el riesgo de equivocarse al tomar decisiones. Va a ser involuntario porque desconoce lo que está pasando realmente, ni tampoco cómo la están conduciendo e induciendo a creer determinadas cosas y hechos que son falsos. Así acabas decidiendo en contra de tus intereses, pero a favor de los intereses de unos pocos.

_Porque nuestros intereses van más allá de votar cada cuatro años.

_Claro. La democracia, hasta que se demuestre lo contrario, es el menos malo de los sistemas pero lo es siempre que se ejerza como tal. Para ejercer la democracia tienes que saber qué votas. Votar sin saber qué votas no tiene ningún valor. Y ahí te preguntas. ¿Somos demócratas? ¿Estamos en una democracia? Con esas premisas no es verdad que estemos en una democracia.

_La ciudadanía también tiene una responsabilidad…

_Sí, y darse cuenta de que están siendo manejados y de que la democracia cada vez está más vacía, es una cáscara, una apariencia de democracia. Pero el núcleo interno no es una democracia. Y los poderes están mezclados, cosa que es evidente. Eso es muy peligroso porque deja al ciudadano en una indefensión absoluta.

_Al principio de la crisis vimos una mayor movilización social que ahora. ¿Tienen los medios que ver en ello?

_Por supuesto. Tenemos que hacer autocrítica porque los medios ahí no han sabido defender el espacio que debe tener el periodismo y la información en la ciudadanía. En ese momento, de extremo peligro, la gente era consciente de hacer algo. Ahora la gente lo cree pero piensa que, cuando toma la decisión, lo hace con una base sólida de conocimiento y no es así. Ahora estaba viendo unas encuestas sobre los datos de la Red de Periodismo Europeo y los informes ponen los vellos de punta con la campaña de Trump, del Brexit, sobre Europa, de cómo los medios sistemáticamente han mentido, algunos más y otros menos. Pero han difundido una cantidad de mentiras tremendas y están haciendo un proceso de cerrar a la gente en burbujas, donde no son conscientes de que se retroalimentan con sus propios pensamientos, sin contrastar con lo que pasa alrededor.

_¿La prensa también guardó demasiado silencio antes de llegar la crisis?

_Sí, porque los medios convencionales en su momento se alinearon al pensamiento único, de lo políticamente correcto, de mensajes como esto es lo mejor que puede haber, resígnate, no puedes hacer nada, ten cuidado, ten miedo…

_El miedo es muy eficaz en democracia.

_Claro, y la prensa en lugar de combatir la instalación de esos métodos tan peligrosos, para que la gente se diera cuenta de que se les ocultaba la verdad, pues no lo hizo. Y, además, se alineó en la mayoría de los casos con los mismos intereses que promueven este mundo. La mayoría de los medios, aquí y fuera, está con grupos de poder económicos. Porque en este momento el peligro no es el poder político, es el poder económico.

_Es el que manda.

_El que manda. El poder económico ha fagocitado a la política y los medios.

_La periodista Rosa María Calaf me recibe y despliego ante ella un folio con mis preguntas, siendo consciente de que nos faltará tiempo. Optamos por guardarlo y conversar, aunque me advierte: “Hay un problema y es que hablo mucho”. Los veinte minutos previstos se convierten en una hora donde Calaf señala claves de la situación en la que vivimos. Respuestas donde no guarda silencio ante ningún tema, por delicado que sea: desde la democracia débil, pasando por los refugiados, la Unión Europea, Venezuela, Siria, el feminismo o la posverdad. Tras su despido en el ERE de TVE en 2009, confiesa que hay días en los que agradece no estar en primera línea, pero mantiene su defensa del periodismo comprometido en conferencias y clases porque, en el fondo, es “el único periodismo que conozco”.

_Este discurso, en muchos sectores, lo etiquetan de rebeldía.

_Te ven como un antisistema. Pasa con la igualdad de género o quienes no quieren una sociedad igualitaria. Siempre tratan de confundir, engañar y manipular el mensaje; y para eso nos dicen antisistema. No, no. Yo lo que estoy diciendo es que no estoy de acuerdo con lo que en el sistema funciona mal. Quiero reformar el sistema. Es como la Unión Europea. Hay unas grandes fuerzas que quieren que la UE desaparezca. Porque la UE si funcionara como debiera sería una protección para el ciudadano, porque legislaría en favor de las personas. Pero eso a los poderes económicos no les interesa. ¿Qué manera hay para desarticular la UE? Hacer lo que antes se hacía en la política: yo quiero conseguir los recursos de tal país. ¿Qué hago? Pongo un dictador, mato gente, hago un golpe de Estado y la gente se queda muerta de miedo. Pero ahora eso ya no es necesario porque con las redes, y lo que hemos aprendido sociológicamente, puedes hacer que la gente crea y logre convencerse de que hay que cargarse la UE y hay que planear campañas de descrédito. Hacemos grandes multinacionales que meten mucho dinero, te convencen que te cambies de móvil cada año a pesar de que para eso hayan vendido a 200 niños para trabajar en las minas y mujeres violadas… Vas perdiendo los valores. Cuando las víctimas dejan de considerarse víctimas, has ganado.

_¿Un síndrome de Estocolmo?

_Sí, porque se ponen de tu lado. En la igualdad de género se promueve esto. Que los machistas vendan que atacamos a los hombres y sustituirlos. No, sólo queremos defender los derechos de las mujeres que somos la mitad de la población, y tener los mismos derechos y opciones. Es tan simple como eso. Entonces se desacredita al feminismo poniéndonos de locas, poniendo sólo las imágenes de quien se manifiesta sin sujetador, dicen que queremos destruir la familia… ¿Perdón? No queremos eso para nada. Pero si incluso ahí convences a muchas mujeres de que ese mensaje de mentira es el verdadero… ya has ganado. Has conseguido que las víctimas estén de tu lado, trabajando en contra de sus propios intereses.

_Ese es el mayor triunfo.

_Por supuesto y se da en la sociedad también. Es igual. La gente cree que es libre porque vota. Y que es demócrata. Y si reclamas otro orden más igualitario, te dicen que eres un antisistema y te mandan a Venezuela. Y dices… oiga, perdone. Nada más lejos de mi intención que defender a Maduro, por favor, pero no todo es blanco y negro. Porque los que no son Maduro no hacían nada por la gente. Esta cosa de que antes era la gloria y ahora un desastre, pues no. Era la gloria para unos pocos, que son los que ahora se quejan porque no pueden seguir mangoneando. Los anteriores no eran mejores. La gente vivía muy mal en Venezuela.

_Pero no salía en primera página cada semana.

_Claro que no. Ocurre igual con los refugiados. ¿Piensan que cuando se van de sus casas es que no hay otra cosa mejor que hacer? Mientras no entendamos de dónde viene nuestro “bienestar” de despilfarro y de desprecio por los derechos humanos… La sociedad tiene que saber que el bienestar de una parte de la sociedad tiene que ver con la miseria de otra parte. Debemos defender que puedan vivir en sus países y trabajar con sus recursos, que estén al servicio de sus intereses y no de los nuestros. Es la única forma de que todos mejoremos. Nadie quiere más que vivir con dignidad. Pero si, además, abusamos de la mitad del mundo, esa mitad del mundo se volverá contra nosotros. Y encima te dicen: ¿entonces se vienen todos aquí? No estamos diciendo eso sino que seamos justos, solidarios, igual que nosotros tenemos derecho a vivir.

_Solidaridad, que no caridad.

_Claro, eso de darles… No. Ellos tienen sus recursos. Y los emigrantes son sujetos de derecho, igual que cualquiera de nosotros. No se puede traer a todo el mundo, eso es evidente. Pero sí que eso se haga de otra forma. Y la gente cree que se van de sus países como si se fueran de vacaciones. El problema es que todo se intenta simplificar demasiado, en blanco y negro, en buenos y malos… Y hay muchos grises. Cada vez vivimos más en un mundo no de opinión pública, sino de emoción pública. Y eso es muy peligroso. Basar las decisiones en las emociones tiene un riesgo extraordinario porque las emociones son muy difíciles de controlar. Y claro que hay una parte emocional, de empatía, pero esa emoción debe estar anclada en un conocimiento y una parte racional. No dejarse llevar por lo primero que te dicen.

_Hoy, 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa y Naciones Unidas lo enfoca al papel de los medios en la creación de sociedades más justas y pacíficas. ¿Lo estamos consiguiendo? Recuerdo que leí en una entrevista una frase con la que siempre enfrentaba sus reportajes: ¿a quién beneficia?

_Esa pregunta viene por mi formación en Derecho. Siempre, en cualquier delito, hacerse esa pregunta tira de quién está detrás. Por ejemplo, ahora lo del ataque de las armas químicas en Siria. Tampoco voy a defender a Bashar al-Ásad. No estoy de acuerdo con él. Pero no va a ser tan imbécil. ¿Qué consigue matando a 73 personas con armas químicas si eso le puede servir de pretexto a los otros? Es absurdo. Al único que beneficia es a los propios EEUU y la industria armamentística. Aquellos que quieren seguir en el enfrentamiento del problema y no en la solución.

_Como el Estado Islámico, que hacen creer que sale de la nada.

_Claro, cómo van a ser cuatro vándalos fanáticos que salen de repente con un armamento carísimo y complicadísimo. ¿Quién paga eso? ¿Quién les enseña a manejar eso? Y consiguen que los periodistas se vayan de allí porque ellos mandan la información. Ellos hacen unos vídeos espectaculares. ¿Quién les hace los vídeos, que parecen de una empresa de Hollywood? ¿Quién hace algo? Esa es la pregunta y es lo que la prensa debería de responder, en lugar de páginas llenas de odio o de impacto sentimental e ir a por lo fácil. Debemos informar, que el ciudadano se haga preguntas y que, cuando se las haga, busque responsabilidades y se dé cuenta de la parte de responsabilidad que también tiene en todo lo que sucede. Hay muchos intereses que no quieren una sociedad justa y eso es lo que hay que desenmascarar. El ciudadano debe darse cuenta de no hacer el juego precisamente a quienes no les conviene.

_¿La precariedad en el periodismo forma parte de ese juego?

_La precariedad es una manera de control porque si tus redactores trabajan en situación de estrés y angustia, y no tienen los recursos para ejercer bien su trabajo, el resultado tendrá peor calidad. Este grado de precariedad es muy peculiar de España y no ocurre tanto en otros países donde, aunque existe, no a este nivel. Y eso lleva a dos conclusiones: ningún respeto por la profesión y ninguna voluntad de excelencia informativa. ¿Quieres hacer buena información? Entonces tienes que invertir en buena información. Vender que la precariedad fue producto de la tecnología o de un momento económico es una cortina de humo. Lo que existe detrás es una voluntad de que las redacciones no hagan el periodismo que deben hacer, el riguroso y de investigación.

_De ahí el copia/pega de la nota de prensa o el periodismo de declaraciones.

_El copia/pega y publicar siete temas que ni profundizas. Eso es convertir al periodismo en una apariencia de información. Hacemos el papel de periodistas, pero no lo ejercemos porque no tenemos ni recursos y, en muchos casos, ni la formación para ejercerlo. No es un coyuntural. Forma parte de una intención de no dar información de calidad. Y convertimos a los periodistas en lectores de comunicados que no se confirman, ni contrastan ni comprueban. O en comparsas de ruedas de prensa sin preguntas. Hacemos el papel en una peli de periodistas. Sólo hay que ver que gran parte del periodismo de investigación se hace con crowdfunding o fundaciones, que no son los métodos que deben ser.

_Y, entre medias, tenemos la figura del periodista “estrella”.

_Es muy evidente en televisión y redes. El periodista no puede ser más importante que lo que cuenta porque entonces hacemos del periodismo un espectáculo. Muchas veces se abre un informativo diciendo: “tenemos un equipo en un sitio donde es difícil de transmitir…” Lo importante es saber. Vale, está allí, lo he escuchado, ¿pero me vas a contar qué pasa allí? ¿O sólo importa que esté? Casi toda la información se rodea de una estética cinematográfica. Lo mismo ocurre con las tertulias. Los periodistas nunca deben discutir con un político, sino preguntar. Esto confunde a la audiencia porque confunde los géneros. Da audiencia, pero no informa.

_En esa caza por la audiencia, ¿qué papel tiene la dictadura de la imagen, sobre todo, entre las mujeres periodistas?

_En el sentido general de la igualdad estamos retrocediendo y nos preocupa entre las mujeres que hemos luchado. En las sociedades donde la sociedad está más reprimida, se les hace llegar el mensaje de que no hay nada que hacer. Pero en nuestro mundo, donde hemos avanzado mucho, nos dan la idea de que no hay que hacer nada porque está todo hecho. Y cuando ocurre eso se van las ganas de luchar. Y si no luchas, vas para atrás. Ahora vuelve una sexualización de la mujer, sobre todo en los medios visuales, donde se prioriza la apariencia física y la edad. Cuando dije lo de Sara Carbonero justo publicaron lo contrario de lo que quería decir. Yo no dije nunca que porque es guapa es tonta. Lo que dije fue se ha valorado que es guapa, no si hace bien el trabajo. Es decir, haciendo el trabajo muy bien, si no fuera guapa no estaría ahí. Por lo tanto, no se valora que lo haga. ¿Qué importa la belleza en una periodista? Estamos hablando de información. En el entretenimiento puede ser relativamente diferente, pero en la información no se está valorando si lo hace bien, sino que se suma la valoración del patrón físico.

_¿Cómo hacía frente a los estereotipos en su trabajo?

_Primero, debes estar convencida de qué quieres defender, qué derechos tienes y saber que no es fácil, que tendrás que sacrificar cosas, y hay que estar dispuesto a ello. Yo tenía muy claro que iba a ser una militancia permanente, no agresiva. Pero entre ironías, no dejaba pasar ni una. Cuando llegué a Madrid era la única reportera de calle, y me decían… “oye, en la crónica de ayer estabas guapísima, la blusa te quedaba muy bien”. Cuando pasaron ocho días con estos comentarios, sin mala intención porque no era para humillarme y querían ser simpáticos, hice igual. Les decía… “oye, la corbata esa de ayer…genial”. Y claro, les descolocaba. No hay que desfallecer, no hay que tirar la toalla. Y es muy cansado, porque es dale que te pego. Por ejemplo, he tenido que pasar toda mi vida explicando por qué no he tenido hijos. No era necesario ni lo que yo quería. Pensaba que, como persona, mi realización no pasaba por la maternidad. Y tenía que explicarlo porque me veían como tarada, sin dejar de escuchar comentarios del tipo…”Le debe pasar algo”, “Qué rara es”, “Será lesbiana”… Como si ser lesbiana tuviese algo que ver. Eran las ideas más peregrinas. Me he pasado toda la vida teniendo que explicar que yo no quería una familia al uso y que mi profesión era muy importante. Que son opciones personales.

_¿Era consciente que ganaba esos espacios?

_A veces sí, pero no como algo heroico, sino como algo que nos sirviese a todas. Y eso lo hablaba con Carmen Sarmiento. No era premeditado. Sabía que era lo que había que hacer y lo que ya reivindicaban en otros sitios. He podido viajar desde muy pequeña. Me mandaron a estudiar al extranjero con 14 años, en los años 50, a Francia o Estados Unidos. Tuve una suerte brutal.

_Esos viajes le harían ver la sociedad patriarcal desde muchas perspectivas.

_Claro, mucho. Asumí que o peleas o no te regalan nada. Siempre hay que pelear. Yo dije que quería hacer esto. Y eso requería pelear por mi espacio y no dejar que lo pisoteen. Fui afortunada porque no encontré oposición frontal de mis directivos, por ejemplo. Yo cuando hice la prueba para entrar en la tele dije que quería hacerlo para crear una mejor sociedad y también para demostrar que las mujeres debíamos estar en todo tipo de programas. Que había que estar en política, economía, internacional, etc… Eso era los años 70. De las primeras cosas que me mandaron fue hacer un desfile de modas, pero le busqué un ángulo de género. Encontrarme con esos directores, como José Joaquín Marroquí, fue una suerte porque otro podría haberme machacado.

_¿Cómo dio el paso para contar el intento de violación que sufrió durante la guerra de Los Balcanes?

_Aún tengo la duda de haberlo contado. Lo comenté con mucha gente antes de dar el paso. Y lo hice porque las compañeras hacían un libro donde necesitaban casos relevantes en esta línea. Y coincidió con el momento en el que Reporteros Sin Fronteras, por la violación de una periodista en la plaza Tahrir, advirtió sobre la presencia de las mujeres periodistas en determinados sitios. Y eso es peligrosísimo porque después de ese espacio conquistado, si mandas el mensaje de que no vayan, lo pierdes. Lo que hay que hacer es que protejan tus derechos. No sólo los tuyos por ser extranjera, sino los de las periodistas locales, iguales. Pero no hice mal en no contarlo cuando ocurrió por respeto a las mujeres locales que sí violaban. La violación y el abuso se aplicaba como táctica de guerra. Había militares españoles a los que no iba a pedir que me defendieran, porque las víctimas era la población civil local. Yo no quería ser protagonista cuando hay otras, en una distancia, en verdadero riesgo y son las víctimas reales. Las mujeres periodistas sabemos que tenemos un riesgo añadido, pero no debería normalizarse.

_¿Notó el machismo más al comienzo de su carrera o al final, incluso?

_En todas las etapas. Al principio fue complicado porque de la mujer se duda y tenías que demostrar que podías. El tema de la igualdad y la perspectiva de género no estaba en la agenda. Ahora es cada vez más complicado porque se cree que no hay que luchar por ello. Ahora la idea de desacreditar es más sutil. Antes la oposición era muy burda, muy a lo bruto, a la desacreditación…

_Antes era fácil identificar el machismo…

_Efectivamente. Y ahora es más sutil. Hay que tener cuidado con el lenguaje, con las trampas en las que tú mismo caes, hay que estar más alerta. Eso vale para la igualdad como para la libertad. Porque cuando estás en una dictadura eres consciente, como ciudadano, de que tienes que estar con todas las antenas puestas porque te están escamoteando la información y la libertad. Cuando crees que los medios son libres, esas antenas las desactivas. Y es ahí donde te vuelves vulnerable.

_En esa vulnerabilidad, ¿tiene algo que ver la continua desacreditación hacia los medios públicos?

_Desprestigiar la televisión pública hace que el propio ciudadano pida que desaparezca. ¿A quién le beneficia que desaparezca? Al ciudadano, no. Una televisión pública que funcione como debe es una garantía para el ciudadano. El ciudadano debe exigir. E igual que hay una sanidad y educación pública, debe exigir unos buenos medios públicos. Quienes no quieren eso es porque saben que cuando esa televisión pública funciona bien, el ciudadano está mejor defendido. Y por lo tanto, aquellos que no quieren una ciudadanía defendida y capaz de defender sus derechos, van a ir en contra de todo lo público.

_¿Y el medio privado?

_Se le debe exigir también. Todos estamos de acuerdo de que exista libertad de empresa. ¿Pero a que no dejamos que en las latas de sardinas se ponga aceite tóxico? Eso lo vigilamos. ¿Por qué no controlamos que la calidad de la información sea la que debe ser? Y cuando decimos eso no es contradictorio con la libertad de expresión. Ni el derecho a la información. Hablamos de calidad, no de la interferencia ideológica. Hablamos de garantizar que se dé una información honesta al ciudadano. Da igual que sea pública o privada. No permitimos que una empresa nos dé a consumir sardinas en aceite de colza. ¿Pero permitimos que empresas nos den información tóxica? Cuando tienes unos medios que te dan algo tóxico mandas al hospital el cuerpo social. Y ahí es donde vivimos todos. Por la cuenta que nos trae deberíamos ser más activos a la hora de tener sentido crítico para no dejarnos arrastrar con mensajes más sencillos.

_¿Esta profesión le ha hecho llorar?

_He llorado, pero por personas. Yo creo que hay que alertar. Como decía Saramago, la situación no es pesimista, sino pésima. Pero también veo que hay una serie de movimientos y gente que quiere pelear contra esto. Debemos evitar que en 20 años no estemos peor que ahora. En los 80 pensábamos que hicimos la ruptura hacia la sociedad de la igualdad, y que el siglo XX era el de la utopía. No hagamos que el siglo XXI sea el de la nostalgia.

Ana I. Bernal Triviño
@anaisbernal
03/05/2017

fuente http://www.publico.es/culturas/calaf-ciudadania-cree-informada-entretenida.html

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(libro) Relatos sobre cosas que aún no están en venta

Textos de María Gonzalez Reyes, Imágenes de Isidro Jiménez, Año: 2011, Editor: Libros en Acción, Páginas: 83.

“No es porque los valores se hayan convertido en algo que sirve para vender cosas. No porque los ricos sean cada vez más ricos ni porque se cierren las fronteras. No porque se extraiga de las entrañas de la tierra hasta la última gota de lo que nos sirve como recurso. No porque las palabras público y colectivo estén en peligro de extinción. No porque suframos un sistema que se basa en la desigualdad para poder sostenerse. Es porque estamos hartos, estamos indignados. Es por eso por lo que salimos a la calle…”

En este interesante ensayo que denuncia la actual inercia que empuja a la sociedad a un consumo sin control podemos encontrar las siguientes secciones:

· Menaje del hogar
· Saldos y Oportunidades
· Droguería y Perfumería
· Chapa y Pintura
· Conservas y Precocinados
· Corte y Confección
· Segunda mano
· Bricolaje y Reparaciones

ConsumeHastaMorir

fuente http://www.letra.org/spip

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Epidemia química: tóxicos ambientales. Entrevista con Carlos de Prada

Carlos de Prada* es presidente del Fondo Para la Defensa de la Salud Ambiental (FODESAM) (1). Habla sobre los tóxicos sintéticos que la industria crea casi sin ningún tipo de control y de los efectos sobre el ser humano y el planeta en general. Se cree que existen cien mil productos sintéticos, de los cuales fueron estudiados sólo (y no siempre a fondo) el 1% de los mismos.

Escuchar entrevista

La lucha contra la desnaturalización del mundo

“Una de las facetas es la desnaturalización de su naturaleza química, que está siendo muy profundamente alterada, mucho más de lo que la gente piensa, y además con unos efectos no solamente ya de la naturaleza misma, de la fauna, sobre la flora, sino también sobre el ser humano.”

La epidemia química

La crisis de salud producida por la contaminación química cotidiana. Hay desatada una epidemia derivada de la exposición a contaminantes químicos en nuestro planeta. Lo que pasa es que no se habla mucho de ella, por ejemplo en los medios de comunicación, sí por contra se habla mucho de ella, por ej. en las publicaciones científicas, hay millares de publicaciones científicas que nos habla de estos efectos de los contaminantes químicos sobre la salud de la personas, asociándolo, según los casos a enfermedades como el cáncer, las enfermedades autoinmunes, el asma, las alergias, los problemas de fertilidad, los problemas neurológicos de los niños, etc; es decir una serie de interminable, muy larga, de problemas sanitarios asociados, también la diabetes, incluso hay una corriente científica que explica que está asociado al incremento de la obesidad, con mayor o menor medida, con los contaminantes químicos, por alteraciones que se producen cuando un ser humano está dentro del seno de su madre y se expone a una serie de contaminantes, por ejemplo contaminantes de acción hormonal, que son mucho problemas de salud, que están además en crecimiento.

Si uno observa las gráficas del cáncer, del asma, de las alergias, de las enfermedades autoinmunes, los problemas de reproducción, estos problemas están creciendo de una manera extraordinaria, precisamente desde los años 50, de manera muy especial, es decir cuando empieza el boom de la industria química, que se ha multiplicado prácticamente de forma exponencial desde entonces.

Crecimiento exponencial de la industria en algunas décadas

Hasta ese momento, prácticamente, sí había una industria química, pero no era gran cosa, y en estos momentos se ha multiplicado cientos de veces el volumen de sustancias químicas; más de cien mil sustancias químcias sintética ha producido el hombre, sustancias químicas que no había en la naturaleza, de esas más de cien mil sustancias, solamente se ha estudiado, medianamente, de manera adecuada, si acaso, y sin siquiera, en torno a menos del 1% de esas sustancias. El otro 99 no se ha estudiado debidamente, como digo es que no llega al 1%, y digo más o menos debidamente porque tampoco de manera completa; es decir está poco estudiado; lo que sí se ha estudiado sobre las centenares de sustancias que hay estudios realizados pues es lo que hemos comentado.

Sustancias químicas esparcidas por todo el ambiente

Son sustancias que pueden ser encontradas prácticamente en todo lo que nos rodea. Es como lo de los microbios, hasta ahora se ha venido preocupando la medicina en enfermedades, sobre todo, producida por microorganismos pero hay otros agentes patógenos que son las sustancias químicas, que también son onmipresentes, están por doquier, por ejemplo, pueden ser sustancias aplicadas como retardantes de llama a unas cortinas, estos retardantes de llama han aparecido, por ejemplo, en los osos polares del Aŕtico, donde por supuesto allí los osos no tienen cortinas, ni tienen sofás ni tienen nada donde se hayan aplicado retardantes de llama.

Hay muchas formas por las cuales estos tóxicos se diseminan o acaban en nuestro entorno, una de ellas son las emisiones industriales, por ejemplo una planta de incineración de residuos emite dioxinas a la atmósfera, esas dioxinas se depositan luego en los pastos, son comidas por los animales y a través de la cadena alimentaria nos llega.

El mercurio de una central térmica o una planta de producción de cloro o de fabricación de plásticos con celdas de mercurio contamina las aguas, acaba en los peces (de río y de mar). Hay especies marinas que tienen alto contenido de mercurio, que también a través de la cadena alimentaria nos llega.

La casa como un nicho de expansión química tóxica

Otras sustancias pueden estar en los productos de limpieza que se aplican en los hogares, que luego quedan formando parte del polvo doméstico o bien, son compuestos volátiles que respiramos. No nos damos cuenta de que, con independencia de la contaminación industrial que la que la gente está más familiarizada con ella, muchas veces el lugar donde más nos podemos exponer a tóxicos de manera inadvertida es el propio hogar; tóxicos que pueden a haber llegado a través de fragancias, de perfumes, de ambientadores, de cosméticos, de productos de aseo, de productos de limpieza, de las pinturas que se utilizan en las casas que pueden contener una serie de sustancias, los plásticos que pueden liberar sustancias como los ftalatos, aunque a veces a la gente le suena muy raro.

Los ftalatos (2) son un grupo de sustancias entre las que se encuentran las más problemáticas, es innumerable la cantidad de fuentes de exposición que uno pueden tener a estas sustancias.

Conciencia sobre la problemática

En España hay una conciencia bastante escasa, pero por ejemplo en el centro de Europa existe una conciencia mayor; por ejemplo el consumo ecológico es mayor en estos países que en España, que es uno de los mayores productores europeos de agricultura ecológica que no utiliza pesticidas y consiguientemente estos alimentos no contienen residuos de pesticidas y sin embargo todo va a exportarse. Lo que sí es que se consume comparativamente poco, como por ejemplo cosmética ecológica o pinturas ecológicas se consume poco porque hay poca conciencia.

O sea que existiendo alternativas, porque existen alternativas para prácticamente todo, a lo mejor no se está potenciando todo lo que se debiera, porque existe una escasa conciencia de la población, que sería muy importante, porque simplemente cambiando no para que se asuste o que diga ‘qué mal está el mundo’, ‘qué vamos a hacer!’, no; hay alternativas a todo, pero lo primero es cobrar conciencia del problema para luego pasar a esas alternativas. El consumidor tiene un poder mucho más grande del que imagina. Simplemente no comprando un producto no ecológico y comprando uno ecológico con eso estás consiguiendo que los que no producen ecológicamente acaben poniéndose las pilas para posteriormente intentar, hay muchos ejemplos de eso.

Normativas y reglamentaciones en Europa

Se hace bastante poco y las cosas más importantes que se han hecho, por ejemplo la normativa del Reglamento Reach (3) en Europa, fue bastante torpedeado por los poderes industriales. Incluso una vez ya aprobado, los primeros borradores eran muy buenos, muy exigentes, pero se fueron descafeinando bastante, finalmente se aprobó algo, que por lo menos era mejor que la situación precedente que era casi de descontrol en el tema de las sustancias químicas, pero luego tampoco se está haciendo mucho para que lleve realmente a efecto; puede quedar en papel mojado si no se ponen las pilas. Esta normativa Reach debería cambiar eso (de que sólo se hayan estudiado el 1% de las sustancias químicas). Entró en vigor en 2007 y va muy lentamente y son miles y miles de sustancias las que habría que evaluar.

Realmente hay un descontrol bastante grande y eso hay varias maneras de cambiarlo: uno es presionando a las autoridades y a las empresas y otro con las decisiones individuales que tienen un poder, también, muy importante.

Existen alternativas de productos no tóxicos?

Parece por la desinformación que existe que no hay otro remedio, claro, si no produces con pesticidas, cómo vas a producir? si hay millones de hectáreas de agricultura ecológica que producen perfectamente sin ningún problema, cómo vas a cambiar un producto de limpieza por uno que no contenga una serie de sustancias derivadas del petróleo, sintéticas que pueden producir, eventualmente, consecuencias.

Hay productos de limpieza que no contienen esas sustancias y con los cuales limpias exactamente igual la casa, cosméticos, productos de aseo personal que la gente pone sobre su piel haciendo pasar al torrente sanguíneo sustancias, en algunos casos conflictivas como los ftalatos. Hay toda una línea de cosméticos naturales que llevan adelante un montón de empresas, donde se puede también, sin incorporar al organismo esas sustancias. Hay alternativas a todo, lo que pasa es que no hay una debida información por parte de la gente para saber eso, tampoco se le facilita.

Consejos finales

No adopten esa táctica a veces tan utilizada, que no es la adecuada en ninguna situación, que es la del avestruz, que hay muchas gente que piensa que mejor no saberlo, pues no, es mejor saberlo. Es como si vas por un desfiladero en una montaña y dices ‘uy qué miedo!’, me tapo los ojos para no ver, bueno, pues te puedes caer por el barranco. Es mucho más fácil ver las cosas, saberlas, asumirlas y eso te da un mapa de la situación que luego te puede llevar a una solución. No es tanto lo que hay que saber, son una serie de cosas muy básicas y es sencillo, pues a lo mejor no evitando todos los tóxicos, que es muy complicado, tal y como se ha llegado a la situación, pero sí evitar por lo menos un porcentaje de ellos. Y si evitas un porcentaje estás dando ya al organismo una ocasión de recuperarse.

Que se tomen en serio estas cosas, que intenten saber acerca de estos asuntos, porque realmente es algo que puede tener unas implicaciones muy importantes para, por ejemplo, la salud de sus hijos. Por cierto los niños, son, además, particularmente sensibles a los contaminantes químicos, acumulan más tóxicos que nosotros, los eliminan peor; son más sensibles a sus efectos, aunque sea solamente pensando en los pequeños, yo creo que sería importante que la gente intentara saber un poquito de estas cosas.

Fundación Vivo Sano
www.vivosano.org

notas:
1) http://www.fondosaludambiental.org
2) Ftalato https://es.wikipedia.org/wiki/Ftalato
3) Reglamento Reach http://www.mapama.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/productos-quimicos/reglamento-reach

* Carlos de Prada es naturalista, periodista y escritor. Autor de libros Manual de fauna de España y Europa (1992), Tierra Quemada: Políticos y Empresarios Contra la Naturaleza: el Negocio Verde (1995), Los Cisnes de Urd. Naturaleza y Mito en la Edda (1997) Paraísos Perdidos (2006), Sensibilidad Química Múltiple: el Riesgo Tóxico Diario (2010), Anti-tóxico, Vive una Vida Más Sana (2010), La Epidemia Química (2012), Hogar Sin Tóxicos (2013).

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Disparen sobre el machismo ¿Resguarden al capitalismo?

Sin confrontación no hay historia. Aún hoy, en el siglo XXI, cuando los límites parecen cada vez más difusos, la posibilidad de una historia sin contrincantes resulta imposible. Nuevos órdenes mundiales vienen a reforzar estas contiendas e individualizar a nuevos enemigos. La violencia que ejerce el sistema capitalista, o neoliberalismo transnacional y financiero en su versión contemporánea, sobre los sectores más desposeídos (y también, sobre los no tanto) ha recrudecido y, en ocasiones, revivido formas antiguas que se suponían desterradas: xenofobia, racismo y exclusión del diferente vuelven a escena con una virulencia y, sobre todo, con multitudinarias adhesiones no vistas desde la hecatombe de la 2° Guerra Mundial.

Pero el neoliberalismo ataca en todos los frentes, no solo el económico: una atmósfera plana, travestida de diversa, exportable, imitable y fácilmente reproducible con las nuevas tecnologías, forma parte de la estrategia y del objetivo, de la conquista de territorios y culturas a los que habrá que aplacar en sus singularidades y mantenerlos bajo control en sus rebeliones y disconformidades. En este contexto de violencia, generada por un sistema que la necesita como forma de producción y reproducción, surgen las luchas de las mujeres modelo siglo XXI. Luchas de intenciones difusas con un sujeto de predicado incierto. De reivindicaciones tan elementales algunas, tan oscilantes otras, que habría que preguntarse cuánto aportan a la tan mentada emancipación. O, por el contrario, cuánto favorecen a lo mismo que atacan. En otras palabras, ¿qué razón política anida detrás de ellas?

Las mujeres en la actualidad no constituyen un sujeto de intereses comunes, como sí los asalariados, los desocupados, los reclusos, las poblaciones afroamericanas pobres o los inmigrantes; incluso, como las mujeres en el siglo XIX o principios del XX. Es decir, todo eslabón débil y mancomunado por una determinada forma de explotación. La posición de la mujer, en sociedades como la nuestra, está condicionada a determinados contextos y geografías: no es la misma en un ambiente urbano que en uno rural; en una metrópolis o en una ciudad pequeña de provincia; en plena capital o en los cordones más humildes y degradados del conurbano. Hay mujeres que desean tener hijos y familia; están las que solo piensan en trabajo y estudios; hay mujeres que condenan el aborto; hay mujeres creyentes, las hay ateas y agnósticas, hay mujeres ricas, hay mujeres pobres.

Y así podríamos continuar al infinito. Vociferar contra femicidas; reclamar por la igualdad de géneros en el ámbito laboral y familiar; pronunciarse a favor del aborto y ubicar al cuerpo femenino como territorio de disputas y sobre todo, como propiedad privada; alzarse contra la maternidad y los roles tradicionales (como criar hijos, dar de mamar o lavar los platos); visualizar al hombre como el sujeto a demoler con la excusa del patriarcado como origen de todos los males; incluso, suponer que el género es una estrategia de los poderes dominantes, o sea del machismo, para sojuzgar voluntades, conforman bases programáticas cercanas al fundamentalismo, que no acepta en sus predicados los pliegues de aquellas diferencias y pretende imponer un sistema de vida, dando como resultado un machismo feminizado. O en todo caso, flotan en un universalismo esterilizado, en una trivialidad exasperante, con eslóganes tan políticamente correctos que solo pueden generar efectos inocuos, como quien protesta contra la pobreza mundial, la mortalidad infantil o la existencia de guerras en el planeta.

El machismo y su derivado el patriarcado son formas pétreas, instaladas durante siglos, por lo que deberían ser abordadas y pensadas desde posiciones, si se acepta el término, más lentas. Lentitud entendida en el sentido que toda educación lo es, todo cambio cultural no acontece de la noche a la mañana, ni se decide su caducidad por ley o decreto. Un trabajo sobre las generaciones por venir y un trabajo sobre las actuales, que incluya a las instituciones pero también a todas aquellas células informales, espacios a veces triviales, a veces imperceptibles, en donde se agazapan los viejos esquemas, es la doble tarea. Un trabajo que empieza, claro está, desde el mismo lenguaje. Y que no termina, tampoco, en las marchas entusiastas.

Sin embargo, el verdadero peligro de estos movimientos erráticos, sin una sólida razón política de fondo (salvo que lo que se desee, en realidad, sea formar un partido político u obedecer a un líder), es que actúan sobre las luchas ya constituidas, abriendo una brecha que no hace sino debilitarlas en tanto no entablan con ellas redes de vecindad y solidaridad. Sustituir aquella relación explotador-explotado, fundada en las condiciones de producción y trabajo del capitalismo, por el enfrentamiento hombre-mujer, o feminismo-machismo, no es un gesto inocente. Si el efecto (machismo-patriarcado) es tomado como la causa principal, lo que se consigue es desviar la atención sobre un fragmento y restarle responsabilidad al todo.

A esa maquinaria deglutidora de cuerpos y de almas, que posee el poder de metamorfosearse y que, precisamente, necesita de divisiones y fragmentos inconexos para sobrevivir y enseñorearse sobre sus campos de acción. Más allá de pancartas, logos coloridos y consignas en rima, es evidente que el problema de estas mujeres, que ejercen un feminismo de beligerancia mal dirigida, es el machismo y, de alguna forma, el hombre en su rol de antiguo proveedor, una mezcla de tirano y Pedro Picapiedra que todavía lanza puñetazos sobre la mesa, toma de los pelos a la hembra y la lleva al fondo de la caverna. Una visión bastante anacrónica dado que hace tiempo las mujeres ocupan espacios de decisión, deciden sobre sus cuerpos, disfrutan de la sexualidad y se constituyen, en muchísimos hogares, como jefas de familia, y a veces, como único sostén de la misma.

Habría que pensar la dinámica de este nuevo feminismo desde otro sitio. Instalar la sospecha. Preguntarse por ejemplo sobre el rol de poderosas corporaciones, de gobiernos de potencias mundiales y primeras damas de turno, de estrellas del espectáculo y de cuanto formador de opinión aparece en los medios de comunicación, que patrocinan estas rebeliones digitadas como si se tratara de la última novedad lanzada al mercado global, la que, claro está, contará con millones de consumidoras. Gesto que constituiría, por otro lado, el paroxismo del neoliberalismo actual: mercancía y consumidor se confunden en un todo indivisible. Para muestra, basta un botón, en este caso, una camisa: según el artículo publicado en The New Yorker, “The case against contemporary feminism”, en uno de sus fastuosos desfiles en París la firma Dior lanzó una prenda con la siguiente leyenda: Todos debemos ser feministas. Costaba 550 euros.

La posmodernidad, o época que sucede al fin de los grandes ideales y relatos, se funda en la idea del fragmento. Lo que desaparece es precisamente el concepto de totalidad legitimadora, tan caro a la modernidad, que contemple (y controle) a las mayorías por sobre las diferencias específicas de cada región. Esta crisis de representación de las estructuras tradicionales, pero sobre todo, del concepto mismo de representación, ha dado lugar al protagonismo de aquellas diferencias. Esto es evidente en la planificación de las ciudades contemporáneas, con sus guetos de confort autosuficientes, sus villas y asentamientos, y sus barrios diseñados a medida de determinadas poblaciones, por lo general en detrimento de otras. La ciudad se fragmenta en tantos núcleos como sea posible definir e inventar singularidades y con esto no solo consigue un mayor control social, dado por la partición y la insolidaridad que inevitablemente conlleva, sino una mayor eficiencia en el circuito de las grandes corporaciones proveedoras.

Otro tanto ocurre con el auge de las minorías, que toman la voz y se hacen escuchar desde su propia especificidad, con el fin de rebelarse a un poder que sí se mantiene único, aunque con paradero desconocido. Grupos que se desprenden de las estructuras tradicionales debido a una singularidad no comunicable ni participable con el otro. Así, esta estrategia que podría ser revolucionaria porque elabora sus propias teorías, con su propio lenguaje, resultantes de prácticas inherentes y no dictadas por manuales o esclarecidos, como bien lo definieran Foucault y Deleuze cuando hablaban del prisiones y psiquiátricos, fracasa, como en la ciudad contemporánea, cuando no entabla aquellas vecindades.

El enemigo, concepto indispensable ya no como promotor de la historia sino como promotor de este capitalismo, se diversifica a la medida del ofendido o relegado. El machista, la mujer, el extranjero, el inmigrante, el gay, el transexual, el musulmán o la banda de la otra cuadra, que escucha una música que no me agrada, pueden llegar a ocupar el lugar de perseguido o perseguidor de acuerdo a quién ostente el poder de la palabra, y sobre todo los medios para reclutar la mayor cantidad de oyentes. Este relativismo o polifonía, esta diversificación transversal en múltiples planos equivalentes y por qué no, equidistantes, tiene por supuesto su manifestación material (y a la vez inmaterial) en la vida digital, y especialmente, en las redes que surcan dicho universo. Cada ofensor u ofendido puede con extrema facilidad decretar y abolir, reclutar y demonizar, excluir y amparar, en cuestión de unos pocos segundos, haciendo que el juego de odios y complicidades no concluya jamás.

Hoy una movilización mundial, mañana una nueva religión o una nueva cruzada. Y por qué no, un nuevo holocausto. El objetivo es sostener estos enfrentamientos y evitar, por todos los medios (la expresión nunca más literal) que retornen antiguos ideales. O viejas utopías. Esas que aspiraban a la idea de comunidad, a la solidaridad activa como forma de lucha y de interpelación a un poder que encuentra en ellas sus peores enemigos. Ese mismo poder que hoy, camuflado y seductor, nos conduce con escasa resistencia a catástrofes ya conocidas.

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Contratiempo
Enero de 2017

fuente http://www.revistacontratiempo.com.ar/feminismo_capitalismo.htm

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