¿Amar al prójimo como a uno mismo? La moral imperfecta

“Cuando no hay amor, se exalta la virtud.” Tao Te King

En relación a mi último post, El timo de la solidaridad, me resulta imposible no continuar aquí con algunas reflexiones personales sobre ese mito fundamental de nuestra civilización que es el “amor al prójimo”. O el bíblico “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (ya sea en sus formas religioso-morales o sociopolíticas). Personalmente, toda mi vida, toda mi obra, todo mi trabajo terapéutico se han basado en la incansable búsqueda del amor. Ahora bien, ¿qué es el amor? ¿Se trata de algo natural o artificial? ¿Es espontáneo o aprendido? ¿Realmente es posible amar? Yo creo que el amor sí existe, pero no es -como veremos- lo que solemos pensar, ni lo que nos gustaría que fuera.

El amor forma parte de la Naturaleza. Mi modelo absoluto de amor es la interacción de las flores y las abejas. Ambas, desde sus respectivas necesidades “egoístas”, se necesitan y por tanto ambas deciden “colaborar” en beneficio mutuo. Crean una simbiosis perfecta y maravillosa que ya dura millones de años. Esta complementariedad de egoísmos es, pues, paradójicamente, el amor. Si tú y yo limitamos nuestros respectivos narcisismos; si sabemos compartir lo mejor de nosotros mismos para crecer juntos, entonces nos estaremos amando. Tan simple, natural y bello como esto. Sin metafísicas añadidas. Ahora bien, esta colaboración no es innata, sino que debemos aprenderla. Exactamente como innumerables animales, especialmente los mamíferos, necesitamos aprender muchas otras pautas de supervivencia. Y nuestro aprendizaje del amor sucede o debería suceder, como sabemos, en nuestra infancia. Cuando introyectamos y, más tarde, imitamos el (supuesto) amor que nuestros padres y otros cuidadores nos dieron.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando millones de individuos nunca fueron amados en sus infancias, sino maltratados y humillados hasta lo indecible? Obviamente, no sabrán amar y sus conflictos mutuos serán terribles y permanentes. La cultura inventa entonces para ellos un sucedáneo, un amor artificial, un amor ortopédico que, además de aliviar sus carencias, les ayudará a controlar sus neurosis (“pasiones”) y gestionar mejor sus desavenencias. Esta prótesis, que todos conocemos muy bien, es la famosa moral del “ama a tu prójimo como a ti mismo”, ya sea en sus formas religiosas (hacer el bien, ser caritativo, perdonar, sacrificarse, etc.) o políticas (igualdad, justicia, ayuda social, derechos humanos…). La ideología del amor protésico, el deber de amar, no forma parte pues de la Naturaleza, sino que es un artefacto de la civilización totalmente ajeno al amor psicofísico real. Por eso lo llamaremos aquí Pseudoamor. El cual, pese a sus ventajas, tiene también -como todo en la vida- un complejo lado oscuro, que examinaremos a continuación.

Análisis del pseudoamor

1. Negación de la realidad. El Pseudoamor o principio moral de “amar al prójimo como a uno mismo” nace, en primer lugar, de una visión idealizada del ser humano. De una negación de la realidad. Presupone ingenuamente, como todos los sistemas filosóficos que desdeñan la naturaleza psicobiológica de las personas, que la mayoría de gente se ama “demasiado” a sí misma, lo que es absolutamente falso. ¡Qué más quisieran! Como saben muy bien los lectores de este blog, los excesos del narcisismo (egocéntrico, codicioso, egoísta) de los individuos no expresan autoamor alguno, sino todo lo contrario: los más insoportables sentimientos inconscientes de insignificancia e inseguridad. ¡Por eso se atrincheran en sí mismas frente al mundo! Y esto nos lleva a una primera paradoja del Pseudoamor: las personas afortunadas que sí saben amar porque fueron amadas en su infancia no necesitan recurrir al deber de “amar al prójimo”. Y las que se sienten tan vacías y desamadas que se refugian sin remedio en sus egoísmos, difícilmente podrán “amar” con ayuda de esa muleta moral que ignora cruel y absolutamente sus carencias fundamentales.

2. Violencia inconsciente. Cuando imponemos a alguien el deber de amar, simplemente lo estamos violando. No se pueden forzar ni crear artificialmente fenómenos intrínsecamente espontáneos (p. ej., amor, alegría, generosidad, deseo, humor, creatividad, inteligencia, sueño, orgasmo…). ¿Qué sucedería si las flores y las abejas se sintieran obligadas a “colaborar” por las buenas o por las malas? Con toda seguridad, sólo aprenderían a odiarse. Nada puede lograrse de corazón si uno se siente obligado a ello. Por eso, la segunda paradoja del Pseudoamor es que, en vez de favorecer el surgimiento del amor natural, crea en las personas determinadas condiciones psicológicas -miedos, culpas, ira, complejos, autoexigencias, sentimientos de inferioridad- que sólo aumentarán sus dificultades para amar.

3. Hipocresía. Lo anterior conduce directamente a la hipocresía. Si millones de personas se saben incapaces de amar como es “debido” y temen el rechazo social por ello, entonces fingirán el amor a toda costa. En todos los ámbitos: familia, sociedad, religión, política… Esta falsificación es común a cualquier obligación demasiado grande, injusta, irracional o imposible de cumplir. Por eso, “hecha la ley, hecha la trampa”. De modo que la tercera paradoja del Pseudoamor es que, con su afán de fomentar el amor, más bien potencia su simulación o hipocresía. En la práctica, Pseudoamor e hipocresía acabarán resultando casi sinónimos.

4. Control social. Si la ética del Pseudoamor es, como vimos antes, innecesaria para los que saben amar e inútil para los que no pueden hacerlo, ¿cuál es entonces su verdadera utilidad? La respuesta salta a la vista: el Pseudoamor es, ante todo, un instrumento de control. Un “lubricante” social para ayudar a reprimir y gestionar, en nombre del amor, los inevitables conflictos humanos. Esto se consigue tanto por activa como por pasiva:

· por activa: Por ejemplo, promoviendo acciones “altruistas” en pro de los demás (dar, ayudar, cuidar, sobreproteger, esforzarse, sacrificarse, etc.), todo ello, por supuesto, “incondicionalmente”. Una paradoja de estas acciones “incondicionales” es que, en general, tienden a ser tanto más grandes y/o numerosas cuanto mayores son los sentimientos inconscientes de soberbia, desprecio, dominio y/o culpa por parte de los pseudoamadores. Por esto mismo, tienden a causar daños conscientes o inconscientes en los pseudoamados, en forma de sentimientos de inferioridad, impotencia, humillación, sumisión, parálisis, dependencia, envidia y hostilidad. (1) Así, el Pseudoamor, muy lejos de ser gratuito, halla su recompensa en sí mismo, pues simplemente suele canalizar las secretas necesidades neuróticas de miles de individuos.

· por pasiva. Mediante los celebérrimos valores de “perdonar a tus enemigos”, “poner la otra mejilla”, etc., es decir, a través de la inhibición de casi toda agresividad autodefensiva. (2) Esto puede convenir, desde luego, en ocasiones. Pero generalizarlo como ética universal demuestra un nulo conocimiento de la psicología humana, pues la represión de la indispensable agresividad defensiva (y/o sentimientos asociados) sólo conducirá al agravamiento de muchos problemas y, en definitiva, al empeoramiento de la neurosis individual y social con todas sus consecuencias. Así, en otra nueva paradoja, los afanes pacificadores del Pseudoamor tienden más bien a maquillar, cronificar y/o aumentar la violencia.

5. Autoritarismo. Las autoridades que predican el Pseudoamor dictan en todo momento, autoritaria pero contradictoriamente, a quién, cuándo, cómo y durante cuánto tiempo hay que “amar” (o, en su caso, “odiar” y castigar). Por ejemplo, deberíamos amar a todo el mundo, pero… ¿también a los herejes, enemigos, comunistas, nazis, terroristas, racistas, delincuentes, corruptos, madres y padres tóxicos, machistas, violadores, pederastas…? En estos casos, el Pseudoamor se permite toda clase de excepciones de conveniencia. Y, por supuesto, cualquier libertad interior para odiar a mis propios enemigos privados queda excluida.

6. Cronificación. Como el Pseudoamor tiende a maquillarlo todo con su lenguaje y acciones hipócritas, el resultado es que las causas reales -desamor, injusticia, violencia- de muchos problemas del mundo tienden a quedar ignoradas o irresueltas. Por lo mismo, sus culpables suelen ser desconocidos o quedar impunes. Por lo tanto, sus víctimas tienden a encerrarse en un victimismo totalmente irresponsable e inútil. Y, en conclusión, los indecentes de la tierra pueden seguir medrando a sus anchas y realizar (en nombre del amor, la salvación, la igualdad, la libertad, la justicia, la democracia, etc.) sus evangelizaciones, conquistas, colonizaciones, explotaciones, guerras y demás.

7. La Paradoja Final. La ética del “amor al prójimo”, tanto es sus formas religiosas como políticas, se ha presentado siempre especialmente orientada a los más “débiles”. A los supuestamente más necesitados, desprotegidos y vulnerables del mundo. Esto significa que el Pseudoamor y sus gestores no sólo necesitan, como en todo negocio, muchas “víctimas” a las que proteger y salvar, sino también -y esto es lo peor y más inconfesable- preservar las debilidades de éstas e incluso crear víctimas nuevas. Esto es típico de cualquier dinámica redentora: cuanto peor se sienta un sujeto, más se lucirá y dominará su salvador. Y también es propio de cualquier lógica económica. Un buen médico, p. ej., curará enfermos; pero una corporación de cientos de médicos y laboratorios necesitará inventar toda clase de problemas, pruebas y falsas enfermedades para subsistir. De este modo, la paradoja final del Pseudoamor es que, desarrollado en principio para liberar al mundo de las opresiones, acaba resultando una máquina fomentadora, consciente o inconscientemente, de infantilismos, ignorancia, miedos, sentimientos de culpa, obediencia, irresponsabilidad y neurosis en millones de seres humanos.

El cristianismo, ya sea en formato religioso o civil, ha aportado grandes beneficios al mundo occidental. Ha eliminado o suavizado algunas formas de barbarie. Ha promovido valores muy positivos (dignidad, igualdad, compasión, libertad, perdón, justicia…). Ha intentado facilitar la convivencia privada y pública mediante un autocontrol psicológico de las personas basado en ideales, sentimientos de culpa, miedo al castigo y promesas de paraísos económicos o sobrenaturales. Ha combatido los excesos del narcisismo humano (el Ego, los “pecados capitales”, la explotación del hombre por el hombre) enfatizando el valor del amor, la humildad, la resignación, la conciliación y, en lo político, las libertades, el bienestar material, los derechos humanos, la paz, la solidaridad… También ha mostrado, sin embargo, una soberbia desmedida y un tiránico narcisismo frente a la Naturaleza y las sociedades no cristianas, de modo que, creyéndose superior a todo lo distinto de sí mismo, ha vertido por ello ríos de sangre. Pero, sobre todo, el cristianismo -místico o social-, carente de toda sensibilidad psicológica y concibiendo delirantemente al ser humano como “hecho a imagen y semejanza de Dios”, “inventor de utopías”, etc., ha ignorado siempre las necesidades psicofísicas más elementales y determinantes de su condición mamífera, arrojando así al infierno de la neurosis y la violencia a incontables generaciones. (Hay que recordar que esto último lo hacen todas las culturas).

¿Significa todo esto que deberíamos prescindir de nuestros milenarios valores judeocristianos? En absoluto. Significa sencillamente que tal vez podríamos revisarlos a fondo y dotarlos de más psicología y lucidez. Los códigos éticos son necesarios al ser humano, pero la moral del Pseudoamor no es amor, ni nace del amor (3), ni produce amor alguno. Una ética que, por el contrario, sí surgiera del verdadero amor natural jamás podría formularse, en mi opinión, en términos positivos (“haz esto o aquello”), sino sólo negativos (“no violentes nada”) (4). En otras palabras, una moral realmente sana y sabia jamás predicaría “ama a tu prójimo como a ti mismo”, sino más bien vive y deja vivir.

Las flores y las abejas jamás oyeron hablar de cristianismos o budismos o marxismos, pero se aman. Las familias felices quizá nunca leyeron la Biblia ni ningún tratado socialista o feminista, pero se aman. Los buenos amigos no conocen ningún manual de amistad, pero se aman. Las personas bondadosas de corazón ignoran puritanismos o ideologías, pero aman a la gente y a la Naturaleza porque no pueden evitarlo… Etcétera. Y es que amar es sencillamente -recordémoslo- compartir con otros lo mejor de nosotros mismos para crecer juntos. Ello no puede lograrse mediante ninguna doctrina, ni con la mejor intención, ni obrando “como si” amásemos (5), ni, en suma, mediante ningún esfuerzo de la voluntad. Sólo desde el amor psicofísico adquirido en la infancia (o a veces tras largos esfuerzos psicoterapéuticos) podemos conseguirlo. Pues el amor es algo tan profundamente orgánico, espontáneo y sutil como los hilos invisibles que unen a las flores y las abejas.

José Luis Cano Gil
09-09-2017

notas:
1) Esto se ve muy claro, p. ej., en las neurosis de las personas sobreprotegidas. Nadie se siente de verdad amado, seguro de sí mismo y feliz siendo continua y/o excesivamente ayudado/asfixiado por alguien. Por eso, para preservar la dignidad y la salud emocional de quien da y de quien recibe, todo regalo debería ser siempre mutuo, correspondido de algún modo. Amar no es “dar” unívocamente (salvo obvias excepciones: el cuidado de niños, enfermos, desvalidos, accidentados, etc.), sino compartir. (Véase también La sobreproteccción o El síndrome del salvador ).
2) Aquí se incluyen, naturalmente, las exigencias del patogénico Cuarto Mandamiento.
3) Psicodinámicamente, podemos entender el cristianismo como una gigantesca defensa o formación reactiva contra la terrible necesidad de violencia del ser humano, fruto precisamente de sus gravísimas carencias de amor real.
4) La felicidad en los diversos asuntos de la vida (educación, sociedad, economía, arte, psicoterapia…) no depende tanto (aunque también) de “construir” o “añadir” cosas que supuestamente faltan, cuanto de prescindir de lo que sobra y obstaculiza tal felicidad.
5) Esto es, por cierto, particularmente patogénico. Muchas personas se saben muy “bien cuidadas” por su familia, su pareja, etc., “como si” fuesen amadas de verdad, pero inconscientemente no reciben de aquéllos ninguna empatía, interés o cariño realmente espontáneos. Se sienten por ello solos e infelices “sin saber por qué”, sin derecho a quejarse ni acusar a nadie de sus carencias, etc., con los síntomas neuróticos consiguientes. Esto es así porque el amor nutricio no es una mera conducta, sino la asociación de dicha conducta con el afecto genuino que la motiva. De ahí, p. ej., la gran diferencia entre el mejor cuidador profesional y una buena madre o padre.

fuente: http://www.psicodinamicajlc.com/_blog/pivot/entry.php?id=448

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La sociedad de supervivencia

Texto que pertenece al Capítulo I, del libro De la Huelga Salvaje a la Autogestión Revolucionaria, de Raoul Vanoigem (1974), Ed. Anagrama, Barcelona, 1978.

1. ¿Has sentido al menos una vez el deseo de llegar tarde al trabajo, o de abandonarlo antes de hora?

En tal caso has entendido que:
• a) El tiempo de trabajo cuenta doble pues es tiempo perdido dos veces:
· como tiempo que sería más agradable emplear en el amor, en el ensueño, en los placeres, en las pasiones; como tiempo del cual disponer libremente.
· como tiempo de desgaste físico y nervioso.

• b) El tiempo de trabajo absorbe la mayor parte de la vida, pues determina asimismo el tiempo llamado “libre”, el tiempo de dormir, de desplazamiento, de comida, de distracción. Afecta también al conjunto de la vida cotidiana de cada cual y tiende a reducirla a una sucesión de instantes y de lugares, que tienen en común la misma repetición vacía, la misma ausencia creciente de vida auténtica.

• c) El tiempo de trabajo forzado es una mercancía. En todas partes donde hay mercancía hay trabajo forzado, y casi todas las actividades se asemejan progresivamente al trabajo forzado: producimos, consumimos, comemos, dormimos para un patrono, para un jefe, para el Estado, para el sistema d ella mercancía generalizada.

• d) Trabajar más es vivir menos.

En realidad, ya está luchando, conscientemente o no, por una sociedad que asegure a cada cual el derecho a disponer por sí mismo del tiempo y del espacio; de construir cada día su vida como la desea.

2. ¿Has sentido al menos una vez el deseo de dejar de trabajar (sin hacer trabajar a los otros por ti?)

En tal caso has entendido que:
• a) Aunque el trabajo forzado produjera únicamente bienes útiles como ropas, alimentos, técnica, comodidad…, no por ello resultaría menos opresivo e inhumano pues:
· el trabajador seguiría desposeído de su producto y sometido a las mismas leyes de la carrera tras el beneficio y el poder.
· el trabajador seguiría trabajando diez veces más del tiempo necesario en una organización atractiva de la creatividad para poner a la disposición de todos cien veces más de bienes.

• b) En el sistema mercantil, que domina por doquier, el trabajo forzado no tiene el objetivo, como se nos pretende hacer creer, de producir bienes útiles y agradables para todos; tiene el objetivo de producir unas mercancías. Independientemente de su empleo útil, inútil o contaminante, las mercancías no tienen otra función que la de mantener el beneficio y el poder de la clase dominante. En dicho sistema, todo el mundo trabaja por nada y cada día adquiere mayor conciencia de ello.

• c) Al acumular y renovar las mercancías, el trabajo forzado aumenta el poder de los patronos, de los burócratas, de los jefes, de los ideólogos. Se convierte así en un objeto repulsivo para los trabajadores. Todo paro es una manera de volver a ser nosotros mismos y un desafío para quienes nos lo impiden.

• d) El trabajo forzado produce únicamente mercancías. Toda mercancía es inseparable de la mentira que la representa. Así pues, el trabajo forzado produce mentiras, produce un mundo de falsas representaciones, un mundo al revés en el que la imagen sustituye a la realidad. En este sistema espectacular y mercantil, el trabajo forzado produce sobre sí mismo dos mentiras importantes:
· la primera es que el trabajo es útil y necesario, y que a todos nos interesa trabajar;
· la segunda mentira es hacer creer que los trabajadores son incapaces de emanciparse del trabajo y de la condición asalariada, que no pueden edificar una sociedad radicalmente nueva, basada en la creación colectiva y atractiva, y en la autogestión generalizada.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que la conclusión del trabajo forzado deje espacio a una creatividad colectiva regulada por los deseos de cada cual, y a la distribución gratuita de los bienes necesarios para la construcción de la vida cotidiana. El final del trabajo forzado significa el final del sistema en el que reinan el beneficio, el poder jerarquizado, la mentira general. Significa el final del sistema espectacular-mercantil e inicia un cambio global de todas las preocupaciones. La búsqueda de la armonía de las pasiones, finalmente liberadas y reconocidas, suceder a la carrera tras el dinero y las migajas de poder.

3. ¿Te ha sucedido sentir fuera del lugar de trabajo la misma repugnancia y el mismo cansancio que en la fábrica?

En tal caso has entendido que:
• a) La fábrica está en todas partes. Es la mañana, el tren, el coche, el paisaje destruido, la máquina, los jefes, la casa, los diarios, la familia, el sindicato, la calle, las compras, las imágenes, la paga, la televisión, el lenguaje, las vacaciones, la escuela, los trabajos caseros, el aburrimiento, la cárcel, el hospital, la noche. Es el tiempo y el espacio de la supervivencia cotidiana. Es la costumbre de los gestos repetidos, de las pasiones rechazadas y vividas por delegación, por imágenes interpuestas.

• b) Toda actividad reducida a la supervivencia es un trabajo forzado; todo trabajo forzado transforma el producto y el productor en objeto de supervivencia, en mercancía.

• c) El rechazo de la fábrica universal está en todas partes puesto que el sabotaje y la desviación se extienden por doquier en los proletarios y les permiten seguir sintiendo placer en pasear, en hacer el amor, en encontrarse, en charlar, en beber, en comer, en soñar, en preparar la revolución de la vida cotidiana sin descuidar lo más mínimo los placeres que todavía no están totalmente alienados.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que las pasiones lo sean todo, el aburrimiento y el trabajo nada. Sobrevivir nos ha impedido hasta ahora vivir; ahora se trata de poner el mundo al revés; de apoyarse en los momentos auténticos, condenados a la clandestinidad y a la falsificación en el sistema espectacular-mercantil: los momentos de dicha real, de placer sin reservas, de pasión.

4. ¿Ya has tenido la intención de servirte de tu máquina para fabricar un objeto que puedas utilizar fuera de la fábrica?

En tal caso has entendido que:
• a) La máquina produce unos efectos opuestos según que sea utilizada en beneficio de un patrón o del Estado, o según que sea utilizada por el trabajador para su beneficio inmediato.

• b) El principio de la desviación consiste en dirigir contra el enemigo las técnicas y las armas que utilizan contra nosotros.

• c) Lo contrario del trabajo forzado es la creación individual y colectiva. Los proletarios aspiran a crear sus propias condiciones de vida para dejar de ser proletarios. A excepción de unos pocos momentos revolucionarios, esta creatividad ha permanecido hasta ahora clandestina (uso de las máquinas, bricolage, experimentación, búsqueda de pasiones y de sensaciones nuevas).

• d) La pasión de la creatividad quiere ser total. Como destrucción del sistema mercantil y como construcción de la vida cotidiana, es la pasión que contiene a todas las demás. La desviación de las técnicas en favor de la creación hecha por todos es, por consiguiente, la única manera de acabar con el trabajo y las separaciones que crea por doquier (manual-intelectual, trabajo-ocio, teoría-práctica, individuo-sociedad, ser-aparentar…)

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que los almacenes, los centros de distribución, las fábricas, las técnicas pertenezcan a las asambleas de huelga, y después al conjunto de individuos agrupados en asambleas de autogestión.

5. ¿Te ha sucedido el sabotear voluntariamente unas piezas en fabricación o ya almacenadas?

En caso afirmativo has entendido que:
• a) La lucha de los obreros contra la mercancía es el auténtico punto de partida de la revolución. Evidencia claramente cómo el placer de ser uno mismo y de gozar de todo pasa por el placer de destruir de manera total lo que nos destruye cada día.

• b) La mercancía es el corazón de un mundo sin corazón; es la fuerza y la debilidad del poder jerarquizado, del Estado y de su burocracia. La libertad y la felicidad individuales de todos no sólo exigen que se le asesten golpes sino fundamentalmente su aniquilación definitiva y total (por ejemplo, el mero sabotaje de las mercancías no basta puesto que el deterioro prematuro de los productos lanzados al mercado ayuda a fin de cuentas al capitalismo privado y al capitalismo de Estado – URSS, Cuba, China…- a acelerar la renovación de las compras y la renovación de las ideologías; mejora de este modo la acumulación de la mercancía y la acumulación de sus representaciones y de las actitudes sociales que impone).

• c) En la medida en que el sabotaje es una manera de atrabancar el trabajo, tiene el valor de ahorrar energía y de estimular a dejar de trabajar.

• d) Por insuficiente que sea, el sabotaje de los productos acabados es una reacción sana. Traduce el desprecio del obrero por la mercancía y por el rol de obrero, es decir, por la actitud que acompaña las ideas de trabajo necesario, de trabajo bien hecho y demás estupideces, que la sociedad dominante le impone.

• e) El rechazo del rol del obrero corre paralelo con el rechazo del trabajo y de la mercancía. Tiene todas las posibilidades de extenderse al rechazo de todos los roles, de todos los comportamientos que nos llevan a actuar no en función de nuestros deseos y nuestras pasiones sino en función de imágenes, buenas o malas, que nos son impuestas y que son la mentira a través de la cual se presenta la mercancía. Calcula lo que queda de ti cuando acumulas durante el día los roles de padre de familia, de esposo, de obrero, de automovilista, de militante, de telespectador, de consumidor…

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que las separaciones desaparecen a medida que desaparece el trabajo; en la que cada uno de nosotros pueda ser al fin totalmente auténtico porque deja de producir la mercancía y su mentira (el mundo al revés en el que los reflejos son más importantes que lo auténtico).

6. Mientras saboreas la producción, ¿sientes el deseo de divertirte en sabotear las redes represivas (aparato burocrático, policía, mandos intermedios, información, urbanismo?

En tal caso, has entendido que:
• a) El sistema mercantil está perfectamente dotado para recuperar en su propio provecho el sabotaje parcial de la mercancía. El sabotaje limitado al sabotaje de los productos no destruye el sistema mercantil pues la mala cantidad obtenida se limita a aumentar el deterioro prematuro ya previsto por los patronos para provocar la renovación acelerada de las compras. Además, el sabotaje, como acto terrorista, renueva el stock de imágenes del espectáculo aportando a él las indispensables imágenes negativas (el odioso-saboteador, el horrible-incendiario-de almacenes…).

• b) Lo que permite la transformación de un producto en mercancía y la extensión del proceso mercantil a todas las actividades sociales, es el trabajo forzado y las fuerzas que lo protegen, y lo mantienen: el Estado, los sindicatos, los partidos, la burocracia, el espectáculo, es decir, el conjunto de las representaciones al servicio de la mercancía y mercancías ellas mismas (ideologías, cultura, roles, lenguaje dominante).

• c) La destrucción de la mercancía por la liquidación del trabajo forzado es inseparable, por tanto, de la liquidación del Estado, de la jerarquía, de la obligación, de la incitación al sacrificio, de la mentira y de quienes organizan el sistema de la mercancía generalizada. Si no ataca al mismo tiempo la producción de la mercancía y lo que la protege, el sabotaje no pasa de parcial e inoperante; se convierte en terrorismo, que es la desesperación de la revolución y la fatalidad autodestructora de la sociedad de la supervivencia.

• d) Todo lo que no puede ser desviado en favor de los revolucionarios debe ser destruido por el sabotaje. Todo lo que dificulta la desviación debe ser destruido.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que el Estado y cualquier forma de poder jerarquizado habrán desaparecido, sustituidos por unas asambleas de autogestión que dispondrán de las fuerzas productivas y de los bienes a distribuir gratuitamente, y que acabarán con todo peligro de reconstruir el sistema mercantil.

7. ¿Ya has sentido el deseo de dejar de leer periódicos y de romper tu televisor?

En tal caso, has entendido que:
• a) Los diarios, la radio, la televisión son los vehículos más groseros de la mentira. No solamente nos alejan de los auténticos problemas – del “¿cómo vivir mejor?” que se plantea concretamente cada día -, sino que además nos empujan a identificarnos con unas imágenes prefabricadas, a situarnos de manera abstracta en el lugar de un jefe de Estado, de una vedette, de un asesino, de una víctima, en suma, a reaccionar como si fuéramos otro. Las imágenes que nos dominan es el triunfo de lo que no somos y de lo que nos expulsa de nosotros mismos; de lo que nos convierte en objetos a clasificar, etiquetar, jerarquizar, según el sistema d ella mercancía generalizada.

• b) Existe un lenguaje al servicio del poder jerarquizado. No está solamente en la información, la publicidad, las ideas preconcebidas, las costumbres, los gestos condicionados sino también en todo lenguaje que no prepare la revolución de la vida cotidiana, en todo lenguaje que no esté al servicio de nuestros placeres.

• c) El sistema mercantil impone sus representaciones, sus imágenes, su sentido, su lenguaje cada vez que se trabaja para él, es decir, la mayor parte del tiempo. Este conjunto de ideas, de imágenes, de identificaciones, de conductas determinadas por la necesidad de acumulación y de renovación de la mercancía constituye el espectáculo en el que cada uno de nosotros desempeña el papel de lo que no vive realmente y vive falsamente lo que no es. Ello se debe a que el rol es una mercancía viviente y la supervivencia un malestar interminable.

• d) El espectáculo (ideologías, cultura, arte, roles, imágenes, representaciones, palabras-mercancías) es el conjunto de las conductas sociales por las que los hombres entran en sistema mercantil, participan en él en contra de sí mismos convirtiéndose en objetos de supervivencia – mercancías -, renunciando al placer de vivir realmente para sí mismos y de construir libremente su vida cotidiana.

• e) Sobrevivimos en un conjunto de imágenes a las que nos sentimos obligados a identificarnos. Cada vez actuamos menos por nosotros mismos y cada vez más en función de abstracciones que nos dirigen según las leyes del sistema mercantil (beneficio y poder).

• f) Carece de gran importancia que los roles o las ideologías puedan ser favorables u hostiles al sistema dominante puesto que permanecen dentro del espectáculo, del sistema dominante. Sólo lo que destruye la mercancía y su espectáculo es revolucionario.

En realidad, ya está harto de la mentira organizada, de la realidad al revés, de las muecas que imitan la vida auténtica y acaban de empobrecerla. Ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que el derecho de comunicación real pertenezca a todos, en la que cada uno de nosotros pueda dar a conocer lo que le interesa gracias a la libre disposición de las técnicas (imprentas, telecomunicaciones), en la que la construcción de una vida apasionante liquide la necesidad de desempeñar un rol y de conceder más importancia a la apariencia que a la auténtica vida.

8. ¿Te sucede que sientas la desagradable sensación de que al margen de escasos momentos no te perteneces y te conviertes en extraño a ti mismo?

En tal caso, has entendido que:
• a) A través de cada uno de nuestros gestos – mecanizados, repetidos, separados entre sí – el tiempo se desmigaja y, pedazo a pedazo, nos saca de nosotros mismos. Y estos tiempos muertos se reproducen y se acumulan al trabajar y al hacernos trabajar para la reproducción y la acumulación de mercancías.

• b) En la actualidad, el envejecimiento no es otra cosa que el aumento de los tiempos muertos, del tiempo en que la vida se pierde. Es por dicho motivo que ya no hay jóvenes ni viejos sino unos individuos más o menos vivos. Nuestros enemigos son quienes creen y hacen creer que el cambio global es imposible, son los muertos que nos gobiernan y los muertos que se dejan gobernar.

• c) Trabajamos, comemos, leemos, dormimos, consumimos, tomamos vacaciones, absorbemos cultura, recibimos cuidados, y de este modo sobrevivimos como plantas de interior. Sobrevivimos contra todo lo que nos incita a vivir. Sobrevivimos para un sistema totalitario e inhumano – una religión de cosas y de imágenes – que nos recupera prácticamente en toda ocasión y lugar para aumentar los beneficios y los poderes desmigajados de la clase burocrático-burguesa.

• d) Nos limitaríamos a ser lo que permite el sistema mercantil si en ocasiones no volviéramos a ser bruscamente nosotros mismos, si no nos sintiéramos invadidos del deseo de vivir apasionadamente. En lugar de ser vividos por delegación, por imágenes interpuestas, los momentos auténticamente vividos y el placer sin reservas, aliados al rechazo de lo que lo obstaculiza o lo falsifica, son otros tantos golpes asestados al sistema espectacular-mercantil. Basta con darles mayor coherencia para extenderlos, multiplicarlos y reforzarlos.

• e) Al crear apasionadamente las condiciones favorables al desarrollo de las pasiones, queremos destruir lo que nos destruye. La revolución es la pasión que permite todas las demás. Pasión sin revolución sólo es ruina del placer.

En realidad, ya estás harto de moverte entre tiempos muertos y obligaciones. Y ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad cuya base ya no será la carrera tras el beneficio y el poder sino la búsqueda y la armonización de las pasiones a vivir.

9. ¿Ya has sentido el deseo de prender fuego a una fábrica de distribución (supermercado, gran almacén, depósito)?

En tal caso, has entendido que:
• a) La auténtica contaminación es la contaminación por la mercancía universalizada, extendida a todos los aspectos de la vida. Cada mercancía expuesta en un supermercado es el cínico elogio de la opresión salarial, de la mentira que hace vender, del intercambio, del jefe y del policía que sirven para protegerlas.

• b) La exposición de las mercancías es un momento de la supervivencia y la glorificación de su miseria: elogio de la vida perdida en horas de trabajo forzado; de los sacrificios consentidos para comprar mierda (alimentos adulterados, gadgets, coches-ataúdes, jaulas habitables, objetos concebidos para descuajaringarse…); de las inhibiciones; de los placeres-angustia; de las imágenes grotescas propuestas a cambio de una ausencia de vida auténtica y compradas a modo de compensación.

• c) El incendio de un gran almacén sólo es un acto terrorista. En efecto, puesto que la mercancía está concebida para destruirse por sí misma y ser sustituida, el incendio no destruye el sistema mercantil sino que participa en él añadiéndole un exceso de brutalidad. Ahora bien, no se trata de que la mercancía nos destruya destruyéndose a sí misma. Es preciso destruirla totalmente para construir la autogestión generalizada.

En realidad, ya estás harto de los decorados del tedio y del voyeurisme; de un mundo en el que lo que se ve impide vivir y en el que lo que impide vivir se presenta como caricatura abstracta de la vida. Y ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que el final de la mercancía reside en la libre disposición de los productos creados por el final del trabajo forzado. Contra el trabajo que impide la abundancia y produce únicamente su reflejo falaz, queremos la abundancia que invita a la creatividad y a las pasiones.

10. ¿Ya has sentido el deseo de llevarte de la fábrica o del almacén tal o cual objeto, por el simple motivo de que has participado en su producción o por el motivo, aún mejor, de que lo necesitas o lo deseas?

En tal caso, has entendido que:
• a) Recuperar el propio bien no es robar. Los únicos ladrones son los servidores del sistema mercantil y los ejecutivos del Estado: patronos, burócratas, policías, magistrados, sociólogos, urbanistas, ideólogos. Y como tardamos en condenarles prácticamente a la desaparición siguen atreviéndose a condenar legalmente a un obrero que se apodera en una fábrica o en un almacén de algo que necesita.

• b) Un producto industrial o agrícola sólo tiene interés si sirve libremente a las satisfacciones de cada uno de nosotros. Es un crimen contra el derechos al goce convertirlo en mercancía, en elemento de intercambio y de espectáculo.

• c) La condición necesaria para que un objeto sustraído al sistema mercantil no vuelva a él es, evidentemente, que no sea revendido, ni apropiado a título privado, ni intercambiado por una cantidad de dinero o de poder (robar para jugar al jefe de banda, para desempeñar un rol, sigue siendo reproducir el proceso espectacular-mercantil, esté o no tolerado por el estado).

• d) La condición para que un objeto, o una actitud, no sea recuperada por el sistema mercantil es emplearlo contra él, dirigirlo contra la mercancía entendida en su propio movimiento (el movimiento que transforma un producto en mercancía corre del objeto concreto a su representación abstracta, y su representación abstracta aparece a su vez concretada en diversos condicionamientos de actitudes sociales – los roles).

• e) La destrucción completa de la mercancía sólo puede conseguirse mediante la desviación colectiva de los bienes industriales y agrícolas en favor de la autogestión generalizada y por la autogestión generalizada.

En realidad, estás harto de someterte al dinero y a los roles para obtener a cambio los bienes necesarios para una apariencia de vida. Ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que la gratuidad y el don sean las únicas relaciones sociales posibles.

11. ¿Ya has participado en el saqueo de una fábrica de distribución (supermercado, grandes almacenes, discount)?

En tal caso, has entendido que:
• a) La recuperación individual de los bienes robados por el estado y por la patronal recae en el sistema mercantil si no se transforma en una acción colectiva y en una liquidación total del sistema (por simpático que resulte el gesto, no basta con retomar los bienes, es necesario retomar también el tiempo y el espacio robados).

• b) El saqueo es una reacción normal a la provocación mercantil (recuerda las inscripciones “oferta gratuita”, “libre-servicio”, etc.). Al igual que el incendio llamado criminal, no es más que uno de los avatares del sistema. De la misma manera que el sistema mercantil se aviene a un cierto porcentaje de hurtos en los grandes almacenes y las fábricas, también se avendrá a un cierto porcentaje de saqueos, y calculará su autorregulación en función de estos “accidentes” previsibles y programables. El hecho es tan evidente que un representante de la ley, el juez Kinnard, juez único del tribunal correccional de Lieja se negó, el 12 de septiembre de 1973, a castigar penalmente unos hurtos en grandes almacenes, con los notables considerandos siguientes: “Los hurtos en los almacenes organizados en libre-servicio son la consecuencia ineluctable y, por añadidura, prevista en las cargas de explotación de este tipo de comercio en el que la publicidad escandalosa y las múltiples tentaciones científicamente exhibidas constituyen para los consumidores una provocación a comprar muy superior bien a sus necesidades bien a sus posibilidades adquisitivas. Dichos hurtos no denotan generalmente en la mente de su autor una mentalidad o una actitud digna de ser sancionada penalmente”. Sentencia que, sin duda, creará jurisprudencia.

• c) Si, en el saqueo, cada cual se apropia los bienes como si fueran su propiedad privada, la mercancía reaparece y el sistema se renueva (en tal caso, es mejor destruirlo todo: al menos se asegura la desaparición de un 90 % de mierdas).

• d) Sin la conciencia de la autogestión generalizada, el saqueo no es, en el mejor de los casos, más que un modo de distribución incoherente. Es un acto separado de las condiciones revolucionarias en las que la colectividad, que crea los bienes, los distribuye directamente a sus miembros. A partir de ahí, y al desembocar en la escasez y en la falta de productos útiles, corre el peligro de engendrar la confusión en las mentes y de provocar un retorno a los mecanismos de la distribución mercantil.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que la producción no asalariada y la distribución gratuita de los bienes estén facilitadas por la supresión d ella propiedad y el reagrupamiento de los productores en asambleas de autogestión. Ahí es donde la voluntad de cada cual se manifiesta por la voz de los delegados controlados y revocables a cada instante. Estos delegados establecen el balance de los bienes disponibles y armonizan las ofertas de creación productivas y las demandas individuales, de manera que la abundancia se instale de manera progresiva e irreversible.

12. Llegado el caso, ¿tienes la intención de partirle la cara a tu jefe o cualquiera que te trata de subordinado?

En caso afirmativo, has entendido que:
• a) Convertirse en jefe es dejar de ser humano. El jefe es el embalador, y el embalaje de la mercancía. Fuera del sistema mercantil carece de uso. Al igual que las mercancías, se reproduce y se acumula; se mide en cantidad de poder, de arriba a abajo de la jerarquía. Y su poder procede del poder que el espectáculo ejerce como voluntad económica y como representación social en la mayor parte de la vida cotidiana.

• b) Cuanto más se desmigaja y extiende por todas partes el poder, más se refuerza y debilita. Cuanto más jefes hay, más impotentes son. Cuanto más impotentes son, más gira en el vacío la máquina burocrática, más impone a todos la apariencia de su omnipotencia, y más aprenden las personas a rechazar globalmente la servidumbre.

• c) En todas partes donde hay autoridad, hay sacrificio, y viceversa. El jefe y el militante son el mismo escollo de la revolución, el punto en el que se invierte y se convierte en lo contrario de la emancipación.

• d) El acto terrorista que consiste en liquidar, codo contra codo, del mismo tiro, burócrata y patrono no modifica en nada las estructuras y no hace más que acelerar la renovación de los cuadros dirigentes. Para liquidar el Estado y las organizaciones jerarquizadas, que tarde o temprano lo reproducirán, hay que aniquilar el sistema mercantil.

• e) El Estado es el regulador, el centro nervioso y la red protectora de la mercancía. Se esfuerza en equilibrar las contradicciones económicas, en ordenar políticamente el trabajo social en derechos y deberes del ciudadano, en organizar el bombo ideológico y los mecanismos represivos que transforman a cada individuo en servidor del sistema mercantil.

• f) La colusión del Estado y de la mercancía puede apreciarse a primera vista por la rapidez de intervención de la policía (y de las milicias patronales y sindicales) tan pronto como estalla una huelga salvaje.

En realidad, ya estás luchando por una sociedad sin obligaciones ni sacrificios, en la que cada cual sea su propio amo, y viva en tales condiciones que jamás tenga que tratar a otro hombre como esclavo; una sociedad sin clases, en la que el poder delegado a los consejos se ejerza bajo la mirada permanente y por la voluntad de cada individuo en concreto.

13. ¿Te alegras de pensar que llegará un día en que se podrá tratar como seres humanos a los policías que no haya sido necesario eliminar de antemano?

En tal caso, has entendido que:
• a) El policía es el perro guardián del sistema mercantil. Allí donde la mentira de la mercancía no basta para imponer el orden, surge el policía cubierto con un casco del muslo de la clase o de la casta burocrática dominantes.

• b) Sin hablar del desprecio que siente hacia sí mismo, el policía es despreciado como asesino a sueldo, como lacayo de todos los regímenes, como esclavo profesional, como mercancía de represión, como cláusula represiva del contrato económico-social impuesto por el estado a los ciudadanos.

• c) En todas partes donde hay Estado, hay policía. En todas partes donde hay policías – comenzando por el servicio de orden de las manifestaciones contestatarias – está el Estado o sus inicios.

• d) Toda jerarquía es policíaca.

• e) Matar a un policía es un pasatiempo para candidatos al suicidio. Sólo debe hacerse en la autodefensa, en el movimiento general de liquidación de todo poder jerárquico.

• f) La felicidad sólo es posible allí donde el estado ha dejado de existir; donde ninguna condición de jerarquización prepara su regreso.

En realidad, estás harto del control y d ella opresión, del policía que te recuerda que no eres nada y que el estado lo es todo, del sistema que crea las condiciones del crimen ilegal y legaliza el crimen de los magistrados que lo reprimen. Ya estás luchando por una armonización de los intereses personales (por la desaparición de los intereses económicos y espectaculares) y por la organización de las relaciones entre individuos mediante la abundancia de los encuentros y la libre difusión de los deseos.

14. ¿Ya has sentido el deseo de estampar la hoja de salario en la cabeza del cajero?

En tal caso, has entendido que:
• a) La condición asalariada reduce al individuo a un volumen de negocios. Desde el punto de vista capitalista, el asalariado no es un hombre, sino un índice en el coste de producción y una cierta tasa de compra en el consumo.

• b) La condición asalariada es la base de la explotación global de manera tan clara como el trabajo alienado y la producción de mercancías son la base del sistema espectacular-mercantil. Mejorarla equivale a mejorar la explotación del proletariado por la clase burocrático-burguesa. Sólo cabe suprimirla.

• c) La condición asalariada exige el sacrificio de más de ocho horas de vida por ocho horas de trabajo, a cambio de una cantidad de dinero que sólo cubre una minúscula parte del trabajo ofrecido, constituyendo el resto el beneficio del patrono. Y esta cantidad debe ser intercambiada a su vez por productos contaminados y adulterados, por electrodomésticos pagados diez veces su precio, por gadgets alienantes (el coche que permite trabajar, consumir, contaminar, destruir el paisaje, ganar tiempo vacío y matarse); sin contar los tributos al Estado, a los especialistas, a las rackets sindicales..

• d) Es falso creer que las reivindicaciones salariales pueden poner en peligro el capitalismo privado o de Estado: la patronal sólo concede a los obreros el aumento que necesitan los sindicatos para demostrar que sigues sirviendo de algo; y los sindicatos sólo exigen de la patronal (que dispone, además, del aumento de los precios en el consumo) unas cantidades que no pongan en peligro un sistema del que son los beneficiarios secundarios.

En realidad, estás harto de vivir la mayor parte de tu tiempo en función del dinero, de estar reducido a la dictadura de lo económico, de sobrevivir sin tener el tiempo necesario para vivir apasionadamente. Ya estás luchando, conscientemente o no, por una distribución de los bienes útiles que ya no deba nada a la carrera tras el beneficio y que responda a las necesidades reales de las personas.

15. ¿Has escupido sobre un cura que pasa? ¿Has tenido ganas de prender fuego a una iglesia, un templo, una mezquita, una sinagoga?

En caso afirmativo, has entendido que:
• a) La religión es el opio de la criatura oprimida.

• b) Toda religión invoca el sacrificio, todo lo que invoca el sacrificio es religioso (los militantes, por ejemplo).

• c) La religión es el modelo universal de la mentira, la inversión de lo real en favor de un mundo mítico, que, una vez desacralizado, se convertirá en el espectáculo de la vida cotidiana.

• d) El sistema mercantil desacraliza; destruye el espíritu religioso y ridiculiza sus gadgets (papa, corán, biblia, crucifijo…) pero, al mismo tiempo, lo conserva como una incitación permanente a preferir la apariencia a lo real, el sufrimiento al placer, el espectáculo a lo vivido, la sumisión a la libertad, el sistema dominante a las pasiones. El espectáculo es la religión nueva y la cultura es su espíritu crítico.

• e) Los símbolos religiosos demuestran la permanencia del desprecio que los regímenes jerárquicos de todos los tiempos han sentido por los hombres. Por tomar únicamente un ejemplo, Cristo…

En primera fila de las sucursales de productos divinos, las Iglesias cristianas han adoptado bajo la presión del proceso mercantil una exhibición contorsionista que sólo concluirá con la desaparición total de la marca de fábrica publicitaria, el camaleón Jesús. Hijo de Dios, hijo de puta, hijo de virgen, fabricante de milagros y de panecillos, pederasta y puritano, militante y miembro del servicio de orden, acusador y acusado, peón y astronauta, no hay ningún papel que no esté al alcance del sorprendente títere.

Se le ha visto de mercader de desgracias, de viajante de gracias, de sans-culotte, de socialista, de fascista, de antifascista, de staliniano, de barbudo, de reichiano, de anarquista. Ha estado bajo todas las enseñas, bajo todas las banderas, con todos los autodesprecios, a ambos lados del juego, junto a la mayoría de las ejecuciones capitales, donde aguanta tanto la mano del verdugo como la del condenado. Tiene su lugar en las comisarías, las cárceles, las escuelas, los burdeles, los cuarteles, los grandes almacenes, las áreas guerrilleras. Ha servido de pendiente, de poste indicador, de espantapájaros para mantener a los muertos en paz y a los vivos de rodillas, de tortura y de régimen adelgazador; servirá de consolador cuando los mercaderes de santos prepucios hayan rehabilitado comercialmente el pecado. Pobre Mahoma, pobre Buda, pobre Confucio, tristes representantes de firmas competidoras y sin imaginación ni dinamismo, Jesús vence en todos los frentes. Jesucristo super-droga y super-star: todas las imágenes del vendido a dios en promoción-venta de dios.

La piel del testículo del abuelo anónimo pinchada por tres alfileres y montada en amuleto es el símbolo más perfecto del hombre como mercancía universal.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que habrá desaparecido la organización del sufrimiento y de sus compensaciones, en la que al ser cada cual su propio dueño la idea de dios carecerá de sentido, en la que sobre todo los problemas de la vida auténtica y de las pasiones a satisfacer dominarán definitivamente sobre los problemas de la vida al revés y de las pasiones a rechazar.

16. ¿Estás horrorizado por la destrucción sistemática del campo y del paisaje urbano?

En tal caso, entiendes que:
• a) El urbanismo es la apropiación del territorio por el sistema mercantil y sus policías.

• b) La miseria del decorado espectacular es el decorado de la miseria general.

• c) Urbanista = sociólogo = ideólogo = policía.

• d) Para el sistema dominante, ya no hay paisaje, ni naturaleza, ni calle para pasear sino rentabilidad del metro cuadrado; plusvalía del prestigio para el mantenimiento de un marco de verde, de árboles o de rocas; expulsiones y reagrupaciones jerarquizadas de la población; rastreos policiales de los barrios populares; hábitat estudiado para obligar al aburrimiento y la pasividad.

• e) El poder ya no intenta ni siquiera disimular el hecho de que la ordenación del territorio está principal y directamente concebida en función de una próxima guerra civil; las carreteras están reforzadas en previsión del paso de los tanques; las torres y los conjuntos recientemente construidos abrigan unas cámaras que transmiten a la jefatura de policía, a lo largo de veinticuatro horas del día, una visión panorámica de las calles; en los edificios modernos, están previstas unas “cámaras de tiro” para uso de los tiradores de élite de la policía.

• f) La mirada que el sistema dominante dirige sobre todo convierte todo en mercancía. La ideología es el ojo artificial del poder, el que permite ver en vida lo que ya está muerto, lo que ya está convertido en mercancía.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que tu voluntad de escapar al urbanismo y a las ideologías se traducirá por la libertad de organizar de acuerdo con tus pasiones el espacio y el tiempo de tu vida cotidiana, de construir tus propios lugares de habitación, de practicar el nomadismo, de hacer las ciudades apasionantes y lúdicas.

17. ¿Sientes el deseo de hacer el amor – no por rutina sino apasionadamente – con tu pareja, con el primer o la primera recién llegado/a, con tu hija, con tus padres, con tus amigos y amigas, con tus hermanos y hermanas?

En tal caso, has entendido que:
• a) Es necesario acabar con las reservas impuestas al amor, trátese de tabú, conveniencias, apropiación, obligación, celos, libertinaje, violación, de todas las formas de intercambio que, del escandinavismo a la prostitución, convierten el arte de amar en relaciones entre cosas.

• b) Estás harto del placer mezclado de angustia; del amor vivido de manera incompleta, deformada o inauténtica; de hacer el amor por delegación e imágenes interpuestas; de la fornicación melancólica; de los orgasmos débiles; de las relaciones higiénicas; de las pasiones obstruidas, rechazadas y que emplean en destruirse la energía que emplearían en realizarse en una sociedad que favoreciera su armonización.

• c) Todo el mundo busca, confiéselo o no, el amor-pasión múltiple y unitario. Queremos crear socialmente las condiciones históricas de una permanente aventura pasional, de un goce sin más límite que el agotamiento de las posibilidades, de un juego en que el placer y el disgusto redescubrirán su positividad (por ejemplo, en el nacimiento y en el final de una relación amorosa libre).

• d) El amor es inseparable de la realización individual, de la comunicación entre los individuos (de las posibilidades de los encuentros), de la participación auténtica y pasional en un proyecto común. Es inseparable de la lucha por la autogestión generalizada.

• e) No hay placer que no descubra su sentido en la lucha revolucionaria; y, de igual manera, la revolución no tiene otro objetivo que el de realizar todos sus placeres en su libre desarrollo.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad que dispondrá del máximo de posibilidades para multiplicar las reagrupaciones libres y mudables entre personas atraídas por las mismas actividades y los mismos placeres; en la que las atracciones basadas en el gusto d ella variedad, del entusiasmo, de los juegos tendrán tan en cuenta los acuerdos como los desacuerdos y las diferencias.

18. ¿Te has sentido alguna vez a disgusto en tu cuerpo siempre que las circunstancias dominantes te obligan a desempeñar un rol?

En tal caso, has entendido que:
• a) Sólo existe placer total en convertirse en lo que uno es, en realizarse como hombre de deseos y de pasiones.

• b) Estás harto del placer mezclado de angustia; del amor vivido de manera incompleta, deformada o inauténtica; de hacer el amor por delegación e imágenes interpuestas; de la fornicación melancólica; de los orgasmos débiles; de las relaciones higiénicas; de las pasiones obstruidas, rechazadas y que emplean en destruirse la energía que emplearían en realizarse en una sociedad que favoreciera su armonización.

• c) Todo el mundo busca, confiéselo o no, el amor-pasión múltiple y unitario. Queremos crear socialmente las condiciones históricas de una permanente aventura pasional, de un goce sin más límite que el agotamiento de las posibilidades, de un juego en que el placer y el disgusto redescubrirán su positividad (por ejemplo, en el nacimiento y en el final de una relación amorosa libre).

• d) El amor es inseparable de la realización individual, de la comunicación entre los individuos (de las posibilidades de los encuentros), de la participación auténtica y pasional en un proyecto común. Es inseparable de la lucha por la autogestión generalizada.

• e) No hay placer que no descubra su sentido en la lucha revolucionaria; y, de igual manera, la revolución no tiene otro objetivo que el de realizar todos sus placeres en su libre desarrollo.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad que dispondrá del máximo de posibilidades para multiplicar las reagrupaciones libres y mudables entre personas atraídas por las mismas actividades y los mismos placeres; en la que las atracciones basadas en el gusto d ella variedad, del entusiasmo, de los juegos tendrán tan en cuenta los acuerdos como los desacuerdos y las diferencias.

19. ¿Sientes una instintiva desconfianza hacia lo que es intelectual y lleva a la intelectualización?

En tal caso, has entendido que:
• a) Junto a la función manual, la función intelectual es el resultado de la división del trabajo. La función intelectual es una función del amo, la función manual una función del esclavo. Ambas son igualmente despreciables y las aboliremos al abolir la división del trabajo y la sociedad de clases.

• b) En la lucha de la burguesía revolucionaria contra la clase feudal y el espíritu religioso, la cultura ha sido un arma de liberación parcial, un arma de desmitificación. Cuando la burguesía se ha convertido, a su vez, en una clase dominante, la cultura ha conservado durante un tiempo su forma revolucionaria. Intelectuales como Fourier, Marx, Bakunin han extraído de las reivindicaciones proletarias, expresadas en las huelgas y en los disturbios, una teoría radical que, asumida conscientemente y practicada por los obreros, habría podido liquidar rápidamente la burguesía.

• c) Por el contrario, los intelectuales especializados del proletariado – intelectuales obreristas y obreros intelectualizados – al jugar a los tribunos, a los hombres políticos, a los guías de la clase obrera, han convertido la teoría radical en ideología, es decir, en mentira, en ideas al servicio de los amos. El socialismo y las variantes del jacobinismo (blanquismo, bolchevismo…) han sido el movimiento que anuncia la dictadura burocrática sobre el proletariado, tal como aparece en todos los partidos llamados obreros, los sindicatos y las organizaciones izquierdista.

• d) Los intelectuales son el ejército de reserva de la burocracia, trátese de intelectuales obreristas o de obreros intelectualizados.

• Actualmente la cultura es la forma de integración intelectual en el espectáculo, la marca de garantía que hace vender todas las mercancías, la iniciación al mundo invertido de la mercancía. Bajo pretexto de la necesidad de instruirse, la cultura recupera la necesidad de conocimiento práctico y la convierte en saber separado; impone una plusvalía de saber abstracto, una compensación al vacío d ella existencia cotidiana, una promoción en la burocracia de los especialistas. Puesto que es un saber que no aspira a ninguna utilización, acaba siempre por servir al sistema espectacular-mercantil.

• f) En especial, el supuesto saber económico es un engaño burocrático-burgués. Sólo tiene un sentido, ¡y aún!, en la organización capitalista de la economía. Una vez abolida ésta, cualquier obrero está más preparado para organizar la nueva producción que el más sabio de los economistas. (Sin llegar a superar el nivel del reformismo, los trabajadores de Lip han demostrado que eran capaces de hacer funcionar la fábrica y prescindir de los cuadros.)

• g) El rechazo de la intelectualización no tiene sentido fuera de la lucha por la liquidación de la división del trabajo, de la jerarquía y del Estado.

• h) Los intelectuales obreristas son una pandilla de idiotas y de cerdos. En tanto que intelectuales, aceptan, de manera vergonzante o no, el mantenimiento de una misión dirigente. Bajo el rol y la función de obrero, perpetúan el engaño del rol y una función de esclavo que todos los obreros rechazan. Al elegir trabajar en las fábricas mientras que los obreros están obligados a hacerlo y sólo esperan el momento de liberarse definitivamente del trabajo, son ridículos y contrarrevolucionarios (pues el llamamiento al sacrificio es siempre contrarrevolucionario):

• i) Los obreros que están orgullosos de serlo son unos idiotas serviles. Los obreros intelectuales son tan cerdos como cualquier candidato dirigente, que apunta sobre el servilismo de los “buenos obreros”.

• j) La teoría radical, surgida de las luchas de emancipación del proletariado, pertenece actualmente, bajo su forma más clara y más simple, a quienes son capaces de practicarla, a los obreros revolucionarios, es decir a todos los proletarios que luchan por el final del proletariado y de la sociedad ce clases. Pertenece a todos aquellos que combaten por la autogestión generalizada, por la sociedad de amos sin esclavos.

En realidad, ya estás luchando por una sociedad que se organice de tal modo que las separaciones desaparezcan, que la diversidad se incremente en la unidad del proyecto revolucionario, que el conjunto de los conocimientos aprisionados en la cultura sea devuelto a la práctica de enriquecimiento de la vida cotidiana; que el saber esté por doquier esté el placer; que la pasión y la razón sean inseparables; y que la supresión de la división del trabajo, llevada a sus últimas consecuencias, cree realmente las condiciones de armonización social.

20. ¿Sientes un idéntico desprecio hacia aquellos que hacen política y hacia aquellos que no la hacen pero que dejan que los demás la hagan por ellos?

En tal caso, has entendido que:
• a) Es tradicional considerar a los políticos como los payasos del espectáculo ideológico. Eso permite despreciarles sin dejar de votar por ellos. Nadie se les escapa totalmente porque nadie escapa totalmente a la organización espectacular del viejo mundo.

• b) La política siempre es la razón de Estado. Para acabar con ella es preciso acabar con el sistema espectacular-mercantil y su organismo de proyección, el Estado.

• c) No existe un parlamentarismo revolucionario, de la misma manera que tampoco existirá jamás un Estado revolucionario. Entre los regímenes parlamentarios y los regímenes dictatoriales, sólo existe la diferencia entre la fuerza de la mentira y la verdad del terror.

• d) Como toda ideología, como toda actividad separada, la política recupera las reivindicaciones radicales para dividirlas y transformarlas en su contrario. Por ejemplo, en manos de partidos y de sindicatos, la voluntad de cambiar la vida se convierte en una reivindicación de salario, una exigencia de tiempo libre y otros mejoramientos de la supervivencia que no hacen sino aumentar el malestar haciéndole más o menos confortable de momento.

• e) Las grandes ideologías políticas (nacionalismo, socialismo, comunismo) han perdido su atractivo a medida que las conductas sociales impuestas por el imperialismo d ella mercancía multiplicaban las “ideologías de bolsillo”. A su vez, las migajas ideológicas (las luchas sobre la contaminación, el arte, el confort, la educación, el aborto, los mapaches) se politizan en reagrupamientos groseros hacia el derechismo o hacia el izquierdismo. Sólo es una manera de alejar a cada cual de la única ocupación que realmente le interesa: cambiar su propia vida cotidiana en el sentido del enriquecimiento y de las aventuras pasionales.

• f) No hay nadie que no luche por sí mismo y que no llegue casi siempre a luchar en contra de sí mismo. La acción política es una de las causas principales de esta inversión del resultado buscado. Sólo la lucha de la autogestión de todos sobre todo responde al deseo real de cada individuo. Ello se debe a que no es política ni apolítica sino social y total.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que la decisión corresponde a todos; en la que las divergencias entre los individuos y los grupos se dispongan de tal manera que no concluyan en mutuas destrucciones sino que, por el contrario, se refuercen y beneficien a todos. Es preciso que la parte lúdica aprisionada y atascada en la política se libere en un juego de relaciones entre los individuos y entre los grupos de afinidad, mediante relaciones equilibradas y armonizadas de acuerdos y de desacuerdos.

21. ¿Has roto desde hace tiempo tu carnet sindical?

En caso afirmativo, has entendido que:
• a) Es falso considerarse traicionado por los sindicatos. Estos constituyen una organización separada de los trabajadores y que se convierte necesariamente en un poder burocrático que se ejerce contra ellos al tiempo que organiza el espectáculo de su defensa.

• b) Creados para la defensa de los intereses inmediatos de un proletariado super-explotado, con el desarrollo del capitalismo, se han convertido en los agentes de cambio y bolsa titulares de la fuerza de trabajo. Su objetivo no es abolir la condición asalariada sino mejorarla. Así pues, son los mejores servidores del capitalismo que impera, bajo la forma privada o estatal, en todo el mundo.

• c) La idea anarquista de un “sindicato revolucionario” ya significa la recuperación burocrática del poder directo que los trabajadores pueden ejercer directamente reuniéndose en asambleas de consejos. Nacida de un rechazo de lo político en nombre de lo social, vuelve a caer en la trampa de la separación y de los líderes (aunque algunos de los no quieran comportarse como jefes).

• d) Los sindicatos son la burocracia paraestatal que completa y perfecciona el poder que la clase burguesa ejerce sobre el proletariado.

En realidad, ya estás luchando en cada huelga salvaje para afirmar directamente el poder de todos contra toda representación que signifique una separación. No queremos más delegados sindicales sino unas asambleas en las que las decisiones sean tomadas por todos y aplicadas en beneficio de todos. En lugar de discutir sobre la vuelta o no al trabajo, queremos pronunciarnos acerca de la utilización que haremos de las fábricas y de nosotros mismos. Queremos traducir nuestra voluntad en los hechos eligiendo un consejo, en el que todos sus miembros sean revocables a cada instante, y que esté encargado de aplicar las decisiones tomadas por la asamblea.

22. ¿Sueles sentirte harto de tu mujer, de tu marido, de tus padres, de tus hijos, e los trabajos caseros, de las obligaciones familiares?

En tal caso, has entendido que:
• a) La familia es la más diminuta unidad de opresión social, la escuela de la mentira, el aprendizaje del rol, el condicionamiento a la sumisión, el camino de la inhibición, la destrucción sistemática de la creatividad de la infancia, el asiento de la estupidez, del resentimiento, de la rebelión teledirigida.

• b) La autoridad familiar no ha dejado de disminuir y de ser contestada a medida que el sistema mercantil disminuye el poder de los hombres en favor de mecanismos opresivos en los que los poderosos no son más que engranajes. Así pues, el sistema mercantil mantiene a la familia vaciándola de sus significados antiguos casi humanos; no consigue otra cosa que hacerla más insoportable.

• c) La familia es el lugar en el que todas las humillaciones por haber sido tratados como objetos en la sociedad de supervivencia confieren el derecho de humillar y de convertir en objetos a quienes forman parte de ella.

• d) La emancipación de las mujeres es inseparable de la emancipación de los niños y de la emancipación de los hombres. La abolición de la familia es inseparable de la liquidación del sistema espectacular-mercantil. Toda reivindicación separada del conjunto (Movimiento de liberación de la mujer, Movimiento de liberación del niño, Frente homosexual de acción revolucionaria…) no es más que reformismo y no hace más que mantener la opresión.

• e) El imperialismo mercantil, que destruye la familia tradicional, la convierte en el lugar de pasividad y de sumisión al sistema (y de su contestación en torno a cuestiones de detalle).

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que cada cual disponga libremente de sí mismo sin depender de nadie, sin estar sometido a un sistema opresivo, planteándose únicamente los problemas de la armonización de sus deseos. Una sociedad que se preocupe prioritariamente de la supresión de las tareas domésticas y que deja la educación de los niños a unos voluntarios, comenzando por los propios niños.

23. ¿Tienes a menudo la sensación de estar en un mundo al revés, en el que las personas hacen lo contrario de lo que desean, pasan el tiempo en destruirse y en reverenciar lo que las destruye, obedecen a unas abstracciones a las que sacrifican la vida real?

En tal caso, has entendido que:
• a) El trabajo alienado es la base de todas las alienaciones. Está en el origen histórico de la división social entre amos y esclavos y de todas las separaciones que se desprenden de ella (religión, cultura, economía, política), de todo lo que destruye al hombre adoptando un rostro humano.

• b) Los productos, las relaciones sociales, las imágenes y representaciones creados por los productores, en tales condiciones que, además de desposeídos de ellos, los ven alzarse contra sí, ocultan su hostilidad y su inhumanidad bajo unas apariencias diversas a lo que son realmente (el amo se llama el servidor de los esclavos, los explotadores del proletariado pretenden estar al servicio del pueblo, las imágenes de lo vivido se presentan como la única realidad auténtica, etc.).

• c) La diferencia cada vez más sensible y cada vez más insoportable entre las miserias cotidianas de la supervivencia, las representaciones engañosas que de la nos proponen y la aspiración común a todos de vivir una vida auténtica muestra cada día con mayor claridad que ha comenzado la lucha entre el partido de la supervivencia y de la descomposición y el partido d ella vida y de la superación; que la lucha final por la sociedad sin clases, históricamente inevitable hoy, levanta al proletariado, que está harto de su esclavitud y que reclama la autogestión sobre todo y de todos, contra el sistema mercantil y sus servidores, burguesía y burocracia, ambas bajo el mismo casco protector del Estado.

• d) La búsqueda de la felicidad es la búsqueda de lo vivido auténtico, no falsificado, no invertido, no sacrificado. Aceptarse tal como uno es, en su especificidad concreta, es una conquista que supone la liquidación del sistema mercantil y la organización colectiva armonizada de las pasiones individuales.

En realidad, estamos hartos de una existencia dominada por lo contrario de la búsqueda de la felicidad individual; dominada por unos sectores separados (economía, política, cultura y todos los elementos del espectáculo) que absorben toda nuestra energía y nos impiden vivir. Luchamos por el derrocamiento del mundo invertido, por la realización de los deseos y de las pasiones en unas relaciones sociales liberadas d ellos imperativos de rentabilidad y de los poderes jerarquizados.

24. ¿Te parece ridículo y odioso establecer una distinción entre trabajador inmigrado y trabajador autóctono?

En tal caso, has entendido que:
• a) El antiguo principio “los proletarios no tienen patria” sigue siendo perfectamente cierto, y es preciso recordarlo sin cesar ante las estupideces nacionalistas y racistas.

• b) De igual manera, hay que recordar incesantemente que la emancipación del proletariado es una tarea histórica e internacional. Sólo la práctica de los obreros revolucionarios en el mundo entero creará en realidad la internacional de los consejos de autogestión generalizada.

• c) La clase dirigente y sus servidores hacen cuanto está en su mano para imponer una distinción entre trabajadores inmigrados y trabajadores autóctonos. Hacen creer a estos, a los que desprecian como instrumentos de producción, que todavía existen otros más despreciados que ellos.

• d) La participación de los inmigrados en las luchas más duras es también una lucha contra su propia burguesía, que les vende en la mejor tradición de la trata de esclavos. También en dicho sentido, forman con todos los demás obreros revolucionarios la base de una auténtica internacional de la autogestión generalizada.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que las diferencias, sean de raza, de sexo, de edad, de carácter, de pasiones, de deseos, ya no creen una barrera sino que, por el contrario, contribuyan a la armonización para el máximo incremento de placer y de la felicidad de todos. Estás luchando por la realización de la autogestión individual y colectiva sobre unas bases internacionales, liquidando los prejuicios imbéciles de los nacionalismos, de los regionalismos, de los vínculos geográficos.

25. ¿Sientes la necesidad de hablar con alguien que te entienda y actúe en el mismo sentido que tú (rechazo del trabajo, de las obligaciones, de la mercancía y de la verdad de las mentiras que constituye el espectáculo?

En tal caso, has entendido que:
• a) La costumbre de hablar para no decir nada, de perderse en falsos problemas, de prestar atención a los que hablan de una manera y actúan de otra, de dejarse arrastrar por el deterioro de las estupideces cotidianas y de lo repetitivo, es una manera más de impedir que cada cual reconozca en sus pasiones y en sus anhelos de vida auténtica (lo contrario de los deseos de apropiación privada inventados por el comercio) sus reales intereses.

• b) Toda intervención que no culmine en unas medidas prácticas es pura palabrería, de manera de dar largas. Toda medida práctica que no culmine en el mejoramiento de la vida de cada cual no hace más que reforzar la opresión; y nada puede mejorar realmente la vida que la destrucción del sistema mercantil.

• c) Toda asamblea debe llegar rápidamente a una decisión o, en caso contrario, ser saboteada.

• d) Durante las huelgas o antes de empezarlas, la discusión debe tener por objeto la verdad práctica: difundir la conciencia de la lucha emprendida y llegar a unas certidumbres en cuanto a las acciones a emprender.

• e) Lo que permanece aprisionado en el lenguaje pronto se convierte en ideología, es decir, en mentira, al igual que todo lo que cuentan los miembros de los aparatos burocráticos (partidos, sindicatos, grupos especializados en la mejora del ganado obrero.

• f) Contra el lenguaje dominante y falso, la mejor garantía de las asambleas de huelga es elegir inmediatamente un consejo de delegados que sean los únicos capacitados para seguir las directrices de los huelguistas, bajo pena de destitución inmediata, y de traducirlas en actos sin pérdida de tiempo.

• g) Ya no queremos hombres de labia ni oradores grandilocuentes, sino el lenguaje de los actos, de las proposiciones concretas y de los planes de acción bien elaborados por nosotros mismos. Ya es hora de que el esfuerzo de perfección no se ejerza en las palabras sino en los actos.

En realidad, ya estás luchando, conscientemente o no, por una sociedad en la que las palabras ya no sirvan para disimular sino para prolongar realmente nuestros deseos, para ser los fieles portavoces de lo que queremos.

Raoul Vaneigem

Traducción de Joaquín Jordá.

· Capítulo II, ABCD de la revolución
http://www.sindominio.net/ash/salvaje2.htm

· Capítulo III, La autogestión generalizada
http://www.sindominio.net/ash/salvaje3.htm

fuente: http://www.sindominio.net/ash/salvaje.htm

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La sociedad del pánico

El tema del pánico es muy actual. Suceden actos horribles constantemente y el pánico en que se convierte es una cuestión que nos involucra a diario. No hablamos más de la sociedad “chiflada” de lo “piantados” que estamos, sino que usamos una terminología de la psiquiatría. El Pánico hace que los pacientes sufran muchísimo.

¿A quién le hace falta semejante superlativo?

Pocos días atrás hubo un atentado en Niza. Una pequeña ciudad preciosa del Mediterraneo. Los que fueron asesinados eran niños y adultos acompañantes.

Se habían reunido en una plaza para presenciar los fuegos artificiales de la fiesta de verano. Cuando empezaron los fuegos y la fiesta, los embistió un camión con explosivos que estalló. Todo ocurrió de repente, inesperadamente. Nadie sabía reaccionar al horror. Atónitos y en pánico, corrían, gritaban desesperados. Los periodistas que estaban allí para acompañar e informar sobre la fiesta, tuvieron que trasmitir lo increíble que les tocó vivir. Repetían con angustia, que no eran especialistas para este tipo de transmisión. Las informaciones y, sobre todo la televisión, hicieron vivir la experiencia de lo que sucedía como si estuviéramos allí mismo.

Actos de terrorismo semejantes han sucedido repetidas veces en el último tiempo.

Las reacciones de los políticos que hablan después, me dan muchas veces la sensación de una obra de teatro muy mal ensayada. Ya son varias las veces que se repite. Hablan un momento del duelo, de tristeza, de condolencia. Pasan luego y rápido a lo que tiene características de arenga; a no tener miedo, tener valor y patrióticamente a no ceder. Los valores de “nuestra sociedad libre” no se entregan. No se dan cuenta que haciendo así provocan y no consuelan y toman justamente la actitud de guerra que buscan los que provocan. Buscan lo sensacionalista y provocan el odio de las víctimas.

Los que amenazan con terror, lo hacen para producir miedo y pánico. Es inevitable que logran lo que se proponen, si los que reaccionan toman parte en las reglas del juego. Consejos que instan a no tener miedo, palabras que invitan a no sentir lo que se siente, son vanas e inútiles. Pertenecen a una pedagogía anticuada.

Sería sincero y veraz aceptar que sí, se tiene miedo, pánico y denunciar la incapacidad de hablar de aquellos que hacen estallar explosivos. El tema son las debilidades. Todos podemos hacer daño. Destruir y dañar es mucho más fácil que construir. La incapacidad de los que actúan y llenan a la gente de horror no se denuncia. No se habla de la cobardía de aquellos que tienen que actuar, matar, por ser incapaces de tratar y de hablar.

Las naciones en Europa no tienen guerras entre sí desde hace unos 60 años. Es una novedad histórica. Nunca se dio antes. Parece ser que se ha desarrollado un método con buenos resultados. Se exportan armas y las guerras se dan en otros lejanos lugares, tal vez en otro continente. A los países europeos les va económicamente mejor que nunca, esto consolida la unión de los diversos estados. Escribo desde Suiza, país en auge, según dicen, el país más rico del mundo en este momento, que no pertenece a la Unión Europea. Hace unos ochocientos años que no participa en las guerras. ¡Esto tan feo lo hacen los otros! Pero sí producen material bélico que se vende a los que lo usan.

El título de esta revista se refiere a lo social. Cotidianamente los medios de prensa nos confrontan con informaciones de vandalismos, agresiones y actos de terrorismo que producen miedo. Lo que a pánico se refiere, lo quiero aclarar más adelante.

Como psicoanalista trabajo con mis pacientes sobre sus miedos. Si me aproximo a lo social, deseo hacerlo con mucha cautela, ya que estoy habituado a la configuración en los tratamientos donde mis puntos de vista los verifico con el diálogo. Produzco ideas para luego discutirlas.

Si los pacientes no están en condiciones de discutir, se vuelve esto el tema primordial, hasta hacerlo posible. Solo podemos trabajar juntos, cuando se da la capacidad del diálogo. Con la sociedad, con el pueblo esto no es factible. Los periodistas suelen publicar sus maneras de pensar que no son verificables. La sociedad del pánico la puedo intentar describir desde mis puntos de vista, que hacen hincapié en los desarrollos económicos y sociales.

Leyendo el número anterior de Topía, quiero solo ejemplificar cómo se da la práctica actualmente y agregar lo que sucede aquí. Estoy muy de acuerdo con la opinión de Renán Vega Cantor “Neoliberalismo y violencia”. No creo que todo haya empezado en Chile, sino que el capitalismo con sus formas es viejo. África es el continente de los experimentos de dominación.

Los instrumentos de la violencia cambian, se desarrollan según la sociedad en las que se usa. Aquí en Suiza no se ven policías armados para enfrentarse con la gente que protesta.

El método de las protestas y huelgas ya casi no existe. Si en una empresa los empleados no están conformes, se transfiere la producción del mismo producto a otro país, donde la mano de obra es mucho más barata y conveniente para los jefes “pudientes”. Los gremios y las entidades de los trabajadores han perdido su instrumento de lucha clásicos y pasan por una gran debilidad e impotencia porque el neoliberalismo se nutre de la globalización y de los desarrollos tecnológicos que minimizan el efecto de las fronteras nacionales.

Por ejemplo, sé que si hoy voy a comprar ropa relativamente barata, si bien lleva el sello que es suiza, una parte de la producción se hizo en otro país, por ejemplo India, Vietnam, Bangladesh… Donde las condiciones de los trabajadores es infinitamente inferior y la mano de obra es mucho más barata. Tal vez el empaque se hizo aquí para estampar el sello, “made in Switzerland”.

La clase pudiente es cada vez más rica, los otros tienen cada vez menos. Parece como una tijera que cada vez se va abriendo más. Los extranjeros significan para Suiza un problema. Hay mano de obra que viene de los países limítrofes a trabajar cada día. Residen en Italia, Francia, Alemania, Austria, donde los costos de vida son inferiores, aquí ganan más. Pasan todos los días laborables la frontera, para regresar a descansar a su país.

También los inmigrantes significan un peligro para los trabajadores. Los que llegan como fugitivos, están dispuestos a trabajar con sueldos muy bajos, solo para salir de las penurias de sus países de origen. Por razones de tradición humanitaria el país que fundó la Cruz Roja, frente a la situación internacional con unas veinte millones de personas huyendo, no puede abandonar su responsabilidad de ayudar. Llega un número limitado de fugitivos que va a tener que pasar por muchas penurias.

La derecha usa esta situación. Promete cerrar las fronteras, limitar los inmigrantes y conservar los puestos de trabajo nacionales, reduciendo los impuestos, porque no habría gastos para extraños. Los discursos se atreven a explicar desventajas económicas con los extranjeros, ocultando así los problemas internos. Pero son los mismos que se enriquecen por la situación creada.

Cerca de mi casa hay una mezquita. Por lo general el público ni se da cuenta que existe. Está construida en un barrio que fue industrial. Las fábricas no existen más. Allí se construyeron nuevas viviendas. Hace poco se hizo conocida, porque varias veces apareció la policía. Se dice que en este lugar el “An’Nur Imam” recluta jóvenes para la Yihad (Estado Islámico).

Los temores, los miedos son incómodos a veces, pero imprescindibles. Varios fieles viajaron, fingieron ir de vacaciones a Turquía y pasaron así a Siria. Allí al adiestramiento militar y luego a la guerra. Mellizos menores de edad fueron y murieron. Otros jóvenes fueron y otros quieren ir, para ser mártires y héroes inolvidables. En esta sociedad no encontraron su lugar, les hace falta orientarse, tener pertenencia y ser importantes.

Pero no solo ellos van a los frentes bélicos, sino que aquellos que quieren defender los valores “humanitarios” van a enfrentarse y combatir. Al otro lado de la frontera, han sucedido actos atroces, insólitos de terrorismo hace muy poco. Aquí la policía está en alerta y muy presente. Justamente tanta presencia produce desconfianza. En las fiestas, en donde se baila o se hace deporte, siempre que se reúne gente lo hace con la presencia de la vigilancia.

El terrorismo intenta crear un clima de horror, miedo extremo, de alarma extrema. Las imágenes dolorosas de violencia inmensurables, asesinatos, destrucciones, ejecuciones y atentados suicidas dominan las publicaciones de prensa cotidianas. El mundo Occidental se ve confrontado con un tipo de guerra diferente, nuevo.

Desde aquel famoso once de septiembre de 2001, sigue el lugar de “lo malo“ en Medio Oriente. Hay muchas guerras en el mundo de las cuales el público se entera muy poco. Nos informan, luego desaparecen de las publicaciones y por lo general nos olvidamos. Estamos saturados de informaciones. Muchas veces producen noticias sensacionalistas, sobresaltos, sustos. Son tantas las informaciones, que superan la capacidad de la memoria. Saturados y como aceptando la impotencia, nos olvidamos.

Mientras escribo, esto están falleciendo de hambre, sed, por los bombardeos y los proyectiles más o menos un millón de personas en Alepo (Siria). Hay una guerra que no se declara, se da de repente, de sorpresa, en situaciones inesperadas en un acto irracional, psicótico. Es gente desesperada, que antes de suicidarse, asesina a quien puede… subrayan que no todo va bien. Disparan con ametralladoras, ponen bombas, dinamita, agreden a cuchilladas, a veces sin palabras, otras gritando, aullando el motivo de la desesperación.

El terrorismo provoca mucho miedo y desconcierto y, a veces, pánico. El Estado Islámico lucha contra la cultura y la sociedad del oeste. Pero también hay jóvenes, suicidas, francotiradores, que matan así no más, asesinan y se suicidan. No todos lo hacen por razones de fanatismo religioso con ideologías islamistas. Los motivos, individualmente vistos, son múltiples. Por lo general, luchan desesperadamente contra la frialdad, la indiferencia, agotados y con una acumulación de odio matan. Hay enfermos psíquicos que asesinan y aquellos que se suicidan solos. Existen los que matan y luego se matan.

En el mundo occidental se habla del auge del “Populismo“ en política. Es una manera superficial de explicar por qué gana en las votaciones la derecha. Pensar en los errores que comete y cometió la izquierda cuando está en el poder es mucho más difícil y comprometedor. Obligaría a ser creativos y aquí se impone siempre la pregunta :¿podemos? ¿No somos solidarios si criticamos y buscamos caminos?

La derecha usa interpretaciones rápidas, que confirman una y otra vez lo que ya sabemos. Palabras vanas circulan y apoyan el sistema acostumbrado. Se aprovechan de las frustraciones, ira, desilusiones y resentimientos para producir promesas que no son realizables. Políticos hábiles, reaccionarios utilizan el método para manipular y mentir, hacen promesas que crean nuevas esperanzas y hacen repetir las desilusiones, creando un clima de violencia.

Me parece que estas realidades están presentes en todos los países encadenados en el sistema del capitalismo neoliberal y sus consecuencias sociales. Menor valor adquisitivo del dinero, empobrecimiento de la clase media, también despidos, porque la automatización anula puestos de trabajo.

Muchos jóvenes desesperan por no saber qué rumbo profesional y social tomar en el futuro. No encuentran un rumbo en la sociedad para sus aspiraciones, parecen existir sin meta y en constante crisis de sus identidades. El suicidio asesino les da un papel de una “importancia” terrible, los hace famosos y muchos esperan ser vistos como héroes.

Peligrosamente reflexionando así, la política tiene una visión de la sociedad considerando cuestiones emocionales y sentimientos heridos de la autoestima. El siguiente paso lógico es tratar a los ciudadanos como casos de terapia. Usan los conocimientos de Psicopatología. Toman una actitud terapéutica de cuidado hacia los supuestamente “simples” o las personas “pequeñas” puestas cada vez más en duda. Así se da la impresión que precisamente estas personas no son tomadas en serio ya que sus necesidades provienen de una patología.

Nietzsche y Max Scheler estudiaron los resentimientos. Ambos estuvieron de acuerdo que los reproches y los resentimientos surgen de la incapacidad de transformar las emociones en acciones útiles. La falta de efectividad para cambiar las condiciones no complacientes de la vida, hacer crecer el descontento, el enojo, la ira, la violencia y si todo fracasa la desesperación.

Pánico es un término nuevo, que surge en nuestra época, se usa como superlativo del miedo. Pertenece en la nomenclatura médica a las patologías.

Aquí la descripción que presenta Wikipedia:

Síntomas del trastorno de pánico: DSM-IV. El trastorno de pánico con (o sin) agorafobia se valora según los criterios diagnósticos del DSM-IV (cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense de la forma siguiente:

A. Cumplimiento de los requisitos (1) y (2):

1. Ataques de pánico periódicos e inesperados.

2. Al menos uno de los ataques ha sido seguido durante 1 mes o más de al menos uno de los siguientes aspectos:

– Persistente preocupación por tener nuevos ataques.

– Preocupación por las implicaciones del ataque o por sus consecuencias (por ejemplo: perder el control, sufrir un ataque cardíaco, “volverse loco”, etc.).

Por lo general el pánico aparece en combinación con otras enfermedades. Tuve que tratar pacientes con este sufrimiento que habían superado la tortura y estaban aun en vida.

S. Freud en sus trabajos le dio gran énfasis al tema de los miedos, el “pánico” como tal no lo trató. Según su procedencia y motivo, intentó diferenciar los “Miedos Reales“ de aquellos que serían consecuencia de elaboraciones intrapsíquicas complejas que llamó “Fobias”. Éstas se convirtieron en un tema central de la investigación psicoanalítica. Muchas de sus publicaciones llevan como título “Fobia”.

Nos ponemos contentos, felices, orgullosos cuando podemos superar miedos. Buscamos situaciones en donde poder hacerlo. Es uno de los motores centrales de la iniciativa humana llegar a la posibilidad, ponernos en condiciones de vencer lo que nos frena, inhibe o presenta dificultades.

En los parques de diversiones los juegos que producen miedo son los más visitados, los juegos virtuales de internet, las apps que estimulan lo sensacional, el suspenso consisten por lo general en la habilidad de superar miedos. Se escalan montañas imposibles, se superan abismos, excavan túneles, se vuela al espacio. Hasta se construyó un avión que funciona con energía solar.

Se inventan cuentos que superan miedos. La capacidad de pensar en abstracciones, crear metáforas, analogías y símbolos es esencial para la creatividad humana y la actividad psíquica. El Miedo tiene como señal una función central en el organismo psíquico; avisa, solicita atención, es el sentimiento que pone en acción, la alarma. El Miedo inicia, despierta, despabila, busca, aclara el consciente. Usamos nuestra inteligencia para prevenir.

Semánticamente y en sinónimos tenemos en castellano cuarenta y ocho palabras para comunicar sentimientos cercanos a miedo. Pánico, espanto, atrocidad, horror, son superlativos. “No tengas miedo…” es una frase que se oye mucho, a veces en los educadores. También la usan los políticos. Se quiere decir así que somos fuertes, capaces, sobre todo no débiles, estamos en condiciones de superar una situación, un motivo o evento que produce miedo.

Pero también se la puede intentar inculcar a soldados para que obedezcan y vayan a la guerra, hasta a un pueblo, una nación para que piense en una manera que conviene. Esta arenga, esta exaltación maníaca puede reducir la función del consciente, reducir la crítica necesaria y seducir.

La capacidad de aceptar los peligros, enfrentarse seriamente con ellos, para superarlos veraz, adecuada y sinceramente es la fuente de la tranquilidad y confianza.

publicado en revista Topía nº78, Noviembre 2016, Buenos Aires.

fuente: https://www.topia.com.ar/articulos/sociedad-del-panico

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El consumismo domestica al sujeto a través de las mercancías

El dinero es una relación de poder sobre las personas y las cosas. Siempre fue un símbolo, un hecho cultural sostenido en la creencia de sus emisores. De allí su carácter fantástico donde puede ser visto como “la representación del diablo” o, por lo contrario, ser elevado a la categoría de un dios al cual se le ofrecen todos los sacrificios necesarios.

Si recorremos brevemente la historia del dinero, tenemos que diferenciar tres etapas: 1º) Al inicio tiene un origen en los ritos religiosos como sustituto de las ofrendas sacrificiales en honor a los dioses; 2º) En el Renacimiento se lo intenta transformar en una pasión compensadora para enfrentar las pasiones destructivas y peligrosas del ser humano y 3º) El dinero en el capitalismo se presenta como un fetiche-mercancía autónomo de las relaciones sociales hasta llegar a su estado actual de virtualización.

El dinero como culto sacrificial

En los primeros tiempos de la civilización, la relación de los humanos con la naturaleza es a través de un pacto mágico-religioso con dioses que podían conjurar los peligros que acechaban a la reproducción de la vida; pagaban el tributo a la divinidad por medio de sacrificios. Según el filósofo Horst Kurnitzky este culto sacrificial da origen al dinero. Si originalmente en algunas culturas se sacrificaban personas para asegurar una buena cosecha, luego son utilizados animales. Más adelante se crea el dinero como una forma de sustituir el sacrificio animal. Nos dice este autor, que entre griegos, romanos, indios y germanos se sacrificaban bóvidos; por lo que se empleaban las mismas palabras para denominar “ganado” y “dinero”. Los romanos denominaban al ganado pecus, lo que derivó en el nombre de su dinero: pecunia y que llegó hasta la actualidad con la palabra pecuniario. Estos intercambios entre los humanos y los dioses tenían un carácter sacro, por ello, los primeros en acuñar monedas fueron los sacerdotes y las casas de monedas, los templos. En estas monedas se grababan figuras de animales sagrados, representantes de los dioses consagrados en los templos.

En occidente la economía sacrificial recorre un camino que va de este intercambio primario mágico-religioso al intercambio económico. Sin embargo, este pasaje no está exento de dificultades. San Agustín aporta las directrices básicas del pensamiento medieval denunciando el deseo de tener dinero y posesiones como uno de los pecados principales del Hombre Caído. En este sentido el catolicismo establece la distinción entre el clero secular y las órdenes religiosas en función del grado de renunciamiento. El clero secular renuncia solamente al matrimonio; los religiosos a todos los bienes de la tierra, quedando subordinados en cuanto a su economía privada a la administración de un superior. Esto no impedía que cuando las comunidades se desarrollaban, los monjes hicieran trabajar para ellos a los siervos y a los esclavos. También tuvieron influencia en la colonización de Europa y en la economía agrícola precapitalista. Si bien la iglesia tenía una posición en teoría contraria hacia la usura, los monasterios junto con los judíos y los lombardos, fueron la base del crédito en el Medioevo. La riqueza de la iglesia se acrecentaba con las rentas de sus propias tierras y los bienes en especie o en metálico de los fieles, además del diezmo de todas las tierras y productos agropecuarios. No obstante, el dinero es visto como el “estiércol del diablo” por los sectores cristianos y aristocráticos. Obviamente esto no impedía la vida fastuosa que llevaban los miembros de la iglesia y de la nobleza.

En el Renacimiento, a partir de Hobbes y Maquiavelo, se comienza a plantear que se debe contemplar al “hombre tal como realmente es”, para lo cual debe buscarse un freno a las pasiones más peligrosas y destructivas. Es el Estado el que debe cumplir este objetivo. Por ello, todo orden social y político se justifica por sí mismo. Sus posibles injusticias son una retribución por los pecados del Hombre Caído; aunque se reconoce que la solución represiva tiene sus dificultades ya que pueden llevar a excesos por parte del soberano. Buscar una pasión compensadora a la violencia del ser humano es una de las necesidades teóricas, filosóficas y políticas que se plantean en esa época.

Uno de los primeros filósofos en elaborar una teoría de las pasiones es Spinoza. En la Ética sostiene que el ser humano enfrenta a las pasiones tristes (el odio, la melancolía, la depresión, etc.) con la fuerza de las pasiones alegres (el amor, la solidaridad, etc.). Por ello afirma: “Un afecto no puede reprimirse ni quitarse, sino por un afecto contrario y más fuerte que el afecto a reprimir.” Pero Spinoza veía la complejidad de trasladar esta idea al campo de la política tal como funcionaba en esa época. No obstante ya estaban dadas las condiciones para pensar que “la pasión por el interés”, “la avidez de adquisiciones de bienes y posesiones” o el “amor por la ganancia” podían enfrentar y frenar a otras pasiones como la ambición, el ansia de poder, el deseo sexual. Adam Smith afirmaba que “el aumento de la fortuna es el medio por el cual la mayor parte de los seres humanos aspiran a mejorar su condición.” Esta creencia en que la búsqueda de los intereses económicos podría considerarse en una motivación dominante del comportamiento humano llevo a que se creyera que por fin se había descubierto una base realista para un orden social estable. Es así como se vuelve popular el término la douceur del comercio. Una palabra que significa “dulzura”, “calma” y “amabilidad” y es lo contrario de la violencia. Montesquieu afirma que “el comercio… pule y suaviza los modos bárbaros, como podemos verlo cotidianamente.”

Un siglo después, cuando Marx explica “la acumulación primitiva del capital” y relata los episodios de explotación y violencia propios de la industrialización y la expansión comercial europea, exclama con ironía: “He aquí como se las gasta el deux commerce.” La idea de que la ganancia de dinero era una pasión tranquila solo fue abandonada cuando el desarrollo capitalista hizo evidente la pobreza de millones de personas, el desempleo y las crisis cíclicas. Es decir, se dejo de suponer que el capitalismo lograría exactamente lo que pronto se denunciaría como una de sus propias características: el sacrificio de aquellos que transforma en pobres y marginados. Aunque algunos economistas como John M. Keynes seguían sosteniendo que “ciertas inclinaciones humanas peligrosas pueden orientarse por cauces comparativamente inofensivos con la existencia de oportunidades para hacer dinero y tener riqueza privada que, de no ser posible satisfacerse de este modo, puede encontrar un desahogo en la crueldad, en temeraria ambición de poder y autoridad y otras formas de engrandecimiento personal.”

Keynes y el psicoanálisis

A fines del siglo XIX se constituyó en Londres, en el barrio de Bloomsbury, un grupo de intelectuales con un pensamiento crítico de la cultura dominante. El grupo de base estaba constituido por egresados del Trinity College de Cambridge como Lytton Strachey, Leonard Woolf y Clyde Bell. Luego se incorporaron otras destacadas personalidades entre los que podemos mencionar a John M. Keynes, Bertrand Russel y Ludwig Wittgenstein. Leonard luego de casarse con Virginia Woolf revisó una traducción de Psicopatología de la vida cotidiana para el diario New Weekly. También uno de sus miembros creó una editorial donde publicaba muchos autores de vanguardia entre los que se encontraba Sigmund Freud. Esto permitió que el grupo de Bloomsbury estuviera cercano a sus ideas. Inclusive al final de la Primera Guerra Mundial James Strachey -hermano menor de Lytton y traductor al inglés de las obras completas de Freud- y su esposa Alix se fueron a Viena para analizarse con Freud. La pertenencia de Keynes a este grupo hizo que conociera muchas ideas psicoanalíticas, en especial, las relacionadas con el dinero. De allí que en sus obras hace referencia no solo a Freud, sino también a Ferenczi y Jones. Las consideraciones psicoanalíticas acerca del erotismo anal fueron explicitadas por el economista inglés; lo cual permitió aumentar en gran medida la difusión del psicoanálisis en Europa.

La asociación establecida por Freud entre las heces y el dinero, la podemos encontrar en datos de la antropología. Símbolos, leyendas y ritos religiosos recuerdan como se le ha adjudicado a las heces una relación con el oro y el dinero. También en las expresiones populares y refranes. Decimos que aquella persona que tiene riqueza “apesta a dinero” y quien no tiene nada “esta estreñido”. En el lenguaje económico se habla de “dinero líquido”, “dinero negro” o “blanqueo de dinero”.

En esta perspectiva, cuando Freud describe el desarrollo libidinal, plantea que “la caca es el primer regalo, una parte de su cuerpo de la que el lactante solo se separa a instancias de la persona amada y con la que le testimonia también su ternura sin que se lo pida… ‘En torno de la defecación se presenta para el niño una primera decisión entre la actitud narcisista y la del amor de objeto. O bien entrega obediente la caca, la “sacrifica” al amor, o la retiene para la satisfacción autoerótica o, más tarde, para afirmar su propia voluntad.’ Es probable que el siguiente significado hacia el que avanza la caca no sea oro-dinero, sino regalo. El niño no conoce otro dinero que el regalo, no posee dinero ganado ni propio, heredado. Como la caca es su primer regalo, transfiere fácilmente su interés de esa sustancia a la que guarda en la vida como regalo más importante.”

Esta fase anal se sitúa aproximadamente entre el segundo y el tercer año; en ese momento los niños suelen adquirir el control de esfínteres y se caracteriza la organización de la libido bajo la primacía de la zona anal. La relación con el objeto tiene significaciones vinculadas a la función de defecación y el control del esfínter anal, como la expulsión y la retención de las heces. Estos se convierten en el prototipo de las funciones del dar y el retener, lo que permite la construcción de la equivalencia simbólica entre heces / regalo / dinero. Este proceso de simbolización dará lugar a ciertos rasgos de carácter en el adulto como el orden, la avaricia y la testarudez. De esta forma Keynes encuentra una correspondencia entre la economía y los procesos psíquicos de adquisición-incorporación-asimilación / retención-ahorro-tacaño / expulsión anal-despilfarro. Podemos decir que es uno de los primeros economistas que se preocupan por dar cuenta de los factores subjetivos en el funcionamiento de las leyes económicas. Aunque es Carlos Marx quien establece en la teoría del “fetichismo de la mercancía” el lugar de la subjetividad en el dinero en tanto “dinero-mercancía”.

El dinero como fetiche-mercancía

El esclarecimiento del carácter religioso, misterioso, fantástico o fetichista de las mercancías es uno de los aportes más importantes de Marx a la crítica de la economía política. La particularidad de la sociedad capitalista -en relación a las anteriores formas de producción- es la fetichización de las relaciones de trabajo para la producción de mercancías. Sus consecuencias fueron develadas por Marx cuando sostiene que, con la aparición del capital “El producto es fabricado como valor, como valor de cambio, como equivalente; ya no es fabricado según su relación inmediata, personal con el productor”. Este viene a ser esclavo de su necesidad tanto como de las necesidades del prójimo. Todo el poder ejercido por cada individuo sobre la actividad de los demás proviene de su posesión de los valores de cambio, del dinero, mediador de poder social.

Cualquiera que sea la manifestación y naturaleza particular de su actividad, toda ella se convierte en valor de cambio, abstracción en la que se niega y se borra toda subjetividad. Ante los sujetos indiferentes, el carácter social de las actividades y de los productos aparece proyectado en las cosas que adquieren un aspecto mágico de relaciones entre las cosas. Este carácter fetichista de las cosas y las relaciones humanas, lleva a que detrás de la relación social abstracta de los productos transformados en valores, se esconde la realidad concreta de las relaciones de los sujetos en la sociedad. En este sentido afirma Marx: “El trabajo creador del valor de cambio se caracteriza por el hecho de que la relación social entre las personas se presenta en cierto modo invertida, es decir, como una relación entre las cosas”. Y continua “El comportamiento atomista de los hombres en el proceso social de su producción y, por lo tanto, la reificación que asumen las relaciones productivas al escapar al control y a la acción del individuo consciente, se manifiesta en primer término en que los productos de su trabajo revisten generalmente la forma de mercancías. Por ello, es que el enigma del fetiche-dinero no es otra cosa que el enigma del fetiche-mercancía, su clave definitiva”.

En cuanto a su valor, cada mercancía es expresión de una cantidad de trabajo abstracto. Es decir, de trabajo generado en las condiciones de productividad media vigentes en una sociedad determinada. Es trabajo social, un promedio de la productividad que existe en cierto momento en esa sociedad. El valor se expresa en dinero que en la sociedad capitalista se transforma en una mercancía en tanto es una relación de poder sobre las personas y las cosas. Como plantea Pablo Riesnik: “el dinero es la representación más genérica del valor como equivalente universal, de una relación social que toma la forma de cosa. Una relación social que inclusive ‘desaparece’ bajo la forma de cosa, puesto que es la cosa la que se presenta ella misma con atributos y poderes sociales. El dinero es mercancía, manifestación esencial del valor, ícono del mundo del vendo y compro.

Es también el dinero la mediación por la cual, en la sociedad capitalista, el hombre y su fuerza creadora se transforman en objeto de alienación, puesto que el hombre enajena su capacidad de trabajar por dinero. Cambia dinero por la entrega del poder creador de su trabajo, su actividad vital por aquello que debe comprar para subsistir. El dinero, en esta mediación, es el medio de una inversión de una alienación básica, constitutiva del modo particular de existencia del asalariado moderno y de la exacción capitalista. El dinero transforma todo lo que es o puede ser, en lo contrario de lo que puede ser, es el quid pro quo en persona, es ‘verdadera fuerza creadora’ que trastoca, que invierte, que da vuelta, que transforma las cosas en personas y las personas en cosas.”

En su inicio el dinero tenía un referente de valor como el oro o la plata. Luego aparece el dinero en papel y otros mecanismos más sofisticados que, con la generalización del sistema mercantil, se han naturalizado. En la actualidad el dinero se ha liberado de la materialidad de las mercancías. Es -como lo previó Marx- más que nunca un símbolo, un hecho cultural basado en la creencia de sus emisores. Es un producto virtual que puede circular y reproducirse en las computadoras. Hay dinero bancario, dinero electrónico, bonos de deuda. Se especula con monedas y materias primas en mercados a futuro y con títulos bursátiles imaginarios. Todo esto en nombre de un consumo que ha sufrido grandes transformaciones que nos fue llevando a domesticarnos en función de las mercancías.

La mutación del consumo al consumismo: un cambio de época

Como resultado de la Revolución Industrial aparece en la sociedad capitalista la importancia que empieza a tener el consumo como forma de diferenciación social. El consumo propio de la modernidad permite diferenciar a los sectores sociales. Así la función del consumo suntuario no está relacionado con el “valor de uso” de la mercancía, sino con “el valor de cambio” en tanto afirma un estatus social. Esta es la característica de la clase media Argentina a mediados del siglo pasado, donde lo importante era la capacidad de ahorro para llegar a ese lugar idealizado representado por los sectores de alto poder adquisitivo. En la escuela se ofrecía como modelo el ahorro y el esfuerzo para conseguir bienes. La prioridad del “tener sobre el ser” -como decía Erich Fromm- llevaba a formas de alienación para diferenciarse de los sectores populares donde el consumo estaba determinado por la necesidad y la carencia. Un auto, una heladera o un televisor hacían una diferencia importante.

Esta situación cambia en los `80; la sociedad de consumo se acelera para imponer la gratificación en el “aquí y ahora”. Estas características van acompañadas de profundas transformaciones sociales y económicas a nivel mundial donde el consumidor adquiere una figura central en un mercado mundializado en el que desaparecen las regulaciones construidas por el llamado Estado de Bienestar. Como sostienen en un estudio Carla del Cueto y Mariana Luzzi: “En la década del noventa se implementaron medidas de gobierno que tendieron a trasladar las responsabilidades de lo colectivo a lo individual. Bienes y servicios que estaban garantizados colectivamente a través del Estado pasaron a estar regidos por la lógica de mercado (los servicios de salud y de educación, entre otros).

Ese pasaje estuvo acompañado de la consolidación de la idea del ciudadano consumidor, que intentaba colocar en pie de igualdad a individuos ahora más desiguales. A falta de protecciones colectivas, los más perjudicados en este proceso fueron los sectores con menos recursos para hacer frente de manera individual al nuevo escenario.” Esta situación conlleva un aumento de la desigualdad social y la marginación de grandes sectores sociales que es sacrificada en honor al dios capital. La respuesta es la “financiarización de la relaciones sociales”. Lo importante ya no es el ahorro, sino el crédito; es decir, se valoriza la capacidad que cada sujeto tiene para endeudarse. Se bancarizan los sueldos, las jubilaciones y pensiones, la Asignación Universal por Hijo. Los bancos ofrecen “Hacer tu sueldo más grande. Préstamos de hasta 500.000 pesos a tasa fija. Adelantos del 30% de tu sueldo. Beneficios de hasta el 50% en tus compras”. Aún más, el Banco Central permite la creación de cajas de ahorro para menores de edad con el fin de facilitar operaciones con tarjetas de Crédito y de Débito.

En esta perspectiva se crean mercados para los sectores populares como La Salada o el Mercado Concentrador de José C. Paz en el tercer cordón del Gran Buenos Aires. Obviamente esto no trajo una democratización del consumo popular sino, por lo contrario, un mayor endeudamiento. Como establece un informe sobre la población de menos ingresos, ésta no solo es la más endeudada, sino también la que más depende del crédito de corto plazo. Una investigación reciente mostró que “al analizar la relación existente entre los ingresos de los hogares y sus gastos, el 20% más pobre es el que presenta un sobregasto respecto de sus ingresos. Tal como señala el estudio, aunque teóricamente sería correcto inferir que los hogares pueden recurrir tanto a sus ahorros como al endeudamiento para cubrir esas diferencias, las condiciones actuales de expansión del consumo parecen abonar sobre todo la segunda alternativa.”

Si el consumo ha adquirido un lugar más relevante en la vida social no es solamente por el nivel de bienestar que ha llevado a los hogares o el hecho de que el acceso a ciertos bienes significa un reconocimiento social, sino por las características compulsivas a que lo ha llevado el capitalismo tardío. Esta mutación del consumo al consumismo tiene consecuencias en el conjunto de la sociedad que define las particularidades del proceso de corposubjetivación en el capitalismo tardío.

La corposubjetividad alude a un sujeto que constituye su subjetividad desde diferentes cuerpos. El cuerpo orgánico; el cuerpo erógeno; el cuerpo pulsional; el cuerpo social y político; el cuerpo imaginario; el cuerpo simbólico. Cuerpos que a lo largo de la vida componen espacios cuyos anudamientos dan cuenta de los procesos de subjetivación. En este sentido, definimos el cuerpo como el espacio que constituye la subjetividad del sujeto. Por ello, el cuerpo como metáfora de la subjetividad se dejará aprehender al transformar el espacio real en una extensión del espacio psíquico. Desde aquí hablamos de corposubjetividad donde se establece el anudamiento de tres espacios (psíquico, orgánico y cultural) que tienen leyes específicas al constituirse en aparatos productores de subjetividad: el aparato psíquico, con las leyes del proceso primario y secundario; el aparato orgánico, con las leyes de la físico-química y la anátomo-fisiología; el aparato cultural, con las leyes económicas, políticas y sociales. De esta manera entendemos que toda producción de subjetividad es corporal en el interior de una determinada organización histórico-social. Es decir, toda subjetividad da cuenta de la singularidad de un sujeto en el interior de un sistema de relaciones de producción.

En este sentido, la corposubjetividad da cuenta de la cultura y de la singularidad del sujeto. Por ello la cultura hegemónica actual produce los procesos de subjetivación y a su vez constituye la singularidad a partir de una subjetividad in-corporada donde la actualidad del capitalismo tardío trajo como consecuencia la precarización de la vida social y el aumento de la desigualdad hasta límites inéditos. No hay orden duradero, el pasado no existe y el futuro es vivido como catastrófico. Esta incertidumbre conlleva la imposibilidad de hacer proyectos a largo plazo. El deseo basado en la comparación, la envidia y las supuestas necesidades que permitían los procesos de subjetivación en otras épocas del capitalismo no alcanzan para vender mercancías. Por el contrario, la angustia y la incertidumbre que la propia cultura genera se ha transformado en el camino del consumismo. De allí que si el consumo es necesario para satisfacer nuestras necesidades, el consumismo es un deseo irrefrenable de consumir que, al quedar siempre insatisfecho, activa permanentemente el circuito. Los agentes del mercado saben muy bien que la producción de consumidores implica la producción de nuevas angustias y temores. Por ello en la actualidad el motor del consumismo, no es el goce en la búsqueda de un deseo imposible, sino la ilusión de encontrar un objeto-mercancía que obture nuestro desvalimiento originario, ya que se repite en la búsqueda de poder resolver lo que quedó inacabado en nuestra estructura psíquica en tanto sujetos finitos y que la actualidad de la cultura lo pone en evidencia.

En este sentido queremos destacar el pasaje de una sociedad de consumo al consumismo donde la alienación se transforma en una adicción lo cual determina la particularidad de la corposubjetivación en el capitalismo tardío. Veamos su funcionamiento. El capitalismo mundializado necesita para su reproducción de una sociedad que se sostenga en el consumismo. Esto lleva a la hegemonía de los valores simbólicos de una cultura donde aparece que la plenitud del consumidor significa la plenitud de la vida. Compro, luego existo; caso contrario me transformo en un excluido social. Es así como el consumo, como eje de la corposubjetivación y de las formas de identificación de la singularidad conlleva a interiorizar el sometimiento. Su resultado son los síntomas característicos de nuestra época, donde la depresión y la adicción ocupan un lugar destacado.

Enrique Carpintero
revista Topía

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Editorial revista Topía nº79 Abril/2017

fuente: https://www.topia.com.ar/articulos/consumismo-domestica-al-sujeto-traves-mercancias

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