Tráfico de órganos para transplantes

China, fuente de divisas del Estado

Hacia fines de los ’80, cuando la transformación de la definición clínica y judicial de muerte, –de cardiaca a cerebral– coincidió sospechosamente con el auge de técnicas para el transplante de órganos, y la opinión pública fue alertada por reiteradas denuncias del comercio de órganos, hubo intelectuales e instituciones que se pretenden de alta confiabilidad que salieron a la palestra a frenar tales sentimientos y sospechas, que en Argentina se expresaron con la mayor intensidad cuando la desaparición, ya en “plena democracia”, de la psiquiatra Cecilia Giubileo. (1)

Así, tuvimos que leer a “referentes” de la progresía porteña, explicando que el miedo a presuntos transplantes ilegales de órganos provenía de un ancestro de ignorancia y miedo, anclado en capas bajas. Eva Giberti nos hablaba de “mitos colectivos universales” que moldean el pensamiento de “esa gente hambreada, deprimida, sin trabajo” de la cual no podríamos esperar “exigirse a sí misma un esfuerzo crítico extra” y Jorge Halperin sostenía tranquilizadoramente que ”la gente es un medio de comunicación: crea y difunde noticias incluso de cosas que no han sucedido”.

Si podíamos apenarnos por tanta suficiencia intelectual que velaba la visión de un problema, ¿qué decir de comunicados como el emitido por el United States Information Service (USIS), que aseguraba, no las “verdades oficiales madeinUSA”, faltaba más, sino información objetiva, que lo de transplantes clandestinos, siguiendo las leyes del “mercado”, era un infundio… de los comunistas. Magdalena Ruiz Guiñazu se encargaba de difundirlo.

Poco después, la realidad se iba a encargar de dar un rotundo mentís a las negativas del USIS, Giberti, Halperin, Ruiz Guiñazu y tantos otros, cuando se reveló la venta legal, por vía electrónica, de riñones en Gran Bretaña, por ejemplo, donde por otra parte, toda una corriente de médicos la defendía, porque consideraban que la ilegalización del mercado de transplantes podría generar situaciones más sórdidas todavía. (2)

A fines de los ‘80 abordamos aquel cambio de definiciones sobre la muerte humana, señalando hechos tan llamativos como el incendio del CUCAI, antecesor del actual órgano público argentino que regula las ablaciones de órganos, el INCUCAI (3). Y en futuros tratamos de acercarnos a la verdad con menos soberbia intelectual que los “desmentidores” oficiales del tráfico de órganos. (4)
Y bien: la realidad nos alcanzó hace rato.

Un informe de Amnesty International revela precisamente que el gobierno taiwanés “en octubre de 1990 […] había aprobado una legislación que permitía […] la extracción de órganos del preso.” (comunicado del 17/7/1992). Las críticas públicas e internacionales arreciaron entonces y en 1991 “La Sociedad Neurológica de la República de China ha declarado oficialmente que la muerte de la base del cerebro no se decidirá en los presos ejecutados aunque éstos accedan a donar sus órganos […] ya no tenemos donantes de órganos entre los presos ejecutados.” (5)

AI ha aclarado, sin embargo, en el mismo informe, que otras autoridades médicas taiwanesas, como el Hospital Universitario, no han hecho referencia alguna a tal abandono en sus respectivas respuestas a las demandas de AI.

Con toda lógica, AI temía al “riesgo de que la presión para utilizar los órganos de un preso pudiera afectar a la fecha de una sentencia de muerte o al resultado de la apelación de un preso, y el riesgo de que los presos condenados a muerte se convirtieran en una fuente de órganos admitida, impidiendo así la reforma o la abolición de las leyes de la pena de muerte.”

El escándalo del uso de los cuerpos de los presos condenados a muerte en la China anticomunista no alcanzó los ribetes que cada vez más conocemos por el uso de los cuerpos de los presos y condenados a muerte en la otra, en la China declaradamente comunista, que ha ingresado a la globalización hipercapitalista por la puerta mayor.

Ante estas atrocidades ya no tenemos solamente a AI denunciándolas sino a toda una cohorte de instituciones estadounidenses y europeas que las condenan.
Existen datos sobre extracción de órganos a población carcelaria de la China “socialista” que AI publicó en la misma época precisamente en que se consignaron métodos similares en Taiwan (la China “prooccidental”).
“Aumento sin precedentes de las sentencias de muerte y las ejecuciones desde septiembre de 1993”, consignaba un informe de AI de aquel entonces.

La situación no sólo no ha amenguado sino que ha recrudecido, como se desprende de nuevos informes de AI. Hemos tenido acceso a uno de 2005, cuando se observó una enorme oferta de órganos para transplante en diversas ciudades chinas, como Shenyang. Órganos que en casi todas partes demandan meses o años de espera, el peculiar sistema de provisión de órganos chino permitía obtenerlos en semanas o días.
El comercio internacional floreció. Las divisas para China también.

Las autoridades médicas chinas se ufanan de que transplantan órganos vivos y no de personas (recién) muertas. La diferencia es sustancial porque la experiencia médica parece revelar que los transplantados con órganos retirados de cuerpos muertos tienen una sobrevida corta. Transcribimos un diálogo ilustrativo: “Aunque se consiga el órgano, el destinatario del riñón no vivirá más de dos o tres años. ¿Esto es exacto?
Respuesta: A menudo nos plantean tales cuestiones. Pero por favor, esté seguro que este plazo se aplica a transplantes de riñón donde el órgano proviene de una persona cuyo cerebro murió. Ese injerto ha sido realizado en Japón. Los transplantes de riñón efectuados en China provienen de un donante vivo. El resultado es completamente diferente de lo que usted ha oído en los hospitales o en los centros japoneses de diálisis. Desde que China comenzó el trasplante de órganos vivos hace veinte años, los médicos han practicado 5.000 transplantes de riñón (Ouyang Fei, “¿Qué se esconde detrás de los “Anuncios de órganos vivos” del Centro de transplantes de órganos de Shenyang?”, www.es.clearharmony.net/articles/200604/7870.html (6)

Aquellas lógicas preocupaciones de AI sobre la influencia en el destino de los prisioneros y de sus ejecuciones se renuevan y agigantan dado el ritmo, la intensidad y la frecuencia de las ejecuciones en la República Popular China. (7)

El gobierno de la “dictadura proletaria” china acaba de prohibir el comercio ilegal de órganos, agosto de 2007. Lo cual está muy lejos de significar que se aquiete o mengüe el comercio legal de órganos. Sencillamente las autoridades son las que llevarán adelante la actividad, la consecución de divisas. Según la BBC en un informe sobre el tema, “la industria del transplante de órganos se ha convertido en un gran negocio”. Otros investigadores señalan además la predilección de las autoridades chinas de matar dos pájaros de un tiro: extraer órganos de presos, miembros del Falun Gong, una suerte de secta o grupo ajeno al Partido Comunista, y hacer pingües negocios proveyendo de órganos a extranjeros que pagan fuertes sumas por ellos, máxime con las garantías de calidad que se le ofrecen.
Los formularios que el candidato a comprar tales órganos llena, lo dicen claramente: “De acuerdo con la ley china, la víscera será provista por hospitales públicos”, nos informa el China International Organ Transplant Center.

Si cabía sospechar un sesgo en el dictado de penas de muerte al estar éstas vinculadas con intereses extrajudiciales como la necesidad o la venta de un órgano, imaginemos ¿qué puede pasar cuando el negoción de la venta de órganos descansa sobre “enemigos del partido” o “del estado chino”, disidentes pertenecientes a una red que el gobierno combate ideológica y socialmente? Socialmente, porque los cultores del Falun Gong, practicantes de taichi-chuan y de disciplinas de mejoramiento personal y de vieja sabiduría china, se fueron haciendo muy populares en las calles chinas, al punto que algunos estiman que pasaron a ser más numerosos que los “camaradas” del partido gobernante.

Las dos Chinas, y los numerosos clientes, australianos, japoneses, israelíes, estadounidenses que se aprovechan de aquellas actividades “médicas” nos están dando el alcance del tristemente célebre tráfico de órganos, por lo visto mucho más carnal que mera imaginería de pobres y leyenda urbana de afiebrados.

Y nos queda retumbando en la cabeza…¿por qué ha “prosperado” en territorios chinos semejante actividad, tan atroz? En “una” China, ya bastaba para el horror, pero en “las dos”, con signos ideológicos tan diversos…

Luis E. Sabini Fernandez
luigi14@gmail.com

notas:
1) En 1985 en la otrora célebre devenida tenebrosa “Colonia Montes de Oca” u Open Doors se pudo rastrear a partir de dicha desaparición un comercio clandestino de córneas y de rufianismo con las internadas, deficientes psíquicas, es decir el aprovechamiento sexual, comercial e industrial de pacientes que no podían testimoniar. Su director fue encarcelado y allí murió sin revelar un ápice de los entretelones de la “Colonia”.
2) Jeremy Laurance, “Shortage of kidney and liver donors creates new international transplant trail [La escasez de donantes de riñones e hígados para transplantes crea un mercado internacional en la materia]”, <independent.co.uk> febr. 2004.
3) “Fábrica de repuestos busca urgente cuerpos humanos”, Crisis, 3ª. época, no 69, Buenos Aires, abril 1989.
4) “Tráfico de órganos: ¿leyenda imposible o mercantilización más que posible?”, futuros, no 6, verano-otoño 2004.
5) AI, ASA 38/11/91 T, ASA 38/04/92 y 38/005/1992.
6) Cfr. El comercio infame: capitalismo milenarista, valores humanos y justicia global en el tráfico de órganos de Nancy Scheper-Hughes, Department of Anthropology. University of California, 2004.
7) China tiene el triste privilegio de ser el estado que ejecuta más condenados a muerte por unidad de tiempo. Pero en una proporción mucho mayor a su población, la mayor del planeta. AI estima que en China se ejecuta muchísimo más que en todo el resto del mundo (junto). Las estimaciones van entre mil y diez mil ejecutados al año. El gobierno del PCCh señala que promete acompasarse a la teoría contemporánea dominante de reducir las condenas de muerte sólo a delitos gravísimos. La sola formulación de tal promesa deja entrever a quiénes y a cuántos han asesinado hasta ahora.

artículo publicado en Revista futuros nº11 (2008)
www.revistafuturos.com.ar

Tráfico de órganos

¿Leyenda imposible o mercantilización más que posible?

Acerca de la sensatez de los que saben

Frente al tráfico de órganos, es decir a la compraventa, generalmente bajo cuerda, dos actitudes opuestas, francamente contradictorias, se han ido presentando durante los últimos años. Que existe. Que no. En nuestras latitudes, esta última se ha presentado con una altísima racionalidad.
El último informe de la Unión Europea, que acaba de publicarse y con el cual el confiable, profesional y crítico The Independent, de Londres, acaba de hacer un resumen sobrecogedor, no hace sino zanjar una vez más el conflicto entre aquellas dos actitudes a que hacíamos referencia inicial.

Sin embargo, por la relevancia o prestigio de los negadores o escépticos, vale la pena rever su interpretación, la racional, que ha sido además, la actitud más generalizada de los medios de incomunicación de masas, al menos en Buenos Aires.

La de visualizar el presunto carácter mítico de tales hechos. Una recurrencia típica de sectores humildes y poco documentados, fáciles de caer en ”estados de pánico” (el título de una nota de sociología de Jorge Halperín, Clarín, 30/5/1988). Pesadillas diurnas que hay que saber interpretar como emergentes de un estado de inseguridad social.

Halperín es altamente comprensivo de estos fenómenos: ”La gente es un medio de comunicación: crea y difunde noticias incluso de cosas que no han sucedido.” (ibid.)
Constituyen así, ”mitos colectivos universales”, nos proveyó de sabiduría, también en aquel entonces, Eva Giberti (Héctor Alí , Página12, 24/5/1988).

1988 resultó un año de recrudescencia de tales temores. Y allí, la prensa responsable y las instituciones correspondientes calmaron las aguas. Un jerarca policial le explicaba entonces al cronista de Página12: ”Queremos llevar una total y absoluta tranquilidad a la población porque este tipo de delitos son prácticamente imposibles.”
Eva Giberti también irradia comprensión desde su estatura intelectual: ”Es sin duda un gran esfuerzo para esa gente hambreada, deprimida, sin trabajo, exigirse a sí misma un esfuerzo crítico extra.” (ibid.)
La nota de Alí registraba que ”la especulación sensacionalista alienta el fantasma”.

¿Fundamento de la sensatez en qué confianza?

Sabemos que los fenómenos de paranoia colectiva, de noticias mediante ”el teléfono descompuesto” pertenecen a ese universo fantasmático al que hacían referencia todos los comentaristas citados. En el artículo glosado de Halperín, que visita muchas de las presuntas leyendas urbanas, es indudablemente cierto que muchas son falsas. (1)
Lo que resulta francamente llamativo de la actitud condescendiente de Alíes, Halperines o Gibertis es la base documentaria en que se apoyan con tanta certidumbre. Halperín, por ejemplo, comprueba la tozudez del bajo pueblo: ”No importa que la Policía, el Parlamento, las clínicas que hacen transplantes y otras instituciones [sacrosantas, también, me imagino] desmientan la versión.” (ibid.). Y Alí, por su parte, aclara categóricamente¨”Funcionarios y especialistas desmienten categóricamente la existencia de un supuesto mercado negro de órganos infantiles.” ¿Está claro?

En una nota radial Magdalena Ruiz Guiñazu también salió a combatir la superstición y el espanto injustificable y trajo la prueba documental de que no existía tal tráfico: un informe del United States Information Service (USIS), un aparato de seguridad de EE.UU. paralelo a la CIA (véase recuadro).

Para enterarnos que este tipo de suficiencia mental no es una exclusividad porteña, vale bien señalar la investigación del periodista sueco Jonny Sågänger quien en pleno menemismo, visitó la Argentina recabando datos para elucidar finalmente si el tráfico de órganos era una leyenda urbana o una sórdida realidad.

Este primer movimiento, como si fuera una investigación, nos podría hacer creer que Sågänger estaba un paso más adelante que los ya citados Halperín, Giberti, Alí, Ruiz Guiñazu. Pero tranquilicémonos. Quien esto escribe no conoce el punto de partida de tal investigación. Pero durante el capítulo argentino, la investigación (ya) no era tal: partía de la misma base ”filosófica” de nuestros conocidos; estaba convencido que enfrentaba una leyenda absurda. En Buenos Aires, entrevistará al ministro de Salud, a la sazón Quique Aráoz, quien [estuve presente] la asegurará categóricamente, con la palabra de honor de alguien que ha sido reiteradamente sindicado como estrecho colaborador de la dictadura militar, que no existía el tal tráfico.

Con semejantes ”incursiones de campo” el nórdico investigador no hacía sino ratificar lo que su perspicacia escéptica le había permitido conocer de antemano. Uno terminaba preguntándose a santo de qué tantos viajes (porque Sågänger tenía viáticos para recorrer varios países latinoamericanos, países ”candidatos” en el imaginario europeo-occidental a tales corporizaciones, reales o imaginarias). Vuelto a Suecia escribirá un libro, Organhandel [Comercio de órganos], en el que asienta su tesis concordante con las que hemos venido glosando: una leyenda urbana más.

No podía faltar la revista Noticias en esta recorrida por lo más granado de la progresía vernácula: en el 2000 por entre los mitos que expone, pasa revista a algunas verdaderas mentiras. El recopilador, Matías Loewy, incorpora el mito del riñón robado al joven que dormía después de una festichola. Aquí, quien nos tranquiliza es el director del INCUCAI (años atrás el CUCAI había sido disuelto tras un incendio en sus instalaciones que hizo desaparecer todos sus registros; con el colapso de ese primer centro o banco de órganos para transplantes, se habilitó el ahora vigente, con un nombre que procuró dar continuidad simbólica a lo que era también una continuidad institucional).

A tanta sensatez le falta… el nervio motor

Lo que nos dicen todos estos ponderados profetas del sentido común y la superioridad intelectual es que entre los pobres se gesta una mitología con la que transfieren al reinado atroz de los secuestros y muertes ante el altar de la novel –no tan novel (véase recuadro sobre comercio cadavérico)– cirugía de transplantes de órganos, sus propios miedos, impotencias, supersticiones.
La verdad, que sin embargo se ha ido abriendo paso, pese a dictámenes tan categóricos, parece más prosaica y menos imaginativa.

Una verdad que no se presenta atada a la construcción de imaginarios de gente sin recursos intelectuales ni a delirios de la miseria, sino más bien a la manipulación mercantil, al tráfico comercial, ése sí, a menudo apoyado precisamente en la miseria (para una parte del contrato, la débil) y en las necesidades vitales (para la otra parte, generalmente la poderosa). Si los medios de incomunicación de masas y hasta un periodismo de seudoinvestigación en lugar de invocar tantas autoridades, hicieran un análisis de situación, un análisis de los valores de nuestras sociedades podríamos haber estado sobreaviso desde hace bastante tiempo.

Desde el momento que hubo capacidad tecnológica para encarar estos transplantes. Desde ese mismo momento, habría sido extraño que no surgiera un comercio atroz, abusivo, en el mercado, en este caso médico. ¿Cuánto vale un órgano para un millonario del jet set de Los Ángeles que lo necesite? Algunas decenas de miles de dólares. Una bicoca.. ¿Cuánto vale la vida de algún pequeñín de San Pablo? A gatas el precio de la bala con que a menudo se los mata alegando ”higiene social”.

¿Qué impedimentos tendrían algunos VIP para quienes trabaja un ejército de empleados, asistentes, secretarios, guardaespaldas, servidores varios, si se viera necesitado de un riñón, una córnea, un hueso, una arteria para sí, para su amada esposa o el entrañable hijo con una afección dramática de desenlace fatal inminente?
Para quien su fortuna descansa en el mercado, también su valía descansa en el mercado. Su sentido de la vida descansa en el mercado. Para quien crea valer lo que tiene (o pueda tener en el mercado), la decisión es meridiana: adquiriría en el mercado la mercancía médica reparadora, salvadora, que necesita.

Si entendemos como funciona el mercado, la extrañeza se invierte: sería raro que no se hubiera generado un tráfico irregular. Sería algo así como si la represión del sistema fuera estrictamente legal, no existiera ni la ”zona liberada”, ni los acuerdos o arreglos entre delincuentes y quienes están encargados de combatirlos. Como si la administración pública no tuviera ñoquis, como si en los sistemas de conscripción, los ricos no compraran su exención y fueran al servicio militar o a la guerra del mismo modo exactamente que el resto de los mortales… sería casi como creer, el 6 de enero, en los Reyes Magos.

Los descargos de la intelectualidad ”sensata” que hemos venido glosando no se llevan del todo bien con los datos de la realidad. Halperín nos hablaba que esos estados de pánico se construían pese a la opinión del Parlamento en contra. No vamos a pretender que fuera profeta. Pero apenas cinco años después, en 1993, en el Parlamento argentino (Trámite Parlamentario, no 154) se prestaba oídos a una escalofriante investigación publicada por la BBC de Londres sobre tráfico de órganos de niños en varios países latinoamericanos. Los principales eran entonces: Guatemala, Honduras… y Argentina. La investigación distinguía entre tráfico de órganos de gente desaparecida y aquellos provenientes de extracciones de chicos con ”muerte cerebral”.

En este último caso el autor del informe, Bruce Harris, señalaba poca confiabilidad en los encefalogramas que servían para decretar la muerte cerebral.(2)
El proyecto de Diputados se refería también a la nunca aclarada desaparición de la médica Cecilia Giubileo en 1985 ”por su presunta investigación de tráfico de órganos en la Colonia Montes de Oca” (Mercedes, prov. de Buenos Aires). Al director de ese centro de internación psiquiátrico se le responsabilizó de haber comercializado cientos de córneas entre 1979 y 1985.
En 1995 se le retira el premio francés Albert Londres sobre periodismo de investigación a Marie Robin que había llevado adelante una investigación sobre tráfico de órganos. Es interesante consignar que la autora impugnada le atribuyó a nuestro ya conocido USIS la campaña de desprestigio que culminó en el retiro del premio.

En 1996 el New York Times denunció el tráfico de niños… en Paraguay (y aquí se hizo eco al menos Página12 (20/3/1996), que significativamente cruzó ese tema con el de tráfico de órganos que acabamos de mencionar.
Por esa misma época, la extraña muerte de un periodista francés, Xavier Gautier, dedicado a investigar el tráfico de órganos en la Bosnia desangrada por la agresión étnica, puso otra vez sobre el tapete el negado fantasma.
Volvemos a Argentina. En abril de 2000 se consignó públicamente que una clínica en Claypolé estaba complicada en el tráfico de bebes. Que se supuso con ramificaciones hasta en la provincia de Misiones: tráfico de bebes. Ya sería atroz para adopciones que se hacen sobre la base del despojo o la miseria de progenitores. Pero pensando en Misiones, hay que pensar en tráfico internacional de bebes. ¿Y si se tratara de tráfico de órganos en cuerpos vivos?

Lo atroz se hace casi inaguantable, inconcebible. Hannah Arendt, refiriéndose a las pesadillas de universos totalitarios, nos dice algo sobre el particular: ”Los hombres normales no saben que todo es posible, se niegan a creer en lo monstruoso […].” (Los orígenes del totalitarismo. 3, edic. Alianza, 1968, p. 567).
Tal vez esto explica porqué esa permanente desmentida al tráfico de órganos. Nadie niega la prostitución infantil, por otra parte, cada vez más masiva (y en donde el riesgo de muerte de ”el objeto sexual” es bien cierto). Ya se sabe, sin sombras de dudas, que existen ”grupos” y ”redes operativas” para semejante tráfico. Y se los reconoce. Tal vez porque los delitos vinculados con la prostitución aparecen más ”normales” o menos ”anormales”, que el incalificable tráfico de órganos.

Quince años más tarde, la aseveración de Halperín tuvo un nuevo mentís: ahora es el Parlamento Europeo el que toma cartas en el asunto: el tráfico se ha europeizado en estos últimos años: ”las redes […] están apuntando a países pobres europeos como Estonia, Bulgaria, Turquía, Georgia, Rusia, Rumania, Moldavia y Ucrania.” (Jeremy Lawrence, Página 12, 4/10/2003).

El informe explica las ventajas de los donantes vivos sobre los recién fallecidos (algo que ya se mencionó cuando el asesinato de Gautier; tráfico con cuerpos moribundos). Esa diferencia ”técnica” es decisiva para que un tipo de actividad como la del INCUCAI reciba una fuerte ”competencia” de lo que algunos apresurados han calificado como ”leyendas urbanas”.

Luis E. Sabini Fernández

notas:
1) Aunque se podría observar que algunas de tales leyendas bordea fuertemente una realidad que en 1988 parecía racionalmente impensable: Halperín se burla entonces de la leyenda urbana según la cual los bancos van a diezmar la plata de los ahorristas. Unos doce o trece años después, no la diezmaron pero la terciaron…
2) Que sustituyó al clásico concepto de muerte cardiaca, justamente cuando la técnica de preservación y trasplante de órganos se puso a punto.

Comercio cadavérico

El comercio de órganos es de larga data. Suecia, por ejemplo, obtiene una respetable cantidad de divisas que convierte en petróleo (del que carece) mediante la exportación de varios cientos de córneas al año a Egipto. Egipto es un país con un índice alto de ceguera. Suecia tiene una legislación muy permisiva respecto de la conservación de los cadáveres y en los hospitales no hay necesidad de consultar a los deudos para extraerle las córneas a los fallecidos aptos. Simbiosis perfecta. Así, la tecnología quirúrgica ha alcanzado un nivel de operatividad que le otorga a Suecia considerables divisas.

Pero dicho comercio tiene cierta potencialidad riesgosa. EE.UU. es un gran consumidor de cadáveres para sus salas universitarias de anatomía. Al parecer, dicho consumo no se ha satisfecho con una circulación interna. Por su parte, la India ha dispuesto desde tiempo inmemorial de una cantidad enorme de muertos jóvenes, cadáveres que en los servicios de capacitación y formación médica estadounidenses son altamente estimados. Otra simbiosis. La India exportó durante mucho tiempo cadáveres, cuerpos humanos anátomicamente aptos a EE.UU.

¿Qué mejor que dejar librado al mercado semejante juego de necesidades y disponibilidades? Seguramente será el consejo de algunos de nuestros inefables neo- o paleoliberales. Esa mano invisible que todo lo arregla. India exportaba cadáveres con fines científicos. Pero, ¿desde cuándo hubo necesidades y mercados ”naturales”? En la India no sólo mueren muchos jóvenes, también hay mucha gente (mil millones de habitantes). Y mucha gente pobre. Y mucha indocumentada. Y mucha sin recursos ni contactos (los ”adecuados”). A algún empresario se le ocurrió que no era suficiente esperar a los muertos para exportarlos. Y se decidió a producirlos. Hasta que, por algún traspié; algún muerto inadecuado, vaya uno a saber, o algún aduanero pesquisante y honesto, saltó el ”negocio”. Para cortar los asesinatos, el gobierno indio suspendió la necrofílica exportación.

Unites States Information Service. USIS.

¿Desmintiendo verdades?

Sale públicamente –algo que hace muy pero muy esporádicamente porque su labor permanente es más en las sombras–, a tranquilizar a ”la opinión pública” y a los medios de incomunicación de masas que le hacen el juego, desmintiendo toda posibilidad de tráfico de órganos.
Hay que volver a la fábula de Samaniego: si el mono critica malo, si el chancho aplaude, peor.
Si algo puede apuntar a la existencia de tan sórdida actividad humana es, no tanto las pesquisas siempre difíciles respecto de una actividad confidencial y oculta que por otra parte se entremezcla con las ”leyendas urbanas”, sino, precisamente, la falta total de lógica de que se pretenda que tal actividad NO puede existir. Sospechable desmentida.

En su momento (La Nación, 10/8/1988), el USIS acusó a la URSS de esa ”campaña de desinformación”. Ahora que no existe la URSS pero la cuestión está más presente que nunca, ¿será ”el enemigo musulmán” el que lleve adelante la ”campaña de desinformación”?
El mensaje del USIS resultó regocijante. Porque atribuía a la URSS cinco campañas, no sólo ésta. Y todas falsas, pretendía el USIS.
Repasemos las otras cuatro desmentidas que nos permitirá apreciar los quilates de veracidad de esta sí, instructiva campaña:
a) que EE.UU. estaba investigando armas étnicas. Para matar a no-blancos.
En 1995, con el levantamiento del carácter secreto que periódicamente tolera la administración de EE.UU., se pudo saber que tal investigación sí existió. Y en su transcurso, llegaron a matar a algún ser humano tratado como cobayo involuntario (dentro de población estadounidense inoculada con bacterias sin saberlo, por ejemplo en la bahía de San Francisco, y, sin muertes registradas, en la de Norfolk). Que las investigaciones reveladas no hayan llegado a obtener tales armas, es otro cantar.
b) Que EE.UU. desarrolla armas biológicas.
No sólo es cierto y, entrado el siglo XXI, sabido hasta por el periodismo más cómplice, sino que además EE.UU. es uno de los poquísimos estados que se ha negado a cualquier tratado internacional de abolición de tales armas.
c) Que la CIA participó de la matanza de la secta de Jim Jones en Guyana.
Lo que sí se conoce públicamente es que todo el funesto episodio de los ochocientos suicidios o más bien suicidados, empezó en el aeropuerto guyanés donde desembarcaran agentes de ”seguridad” de EE.UU. recibidos a tiros por sectarios.
d) Que EE.UU., sus fuerzas de ”seguridad”, estaban envueltos en asesinatos de palestinos…¿alguien que dudara de ello en 1988, puede hacerlo en el 2003? En Israel, cuesta distinguir entre el Mossad y la CIA, tal es el grado de entrelazamiento de los regímenes establecidos en EE.UU. e Israel.

artículo publicado en revista futuros nº6 (2004) www.revistafuturos.com.ar

Análisis de la película Pontypool

Advertencia: la entrada puede contener detalles sobre el argumento.

“Norman Mailer tiene una teoría la cual utilizaba para justificar las casualidades ocurridas el día del asesinato de JFK: en el despertar de los grandes eventos tanto antes como después detalles físicos sufren espasmos por un momento se separan y cuando retoman su estado normal todos estos coinciden en una forma inusual. Nombres, cumpleaños, segundos nombres, cosas superfluas coinciden entre sí. Es ‘el efecto de onda’ Bien, ¿qué significa?, significa que algo sucederá, algo importante. Pero sabemos que siempre hay algo que está a punto de suceder”. Grant Mazzy

Hoy ingresa en la sección películas malditas un gran largometraje que con “Carriers”, “Vals con Bashir” o “Déjame entrar” sean de las obras maestras que hemos podido ver el año pasado, hablo nada más y nada menos que del filme canadiense “PONTYPOOL” de Bruce McDonald. Esta película no ha sido comprada por ningún distribuidor tras su paso por la pasada edición del Festival de Sitges (2009), donde recibió más que una cálida acogida, y donde surgieron multitud de seguidores. Creo que estamos ante toda una obra de culto. Tony Burgess  se encarga de adaptar sobre su propia novela llamada “Pontypool Changes Everything” para generar una ficción distópica que le sirve para hablar de sus temores sobre la sociedad actual.

Para ello nos sumerge en un claustrofóbico universo del interior de una emisora local de radio CLSY 660, donde Sydney Briar es productora de un talk show matutino presentado por la estrella en horas bajas Grant Mazzy. Ambos son como el perro y el gato hasta que la situación en el exterior de la emisora haga su relación cambie. Os parecerá un inicio un tanto insulso pero realmente esconde una maravillosa película, imprescindible para todo aquel que se llame a sí mismo cinéfilo. No había visto nada igual desde el impresionante arranque del largometraje de Lars Von Trier “Europa”. Ambos están a la misma altura, son igual de hipnóticos e inquietantes.

Títulos de créditos iniciales

Como ya hiciera con los títulos de crédito de “ALIEN”, vamos a analizarlos para ver qué esconden. En su secuencia inicial Bruce McDonald nos plantea la tesis del largometraje de una forma muy curiosa. Para ello mezcla la fascinante banda sonora creada por Claude Foisy, a partir de sobria y minimalista programación creada con sintetizadores, y la increíble voz del actor Stephen McHattie que da vida al presentador Mazzy Grant. Entre ambos se sientan las bases de todo lo que el espectador verá a continuación, es decir, las letras, las palabras, el lenguaje, la comprensión y la el juego entre significados y significantes. Los primeros hallazgos de maestría los tenemos en cómo nos muestran el nombre de la película. De una forma totalmente intencionada el director comienza a darnos más pistas sobre el diálogo declamado en ese mismo instante, y así establece un curioso juego con el espectador y así iremos leyendo lo siguiente…

Pontypool- Títulos de créditos iniciales

“P” pero esta letra pronunciada en inglés suena “pi”, luego puede tener dos significados, en primer lugar el número “pi” o también la letra “p”.
Lo siguiente que leemos es “TYPO” que significa “Error tipográfico”.
Pero enseguida el espectador puede leer lo siguiente “O  TYPOO” que realmente es un error tipográfico porque typo se escribe con una sola letra O, pero además viene a ser un juego por el que manifiestan su sorpresa ante el error tipográfico, Oh!, que a su vez es otro error. Lo siguiente que nos aguarda es “ONTYPOO” que podríamos traducir como “sobre el error tipográfico” o “en el error tipográfico”. El siguiente mensaje es “ONTYPOOL” que vienen a ser tres palabras “ON-TY-POOL” que podemos traducir como “té en la piscina” porque “ty” se pronuncia igual que “tea”.
Para acabar mostrando el nombre de la localidad donde todos los extraños acontecimientos vana  tener lugar, hablo obviamente de “Pontypool” Y con una transición para adentrarnos en el gélido amanecer de esta peculiar e imaginaria localidad canadiense. Este párrafo esconde en sí mismo la misma tesis que la película, y que para el lector de este análisis cobrará mayor sentido tras el visionado del filme.

Un largometraje psicológico

El argumento realmente versa sobre el uso del lenguaje, el significado de las palabras, de cómo las alteramos y cómo deterioramos su significado hasta hacérselo perder del todo. Es ahí donde los personajes encontrarán una salida a su problema. Pero también de la incomprensión en la que vivimos en la sociedad actual, en la que todos hablamos y escuchamos pero en la que nadie acaba por entenderse. Donde hacemos prevalecer nuestros intereses personales sobre los de los demás. De este modo el espectador asistirá impasible a un espectáculo donde el uso del lenguaje nos hace prisioneros a pesar de los postulados del personaje principal.

Con tres breves pinceladas nos describe a los personajes principales. Estamos ante un presentador en decadencia, alcohólico, que acaba de despedir a su representante y que tendrá que encarar la peor jornada laboral de su vida en la CLSY 660. A lo largo del programa iremos viendo como usa subterfugios lingüísticos para poder justificar sus injustas acciones, y será en este momento donde la directora del canal de radio le enfrente a la realidad y sea su espejo. Así el cristal de la cabina donde Grant hace su programa diario se convierte en un eje de simetría y en un lado estará ambos contendientes, por un lado Grant y por otro la productora del programa matutino Sidney Bryar. Y el personaje que hace de bisagra entre ambos, es la joven Laurel-Ann Drummond, que interpreta a la técnico de sonido que acaba de llegar de la guerra de Afganistán, y que trata de que las cosas continúen su curso de una forma suave.

Pero también posee más cargas de profundidad porque habla de la manipulación de los medios de comunicación al reinventar la realidad, el día a día. Donde algunos  personajes no son lo que parecen o no están donde dicen hallarse. Que para algunos eso puede tratarse como un homenaje a lo que nuestros mayores decían que era “la magia de la radio”, pero en realidad habla de la manipulación de los hechos porque en cierta media los está reinventado.

Este valiente largometraje en un tour de force nos adentrará en dónde residen los límites de la libertad de expresión, dejando este tema abierto para que tras el visionado el público pueda debatir sobre estos aspectos, y otros más como lo que es una noticia relevante o pertinente a diferencia de lo que es un mero chisme o cotilleo. Inclusive, si es lícito lanzar una noticia sin haberla contrastado antes, y lo que puede tener más delito en ese caso, introducir comentarios editorialistas irónicos con los supuestos protagonistas del hecho noticiable convirtiéndolos en protagonistas de un enorme chiste. Así el guionista juega su gran baza con el personaje del presentador, y será a través de sus ojos cuando contemplemos el enorme problema de consecuencias no ya catastróficas sino apocalípticas.

Para un espectador europeo será exótico ver cómo los presentadores de radio norteamericanos establecen curiosas relaciones con sus audiencias, donde estos se erigen en guardianes de la libertad de expresión y amparándose en ellas, realizan todo tipo de críticas, justificadas o no, y dan rienda suelta a sus sermones propagandísticos. Pero hay un último detalle importante que es la forma en la que nos muestra la gran magia de un medio de comunicación de masas como es la radio, me refiero a que puedes hacer creer a tu audiencia que estás en cualquier punto del globo terráqueo y todos han de creerte, porque nadie te ve realmente. Y si encima aderezas el “engaño” poniendo efectos de sonido, bien puede parecer que vas en el interior de un helicóptero a pesar de que estés en el interior de una camioneta Dodge en lo alto de una colina.

Narrativa fílmica

Bruce McDonald abusa intencionadamente de los primeros planos a lo largo de todo el film. Las razones son varias. La primera es que estamos ante un relato absolutamente claustrofóbico. Una vez ubicados en el escenario realiza un montaje a partir de primeros y primerísimos planos, donde los detalles son exhaustivos. Pero la narración no se hace monótona al mover la cámara. Los dos recursos más usados por el director canadiense son las panorámicas y los zooms. La manipulación del lenguaje y de la palabra queda resaltada con el manejo del sonido, introduciendo efectos de sonido donde las palabras acaban resonando en un eco en un espacio totalmente abierto, y donde este fenómeno físico sería totalmente inverosímil.

Uno de los grandes aciertos es narrar todo desde el punto de vista de los miembros de la emisora, así pues el exterior entra a través de conexiones telefónicas, con lo que una vez más deja en manos de la imaginación del oyente y del espectador de la película que recree los hechos que va narrando el personaje de Ken Lonney desde su helicóptero “Sunshine”. O también de lo que pueden escuchar en la emisora de radio de la policía, las llamadas de teléfonos móviles o de lo que pueden leer en Internet. Es justo en esos momentos donde los efectos de sonido, los silencios y las programaciones de Claude Foisy cobran especial relevancia y su auténtico protagonismo haciendo de este maravilloso largometraje toda una joya artesanal, creada pieza a pieza, en la que todo acaba encajando.

Pero donde uno ya aprecia el enorme talento como director de Bruce McDonald es en la gran compenetración que tiene con su director de fotografía Miroslaw Baszak. Primero he de introducir un concepto de fotografía llamado profundidad de campo, que según la Wikipedia es el espacio por delante y por detrás del plano enfocado, comprendido entre el primer y el último punto apreciablemente nítido reproducidos en el mismo plano de enfoque. Bien, eso nos lleva a que ambos planifican el encuadre, dentro del mismo plano podemos tener un personaje enfocado u otro, destacando su gestualidad. Mirad estos dos planos de la misma escena donde McDonald y Baszak  juegan con la profundidad de campo, eso lleva aparejado planear cuidadosamente la puesta en escena y los diálogos, darle  la luz adecuada, para reducirlo, así genera momentos de gran tensión dramática cargados de mucho suspense y de actuaciones muy naturales por parte de los actores. Así apreciamos el talento de estos profesionales, que resuelve las cosas con mucha imaginación, al construir un relato de máxima tensión con los pocos elementos que tiene a su alcance.

Humor fino y otras curiosidades

Es soberbio por ejemplo el particular homenaje que realiza el guionista a uno de los mayores realizadores hablo nada más y nada menos que del director británico David Lean. Así el grupo musical que acude a la radio para ser entrevistado se llaman “Lawrence and the Arabians”, aludiendo al escarizado film Lawrence de Arabia protagonizado por Peter O’Toole. De esa manera el humor irrumpe y rompe la línea dramática para dar un respiro al espectador. Pero este homenaje esconde algo más, ninguno  de los integrantes son árabes, y todos van maquillados de forma estrambótica, de esta forma construye la escena como si se tratara de un scketch de los Monty Python, interpretando a capella una canción llamada “The Nefud desert” y es en ese momento donde aparece el guionista del largometraje Tony Burgess, dando vida a Lawrence.

La genialidad del guionista de la película se aprecia al introducirnos en un universo absolutamente orwelliano. George Orwell entre 1947 y 1948 escribe una de sus novelas más famosas, hablo de “1984”, editada en España por la Editorial Planeta. En una de sus múltiples líneas argumentales está la de cómo se puede acceder al cerebro de una multitud para manipularles y persuadirles a través de la neolengua o nuevahabla, en inglés “newspeak”. Porque la palabra se altera y pierde su significado. Se trata de una perversión del lenguaje y del significado de las palabras, así el emisor del mensaje necesita menos variedad de palabras para expresar una idea. Una variante de ello lo vivimos en la actualidad sin ir más lejos cuando en los telediarios o en los periódicos podemos leer “daños colaterales” para referirse a la cantidad de civiles muertos por ejemplo durante la última guerra de Irak.

En el caso de “Pontypool” Burgess juega con el concepto de contagio. A diferencia de “28 días después” de Danny Boyle en el que la ira se contagia a través de la sangre, aquí es a través de la lengua, lenguaje y la comprensión de la palabra. A diferencia de otra película maldita llamada “The signal” que pudimos ver en una de las muestras Scifi dirigida en comandita en 2007 por David Bruckner, Dan Bush y Jacob Gentry, en el que el vehículo es otro medio de comunicación de masas, la televisión. Pero el resultado es el mismo, el receptor del mensaje al escucharlo comienza  atener impulsos agresivos. Mientras que en el filme de McDonald es la palabra enunciada que al comprenderla y asimilarla se contagia y a partir de ese momento siente unos deseos irrefrenables de comerse a sus congéneres y de matarles.

Así llegamos a otra referencia literaria, en este caso del escritor norteamericano William Burroughs dijo que “el lenguaje es un virus que vino del espacio exterior” en su novela “El billete que explotó” editada en España por la Editorial Minotauro, donde explora la idea de que la palabra es una entidad en sí misma capaz de alienar al individuo. Pero sin duda el espectador al finalizar el metraje no podrá evitar acordarse de la figura del actor y realizador norteamericano, Orson Welles y en su Mercury Theatre. Concretamente a la mítica retransmisión de “La guerra de los mundos” por la CBS el 30 de octubre de 1938, con la que consiguió sembrar el pánico extendiéndose como el virus de la película.

Otras emisoras y locutores de radio

Bruce McDonald a diferencia de otros directores consigue no salirse en ningún momento de la emisora de radio, y consigue mantener la atención del espectador, no llegando a aburrirle en ningún momento. Pero en la filmoteca hay otros largometrajes que se centran en el maravilloso y mágico mundo de la radio, que sólo los que hemos trabajado años en ese medio sabemos sus potenciales y hasta donde llega su poder.

En la cinematografía española tenemos dos películas que giran en torno a la figura de este medio de comunicación. En primer lugar tenemos un filme firmado por José Luis Sáenz de Heredia en 1955 titulado “Historias de la radio” en la que nos introducía en este particular mundo a través de tres historias basadas en los concursos radiofónicos, todas ellas entrelazadas a través del locutor Gabriel y su prometida. Tendremos que esperar hasta 1978 para que el escarizado José Luis Garci dirigiera el que sería el largometraje estandarte del cine realizado durante la transición, hablo de “Solos en la madrugada” En este caso partió de un guión firmado por el propio realizador y que nos adentraba en la vida de un locutor de radio nocturno llamado José Miguel García Carande interpretado por José Sacristán, que atraviesa una crisis sentimental y además intenta superar sus problemas generacionales. Los de mi generación recordamos esta cinta por otros motivos, sobre todo porque fue una de las primeras oportunidades de ver un seno femenino en pantalla grande.

En 1971, el actor y director Clint Eastwood construyó un thriller con tres elementos básicos la radio, la noche y los asesinos en serie, se llamaba ”Escalofrío en la noche“. Para muchos es una obra menor, para otros esconde muchas de las claves de lo que sería su cine a caballo entre lo artesanal e industrial, entre lo personal y  lo manufacturado. Patillas, pantalones de campana, mucho jazz y sobre todo, quién no recuerda con ansiedad esta imagen.

En 1987, Barry Levinson dirige una de las más recordadas por toda la comunidad cinéfila, hablo de “Good Morning, Vietnam” que nos adentra en la vida de un Dj llamado Adrian Cronauer, interpretado con soltura por Robin Williams, de la emisora de las fuerzas armadas estadounidenses destacadas en Saigón durante la guerra de Vietnam que trata a diario de levantar la moral a las tropas. Pero en este caso no consigue mantener la atención del respetable y tiene que salir de la emisora para mantener viva la acción.

Lo mismo le pasa a Oliver Stone en “Hablando con la muerte” realizada en 1988. El guión corrió a cargo del propio director y de su actor principal, Eric Bogosian que se alzó en el Festival de Berlín con el oso de plata a la mejor interpretación masculina en la edición de 1989. Bogosian interpretaba a Barry Champlain, un cínico y cruel presentador de un programa de radio nocturno de gran audiencia en Dallas, que se caracterizaba por tener una personalidad un tanto voluble, a veces simpático, pero en otras odioso, llegando incluso a recibir amenazas por sus afirmaciones y opiniones claras y contundentes.

En 2007, y en la misma línea abierta por Oliver Stone, la directora norteamericana Kasi Lemmons levantó otro proyecto maldito llamado “Talk to Me”, lo digo porque este filme no se llegó a estrenar nunca en España y desconozco si salió incluso al mercado de DVD. Esta vez estamos ante un largometraje inspirados en hechos reales y es el gran actor afroamericano Don Cheadle  el encargado de meterse en la piel de un Dj un tanto radical de una emisora de radio privada llamado Petey Greene Jr., que usa su programa para desarrollar su activismo social. En este caso al igual que Levinson sus guionistas Rick Famuyiwa y Michael Genet  no saben resolver la ecuación porque aunque son escasas acaban abandonando la localización principal para salir a exteriores para seguir desarrollando la historia.

Uno de los últimos títulos es la comedia británica ”Radio encubierta” donde Richard Curtis reunía a un gran elenco de actores al igual que lo hiciera en su anterior filme “Love actually”, así Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Kenneth Branagh  pasaban por una radio pirata en alta mar repleta de sexo, drogas y rock&roll, rencillas, amistad, por no hablar de fuertes dosis de nostalgia del swing de los 60 y un cierto toque de comedia romántica.

fuente www.videodromo.wordpress.com

PONTYPOOL
Direcciónr: Bruce McDonald
Guión: Tony Burgess
Año: 2008
Duración: 85 minutos.
Mas sobre la película www.filmaffinity.com/es/film580839.html

Ahora somos verdes

Aunque no lo creas, en los tiempos del abuelo, muchas personas torturaban a los canarios encerrándolos en pequeñas jaulas que colgaban en sus propias casas. Otros mataban a piedrazos a los pajaritos, tirándoles con una honda, porque sí, por desprecio, simplemente. Claro que en la misma época, los chicos jugaban libres y sin temor con sus pelotas y bicicletas en las calles de los barrios que parecían el patio común de todos los vecinos.

Eso era antes, mucho antes de nuestros tiempos, en que respetamos y cuidamos a los pájaros que ahora se mueven entre nosotros libres y sin temor, mientras algunos encierran a los chicos en las jaulas de sus propias casas, sin bicicletas ni patios y hay quienes los matan en las calles de los barrios, porque sí , por desprecio, simplemente.

Walter Rago

fuente: revista futuros nº 13
www.revistafuturos.com.ar

La ley no es pacificación. Es guerra debajo de la paz

“La ley no es pacificación, puesto que debajo de ella la guerra continúa causando estragos en todos los mecanismos de poder, aun los más regulares. La guerra es el motor de las instituciones y el orden: la paz hace sordamente la guerra hasta en el más mínimo de los engranajes. En otras palabras, hay que descifrar la guerra debajo de la paz: aquélla es la cifra misma de ésta. Así pues, estamos en guerra unos contra otros; un frente de batalla atraviesa toda la sociedad, continua y permanentemente, y sitúa a cada uno en un campo o en el otro. No hay sujeto neutral. Siempre se es, forzosamente, el adversario de alguien” Michel Foucault (1976)

Frase con imagen en PDF

Y la guerra apenas ha comenzado

A los niños perdidos

En el gran cuerpo social del Imperio, en el gran cuerpo social del Imperio que tiene la consistencia y la inercia de una medusa varada, en el gran cuerpo social del Imperio que es como una enorme medusa varada con toda su redondez sobre toda la redondez de la Tierra, se han plantado electrodos, centenares, miles de electrodos, un número increíble de electrodos.

De tipos tan diversos que incluso ya los hay que ni parecen electrodos.

Esta el electrodo Tele, por supuesto, pero también el electrodo. Dinero, el electrodo Farmacéutica y el electrodo. La jovencita es un agente de animación en la gestión dictatorial de los placeres” “La jovencita es toda la realidad de los códigos abstractos del espectáculo” “La jovencita es una mentira de la que el rostro es el apogeo”

“La jovencita muchas veces padece de vértigo, cuando el mundo deja de girar a su alrededor” “Como el dinero, la jovencita es equivalente sólo a ella misma”

“La jovencita no envejece, se descompone”

Por medio de estos miles, estos millones de electrodos, de naturaleza tan diversa que he renunciado a contarlos, se mantiene el encefalograma plano de la metrópolis imperial.

Por estos canales, imperceptibles para la mayoría, se emiten sin pausa las informaciones, los cambios de ánimo, los afectos y contra-afectos susceptibles de prolongar el sueño universal. Y notad que paso por alto todos los dispositivos de captura agregados a estos electrodos, sobre todo periodistas, sociólogos, policías, intelectuales, profesores y demás agentes de un incomprensible voluntariado al que se le ha delegado la tarea de orientar la actividad de los electrodos.

Es conveniente mantener un cierto nivel de angustia con el fin de preservar la disponibilidad general a la regresión, el gusto por la dependencia.

No por casualidad se difunde en el momento oportuno tal o cual sentimiento de terror, de conformismo o de amenaza. Nadie debe librarse de esta posición infantil de pasividad hastiada o pendenciera, de saciedad entumecida o de reivindicación quejosa que produce el malvado murmullo de la incubadora imperial.

Se dice “el tiempo de los héroes ha pasado”, con la esperanza de enterrar junto a él toda forma de heroísmo. El sueño de la época no es el buen sueño que procura el descanso, sino más bien un sueño angustiado que os deja más exhaustos todavía, deseosos solamente de volver a él para alejaros un poco más de la irritante realidad. Es la anestesia que requiere una anestesia aún más profunda.

Aquellos que por suerte o por desgracia se sustraen al sueño prescrito, nacen a este mundo como niños perdidos.

¿Dónde están las palabras, dónde la casa, dónde mis antepasados, dónde están mis amores, dónde mis amigos? No existen, mi niño. Todo está por construir. Debes construir la lengua que habitarás y debes encontrar los antepasados que te hagan más libre. Debes construir la casa donde ya no vivirás solo. Y debes construir la nueva educación sentimental mediante la que amarás de nuevo. Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general, porque los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen.

Aquí prevalece la regla de no-actuar, que se expresa así: la fecundidad de la acción verdadera reside en el interior de ella misma; podría decirlo de otro modo, podría decir: la acción verdadera no es un proyecto que uno realiza, sino un proceso al cual uno se abandona.

Quien actúa, actúa hoy como niño perdido.

La errancia gobierna este abandono. Vagamos. Vagamos entre las ruinas de la civilización; y precisamente porque se encuentra en ruinas, no nos será dada la posibilidad de enfrentarla. Es una guerra bien curiosa esta en la que nos hallamos comprometidos. Una guerra que requiere que se creen mundos y lenguajes, que se abran y ofrezcan lugares, que se constituyan hogares, en medio del desastre.

Existe esa vieja noción, bolchevique y, ciertamente, un poco frígida: la construcción del Partido. Creo que nuestra guerra es la de construir el Partido o, más bien, la de dar un contenido nuevo a esa ficción despoblada.

Una sociedad que ha agotado el conjunto de sus posibilidades vitales tiene buenas razones para juzgar como “terrorista” todo aquello que se experimente más allá de ella.

Charlamos, nos besamos, preparamos una película, una fiesta, una revuelta, encontramos un amigo, compartimos una comida, una cama, nos amamos, en otras palabras: construimos el Partido.

Las ficciones son cosas serias. Necesitamos ficciones para creer en la realidad de lo que vivimos. El Partido es la ficción central, la que recapitula la guerra en curso.

Quien se exilia, exilia; el extranjero que parte se lleva consigo la ciudad habitable.

No puede ser más que el fin de un mundo, avanzando. Los padres desaparecieron en primer lugar. Se fueron a la fábrica, a la oficina. Luego fueron las madres las que, a su vez, partieron a la fábrica, a la oficina. Y cada vez no eran los padres o las madres los que desaparecían, sino un orden simbólico, un mundo. El mundo de los padres desapareció en primer lugar, luego lo hizo el de las madres, el orden simbólico de la madre, que hasta entonces nada había logrado socavar. Y esta pérdida es tan incalculable y el duelo por ello tan enorme, que nadie consiente hacerlo.

El Imperio resume el deseo de que un neo-matriarcado tome mecánicamente el relevo del difunto patriarcado. Y no hay revuelta más absoluta que aquella que desafía esa indulgente dominación, ese poder cordial, esa empresa maternal.

Los niños perdidos son los huérfanos de todos los órdenes conocidos. Bienaventurados los huérfanos, el caos del mundo les pertenece.

Lloras por lo que has perdido. Lo hemos perdido todo, en efecto. Pero mira a nuestro alrededor, hemos ganado hermanos, hemos ganado hermanas, tantos hermanos y tantas hermanas.

Ahora, sólo esta nostalgia nos separa, y eso es algo inédito.

Caminas, estás perdido; no encuentras en ningún lugar la medida de tu valor; caminas, y no sabes quién eres y no tienes valor, como el primer hombre.

Vas por los caminos.

Pero si no estuvieses tan perdido, no llevarías en ti esta fatalidad de encuentros.

Huyamos, ya es la hora; pero te lo ruego, huyamos juntos.

Fíjate en nuestros gestos, la gracia que nace en el interior de nuestros gestos; fíjate en nuestros cuerpos, cómo se intercambian con fluidez, cuánto tiempo hacía que no se abatía sobre el mundo tanta gratuidad.

No hemos dejado este mundo.

Aún hay envidia, estupidez, el deseo de ser alguien, de ser reconocido, la necesidad de valer algo y, peor aún, la necesidad de autoridad. Son las ruinas que el viejo mundo ha dejado en nosotros y que no hemos abandonado. A la luz de ciertos proyectores, a veces nuestra caída nos produce la sensación de una decadencia.

¿Adónde vamos?

Comité Invisible

fuente: revista Tiqqun www.bloom0101.org/tiqqun.html

África. Saqueo y esclavitud eternas

A lo largo de la historia África ha sido desangrada por «plagas» sucesivas: la esclavitud, el colonialismo, el fin de las colonias, los ajustes estructurales forzados por las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional), el neoliberalismo, las transnacionales,…

Conquistas de África

La presencia europea en África no comenzó a ser significativa hasta el siglo XVI y estuvo relacionada principalmente con el tráfico y comercio de esclavos. Esta actividad estuvo ligada a las necesidades de mano de obra barata en las plantaciones de caña, tabaco, cacao, café y algodón de las colonias americanas. Se calcula que entre 24 y 28 millones de personas fueron capturadas en África, la mitad de las cuales murieron antes y durante el transporte. La mayor parte de esos muertos y deportados eran jóvenes en su mejor edad productiva. Las deportaciones masivas y las matanzas causadas por los esclavistas fueron responsables de la despoblación de regiones enteras y de un fuerte impacto sobre la agricultura, la artesanía y el comercio locales.

Muchas de las fortunas que se hicieron en el comercio colonial entre Europa y América están manchadas con la sangre y el sufrimiento de millones de personas. ¿Qué justificaciones hacía de una actividad tan abominable la sociedad esencialmente cristiana? Lo primero que hay que hacer es negar la esencia de la persona del esclavo que pudiera ser una base para sustentar derechos y reclamar el respeto de otros seres humanos. Según la mentalidad de los esclavistas, además de ser paganos, adoradores de ídolos y dioses falsos, supersticiosos, y por tanto carentes de la entidad moral que da el cristianismo, eran ignorantes, insensibles, medio-hombres, que «no se preocupaban de nada más que de no ser capturados», en frase del ministro de la iglesia y traficante de esclavos John Newton.

En 1807 el parlamento del Reino Unido aprobó la ley que abolía el tráfico de esclavos «abolition of the slave act». El comercio de esclavos en las colonias francesas sólo fue prohibido en 1905 y la esclavitud tardó todavía algunos años en extinguirse. La esclavitud abierta fue sustituida entonces por la esclavitud disfrazada, a través del trabajo obligatorio. En definitiva, lo que acabó con el tráfico de esclavos no fueron las acciones de las potencias europeas en los países africanos, sino la progresiva disminución de la demanda de esclavos al otro lado del Atlántico, al descubrir los patronos que los trabajadores asalariados podían ser obligados a trabajar como esclavos, sin tener que alimentarlos, cuidarlos y convivir con ellos.

Colonialismo

En el siglo XIX el capitalismo y la revolución industrial se habían asentado en Europa y necesitaban expandirse en busca de regiones que le proporcionasen materias primas y mercados. Surgió así el colonialismo como doctrina de desarrollo y la idea de que todo gran país debía tener un imperio colonial.

Después de los exploradores, misioneros, colonos y comerciantes llegaron a África los políticos y los militares, cuyos nombres y acciones se han aupado al cuadro de honor de la historia militar de las colonias en sus respectivos países. Europa llevó a cabo la conquista de África a sangre y fuego frente a poblaciones que se opusieron a ellas. Los imperios de la revolución industrial pretendían explotar el territorio, por medio de la extracción o recogida de materias primas de las regiones no desarrolladas y de la exportación de los productos elaborados a estas mismas regiones, con un valor añadido muy superior.

El colonialismo destruyó la economía africana y el sistema agrícola y los reemplazó por sistemas, infraestructuras y estructuras de clase diseñadas para la exportación de bienes y explotación de mano de obra y recursos primarios africanos para beneficio europeo. Se constituyó una economía basada en el monocultivo de la exportación. Los cultivos alimentarios tradicionales, que garantizaban la subsistencia de las poblaciones locales, fueron abruptamente sustituidos. El resultado inmediato fue la expansión, en una escala nunca vista con anterioridad, de las epidemias de hambruna.

La ocupación efectiva implicaba tener una administración en la región y desplegar un ejército que controlase el país. Las únicas inversiones que se hicieron en las colonias fueron las de empresas privadas para explotar minas, plantaciones; así como las inversiones de los colonos europeos para mejorar sus tierras y el embarque de sus cosechas. Millones y millones de horas de trabajo no pagado e infinidad de recursos constituyeron el principal tesoro que Europa extrajo de África.

La repartición del continente tuvo que ser resuelta con la celebración de la Conferencia de Berlín (celebrada entre 1884 y 1885), debido a los conflictos surgidos entre los Estados europeos en su afán expansionista. El reparto de África que estos llevaron a cabo no sólo cambió la geografía política, las divisiones políticas y administrativas que existían en el continente africano, sino que alteró su etnografía y su demografía, y reinterpretó su cultura a la vez que transformaba y pervertía con los contra-valores coloniales el predominio de la violencia, de la avaricia, del desprecio a los que se juzga inferiores, de la irresponsabilidad y la impunidad de los poderosos. En una palabra, Europa inventó de nuevo África.

Fin de las colonias

A partir de 1945, el proceso de descolonización adquirió un ritmo frenético. Los últimos reductos del colonialismo cayeron a mitad de los años setenta, a través de importantes movimientos nacionales revolucionarios. Pero la ruptura con el colonialismo no significó la pacificación de África.

Los colonialistas, tras las convulsiones de las dos guerras mundiales, hicieron su análisis costo-beneficio y, al ver que el negocio de las colonias ya no era rentable, decidieron que lo mejor era largarse, dejar la administración sobre el terreno de las colonias, para, como habían hecho antes del reparto de África, seguir explotándolas desde la seguridad de su propio país. Las élites coloniales, que habían servido a los intereses europeos, normalmente se mantenían en el poder. Élites europeizantes o europeizadas, educadas, ricas, armadas, conectadas con las empresas que trabajan en el país, en situación de absoluto privilegio.

Cuando algunos líderes africanos intentaron emprender un camino de desarrollo independiente, fueron derrocados por golpes apoyados desde Occidente. Por ejemplo, el caso de Angola, destacado, cuyo gobierno, «después de la liberación tuvo que enfrentarse a grupos contrarrevolucionarios apoyados desde otros países africanos, tras los cuales se ocultaba EEUU».

O el de Congo: en 1961, fue asesinado Patrice Lumumba, que había sido elegido primer ministro en 1960. Lumumba buscó lograr un desarrollo independiente para África. Pero Bélgica apoyó un levantamiento en Katanga, una provincia del Congo rica en recursos naturales, e intervino violentamente. Hay evidencia de que EEUU fue cómplice en el asesinato en 1961. Una guerra civil larga y brutal siguió al asesinato. Al fin de la guerra, Mobutu Sese Seko, un sangriento y delictivo dictador, llegó al poder. Mobutu fue reemplazado a mediados de los noventas por Laurent Kabila, otro dictador, cuyo hijo es actualmente el dueño del poder en el Congo. O Ghana donde un golpe militar, también apoyado por Occidente, derrocó a Kwame Nkrumah, un líder pan-africanista en 1966. Nkrumah también buscaba un desarrollo independiente. El golpe fue seguido por una ola de privatizaciones.

Los gobiernos que no fueron derrocados y que deseaban diversificar la economía de sus países y construir servicios públicos, lo hacían por medio de préstamos dados por instituciones financieras internacionales. África ingresó en una crisis de deuda que se utilizó para seguir influyendo en las decisiones soberanas. Y de la cual es herencia una de sus grandes «plagas» de la actualidad: la deuda externa.

Las plagas de África hoy

Las nuevas naciones fueron obligadas a convivir con una sociedad internacional muy dinámica y soportando el peso de la inferioridad de su atraso tecnológico, las contradicciones de sus Estados unitarios, la fuerza desestabilizadora de sus militares, la falta de educación y salud y la interferencia de los poderes mundiales. En conjunto, sus gobernantes se enfrentaron con unas difíciles tareas que los sobrepasaban.

Los europeos dejaron bien inculcada en África una lección: que la fuerza de las armas es el último y definitivo recurso para la conquista del poder. No hay nada como la fuerza aplastante del poder militar.

Cuando se fue a la conquista de África, a mediados del siglo XIX, se esgrimió el argumento de la «civilización», porque en Europa se tenía la certeza de que civilización, como madre, no hay más que una, que era -faltaría más- la europea. Hoy se habla de «ayuda al desarrollo», a veces de «solidaridad». Son dos conceptos políticamente correctos, pero cargados en ocasiones de tanto cinismo como cuando antaño se hablaba de «civilización».

África es la madre nutricia de la mayoría de las materias primas que hay en el mundo y vuelve a interesar por lo que siempre atrajo a Occidente y ahora también a Oriente: por sus recursos naturales. Existe en África una doble injerencia, política y económica, que está convirtiendo a los países africanos en meras sucursales del Norte. Las amarras son tan fuertes que cuando un dirigente intenta cortar alguna cuerda para liberarse de la presión, se encuentra inmediatamente con una revuelta bien organizada y armada hasta los dientes. Esta injerencia, no tiene origen ya sólo en los países europeos, sino que la presión viene también de EEUU, China, Rusia, India, Brasil,… Incluso el propio coronel Gadafi animó a los libios a que vayan a «hacerse ricos» al África negra.

Con estas actuaciones de penetración en África se sigue asistiendo a la tercera colonización del continente.

Áfricá esta inundada de armas. Las armas en los países africanos entran legal e ilegalmente o, mejor dicho, por canales oficiales y por mercados informales. Hay intereses comerciales muy importantes en la provisión de armas a la región.

El continente ha sufrido guerras atroces, a menudo presentadas como guerras civiles, pero que en el fondo son guerras económicas montadas con el único objetivo de saquear estos países y enriquecerse al precio de la muerte de millones de personas. La depredación de recursos ha sido la causa de las guerras más virulentas en países como Angola, Sierra Leona, Sudán y República Democrática de Congo. En estos países no se ha luchado por ninguna idea, ni por suplantar un poder despótico para mejorar la situación de los ciudadanos, sino pura y simplemente para controlar y explotar petróleo, oro y diamantes, casi siempre en conexión con empresas transnacionales que han suplantado a los propios Estados. Y han actuado como proveedores, en muchos casos, de las armas necesarias para desestabilizar comunidades, regiones, países enteros. Un ejemplo claro de esto es el caso de la República Democrática del Congo, respecto a uno de sus recursos -el coltán-, materia usada para la fabricación de móviles u ordenadores.

Un área particularmente vulnerable en toda África subsahariana es la agrícola. La agricultura es un sector vital para África. Representa el 70 por ciento de la economía de los países del continente. El mayor problema radica en la competencia desleal de las importaciones de los países del Norte. Es anormal, por ejemplo, que el arroz importado cueste menos en África que el arroz producido en sus países. Lo mismo sucede con el algodón. Los programas de ajuste estructural (PAE) del Banco Mundial y del FMI -estas instituciones internacionales que se nos venden como las «hermanitas de la caridad» y, sin embargo, sus actuaciones se pueden comparar con las técnicas más macabras y sofisticadas utilizadas durante el holocausto nazi- están directamente relacionados con el proceso que conduce a la creación de situaciones de hambre, porque atentan de manera sistemática contra todas las actividades económicas que no sirven a los intereses del sistema de mercado mundial.

Los Programas de Ajuste Estructural consisten en la imposición de unas condiciones económicas y financieras a los países endeudados, para ajustar el comercio exterior, suprimir los desequilibrios financieros y conseguir nuevos préstamos. Es decir, el BM entrega préstamos (evidentemente con elevados intereses que engrosan la deuda externa letal de los Estados) a condición del cumplimiento de sus Programas de Ajuste Estructural. Programas que se dirigen claramente a la construcción y mantenimiento del sistema capitalista mundial: fundamentalismo económico o lo que es lo mismo, la priorización del sistema financiero y de mercado sobre la vida humana.

El hambre presente en Somalia o Mozambique, por ejemplo, es atribuida mecánicamente a factores políticos y climáticos externos: la ausencia de nubes cargadas de lluvia y anomalías en la presión del aire… Se tergiversa la historia y sólo se enseña lo superficial. Somalia, sin embargo, fue autosuficiente en alimentos hasta los años 70. ¿Qué precipitó el colapso de la sociedad civil? ¿Por qué se destruyó la agricultura de producción de alimentos y el pastoreo nómada?

El continente africano se ha convertido en la región donde más se han aplicado los PAE. A la sombra de ellos, la explotación rural familiar es llevada a la bancarrota, el productor agrícola pierde el control de la tierra que trabaja. Los ingresos de los agricultores -y esto tanto en los países ricos como pobres- quedan reducidos a una mínima expresión bajo el asedio de un poderoso grupo de empresas mundiales agroindustriales que simultáneamente controlan los mercados de cereales, de insumos agrícolas, de semillas y de alimentos procesados.

Las consecuencias de los PAE en África son aumento de los niveles de pobreza urbana y rural, la disminución de los salarios en el sector moderno, la desaparición de escuelas subvencionadas por el Estado, la privatización de la sanidad, etc. Los resultados inmediatos son el aumento del analfabetismo, la reducción de la esperanza de vida y la reaparición de las epidemias erradicadas en otras partes del planeta.

La incidencia de enfermedades constituye otra de las plagas que azotan al continente africano: SIDA, tuberculosis, malaria, cólera, ébola… ¿Cómo puede un pueblo con una salud tan precaria recomponer un país, desolado por la guerra, alcanzar la paz, trabajar los campos, comerciar internacionalmente y progresar? El círculo vicioso de la mala salud es una de las trampas que mantienen a los pueblos de África en su estado de postración. Se está llevando a efecto el plan más acabado de saqueo total que hubiese conocido la humanidad en su ya larga existencia. Se está exprimiendo a niveles inconcebibles a pueblos ya hambrientos y empobrecidos al máximo por concepto de una deuda que jamás pidieron ni usufructuaron. Pero esto no es todo. Resulta probablemente el preludio de otro previsible mayor y último super genocidio que se consumaría con el brote intensivo de las enfermedades originadas en retrovirus de laboratorio para extinguir físicamente a las masas hambrientas todavía sobrevivientes. Resulta perceptible que todo lo detallado no es sino parte de un tenebroso plan de dominio y apoderamiento total del mundo, diseñado por las grandes corporaciones y círculos financieros del planeta.

África bate espeluznantes récords: el de mayor número de enfermos de SIDA del mundo (se estima que unos 26 millones de personas), de malaria, el mayor número de casos de tuberculosis (el 20% del total mundial), el mayor número de niños soldado (calculados más de 150.000), el mayor número de armas ligeras, millones de personas desplazadas por conflictos armados; los 10 países con un menor índice de Desarrollo Humano son africanos,… y suma y sigue. El presidente ugandés, Yoweri Museveni, lo explicó así, en 2005, en el Centro de Estudios de Política Internacional con sede en Washington: «Se suele decir que los gobiernos occidentales ayudan a África; la verdad es que África está ayudando a los países de Occidente; los donantes son los africanos… Se habla mucho de pobreza en África, pero África no es pobre; es muy rica en recursos naturales; el verdadero problema está en la exportación de materias primas».

«No son países subdesarrollados, sino arrollados», como dice Eduardo Galeano.

revista Ekintza Zuzena nº37
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¿A quién estamos hablando?

Una reflexión sobre las luchas contra la cárcel

Nos encontramos en una situación en la que si un cierto adormecimiento no se hubiese extendido por todos lados (excepto en nosotros mismos), no nos encontraríamos en la situación que nos encontramos. Si cada episodio que saca a la luz del día la arrogancia del poder suscitase una rabia capaz de llenar las calles y plazas, hoy no nos chocaríamos cotidianamente en redadas y vigilancia, en Grandes Hermanos y pequeños campos de concentración, en terrenos de bases militares y de centrales nucleares. Pero así es. Cualquier reflexión de mérito de cómo se ha podido llegar a esto puede despertar interés en la medida en que constituye una contribución a una posible inversión de la tendencia. Es decir, si ayuda a salir de esta situación de estancamiento.

Porque debemos reaccionar, no cabe duda. Pero el despertar no parece fácil. ¿Con quién queremos vernos envueltos cuando decidimos dar batalla a este mundo? ¿Nos dirigimos a todos los que lo sufren, o tenemos alguna población específica en mente? Y entonces, ¿a quién pertenecen los oídos que queremos abrir? ¿de quién son las reacciones que queremos provocar? Y sobre todo, ¿cómo lo pensamos lograr? ¿qué teclas tocar?

El trabajo clásico de contrainformación ha acabado. Está claro que el problema ya no es ‘informar a la gente de los hechos’. Los hechos ya son sabidos por todos. No es la ignorancia lo que previene la revuelta. Se tiene mucho conocimiento de lo que está ocurriendo, pero este conocimiento no provoca reacción alguna. Desde este punto de vista, denunciar la alienación producida por una Propaganda hecha omnipresente por el desarrollo tecnológico, denunciar la desrealización de nuestras emociones que nos transforma en espectadores en contemplación de aquello que una vez habría desencadenado protestas sin fin, se hace un trabajo necesario y fundamental. Pero evidentemente con esto no basta. Y aquí no nos referimos a una falta de actos que estaría bien que acompañaran siempre a las palabras, sino a la propia limitación de esta forma de crítica en sí.

En la medida que un exceso de información nos lleva paradójicamente a una situación de desinformación, un exceso de indignación nos puede llevar a la inactividad, a la parálisis. Abuso tras abuso, injusticia tras injusticia, nos estamos acostumbrando a lo peor. Nos hemos acostumbrado a lo intolerable hasta el punto de sortear con indiferencia los cadáveres todavía calientes de los masacrados. Asqueados, con todo. Los que que se vuelven sordos a las órdenes de arriba, pueden también volverse sordos a las críticas de los de abajo. El rechazo de información va de la mano con el rechazo de la protesta.

A fin de abrir finalmente una brecha en la pared de la apatía, ¿será suficiente amplificar al máximo el volumen de los sufrimientos del mundo? Apatía que, quizás vale la pena recordarlo, las más de las veces constituye una forma de autoprotección. No es humanamente soportable albergar en el corazón toda la indignación por todos los abusos, todas las heridas, todas las injusticias, sufridas. Lo demuestra la misma especialización en la que se cae quien toma la decisión de dar voz a los sin voz. Quien se ocupa de la defensa de éstos muestra ciertamente una sensibilidad y una nobleza de mente, pero también denota cierto espíritu asistencialista.

Un ponerse al servicio de los demás que a veces puede ser incluso algo embarazoso, como cuando las necesidades de las ‘asistidas’ están en contraposición con las necesidades de sus ‘asistentes’. Pero que sobre todo lleva consigo una cierta forma de intervención, que no sólo tiende a limitar el alcance de nuestra propia acción sino que crea una superioridad moral tóxica que sólo sirve para alienar más (‘ellas sufren, ¿y tú qué haces al respecto?’). Ya es extraño que, después de estar confinadas por fundar la propia causa en la nada, se decida fundarla en la causa de las otras. Pero además, ¿hacerlo cuando el altruismo está quedando sepultado bajo la aniquilación y la abulia?.

Tomemos de ejemplo la lucha contra las cárceles. En un momento en que la exaltación de la seguridad está en su momento de máximo apogeo (con los aumentos de penas para las condenadas, con la construcción de nuevos centros de reclusión, mientras se invoca desde muchas partes la ‘tolerancia cero’), y justo cuando las preocupaciones de la mayoría va con la deprimente ligereza de sus billeteras, ¿tiene algún sentido intentar alcanzar las mentes y los corazones de la gente hablando sobre miserias y desgracias de aquellas que se encuentran tras las rejas? Para nosotras, esta parecería la mejor manera de tirarnos contra la pared de goma de la indiferencia.

Esto es por lo que, desgraciadamente, no hay que sorprenderse si los boletines impresos y las iniciativas que se organizan al respecto captan el interés de tan pocos individuos. Sería mejor tomar nota: una lucha anticarcelaria que coloque los intereses de los presos en su centro, que se consagre a ellos, hoy no tiene mucha posibilidad de generalizarse. Es necesario permanecer circunscritos a una población específica, compuesta de los presos mismos, sus amigos y sus parientes.

Esto no significa abandonar la cuestión, naturalmente. Significa reconocer los límites del camino iniciado, sin pretender que nos lleve a dónde no puede llegar. Significa defender con orgullo los propios compañeros (o aquellos con los que compartimos ciertos intereses), organizarse para ayudarles de la mejor manera, sin esperar por la disponibilidad de los de fuera del círculo reducido de los interesados. Pero significa otra cosa. Significa que si queremos llevar la cuestión de la cárcel al exterior, hacerla sentir a cuantas más personas sea posible, deberemos tomar otro camino. Y este camino está por descubrir, por trazar y por abrir.

Si la indiferencia imperante se caracteriza por el desinterés hacia los demás, entonces habría que dejar de partir de la situación del otro. Si queremos hablar a los que se consideran libres, fuera de los muros de la prisión, necesitamos hablar sobre ellos, sobre sus desgracias, sobre sus problemas, sobre su condición. Sólo de esta manera, quizás, será posible captar su atención. Sólo de esta manera, quizás, les podremos mostrar que la distancia que les separa de la prisión es tan fina como una pared.

El incremento de la legislación que criminaliza cualquier pequeño acto distinto de la obediencia, en concomitancia con la rápida erosión de las condiciones de supervivencia generales, están acercando cada día más a muchos estratos de la población a las puertas de la prisión. La suya, como la nuestra, es una libertad vigilada que podría ser revocada en cualquier momento, cosa que les asocia con los presos más de lo que piensan. Además se ve como las condiciones de vida, tanto dentro como fuera de prisión, son cada vez más similares.

Tanto dentro como fuera, se trabaja y se ve la TV. Tanto dentro como fuera, se está forzado a pasar bajo los ojos siempre vigilantes de las videocámaras de vigilancia y a través de los detectores de metal. Tanto dentro como fuera se viven relaciones coactivas en espacios cada vez más restringidos. (Por lo demás, para caer arrestado por los servidores del Estado no hace falta ser militantes de bandas armadas, ni manifestantes que se defienden de la poli con el pasamontañas y el extintor en la mano. Basta con ser un/a aficionado sentado en el coche en el área de un autogrill, ser pillado en posesión de pocos gramos de estupefacientes o saltar un semáforo en rojo con la bicicleta*).

Invertimos así nuestra visión del argumento. Partimos de la cárcel de la vida cotidiana, en la que estamos todas recluidas, para introducir la cuestión carcelaria específica, en la que sólo algunas lo están. Un cambio de perspectiva que presenta no obstante desagradables contraindicaciones, supeditando por ejemplo a un segundo plano las exigencias inmediatas de las detenidas. Las cuales, si bien tienen razón en no querer ser olvidadas y excluidas de la vida de quién está fuera, no tienen ninguna en pretender que sus reivindicaciones se conviertan en la prioridad de las que por el momento son más afortunadas que ellas. Les guste o no, es la situación del exterior de la cárcel la que debe cambiar para esperar que cambie también la de dentro. Se trata de un cambio de perspectiva que también tiene consecuencias prácticas.

Para el/la que no hace de las detenidas el centro de referencia constante, qué sentido tienen las continuas concentraciones a las puertas de la cárcel? El presidio ya es en sí mismo una forma de lucha aunque limitada. La raíz latina de presidio deriva de ‘presidiare’, que significa ‘defender’. Por tanto tiene sentido defender un valle para impedir su devastación, pero ¿qué se defiende delante de la cárcel? La estructura, seguro que no. Cuanto a las detenidas que se encuentran recluidas, inútil esconder que desgraciadamente se encuentran en las manos del enemigo. No estamos en condición de defenderlas. Como mucho podemos hacer sentir nuestra presencia, hacer entender a las torturadora/es que sería mejor para ellas que fuesen con mano ligera (las ciudadanistas dirían: hacemos presión sobre las autoridades para que respeten las reglas y nuestros deseos).

“Atentos, ellos no están solos, nosotros estamos aquí”. Claro, estamos aquí…

Se puede considerar que los centros penitenciarios están en lugares desolados, por lo que las concentraciones se resuelven en encuentros entre ‘nosotros’ y ‘ellos’, subversivos y esbirros, donde intercambiamos recíprocamente insultos y miradas de odio. Ciertamente, en cualquier caso se llega a aliviar por un momento la dolorosa soledad de los detenidos y eso representa una satisfacción. Bonita, para el que está determinado a hacer cualquier cosa (que, ya se sabe, es siempre mejor que nada); fría, para el que no siente la virtud del/a voluntario. Distinto es el caso de los institutos penitenciarios que se encuentran aún en la ciudad. Aquí todavía es posible evitar el camino ciego del enfrentamiento nosotros/ellos, incluso es posible implicar a otros, esto es, todos los que hoy custodian los muros de la cárcel por el mejor lado pero que mañana podrían encontrarse en el otro.

Teniendo en cuenta la generalización existente del miedo y la pobreza, parece poco concluyente ir a contar las desgracias de otros a quién ya tiene las suyas propias por resolver. En lugar de eso tiene más sentido intentar mostrar cómo en realidad se trata de dos caras de la misma moneda, cómo los problemas de los que están en libertad podrían transformarse rápidamente en las desventuras de quien se encuentra en prisión, puesto que todos somos presos del mismo mundo. Y es aquí donde las distancias se acortan, los destinos se entrelazan, y se vuelve posible, quizás, instaurar una comunicación.

* Se trata de tres delitos recientemente incluidos en el Código Penal en Italia.

Fuente: http://www.macheteaa.org

extraído a su vez de http://klinamen.org/analisis/a-quien-estamos-hablando

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La violación como máxima expresión de libertad

‘Cuando uno se relaciona con otro, cuando somos dos, ya no somos libres. Uno se dispone considerando al otro, uno se modifica por el otro.’ Yeshayahu Leibovitz

Los asesinos contratados por los militares israelíes para las matanzas de Sabra y Shatila eran cristianos fundamentalistas totalmente profesionalizados en la tarea de deshacer vidas ajenas; maltratar, violar, herir, hasta matar. En 1982, en 48 horas, segaron la vida de entre mil y tres mil palestinos, casi todos mujeres y niños. Encarcelados, fueron entrevistados por un esforzadísimo equipo germano-austríaco que deja correr la filmación delante de los relatos, a veces parcos, a veces torpes, pero a veces increíblemente vívidos y gozosos de quienes añoran la libertad que tuvieron para hacer “lo que querían”, incluidas refinadas técnicas para matar una víctima inerme (Masacre, dir. M. Borgmann, L. Slim y H. Theiben, 2005).

Partimos de una base: la fuerza de seducción que ejerce todo acto de libertad. En un acto de violación alguien ejerce su libertad de la forma más radical.
Pensemos una situación cotidiana: uno ve una mujer entrando a una cabina de cobro automático, con una estampa espléndida, grácil, de curvas armoniosas, con un trasero admirable. Y sobreviene la “loca” tentación de acercarse, de soñar o delirar “equivocarse” e introducirse con ella en la cabina… uno sueña con su aquiescencia, que el contacto visual nos acerque y no nos repela, que perciba nuestra admiración y la necesite. Sólo que semejante “despliegue” se ejercería a costa de la falta más radical de libertad de la otra parte; de la mujer en este caso, como una libertad de “elección” unidireccional, sin diálogo. 

En general diría que los hombres “cualquiera” (como cree ser el que esto escribe), ni en los sueños más excitantes, ni en los ensueños más elaborados, llegan a la violación; el ensueño pasa más bien por la magia del contacto, del encuentro, de la afinidad intuitiva, de la aceptación, la confianza recíproca, la atracción también recíproca. Por lo que nos presentara Leibovitz.

En el ejemplo de la mujer entrando a la cabina hay otro elemento también en juego: el miedo. No el miedo de la abordada, que por supuesto no sólo sería legítimo sino totalmente comprensible, sino el miedo a las consecuencias que los “varones desafiados” tienen por delante: miedo a la resistencia airada, a los gritos, a los terceros, con todas sus consecuencias. Pero se trata de un reparo táctico y por lo tanto de muy menor significación ética.

El factor que considero decisivo es que abordar a la chica del cajero automático, tocarle el trasero sería un ejercicio de libertad, pero sería lesivo. Para ella. Es una libertad que no puedo permitirme. Si quiero vivir en sociedad. Vinculado con otros. Respetando y respetado. Societariamente.

Esto tiene una conclusión que puede trastornar, por no decir demoler, toda postura que se pretenda libertaria en el sentido de poner a la libertad como valor supremo. Algo que ha caracterizado a tantos anarquistas, aunque también –y de pronto eso sí es algo muy significativo para el tiempo que nos toca vivir– a la extrema derecha estadounidense, los famosos libertarians, que no constituyen sino un atroz exponente de las pretensiones de los privilegiados del planeta.

Los libertarians made in USA nos ponen enfrente del verdadero significado de la libertad cuando se la antepone a cualquier otro valor o vínculo: una discrecionalidad pura, no sólo asocial sino antisocial, un desprecio tan radical del otro (y obviamente, de la otra) que nos lleva indefectiblemente a la conclusión que la libertad irrestricta expresa el más acabado narcisismo y el más despótico de los regímenes políticos. Algo que trasunta el mismo título del manual sagrado de los Chicago Boys, Libertad de elegir, de Milton y Rose Friedman.

Zygmunt Bauman, (1) rememorando a Jean Paul Sartre, refiriéndose a los orígenes de la moralidad señala : “En presencia del alter ego (es decir, en el mundo) mi ser para mí mismo es también, de forma indeleble, ser para el otro.” Y rematará sus reflexiones, basándose en Emmanuel Levinas, que erige a la responsabilidad como fundamento de la vida en sociedad: “La responsabilidad es la estructura esencial, primaria y fundamental de la subjetividad.”

Luis E. Sabini Fernàndez

nota:
1) Modernidad y holocausto, Ediciones Sequitur, 1998, p. 236.


artículo publicado en Revista futuros nº10 www.revistafuturos.com.ar

La crisis como momento de la dominación social

1 Una de las consecuencias más nefastas de la consolidación del discurso sobre «la crisis económica», es la reaparición del izquierdismo, que viene a entonar un coro que suena más o menos a «ya lo habíamos dicho nosotros: el capitalismo se hunde por sí mismo, y ahora es nuestro turno».

Es evidente que sus proclamas y su concepción de la crisis financiera como estadio pre-revolucionario están a años luz de una realidad en que la conflictividad social en los países más afectados por la recesión está totalmente contenida.

Pero esta separación de la realidad no es nada nuevo para unas gramáticas revolucionarias que perdieron el sujeto y que viven hace tiempo en el fantástico mundo de la Doctrina Verdadera. Por eso, para ellos, el discurso de la crisis se presenta como una oportunidad de anclar su retórica desgastada al nuevo concepto-fetiche, y se descuelgan con eslóganes tan carentes de sentido como «la crisis que la paguen los ricos».

Consolidando, por omisión, la idea de que antes de este pretendido cataclismo había algo parecido a una sociedad en pleno ascenso a la felicidad perpetua. Que las clases trabajadoras, en su bondad innata, no participaron del festín de diez años que preparó lo que hoy se nos dice es el final del capitalismo.

Como telón de fondo a sus soflamas ideológicas, se encuentra la llamada a un fortalecimiento del Estado en su papel de garante de una economía real y productiva frente a la malvada economía especulativa y financiera. Y de ahí que cualquier parecido de la realidad con sus análisis del capitalismo sea pura coincidencia. En lugar de aclarar nada, se encargan de oscurecer todo lo posible la verdad de las cosas y ofrecer sus explicaciones simplistas que encajan perfectamente en la teleología que inspira sus doctrinas.

Lo peor es que estas proclamas autodenominadas «anti-capitalistas», están destinadas a ser escuchadas por aquellos que apuestan por una reforzada intervención estatal en los asuntos públicos como forma de reactivar la economía. Que el mayor desvelo de economistas autodenominados libertarios -los citaremos después- sea invertir la tendencia a la caída del PIB, da la medida de en qué punto se encuentra la crítica social.

De modo que nos podemos encontrar en ámbitos que reclaman su pureza libertaria con un anti-capitalismo parlamentarista y estatista, con una fuerte creencia en la posibilidad de recuperar la productividad perdida a través de una reedición del keynesianismo combinada con la autogestión asamblearia del aparato productivo. Cualquiera de sus «propuestas» puede tener eco hasta en los más enconados tecnócratas y expertos, siempre prestos a extender sus recetas económicas que, desde los foros alter-globalizadores, llevan tiempo discutiéndose. Todo parece indicarles que, ahora sí, ha llegado su momento y pueden pasar a formar parte de ese gabinete de crisis global.

El coro llegará a decirnos que, quienes sostenían hasta hace poco este sistema, se han convertido en «anti-sistema» por la fuerza de los hechos, y que, a partir de ahora, todos deberemos serlo porque no nos quedará más remedio.

2 Antes de nada, cualquier explicación económica debería enseñarnos cómo es posible que haya bancos que siguen obteniendo beneficios, y que el consumo de lujo no sólo no disminuya sino que vaya en aumento desde que los términos de «la crisis» han sido instalados gracias sobre todo a la televisión, la radio, y a los economistas de todo signo que se han lanzado a explicarla.

Después, y aunque parezca mentira decirlo, nos deberán convencer de por qué hace poco más de un año no había crisis. Por qué las muertes por desnutrición y hambrunas periódicas, las tierras quemadas por guerras interminables, el envenenamiento progresivo del agua, el aire y las tierras de cultivo, la destrucción del medio rural, el crecimiento de los barrios híper-degradados de las megalópolis más pobres del mundo, la urbanización salvaje de las costas y la desertificación progresiva, la represión salvaje de la inmigración y la proliferación de nuevos campos de concentración amparados democráticamente en los países «desarrollados», las medidas de excepción antiterroristas con las que el Estado policial continúa avanzando en su tarea de aniquilación de cualquier movimiento social, la miseria creciente en el seno de sociedades obscenamente opulentas… por qué todo eso no era una «crisis».

Todos aquellos que se han empeñado en explicarnos doctamente lo que está pasando -y, de paso, tratar de arrimar el ascua a su sardina ideológica- olvidan sistemáticamente que las recesiones económicas del capitalismo son momentos del proceso de profundización de las relaciones de dominación social; que en este bache económico de lo que se trata es de salvaguardar los intereses de ciertos grupos en el poder frente a los vaivenes de un modo de producción industrial que es catastrófico desde hace más de dos siglos.

Hay que decirlo de una vez: la recesión no afectará al sistema productivo capitalista ni a los Estados que lo sustentan -mal que les pese a quienes han visto una oportunidad para desempolvar las banderas de la clase obrera revolucionaria y la autogestión asamblearia. Hacer la crítica del capitalismo partiendo del argumento de que actualmente «está en crisis», es decir implícitamente que cuando no había recesión la cosa funcionaba.

Lo que habría que explicar, más bien, es cómo pudo darse a nivel del estado español un período de acumulación de plusvalía tan rápido sin ningún tipo de aumento de la productividad.

3 El llamado «boom inmobiliario» que ha tenido lugar durante estos últimos diez años aproximadamente, partió de una premisa fundamental: la liberación de suelo por parte del Estado. En 1996, el gobierno de turno eliminó de la Ley del Suelo la distinción entre «suelo urbanizable programado» y «no programado». Ese fue el pistoletazo de salida, y supuso una oferta abundante de terrenos que abarataba el coste en la producción.

La oferta venía acompañada por la de mano de obra barata, aprisionada por las sucesivas crisis de empleo en el decenio de 1985-1995, y reactivada por la llegada de trabajadores migrados y sostenidos en situación de ilegalidad para su mejor explotación.

Con estos reclamos se atraía a los capitales acumulados que, frente a la perspectiva de la reconversión al euro, afrontaban un proceso de revalorización a través del sector históricamente más productivo (y más destructivo) del país. Ante la afluencia del dinero, bajó su precio, y las condiciones de crédito de las entidades financieras se flexibilizaron, permitiendo unos índices de endeudamiento de las familias sobre el que ya advertía en 2003 el BBVA en su estudio sobre el mercado inmobiliario -utilizando por primera vez el término «burbuja inmobiliaria»-.

La fórmula que acuñara Marx D-M-D’ (donde M era en este caso la producción y compra-venta de inmuebles) se acercó en los años que van de 1996 a 2008 al ideal D-D’, generalizándose a un gran número de pequeños capitales que participaban del proceso especulativo sobre la vivienda.

Así se produjo el efecto de valorización del valor en el sector de la construcción, que arrojaba año tras año datos paradójicos: cuanto más y más rápido se construía y se recalificaba suelo a tal fin, más caro era el producto final, y más el endeudamiento necesario para obtenerlo. Las causas de este incremento del precio de la vivienda, que oscilaba del 16% al 13% según el periodo, no era ni la disponibilidad de suelo (que fue abundante y completamente destructiva, sobre todo en la costa de Levante); ni el aumento de los salarios (que prácticamente se mantuvo constante en términos relativos y que se redujo en términos absolutos); ni el precio de los materiales (cada vez más baratos y de menor calidad); ni el precio del dinero.

La mayor parte de la composición del precio final de la vivienda quedaba en manos de los distintos agentes que participaban de la circulación de la mercancía-vivienda: inmobiliarias, asesorías, notarías, registros de la propiedad y, sobre todo, en el amplio margen de beneficio que los capitales acumulados obtenían de la inversión en el sector.

De este modo, se enriquecieron rápidamente los grupos que hoy reproducen el discurso de «la crisis», mientras retiran de la circulación el dinero acumulado -para eso sirven muy bien los famosos billetes de 500 euros-, dejando en una situación de endeudamiento asfixiante a una gran parte de aquellos que también apostaron en la ruleta sin querer entender el verdadero papel que tenían asignado en el juego.

Por tanto, la «crisis económica» responde a la perspectiva de ganar menos de ciertos grupos en el poder -de que su dinero rinda menos-; lo que es muy distinto a considerarla como una fatalidad a la que todo el mundo se ve abocado por la presencia de un espectro negativo que hace quebrar abruptamente negocios que ayer obtenían pingües beneficios. En definitiva, la recesión económica atiende a la necesidad de algunos grupos bien posicionados de mantener sus niveles de vida y confort, desplazando hacia los grupos de menores rentas el problema de la creación de valor: será necesario trabajar más para obtener menos. Como se ve, no es un escenario excepcional en el capitalismo, más bien es su funcionamiento normal; lo extraordinario fue el periodo de acumulación salvaje precedente.

Hay que decir que, en la medida en que muchas personas han asumido ciertas necesidades y niveles de vida como suyos, se verán envueltas en mayor grado en los efectos de la recesión. Así, muchos que compraron su televisión de plasma verán cómo siguen pagando los plazos de un aparato que cada vez que encienden les recuerda cómo «la crisis» les empujará al arroyo mientras otros brindan con champán. Algunos seguirán pagando los plazos de su ultramoderno coche, mientras se encuentran con la imposibilidad de pagar la gasolina y la paradoja de no tener ningún trabajo al que desplazarse con él.

Pero no podrán hacer nada por impedirlo, ya que considerar responsable de la situación a «la crisis económica», es lo mismo que creer en el Mal de Ojo o en la Virgen de la Macarena. Se atacarán de diversas formas -todas rituales, todas inútiles- las consecuencias inmediatas de la situación, pero sin entender en absoluto sus causas.

A esa confusión responde que el telediario pueda vocear las cifras del paro con tono de alarma y, un minuto después, sin solución de continuidad, reseñe alegremente la apertura de una feria de coches de lujo con éxito de afluencia. Cuentan, con gesto fatalista, el próximo cierre de una fábrica que significará la pérdida de miles de empleos, y a continuación se nos relata el lanzamiento de una firma de ropa que pone en circulación trajes espaciales de diseño, en previsión de los próximos cruceros por el espacio que algunas personas demandan porque no saben en qué demonios dilapidar sus fortunas.

¿Qué tipo de «crisis del capitalismo» es esta que no deriva en una quiebra social? Respuesta: es en realidad la crisis generalizada de la capacidad para pensar críticamente. Es una crisis mental que se expresa en una mentalidad de la crisis que acaba legitimando lo que trata de atacar.

Pero esto no quiere decir que la recesión económica no tenga consecuencias reales. Los cierres de empresas, los despidos en masa y los desahucios, son consecuencias palpables que siempre golpean a quienes tienen una posición más débil en la cadena de dependencia de la sociedad industrializada. El fantasma de la crisis se encarna en todas aquellas personas que sólo cuentan con su trabajo para sobrevivir, y lo hace en formas cada vez más duras. Cabría esperar que estas personas fuesen quienes planteasen una ruptura social.

Sin embargo, esto no sucede así, se pongan como se pongan todos los voluntarismos izquierdistas. Y no sucede porque esas personas se ven en la necesidad de defender el aparato de dominio, por la sencilla razón de que es la producción del dominio la que hace posible su supervivencia.

La división del trabajo ha hecho imposible siquiera pensar en satisfacer nuestras necesidades de otra forma que mediante el trabajo asalariado y el consumo. El desarrollismo depredador de los países más industrializados, ha hecho desaparecer cualquier forma de comunidad auto-regulada capaz de oponer resistencia al proceso modernizador. Finalmente, la desposesión provocada por el progreso de la sociedad tecnificada, parece haber vuelto a muchos incapaces de pensar con un mínimo de claridad.

Por eso, la interpretación de «la crisis» se deja en manos de especialistas y expertos que, incapaces también de extraer todas las conclusiones de lo que está sucediendo ante nuestras narices, optan por una huída hacia adelante, y saltan a la palestra con propuestas cada vez más desvinculadas de la realidad.

A partir de la imposición de la mentalidad de crisis, se abre la posibilidad para que los técnicos comiencen a proponer sus «soluciones». Las propuestas las conocemos de sobra y se podrían resumir en ésta: una intensificación de la explotación y un cierre de filas en torno a las ideas de progreso y desarrollo. Las bajas de «la guerra contra la crisis» ya sabemos de qué lado se producirán. Pero saberlo no resuelve el problema.

La dependencia y la asunción de necesidades ajenas como propias (la falsa conciencia), impiden que lecturas un poco más lúcidas sean escuchadas, y análisis como los realizados por el ICEA (Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión) pasen por ser revolucionarios.

4 Que en un análisis socioeconómico pretendidamente «radical» leamos: «Esa productividad [se refiere a la caída del PIB] podría estimularse como vimos anteriormente por medio de la inversión empresarial en bienes de equipo y tecnología», da la medida de qué tipo de crítica está pasando por revolucionaria, albergando seguramente las mejores intenciones, pero sin entender prácticamente nada de lo que sucede.

Sostener, a estas alturas, que un aumento de la productividad a través del I+D será la condición necesaria para una posterior redistribución social de los beneficios, roza el límite del absurdo. Mucho más cuando sus autores sostienen que su «lectura de la crisis» es libertaria.

Si aciertan a la hora de denunciar los gastos en infraestructuras del Estado como una forma de reflotar las empresas constructoras y sostener su margen de ganancia, se equivocan en la línea siguiente cuando sostienen que sería más importante un «aumento del empleo público en servicios sociales.» Si sostienen que el fin último de su análisis es la autogestión asamblearia del aparato productivo y la desaparición del Estado, no se ve muy claro que se indignen porque «no parece que exista una protección adecuada por parte del gobierno hacia las clases sociales más desfavorecidas».

Al mezclar una crítica socialdemócrata de la economía capitalista y las soflamas libertarias de la autogestión, el batiburrillo resultante no es ni un análisis serio de la sociedad en que vivimos ni una propuesta de acción concreta. Se mueve más bien entre un manual de primero de Economía y un panfleto trasnochado. Nada en su análisis hace sospechar una crítica a las bases que hacen subsistir la sociedad capitalista -ya sea en periodos de rerecesión o de expansión-, porque han aceptado el fetiche del progreso económico y el desarrollo de las fuerzas productivas, pasando a continuación a especular con las medidas necesarias para una redistribución más justa que, por supuesto, pasa por una «autogestión obrera y social» (¿?).

Al no plantear ninguna duda sobre las bases materiales que hacen posible tanto los periodos de acumulación de plusvalía como las crisis inflacionarias, olvidan recurrentemente el importantísimo papel que, por ejemplo, ha tenido la disponibilidad de petróleo barato en el desarrollo del capitalismo en estos últimos cien años. Por eso omiten mencionar que la desposesión creciente a que ha llevado la consolidación de un mundo industrializado, hace muy difícil cualquier propuesta de reapropiación de un aparato productivo que, en muchos aspectos, se encarga también de destruir las bases sociales y ecológicas de las que surge.

Sus «propuestas» carecen de base, porque lo primero que han obviado es la realidad que pretenden modificar. Así pueden muy bien presentarlas en cuantos niveles quieran -«medidas reformistas, progresivas y progresivas-revolucionarias» [sic]-, que eso no las hará más operativas.

Es muy difícil escuchar estos «análisis», y los corolarios a que conducen, sin pensar que hay algo en la crítica social que debe ser revisado de cabo a rabo; y que los aprendices de brujo han encontrado en el discurso «de la crisis» una justificación perfecta para repetir sus letanías -gestión obrera, sindicalismo asambleario, autogestión- y esperar que la realidad se adapte a sus deseos.

El principio de realidad es la primera víctima de esta crisis mental, y ese es el primer escollo a salvar para deshacernos de una vez por todas de la maldita palabra «crisis», y empezar a llamar a las cosas por su nombre.

Juanma Agulles

revista Ekintza Zuzena nº37
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El Mito del Partido. Símbolo de la Esclavitud Moderna

La revolución no es obra de los partidos

Las revoluciones de tipo social no son efectuadas por “partidos”, grupos o cuadros: acaecen como el resultado de fuerzas historicas y contradicciones que ponen en actividad a amplios sectores de poblacion. Se traducen no solo -como afirma Trotsky- porque las “masas” hallan insoportable la sociedad existente, sino tambien a consecuencia de la tension entre lo actual y lo posible, entre “lo que es” y “lo que podia ser”. La miseria abyecta solamente no produce revoluciones. La mayor parte de las veces ocasiona una desmoralizacion inutil o, lo que es peor, la lucha privada y personal para sobrevivir.

La Revolucion Rusa de 1917 gravita en la conciencia de todos como una pesadilla, porque fue en gran parte la consecuencia de “insoportables condiciones” de una devastadora guerra imperialista. Los sueños en ella contenidos fueron pulverizados por una guerra civil aun mas sangrienta, por el hambre et la traición. Lo que emergio de la revolucion fue la ruina, no de una vieja sociedad, sino de las esperanzas de construir una nueva. La revolucion Rusa fallo lamentablemente al sustituir al zarismo por el capitalismo de Estado.

Los bolcheviques fueron las tragicas victimas de su ideologia y en gran numero pagaron con sus vidas durante las purgas de los años treinta. Intentar adquirir una sabiduria total de ese ensayo revolucionario es ridiculo. Lo que podemos aprender de las revoluciones del pasado es lo que todas ellas tienen en comun y sus profundas limitaciones, si se comparan con las enormes posibilidades que ahora se abren ante nosotros.

El rasgo mas sorprendente de las pasadas revoluciones es que se iniciaron espontaneamente. Tanto, si se examinan los prolegomenos de la revolucion Francesa de 1789, como si se etudia la de 1848, la Comuna de paris, la revolucion rusa de 1905, la caida del zarismo en 1917, la revolucion hungara de 1956, o la huelga general francesa de 1968, las fases iniciales son generalmente identicas: un periodo de fermentacion que se transforma espontaneamente en una insurreccion popular. Que esta triunfe o no depende de su resolucion o de si el estado puede emplear con eficacia su fuerza armada, es decir, si las tropas pueden ser lanzadas contra el pueblo.

El “glorioso partido”, alla donde existe, va casi invariablemente detras de los acontecimientos. En febrero de 1917 la organizacion bolchevique de Petrogrado se opuso a la declaracion de huelga, precisamente en el momento mismo en que la revolucion estaba destinada a expulsar al zar. Afortudamente, los trabajadores ignoraron la “direccion” bolchevique y proclamaron por doquier la huelga. En los acontecimientos que siguieron nadie se vio mas sorprendido por la revolucion que los partidos “revolucionarios”, incluyendo los bolcheviques.

Lo recuerda el lider bolchevique Kayurov con estas palabras: “No hubo en absoluto ninguna directriz del partido… el comite de Petrogrado habia sido detenido y el representante del Comite Central, camarada Shliapnikov, era incapaz de dar iniciativa alguna para el siguiente dia”. Lo cual acaso fue un hecho afortunado: antes de la detencion del comite de Petrogrado, la evaluacion que este hacia de la situacion y de su rol en ella era tan deplorable, que de seguir los trabajadores sus orientaciones es dudoso que la revolucion se hubiera producido cuando lo hizo.

(…)

Las revoluciones y rebeliones de alguna importancia, no solamente revelan una fase esplendidamente anarquica sino que tienden tambien, espontaneamente, a crear sus proprias formas de autogobierno revolucionario. Las secciones parisinas de 1793-94 fueron las mas notables formas de autogobierno creadas por cualquier revolucion social en la historia. Una forma mas conocida: los consejos, o “soviets” establecidos por los trabajadores de petrogrado en 1905. Aunque menos democraticos que las secciones, los consejos estaban destinados a reaparecer años mas tarde en algunas revoluciones. Sin embargo, otra forma de autogobierno, o autogestion revolucionaria lo fueron los comites de fabrica establecidos por los anarquistas en la Revolucion española de 1936.

Finalmente, las secciones reaparecieron en las asambleas de estudiates y en los comites de accion durante la revuelta y la huelga general de Paris, en mayo-junio de 1968 (Es sarcastico que la mayoria de los grupos marxistas-leninistas- trotskistas-maoistas se sieran a la tarea de maniobrar sin pudor alguno en las asambleas estudiantiles de la Sorbona, en un esfuerzo por controlarlas, e introdujeron en ellas elementos de discordia que acabaron por desmoralizar a todo el conjunto. Despues para completar el sarcasmo, todos esos grupos se pusieron a charlar acerca de la necesidad de una “direccion centralizada” cuando el movimiento colapso -un movimiento que se produjo muy a pesar de sus directrices y, en ocasiones, en oposicion a ellas).

LLegados a este punto debemos preguntar que rol desempeña el “partido revolucionario” en todos estos desarrollos. Para comenzar, hemos visto que tiende a tener una funcion inhibitoria, en modo alguno de “vanguardia”. alla donde existe o ejerce influencia tiende a refrenar el flujo de los acontecimientos, no a “coordinar” las fuerzas revolucionarias. Esto no es casual. El partido esta estructurado de acuerdo con las lineas jerarquicas que refleja la sociedad misma a la que pretende oponerse. Pese a sus pretensiones teoricas es un organismo burgues, un Estado en miniatura, con un aparato y un cuadro cuya funcion es tomar el poder, no disolverlo. Afincado en el periodo pre-revolucionario asimila todas las formas tecnicas y mentalidad de la burocracia.

Sus miembros estan educados en la obediencia, en los conceptos preformados de un dogma rigido, y enseñados a reverenciar el liderismo. Este liderismo o funcion dirigente del partido, a su vez, se basa en costumbres nacidas del mando, la autoridad, la manipulacion y hegemonia. Esta situacion empeora cuando el partido participa en elecciones parlamentarias. Debido a las exigencias de las campañas electorales, el partido acaba de modelarse a si mismo totalmente de acuerdo con las formas existentes e incluso adquiere los atavios externos del partido electoral. La situacion se deteriora aun mucho mas cuando el partido adquiere grandes medios de propaganda, costosos cuarteles generales, numerosos periodicos controlados rigidamente por la cuspide, y un “Aparato” pagado ; en resumen, una burocratia con intereses creados.

La jerarquía del mando

A medida que el partido crece la distancia entre la direccion y los hombres de base se acrecienta fatalmente. Los lideres no solamente se convierten en “personajes”, sino que pierden contacto con la situacion viva en las filas bajas. Los grupos locales, que conocen su situacion de cada momento mucho mejor que cualquier lider remoto, se ven obligados a subordinar su vision directa a las directrices de arriba. Los dirigentes que carecen de todo conocimiento directo de los problemas locales responden rutinaria y cautamente.

Si bien reclam una mayor amplitud de mras y justifica una mayor “competencia teorica” propia, la competencia del lider tiende a disminuir cuanto mas asciende en la jerarquia de mando. Cuando mas nos acercamos al nivel donde se toman las decisiones “reales”, mejor observamos el caracter conservador del proceso que elabora las decisiones, cuanto mas burocraticos y ajenos son los factores que entran en juego, tanto mas las consideraciones de prestigio y el atrincheramiento suplantan la creacion, la imaginacion y la dedicacion desinteresada a los objetivos revolucionarios.

El resultado es que el partido se hace menos eficiente desde un punto de vista revolucionario, cuanto mas busca la eficiencia en la jerarquia, los cuadros y la centralizacion. Aunque todos vayan al paso, las ordenes suelen ser en general equivocadas, sobre todo cuando los acontecimientos empiezan a fluir rapidos y a tomar giros inesperados, lo cual acaece en todas las revoluciones. El partido solamente es eficiente en un sentido: en el de moldear a la sociedad de acuerdo con su propria imagen jerarquica si la revolucion tiene exito. Crea la burocracia, la centralizacion y el Estado. Alienta las condiciones sociales que justifican este tipo de sociedad. De aqui que en vez de desaparecer progresivamente, el Estado controlado por el “glorioso partido” preserva las condiciones esenciales que “necesita” la existencia de un Estado, y de un partido para “guardarlo”.

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Es un hecho y un claro desafió a la inteligencia de las gentes: diez o doce partidos de estirpe marxista-leninista o simplemente marxista, se disputan el titulo de partido de la clase obrera. En realidad no puede haber diez o doce partidos o partidillos de la clase obrera. Es como en religión: no puede haber diversos dioses verdaderos. Tal hecho lo descalifica globalmente y el simple observador del fenómeno concluye muy cuerdamente la falsedad de todos ellos.

La pluralidad de partidos que es auto atribuyen el titulo de “partidos de la clase obrera”, no hace sino demostrar por la simple prueba del sentido común que no hay ningún partido de la clase obrera. Esta es para tales grupos la coartada ideológica, pero en realidad, todos los partidos carismáticos desconfían profundamente de la clase obrera. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de esos partidos fueron fundados por burgueses, o por individuos que vivían o pensaban como tales y por tanto despreciaban a la clase obrera.

Lenin y Trotsky, entre otros, reían sarcásticos cuando los anarquistas o consejitas querían confiar la gestión económica y el autogobierno político a las organizaciones naturales de la clase obrera: los sindicatos y consejos. ¿Como pueden ser revolucionarios y obreros los partidos que en nombre de la clase obrera estatifican la economía y marginan radicalmente a las masas obreras de su organización y control y le asignan el mero rol de fuerza del trabajo? Es asombroso considerar como los partidos “revolucionarios” de la clase obrera, lo primero que hacen al llegar al poder es separar a la clase obrera de la tarea auténticamente revolucionaria.

La clase obrera ha de ser dirigida y por tanto la función del dirigente es el atributo primero de esos partidos. Por ello permite afirmar a la critica libertaria no solo el carácter burgués de esos grupos, sino la concepción radicalmente primitiva de su filosofía política, basada en el autoritarismo. No olvidemos que la autoridad es vieja como el mundo, mientras el socialismo es una realidad comunitaria basada en la responsabilidad compartida.

De lo dicho se colige el carácter excluyente de todo partido :la lucha por el poder hace que se excluyan unos a otros, puesto que siendo cada uno de ellos el “partido” por antonomasia, solo a cada uno de ellos corresponde el control de aquel. De ahí la dictadura y el totalitarismo sobre los grupos descartados del poder y sobre la clase trabajadora.

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La superioridad ideológica del anarquismo y del sindicalismo revolucionario es que no aspira al poder, sino a la liquidación del poder tal como lo conciben los demás partidos. Por tanto, no entra en la lucha hegemónica excluyente. El sindicalismo revolucionario, por ejemplo, ofrece a todos la posibilidad de una participación abierta, es en si mismo esta participación abierta a todos. El sindicalismo revolucionario no pide a los demás que abdiquen ante su poder, sino que contemplen la posibilidad de una reestructuración social de la base comunitaria, al margen del poder tradicional. Este poder es el gran factor excluyente, el que mediatiza y alienta a las masas.

Este poder del punto omega, este poder antidemocrático, antirrevolucionario y antisocialista del vértice, debe ser sustituido por el poder de participación generalizada en la base social. Debe partir de esta; el poder de decisión y participación debe estar diluido, generalizado, debe ejercerse en todos y cada uno de los sectores de la actividad económica y política. Este poder decisorio de base diluido en la fabrica, en la industria y en la federación de comunas, arranca de la periferia social, donde nacen todos los fenómenos esenciales de la vida comunitaria y se articula hacia arriba en nexos que muy bien pueden ser federativos.

Pero el poder reside en la base, que puede revocarlo en cualquier momento. Frente al primitivismo de la filosofía política de los “partidos de la clase obrera”, afincados todavía en el ancestral principio de autoridad, la responsabilidad compartida en la base. Esta es la filosofía política, clara y directa, que corresponde al fenómeno comunitario del socialismo, el cual se basa en la solidaridad y la mutua correspondencia. El socialismo de dirigentes y dirigidos no es socialismo, sino autoritarismo y empieza por la discriminación política y termina en el nacimiento de nuevas clases privilegiadas, como muestra la experiencia. (…)

Grupo Orobón Fernández
España, 1973

Folleto aparecido por primera vez en la revista venezolana Ruta Nº15 en septiembre de 1973. Fue editado, a su vez, por la FORA en Tucuman, Argentina.

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Máquinas de guerra: Blackwater, Monsanto y Bill Gates

Un reporte de Jeremy Scahill publicado en The Nation reveló que el ejército mercenario más grande del mundo, Blackwater (ahora llamado Xe Services) le vendió servicios clandestinos de espionaje a la trasnacional Monsanto.

Blackwater cambió de nombre en 2009, luego de hacerse famosa en el mundo por las denuncias sobre sus abusos en Irak, incluidas masacres de civiles. Sigue siendo el mayor contratista privado del Departamento de Estado de Estados Unidos en servicios de seguridad, es decir para practicar el terrorismo de Estado dándole al gobierno la posibilidad de negarlo.

Muchos militares y ex oficiales de la CIA trabajan para Blackwater o alguna de las empresas vinculadas que creó para desviar la atención de su mala fama y generar más lucros vendiendo sus nefastos servicios –que van desde información y espionaje hasta infiltración, cabildeo político y entrenamiento paramilitar– a otros gobiernos, bancos y empresas trasnacionales. Según Scahill los negocios con trasnacionales –como Monsanto, Chevron, y gigantes financieros como Barclays y Deutsche Bank– se canalizan a través de dos empresas que son propiedad de Erik Prince, dueño de Blackwater: Total Intelligence Solutions y Terrorism Research Center. Éstas comparten oficiales y directivos de Blackwater.

Uno de ellos, Cofer Black, conocido por su brutalidad siendo uno de los directores de la CIA, fue quien hizo contacto con Monsanto en 2008 como directivo de Total Intelligence, concertando el contrato con la compañía, para espiar e infiltrar a organizaciones de activistas por los derechos de los animales, contra los transgénicos y otras sucias actividades del gigante biotecnológico.

Contactado por Scahill, el ejecutivo Kevin Wilson de Monsanto se negó a hablar, pero posteriormente confirmó a The Nation que habían contratado a Total Intelligence en 2008 y 2009, según Monsanto solamente para hacer seguimiento de información pública de sus opositores. Dijo además, que Total Intelligence era una entidad totalmente separada de Blackwater.

Sin embargo, Scahill cuenta con copias de los correos electrónicos de Cofer Black posteriores a la reunión con Wilson de Monsanto, donde les explica a otros ex agentes de la CIA, usando sus direcciones electrónicas de Blackwater, que la discusión con Wilson fue que Total Intelligence se convertiría en el brazo de inteligencia de Monsanto, espiando activistas y otras acciones, incluido que nuestra gente se integre legalmente a esos grupos. Monsanto pagó a Total Intelligence 127 mil dólares en 2008 y 105 mil dólares en 2009.

No asombra que una empresa de ciencias de la muerte como Monsanto, que se ha dedicado desde sus orígenes a producir tóxicos y desparramar venenos, desde el Agente Naranja hasta los PCB (policlorobifenilos), agrotóxicos, hormonas y semillas transgénicas, se asocie con otra empresa de matones.

Casi al mismo tiempo que la publicación de este artículo en The Nation, la Vía Campesina denunció la compra de 500 mil acciones de Monsanto, por más de 23 millones de dólares por la Fundación Bill y Melinda Gates, que con esto se terminó de sacar su careta de filantrópica. Otra asociación que no sorprende.

Se trata de un casamiento entre los dos monopolios más brutales de la historia del industrialismo: Bill Gates controla más de 90 por ciento del mercado de programas patentados de computación y Monsanto cerca de 90 por ciento del mercado mundial de semillas transgénicas y la mayoría del mercado global de semillas comerciales. No existen en ningún otro rubro industrial monopolios tan vastos, cuya propia existencia es una negación del cacareado principio de competencia de mercado del capitalismo. Tanto Gates como Monsanto son muy agresivos en la defensa de sus mal habidos monopolios.

Aunque Bill Gates intente decir que la Fundación no está ligada a sus actividades comerciales, todo lo que ésta hace demuestra lo contrario: gran parte de sus donaciones terminan favoreciendo las inversiones comerciales del magnate, además de que en realidad no dona nada, sino que en lugar de pagar impuestos a las arcas públicas, invierte sus ganancias donde le favorezca económicamente, includa como propaganda de sus supuestas buenas intenciones. Por el contrario, sus donaciones financian proyectos tan destructivos como la geoingeniería o la sustitución de medicinas naturales y comunitarias por medicamentos patentados de alta tecnología en las zonas más pobres del mundo. Qué coincidencia, los mexicanos Julio Frenk (ex-secretario de Salud) y el ex-presidente Ernesto Zedillo son consejeros de la Fundación.

Al igual que Monsanto, Gates se dedica también a tratar de destruir la agricultura campesina en todo el planeta, principalmente a través de la llamada Alianza para una Revolución Verde en África (AGRA). Ésta funciona como caballo de Troya para despojar a los campesinos africanos pobres de sus semillas tradicionales, sustituyéndolas por semillas de las empresas primero, y finalmente por transgénicos. Para ello, la Fundación contrató en 2006, justamente a Robert Horsch, un director de Monsanto. Ahora Gates, venteando mayores ganancias, se fue directo a la fuente.

Blackwater, Monsanto y Gates son tres caras de la misma figura: la máquina de guerra contra el planeta y la mayoría de la gente que lo habita, sean campesinos y campesinas, indígenas, comunidades locales, gente que quiere compartir información y conocimientos o cualquier otro que no quiera estar en la égida de lucro y destrucción del capitalismo.

Silvia Ribeiro

fuente: www.jornada.unam.mx

Túnez, el Magreb, el mundo árabe… Donde menos se piensa salta la liebre

In Memoriam por Muhammad Bouazizi. El significado social y político de su acto. Lo que encierra en su seno la sociedad tunecina y el mundo árabe. No fundamentalismos sino reclamos democratizadores.

Lo que estamos presenciando en el norte africano es algo inesperado y formidable. Y con una raíz ético-política absolutamente fuera de lo pre-establecido, de lo calculable, de lo que suelen analizar los analistas.

Presentamos una secuencia, ateniéndonos a lo cronológico porque nos parece clave para tratar de entender la envergadura de lo que experimenta este presente nuestro:

1. Muhammad Bouazizi un joven tunecino ya adulto, 26 años, frutero ambulante desde los 10 años, licenciado en informática desocupado, es decir sin acceso a “las posibilidades” características de los jóvenes integrados, pero ajenas para un habitante de los despojos planetarios. El 17 de diciembre debe afrontar una vez más, como cada día, la exigencia policial y/o municipal de “peaje” para poder ganar sus monedas. Se niega, policías de rutina voltean su carro y es abofeteado por una funcionaria, Feida, que lo increpa cuando avisa que los va a denunciar y se burla de Muhammad, aclarándole que es un “don nadie”. Humillado con el cachetazo femenino, Muhammad consigue un bidón de 5 litros de nafta y se lo echa encima, prendiéndose fuego.

2. Así comienza a quemarse la mecha tunecina que enciende Bouazizi. Es internado, y el 28 de diciembre recibe la visita presidencial en el hospital. Ben Alí, que desde la TV adocenada y oficialista se hace llamar “el iluminado”, “el arquitecto del cambio”, “el combatiente supremo”, “el salvador”, “el sol que brilla sobre los tunecinos”, “la ambición que nutre al pueblo” y otros epítetos por el estilo concurre a ver lo que queda de Bouazizi. Tal vez palpitó algo.

3. 4 de enero de 2011. 18 días después de la inmolación, Muhammad Bouazizi muere. El malestar empieza a hacerse sentir ya muy fuerte en las calles. Bouazizi había escrito un mensaje a su madre antes de su acto desesperado pidiéndole perdón. “[…] Perdido en senderos que están fuera de nuestras manos. He desobedecido la voz de mi madre. Maldice el tiempo, no a mí.[…]. Por mucho que lloré y todas las lágrimas que brotaron de mis ojos. No culpar puede ser benéfico en un tiempo que es indigno en la tierra de la gente.”

4. 11 de enero. El gobierno establece una suerte de estado de sitio, prohibiendo o tratando de prohibir las manifestaciones.

5. La mecha se acorta. El sentimiento de humillación generalizado se va haciendo sentir. Ese malestar se deposita sobre otro bien reciente, las privaciones y maltratos de cuando la escasez de alimentos de 2008, que dejaron al descubierto la naturaleza del régimen que tiene como “cabeza” a Ben Alí.

6. Y a su mujer, Trabulsi, y a la familia de su mujer. Ella, peluquera devenida primera dama, arma toda una red de exacciones generalizada, con cupos, pagos, coimas.

7. El 14 de enero, las expresiones de repudio que hasta entonces habían estado limitadas a la región natal de Bouazizi, Sidi Bouzid, en el corazón territorial del país, alcanzan a la capital, a unos 200 o 300 km. al norte, sobre el mar Mediterráneo. Los manifestantes ahora pertenecen a muy diversas capas sociales, ya no son sólo campesinos y rurales, incluso capacitados como el mismo Bouazizi, para quienes “la ley es tela de araña”. (1) Los manifestantes llevan pancartas con los rostros de héroes nacionales clásicos… y de Muhammad Bouazizi. Siendo además Túnez un país que logró independizarse políticamente de Francia pero que conservó mucho de su estilo político, también llevaban carteles donde se preguntaban: “¿Dónde está Francia, campeona de los derechos humanos?” (2)

8. La rebelión, generalizada, pone en fuga al infame dictador y su familia de sanguijuelas, sólo que logran hacerlo robando una vez más (le permitirán fugarse a la Trabulsi con 160 millones de dólares, a Arabia Saudita…). De todos modos, tienen que abandonar en tierra a dos hermanos de la “primera dama” porque personal del aeropuerto se niega a permitir esas salidas. Pero ese mismo personal no debe haberse atrevido contra los “investidos”, como una “primera dama”. Un hermano de la Trabulsi, convertido en intendente, muere apuñalado. Así terminaba el 14 de enero de 2011.

9. El gesto de Bouazizi ha generado una situación irreversible, su desesperación individual se reveló íntimamente compartida. Túnez ya no será lo que era. Este camino se ha regado hasta ahora con unas cien vidas.

10. Como dice una corresponsal, LCK (en una lista-e, 7 febr. 2011): “El 31 de diciembre nadie pensó que dos semanas después Ben Ali [iba a] ser escupido de su sillón, ni que la plaza Tahrir se tranformase en un foro de participación y emancipación popular.” LCK nos recuerda que lo mismo pasó con el muro de Berlín. ¿Qué socialistas, me pregunto, pre-vieron esa hecatombe que comenzó con el muro berlinés y terminó con la mismísma URSS?

11. Lo futuro no existe ni está escrito en los análisis de nadie, ni siquiera de los que adivinan “científicamente” el paso de las formaciones sociales. Y sin embargo, la expresión de hastío por una dictadura, tan servil hacia los poderes planetarios como abusadora hacia los pobladores, como la de Túnez (y la de Egipto, y la de Argelia y la de Yemen y suma y sigue…) es desafiada con un alcance absolutamente inimaginado hasta entonces.

12. El impacto no se limita a su propio país, aunque en él haya sido inicial, radical y una bisagra histórica. Inmediatamente después de la trágica ofrenda de Bouazizi, estallan manifestaciones en Argelia y en Egipto. En Argelia, a partir del 17 de enero, se suceden varias inmolaciones. Como para que aprendamos que lo nuevo no sobreviene por la copia –algo que olvidaron, por ejemplo los guerrilleros y sobre todo los guerrilleristas latinoamericanos en los ’60 y ‘70– la situación argelina no se conmovió, al menos con la resonancia o correspondencia vivida en Túnez. En Egipto, en cambio, comienzan grandes movilizaciones más o menos simultáneamente, con inmolaciones incluidas, y se establece una tercera situación: las inmolaciones pasan a un segundo plano y el enfrentamiento entre la población civil y la hiperocorrupta y abusiva policía se convierte como en el eje del conflicto. Lo cual es aprovechado por Mubarak para maniobrar con el ejército, presentado como segunda línea de resistencia institucional, pero pour la gallerie como árbitro esquidistante entre la dignidad y la represión.

13. Una de las pruebas más fehacientes de la indignidad de los regímenes conmovidos por la acción de Muhammad Bouazizi es la seguidilla de promesas de los sátrapas en Egipto, Yemen, Jordania, Argelia, Marruecos… que no designarán a sus hijos como sucesores, ¿pero es que acaso eran monarquías hereditarias estas democracias liberales y pro-occidentales?, que bajan el precio del pan y la papa, ¿pero es que acaso estaban robando al pueblo?

Creemos que es tan ejemplarizante y aleccionador lo que se ha vivido en Túnez y sus repercusiones, que no queremos sino enhebrar un par de observaciones a partir de los acontecimientos. La primera, intentando aproximarnos a las causas de sociedades con tanta frustración y maltrato, y la segunda sobre el acto mismo de M. Bouazizi.

Por qué tales satrapías

Hay que decir una vez más por qué el Magreb, el mundo árabe y, sobre todo, las áreas petrolíferas bajo la égida occidental, están saturadas de regímenes autoritarios, hipercorruptos, matonescos, racistas y genocidas. No es porque se trata de masas islámicas fanatizadas, como lo prueban todas las demandas planteadas en Túnez, Argelia, Egipto, todas políticas, laicas, democratizadoras.

Lo que ocurre es que, inevitablemente si el centro planetario quiere disponer de bienes, recursos, alojados en la periferia no puede permitir que quienes allí viven dispongan de ellos, para sí. A lo sumo pueden ser la materia prima de zona franca para remesar lo extraído. No puede haber reparto con los empobrecidos locales. Y no lo hay.

Únicamente con el cuerpo de seguridad, simbólico o represivo, que les asegure seguir usando “las venas abiertas”. Del petróleo, entonces, la tajada de león para las multinacionales y la de zorro o lobo para el gobernante de turno. Como sólo tiene que mantener el orden y disfrutar de los haberes, se trata de enormes capitalizaciones. Los famosos petrodólares que alguna vez invadieron el mundo financiero. Claro que si tales ingresos tuvieran que ser repartidos entre todos los seres humanos de la región, se revelarían de una escasez, miserable, absoluta.

El vínculo centro-periferia es ése: riquezas para los enriquecidos, palos para los empobrecidos y un fortunón para quien se queda allí cuidando el orden. Este “reparto” se va complicando a medida que la sociedad esquilmada se complejiza y acumula algunos bienes. Por eso no es lo mismo Nigeria que Argentina, por ejemplo. En Nigeria se conserva “puro” el modelo colonizador.

En Argentina, se llega a un esquema “doble”, donde la macroeonomía es integrada en el mercado mundial siguiendo las leyes del gran capital transnacional, pero a la vez se le otorga a Argentina un papel relativamente protagónico con actividades propias (incluso hasta subimperiales, como podría ser con la soja en la bautizada por Syngenta “República Unida de la soja”), y constituyéndose así capas medias que tienen un cierto parecido con las del Primer Mundo, menos numerosas, pero infinitamente más extendidas que en países con una colonialidad más desnuda, tipo Haití, Honduras, Congo, Costa de Marfil, la ya mencionada Nigeria, Bangla Desh, Tailandia… En esa escala de racismos (3) que muchos economistass elaboran y califican como si de desarrollo económico se tratara, consideramos que Túnez es ubicable entre Argentina y Nigeria.

Lo que está sucediendo deja ver que hasta los poderes más consolidados tienen pies de barro: no pueden sólo “exportar” la muerte; la llevan encima.

La trascendencia conmovedora de la muerte ajena pero propia

Podemos observar una vez más, con recogimiento, la fuerza que tiene elegir su propia muerte o al menos arriesgar su propia muerte. Una inmolación es lo primero, un plantarse como lo hizo Rachel Corrie contra un poder despótico y avasallador que se ha entrenado para despreciar la vida humana ajena es lo segundo. (4)

Y tanto un Muhammad Bouazizi como una Rachel Corrie nos conmueven profundamente. Porque es la pura denuncia, la pura mostración del poder ajeno, superior y trascendente. Son actos que nos dejan a nosotros, los sobrevivientes, la responsabilidad. No han buscado solucionar ellos mismos la cuestión (como podría ser el caso con la guerrilla), apenas nos la han querido presentar. ¡Pero qué “apenas”!

El gesto de Bouazizi y sobre todo, la reacción desencadenada a partir de su acto, revelan una sociedad, la tunecina, con un enorme potencial ético y psíquico. Revela una comunidad espiritual a la que no estamos tan acostumbrados, particularmente en Occidente (aunque no nos resulte, por cierto, desconocida).

Las líneas precedentes procuran ser un reconocimiento al acto de Bouazizi para el que no encuentro, tal vez por su impensada grandeza, calificativo. Porque tengo la impresión que ha sido silenciado por nuestros medios de incomunicación de masas, deliberadamente o por ese accionar periodístico y “cultural” que araña la superficie y sigue de largo para arañar la noticia siguiente.

Luis E. Sabini Fernández / luigi14@gmail.com

notas:
1) Bartolomé Hidalgo, su poema inmortalizado por Alfredo Zitarrosa.
2) Esta cita, como varias precedentes provienen de artículos aparecidos en internet, de diversos autores y corresponsales como Antonio Carreño, Gloria Rodríguez-Pina, etcétera.
3) Racismo y colonialismo constituyen un par las más de las veces absolutamente unidos, a menudo inextricables. Desde ya, es inconcebible algún colonialismo sin “el fundamento” racista. Por eso son tan falsas las definiciones al uso en la prensa occidental de “la democracia israelì”, por ejemplo. Aluden a un verdadero oxímoro.
4) Rachel Corrie, joven estadounidense, murió aplastada por una aplanadora israelí en las operaciones habituales del ejército de ocupación de ese estado de derribo de una vivienda de natives palestinos, operación que ella procuró frenar mediante resistencia pasiva, “armada” únicamente de un megáfono.

fuente: www.revistafuturos.com.ar