Tráfico de órganos para transplantes

China, fuente de divisas del Estado

Hacia fines de los ’80, cuando la transformación de la definición clínica y judicial de muerte, –de cardiaca a cerebral– coincidió sospechosamente con el auge de técnicas para el transplante de órganos, y la opinión pública fue alertada por reiteradas denuncias del comercio de órganos, hubo intelectuales e instituciones que se pretenden de alta confiabilidad que salieron a la palestra a frenar tales sentimientos y sospechas, que en Argentina se expresaron con la mayor intensidad cuando la desaparición, ya en “plena democracia”, de la psiquiatra Cecilia Giubileo. (1)

Así, tuvimos que leer a “referentes” de la progresía porteña, explicando que el miedo a presuntos transplantes ilegales de órganos provenía de un ancestro de ignorancia y miedo, anclado en capas bajas. Eva Giberti nos hablaba de “mitos colectivos universales” que moldean el pensamiento de “esa gente hambreada, deprimida, sin trabajo” de la cual no podríamos esperar “exigirse a sí misma un esfuerzo crítico extra” y Jorge Halperin sostenía tranquilizadoramente que ”la gente es un medio de comunicación: crea y difunde noticias incluso de cosas que no han sucedido”.

Si podíamos apenarnos por tanta suficiencia intelectual que velaba la visión de un problema, ¿qué decir de comunicados como el emitido por el United States Information Service (USIS), que aseguraba, no las “verdades oficiales madeinUSA”, faltaba más, sino información objetiva, que lo de transplantes clandestinos, siguiendo las leyes del “mercado”, era un infundio… de los comunistas. Magdalena Ruiz Guiñazu se encargaba de difundirlo.

Poco después, la realidad se iba a encargar de dar un rotundo mentís a las negativas del USIS, Giberti, Halperin, Ruiz Guiñazu y tantos otros, cuando se reveló la venta legal, por vía electrónica, de riñones en Gran Bretaña, por ejemplo, donde por otra parte, toda una corriente de médicos la defendía, porque consideraban que la ilegalización del mercado de transplantes podría generar situaciones más sórdidas todavía. (2)

A fines de los ‘80 abordamos aquel cambio de definiciones sobre la muerte humana, señalando hechos tan llamativos como el incendio del CUCAI, antecesor del actual órgano público argentino que regula las ablaciones de órganos, el INCUCAI (3). Y en futuros tratamos de acercarnos a la verdad con menos soberbia intelectual que los “desmentidores” oficiales del tráfico de órganos. (4)
Y bien: la realidad nos alcanzó hace rato.

Un informe de Amnesty International revela precisamente que el gobierno taiwanés “en octubre de 1990 […] había aprobado una legislación que permitía […] la extracción de órganos del preso.” (comunicado del 17/7/1992). Las críticas públicas e internacionales arreciaron entonces y en 1991 “La Sociedad Neurológica de la República de China ha declarado oficialmente que la muerte de la base del cerebro no se decidirá en los presos ejecutados aunque éstos accedan a donar sus órganos […] ya no tenemos donantes de órganos entre los presos ejecutados.” (5)

AI ha aclarado, sin embargo, en el mismo informe, que otras autoridades médicas taiwanesas, como el Hospital Universitario, no han hecho referencia alguna a tal abandono en sus respectivas respuestas a las demandas de AI.

Con toda lógica, AI temía al “riesgo de que la presión para utilizar los órganos de un preso pudiera afectar a la fecha de una sentencia de muerte o al resultado de la apelación de un preso, y el riesgo de que los presos condenados a muerte se convirtieran en una fuente de órganos admitida, impidiendo así la reforma o la abolición de las leyes de la pena de muerte.”

El escándalo del uso de los cuerpos de los presos condenados a muerte en la China anticomunista no alcanzó los ribetes que cada vez más conocemos por el uso de los cuerpos de los presos y condenados a muerte en la otra, en la China declaradamente comunista, que ha ingresado a la globalización hipercapitalista por la puerta mayor.

Ante estas atrocidades ya no tenemos solamente a AI denunciándolas sino a toda una cohorte de instituciones estadounidenses y europeas que las condenan.
Existen datos sobre extracción de órganos a población carcelaria de la China “socialista” que AI publicó en la misma época precisamente en que se consignaron métodos similares en Taiwan (la China “prooccidental”).
“Aumento sin precedentes de las sentencias de muerte y las ejecuciones desde septiembre de 1993”, consignaba un informe de AI de aquel entonces.

La situación no sólo no ha amenguado sino que ha recrudecido, como se desprende de nuevos informes de AI. Hemos tenido acceso a uno de 2005, cuando se observó una enorme oferta de órganos para transplante en diversas ciudades chinas, como Shenyang. Órganos que en casi todas partes demandan meses o años de espera, el peculiar sistema de provisión de órganos chino permitía obtenerlos en semanas o días.
El comercio internacional floreció. Las divisas para China también.

Las autoridades médicas chinas se ufanan de que transplantan órganos vivos y no de personas (recién) muertas. La diferencia es sustancial porque la experiencia médica parece revelar que los transplantados con órganos retirados de cuerpos muertos tienen una sobrevida corta. Transcribimos un diálogo ilustrativo: “Aunque se consiga el órgano, el destinatario del riñón no vivirá más de dos o tres años. ¿Esto es exacto?
Respuesta: A menudo nos plantean tales cuestiones. Pero por favor, esté seguro que este plazo se aplica a transplantes de riñón donde el órgano proviene de una persona cuyo cerebro murió. Ese injerto ha sido realizado en Japón. Los transplantes de riñón efectuados en China provienen de un donante vivo. El resultado es completamente diferente de lo que usted ha oído en los hospitales o en los centros japoneses de diálisis. Desde que China comenzó el trasplante de órganos vivos hace veinte años, los médicos han practicado 5.000 transplantes de riñón (Ouyang Fei, “¿Qué se esconde detrás de los “Anuncios de órganos vivos” del Centro de transplantes de órganos de Shenyang?”, www.es.clearharmony.net/articles/200604/7870.html (6)

Aquellas lógicas preocupaciones de AI sobre la influencia en el destino de los prisioneros y de sus ejecuciones se renuevan y agigantan dado el ritmo, la intensidad y la frecuencia de las ejecuciones en la República Popular China. (7)

El gobierno de la “dictadura proletaria” china acaba de prohibir el comercio ilegal de órganos, agosto de 2007. Lo cual está muy lejos de significar que se aquiete o mengüe el comercio legal de órganos. Sencillamente las autoridades son las que llevarán adelante la actividad, la consecución de divisas. Según la BBC en un informe sobre el tema, “la industria del transplante de órganos se ha convertido en un gran negocio”. Otros investigadores señalan además la predilección de las autoridades chinas de matar dos pájaros de un tiro: extraer órganos de presos, miembros del Falun Gong, una suerte de secta o grupo ajeno al Partido Comunista, y hacer pingües negocios proveyendo de órganos a extranjeros que pagan fuertes sumas por ellos, máxime con las garantías de calidad que se le ofrecen.
Los formularios que el candidato a comprar tales órganos llena, lo dicen claramente: “De acuerdo con la ley china, la víscera será provista por hospitales públicos”, nos informa el China International Organ Transplant Center.

Si cabía sospechar un sesgo en el dictado de penas de muerte al estar éstas vinculadas con intereses extrajudiciales como la necesidad o la venta de un órgano, imaginemos ¿qué puede pasar cuando el negoción de la venta de órganos descansa sobre “enemigos del partido” o “del estado chino”, disidentes pertenecientes a una red que el gobierno combate ideológica y socialmente? Socialmente, porque los cultores del Falun Gong, practicantes de taichi-chuan y de disciplinas de mejoramiento personal y de vieja sabiduría china, se fueron haciendo muy populares en las calles chinas, al punto que algunos estiman que pasaron a ser más numerosos que los “camaradas” del partido gobernante.

Las dos Chinas, y los numerosos clientes, australianos, japoneses, israelíes, estadounidenses que se aprovechan de aquellas actividades “médicas” nos están dando el alcance del tristemente célebre tráfico de órganos, por lo visto mucho más carnal que mera imaginería de pobres y leyenda urbana de afiebrados.

Y nos queda retumbando en la cabeza…¿por qué ha “prosperado” en territorios chinos semejante actividad, tan atroz? En “una” China, ya bastaba para el horror, pero en “las dos”, con signos ideológicos tan diversos…

Luis E. Sabini Fernandez
luigi14@gmail.com

notas:
1) En 1985 en la otrora célebre devenida tenebrosa “Colonia Montes de Oca” u Open Doors se pudo rastrear a partir de dicha desaparición un comercio clandestino de córneas y de rufianismo con las internadas, deficientes psíquicas, es decir el aprovechamiento sexual, comercial e industrial de pacientes que no podían testimoniar. Su director fue encarcelado y allí murió sin revelar un ápice de los entretelones de la “Colonia”.
2) Jeremy Laurance, “Shortage of kidney and liver donors creates new international transplant trail [La escasez de donantes de riñones e hígados para transplantes crea un mercado internacional en la materia]”, <independent.co.uk> febr. 2004.
3) “Fábrica de repuestos busca urgente cuerpos humanos”, Crisis, 3ª. época, no 69, Buenos Aires, abril 1989.
4) “Tráfico de órganos: ¿leyenda imposible o mercantilización más que posible?”, futuros, no 6, verano-otoño 2004.
5) AI, ASA 38/11/91 T, ASA 38/04/92 y 38/005/1992.
6) Cfr. El comercio infame: capitalismo milenarista, valores humanos y justicia global en el tráfico de órganos de Nancy Scheper-Hughes, Department of Anthropology. University of California, 2004.
7) China tiene el triste privilegio de ser el estado que ejecuta más condenados a muerte por unidad de tiempo. Pero en una proporción mucho mayor a su población, la mayor del planeta. AI estima que en China se ejecuta muchísimo más que en todo el resto del mundo (junto). Las estimaciones van entre mil y diez mil ejecutados al año. El gobierno del PCCh señala que promete acompasarse a la teoría contemporánea dominante de reducir las condenas de muerte sólo a delitos gravísimos. La sola formulación de tal promesa deja entrever a quiénes y a cuántos han asesinado hasta ahora.

artículo publicado en Revista futuros nº11 (2008)
www.revistafuturos.com.ar

Tráfico de órganos

¿Leyenda imposible o mercantilización más que posible?

Acerca de la sensatez de los que saben

Frente al tráfico de órganos, es decir a la compraventa, generalmente bajo cuerda, dos actitudes opuestas, francamente contradictorias, se han ido presentando durante los últimos años. Que existe. Que no. En nuestras latitudes, esta última se ha presentado con una altísima racionalidad.
El último informe de la Unión Europea, que acaba de publicarse y con el cual el confiable, profesional y crítico The Independent, de Londres, acaba de hacer un resumen sobrecogedor, no hace sino zanjar una vez más el conflicto entre aquellas dos actitudes a que hacíamos referencia inicial.

Sin embargo, por la relevancia o prestigio de los negadores o escépticos, vale la pena rever su interpretación, la racional, que ha sido además, la actitud más generalizada de los medios de incomunicación de masas, al menos en Buenos Aires.

La de visualizar el presunto carácter mítico de tales hechos. Una recurrencia típica de sectores humildes y poco documentados, fáciles de caer en ”estados de pánico” (el título de una nota de sociología de Jorge Halperín, Clarín, 30/5/1988). Pesadillas diurnas que hay que saber interpretar como emergentes de un estado de inseguridad social.

Halperín es altamente comprensivo de estos fenómenos: ”La gente es un medio de comunicación: crea y difunde noticias incluso de cosas que no han sucedido.” (ibid.)
Constituyen así, ”mitos colectivos universales”, nos proveyó de sabiduría, también en aquel entonces, Eva Giberti (Héctor Alí , Página12, 24/5/1988).

1988 resultó un año de recrudescencia de tales temores. Y allí, la prensa responsable y las instituciones correspondientes calmaron las aguas. Un jerarca policial le explicaba entonces al cronista de Página12: ”Queremos llevar una total y absoluta tranquilidad a la población porque este tipo de delitos son prácticamente imposibles.”
Eva Giberti también irradia comprensión desde su estatura intelectual: ”Es sin duda un gran esfuerzo para esa gente hambreada, deprimida, sin trabajo, exigirse a sí misma un esfuerzo crítico extra.” (ibid.)
La nota de Alí registraba que ”la especulación sensacionalista alienta el fantasma”.

¿Fundamento de la sensatez en qué confianza?

Sabemos que los fenómenos de paranoia colectiva, de noticias mediante ”el teléfono descompuesto” pertenecen a ese universo fantasmático al que hacían referencia todos los comentaristas citados. En el artículo glosado de Halperín, que visita muchas de las presuntas leyendas urbanas, es indudablemente cierto que muchas son falsas. (1)
Lo que resulta francamente llamativo de la actitud condescendiente de Alíes, Halperines o Gibertis es la base documentaria en que se apoyan con tanta certidumbre. Halperín, por ejemplo, comprueba la tozudez del bajo pueblo: ”No importa que la Policía, el Parlamento, las clínicas que hacen transplantes y otras instituciones [sacrosantas, también, me imagino] desmientan la versión.” (ibid.). Y Alí, por su parte, aclara categóricamente¨”Funcionarios y especialistas desmienten categóricamente la existencia de un supuesto mercado negro de órganos infantiles.” ¿Está claro?

En una nota radial Magdalena Ruiz Guiñazu también salió a combatir la superstición y el espanto injustificable y trajo la prueba documental de que no existía tal tráfico: un informe del United States Information Service (USIS), un aparato de seguridad de EE.UU. paralelo a la CIA (véase recuadro).

Para enterarnos que este tipo de suficiencia mental no es una exclusividad porteña, vale bien señalar la investigación del periodista sueco Jonny Sågänger quien en pleno menemismo, visitó la Argentina recabando datos para elucidar finalmente si el tráfico de órganos era una leyenda urbana o una sórdida realidad.

Este primer movimiento, como si fuera una investigación, nos podría hacer creer que Sågänger estaba un paso más adelante que los ya citados Halperín, Giberti, Alí, Ruiz Guiñazu. Pero tranquilicémonos. Quien esto escribe no conoce el punto de partida de tal investigación. Pero durante el capítulo argentino, la investigación (ya) no era tal: partía de la misma base ”filosófica” de nuestros conocidos; estaba convencido que enfrentaba una leyenda absurda. En Buenos Aires, entrevistará al ministro de Salud, a la sazón Quique Aráoz, quien [estuve presente] la asegurará categóricamente, con la palabra de honor de alguien que ha sido reiteradamente sindicado como estrecho colaborador de la dictadura militar, que no existía el tal tráfico.

Con semejantes ”incursiones de campo” el nórdico investigador no hacía sino ratificar lo que su perspicacia escéptica le había permitido conocer de antemano. Uno terminaba preguntándose a santo de qué tantos viajes (porque Sågänger tenía viáticos para recorrer varios países latinoamericanos, países ”candidatos” en el imaginario europeo-occidental a tales corporizaciones, reales o imaginarias). Vuelto a Suecia escribirá un libro, Organhandel [Comercio de órganos], en el que asienta su tesis concordante con las que hemos venido glosando: una leyenda urbana más.

No podía faltar la revista Noticias en esta recorrida por lo más granado de la progresía vernácula: en el 2000 por entre los mitos que expone, pasa revista a algunas verdaderas mentiras. El recopilador, Matías Loewy, incorpora el mito del riñón robado al joven que dormía después de una festichola. Aquí, quien nos tranquiliza es el director del INCUCAI (años atrás el CUCAI había sido disuelto tras un incendio en sus instalaciones que hizo desaparecer todos sus registros; con el colapso de ese primer centro o banco de órganos para transplantes, se habilitó el ahora vigente, con un nombre que procuró dar continuidad simbólica a lo que era también una continuidad institucional).

A tanta sensatez le falta… el nervio motor

Lo que nos dicen todos estos ponderados profetas del sentido común y la superioridad intelectual es que entre los pobres se gesta una mitología con la que transfieren al reinado atroz de los secuestros y muertes ante el altar de la novel –no tan novel (véase recuadro sobre comercio cadavérico)– cirugía de transplantes de órganos, sus propios miedos, impotencias, supersticiones.
La verdad, que sin embargo se ha ido abriendo paso, pese a dictámenes tan categóricos, parece más prosaica y menos imaginativa.

Una verdad que no se presenta atada a la construcción de imaginarios de gente sin recursos intelectuales ni a delirios de la miseria, sino más bien a la manipulación mercantil, al tráfico comercial, ése sí, a menudo apoyado precisamente en la miseria (para una parte del contrato, la débil) y en las necesidades vitales (para la otra parte, generalmente la poderosa). Si los medios de incomunicación de masas y hasta un periodismo de seudoinvestigación en lugar de invocar tantas autoridades, hicieran un análisis de situación, un análisis de los valores de nuestras sociedades podríamos haber estado sobreaviso desde hace bastante tiempo.

Desde el momento que hubo capacidad tecnológica para encarar estos transplantes. Desde ese mismo momento, habría sido extraño que no surgiera un comercio atroz, abusivo, en el mercado, en este caso médico. ¿Cuánto vale un órgano para un millonario del jet set de Los Ángeles que lo necesite? Algunas decenas de miles de dólares. Una bicoca.. ¿Cuánto vale la vida de algún pequeñín de San Pablo? A gatas el precio de la bala con que a menudo se los mata alegando ”higiene social”.

¿Qué impedimentos tendrían algunos VIP para quienes trabaja un ejército de empleados, asistentes, secretarios, guardaespaldas, servidores varios, si se viera necesitado de un riñón, una córnea, un hueso, una arteria para sí, para su amada esposa o el entrañable hijo con una afección dramática de desenlace fatal inminente?
Para quien su fortuna descansa en el mercado, también su valía descansa en el mercado. Su sentido de la vida descansa en el mercado. Para quien crea valer lo que tiene (o pueda tener en el mercado), la decisión es meridiana: adquiriría en el mercado la mercancía médica reparadora, salvadora, que necesita.

Si entendemos como funciona el mercado, la extrañeza se invierte: sería raro que no se hubiera generado un tráfico irregular. Sería algo así como si la represión del sistema fuera estrictamente legal, no existiera ni la ”zona liberada”, ni los acuerdos o arreglos entre delincuentes y quienes están encargados de combatirlos. Como si la administración pública no tuviera ñoquis, como si en los sistemas de conscripción, los ricos no compraran su exención y fueran al servicio militar o a la guerra del mismo modo exactamente que el resto de los mortales… sería casi como creer, el 6 de enero, en los Reyes Magos.

Los descargos de la intelectualidad ”sensata” que hemos venido glosando no se llevan del todo bien con los datos de la realidad. Halperín nos hablaba que esos estados de pánico se construían pese a la opinión del Parlamento en contra. No vamos a pretender que fuera profeta. Pero apenas cinco años después, en 1993, en el Parlamento argentino (Trámite Parlamentario, no 154) se prestaba oídos a una escalofriante investigación publicada por la BBC de Londres sobre tráfico de órganos de niños en varios países latinoamericanos. Los principales eran entonces: Guatemala, Honduras… y Argentina. La investigación distinguía entre tráfico de órganos de gente desaparecida y aquellos provenientes de extracciones de chicos con ”muerte cerebral”.

En este último caso el autor del informe, Bruce Harris, señalaba poca confiabilidad en los encefalogramas que servían para decretar la muerte cerebral.(2)
El proyecto de Diputados se refería también a la nunca aclarada desaparición de la médica Cecilia Giubileo en 1985 ”por su presunta investigación de tráfico de órganos en la Colonia Montes de Oca” (Mercedes, prov. de Buenos Aires). Al director de ese centro de internación psiquiátrico se le responsabilizó de haber comercializado cientos de córneas entre 1979 y 1985.
En 1995 se le retira el premio francés Albert Londres sobre periodismo de investigación a Marie Robin que había llevado adelante una investigación sobre tráfico de órganos. Es interesante consignar que la autora impugnada le atribuyó a nuestro ya conocido USIS la campaña de desprestigio que culminó en el retiro del premio.

En 1996 el New York Times denunció el tráfico de niños… en Paraguay (y aquí se hizo eco al menos Página12 (20/3/1996), que significativamente cruzó ese tema con el de tráfico de órganos que acabamos de mencionar.
Por esa misma época, la extraña muerte de un periodista francés, Xavier Gautier, dedicado a investigar el tráfico de órganos en la Bosnia desangrada por la agresión étnica, puso otra vez sobre el tapete el negado fantasma.
Volvemos a Argentina. En abril de 2000 se consignó públicamente que una clínica en Claypolé estaba complicada en el tráfico de bebes. Que se supuso con ramificaciones hasta en la provincia de Misiones: tráfico de bebes. Ya sería atroz para adopciones que se hacen sobre la base del despojo o la miseria de progenitores. Pero pensando en Misiones, hay que pensar en tráfico internacional de bebes. ¿Y si se tratara de tráfico de órganos en cuerpos vivos?

Lo atroz se hace casi inaguantable, inconcebible. Hannah Arendt, refiriéndose a las pesadillas de universos totalitarios, nos dice algo sobre el particular: ”Los hombres normales no saben que todo es posible, se niegan a creer en lo monstruoso […].” (Los orígenes del totalitarismo. 3, edic. Alianza, 1968, p. 567).
Tal vez esto explica porqué esa permanente desmentida al tráfico de órganos. Nadie niega la prostitución infantil, por otra parte, cada vez más masiva (y en donde el riesgo de muerte de ”el objeto sexual” es bien cierto). Ya se sabe, sin sombras de dudas, que existen ”grupos” y ”redes operativas” para semejante tráfico. Y se los reconoce. Tal vez porque los delitos vinculados con la prostitución aparecen más ”normales” o menos ”anormales”, que el incalificable tráfico de órganos.

Quince años más tarde, la aseveración de Halperín tuvo un nuevo mentís: ahora es el Parlamento Europeo el que toma cartas en el asunto: el tráfico se ha europeizado en estos últimos años: ”las redes […] están apuntando a países pobres europeos como Estonia, Bulgaria, Turquía, Georgia, Rusia, Rumania, Moldavia y Ucrania.” (Jeremy Lawrence, Página 12, 4/10/2003).

El informe explica las ventajas de los donantes vivos sobre los recién fallecidos (algo que ya se mencionó cuando el asesinato de Gautier; tráfico con cuerpos moribundos). Esa diferencia ”técnica” es decisiva para que un tipo de actividad como la del INCUCAI reciba una fuerte ”competencia” de lo que algunos apresurados han calificado como ”leyendas urbanas”.

Luis E. Sabini Fernández

notas:
1) Aunque se podría observar que algunas de tales leyendas bordea fuertemente una realidad que en 1988 parecía racionalmente impensable: Halperín se burla entonces de la leyenda urbana según la cual los bancos van a diezmar la plata de los ahorristas. Unos doce o trece años después, no la diezmaron pero la terciaron…
2) Que sustituyó al clásico concepto de muerte cardiaca, justamente cuando la técnica de preservación y trasplante de órganos se puso a punto.

Comercio cadavérico

El comercio de órganos es de larga data. Suecia, por ejemplo, obtiene una respetable cantidad de divisas que convierte en petróleo (del que carece) mediante la exportación de varios cientos de córneas al año a Egipto. Egipto es un país con un índice alto de ceguera. Suecia tiene una legislación muy permisiva respecto de la conservación de los cadáveres y en los hospitales no hay necesidad de consultar a los deudos para extraerle las córneas a los fallecidos aptos. Simbiosis perfecta. Así, la tecnología quirúrgica ha alcanzado un nivel de operatividad que le otorga a Suecia considerables divisas.

Pero dicho comercio tiene cierta potencialidad riesgosa. EE.UU. es un gran consumidor de cadáveres para sus salas universitarias de anatomía. Al parecer, dicho consumo no se ha satisfecho con una circulación interna. Por su parte, la India ha dispuesto desde tiempo inmemorial de una cantidad enorme de muertos jóvenes, cadáveres que en los servicios de capacitación y formación médica estadounidenses son altamente estimados. Otra simbiosis. La India exportó durante mucho tiempo cadáveres, cuerpos humanos anátomicamente aptos a EE.UU.

¿Qué mejor que dejar librado al mercado semejante juego de necesidades y disponibilidades? Seguramente será el consejo de algunos de nuestros inefables neo- o paleoliberales. Esa mano invisible que todo lo arregla. India exportaba cadáveres con fines científicos. Pero, ¿desde cuándo hubo necesidades y mercados ”naturales”? En la India no sólo mueren muchos jóvenes, también hay mucha gente (mil millones de habitantes). Y mucha gente pobre. Y mucha indocumentada. Y mucha sin recursos ni contactos (los ”adecuados”). A algún empresario se le ocurrió que no era suficiente esperar a los muertos para exportarlos. Y se decidió a producirlos. Hasta que, por algún traspié; algún muerto inadecuado, vaya uno a saber, o algún aduanero pesquisante y honesto, saltó el ”negocio”. Para cortar los asesinatos, el gobierno indio suspendió la necrofílica exportación.

Unites States Information Service. USIS.

¿Desmintiendo verdades?

Sale públicamente –algo que hace muy pero muy esporádicamente porque su labor permanente es más en las sombras–, a tranquilizar a ”la opinión pública” y a los medios de incomunicación de masas que le hacen el juego, desmintiendo toda posibilidad de tráfico de órganos.
Hay que volver a la fábula de Samaniego: si el mono critica malo, si el chancho aplaude, peor.
Si algo puede apuntar a la existencia de tan sórdida actividad humana es, no tanto las pesquisas siempre difíciles respecto de una actividad confidencial y oculta que por otra parte se entremezcla con las ”leyendas urbanas”, sino, precisamente, la falta total de lógica de que se pretenda que tal actividad NO puede existir. Sospechable desmentida.

En su momento (La Nación, 10/8/1988), el USIS acusó a la URSS de esa ”campaña de desinformación”. Ahora que no existe la URSS pero la cuestión está más presente que nunca, ¿será ”el enemigo musulmán” el que lleve adelante la ”campaña de desinformación”?
El mensaje del USIS resultó regocijante. Porque atribuía a la URSS cinco campañas, no sólo ésta. Y todas falsas, pretendía el USIS.
Repasemos las otras cuatro desmentidas que nos permitirá apreciar los quilates de veracidad de esta sí, instructiva campaña:
a) que EE.UU. estaba investigando armas étnicas. Para matar a no-blancos.
En 1995, con el levantamiento del carácter secreto que periódicamente tolera la administración de EE.UU., se pudo saber que tal investigación sí existió. Y en su transcurso, llegaron a matar a algún ser humano tratado como cobayo involuntario (dentro de población estadounidense inoculada con bacterias sin saberlo, por ejemplo en la bahía de San Francisco, y, sin muertes registradas, en la de Norfolk). Que las investigaciones reveladas no hayan llegado a obtener tales armas, es otro cantar.
b) Que EE.UU. desarrolla armas biológicas.
No sólo es cierto y, entrado el siglo XXI, sabido hasta por el periodismo más cómplice, sino que además EE.UU. es uno de los poquísimos estados que se ha negado a cualquier tratado internacional de abolición de tales armas.
c) Que la CIA participó de la matanza de la secta de Jim Jones en Guyana.
Lo que sí se conoce públicamente es que todo el funesto episodio de los ochocientos suicidios o más bien suicidados, empezó en el aeropuerto guyanés donde desembarcaran agentes de ”seguridad” de EE.UU. recibidos a tiros por sectarios.
d) Que EE.UU., sus fuerzas de ”seguridad”, estaban envueltos en asesinatos de palestinos…¿alguien que dudara de ello en 1988, puede hacerlo en el 2003? En Israel, cuesta distinguir entre el Mossad y la CIA, tal es el grado de entrelazamiento de los regímenes establecidos en EE.UU. e Israel.

artículo publicado en revista futuros nº6 (2004) www.revistafuturos.com.ar

Análisis de la película Pontypool

Advertencia: la entrada puede contener detalles sobre el argumento.

“Norman Mailer tiene una teoría la cual utilizaba para justificar las casualidades ocurridas el día del asesinato de JFK: en el despertar de los grandes eventos tanto antes como después detalles físicos sufren espasmos por un momento se separan y cuando retoman su estado normal todos estos coinciden en una forma inusual. Nombres, cumpleaños, segundos nombres, cosas superfluas coinciden entre sí. Es ‘el efecto de onda’ Bien, ¿qué significa?, significa que algo sucederá, algo importante. Pero sabemos que siempre hay algo que está a punto de suceder”. Grant Mazzy

Hoy ingresa en la sección películas malditas un gran largometraje que con “Carriers”, “Vals con Bashir” o “Déjame entrar” sean de las obras maestras que hemos podido ver el año pasado, hablo nada más y nada menos que del filme canadiense “PONTYPOOL” de Bruce McDonald. Esta película no ha sido comprada por ningún distribuidor tras su paso por la pasada edición del Festival de Sitges (2009), donde recibió más que una cálida acogida, y donde surgieron multitud de seguidores. Creo que estamos ante toda una obra de culto. Tony Burgess  se encarga de adaptar sobre su propia novela llamada “Pontypool Changes Everything” para generar una ficción distópica que le sirve para hablar de sus temores sobre la sociedad actual.

Para ello nos sumerge en un claustrofóbico universo del interior de una emisora local de radio CLSY 660, donde Sydney Briar es productora de un talk show matutino presentado por la estrella en horas bajas Grant Mazzy. Ambos son como el perro y el gato hasta que la situación en el exterior de la emisora haga su relación cambie. Os parecerá un inicio un tanto insulso pero realmente esconde una maravillosa película, imprescindible para todo aquel que se llame a sí mismo cinéfilo. No había visto nada igual desde el impresionante arranque del largometraje de Lars Von Trier “Europa”. Ambos están a la misma altura, son igual de hipnóticos e inquietantes.

Títulos de créditos iniciales

Como ya hiciera con los títulos de crédito de “ALIEN”, vamos a analizarlos para ver qué esconden. En su secuencia inicial Bruce McDonald nos plantea la tesis del largometraje de una forma muy curiosa. Para ello mezcla la fascinante banda sonora creada por Claude Foisy, a partir de sobria y minimalista programación creada con sintetizadores, y la increíble voz del actor Stephen McHattie que da vida al presentador Mazzy Grant. Entre ambos se sientan las bases de todo lo que el espectador verá a continuación, es decir, las letras, las palabras, el lenguaje, la comprensión y la el juego entre significados y significantes. Los primeros hallazgos de maestría los tenemos en cómo nos muestran el nombre de la película. De una forma totalmente intencionada el director comienza a darnos más pistas sobre el diálogo declamado en ese mismo instante, y así establece un curioso juego con el espectador y así iremos leyendo lo siguiente…

Pontypool- Títulos de créditos iniciales

“P” pero esta letra pronunciada en inglés suena “pi”, luego puede tener dos significados, en primer lugar el número “pi” o también la letra “p”.
Lo siguiente que leemos es “TYPO” que significa “Error tipográfico”.
Pero enseguida el espectador puede leer lo siguiente “O  TYPOO” que realmente es un error tipográfico porque typo se escribe con una sola letra O, pero además viene a ser un juego por el que manifiestan su sorpresa ante el error tipográfico, Oh!, que a su vez es otro error. Lo siguiente que nos aguarda es “ONTYPOO” que podríamos traducir como “sobre el error tipográfico” o “en el error tipográfico”. El siguiente mensaje es “ONTYPOOL” que vienen a ser tres palabras “ON-TY-POOL” que podemos traducir como “té en la piscina” porque “ty” se pronuncia igual que “tea”.
Para acabar mostrando el nombre de la localidad donde todos los extraños acontecimientos vana  tener lugar, hablo obviamente de “Pontypool” Y con una transición para adentrarnos en el gélido amanecer de esta peculiar e imaginaria localidad canadiense. Este párrafo esconde en sí mismo la misma tesis que la película, y que para el lector de este análisis cobrará mayor sentido tras el visionado del filme.

Un largometraje psicológico

El argumento realmente versa sobre el uso del lenguaje, el significado de las palabras, de cómo las alteramos y cómo deterioramos su significado hasta hacérselo perder del todo. Es ahí donde los personajes encontrarán una salida a su problema. Pero también de la incomprensión en la que vivimos en la sociedad actual, en la que todos hablamos y escuchamos pero en la que nadie acaba por entenderse. Donde hacemos prevalecer nuestros intereses personales sobre los de los demás. De este modo el espectador asistirá impasible a un espectáculo donde el uso del lenguaje nos hace prisioneros a pesar de los postulados del personaje principal.

Con tres breves pinceladas nos describe a los personajes principales. Estamos ante un presentador en decadencia, alcohólico, que acaba de despedir a su representante y que tendrá que encarar la peor jornada laboral de su vida en la CLSY 660. A lo largo del programa iremos viendo como usa subterfugios lingüísticos para poder justificar sus injustas acciones, y será en este momento donde la directora del canal de radio le enfrente a la realidad y sea su espejo. Así el cristal de la cabina donde Grant hace su programa diario se convierte en un eje de simetría y en un lado estará ambos contendientes, por un lado Grant y por otro la productora del programa matutino Sidney Bryar. Y el personaje que hace de bisagra entre ambos, es la joven Laurel-Ann Drummond, que interpreta a la técnico de sonido que acaba de llegar de la guerra de Afganistán, y que trata de que las cosas continúen su curso de una forma suave.

Pero también posee más cargas de profundidad porque habla de la manipulación de los medios de comunicación al reinventar la realidad, el día a día. Donde algunos  personajes no son lo que parecen o no están donde dicen hallarse. Que para algunos eso puede tratarse como un homenaje a lo que nuestros mayores decían que era “la magia de la radio”, pero en realidad habla de la manipulación de los hechos porque en cierta media los está reinventado.

Este valiente largometraje en un tour de force nos adentrará en dónde residen los límites de la libertad de expresión, dejando este tema abierto para que tras el visionado el público pueda debatir sobre estos aspectos, y otros más como lo que es una noticia relevante o pertinente a diferencia de lo que es un mero chisme o cotilleo. Inclusive, si es lícito lanzar una noticia sin haberla contrastado antes, y lo que puede tener más delito en ese caso, introducir comentarios editorialistas irónicos con los supuestos protagonistas del hecho noticiable convirtiéndolos en protagonistas de un enorme chiste. Así el guionista juega su gran baza con el personaje del presentador, y será a través de sus ojos cuando contemplemos el enorme problema de consecuencias no ya catastróficas sino apocalípticas.

Para un espectador europeo será exótico ver cómo los presentadores de radio norteamericanos establecen curiosas relaciones con sus audiencias, donde estos se erigen en guardianes de la libertad de expresión y amparándose en ellas, realizan todo tipo de críticas, justificadas o no, y dan rienda suelta a sus sermones propagandísticos. Pero hay un último detalle importante que es la forma en la que nos muestra la gran magia de un medio de comunicación de masas como es la radio, me refiero a que puedes hacer creer a tu audiencia que estás en cualquier punto del globo terráqueo y todos han de creerte, porque nadie te ve realmente. Y si encima aderezas el “engaño” poniendo efectos de sonido, bien puede parecer que vas en el interior de un helicóptero a pesar de que estés en el interior de una camioneta Dodge en lo alto de una colina.

Narrativa fílmica

Bruce McDonald abusa intencionadamente de los primeros planos a lo largo de todo el film. Las razones son varias. La primera es que estamos ante un relato absolutamente claustrofóbico. Una vez ubicados en el escenario realiza un montaje a partir de primeros y primerísimos planos, donde los detalles son exhaustivos. Pero la narración no se hace monótona al mover la cámara. Los dos recursos más usados por el director canadiense son las panorámicas y los zooms. La manipulación del lenguaje y de la palabra queda resaltada con el manejo del sonido, introduciendo efectos de sonido donde las palabras acaban resonando en un eco en un espacio totalmente abierto, y donde este fenómeno físico sería totalmente inverosímil.

Uno de los grandes aciertos es narrar todo desde el punto de vista de los miembros de la emisora, así pues el exterior entra a través de conexiones telefónicas, con lo que una vez más deja en manos de la imaginación del oyente y del espectador de la película que recree los hechos que va narrando el personaje de Ken Lonney desde su helicóptero “Sunshine”. O también de lo que pueden escuchar en la emisora de radio de la policía, las llamadas de teléfonos móviles o de lo que pueden leer en Internet. Es justo en esos momentos donde los efectos de sonido, los silencios y las programaciones de Claude Foisy cobran especial relevancia y su auténtico protagonismo haciendo de este maravilloso largometraje toda una joya artesanal, creada pieza a pieza, en la que todo acaba encajando.

Pero donde uno ya aprecia el enorme talento como director de Bruce McDonald es en la gran compenetración que tiene con su director de fotografía Miroslaw Baszak. Primero he de introducir un concepto de fotografía llamado profundidad de campo, que según la Wikipedia es el espacio por delante y por detrás del plano enfocado, comprendido entre el primer y el último punto apreciablemente nítido reproducidos en el mismo plano de enfoque. Bien, eso nos lleva a que ambos planifican el encuadre, dentro del mismo plano podemos tener un personaje enfocado u otro, destacando su gestualidad. Mirad estos dos planos de la misma escena donde McDonald y Baszak  juegan con la profundidad de campo, eso lleva aparejado planear cuidadosamente la puesta en escena y los diálogos, darle  la luz adecuada, para reducirlo, así genera momentos de gran tensión dramática cargados de mucho suspense y de actuaciones muy naturales por parte de los actores. Así apreciamos el talento de estos profesionales, que resuelve las cosas con mucha imaginación, al construir un relato de máxima tensión con los pocos elementos que tiene a su alcance.

Humor fino y otras curiosidades

Es soberbio por ejemplo el particular homenaje que realiza el guionista a uno de los mayores realizadores hablo nada más y nada menos que del director británico David Lean. Así el grupo musical que acude a la radio para ser entrevistado se llaman “Lawrence and the Arabians”, aludiendo al escarizado film Lawrence de Arabia protagonizado por Peter O’Toole. De esa manera el humor irrumpe y rompe la línea dramática para dar un respiro al espectador. Pero este homenaje esconde algo más, ninguno  de los integrantes son árabes, y todos van maquillados de forma estrambótica, de esta forma construye la escena como si se tratara de un scketch de los Monty Python, interpretando a capella una canción llamada “The Nefud desert” y es en ese momento donde aparece el guionista del largometraje Tony Burgess, dando vida a Lawrence.

La genialidad del guionista de la película se aprecia al introducirnos en un universo absolutamente orwelliano. George Orwell entre 1947 y 1948 escribe una de sus novelas más famosas, hablo de “1984”, editada en España por la Editorial Planeta. En una de sus múltiples líneas argumentales está la de cómo se puede acceder al cerebro de una multitud para manipularles y persuadirles a través de la neolengua o nuevahabla, en inglés “newspeak”. Porque la palabra se altera y pierde su significado. Se trata de una perversión del lenguaje y del significado de las palabras, así el emisor del mensaje necesita menos variedad de palabras para expresar una idea. Una variante de ello lo vivimos en la actualidad sin ir más lejos cuando en los telediarios o en los periódicos podemos leer “daños colaterales” para referirse a la cantidad de civiles muertos por ejemplo durante la última guerra de Irak.

En el caso de “Pontypool” Burgess juega con el concepto de contagio. A diferencia de “28 días después” de Danny Boyle en el que la ira se contagia a través de la sangre, aquí es a través de la lengua, lenguaje y la comprensión de la palabra. A diferencia de otra película maldita llamada “The signal” que pudimos ver en una de las muestras Scifi dirigida en comandita en 2007 por David Bruckner, Dan Bush y Jacob Gentry, en el que el vehículo es otro medio de comunicación de masas, la televisión. Pero el resultado es el mismo, el receptor del mensaje al escucharlo comienza  atener impulsos agresivos. Mientras que en el filme de McDonald es la palabra enunciada que al comprenderla y asimilarla se contagia y a partir de ese momento siente unos deseos irrefrenables de comerse a sus congéneres y de matarles.

Así llegamos a otra referencia literaria, en este caso del escritor norteamericano William Burroughs dijo que “el lenguaje es un virus que vino del espacio exterior” en su novela “El billete que explotó” editada en España por la Editorial Minotauro, donde explora la idea de que la palabra es una entidad en sí misma capaz de alienar al individuo. Pero sin duda el espectador al finalizar el metraje no podrá evitar acordarse de la figura del actor y realizador norteamericano, Orson Welles y en su Mercury Theatre. Concretamente a la mítica retransmisión de “La guerra de los mundos” por la CBS el 30 de octubre de 1938, con la que consiguió sembrar el pánico extendiéndose como el virus de la película.

Otras emisoras y locutores de radio

Bruce McDonald a diferencia de otros directores consigue no salirse en ningún momento de la emisora de radio, y consigue mantener la atención del espectador, no llegando a aburrirle en ningún momento. Pero en la filmoteca hay otros largometrajes que se centran en el maravilloso y mágico mundo de la radio, que sólo los que hemos trabajado años en ese medio sabemos sus potenciales y hasta donde llega su poder.

En la cinematografía española tenemos dos películas que giran en torno a la figura de este medio de comunicación. En primer lugar tenemos un filme firmado por José Luis Sáenz de Heredia en 1955 titulado “Historias de la radio” en la que nos introducía en este particular mundo a través de tres historias basadas en los concursos radiofónicos, todas ellas entrelazadas a través del locutor Gabriel y su prometida. Tendremos que esperar hasta 1978 para que el escarizado José Luis Garci dirigiera el que sería el largometraje estandarte del cine realizado durante la transición, hablo de “Solos en la madrugada” En este caso partió de un guión firmado por el propio realizador y que nos adentraba en la vida de un locutor de radio nocturno llamado José Miguel García Carande interpretado por José Sacristán, que atraviesa una crisis sentimental y además intenta superar sus problemas generacionales. Los de mi generación recordamos esta cinta por otros motivos, sobre todo porque fue una de las primeras oportunidades de ver un seno femenino en pantalla grande.

En 1971, el actor y director Clint Eastwood construyó un thriller con tres elementos básicos la radio, la noche y los asesinos en serie, se llamaba ”Escalofrío en la noche“. Para muchos es una obra menor, para otros esconde muchas de las claves de lo que sería su cine a caballo entre lo artesanal e industrial, entre lo personal y  lo manufacturado. Patillas, pantalones de campana, mucho jazz y sobre todo, quién no recuerda con ansiedad esta imagen.

En 1987, Barry Levinson dirige una de las más recordadas por toda la comunidad cinéfila, hablo de “Good Morning, Vietnam” que nos adentra en la vida de un Dj llamado Adrian Cronauer, interpretado con soltura por Robin Williams, de la emisora de las fuerzas armadas estadounidenses destacadas en Saigón durante la guerra de Vietnam que trata a diario de levantar la moral a las tropas. Pero en este caso no consigue mantener la atención del respetable y tiene que salir de la emisora para mantener viva la acción.

Lo mismo le pasa a Oliver Stone en “Hablando con la muerte” realizada en 1988. El guión corrió a cargo del propio director y de su actor principal, Eric Bogosian que se alzó en el Festival de Berlín con el oso de plata a la mejor interpretación masculina en la edición de 1989. Bogosian interpretaba a Barry Champlain, un cínico y cruel presentador de un programa de radio nocturno de gran audiencia en Dallas, que se caracterizaba por tener una personalidad un tanto voluble, a veces simpático, pero en otras odioso, llegando incluso a recibir amenazas por sus afirmaciones y opiniones claras y contundentes.

En 2007, y en la misma línea abierta por Oliver Stone, la directora norteamericana Kasi Lemmons levantó otro proyecto maldito llamado “Talk to Me”, lo digo porque este filme no se llegó a estrenar nunca en España y desconozco si salió incluso al mercado de DVD. Esta vez estamos ante un largometraje inspirados en hechos reales y es el gran actor afroamericano Don Cheadle  el encargado de meterse en la piel de un Dj un tanto radical de una emisora de radio privada llamado Petey Greene Jr., que usa su programa para desarrollar su activismo social. En este caso al igual que Levinson sus guionistas Rick Famuyiwa y Michael Genet  no saben resolver la ecuación porque aunque son escasas acaban abandonando la localización principal para salir a exteriores para seguir desarrollando la historia.

Uno de los últimos títulos es la comedia británica ”Radio encubierta” donde Richard Curtis reunía a un gran elenco de actores al igual que lo hiciera en su anterior filme “Love actually”, así Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Kenneth Branagh  pasaban por una radio pirata en alta mar repleta de sexo, drogas y rock&roll, rencillas, amistad, por no hablar de fuertes dosis de nostalgia del swing de los 60 y un cierto toque de comedia romántica.

fuente www.videodromo.wordpress.com

PONTYPOOL
Direcciónr: Bruce McDonald
Guión: Tony Burgess
Año: 2008
Duración: 85 minutos.
Mas sobre la película www.filmaffinity.com/es/film580839.html

Ahora somos verdes

Aunque no lo creas, en los tiempos del abuelo, muchas personas torturaban a los canarios encerrándolos en pequeñas jaulas que colgaban en sus propias casas. Otros mataban a piedrazos a los pajaritos, tirándoles con una honda, porque sí, por desprecio, simplemente. Claro que en la misma época, los chicos jugaban libres y sin temor con sus pelotas y bicicletas en las calles de los barrios que parecían el patio común de todos los vecinos.

Eso era antes, mucho antes de nuestros tiempos, en que respetamos y cuidamos a los pájaros que ahora se mueven entre nosotros libres y sin temor, mientras algunos encierran a los chicos en las jaulas de sus propias casas, sin bicicletas ni patios y hay quienes los matan en las calles de los barrios, porque sí , por desprecio, simplemente.

Walter Rago

fuente: revista futuros nº 13
www.revistafuturos.com.ar