La muerte, un sencillo asunto de humildad

También serviría este título: Facebook, la iglesia, la sinagoga global de lo digital.

Entre las gallinas y los gallos, que cantan, los perros, que ladran, los pájaros que pían descosidos e interminables, nosotros, unos más por mucho que queramos mirarnos con la excepcionalidad de nuestra razón y la arrogancia de una superioridad falsa, al menos cuando comprobamos a dónde vamos a parar unos y otros. Lo querámoslo o no el camino siempre termina entre el perejil (aquel haiku, Esto es todos lo que hay /el camino acaba entre el perejil). Y teniendo en cuenta esto bien podría un cocodrilo o un elefante jactarse ante nuestras narices si de longevidad hablamos. Sucede simplemente que tumbado esta mañana de invierno en alguna parte de la campiña andaluza, tras dejar atrás la bellas y enjalbegadas fachadas de las callejuelas del casco antiguo de Córdoba, me encuentro de nuevo en el mundo de los pájaros, las encinas, el canto de los gallos en algún cortijo, y se me ocurre pensar nuevamente que tampoco es tan exagerada la distancia que nos separa de todos estos seres vivos que me rodean.

Puestos a definirnos como seres que nacen, se reproducen y mueren, bien que hayamos sido capaces de crear grandes obras de arte e ingeniería y hayamos intentado vagamente diferenciarnos de los animales creándonos una ilusoria vida eterna de la mano de las religiones; puestos a definirnos, decía, como seres totalmente perecederos, tanto o casi como cualquier otro producto lácteo de los que adquirimos en el supermercado de la esquina, lo que queda de nuestra arrogancia de género humano respecto al reino animal es bien poca cosa.

Y lo confirma posteriormente el final de la novela de Huxley, Viejo muere el cisne, que es más o menos la historia de un Trump, uno de esos individuos dueños de medio planeta, tan totalmente tocados de la cabeza por el poder y el dinero, y al que Huxley retrata tan magníficamente como un exigente bebé de teta, que la muerte se le aparece a cada instante como una dolorosa amenaza. Su médico termina llevándole a Londres donde un viejo dignatario de la nobleza inglesa ha hecho pormenorizados estudios sobre la razón de que las carpas tripliquen la largura de nuestras vidas. Éste había descubierto que la causa radicaba en algún componente de las vísceras de las carpas. Razón por la cual a sus noventa y cuatro años empieza a alimentarse de las entrañas de las carpas. Encuentran al noble en unas curvas bajo los sótanos de su castillo, al final de un laberinto  de puertas y corredores, a la edad de doscientos y pico años, bien de salud pero en tal grado de degradación y suciedad… El médico coloca a aquel ricachón fofo e ignorante ante el espejo de su imagen del futuro. Ahí termina la novela. Hayotro ejemplo de esta idea en Los viajes de Gulliver, allí representados por un reino de longevos caballos.

Muchos católicos piensan que los ateos, al carecer de un papá dios de luengas barbas blancas que los proteja de la muerte, serán unos seres desgraciados en las cercanías del deceso final, al no concebir sus previsoras cabezas a un hombre que no cree en “la resurrección eterna”. Habría que enseñarles a esta gente el campo que pateo yo hoy, sus encinas, sus alcornoques, sus arbustos de estepa negra, sus gallos cantando a lo lejos, los perros ladrando, en fin, lo pajaritos y su orquesta matinal; mostrarles la humildad de ver en la naturaleza la sabiduría plena que ha de mostrarnos a cada momento lo que es la vida y lo que sigue a ésta. Un simple asunto de humildad frente a la soberbia de querer pervivir por los siglos de los siglos en un ridículo paraíso de placeres… Mentes calenturientas, sí.

Como se ve, hoy mi recorrido, como tantas otras veces, es más un recorrido por los libros que por los encinares y pinares que pueblan el terreno al norte de Córdoba. Ello confirma aquella idea de que no sólo de pan vive el hombre y que lo interesante de un itinerario muchas veces puede no estar en el paisaje que atraviesas, sino en los párrafos que kilómetro a kilómetro vas recorriendo haciendo un ejercicio de impostación de la atención para no perder el hilo. Esta mañana, tras un largo descanso en el que di cuenta de un trozo de empanada y del contenido que me habían preparado en el albergue juvenil de Córdoba, inicié la lectura de otro título que prometía; esta vez un autor surcoreano de nuestros días, Byung-Chul Han, un ensayo imprescindible, leo, que advierte de los riesgos de la hipercomunicación digital. Psicopolítica, es su título. Aquí alguna perla para los usuarios de las redes sociales, entre los que me encuentro, sobre las que reflexionar. Se me disculpe por la longitud de la cita; lo merece:

“Todo dispositivo, toda técnica de dominación, genera objetos de devoción que se introducen con el fin de someter. Materializan y estabilizan el dominio. «Devoto» significa «sumiso». El smartphone es un objeto digital de devoción, incluso un objeto de devoción de lo digital en general. En cuanto aparato de subjetivación, funciona como el rosario, que es también, en su manejabilidad, una especie de móvil. Ambos sirven para examinarse y controlarse a sí mismo. La dominación aumenta su eficacia al delegar a cada uno la vigilancia. El me gusta es el amén digital. Cuando hacemos clic en el botón de me gusta nos sometemos a un entramado de dominación. El smartphone no es solo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesionario móvil. Facebook es la iglesia, la sinagoga global (literalmente, la congregación) de lo digital.”

Bien, parece que voy a tener buena compañía en mi caminar para los días que vienen: Byung-Chul Han. Hay mucha gente que no llega a comprender esta extraña actividad de los caminantes solitarios. En realidad no son tantas las veces que se camino solo, yo casi siempre lo hago en compañía de un buen amigo, un buen libro. Le escucho, hablo con él, le interpelo, disfruto de su sabiduría o de su arte.

Se nota que no tengo ninguna prisa hoy. La etapa no llega a los veinte kilómetros y ello me permite tumbarme a la bartola a la vera del camino y escuchar el guirigay de los pájaros sin miedo a llegar tarde y encontrarme el restaurante cerrado. Llegué a Cerro Muriano justo para tomarme una cerveza con algunas aceitunas y leer la prensa antes de comer.

Alberto de la Madrid
22 de febrero de 2017

fuente https://caminarcadadia.blogspot.com.es/2017/02/la-muerte-un-sencillo-asunto-de-humildad.html

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Nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital…

Nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo. Nos precipita a una crisis de la libertad con mayor alcance, pues ahora afecta a la misma voluntad libre.

El Big Data es un instrumento psicopolítico muy eficiente que permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo.

La apertura del futuro es constitutiva de la libertad de acción. Sin embargo, el Big Data permite hacer pronósticos sobre el comportamiento humano. De este modo, el futuro se convierte en predecible y controlable. La psicopolítica digital transforma la negatividad de la decisión libre en la positividad de un estado de cosas. La persona misma se positiviza en cosa, que es cuantificable, mensurable y controlable. Sin embargo, ninguna cosa es libre. Sin duda alguna, la cosa es más transparente que la persona. El Big Data anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre.

Todo dispositivo, toda técnica de dominación, genera objetos de devoción que se introducen con el fin de someter. Materializan y estabilizan el dominio. «Devoto» significa «sumiso». El smartphone es un objeto digital de devoción, incluso un objeto de devoción de lo digital en general. En cuanto aparato de subjetivación, funciona como el rosario, que es también, en su manejabilidad, una especie de móvil. Ambos sirven para examinarse y controlarse a sí mismo. La dominación aumenta su eficacia al delegar a cada uno la vigilancia. El me gusta es el amén digital. Cuando hacemos clic en el botón de me gusta nos sometemos a un entramado de dominación. El smartphone no es solo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesionario móvil. Facebook es la iglesia, la sinagoga global (literalmente, la congregación) de lo digital.

Byung-Chul Han

Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (2014)

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(presentación) Del Asesinato de la Naturaleza como una de las Bellas Artes

Presentación de 27 páginas en formato PDF, que es, fundamentalmente, un intento gráfico de señalar responsabilidades sociales políticas (individual y colectivamente hablando). Un cuadro lo que hemos generado como especie en el planeta en un par de siglos.

Es, ademas, un rezo contra todos los correos basura y cadenas que se reenvían sin más como parte del mismo juego de la vida: nacer (recibir), aceptar (leer) y reproducir (reenviar) sin mayor freno que un buen palazo a tiempo o ver las flores crecer desde abajo. Un grito desesperado y afónico contra la reproducción de lo virtual-social, a favor de lo propio, de la creación, de la producción. Lo ya dicho, por la crítica a todo nivel contra la masificación estandarizada (y estandarizante) de slóganes, creencias, formatos, lenguajes, cuerpos, vestimentas, actitudes que, por si fuera poco, serán algunos de los habitus humanos que ejecutaremos, más temprano que tarde, un holocausto ambiental en tiempo record, si hablamos en términos de vida terrestre.

Copia y difunde… si te da la gana!

• Introducción

Trabajo visual como intento para reflexionar sobre el materialismo racionalista del humano y señalar este comportamiento hacia todo lo que lo rodea, como la principal causa de deterioro ambiental sostenido, con la destrucción física, psicológica y espiritual de la humanidad misma, que conlleva, además, el sufrimiento y extinción de miles de especies, el agotamiento y/o la aniquilación de los bienes comunes, convirtiendo en mercancía lo que no destruye, quebrando así los mecanismos de equilibrio del planeta, dándole cada vez más forma al irreversible ecocidio en marcha…

• Página 2

“Lo que no somos capaces de cambiar debemos por lo menos describirlo.” Rainer Werner Fassbinder

• Página 3

“La organización de la economía entera hacia la consecución del mejor-estar es el obstáculo mayor al bienestar.” Ivan Illich

• Página 5

“El proceso de globalización capitalista se realizó a expensas de millones de personas, tanto en los países desarrollados como subdesarrollados, que quedaron en la pobreza y la exclusión… los más importantes empresarios del planeta tienen sus razones: mantener una ilusión. Si nos sacrificamos, en algún momento, todos podemos acceder a las riquezas que se producen. Todos podemos ser propietarios. Un solo dato es suficiente para demostrar su falacia: si el mundo consumiera en la misma proporción que EEUU se necesitarían siete planetas para abastecerlo” Enrique Carpintero

• Página 6

“No hay un documento de civilización que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie.” Walter Benjamin

• Página 7

“…Quien domina es siempre heredero de todos los vencedores. Por eso, la empatía con el vencedor favorece en cada caso al dominador del momento.” Walter Benjamin

• Página 8

“Cuanto menos eres, cuanto menos exteriorizas tu vida, tanto más tienes, tanto mayor es tu vida enajenada y tanto más almacenas de tu esencia… Todo lo que el economista te quita en vida y en humanidad te lo restituyen en dinero y riqueza, y todo lo que no puedes lo puede tu dinero.” Karl Marx

• Página 9

“Nadie puede nada contra esta circularidad de las masas y de la información. Cada uno de los dos fenómenos esta hecho a la medida del otro: ni la masa tiene opinión, ni la información la informa: una y otra siguen alimentándose monstruosamente: la velocidad de rotación de la información aumenta el peso de las masas, y no es en absoluto su toma de conciencia.” Jean Baudrillard

• Página 10

“En el mismo momento que dejásemos de construir, se derrumbaría todo.” El Roto

• Página 11

“La violencia y el saqueo como instrumento de creación de riqueza son esenciales al proceso de colonización de la naturaleza y de nuestros cuerpos a través de nuevas tecnologías.” Vandana Shiva

• Página 13

“El use-y-tire, el consumismo desenfrenado, la idea de que a mayor consumo y mayor derroche estamos mejor, ha insuflado nuestra cultura contemporánea; el american way of life ha logrado ganar también esta batalla y la gente se ha infantilizado a tal punto que sólo le preocupa ‘no ver’ la ‘caca’ que produce cada día, como si el planeta fuera infinito y la contaminación fuera tan real como los renos de Santa Claus.” Luis E. Sabini Fernández

• Página 14

“El Capitalismo es depredador por excelencia, sólo entiende de beneficio, es inmoral por definición, no existen personas, sino consumidores-productores, no existe la naturaleza, los eco-sistemas, sino los recursos naturales, las materias primas. Todo el progreso, los avances tecnológicos, los inventos, la ciencia… es utilizado para ello, para aumentar, por un lado, su capacidad de integración, dominación, vigilancia y control de las mentes y cuerpos de las personas y de los pueblos y, por otro, para aumentar su capacidad de control, rentabilización y destrucción de la naturaleza y sus ecosistemas.” Ekintza Zuzena N°35

• Página 15

“Asi como los negocios son los negocios, la acumulación inacabable de dinero, así la guerra es el matar, la acumulación inacabable de cuerpos muertos.” Ivan Illich

• Página 17

“La indiferencia es feroz. Constituye el partido mas activo, sin duda el mas poderoso de todos. Permite todas las exacciones, las desviaciones mas funestas y sórdidas. Este siglo es testigo trágico de ello. Para un sistema, la indiferencia generales una victoria mayor que la adhesión parcial, aunque fuese de magnitud considerable. En verdad, es la indiferencia la que permite la adhesión masiva a ciertos regímenes; las consecuencias son por todos conocidas. La indiferencia casi siempre es mayoritaria y desenfrenada… El peligro no está tanto en la situación, que se podría modificar, como precisamente en la aceptación ciega, la resignación general a lo que se nos presenta en bloque como algo ineluctable.” Viviane Forrester

• Página 18

“Poco a poco parece que nos estamos acercando al momento en que el grande, poderoso y aparentemente indestructible buque que es nuestra moderna civilización, choque contra la gran masa sumergida de nuestro formidable auto-engaño, de la estéril racionalidad con la que falseamos nuestra naturaleza.” Rolf Behncke

• Página 19

“La sociedad de la abundancia halla su respuesta natural en el saqueo.” Guy Debord

• Página 20

“Hemos limitado nuestra visión del mundo a los marcos de nuestras instituciones y somos ahora sus esclavos. Las fábricas, los medios de comunicación, los hospitales, los gobiernos y las escuelas, producen bienes y servicios especialmente concebidos, enlatados de manera tal que contengan nuestra visión del mundo. Nosotros, los ricos, concebimos el progreso en términos de la creciente expansión de esas instituciones. Concebimos el perfeccionamiento del transporte en términos de lujo y seguridad enlatados (…) Creemos que el bienestar cada vez mayor se origina en la existencia de un numero creciente de doctores y hospitales, que enlatan la salud entendiéndola como una prolongación del sufrimiento. Hemos llegado a identificar nuestra necesidad de un aprendizaje creciente con la demanda de un mayor confinamiento en las aulas de clase. En otras palabras, la educación es hoy un producto enlatado, que incluye guarderías, certificados para trabajar y derechos de voto, todo ello empaquetado con el adoctrinamiento en las virtudes cristianas, liberales o marxistas.” Ivan Illich

• Página 21

“No podemos obviar, por parte de la oligarquía, un deseo inconsciente de catástrofe, la búsqueda de una apoteosis del consumo que llegaría hasta el consumo del propio planeta Tierra por medio del agotamiento, el caos o la guerra nuclear.” Herve Kempf

• Página 22

“Los peligros medioambientales y técnicos provienen ante todo de las victorias imparables de una industrialización lineal y ciega a sus consecuencias que devora sus propios fundamentos naturales y culturales.” Ulrich Beck

• Página 23

“En EE.UU el 90% de la propaganda de la industria alimentaria se refiere a productos que los expertos en salud no consideran nutritivos ni saludables.” Stepahn Rössner

• Página 24

“En la Globalización Económica Capitalista, es decir, en la IV Guerra Mundial, el ‘enemigo’ es el planeta mismo, no sólo sus habitantes mayoritarios, también todo lo que contiene: la naturaleza. Si esto es ‘autogol’ no debe sorprender, la estupidez es la dama de compañía de la codicia capitalista. En esta guerra, la Nación agresora es Multinacional…” Subcomandante Marcos

• Página 25

“Que triste es pensar que la naturaleza habla y el ser humano no la escucha” Victor Hugo

• Página 27

“(…) Precisamente en el momento en que los sistemas de comunicación prevén una sola fuente industrializada y un solo mensaje, que llegaría a una audiencia dispersa por todo el mundo, nosotros deberemos ser capaces de imaginar unos sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro en particular, de la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llegada, confrontándolos con los códigos de partida.” Umberto Eco (1967)

Libros y textos relacionados

· Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844, de Karl Marx
· La Teoría de la Clase Ociosa (1899), de Thorstein Veblen
· El arte de amar (1956), de Erich Fromm
· La Ciudad en la Historia (1961), de Lewis Mumford
· Primavera Silenciosa (1962), de Rachel Carson
· La Sociedad del Espectáculo (1967), de Guy Debord
· Hombre, Medicina y Ambiente (1968), de René Dubos
· La Sociedad Desescolarizada (1971), de Ivan Illich
· Anatomía de la Destructividad Humana (1973), de Erich Fromm
· La pobreza planificada (1981), de Ivan Illich
· Las Estrategias Fatales (1983), de Jean Baudrillard
· El Horror Económico (1996), de Viviane Forrester
· Modernidad Líquida (2000), de Zygmunt Bauman
· Como los Ricos Destruyen el Planeta (2007), de Herve Kempf
· Futuros, contra una Visión Autoindulgente del Desastre Planetario (2012), de Luis E. Sabini Fernández
· Mal Comidos (2013), de Soledad Barruti

Videos y documentales relacionados

· Koyaanisqatsi (1982), de Godfrey Reggio
· Chronos (1985), de Ron Fricke
· Powaqqatsi (1988), de Godfrey Reggio
· Ilha das Flores (1989), de Jorge Furtado
· Baraka (1992), de Ron Fricke
· Heisei Tanuki Gassen Pompoko (1994), de Isao Takahata
· Microcosmos: Le Peuple de l’Herbe (1996), de C. Nuridsany y M. Perennou
· Naqoyqatsi (2002), de Godfrey Reggio
· Surplus: Terrorized Into Being Consumers (2003), de Erik Gandini
· Le cauchemar de Darwin (2004), de Hubert Sauper
· Hambre de Soja (2004), de Marcelo Viñas
· The Corporation (2004), de Mark Achbar, Jennifer Abbott
· Unser Täglich Brot (2005), de Nikolaus Geyrhalter
· Workingman’s Death (2005), de Michael Glawogger
· We Feed the World (2005), de Erwin Wagenhofer
· Earthlings (2006), de Shaun Monson
· Fast Food Nation (2006), de Richard Linklater
· Zeitgeist: The Movie (2007), de Peter Joseph
· Garbage Warrior (2007), de Oliver Hodge
· The Story of Stuff (2007), de Louis Fox
· Le Monde Selon Monsanto (2008), de Marie-Monique Robin
· Home (2009), de Yann Arthus-Bertrand
· El Cuento de la Buena Soja (2009), de Elena Carpman
· Plastic Planet (2009), de Werner Boote
· Comprar, Tirar, Comprar (2010), de Cosima Dannoritzer
· Gasland (2010), de Josh Fox
· Bulb fiction (2011), de Christoph Mayr

Fotografías

· Wikipedia
· José Manuel Martínez (tapa)

Dibujos

· Alen Lauzan Falcon  
· Ares
· Alvaro Portales
· Banksy
· Angel Boligan
· Cagle Cartoons
· Anticapitalistas
· S. Winer y G. A. Belfore

Revistas consultadas

· Futuros / https://revistafuturos.noblogs.org
· Ekintza Zuzena / http://www.nodo50.org/ekintza
· Etcétera / http://www.sindominio.net/etcetera
· Topia / https://www.topia.com.ar

raas
raas(@)riseup.net

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La sombra

El individuo dice «yo» y con esta palabra entiende una serie de características: «Varón, alemán, padre de familia y maestro. Soy activo, dinámico, tolerante, trabajador, amante de los animales, pacifista, bebedor de té, cocinero por afición, etc.» A cada una de estas características precedió, en su momento, una decisión, se optó entre dos posibilidades, se integró un polo en la identidad y se descartó el otro.

Así la identidad «soy activo y trabajador» excluye automáticamente «soy pasivo y vago». De una identificación suele derivarse rápidamente también una valoración: «En la vida hay que ser activo y trabajador; no es bueno ser pasivo y vago.» Por más que esta opinión se sustente con argumentos y teorías, esta valoración no pasa de subjetiva.

Desde el punto de vista objetivo, esto es sólo una posibilidad de plantearse las cosas —y una posibilidad muy convencional—. ¿Qué pensaríamos de una rosa roja que proclamara muy convencida: «Lo correcto es florecer en rojo. Tener flores azules es un error y un peligro.» El repudio de cualquier forma de manifestación es siempre señal de falta de identificación (… por cierto que la violeta, por su parte, no tiene nada en contra de la floración azulada). Por lo tanto, cada identificación que se basa en una decisión descarta un polo. Ahora bien, todo lo que nosotros no queremos ser, lo que no queremos admitir en nuestra identidad, forma nuestro negativo, nuestra «sombra».

Porque el repudio de la mitad de las posibilidades no las hace desaparecer sino que sólo las destierra de la identificación o de la conciencia. El «no» ha quitado de nuestra vista un polo, pero no lo ha eliminado. El polo descartado vive desde ahora en la sombra de nuestra conciencia. Del mismo modo que los niños creen que cerrando los ojos se hacen invisibles, las personas imaginan que es posible librarse de la mitad de la realidad por el procedimiento de no reconocerse en ella. Y se deja que un polo (por ejemplo, la laboriosidad) salga a la luz de la conciencia mientras que el contrario (la pereza) tiene que permanecer en la oscuridad donde uno no lo vea.

El no ver se considera tanto como no tener y se cree que lo uno puede existir sin lo otro. Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra Carl Gustav Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí y que, por consiguiente, descarta. La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce.

La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía. El ser humano proyecta en un mal anónimo que existe en el mundo todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra que es la suma de todo lo que él no quiere. Ahora bien, la negativa a afrontar y asumir una parte de la realidad no conduce al éxito deseado.

Por el contrario, el ser humano tiene que ocuparse muy especialmente de los aspectos de la realidad que ha rechazado. Esto suele suceder a través de la proyección, ya que cuando uno rechaza en su interior un principio determinado, cada vez que lo encuentre en el mundo exterior desencadenará en él una reacción de angustia y repudio.

No estará de más recordar, para mejor comprender esta relación, que nosotros entendemos por «principios» regiones arquetípicas del ser que pueden manifestarse con una enorme variedad de formas concretas. Cada manifestación es entonces representación de aquel principio esencial. Por ejemplo: la multiplicación es un principio. Este principio abstracto puede presentársenos bajo las más diversas manifestaciones (3 por 4, 8 por 7, 49 por 248, etc.).

Ahora bien, todas y cada una de estas formas de expresión, exteriormente diferentes, son representación del principio «multiplicación». Además, hemos de tener claro que el mundo exterior está formado por los mismos principios arquetípicos que el mundo interior. La ley de la resonancia dice que nosotros sólo podemos conectar con aquello con lo que estamos en resonancia. Este razonamiento, expuesto extensamente en Schicksal als Chance, conduce a la identidad entre mundo exterior y mundo interior.

En la filosofía hermética esta ecuación entre mundo exterior y mundo interior o entre individuo y Cosmos se expresa con los términos: microcosmos = macrocosmos. (En la Segunda Parte de este libro, en el capítulo dedicado a los órganos sensoriales, examinaremos esta problemática desde otro punto de vista.)

Proyección significa, pues, que con la mitad de todos los principios fabricamos un exterior, puesto que no los queremos en nuestro interior. Al principio decíamos que el Yo es responsable de la separación del individuo de la suma de todo el Ser. El Yo determina un Tú que es considerado como lo externo.

Ahora bien, si la sombra está formada por todos los principios que el Yo no ha querido asumir, resulta que la sombra y el exterior son idénticos. Nosotros siempre sentimos nuestra sombra como un exterior, porque si la viéramos en nosotros ya no sería la sombra. Los principios rechazados que ahora aparentemente nos acometen desde el exterior los combatimos en el exterior con el mismo encono con que los habíamos combatido dentro de nosotros. Nosotros insistimos en nuestro empeño de borrar del mundo los aspectos que valoramos negativamente. Ahora bien, dado que esto es imposible —véase la ley de la polaridad—, este intento se convierte en una pugna constante que garantiza que nos ocupamos con especial intensidad de la parte de la realidad que rechazamos.

Esto entraña una irónica ley a la que nadie puede sustraerse: lo que más ocupa al ser humano es aquello que rechaza. Y de este modo se acerca al principio rechazado hasta llegar a vivirlo. Es conveniente no olvidar las dos últimas frases. El repudio de cualquier principio es la forma más segura de que el sujeto llegue a vivir este principio. Según esta ley, los niños siempre acaban por adquirir las formas de comportamiento que habían odiado en sus padres, los pacifistas se hacen militantes; los moralistas, disolutos; los apóstoles de la salud, enfermos graves.

No se debe pasar por alto que rechazo y lucha significan entrega y obsesión. Igualmente, el evitar en forma estricta un aspecto de la realidad indica que el individuo tiene un problema con él. Los campos interesantes e importantes para un ser humano son aquellos que él combate y repudia, porque los echa de menos en su conciencia y le hacen incompleto. A un ser humano sólo pueden molestarle los principios del exterior que no ha asumido.

En este punto de nuestras consideraciones, debe haber quedado claro que no hay un entorno que nos marque, nos moldee, influya en nosotros o nos haga enfermar: el entorno hace las veces de espejo en el que sólo nos vemos a nosotros mismos y también, desde luego y muy especialmente, a nuestra sombra a la que no podemos ver en nosotros. Del mismo modo que de nuestro propio cuerpo no podemos ver más que una parte, pues hay zonas que no podemos ver (los ojos, la cara, la espalda, etc.) y para contemplarlas necesitamos del reflejo de un espejo, también para nuestra mente padecemos una ceguera parcial y sólo podemos reconocer la parte que nos es invisible (la sombra) a través de su proyección y reflejo en el llamado entorno o mundo exterior. El reconocimiento precisa de la polaridad.

El reflejo, empero, sólo sirve de algo a aquel que se reconoce en el espejo: de lo contrario, se convierte en una ilusión. El que en el espejo contempla sus ojos azules, pero no sabe que lo que está viendo son sus propios ojos en lugar de reconocimiento sólo obtiene engaño. El que vive en este mundo y no reconoce que todo lo que ve y lo que siente es él mismo, cae en el engaño y el espejismo. Hay que reconocer que el espejismo resulta increíblemente vívido y real (… muchos dicen, incluso, demostrable), pero no hay que olvidar esto: también el sueño nos parece auténtico y real, mientras dura. Hay que despertarse para descubrir que el sueño es sueño. Lo mismo cabe decir del gran océano de nuestra existencia. Hay que despertarse para descubrir el espejismo Nuestra sombra nos angustia.

No es de extrañar, por cuanto que está formada exclusivamente por aquellos componentes de la realidad que nosotros hemos repudiado, los que menos queremos asumir. La sombra es la suma de todo lo que estamos firmemente convencidos que tendría que desterrarse del mundo, para que éste fuera santo y bueno. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la sombra contiene todo aquello que falta en el mundo —en nuestro mundo—para que sea santo y bueno. La sombra nos hace enfermar, es decir, nos hace incompletos: para estar completos nos falta todo lo que hay en ella.

La narración del Grial trata precisamente de este problema. El rey Anfortas está enfermo, herido por la danza del mago Klingor o, en otras versiones, por un enemigo pagano o, incluso, por un enemigo invisible. Todas estas figuras son símbolos inequívocos de la sombra de Anfortas: su adversario, invisible para él. Su sombra le ha herido y él no puede sanar por sus propios medios, no puede recobrar la salud, porque no se atreve a preguntar la verdadera causa de su herida. Esta pregunta es necesaria, pero preguntar esto sería preguntar por la naturaleza del Mal. Y, puesto que él es incapaz de plantearse este conflicto, su herida no puede cicatrizar. Él espera un salvador que tenga el valor de formular la pregunta redentora. Parsifal es capaz de ello, porque, como su nombre indica, es el que «va por el medio», por el medio de la polaridad del Bien y el Mal con lo que obtiene la legitimación para formular la pregunta salvadora: «¿Qué te falta, Oheim?» La pregunta es siempre la misma, tanto en el caso de Anfortas como en el de cualquier otro enfermo: «¡La sombra!» La sola pregunta acerca del mal, acerca del lado oscuro del hombre, tiene poder curativo. Parsifal, en su viaje, se ha enfrentado valerosamente con su sombra y ha descendido a las oscuras profundidades de su alma hasta maldecir a Dios. El que no tenga miedo a este viaje por la oscuridad será finalmente un auténtico salvador, un redentor. Por ello, todos los héroes míticos han tenido que luchar contra monstruos, dragones y demonios y hasta contra el mismo infierno, para ser salvos y salvadores.

La sombra produce la enfermedad, y el encararse con la sombra cura. Ésta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano. Por el síntoma el ser humano experimenta aquello que no ha querido experimentar conscientemente. El síntoma, valiéndose del cuerpo, reintegra la plenitud al ser humano. Es el principio de complementariedad lo que, en última instancia, impide que el ser humano deje de estar sano. Si una persona se niega a asumir conscientemente un principio, este principio se introduce en el cuerpo y se manifiesta en forma de síntoma.

Entonces el individuo no tiene más remedio que asumir el principio rechazado. Por lo tanto, el síntoma completa al hombre, es el sucedáneo físico de aquello que falta en el alma. En realidad, el síntoma indica lo que le «falta» al paciente, porque el síntoma es el principio ausente que se hace material y visible en el cuerpo. No es de extrañar que nos gusten tan poco nuestros síntomas, ya que nos obligan a asumir aquellos principios que nosotros repudiamos. Y entonces proseguimos nuestra lucha contra los síntomas, sin aprovechar la oportunidad que se nos brinda de utilizarlos para completarnos. Precisamente en el síntoma podemos aprender a reconocernos, podemos ver esas partes de nuestra alma que nunca descubriríamos en nosotros, puesto que están en la sombra. Nuestro cuerpo es espejo de nuestra alma; él nos muestra aquello que el alma no puede reconocer más que por su reflejo. Pero, ¿de qué sirve el espejo, por bueno que sea, si nosotros no nos reconocemos en la imagen que vemos?

Este libro pretende ayudar a desarrollar esa visión que necesitamos para descubrirnos a nosotros mismos en el síntoma. La sombra hace simulador al ser humano. La persona siempre cree ser sólo aquello con lo que se identifica o ser sólo tal como ella se ve. A esta autovaloración llamamos nosotros simulación. Con este término designamos siempre la simulación frente a uno mismo (no las mentiras o falsedades que se cuentan a los demás).

Todos los engaños de este mundo son insignificantes comparados con el que el ser humano comete consigo mismo durante toda su vida. La sinceridad para con uno mismo es una de las más duras exigencias que el hombre puede hacerse. Por ello, desde siempre el conocimiento de sí mismo es la tarea más importante y más difícil que pueda acometer el que busca la verdad. El conocimiento del propio ser no significa descubrir el Yo, pues el ser lo abarca todo mientras que el Yo, con su inhibición, constantemente impide el conocimiento del todo, del ser. Y, para el que busca la sinceridad al contemplarse a sí mismo, la enfermedad puede ser de gran ayuda. ¡Porque la enfermedad nos hace sinceros! En el síntoma de la enfermedad tenemos claro y palpable aquello que nuestra mente trataba de desterrar y esconder.

La mayoría de la gente tiene dificultades para hablar de sus problemas más íntimos (suponiendo que los conozca siquiera) de forma franca y espontánea; los síntomas, por el contrario, los explican con todo detalle a la menor ocasión. Desde luego, es imposible descubrir con más detalle la propia personalidad. La enfermedad hace sincera a la gente y descubre implacablemente el fondo del alma que se mantenía escondido. Esta sinceridad (forzosa) es sin duda lo que provoca la simpatía que sentimos hacia el enfermo. La sinceridad lo hace simpático, porque en la enfermedad se es auténtico.

La enfermedad deshace todos los sesgos y restituye al ser humano al centro de equilibrio. Entonces, bruscamente, se deshincha el ego, se abandonan las pretensiones de poder, se destruyen muchas ilusiones y se cuestionan formas de vida. La sinceridad posee su propia hermosura, que se refleja en el enfermo. En resumen: el ser humano, como microcosmos, es réplica del universo y contiene latente en su conciencia la suma de todos los principios del ser. La trayectoria del individuo a través de la polaridad exige realizar con actos concretos estos principios que existen en él en estado latente, a fin de asumirlos gradualmente. Porque el discernimiento necesita de la polaridad y ésta, a su vez, constantemente impone en el ser humano la obligación de decidir. Cada decisión divide la polaridad en parte aceptada y polo rechazado.

La parte aceptada se traduce en la conducta y es asumida conscientemente. El polo rechazado pasa a la sombra y reclama nuestra atención presentándosenos aparentemente procedente del exterior. Una forma frecuente y específica de esta ley general es la enfermedad, por la cual una parte de la sombra se proyecta en el físico y se manifiesta como síntoma. El síntoma nos obliga a asumir conscientemente el principio rechazado y con ello devuelve el equilibrio al ser humano. El síntoma es concreción somática de lo que nos falta en la conciencia. El síntoma, al hacer aflorar elementos reprimidos, hace sinceros a los seres humanos.

Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke

Fragmento del capítulo III, La Sombra en La enfermedad como camino (1983), de Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, Buenos Aires, Ed.Sudamericana, 2015

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Libro La Enfermedad Como Camino

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