Sobre la vigilancia…

Tu vigilancia se mantiene sin perturbaciones. Durante las veinticuatro horas del día habrá una corriente subterránea de vigilancia. Tú sigues haciendo cosas… para el mundo exterior, nada ha cambiado, pero para ti ha cambiado todo.

Un maestro Zen estaba sacando agua del pozo, y un devoto que. había oído hablar de él y venía desde muy lejos para verlo y le preguntó:

-¿Dónde puedo encontrar a Fulano, el maestro de este monasterio?

Pensaba que aquel hombre tenía que ser un sirviente, que saca­ba agua del pozo. ¿Cómo va Buda a traer agua del pozo? ¿Cómo va Buda a limpiar el suelo?

El maestro se echó a reír y dijo:

-Yo soy la persona que andas buscando.

El devoto no lo podía creer, y dijo:

-He oído hablar mucho de ti, pero jamás te imaginé sacando agua del pozo.

-Pues eso era lo que hacía antes de iluminarme -dijo el maes­tro-. Sacar agua del pozo, cortar leña… Eso es lo que hacía antes­ y eso es lo que sigo haciendo. Soy muy eficiente en esas dos cosas: sacar agua del pozo y cortar leña. Ven conmigo. Lo siguiente que voy a hacer es cortar leña. Obsérvame.

-Pero entonces, ¿qué diferencia hay? -preguntó el hombre-.

-Antes de iluminarte hacías esas dos cosas, después de la -ilumina­ción sigues haciendo las mismas dos cosas. ¿Qué diferencia hay? El maestro se echó a reír.

-La diferencia es interior. Antes lo hacía todo dormido; ahora lo hago todo conscientemente, esa es la diferencia. Las actividades son las mismas, pero yo ya no soy mismo. El mundo es el mismo, pero yo no soy el mismo. Y como ya no soy el mismo, el mundo tampoco es el mismo para mí.

La transformación tiene que ser interior: Esa es la auténtica renuncia: el mundo de antes desaparece porque el ser de antes ha desaparecido.

Osho

extraído del libro Conciencia, la clave para vivir en equilibrio. Editorial Grijalbo

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