Soja, símbolo de destrucción de la naturaleza

Hace 50 años, ninguna cultura del mundo comía soja. Entonces en EE.UU. empezó a ser incluida en el 70% de los alimentos procesados. En la actualidad, está presente en el 60% de todos los alimentos procesados “globalmente”.

Por Vandana Shiva

La promoción del uso alimentario de la soja es una enorme experimentación de alcance planetario apoyada en una política de subsidios de 13 mil millones de dólares por parte del gobierno norteamericano entre 1998 y 2004 y por 80 millones de dólares anuales que aporta la industria de ese país. Como resultado de tamaño experimento, la salud de los seres humanos está siendo destruida. La humanidad se nutrió a través de su evolución con más de 80 mil plantas comestibles y con unas tres mil de modo constante.

Actualmente, la humanidad depende apenas de ocho cultivos para la provisión del 75% de sus alimentos.

En 1988 el aceite comestible autóctono de la India, hecho con granos de mostaza, con pulpa de coco, con lino y almendras, todos procesados en frío a través de molinos artesanales, fue prohibido bajo el pretexto de “proteger la seguridad alimentaria”   Al mismo tiempo, se levantaron con inusitada rapidez todas las restricciones a la importación de aceite de soja, todo lo cual afectó los medios de subsistencia de unos  diez millones de agricultores. Los molinos “caseros” de aceite fueron clausurados, de a miles.

Una veintena de agricultores perdieron la vida cuando protestaban contra tales cierres y contra la invasión de soja en el mercado indio, que se hizo con precios de dumping, hundiendo a los cultivos locales. Los millones de toneladas de aceite de soja transgénica vendidos a precios artificialmente baratos siguieron invadiendo el mercado indio.

Las mismas compañías responsables de la operación de dumping en la India; Cargill y ADM, están ahora destruyendo enormes sectores de la región amazónica para plantar soja. Millones de hectáreas de selva tropical son quemadas para preparar el suelo para cultivos destinados a la exportación. En cuanto a los seres humanos, en Brasil y en la India ven como son amenazados sus medios de subsistencia por el fomento de los monocultivos que se acompasan con las grandes empresas del agribusiness.

Las personas en EE.UU. y en Europa sufren también una amenaza, puesto que el 80% de la soja es destinada a alimentar el ganado para obtener carne barata, lo cual destruye tanto la selva lluviosa de la Amazonia como la salud de las personas en los países enriquecidos. La soja tiene un alto contenido de isoflavonas y fitoestrógenos que provocan desequilibrios hormonales en los seres humanos. Los monocultivos afectan así tanto a los subalimentados como a los sobrealimentados.

Mil millones de seres humanos carecen de alimentos suficientes porque los monocultivos industriales los expulsan de sus medios de vida en el campo. Además, unos mil setecientos millones de seres humanos sufren obesidad y dolencias vinculadas con el exceso de alimentación. Al depender de los monocultivos, el sistema alimentario deviene cada vez más en dependiente de los combustibles fósiles utilizados para elaborar fertilizantes sintéticos o para mover grandes máquinas o para el transporte de larga distancia. Superar los monocultivos es un imperativo para procurar la provisión mundial de alimentos. Los pequeños predios con diversidad biológica tienen una productividad mucho más alta y generan así una renta mayor para los agricultores. Y las dietas basadas en alimentos biodiversos proporcionan una nutrición superior.

El control de las grandes corporaciones empresarias sobre la agricultura mundial lleva al monocultivo.
La libertad de alimentar a los habitantes depende de la biodiversidad. La libertad humana y la libertad de las otras especies se refuerzan mutuamente. En nuestro tiempo, la soja se ha convertido en un símbolo de una economía que destroza la naturaleza y los cultivos autónomos. Simboliza el alejamiento de la naturaleza y de nuestros propios cuerpos. Simboliza la codicia y el control: a través de la soja, las corporaciones transnacionales como Monsanto, Cargill, ADM [todas made in USA, n del ed.], se apoderan del control de los suelos y de la biodiversidad.

Monsanto, por ejemplo, tiene una enorme cantidad de patentes sobre la soja GM.
No es que sólo estamos en trance de perder la Amazonia, que puede desaparecer si continúa el actual ritmo de desmonte, también estamos desquiciando el clima del planeta. La Amazonia es el pulmón y el corazón del planeta. Más allá de hacer bajar el nivel de carbono en la atmósfera, ayuda a mejorar el clima y acrecienta la humedad de los vientos alisios. En la medida en que siga desapareciendo se va a reducir la humedad y aumentarán las sequías.  En la de 2005 el nivel del río Amazonas que normalmente puede caer unos 10 a 13 metros, bajó 17 metros. En un sitio del río, en Acre, se podía vadear.

Al “comerse” el río para obtener carne y soja baratas las corporaciones agrocomerciales, como Cargill, en los hechos se están “comiendo” el planeta. Si queremos evitar una catástrofe ecológica y humana total, necesitamos abandonar este primitivísimo modelo de acumulación económica que destruye para crear “crecimiento”.
Solamente las culturas autóctonas pueden enseñarnos cómo vivir de un modo diferente, permitiendo que las diversas especies y las diversas culturas puedan florecer en nuestro planeta.

artículo publicado en Revista futuros nº10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

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