El océano planetario ante su destino final

En abril de 2006 la revista Mother Jones, expresión de periodismo crítico y ecologista en EE.UU., ajena al universo mediático dominante, publicó un informe de la investigadora Julia Whitty: The Fate of the Ocean (El destino del oceáno).* Project Censored lo tomó entre sus cuestiones principales [véase al final de la nota]. A fines de ese año, Argenpress, otra expresión de periodismo ajeno al universo dominante, lo resumió y tradujo. Nosotros transcribimos aquí esta última versión (de Ernesto Carmona), previo cotejo y revisión con pasajes del original inglés. Edición, notas y aclaraciones entre corchetes, de futuros.

Por Julia Whitty

“Más allá de especulaciones empresarias, la realidad es un proceso de retroalimentación que ya está en pleno desarrollo: el hielo compacto con su gran blancura refleja el 80% del calor solar y lo devuelve al espacio, en tanto el agua de mar, con mucho menos blancura, absorbe el 80%. La conversión de los hielos en agua, que es lo que se verifica cada vez más en el Ártico, incrementa el calentamiento del océano, que además se expande térmicamente, creando una superficie aun mayor de agua, que a su vez promueve más calentamiento y consiguientemente mayor derretimiento de los hielos.” (pasaje del trabajo de J. Whitty).

Rachel Carson  escribió acerca del oceáno que “en su misterioso pasado acompaña todos los brumosos comienzos de la vida y recibe al final, después, tal vez de muchas transmutaciones, los últimos pellejos o carcasas ya muertos de la misma vida. Porque todo, a la larga vuelve al mar, al mar océano, al río océano.” Retornamos al mar, también en varios pellejos, incluyendo uno bajo la forma de emisiones atmosféricas. A propósito de ellas, en Suecia se ha calculado que con su población de casi nueve millones de habitantes, retornan 2,8 toneladas de mercurio, casi tres mil kilos, provenientes de los arreglos dentales en sus bocas; la inmensa mayoría de ese mercurio llegará a la atmósfera a través de los crematorios.

Los problemas oceánicos encontrados antes a escala local son ahora pandémicos. Los datos de la oceanografía, la biología marina, meteorología, ciencia de la pesquería y glaciología revelan que los mares están cambiando de manera ominosa. Un vórtice de causa y efecto forjado por los dilemas ambientales globales está cambiando el océano de un horizonte acuático con variados problemas regionales a un sistema global en alarmante aflicción. […] hay un solo océano, con sus corrientes uniéndose en los mares y regulando el clima. La temperatura del mar y su química cambia al ritmo de la contaminación y de las prácticas temerarias de la pesca, entrelazándose para poner en peligro la fuente común de vida más grande del mundo.

Calentamiento por efecto invernadero

En 2005, los investigadores del Scripps Institution of Oceanography y del Lawrence Livermore National Laboratory encontraron pruebas de que el océano está calentándose rápidamente. Descubrieron que hasta unos 800 metros de profundidad, desde la superficie, el océano se ha calentado dramáticamente en los últimos cuarenta años como resultado de la inducción de los gases del invernadero humano.

Una manifestación de este calentamiento es la fusión del Ártico [y de la Antártida]. Por cuarto año consecutivo, la cubierta ártica de hielo ha retrocedido (en grosor y extensión) acelerando un aumento de la superficie del agua que promete más calentamiento y fusión de hielos. Con el aumento de las aguas polares en los mares más templados y tropicales más salados, el ciclo de evaporación y precipitación se vuelve más rápido, vigorizando aún más el efecto invernadero. […] Esta aceleración del ciclo de causa y efecto se hará difícil de revertir, si no imposible.

La basura atmosférica también está alterando la química del mar, así como miles de compuestos tóxicos de propagación devastadora que envenenan a las criaturas marinas. Se estima que el océano ha absorbido unos 118 mil millones de toneladas métricas de anhídrido carbónico desde el arranque de la Revolución Industrial, con 20 a 25 toneladas que se agregan diariamente a la atmósfera.

La acidez en aumento de los niveles crecientes de CO2 está cambiando el equilibrio del pH del océano. Los estudios indican que las conchas y esqueletos de moluscos y plancton que contribuyeron a construir los arrecifes de coral se disolverían en 48 horas de exposición a la acidez que se espera tenga el océano en el 2050. Los arrecifes de coral ciertamente casi desaparecerán y, lo aún más ominoso, tal legado afectará al plancton. El fitoplancton absorbe los gases del efecto invernadero, fabrica oxígeno y es el productor primario del tejido de la red de alimentos del mar.

La contaminación de mercurio ingresa en el tejido de los alimentos por la vía del carbón y de los residuos de la industria química. Se oxida en la atmósfera y se establece en el fondo del mar. Allí es consumido entregando mercurio a cada eslabón subsecuente de la cadena alimentaria. Los predadores como atunes o ballenas acumulan niveles de mercurio un millón de veces más altos que las aguas que los rodean. El Golfo de México tiene los niveles más altos de mercurio jamás registrados, con un promedio equivalente a diez toneladas de mercurio que bajan cada año por el río Mississippi, y otra tonelada agregada por las perforaciones costeras.

Agujeros negros del océano

Junto con el mercurio, el Mississippi entrega nitrógeno (sobre todo de los fertilizantes). El nitrógeno estimula en el agua el crecimiento bacteriano y de plantas que consumen oxígeno, creando una condición conocida como hipoxia, o zonas muertas. Las zonas muertas aparecen dondequiera que el oxígeno oceánico se empobrece por debajo del nivel requerido para sostener la vida marina. Una porción importante del Golfo de México, que en 2001 medía casi 13.000 kilómetros cuadrados, se ha convertido en zona muerta, el área más grande en EE.UU. y la segunda más grande en el planeta. No es ninguna coincidencia que prácticamente todas las casi 150 zonas muertas (o eutrofizadas) conocidas en la Tierra estén en la desembocadura de los ríos y casi 50 ulceren las costas de EE.UU.

Mientras la mayoría fueron causadas por el nitrógeno llevado por los ríos, las instalaciones de combustible fósil ardiendo también ayudan a crear esta condición, como lo hace el alcantarillado humano, fosforoso, y las emisiones de nitrógeno de los automóviles.
[…] Desde su nivel más alto en el 2000, la captura global de peces silvestres ha iniciado un marcado declive, a pesar del progreso en las tecnologías marineras y la pesca intensificada. La llamada eficacia en la pesca ha estimulado estragos inauditos en la vida marina, deviniendo en una de las más resonantes ineficacias. Una de las formas más lesivas es la de que un solo barco puede tender aparejos hasta sesenta o más millas de océano [unos cien km o más], cebando unos 10.000 anzuelos con los que captura por lo menos un 25% de peces no deseados. Estimando unos 2 mil millones de anzuelos instalados cada año, se terminan tirando al océano unos 40 mil millones de kilos anuales de peces muriéndose, vida desechada.

A la pesca con desperdicio hay que agregarle las mallas que se ponen con boyas y se recogen días después de echadas. Constituyen cortinas casi invisibles que van dañando la vida del océano. En el Atlántico Norte, redes para tiburones y otros peces pueden ser de hasta 200 km de largo y se ubican a unos 300 metros por debajo de la superficie y allí pasan a moverse a la deriva, atrapando vida. En el curso de las operaciones de pesca con tormenta, muchas de estas redes gigantescas son abandonadas y continúan llenándose con presas que a su vez atraen a predadores que a su vez quedan también atrapados reproduciendo el ciclo con nuevos predadores. Están hechas con productos sintéticos y no biodegradables, son redes fantasmas con pesadillesca eficiencia por años y años…

Adicionalmente, los pesqueros de arrastre dragan cada centímetro cuadrado de las plataformas continentales. Pescando en el suelo del mar con una verdadera excavadora o bulldozer, las rastras nivelan cada año una área 150 veces mayor que todos los desmontes en tierra y destruyen los ecosistemas del fondo del mar. La acuacultura tampoco es buena: cada kilo de salmón cultivado devora como alimento más de tres kilos de peces silvestres capturados. Un estudio difundido en 2003 por la Universidad Dalhousie de Nova Scotia, basado en datos fechados desde los años cincuenta, concluyó que tras cinco décadas de tal asalto en cualquier parte en el océano apenas si sobrevive el 10% de los grandes peces de altura (atún, pez espada) y peces de costa (bacalao, merluza, lenguado).

También están amenazadas otras guarderías del mar. En los últimos diez años ha desaparecido el 10% del lecho de hierba marina, privando así a los peces juveniles, manatíes y tortugas de mar de sus hábitats ya en situación crítica. Los lechos de algas marinas también están muriendo en proporciones alarmantes.

Mientras continúa la vorágine del ataque humano en los mares, la ciencia en ningún momento de su historia ha enseñado más que hoy sobre cómo trabajan los sistemas que sostienen la vida sobre la Tierra. Si no se revierte rápidamente el fracaso humano en el gobierno del dominio público más grande del mundo, ciertamente el océano alcanzará pronto un punto de no retorno.

P.S. de la autora:
Esta historia está sintonizada con los nuevos desarrollos. Científicos están publicando actualmente una proporción sin precedentes de observaciones -no sólo predicciones- sobre los rápidos cambios del océano en nuestro planeta. Primero y principal, el 2005 resultó ser el año más caluroso registrado. Esto refuerza otros datos que muestran que la tierra está más caliente que nunca en los últimos 400 años y posiblemente en los últimos 2.000 años. Un estudio emitido por el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica indica que las temperaturas del océano halladas en el Atlántico Norte tropical en 2005 son aproximadamente un grado centígrado más altas que el rango normal anterior. Lo cual resultó el catalizador predominante para los monstruosos huracanes de la temporada 2005, la estación más violenta nunca vista.

Las noticias del hielo polar no son nada buenas. Los estudios científicos (2002/2006) de la alianza NASA/Universidad de Kansas revelan que los glaciares de Groenlandia están desplazándose hacia el mar y están fundiéndose dos veces más rápido que hace diez años. Esto pone en peligro el equilibrio crítico del Atlántico Norte meridional poniendo en zozobra la circulación que sostiene nuestra estabilidad climática. El Estudio Antártico Británico anunció que “el recalentamiento global” del Antártico es tres veces más grande que el que estuvimos observando en otras partes de la Tierra; la primera prueba a gran escala del cambio de clima también en el continente sur.

Desde que se publicó ‘The Fate of the Ocean’ en Mother Jones, es evidente que también ha surgido la politización de la ciencia en la guerra sobre el clima global. En enero de 2006, uno de los científicos de clima más relevantes de la NASA, James Hansen, acusó a la agencia de intentar censurar su trabajo. Cuatro meses después, las imputaciones de Hansen tuvieron eco entre los científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, así como en un científico del Estudio Geológico de EE.UU. que trabaja en un laboratorio de NOAA [Administración Océanica y Atmosférica Nacional, por su sigla en inglés], quien denunció que su trabajo sobre el cambio del clima global estuvo censurado en su departamento, como parte de una política de intimidación anti-ciencia de la administración Bush.

Los problemas de la fauna del océano también están agravándose. En 2005, biólogos del Servicio de Manejo de Minerales de EE.UU. encontraron osos polares ahogados aguas afuera de Alaska, claramente victimados por la desaparición del hielo. En 2006, investigadores del Centro de Estudios de Ciencias Geológicas para Alaska encontraron osos polares matándose y comiéndose en áreas del mar en las que en ese año no se formaron hielos, dejando a los osos privados de comida. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales revisó su “Lista de Peligros” para el oso polar, cambiándole la calificación de conservación ‘dependiente’ a ‘vulnerable’ […].

La mayoría de estas historias permanece fuera de la vista, sumergidas en el remanso de los periódicos científicos. Los grandes medios de comunicación resultan incapaces de discernir lo bueno y lo malo de la ciencia y dan a todo el mismo crédito, sin definirse. La historia de nuestro declinante mundo oceánico y de nuestro propio futuro transcurre más allá del conocimiento público, sin alterar conductas o metas y marcada por la falta de previsión.

Project Censored (Proyecto Censurado) es un programa a cargo del profesor de sociología Peter Phillips, de la Universidad Sonoma, California, que desde hace treinta años emite un estudio anual sobre las 25 grandes noticias mayores ocultadas por la gran prensa de EE.UU., cuyo conocimiento permite comprender mejor los designios del imperio. Los textos completos pueden verse (en inglés) en https://projectcensored.org

notas:
www.motherjones.com/news/feature/2006/03/the_fate_of_the_ocean.html
1) Bióloga marina, autora de Silent Spring,, Primavera silenciosa, el texto que en 1962 anunció y denunció la muerte multitudinaria de los pájaros por los agrotóxicos aplicados a cultivos y frutales.
2) Véase Luis E. Sabini Fernández, “Un estilo de vida… necrofílico”, futuros no 7, acerca de la censura de la Casa Blanca acerca de otro informe sobre clima, que revela que la manipulación de informes que molestan es sistemática y sistémica.
3) Los m.i.m.  nos anuncian que Bush se ha sensibilizado frente a los osos. Y se habla de ponerlos bajo la protección de La Ley de Especies en Peligro. Menos mal. Como sostiene Clive Stafford Smith, defensor de presos políticos (v. p. ¿?), vivimos en un mundo en que tenemos que luchar para que las leyes que supuestamente favorecen a los animales alcancen a los humanos. Porque afganos,  palestinos, iraquíes, somalíes, haitianos, leoneses, nicaragüenses, sudaneses, ecuatorianos, aymaras, tzoziles, bengalíes, malíes, y tantos otros no parecen gozar de la sensibilidad de Bush. Al contrario.

fuente: revista futuros nº 10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

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