(poesía) La tierra y la luna

Por César Brandon Ndjocu

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Se acercaba el día de su decimoctavo cumpleaños,
y la tierra se encontraba acostada boca hacia algún lugar del espacio
porque desde que vio a la luna no dejó
de provocarse efectos mariposa en su estómago,
a ver si así podía poner un poco de práctica
la teoría del caos… y conocerla.

Pero la luna era ordenada…
meticulosa y apasionada de las cifras al principio
no se fiaba de alguien que había tardado sólo
cinco billones de años en pedirle en salir a una chica,
que tal vez su interés era superficial y sólo le interesaban
las vistas porque se comentaba que con ellas los polvos…
estelares… se veían de maravilla.

Pero el día de la cita la luna se esmeró
en buscar en el armario una fase…
preguntándose si no era muy atrevido vestirse ese escotado
cuarto menguante sin maquillarse o dejarse ver los cráteres,
si darle una oportunidad a una chica después de haber saltado
para la humanidad y dado pasitos en falsos para los hombres,
y mientras la tierra no paraba de preguntarse qué iba a contarle…
tal vez lo de que después de los dinosaurios de mayor quería ser
controlador aéreo de estrellas fugaces
que en la tierra todos éramos ciudadanos de un lugar
llamado primer mundo porque el segundo nos sabía a poco
y el tercero estaba en vías de desarrollo,
que en la tierra éramos unos extremistas religiosos
un poco absurdos y nos llenábamos la boca de orgullo gritando…
“mi dios besa mejor que el tuyo”,
que en la tierra no importa el color de la piel,
que nadie te detiene para que justifiques tu existencia
con un trozo de papel,
que es más fácil ser mujer,
que dos sí se pelean aunque uno no quiere y al revés,
que uno no tiene suficiente con dos y busca tres
para inventarse que son felices los cuatro
hasta que se multiplica el problema
y cuatro acaba llamando el cero dieciséis,
que los refugiados no están hechos de opiniones en internet,
que en la tierra no nos rompemos el corazón al recordar el pasado,
que no somos tan simples que después de una relación
“fuimos” no se conjuga en el pretérito perfecto complicado,
cómo iba a impresionar a la lunática que afectaba a su gravedad
a la que le dijeron que era imposible tapar el sol con un sólo eclipse
y demostró que no era verdad,
cuando lo único genuino era…
que en la tierra somos unos rebeldes a la hora de amar,
que toda la vía láctea ya puede declararse en huelga
que ese día iremos a trabajar,
que no somos más que un instante en este lugar,
pero vivimos como si la eternidad no fuese más que una hora
que todavía no ha cumplido la mayoría de edad,
la tierra podía contarle todo eso a la luna,
con algún que otro engaño o…
simplemente empezar la cita diciéndole… que era su cumpleaños.

Fuente: GotTalent 2018

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