(libro) La quiebra del capitalismo global: 2000-2030

Crisis multidimensional, caos sistémico, ruina ecológica y guerras por los recursos. Preparándose para el inicio del colapso de la Civilización Industrial.

Por Ramón Fernandez Durán

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal, ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica. Una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente.

Índice
I.- El inicio del fin de la energía fósil: una ruptura histórica total
1. Introducción
2. Un ejercicio de política-ficción, pero con mucha dosis de realidad
3. La Crisis del actual Capitalismo Global empieza ya en torno al 2000
4. Pico del Petróleo y consecuencias de la nueva Era del declive energético
5. Incapacidad física de cerrar las fauces del cocodrilo (oferta y demanda energética)
6. Imposibilidad tecnológica de “ensanchar los límites” ecológicos planetarios
7. Crisis Energética, Cambio Climático y Colapso Ecológico: un triángulo diabólico
8. Quiebra de la reproducción social y crisis de los cuidados, los grandes olvidados
9. Entre “Salvar el Planeta” del nuevo Capitalismo Verde y el Business as Usual
10. Crisis sistémica, explosión y desequilibrios demográficos y guerra por los recursos
11. 30 años perdidos y “Un Mundo Lleno” con reducidas opciones de futuros posibles
12. Derrumbe financiero-corporativo, ruptura de la globalización y quiebra geopolítica
13. ¿Hacia Nuevos Capitalismos de Estado Regionales Planetarios, luchando entre sí?
14. Nuevo orden geopolítico, guerras por los recursos, caos sistémico y quiebra de Estados
15. Inicio del Largo Declive de la Civilización Industrial, peligros y potencialidades
16. Los “Dioses” de la Modernidad en crisis, pero todavía no terminal
17. Los nuevos mitos de la Postmodernidad, apoyados por la Sociedad de la Imagen
18. ¿Sobrevivirá la Aldea Global y el Ciberespacio a la Quiebra del Capitalismo Global?
19. Fin a la expansión del “Yo” en las nuevas Sociedades de Masas multiculturales
20. 2010-2030: De la generación del 68 a la generación “más preparada de la historia”
21. Caminando sin hoja de ruta hacia el 2030, pero mirando también por el retrovisor
22. Catástrofe, crisis del discurso dominante y oportunidad de transformación
23. La urgencia de cambiar y ampliar nuestras estrategias de intervención socio-política
24. Una relación conflictiva y compleja con el Estado y la Metrópoli
25. Guerra y Patriarcado, problemas de especie a resolver para subsistir humanamente
26. Bibliografía
II.- El final de la escapada (2000-2010): la incapacidad de sortear la crisis global y ecológica (próximamente)
III.- El imposible futuro del sistema urbano-agro-industrial mundial y sus consecuencias (próximamente)
IV.- Aventurando los próximos veinte años de descomposición del capitalismo global (próximamente)
– 2010-2020: Declive energético, fin del crecimiento, derrumbe financiero y ruptura de la globalización
– 2020-2030: Un capitalismo no global en fuerte crisis y balcanizado
V.- Más allá de 2030: entrando de la mejor forma posible en la era del colapso de la Sociedad Industrial (próximamente)
I- El inicio del fin de la energía fósil: una bifurcación histórica total

1.- Introducción

El “mundo de 2007” se ha acabado, ya no existe como tal, ni volverá jamás. Es un “mundo” que se está deshaciendo poco a poco ante nuestros ojos, pero sin darnos cuenta. Estamos en un punto de inflexión histórica. Una bifurcación de enorme trascendencia de la que todavía no somos conscientes. O tan sólo mínimamente. Se están produciendo ya profundas mutaciones económicas, geopolíticas y culturales, muchas de ellas de carácter todavía subterráneo, que irrumpirán con fuerza en la superficie en las próximas dos décadas, pero que aún permanecen ocultas, sobre todo para los que no las quieren ver.

La gran mayoría de las sociedades del mundo, condicionadas por los mensajes que les transmiten sus estructuras de poder y la Aldea Global, pero las fuerzas que las van a sacar bruscamente a la luz y las van a intensificar aún más se están fraguando rápida e intensamente en la trastienda, pues no se han mostrado todavía tampoco de forma abierta, o tan sólo en parte, para los que las quieran ver también. Y esas fuerzas no son otras que el progresivo agotamiento de los combustibles fósiles o el principio del fin de la era de la energía barata, al menos en un primer momento, pero también los límites ecológicos planetarios al despliegue “sin fin” del actual Capitalismo Global y la Civilización Industrial.

Límites tanto de inputs (agotamiento de recursos) como de outputs (saturación y alteración de los sumideros) planetarios, lo que está implicando una catástrofe ecológica sin precedentes en la Historia de la Humanidad, que se va sumando cada día con más fuerza a los desequilibrios internos en ascenso, económicos y sociopolíticos, que genera el despliegue (y las crisis) de las fuerzas capital a escala mundial. Sin embargo, van a ser los límites ecológicos, en concreto el agotamiento de recursos, y muy especialmente de combustibles fósiles, los que sin duda van a poner fin a esta carrera desenfrenada.

Y no las contradicciones internas que induce el actual modelo, como hasta ahora pensaban algunos. O eso parece. Incluso aunque el capitalismo global haya ido gestando una estructura social mundial que simula que no pertenece a la misma especie, el homo sapiens, pues las diferencias entre sus miembros son tan acusadas que parece como si correspondieran a individuos de especies distintas. Es decir, la división salvaje que ha creado entre centros y periferias, propietarios y no propietarios, y especialmente entre rentistas, asalariados, trabajadores por cuenta propia y excluidos totales.

Durante el periodo excepcional entre el derrumbe del “Imperio Oriental del Socialismo Real” (1989-91) y la crisis de Wall Street (2007-2008), pareció que el “Imperio Occidental” se consolidaba y ampliaba su alcance a escala mundial definitivamente, inaugurándose una especie de Vacaciones de la Historia, en presente continuo. Un sistema industrial más ágil, flexible, consumista, “democrático” y glamuroso era capaz de imponerse y engullir a otro más torpe, burocratizado, con escasez de bienes y servicios, fuertemente represivo y sobre todo gris.

El Fin de la Historia, lo denominó Fukuyama (1992), para caracterizar el triunfo planetario del Capitalismo Global de corte liberal-occidental. Pero todo fue un espejismo temporal propiciado por más de veinte años de energía barata, es más, muy barata, el periodo de coste energético más bajo de la Historia, como resultado de la caída espectacular de los precios de petróleo desde los ochenta (Fdez Durán, 2008); lo que también propició la incorporación clave de la China “comunista” al nuevo Capitalismo Global, reforzando su mundialización.

Es más, sin la incorporación de la nueva Fábrica del Mundo (y todas las periferias del Sur Global), y su inmensa, barata y superexplotada fuerza de trabajo, así como sus abundantes recursos de todo tipo, el nuevo Capitalismo Global no hubiera sido factible. Y tampoco sin la nueva y cuantiosa mano de obra inmigrante barata que se trasladó a los países centrales desde la Periferia, y a otros centros emergentes del Sur Global. Todo ello permitió también destruir el poder obrero en los espacios centrales, junto con la conquista del alma propiciada por la Sociedad de Consumo y la Aldea Global.

Sin embargo, la crisis financiera mundial con epicentro en Wall Street, vino a mostrarnos que todo era más bien un simulacro pasajero, por su consistencia evanescente, aunque eso sí con tremendos impactos reales, como veremos. En este sentido, podemos decir que la crisis de Wall Street está siendo para el Capitalismo Global lo que la Caída del Muro de Berlín fue para el Socialismo Real.

La chispa que ha activado una dinámica de crisis global multidimensional y creciente y dispar desmoronamiento societario, que se venía incubando ya desde hacía años. Podríamos decir que, como poco, desde el inicio del nuevo milenio, en torno al 2000. En cualquier caso, como apuntaremos, la quiebra del Capitalismo Global y el consiguiente colapso progresivo de la Civilización Industrial no será un proceso repentino, tipo Hollywood, sino que será un lento proceso, con altibajos, pero también con importantes rupturas, que se ha iniciado ya y es imparable (Greer, 2008).

fuente: http://www.ecologistasenaccion.org/IMG/pdf/el_inicio_del_fin_de_la_energia_fosil.pdf

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Dialéctica del cénit y el ocaso

El capitalismo ha alcanzado su cenit, ha traspasado el umbral a partir del cual las medidas para preservarlo aceleran su autodestrucción. Ya no puede presentarse como la única alternativa al caos; es el caos y lo será cada vez más. Durante los años sesenta y setenta del pasado siglo, un puñado de economistas disconformes y pioneros de la ecología social constataron la imposibilidad del crecimiento infinito con los recursos finitos del planeta, especialmente los energéticos, es decir, señalaron los límites externos del capitalismo.

Por Miguel Amorós

La ciencia y la tecnología podrían ampliar esos límites, pero no suprimirlos, originando de paso nuevos problemas a un ritmo mucho mayor que aquél al que habían arreglado los viejos. Tal constatación negaba el elemento clave de la política estatal de posguerra, el desarrollismo, la idea de que el desarrollo económico bastaba para resolver la cuestión social, pero también negaba el eje sobre el que pivotaba el socialismo, la creencia en un futuro justo e igualitario gracias al desarrollo indefinido de las fuerzas productivas dirigidas por los representantes del proletariado. Además, el desarrollismo tenía contrapartidas indeseables: la destrucción de los hábitat naturales y los suelos, la artificialización del territorio, la contaminación, el calentamiento global, el agujero de la capa de ozono, el agotamiento de los acuíferos, el deterioro de la vida en medio urbano y la anomia social. El crecimiento de las fuerzas productivas ponía de relieve su carácter destructivo cada vez más preponderante.

La fe en el progreso hacía aguas; el desarrollo material esterilizaba el terreno de la libertad y amenazaba la supervivencia. La revelación de que una sociedad libre no vendría jamás de la mano de una clase directora, que mediante un uso racional del saber científico y técnico multiplicase la producción e inaugurara una época de abundancia donde todos quedaran ahítos, no era más que una consecuencia de la crítica de la función socialmente regresiva de la ciencia y la tecnología, o sea, del cuestionamiento de la idea de progreso. Pero el progresismo no era solamente un dogma burgués, era la característica principal de la doctrina proletaria. La crítica del progreso implicaba pues el final no sólo de la ideología burguesa sino de la obrerista. La solución a las desigualdades e injusticias no radicaba precisamente en un progresismo de nuevo cuño, en otra idea del progreso depurada de contradicciones.

Como dijo Jaime Semprun, cuando el barco se hunde, lo importante no es disponer de una teoría correcta de la navegación, sino saber cómo fabricar con rapidez una balsa de troncos. Aprender a cultivar un huerto como recomendó Voltaire, a fabricar pan o a construir un molino como desean los neorrurales podría ser más importante que conocer la obra de Marx, la de Bakunin o la de la Internacional Situacionista. Eso significa que los problemas provocados por el desarrollismo no pueden acomodarse en el ámbito del saber especulativo y de la ideología porque son menos teóricos que prácticos, y, por consiguiente, la crítica tiene que encaminarse hacia la praxis. En ese estado de urgencia, el cómo vivir en un régimen no capitalista deja de ser una cuestión para la utopía para devenir el más realista de los planteamientos.

Si la libertad depende de la desaparición de las burocracias y del Estado, del desmantelamiento de la producción industrial, de la abolición del trabajo asalariado, de la reapropiación de los conocimientos antiguos y del retorno a la agricultura tradicional, o sea, de un proceso radical de descentralización, desindustrialización y desurbanización debutando con la reapropiación del territorio, el sujeto capaz de llevar adelante esa inmensa tarea no puede ser aquél cuyos intereses permanecían asociados al crecimiento, a la acumulación incesante de capital, a la extensión de la jerarquía, a la expansión de la industria y a la urbanización generalizada. Un ser colectivo a la altura de esa misión no podría formarse en la disputa de una parte de las plusvalías del sistema sino a partir de la deserción misma, encontrando en la lucha por separarse la fuerza necesaria para constituirse.

Al final de la era fordista, tras la subida de precios del petróleo como consecuencia del cenit de la producción en Estados Unidos, conocemos la salida que buscó la clase dirigente para preservar el crecimiento: un desarrollismo de nuevo tipo, neoliberal, basado primero en el fin del Estado-nación, la privatización de la función pública, el abandono del patrón oro, la energía nuclear, la eliminación de las trabas aduaneras, el abaratamiento del transporte, la globalización de los mercados, la expansión del crédito y la desregulación del mundo laboral. Una segunda fase, algo más keynesiana, rentabilizaría la destrucción acumulada mediante un desarrollismo llamado sostenible, integrando el punto de vista ecologista en un capitalismo “verde”. El Estado recuperaría un tanto su papel de impulsor económico que tenía en la época anterior de capitalismo nacional financiando dicha modernización y forzando el reciclaje de la población en el consumo de mercancía labelizada.

También conocemos las alternativas progresistas neokeynesianas que en el marco del orden establecido reivindicaron “otra” globalización en donde las cargas estuvieran mejor distribuidas, o lo que viene a ser lo mismo, una mundialización tutelada por los Estados que respetara los intereses de la burocracia obrerista y el estatus de las clases medias. Esta propuesta descansaba en la falsa suposición de que el Estado era un instrumento neutral frente al capitalismo, y no la adecuada expresión política de sus intereses. Como quiera que fuera, ambas políticas –la neoliberal conservadora y la neokeynesiana socialdemócrata– fracasaron al tropezar el capitalismo con sus límites internos.

La liquidación de las economías locales arruinó poblaciones enteras que se fueron acumulando en las periferias de las metrópolis, dando vida a inmensos poblados de chabolas. Innumerables masas emigraron a los países “desarrollados”, extendiendo las consecuencias de la crisis demográfica a las zonas privilegiadas del turbocapitalismo. Esta nueva mutación del capital creaba una nueva división social: los integrados y los excluidos del mercado. La contención de la exclusión quedó fundamentalmente en manos del Estado, en absoluto neutro, obligado a desarrollar para la ocasión políticas represivas de control de la inmigración y extenderlas a cualquier forma de disidencia. Por otro lado, el carácter eminentemente especulativo de los movimientos financieros internacionales y las políticas estatistas clientelares, tras una década de euforia, condujeron a la bancarrota general del 2008, agravada por las deudas que los Estados no habían podido rembolsar, precipitando una vuelta al neoliberalismo mucho más dura. Las medidas draconianas son necesarias para traspasar la crisis provocada por los Bancos y los Estados a la población asalariada, mayoritariamente hipotecada.

La pauperización material de un tercio de la población se suma a una pauperización moral vieja de años, pero la incapacidad irremediable de crecer lo suficiente de los Estados Unidos y la Unión Europea si no es compensada con una demanda emergente, china o india, proporcionará un marco crítico duradero donde podrá invertirse el proceso de anomia. Potencialmente, y por mucho tiempo, el espectro de Grecia –las condiciones griegas—asediará la conciencia de los dirigentes. La venganza o la voluntad de desquite dominarán en los primeros momentos con toda la secuela de conflicto y violencia, pero para construir habrá de darse en las masas vapuleadas un sentimiento de dignidad a la par que el desarrollo de una conciencia verdaderamente subversiva.

Paradójicamente, en la fase actual de descomposición del sistema dominante, las contradicciones internas ocultan las externas. El drama de la exclusión, el paro, la precariedad, los recortes, los desahucios y el empobrecimiento de las clases medias asalariadas, al poner por delante sus intereses inmediatos todavía ligados al mantenimiento de un estilo de vida urbano, artificial y consumista, han oscurecido momentáneamente la cuestión esencial, el rechazo del credo del progreso, y, por consiguiente, el del modelo social y urbano que le es inherente.

En consecuencia, la creciente “huella ecológica” y la insostenibilidad intrínseca de la supervivencia bien o mal abastecida bajo el capitalismo no se han tenido en consideración, por lo que las exigencias desindustrializadoras y desurbanizadoras parecen fuera de lugar. La protesta urbana, obrera o populista, rechaza pagar la factura de la gestión desarrollista anterior y así se contenta con exigir “otra” política, “otra” banca u “otro” sindicalismo, a lo sumo, “otro” capitalismo, pero jamás se planteará seriamente la ruralización o la desaparición de las metrópolis, es decir, otra manera de convivir, otra sociedad u otro planeta.

La mayoría de los habitantes de las conurbaciones solamente busca o aspira a encontrarse con la naturaleza los fines de semana, en tanto que consumidores de relax y paisaje, por lo que una crítica antidesarrollista tiene serios problemas para darse a conocer fuera de estrechos círculos, ya que la mentalidad urbana es incapaz de asumirla y los desertores del asfalto son todavía pocos. Por otra parte, la población campesina, residual, sufre un deterioro mental aún peor, fruto de su suburbanización, y las más de las veces reproduce estereotipos ideológicos urbanos. La crítica antidesarrollista no cuaja pues, ni en el medio rural, que debía ser el suyo, ni en el medio urbano, mucho menos propicio. Por eso la materialización en la práctica del antidesarrollismo como defensa del territorio se ve sometida a multitud de inconsecuencias y limitaciones. El carácter específicamente local de dicha defensa juega en su contra. Apenas se conforma una oposición contra una nocividad particular, surgen acompañantes municipalistas, verdes o nacionalistas, que tratan de confinarla como “nimby” en la localidad, exprimirla políticamente y empantanarla en marismas jurídicas y administrativas.

Solamente en los casos en que ha conseguido aliados de las conurbaciones gracias precisamente a los irregulares de la post ciudad, ha podido formularse un interés general y desarrollarse un conflicto de envergadura (p. e. contra trasvases, contra las líneas MAT, contra el TAV, contra autopistas, centrales eólicas, etc.). Resumiendo, la defensa del territorio está lejos mostrarse como el único conflicto realmente anticapitalista, ya que, debido a las condiciones hostiles que debe afrontar, no consigue constituir una comunidad de lucha estable y suficientemente consciente que contribuya con eficacia a incrementar el número de renegados de la urbe.

Todavía no ha logrado transformar la descomposición urbana en fuerza creativa rural, ni la oposición al desarrollismo territorial en barrera contra la urbanización total. Será necesaria otra vuelta de tuerca en la crisis para que la cuestión urbana –el problema de desmontar la conurbación– aparezca en el centro de la cuestión social. En efecto, la conurbación es la forma ideal de la organización del espacio por el capitalismo; una gran concentración de consumidores hecha posible por la abundancia hasta ahora ilimitada de combustible fósil barato y de agua potable. Es de suponer que un encarecimiento del combustible conduciría a una crisis energética que pondría en peligro la agricultura industrial, el sistema de vida urbano y la existencia misma de las conurbaciones. Igual sucedería con una sequía prolongada que exigiera la construcción de numerosas desaladoras funcionando con petróleo.

Ese es el horizonte que perfila a corto plazo la gran demanda de los países emergentes y el cenit de la producción petrolífera a medio: el fin de la era de la energía barata. No hay remedio posible puesto que la energía nuclear y las llamadas “renovables” son caras, necesitan igualmente para su puesta en marcha ingentes cantidades de combustible fósil cada vez menos al alcance y el ritmo de su producción nunca podrá satisfacer las exigencias de un consumo creciente. El capitalismo verde es una falacia y la globalización está entrando en su fase terminal; las innovaciones tecnológicas no podrán salvarla. La perspectiva de un declive de la producción industrial de energía pinta de negro el futuro de las conurbaciones, puesto que un encarecimiento del transporte paralizará los suministros y las volverá inviables. Los bloques de viviendas, los rascacielos, los centros comerciales, los adosados residenciales, los polígonos logísticos, las autopistas y demás se deteriorarán a gran velocidad. Entonces, los sofisticados materiales de construcción, el aire acondicionado, los electrodomésticos, los ordenadores, la calefacción central, la telefonía móvil y los automóviles serán cosas del pasado.

Además, el calentamiento global es imparable puesto que el consumo de energías contaminantes es imposible de aminorar, y, en pocos años, cuatro o cinco, desbocará el cambio climático y entonces los daños provocados serán irreversibles. El decaimiento de la agricultura industrial –esclava del fuel, de los abonos y herbicidas petroquímicos—junto con las secuelas del calentamiento –incremento del efecto invernadero, deforestación, erosión, salinización y acidificación de los suelos, desertificación, sequías e inundaciones– desembocarán en una crisis alimentaria de graves consecuencias. La mayoría de la población urbana quedará desabastecida, viéndose impelida violentamente a buscar comida y combustible fuera, desperdigándose por un campo esquilmado. El que este proceso de expulsión del vecindario se efectúe de forma caótica y terrorista o transcurra positivamente dependerá de la capacidad integradora de las comunidades de lucha surgidas de la deserción y la defensa del territorio.

Si éstas son débiles no podrán enfrentarse a la avalancha de una población hambrienta y transformar su desesperación en fuerza para el combate por la libertad y la emancipación. La desagregación del turbocapitalismo daría lugar entonces a un reguero de formaciones capitalistas primitivas defendidas por poderes locales y regionales autoritarios. Será inevitable que la sociedad se contraiga y se vuelva intensamente localista, pero lo pequeño no siempre es hermoso. Puede ser horrible si la necesaria ruralización que habrá de afrontar las consecuencias de una superpoblación repentina y brutal, no discurre por vías revolucionarias, es decir, si se limita a una producción centralizada y privilegiada de comida y energía en lugar de orientarse hacia la creación de comunidades libres y autónomas capaces de resistir a la depredación post urbana. En definitiva, si el proceso ruralizador no respira esa atmósfera de libertad que antaño se atribuía a las ciudades.

A fin de no caer en profecías apocalípticas y evitar que la ciencia ficción se adueñe de los análisis futuristas postulando retornos al paleolítico o a la barbarie de género cinematográfico, conviene considerar la crisis energética como un marco general y un horizonte temporal que condicionará cada vez más el acontecer social con el chantaje consabido de ‘o la energía o el caos’ sin por lo tanto determinarlo completamente. La especulación novelesca es deudora de la actitud contemplativa frente a la catástrofe, típica de la religión –o de su equivalente secular, la ideología historicista– que considera lo que adviene como resultado forzoso y no como una posibilidad entre muchas, un desenlace en el tiempo fruto de múltiples variables: la conciencia del momento, la inteligencia de los cambios, la configuración de fuerzas independientes, la habilidad en captar las contradicciones que se manifiestan y en aprovechar las ocasiones que se presentan… Ni el resultado explica enteramente el proceso, ni el proceso, el resultado.

El cenit no precede necesariamente a la extinción. Entre los dos interviene el juego dialéctico de la táctica y de la estrategia entre contrincantes con fuerzas desiguales, a corto y medio plazo. El juego de la guerra social. Las esperanzas de los sectores aferrados a la conservación del capitalismo de Estado en un decrecimiento paulatino, pacífico y voluntario serán prontamente desmentidas por la brutalidad de las medidas de adaptación a escenarios de escasez y penuria y la dinámica social violenta que van a originar.

Si bien el colapso catastrófico no va a producirse en fecha fija, inminente, tampoco va a ser inevitable la entronización de un régimen ecofascista; sin embargo, la probabilidad más o menos cercana de ambos fenómenos puede servir para llevar la acción por derroteros consecuentes, lográndose así en las sucesivas confrontaciones una salida favorable al bando de los partidarios de un cambio social radical y libertario. Nada está decidido, por lo que todo es posible, incluso las utopías y los sueños.

fuente: www.decrecimiento.info/2012/01/dialectica-del-cenit-y-el-ocaso.html

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“Hay que destruir el aparato tecnológico”

Conversamos con el filósofo John Zerzan sobre alternativas al desarrollo industrial y al modelo de progreso económico vigente en la sociedad de masas.

Diagonal: En una entrevista reciente decías que están surgiendo planteamientos que cuestionan eficazmente la modernidad y el progreso. ¿Qué opinión tienes del movimiento del decrecimiento y su capacidad de respuesta a la crisis económica global?

John Zerzan: Hace un par de años, en Barcelona, hubo una discusión considerable, sobre todo desde grupos franceses, de esta tendencia. Algunos aspiraban a integrarse en el juego parlamentario, lo que considero mala idea, y no sé qué grado de radicalidad implica su propuesta. Por un lado, algunos de sus conceptos no van demasiado lejos, como las “ciudades lentas”, la “alimentación lenta” o la idea de simplificación. Por otro, no tienen mucho alcance porque carecen de crítica sobre la totalidad del fenómeno. Todo el mundo va en la dirección del crecimiento industrial descontrolado: China, India y otros muchos países avanzan con rapidez hacia esta realidad. Así pues, el decrecimiento puede ser deseable, pero hay que plantear una lucha concreta contra todas estas dinámicas, instituciones y fuerzas que empujan en la otra dirección. Creo que promueven algo sano, pero, si optan por la vía de integración en partidos verdes y demás, creo que su enfoque quedará comprometido por la dinámica de partidos, aunque tal vez sean capaces de encontrar una vía alternativa.

D.: ¿Cuál sería tu acercamiento teórico a esta lucha?

J.Z.: El antiindustrialismo. Si no nos ocupamos de este problema, estamos evitando encarar la manifestación principal de la sociedad de masas, que ya tiene una vigencia de 9.000 años. No podemos sino reconocer una realidad que no hace feliz a casi nadie, ante la que están reaccionando grupos humanos en todos los continentes, en todos los países. La sociedad industrial envenena el aire, conduce a la esclavitud a millones de personas, acaba con los pueblos indígenas y sus formas de vida. Y hoy en día ni siquiera se trata de esconder su verdadera naturaleza; sus agentes operan a la luz del día. Copenhague ha sido un desastre completamente predecible y Obama es otro Bush; parece que definitivamente se ha terminado la ilusión y tal vez ahora nos podamos enfrentar con nuestros problemas verdaderos.

D.: ¿Qué opinión te merece internet? ¿Es un síntoma de domesticación o tiene un peso específico como herramienta transformadora?

J.Z.: Creo que ambas cosas. No sé aquí, pero en EE UU pasamos nuestra vida frente a la pantalla. Somos adictos a este tipo de interacción, supongo que por el nivel de desamparo existente. Hoy un amigo es alguien a quien probablemente nunca hayas visto en persona, vamos a todos lados con el móvil en la oreja. Parece que nadie quiere estar presente en este mundo arrasado, siempre estamos en otra parte. Pero no existe otra parte. Este mundo se define por la tecnología, la tecnocultura se expande con gran velocidad, a pesar de ser económicamente excluyente. Y en la base de este proceso está el posmodernismo, que se caracteriza por la adopción incondicional de la tecnología, así como por la pérdida de las ideas de causalidad, valor o significado. Sólo deja espacio a lo momentáneo y trivial.

D.: ¿Crees que este sistema se ha implementado desde arriba o se trata de una deriva que nos hemos trabajado nosotros mismos?

J.Z.: Creo que esta situación proviene de nuestro sistema de consumo. Y será imposible abordar el problema eficazmente sin aplicar una crítica radical a este fenómeno, porque la tecnología en sí es neutral. Si no politizamos la cuestión de su uso y las raíces de su existencia es imposible frenar esta situación. Los efectos negativos de este modelo son visibles en la salud física y mental de nuestra sociedad. Por ejemplo, el fenómeno de los tiroteos en escuelas e instituciones. Estas manifestaciones patológicas se producen en los países más desarrollados –EE UU, Finlandia o Alemania–, como síntomas de una sociedad disfuncional, del vacío de un mundo uniformizado que está acabando con la idea de comunidad y tantos otros conceptos importantes en nuestra vida. Mientras sigamos apostando por una sociedad tecnológica de masas, como hace la izquierda, no seremos capaces de librarnos de todo este lastre y regresar a una experiencia directa del mundo.

D.: ¿Y cómo enfrentar el proceso práctico de cambiar el modelo?

J.Z.: Poniendo el problema sobre la mesa, dándole la relevancia que merece e insistiendo en el papel central que debe jugar en la discusión pública. Nuestra postura implica destruir todo el aparato tecnológico antes de que nos destruya y de que elimine todo valor y textura de la vida. Se trata de reconectar con la tierra, por ello nuestra inspiración fundamental son los modos de vida de los pueblos indígenas.

D.: ¿Qué harías si el sistema cayera mañana y tuvieras la oportunidad de intervenir e implementar cambios concretos?

J.Z.: El problema es que la mayor parte de la población de las grandes ciudades moriría en tres días. No duraríamos mucho sin energía, con los alimentos pudriéndose, sin habilidades para sobrevivir y con el instinto atrofiado. No sabríamos qué comer, qué planta es cuál, como hacer fuego, buscar agua, refugio… Nos tenemos que preparar para ese proceso, porque la ciudad es artificial e insostenible, y no representa el mundo al que nos enfrentaremos cuando el sistema se detenga… Además, poseer esas herramientas de supervivencia empodera políticamente, da sensación de autonomía. Si quieres salir del sistema, pero no tienes estos conocimientos, al final seguramente no des el paso.

Ástor Díaz Simón
10 de febrero de 2010

fuente Diagonal nº 119, http://diagonalperiodico.net

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De cómo devastar la vida de un planeta, en menos de 300 años

Algunas cifran pueden ayudarnos a ver mas claramente el asunto. Los geólogos y geofísicos modernos consideran que la edad de la Tierra es de unos 4440-4551 millones de años, sin embargo la vida en el planeta surgió hace unos 3.500 millones de años. Pero hace nada más que unos 100 mil años apareció en África el primer ser humano casi como el actual, casi como nosotros, se lo llamó Homo sapiens arcaico u hombre de CroMagnon.

Que la mayoría de las cosas que vemos, si miramos a nuestro alrededor, tienen menos de 300 años, no sería gran cosa. Sólo que no sólo tienen menos de 300 años de existencia, sino también de inventadas. Es más, verán que gran parte de ellas tiene menos de 50 o 100 años.

Veamos algunas de las cosas que hace poquito tiempo, se han transformado en parte de la vida cotidiana de la mayoría de nosotros.

Hace nada mas, repito, nada mas que 300 años, no existía por ejemplo el Motor de vapor, el automóvil, el retrete de agua corriente y las pilas. Menos de 200 años tienen la cocina de gas, la bicicleta, el motor eléctrico, la pólvora, el teléfono, la bombilla eléctrica, la estufa de gas y la plancha eléctrica. También el motor de combustión, el automóvil se inventó recién en 1885, la radio 1895.

Hasta el mismísimo siglo XX no existían la aspiradora, la lavadora eléctrica, la fotografía en color, el refrigerador eléctrico casero y menos de 100 años tienen la televisión, el polietileno, el caucho sintético, el nylon, los aerosoles, la energía nuclear, el computador y satélites espaciales. Increíblemente, hace 50 años se vivía sin comunicación vía satélite, transgénicos, fibra óptica, no había video juegos domésticos, ni código de barras, menos aún Internet, telefonía celular, cámaras digitales ni GPS.

300 años nos han bastado para convertir un planeta sano, exuberante, con una diversidad biológica infinita, en un planeta enfermo, agonizante, devastado por el abuso de la utilización de la naturaleza.

Los avances tecnológicos, los de las ciencias, los del conocimiento han sido en su gran mayoría, aprovechados para beneficio de unos pocos, para alimentar hambre de poder y no de estómagos. En menos de 300 años hemos mercantilizado el agua, el viento, la tierra, las montañas, los árboles, todo lo imaginable.

Mientras unos pocos juegan a ser dioses, otros muchos sobreviven sin poder cubrir sus necesidades más básicas o mueren por enfermedades totalmente evitables para la ciencia moderna, que no se encuentra a su alcance ya que no pueden pagar por ella.

Países que producen alimentos para abastecer largamente a su población, tienen altísimas tasas de desnutrición. Países con agua potable de sobra mueren de sed a manos de la minería y la agroindustria.

Como niños con sus padres, hemos estado buscando los límites. Y la Madre Naturaleza ha comenzado a ponerlos. Es doloroso, y lo será aun más, mucho más. Pero también es necesario para que un cambio de rumbo, hacia un mundo más justo, termine de gestarse en el interior de cada uno de nosotros y se convierta en una realidad visible.

Ricardo Natalichio *

* Ricardo Natalichio – Director EcoPortal.net

Editorial Ambiente y Sociedad N° 503
fuente www.ecoportal.net

¿Qué podemos esperar del agotamiento del petróleo?

Cuestiones de principio

El petróleo, durante el siglo XX, ha sido el gran aliado material del capitalismo y, por ende, del sistema de dominación social. En consecuencia, y dado el carácter finito de este recurso, está destinado a convertirse también en su gran punto de debilidad estratégica. Esto constituye en esencia el carácter ambiguo y frágil de la organización económica mundial. No se puede ignorar que pueblos y civilizaciones anteriores agotaron atolondradamente elementos y bienes materiales que hacían posible su forma de existencia.

Las enormes deforestaciones de siglos precedentes, la existencia de grandes regiones erosionadas, dan testimonio de ello. Pero el petróleo, como en algunos aspectos el carbón, ha permitido una apropiación novedosa de la naturaleza al hacer posible una movilidad sin restricciones. Esta movilidad hizo posible que las industrias de transformación pudiesen disponerse de forma heterogénea con respecto a las fuentes de materias primas, que el comercio mundial y las comunicaciones lograsen una integración impensable en épocas anteriores, que se expandieran sin límites las áreas de inversión y recuperación del capital, que el radio de actividad diaria de un sólo individuo se ampliase a la escala del planeta.

El petróleo ha sido la condición material por la cual se ha intentado lograr la desmaterialización de todo lo que condicionaba antaño la economía. Esta desmaterialización no tiene por base sino las enormes redes de transporte, la agricultura industrial motorizada y la proliferación de materiales de síntesis: sobre esta base ha podido constituirse la economía global de servicios, con las grandes urbes como nodos donde se concentra el poder y desde donde se gestionan las inversiones y la alocación de los recursos. En las áreas urbanas de occidente ha podido crecer este tipo de empleo subsidiario, de gestión y de dirección, y de los servicios técnicos que les son imprescindibles, creándose sectores de la actividad completamente aislados de la producción de alimentos y de recursos primarios como el agua y los combustibles. Esta extensión de la producción desmaterializada es, obviamente, una ilusión sostenida sobre el control policiaco y militar de la energía y las materias primas del planeta, donde el conocido despilfarro energético no es su mero efecto perverso, sino la condición indispensable para que este sistema pueda perdurar.

Los derivados del petróleo han modelado la vida económica de occidente: su mundo material está levantado sobre la movilidad y la mecanización, sobre los materiales de sustitución y las industrias petroquímicas, sobre la especulación del oro negro y el culto del automóvil.

La dependencia de este recurso energético ha seguido una escala inquietante desde el fin de la Primera Guerra Mundial, moviendo los hilos de la llamada geoestrategia y provocando tensiones inéditas. Por lo demás, su aplicación masiva al transporte, la agricultura y las industrias de transformación, han puesto estas actividades fuera de toda racionalidad ecológica, lo que convertirá el siglo XXI en un paso angosto, tal vez infranqueable, para la especie humana. Todo lo dicho anteriormente no dejan de ser evidencias. Lo que viene a continuación hace referencia a las opiniones y análisis sobre el inminente, al decir de algunos, agotamiento del petróleo barato.

Desde mediados de los años noventa, ha crecido la inquietud sobre esta cuestión, en especial desde las aportaciones realizadas por geólogos como Campbell, Lahèrrere, Deffeyes, etc., No discutiremos aquí tanto la validez de sus afirmaciones, lo que quedaría fuera de nuestra capacidad, como las implicaciones que el agotamiento o escasez del petróleo puedan tener en nuestras perspectivas de transformación social.

Mediatizados como estamos por la difusión de opiniones parciales e interesadas, y dado lo dificultoso que es dar con una inteligencia que pueda unificar todas las informaciones y factores que intervienen, ¿cómo podríamos nosotros aceptar sin más la inminencia sobre el agotamiento del petróleo? Dejamos a otros, mejor dotados o más audaces que nosotros, la ardua tarea de especular sobre la evolución futura de la industria petrolera, pero indudablemente no por ello renunciemos a la reflexión de lo que el fin del petróleo podría suponer para nuestras aspiraciones colectivas.

La cuestión central que este breve ensayo quiere plantear es la siguiente. El petróleo ha sido el flujo que ha movilizado la economía occidental durante más de un siglo. Muchas voces se levantan hoy para anunciar que la producción petrolera está cercana a su culmen y que a partir de ahí, el precio del crudo se encarecerá a tal punto que necesariamente asistiremos a una crisis energética, dañándose gravemente el comportamiento económico de todo el planeta. Las consecuencias, de producirse este hecho, serían sin duda grandiosas y espectaculares. Pero lo que nos interesa aquí es dilucidar si la caída más o menos acelerada del régimen petrolero abre una brecha para nuevas posibilidades sobre las que reconstruir una sociedad autónoma, radicalmente diferente a la que conocemos.

En efecto, más allá de una cierta inquietud ecologista, empeñada en una transición sostenible que nos lleve a una futura sociedad de energías limpias y ciudades radiantes, lo que nos incumbe es analizar de qué manera estos discursos proecológicos ocultan cuestiones de mayor calado, como por ejemplo, de qué modo podemos retomar la presunta crisis energética que se avecina para subvertir el modelo de cultura material y de distribución del poder que hoy delimitan nuestra forma de vida. En suma, la caída de un régimen energético pujante y poderoso como es el de los hidrocarburos ¿encierra alguna posibilidad por mínima que sea de debilitamiento del sistema de dominación? Responder apresuradamente a esta cuestión, sea en un sentido o en otro, significaría ignorar su complejidad. De momento, extenderemos la cuestión de forma más detallada.

El petróleo en la historia

La historia del petróleo está cuajada de enseñanzas sobre las ambiciones de riqueza y poder de las industrias y estados. Podríamos delimitar esta historia en dos grandes y complejas etapas que nos llevarían hasta las crisis de los años setenta. La primera etapa iría desde 1859, año en que se abre el primer pozo petrolífero a manos del legendario Drake, y que va hasta la Segunda Guerra Mundial, época en que Norteamérica comenzaría a perder su papel de primer exportador de petróleo. Esta etapa contiene la formación de los grandes imperios petroleros (Standard Oil, Royal Dutch-Shell, Anglo-Persian, Gulf), las primeras y terribles luchas por el control de los mercados internacionales, la búsqueda de yacimientos de Venezuela a México, de la antigua Persia a Indonesia.

De la guerra colonizadora por dominar los países donde se encontraba el petróleo. La Primera Guerra Mundial fue ya una guerra donde los motores de explosión cambiaron el aparato bélico, y donde el aprovisionamiento de combustible pasó a primer plano. A partir de ahí, el parque automovilístico comenzaría su crecimiento. Los años que siguieron a la Gran Guerra de 1914 se distinguieron por una lucha intensa de las grandes potencias por acceder a los territorios de la antigua Turquía y, más tarde, la zona del Golfo Pérsico. La guerra de precios marcaría una enorme inestabilidad para el mercado.

Sólo dos décadas más tarde, hacia 1928, se alcanzaría una cierta estabilidad con los acuerdos de Achnacarry, firmados en conjunto por los representantes de la Royal Dutch-Shell, la Standard Oil de New Jersey y la Anglo-Iranian, y más tarde sancionados por otras compañías. Este acuerdo establecía en verdad una cartelización que de forma tácita dominaría el mercado internacional durante años, ajustando los precios del crudo con los parámetros del Golfo de Méjico. En cualquier caso, toda esta etapa incluye la escalada creciente de las compañías norteamericanas en el Oriente Medio, primero en los antiguos territorios de Turquía, después en Bahrein, Kuwait y Arabia Saudí.

La novedad de este período la constituye la primera ofensiva de «descolonización» petrolera, cuando el gobierno de Méjico, en 1937, emprende la nacionalización de su producción. Así mismo, el rasgo que resalta de esta época es el predominio del mercado petrolero de Estados Unidos, cuya producción se vio colosalmente reforzada por los yacimientos del Este de Tejas a partir de los años treinta. En 1938, Estados Unidos controlaba todavía el 63% de la producción mundial, y sólo a partir de mediados de los cincuenta su producción disminuiría con relación a la de Oriente Medio. Ni que decir tiene que la Segunda Guerra Mundial fue, en buena medida, una «guerra del petróleo», siendo la falta de abastecimiento de combustible una de los factores que determinaron la derrota del ejército alemán.

Esta primera etapa, como se ve, sentó las bases históricas y geográficas de la industria petrolera, y dio paso a lo que podríamos considerar como un período de conflictos larvados, de una mayor delimitación de las zonas petroleras y de una estabilidad frágil que estallaría a principios de los años setenta. Señalaremos, sobre todo, tres grandes tendencias de onda larga en esta segunda etapa. La primera es el indudable crecimiento de la importancia de Oriente Medio en cuanto a volumen de producción, con las preocupaciones estratégicas que eso acarreaba a las naciones poderosas de occidente. Surgía el sentimiento de orgullo nacional de los países exportadores, que condujo a las crisis de Irán en 1951, y a la del canal de Suez en 1956, con el precedente de Venezuela.

Ambas revueltas se resolvieron con una clara derrota de la influencia británica en la zona, para contento de Estados Unidos, que de esa forma lograba mayores cuotas de participación en la explotación del petróleo y en el control de ambos países. El intento de nacionalización de Mossadegh en Irán terminaría en 1954, con la creación de la NIOC (Compañía Nacional Iraní del Petróleo), un consorcio internacional donde la propiedad de los yacimientos pasaba a manos de Irán y donde las compañías norteamericanas obtenían un jugoso 40% de participación, estando representados igualmente la British Petroleum, la Royal Dutch-Shell y los intereses petroleros franceses. Pero las reivindicaciones de los países exportadores iban a tomar fuerza, instigados por el gobierno de Venezuela, hasta la fundación de la OPEP. Esta se crearía en 1960, y fue sobre todo mediada esa década cuando se verá claramente que los países exportadores estaban dispuestos a ganar el control total sobre el crudo, abriéndose pocos años más tarde el proceso de nacionalizaciones que conoceremos en Libia, Irak, Perú, Bolivia, Venezuela, etc.

La segunda tendencia alude al efecto que el petróleo barato llegado de Oriente Medio estaba logrando sobre Europa: declive del carbón y reestructuración del modo de vida siguiendo las pautas dictadas por los combustibles derivados del petróleo. En los años cincuenta comenzaría la inquietud de los Estados por la búsqueda de fuentes de energías seguras o innovadoras, se fundaría Euratom, el organismo europeo para la energía nuclear.

Finalmente, la tercera tendencia se relaciona igualmente con el efecto que la expansión del petróleo de bajo coste de Oriente Medio estaba teniendo sobre la producción interior norteamericana. En 1959, Eisenhower promulgarías las cuotas a la importación, como medida proteccionista. A mediados de los años sesenta, las grandes compañías anglo-americanas empezarían a sentir una baja en su tasa de beneficios, lo que les llevaría ya en aquel momento a la búsqueda desesperada de zonas de extracción alternativas como en Prudhoe Bay (Alaska, 1968) en Latinoamérica, en el Mar del Norte, o en Noruega, donde los primeros pozos se abren en 1969. Estas tres tendencias, como vemos, sumadas al crecimiento del gigante ruso, que pronto empezaría a aumentar su producción de gas y petróleo, concluirán en la crisis de 1973, cuyas implicaciones se dejarán sentir durante toda la década de los setenta [1].

El petróleo sigue entonces unido a la conflictividad y la guerra sucia. Como ejemplo de ello, baste citar los intereses de la compañía Elf, envueltos en la guerra de secesión en Nigeria, a finales de los años sesenta. O, como menciona de pasada Richard O’Connor a propósito de la guerra de Viet-Nam: «Por encima de las consideraciones emotivas que envuelven, el problema vietnamita, se halla el factor de que las costas del Sudeste de Asia dominan uno de los más grandes golletes marítimos: el estrecho de Malaca, y por lo tanto controla el paso de las flotas de barcos-cisterna.» [2] Todo el periodo, no hay que olvidarlo está además dominado por el concepto y la estrategia de la Revolución Verde, vergonzosa forma de colonización donde países enteros de África, Asia o Centroamérica son introducidos a los métodos y prácticas de la agricultura industrial, haciendo las pequeñas economías campesinas cada vez más dependientes de la motorización y las industrias petroquímicas. En el occidente opulento, la guerra silenciosa del petróleo había conquistado la vida cotidiana de sus habitantes, sumergiéndolos en todo tipo de derivados del petróleo y esclavizándoles a sus automóviles.

Todo esto por lo que respecta a la prehistoria del petróleo, es decir, las fases previas a las crisis de los años setenta. Hay que decir que ya a partir de la primera guerra mundial, la cuestión del agotamiento inminente del petróleo inquietó periódicamente los intereses industriales norteamericanos. En los años setenta esta inquietud se superó progresivamente, ya que las dos crisis petroleras de 1973 y 1979 obligaron a las compañías a diversificar y ampliar sus prospecciones e hizo que los estados se plantearan políticas de ahorro. El crecimiento productivo de Méjico o la URSS, la explotación del petróleo del Mar de Norte, la búsqueda de otras fuentes de energía, la inversión en tecnología extractiva, fueron factores que descargaron parcialmente el peso de la dependencia con respecto al petróleo-OPEP.

En los años ochenta, dentro del marco de la Agencia Internacional de la Energía, los países occidentales se comprometieron a crear las llamadas «reservas estratégicas» de crudo, reservas que podían servir para mantenerse en los período de crisis de abastecimiento. En 1985 se había producido una caída de los precios del crudo, y fue a partir de entonces que los países de Europa reiniciaron un despegue económico y abandonaron paulatinamente sus políticas de contención energética.

A partir de aquella época la OPEP conseguiría una cierta estabilidad del precio del crudo, que duraría hasta finales de los años noventa. Esta estabilidad no fue rota por la guerra del Golfo [3], no obstante, los años noventa traerían un periodo de sanciones a la exportación para países como Irak, Libia o Sudán. Es un lugar común afirmar que la guerra lanzada contra Irak en 1990 fue motivada sobre todo con el fin de sacar la producción petrolera iraquí del mercado internacional, y asegurar de esa forma una especie de enorme «reserva estratégica» para el futuro. No se puede olvidar que con el inicio de esta ofensiva Estados Unidos e Inglaterra se aseguraban un nuevo control estratégico sobre la zona del Golfo.

Todos estos capítulos nos conducen a la situación actual, después de la invasión de Afganistán y la de Irak, en 2002 y 2003, respectivamente, la pasada guerra en el Líbano y la inquietud creciente por el control de zonas estratégicas como el mar del Caspio, el Africa subsahariana o Venezuela. Si a todo esto añadimos la aparición en escena de gigantes sedientos de combustible como China o India, tenemos todos los ingredientes necesario para abrir un período tenso y dramático, con precios muy elevados del crudo y el anuncio de su inminente escasez.

¿Una geología subversiva?

Hasta aquí no hemos hecho sino mostrar algunos trazos históricos y cronológicos que nos pueden ayudar a delimitar el terreno donde ha surgido el interrogante sobre el agotamiento del petróleo barato. La crisis de escasez que se anuncia hoy podría resultar creíble si se constata que los años sesenta del pasado siglo marcaron la época de mayores descubrimientos de yacimientos, época desde la cual asistimos a un lento pero firme declive en el ritmo de los descubrimientos.

En su artículo ya clásico, publicado en la revista Scientific American, en 1998, y titulado «Fin de la era del petróleo barato» -que aquí apareció por las mismas fechas en su trasunto castellano Investigación y ciencia- Colin J. Campbell y Jean H. Lahèrrere, ambos geólogos veteranos y retirados, trazaban una línea de delimitación entre las previsiones de escasez de las crisis de los años setenta y la crisis actual de la que ellos se hacen portavoces. Refiriéndose a las predicciones de entonces, escribían:

«Sus predicciones apocalípticas fueron reacciones emocionales y políticas, los expertos sabían, ya entonces, que tales pronósticos carecían de base. Unos años antes se habían descubierto enormes campos en la vertiente norte de Alaska y bajo las aguas del Mar del Norte, cerca de la costa europea. Hacia 1973 el mundo había consumido, de acuerdo con las mejores estimaciones, alrededor de un octavo de su riqueza en crudo accesible. Dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) los cienco miembros de Oriente Medio convinieron en subir los precios, no porque hubiera peligro de escasez, sino porque habían decidido hacerse con el 36% del mercado. Más tarde, cuando la demanda cayó y el flujo de petróleo fresco procedente de Alaska y del Mar del Norte debilitó la presión ejercida por la OPEP, los precios se desplomaron.»

Campbell, con su libro The coming oil crisis (1997) y Lahèrrere, autor de distintos ensayos y estudios, defienden desde hace una década la proximidad del declive del petróleo, dentro del siglo XXI, anunciando que antes de 2010 se alcanzará probablemente el cénit de la producción, lo que marcará el fin del petróleo barato. Como se sabe, ambos se han inspirado en los trabajos de Marion King Hubbert, geólogo que trabajó para la Shell, y que en 1956 predijo que para el año 1970 aproximadamente, se produciría el cénit de la producción petrolera estadounidense, lo que efectivamente ocurrió. Otros geólogos, investigadores y periodistas se han sumado, con sus estudios y aportaciones, a esta corriente de opinión que poco a poco ha comenzado a entrar en el debate público, al menos en algunos ámbitos. Pero el debate continúa, de alguna manera, soterrado. En Estados Unidos, mientras tanto, se han publicado ya libros de divulgación como el de Richard Heinberg, The party’s over [4], mientras que en Francia se publicó La vie après la pétrole, de Jean-Luc Wingert, con prólogo de Lahèrrere, libro al que después han seguido otros varios en francés sobre la misma cuestión [5].

Desde luego, a esta corriente anunciadora del cenit petrolero no faltan sus oponentes negacionistas. Uno de ellos, ilustre, y al que podríamos considerar como el Herodoto de la historia del petróleo, es Daniel Yergin, que en 1991 publicó su monumental The Prize, libro histórico sobre la industria petrolera desde sus orígenes. Hoy Yergin, dirige una consultoría sobre temas energéticos y no otorga ninguna validez a los que anuncian la proximidad del agotamiento del petróleo [6].

Lo que resulta llamativo es que la opinión más autorizada en torno a las informaciones sobre el cenit petrolero provenga del mundo de la geología. ¿Qué habría sido del capitalismo industrial en el siglo XX sin esta ciencia aparentemente neutra y minuciosa? Los avances de la geología, la geofísica y la geoquímica, hicieron posible que la prospección de yacimientos petrolíferos pudiera alcanzar una precisión y eficacia cada vez mayores. La geología al servicio de la industria petrolera hizo que la ciencia de la tierra se convirtiera en la ciencia del saqueo de la tierra. Pero cuando los límites de las reservas de este planeta parecen exhaustas, cuando la aventura de juventud de la geología petrolera ha perdido muchos de sus encantos, algunos geólogos parecen dispuestos a hacer sonar la alarma del desequilibrio y el caos económico.

La paradoja de esta geología de senectud es su incapacidad para reconocer la responsabilidad de toda ciencia en el desarrollo de las industrias y sus fines arbitrarios: toda ciencia puesta al servicio de la gran empresa capitalista se convierte en ciencia subversiva y amenaza con destruir su mismo objeto de estudio. En el libro mencionado de Colin Campbell, The coming oil crisis, aparece una entrevista a Walter Ziegler, eminente geofísico en la vanguardia de la prospección petrolera. La figura de Ziegler es crucial, ya que desde los inicios de su carrera en los años cincuenta, al servicio de la Shell, pudo recorrer buena parte del planeta y ser testigo de la evolución de la industria petrolera en las últimas décadas. Ziegler es además un representante típico del geólogo embarcado en la gran empresa capitalista de mitad de siglo, que asumía su trabajo como una vía hacia la libertad y la aventura. El mismo, reconoce al final de su entrevista con Campbell, su intuición temprana sobre el fin del petróleo:

“Nuestros estudios han confirmado más allá de toda duda que el globo tiene decididamente un potencial finito para la exploración petrolera. Las implicaciones son colosales. El mundo tiene finalmente que confrontar el hecho de la inminencia de cambios en su forma de vida. No tiene más opción que ajustarse a limitaciones en los recursos. «¡Ya no hay más caramelos, niños!» El juego casi ha terminado.”

Todo esto resulta altamente educativo. Es normal que los profesionales técnicos que estuvieron a la cabeza del movimiento de explotación de los recursos petroleros desde los tiempos de la guerra fría, como es el caso de Ziegler, conozcan a fondo la materia de la que hablan. Pero no hay que olvidar que ya desde los años sesenta y setenta se alzaron voces de alarma ante esta absurda y suicida escalada energética. La geología comprometida de Campbell, Lahèrrere y demás, llega un poco tarde: es como una sabiduría post festum.

Estos hombres, que tanto han contribuido a crear la situación desastrosa que se cierne sobre nosotros, parecen deplorar y temer justamente las consecuencias radicales de tal situación, y olvidan que no hay ciencia neutra, que no hay saber técnico que no tenga una parte de responsabilidad en los procesos de degradación de materias y energías que constituye hoy la base de la dominación social en todo el planeta. En su libro, y de forma tímida, Campbell parece reconocer las virtudes de una economía más localizada y sencilla en la utilización de los recursos, nos anuncia un futuro donde tal vez sea posible equilibrar la ecuación del consumo y adquirir un papel más consciente en nuestra relación con la naturaleza. ¡Gracias Señor Campbell, tomaremos nota! En contraste, el geólogo Kenneth S. Deffeyes, divulgador del cénit y discípulo de Hubbert, se muestra implacable con las veleidades ecológicas de sus contemporáneos. En las primeras páginas de su libro Hubbert’s Peak. The Impending world oil shortage (2001) afirmaba sin pestañear:

«Una actitud posible, que personalmente no tengo en cuenta, nos dice que estamos arruinando la Tierra, saqueando los recursos, ensuciando el aire, y que sólo deberíamos comer alimentos orgánicos y montar en bicicleta. Sentimientos de culpabilidad no pueden evitar el caos que nos amenaza. Monto en bicicleta y camino mucho, pero confieso que parte de mi motivación es la situación miserable del aparcamiento en Princenton. La agricultura orgánica solo puede alimentar una pequeña parte de la población mundial; el aporte mundial de estiércol de vaca es limitado. No es probable que una civilización mejor surja espontánemente de un montón de conciencias culpables. (…)»

Esta declaración habla por sí sola. Sólo nos cabe esperar otra monografía complementaria, esta vez dedicada al cénit de estiercol de vaca, ya que el Sr. Deffeyes parece tener información muy actualizada al respecto.

Del petróleo hacia la nada

El declive de la producción petrolera nos obliga a un inmenso esfuerzo mental para representarnos una sociedad privada del petróleo sin que a la vez esta imagen llegue a borrar de nuestra memoria el modo de vida que conocieron nuestros bisabuelos. La motorización supuso la ruptura violenta con el mundo anterior, que estaba hecho de limitaciones que hoy resultan incomprensibles a la mente moderna. El problema pues no es sólo que los últimos días del petróleo dibujen delante de nosotros un futuro incierto; lo más grave sería que hicieran ilegible nuestro pasado. Hoy no se puede pensar el horizonte futuro sin tener en cuenta los límites modestos de donde venimos. Las instituciones y costumbres que se han perpetuado bajo la motorización impiden hoy reconocer nuestras necesidades en otra forma que no sea la de la motorización. Cabe pensar que la industria petrolera, que nació como una forma de guerra contra la libertad y la autonomía posibles, morirá ahogando igualmente la reflexión sobre un porvenir deseable. Sería urgente oponer nuestra crítica a los propagandistas del fin del petróleo, pues la mayoría de ellos sólo traducen a un lenguaje edulcorado y aceptable para las mayorías electoras el trasfondo real del problema.

Dado que, como decíamos al principio de este texto, las posibilidades de los combustibles y derivados del petróleo han abierto la vía para la expansión económica y cultural del mundo, tenemos que tratar de ver de que manera esta expansión ha instituido una nueva forma de dominación, y no solamente la forma perversa de un exceso de poder económico e industrial. Es cierto que desde la perspectiva actual, esto sólo puede ser un ejercicio intelectual aislado y más bien artificioso, ya que no se corresponde con ninguna inquietud profunda compartida colectivamente. Por otro lado, es indudable que el laberinto técnico heredado después de más de dos siglos de revoluciones industriales no puede ser desarticulado en dos días, y hoy se trataría más bien de sondear si existen indicios de que algo puede cambiar en un futuro a medio o largo plazo. ¿De qué forma es reapropiable la sociedad heredera del siglo XX, profundamente transformada por los combustibles fósiles? ¿Qué queda en nuestra humana naturaleza y en la naturaleza que nos rodea que no esté un poco afectado o totalmente destruido y que pueda llevarnos hacia la autonomía material y política?

La cuestión sobre el control de la energía nos recuerda la cuestión del control del poder sin más. No es claro que la desaparición de un recurso físico como es el petróleo pueda aflojar aunque sea poco ese control sobre la vida social que las élites ejercen sobre las mayorías. En cualquier caso ese control, si se da la escasez de un recurso tan importante como es el petróleo, cambiaría forzosamente de forma. El dilema es evidente: si las élites quieren seguir aferradas al superpoder técnico, financiero y político que han conocido durante el último siglo, en caso de enfrentarse a la escasez de un apoyo técnico como es el petróleo, la situación entonces se agravaría enormemente, dibujándose un cuadro de una tensión bélica, armamentística y policial inéditas.

Hay una correlación indudable entre la afluencia de petróleo y la forma de poder tal y como la conocemos actualmente. La substitución del petróleo en un período relativamente corto de tiempo en algunas áreas como la del transporte es prácticamente imposible. En otras áreas, se trataría de hacer resurgir plenamente formas de energía como la nuclear o el carbón, con todo lo que ello implica. Se quiera ver o no, una escasez próxima de petróleo significa el surgimiento de una situación imprevisible y catastrófica. Por tanto, es una situación desesperada en un doble sentido: la escasez de petróleo pone en cuestión la continuidad del control sobre el poder que las élites han ejercido hasta ahora, pero no ofrece ninguna garantía de que esto pueda abrir una vía para la reapropiación de dicho control a manos de las poblaciones.

Los voceros del cénit del petróleo, como el ya mencionado Colin Campbell, pretenden llamar a la conciencia pública de las naciones y persuadirlas de entrar en una vía tranquila hacia otras formas energéticas. En el breve texto llamado Protocolo de Rímini, que Campbell redactó personalmente, se propone una reducción general del consumo de hidrocarburos ajustando oferta y demanda del crudo en relación a la caída de la productividad anual. La finalidad sería poder «planificar de manera ordenada la transición al entorno mundial de suministros energéticos reducidos, preparándose con antelación para evitar el gasto energético, estimular las energías sustitutorias y alargar la vida del petróleo que quede, (…)»

La filosofía de este texto apela al espíritu cooperativo y equitativo de las naciones, lo que supone ignorar que la explotación y el empleo del petróleo han constituido las claves para que unas naciones oprimieran a otras, y para que, en general, dentro de cada nación la opresión se articulara en la forma que conocemos. Por tanto, las esperanzas incorporadas en la famosa «transición energética» están rellenas de lealtad para el mundo tal y como lo conocemos. Nada nuevo bajo el sol. Para estos privilegiados intérpretes del cénit petrolero, se trataría de que los excesos del poder no pongan en peligro el propio proyecto del poder: la extensión de la economía industrial y sus redes de jerarquización y control a todo el planeta.

El mundo ecologista, en general, contempla la posibilidad de la escasez de petróleo como una oportunidad histórica hacia la soñada sociedad de energías renovables. Por su parte, Jeremy Rifkin, ha sabido intuir la estrecha relación entre el declive de la producción petrolera y la puesta en cuestión de la capacidad del sistema para concentrar y acumular el poder, lo que significaría que el planeta está preparado para la descentralización energética y la recuperación del mando local, todo ello gracias al benéfico hidrógeno [7].

La transición energética ideada por muchos ecólogos, sociólogos y observadores ambientales podría ser interpretada, de hecho, como un golpe de timón en un mundo asolado por la opulencia y los excedentes de intermediarios e instituciones superfluas: esta sociedad del exceso está preñada de sus posibilidades de descentralización, se nos viene a decir. El conocimiento técnico ya ha sido alcanzado y las claves para una nueva sociedad ya están ahí, el problema es que los intereses del viejo régimen moribundo no dejan que esta sociedad aparezca… El problema de la descentralización y de la transición energética así tratado, nos trae a la memoria lo que la autora Hazel Henderson escribía a finales de los años setenta sobre el concepto milagroso de «devolución espontánea»:

«(…) cuando las economías industriales alcanzan un cierto límite de producción centralizada, intensiva en capital, han de cambiar el rumbo, poniendo proa hacia actividades económicas y configuraciones políticas más descentralizadas, utilizando una toma de decisiones y unas redes de información más lateralmente ligadas, si quieren superar los cuellos de botella que para la información presentan unas instituciones excesivamente jerárquicas y burocratizadas. Me he referido a este cambio de dirección como escenario de un proceso de «devolución espontánea», en el que los ciudadanos comienzan simplemente a reclamar el poder que una vez delegaron en políticos, funcionarios y burócratas, así como el poder de tomar decisiones tecnológicas de largo alcance que delegaron en prominentes hombres de negocios.» [8]

Si se nos permite la metáfora, la aplicación del petróleo en la sociedad moderna ha constituido la gran entrega, la gran delegación de las poblaciones de su capacidad de decisión en manos de determinadas oligarquías y estructuras técnicas, redes de transporte, comunicación e intercambio. Si es cierto que se acerca un día en que el sistema se verá gravemente afectado por la carestía del petróleo ¿se producirá un equivalente de esta gentil «devolución espontánea» del control del poder y del control sobre los recursos? ¿se convertiría la transición energética en un proceso suave de dispersión de los centros de toma decisiones? ¿Habrá un traspaso de las competencias hacia el plano local si el funcionamiento de la economía se ve forzosamente inmovilizado? ¿Regresaremos hacia una cierta autarquía? Lo más amable que se puede señalar a los que albergan esta esperanza es que dediquen un momento al estudio de la historia: verán allí que las instituciones del poder nunca han servido como puente hacia formas superiormente morales o más equitativas de organizar la sociedad, y que normalmente agonizaron destruyendo y agotando todo lo que mantenía activa la sociedad que dominaban. La edad del agotamiento del petróleo podría ser tan despótica y vacía de horizontes, o más, de lo que pudo serlo la edad de su abundancia.

Conclusión

El agotamiento del petróleo podría quedar muy lejano aún, lo suficiente para que no afectase al tiempo de nuestras vidas. Pero también podría ser un acontecimiento inminente. ¿Qué podríamos esperar en ese caso?

Por todo lo dicho anteriormente, debemos deducir que el petróleo es uno de los pilares del poder centralizado y tiránico que hoy mueve el mundo. En el caso de que el agotamiento del petróleo entrase en una escalada de desajuste de oferta y demanda muy abrupta, el sistema de dominación se tambalearía en sus cimientos, y su capacidad de control correría un grave peligro.

Ciertamente, en un escenario ideal, la escasez de combustibles llevaría forzosamente a una relocalización económica, lo que implicaría una descentralización sobre el control de los recursos y, más allá, la posibilidad de refundar las bases de la autonomía a una escala incompatible con el sistema de opresión tal y como lo conocemos hoy. Como vemos, en este escenario ideal, el agotamiento del petróleo lleva a una contradicción abierta con el sistema.

Pero no podemos engañarnos al respecto, el ejemplo de la historia muestra que los viejos sistemas de poder nunca cedieron suavemente ante el peso de sus contradicciones, normalmente se deslizaron pesadamente hacia una disgregación caótica y destructiva, arrastrando consigo todo lo demás. En el caso de nuestra civilización existen además dos circunstancias agravantes: la extensión de su dominio cubre la totalidad del planeta, pero además sus manipulaciones han perturbado globalmente la biosfera. La primera circunstancia nos obliga a proyectarnos en un desastre que puede afectar a la especie humana como tal, la segunda circunstancia pone en cuestión cualquier tentativa de reapropiación material colectiva.

A priori, no podemos esperar nada del fin del petróleo que pueda secundar nuestras perspectivas, lo que no niega que debamos estar vigilantes para aprovechar cualquier brecha que se abra en un hipotético período de post-abundancia.

Los Amigos de Ludd

notas:
[1] Como se sabe, la crisis petrolera que estalla en octubre del 73 con el comienzo del conflicto entre Israel y algunas potencias árabes, llevará a un rápido encarecimiento del crudo e incluso al embargo para países como Estados Unidos, que apoyan a Israel. Sin embargo, el conflicto bélico fue solo la tapadera de una compleja trama de intereses donde las compañías petroleras y la administración norteamericana estaban especialmente interesados en una revalorización del petróleo de Oriente Medio para recuperar la tasa de sus beneficios y reforzar la política estratégica norteamericana en la zona.
[2] En Los barones del petróleo p. 276 (Barcelona 1974)
[3] A raíz de la guerra, el precio del petróleo experimenta una violenta subida, pero breve; los precios del petróleo oscilan entorno a los veinte dólares desde febrero a diciembre de 1991. Y seguirá un descenso gradual del precio hasta 1998, año en que se produce una enorme caída (por debajo incluso de los diez dólares).
[4] Ver la crítica que hicimos de este libro en el boletín nº8 de Los Amigos de Ludd febrero 2005.
[5] De las cosas que se han publicado por aquí, en papel impreso, destacaríamos el dossier que sacó en abril la revista Mientras Tanto. Aunque, ciertamente, no coincidimos con el tono general y las opiniones de la editorial y los artículos, muy del estilo izquierda verde, creemos que constituye un conjunto interesante de materiales para entrar en la cuestión.
[6] Resulta curioso, cuando menos, que en una obra tan documentada como la de Yergin, no aparezca ni una sola referencia a los hallazgos de Hubbert.
[7] Para ver una crítica a las ideas de Rifkin, ver «En el estado social del hidrógeno» Los Amigos de Ludd nº5.
[8] Tomado del libro Para Schumacher Editorial Blume 1980.

Revista Ekintza Zuzena www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=439

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Guerra contra el mar

La especie humana, prevalida de su fuerza, obnubilada por su tecnología, enloquecida por la lógica del capital, le ha declarado una guerra de exterminio al mar y a sus pobladores.

La humanidad extrae de los mares y océanos más de cien millones de toneladas de seres vivos al año, de los cuales más del 20% son descartados y desechados, 20 millones de toneladas de peces a los que se les quita la vida sólo para ser arrojados como basura al mar. Pero no sólo hemos desencadenado una limpieza étnica en contra de sus moradores, también lo hemos atacado con todos los venenos y tóxicos que nuestra locura tecnológica ha producido.

“La vida es un milagro que está más allá de nuestra comprensión, y deberíamos reverenciarla hasta cuando tenemos que luchar contra ella.” C.J. Briejer

“La estupidez es la principal característica humana. El estúpido, a diferencia del imbécil patológico, es consciente de sus actos aunque le sean nocivos, sin embargo persiste en ellos.” Manfred Max-Neef

Desde niño detesté a los abusadores, a aquellos matones que en la escuela, prevalidos de su fuerza o tamaño, agredían y humillaban a los más pequeños de grados inferiores. Ojos morados y castigos escolares fueron el precio que pagué por no tolerar este tipo de vejámenes. Esta actitud también me llevó a que, sin comprender muy bien las causas que producían la guerra de Vietnam, yo simpatizara fervorosamente por los vietnamitas en su lucha por defenderse del ataque del coloso estadounidense. El niño que yo era no sabía de luchas ideológicas o intereses geopolíticos, pero entendía que en aquella bárbara agresión que un país enorme, muy rico y poderoso, perpetraba en contra de un pequeño pueblo de campesinos pobres, la justicia y la razón estaban del lado de estos últimos.

Hoy, en mi mente y en mi espíritu, están instalados los mismos sentimientos; la especie humana, prevalida de su fuerza, obnubilada por su tecnología, enloquecida por la lógica del capital, le ha declarado una guerra de exterminio al mar y a sus pobladores.

La humanidad extrae de los mares y océanos más de cien millones de toneladas de seres vivos al año, de los cuales más del 20% son descartados y desechados, 20 millones de toneladas de peces a los que se les quita la vida sólo para ser arrojados como basura al mar. Cada hora se vierten unos 675.000 kilos de basura al mar, de los cuales un 50% son plásticos que no se degradan y que matan al año más de 100.000 mamíferos y tortugas marinas. Este problema es tan serio que en el medio del océano Pacífico ya existe una isla de desechos plásticos de tres veces el tamaño de Venezuela. Los vertidos “normales” de hidrocarburos al mar se contabilizan por decenas de miles de barriles al año, esto sin contar con accidentes como el producido el pasado año en una plataforma de la empresa BP en el golfo de México, que derramó millones de barriles durante más de cuatro meses.

La agresión por parte de la especie humana en contra de los mares ya ha producido bajas entre estos. El mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán, era el cuarto lago más grande del mundo; un típico megaproyecto desarrollista de riego de los años cincuenta, llevado adelante por el antiguo régimen soviético, llevó a que este ecosistema de casi 70 mil kilómetros cuadrados, al serle retirado los caudales de los dos principales ríos que en él desembocaban, hoy casi haya desaparecido.

En la guerra de agresión y exterminio que la humanidad pareciera haberle declarado al mar no sólo hemos desencadenado una limpieza étnica en contra de sus moradores, también lo hemos atacado con todos los venenos y tóxicos que nuestra locura tecnológica ha producido: Venenos químicos como los que derramamos en la bahía de Minamata en Japón, o como los que producen nuestra plantas petroquímicas como las del Tablazo y Morón acá en Venezuela; desechos nucleares como los arrojados este año en Fukushima o los que produjeron los ensayos nucleares franceses y estadounidenses en el Pacífico o vertidos petroleros como los que el año pasado vertió en el Golfo de México la torre petrolera Deepwater Horizont de la petrolera British Petroleum (BP).

Nuestro Mar Caribe, del que tan orgullosos nos sentimos quienes vivimos a sus orillas, con sus imágenes de blancas arenas y aguas cristalinas, es conocido entre los navegantes contemporáneos como el mar de “plástico”; tal es la cantidad de elementos de este material que flotan en sus aguas.

Greenpeace estima que cada 4 segundos un área marina equivalente a cuatro campos de futbol es arrasada por rastropescas (Venezuela es uno de los pocos países del mundo que ha eliminado esa criminal forma de pesca).

Hoy se utilizan satélites para localizar cardúmenes y concentraciones de peces, y las flotas pesqueras están armadas con navegadores satelitales y sistemas de sonares ultrasofisticados; los peces no tienen así, oportunidad alguna de escapatoria.

En los últimos 100 años el volumen total de vida marina ha disminuido en más de un 90%. Un estudio realizado por un grupo internacional de científicos, publicado en la revista Science en octubre del 2006, sostiene que con los actuales niveles de pesca y destrucción de los ecosistemas marinos, no habrá peces en los océanos para el año 2050. Hay que recordar que dentro del capitalismo todo se convierte en mercancía. No hay oportunidad alguna de salvación para la vida marina en tanto ella, dentro de este sistema, constituye una mercancía traducible en capital, que se rige única y exclusivamente por las fuerzas del mercado, mercado (de alimentos en este caso) que se encuentra ferozmente condicionado al alza de precios en los últimos años.

Siendo yo un niño de 8 o 9 años, en la noche, sentado frente al mar con mi padre, recuerdo haber visto a dos mantarrayas que nadaban muy cerca de la orilla; mi padre me hizo una larga explicación sobre las características de estos enormes animales, explicación a la que por cierto presté poca atención, fascinado como estaba por el hecho de que desde dentro, desde el interior de esa inconmensurable masa de agua pudiera emerger seres tan majestuosos y casi mágicos. Hoy, esa misma playa y ese mismo mar me infunden un sentimiento de desolación. Los pescadores artesanales tienen que salir cada día más temprano y regresar más tarde, cada vez con menos peces. La basura inunda cada rincón de las playas. Desarrollos turísticos y habitacionales parecidos a cartones de huevos, ofenden el sentido estético de quienes se acercan al mar para fundirse con la naturaleza.

La indignación y rabia que hoy siento por este miserable y estúpido ecocidio, perpetrado por una especie que actúa y se comporta en el mundo como un abusador y matón de escuela es la misma que ayer sentía como niño; pero el niño que ayer fui podía pelear y defenderse ¿Cómo podrán hoy defenderse los mares y sus pobladores?

Joel Sangronis Padron *
23-8-2011

* Profesor UNERMB

fuente www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Agua/Guerra_contra_el_mar

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Océanos al borde de la catástrofe

Los océanos del mundo se enfrentan a una pérdida de especies sin precedentes comparable con las grandes extinciones masivas de la prehistoria, sugiere hoy un importante informe.

Los mares están degenerando mucho más rápido de lo que nadie ha predicho, dice el informe, debido al impacto cumulativo de una serie de factores estresantes individuales, que van desde el calentamiento climático a la acidificación del agua de mar, a la contaminación química generalizada y a la brutal sobrepesca.

La conjunción de estos factores amenaza ahora el entorno marino con una catástrofe “sin precedentes en la historia humana”, según el informe de un panel de destacados oceanógrafos reunidos en Oxford a principios de este año por el Programa Internacional sobre el Estado del Océano (IPSO, por sus siglas en inglés) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

La sombría sugerencia hecha por el panel es que la extinción potencial de especies, de grandes peces a un extremo de la escala a pequeños corales al otro, es directamente comparable con las cinco grandes extinciones masivas en el historial geológico, durante cada una de las cuales murió gran parte de la vida en el mundo. Van desde el “evento” Ordoviciense-Silúrico de hace 450 millones de años a la extinción del Cretácico-Terciario de hace 65 millones de años, que se cree que eliminó a los dinosaurios. Se piensa que el peor de todos, el evento al final del período Pérmico, hace 251 millones de años, eliminó un 70% de las especies en tierra y un 96% de todas las especies en el mar.

El panel de 27 científicos, que consideró la última investigación de todas las áreas de la oceanografía, concluyó que una “combinación de factores estresantes está creando las condiciones asociadas con cada importante extinción anterior de especies en la historia de la Tierra”. También concluyeron que:

-La rapidez y tasa de degeneración de los océanos es mucho más rápida de lo que se había predicho.
-Muchos de los impactos negativos identificados son mayores que las peores predicciones.
-Los primeros pasos hacia una extinción globalmente significativa pueden haber comenzado ya.

“Los resultados son inquietantes”, dijo el doctor Alex Rogers, profesor de biología de la conservación en la Universidad Oxford y director científico del IPSO. “Al considerar el efecto cumulativo de lo que la humanidad hace a los océanos, las implicaciones se hicieron mucho peores de lo que habíamos pensado individualmente”.

“Se trata de una situación muy seria que exige acción inequívoca a todos los niveles. Estamos ante consecuencias para la humanidad que impactarán durante nuestra vida, y peor todavía, en la vida de nuestros hijos y generaciones después”. Al estudiar la investigación reciente, el panel de expertos “encontró evidencia firme” de que los efectos del cambio climático, combinados con otros impactos inducidos por los seres humanos como ser la sobrepesca y los residuos de nutrientes de la agricultura, ya han causado una disminución dramática de la salud de los océanos.

No solo hay graves disminuciones en numerosas especies de peces, hasta llegar a la extinción comercial en algunos casos, y una tasa “sin paralelo” de extinción regional de algunos tipos de hábitat, como mangles y praderas de hierbas marinas, sino algunos ecosistemas marinos completos, como arrecifes de coral, podrían haber desaparecido dentro de una generación.

El informe dice: “El aumento de hipoxia [bajos niveles de oxígeno] y anoxia [ausencia de oxígeno, conocidas como zonas de océanos muertos], combinadas con calentamiento del océano y acidificación, son los tres factores que han estado presentes en cada evento de extinción masiva en la historia de la Tierra.”

“Existe fuerte evidencia científica de que estos tres factores vuelven a combinarse en el océano, exacerbados por múltiples estresantes severos. El panel científico concluyó que un nuevo evento de extinción es inevitable si continúa la actual trayectoria de daño.”

El panel destacó una serie de indicadores que muestran la gravedad de la situación. Dijo, por ejemplo, que un solo caso de emblanquencimiento masivo de coral en 1998 mató un 16% de todos los arrecifes de coral del mundo, y señaló que la sobrepesca ha reducido algunas poblaciones de peces comerciales y poblaciones de especies de bycatch [pesca incidental] en más de un 90%.

Reveló que la nueva investigación científica sugiere que los contaminantes, incluidos químicos ignífugos y almizcles sintéticos encontrados en detergentes, se encuentran en los mares polares, y que estos productos químicos pueden ser absorbidos por minúsculas partículas de plástico en el océano que por su parte son ingeridas por criaturas marinas como los peces que se alimentan en el fondo.

Las partículas plásticas también ayudan al transporte de algas de un sitio a otro, aumentando las floraciones nocivas de algas, que también son causadas por el influjo de contaminación rica en nutrientes de tierras labradas.

Los expertos estuvieron de acuerdo en que cuando se suman éstas y otras amenazas, el océano y los ecosistemas en su interior son incapaces de recuperarse, al sufrir constantemente múltiples ataques.

El informe presenta una serie de recomendaciones y llamados a los Estados, cuerpos regionales y a las Naciones Unidas para estatuir medidas que conserven mejor los ecosistemas de los océanos, y en particular demanda la adopción urgente de una mejor administración del mar abierto, en gran parte desprotegido.

“Los principales expertos en océanos del mundo están sorprendidos por la tasa y magnitud de los cambios que estamos viendo”, dijo Dan Laffoley, el asesor sénior de la IUCN sobre oceanografía y conservación. “Los desafíos para el futuro del océano son vastos, pero, a diferencia de generaciones anteriores, sabemos lo que hay que hacer. El momento para proteger el corazón azul de nuestro planeta es ahora, hoy y urgente.”

Las conclusiones del informe se presentarán esta semana en las Naciones Unidas, cuando los delegados comiencen las discusiones sobre la reforma de la administración de los océanos.

Las cinco grandes extinciones

-La extinción del Cretácico-Terciario hace 65,5 millones de años.

El plancton, que forma el primer eslabón de la cadena alimentaria del océano, fue fuertemente afectado en un evento que también incluyó la desaparición de los últimos dinosaurios no avianos. Los gigantescos mosasaurios y plesiosaurios también abandonaron los mares. Se piensa que fue causado por un asteroide o erupciones volcánicas.

-La extinción Triásica-Jurásica, hace 205 millones de años

Este período, que tuvo un profundo efecto en el mar y la tierra, incluyó la desaparición de un 20% de todas las familias marinas. En total, la mitad de las especies conocidas que vivían en la Tierra en esa época se extinguieron. El cambio gradual del clima, las fluctuaciones de los niveles del mar y las erupciones volcánicas forman parte de los motivos citados para la desaparición de las especies.

-La extinción Pérmico-Triásica, hace 251 millones de años

Un período conocido como la “gran extinción” fue el más severo de los eventos de extinción de la Tierra, cuando se perdió un 96% de las especies marinas, así como casi tres cuartos de las especies terrestres. El planeta tardó mucho en recuperarse de lo que también se ha llamado “la madre de todas las extinciones masivas”.

-La extinción del final del Devónico, hace 360-375 millones de años

Tres cuartos de todas las especies de la Tierra murieron en un período que puede haber comprendido varios millones de años. Los mares poco profundos fueron los más afectados y los arrecifes no se recuperaron durante otros 100 millones de años. Los cambios en el nivel del mar y el cambio climático estaban entre las presuntas causas.

-Las extinciones masivas del Ordovícico-Silúrico, hace entre 440 y 450 millones de años

La tercera mayor extinción en la historia de la Tierra tuvo dos picos. Durante la del Ordovícico, la mayor parte de la vida estaba en el mar, por lo tanto fueron criaturas marinas como trilobitas, braquiópodos y graptolites las que se redujeron drásticamente. En total, aproximadamente un 85% de las especies marinas fue eliminado.

Olas de destrucción

El Primer Análisis del informe del panel evalúa el “trío letal” de factores: calentamiento global, acidificación de los océanos y anoxia (ausencia de oxígeno). La mayoría de las cinco extinciones globales masivas de la prehistoria, si no todas, llevan la huella de esas “perturbaciones de carbono”, dice el informe, y el “trío letal” está presente actualmente en el océano.

El Segundo Análisis considera los arrecifes de corales, y el hecho de que esas “selvas forestales del mar” (así llamadas por su riqueza en especies) enfrentan ahora múltiples amenazas. El panel concluyó que esas amenazas, al actuar en conjunto (contaminación, acidificación, calentamiento, sobrepesca), tendrán mayor impacto que si estuvieran ocurriendo de una en una, y por lo tanto habrá que corregir las previsiones de cómo reaccionarán los arrecifes de coral al calentamiento global.

El Tercer Análisis examina la contaminación, que es un problema antiguo, pero que puede estar presentando nuevas amenazas, ya que una amplia gama de productos químicos nuevos se encuentra ahora en ecosistemas marinos, desde farmacéuticos a ignífugos, y algunos son conocidos por ser disruptores endocrinos o porque pueden dañar sistemas inmunes. La basura marina, especialmente los plásticos, es una inmensa causa de preocupación.

El Cuarto Análisis considera la sobrepesca: se concentra en el bahaba chino, un pez gigante que fue descrito por primera vez por científicos a principios de los años treinta, y que ahora está en peligro crítico: ha pasado de su descubrimiento a su casi desaparición en menos de 70 años. Un estudio reciente mostró que un 63% de las existencias evaluadas de peces en todo el mundo son sobre-explotadas o se han reducido drásticamente.

Michael McCarthy

Traducido del inglés por Germán Leyens

fuente: www.biodiversidadla.org/Principal/Contenido/Noticias/Oceanos_al_borde_de_la_catastrofe

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¿Se está muriendo la Naturaleza?

Es misterioso y todavía no hay explicación científica: desde los últimos días del año pasado se registran muertes casi simultáneas de peces, aves y otras especies en cuatro continentes.

El primero de estos fenómenos que se hizo público aconteció en Maryland, a fines de diciembre: dos millones de peces aparecieron muertos en las playas de la bahía de Chesapeake. Días después, en Arkansas: amanecieron 5000 mirlos muertos en las calles y 200.000 peces muertos en el río Arkansas. Noticias parecidas comenzaron a venir de diferentes rincones del mundo.

En la playa inglesa de Thantet, condado de Kent, se encontraron estrellas de mar, cangrejos, esponjas, langostas, caracoles y anémonas sin vida; en Nueva Zelanda, centenares de peces y decenas de pingüinos; en el sur de Vietnam, 150 toneladas de peces; pulpos en el puerto de Vila Nova, Portugal, centenares cada mañana desde el 3 de enero; 400 tórtolas caídas de los árboles, muertas, en Faenza, al norte de Italia, el 6 de enero; pérdidas similares en Argentina (100 toneladas de peces en el río Paraná), Brasil (15 toneladas de sardinas, corvinas y peces gato), en Chile (más de un millón y medio de langostinos en la playa de Quenchi, Chiloé), en Canadá, Alemania y otros países. Son hechos que se han registrado antes. Lo que hoy llama la atención es su coincidencia en el tiempo.

Abundan las explicaciones más diversas de esta supuesta anomalía, aunque lo cierto es que las investigaciones no han arrojado resultados firmes. Más bien al revés: despiertan nuevas preguntas. ¿Una suerte de envenenamiento general? No se han hallado hasta ahora elementos que confirmen esta hipótesis. ¿El uso de pesticidas? Esto se podría aplicar a las aves, difícilmente a los peces. Hay inferencias místicas: se acerca el año 2012, portador del Apocalipsis. Otras son francamente disparatadas. Un veterinario sueco explicó así las muertes de unos cien grajos en Suecia: “Nuestra teoría principal es que los fuegos artificiales asustaron a las aves y éstas se posaron en la ruta, pero el cansancio les impidió levantar vuelo y las atropelló un coche” (1) Debe haber sido un automóvil formidable.

Algunos expertos proponen que la causa radica en la brecha abierta en el polo norte del campo magnético de la Tierra, que la envuelve y protege de los vientos solares y de la caída de asteroides y otros objetos que vagan en el espacio (2). Para las aves, va. ¿Y los peces? El vocero de la Comisión de Pesca de Arkansas, Keith Stephens, opina que los peces tambor que terminaron en Chesapeake podrían haber sido víctimas de una enfermedad, dado que todos pertenecían a la misma especie. No deja de ser una especulación. También se menciona el calentamiento global y es bien probable que todos esos factores influyan. Pero el problema de base radica en otro lugar.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) acaba de dar a conocer una lista de las diez especies que corren el mayor peligro de extinción: el tigre, el oso polar, el gorila de la montaña, el pingüino magallánico, el rinoceronte de Java, entre otras (3). Son víctimas desde hace años, siglos, de la depredación humana. La tortuga laúd, la más grande de todas, que ha logrado sobrevivir 100 millones de años sobre este planeta, está diezmada por la caza y su hábitat corre peligro por el aumento del nivel de los mares. Hay peces cuyo destino es convertirse en sushi: “Un solo ejemplar de atún rojo se subastó en Tokio al precio record de 32,49 millones de yenes, aproximadamente 400.000 dólares por un solo pescado” (4). ¿Cuánto tiempo le quedará al atún rojo antes de desaparecer?

Unas 900 especies vegetales y animales se han extinguido en los últimos 500 años, según una infografía del sitio Mother Nature Network, y más de otras 10.000 corren el peligro de seguir su suerte (5). Pero es de un siglo a esta parte que este lance se acelera: la acción del hombre es más rápida que el ritmo de reproducción natural de la flora y la fauna. La ballena gris no está precisamente a salvo y tampoco ecosistemas como el mayor arrecife de coral del mundo, la Gran Barrera de Coral, a veces calificada como el ser animal vivo más grande del planeta. Ubicado frente a la costa australiana de Queensland, se extiende a lo largo de 2600 kilómetros y es visible desde el aire. La UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1981, pero no faltan los que prefieren el patrimonio propio.

La súbita muerte de aves y de peces era en la antigüedad un presagio seguro de catástrofe que no siempre se cumplía. En el siglo XXI es una realidad tangible. La Naturaleza, ¿se muere o la están matando?

Juan Gelman
27-1-2011

notas:
1) www.rawstory.com, 5-1-11
2) www.earthfrenzyradio.com, 6-1-11
3) www.telegraph.co.uk, 25-1-11
4) www.treehugger.com, 15-1-10
5) www.mnn.com, 6-1-11

fuente www.alternativas-prensa.info

Degradación de la Biosfera

La Ciencia intenta desentrañar y comprender las pautas, leyes, y constantes universales que rigen el Cosmos, las energías que le mueven, las relaciones entre la materia y la energía, etc. Estudia el planeta Tierra en el que vivimos, que está sujeto a las constantes universales del Cosmos, pero que tiene unas características sustanciales y específicas que son todas las que están relacionadas con la vida constituyendo la Biosfera. (1)

Por Rafael Alvarez Martín

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Centro o periferia: mercado mundial vs. soberanía nacional

A propósito del “ser nacional” de la soja en Argentina

¿Dialéctica o trialéctica?

Si la brusca e inesperada desaparición de “la era soviética”  nos hizo pensar en algún momento inicial que se simplificaba el panorama ideológico del mundo contemporáneo, el escaso tiempo transcurrido nos ha revelado que de ninguna manera ha sobrevenido una dicotomía política.
Es que, en rigor, el siglo XX vio más a menudo tres actores o más en pugna, por lo menos mucho más frecuentemente que lo que los dictados de una dialéctica presuntamente científica (más bien cientificista) nos autorizaba vislumbrar.

No había cesado la lucha entre el carcomido mundo aristocrático y el impetuoso mundo burgués y ya teníamos la lucha entre burgueses y proletarios, que de inmediato trasmutara y se reasumiera en el socialismo, que en realidad eran los socialismos. Internacionalista primero, revolucionario o evolucionista, después. Más tarde el gran tronco de la ideología socialista tendría otras ramificaciones, nacionalistas. El socialismo nacional se fue llamando, y haciéndose, cada vez más, nazismo o fascismo. Particularmente en el centro planetario, es decir en los países no coloniales.

El socialismo internacionalista generó a su vez diversas alas o corrientes, en parte dependiendo de su localización planetaria. Una principal, soviética, estalinista con centro y eje en la URSS, otra sociademócrata, burguesa y conciliadora; Suecia fue su modelo más acabado (1932-1976). En España, en la década del ’30 tendremos también un polo anarquista (que provenía de mucho antes), enfrentado a estalinistas y socialemócratas (amén de dividido ese polo, en sí mismo). (1)

Habiendo despreciado las libertades burguesas, el principal experimento social considerado socialista −la URSS− terminó por carecer de tales libertades, sin obtener, empero, la postulada igualación.

Con el colapso soviético y al menos transitoriamente, con el desbarajuste planetario de la opción socialista (2) pareció simplificarse el cuadro de opciones políticas y/o ideológicas.

Por un lado, surgieron intelectuales orgánicos del poder mayor que auguraron la muerte de la política propiamente dicha puesto que no veían opciones a lo único existente; se podría gestionar de un modo u otro pero siempre dentro del horizonte de la sociedad dominante, la del régimen burgués, industrial o moderno. Globalizado y eurocentrado, o como se lo prefiera denominar. Una suerte de heguelianismo redivivo. Que incluye en sus movimientos la occidentalización cultural de todo el planeta, es decir del “resto del planeta” que no es europeo-occidental.  Para quienes no aceptábamos este alineamiento (que hizo famoso, a F. Fukuyama, con aquello de que se había terminado la historia, que según “los clásicos” tendría que ser la prehistoria), quedaba por un lado ese mundo actuante, el del imperialismo ahora cada vez más bajo el nombre de globalización y por el otro, la resistencia a la expansión de ese proyecto-realidad; a menudo, globalifóbicos. Que como su nombre lo indica expresaban resistencia, negación a lo existente y a su expansión, pero no afirmaban una opción.

Desde los ’90, entonces, nos encontramos con alternativas que todavía cuesta dilucidar si son reales o espejismos. Una de las primeras expresiones alternativas  “pos-soviéticas”, enfrentada a la vigencia absolutizada del mundo-tal-cual-es, fue el Foro Social Mundial. Por un momento, a principios del s. XXI, su reunión en San Pablo se opuso a la del Foro Económico de Davos, en Suiza, que durante décadas se había dedicado a concentrar la élite planetaria y a “marcar la agenda” de los poderosos,  los privilegiados del planeta.(3) Rio Grande do Sul,  multilingüe, Davos monolingüe, por ejemplo. Pero analistas como Michel Chossudovsky nos dirán que no es sino un debordiano (4) espectáculo. Fundamentada observación que no podemos desechar; demasiadas fuentes de financiación en común es lo que dicho autor ha rastreado.

Lo cierto es que entrados en el siglo XXI, se han vuelto a visualizar tres opciones (por lo menos), claramente diferenciadas, al menos en lo que tiene que ver con nuestra región, sudamericana. Sigamos aquí a Emir Sader, integrante del PT, un politólogo brasileño que tiene mucho predicamento en los círculos progresistas y enfrentado a “la derecha”.
Sader enumera:
1) el neoconservadurismo, que sigue manteniendo su denominación, viciosa y falsa de “neoliberalismo”,(5) que para el caso de América Lapobre estaría sentando sus reales en Colombia, México, Perú, Honduras…
2) un populismo burgués que no rompe con la globocolonización −como con acierto ha bautizado Frei Betto lo que economistas llaman ahora “globalización”−. Se diferencia del neo-conservadurismo, por sus “políticas sociales”, es decir de distribución de ingresos hacia las capas sociales menos favorecidas (y que son en general las que el neoconservadurismo rampante ignora). En América del Sur Sader ubica en este sitio a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia, Brasil, Argentina, Ecuador y Uruguay, que aun sin ser toda la América del Sur y menos todavía el Caribe, apenas presente por Cuba, es de todas maneras el grueso poblacional, económico y político de la región. (6) Y finalmente,
3) lo que Sader denomina “ultraizquierda”. Con lo cual tácitamente atribuye la condición de izquierda al ítem anterior. Algo que mirando la estructura económica vigente y la relación con el centro planetario no deja de ser novedoso, aunque guiándose exclusivamente por los pergaminos sería cierto en casos como Uruguay o Brasil, y más complicado en Argentina, por ejemplo. Pero, ¿es que existe, puede existir, una izquierda capitalista?
Sader centra, de todos modos, las opciones políticas realmente existentes entre: 1) y 2). Lo cual es obvio hasta por las denominaciones que utiliza. La ultraizquierda le parece desechable por su divorcio radical con el espíritu, con el “estado de ánimo de las masas”.

A mi modo de ver, le falta a Sader, en ese cuadro de situación, la dimensión ecológica, que es siempre planetaria. Preguntado expresamente por esa ausencia, por si no era acaso una falencia, la negó de raíz, como falencia, porque: ‘la dimensión ecológica era muy, muy importante pero no transversal, no medular.’ Sader destaca, en cambio, que en el cuadro político actual y en la disputa entre neoconservadurismo y progresismo falta una dimensión que sí considera básica: la laboral, la de clase. Sader afirma que la política actual se mueve como si todos, o casi todos, no trabajásemos, como si nuestra condición trabajadora fuese soslayable.

Si bien nuestra condición de transformadores no está casi presente, y debería estarlo, nuestra condición de residentes, “usuarios” o vecinos terráqueos no la pensaba tan medular. Sader apunta con ello a que la iniciativa ideológica para la configuración de los imaginarios sociales la sigue teniendo el neoconservadurismo, el capitalismo puro y duro, puesto que la sociedad está vista como el mercado y quienes la integran como “consumidores”. Sader entonces se conforma con legitimar reclamos a favor de “el proletariado” que provienen del s. XVIII o XIX.

Nos permitimos considerar que la disyuntiva planteada por Sader es francamente insuficiente. Temporalmente atrasada: critica el escamoteo del trabajador a manos imaginarias y virtuales del consumidor. Tiene razón. Pero así y todo, falta la dimensión ecológica, que consideramos inescindible de la perspectiva política: una política sin ecología o con una ecología instrumental nos lleva al derrumbamiento planetario.
Con un aditamento igualmente necesario: que la forma de apreciar o integrar esa mirada a la situación política pasa por las relaciones imperiales, o de centro a periferia, por las condiciones de desarrollo del sistema generalizado, “global”, que nos rige.

Antes de abordar tales relaciones, veamos, siquiera someramente, rasgos dominantes de ese centro planetario, constituido fundamentalmente por países enriquecidos, es decir los ajenos al destino colonial (aunque tales sociedades no incluyan por cierto a todos sus habitantes).(7) En una palabra, nos referimos al circuito globocolonizador, fundamentalmente matrizado, configurado desde mediados del s. XX, por la élite de poder de EE.UU. y cada vez más −desde el 11 de setiembre de 2001− por el binomio geopolítico EE.UU.-Israel, cada vez más inseparables, amén de las capas “integradas” de los ya mencionados países enriquecidos, más los circuitos −mucho más restringidos−, de las élites globalizadas de los países empobrecidos.

Tal vez el rasgo más característico, estructuralmente necesario para la rentabilidad y verificable en este último medio milenio sea el de la tendencia sostenida al aumento de escala para la producción junto con la expansión. Se trata de una expansión no lineal sino progresiva, que va expandiendo no sólo la producción, los mercados y sus modalidades, sino también el ritmo con que se produce la misma expansión.
Enumeremos algunos de tales rasgos:
– unidades productivas, de aprovisionamiento y procesamiento, cada vez más grandes y consiguiente consumo creciente de materias primas y recursos,
– inversión de las relaciones entre economía y finanzas y entre ciencia y tecnología,
– contrarreforma agraria en marcha, despoblamiento de campos, unidades de producción agraria o agropecuaria cada vez más extensas e industrializantes (aun cuando no debería confundirse la elaboración de ladrillos o botones con la crianza de cerdos o plantas),
– megalopolización urbana y contaminación cada vez más fuera de control,
– deterioro de la calidad de los productos cada vez más masivos, compensados por su mayor accesibilidad y recambio más o menos permanentemente acelerado; obsolescencia programada.

Unidades productivas

Detengámonos un momento en el primer ítem, focalizando un par de ejemplos; pesquería y cría de los animales de mayor consumo.

Pesca. La humanidad se ha nutrido desde tiempo inmemorial de peces y seres vivos acuáticos. Se estima que el 60% de las proteínas animales consumidas por la humanidad ha provenido, históricamente, de la pesca. El otro tercio de proteínas animales ha sido provisto por los animales de tierra o aire. Aves, cérvidos, liebres, cabras, vacas, cuises, y el larguísimo etcétera que va variando de región en región. La pesca se ha estado industrializando desde hace siglos. Y “perfeccionando” sus técnicas al punto que al día de hoy, con sus redes de arrastre, sus bombas de profundidad y tantos otros recursos, los pescadores están en condiciones técnicas de vaciar el mar. Cada mar que “visitan”. Sería un éxito deslumbrante si no fuera por el pequeño detalle de que la pesquería está logrando así serruchar la rama donde está asentada.

Sus técnicas de arrastre son tan “perfectas” como para no dejar intocado los fondos marinos. Que son, precisamente, la base nutricia de muchísimos circuitos vitales. Las redes son tan rendidoras que no perdonan ni siquiera a los más pequeños peces, puesto que los barcos engullen los peces grandes para comida humana y los pequeños como masa nutricia para animales criados o cultivados por el hombre, peces en estanque incluidos.
Tanta calidad técnica y ceguera natural o crisis del sentido común, ha hecho que la pesca haya desaparecido por ejemplo de todo el entorno europeo. El Mar Mediterráneo, otrora asiento de apetitosos atunes y tantas otras especies que han alimentado milenariamente a las poblaciones costeras, es ahora poco más que el sumidero de los desechos de los países que lo circundan. El Báltico, por ejemplo, está tan contaminado que sus especies marinas han disminuido dramáticamente su fecundidad. La reproducción es bajísima y menguante. Por estar interconectado no desaparece, como el mal llamado Mar de Aral (el sexto lago más grande del planeta, hoy reducido a una charca salobre gracias al milagro soviético); permanece, pero cada vez más sin vida.

Desde hace unos años, las dotaciones pesqueras europeas se dedican a saquear las costas africanas, como la somalí, donde la impunidad es grande por la falta de un estado local en condiciones de defenderse, pero también la de otros estados que tienen como dieta básica el pescado, como por ejemplo Namibia, que ve raleada su pesca por las incursiones de ultramar.

Pero como la “perfección” técnica, el alcance depredatorio en suma, no se ha abandonado, sino que, por el contrario, sigue en pie, en auge, sacrificando a los pescadores locales robándoles las pescas, por ejemplo, mar adentro (con lo cual no llegan los peces a las costas), el destino de la pesca planetaria es su desaparición. Y con ella, la ingestión principal de proteínas de la humanidad. Ya imaginamos el festejo de algunos laboratorios produciendo pastillas de ω 3 u ω 6 “para todos”…

Y nos hemos limitado a hablar de los desarrollos técnicos propiamente pesqueros. Sin mencionar, por ejemplo, que la plastificación de los mares, gracias a la invasión de otra industria −la petroquímica− ha significado el crecimiento en progresión geométrica de microorganismos adheridos a los restos plásticos que se van depositando de a poco en los fondos marinos reteniendo el oxígeno de las aguas superficiales y a la vez bloqueando los circuitos bióticos de esos fondos marinos que vimos ya tan maltratados…

Avícola y suina. Veamos ahora un par de casos relativos al primer rasgo enumerado, el del agrandamiento sostenido de las unidades de producción, en el caso de cerdos y aves. Como se describe en muchísimos documentos, el tratamiento dispensado a animales destinados al consumo humano es de una indiferencia y crueldad sin límites. Pero tanta “eficiencia” tiene su rebote; estamos dañando nuestra salud.

“[…] que se apliquen verdaderos procedimientos industriales para la «fabricación» de animales. Gallinas, vacas, borregos, conejos y todos aquellos animales que los estándares occidentalizadores determinen como comestibles, son tratados como grabadoras o DVD’s, hechos en serie. Las granjas se han convertido en verdaderas factorías en las cuales a los animales se les maneja igual que a metros de tela destinados a confeccionar vestidos. Mediante artificiales procesos hormonales y genéticos, se les obliga a sobre-reproducirse, se les alimenta con sus propios excrementos y cadáveres «enriquecidos», se les apretuja en reducidísimas áreas, se les transporta hacinados, ahogándose con su propio calor y sudor, y se les sacrifica bárbaramente […].” (8) En esas condiciones “de vida” la expansión de enfermedades, de pandemias, es también veloz y fulminante. Desde hace unos años, nos enmudecen y atemorizan con la “gripe aviar”, la “influenza porcina” y otras plagas “bíblicas”.

La referencia al “aprovechamiento de todo” es una curiosa perversión de una conducta tan cara a la producción orgánica, de no producir desechos. En el caso de los establecimientos hiperindustrializados, el afán de no desperdiciar nada en un proceso productivo que no se basa en la salud de los integrantes ni en pasos depurativos de compostado, ni en biodegradación  aeróbica o anaeróbica ni en cadenas alimentarias biológicamente reconocidas, sino en el afán de no perder “ni un gramo de ingredientes” ha llevado, por ejemplo, a alimentar animales herbívoros con restos cárnicos. Tal fue el origen ya archisabido del llamado “mal de las vacas locas”. Como exponente, dada su gravedad y ramificaciones mediatas, alcanza y sobra, pero bueno es saber que se trata apenas de un ejemplo entre tantos.

En agosto de 2010, se retiraron en EE.UU. 500 millones de huevos infectados o potencialmente infectados con salmonelosis. Todos provenían de apenas dos establecimientos pertenecientes, en rigor, a un único propietario. (9) DeCoster. Por supuesto, los huevos lucían en las góndolas como provenientes de distintos “competidores” en el mercado, porque llegaban o iban a llegar al consumidor, como habitualmente, con muy diferentes marcas y envases.

Pero la fábrica en cuestión, trabaja en régimen como de zona franca, es decir sin leyes ambientales ni laborales, a discrecionalidad contra los asalariados y fundamentalmente contra las asalariadas. “En 2002, la compañía de DeCoster pagó un millón y medio de dólares para llegar a un acuerdo en referencia a una demanda legal presentada por la Comisión Federal de Igualdad de Oportunidades Laborales en representación de mujeres mexicanas que informaron haber sido sometidas a acoso sexual, incluso violación, abusos y represalias por parte de sus supervisores.” DeCoster es un ejemplo práctico de las observaciones filosóficas de K. Marx. Todo se cosifica: los animales, los asalariados, los clientes.

Esta epidemia se frenó. ¿Cuántas nos llegan y luego, en cada hospital, cada médico irá diagnosticando una patología, por supuesto de-origen-desconocido? Pensemos en que las unidades de producción de animales de granja eran antes por decenas y ahora lo son por miles o millones. Un cambio cualitativo en su tratamiento se ha introducido con la gran industria, un cambio de escala donde pierde el hombre su cualidad humana y el animal la suya animal.

EE.UU. ha mantenido un consumo de cerdo bastante estable en las últimas décadas, en todo caso aumentado junto con el propio aumento demográfico de población. De unos 50 millones de cerdos carneados anualmente a mediados del s. XX ha pasado a unos 65 millones hacia el cambio de siglo.

Pero reparemos en la transformación que tiene que haberse operado en el cómo. De tener alrededor de dos millones de establecimientos que carneaban unas pocas decenas de cerdos por año cada uno, a tener apenas miles de establecimientos que carnean varios miles de cabezas anuales cada uno. Esto significa un enorme y brutal cambio en el cuidado y la atención de los animales. Industrialización, estandarización y cambios sustanciales en la dieta. Lo patógeno  también cambió de naturaleza y ritmo: han aparecido plagas, que se han “universalizado”: las “enfermedades en serie” se reproducen incontenibles.(10)

En el caso de las gallinas y pollos, se crían “paralíticos” para que no gasten energía en movimiento, con lo cual además hay que sellarles el pico, haciéndolo romo para evitar que se picoteen entre sí en la desesperación de sus cubículos, y en el caso de las ponedoras, para que no picoteen los huevos que acaban de poner. Los establecimientos avícolas “modernos” lidian con millones de ejemplares.

El estiércol resultante de tales “establecimientos fabriles” ya no es fácilmente incorporable a la tierra donde serviría de abono extraordinario y natural de próximos cultivos. Ahora, las deyecciones de millones de aves ya no cumplen papel alguno en los ciclos de rotación y fertilización de la tierra. ¡Para eso están los laboratorios! En su lugar, van creando lagos de mierda en las proximidades de los establecimientos, y los habitantes de las localidades vecinas atestiguan que los campos apestan las 24 horas. En el norte de Alemania, la cría industrial avícola ha generado tal problema “olfativo” que los traficantes de tales carnes han encarado su “solución”.

No piense el lector que hay en esto atisbo de autocrítica, reconocimiento de las virtudes alimentarias de lo local, por ejemplo. No, sencillamente una solución pragmática, volcada a la modernidad. Así como cuando tales concentraciones de animales generaban una locura generalizada en ellos y aumentaba muchísimo la agresividad, no se le ocurrió a ningún criador volver a dimensiones menos monumentales, criando animales que gozaran relativamente de su vida, sino sencillamente serrucharon los picos de las gallinas, ante el problema olfativo, los emprendedores del ramo organizaron tales establecimientos con sus millones de animales en pre-matadero en Brasil, en la costa noratlántica –para abreviar fletes– y que los pollos lleguen a Alemania ya listos para el consumo, eviscerados, sin plumas y sin tener que soportar la población –alemana, claro–, el olor “colateral” de la mierda. Carecemos de datos sobre si los establecimientos en Brasil tienen vecinos.

Este sistema agroalimentario no es eterno. Tiene, por el contrario, escasísimas décadas. Sobreviene con la hipertecnificación de los procesos industriales y el “aprovechamiento industrial” de todos “los elementos constituyentes”. Así remataba la oenegé GRAIN un informe donde desnudaba el verdadero origen de la gripe aviar; el sistema industrial de cría de animales:
“Una interrogante candente es por qué los gobiernos y las agencias internacionales como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) no hacen nada para investigar cómo las granjas industriales y sus productos, tales como estiércol y raciones, extienden el virus. Por el contrario, están usando la crisis como una oportunidad para profundizar la industrialización del sector. Se multiplican las iniciativas para prohibir la producción de pollos al aire libre y eliminar a los pequeños productores, y reponer las granjas con pollos genéticamente modificados. La red de complicidad con una industria involucrada en una sarta de mentiras y encubrimientos parece completa.

“Los campesinos están perdiendo sus medios de vida, sus razas de pollos nativos y están siendo expulsados del mercado, y algunos expertos dicen que estamos al borde de una pandemia humana que podría matar millones de personas […]. “¿Cuándo se darán cuenta los gobiernos que para proteger a los pollos y a las personas de la gripe aviar, necesitamos protegerles de la industria avícola mundial?”(11)

Aunque el nudo problemático que plantea el texto de GRAIN es preciso, su pregunta es ociosa si pensamos en la FAO. Desde hace ya mucho tiempo esta comisión de la ONU, como el PNUD, el PNUMA, la OMS, el PMA, se dedican a legitimar el sistema con su modelo productivo de grandes consorcios transnacionales, aceptando el paradigma del capitalismo monopólico, como si fuera lo único que puede hacer funcionar al mundo, como si se tratara de una ley celeste de rotación y traslación de planetas y no de capitales; como si eso no revelara, sencillamente, que las comisiones técnicas de la ONU pertenecen a los privilegiados del mundo.

Inversion de relaciones. Financierizacion de la economía

Hagamos una única referencia a otro de los rasgos señalados; el de la mencionada financierización.
Es absolutamente necesaria una crítica a fondo de los conceptos fundantes de los que todavía hoy llamamos “economía”; una trama de conceptos de rendimiento, productividad, beneficios, amparada en la externalización de costos, valida de proyectos de impacto ambiental totalmente adocenados, legitimados por agencias gubernamentales estadounidenses, y por lo tanto con una geopolítica nacional, pero que fungen como si fueran internacionales, como es el caso del FMI, el BM y la USAID (esta última no se declara “internacional”, aunque su denominación “Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional” merecería rebautizarse como “Agencia para el Desarrollo Internacional de EE.UU.).

Estos “asesoramientos” avalan de manera falaz el adueñamiento de bienes comunes a la humanidad, “abaratados”, como bien señala Javier Rodríguez Pardo, (12) mediante la denominación de “naturales” y mercantilizables mediante el artilugio de considerarlos recursos apropiables. Pero encima de una construcción ideológica y selectiva de la ciencia económica está el hecho radical, avasallante, al parecer irreversible, de que la economía se va satelizando cada vez más ante los movimientos financieros, verdadero nervio motor de la producción y el intercambio actuales.

Lo financiero era en siglos pasados, el apoyo, el complemento de las transacciones económicas. Pero hoy “reina” como elemento protagónico. Da vergüenza ajena escuchar a políticos exaltar el PNB como referencia de progreso o calidad de vida. Y si el político es “de izquierda”, da pena, además.

Señorio de la tecnologizacion; servidumbre de la ciencia

Así como la economía y las finanzas han invertido sus roles, así ha pasado con la ciencia y la técnica: ahora la ciencia está al servicio de la técnica, es decir de las corporaciones que promueven (sistemática y permanentemente) nuevas técnicas, nuevas configuraciones tecnológicas como una forma de dominio cultural, ideológico, político y finalmente material. La que se suponía protagonista, dueña de la situación; la ciencia, es en realidad su servidora, es decir se desarrolla al “amparo” de grandes corporaciones. También fructifica en el ámbito universitario, pero ése es el sector menos dinámico. También, finalmente, en las cabezas de científicos independientes, pero éstos son los menos.

La disciplina que tenía el rol accesorio, se ha convertido en el eje de las actividades tecnocientíficas, en el motor del “sistema económico”. La tecnología está cada vez más configurada en enormes consorcios civiles (casi siempre comerciales) o militares.

Volvamos, a la cuestión de las dimensiones de las unidades productivas. Un corolario de la tendencia al aumento de escala productiva es la consiguiente tendencia al catastrofismo cada vez más propicio, inherente a la intensidad y concentración del capital. De lo cual la rotura en la perforación de BP en el Golfo de México es buen ejemplo. Junto con ello, ciertamente se acrecientan los medios tecnológicos para enfrentarlos. El rescate de los 33 mineros en Copiapó, Chile, sirve claramente de ilustración de ambos aspectos. Es cierto que gracias a nuevos vehículos y dispositivos de penetración del suelo y la roca, los mineros pueden sufrir un accidente y quedar aislados a más de 700 metros de profundidad. Pero también es cierto que no bien detectados vivos, en muy poco tiempo, en 24 horas se pudo trazar y enviar una sonda, y en unos dos meses se los pudo rescatar mediante la ya famosa  cápsula que transitó por el túnel vertical taladrado con enorme precisión. La sonda permitió la sobrevida, haciéndola incluso llevadera, en esos dos meses. Y lo demás, ya lo vimos todos.

Los desarrollos tecnocientíficos permiten “proezas” cada vez mayores, tanto en los avances como en su remediación cuando se hace necesaria. El ser humano es cada vez más capaz de:
– pulverizar montañas para llevar adelante la llamada megaminería,
– perforar napas geológicas,
– explotar petróleo submarino,
– establecer plantíos transgénicos en una escala sin precedentes,
– hacer fumigación aérea de enormes extensiones,
– efectuar desmontes masivos de millones de ha (algo que habría llevado antes décadas y que ahora se hace en una estación),
– expansión planetaria del automovilismo con la consiguiente contaminación atmosférica. Planes y diseños para vehículos no contaminantes, no movidos sobre la base de combustibles fósiles, por diversas razones −comerciales o ecológicas− no han prosperado,
– elaborar energía nuclear, con su problemática irradiación, tanto en la extracción como en su deposición “final”.

Señalemos siquiera someramente el ejemplo del automovilismo. Se han desarrollado vehículos cada vez más rápidos; andar a más de 200 km. por hora, con los consiguientes riesgos, pero también con el recurso del air-bag y la ventaja de “acercar” las distancias, aunque sólo en las cuidadísimas rutas del Primer Mundo. Las automotrices también han ampliado su escala y el toyotismo se convirtió en el nuevo escaño tecnológico “superando” el fordismo de la primera oleada automatizadora.

El toyotismo se precia del just-in-time, es decir del ahorro que significa la eliminación de los depósitos y sus consiguientes existencias de mercadería a la espera, pero sobre todo de la eliminación de mano de obra mediante nuevos peldaños de automatización.

Ya metidos como usuarios en la gran escala ahora imperante en la industria automotriz (como en prácticamente ocurre en más y más ramas de actividad), los resultados no han sido tan exultantes. Toyota, precisamente, afronta resultados llamativos: en lo que va de 2010 lleva llamado a revisión a unos diez millones de vehículos producidos y salidos al mercado entre 2007 y 2010. No se trata de cifras despreciables; aproximadamente un tercio de toda su producción. Un millón y medio de tales controles proviene de que el sistema de limpieza de parabrisas puede ocasionar incendio. Medio millón han sido llamados a control por imperfecciones en el sistema de frenos, nada menos. Y así por el estilo.

Los coches que “salen solos” de las fábricas no parecen tan tecnológicamente perfectos como nos quieren hacer creer. Pero el problema no se arregla a pura previsión aunque tardía. En el ínterin, con tales imperfecciones, en EE.UU., donde opera la mayor fábrica de automotores del mundo −Toyota, precisamente−, se cuentan por decenas las demandas por muertes en accidentes vinculables con errores o fallas en la construcción, o tal vez tengamos que decir cada vez más, en la configuración del vehículo. Y miles de demandas por diversos accidentes vinculados con lo mismo. Una danza de miles de millones, pero sobre todo una danza de vidas humanas destruidas o afectadas. (13)

Contrarreforma agraria en marcha en Argentina

Es en el concierto mundial descrito en que las economías nacionales están metidas. La Argentina figura entre los “aventajados” integrantes de la globalización si lo medimos por el ingreso de dólares al circuito económico que llamamos argentino. Al privado y al público. Pero su costo parece ser altísimo. Como bien lo explicita la Asociación Ecologista Piuké: “Nos animamos a sumar tres grandes venenos más al señalado por nuestra presidenta [CFK se refería al veneno comunicacional proveniente de ciertos medios]: cianuro, glifosato y uranio. Los tres constituyen hoy los botones de muestra (y sólo los botones) de un sistema de desarrollo que nos destruye, saquea y enferma […].”

Si bien las estadísticas nacionales son todo menos confiables, el vuelo económico de los que se reputan winners del momento, como pueden ser sojeros −y toda una gama de ramas de actividad florecientes: turismo, computación, bienes inmuebles, la tierra asiento de los agronegocios, la industria automotriz, laboratorios proveedores de las nuevas modalidades productivas, las ciudades pequeñas y medianas del “país de la soja”− nos muestran un país con enorme cantidad de circulante. Desde la presidencia se nos habla de una cantidad de reservas pocas veces vista. (14) No obstante lo anterior, es inocultable la mala vida en sectores amplísimos de población, el proceso de exclusión parece imparable, se ve el deterioro del ambiente. Todo esto, invaluable en dólares.

El agronegocio, cada vez a mayor escala, sigue expulsando y acorralando a campesinos pequeños, con o sin tierras, excluyendo “brazos” de su sofisticada producción (aunque incorporando otros, menos, tecnologizados). Los cordones de miseria no sólo no desaparecen sino que parecen extenderse y todo esto en dimensiones cada vez menos “nacionales” porque el emporio sojero con asiento en Argentina se ha ido expandiendo, sobre todo hacia Uruguay, pero también hacia Bolivia o Paraguay y por lo tanto, los expulsados provienen también cada vez más de allende la frontera: buscan mitigar la exclusión mediante tareas marginales en las ciudades y entre ellas, en la megalópolis regional, Buenos Aires.

Megalopolización

Señalemos un único elemento vinculado con la problemática de la megalopolización. En Argentina, tanto los economistas  de la Coalición Cívica como los del gobierno consideran buen augurio la producción incontenible de ceros km. En una sociedad colonializada ese sólo dato satisface a los que gobiernan (o aspiran a hacerlo), con total prescindencia de una observación más estructural, de un pensamiento más matizado, que tenga en cuenta, por ejemplo, que la elasticidad del parque automotor no se corresponde con la de su base de desplazamiento material, las calles, bastante más inelásticas.

Ese divorcio nos puede llevar no a una mejor calidad de vida, como postulan los enamorados del automovilismo o de las estadísticas del PNB sino a una peor calidad de vida urbana, cotidiana, a bordo en las rutas y avenidas atascadas. Lo señalamos a título de ejemplo de cómo no calibrar “los avances”. Los modernizadores están de acuerdo. Con ropaje neocon o con ropaje progresista, con filosofía liberal y capitalista o convicciones progresistas, socialistas y marxianas, la globalización sigue su marcha. Triunfal y catastrófica. A la vez. Y vale la pena considerar una conexión típicamente ecológica: la megalopolización proviene del despoblamiento rural que provoca el monocultivo y su rentabilidad.

Perspectivas

Varios de los desarrollos que acabamos de enumerar afectan de manera creciente y progresiva la biodiversidad, planetariamente. Es decir, que estamos jugando con fuego. Cada vez más “capacidad” para modificar el hábitat resulta en cambio incapaz de, a su vez, no destruirlo. ¿Podemos los humanos, vivir, sobrevivir sin hábitat natural? Parece una pregunta tonta, y sin embargo, hay quienes están proyectando cómo hacerlo. Somos fáusticos, concedido. ¿Somos más diestros o más energúmenos que Fausto? Ése es el reto para la humanidad. Reto que se ha ido formando desde hace ya tiempo, y que las sociedades concretas se han negado a asumir.

Porque avanza nuestro conocimiento para mejor entender la naturaleza y a nosotros mismos. Avanza la medicina, la biología. Avanza la vida activa de los humanos, alcanzando cada vez más gente más tiempo de vida. Y de una vida que merezca su nombre. Avanza la ingeniería, la cibernética, todas las disciplinas del conocimiento humano, avanza nuestra comprensión del universo, de lo giga y lo nano, y de nuestro papel en todos esos universos. Pero a la vez avanza nuestra torpeza, nuestra huella cada vez más hiriente en el planeta.
Nuestro inolvidable maestro Mario Sambarino nos recordaba un pensamiento de Blas Pascal en los albores de la modernidad, enfrentando a las nuevas deidades, que consideramos sumamente actual: “El hombre está hecho mitad dios y mitad bestia, y cada vez que quiere convertirse totalmente en dios, se convierte totalmente en bestia.”

La biodversidad irreversiblemente dañada por el hombre, el disparo al ambiente de una serie de patógenos, disruptores endócrinos, cancerígenos, mutágenos que están poniendo en peligro la salud, la sexualidad ya no de los humanos sino de los seres vivos, la contaminación electromagnética  cada vez más fuera de control, y tantas otras formas de contaminación cada vez más ingobernables y también ellas irreversibles, la capacidad de los laboratorios con sus cómplices y asistentes para medicalizar cada vez más la vida, la “capacidad” creciente de los humanos para producir desechos y basura y no poder dar cuenta de ellos, son todos rasgos que entendemos peligrosísimos y ominosos.

Sin pretender agotar ese panorama apenas insinuado por la A. E. Piuké con los tres tóxicos mencionados, entendemos que Argentina no ha hecho hasta ahora sino aceptar gozosamente su papel de colonizado, mejor dicho colonializado. Porque ya no somos colonia con bandera metropolitana; la nueva modalidad imperial se cuida muy de que cada territorio bajo la colonialidad conserve un símil de nacionalidad y estatalidad “igual” a la de las naciones reconocidas. Por eso han florecido tantos estados “independientes” en el mundo actual (la ONU tiene ya más de 200). Y celosamente, cada uno con su bandera, faltaba más.

Ardua dialéctica, ahora sí, tenemos entre centro y periferia, y la tenemos que afrontar. No es en blanco y negro, no es fácil. El centro tiene sus excluidos; la periferia sus privilegiados. Y no sólo eso; los mismos privilegiados del Primer Mundo también tienen mucho para lidiar, para retener sus privilegios. Y los excluidos de la periferia también tienen una serie de peldaños, para mejorar a veces un átimo, o para empeorar hasta llegar al despeñadero de los basurales metropolitanos.

Porque la globalización que hemos llamado globocolonización le ha dado 4×4 a los sojeros, pero a enormes sectores de población le ha dado los basurales a cielo abierto o “bajo control”, a donde ha ido a parar la riqueza deslumbrante de la modernidad, del mundo rico, rápidamente degradada en forma de envases, carcazas y bolsas plásticas gastadas y desechadas (desechadas pero no deshechas, porque no son biodegradables).

Sustraerse a la globocolonización es arduo y problemático. Porque se trata de romper con el consumismo que se ha ido convirtiendo, por martilleo mediático pero también por autoseducción, en una segunda naturaleza. Consumir “refrescos”, o agua en botellitas plásticas, que “es lo más”, tapas de mujeres desnudas, viajes, modelos 0 km de autos o celulares, comidas rápidas −grasas y dulces, tan tentadoras−, consumir medicamentos para todo tipo de enfermedad real o imaginaria pero de fácil aplicación. Todas expresiones de cómo hemos sido formados en la cultura dominante.

El esfuerzo para sustraerse a semejante imaginario, el necesario para afirmar una soberanía regional, cultural, alimentaria, mediante una política de respeto a la naturaleza, implica una política anticonsumista que no puede ser sino anticapitalista. Y tal tendría un altísimo precio: ser hostigados por los grandes poderes mundiales y menguar la circulación de dólares. Y con ello, perdernos no sólo los gadgets de los grandes emporios mundiales; nos granjearíamos la furia (¿desbocada?) de quienes “la están haciendo con pala”.
Cambiar culturalmente; eso no es fácil.

Pero no veo otras opciones: seguir en la noria “global”, el culto al dólar y a las modalidades depredadoras del gran capital nacional y transnacional o resistir y ya no aceptar que la comodidad es el valor supremo, para encarar un proyecto de país, de sociedad, que realmente nos respete a todos.

Si el lavado cerebral de la tinelización sigue ocupando el tiempo de los argentinos, si se completa con la tele adocenada de Legrand o Jiménez; si los laboratorios siguen vendiendo lo que quieren o necesitan para su rentabilidad en nombre de la ciencia, la higiene, la seguridad o “el buen olor hogareño”, si seguimos creyendo que se puede “ir en auto al centro”, que nos podemos desentender de la indigencia de los que consideramos ajenos así como de nuestros propios desechos cotidianos, que la salud se defiende con medicamentos y no con nuestra forma de vivir, estamos lejos de un proyecto de país que consideramos deseable.

No aparecerán tales proyectos desde las opciones expuestas por Sader, sino precisamente desde el lugar que él subalternizara: la salud planetaria. No vendrán con los políticos neocon, obviamente, pero tampoco con los progresistas. Si aparecen en nuestro horizonte será por esfuerzos desde abajo, desde adentro de nosotros mismos, desde la intemperie.

Luis E. Sabini Fernández *

notas:
* Periodista, editor de futuros del planeta, la sociedad y cada uno, docente del área de ecología de la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofìa y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
1) En España, en 1936 todas las tendencias socialistas internacionalistas, junto a burgueses republicanos y algunas otras variantes como los católicos vascos, procuraron enfrentar a “la otra España”, la de la Falange, inquisitorial, colonialista, que contó precisamente con la preciosa ayuda de los socialismos nacionalistas, de dictadores asumidos como tales, de Hitler y Mussolini. Pero ni siquiera la sublevación fascista logró  consolidar dos bandos: las luchas entre comunistas y anarquistas, por ejemplo, fueron tan cruentas como las habidas entre republicanos y franquistas. La guerra civil española expresó desgarradora y trágicamente la puja entre por los menos tres actores…
2) Que queden algunas formaciones sociales que lo postulen y hasta lo practiquen, como Corea del Norte, Cuba e incluso otras lo anhelen y lo visualicen como meta, como es el caso de la Venezuela bolivariana o chavista, con su “socialismo del s. XXI”, no alcanzaría para tipificar al socialismo actuante como la opción al capitalismo vigente, al régimen dominante. Al menos no en los términos de “certeza histórica” o fe política con que se lo blandía décadas atrás.
3) No es por cierto la única caja de resonancia de tales privilegiados; también tenemos al grupo Bilderberg, a los think-tanks de la Casa Blanca y probablemente a alguna otra entidad de la que no conocemos ni su nombre.
4) Guy Débord, autor de La sociedad del Espectáculo, una suerte de manifiesto de la Internacional Situacionista, que expresó en los ’60 el estado del mundo contemporáneo.
5) Como aclaraba nuestro querido colega fallecido, Rodolfo Bledel: el único neoliberalismo digno de ese nombre es el patrocinado por John M. Keynes que revisó las tesis básicas del liberalismo y reconsideró el papel del estado que sobrepasó entonces su rol de “juez y gendarme”. El reflotamiento de los Chicago Boys y otros liberales, algunos contumaces como Friedrich von Hayek, no hace sino retornar al liberalismo primigenio, con lo cual más que hablar de neoliberalismo, habría que hablar de un retorno a “las fuentes”: paleoliberalismo.
6) No sabemos siquiera si esa enumeración, hecha en una presentación en la Facultad de Filosofía y Letras, 7/9/2010, excluye o apenas no enumeró expresamente otros gobiernos enfrentados al neoconservadurismo, como el paraguayo o el nicaragüense actuales.
7) Cuando nos referimos a países, sociedades o estados “ajenos al destino colonial”, acotamos en el tiempo histórico estos rasgos a los países de la modernidad, a los últimos 500 años, obviamente. E incluimos aquellos estados que habiendo tenido un origen colonial se han incorporado al área de los países enriquecidos (o centrales), como es el caso de los formados desde los asentamientos (settlements) anglosajones.
8) Adán Salgado Andrade, “Fábricas de animales: enfermedades en serie”, www.argenpress.info, agosto 2010.
9) Amy Goodman, “Huevos podridos y nuestra democracia rota”.
10) Alfredo Embid, “Lo que no te cuentan sobre la gripe porcina”, www.amcmh.org/PagAMC/downloads/gripecerdo2.htm
11) www.grain.org/nfg/?id=382, marzo 2006.
12) “¿Por qué bienes comunes?”, futuros, nº 13, Río de la Plata, verano 2009-2010.
13) www.taringa.net/posts/autos-motos/7491082/top-7-de-las-marcas-mas-buenas-del-mundo.html; Luis Faraoni, “Un récord de autos con fallas…”, Tiempo Argentino, Bs. As., 24/10/2010.
14) Claro que habría ponderar tales entusiasmos relativizando la unidad de medida, pues aunque “siempre”, al menos desde la Segunda Guerra Mundial, hablamos de dólares, los dólares del 2010 valen menos de la doceava parte de lo que valían los dólares de 1950. La inflación también “come” al dólar.

fuente http://revistafuturos.com.ar

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Peor que los combustibles fósiles

En los últimos dos años he hecho un incómodo descubrimiento. Como muchos expertos en medio ambiente, he estado tan ciego ante las restricciones que afectan a nuestro suministro de energía como mis adversarios lo han estado ante el cambio climático. Ahora me doy cuenta de que he abrigado una cierta creencia en la magia.

En 2003, el biólogo Jeffrey Dukes calculaba que los combustibles fósiles que quemamos en un año se componen de materia orgánica “[…] que es más de 400 veces la productividad primaria neta de la biota actual del planeta”.1 Esto significa que cada año usamos una cantidad por valor de cuatro siglos de plantas y animales.

La idea de que sencillamente podemos reemplazar este legado fósil (y la extraordinaria densidad de energía que nos da) por energía ecológica es ciencia ficción. Simplemente no hay sustituto, pero se buscan sustitutos por todas partes. Estados (como el nuestro, [R.U.]) intentan evitar las duras decisiones que impone el cambio climático.

Y al menos uno de los sustitutos es peor que el combustible fósil al que reemplaza. […] Estaba equivocado porque subestimé el impacto destructivo de dicho combustible.

Antes de ir más allá, me gustaría dejar en claro que utilizar aceite de papas fritas para hacer carburante me parece algo bueno. La gente que va todo el día transportando tinajas de porquería hace un servicio a la sociedad. Pero sólo hay suficiente aceite de cocina residual en el Reino Unido como para llegar a una trescientas ochentava parte de nuestra demanda de carburante para el transporte. 1/380, 2,6 o/oo, 0,26 %.2  A partir de ahí comienza el problema.

Cuando escribí sobre ello el año pasado, pensé que el mayor problema que causaba el biodiesel era que establecía una competición por la tierra: la tierra cultivable que de otra forma se habría usado para cultivar comida se utilizaría para cultivar combustible. Pero ahora me encuentro con que algo aún peor está pasando. La industria del biodiesel ha inventado accidentalmente el combustible que más carbono emite a la atmósfera.

Al promover el biodiesel (como hacen la Unión Europea, los gobiernos británico y estadounidense y miles de defensores del medio ambiente) has de imaginar que estás creando un mercado de aceite de papas fritas usado, o de aceite de colza, o de aceite de algas que crecen en estanques del desierto. En realidad estás creando el mercado del cultivo más destructivo de la Tierra.

El presidente de la Autoridad Federal para la Explotación de la Tierra de Malasia anunció que iba a construir una nueva fábrica de biodiesel.3 Era la novena decisión de esa índole en cuatro meses. Se están construyendo cuatro nuevas refinerías en la península de Malasia, una en Sarawak y dos en Rotterdam. Dos consorcios extranjeros (uno alemán, el otro estadounidense) están erigiendo fábricas rivales en Singapur.4 Todas harán biodiesel a partir de la misma fuente: el aceite de palmera.

“La demanda de biodiesel”, informa el Malaysian Star, “vendrá de la UE (…). Esta reciente demanda (…) acaparará, como mínimo, la mayoría de las existencias malayas de aceite crudo de palmera”.5 ¿Por qué? Porque es más barato que el biodiesel hecho a partir de cualquier otro cultivo.

En septiembre de 2005, Amigos de la Tierra publicó un informe sobre el impacto de la producción de aceite de palmera. “Entre 1985 y 2000”, descubrió, “la explotación de plantaciones de palmeras de aceite fue responsable de un 87% de la deforestación de Malasia”.6 En Sumatra y Borneo, unas 4 millones de hectáreas de bosque se han convertido en tierra de cultivo de palmeras. Ahora se programa despejar unas 6 millones más de hectáreas en Malasia, y 16,5 en Indonesia.

Casi todo el bosque que queda está en peligro. Los plantadores de aceite están desgarrando incluso el famoso parque nacional Tanjung Puting de Kalimantan. El orangután va probablemente a extinguirse en libertad. Los rinocerontes, tigres, gibones, tapires, los monos probóscides y miles de otras especies podrían ir por el mismo camino. Se ha desalojado de sus tierras a miles de indígenas, y torturaron a unos 500 indonesios que intentaron resistirse.7 Los incendios forestales que tan a menudo cubren la región de humo son provocados en su mayoría por los cultivadores de palmeras. Toda la región se está convirtiendo en un campo gigante de aceite vegetal.

Antes de que se planten palmeras de aceite, que son pequeñas como maleza, hay que talar y quemar enormes árboles en los bosques, que contienen unas reservas de carbono mucho mayores. Cuando se acaba con las tierras más secas, las plantaciones se trasladan a bosques cenagosos, que crecen en turbas. Una vez cortados los árboles, los plantadores desecan el suelo. Cuando la turba se seca, se oxida y libera aún más dióxido de carbono que los mismos árboles. En términos del impacto que causan en el medio ambiente local y mundial, el biodiesel de palmera es más destructivo que el petróleo crudo […].

El gobierno británico entiende todo esto. En el informe que publicara cuando anunció que cumplirá con la UE y asegurará que el 5,75% de nuestro combustible para el transporte vendrá de las plantas para 2020,1 admitió que “los riesgos principales para el medio ambiente son probablemente aquellos que conciernen a una expansión enorme en la producción de materia prima para biocombustibles, y particularmente en Brasil (por la caña de azúcar) y el sudeste asiático (por las plantaciones de palmeras de aceite)”.2 Se sugiere que la mejor manera de afrontar el problema es prevenir que se importen los combustibles ambientalmente destructivos. El gobierno preguntó a sus especialistas si una prohibición infringiría las normas mundiales del comercio. La respuesta fue afirmativa: “el criterio ambiental obligatorio (… ) incrementarían muchísimo el riesgo de un desafío legal internacional a la política en su totalidad”.3 Así que abandonó la idea de prohibir las importaciones y pidió en su lugar “algún tipo de esquema voluntario”.4 Sabiendo como se sabe que la creación de este mercado llevará a una enorme oleada de importaciones de palmeras de aceite, que no hay nada significativo que pueda hacerse para prevenirlas y que acelerarán el cambio climático en lugar de aliviarlo, el gobierno ha decidido seguir adelante de todas formas.

En otros tiempos, felizmente, esto era un desafío para la UE. Pero lo que la UE quiere y lo que el gobierno británico quiere son lo mismo. “Es esencial que hagamos un balance de la creciente demanda de transporte”, dice el informe, “con nuestro objetivo de proteger el medio ambiente”.5 Hasta hace poco, teníamos una política de reducir la demanda de transportes. Ahora, esa política ya no existe. Como hicieron los conservadores a principios de los 90, la administración laborista socialista intenta dar cabida a la demanda, da igual lo lejos que llegue. Las estadísticas que obtuvo el grupo Road Block muestran que sólo para el ensanchamiento de la autopista M1 el gobierno pagará 3.600 millones de libras esterlinas, más de lo que gasta en la totalidad de su programa del cambio climático. En vez de intentar reducir la demanda, intenta acomodar los suministros. Está dispuesto a sacrificar los bosques pluviosos del sudeste asiático para que se vea que hace “algo”, y permitir a los automovilistas sentirse mejor consigo mismos.

Todo esto ilustra la inutilidad de las soluciones tecnológicas que se persiguen. Es una locura intentar satisfacer una demanda de combustible siempre en alza, da igual de dónde venga el combustible. Se han evitado las decisiones duras, y otra parte de la biosfera se está quemando.

George Monbiot

notas:
1) Jeffrey S. Dukes, 2003. 1. Jeffrey S. Dukes, 2003. Burning Buried Sunshine: Human Consumption Of Ancient Solar Energy. Climatic Change 61: 31-44.
2) La British Association for Biofuels and Oils estima el volumen en 100.000 toneladas por año. BABFO, s/f. Memorando de la Comisión Real sobre la Contaminación Medioambiental. www.biodiesel.co.uk/press_release/royal_commission_on_environmenta.htm.
3) Tamimi Omar, 1/12/2005. Felda to set up largest biodiesel plant. The Edge Daily.
4) Loh Kim Chin, 26/10/2005. Canal NewsAsia.
5) C.S. Tan, 6/10/2005. All Plantation Stocks Rally. www.biz.thestar.com.my/news/story.asp?file=/2005/10/6/business/12243819&sec=business.
6) Amigos de la Tierra et al.,  The Oil for Ape Scandal: how palm oil is threatening orang-utan survival. www.foe.co.uk/resource/reports/oil_for_ape_full.pdf.
7) Ibíd.

artículo publicado en Revista futuros nº10 / Río de la Plata otoño 2007

La aceptación social de los monocultivos en la periferia planetaria

Alguna literatura antiimperialista, producciones más o menos intelectuales o militantes de denuncia revelan una idea simplificada de la exacción imperial. Imaginan un ente apropiador devastando la tierra hollada y que en ella sólo quedan los restos del saqueo o en todo caso, los restos de los refractarios que resistieron la exacción. Imagen que, sin embargo, se basa en verdades, como puede ser la formidable recopilación que hace ya cuatro décadas hiciera Eduardo Galeano en sus Venas abiertas.

Tales descripciones no omiten incluso el placer que la exacción imperial provoca en las capas o castas privilegiadas que “administran” esa relación. Es difícil olvidar, por ejemplo, tras la lectura de la investigación de Galeano, la dispendiosidad que la sociedad potosina en la Bolivia, mejor dicho en el Altiplano colonial, tenía en sus fiestas, estrellando las copas de cristal al estilo que se le atribuía a la aristocracia rusa. Potosí, en el siglo XVII con sus 150 mil, 160 mil habitantes, y sus minerales, pasaba por ser una de las ciudades más populosas y ricas del planeta (Potosí, hoy sin minerales, no llega a los cien mil habitantes).

En la descripción de las viejas economías de enclave con las cuales el imperialismo moderno se fue configurando, mediante asentamientos costeros que servían tanto para traficar esclavos (mediante el eufemístico término de “liberarlos”)(1) como para iniciar el despojo de sociedades locales, algo que en América Latina se desplegó bajo las formas de asentamientos mineros y economías de plantación, parece ser muy exiguo lo que le restaba a las sociedades que sufrían dichos asentamientos. Era el extranjero el que se lleva la parte del león. En América, son las plantaciones de caña de azúcar en Cuba o en Haití, son las minas de plata, cobre, estaño.

Aquel estilo o fase de cierta simplicidad política y administrativa para el despojo ha ido cediendo ante el despliegue de formas políticas en las regiones periféricas, ya sea adoptando las estructuras del dominador, ya sea resistiendo y reasumiendo estructuras propias de la sociedad invadida, con la correspondiente constitución de capas dirigentes y propietarias locales. En continentes como el americano, los estados emergentes adaptaron las formas políticas de los conquistadores y el “Nuevo Mundo” no fue sino una reedición, mejorada o empeorada, del Viejo Mundo, aunque en los últimos tiempos esté aflorando con fuerza creciente el tejido social y cultural ahogado por la europeización. Y América fue, de lejos, con Oceanía, el continente más europeizado del planeta.
Así, ya entrando al s. XX será la banana en el Caribe tropical o la lana en el sur templado y tantos otros productos primarios o artesanales la “contribución” americana al mercado mundial, y cada vez más el petróleo, la “sangre” que circula y alimenta la economía moderna.

Las economías periféricas, empero, conservan un rasgo fundamental de los viejos asentamientos de enclave: su pertenencia a un sistema económico más o menos mundial, con centro en otra parte. Las zonas francas son sus más conspicuas ejemplificaciones.(2)

Con ello sobreviene la eterna discusión entre sectores, escuelas y sectas de izquierda acerca de si puede existir, hacerse fuerte, tejer un camino propio, la burguesía nacional. Más allá de los signos identitarios y jurídicos que dan fe de la existencia de tal universo, lo cierto es que los capitales, es decir los capitalistas más fuertes de los países periféricos, tejen sus estructuras productivas en función del sistema capitalista central y mayor, en el cual se sienten contenidos. No es un problema exclusivamente económico, de rentabilidad o de mercado. Es un problema de identidad: nuestros burgueses –argentinos, uruguayos– han tenido demasiado a menudo su capital mental en Londres, París, Nueva York o Miami más que en Buenos Aires o Montevideo.

Avance “argentino” de soja cada vez más arrollador

Para implantar la soja en Argentina como en tierra conquistada sus promotores se han valido del deslumbramiento tecnológico, indisolublemente unido a la idea de progreso. Tales rasgos se despolitizan y naturalizan de modo tal que, los titulares del complejo sojero lucharán por su implantación con la mejor de las conciencias. Como por otra parte, tales avances son pingües negocios, podrán unir la buena conciencia con el bolsillo forrado, lo cual incrementa el celo puesto en la empresa.(3)

El complejo sojero se asienta en Argentina a mediados de los ‘90 con la anuencia o la entrega incondicional del menemato a las orientaciones orquestadas desde el norte. Desmontando al estado argentino, el Ministerio de Agricultura de EE.UU. (USDA, por su sigla en inglés) y Monsanto (4) han orientado la producción agraria argentina, con una buena base de apoyo local, es cierto, seducida por la idea del progreso tecnológico.
Para el desembarco en el campo argentino, entonces, han ocupado “las cabeceras de playa” que consideraron estratégicamente claves. Así se han ido haciendo de las semillerías y de las empresas de suministros. Entendámoslos: su objetivo es la total dependencia alimentaria. De todos nosotros hacia el pequeñísimo núcleo de los dueños ya no de los medios de producción en general sino bien en particular, de las semillas para el alimento de cada día.

También han ayudado generosamente a diversos investigadores del área que han visto así mejorar sus equipamientos por fuera de los cada  vez más inexistentes presupuestos nacionales. Esos investigadores, que confunden fácilmente sus medios de vida (y de éxito) con Lo Bueno, y Lo Necesario para el país y la humanidad, se han ido convirtiendo en los mejores aliados de la operación de desembarco.

Con ese dispositivo de fuerzas, los alimentos transgénicos se expandieron en Argentina como reguero de pólvora y en pocos años se ha llegado a casi 50 millones de toneladas en la última cosecha, 2007/2008, cubriendo, sólo la soja GM un área de algo más de 16 millones de ha de cultivo, más de la mitad (54%) del total de cultivos actuales en Argentina. No son los números en sí los que alarman sino la tendencia y el ritmo que lleva. Se trata de toda una apuesta a la cantidad, no a la calidad que una estrategia nacional y racional habría podido valorizar mucho más, dado el carácter de las tierras argentinas, que se contaban entre las menos contaminadas del planeta. Por lo menos hasta la invasión de la soja.

Estamos ante una transformación radical del campo argentino. Y a un ritmo también sin precedentes. ¿Cómo sobrevino, por qué tanta velocidad de arrasamiento junto con la de la forja de grandes fortunas?

La crisis del 2001 no fue de todos, ciertamente

Podemos encontrar un cierto paralelismo que no alcanza para establecer razones causales pero sí tal vez para entender aires de época: la gran ofensiva del trust sojero se produce cuando el desbarajuste social de la Argentina en el 2001.

Bástenos saber que lo que eran cien mil toneladas en los ’70 ya habían llegado a los 4 millones de ton. a comienzos de los ’80. En 1996/1997, con la producción de soja transgénica ya bien establecida, el país llega a tener 5 millones de ha con dicho cultivo que rendirán 11 millones de ton. Mientras el país va entrando en el embudo de la desocupación y el endeudamiento y la ficción del peso argentino va ensanchando la impotencia económica del país, los sojeros van haciendo su agosto… en dólares. En la zafra de 1999/2000 llegan a los 20 millones de ton. de soja, prácticamente toda transgénica y para el año del descalabro social del país, la zafra del 2000/2001 saltará a unas 26 millones de ton. Aumento anual: 30%. Para la del 2001/2002 vencerán la marca de las 30 millones de toneladas. ¿De qué crisis podrían hablar ellos?

Valiéndose de la política de los hechos consumados (los alimentos transgénicos se empezaron a producir, y a consumir en el país sin que existiera la menor legislación al respecto; se podría decir que son perfectamente ilegales), barriendo con obstáculos, invadiendo tierras que eran de selva (de enorme valor ambiental) u “ocupadas” por campesinos pobres y sin títulos (por más que el mismísimo derecho burgués les tendría que haber otorgado la titularidad mediante la usucapión muchas décadas atrás) y que para tales trabajadores y habitantes eran de enorme valor social y económico; barriendo también con explotación lechera (miles de tambos “convertidos” a la soja; pensemos lo pesado o imposible de la reconversión), y hasta con algo de la producción de trigo, alimento humano por excelencia, concentrando los planteles vacunos en feed lot con lo cual aumentan los rendimientos a un costo sanitario no calculado e incalculable, usando –los protagonistas madeinUSA–  las tierras argentinas como cabecera de puente para contrabandear material transgénico a Brasil (país que resistiera la penetración de Monsanto y el USDA, seguramente porque no gozó de las “relaciones carnales” que hicieron la delicia del menemato), la soja se ha convertido en “reina”, al decir de sus cultores, ideólogos y abanderados.

En el verano, sudado verano del 2002, el crac del “estado modelo” del FMI y del PNUD estalla en las manos del gobierno de la Alianza, que ya no era tal. Con las recetas menemcavalísticas, el hambre se había ido haciendo insoportable. Sus causantes fueron la desocupación y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, flexibilizados, miserabilizados, con la anuencia del poder sindical. El complejo sojero es uno, uno más al menos, de los causantes de la desocupación. Una “agricultura sin agricultores”, como fue definida por el Grupo de Reflexión Rural, GRR.

Los sojeros tienen “su oportunidad” social. Bajo la consigna “soja solidaria”, a principios de 2002 aumentaron la apuesta y procuraron no sólo adueñarse de la economía agraria argentina al servicio de la política alimentaria de EE.UU. en el planeta, sino adueñarse de la población argentina, sometida a la condición de cobayo, creando las condiciones para que a la población le cueste mucho no comer soja. “Llenarse con soja”, pareció ser la consigna entonces. En realidad, claro, “llenar” a los pobres con soja… (5)
 
El trust sojero entrevió entonces la posibilidad de quedar bien con poco. Con el 1o/oo de su producción, como ellos mismos confesaran entonces, podían “cubrir las necesidades” o “llenarle la panza” (táchese la que no corresponda) a la creciente masa de hambrientos (eran 30 millones de kilos de grano); escamotear el papel de coautores del desastre; esquivar asimismo el de usufructuarios principales del descalabro, del vaciamiento del campo argentino, cada vez más privado de sus productos de calidad.

Por eso, soja hasta en la sopa. Soja cocida. Algo insensato, puesto que los países que más consumen soja (y lo hacen desde hace siglos o milenios) han aprendido a comerla fermentada, porque es la forma de hacerla más digerible, más asimilable. Pero apurados por sacar rédito de la crisis a la que tanto habían contribuido, el complejo sojero no se ha fijado en tales minucias. Como vemos con el ejemplo de la “soja solidaria”,  el estado nacional y periférico a gatas apareció, a gatas sobrevivió a la ola que todo mercantiliza.

La seducción vence más a menudo que el palo

Dejemos por un momento la historia argentina reciente y volvamos a las relaciones peligrosas “centro/periferia”. Concedamos que con la formación de los estados nacionales, aquellas simples economías de enclave han desaparecido. O al menos el cuadro de situación se presenta como si hubieran desaparecido. Nuestros estados nacionales legislan, facultan, deciden, regulan, controlan, penan. Aunque cuando, si uno observa de cerca estas funciones en nuestros estados periféricos, el como si va haciendo su streap-tease.

El capitalismo central, es decir los grandes capitalistas de las naciones enriquecidas, “ofrecen” sus políticas para que las sociedades libres periféricas resuelvan si las adoptan. Política de inversiones, por ejemplo, ofrecimientos de adelantos tecnológicos más o menos formidables. ¿Y quién en su “sano juicio” va a rechazar semejantes ofertones? Eso dicen al menos todas las capas económicas, profesionales, técnicas, políticas que están altamente interesadas en la asociación con la melodiosa voz del amo.

Veamos algunos ejemplos que esclarezcan el cuadro: durante el menemato la cantidad de empresas mineras provenientes del Primer Mundo en Argentina se multiplica por más de veinte; de cuatro a noventa y tantas. Exoneraciones impositivas, regalías entre las más bajas del mundo entero, confianza ciega a las modalidades de extracción ofrecidas por las empresas previa elaboración de informes de las propias empresas sobre impacto ambiental…

Una verdadera fiesta de la minería ajena. Durante esa misma década, previa desregulación absoluta de la actividad agropecuaria argentina, se deja librada a la actividad privada nacional y extranjera la formación de la política rural argentina: así comenzó la sojización (transgénica) del país.

Estos dos ejemplos nos brindan un hilo para seguir, y es que la dependencia psico-, tecno-, económica sigue estando muy presente, es decisiva en “los acuerdos” productivos entre los grupos económicos que uno ve como argentinos y el capital transnacional. Pero a diferencia de las economías de enclave de otrora, las economías contemporáneas son más complejas y al menos en la apariencia se trata de economías nacionales por aquí y economías nacionales por allá… y un poco en todas partes, la economía transnacional.

Pero por más globalizada que parezca esta última, todos los acuerdos, las regulaciones (y desregulaciones) se suscriben entre estados, el mismo estado que parece en  crisis en los países periféricos o empobrecidos pero que sin embargo, parece gozar de muy buena “salud” en los países centrales o enriquecidos. Y aquí, otra curiosa asimetría: los monocultivos, las monoproducciones en general son periféricas, no se corresponden con las economías centrales. A porcentajes de economía basada en monoproducción, aquellos países que ostentan menores porcentajes de una misma actividad serán indefectiblemente metropolitanos, primermundianos y aquellos con el mayor porcentaje, serán países monocultores, proveedores de materia prima, dependientes, deliberadamente mal llamados “en desarrollo”. ¿De qué desarrollo hablamos desde hace cinco siglos?

Una pregunta que al menos ingenuamente se formula más de uno, cuando aprende el a b c de las diferencias entre países satisfechos, es decir con población con necesidades básicas satisfechas (NBS) y países con población, a veces abrumadoramente mayoritaria, con NBI, absolutamente insatisfechas, es cómo una sociedad puede aceptar semejante distribución de roles. Y la izquierda en general, que es desde donde se suelen plantear estos interrogantes, las más de las veces nos recuerda el poder del fusil, del garrote, de la represión, de la seguridad nacional… de “ellos”. Lo cual no es necesariamente falso, puesto que muchas veces ha sido eso, la ultima ratio, lo manejado desde el imperio (que nos haya tocado en suerte, en el tiempo).

Pero la configuración más habitual suele ser muy distinta. La exacción, el despojo, se produce en medio de una fiesta: de trabajo, de frenesí, de optimismo, de derroche. No es el poder imperial despojando inmisericordemente a la población satelizada y sojuzgada lo que se ve. Lo que se ve es el poder imperial que goza de aliados dentro de la población satelizada y sojuzgada. Con los cuales establece una relación “gananciosa” que sólo los criticones, los refractarios, los “amargados de siempre” rechazan.

Ganadores y perdedores: no hay suma cero

Porque hay toda “una sociedad” dentro de la sociedad general que sale gananciosa. Tendríamos que decir más bien una “asociación”. El ejemplo con la soja en Argentina es paradigmático. Pocas veces ha tenido la administración del estado tantas reservas como gracias a las retenciones, impuestos o no, a la exportación, que se le cobra a la soja exportada. Aun con todo lo que debe “marchar” en negro, el estado recauda con pala. Estableciendo esas marcas sin precedentes (se ha dicho que el estado actual tiene más reservas en dólares que las que tenía Argentina y usufructuó Perón al fin de la segunda guerra mundial: claro que dólares no es lo mismo que oro, pero así y todo…).

Pero no se trata sólo de la recaudación pública y sus rebotes, por ejemplo, los ingresos que cubren a desocupados y subocupados, las mejoras jubilatorias, que hacen que tanta gente esté gozando, siquiera infinitesimalmente, de la soja. Y en primer lugar, of course, de la rentabilidad obtenida por los dueños del ciclo sojero. Con tierras, con maquinarias agrícolas o con circuitos conectivos del paquete tecnológico, con la circulación de bienes conectados a la producción sojera, etcétera. En el caso del núcleo fuerte de inversores en el modelo de la soja, las ganancias ya no se miden en 4 x 4 o en apartamentos de Palermo o Belgrano; ahora se trata de inversiones inmobiliarias aquí y en el Primer Mundo, de aviones, de redes financieras multimillonarias de alcance mundial.

Pero además, de la expansión sojera se sirven y a la expansión sojera la sirven: los camioneros, los tractoristas, las redes de los laboratorios que producen los contaminantes correspondientes, la petroquímica y las respectivas fábricas de envases a su vez ellos también contaminantes, la metalúrgica de máquinas-herramientas para siembra directa y la automotriz que recibe la parte final de la cosecha bajo la forma de consumos más o menos suntuarios, como las trajinadas 4 x 4; los aviadores y las correspondientes pistas de aterrizaje, la fabricación de aviones fumigadores, que son los principales agentes de envenenamiento generalizado, las redes  bancarias y comerciales que atienden buena parte de los ingresos de la soja y una larga cadena de etcéteras.

En realidad, otros sectores que podrían haberse disparado junto con los ya señalados, pero que brillan por su ausencia, habrían sido el médico-sanitario para enfrentar todas las temibles y atroces secuelas que la contaminación generalizada con agroquímicos está dejando, el sector veterinario o más bien eco-veterinario para aprender a entender la desaparición de macro- y microfauna, de perdices, liebres, pájaros, lombrices, escarabajos y procurar remediarla, o un sector de investigación botánico para poder visualizar todo lo que se pierde entre lo que genéricamente se llama yuyo y es exterminado por el glifosato.

Esos sectores del conocimiento, la técnica y la acción humanos, con sus ramas de actividad, no se han expandido junto con la sojización generalizada. Porque, claro, lo que se atiende con la sojización es la rentabilidad, la ganancia y no la forja de una sociedad, digamos, “entre todos” o respetuosa de humanos y naturaleza.

Por eso tampoco se perciben las pérdidas y los perdedores del reino de la soja: la población expulsada por las buenas, por las malas o por las peores; la pérdida de lugares de trabajo y de la dignidad con ello barrida, la marginación creciente y la parasitización forzada de tantos desplazados con su secuela de deterioro alimentario, de salud y de ánimo,(6) el arrinconamiento de los agricultores familiares o con producción local, generalmente sin agroquímicos, validos de los mejoradores “naturales” de la tierra (estiércol, compostado), la desaparición de bibliotecas sin libros constituidas por los conocimientos agrícolas elaborados a través de la experiencia y las generaciones de quienes fueron mejorando nuestros alimentos; la extinción masiva y suicida de fauna y flora arrasados por la ola de agrotóxicos que no cede, al contrario aumenta. ¿Es que alguien piensa que esto se puede hacer impunemente? Que mediten la frase atribuida a Seattle, cacique suwamish del norte americano: “¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres.”

Ya la experiencia del menemato nos permitió visualizar este fenómeno de la complicidad o de la coincidencia de fuertes sectores sociales con la “fiesta del importado”, con el festival del trabajo “en negro”, con el placer del dólar barato que facilitaba tanto viajar al “Primer Mundo” y otras “realidades” por el estilo.
Estos festivales repentinos, afiebrados, transitorios, suelen caracterizar a los países dependientes o neocoloniales.

Un estado primermundiano no suele permitirse estas ligerezas. Porque no las necesita. Las NBS les dan otro aplomo y no están urgenciados por una ganancia de coyuntura, cuando viven ya en la ganancia. La fiebre de riquezas es propia, precisamente, de sociedades esquilmadas que ven a la riqueza sobre todo como un espejismo, como un anhelo. Que para mucho “medio pelo” es el recurso para distinguirse de los que no son “como uno”.

Con la soja encumbrada (y la ignorancia gubernamental) hemos presenciado el revival de la Argentina blanca, genocida, clasista y presuntamente educada. Los que tenían pavor de que se terminara la fiesta de la soja. Y que ahora “reposan” y unen “campo y democracia”. Sin los remilgos de “reforma agraria” o producción limpia.
A pura rentabilidad. Como si el rey Midas pudiera alimentarse con sus manos.

Luis E. Sabini Fernández

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Pequeña reseña monsantiana: toda una pinturita

A comienzos del s. XX, este laboratorio, con sede en Saint Louis, Missouri, EE.UU.,  inicia su actividad con un edulcorante sintético, la sacarina. Décadas después, se la iba a procurar sustituir por edulcorantes menos gravosos para la salud.

En 1947 el incendio de un barco alojado al lado del laboratorio de Monsanto, con nitrato de amonio, un fertilizador químico, provocará 500 muertes que de algún modo ofician de anuncio de lo que sobrevendrá con la quimiquización de los campos donde Monsanto desempeñará un papel primordial.
En la década de los ‘50 es líder en la implantación de los termoplásticos en el mundo y la consiguiente contaminación de la “basura” fuera de control.

En la década de los ’60, puntal de la “Revolución Verde”, y sus agrotóxicos; en los ‘70 resulta ser el fabricante del “Agente Naranja” que devastó tantas tierras en Asia y en Vietnam en particular, que logra así llegar a ser el país con mayor número de malformaciones congénitas por número de habitantes.
En los ’80, tiene el dudoso privilegio de recibir la habilitación para el edulcorante Aspartame, que había esperado década y media una aprobación de la Dirección de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. y que con Reagan se logra en cuatro meses…

Desde los ‘90, se constituye vanguardia en la implantación de plantas y alimentos transgénicos en el mundo entero, y son sus banderas de batalla la soja RR y el herbicida Round Up.
Con razón se le otorgará a su presidente el título de Cereal Killer.  
Cuando advierten que la denominación inicial “ingeniería genética” tiene un retintín que no brinda seguridad o tranquilidad, pondrán todas sus baterías mediáticas y publicitarias para rebautizar sus productos como “ciencias de la vida”.

Voraz adquirente “global” de semillerías, con el inocultable propósito de dominar la agricultura mundial. Tienen en suspenso su invento de oro: la semilla GM “Terminator”; un dispositivo transgénico que les permite “fabricar” semillas suicidas, valga el oxímoro, que fructifican una vez y luego mueren.  Con lo cual se aseguran la recompra por parte de los agricultores.

notas:
1) Los barcos esclavistas iban a las  costas africanas a “liberar” esclavos. Porque previamente habían hecho acuerdos con los reinos costeros para que les consiguieran “prisioneros de guerra”; rehenes, secuestrados, a cambio de los cuales les entregaban mercancías interesantes. La entrega de dichas mercancías era lo que ellos llamaban liberar o “rescatar” esclavos. Que de inmediato eran depositados en cargueros que enfilaban al Atlántico. En condiciones ya documentadas, donde los malos tratos y las pésimas condiciones provocaban una mortandad en la travesía que superaba la de las duras condiciones sufridas durante sus capturas.
2) Véase “Zonas francas: esclavitud de nuestro tiempo”,  futuros, no 2, 2001.
3) Los métodos de implante tienen rasgos comunes con otras formas de dominio cultural en áreas aparentemente muy diversas. Por ejemplo, con la imposición (desde el centro planetario) o si se quiere, con la adopción (desde la periferia) de productos “culturales”, las más de las veces modeladores de imaginarios castrados en la población.
Tomemos el caso de la distribución cinematográfica (con toda la penosa confusión entre cultura y espectáculo, puesto que el cine participa a la vez de ambos): para “bajar” la producción de Hollywood a los cines rioplatenses (y a todo el resto del mundo, incluido Europa), compañías estadounidenses de distribución de películas compran las redes locales tanto de distribución como de exhibición (existe una ley en EE.UU. que prohíbe la propiedad de cines por parte de extranjeros en su territorio); no queremos ni imaginar las restricciones para que extranjeros ejerciten la distribución cinematográfica en EE.UU.
4) El laboratorio más grande del mundo, líder en los ‘50 de la implantación de termoplásticos en el mundo y la consiguiente contaminación fuera de control; en los ‘60 puntal de la “Revolución Verde”, y su difusión de agrotóxicos; en los ‘70 proveedor clave de la guerra química de EE.UU. en Vietnam, fabricante principal del “Agente Naranja” que devastó tantas tierras en Asia, en los ’80, tiene el dudoso privilegio de recibir la habilitación para el edulcorante Aspartame, que había esperado década y media una aprobación de la FDA (Dirección de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.) que con Reagan se logra en cuatro meses… y desde los ‘90, vanguardia en la implantación de plantas y alimentos transgénicos y voraz adquirente “global” de semillerías.
5) Sobre los resultados de tal política, de la cual sus mismos autores han procurado desligarse, véase mi  “Ahora, en Argentina los sojeros enseñan a comer…”, www.biodiversidadla.org/content/view/full/33646
6) Alejandra Dandan da sólo para la provincia del Chaco casi un tercio de su población “desplazada”, marginada por la sojización progresiva. Cien mil seres humanos. Si las cifras fueran proporcionales para todo el país, tendríamos que hablar de por lo menos diez millones de perdedores con el modelo cuyo éxito disputan campestres y gobierno… www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-108153-2008-07-20.html

 

Nuevo parte de la guerra del desarrollo. El mundo rural

La intención de este texto es ahondar en el análisis de los efectos del actual modelo de desarrollo económico y social en el ámbito rural vasco. Conocidas son ya  las consecuencias de la industrialización en un pasado no muy lejano (Revolución verde, éxodo rural, desarrollo urbanístico y metropolización, marginación y menosprecio a las formas de vida rurales…). Mientras, el implacable avance de la ideología del progreso y del desarrollo junto a la expansión del mercado están amenazando con desmantelar las pocas estructuras que soportaron el primer envite industrializador, aproximándonos a una segunda revolución verde. Un proceso que ha alcanzado en los últimos años una velocidad enorme, llegando incluso a asimilar los espacios sociales que parecían más tenaces al cambio, como los del mundo agrario.

Un fenómeno que ha desembocado en que a día de hoy, el mundo rural sea un espacio de explotación de recursos naturales, energéticos e hídricos, zona de paso de vías de transporte interurbano, vertedero de residuos, cultivos al servicio de la industria agroalimentaria, área de experimentación química y biotecnológica, zona de ocio de fin de semana y, por último, espacio de expansión metropolitana. Es indudable que el aumento de la producción y consumo en las zonas urbanas esta significando una degradación más rápida e insostenible, si cabe, de los espacios rurales y naturales, y su consecuencia directa es precisamente la desaparición de este medio rural. Es sobre estas dinámicas del actual sistema sobre las que queremos profundizar en este texto.

¿Quien se está comiendo la crisis enrgética?

La actual sociedad capitalista es totalmente dependiente de la energía, mayoritariamente de combustibles fósiles. Euskal Herria no cuenta con reservas, por lo que surge una relación de dependencia (de la población en el interior con las empresas energéticas y en el exterior a través de expolio y guerras). Por ello se hace más justificable la explotación de otros recursos energéticos, todos ellos en zonas rurales o naturales, con un gran impacto y peligrosidad. Centrales térmicas o de ciclo combinado en Boroa, Santurtzi, Castejón, Jaizkibel y los proyectos de Lantarón, Miranda de Ebro y de Lemoiz, la vuelta al discurso pro-nuclear de gobernantes, empresarios y sindicatos, centrales hidroeléctricas artificializando todos los cauces de los ríos, proyectos eólicos que llevan la industrialización hasta las cimas de los montes.

Todo ello necesita de grandes redes de suministro que dejan a su paso multitud de líneas de alta tensión con todos sus efectos perjudiciales. Como prueba de la supremacía de las necesidades energéticas sobre el territorio rural, nos encontramos con el último proyecto  de alta tensión de Red Eléctrica Española en Araba y Nafarroa. Este proyecto evacuaría la energía producida en las centrales de ciclo combinado de Castejón (Nafarroa) y las futuras de Lantarón y Miranda de Ebro hacia las zonas urbanas de Gasteiz e Iruñea. El resultado, un desbroce para las torretas de 25 metros de anchura durante kilómetros que atravesará una de las zonas menos humanizadas de Euskal Herria, la montaña alavesa y el parque natural de Izki. El abastecimiento energético industrial y las nuevas demandas (TAV) son los motivos que se esconden detrás de estos proyectos calificados por las clases dominantes como estratégicos y necesarios.

Un nuevo desafío que se avecina en el mundo rural es el hecho de la paulatina sustitución de los carburantes fósiles (petróleo) por carburantes de origen vegetal (agro-carburantes). Lo que en un principio pudiera parecer una evolución hacia las energías limpias y locales, tiene un lado oscuro que necesitará ser aclarado y denunciado. Los agro-carburantes, falsamente etiquetados como «bio» (biodiesel, bioetanol), nacieron como idea de auto-producción de combustible a través del reciclaje de aceites caseros mezclados con carburantes. Sin embargo, esta práctica paso de ser ilegal a convertirse en oportunidad de negocio de la industria «verde» (la industria automovilística, agroalimentaria y petroquímica) manteniéndose dentro de los margenes del actual sistema de dominación.

Cuestionamos lo de «verde» porque primeramente los «biocombustibles» necesitan de extensas superficies de tierra para ser cultivadas, vislumbrándose, como ya se ha denunciado en la Ribera Navarra, la reestructuración del campo de la producción de alimentos a la de energía. No hay que olvidar que estas explotaciones necesitan también de más tierras, recursos humanos, pesticidas, herbicidas y que implican un alto coste energético y económico que equivale a más deforestación, más erosión, incendios forestales, concentración de tierras, aumento de semillas genéticamente manipuladas, incremento de la precariedad laboral, más consumo de agua y menos tierras dedicadas a la producción de alimentos.

También supone un aumento de los desequilibrios sociales en el caso de los países pobres, que es donde se extendería esta producción, imponiéndoles un modelo agrario marcado por los intereses de los países desarrollados. Un dato que avala esta última hipótesis: según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) para sustituir sólo un 10% de la demanda actual de combustible en la UE, habría que dedicar el 70% de la superficie agrícola europea. Sumado a la circunstancia de la pérdida de tierras para producir alimentos (800 millones de personas padecen malnutrición crónica) nos encontramos con una reestructuración demasiado cara para mantener el ritmo de movilidad (automóviles y camiones) y de consumo industrial y doméstico.

Sobre recursos, infraestrcturas y vertidos

Un recurso cada vez más escaso y codiciado en cualquier latitud del globo es el agua no contaminada. El aumento de su consumo (industrial y doméstico) ha supuesto una alteración de los cauces fluviales, cuyo cénit se encuentra en la creación de nuevos pantanos. Los casos más graves los encontramos en el Pre-pirineo navarro, pantanos de Itoiz y Yesa, actualmente en fase de recrecimiento. En el caso de Itoiz, el motivo de inundar los valles del Irati y del Urrobi fue la construcción del Canal de Navarra. Además del grave impacto creado por los 177 Km en los que esta infraestructura divide Nafarroa, la contención y canalización de estas aguas viene a convertirse en un instrumento para la mercantilización de este bien común.

Su primera consecuencia, la reestructuración del campo en la Ribera Navarra entre quienes pueden pagar el agua y sus infraestructuras y quienes no. Estos últimos tienen que abandonar el campo en pro de una agricultura más productiva y especializada, por ejemplo la destinada a bio-carburantes. En menor medida, existen otros «pequeños» trasvases de agua, especialmente en la vertiente mediterránea de Euskal Herria. Sirva como ejemplo el de los ríos Inglares y Ega en la montaña alavesa, desviados hacia el regadío del monocultivo de vid en rioja alavesa y hacia la nueva demanda de las macro-urbanizaciones y campos de golf (Labastida, Laguardia, Oion, Biana…) Algo parecido sucedería en la Ribera Navarra con el agua del Canal de Navarra. (Urbanizaciones-campos de golf de Tudela, Arguedas, Fitero, Mendavia…)

Todo este saqueo de recursos supeditado al desarrollo económico y social no tiene visos de ralentizarse, sino todo lo contrario. Queda patente así que cualquier reestructuración económica y social, especialmente en el medio agrario, será justificada para mantener el actual modelo de crecimiento.

La explotación incontrolada de recursos al servicio del capital se ilustra perfectamente con el caso de las canteras. La función de horadar y vaciar los montes (con todas sus afecciones) para cumplir con las demandas de cemento y áridos necesarias en las nuevas infraestructuras y en la construcción. El aumento de mercancías (transporte) y personas (turismo) junto con el desarrollo urbanístico se han convertido en el pilar de toda política económica y se sustentan en la demanda masiva de cemento y hormigón. Un buen ejemplo del hambre de tierra que tiene la construcción lo podrían expresar los vecinos de Elizondo, Markina, Mañaria, Olatzagutia, Deba… Otra de las explotaciones de recursos más dañinos para los ecosistemas en Euskal Herria es la relacionada con el modelo forestal, que analizaremos más adelante.

Un consecuencia más del desarrollismo en las zonas rurales, y la más palpable por ejemplo en el conflicto del TAV es la exigencia de cada vez mayor superficie de suelo hormigonado para vías de transporte (autopistas, TAV, superpuertos, aeropuertos…). Eliminando tierra fértil, destruyendo ecosistemas, fragmentando y aislando poblaciones… dejando traslucir la preponderancia del mundo industrial y sus necesidades frente al mundo rural. Se trata de otro modelo sin visos de frenarse; basta un simple análisis de los proyectos futuros: autopistas (Beasain-Durango, Ampliación de la A-63 entre Biriatu y Baiona, Iruña-Jaca, Supersur, corredor del Urumea…), TAV (Corredor Navarro, Eje Cantábrico-Mediterráneo, Conexión de la «Y vasca» con Madrid, Dax-Behobia, Bilbao-Ferrol), de ampliación de aeropuertos (Noain, Hondarribia), y construcción del Superpuerto de Jaizkibel, Bilbao, Puerto de Mutriku… No pueden obviarse las grandes afecciones que suponen el movimiento de tierras y la creación de escombreras producidas por las grandes infraestructuras. Se calcula que la alta velocidad en EH va a provocar el movimiento de 65 millones de m3 de tierra.

Al expandirse el mercado capitalista, las distancias que los productos tienen que recorrer son mayores, justificándose así la construcción de todas estas infraestructuras y las que se seguirán proyectando. De este modo las zonas rurales se están convirtiendo en los vertederos de residuos producidos en las metrópolis, conclusión que extraemos si atendemos a conflictos como el de las incineradoras en Donostialdea (Zubieta-Txingudi). En este caso, quienes soportarían las emisiones contaminantes de la quema de basura serían las zonas «semirurales» de la periferia de Donosti. Otro conflicto similar podría situarse en Ugao con los residuos urbanos producidos en el Gran Bilbao y que utilizaría Cementos Rezola. Lo mismo sucedería en Noain y en Olazti en Nafarroa. Detrás de este rastro de contaminación y basura se esconde un gran negocio con la energía resultante, nuevamente camuflado como «energía verde».

El caserío industrial ya tiene label

Aquella visión bucólica de los campos y caseríos autosuficientes en Euskal Herria está a punto de extinguirse, si no lo hizo hace años. El establecimiento de una industria agro-alimentaria depredadora ha supuesto la reestructuración de las pequeñas unidades familiares en una agricultura intensiva, que tiene su cénit en el monocultivo. Esta política está impulsada por las grandes empresas agroalimentarias y de distribución como Eroski, Carrefour, Mercadona, Alcampo, etc. que controlan los precios, las condiciones y la producción. Mantienen así al agricultor y ganadero sumiso a los criterios de los mercados, subordinados por el consumo en las grandes ciudades. Sus consecuencias son la disminución de la población agraria, y su precarización, mayor dependencia de la energía y maquinaria, así como la perdida de sabiduría y de prácticas menos dañinas con el medio. El «necesario» uso de herbicidas, pesticidas, fertilizantes químicos, maquinarias… tiene un gran impacto negativo en el medio natural, con casos ya constatados de contaminación de acuíferos por uso de fertilizantes, de desequilibrio en los ecosistemas por el uso de insecticidas y demás agrotóxicos, y daños a la salud de los propios trabajadores expuestos a multitud de productos tóxicos.

La dependencia de la agricultura de los cada vez más rígidos criterios de producción industrial ha supuesto la aparición en los campos de un virus del que aún se desconocen sus futuras consecuencias: los Organismos Modificados Genéticamente. Los cultivos transgénicos suponen, a través de experimentos en laboratorios, la manipulación de sus componentes genéticos para una mayor productividad. Insertan en el organismo genes de animales u otras especies para adaptarlos a unas condiciones no biológicas (plagas, por ejemplo). Así se consigue encajar mejor los cultivos en la industria agroalimentaria sin beneficiar a agricultores o consumidores.
 En Euskal Herriak la división territorial impone que existan diferentes políticas con respecto a los transgénicos, pero con un fondo parecido. Mientras la CAPV ha sido declarada testimonialmente como Zona Libre de Transgénicos, esto no ha supuesto la total desaparición de ellos, en primer lugar, porque siguen utilizándose en cultivos experimentales, la mayoría del propio Gobierno Vasco (con la problemática de la contaminación a cultivos próximos) y segundo, porque en ganadería se siguen utilizando los piensos transgénicos. Por otra parte la declaración de zonas libres de transgénicos no evita la comercialización masiva de estos productos en los supermercados. Por otro lado en Nafarroa se contabilizan numerosos cultivos transgénicos, mientras que en Iparralde, donde sí existe una oposición real, esta se acaba de topar con una nueva ley que reglamenta la utilización de estos (asumiéndolos y aceptándolos) a la vez que penaliza las prácticas de oposición. El denominador común serán las directivas pro-transgénicas de la Unión Europea, bajo control del lobby de la industria agroalimentaria y de la biotecnología.
 
 A este panorama nada alentador para la agricultura tradicional y autosuficiente, es preciso sumarle el de la apropiación por parte de las multinacionales de las patentes de semillas, lo que impide al agricultor mantener los cultivos de toda la vida sin interferencias comerciales. Este control por parte de las empresas agro-industriales de las técnicas de cultivo (maquinaria, agro-tóxicos…) se haría ilimitado con la implantación de los cultivos transgénicos, ya que estos vienen asociados a la utilización de algún herbicida o plaguicida concreto que normalmente pertenecen a la misma compañía, como sucede con las semillas Roundup Ready, resistentes al herbicida Roundup (ambos de Monsanto).
 
La desaparición de las formas antiguas de cultivar la tierra se ilustra con la aparición de las Agroaldeas, fenómeno que ya se ha iniciado con fuerza, especialmente en la zona de Donostialdea. Las Agroaldeas son una especie de pabellones industriales a modo de invernaderos donde se produce artificialmente (cultivos hidropónicos) en condiciones no biológicas para la planta (acorta los ciclos, cultivos sin respetar sus épocas, inyección de abonos químicos, selección de la forma, color y sabor del fruto…) Lo más curioso, y preocupante a la vez, es que las plantas ya no necesitan de suelo para poder desarrollarse, también es  conocida como «la agricultura sin tierra». La artificialidad de la vida da un paso más apoyada vía subvenciones por Gobierno Vasco y Diputaciones, donde otra vez las empresas multinacionales del sector controlan las tecnologías, fertilizantes, substratos… convirtiéndose definitivamente el agricultor en mero productor de alimentos o en supervisor de las maquinas que los producen.

El caso de la ganadería no es más alentador. Principalmente porque la simbiosis agricultura-ganadería ha desaparecido en favor de la estabulación del ganado. Desde tiempos inmemoriables se trabajaba la tierra con animales, estos se alimentaban de ella y potenciaban su fertilidad. Ahora la ganadería se ha intensificado de forma que los animales son excluidos de su medio y tratados masivamente en condiciones atroces. Comprobado queda con la desaparición del pastoreo tradicional en detrimento de la ganadería intensiva en factorías cárnicas y lácteas. Por otra parte, la necesidad de producir masivamente también ha supuesto una mejora genética o selección artificial, excluyendo a las razas autóctonas. Nadie se asombra hoy ya de la aparición de un nuevo mal patógeno en los animales, sea «vacas locas», «gripe aviar» o «lengua azul», causado directamente por la utilización de los animales como medio rápido de producción para el mercado agro-alimentario. Hay que confirmar también las graves repercusiones en la salud humana de estas prácticas agro-ganaderas aunque no las analicemos en este texto.

Con todo ello en contra, los agricultores y ganaderos que pretendan vivir de la tierra tienen que superar las interminables trabas burocráticas y técnicas que sirven como criba, a fin de seleccionar las explotaciones mejor adaptadas al mercado, agro-alimentario, claro. Hablamos de todos los pasos para poder etiquetar los productos como Denominación de Origen, Eusko label, Producción integral o Agricultura ecológica.

El sector primario se ha convertido en uno de los pilares de la economía globalizada con una gran vocación exportadora, principio básico de la Política Agraria Común europea (PAC). Para ello se exige tecnología en aras de un desarrollo productivo, impulsando la concentración de explotaciones y la desaparición de las más pequeñas. La importancia de cada vez mayores inversiones para superar los requisitos técnicos es una de las bazas de las administraciones para controlar a través de las subvenciones, el modelo agrario que quiere. Con esta filosofía, el Departamento de Agricultura del Gobierno vasco hace su apuesta por este modelo a través de Itsasmendikoi, Gaztenek y Lurranek. Los primeros son organismos encargados de la formación de los futuros profesionales del mundo rural, primando en su discurso la competitividad y rentabilidad de las empresas y que aboga por la industrialización del mundo agrario como único camino posible (hidropónicos, agrotóxicos, agroaldeas, tecnificación, biodiesel…). El último es un ente creado como banco de tierras para jóvenes agricultores y que realmente se esta utilizando para gestionar las expropiaciones agrarias para infraestructuras como el TAV.

Igual de mal parados quedan los defensores de la pesca tradicional al toparse con la industria conservera. El resultado, una flota en tierra observando los antiguos caladeros colapsados y agotados. ¿A quién culpar como responsable? En bajura el incremento de infraestructuras (puertos, urbanizaciones…) y la contaminación por residuos (en gran parte por fertilizantes agrarios) no deja mayor esperanza para este sector que sobrevive también gracias a las subvenciones institucionales.

Bajo la sombra del pino

Detrás de un discurso ambientalista, paisajista e incluso conservacionista se esconde la industria forestal, especialmente en Bizkaia y Gipuzkoa. De las aproximadamente 240.000 hectáreas de bosque de estos dos herrialdes, 160.000 serían de plantaciones con destino a la industria forestal: madera, serrín, papel, pasta para aglomerado… Prácticamente son dos las especies utilizadas, Pino radiata y Eucalipto; ambas, especies exóticas, de rápido crecimiento y rápido empobrecimiento del suelo. Por ello mismo, una plantación de eucalipto necesita ser abonada varias veces en sus 12 años de vida.

El único método utilizado para estos tratamientos es la «matarrasa», que viene a ser la eliminación de todos los componentes vegetales que tienen raíz en la tierra, de forma totalmente mecanizada. De esta manera se incrementa la erosión del suelo, la eliminación total de flora y fauna y los cambios en los sistemas hidrológicos. Debido a la competencia barata de la madera de países del tercer mundo, este sector tan importante para la supervivencia del «nuevo mundo rural vasco» esta siendo fuertemente subvencionado por las instituciones, especialmente por las diputaciones y necesita de mano de obra cada vez más precaria. Cuestión indispensable para competir en un mercado internacional marcado por la destrucción de los bosques tropicales, el expolio a los pueblos indígenas y la explotación de millones de trabajadores.

Como lavado de cara para esta industria surgieron, a iniciativa empresarial y de ONGs ambientalistas, los sistemas de certificación de sostenibilidad (FSC y PEFC). El objetivo era incorporar la industria forestal a la moda del etiquetado verde, a condición de que cada empresa o plantación cumpliera con unos criterios que el lobby maderero decide. Así, mientras una empresa alardea de cumplir con estos objetivos de sostenibilidad (medioambientales y sociales) en Europa, en cualquier punto del planeta podrá estar cometiendo verdaderas atrocidades sin coste económico o moral ninguno.

De cualquier manera, calificar como sostenible el modelo forestal que atesta las montañas vascas es decir mucho. A las afecciones anteriormente mencionadas podríamos añadir la desecación de manantiales y la segregación de componentes tóxicos por el uso del eucalipto, la acidificación del suelo causada por las plantaciones de pino o el uso indiscriminado de fumigaciones aéreas para combatir plagas como la procesionaria, entre otras. Las miras empresariales parecen estar puestas en la utilización futura de la madera de los bosques vascos en la producción de bio-energía, a través de su quema industrial.

 El mismo denominador común en cada monte y valle, la transformación total del ecosistema y de los usos populares para alimentar el hambre de producción de la industria, del consumo urbano de energía y de los derivados de la madera. La privatización de los montes y su abandono, al no resultar rentables puede suponer también un fuerte riesgo de incendios forestales e imposibilita a la población obtener un uso de estos montes, como ha sucedido en el valle del Roncal.
 
La implantación de este voraz modelo forestal no se puede disociar de la propia actividad del baserritarra, quien obtiene importantes beneficios extra por su gestión. Sin embargo, mientras determinadas prácticas forestales provienen de conocimientos acumulados durante miles de años, estos cultivos industriales representan el icono por excelencia del ansia de beneficio rápido, que ha calado ampliamente en el medio rural.

Desarrollo rural, ocio y especulación

Si comentábamos que los transgénicos eran un virus aparecido recientemente en los campos agrícolas, podríamos decir que el ocio-turismo rural es la patología crónica encargada de destruir la estructura social y física de estos espacios. El ritmo desenfrenado de vida en la ciudad (estrés, ansiedad, depresiones…) convierte a las zonas rurales-naturales en los remansos de fin de semana para la parte de la población urbana agraciada con una segunda residencia. Esta enfermedad del suelo rural, que tiene como secuelas crónicas la conversión de la tierra en asfalto y hormigón, se ha extendido a todo el territorio (litoral, montaña, llanura). Ejemplos sobrecogedores como los casos de Andramari en Getxo, Bakio, Ablitas, Pirineo navarro, Iparralde, Zarautz, Rioja alavesa, Altza-Pasaia… pueden ser estudiados con el mismo prisma con  que se analiza la especulación urbanística en las ciudades.

Macro-urbanizaciones, reconversión del caserío en chalet, hoteles, puertos deportivos, estaciones de esquí, campos de golf con su club social… vienen a sustituir los antiguos usos primarios del suelo por la implantación de un sector de servicios que gestiona la muerte del mundo rural o natural. Así la población rural se hace dependiente de los «nuevos trabajos» (hostelería, jardinería, asistencia social…), fomentando la desaparición de los saberes tradicionales, depositados en el conocimiento del medio y su aprovechamiento, sin poner en peligro el equilibrio de la vida sobre el planeta. Las necesidades de ocio de la clase urbana no conocen límites, como deja a las claras el incremento imparable de proyectos de campos de golf, todos ellos con sus urbanizaciones de lujo, especialmente en la ribera Navarra y Rioja alavesa, zona con importantes carencias de agua. Por otra parte, las políticas de desarrollo rural no sirven sino para fortalecer este modelo imparable de destrucción.

Así, por ejemplo, estos planes vienen marcados por actuaciones como desarrollo de equipamientos y servicios. El último programa de desarrollo rural del gobierno de Lakua (2008-2013) ya no está dirigido a frenar el despoblamiento rural, sino que su prioridad será catapultar el turismo rural. Según esta concepción institucional del desarrollo, el acceso a internet es el mejor ejemplo de la mejora de la calidad de vida en el mundo rural.

En este sentido, los pequeños reductos donde se mantienen los espacios más o menos naturalizados son trasformados en zonas de reserva (biotopos, parques naturales…) convirtiéndose en espacios de disgregación de un turismo «verde» procedente de las ciudades. Entendemos que lo que se produce es un efecto de mercantilización de la naturaleza en el que las instituciones se apropian de estos espacios (legislando, controlando a través del uso público de los espacios naturales) limitando el uso a la población local, que en gran parte es la que lo ha mantenido naturalizado hasta entonces.

¿Estamos sembrando oposición?

Estamos asistiendo en los últimos años a un suave, pero continuado aumento de la conflictividad en defensa de la tierra o del territorio, muy especialmente en el ámbito que conocemos como rural (ámbitos físico y social). Este fenómeno se aprecia por el surgimiento de numerosas plataformas y grupos a nivel local de oposición a nuevas amenazas que el capital proyecta para su continuo crecimiento. Contra infraestructuras como superpuertos, parques eólicos, canteras, incineradoras, centrales de ciclo combinado,… y contra lo que ha venido en llamarse el «urbanismo desaforado».

Si bien estos conflictos sirven en la mayoría de los casos para canalizar cierta crítica al sistema, se observa una falta de motivación en aunar todas ellas en una verdadera crítica al modelo social y económico. En primer lugar porque estos discursos se tejen como un alegato ciudadanista o sectorial (derecho a decidir del pueblo, argumentos de afecciones a la salud, ambientalistas…) que difícilmente se amplían a una crítica más global que pudiera entrelazar y coordinar el conjunto de nocividades que nos llevaría a un estadio de análisis y lucha más frontal. En muchos casos la raíz del problema es la propia estructura de estas plataformas, en las que prima el discurso de dirigentes al debate de las bases (en el caso de que las haya), primer escenario para una posible negociación con las instituciones

Como excepción positiva se antoja obligatorio señalar el caso de Bakio, donde la Gazte Asanblada convocó en mayo de 2007 una manifestación, cuyo manifiesto final entrelazaba claramente el ejemplo urbanístico de su pueblo junto con la aparición de nuevos proyecto eólicos, el pantano de Itoitz o el TAV. Un discurso que, por lo frontal, negaba las propias condiciones de acercamiento a la lógica ciudadanista de diálogo en defensa de lo local.
En su momento, aprovechándose de estas dinámicas, surgió en Euskal Herria una plataforma (Asamblea de Pueblos Afectados por el Urbanismo Salvaje y la Especulación) apadrinada por el grupo ecologista Eguzki, cuyas intenciones, viendo los resultados, parecen ser más las de no perder la apariencia en la defensa del territorio, que realmente crear en los pueblos un verdadero sentimiento y discursos antidesarrollistas que impulsen una coordinación real que sirva para agitar aún más estas luchas.

Centrándonos en la defensa de lo rural y tras experiencias positivas de grupos como Akuilu (agrupación de jóvenes agricultores), nos encontramos con que el discurso más radical en defensa de la tierra ha quedado en manos del sindicato agrario EHNE. Su discurso contra la agricultura intensiva e industrial, contra los procesos especulativos que artificializan cada vez más superficie de tierra fértil o contra los transgénicos, está limitado por el propio ámbito de actuación del sindicato: la defensa de los intereses de sus propios afiliados. Esto impide una crítica en profundidad del modelo de vida rural, como hemos ilustrado antes en el caso de las plantaciones de pino. La canalización de sus luchas bajo los parámetros legalistas: alegaciones, subvenciones, declaración de zona libre de trangénicos, y las propias alianzas (UAGA, COAG, Red por un tren social…) sirven de freno para progresar en ese debate.

Otras experiencias que no pueden obviarse serían los pueblos okupados (Nafarroako herri okupatuak, Galdames,…) que significarían un avance cualitativo en estos discursos por la aplicación de formas de organización antiautoritarias y asamblearias. Quizás los límites de estos espacios para ampliar sus discursos y sus prácticas residan en su aislamiento geográfico y en los propios problemas de convivencia que ralentizan las dinámicas de estos grupos. Sin embargo, sus implicaciones en luchas como contra el pantano de Itoitz, dan constancia de la compatibilidad entre autoorganización y defensa de la tierra.

Otros fenómenos como las Ekoaldeas o la Permacultura, con poca implantación, son fenómenos que pueden ser fácilmente asimilables por el sistema a través de modelos de ocio como el agroturismo o eco-turismo, que impiden el logro de la autosuficiencia, además de crear fórmulas de dependencia.

Las redes que se están creando en muchos pueblos y ciudades en torno a los grupos de consumo responsable son un indicador de que algo está cambiando en defensa de un modelo de producción y consumo local, que sirva de freno al gran movimiento de mercancías y a la especulación de los intermediarios de alimentos. Mientras en los pueblos estas redes de intercambio son impulsadas por los propios agricultores, surgiendo prácticas de apoyo, colaboración, etc., los grupos de consumo urbanos tendrían unos límites marcados por el mismo hecho del aislamiento que produce la ciudad, la falta de comunicación con los agricultores y el desconocimiento de sus realidades, además de la necesidad de intermediarios que en muchos casos se convierten en grandes empresas de distribución ecológica.

A ello hay que añadir la problemática creación como eje vertebrador del rol de «consumidor» y la diferencia de intereses personales entre los integrantes de estos grupos, que van desde la mera apetencia (en función de la capacidad económica) de acceso a un consumo «sano y de alto standing»  a la necesidad de politización y problematización de la cuestión en términos colectivos. Surgen de esta forma dinámicas en estos grupos que, a priori comparten discursos anticapitalistas, que impiden avanzar en el cumplimiento de objetivos más políticos, limitándose a un mero acercamiento a favor del consumo ecológico, lo que niega su implicación en mayor grado en las luchas contra el sistema y en coordinar los mecanismos de solidaridad campo-ciudad basados en el apoyo mutuo, el respeto y conocimiento.

De esta forma parece lejana la vertebración de un verdadero movimiento agroecológico si este se estanca en modelar ciertos ámbitos de consumo. De la misma manera, si las pequeñas luchas locales contra el desarrollismo encuentran los medios de canalizarse en un discurso más vertebrado, y a la vez autónomo que sirva de nexo, estaríamos más cerca de proporcionar un buen golpe al sistema, por ejemplo parando el TAV. Por otro lado es trabajo de todos el rescatar las prácticas agrarias de las manos de las empresas agroindustriales y de sus gestores y máximos mecenas, las instituciones.

Asamblea contra el TAV*
(Texto de debate para la quincena antidesarrollista: 10-23 de diciembre de 2007)

* Tren de Alta Velocidad http://es.wikipedia.org/wiki/Tren_de_alta_velocidad

fuente: www.nodo50.org/ekintza

Del Congo para el mundo

Son dos, los pulmones que tenemos son dos. El planeta que habitamos también tiene dos pulmones, uno: el Amazonas, otro: la selva del Congo. Cada día, el consumismo que alimenta el sistema capitalista que vivimos, cada día, ese consumismo va destruyendo los pulmones del planeta.

Por Andrés López
andreslopez@indymedia.org
Diciembre de 2008

En Brasil, en Bolivia, en Colombia, en Venezuela, el sistema de producción capitalista destruye la selva del amazonas, impone a la tierra un cultivo transgénico, viola la naturaleza y con químicos venenosos la va matando de a poco. No importa, para el sistema no importa, lo que importa es la ganancia económica, el negocio perfecto, la acumulación de propiedad privada y de ese papel que todo lo hace posible. No importa cómo llegó ese papel pintado a esas manos.

El pulmón africano del Congo sufre lo mismo que el Amazonas. Su pronostico es reservado, por no decir gravísimo. El capitalismo ha hecho estragos en la selva y en todos sus habitantes.

Gracias a esos pulmones, el de América y el de Africa, gracias a ellos es que nuestros dos pulmones funcionan y estamos vivos. Nos necesitamos mutuamente, nosotros, entre otros factores, le brindamos cuando exhalamos dióxido de carbono, que ellos, los pulmones del mundo, necesitan, y ellos a su vez nos dan oxígeno, ellos, los pulmones del mundo junto a algunas pequeñas sucursales.(1)

Dentro y alrededor de la selva del Congo habitan la mayor parte de las personas y personitas. Mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes y casi ningún anciano o anciana viven una violencia continua. No pueden confiar en ninguna persona armada, sea esta del ejercito nacional, sea de los numerosos grupos paramilitares llamados “rebeldes” como tampoco pueden confiar de los supuestos garantes de paz que portan casco azul y llevan la sigla de las Naciones Unidas. Ninguno está para defenderlos de los otros.

Una inmensa cantidad de personas huyen de la violencia, casi todos están desnutridos.

Dos pulmones, tenemos dos pulmones

Los celulares producen cáncer. Los celulares además de producirnos cancer a quienes los usamos son parte importante de la agonía del Congo. Varios grupos armados en el Congo controlan las zonas de explotación minera. Unos de los minerales que hay en los suelos del Congo es el Coltán, que es lo que se usa en la fabricación de los celulares, especialmente en las baterias, que hacen que duren mucho tiempo.

Del Congo para el resto del mundo

En la hoy llamada Republica Democrática del Congo no hay clase media, están los desnutridos que son el 70 % de la población, los mal nutridos en situación de extrema pobreza, otro 15%, y luego otros porcentajes más dentro de 60 millones de habitantes aproximadamente. En el Congo, cada día, hoy, mueren 2 mil personas asesinadas por el saqueo más indiscreto, un genocidio diario que diariamente es ignorado porque es silenciado y tergiversado por los silenciadores y tergiversadores que controlan los medios de comunicación.

Del Congo los portugueses tomaron esclavos que llevaron a Brasil y otras partes del mundo. El río Congo era la principal ruta de tráfico de personas a partir del año 1490.

Del Congo se extrajo el uranio que activó las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki por Estados Unidos días después de que los japoneses se rindieran.

Antes de la llegada de los primeros europeos la región del Congo era conocida como base del mítico “reino del Congo” con extensas rutas comerciales y producción de hierro y cobre. Entre las comunidades indígenas acentadas en la zona estaban los bakongo, los pigmeos, los bantú, los bateke y los likuba.

Luego que portugueses e ingleses tomaran la vida de millones de personas para esclavizarlas en América y Europa, fue por el año 1874 (cuando ya comenzaban las ideas antiesclavistas) que el periodista ingles Henry Morton Stanley radicado en Estados Unidos, comenzó una exploración por el interior del Congo. Fue enviado por Leopoldo II, rey de Bélgica, con la misión de evaluar los recursos naturales que allí se encontraban.

Para 1885 el Congo era considerado por las naciones europeas como un “estado independiente bajo la soberanía particular de Leopoldo II”, todo el Congo, de hecho, era considerado propiedad privada de Leopoldo II, quien se dedicó a comerciar con marfil (con la correspondiente matanza de elefantes) y con caucho (con la correspondiente explotación de la población). También llegaron los curas de la iglesia católica apostólica romana para evangelizar a las personas e incrustarles en el cerebro que había un Dios muy bueno que solía enojarse muy mucho y que todo sufrimiento en vida era compensado por el paraíso al morir.

Para 1898 en el Congo habían líneas de ferrocarril y carreteras construidas para el transporte de los productos saqueados, desalojando a población indígena que sufrió además la pérdida de las regiones en las que acostumbraba cultivar, viéndose obligados a dedicarse a la caza y la recolección para poder alimentarse.

George Washington Williams denunció todas las atrocidades que investigó se estaban realizando en el Congo, investigación que fue atacada vilmente por los acusados e ignorada por la inmensa mayoría del resto del “mundo civilizado”. Millones de indígenas fueron asesinados y mutilados por un ejército privado (la Force Publique) bajo las órdenes de Leopoldo II, quien murió en 1909 sin jamás haber pisado suelo africano, era cuñado de la reina de Inglaterra.

En 1908 Bélgica tomo para sí el Congo y lo llamó Congo Belga, ya no era propiedad privada de Leopoldo II, aunque éste siguió con los negocios de marfil y caucho. Es decir, el rey Belga ofreció su propia colonia esclavizada a Bélgica. Desde que el Congo fue Congo Belga, el saqueo de minerales (cobre, oro y estaño) fue para las arcas de Bélgica sin que falte la correspondiente brutalidad. La Force Publique continuó funcionando y azotando con el chicote. Todo lo que ha sido y es hoy Bélgica, toda esa ostentación capitalista ( de hecho, en Bélgica comenzó la llamada revolución industrial ), todos esos palacios, toda esa imagen de “mejor pais europeo” ( de hecho Bélgica fue promotora de la Unión Europea) toda esa riqueza ( ubicada principalmente al norte del territorio) es el resultado del robo y asesinato en el Congo.

Toda esta etapa de la historia del Congo, cuando era llamado Congo Belga, es particularmente muy importante para entender el desarrollo de los acontecimientos posteriores. Bélgica se dedicó a robar implantando campos militarizados de trabajos forzados. “Divide y reinarás” dice el dicho, y eso fue lo que hizo Bélgica, incentivando la rivalidad entre las etnias, al punto de privilegiar unas sobre otras.

La iglesia católica participó activamente en el mecanismo esclavista, de sus colonias infantiles salían miembros del Force Publique que siguieron asesinando y azotando con chicote.

Pasaron las llamadas “primera” y “segunda” guerras mundiales. Bélgica ya no sólo saqueó oro, cobre y estaño, también comenzó a robar diamantes y uranio (qué vendió sistemáticamente a Estados Unidos, quien lo usó en la fabricación de bombas nucleares, miles, que fueron activadas en diferentes partes del planeta), además, Bélgica sustrajo madera, aceite de palma y cobalto (mineral indispensable para la elaboración de un producto importante en el negocio de las armas: los misiles). Los minerales preciosos para la producción de armamento militar estaban y están en el Congo.

Luego de la segunda guerra mundial, comienzan a funcionar las entidades de poder económico político y militar que desde entonces utilizan las corporaciones multinacionales que digitan el desarrollo del mercado capitalista en el mundo: FMI (Fondo Monetario Internacional), BM (Banco Mundial), ONU (Organización de las Naciones Unidas), OMS (Organización Mundial de la Salud), FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación ).

En 1960 Bélgica otorga falsamente la independencia al Congo y se realizan las primeras elecciones legislativas. Gana Patricio Lumumba, quien durante la campaña se había declarado socialista. Lumumba ya había sido encarcelado en 1955 por organizar el sindicato de trabajadores del correo, para 1958 había conformado un partido político (el Movimiento Nacional Congoleño) y tenía un extenso apoyo en la población por su lucha por la independencia (de hecho en diciembre de ese año su enérgico discurso por la independencia fue aclamado por una multitud en Leopoldville -hoy Kinshasa, capital del Congo, ciudad donde la desocupación supera el 70%-).

Lumumba, acusado por sedición junto a varios compañeros, fue encarcelado luego de ese discurso público. La lucha y movilización popular logró liberarlo recién en enero de 1960. El 23 de junio, los electos Joseph Kasavubu y Lumumba (rivales ideológicos) asumen en los cargos de presidente y primer ministro respectivamente. El 30 de Junio se realiza el acto de independencia, al que asiste el rey belga Beduino I. El ridículo monarca belga emitió un discurso, donde llegó a decir que “La independencia del Congo constituye la culminación de la obra concebida por la inteligencia del rey Leopoldo II”. Lumumba, que estaba presente, tomó el micrófono asqueado y dijo sobre la independencia: “ningún congoleño digno de este nombre podrá olvidar nunca que ha sido conquistada mediante la lucha, una lucha de todos los días, una lucha ardorosa e idealista, una lucha en la que no hemos escatimado ni nuestras fuerzas ni nuestras privaciones ni nuestros sufrimientos ni nuestra sangre. (…) Nos han obligado a trabajar como esclavos por salarios que ni siquiera nos permiten comer lo suficiente para ahuyentar el hambre, o vestirnos, o encontrar vivienda, o criar a nuestros hijos como los seres queridos que son. Hemos sufrido ironías, insultos y golpes día tras día sólo porque somos negros”

Tanto militares como policías, siguieron, luego de declarada la independencia, siendo dirigidas por belgas. Los gobiernos de Bélgica, Estados Unidos y Francia operan para perpetuar el saqueo de minerales. Primero fomentan a tan sólo 5 días de declarada la independencia, sublevaciones militares, luego ponen en práctica dos secesiones, la primera la ubican en la zona donde ya venían explotando minerales, Katanga (hoy Shaba), allí, proporcionan logística a Moise Tshombe quien declaró la independencia de la provincia el 11 de Julio. Por otro lado Alberto Kalonji Ditunga, se autoproclamó rey Alberto I de Kassai, zona de extracción de diamantes.

(El reinado y los capitalistas belgas, apoyados por la CIA, utilizan un método que luego sería copiado por gobiernos y capitalistas de los países saqueadores en la actualidad, de hecho, las maniobras de inteligencia y conspiración que hoy atentan contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, Guatemala, y otros paises indolatinoamericanos, llevadas adelante por la CIA y fascistas capitalistas son las que lograron destruir el intento de soberanía del pueblo del Congo.)

Sin fuerzas propias Lumumba buscó ayuda en la ONU, que mandó soldados pero para ayudar a las corporaciones extranjeras, buscó ayuda en la Unión Sovietica, que no respondió más que con el envío de algunos asesores. Bélgica mientras tanto seguía enviando tropas para apoyar a Tshombe.

Para Septiembre (seguimos en 1960), el presidente destituye al primer ministro Lumumba, quien se niega a abandonar su cargo y destituye a su vez a Kasavubu. Nueve días después, el 14 de Septiembre, el militar congoleño, Joseph Mobutu, se apoderó del gobierno mediante un golpe de estado y ordena el arresto domiciliario de Lumumba. Mobutu “devuelve” el gobierno a Kasavubu casi dos meses después y se autoproclama jefe máximo del ejército. Lumumba se escapa e intenta llegar a Stanleyville (hoy Kisangani).

Frank Carlucci, agente de la CIA está en el Congo para ubicar y engañar a Patricio Lumumba, quien es arrestado en diciembre de 1960. Luego de torturado es asesinado el 17 de enero de 1961, tenía 35 años. La orden fue dada directamente por Dwight Eisenhower tres días antes de pasar la presidencia de los Estados Unidos a John Fitzgerald Kennedy.

Cuando la noticia del asesinato de Lumumba recorrió el mundo el repudio se generalizó, en Egipto una protesta de estudiantes saqueó la embajada de Bélgica.

Recién en el 2002 el gobierno belga reconoció públicamente la responsabilidad que tuvo Bélgica en el asesinato de Lumumba: “A la luz de los criterios aplicados hoy, algunos miembros del gobierno de entonces y algunos representantes belgas de la época tienen una parte irrefutable de responsabilidad en los acontecimientos que condujeron a la muerte de Patrice Lumumba. El gobierno estima por tanto que debe presentar a la familia de Patrice Lumumba y al pueblo congoleño su profundo y sincero pesar y sus excusas por el dolor que les ha sido infligido por tal apatía y fría neutralidad.”

Las revueltas se generalizaron en el Congo, la guerra civil estallaba en todos los rincones del país. En un lapso de cuatro años hubo muchos intentos de resistencia. En 1964 Pierre Mulele, dirigente lumumbista, encabezó una rebelión campesina que por un tiempo controló el este del pais.

Mobutu, ahora teniente general, apoyado por la CIA, derrocó mediante un Golpe de Estado a Kasavubu en 1965. Fue establecido un sistema político de un solo partido y Mobutu se autoproclamó Jefe de Estado. Kasavubu fue senador vitalicio.

En eso llega el Che. Guevara y otros 100 cubanos se encuentran con una realidad muy distinta a la esperada. Fueron a sumarse y encontraron división, fueron a prestar solidaridad internacionalista y recibieron sólo un par de visitas en 7 meses de Laurent Desiree Kabila, el supuesto jefe de la resistencia, quien tiempo después sería gobernador del Congo. Con el Che se fueron algunos cubanos, mas otros se quedaron y participaron en resistencias de otros paises africanos.

Mobutu estará 32 años sometiendo a la población en una violenta dictadura y llenando sus cuentas bancarias con millones de dólares (de hecho llegó a cinco mil millones). Los billetes llevaban su imagen, las escuelas su nombre, y casi todo fue renombrado, hasta él mismo, que pasó a llamarse Mobutu Sese Seko. En 1971 renombra al país que pasa a conocerse como Zaire.

En 1976, en el Congo aparece por primera vez en el mundo el virus del ébola.

Es reiterativo el uso de la palabra masacre para describir las partes de la historia del Congo. No deja de sorprender, durante una lectura detallada, el nivel de desprecio total y absoluto que pueden tener quienes podríamos catalogar como humanos hacia otros seres humanos. Bombas, armas y más balas … y más bombas, se acelera la fabricación militar durante la guerra fría. Y cuando ésta guerra fría se enfría, Mobutu ya no sirve en su Congo, los imperialistas tienen nuevos planes. Conspiran los gobiernos de Estados Unidos y Bélgica, los empresarios multinacionales terminan de entender al mundo como pueblo con países que sirven como graneros, países que sirven como depositos, otros que sirven como basurales, y así y así, y donde hay minerales, en esos países, los empresarios multinacionales quieren su porción de tierra.

Los empresarios multinacionales tienen como principal objetivo externalizar los costos. Riqueza sin costos es más riqueza, mayor capital mayor poder.

El Congo es un lugar estratégico para los empresarios multinacionales, allí está casi todo, por no decir todo, el Congo es el país más rico del mundo si comparamos sus recursos naturales, tan sólo sus recursos hídricos pueden abastecer de energía eléctrica a una enorme porción del continente africano.

En 1994, en Ruanda, estalla un sentimiento de odio étnico que exacerva la locura al punto tal que desde las radios incitan a matar a los tutsis, millones de refugiados se desplazan de un territorio a otro, sobre todo buscan salvar sus vidas en el Congo, el 75 % de la población tutsi fue masacrada, también fueron asesinados muchos twas (los pigmeos). Si la historia venía repleta de violencia por esta zona, por estos tiempos la epidemia mayor, la del odio, intoxica el ser de muchos y crece la estadistica de enfermos. La Masacre de Ruanda estuvo planificada, de hecho es una parte de un plan que todavía está en marcha.

En Ruanda, comienza, además, un plan sistemático de eliminación étnica. Las niñas y mujeres de las etnias que las corporaciones estan aniquilando son violadas reiteradas veces y luego los atacantes les destrozan el aparato genital y otros órganos con elementos hirientes y cortantes. La mayoría de las víctimas son atacadas mientras trabajan en la tierra sus cultivos.

Está demostrado que el Banco Mundial financió la masacre, (también el Gobierno de Gran Bretaña concedió grandes préstamos a Ruanda (antes y durante la guerra), sobran evidencias de la red de relaciones políticas y comerciales que involcucran a siniestras personas. François Mitterrand, por entonces presidente de Francia, zarpado genocida, Jean-Luc Dehaene, primer ministro por entonces de Bélgica, actual presidente del consejo de administración del banco Dexia, reverendo hijo de yuta, (este banco Dexia, de accionistas belgas y franceses, recientemente fue uno de los rescatados de la crisis financiera) … y la lista sigue y sigue, son muchas las personas implicadas en sangre y destrucción, todas tienen nombre y apellido, no es muy difícil hurgar en la información que hay tan sólo en internet, ni hablar de publicaciones gráficas, y si salis a hacer entrevistas mejores resultados tendrás. La verdad está detrás de ese espejo transparente.

¿Qué hizo Nobutu con los refugiados cuando llegaron al Congo, a su Zaire? Los hechó y los masacró en terribles cacerías humanas, algunas personas sobrevivieron.

“Muchos, muchos procesos de Nuremberg podrían llevarse a cabo contra las lumbreras europeas y estadounidenses culpables de crímenes contra la humanidad en África Central, cuando todavía su política racista y corporativa insiste en que el ‘salvajismo’ africano es el culpable del genocidio actual.” dice Keith Harmon Snow con total sabiduría.

1995, los capitalistas crean la OMC (Organización Mundial del Comercio). William J. Clinton entiende bien de organización mundial del comercio, ordena y opera para 1996 la masacre de Uganda (*) y la incentivación de la guerra en el Congo para disputar una porción grande del saqueo de los recursos del Congo y de la correspondiente masacre de la población del Congo. Sacerdotes católicos participaron activamente de la masacre, mientras el Comité Internacional de Rescate -CIR- (International Rescue Comitee) comenzó a operar como un instrumento ideal de la guerra psicológica.

En 1996, Paul Kagame (actual gobernador de Ruanda y Yoweri Museveni, (presidente de Uganda desde 1986) con la ayuda del Pentágono, del servicio de inteligencia y militar de Bélgica y EE.UU., y con tecnología militar israelita, lanzaron operaciones militares que primero sacaron del gobierno del Congo al dictador que ya no servía (porque entre otras cosas previlegiaba a los capitales franceses), Mobutu Sese Seko, poniendo a Laurent Kabila (del que el Che tanto se quejaba y desconfiaba) y luego continuaron hasta ahora y siguen aterrorizando y asesinando a la población para controlar las zonas de explotación minera. (Observación: Un enorme porcentaje del material bélico que militares israelies (famososo por poseer armas de última generación) arrojan con precisión milimétrica sobre la población palestina, es producido con minerales extraidos violentamente del Congo.

No pasó 1997 sin que el nuevo gobernante del Congo renombrara al país como Republica Democratica del Congo y favoreciera a más no poder a Barrick Gold Corporation, a American Mineral Fields y a Anglo-American Corporation (propiedad de la familia Oppenheimer, socios de la canadiense Barrick Gold.).

En el Congo no hay una guerra civil, no hay en estos momentos una guerra civil. No hay grupos rebeldes que luchan por reivindicaciones de nada, hay grupos paramilitares con nombres rebeldes que operan para las multinacionales, grupos que son asistidos, entrenados, apoyados logísticamente por ejercitos militares privados, por el ejército y el centro de inteligencia estadounidense, por el ejército y equipamiento militar israelí, y por supuesto, el ejército belga que nunca se fue. Todos estos grupos armados que supuestamente son mantenidos en línea por las fuerzas armadas de las Naciones Unidas, los cascos y túnicas azules, con militares pakistaníes, uruguayos, etc., los nombro más abajo.

Todos los días el coltan saqueado con total violencia es transportado por aviones hasta llegar a las manos de Bayer (el de “si es bayer es bueno” (2)) que procesa el mineral para venderlo a Sony o Motorola, por ejemplo, quienes invierten grandes cantidades de dinero en propagandas y campañas publicitarias que le indican al público que el consumo es la razón de vivir y que con ese nuevo modelo de celular será alguien encantadoramente distinto. Todos los días miles de celulares nuevos son fabricados y vendidos en el mundo, y computadoras portátiles y playstations y cámaras digitales. Todos los días el doctor Dennis Mukwebe opera a diez mujeres que tienen destruidos sus órganos reproductores por la violencia de quienes cuidan que empresas como Sony dispongan de materia prima barata. Hay días en que a un hospital especializado llegan 250 mujeres para ser operadas. Nicole Seligman, vicepresidenta ejecutiva y consejera general de la corporación Sony, sabe perfectamente de lo que estoy tratando en este texto, ella y otros colaboradores íntimos de la gestión Bill Clinton actualmente trabajan para Sony. Nicole Seligman, además fue defensora de Clinton durante el juicio por abuso sexual y asesoró y defendió a Oliver North, así que imaginate…

Los seres humanos tenemos un problema muy grave en el Congo, Africa es un continente muy pero muy maltratado. Los intereses capitalistas no tienen perdón de nadie, lo que están haciendo encima, es una parte de lo que pretenden hacer.

La situación es en extremo grave. Darfur, (si te fijás en el programa Google Earth, ese que tiene imágenes satelitales, hay que seleccionar en “Capas” la opción “concienciación global”… ) Sudan, fijate Darfur, acercate de a poco, verás que hay unas marcas que representan fuego, ese fuego es guerra y destrucción. En Darfur, en estos momentos, hay una masacre descomunal, un genocidio perpetrado por corporaciones multinacionales y ejecutado por políticos gobernantes por militares y asesinos de toda índole. Toda esa sangre es parte de la cuarta guerra mundial que estamos atravesando. Todas esas muertes, todas esas vejaciones ejecutadas contra la población, toda esa hambruna, son crímenes horrendos que realizan las corporaciones multinacionales. Las corporaciones multinacionales, todas, absolutamente todas, son un veneno para la humanidad.

Una guerra instalaron entre las hermanas Paraguay y Bolivia dos empresas petroleras que se disputaban un territorio. 1932-1935, 130 mil vidas costó la pelea entre empresas petroleras, la Estándar Oil (Chevron) y la Shell.

En Darfur hay mucho petróleo, en Darfur habitan unos seres absolutamente extraordinarios, los nubas, todavía quedan algunas personas pertenecientes a esta etnia, pero ignoro si han podido rescatar algo de su cultura ancestral.

Exterminio por petróleo, si investigás un poquito encontrarás mucha información sobre más de 30 años de exterminio de los nubas, personas como Antonio Cores han hecho campañas de difusión. Los medios corporativos nos pueden llegar a hacer creer que la población en Africa está siendo contenida en sus problemáticas por una vasta red de ONGs que dedican su vida a ayudar al prójimo. Nada está más lejos de la verdad. Casi todo el sistema de ayuda a refugiados, de entrega de alimentos, etc, está controlado por las corporaciones multinacionales, ni hablar de los cascos azules de la ONU, al igual que en Indolatinoamérica, los cascos azules asesinan civiles, y violan y roban, y ni hablar de la iglesia católica, participa activamente del genocidio, repugnan las palabras de ese que le dicen Papa.

Recientemente, Daniel Estulin, publicó un trabajo de investigación titulado “Los Señores de las Sombras”. Un extracto en internet dice: “En 1998, un Sudán azotado por la guerra y devastado por la sequía fue el objetivo de la Operación Supervivencia en Sudán (OSS). Este programa urgente y transfronterizo era una enorme operación «humanitaria» internacional de miles de millones de dólares que coordinaba a 35 importantes organizaciones de la ONU y de gobiernos exteriores (UNICEF, WFP, OMS, FAO, ACNUR, USAID), organismos no gubernamentales (OXFAM, CARE, CICR, World Vision) y organizaciones religiosas y donantes (…) Más que una gigantesca operación de ayuda, la OSS metió un pie en los extensos yacimientos sin explotar del sur de Sudán, y un sinfín de organismos de «ayuda» se pusieron a competir por un trozo del pastel de miles de millones de dólares anuales (…).”

Cientos de miles de personas han sido asesinadas en Darfur, millones desplazadas. Como en el Congo, una veintena de grupos armados asedian a la población. China viene explotando el petróleo desde 1999, luego que la companía norteamericana Chevron huyera de los ataques directos que recibía. Desde entonces, EE.UU. financia a varios grupos armados y a partir del 2003 comenzó una campaña mediática mundial para lograr, mediante una excusa humanitaria (de hecho se preocuparon mucho por usar el término “genocidio”), insertar a las tropas de la OTAN en el terreno, con el claro objetivo de pelearle los pozos petroleros a los chinos. Resumiendo, hoy por hoy, hay zonas a las que ni los médicos sin fronteras acceden, un desamparo total de muchísimas personas amenazadas por todos lados por hombres armados que suelen ser hasta caníbales, todo digitado y establecido por las empresas multinacionales. Una rapiña atroz en la que están involucrados los gobiernos de Estados Unidos y China, que luchan entre sí procurando ser discretos ante la masa mediática idiotizada. Los medios corporativos de difusión masiva, (y cuando decimos masiva en este mundo globalizado, decimos masiva) trabajan raudamente para ocultar y tergiversar los hechos cotidianos e históricos. Los medios masivos corporativos son cómplices irrefutables de ésta y tantas otras violencias contra la humanidad y el planeta. Darfur es una vena abierta con cada vez menos sangre.

La población del Congo está sufriendo una violencia atroz, pero puede ser peor, el Congo va por el terrible camino de Darfur.

Algo más sobre el Congo, estábamos en 1997 que ponen a Kabila a gobernar. Laurent Kabila es asesinado por su guardaespaldas en el 2001, desde entonces, y tras algunas otras tantas cosas bien turbias, su hijo, Joseph Kabila lleva el rótulo de presidente.

En Darfur, finalmente EEUU consiguió instalar tropas de la OTAN y continúa día a día el genocidio de étnias y culturas hermosas que van desapareciendo.

Coltán

A finales de la década de los 90’s comienza el negocio de la telefonía celular a acelerarce en todas partes del mundo. Al mismo tiempo mercenarios y empresarios, que son sinónimos, comienzan a controlar las minas del Coltan en el Congo.

La explotación de columbita-tantalita (coltán) del que se extrae tantalio y niobio, (metales escasos) es imprescindible para la fabricación de numerosos artefactos electrónicos. Estos metales son muy resistentes al calor y optimizan el consumo de electricidad.

Otras zonas del mundo donde se extrae el Coltán son: Australia, Brasil, Canada, China, Etiopia, Mozambique, Tailandia, Malasia y Egipto. En el Congo se encuentran los mayores yacimientos de Coltán, (entre el 65 y el 80 % según diversas fuentes)

La explotación de personas y de los yacimientos de coltán está dirigida en parte por industriales chinos e indios, también hay australianos, franceses, norteamericanos, belgas e ingleses. La mayoría de los mineros son niños y adolescentes.

Ruanda es uno de los mayores exportadores mundiales del preciado material, mientras que de su suelo no se extrae ni un gramo de Coltán.

Ruanda y Uganda están hoy exportando Coltán, lo roban del Congo y se lo llevan por aire y por tierra dentro de una estructura perfectamente organizada. Estos dos paises, Ruanda y Uganda, son mostrados como ejemplo dentro de Africa por el Banco Mundial y destripan palabras en obsenos informes que subrayan el éxito económico de estos países.

Un periodista, que firma con seudónimo, concluye en uno de sus textos que los celulares deberían llegar al consumidor con una nota que diga claramente: “¡Advertencia!: Este artificio se creó con materiales crudos del África central, minerales raros, no renovables, vendidos para consolidar una guerra sangrienta de ocupación que también ha causado la eliminación virtual de especies expuestas en peligro de extinción. Cuando usted compre un teléfono celular, sepa lo que está comprando. ¡Que tenga un buen día!”

Sobre los animales que están siendo exterminados: (info)

“El hecho de comprar coltán en el mercado ilegal o mercado negro beneficia a las empresas pues evaden así impuestos y aranceles.” afirma un artículo de Ernesto Tamara, y bien sabemos que las corporaciones tienen como principal objetivo externalizar los costos. Cuales son algunas de estas empresas que tanto se benefician y que no por casualidad son las que mayor inversión hacen en publicidad: Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi, IBM, Alcatel, Compaq, Motorola, HP, Samsung, Afrimex.

Afrimex, que se dedicó al comercio del coltán y de la casiterita (mineral del estaño) durante todo el tiempo que duró el conflicto en RDC (República Democrática del Congo) desde 1996, ha pagado impuestos al movimiento Reagrupación Congoleña por la Democracia-Goma (RCD-Goma), un grupo rebelde armado conocido por sus graves violaciones de los derechos humanos, responsable de masacres de civiles, de actos de tortura y de violencias sexuales.”

Algunos usos del Coltán (clasificado por el Pentágono como “materia prima estratégica”) son: microchips, baterías, circuitos y condensadores de ordenadores, teléfonos móviles, equipos electrónicos y videojuegos. También es usado en aleaciones para centrales nucleares, gaseoductos, satélites y misiles. Además se usaría en proyectos de supermodernos trenes de deslizamiento magnético (TAV, el famoso tren bala de origen francés).

Describe Mvemba Phezo Dizolele, periodista independiente que anduvo en el Congo en el 2006: “Cada mañana, un gran grupo de trabajadores forma fila frente a la puerta del establecimiento para pedir trabajo. Unos pocos son elegidos, y el resto es enviado de vuelta a casa. Ganan menos de un dólar al día, mientras que en el mercado internacional el coltan cuesta entre 8 y 18 dólares por libra”.

“En Mushangi, un camino peligroso lleva a las minas, en las que solo se ve a unos pocos adultos. La mayoría de los mineros son niños y adolescentes de diferentes edades, que trabajan en condiciones precarias. De sol a sol, trabajan en pozos abiertos con los instrumentos más primitivos y sin protección alguna contra las piedras que caen y los derrumbes de tierra. Andan a gatas por túneles oscuros que no cuentan con ningún soporte estructural”.

“Le preguntamos a Baruti, de 16 años, y a sus amigos si entienden adónde va el coltan de Mushangi. ‘Va a Bukavu’, responden. ‘¿Saben que el coltan se cotiza muy bien en Estados Unidos y Europa? Se precisa para las computadoras, los teléfonos móviles y los videojuegos’, les explico. ‘No’, responde Baruti.

‘¿Saben que la explotación del coltán estimula la guerra en el Congo?’, les pregunto. Baruti me mira a los ojos y responde: ‘Si lo supiéramos, no trabajaríamos aquí’ “

Los mal llamados “grupos rebeldes”

Hay una veintena de ellos, son grupos armados que con diferentes nombres, casi todos aparecidos durante la decada del 90, se dedican a aterrorizar a la población.

– Reagrupación Congoleña para la Democracia (RCD), cuenta con unos 40.000 soldados, que son apoyados por Ruanda. “Con la venta de diamantes -ha declarado el mismo Adolphe Onusumba, presidente de la RCD- ganábamos unos 200.000 dólares al mes. Con el coltan llegamos a ganar más de un millón de dólares al mes”.

– AFDL (Alianza de Fuerzas Democráticas por la Liberación del Congo-Zaire)

– Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC), es el ejército regular bajo el mando del presidente Joseph Kabila, cómo sucede históricamente no cobran salarios en forma regular, por lo que saquean continuamente a la población.

– Las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR), son los soldados hutus, partícipes del genocidio de 1994.

– Las Fuerzas Nacionales para la Liberación de Burundi (FNL), también hutus ubicados en Kivu Sur que atacan a los tutsis congoleños.

– El Consejo Nacional para la Defensa de los Pueblos (CNDP), ejército tutsi, ex Fuerzas Armadas congoleñas, comandados por el general Nkunda, respaladado por Ruanda, aliados de las Fuerzas Democráticas Aliadas de Uganda, quienes supuestamente pretenden derribar al gobierno de Uganda desde el Congo.

Otros grupos armados son:

– el Frente de Resistencia Patriótica de Ituri,
– el Movimiento Revolucionario del Congo,
– los Interhamwe
– los Mai-Mai, repleto de adolescentes, de hecho, el jefe militar tiene 18 años, (la prensa corporativa los acusa de saqueos a la población y violaciones)
– los Rastas, grupo hutu “con pretensiones místicas” (3).

Empresas involucradas en el saqueo y en el financiamiento de los grupos paramilitares:

Afrimex, Barrick Gold, Cabot Corp., Brown & Root (filial de Halliburton) y OM Group, de EEUU; HC Starck, de Alemania; Texaf, George Forrest International, Petrofina y Union Minière de Bélgica; y Nigncxia, de China. Además están: Ahmad Diamonf, As Diam, Sierra Grem Diamonds, Triple A Diamonds, Consolidated Eurocan Ventures, Lundin Group, Anglo American Company, American Diamond Buyers, Bayer AG, Barclays Bank, American Mineral Fields Inc (AMFI), De Beers, Anvil Mining (de capitalistas australianos); CITIBANK (CITIGROUP)

El cobre que extrajo ese esclavo fue utilizado para fabricar la bala que lo mató. No hay metáfora.

Henry Kissinger está vinculado a Freeport MacMoran (FCX), y FCX acapara todo el cobre y el cobalto encontrado en Katanga. Henry Kissinger, entre otras cosas, es uno de los directores de International Rescue Committee, (IRC), ¿podes creer tanta impunidad?

Moto Gold (opera en la región anegada en sangre de Ituri)

Empresas que fabrican Armas, Equipos e Infraestructuras usando material conseguido por el uso de las armas: Simax, Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel.

Tres mapas borrosos (ver en artículo original)

En el primer cuadro se puede observar que hay una mancha grande de color rojo sangre (entre fresca y seca) Este mapamundi lleva el título “Mapa del hambre”, fue confeccionado por la FAO y figura en su pagina de internet oficial. Esa gran mancha oscura en el centro de Africa es el Congo, una de las regiones del mundo con mayor población humana desnutrida.

El cuadro que sigue demarca la región del Congo, el color mostaza indica la región selvática, gran parte del segundo pulmón del planeta Tierra; el color crema muestra las zonas de cultivo o zonas agroindustriales, que cada día crecen sobretodo desde que se cultiva principalmente palma (agrocombustible, nombre real: necrocombustible)

El segundo pulmón del mundo

En el Congo está el segundo pulmón del mundo, luego del Amazonas. 40 millones de pobladores congoleños dependen vitalmente de la selva, grupos indígenas como los pigmeos, llevan su vida ancestral en los bosques. Pero no son sólo ellos, cada ser vivo de este planeta depende de esa hermosa selva para vivir.

“Esta situación no es sostenible para la gente que vive allí, para incalculables especies que pueden verse empujadas a la extinción ni para el clima. Revertir la deforestación es esencial tanto para asegurar el sustento de la población regional como para mantener la biodiversidad del bosque y su capacidad de almacenar carbono.” proclama Wangari Maathai

La deforestación ya arrasó con los bosques de Ituri, destruyendo el hábitat de la comunidad Mbuti y de animales como los gorilas, los okapis, elefantes y monos.

El Congo es el país más rico en recursos naturales del mundo. Se encuentran las mayores reservas de cobre, cobalto, diamantes.

Del Congo son las mayores exportaciones de cobalto.

En el Congo se encuentran los mayores yacimientos de diamante. También tiene mucho petróleo.

Satélites, plataformas orbitales y otras tecnologías que dan vuelta alrededor del mundo tienen en sus componentes cobalto tungsteno cobre y oro que ha sido extraido del subsuelo congoleño.

“En estrecho vínculo con el madereo industrial, también se proyecta usar zonas de bosques para establecer monocultivos de palma aceitera que alimenten el floreciente mercado de los agrocombustibles para los automóviles estadounidenses y europeos así como para la insaciable demanda china de aceite de palma.” Sostiene un boletín de wrm.org.uy falta mencionar a Bill Gates.

Masacran a la población además destruyendo su salud

En el Congo hay 3 mil trabajadores de Médicos Sin Fronteras, atendiendo casos de cólera y sarampión, conteniendo epidemias de meningitis. Hay muchísimas personas afectadas con VIH, otras muchas padecen la tripanosomiasis humana africana (THA) o enfermedad del sueño.

En las provincias de Kivu Norte y Kivi Sur, al este del país, la violencia no cesa, hay cotidiana y masiva violencia sexual. Las víctimas de violaciones suelen ser atacadas mientras trabajan en sus tierras o regresan de ellas.

En todo el Congo la inmensa mayoría de la población sufre desnutrición y malaria.

Los mercenarios capitalistas no tienen límites con el lucro

El desprecio por la otredad es la raíz de la violencia. Enajenados seres están asesinando dentro de una masacre cotidiana empujada su voluntad por un deseo de acumulación de poder que no tiene límite alguno.

“Lo que realmente se expande por el mundo es la muerte de este sistema inmundo sepan en el planeta sepan en el planeta” Las Manos de Filippi La resistencia crece en el mundo, mas no en el Congo. Algo tenemos que hacer.

Observaciones:

(*) Es terrible las múltiples noticias e informes sobre los países africanos lo contaminados y podridos que están con mentiras y terribles tergiversaciones. Es terrible y criminal.

El plan es terrible, ideado por alguien (ya conoceremos alguna vez su nombre y apellido), el objetivo: El control de los minerales del Congo. Pero el plan empieza con genocidios en Ruanda y Uganda. Parte del plan que llevaron y siguen llevando adelante las multinacionales saqueadoras implica disponer de gobernantes dictatoriales bien ambiciosos y absolutamente desalmados, parece un juego de mesa, pero hasta ahora tiene un éxito enorme.

(1) Originariamente, la selva del amazonas, por ejemplo, llegaba, casi sin interrupciones, hasta parte de Catamarca, Argentina. Podías ir desde Catamarca hasta la costa de Venezuela atravezando Selvas, Montes y Bosques, que están siendo destruidos a una velocidad inaudita.
(2) La filial de Bayer, Starck, es la productora del 50% del tantalio en polvo a nivel mundial.
(3) Ángel Expósito Mora – Director de ABC – “ABC” – Madrid – 18-Ago-2008

Notas al márgen:

– ¿Sabe Hugo Chavez de donde proviene el Coltan que utilizarán las fabricas de celulares recientemente anunciadas y que tiene como socios a los chinos?

“Primera fábrica de celulares producirá un millón de teléfonos al año”
“El embajador de China, Zhang Tuo, manifestó que su país quiere transferir su tecnología para que Venezuela se abastezca de celulares: “La telecomunicación al servicio del pueblo de Venezuela”. El mandatario nacional garantizó que pronto se colocarán estos celulares a bajo costo no sólo en Venezuela, sino en Centroamérica, Suramérica y el Caribe.”

– Más sobre el verdadero funcionamiento de las llamadas “fuerzas de paz”, de la ONU, no sólo violan a las mujeres como cualquier otro uniformado de la región, también facilitan armas y trafican con oro.

“Un reportaje de investigación de la cadena británica BBC acusó el lunes a los cascos azules de la Misión de la Organización en la República Democrática del Congo (MONUC) de proporcionar armas a los rebeldes y traficar con oro. Las fuerzas de paz implicadas provienen de India y Pakistán y las quejas por mala conducta datan ya del año pasado.”

– Trabajando para una empresa de transporte marítimo, Edmund Dene Morel, en 1898, descubrió que los barcos que llegaban al puerto de Amberes, en Bélgica, traían caucho y marfil y los que se iban de vuelta llevaban armas y municiones. Comenzó entonces a reunir testimonios y denunciar el genocidio llevado adelante en el Congo. Denunció los trabajos forzados, las torturas, mutilaciones y masacres, denunció los secuestros de mujeres y niños para obligar a los hombres a trabajar para el rey Leopoldo II.

Más información relacionada:

– Las compañías ‘high-tech’ financian el genocidio en el Congo www.rebelion.org/noticia.php?id=38128
www.dizolele.com/ (pagina del periodista independiente Mvemba Phezo Dizolele, en inglés)
www.allthingspass.com/ (pagina del investigador y fotógrafo independiente Keith Harmon Snow, en ingles con artículos en francés y español)
www.lindamelvern.com/ (en inglés) (Linda Melvern es periodista e investigadora, sus trabajos son estos momentos tratados en un juicio por la masacre de Ruanda)
– La muerte lenta de un paraíso / www.elmundo.es/elmundo/2008/08/24/castillayleon/1219598224.html
– ESPECIAL CONGO Un agujero del mundo / www.eitb24.com/noticia/es/B24_104099/internacional/ESPECIAL-CONGO-Un-agujero-del-mundo/

Fuentes:
– Boletín Nº 121 del WRM, agosto de 2007 www.wrm.org.uy/boletin/121/Congo_RD.html
www.elpaniol.blogspot.com/2008/08/el-coltan-del-congo-laboratorio.html
www.informador.com.mx/internacional/2008/37990/6/onu-preocupada-por-nuevos-combates-en-congo.htm
– “En Congo se está destruyendo la especie femenina”. Entrevista a la activista Christine Schuler Deschryver – Amy Goodman
– “La guerra que alimenta los celulares”, Ernesto Tamara, Liberación / Suecia – mayo 2007 www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=2273
www.radiocable.com/klaus-werner-denuncia-en-el-libro-negro-de-las-marcas-el-trafico-de-coltan.html
– Enciclopedia Salvat (1972) Salvat Editores, S.A. Barcelona
www.antorcha.org/galeria/lumum.htm
www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=8288
www.lindamelvern.com/
www.journal.heinz.cmu.edu/articles/congo_coltan_conflict/
www.rebelion.org/noticia.php?id=38128
www.rebelion.org/noticia.php?id=64117
www.inshuti.org/extracto.htm
www.rebelion.org/noticia.php?id=47448
www.afrol.com/es/especiales/13258

fuente: www.argentina.indymedia.org/news/2008/12/645536
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Escuelas contra la idiosincracia indígena

Penetración neocolonialista de la Escuela en el área indígena mejicana

Por Pedro García Olivo

Tradicionalismos revolucionarios

1) Partimos de una intuición teorética que nuestras experiencias de cooperación con organizaciones campesinas e indígenas del área centroamericana han corroborado plenamente: la existencia de “tradicionalismos revolucionarios”…
Andrei Tarkovsy hizo decir al protagonista de su película “El sacrificio” unas frases muy bellas en su aparente paradoja, que subrayan el circunstancial valor transformador del inmovilismo, la eventualidad de que también la tradición pueda revestirse de un potencial revolucionario:

“Sabes, algunas veces me digo a mí mismo que, si cada día, exactamente a la misma hora, realizara el mismo acto siempre, como un ritual, inmutable, sistemático, cada día a la misma hora, el mundo cambiaría. Sí, algo cambiaría, ¡a la fuerza!”

La Modernidad puede verse, de hecho Henri Lefebvre quiso verla así, como un “rodillo compresor”, un rodillo que oprime y aplasta la alteridad. Donde subsiste una peculiar especie de lo no-moderno, a un tiempo pre-moderna y anti-moderna, resistencia pos-moderna grávida de un futuro impensado, palpita también una forma de diferencia que el poder teme y persigue: no son “modernas”, por ejemplo, las Comunidades indígenas “en Usos y Costumbres” que persisten en varios estados de México; se apegan, de hecho, a unos valores y unas formas de organización “tradicionales” contra los que se dispone en nuestro tiempo el rodillo homogeneizador del Capitalismo tardío (1).

No es irrelevante que la “democracia directa”, bajo una versión no-occidental, y la “propiedad comunera” de la tierra, entendida de un modo que tampoco cabe en los idearios colectivistas o cooperativistas clásicos del utopismo europeo, ocupen un lugar muy destacado en los Usos que estos indígenas defienden con tanta tenacidad. No es irrelevante que el modelo de “transmisión cultural” sancionado allí por la costumbre, que podríamos denominar “la educación comunitaria”, en todas partes herida y en todas partes desfalleciente, nada tenga que ver con el consentido horror de nuestras Escuelas, con el crimen cotidiano de la Enseñanza Moderna.

2) A finales del período colonial se generaliza la “comunidad indígena” como forma peculiar de organización política y económica, resultado de una dura batalla campesina en un contexto histórico que, por otro lado, le garantizaba opciones de victoria; se forja así una estructura que, manteniéndose fiel a sí misma en lo sustancial, atravesará el espesor de los siglos y llegará hasta nuestros días como un “aspecto tradicional”, como una reificación del pasado, sobre todo como un inmovilismo estrictamente revolucionario.

La lucha contemporánea de las organizaciones indígenas que defienden, contra el neo-liberalismo hegemónico, la subsistencia de las “Comunidades en Usos y Costumbres”, el CIPO-RFM entre ellas (Comité Indígena y Popular de Oaxaca “Ricardo Flores Magón”, con quien tuvimos el privilegio de cooperar), recuerda, mantiene viva y reproduce en sus rasgos de fondo y en sus objetivos aquella otra lucha inicial de los “macehuales”, de las gentes “del común”, contra los poderes caciquiles y colonialistas (2).
Para que esta tradición de lucha desfallezca, la “revolución hecha gobierno”, como gusta de escribir Armando Bartra, las administraciones pos-revolucionarias del siglo XX, contarán con un aliado de excepción, con una herramienta idónea, con un expediente ‘universal’ de probada eficacia: la Escuela, dispuesta a resolver, como en cualquier parte y en todo tiempo, un “problema de orden público”. Sólo hizo falta una cosa, para redondear la estrategia: que el propio indígena la demandara, que pudiera aparecer como una aspiración popular, como un reclamo campesino…

La demanda “indígena” de escolarización: ¿un nuevo candor, medio milenio después?

3) Una literatura historiográfica simplificadora y experta en levantar cortinas de humo ante las atrocidades de los occidentales allende los mares habló de “candor” para señalar la actitud en ocasiones patéticamente bondadosa, crédula, bienpensante, de los indígenas americanos ante los españoles armados en los prolegómenos de la Conquista. Cabe dudar de ese cuadro; y habría que evaluar su cuota de verdad para cada caso concreto, en cada contexto específico. Consideramos, sin embargo, que sí se ha dado un segundo candor, un nuevo candor, una actitud peligrosamente acrítica, benevolente, idealizadora, en la relación de los indígenas con la Escuela, con el modo occidental de “administrar” (en el sentido fuerte, politológico, del término) la Educación. Candorosa está siendo también, en nuestra opinión, la actual práctica escolarizadora que promueve el zapatismo en sus territorios autónomos.

La demanda indígena de “escolarización” se fragua en la arena económica y es inseparable del proceso que convierte a la comunidad campesina en condición del desarrollo industrial nacional mejicano. Como “vivero” de mano de obra, la comunidad campesina relativamente autónoma, relativamente ‘autosuficiente’, proporciona a los sectores modernos de la economía fuerza de trabajo barata, pues el indígena obtiene “a su manera” los medios fundamentales de subsistencia (con el cuidado familiar de las parcelas que le surten de maíz, fríjol, chiles, calabaza,…). Cuando el campesino de la comunidad indígena se desplaza a la plantación, a la mina, a la factoría industrial, a la ciudad, en busca de un “complemento” para su economía personal, no será necesario retribuirle con un salario apto para cubrir toda su reproducción en tanto fuerza laboral –la lógica material de la comunidad libera al Capital de esa exigencia y permite sueldos literalmente irrisorios.

Esta increíble baratura de los bienes-trabajo de origen campesino, inconcebible sin el tradicional policultivo indígena de autoconsumo, se erige, así, en premisa de la acumulación de capital en los sectores sobreprotegidos de la economía mejicana: agricultura de exportación, empresas agro-industriales, enclave energético,…

Por otra parte, el variable excedente agrícola de las comunidades, de una fracción de ellas al menos, así como el monto de sus producciones circunstancialmente especializadas (café, azúcar, cacao, jitomate…), constituyen una fuente primordial de materias primas para determinados ramos industriales y de alimentos básicos para la hacinada población urbana; y, repercutiendo también en la índole de este aporte estratégico, la tradicional “economía de subsistencia” campesina, preservada por la comunidad y preservadora de los hombres de la comunidad, permite el mantenimiento de precios bajos para tales productos agrícolas, proporcionando especialmente maíz y fríjol ‘devaluados’ con que alimentar, a bajo costo, a las masas de trabajadores de la industria y de los servicios, que de este modo presionarán menos sobre el nivel de los salarios. El incremento de la tasa de ganancia capitalista proviene, pues, no sólo de la depreciación permanente de las materias primas, sino de la estabilidad asegurada en el coste de la reproducción de la mano de obra por la provisión de alimentos y artículos de primera necesidad indefectiblemente baratos –favoreciendo el descenso, la congelación o en todo caso el alza moderada de las remuneraciones.

De esta inserción inducida de la comunidad en el desarrollo económico de México arranca también la “demanda” campesina de instrucción y el interés gubernamental en la escolarización de la población rural. Los indígenas que salen a trabajar fuera de la comunidad, que venden sus productos a intermediarios ‘ciudadanos’, que se integran de un modo u otro en la economía estatal y federal, y por fuerza han de solicitar créditos, asesorías técnicas, insumos urbanos, etc., sienten como una necesidad acuciante el dominio de determinadas facultades y destrezas (la expresión oral y escrita en lengua castellana, la familiaridad con determinados aspectos contables y matemáticos elementales, el conocimiento somero de la historia y de la organización político-económica regional,…) a fin de defender cabalmente sus intereses, evitar fraudes, abusos y discriminaciones de todo tipo, desenvolverse mejor en un medio extraño y a menudo hostil. La Escuela aparece como el medio más sencillo y más rápido de subvenir a esas necesidades… Y la clase política no dejará pasar la ocasión de injertar, en el tejido extraordinariamente tupido de la comunidad, ese “cuerpo extraño” capaz de desgarrarla, deshilarla, descomponerla y recomponerla a voluntad. Cuerpo extraño de la Escuela occidental, avezado en las artes de la domesticación social, de una pacificación interna resuelta como docilidad y mimetismo.

4) La historia contemporánea de México nos muestra que esta “demanda de educación” y aquel interés estatal-empresarial en satisfacerla bajo los modos de la Escuela se acentúan en los períodos en que las fuerzas políticas de izquierda, socialistas, reformistas radicales o populistas, acceden al gobierno de la Nación…
Para Cárdenas (1934-1940) como para Echeverría (1970-1976), la Escuela es el Estado que penetra por fin la intimidad indígena; el Estado y su proyecto de “ciudadano”; el Estado con su concepto particular de Progreso, de Desarrollo, de Justicia; el Estado y los intereses que, para preservar mejor, vela y no nombra. Para Cárdenas como para Echeverría la Escuela es el Estado, es la Modernidad y es la Nación; es decir, el principio del fin de la autonomía indígena. El “deseo de saber”, la “necesidad de educación”, es una bandera popular, obrera y campesina, robada por estos gobiernos reformistas como robaron también, desde un primer momento, la bandera de la “reforma agraria”, del “derecho a la tierra”.

5) La “petición de Escuela” surge en la medida en que se desdibuja la comunidad indígena tradicional, autónoma y casi autárquica. Desde la educación informal indígena no se puede “castellanizar” con eficacia; desde ella no se puede imbuir a nadie de “espíritu nacional”; desde ella no se pueden forjar jornaleros dóciles, votantes crédulos, consumidores compulsivos, individualistas viscerales; desde ella no se puede vaciar la conciencia comunitaria hasta el punto de generar “emigrantes”, hombres sentimental e intelectualmente ‘disponibles’,… Desde la educación tradicional de los pueblos indios no se puede llevar la Comunidad al lugar que, en secreto, anhelan todas las fuerzas políticas del país: el lugar de un “residuo”, de un “resto”, de un “sobrante”, reminiscencia del pasado que se mantendrá con vida si y sólo si no concurre un interés económico concreto por el territorio que ocupa (explotación de la biodiversidad, minas, negocios madereros, proyectos turísticos, canales de paso, ubicación de maquiladoras,…), y que se mantendrá, además, con una vida ‘alterada’, tiznada de modernidad capitalista y de alineación cultural, una vida ‘para el afuera’, como correspondería a un mero reservorio desnaturalizado de mano de obra empobrecida.

El desengaño ante la institución escolar y la “vacuna” contra el desengaño

6) Mario Molina Cruz, escritor indígena, natural de Yalálag, comunidad zapoteca de la Sierra Juárez de Oaxaca, aparece como un admirable exponente del “desengaño” ante la institución escolar. En su opinión, la Escuela, al promover valores de éxito individual, personal, contribuye a la erosión de la diferencia indígena, una idiosincrasia étnica construida en torno a un fuerte sentido de los comunitario. La Escuela invita a una promoción social que tiene por sujeto al individuo, a la familia en todo caso, y que conlleva, como condición de su posibilidad, la exigencia de la emigración. El emigrante, esta figura social emergente a partir de la segunda mitad del siglo XX, refleja, al mismo tiempo, el declive de la educación comunitaria y los progresos de la Escuela occidental en su labor descampesinizante y erosiva de los valores indígenas.

7) Hace algunos años, Roland Barthes hablaba de una estrategia por la cual los poderes políticos y culturales se inmunizaban para la crítica radical auto-infligiéndose un pequeño correctivo, denunciándose a sí mismos en términos moderados, señalando sus propios “males menores” para ocultar el “mal mayor” que los constituía. Despistaban así a sus adversarios y alardeaban de una sana capacidad de auto-crítica y auto-enmienda… La nombró “estrategia de la vacuna”.
La intelligentsia indígena involucrada en los programas de educación “bilingüe”, en las campañas de escolarización y alfabetización en lengua castellana, etc., ha sabido, constantemente, de esa estrategia. Indígenas enquistados en el aparato educativo del Estado se han encargado de “vacunarla” periódicamente, desde los años 70. El antídoto que se inocula al intelectual indio implicado en la destrucción cultural de su pueblo se presenta como una forma atenuada de “desengaño”, desengaño retórico, “para la ocasión”, desengaño “de usar y tirar”, un lavarse las manos antes de estrangular al hermano caído.

Los gobiernos neoliberales que se suceden en el poder a partir de 1982 prorrogan y aumentan las prerrogativas de la capa étnica (ampliada y “funcionarizada” con Cárdenas y Echeverría), consolidan este “estado de las cosas indígenas oficiales”, en el convencimiento de que, para gestionar el espacio social de las comunidades, es imprescindible contar con una tropa en parte estabilizada y en parte remozada de malinches burocratizados. Para uso interno de estos funcionarios indios del consenso, se difundirán periódicamente documentos amargos, casi derrotistas, en los que se dejará constancia, una y otra vez, de lo poco que se ha avanzado en el camino de la educación “intercultural” y de lo mucho que queda por hacer. Es el antídoto, la vacuna que inmuniza contra todas las críticas posibles; es el testimonio de un “desengaño” deslavado, un desengaño engañoso.

Miseria de la educación “multicultural” mejicana

8) El multiculturalismo deviene como forma sofisticada del asimilacionismo; su objetivo sigue siendo la “incorporación”, marcando por añadidura al estudiante ‘distinto’ de cara a su desenvolvimiento futuro por la sociedad mayor.

Por otro lado, la Escuela, como fórmula educativa particular, una entre otras, hábito relativamente reciente de sólo un puñado de hombres sobre la tierra, no se aviene bien con unas culturas (indígenas) que exigen la informalidad y la interacción comunitaria como condición de su producción y de su transmisión. La Escuela sólo podría desnaturalizar, violentar, amputar, tergiversar, en el caso que hemos elegido como ejemplo, el legado cultural zapoteco. Convertir la cultura zapoteca en “asignatura”, “materia”, “currículum”, “objeto de examen”, etc., es asestarle un golpe de muerte. Probablemente, se le haría más daño que con la exclusión actual… Por la Escuela no caben, en modo alguno, las cosmovisiones indias, debido a la desemejanza estructural entre la cultura occidental y las culturas indígenas. Sostener lo contrario es atribuir a la modalidad educativa de una determinada cultura, da igual que se pretenda la más influyente, un poder codificador universal, un privilegio hermenéutico incondicionado, una capacidad de captación y transmisión de conceptos literalmente sobreterrenal.

Nada garantiza que la Escuela como fórmula pueda preservar la cultura zapoteca; antes al contrario, en la medida en que la Escuela excluye y condena las maneras tradicionales de la “educación comunitaria indígena” atenta contra la pervivencia del mencionado legado cultural. Una cultura es también sus modos específicos de producirse y socializarse. Desgajar los contenidos de los procedimientos equivale a destruirla.
La leyenda zapoteca de la langosta, por ejemplo, tan henchida de simbolismos, se convierte en una simple historieta, en una serie casi cómica, si se ‘cuenta’ en la Escuela, y en un insulto a la condición india si, además, la relata un “profesor”. La leyenda de la langosta sólo despliega el abanico de sus enseñanzas si se narra en una multiplicidad ordenada de espacios, que incluyen la milpa, el camino y la casa, siempre en la estación de la cosecha, si se temporiza adecuadamente, si se va desgranando en un ambiente de trabajo colectivo, en una lógica económica de subsistencia comunitaria, si parte de labios hermanos, si se cuenta con la voz y con el cuerpo… El mito de la riqueza, que encierra una inmensa crítica social, y puede concebirse, por la complejidad de su estructura, como un “sistema de mitos”, se dejaría leer como una tontería si hubiera sido encerrado en una unidad didáctica. Convertir el ritual del Cho’ne en objeto de una pregunta de examen constituye una vileza, una profanación, un asalto a la intimidad,…

Por añadidura, la educación “bicultural” no es psicológicamente concebible. De intentarse en serio, abocaría a una suerte de esquizofrenia. En ninguna subjetividad humana caben dos culturas. El planteamiento meramente “aditivo” de los defensores de la interculturalidad sólo puede defenderse partiendo de un concepto restrictivo de “cultura”, un concepto positivista, descriptivista, casi pintoresquista. Decía Artaud que la cultura es un nuevo órgano, un segundo aliento, otra respiración. Y estaba en lo cierto: el bagaje cultural del individuo impregna la totalidad de la subjetividad, determina incluso el aparato perceptivo. Por utilizar un lenguaje antiguo, diríamos que la cultura es alma, espíritu, corazón,… Y no es concebible un ser con dos corazones, con dos percepciones, con un hálito doble. La educación “bicultural” se resolvería, en la práctica, como hegemonía de la cultura occidental, que sería verdaderamente interiorizada, apropiada, ‘encarnada’ en el indígena; y, desde ahí, desde ese sujeto mentalmente colonizado, como apertura ‘ilustrativa’, ‘enciclopedística’, a la cultura étnica, disecada en meros “contenidos”, “informaciones”, “curiosidades”,… La posibilidad contraria, una introyección de la cultura indígena y una apertura “ilustrativa” a la cultura occidental no tiene, por desgracia, los pies en esta tierra.

Ni desde el punto de vista de la psicología social, ni desde el de la lógica expositora diferenciada de la culturas, ni desde el de las utilidades económicas y políticas de la escolarización es defendible el fantasma de la educación “bilingüe-bicultural”.

9) Un objetivo inextirpable de la organización escolar es reproducir la estructura de clases y cuenta con medios sobrados para que el indígena “fracase”, “deserte” y continúe en posiciones sociales subordinadas.
La intelligentsia india ha denunciado incansablemente la discriminación de esos jóvenes, los mecanismos que los apartan de las carreras y de las titulaciones que dan acceso a los empleos mejor retribuidos y a los cargos públicos o de responsabilidad en las empresas; se ha hablado de un proyecto universitario “criollo”, de una secundaria “etnocida”, de un clasismo voraz en el sistema educativo nacional,… Nosotros no vamos insistir en algo tan obvio. Pretendemos ejercer una meta-crítica, una crítica de las propuestas y alternativas que la capa ilustrada indígena, los prohombres de la cultura progresista mejicana y los reformadores del aparato del Estado ofrecen para “adaptar la educación a la realidad pluriétnica y pluricultural del país”, “construir un México nuevo en el que quepan todos”, etc.

Lo que estos políticos e intelectuales bienintencionados quisieran implantar en México, si damos fe a sus palabras, es algo que ya hemos conocido en Occidente, casi la cultura oficial educativa de Europa: la mentira de la educación “multicultural”, de la Escuela respetuosa con la diferencia cultural y psicológica, la Escuela del diálogo entre las alteridades,… Es ésta, no nos cabe duda, la Escuela que va a polarizar, en las próximas décadas, el debate pedagógico latinoamericano, el deux ex machina de la política cultural reformista en el Centro y Sur de América. Ajenos a la parcialidad constitutiva de la Escuela (3), los proyectos educativos interculturales, las experiencias escolares multiculturalistas, se prodigan, abrazando el tránsito de milenios, en los diferentes Estados de México.

10) La represión cotidiana de la Diferencia, que el indígena padece nada más salir del ámbito comunitario, se acentúa en las Escuelas, de uno u otro tipo (no menos en las pretendidamente “multiculturales” que en las “asimiladoras” clásicas), operando a través de la figura ‘moral’ del Educador y de la “opinión” consciente e inconsciente del conjunto de los estudiantes. Es una represión diaria, de cada hora, ejercida por la comunidad de estudiantes y profesores, que los alumnos indios se han acostumbrado a soportar como el precio psicológico de su proclamado derecho a la educación, la contrapartida ambiental de su formación académica secundaria y superior.

Los comportamientos que escapan a la racionalidad docente (o escolar) occidental son “atacados” de dos maneras: por la antipatía y la marginación con que el grupo responde al individuo ‘diferente’ y por la actitud “correctora” del Educador, que ve ahí un problema y procura subsanarlo por la vía de una ‘normalización’ del afectado (“no te aísles”, “intenta integrarte”, “haz un esfuerzo”,…). En muchos casos, por esa doble acción – segregadora/marginadora y normalizadora/integradora -, el estudiante indio se aboca, en variable medida, a una suerte de auto-coerción, a una deliberada “identificación” con el grupo, “convergencia” con las actitudes y manifestaciones de la colectividad – pugna, en definitiva, por ‘des-indigenizarse”… (4).

11) No hay ‘comentarista’ de la Escuela que no esté de acuerdo en que, tradicionalmente, se le ha asignado a esta institución una función de homogeneización social y cultural en el Estado Moderno: “moralizar” y “civilizar” a las clases peligrosas y a los pueblos bárbaros, como ha recordado E. Santamaría. Difundir los principios y los valores de la cultura ‘nacional’: he aquí su cometido.

Nada más peligroso, de cara al orden social y político mejicano, que los pueblos indios, con su historia centenaria de levantamientos, insurrecciones, luchas campesinas,… Nada más bárbaro e incivilizado, en opinión de muchos, que las comunidades indígenas. Nada más alejado de la “cultura nacional”, construcción artificial desde la que se legitima el Estado Moderno, que el apego al poblado, la fidelidad a la comunidad, la identificación “localista” de las etnias mejicanas, enemigas casi milenarias de toda instancia estatal fuerte y centralizada, como señalara Whitecotton… La Escuela habrá de hallarse muy en su casa en este escenario, habrá de sentirse muy útil, pues para este género de “trabajos sucios” fue inventada…

12) A la Escuela compete difundir una determinada selección y retranscripción de los materiales culturales disponibles -de por sí heterogéneos, ambivalentes, contradictorios. Aquello que circula por las aulas y recala en la cabeza de los estudiantes deviene siempre como el resultado de una discriminación sistemática, una inclusión y una exclusión, y, aún más, una posterior re-elaboración pedagógica (conversión del material en “asignaturas”, “programas”, “libros”, etc.) ejercidas sobre el variopinto crisol de los saberes, las experiencias y los pensamientos de una época…. El criterio que rige esa “selección” y esa “transformación” de la materia prima cultural en discurso escolar (‘currículum’) no es otro que el de  propiciar una ‘integración’ no-conflictiva de la juventud en el orden social vigente, favorecer la adaptación de la población a los requerimientos del aparato productivo y político establecido -lo que exige su homogeneización psicológica y cultural…

Con el patrimonio cultural de los pueblos indios, la Escuela intercultural mejicana sólo puede hacer en rigor dos cosas, una contra la otra o ambas a la vez: desoírlo, ignorarlo y sepultarlo mientras proclama cínicamente su voluntad de protegerlo; o “hablar en su nombre”, subtitularlo interesadamente, esconder sus palabras fundadoras y sobrescribir las adyacentes, sometiéndolo para ello a la selección y deformación sistemáticas inducidas indefectiblemente por la estructura didáctico-pedagógica, currícular y expositiva, de la Escuela moderna…. (5).

13) Con diferencias de grado, las prácticas (“interculturales”) que se experimentan en los distintos estados apuntan hacia la asimilación del inmigrante, hacia su integración selectiva, y, al mismo tiempo, hacia la postergación y el olvido de las culturas autóctonas, cuyas ‘resonancias’ (la lengua, el atuendo, las costumbres, el folclore) se utilizan para segregar y discriminar a los recién llegados y a sus descendientes, separando a los que pueden y quieren promocionarse socio-económicamente -que darán la espalda a las asignaturas relacionadas con sus culturas de origen- de aquellos otros incapacitados para hacerlo, ‘fracasados’ escolares, provisión de subproletarios que podrán aferrarse a sus señas de identidad étnicas como quien busca un “refugio” o un “consuelo” (6).

Dolores Juliano ha hablado de “adscripción étnica asignada”, para caracterizar la estrategia subyacente, que pasaría, en el caso que nos ocupa, por la “asignación” de una especificidad étnica a la población no-mestiza de las ciudades, que se vería así ‘marcada’ con el propósito de discriminar su desenvolvimiento laboral y de pesquisar su circulación por las vías desdobladas del espacio social.

14) La hipocresía y el cinismo se dan la mano en la contemporánea racionalización “multiculturalista” de los sistemas escolares occidentales. Jorge Larrosa ha avanzado en la descripción de esa doblez: “Ser ‘culturalmente diferente’ se convierte demasiado a menudo, en la escuela, en poseer un conjunto de determinaciones sociales y de rasgos psicológicos (cognitivos o afectivos) que el maestro debe ‘tener en cuenta’ en el diagnóstico de las resistencias que encuentra en algunos de sus alumnos y en el diseño de las prácticas orientadas a romper esas resistencias.” En países como México, donde porcentajes elevados de estudiantes,  por no haber claudicado ante la ideología escolar y por no querer “implicarse” en una dinámica educativa tramada contra ellos, son todavía capaces de la rebeldía en el aula, del ludismo, del disturbio continuado, etc., estas tecnologías para la atenuación de la “resistencia”, del atributo psicológico inclemente atrincherado en alguna oscura región del carácter, cobran un enorme interés desde la perspectiva de los profesores y de la Administración…  La “atención a la diferencia” se convierte, pues, en un sistema de adjetivación y clasificación que ha de resultar útil al maestro para vencer la ‘hostilidad’ de éste o aquél alumno, de ésta o aquella minoría, de no pocos indígenas y demasiados subproletarios. Más que ‘atendida’, la Diferencia es tratada.

Las Escuelas del “multiculturalismo” trabajan en dos planos: un trabajo de superficie para la ‘conservación’ del aspecto externo de la Singularidad -formas de vestir, de comer, de cantar y de bailar, de contar cuentos o celebrar las fiestas, apunta Larrosa- (7), y un trabajo de fondo para aniquilar sus fundamentos psíquicos y caracteriológicos -otra concepción del bien, otra interpretación de la existencia, otros propósitos en la vida,… Y, en fin, la apelación a la “comunicación” entre los estudiantes de distintas culturas reproduce las miserias de toda reivindicación del diálogo en la Institución: se revela como un medio excepcional de ‘regulación’ de los conflictos, instaurado despóticamente y pesquisado por la ‘autoridad’, un ‘instrumento pedagógico’ al servicio de los fines de la Escuela… (8)

He aquí, para terminar con la sugerencia de Larrosa, el “beneficio” simbólico que nos reporta la utopía multiculturalista: usufructuar al extraño, físicamente como mano de obra, culturalmente como ‘valor’ enriquecedor; y extirpar su índole ‘rebelde’, ‘amenazante’, reduciendo y controlando los intercambios y las comunicaciones que establece con los ‘naturales’ de la región…

15) El modelo de la Escuela nacional, homogénea e igual a sí misma a lo largo de todo el territorio, cede, irreversiblemente, ante una tendencia a la atomización y la autonomía, sobre todo en lo concerniente a los currícula, a las asignaturas, a los programas. La administración federal mexicana ha dado pasos decisivos, durante los últimos años, en esta dirección, incrementando las potestades escolarizadoras de los Estados, transvasándoles competencias educativas, incrementando el margen de intervención municipal en la organización local de la enseñanza,…

Aún así, y de modo complementario, cabe constatar cómo los “rasgos estructurales” de la Escuela occidental se mundializan en nuestros días, se universalizan, y cómo determinadas orientaciones generales de los currícula se imponen también a lo largo y ancho de todo el planeta. J. Meyer, por ejemplo, ha hablado de la constitución de un “orden educativo mundial”, con unos currícula oficiales estandarizados y homologados planetariamente (9). Según este autor, los países ávidos de “legitimidad” y de “progreso”, que se quieren presentar como Estados en ascenso, tal el México contemporáneo, son muy receptivos a tales prescriptivas curriculares  -que, de esta forma, tienden a aplicarse por todo el globo, motivando que, cada día más, se estudie casi lo mismo en toda la Tierra. Que se estudie lo mismo, y de la misma manera…
Y es por debajo de estas grandes líneas maestras, de estas orientaciones generales, donde se promueve la descentralización y la diversificación (los mismos marcos y semejantes pigmentos para una notable variedad de representaciones pictóricas, valga la metáfora).

notas:
(1) Cuando el presente tropieza con un pasado que apuntaba en otra dirección, donde no reconoce semillas de su ser, un pasado sin retoños o con retoños extraviados, un pasado hostil que lo cuestiona y deslegitima, un pasado eterno que, como apuntara incisivo Benjamin, sólo podría redimirse en un futuro escapado del continuum de la historia, entonces pone en marcha su pesada maquinaria compresora. Sólo es capaz de percibir en esa tradición esquiva, en esa diferencia añosa, un objeto que doblegar o que aniquilar – así lo exige la lógica del interés que lo constituye. Este es, exactamente, el caso de las comunidades indias de México regidas por “autoridades tradicionales” y organizadas política y económicamente en el respeto de la consuetudinaria “ley del pueblo”.
(2) Un anhelo igualitario de raíz genuinamente campesina y popular; una defensa de la tierra como “valor” cultural y hasta ‘religioso’, en contra de aquellos que sólo piensan en ‘explotarla’ y ‘rentabilizarla’, degradándola de paso, hiriéndola de muerte; una concepción radicalmente democrática del “cargo político”, entendido como ‘servicio’ no-remunerado a la colectividad, fuente de ‘prestigio’ si se desempeña con honestidad y dedicación, exigiendo de por sí un considerable “sacrificio personal”, siempre rotativo, siempre electivo, siempre bajo la supervisión y el control de esa Reunión de Ciudadanos, de esa Asamblea del Pueblo, que constituye el verdadero corazón político de la Comunidad; una insólita capacidad de reivindicación y de movilización, que agota prácticamente ‘todas’ las vías conocidas, desde la “petición” o “solicitud” formal y el recurso administrativo-judicial (que algunos traslumbrados de Occidente podrían execrar como “reformismo”) hasta la manifestación encorajinada, la ocupación audaz, el acto público temerario (causa de cárcel, exilio o desaparición para muchos de estos hombres), pasando por la infinitas variantes del apoyo mutuo, la solidaridad resistente y la imaginación combativa.
(3) Llama la atención que todas estas apelaciones al “diálogo entre las culturas” y a la “educación intercultural” soslayen un asunto capital: que la Escuela no está por encima de esas culturas colocadas, en pie de igualdad, unas al lado de las otras, no es un moderador neutral, un árbitro imparcial, no es un juez honesto ante la eventualidad de que se produzcan litigios, sino una parte interesada, representante de un fracción, defensora particular de intereses sesgados, voz específica de una cultura –la occidental. ¿Con quién dialoga la cultura occidental en su propio terreno de juego, la escuela occidental? Siendo juez y parte, moderadora y contertulio, árbitro y competidor, ¿dónde podemos hallar la garantía de su equidad?
(4) Adorno y Horkheimer hablaron, en relación con estas dinámicas, de la forja de un “carácter social” (pautas gregarias de conducta, formas coincidentes de pensamiento, modelos unívocos de sensibilidad)… Del “carácter social” que propende la Escuela mejicana contemporánea, aún o sobre todo en su facies intercultural, están excluidos los rasgos sobre los que se asentaba la especificidad psicológica india: la primacía absoluta de la comunidad sobre el individuo, la sobredeterminación de las consideraciones “espirituales”, morales o religiosas, en detrimento de los móviles crasamente materiales, económicos; el peso de la palabra en la interacción social, rigurosamente vinculado a la expresión ‘forzosa’ de lo que se siente como “verdad”, etc.
(5) Cabe concluir que el aparente multiculturalismo de la Escuelas extra-occidentales camufla la alienación cultural de esos países, que sacrifican sus señas de identidad para ‘asimilarse’ lo antes posible a la civilización occidental. La colonización cultural avanza, adornada con motivos ‘exóticos’ e inventarios ‘museísticos’; y la diferencia espiritual a duras penas sobrevive. Una escolarización “no-occidental”, alejada de los modelos hegemónicos en los países desarrollados, únicamente podría tentarse desde una esfera política absolutamente autónoma, al modo de los territorios zapatistas, y arrastraría siempre la falla de no ser congruente con su objeto declarado –la preservación de la cultura india. Por aquí se deja ver la tragedia de las escuelas zapatistas chiapanecas: en la medida en que abordan la re-transmisión de las culturas indígenas, las deforman y trivializan sin remedio; en la medida en que se centran en los aspectos inmediatamente utilitarios (lengua castellana, historia de las luchas indígeno-campesinas del siglo XX, matemáticas ‘modernas’,…), occidentalizan de hecho. No debemos olvidar que la “pedagogía implícita” portada por la Escuela moderna en tanto escuela (por la mera circunstancia de exigir un recinto, un horario, un profesor, un temario, una disciplina,…), su “currículum oculto” es, a fin de cuentas, Occidente –las formas occidentales de autoridad, interacción grupal, comportamiento reglado en los espacios de clausura, administración del tiempo, socialización del saber,…
(6) A los indígenas no-aprovechables, no-occidentalizados, se les marcará con el hierro de su identidad pretérita, se les atará a sus orígenes, a sus culturas de nacimiento, que arrastrarán en adelante como un estigma, como una señal de ‘derrota’ socio-económica y disponibilidad para una explotación sin límites. Malvivirán en los barrios periféricos, en los suburbios, conservando un tanto más sus vestimentas, sus símbolos, un poco como un “desafío”, un poco por orgullo ‘residual’, un poco porque ya no tienen nada que ganar disfrazándose… Los otros, los que se han apresurado a auto-neutralizarse como ‘diferencia’, triunfando por ello en la Escuela, y se han incorporado a la sociedad nacional-capitalista, pasearán, en el caso de la Ciudad de México, por los barrios céntricos, vistiendo cada vez más al modo euro-norteamericano y luciendo sus rasgos raciales, junto a algunos pequeños ‘signos’ de sus culturas originarias, como un mero adorno, un toque no-inquietante de ‘exotismo’, cifra de una alteridad domesticada.
(7) La “apertura del currículum”, su vocación ‘interculturalista’, tropieza desde el principio con límites insalvables; y queda reducida a algo formal, meramente propagandístico, sin otra plasmación que la permitida por áreas irrelevantes, tal la música, el arte, las lecturas literarias o los juegos -aspectos floklorizables, museísticos, diría Provansal…
(8) Todo este proceso de “atención a la diferencia”, “apertura curricular” y “posibilitación del diálogo”, conduce finalmente a la elaboración, por los aparatos pedagógicos, ideológicos y culturales, de una identidad personal y colectiva, unos estereotipos donde encerrar la Diferencia, “con vistas a la fijación, la buena administración y el control de las subjetividades” (Larrosa). El estereotipo del “indio bueno” compartirá banco con el estereotipo del “indio malo”, en esta comisaría de la educación vigilada y vigilante. El éxito de la Escuela multicultural en su ofensiva anti-indígena dependerá del doble tratamiento consecuente…
(9) Estos “currícula universales de masas” proceden de las prescripciones de poderosas organizaciones internacionales, como el Banco Mundial o la UNESCO, de los “modelos” aportados por los Estados hegemónicos (occidentales) y de las indicaciones de una “tecnocracia” educativa -reputados profesionales e investigadores de la Educación- influyente a escala mundial.

Publicado en revista Ekintza Zuzena nº35

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza

El océano planetario ante su destino final

En abril de 2006 la revista Mother Jones, expresión de periodismo crítico y ecologista en EE.UU., ajena al universo mediático dominante, publicó un informe de la investigadora Julia Whitty: The Fate of the Ocean (El destino del oceáno).* Project Censored lo tomó entre sus cuestiones principales [véase al final de la nota]. A fines de ese año, Argenpress, otra expresión de periodismo ajeno al universo dominante, lo resumió y tradujo. Nosotros transcribimos aquí esta última versión (de Ernesto Carmona), previo cotejo y revisión con pasajes del original inglés. Edición, notas y aclaraciones entre corchetes, de futuros.

Por Julia Whitty

“Más allá de especulaciones empresarias, la realidad es un proceso de retroalimentación que ya está en pleno desarrollo: el hielo compacto con su gran blancura refleja el 80% del calor solar y lo devuelve al espacio, en tanto el agua de mar, con mucho menos blancura, absorbe el 80%. La conversión de los hielos en agua, que es lo que se verifica cada vez más en el Ártico, incrementa el calentamiento del océano, que además se expande térmicamente, creando una superficie aun mayor de agua, que a su vez promueve más calentamiento y consiguientemente mayor derretimiento de los hielos.” (pasaje del trabajo de J. Whitty).

Rachel Carson  escribió acerca del oceáno que “en su misterioso pasado acompaña todos los brumosos comienzos de la vida y recibe al final, después, tal vez de muchas transmutaciones, los últimos pellejos o carcasas ya muertos de la misma vida. Porque todo, a la larga vuelve al mar, al mar océano, al río océano.” Retornamos al mar, también en varios pellejos, incluyendo uno bajo la forma de emisiones atmosféricas. A propósito de ellas, en Suecia se ha calculado que con su población de casi nueve millones de habitantes, retornan 2,8 toneladas de mercurio, casi tres mil kilos, provenientes de los arreglos dentales en sus bocas; la inmensa mayoría de ese mercurio llegará a la atmósfera a través de los crematorios.

Los problemas oceánicos encontrados antes a escala local son ahora pandémicos. Los datos de la oceanografía, la biología marina, meteorología, ciencia de la pesquería y glaciología revelan que los mares están cambiando de manera ominosa. Un vórtice de causa y efecto forjado por los dilemas ambientales globales está cambiando el océano de un horizonte acuático con variados problemas regionales a un sistema global en alarmante aflicción. […] hay un solo océano, con sus corrientes uniéndose en los mares y regulando el clima. La temperatura del mar y su química cambia al ritmo de la contaminación y de las prácticas temerarias de la pesca, entrelazándose para poner en peligro la fuente común de vida más grande del mundo.

Calentamiento por efecto invernadero

En 2005, los investigadores del Scripps Institution of Oceanography y del Lawrence Livermore National Laboratory encontraron pruebas de que el océano está calentándose rápidamente. Descubrieron que hasta unos 800 metros de profundidad, desde la superficie, el océano se ha calentado dramáticamente en los últimos cuarenta años como resultado de la inducción de los gases del invernadero humano.

Una manifestación de este calentamiento es la fusión del Ártico [y de la Antártida]. Por cuarto año consecutivo, la cubierta ártica de hielo ha retrocedido (en grosor y extensión) acelerando un aumento de la superficie del agua que promete más calentamiento y fusión de hielos. Con el aumento de las aguas polares en los mares más templados y tropicales más salados, el ciclo de evaporación y precipitación se vuelve más rápido, vigorizando aún más el efecto invernadero. […] Esta aceleración del ciclo de causa y efecto se hará difícil de revertir, si no imposible.

La basura atmosférica también está alterando la química del mar, así como miles de compuestos tóxicos de propagación devastadora que envenenan a las criaturas marinas. Se estima que el océano ha absorbido unos 118 mil millones de toneladas métricas de anhídrido carbónico desde el arranque de la Revolución Industrial, con 20 a 25 toneladas que se agregan diariamente a la atmósfera.

La acidez en aumento de los niveles crecientes de CO2 está cambiando el equilibrio del pH del océano. Los estudios indican que las conchas y esqueletos de moluscos y plancton que contribuyeron a construir los arrecifes de coral se disolverían en 48 horas de exposición a la acidez que se espera tenga el océano en el 2050. Los arrecifes de coral ciertamente casi desaparecerán y, lo aún más ominoso, tal legado afectará al plancton. El fitoplancton absorbe los gases del efecto invernadero, fabrica oxígeno y es el productor primario del tejido de la red de alimentos del mar.

La contaminación de mercurio ingresa en el tejido de los alimentos por la vía del carbón y de los residuos de la industria química. Se oxida en la atmósfera y se establece en el fondo del mar. Allí es consumido entregando mercurio a cada eslabón subsecuente de la cadena alimentaria. Los predadores como atunes o ballenas acumulan niveles de mercurio un millón de veces más altos que las aguas que los rodean. El Golfo de México tiene los niveles más altos de mercurio jamás registrados, con un promedio equivalente a diez toneladas de mercurio que bajan cada año por el río Mississippi, y otra tonelada agregada por las perforaciones costeras.

Agujeros negros del océano

Junto con el mercurio, el Mississippi entrega nitrógeno (sobre todo de los fertilizantes). El nitrógeno estimula en el agua el crecimiento bacteriano y de plantas que consumen oxígeno, creando una condición conocida como hipoxia, o zonas muertas. Las zonas muertas aparecen dondequiera que el oxígeno oceánico se empobrece por debajo del nivel requerido para sostener la vida marina. Una porción importante del Golfo de México, que en 2001 medía casi 13.000 kilómetros cuadrados, se ha convertido en zona muerta, el área más grande en EE.UU. y la segunda más grande en el planeta. No es ninguna coincidencia que prácticamente todas las casi 150 zonas muertas (o eutrofizadas) conocidas en la Tierra estén en la desembocadura de los ríos y casi 50 ulceren las costas de EE.UU.

Mientras la mayoría fueron causadas por el nitrógeno llevado por los ríos, las instalaciones de combustible fósil ardiendo también ayudan a crear esta condición, como lo hace el alcantarillado humano, fosforoso, y las emisiones de nitrógeno de los automóviles.
[…] Desde su nivel más alto en el 2000, la captura global de peces silvestres ha iniciado un marcado declive, a pesar del progreso en las tecnologías marineras y la pesca intensificada. La llamada eficacia en la pesca ha estimulado estragos inauditos en la vida marina, deviniendo en una de las más resonantes ineficacias. Una de las formas más lesivas es la de que un solo barco puede tender aparejos hasta sesenta o más millas de océano [unos cien km o más], cebando unos 10.000 anzuelos con los que captura por lo menos un 25% de peces no deseados. Estimando unos 2 mil millones de anzuelos instalados cada año, se terminan tirando al océano unos 40 mil millones de kilos anuales de peces muriéndose, vida desechada.

A la pesca con desperdicio hay que agregarle las mallas que se ponen con boyas y se recogen días después de echadas. Constituyen cortinas casi invisibles que van dañando la vida del océano. En el Atlántico Norte, redes para tiburones y otros peces pueden ser de hasta 200 km de largo y se ubican a unos 300 metros por debajo de la superficie y allí pasan a moverse a la deriva, atrapando vida. En el curso de las operaciones de pesca con tormenta, muchas de estas redes gigantescas son abandonadas y continúan llenándose con presas que a su vez atraen a predadores que a su vez quedan también atrapados reproduciendo el ciclo con nuevos predadores. Están hechas con productos sintéticos y no biodegradables, son redes fantasmas con pesadillesca eficiencia por años y años…

Adicionalmente, los pesqueros de arrastre dragan cada centímetro cuadrado de las plataformas continentales. Pescando en el suelo del mar con una verdadera excavadora o bulldozer, las rastras nivelan cada año una área 150 veces mayor que todos los desmontes en tierra y destruyen los ecosistemas del fondo del mar. La acuacultura tampoco es buena: cada kilo de salmón cultivado devora como alimento más de tres kilos de peces silvestres capturados. Un estudio difundido en 2003 por la Universidad Dalhousie de Nova Scotia, basado en datos fechados desde los años cincuenta, concluyó que tras cinco décadas de tal asalto en cualquier parte en el océano apenas si sobrevive el 10% de los grandes peces de altura (atún, pez espada) y peces de costa (bacalao, merluza, lenguado).

También están amenazadas otras guarderías del mar. En los últimos diez años ha desaparecido el 10% del lecho de hierba marina, privando así a los peces juveniles, manatíes y tortugas de mar de sus hábitats ya en situación crítica. Los lechos de algas marinas también están muriendo en proporciones alarmantes.

Mientras continúa la vorágine del ataque humano en los mares, la ciencia en ningún momento de su historia ha enseñado más que hoy sobre cómo trabajan los sistemas que sostienen la vida sobre la Tierra. Si no se revierte rápidamente el fracaso humano en el gobierno del dominio público más grande del mundo, ciertamente el océano alcanzará pronto un punto de no retorno.

P.S. de la autora:
Esta historia está sintonizada con los nuevos desarrollos. Científicos están publicando actualmente una proporción sin precedentes de observaciones -no sólo predicciones- sobre los rápidos cambios del océano en nuestro planeta. Primero y principal, el 2005 resultó ser el año más caluroso registrado. Esto refuerza otros datos que muestran que la tierra está más caliente que nunca en los últimos 400 años y posiblemente en los últimos 2.000 años. Un estudio emitido por el Centro Nacional para la Investigación Atmosférica indica que las temperaturas del océano halladas en el Atlántico Norte tropical en 2005 son aproximadamente un grado centígrado más altas que el rango normal anterior. Lo cual resultó el catalizador predominante para los monstruosos huracanes de la temporada 2005, la estación más violenta nunca vista.

Las noticias del hielo polar no son nada buenas. Los estudios científicos (2002/2006) de la alianza NASA/Universidad de Kansas revelan que los glaciares de Groenlandia están desplazándose hacia el mar y están fundiéndose dos veces más rápido que hace diez años. Esto pone en peligro el equilibrio crítico del Atlántico Norte meridional poniendo en zozobra la circulación que sostiene nuestra estabilidad climática. El Estudio Antártico Británico anunció que “el recalentamiento global” del Antártico es tres veces más grande que el que estuvimos observando en otras partes de la Tierra; la primera prueba a gran escala del cambio de clima también en el continente sur.

Desde que se publicó ‘The Fate of the Ocean’ en Mother Jones, es evidente que también ha surgido la politización de la ciencia en la guerra sobre el clima global. En enero de 2006, uno de los científicos de clima más relevantes de la NASA, James Hansen, acusó a la agencia de intentar censurar su trabajo. Cuatro meses después, las imputaciones de Hansen tuvieron eco entre los científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, así como en un científico del Estudio Geológico de EE.UU. que trabaja en un laboratorio de NOAA [Administración Océanica y Atmosférica Nacional, por su sigla en inglés], quien denunció que su trabajo sobre el cambio del clima global estuvo censurado en su departamento, como parte de una política de intimidación anti-ciencia de la administración Bush.

Los problemas de la fauna del océano también están agravándose. En 2005, biólogos del Servicio de Manejo de Minerales de EE.UU. encontraron osos polares ahogados aguas afuera de Alaska, claramente victimados por la desaparición del hielo. En 2006, investigadores del Centro de Estudios de Ciencias Geológicas para Alaska encontraron osos polares matándose y comiéndose en áreas del mar en las que en ese año no se formaron hielos, dejando a los osos privados de comida. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales revisó su “Lista de Peligros” para el oso polar, cambiándole la calificación de conservación ‘dependiente’ a ‘vulnerable’ […].

La mayoría de estas historias permanece fuera de la vista, sumergidas en el remanso de los periódicos científicos. Los grandes medios de comunicación resultan incapaces de discernir lo bueno y lo malo de la ciencia y dan a todo el mismo crédito, sin definirse. La historia de nuestro declinante mundo oceánico y de nuestro propio futuro transcurre más allá del conocimiento público, sin alterar conductas o metas y marcada por la falta de previsión.

Project Censored (Proyecto Censurado) es un programa a cargo del profesor de sociología Peter Phillips, de la Universidad Sonoma, California, que desde hace treinta años emite un estudio anual sobre las 25 grandes noticias mayores ocultadas por la gran prensa de EE.UU., cuyo conocimiento permite comprender mejor los designios del imperio. Los textos completos pueden verse (en inglés) en https://projectcensored.org

notas:
www.motherjones.com/news/feature/2006/03/the_fate_of_the_ocean.html
1) Bióloga marina, autora de Silent Spring,, Primavera silenciosa, el texto que en 1962 anunció y denunció la muerte multitudinaria de los pájaros por los agrotóxicos aplicados a cultivos y frutales.
2) Véase Luis E. Sabini Fernández, “Un estilo de vida… necrofílico”, futuros no 7, acerca de la censura de la Casa Blanca acerca de otro informe sobre clima, que revela que la manipulación de informes que molestan es sistemática y sistémica.
3) Los m.i.m.  nos anuncian que Bush se ha sensibilizado frente a los osos. Y se habla de ponerlos bajo la protección de La Ley de Especies en Peligro. Menos mal. Como sostiene Clive Stafford Smith, defensor de presos políticos (v. p. ¿?), vivimos en un mundo en que tenemos que luchar para que las leyes que supuestamente favorecen a los animales alcancen a los humanos. Porque afganos,  palestinos, iraquíes, somalíes, haitianos, leoneses, nicaragüenses, sudaneses, ecuatorianos, aymaras, tzoziles, bengalíes, malíes, y tantos otros no parecen gozar de la sensibilidad de Bush. Al contrario.

fuente: revista futuros nº 10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

Soja, símbolo de destrucción de la naturaleza

Hace 50 años, ninguna cultura del mundo comía soja. Entonces en EE.UU. empezó a ser incluida en el 70% de los alimentos procesados. En la actualidad, está presente en el 60% de todos los alimentos procesados “globalmente”.

Por Vandana Shiva

La promoción del uso alimentario de la soja es una enorme experimentación de alcance planetario apoyada en una política de subsidios de 13 mil millones de dólares por parte del gobierno norteamericano entre 1998 y 2004 y por 80 millones de dólares anuales que aporta la industria de ese país. Como resultado de tamaño experimento, la salud de los seres humanos está siendo destruida. La humanidad se nutrió a través de su evolución con más de 80 mil plantas comestibles y con unas tres mil de modo constante.

Actualmente, la humanidad depende apenas de ocho cultivos para la provisión del 75% de sus alimentos.

En 1988 el aceite comestible autóctono de la India, hecho con granos de mostaza, con pulpa de coco, con lino y almendras, todos procesados en frío a través de molinos artesanales, fue prohibido bajo el pretexto de “proteger la seguridad alimentaria”   Al mismo tiempo, se levantaron con inusitada rapidez todas las restricciones a la importación de aceite de soja, todo lo cual afectó los medios de subsistencia de unos  diez millones de agricultores. Los molinos “caseros” de aceite fueron clausurados, de a miles.

Una veintena de agricultores perdieron la vida cuando protestaban contra tales cierres y contra la invasión de soja en el mercado indio, que se hizo con precios de dumping, hundiendo a los cultivos locales. Los millones de toneladas de aceite de soja transgénica vendidos a precios artificialmente baratos siguieron invadiendo el mercado indio.

Las mismas compañías responsables de la operación de dumping en la India; Cargill y ADM, están ahora destruyendo enormes sectores de la región amazónica para plantar soja. Millones de hectáreas de selva tropical son quemadas para preparar el suelo para cultivos destinados a la exportación. En cuanto a los seres humanos, en Brasil y en la India ven como son amenazados sus medios de subsistencia por el fomento de los monocultivos que se acompasan con las grandes empresas del agribusiness.

Las personas en EE.UU. y en Europa sufren también una amenaza, puesto que el 80% de la soja es destinada a alimentar el ganado para obtener carne barata, lo cual destruye tanto la selva lluviosa de la Amazonia como la salud de las personas en los países enriquecidos. La soja tiene un alto contenido de isoflavonas y fitoestrógenos que provocan desequilibrios hormonales en los seres humanos. Los monocultivos afectan así tanto a los subalimentados como a los sobrealimentados.

Mil millones de seres humanos carecen de alimentos suficientes porque los monocultivos industriales los expulsan de sus medios de vida en el campo. Además, unos mil setecientos millones de seres humanos sufren obesidad y dolencias vinculadas con el exceso de alimentación. Al depender de los monocultivos, el sistema alimentario deviene cada vez más en dependiente de los combustibles fósiles utilizados para elaborar fertilizantes sintéticos o para mover grandes máquinas o para el transporte de larga distancia. Superar los monocultivos es un imperativo para procurar la provisión mundial de alimentos. Los pequeños predios con diversidad biológica tienen una productividad mucho más alta y generan así una renta mayor para los agricultores. Y las dietas basadas en alimentos biodiversos proporcionan una nutrición superior.

El control de las grandes corporaciones empresarias sobre la agricultura mundial lleva al monocultivo.
La libertad de alimentar a los habitantes depende de la biodiversidad. La libertad humana y la libertad de las otras especies se refuerzan mutuamente. En nuestro tiempo, la soja se ha convertido en un símbolo de una economía que destroza la naturaleza y los cultivos autónomos. Simboliza el alejamiento de la naturaleza y de nuestros propios cuerpos. Simboliza la codicia y el control: a través de la soja, las corporaciones transnacionales como Monsanto, Cargill, ADM [todas made in USA, n del ed.], se apoderan del control de los suelos y de la biodiversidad.

Monsanto, por ejemplo, tiene una enorme cantidad de patentes sobre la soja GM.
No es que sólo estamos en trance de perder la Amazonia, que puede desaparecer si continúa el actual ritmo de desmonte, también estamos desquiciando el clima del planeta. La Amazonia es el pulmón y el corazón del planeta. Más allá de hacer bajar el nivel de carbono en la atmósfera, ayuda a mejorar el clima y acrecienta la humedad de los vientos alisios. En la medida en que siga desapareciendo se va a reducir la humedad y aumentarán las sequías.  En la de 2005 el nivel del río Amazonas que normalmente puede caer unos 10 a 13 metros, bajó 17 metros. En un sitio del río, en Acre, se podía vadear.

Al “comerse” el río para obtener carne y soja baratas las corporaciones agrocomerciales, como Cargill, en los hechos se están “comiendo” el planeta. Si queremos evitar una catástrofe ecológica y humana total, necesitamos abandonar este primitivísimo modelo de acumulación económica que destruye para crear “crecimiento”.
Solamente las culturas autóctonas pueden enseñarnos cómo vivir de un modo diferente, permitiendo que las diversas especies y las diversas culturas puedan florecer en nuestro planeta.

artículo publicado en Revista futuros nº10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

Congo, siglos de saqueo

Los delitos contra el Congo se repiten siglo tras siglo. Hoy hay allí un gobierno corrupto y ávidas compañías transnacionales mantienen al país en un estado de semicaos para poder seguir extrayendo los riquísimos minerales qua hay en su suelo al menor costo posible, sin consideración alguna a las vidas humanas. El tenebroso corazón del colonialismo late de modo tan repugnante hoy como hace cien años.

Por Carolina Jemsby

Hay una piedra verde en mi escritorio. Es una piedra de cobre, de la mina de Ruashi en Kongo-Kinshasa. Cuando nadie veía me agaché rápidamente y me la metí en el bolsillo, después la escondí mejor y la saqué del país. Ahora resplandece venenosa en el medio de mi escritorio, denunciando siglos de despojo.

A primera vista, la mina Ruashi es un hormiguero. Miles de seres humanos que cavan en una mina a cielo abierto, que llevan con grandes esfuerzos pedazos de metal que extraen de la arena plateada y verde brillante que cubre la zona.
Parece algo irreal. Desde el borde superior se ve a los trabajadores mineros como pequeños muñecos que tropiezan y avanzan a los tumbos con enormes bolsas con piedras de cobre, con pantalones cortos gastadísimos y con ojotas deshechas. Damos una vuelta por el borde para ver la mina en toda su extensión. Tropezamos, nos resbalamos. Mis borceguíes reforzados para escalar montañas resbalan en algo más resbaladizo que el hielo. Me siento una infeliz, deslizándome por la pendiente, recupero el equilibrio y puteo para mí misma mientras veo que al fotógrafo le pasa lo mismo y entonces sí tengo miedo, porque el fondo de la mina está a por lo menos 50 o 60 metros, pero se reincorpora con su cuerpo y la cámara a salvo.

–No tenemos ningún equipo de seguridad, nos dice, con amargura,  Patrick, 35 años, que hace uno trabaja en la mina y nos relata de los accidentes que se suceden uno tras otro.

–Cada semana muere o se lastima alguno; necesitamos yelmos y overoles. Es peligrosísimo trabajar así. Y ganamos poco. A gatas si cobramos, murmura con rabia.
Alrededor se apresuran los trabajadores. Muchos son niños y llevan enormes bolsas pesadas sobre sus enjutas y pequeñas espaldas. Todos los rostros están impregnados de polvo, un polvo brilloso blanquiverdoso, de aspecto muy venenoso que se asienta alrededor de la nariz y la boca.
En los caminos alrededor de la mina transitan camiones permanentemente, que cargan el cobre y desaparecen tan rápidamente como vinieron. ¿Adónde? Nadie lo sabe con certeza. Pero fuera del país. De eso y sólo de eso se trata.

La República Democrática del Congo es un país desangrado, deshecho, saqueado por Occidente desde hace más de un siglo.  Las riquezas del país son enormes, tal vez sea la región de mayor riqueza minera del mundo entero.
Es repugnante ver cómo los delitos contra el Congo se repiten. Jospeh Conrad en El corazón de las tinieblas describe el saqueo del marfil. Luego se dedicaron a saquear el caucho en condiciones igualmente terroríficas. Hoy son diamantes, aceite, oro, coltán, cobre y cantidad de otros minerales que atraen a compañías mineras sin escrúpulos. Y las compañías hacen todo lo posible por mantener la guerra en el Congo y el desorden generalizado, que les permite aumentar los precios.

Imagínese que usted es un director de una minera transnacional importante. Haga usted lo que hiciere, su objetivo es siempre encontrar tanto metal como sea posible al más bajo precio, factores que harán que tu compañía resulte la mayor y más exitosa.
Puede resultar éticamente problemático trabajar en el Congo, pero aquí están los mayores yacimientos del planeta de, por ejemplo, coltán, un metal que se usa en celulares y del que no se conoce otros yacimientos.

Si hay paz, no hay más remedio que conseguir un costosa licencia para explotar el mineral, Además hay que pagar regalías al gobierno y a las autoridades locales y una parte de los metales hay que purificarlos en el lugar, en el Congo. No se puede exportar directamente el mineral en bruto, se necesita algún tipo de inversión en el lugar.  Todo esto, siguiendo las leyes nacionales e internacionales, lo cual es complicado y costoso.

Pero si en cambio rige un estado de conflicto de baja intensidad, todas las legislaciones quedan fuera de juego. Y si se pone un importe adecuado en una cuenta suiza del presidente, se compra una licencia de explotación que te conceda un líder local o un señor de la guerra, es fácil ponerse a extraer el mineral. Y cuesta sólo una fracción  de todo el procedimiento “legal” y no
hay que costear inversiones locales. Todo se hace ilegalmente, pero ¿quién controla?

Ése es, por ejemplo, el concepto de éxito que tiene Lundin Minings, empresa sueca, que está por cierto en la primera línea de “trabajo” dentro del Congo.
La guerra en el Congo viene arreciando desde 1997. Se la ha denominado Primera Guerra Mundial africana y parece haber hecho estallar todos los límites para la crueldad y la maldad humanas. La población civil está siendo permanentemente maltratada, perseguida, violada, mutilada y aterrorizada desde hace casi una década.Ninguna guerra desde fines de la Segunda

Guerra Mundial ha aniquilado tantas vidas como la del Congo, se estima que han muerto hasta ahora unos cinco millones de seres humanos.
Uno siente que se trata de una grosera reiteración de la historia. A fines del siglo XIX, el Congo pertenecía al rey Leopoldo II, de Bélgica y durante su treinta años de “gobierno” se estima que entre tres y veinte millones  [sic] de congoleses fueron asesinados. Los sicarios de Leopoldo presentaban manos derechas seccionadas de sus cuerpos para que se contaran los asesinados y recibir la recompensa calculada sobre esas bases. Los congoleses sobrevivientes fueron forzados a la esclavitud en los plantíos de caucho o en las construcciones ferroviarias y en caminos.
Hoy tiene lugar un proceso de paz. Por primera vez en cuarenta años hay elecciones en el país.  Pero, irónicamente, la paz y la democracia están amenazadas por las enormes riquezas del suelo y el subsuelo. Las compañías mineras tienen muy escaso interés en un proceso de democratización.

Un ejemplo es la empresa minera australiana Anvil Mining. Anvil Mining proveyó a soldados congoleses de camiones y aviones para llevar a cabo una matanza y volverlos a sus sitios. Con ese operativo un centenar aproximado de seres humanos fue masacrado a sangre fría. La empresa también avitualló a los soldados durante el operativo. Ahora ha sido llevada a juicio.
Lubumbashi es una ciudad pletórica de sedes de companías mineras transnacionales y a su ingreso hay un enorme portal que da la bienvenida a “la capital del cobre”.

Como en el Lejano Oeste o en Disneylandia, como si se tratara de cavar y ponerse contento, se hacen cruceros para ricachones en enormes camiones blancos que desfilan por los pésimos caminos hasta que resultan casi intransitables. Desde Lubumbashi a Zambia es corto el camino y por lo tanto no es tan difícil llevarse por allí los metales fuera de frontera. A lo largo de las rutas se ven enormes propagandas de camiones Volvo. Lundin Mining no es por cierto la única empresa sueca que se aprovecha de la situación en el Congo.

La mina de Ruashi queda apenas fuera de la ciudad. Yendo para allí, pasamos al lado de mujeres que venden frutas a la orilla de las rutas, alguna vende carbón para conseguir alguna extra. La pobreza en el Congo es enorme y pocos son los que tienen la posibillidad de comer a satisfacción cada día.
–Ganamos un par de dólares diarios, nos diche Patrick en la mina. [Unos seis pesos argentinos. Unos cincuenta uruguayos].

De aquí procede el bienestar occidental, pienso y contemplo los cuerpos que se hacen trizas buscando afanosamente metales que aquí son tan baratos, con los cuales se hacen celulares baratísimos, baratísimos anillos de matrimonio o diamantes. ¿Cuál es la responsabilidad para los habitantes cualesquiera de los países enriquecidos? ¿Y cuánto derecho tenemos de descargar la responsabilidad sobre las empresas mineras que a su vez tiran tan abajo los precios?
Un muchachito se nos aproxima agitado. Jean-Jacques Lumumba tiene 13 años y arrastra, tira y lucha para poder llevar consigo la bolsa cargada de cobre a lo largo del camino.
–No, si no pesa nada, nos dice. No pasa nada.

El polvo ha coloreado su nariz de un blanquecino brillante y sus ojotas están destrozadas.
–Mis padres no tienen trabajo, no tienen guita y yo quisiera estudiar, verdaderamente, nos cuenta. Por eso va a la escuela de mañana y trabaja en la mina de tarde. Consigue dinero para los gastos escolares, lapiceras, cuadernos de apuntes y libros.

Serge Kapend es geólogo y está preocupado por el trabajo infantil. Nos acompaña hasta el lugar de extracción del cobalto, algunos kilómetros más adelante. Hay cada vez más niños que trabajan en las minas. A menudo son huérfanos que tienen que trabajar para sobrevivir. Son los que hacen los peores trabajos, los más pesados, transportan las bolsas del pozo hacia afuera, por ejemplo. Serge es congoleño y trabajó antes en distintas empresas multinacionales en Lubumbashi. Al día de hoy se cambió de bando y trabaja para el sindicato minero, se hastió de ver y formar parte del saqueo.

–Se necesitan mejores leyes respecto de la explotación de nuestras minas. En la situación actual, las normas se acomodan a lo que se hace. Quien gobierna localmente, o los señores de la guerra, venden el derecho a explotar un sitio, la empresa minera va a ese lugar, extrae las riquezas y se marcha con el botín. El proceso da algunas, muy transitorias, posibilidades de trabajo, pero los recursos desaparecen para siempre del país.
Uno de los objetivos del sindicato es el de poner en regla la extracción y retener una parte de las ganancias dentro del país, nos explica un colega de Serge, Komichelo.
–En verdad, habría que conseguir que las licencias sean otorgadas exclusivamente por el gobierno. Hoy en día cualquiera que tiene una Kalaschinov vende licencias para explotaciones mineras.
–El problema que tenemos hoy en día es que las empresas procuran mantener en pie los conflictos, porque ganan mucha plata con eso. Y mientras el Congo hace todo lo posible por alcanzar la pacificación, hay un actor muy poderoso que hace todo lo posible en sentido contrario, continúa Komichelo.
Alrededor suyo seres humanos se hunden en agujeros negros de cobalto. Ese metal, por ejemplo, se usa en los auriculares de los pequeñísimos MP3.
De pronto estalla el caos y se oyen voces airadas que hacen eco y salen del pozo mayor.
–¡Una mujer en la mina! ¡Esto significa una desgracia! ¡Debe ser una bruja! ¡Mátenla!
Algunos de los revoltosos son sujetados por los guardias que nos acompañan, otros vuelven al trabajo. Yo me voy de allí de prisa. El linchamiento en una mina congoleña pertenece a una de mis pesadillas.

El MONUE, de la ONU, tiene como cometido vigilar la llamada paz en el Congo. Alexandre Essome es jefe de esa repartición en Lubumbashi. Participará de las elecciones como observador y supervisor de la ONU. Su principal preocupación son las minas extranjeras y la presión extorsiva que ejercen sobre los políticos locales y los grupos armados.
–¿Cómo vamos a tener elecciones democráticas y como vamos a poder soñar en alcanzar la paz cuando hay intereses tan poderosos para que continúe la guerra? Las empresas mineras ganan enormes ganancias gracias a la guerra, nos aclara.
En Lubumbashi. hay todo un semillero de empresas mineras extranjeras. En el ámbito del desarrollo global que hoy impera no son sólo empresas occidentales las que llevan delante el despojo; al lado de las belgas, francesas, canadienses y australianas también las hay sudafricanas, libanesas, indias, israelíes y sobre todo, chinas. Todas igualmente brutales en su rapiña.

–Aquí puede pasar cualquier cosa, si contás con el dinero suficiente. Las minas son saqueadas, los interesados son incontables. Hemos comparado la compra de metales y la importación de armas: van juntas: cuanto más metales se embarcan hacia el exterior, más armas entran de contrabando, sostiene Alexandre.
–Le he escrito a las autoridades y les he pedido que hagan algo, pero no hay respuesta.
Levanta los hombros en señal de impotencia. Su oficina está en un barracón en un descampado limitado por alambre de púa en Lubumbashi. Los supervisores para las elecciones ya han llegado y se están entrenando en control de ejercicios democráticos. De alguna manera hay una esperanza de paz y democracia en el Congo. Pero la inmensa mayoría de los delitos desaparecen como en un agujero negro, de ceguera y olvido. Bajo responsabilidad “occidental”.

Sostengo mi piedra verde. Resplandece hermosamente,  tengo en mi mano un pequeño trozo del conflicto. Un signo bien concreto de mi culpa. Fui rápida para tomarla, la escondí con disimulo en mi equipaje y ahora descansa en mi escritorio. Al lado de decenas de toneladas de diamantes, oro y otro metales, testimonia el saqueo ininterrumpido que tiene lugar en el Congo. Y testimonia nuestras culpas.

El artículo con fotografías www.argentina.indymedia.org/news/2007/06/530314.php con fotos del artículo

artículo publicado en Revista futuros nº10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

El negocio del hambre

En el distrito Sheopur en Madhia Pradesh en India, los pueblerinos no tenían con qué alimentarse pero estaban provistos de celulares.

Por Devinder Sharma

Era demasiado tarde. Cuando Jai Lal, un campesino sin tierra de Bandali, en el distrito Sheopur en Madhia Pradesh ubicado en el corazón de la India, regresó para contarle las buenas noticias a su esposa, de que finalmente consiguió un trabajo mediocre en una tienda, ella ya había sucumbido a causa del hambre. Una semana más tarde, enterraron a sus dos hijos, ambos derrotados en la dura batalla contra el hambre.

La familia de Jai Lal pagó un precio alto por las políticas agrícolas erradas que están siendo despiadadamente promovidas e impulsadas en nombre del crecimiento y el desarrollo económico. Jai Lal no es la única víctima del modelo de desarrollo que se rehúsa a ver el sufrimiento que provoca. Cuando viajo por el país, ya no me sorprendo ante las dificultades que atraviesan las masas rurales que, sin saberlo, continúan pagando los altos costos de las políticas agrarias desplegadas en su nombre. Lo que me lastima es que a 57 años de la independencia, el hambre y desigualdad crecientes no logran despertar la conciencia de una nación.

No existe otra causa plausible que explique lo que le pasó a la familia de Jai Lal. Porque esta familia murió de hambre cuando 45 millones de toneladas de granos estaban apiladas a cielo abierto, pudriéndose porque no existe tal capacidad de almacenamiento. Esto pasó en 2003. Dos años después, el país logró un excedente máximo histórico de 65 mill. de tn mientras que aproximadamente 320 millones de personas (la tercera parte de la estimación total de hambrientos de mundo: 840 millones) miraban, sin poder creer, las montañas de comida que se pudrían ante sus ojos secos.

Ninguno de los laureados del Nobel, los académicos distinguidos o los grandes ejecutivos de compañías de tecnologías de información, que nunca se cansan de jurar por la erradicación de la pobreza, hicieron siquiera la más mínima referencia a la criminal indiferencia demostrada ante la paradoja humillante de abundancia: montañas de comida pudriéndose mientras millones viven con hambre.

Un informe del comité titular del parlamento estima que el gobierno gastaba 62.000 millones de rupias por año para el mantenimiento de los graneros. Los principales economistas o científicos no cuestionaron, tan solo una vez, la necesidad de mantener estos almacenes mientras millones se van a dormir con el estómago vacío. Algunos parlamentarios incluso sugerían arrojar los excedentes de comida al mar. En vez de alimentar a los pobres, aproximadamente 17 mill. de tn del inmanejable excedente de comida fueron derivadas a la exportación en 2002-2003 a un precio ideado para personas que viven bajo la línea de pobreza. Otras 6 millones de tn fueron al mercado internacional al mismo precio bajo.

El objetivo de la muy publicitada “Metas del Desarrollo para el Milenio” es reducir a la mitad la población mundial que vive en la pobreza y la indigencia para el año 2015. Si al menos India hubiese intentado alimentar a sus 320 millones de indigentes en 2002-2003, un tercio del hambre mundial podría haberse eliminado. Privándose de alimentar a su propio pueblo, los sucesivos gobiernos se excusan diciendo que el costo de alimentar a los pobres incrementaría el déficit fiscal. Por otro lado, entre 2000 y 2005 se invirtieron 720.000 millones de rupias en el sector de telecomunicaciones. La escasez de dinero no existe cuando se trata de industrias emergentes. Esto se defiende, sin embargo, con la promesa de construir una economía rural basada en la información.

La brecha tecnológica

Hace diez años, cuando investigaba para mi libro En la trampa del hambre (publicado por UK Food Group, Londres) viajé por Kalahandi, una región infame en el oeste de Orissa. Durante esa época se supo de algunas muertes por inanición en el distrito de Balangir. Me dirigí hacia el pueblo para conocer a los familiares de quienes habían sucumbido ante el hambre. Mientras arribaba al pueblo polvoriento, me horroricé ante la aparición de dos torres satelitales enormes instaladas en el corazón del pueblo. Créase o no, cada casa tenía su teléfono satelital. Los pueblerinos no tenían con qué alimentarse pero estaban provistos de teléfonos.

¡Torres satelitales en un pueblo donde la gente no tenía para comer! ¡Sin duda, ésa es una manera bizarra de salvar la brecha tecnológica para ayudar a los golpeados por la pobreza a que se unan al boom de los celulares!

En un país, que por sí sólo alberga a un tercio de los indigentes del mundo, el hambre y la muerte por inanición ya no despiertan compasión ni reacción. Las noticias sobre muertes por hambre ya no adornan las tapas de los diarios. El hambre, en realidad, es una no cuestión. Es algo que debemos despreciar, algo que debemos ignorar. Después de todo, la élite no tiene por qué arruinar su desayuno mirando fotos de hambrientos esparcidas por las tapas de los diarios.

Los campesinos constituyen la mayoría rural. Algunos economistas liberales lideraron el asalto a la agricultura afirmando que no son los campesinos pobres quienes necesitaban infraestructura adecuada, crédito barato, un mercado seguro y un precio remunerativo sino el pequeño porcentaje de ricos industriales, negocios y comercio el que necesitaba ser rociado con la chequera del estado. El resultado es que mientras los activos no devueltos (no se puede llamar fraude bancario cuando fue efectuado por ricos) a los bancos nacionalizados de India ascendieron a un billón de rupias [22 mil millones de dlrs.], con muchos industriales que deben sumas individuales de 5 000 millones de rupias [más de 110 millones de dólares], el cobro de deudas extraordinarias a campesinos pequeños y marginales continuó en el rango del 85%.

Es regocijante que la mayoría de estas empresas en falta ya hayan incursionado en el sector de tecnología de información y comunicación (TIC). Las brechas tecnológica o digital se ahondan cuando los fondos públicos escasos son, en primer lugar, mal repartidos y luego invertidos por esas mismas empresas beneficiadas con la “devota” intención de mejorar la pobreza.

Tomemos el caso de la agricultura. Miles de campesinos se suicidaron en Andhra Pradesh, Karnataka, Uttar Pradesh oriental, Bihar, Tamil Nadu, Maharashtra, Madhia Pradesh y hasta en la provincia agrícola de frontera, Punjab. Agobiados por la presión de deudas gigantescas y con las cosechas a merced del comercio privado de granos, miles prefirieron una salida fatal a tener que afrontar la humillación que provoca la insolvencia. Se ha sabido de otros miles que vendieron sus órganos. Entre los sobrevivientes, la mayoría ha migrado hacia centros urbanos. Gran parte de la crisis agraria se debe a que los términos del intercambio cargan pesadamente a las áreas rurales: se les saca más dinero del que se les invierte.

Más recientemente, entre mayo y agosto de 2003, cientos de campesinos de Karnataka, en el sur de India, paradójicamente el centro de la industria de ingeniería genética, también han tomado esa decisión fatal para escapar a la pesadilla del hambre y la humillación que avanza con el fracaso de las cosechas. De hecho, tal es la crisis en ascenso en el mundo rural que difícilmente pase una semana sin que una pareja de campesinos no se suicide en alguna parte del sur de India. Si se escoge un diario local de cualquier región del sur, probablemente se encuentre algún reporte sobre suicidios de campesinos. Incapaces de comprender la realidad más elemental, un comité de expertos de Karnataka solicitó al gobierno que envíe un equipo de psiquiatras para hablar con los campesinos.

También hace algunos meses, y con esto vemos una tendencia que se remonta desde hace algunos años, un puñado de educados empresarios de la capital de Karnataka, Bangalore, en poco tiempo se convirtieron en los favoritos de la chequera estatal. Muchas compañías extranjeras, incapaces de operar en Europa por el ambiente hostil a los transgénicos, han mudado sus negocios a Bangalore. El ratón, se dice, no puede resistir el queso. Por eso, la inversión extranjera seduce a muchos jóvenes educados de la capital. Invariablemente, todos vienen con promesas de cultivos con mayores rendimientos, más nutritivos y con el presupuesto tácito de erradicar el hambre. La mayoría de estas unidades de ingeniería genética, muy subsidiadas por el estado indio, funcionan como centros de servicios para las compañías extranjeras.

Por eso, no sorprende que Bangalore sea sede de cinco cónclaves estelares por mes y, ello también, en nombre de la lucha contra el hambre. Ningún delegado, repito, ni uno solo ha puesto un pie fuera del hotel para, aunque sea, visitar y conocer a las familias de aquellos que dieron sus vidas para sostener estas políticas erradas que ponen un énfasis totalmente fuera de lugar para producir cultivos transgénicos. Aquellos que hablan de hambre y pobreza nunca estuvieron ni siquiera cerca de sentir hambre. Para los educados y la élite, hambre sólo significa perderse un almuerzo. En consecuencia, la ingeniería genética es una “herramienta tecnológica” que, para ellos, puede ayudar a mitigar el hambre y la malnutrición. Pero la cuestión que habitualmente se omite es, el hambre y la malnutrición ¿de quiénes?

La brecha digital

En un tiempo en que la tasa de desempleo aumenta en progresión geométrica, al gobierno se le ha ocurrido una salida fácil. Dándose cuenta de la importancia de desarrollar una economía rural basada en la información y el conocimiento “especialmente entre los indigentes y los sectores sin privilegios de la sociedad”, el gobierno inició un ambicioso programa para llevar la tecnología de información y conocimiento (TIC) a las aldeas. ¿No escuchamos acaso sobre la costurera del remoto Tadul Nadu que pudo vender saris cosidos a mano a un precio fabuloso? ¿No leemos en The New York Times acerca de los info-quioscos y los “sitios-e?” que la Indian Tobacco Company instaló en las zonas rurales? ¿No sabemos acaso de las iniciativas del gobierno para alentar a los campesinos a comercializar commodities? (1) Se nos dice a menudo que esto es sólo una pequeña parte del enorme potencial de TIC para promover la inclusión, la igualdad de género, para unir áreas remotas y revertir desequilibrios regionales.

Con un enfoque similar se plantea fundar universidades agrícolas virtuales. En Maharashtra, se sugirió una universidad virtual para la prosperidad agraria. Ya se instalaron cincuenta kioscos de Internet como parte de una prueba piloto en aldeas de Baramanti y Khed, en Pune. Como el abandonado sistema de “entrenamiento y visita” para la extensión agraria, donde se esperaba que cada campesino entrenado difundiera la tecnología aprendida a otros diez campesinos de su pueblo, la universidad virtual se basa en la misma estrategia. Lo que quizás se desconozca es que a pesar del respaldo del Banco Mundial, el sistema de “entrenamiento y visita” para la extensión agrícola fracasó miserablemente. Mientras tanto, Maharashtra gastó 15 millones de rupias en el proyecto piloto durante 2003-2004 y prometía otras 17,5 millones para 2004-2005.

El nuevo paradigma de capacitación está siendo calificado como un cambio revolucionario en la vida del campesino indio. Después de todo, el proyecto de quioscos-e ya ha beneficiado a cerca de 2,4 millones de campesinos en seis estados. En los próximos diez años alcanzará a 100.000 aldeas más, así como también creará más de 10 millones de campesinos electrónicos ¿Qué pasará entonces? El sistema mejorará la capacidad gerencial del campesino, creando una cooperativa virtual de productores que contribuirá al agregado de demanda y facilitará el acceso a insumos de alta calidad a costos más bajos.

Esto es más o menos lo que se prometía mientras el país se introducía en el universo televisivo. El gobierno ingenió numerosos programas para proveer a la comunidad de sus respectivos equipos de televisión en cada aldea, con las mismas aspiraciones y objetivos. Mientras la TV fallaba en inspirar a la comunidad campesina la revolución tecnológica, la realidad indica que a pesar del alcance de la TV, el hambre y la pobreza continúan creciendo en números absolutos.

Quienes sí se beneficiaron en el proceso fueron los fabricantes y proveedores de equipos de televisión.
En primer lugar, analicemos qué hay detrás del intercambio de commodities. Mientras en los últimos años miles de campesinos de todo el país se suicidaban, el interés del gobierno en incorporar arroz, trigo y otras commodities al comercio a futuro, revela una total insolvencia para encontrar alternativas reales al problema específicamente indio. En India, el tamaño medio de los predios rurales es de 1 ½ ha. y sólo el 5% de la población agrícola posee extensiones que superan las 4 ha. Contar con que estos campesinos, que continúan sobreviviendo año tras año contra todos los obstáculos y expectativas, se conecten y comercien electrónicamente sólo parece ser posible para la imaginería de un corredor de bolsa que ha sido apáticamente aceptada por la maquinaria oficial.

Se sabe que el gobierno se está retirando poco a poco de la distribución de alimentos valiéndose de que la infraestructura está deteriorada, y de la ineficacia del sistema. Sin embargo, la distribución de alimentos resultaba una política vital para asegurar un mercado a los campesinos. Retirándose, resulta obvio que los campesinos están siendo culpados por la ineficacia de la corporación de alimentos y de varias otras agencias gubernamentales, como algunos de los promotores originales de la National Multi-Commodity Exchange of India Ltd.

Al mismo tiempo, el gobierno también está abandonando el precio fijo para los campesinos, argumentando una y otra vez que el precio de soporte mínimo (MSP, por su sigla en inglés) se convirtió en el precio de soporte máximo. Esta conclusión es errada y totalmente falsa. La realidad indica que el MSP es más alto que los precios internacionales porque los subsidios agrícolas masivos en los países occidentales deprimen los precios globales.

En el bloque comercial más rico, la Organización de la Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), se otorgan mil millones diarios de dlrs. de subsidio a la agricultura; por consiguiente, los precios internacionales caen.
La cuestión es: ¿por qué se castiga a los campesinos indios por los subsidios agrícolas de los países enriquecidos? Al retirarse del precio de apoyo, el gobierno indio sólo esta ayudando a los agricultores norteamericanos y europeos a que continúen produciendo con precios subsidiados con los que luego inundan los mercados globales. Estas commodities subsidiadas y baratas que colman los mercados mundiales son la causa principal del aumento de la pobreza y la pérdida de vidas.

Incluso en EE.UU., no son los agricultores quienes comercian en el mercado de valores. Es el comercio el que hace eso. Si la comercialización a futuro fuese un mecanismo viable para asegurar los precios o la venta y si administrara eficientemente los riesgos de precio a través de los acuerdos a futuro, no habría necesidad de que los países enriquecidos desembolsaran subsidios monumentales. Si los agricultores estadounidenses, con su nivel educativo y el tamaño de sus explotaciones, no encuentran útil la comercialización a futuro, es extraño que el gobierno de India la promueva como la salvación de la comunidad campesina.

En realidad, el comercio a futuro es una receta para destruir de una vez por todas las ganancias obtenidas a partir del advenimiento de la revolución verde. Se trata de una receta para la erradicación de los agricultores pequeños y marginales, que constituyen el 80% de la mano de obra agrícola, y su objetivo es preparar el camino para el sutil ingreso del sector privado corporativo. Ésta es una receta para marginar aún más a las comunidades campesinas. Es una fórmula para que la India regrese a los días oscuros de la vigencia del régimen de provisión de alimentos “del barco a la boca”.

El surgimiento del quiosco informático viene acompasado con el abandono de las redes de seguridad social de los campesinos. Llega en el momento en que las redes de supermercados avanzan rápidamente sobre las áreas rurales. El objetivo real de los quioscos-e es crear un canal directo de estímulo a las ventas para los consorcios promotores a través de lo que se denomina “evitar múltiples intermediarios”.

Su verdadero propósito es adquirir una cartera de clientes para tales consorcios en vez de ayudar a la comunidad campesina con sistemas a favor del ambiente, de la mujer y hacia una agricultura que permita una calidad de vida sustentable.

Si el comercio al menudeo (léase supermercados) fuera el que garantizara la concreción de objetivos tan preciados como el desarrollo social y económico, los agricultores de los países enriquecidos no habrían sido expulsados de sus tierras.

Está comprobado que las corporaciones agrícolas junto con los supermercados han saqueado los recursos naturales a la vez que convertido a la agricultura en improductiva y dañina para el ambiente. Promover semejante sistema en India profundizará inevitablemente la crisis agraria y conducirá a problemas socioeconómicos imprevisibles.
Fomentar una revolución en la manera de ver la ruralidad no es, por cierto, incorrecto. Pero lo que se necesita es un programa que se base en el conocimiento y la sabiduría ya existente en las áreas rurales y que incorpore estrategias que realmente ayuden a mitigar los problemas existentes.
El cambio no sólo es deseable, es vital.

Pero las tecnologías ancestrales no pueden ser confinadas a un museo muerto. Tómese el caso del cultivo tradicional en estanques. Éste ha sido perfeccionado con el tiempo, y ha incorporado la sabiduría de la gente que ha sufrido la escasez de agua. Lo que hace falta es reconstruir estas estructuras en vez de permitir que la mafia de los camiones de agua arruine este notable sistema tradicional.

La historia nos enseña que las civilizaciones se han desarrollado a lo largo de los ríos, el serpenteo de los ríos se comporta como líneas de vida. A su vez, la población de las ciudades se abastecía de alimentos desde las áreas aledañas. De esta forma, la sinergia entre las ciudades y poblados (llámese lo urbano) con las zonas rurales se daba a través de la integración económica. Esto ha sido gradualmente desmantelado. Ahora, en cambio, se pone empeño en privatizar ríos y lagos, desligándolos de la gente que protegía estos cuerpos de agua. De la misma manera, la provisión de alimentos a las megaciudades o centros urbanos está pasando a manos de los supermercados. Estos centros de comercialización altamente subsidiados están, ahora, ubicándose en las aldeas.

Empujar a los campesinos y pobladores rurales a otro sistema enajenante de “conocimiento” no concuerda con el sueño de Mahatma Gandhi de gram swaraj (autonomía, autoconfianza). Gandhi reconoció la fuerza de las comunidades y quiso que éstas fueran autosustentables. Lo peor es que quienes diseñan estos programas masivos contra la pobreza y el hambre han perdido todo contacto con la realidad. Los problemas están en otra parte y aparecen “soluciones” que en realidad ayudan a que las corporaciones acumulen más ganancias.

Es un hecho que el sector TIC, a pesar de los fondos masivos recibidos del gobierno, no ha creado más de 600.000 puestos de trabajo. Por su parte, la red de servicios de tercerización, BPO (Business Process Outsourcing), emplea a unas 200.000 personas. Esto no representa ni una gota en el océano en relación con la gran crisis de generación de empleo en la India.(2) Estamos al tanto de las promesas de que el sector TIC llegará a crear un millón de puestos de trabajo para el 2007.

También está comprobado que la industria TIC puede afrontar sus compromisos con sus propios recursos. La tecnología es realmente útil y este escritor no se opone a la intervención de la tecnología, pero lo que debe ser urgentemente revisado es el promover los intereses comerciales de los fabricantes de hardware en nombre de la creación de medios para la vida rural.

Es tiempo de redefinir las prioridades nacionales. Es tiempo de que el gobierno reconozca primero las limitaciones de su propio “conocimiento” para lidiar con los problemas y obstáculos reales del desarrollo rural. Las conversaciones para fomentar la generación de empleo para los indigentes con ayuda del sector TIC recuerdan a la fábula de los cuatro ciegos intentando reconocer a un elefante. Jai Lal es uno de los millones de indigentes. ¿Donde está la intervención tecnológica que aporte al bienestar o a la emancipación de personas como él y tantos otros sin privilegios? ¿Y a quién le importa mientras nuestra calidad de vida permanezca intacta y sostenida gracias a tales afirmaciones llenas de gloria? La pobreza no se erradica distribuyendo celulares y quioscos informáticos entre los pobres así como el hambre tampoco se combate instalando una red de “centros-e” por toda la nación. Si somos honestos en nuestra causa contra el hambre y la miseria, empecemos por hacer algún esfuerzo donde se necesita.

notas:
fuentes.:”The Business of Hunger”, Znet, Cambridge, Mass., EE.UU., jun. 2005. Original: “ICT and Rural Livelihoods. Whose livelihoods are we talking about?”, Mainstreaming ICT”, One World South Asia, marzo-abril 2005.
1) Los productos, en este caso de la tierra, convertidos en mercancía, donde la cantidad se hace más importante que la calidad. Los precios se forman a través de bolsas de comercio, lo cual implica la especulación pues se establecen precios a futuro. Una vía para ahondar el proceso de privatización [n. de ed.].
2) India tiene más de mil millones de habitantes y más de la mitad viven en zonas rurales [n. de ed.].

artículo publicado en revista Futuros nº9, verano- otoño (2004). https://revistafuturos.noblogs.org

 

Los desechos cotidianos de una sociedad moderna, accidental… y cretina

Desde hace ya un tiempo, y no sólo en Argentina, se observa que la cuestión de los desechos cotidianos, la llamada “basura” ha cambiado francamente de status.

Por Luis E. Sabini Fernandez*
luigi14@gmail.com

Brutalmente, podríamos decir que apareció. Porque durante décadas, o siglos, había permanecido cuidadosamente invisibilizada. Sus dimensiones se hicieron tales que difícilmente podía sostenerse aquel ocultamiento, aquella liviana ignorancia.

El sistema establecido de producción de basura cuidó celosamente aquella invisibilización. Era la que permitía eliminar costos, lo que en economía se llama externalizarlos.  Pagadiós, la madre o puta madre natura? si juzgamos por el tratamiento?, los nietos, el fondo oceánico, en fin.

En 1977, cuando el aire de Buenos Aires se había hecho francamente irrespirable, por dos causas bien distintas, es cierto (el aire espiritual por la caza callejera del diferente desde los equipos de torturadores llamados oficialmente grupos de tareas); el aire físico, bien material, había alcanzado tal grado de contaminación mediante la quema de plásticos en todos los edificios de la capital, que el sistema político imperante tuvo que afrontar dicha contaminación. Mediante el cómodo expediente, es cierto, de alojar los desechos en enormes zanjones (que han dado lugar, con las décadas, a preciosuras semánticas como el Camino del Buen Ayre).(1)

La contaminación, entonces,  no desapareció, sólo se aplazó. Con el tiempo, empezó a sufrirla un sector, no más del 1% o el 0,5 % de la población, el más próximo a los vertederos; los vecinos de José León Suárez, Wilde, González Catán y últimamente Ensenada…
Pero si es cierto que desde la Luna la única obra humana perceptible no es la promocionada Muralla China sino el basurero de Nueva York, parece lógico que en algún momento semejante cuestión perdiera su invisibilidad, y que a la larga esperemos que sus responsables vayan perdiendo su impunidad.

La del tero: evitar mostrar donde está el problema

Pero estamos lejos del regocijo, lejos del núcleo problemático. Porque las más de las veces se aborda un problema cuando ya resulta insoslayable. Y sólo eso. Por otra parte, la floración de abordajes que cada vez más escuchamos sobre “la basura” presenta un sesgo sintomático: mucho reciclaje, mucha basura cero, mucha recuperación, las tres erres (reciclar, reducir, reusar) o incluso las algo más radicales cinco erres (rechazar, reparar, reducir, reusar, reciclar), pero todo o casi todo parece dedicado al consumo, al mercado de consumo. Nuestros “basurólogos” más o menos recientes, más o menos oficiales, parecen muy dedicados a encarar el consumo, no la producción. Pero es justamente en la producción de mercancía (que prestamente se hará basura) donde está el núcleo del problema. Por lo cual, toda política concentrada en encauzar el consumo se va a parecer, peligrosamente, a arar en el mar.

Claro que ello tiene una ventaja: no toca los intereses “principales” y, en cambio, tiende a modificar la vida de los que no tienen capacidad decisoria: si no se puede hacer lo importante, al menos parecer como si se lo hiciera. Con un plus nada despreciable desde el punto de vista de las relaciones públicas: encarar la administración de los residuos ya producidos, se ensambla con una actividad que espontáneamente, por necesidad, encararon sectores muy sumergidos de la sociedad contemporánea; los más golpeados por la modernización sacralizada y genocida: campesinos y peones rurales expulsados por la tecnificación creciente, obreros desocupados y con baja calificación, arrancados del mercado de trabajo con modernizaciones o extranjerizaciones, población toda ella que ante la indigencia golpeando a sus puertas, encararon la recolección de lo salvable de sociedades que mientras expulsan gente desde las capas más empobrecidas, por “abajo”, derrochan bienes desde las capas socioeconómicas de más “arriba”.

El problema planteado por los últimos proyectos y exposiciones sobre el tema de “la basura” que leemos cada día más en la prensa, en los sitios-e, que vemos en los informes televisivos, pasa entonces, si se es ejecutivo y sistémico, por ordenar el volumen, establecer centros patéticamente llamados “verdes” donde habrá gente –jamás los programadores– que harán la clasificación de los desechos (eso sí, con guantes y barbijo, ya que no escafandra) y si se es basurólogo pero progre, se pondrá el acento en la tarea socioeconómica de cartoneros, recuperadores y clasificadores y en el reconocimiento de sus derechos como tales.

Casi como si se tratara de una profesión elegida a la que faltaba regular, como si habláramos de rematadores antes de ser colegiados, o de periodistas todavía en actividad espontánea o de diagramadores electrónicos en el momento de su irrupción laboral… como si no se tratara de una opción asumida dentro de la mayor necesidad, arrinconado cada uno por un sistema que tritura no sólo las mercancías…

Por cierto que es mejor que los clasificadores trabajen sin represión,  con reconocimiento (y hasta agradecimiento, bien merecido) social, con mejores condiciones higiénicas, pero el tema de fondo es, como ya señalamos, muy otro. La prueba del nueve de que la actitud de los que han encarado el tema de la basura desde la progresía no conocen ni les importa el destino de los cartoneros y clasificadores por más que los invoquen permanentemente es que, cuando salieron en Montevideo con el inefable intendente Arana unos primorosos contenedorcitos que ahogaban totalmente la labor de recuperación, no sólo no escuchamos críticas ante tal política que englobaba residuos en lugar de separarlos, sino que ni siquiera  hubo espacio para abordar tal medida con el necesario ojo crítico en prensa progre. Se nos dijo: ¿Cómo criticar medidas municipales tan populares (lo cual era cierto)? (2)

¿Campaña de impacto o hecho cultural?

¿En qué términos se manejan desde los medios de incomunicación de masas y desde las direcciones políticas este asunto? Como una cuestión de campañas (de concientización), como una cuestión de organización (los centros verdes en Buenos Aires) y de estructuración de un significativo gremio novel: el de los clasificadores de la basura.

El CEAMSE en el Gran Buenos Aires había procurado en su momento poner en funcionamiento tales centros de clasificación de los restos, de las veinte mil toneladas diarias que el GBA expulsa de sus hogares luego de compradas en supermercados, autoservicios, centros de compras y otros lugares de mercadeo. Tuvieron que suspender las tareas, porque el olor nauseabundo era tal que ni siquiera la gente más maltratada por el sistema podía hacerse cargo. Sin embargo, hay programadores, grupos de inversores asistidos técnicamente, que ven con buenos ojos la instalación de tales cámaras depurativas.

Es interesante seguir “el razonamiento” de especialistas en la materia como Elena Sanusian, auspiciada por el BGS Groups, una empresa de “análisis y asesoramiento de inversiones”, actuante en Argentina (Brasil y Venezuela).

Sanusian, en conferencia sobre el particular, (3) concentra toda la actividad posible para encarar “la solución” de los residuos en la administración de lo consumido y devenido tal, con consignas entradoras, como  “del consumismo irracional al ecoconsumo responsable”. Sostiene que hay que “armar eco-clubes (algo que se utiliza en Europa) donde capacitar a los niños que luego vuelven al seno de sus familias”. Sin embargo, bien pronto se somete a la cruda realidad que nos habita, y entonces postula la separación de la basura (para recuperar, reciclar, reusar) en grandes “establecimientos”, donde “operarios” proceden a hacer esa separación “perfecta”. En medio de la mayor higiene y sin olor alguno. Lo que denomina ‘Plan integral para el tratamiento de los desechos’.

Una transición por lo menos rápida, del análisis social y la concientización al más feroz continuismo: ya estamos “respirando” soluciones tipo Macri.

Dice sin desmayo y con escasa conciencia de sus palabras: “Ésta es la tarea en que tendremos que trabajar todos”. Parafraseando a Orwell, algunos tendrán que hacerlo un poquito más que otros, ¿no?

Insiste mucho en la concientización de los consumidores. Se le ha pasado por alto –menudo detalle–  la concientización de los empresarios. La necesidad de reconfigurar la producción industrial, el universo fabril del cual proviene buena parte, por no decir casi todo lo que poco después se convierte en desechos.

A medida que avanza en su planteo, ni siquiera la concientización minutos antes ensalzada parece ya demasiado importante. Dice, sí, que lo mejor es la separación en el hogar (en origen) pero sostiene a la vez que las plantas de tratamiento son tan eficientes que resulta indiferente el estado en que ingresen los desechos [sic]. Y afirma rotundamente “que funcionan óptimamente aunque los residuos vengan  en el mayor entrevero”. Y da una puntadita final: “Puede haber tratamiento con y sin separación de residuos.” Pero si nosotros en Argentina queremos hacer tratamiento con separación en origen, “tendríamos que empezar desde muy abajo” y eso significaría “un proceso de mucho tiempo”. Por eso, “el valor de las plantas de tratamiento de que estoy hablando es que son aptas no sólo cuando llega la basura separada” sino cuando llega “en el peor estado en que nosotros nos podemos imaginar”. Compactada o sin compactar, incluso directamente desde el camión. “Cae por una tolva en una mesa larga, de ahí se comienza a separar mediante manejo manual en general, se separa lo que es reciclable de lo que no es reciclable [sic]. Se ve que nuestra técnica no ha avanzado un pasito más en “lo reciclable”. Seguro que se pierde.

‘Y así llegamos a tener una partida para lo que se llama disposición final, pero no como la habitual en que va todo entreverado sino que ha pasado por una selección previa…’
Le pregunto final y retóricamente:
-¿Usted ha hecho algo de lo que cuenta? y le abro la puerta de salida: ¿Quién realiza semejante separación?
-“Operarios, claro”, me contesta. Ah.

Los diseñadores de una tarea que ni los esclavistas más imaginativos pudieron concebir

Los grandes solucionadores de la basura cero han encontrado una tarea que ni los más perversos de los esclavistas de todos los tiempos habrían imaginado: seleccionar basura, elegir e ir separando los restos que la humanidad urbana, consumista y sofisticada deja detrás suyo. Imaginen apenas: restos de verduras, cáscaras de banana, potes plásticos de yogur, hilos rotos, pilas gastadas, grasa y bordes del plato del mediodía, medias rotas, sonajero que ya no suena, diskette arruinado, pelo del perro, camiseta gastada, papeles de envolver, sobres de las facturas a pagar, restos de arroz hervido, sobres de té, cáscaras de queso, bolsas de todo lo imaginable, de fruta, de electrodomésticos, bandejas de telgopor, películas plásticas de todo tipo de alimentos, comida en mal estado, plásticos duros de protección de cartuchos, cubeteras averiadas, lamparitas quemadas, otros restos de comida, panes viejos, volantes, comida en pésimo estado, jirones de lo que se te ocurra, mezclados con mugre, biromes gastadas o rotas, restos de carnes, de verdura, ramas y flores ajadas, vasos rotos, agendas y almanaques viejos, agujas hipodérmicas descuidadamente arrojadas al tacho, potes de cremas o desodorantes gastados, cortinas desvencijadas, ropa en desuso, folletería de propaganda, diarios viejos, tubos plásticos de varios productos alimentarios procesados (mostaza, salsa dulce de tomate), muebles rotos y viejos, herramientas ídem, mangueras agujereadas, llaves obsoletas, frascos de mermelada o de cera para muebles, enchufes descompuestos, pañales descartables, herrajes rotos, pasajes caducos, algodones usados, cuadernos en desuso, electrodomésticos inutilizados de todo tipo y tamaño (secadores de pelo, procesadoras de cocina, relojes a pila), botellas de vidrio o de plástico de cerveza, agua, vino, aceite, vinagre, bebidas alcohólicas fuertes, refrescos, y un larguísimo etcétera.

A lo que hay que agregar lo que uno tira en el lugar de trabajo; vasitos plásticos para café, toallas de papel, papelería diversa o desde el auto: envases varios, cubiertas, baterías gastadas, o desde el jardín…

Y estamos hablando de un “hogar” que no bebe agua embotellada… que es el principal problema de saturación de los vertederos hoy en día… Todo eso más o menos junto va creando un hedor nauseabundo. Basta acercarse a los tan bienvenidos contenedorcitos en una día de calor para darse cuenta. La diferencia es que uno lo huele a la distancia y el cartonero, clasificador, a menudo se zambulle adentro para rescatar lo rescatable… Imagine el lector no ya un contenedor de un metro cúbico sino un galpón con cientos de metros cúbicos de tal mixtura., recuerde el lector que el tiempo agrava la situación de los contenidos por putrefacción, agriamiento, aparición de larvas e insectos de todo tipo…

La cuestión de los desechos industriales, del mercado y del hogar no es un problema técnico ni organizativo sino cultural. Esta recorrida por las propuestas en boga nos permite avizorar que estamos muy, pero muy lejos de abordar realmente el problema de “la basura” generada por el consumo irrefrenable.
Encarar el problema es vérselas, precisamente, con ese consumo irrefrenable, el consumismo. La idea de sociedad que nos domina hoy en día. Que dista de ser eterna, natural o inmutable. En rigor, la producción de basura es un fenómeno relativamente reciente de la humanidad. En tiempos pretéritos ni había recolección de basura ni había acumulación propiamente dicha.  O la había en términos casi despreciables. Los vikingos llenaban hoyas durante generaciones. Claro que se trataba de agrupaciones de no más de cientos de seres humanos o tal vez miles. Pero tardaban décadas en llenar una hoya. Y cuando lo hacían, se desplazaban o hacían otra. Con nuestro régimen de consumo, mil habitantes llenaríamos cualquier hoya inmensa en cuestión de meses, no ya de generaciones. A razón de una tonelada o dos diarias, en cuatro o cinco meses tendríamos cubierto un volumen de entre cien y trescientas toneladas… una hoya más bien cuadrada de tres metros de profundidad y de diez metros de lado…

Un modelo occidental, moderno… e irradiante

La sociedad occidental moderna ha sido la gran forjadora de la producción de basura. Muy gradualmente, la sociedad moderna fue abandonando el ciclo de las cosas y constituyendo un proceso económico lineal, según el cual, el producto bruto se convierte en mercancía, se lo usa y se lo expulsa de la sociedad, desentendiéndose de él. En realidad, obligando al resto de la humanidad, ya sea las clases subalternas de los países “industrializados” o las sociedades periféricas (con sus propias reservas ambientales y habitacionales de privilegiados) a hacerse cargo de semejante “producción”, más o menos subrepticiamente expulsada.

La presencia de cada vez más productos químicos de difícil manejo (por su toxicidad, por ejemplo), fue facilitando ese camino, el destino rectilíneo de los bienes desde los albores de la modernidad, con el desarrollo  industrial en auge. Pero fue la invasión literalmente imparable de los termoplásticos a mediados del siglo XX el gran desencadenador de una conformación de la basura como ente ingobernable. Fue el auge ideológico del consumismo, del use-y-tire, la apoteosis de lo nuevo, la depreciación de lo usado, del remiendo, del zurcido, de los refritos alimentarios. El triunfo, en una palabra, del american way of life. Por ejemplo, en la cocina hogareña, todos aquellos platos, incluso sabrosos, como ropa vieja, torrejas, budines de pan, tartas, revueltos de todo tipo, albóndigas, que se hacían tan a menudo con los restos de la  comida anterior, fueron desapareciendo, de las mesas y del imaginario social nuestro. En realidad, la cultura consumista ha arrinconado a la propia cocina hogareña, hoy “nutrida” de deliveries; hasta el idioma proviene del Gran Hermano.

Fue también la llegada del alud de envasados. El mundo empresario, a caballo de razones atendibles, como la higiene, pero en realidad, más movido por los aumentos de rentabilidad que por la salud poblacional, fue universalizando los productos envasados, aboliendo los sistemas a granel.

Con una doble consecuencia: por un lado, como dice Vandana Shiva, las manos se fueron convirtiendo en agentes delictivas por excelencia: una sustancia tocada o rozada por manos, era algo penable, punible o rechazable. Como si lo envasado fuera garantía de pureza y calidad. Y por otro lado, la creación de envases, a menudo dobles, triples, cuádruples, agigantó el problema de la producción de desechos. A esa tijera que nos mutila y agiganta un problema habría que agregarle un tercer aspecto, –tendríamos que hablar de una triple consecuencia entonces– tan o más problemática que las anteriores: los envases que se usan, y los que más se usan, distan de ser inertes. Con lo cual, hemos introducido, modernización mediante, un factor patógeno desconocido o casi desconocido en tiempos tradicionales.

Pensemos que, p. ej.,  para el tratamiento de aguas minerales, hace ya un par de siglos, se usaban espitas de porcelana porque eran del material más inerte que se conocía, para no contaminar el agua surgente. O que el arquitecto romano Vitruvio, hace dos mil años, leyó bien, hace dos mil años, desaconsejaba el uso de cañerías de plomo para la distribución de agua potable en Roma, Pompeya y ciudades del imperio, por ser un metal que desprendía sustancias, no precisamente amigables para los humanos (ya estaba perfectamente diagnosticado el saturnismo). La sociedad moderna europeo-occidental, muy oronda, instaló las cañerías de plomo en todas partes, como señal de progreso, durante los siglos XIX y XX y no sólo para agua fría sino incluso para caliente, cuando el agua caliente se “come” literalmente dichos caños (y por lo tanto, los humanos ingerimos el plomo así extraído y pasado por las canillas respectivas).

La sociedad industrial, que despejó la visión para percibir una serie de acontecimientos inéditos en las sociedades humanas, a la vez, nos encegueció para ver otros aspectos de la naturaleza que las sociedades “tradicionales” sí sabían ver.

Lo que ganamos en técnica lo perdimos en sentido común

Sólo así pudimos “aceptar” plásticos blandos como envases de nuestros alimentos, cuando hay investigaciones terminantes de que dichos materiales empiezan a fundirse y a desprender sustancias cancerígenas a apenas 40 grados centígrados. La temperatura de cualquier verano rioplatense.(4)
Pero aquí estamos encarando el segundo de aquellos desastres: la montaña de basura creció sin medida ni concierto con la aglomeración incontenible de envases. Es lo que vemos hoy en cualquier campo, en cualquier mar.

Si llegamos a entender que se ha ido configurando un sistema de producción de basura que ha sido de interés para determinadas ramas industriales que se han expandido hasta lo irreconocible, como es el caso de la petroquímica, la industria del embalaje, y otras, entonces, es fácil darse cuenta que cualquier intento de cambiar este estado de cosas no pasa tanto por el consumo  –que siempre llega tarde y mal al problema–,  sino por la producción, que de algún modo configura el estado de situación.

Y si nos damos cuenta de esto, también podemos advertir que “el eje” no pasa por campañas de concientización, ni propaganda visual o televisiva, ni por las exhortaciones magisteriales a los niños en las escuelas, aunque todo eso contribuya en algo.

La situación es más bien de carácter económico y político.

Económico, porque ese estado de cosas afecta negativa o positivamente la rentabilidad empresaria.
Político, porque se necesitan decisiones para encauzar la actividad empresaria, por ejemplo, y la actividad material general, para evitar p. ej., el envasado ambientalmente gravoso o sanitariamente peligroso, y tantos otros encauces.

Pero que, por sobre todo, se trata de una cuestión cultural. Si sectores significativos de la población no ven problema en nuestras vidas cotidianas, va a estar difícil conseguir algo, bueno, durable. Porque es la cultura nuestra la que está en juego. Es un hecho cultural, aunque a algunos nos parezca atroz, aceptar sustancias cancerígenas y confiar luego en la medicina legal y oficial para obtener la detección precoz, que es el desiderátum de tantas campañas de “lucha contra el cáncer”).(5)

Si sectores decisivos de población prefieren vivir como viven, en todo caso con detección precoz (de cánceres, alergias, anemias, enfermedades autoinmunes, y otras patologías no sólo corporales sino también “mentales”), la basura es irrefrenable. Y los laboratorios festejarán, seguirán festejando, tal “elección”.

Cultura es lo que uno hace porque no puede no hacerlo

Si la gente advierte que nuestro sistema de vida nos miente, y en realidad es, poco a poco, cada vez más, un sistema de muerte, tal vez sí pueda haber un cambio. Pero tendrá que ser un cambio con rasgos culturales diferenciados. La primera erre tendrá que ser relevante: rechazar el uso de material irreciclable, como p. ej. los blixter, los tetrabrik, los sobres de papel con “la cómoda” ventana de plástico, los papeles plastificados (que no sirven para reciclar como plástico y menos como papel), las pilas no recargables, rechazar el uso “generoso” de bolsas de plástico que terminan rodando con el viento por mares y suelos, rurales y urbanos, rechazar la comida cargada de agrotóxicos, atreverse a reusar cosas, a reciclar. Pero no que lo haga “otro”, sino a partir de una asunción personal: cuando alguien ya no soporta un envenenamiento, lo que se suele llamar en el  contexto una contaminación, por ejemplo, eso quiere decir que en su trama cultural ya no lo puede incorporar (literalmente, metérselo en el cuerpo).

Cuando un edificio de veinte pisos con un predio de media manzana alrededor tenga habitantes que no soporten desprenderse cada día de una tonelada de materia celosamente escondida en bolsas negras de consorcio, y empiecen a reclamar, que, por ejemplo, los restos alimentarios, se composten en el jardín que tienen con solo césped, estaremos hablando de cambios culturales, cambios en la cultura cotidiana, que implica cambios de actitud y situaciones donde uno ya no puede comportarse como lo hacía antes y lo veía hacer a otros.

Mientras sigamos con técnicos viendo cómo hacer para que los cartoneros sean enterrados en vida en grandes recintos con tolvas para que “ellos” separen lo que pueden y devuelvan al cauce principal lo inservible, no habremos avanzado gran cosa, antes bien, nos habremos engañado una vez más. Porque los humanos tenemos la habilidad de hacerlo ene veces.

* Miembro del equipo docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista free-lance y editor de la revista semestral futuros del planeta, la sociedad y  cada uno.

notas:
1) Si esos zanjones además de postergar más que solucionar el problema de la contaminación por los desechos cotidianos, sirvió para resolver “dos en uno”, depositando restos humanos que “cosechaba” la dictadura entonces, es una pregunta de las que han quedado, por lo menos hasta ahora, sin respuesta.
2) En Buenos Aires, poco después, con la gestión Telerman, sobrevino algo por el estilo, aunque con un peregrino intento de clasificación entre residuos secos y húmedos. Tampoco entonces salió algún basurólogo progre a señalar que los promocionados y costosísimos contenedorcitos iban en sentido opuesto a todo criterio de separación en origen, una de las pocas medidas que, encaradas con un trasfondo cultural basado en la conciencia de la cuestión, tiene algún sentido.
3) Dictada en la Fundación R. Rojas, a fines de 2007.
4) Véanse “Detener al PVC” del equipo editorial de Integral, no 98, Barcelona, febrero 1988 y nuestros “Política de migraciones”  Página 12, Boletín Verde, 24 mayo 1992, reeditado en Ciudadanía planetaria, V. Bacchetta (comp.), Federación Internacional de Periodistas Ambientales, Montevideo, 2000;  “ALARA: otro mito tecnológico”, Revista del Sur, no 70, Montevideo, 10 jun. 1997; Basura y cultura, folleto del seminario-taller de Ecología y Derechos Humanos de la Cátedra Libre de DD.HH, de la Fac. de Filosofía y Letras de la UBA, 2º. cuatrimestre 2004; “La petroquímica y su visión autoindulgente sobre el desastre planetario”, www.rebelion.org del 20/6/2006, www.biodiversidadla.org del 21/6/2006, www.ecoportal.net/content/view/full/60988 del 3/7/2006, www.serviciosesenciales.com.ar, s/f.
5) Véase Samuel Epstein, oncólogo, autor de The Breast Cancer Program, estremecedora investigación sobre el cáncer de mama en EE.UU.: Epstein sostiene con documentación y pruebas irrefutables que las grandes organiza-ciones estadounidenses del área; National Cancer Institute (NCI) y American Cancer Society (ACS) luchan por la detección precoz, no por la prevención porque ‘es más la gente que vive del cáncer que la que muere por él’.

Publicado en revista Futuros. https://revistafuturos.noblogs.org

Reflexiones en torno a la guerra y el integrismo tecnológico

“… Hay que recuperar el mundo. Hay que dejar de fantasear sobre el más allá del mundo, sobre el más allá de la Tierra y sobre el más allá del hombre […] en cuanto a crear atmósfera artificial sobre la Luna o sobre Marte ¿a quién pretenden tomarle el pelo?.” Paul Virilio (1)

Por Loreto Echeverría

Conspiradores de lo viviente

El vizconde Étienne Davignon niega que el ya quincuagenario Bilderberg Group que él preside, constituya “una clase dirigente global”. Tal cosa no existe. “Los negocios influyen en la sociedad y la sociedad es influida por la política… eso es puro sentido común”. Se trata, nos explica, que se reúna gente “que tiene influencia interesada en conversar con otra gente influyente”.(2) A sus miembros, todos en la cima de la jerarquía política-corporativa “occidental” (que comprende desde los presidentes del Banco Mundial y British Petroleum hasta los cinco mayores propietarios de prensa y el rey de Bélgica) suelen incorporarse futuros líderes elegidos por el Estado Llano. El gobernador de Arkansas Clinton y el parlamentario Blair ya estaban en el club, que según dicen, se inicia en Holanda en 1954 .

Con perfecta regularidad, el poder habla al poder, que con agenda desconocida ha de aceitar una de las “hélices mundializadoras”: “el cuatrimotor”: ciencia, técnica, industria e interés económico.(3)

¿Es el fenómeno Bilderberg la punta del iceberg?  Muy probable. Las teorías conspirativas, ejercicio que despierta tanto escarnio dentro del establishment académico, hoy apenas demandan elucubraciones. Porque si en un mundo globalizado los órganos directivos de las finanzas, la industria, los medios de comunicación sostienen “conversaciones” tan inaudibles como las de una logia masónica y cuyo contenido permanecerá secreto  in perpetuum ¿no es legítimo concluir que se está gestando un supra-estado en la sombra?

Por otra parte, ¿no es obvio que la Guerra Fría de los últimos 60 años ha moldeado la economía mundial como una economía de guerra bajo el comando de la tecnocracia militar-corporativa (TMC) y en consecuencia, impedido un efectivo funcionamiento democrático?

Ni las fuerzas de “disuasión” ni la “conquista” espacial, que siguen marcando la carrera armamentista en la era post-soviética, permiten una economía justa o una democracia genuina. La nuclearización en sí despoja a la sociedad civil de parte importante de su capacidad de escrutinio (baste recordar lo sucedido en Kashiwazaki, en las cercanías de Tokio, en julio pasado; véase recuadro). La complejidad de la tecno-ciencia, que espanta tanto como asombra, deja al margen del debate a la mayor parte de la clase política, que no sabe ni contesta. Y algo parecido pasa en la brumosa esfera financiera, progresivamente más ininteligible, aun para los “expertos”.

La patria extraterrestre

En estos años de guerras frías y sangrientas, de déficit incontrolable, de mega bancarrotas, Washington, fiel a su propia lógica autística, ha alentado con obstinado celo la aventura espacial, piedra angular de todo tecno-utopismo. A pocos meses de “la caída” de Bagdad se lanza la Declaración de la Luna, entre cuyos signatarios (estadounidenses en abrumadora mayoría y con la conspicua ausencia de China) figuran Boeing y Lockheed Martin. El documento es elocuente: necesitamos de nuestro satélite, no sólo por sus recursos de agua y energía, sino como un refugio en caso de catástrofe (4) y finaliza con una romántica proclama: “nuestra visión es la de una humanidad expandiéndose en el espacio en un viaje sin término”.(5)

Conscientes que sin robots la colonización del espacio es inviable, los arquitectos de la Declaración subrayaron que el progreso en este campo era fundamental. Rodney Brooks, “Panasonic Professor” de robótica en MIT, figura cumbre en la inteligencia artificial (IA) y un militante ferviente de la astronáutica, ha dedicado sus mejores esfuerzos a construir robots para misiones espaciales. Su objetivo, sin embargo, va más allá de la creación de máquinas que nos abran el camino en el sombrío espacio estelar. Lo que busca el profesor Brooks es “alterar nuestra percepción de las capacidades potenciales de los robots”

En su popular libro Cuerpos y máquinas: de los robots humanos a los hombres robot (6) explora “la recíproca conexión entre humanos y sus hermanos tecnológicos” (“Technological Brethren”), e impugna indignado la concepción que tenemos de nosotros. “Nos hemos programado” afirma, para creer que constituimos seres únicos, cuando nuestro cuerpo “es una masa de biomoléculas”, una máquina que actúa de acuerdo con reglas específicas. De ahí se infiere que debamos mirar a los robots con ojos fraternos.

Su “biologicismo” es paradigmático de lo que E. Morin y su escuela (Asociación para el pensamiento complejo, APC) denominan “la cosmovisión unidimensional de un pensamiento simplificante y reduccionista”.(7) Y que entendemos como la ideología dominante de la TMC en general y del alto sacerdocio de la IA en particular.
En sus antípodas, la antropolítica, el movimiento ciudadano que percibiendo a la Tierra como “la casa de todos” reacciona “contra los efectos de una civilización reducida a lo cuantitativo, el dinero, lo prosaico y lo agresivo”.(8)

Un caso interesante de esta reacción contra la TMC es el de James Hansen, director del Instituto Goddard de la NASA a quien la administración Bush ha tratado de silenciar. Décadas atrás, a raíz de sus investigaciones climáticas de Venus, Hansen fue uno de los primeros en hacer sonar la alarma respecto al calentamiento global, advirtiendo que “nuestro modo de vida es insostenible” y que si no hay cambio de rumbo inmediato, el daño será irreparable.(9) Reconoce el interés científico que encierran Venus y Marte, pero no vacila en enfatizar que el planeta en el que vivimos “es más importante” y que tenemos “una obligación hacia nuestros hijos y nietos” . Para este rebelde que ha abandonado la nave de los locos es “esencial” que la comunidad científica pueda establecer una comunicación directa con la gente, ya que “la preocupación pública es probablemente lo único capaz de imponerse a los intereses corporativos que han confundido (obfuscated) el tema”.(10)

Confrontado por C. Gracie a la pregunta de si hay o no “una conspiración en el corazón del establishment norteamericano”, Hansen (quien ha sido amordazado y sujeto a implacable vigilancia como es de público conocimiento) soslaya el término “conspiración” y se limita a denunciar manipulación de información y “fraude científico”. Su insistencia en que ni el Congreso ni la ciudadanía están siendo debidamente informados sobre una situación próxima a escapar a todo control es muy reveladora.

Fraude jurídico: derechos robóticos y corporativos

Los desarrollos en el campo de la biónica y de la IA nos aproximan con celeridad al advenimiento del “robo sapiens”. Lo más notable de todo, sin embargo, es la mutación que parece estar sufriendo el robot en el imaginario colectivo y en consecuencia en el concepto de lo humano. David Levy de la Universidad de Maastricht en Holanda profetiza que habrá matrimonios “legales” entre hombres y robots. Tal vez a mediados de este siglo en los EE.UU.(11)

Una revolución que según él es similar a la suscitada por la primera unión interracial en EE.UU. o entre individuos del mismo sexo (“Live science”, 12-10-07). Las proyecciones políticas y jurídicas que intenta darle la TMC son también escabrosas. Debido a que se espera, como una suerte de fatalidad cósmica, “la llegada” de las máquinas autorreplicantes, evolutivas y autónomas, el gobierno de Blair (“New Labour”) financió una curiosa investigación. A través de una organización gubernamental (The UK Office of Science and Innovation’s horizon Scanning Centre) encargó a diversas consultoras y “think tanks” (Outsights, Ipso Mori, Institute For The Future) dilucidar el status jurídico que los robots, como “sentient machines” podrían adquirir dentro de las próximas décadas. El estudio, publicado a fines de 2006, concluye que si los robots desarrollan conciencia y son capaces a su vez de generar IA, requeriremos “reglas éticas” que regulen nuestra interacción. El sueño del profesor Brooks se haría realidad: tendremos que amarlos como a nosotros mismos. “La sociedad “, nos advierten, “tendría el deber de cuidar a estos nuevos ciudadanos digitales”, contribuyentes con derecho a voto y “quizás”, ¡sujetos a servicio militar obligatorio!

Esto a su vez ha abierto otros debates. En el programa “Reporting Religion” de la BBC, Dan Demon entrevistó en julio pasado a un “experto” sobre el tema, Ronald Arkin, un roboticista de Georgia Institute of Technology, Atlanta, EE.UU. ¿Cómo enseñarles los principios de la Guerra Justa y quienes serían en última instancia los responsables de sus actos? Porque un error mecánico podría convertirse en “crimen de guerra”, pero Arkin nos tranquiliza. Los robots, desprovistos de emociones, tendrían un mejor desmpeño que los humanos, circunscribiéndose a “blancos legítimos”.(12)

En este contexto de enajenación y necrofilia es muy natural que en el seno del universo corporativo las empresas estén demandando derechos comparables a los que, en teoría, el sistema democrático garantiza a las personas. “Puede que las grandes corporaciones no respiren, ni hablen ni coman, pero ellas ahora están utilizando la legislación de derechos humanos para exigir protecciones y libertades legales”.(13) Por muy exiguo que sea nuestro conocimiento respecto al círculo de Bilderberg estamos en posición de hacer un pronóstico: su “quehacer” será cada vez más siniestro y destructivo. Junto con corromper absolutamente, el poder absoluto también enloquece por completo…

El soldado-máquina

Las dificultades de reclutamiento, las incesantes deserciones, el costo de las fuerzas mercenarias, etcétera, han forzado al “mundo civilizado” a una creciente tecnificación de la guerra. Foster-Miller corp. dio a luz “EL ROBOT GUERRERO”, capaz de perseguir y atacar al enemigo (BBC Report: US  plans “robot troops” for Iraq, 23-1-05). Aún suponiendo cierta exageración con fines propagandísticos, la tendencia es clara. Recientemente el Ministerio de Defensa británico convocó, con tentadores premios y fondos, a un concurso para seleccionar los mejores robots destinados a incorporarse a las filas (BBC Report: “Robots battle for military prize”, J.Fildes, 31-7-07)

Por otro lado, el sinnúmero de combatientes que han sufrido amputaciones ha conducido a sorprendentes logros, bien publicitados en la web por el Departamento de Defensa de EEUU. Ahí podemos observar, por ejemplo, cómo un ingeniero biomecánico enseña al sargento Ramón Padilla a usar armas de fuego con su prótesis, ya que de lo que se trata ahora es de “reciclar” el reducido contingente disponible: re-habilitar y reintegrarlos en el frente.

En Escocia Touch Bionics ha manufacturado “una mano biónica completamente funcional” que se ha colocado con éxito en los ex-soldados. Y la American Forces Press Service anunció, también en julio, prótesis con un avanzado sistema, provisto de mayores sensores y velocidad y de mejor memoria, para  2009.

Terremoto

En el terremoto del 16 de julio de 2006 la mayor central nuclear del mundo, la de Kashiwazaki-Kariwa (proveedora del 12 % del consumo eléctrico de Tokio) –ahora cerrada “por reparaciones” –, sufrió daños desastrosos: incendio, decenas de agrietamientos y múltiples escapes radioactivos, contaminando agua, suelo y atmósfera. La Tokyo Electric Power Co. guardó silencio sobre lo ocurrido y la globalización se encarga de que el “incidente” y sus indeterminadas víctimas caigan en el olvido.

notas:
1) P. Virilio, Cibermundo ¿una política suicida?, Dolmen, Stgo. 1997, p. 83.
2) Bill Hayton , “Inside the secretive Bilderberg Group”, BBC REPORT: 29-9-05.
3) Edgar Morin, E. Roger Ciurana y R.D. Motta, Educar en la era planetaria, Gedisa , Barcelona 2003, p. 11. La otra “hélice mundializadora” es: “las ideas humanistas y emancipadoras del hombre”.
4) Véase mi nota “La Carrera Espacial: control cibernético y fiebre sideral”, Futuros n· 7, primavera-verano 2004-2005, pp. 33-35.
5) Conferencia Lunar Internacional 2003. “The Hawai Moon Declaration”. Días después Bush visita la NASA y autoriza financiamientos para exploraciones a la Luna y a Marte, obteniendo un incremento presupuestario para la agencia “más allá de la tasa de inflación”. Guardian Weekly, 15-22 enero, 2004.
6) Ediciones B.  Título original: Flesh and Machines: how robots will change us ( Feb. 2002).
7) E. Morin, ob. cit,  p. 73
8) Ibíd , p. 110.
9) C.Gracie en “The Interview”, BBC World Service Radio, 16-9-07.
10) Ibíd. Véase además la entrevista a Hansen de Andrew Revkin, 29-1-06.
11) Financial Times, 19-12-06,  BBC World Service News, “Robots could demand legal rights”, 24-12-06.
12) Reporting Religion, 29-7-07.
13) “On a legal absurdity”, columna de G. Monbiot, Guardian Weekly, 19-25 oct. 2000.

Publicado en revista Futuros nº11, primavera-verano 2007, Río de la Plata. https://revistafuturos.noblogs.org

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HAARP: los ‘músicos’ que nos quieren hacer tocar el arpa

Desde hace unos años han recrudecido las notas que señalan algo tenebroso alrededor del proyecto HAARP, un engendro de los militares estaodunidenses para el control del clima con fines militares.

Por Luis E. Sabini Fernandez
luigi14@gmail.com

Las notas de quienes se han tomado el trabajo de recopilar elementos sobre el proyecto High-Frequency Active Aural Research (Programa de investigación activa de alta frecuencia de la aurora), que es a su vez parte del programa estratégico mayor, Guerra de las Estrellas, apuntan todas ellas a “preocupaciones”, indicios, atisbos, de semejante estrategia, que, faltos de pruebas de alguna concreción, se limitan a hacer un diagnóstico preocupante y a la vez quieren evitar presentar cargos que, sin verificación a la vista, puedan convertirse en flancos débiles a cualquier reacción. Por infundio, calumnia, etcétera.

“Nuestro” estimado Michel Chossudovsky (1) en un trabajo de 2005 ubica el origen de tales proyectos en 1992. (2) Otro estudioso del tema, Nick Begich, (3) en coaturía con Jeane Manning, en cambio, rastrea orígenes de estos planes en la década del 50, algo en lo que coincide el grupo-e en otra presentación reciente. (4)

Públicamente, como aclaran Begich y Manning en su trabajo, HAARP “da la impresión que se trata de un proyecto académico con el objetivo de modificar la ionosfera para mejorar la calidad de nuestras comunicaciones. Sin embargo, diversos documentos de origen militar expresan más claramente que el objetivo de HAARP es aprender a “explotar la ionosfera al servicio de los propósitos del Ministerio de Defensa [sic]”.
Lo cierto es que la Universidad Fairbanks, de Alaska, está empeñada en investigaciones de manipulación atmosférica sin precedentes desde los estallidos de las bombas atómicas.

Se estima que este programa, tan celosamente custodiado por los militares estadounidenses les permitiría proveerse de un tomógrafo cubriendo todo el planeta con el cual verificar a quien lo instrumente si hay o no proliferación nuclear, por ejemplo. Asimismo se podría rastrear aviones volando a muy bajo nivel o cruceros misilísticos, superando así las viejas formas de detección. El manejo de HAARP según sus titulares también habilitaría asegurar mejores y más amplias comunicaciones en áreas extremadamente extensas.
Pero ésas son las “actividades legales” o “a la vista” del proyecto. Para algunos científicos un uso desconsiderado de ondas electromagnéticas, incluidas en los proyectos HAARP, podría incluir cataclismos ambientales.

Antecedentes no faltan. Precisamente en vísperas de lo que cambió el estilo político del planeta con la “guerra al terrorismo” inaugurada en el WTC, el Weekly Telegraph en su edición (semanal) que salió el 5 de setiembre de 2001, reveló “un experimento que se había mantenido oculto en Inglaterra en 1952, y que luego de casi medio siglo salía a luz gracias a la puesta a disposición del público de información del estado hasta entonces confidencial”.
Un aguacero cayó entonces en una pequeña población del sur inglés, Lynmouth, “matando a 35 personas en una sola noche”. El artículo remata: “puede no haber sido un desastre natural”.

Los documentos oficiales hasta entonces confidenciales han permitido conocer planes de la RAF [Fuerza Aérea militar británica] para “precipitar precipitaciones” valga la cacofonía. Algo que las autoridades habían estado negando reiteradamente, pese a atisbos presentados por diferentes ex-miembros de la RAF.

El Ministerio de Defensa británico sostuvo tras lo publicado en el 2001 que no se pudo tratar de una tormenta inducida, y por lo tanto rehuyó toda responsabilidad por los 35 muertos, puesto que los estudios para modificar el clima no empezaron hasta 1954. En resumen: por un esguince cronológico de dos años, el gobierno excusaba toda responsabilidad pública, estatal… Dos años con el paso de las décadas parece una minucia, un esquive poco digno. Para remate, la BBC, al poner a luz los documentos antes secretos reveló que el Archivo Nacional británico se refería a experimentación e inducción climática… entre 1949 y 1955, lo cual es totalmente coherente con el comienzo de la Guerra Fría, pasada la cortísima primavera de posguerra. Tan enmarcados en la Guerra Fría estaban tales planes que en ellos se puede leer que la inducción de lluvias torrenciales estaba pensada “para entorpecer la marcha del enemigo” y ”para incrementar el cauce de los ríos e impedir su franqueo al enemigo” (programa radial de fines de agosto de 2001, BBC Radio 4, cit. p. Weekly Telegraph, ibíd.).

Para terminar con los esquives de responsabilidad institucional, el mismo artículo nos recuerda que a su vez el Science Monitor atribuye los primeros experimentos para desencadenar lluvia a la década de los ’40 en EE.UU. bajo el nombre “Project Cirrus”, conducido por General Electric y encabezado por Irving Langmuir, premio Nobel en Química del año 1932, un especialista en el estudio de las nubes, en la creación de aparatos de descarga de electrones, bombas de vacío, soldadura de hidrógeno atómico y en la producción artificial de lluvia…

Pero no se trata sólo de investigar cuán lejos se ha llegado con el proyecto HAARP, y desde cuánto tiempo se ha estado trabajando en ello. Se trata de ver la mentalidad dominante en las capas militares que procuraron adueñarse del planeta en 1945, que tuvieron un cierto eclipse, por empate al menos aparente de fuerzas con el bloque soviético durante la Guerra Fría, y que a partir de los ’90 otra vez se han sentido los amos indiscutidos, excluyentes.

En un período geopolíticamente similar a éste que estamos viviendo, de unipolaridad, que va de mediados de los 40 hasta comienzos de los ’50 (en 1952 la URSS detona su primera bomba de hidrógeno y se acaba la primacía que creían haber cosechado los estadounidenses para un largo período…), el mundo, igual que ahora, estaba pletórico de candidatos a confrontar con la hegemonía norteamericana. En aquel entonces, todavía “calientes” los planteos racistas (aunque erradicados del vocabulario, junto con la caída ignominiosa del nazismo), los militares se dedicaron a buscar armas étnicas, por ejemplo. De esa época son precisamente el Proyecto Cirrus y la Operación Cumulus.

La necedad y el racismo fueron tan consustanciales al militarismo estadounidense, que había entrevisto con la segunda posguerra el principio de su universalización, que gastaron millones en procurar rastraer virus o bacterias que dañaran a las razas “negra” o “amarilla” dejando indemnes a los blanquitos. Uno de esos proyectos se denominó “Who, me?” e imaginaba encontrar sustancias que vertidas al aire (en un aeropuerto, por ejemplo) hicieran que un chino o un jap despidieran un olor apestoso que por supuesto, presuponían, no iba a desprenderse de los cuerpos blancos. El proyecto, con cierta lógica, aunque también afortunadamente, no encontró las ansiadas sustancias, pero da cuenta de la mentalidad de los dueños del poder, mentalidad que por cierto perdura por encima, o debajo, de coyunturas polìticas o cambios epocales. Salió a luz cuando algunos de los experimentos militares terminaron con la vida de algún civil de los rociados en espacios públicos con sustancias de experimentación y sin aviso, es decir usando a su población como cobayos.1 Cuando los papeles confidenciales de aquella época salieron a luz, en la década de los ’80, se tuvo un panorama de la amplitud de las técnicas militares puestas al servicio de la preponderancia estadounidense.

También la soberbia caracterizó la estrategia militar norteamericana.
La ingeniería genética, por ejemplo, fue entrevista como la posibilidad inagotable de producir agentes patógenos irresistibles, mediante modificaciones genéticas que los hicieran irreconocibles a las defensas biológicas naturales, tradicionales o adquiridas mediante medicamentos. Hay frases que dan el sentido de esa aspiración al poder absoluto: “La ingeniería genética empuja el potencial de crear patógenos nuevos hasta el infinito”; “La barrera moral para la guerra biológica ha sido franqueada”, la primera pertenece a un “informe” del Depto. de Defensa [sic] de EE.UU., en general más conocidos, vaya uno a saber por qué, por sus funciones ofensivas, y la segunda, una escaramuza ética del director de la CIA de los ’80, suponemos que etólogo William Webster…
Los proyectos étnicos, así como los bioquímicos pertenecen exactamente a la misma época que el Proyecto Cirrus y la Operación Cumulus que hemos espigado.

Y es a la luz del modus operandi, sistémico, de los mandos militares estadounidenses que tenemos que juzgar la posibilidad, la probabilidad, la certeza de estrategias de dominio climático, de poder militar a través de modificaciones climáticas.
Integrar entonces los datos fraccionados que se conocen, como los que presentamos sucintamente, con esta estrategia o cosmovisión con aspiraciones al dominio planetario que ha caracterizado a la élite de EE.UU. y que, de alguna manera, ha tenido éxito en llevarla a cabo. Con las armas sofisticadas que estamos repasando, con las más tradicionales de los bombardeos o sencillamente con el poder cultural que han sabido diseminar en el mundo entero, al punto que hoy en día podemos hablar, mal que nos pese, de una americanization de, en mayor o menor medida, todas las sociedades humanas.

El antídoto está en nosotros. Conciencia, resistencia, forja de otros vínculos. No aceptar que un país sea doblegado mediante el clima. Como tampoco deberíamos aceptar que fuera doblegado por hambre o enfermedades, como el sur sahariano, o por los bombardeos, “convencionales” o nucleares. Perdimos con Irak. No deberíamos perder con Irán. El universo de los agresores debería ser conmovido por nuestra reacción: no se puede agredir impunemente y proseguir “como si nada”, la “vida cotidiana”. La de ellos, y la nuestra.

notas:
1) “Falsedades globales: como el BM y el PNUD distorsionan las nociones de pobreza planetaria”, futuros, nº 2, invierno 2001.
2) “La nueva «arma de destrucción masiva», manipulación del clima con fines militares”, Global Research, Canadá.
3) “The Military Pandora’s Box”, www.haarp.net
4) El proyecto HAARP o la tierra en peligro www.formarse.com.ar/conspiraciones/proyecto_haarp.htm

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