Criticas y observaciones sobre la idealización del método asambleario

“El movimiento estudiantil es meramente defensivo, le sigue el juego al sistema aunque muchos no sean conscientes. Mientras él nos pega una paliza nosotros nos acurrucamos en el suelo. En un conflicto real, deberíamos estar de pie y en postura de combate.” Asamblea de Estudiantes Libertarios (Assemblea d’Estudiants Llibertàries UV)

Consideramos que la asamblea es el espacio real en el que las personas pueden expresarse y decidir individual y colectivamente sobre los asuntos que les conciernen. En ella, se toman decisiones mediante la discusión y la deliberación cara a cara. Las asambleas son –además- el lugar del encuentro y la comunicación directa entre personas que así se van entretejiendo como grupo y por tanto, se van dando identidad y fortaleza existencial. Analizando experiencias desarrolladas a lo largo del tiempo, ha quedado más que claro que las asambleas son el mejor método para organizarse horizontalmente.

Esto es un intento de realizar una crítica lo más constructiva posible con el fin de volvernos más efectivos, mostrando alternativas a lo realizado hasta ahora en las experiencias asamblearias que se han dado en las Universidades. Bajo nuestro punto de vista, una manifestación, una asamblea, la constitución de grupos entre afines, una toma, una intervención, etc. son medios que utilizamos para alcanzar nuestros fines (claro ejemplo es lo que sucedió en la Facultad de Psicología en el año 2009 en cuanto a la cuestión edilicia, o en la de Humanidades y Artes en el 2008 frente al conflicto con la seguridad privada; ambas pertenecientes a la Universidad de Rosario, Región Argentina). Es decir, estar bien organizados no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que nos acercará más a nuestro objetivo.

Hay que analizar cada herramienta, ver de qué nos puede servir, puntos a favor, en contra; y usarla conforme a lo que necesitemos. No hay que demonizar ni mitificar ningún método, debemos ver en qué medida nos son útiles y conforme a eso actuar. Aunque la organización es imprescindible hasta para la más mínima tarea, no podemos dedicarnos exclusivamente a eso. Demasiados e innecesarios cambios en la forma de organizarse provocan pérdidas de tiempo y desgaste en la gente que participa.

Es necesario remarcar que el movimiento estudiantil arrastra un pesado lastre: la falta de información, formación y participación de los estudiantes en torno a las luchas sociales. Esta inexperiencia nos hace estar dando golpes al aire continuamente. No hay conciencia combativa, por eso, cuando aparece algún conflicto, en lugar de remediarlo atacándolo de raíz, empezamos a organizarnos, discutiendo tediosamente, dando mil vueltas al mismo –y probablemente estúpido– asunto. De esta manera, siempre nos agarran desprevenidos, y las luchas terminan siendo conducidas por quienes no tienen ningún interés real en solucionar los problemas, a no ser que esto les represente algún rédito político. Esto sucede, en gran parte, porque ellos saben de antemano qué es lo que quieren y cómo conseguirlo, y no pierden el tiempo para comenzar a accionar.

Es por eso que afirmamos que este método, más allá de sus ventajas, no deja de ser sólo eso, un método, una herramienta, y como tal no debe ser mitificada, puesto que atentaría contra el pensamiento estratégico. Es evidente que las asambleas no funcionan casi nunca como describimos anteriormente, ya que suelen convertirse en el espacio de la manipulación, la coerción, el engaño, la competencia y/o la prefabricación de acuerdos colectivos entre grupos ‘aparateadores’, así como también el medio de consecución y preservación del poder de estos mismos grupos, compuestos por la más variada gama de izquierdistas recuperadores de las luchas en favor del sistema, que intentan erigirse como nuestros patéticos dirigentes. Estos bastardos siempre van a estar ahí, intentado llevarnos por el camino que a ellos les interesa, velando siempre y sin excepción por sus propios intereses partidistas que nada tienen que ver con los nuestros. Aunque ellos siempre lo negarán, sus métodos los delatan.

Estos contrarrevolucionarios cooptan las asambleas, conduciendo los temas de discusión –y con ello condicionando a su vez las determinaciones, ya que una pregunta astutamente formulada puede a veces conducir a una única respuesta– en pos de sus intereses como grupo u organización. Pareciera que nunca se discute nada relevante, que todo lo que podamos hacer por revertir esta situación es inútil y queda en la nada. Esto se debe a que la ausencia de una estructura, así como de métodos y medidas claras y funcionales para evitar que esto suceda, no es algo casual, sino que suele responder a sus mismos intereses.

Imponer asambleas abiertas aún cuando no es necesario, es un claro error: todo no debe ser discutido abiertamente, porque así participan los partidos y los imbéciles de siempre. Hay que saber marcar la línea. El pensamiento dominante encuentra en la democracia el canal perfecto para expresarse, con la asamblea a la cabeza. A menudo dar voz a todos es dar oídos a las ideas dominantes.

Pero también es necesario realizar una autocrítica para con nosotros, quienes permitimos que esto siga ocurriendo. Gran parte de su estrategia consiste en monopolizar la palabra, con la complicidad de una cómoda inacción por parte de los estudiantes. Esta inacción se debe en muchos casos a una falta de convicción real y a esa difusa presión de “cumplir” con la politización que nombrábamos antes, pero en otros proviene de una falta de formación política autodidacta, lo cual provoca que los izquierdistas –quienes generalmente cuentan con una formación como cuadros político-dirigentes y con más experiencia, siendo muchas veces incluso militantes profesionales– intimiden al estudiante promedio, a quien de todas formas la mayoría de las veces poco parece importarle.

Así, estos infames ‘militantes’ desmovilizan todo lo que no les gusta, cualquier cosa que hagan los estudiantes sin pasar por su asamblea –es decir, sin pasar por su censura–, todo lo que se les pueda escapar de las manos, que pueda arruinar la buena imagen que se han creado con las instituciones. Esta posición privilegiada de mediación entre instituciones y estudiantes les permite sacar tajada de ambos: la Universidad les puede premiar para que desmovilicen a los estudiantes, los estudiantes les pueden ceder su fuerza y capacidad de decisión para luchar contra la Universidad. Y ellos pueden usar esta posición para sus propios beneficios políticos.

Debemos entender que, en cualquier momento de un proceso de toma de decisiones, quedarse callado y presenciar cómo se lleva a cabo una asamblea que es una caricatura de deliberación colectiva implica ser cómplice de las maniobras y la manipulación de los grupos o corrientes que las están utilizando para imponer sus intereses. Es necesario perder el temor a la confrontación de estas prácticas o a ser considerado un ingenuo. Nunca debemos bajar la guardia. Debemos enfrentar sus lascivas intervenciones con argumentos sólidos y bien enumerados, desenmascarándoles ante los otros integrantes de la asamblea, exponiendo sus verdaderas intenciones, e incluso, en una situación en la que la correlación de fuerzas sea la adecuada, finalmente echarlos de las asambleas.

No queremos ser malinterpretados: animamos a la gente a que participe en las asambleas, pero también a que haga acciones al margen de ellas, con sus amigos, con sus compañeros más cercanos, con gente en la que sabe que puede confiar. Hay que dejar de idealizar las asambleas como instancia colectiva máxima y deseable, y apuntar paralelamente a modos de organización para la discusión y para la acción más reducidos entre afines y posibles afines. Estos lazos de amistad, afinidad y confianza, y el hecho de que estos grupos no tengan que rendir cuentas ante nadie –autonomía– los hace sumamente efectivos. Pequeños pero numerosos grupos, realizando pequeñas pero continuadas acciones, son infinitamente más efectivos que una manifestación masiva, ya sea ésta pacífica o violenta.

Y seguimos alentando a los estudiantes que participan en las asambleas a que desconfíen siempre de los que se la dan de expertos, de dirigentes, de los que están siempre hablando y no dejan a los demás, de los que no tienen en cuenta la opinión de otros, de los que pretenden que todo el mundo tiene que ir detrás suyo, de los que siempre se encargan de todo como si nos hicieran un favor, de los que tratan de desmovilizar cualquier acción con la que no están completamente de acuerdo, de los que se la dan de valientes y son unos cobardes… El tiempo pondrá a cada cual en su lugar. En el futuro veremos a estos estudiantes “revolucionarios” vendiendo obreros en cualquier sindicato o intentando escalar cargos en tal o cual partido izquierdoso para vivir a costa nuestra y defender todo aquello que ahora dicen atacar.

La Miseria
Agrupación Contra la Universidad
www.la-miseria.blogspot.com

Seducción perversa

¿Qué hay de tan seductor en estos mundos listos para usar creados por el capital? ¿Qué es lo que los diferencia de los mundos concretos, actuales?

Por Suely Rolnik

La respuesta a esta pregunta salta a la vista si podemos penetrar el velo espesamente tejido de imágenes que empañan el ejercicio objetivante de nuestra sensibilidad visual y ofuscan su ejercicio vibrátil. Podemos entonces ver que lo que seduce en estos mundos en es la imagen de autoconfianza, prestigio y poder de los personajes que los habitan, como si ellos hubiesen resuelto la paradoja incorporándose para siempre a los salones de los supuestamente “garantizados” [1]. En otras palabras, lo que seduce de los mundos-imagen creados por el capital es, básicamente, la ilusión que transmiten de que existen mundos cuyos habitantes nunca experimentan fragilidad y sentimientos de vértigo, o que por lo menos tienen el poder de evitarlos o controlar la inquietud que provocan, viviendo una especie de existencia hedonista, llana y sin turbulencia, eternamente estable. Esta ilusión alberga la promesa de que esa vida existe, que el acceso a ella es posible, y aún más, que sólo depende de la incorporación de los mundos creados por el capital. Una relación perversa se establece entre la subjetividad del receptor/consumidor y estos personajes-imagen.

El glamour de esta gente privilegiada y el hecho de que como seres mediáticos son inaccesibles por su propia naturaleza, es interpretado por el receptor como una señal de su superioridad. Como en cualquier relación perversa en la que la persona seducida idealiza la arrogante indiferencia de la persona que seduce –en lugar de verla como signo de su miseria narcisista y su incapacidad de ser afectada por el otro—, el receptor/consumidor de estos personajes se siente descalificado y excluido del mundo de ellos. Identificado con este ser-de-imagen y tomándolo como modelo con la esperanza de que un día llegará a ser digno de pertenecer a su mundo, el consumidor comienza a desear parecérsele, poniéndose en una posición de sumisión y perpetua demanda de reconocimiento. Como ese deseo queda insatisfecho, por definición, la esperanza es de corta vida. El sentimiento de exclusión siempre retorna, y la subjetividad, para librarse de este sentimiento, se somete aun más, movilizando continuamente sus fuerzas a un grado más alto, en una carrera vertiginosa para encontrar mundos listos-para-usar para incorporarlos y concretarlos.

Esta promesa mentirosa constituye el mito fundamental del capitalismo mundial integrado [2]: la fuerza impulsora de su política de subjetivación, la diferencia que introduce en la experiencia contemporánea de desterritorialización. La ilusión que mantuvo la estructura del sujeto moderno adquiere aquí una nueva fórmula. Es transvaluado y alcanza la cima de su credibilidad en la religión del capitalismo cultural. Una religión monoteísta cuyo escenario es básicamente el mismo de todas las religiones de esta tradición: existe un Dios todopoderoso que promete el paraíso, con la diferencia de que el capital está en la función de Dios y el paraíso que promete está en esta vida y no más allá de ella. Los seres glamorosos de los mundos de la propaganda y del entretenimiento cultural de masas, con su garantido glamour, son los santos de un panteón comercial: “superestrellas” que brillan en el cielo-imagen por encima de las cabezas de cada uno, anunciando la posibilidad de unirse a ellos [3].

La creencia en la promesa religiosa de un paraíso capitalista es lo que sostiene la instrumentalización exitosa de los poderes subjetivos. El sentimiento de humillación que produce esta creencia y la esperanza de algún día alcanzar esa meta y escapar de la exclusión moviliza el deseo de realizar los mundos listos-para-usar ofrecidos en el mercado. Por medio de esta dinámica, la subjetividad se torna el productor activo de estos mundos: una servidumbre voluntaria que no es alcanzada por represión u obediencia a un código moral, como en las religiones monoteístas tradicionales, en las que el acceso al paraíso depende de la virtud. Aquí el código no existe; al contrario, cuanto más original es el mundo que la corporación transmite, tanto mayor es su poder para competir, entendiendo la originalidad en este contexto como un mero artificio de imagen que diferencia un mundo de todo el resto. Lo que seduce es esta diferencia, pues su incorporación haría del consumidor un ser distinto y por encima de todos los otros, lo cual es esencial en esta política de relación con el otro porque alimenta la ilusión de estar más cerca del panteón imaginario.

En este contexto la vida pública es reemplazada por un reality show global orquestado por el capitalismo cultural-informacional que se ha apoderado de todo el planeta. Una especie de pantalla de dimensiones mundiales, donde la gente disputa con uñas y dientes un papel de figurante, un lugar fugaz e imaginario que debe ser objeto permanente de inversiones y ser incesantemente administrado y garantizado contra todo y contra todos.

notas:
1) Me refiero aquí a la noción propuesta por varias tendencias dentro del operaísmo laAutonomíia Operaria, en la Italia de los años 70setenta, según como esretomada y reelaborada por Felix Guattari. Véase Félis Guattari, F. y Suely Rolnikk, S., Micropolítica: cartografias do desejo, Petrópolis, Vozes, 1985, pp. 187-190 (aparecerápróximamente en inglés como Schizo-analysis in Brazil, Nueva York, Semiotext, MIT, 2006 Micropolítica: cartografía del deseo, versión castellana en Traficantes de Sueños, Madrid, 2006, y Tinta Limón, Buenos Aires, 2006).
2) “Capitalismo mundial integrado”” (CMI) es una expresión acuñada por Felix Guattari ya al final de los años 60sesenta como alternativa al término “globalización”, que él consideraba demasiado genéricoa y que se presta a ocultar el sentido fundamentalmente económico y específicamente capitalista y neoliberal del fenómeno de trasnacionalización que comenzó a instalarse en aquella época. Véase Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, Traficantes de Sueños, Madrid, 2004..
3) Véase Cf.Brian Holmes,“Reverse Imagineering: Toward the New Urban Struggles. Or: Why smash the state when your neighborhood theme park is so much closer?” (www.creativecommons.org/licenses/by-nd-nc/1.0/) y ; véase también: “Warhol in the Rising Sun: Art, Subcultures and Semiotic Production,”

Fragmento de ‘Antropofagia zombie’ www.brumaria.net/textos/Brumaria7/14suelyrolnik.htm

La guerra contra los pueblos indígenas

La reciente matanza de indígenas amazónicos llevada a cabo el día 5 de junio pasado por el Estado peruano confirma que en América Latina los estados nacionales mantienen una guerra contra los pueblos indígenas que habitan sus territorios. ¿Cuándo comenzó esta guerra?

La pregunta admite varias respuestas. Una afirma que dio inicio cuando los europeos invadieron el territorio y comenzaron una guerra de conquista, dando origen a un régimen colonial que aún persiste, a pesar de las sucesivas guerras de independencia. Otros dirán que es con el surgimiento de los estados nacionales donde comienzan las guerras contra los pueblos indígenas, para imponerles las ideas liberales, con el propósito de fraccionar sus tierras comunales, imponiéndoles al mismo tiempo la organización política representativa como única forma de gobierno. La última dirá que comenzó con el neoliberalismo, que vio en sus territorios una reserva de recursos naturales con carácter de bienes comunes que los colocaba fuera del mercado, mismos que deberían ser convertidos en propiedad privada para que pudiera circular libremente en él.

Cualquiera que sea la respuesta a esa interrogante, lo cierto es que desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, los invasores primero y después los estados nacionales agredieron brutalmente a los pueblos indígenas con el propósito de destruirlos, al grado de que a los más fuertes no les quedó otro camino que resistir, dando lugar a lo que los historiadores han denominado guerra de castas, aunque no faltan quienes con más propiedad afirman que se trató de una segunda conquista. En México fueron verdaderas declaraciones de guerra del ejército federal contra los pueblos indígenas. Aún en el año 2000 las autoridades del pueblo seri andaban buscando algún documento que levantara la declaración de guerra que Porfirio Díaz había declarado en su contra, sin que se encontrara por ningún lado.

Las guerras las perdieron los pueblos, dando origen a un colonialismo interno que las revoluciones agrarias del siglo XX no lograron poner fin, porque no participaron en los pactos mediante los que se les dio por terminadas; así, los herederos de los conquistadores siguieron las mismas políticas de aquéllos y en algunos casos las profundizaron, aunque con otras formas que no las hicieran tan evidentes. Fue así como idearon el indigenismo como política de Estado.

A finales del siglo XX y principios del XXI, el antagonismo se ha profundizado y los administradores de los estados reaccionan con violencia cuando el cuestionamiento a sus políticas las exhibe como inviables para mantener el modelo mercantil como único modelo de vida.

Un recuento de la represión oficial contra los pueblos indígenas, tan sólo en los nueve años del presente siglo, mostraría que ha dejado más muertos que en aquellos estados que sufren alguna invasión imperial, o de los que formalmente se encuentran en guerra civil. Acteal, en el estado de Chiapas; Aguas Blancas, en Guerrero, Agua Fría en Oaxaca, son monumentos a la ignominia de esa represión; pero desgraciadamente estos hechos sangrientos no suceden sólo en México: la represión igual se da desde Guatemala, contra los pueblos mayas, hasta Chile, contra los mapuches. Apenas en meses pasados lamentamos la represión gubernamental contra la minga indígena colombiana que buscaba defender los territorios indígenas y los recursos naturales, y ahora una concentración pacífica de indígenas en Perú pidiendo la derogación de leyes que permitían arrebatarles los suyos, es reprimida brutalmente, dejando decenas de muertos, heridos y desaparecidos.

Ninguno de estos actos de represión es un caso aislado. Detrás se encuentra la decisión de los pueblos indígenas de defender sus recursos naturales, sustento de su vida y futuro como pueblos; pero también la de las trasnacionales de apoderarse de ellos para convertirlos en mercancía.

Hasta ahora los gobiernos nacionales han jugado del lado de estas últimas de diversas maneras: modificando los marcos jurídicos que conviertan los bienes comunes en propiedad privada, generando políticas que liberalizan la apropiación de esos bienes y poniendo las represivas a su servicio para sofocar el descontento.

Frente a tanta agresión, la sociedad reacciona, se moviliza, protesta. Ahora mismo la sociedad peruana y la internacional exige que los responsables de la matanza en el Amazonas peruano sean destituidos y procesados por esos crímenes, pero no se ve por ningún lado el mecanismo jurídico para que pueda lograrlo. Mientras se idea uno, no olvidemos que las matanzas son parte de la guerra contra los pueblos indígenas, y si queremos que ya no se repitan, no podemos quedarnos callados.

Francisco López Bárcenas

fuente: www.jornada.unam.mx/2009/06/18/index.php?section=opinion&article=018a2pol

Carta a nuestros padres

Queremos un mundo mejor!! – Ayudadnos. Apoyadnos.

No somos terroristas, encapuchados”,  “oi gnostoi-agnostoi”*, “los conocid@s-desconocid@s.

Somos vuestros hijos, vuestras hijas. Ellos y ellas somos. Vuestros conocid@s-desconocid@s, que nos conocéis sin conocernos…

Soñamos!! – No matéis nuestros sueños.
Tenemos pasión!! – No nos quitéis nuestra pasión.

Recordad.  Una vez también vosotros fuisteis jóvenes. Recordadlo!!.

Ahora perseguís el dinero, os preocupáis solo por el “escaparate”. Habéis olvidado!!.
Esperábamos que nos mostrarais vuestro interés, que nuestros padres nos hicierais sentir orgullos@s por una vez. En vano.

Vivís vidas de mentira, habéis agachado la cabeza y esperáis el día en que moriréis.
No tenéis imaginación, ya no os enamoráis, no podéis crear.
Solo vendéis y compráis. Lo material en todas las partes. Amor en ninguna parte. Verdad en ninguna parte.

¿Dónde están los padres?
¿Dónde están los artistas?
¿Por qué no salen a las calles para protegernos?
Nos asesinan… Ayudadnos!!

Vuestros hijos e hijas.

PD. No nos tiren más gases lacrimógenos. Ya lloramos nosotr@s por nuestra cuenta…

*”Oi gnostoi agnostoi” es una expresión que la sociedad griega y sobre todo los medios de comunicación han encontrado para definir los mismos grupos de jóvenes que a menudo provocan disturbios en la ciudad. La traducción literal es “los conocidos-desconocidos” y se llaman así porque llevan capucha y no es seguro pero hay rumores de que la policía los conoce y no los arresta porque son agentes provocadores de la misma policía.

fuente: www.europazapatista.org

Más información:
· https://www.athens.indymedia.org
· https://www.lahaine.org/index.php?p=13019

Entre la movilización y la paz social subvencionada

Indicaciones acerca de la situación social en el Estado Español

Por Corsino Vela

El proceso de desactivación del movimiento de contestación social se inserta en el proceso general de desactivación de la conflictividad social que se aprecia en los diferentes países de la Unión Europea. Una desactivación que, si bien se hace ostensible en el plano general de la movilización y contestación al sistema capitalista, tiene su reverso en la proliferación de formas perversas de conflictividad de baja intensidad (violencia contra inmigrantes, contra las mujeres, intensificación del chantaje y presión psíquica y física en el lugar de trabajo, etc.) que marcan la senda de un proceso general de descomposición de expresiones sociales heredadas del ciclo de luchas del pasado reciente, mientras abren paso a una reorganización de la sociedad sobre las bases de un nuevo autoritarismo: el totalitarismo democrático.

De este modo, mediante la invocación reiterada de una categoría vaciada de contenido, la democracia, se da pábulo a una especie de estado neocorporativo en el que la colusión de intereses entre las instancias gestoras de la representación social y económica (corporaciones empresariales, partidos, sindicatos, ONGs y demás asociaciones de la denominada sociedad civil) legitima y ampara prácticamente la expropiación de los bienes colectivos (agua, territorio/espacio público), así como la explotación y exclusión de las facciones de la población asalariada con menos capacidad de defensa de sus intereses (inmigrantes, mujeres, jóvenes, ancianos, etc., que constituyen precisamente los segmentos de la población asalariada menos competitivos).

Con este trasfondo, que marca en igual medida la ruina cultural de la izquierda histórica (socialdemocrática y leninista), se ha dado rienda suelta a la imaginación discursiva postmoderna, donde la práctica del lenguaje y el gusto por el neologismo han tomado el lugar del lenguaje de la práctica, toda vez que ésta, sepultada en el proceso de transformación impulsado por la acumulación intensiva de capital de las dos últimas décadas, ha sido relegada a mera expresión formal, simbólica, lingüística, ideológica, en fin, del antagonismo.

Con ello, la producción de un discurso antagonista vendría a llenar el hueco dejado por la casi total ausencia de una práctica social antagonista. Así, mientras avanza el proceso de socavamiento de las condiciones de vida (precarización), la mayor parte de la población limita su contestación a la muestra de un malestar que encuentra su satisfacción en el recambio de las figuras en el sistema de representación política. Por otra parte, la imparable devaluación intelectual de la izquierda lleva a definir como movimientos sociales la mera agregación de diferentes segmentos de opinión.

Del mismo modo que confundir sindicalismo con movimiento obrero es un error interesado de ciertas formas ideologizadas de la izquierda tradicional, es un abuso de lenguaje identificar como movimientos sociales las movilizaciones de simples corrientes de opinión (contrarias a la guerra, por ejemplo). Si algún significado tiene todavía el concepto de movimiento social será en relación con su dimensión y contenido, en la medida que por su relevancia pone en entredicho la relación social existente y se hace expresión tendencial de la superación práctica de esas relaciones sociales.

La paradoja que representaron grandes movilizaciones (Nunca Mais, No a la Guerra, 11-M, etc.) y la impotencia de las multitudes remite a la creciente disparidad entre la autonomización formal y la sumisión real de la política respecto de las exigencias de la acumulación de capital. Se hace «la política que se puede hacer», como no paran de repetirnos los profesionales de la representación política o, lo que viene a ser lo mismo, se hace lo que se puede para mantener el equilibrio entre los movimientos espasmódicos del capital y sus consecuencias sociales inmediatas, y el mantenimiento de la estabilidad social necesaria para proseguir el proceso de acumulación.

Indagar en los mecanismos que hacen posible esa aparente supresión del antagonismo en la fase totalitarista democrática, discernir si nos encontramos ante la superación/supresión real del antagonismo social inherente a la condición asalariada o, por el contrario, si se trata de su encubrimiento de acuerdo con las condiciones de la fase actual de acumulación de capital, es algo que se pretende avanzar en las páginas que siguen. Y, sobre todo, abordar los mecanismos de articulación social del Estado neocorporativo del totalitarismo democrático para poner en evidencia, al menos, algunas de sus limitaciones prácticas. Si no queremos renunciar a pensar lo social tendremos, pues, que alejarnos tanto del ensimismamiento de la obviedad descriptiva de la práctica de la acumulación de capital, como de la huida que representa el discurso del rechazo meramente ideológico del mundo circundante.

La elucubración discursiva acerca de la transformación social ha llevado, hasta cierto punto, a oscurecer el análisis de la práctica de la acumulación de capital, de sus tendencias y posibilidades, que son también y sobre todo, sus limitaciones. Pues, a fin de cuentas, es en el trasfondo de esas limitaciones donde se encuentran las posibilidades reales, prácticas, de cualquier intervención encaminada a modificar la situación social presente.

Desde luego, no hay una sola razón, ni una sola forma de aproximación a la cuestión, sino que son varios los indicadores que pueden ayudar a esclarecer el panorama social; en las páginas que siguen se pretende abordar algunos de los entresijos de las aparentes paradojas, comenzando por plantear el papel de la esfera de la representación política en las actuales condiciones de desarrollo del Capital. Y más concretamente, qué tipo de subjetividad política genera la población asalariada en una sociedad como la española, plenamente integrada en el circuito de acumulación transnacional de capital. Pues, a fin de cuentas, la pregunta nada retórica de cualquier indagación crítica en la sociedad capitalista es ¿de qué se vive?

A partir de ahí se puede comprender el quién y cómo de la articulación social de esa subjetividad, de su naturaleza, sus adhesiones y disensiones. Pues la dependencia que establece el régimen asalariado en su forma concreta -y compleja- dentro de la fase actual de desarrollo capitalista es la que marca el horizonte de la conflictividad social real; de ahí también que los diferentes modos que reviste la condición asalariada sea a la vez que un medio de garantizar unas determinadas condiciones materiales de vida, una forma de gestión de la conflictividad potencial que acompaña la relación asalariada.

De ahí que, en cierto sentido, la respuesta a la pregunta de qué vives sea también una manera de responder a la cuestión acerca de los mecanismos de gobernabilidad puestos en pie por el capital y el estado.

Por otra parte, la forma específica de inserción en el régimen general de asalariado es la que permite avanzar en la hipótesis acerca de un eventual sujeto social capaz de dar expresión concreta a sus intereses y a la forma de enfrentarlos al capital; un sujeto que, en las actuales circunstancias, sólo se presenta como hipótesis teórica, como corresponde a la realidad práctica fragmentaria de la conflictividad difusa de la población asalariada en defensa de sus medios de subsistencia.

La paz social subvecionada

La integración del Estado Español en la Unión Europea en 1986 supuso por parte del PSOE, que había accedido al gobierno en 1982, la continuación de la reestructuración iniciada con el gobierno de UCD y la transformación de la estructura productiva española con amplias repercusiones en forma de paro masivo y desintegración social. A cambio de entregar el mercado español al capital transnacional, el país recibiría para compensar los desequilibrios, una parte sustancial del presupuesto europeo destinado a los nuevos estados adherentes.

Los fondos europeos se convirtieron así en un instrumento de amortiguación de los impactos negativos de la integración y, sobre todo, en un instrumento de articulación social y política, a través de la distribución de puestos de trabajo, subvenciones y prebendas sufragados con el dinero europeo. Se forjaron de ese modo nuevas formas de adhesión a los aparatos políticos y sindicales y, en otros casos, se potenciaron los lazos tradicionales del clientelismo; es decir, se establecieron las bases de una articulación social que, al tiempo que contribuye a potenciar las inversiones y transfería al capital privado parte de los fondos recibidos, permitía atenuar los potenciales focos de conflictividad.

Si contemplamos la actividad generada por la riada de euros recibida por el estado español y las relaciones sociales que genera, nos hallamos, sin duda, con algunas de las claves de comprensión de la situación social. Desde luego, la mayor parte de esa masa de capital va a engrosar las arcas del capital privado, por medio de concesiones, contratos y subvenciones directas o a través de mecanismos indirectos (ayudas a I+D, exenciones fiscales y de pagos a la Seguridad Social, ayudas al fomento de empleo, etc.) que, a su vez, contribuyen a fomentar las fidelidades clientelares (en esto es paradigmático el caso del Prestige1).

Si, por una parte, se produce una ofensiva contra lo público y la asistencia social, en general, por otra, hay que dilucidar cuál es la magnitud de las medidas sociales puestas en práctica, precisamente para paliar el deterioro social (PER, subsidio agrario, renta de inserción, subsidios a parados de larga duración, etc.), y  cómo intervienen todas esas medidas a la hora de potenciar una determinada forma de precarización creciente, pero sostenible, del trabajo asalariado a través del denominado tercer sector, por ejemplo, o la generación de empleo para titulados universitarios desempleados en programas de formación, o los innumerables sistemas de becas, proyectos de promoción cultural, etc., impulsados desde todas las instancias de la administración y las entidades privadas.

Todo ello comporta un fenómeno de encuadramiento social bajo formas asalariadas más o menos evidentes cuya financiación proviene en su mayor parte de las subvenciones públicas o de las exenciones fiscales en el caso de las entidades privadas. Y en ese espacio de encuadramiento social que incorpora un número nada despreciable de personas, es donde se producen las adhesiones y alineamientos políticos que caracterizan la forma actual del clientelismo.

Producción de entretenimiento y ‘tercer sector’

La inserción del Estado Español como país intermedio en la cadena productiva transnacional y la especialización en el terciario que le acompaña crea una base social improductiva, ligada a ciertas esferas de lo que en la crítica de la economía política se denominaría «producción de desperdicio» (la producción militar, pero también la cultural, espectáculos, ocio/turismo, formación, producción inducida por el estado o los gobiernos regionales, etc.), que experimenta sus limitaciones de intervención política precisamente en su condición deficitaria (depende de la plusvalía social producida), o bien periférica (de bajo nivel de valorización del capital).

Precisamente, el excedente que se transfiere a la producción cultural y de entretenimiento en los países capitalistas cumple una doble función en cuanto a activar el segmento de la economía improductiva (en una especie de keynesianismo tardío), por un lado y, por el otro, como forma de desactivar el potencial conflictivo que pudiera acarrear el paro masivo. Es en este contexto en el que hay que entender las políticas de subvenciones, programas asistenciales y fomento de la producción cultural en los países hegemónicos del centro capitalista; expresiones todas ellas de lo que podríamos denominar welfare (2) oculto, pues aunque la evolución reciente del capital desmonta el welfare al estilo de lo que se conocía en los años sesenta, no es menos cierto que articula otras formas de prevención y contención de la conflictividad que garanticen un relativo bienestar a la población precarizada.

Además, este welfare oculto es selectivo, ya que en buena medida se accede a la condición de beneficiario por medio de relaciones personales, de participación y pertenencia, al partido gobernante en el ayuntamiento o al sindicato, por ejemplo, lo que forja vínculos clientelares, a diferencia del carácter universal, de cobertura generalizada y de acceso más abierto del sistema de welfare de los años sesenta.

El sistema de financiación de las adhesiones políticas potenciado desde las instituciones públicas y desde las entidades privadas beneficiarias de los fondos europeos, lo que no deja de ser una forma de privatización de la plusvalía social transferida al capital privado, complejiza las relaciones de clase respecto a la fase capitalista precedente.

Se genera, así, una relación asalariada menos homogénea de lo que pudiera parecer en la sociedad industrial expansiva, que da origen a una amplia capa de población asalariada cuya función en el orden productivo (reproductivo) es menos crítica o se convierte, simplemente, en improductiva, mientras que, al mismo tiempo, los sectores críticos en el proceso de reproducción capitalista, que cuentan entre sus componentes con amplios sectores de la clase trabajadora tradicional (encuadrada en sindicatos), sustentan el «consenso productivo», según feliz expresión del gerente de uno de los llamados sindicatos mayoritarios. Y la construcción práctica de ese consenso, que separa los segmentos de la población asalariada que son clave en el proceso de acumulación, de quienes se encuentran en la esfera de la reproducción social, no es una cuestión sin importancia.

Dado el desarrollo del denominado tercer sector en los países capitalistas desarrollados, hay que contemplarlo en la doble dimensión de su importancia social y «productiva»; es decir, en tanto forma de encuadramiento de una determinada masa de población que «trabaja» en la esfera asistencial y la solidaridad internacional y establece una determinada relación de dependencia financiera con el Estado, las instituciones privadas del capital (fundaciones), y en tanto sector deficitario que detrae capital a la inversión directamente productiva.

El denominado tercer sector es una esfera de actividad que, en un sentido restrictivo, se puede circunscribir (informe de Esade) a las ONG involucradas en las actividades de cooperación con otros países y que en el año 2000, por ejemplo, obtuvo una financiación superior a los 87.000 millones de ptas.

Ahora bien, si a ese tercer sector añadimos las actividades culturales, los servicios asistenciales en los países del centro capitalista, la producción de entretenimiento, los servicios de escaso valor añadido, nos encontramos con un indicador del agravamiento del déficit público y de gasto ineficiente para el capital (de ahí las peticiones de recortes desde las patronales), aunque también –de ahí su ambivalencia- tiene una función decisiva en el plano de la reproducción social, además de ser un medio de abaratamiento de los servicios sociales,  y un elemento importante de encuadramiento de una fuerza de trabajo no aprovechable en la esfera directamente productiva.

El crecimiento del tercer sector en los países capitalistas desarrollados hay que entenderlo, pues, como un mal necesario para el Capital, y una expresión del desempleo encubierto, en la medida en que funciona como paliativo a la degradación general de las condiciones de vida de la población menos competitiva (asistencialismo) y como área de encuadramiento de una parte de la población cualificada (técnicos, gestores, animadores, etc.) que encuentran en el tercer sector una salida de subempleo más o menos precarizado.

Precisamente, porque el tercer sector es un dispositivo de atenuación de los desequilibrios sociales, se presenta como una forma problemática de financiación de la paz social pues si, por una parte, contribuye a abaratar los servicios de asistencia social y la producción de entretenimiento, además de constituir una base de fidelización de una masa de población (la directamente asistida y la «asistente», que encuentra su medio de vida en esa forma asalariada), por otra, no puede evitar aparecer como un factor de gasto social ineficiente, ya que la parte de riqueza social que se transfiera a esas actividades tendrá un impacto directo sobre la masa de capital acumulada. Eso explica las preocupaciones del capital privado por el incremento del déficit…

Mención aparte merece el voluntariado -aunque una parte del tercer sector también es trabajo voluntario, no pagado- o la recuperación de la solidaridad activa asistencial por parte del capital y el Estado, en la forma de ahorro efectivo del gasto público, mediante la aportación voluntaria y desinteresada de trabajo social no remunerado en actividades no productivas o rentables para el capital privado. Según el estudio del ATD Fourth World, a comienzos de esta década se ha evaluado entre el 8% y el 14% del PIB de diferentes países la aportación del trabajo voluntario.

Aunque no contemplados en el ámbito del denominado tercer sector, pero también partícipes indirectos en éste, a través de los programas de formación y, especialmente, en razón a su propia naturaleza, están los sindicatos, así como otras instituciones de representación y gestión (asociaciones de vecinos). Los aparatos sindicales, como instituciones integradas en el sistema de representación y gestión de la fuerza de trabajo, constituyen en sí mismos un modo de empleo. ¿Cuántas personas, entre profesionales de la representación (burócratas) y empleados (administrativos), dependen económicamente de los sindicatos?, ¿cuál es el número de beneficiarios de las prebendas que generan los diferentes niveles de representación (horas sindicales) y que representan una oportunidad profesional para antiguos obreros que dejan la planta de producción para vegetar en los despachos y en el compadreo con los directivos de las empresas? ¿No se trata, por lo demás, de un sector social, cuantitativamente relevante cuyos intereses económicos y profesionales dependen directamente vinculados al Estado (subvenciones) y a la estructura de representación vinculada a la nueva organización del trabajo que, hegemonizada por el capital, se deriva de la reestructuración productiva de los años ochenta? ¿A quien puede sorprender, por tanto, el consenso productivo y el alineamiento de los sindicatos mayoritarios con el frente del orden capitalista?

Precarizados sí, pero ¿qué perecarización?

Precarización es un vocablo que ha hecho fortuna en la literatura izquierdista, aunque el uso abusivo de la palabra ha llevado a un creciente oscurecimiento del concepto. ¿A qué nos referimos exactamente cuando decimos precarización? ¿Nos estamos refiriendo a las condiciones jurídicas de contratación (a su temporalidad, informalidad o inexistencia)?¿A la reducción de los salarios de jóvenes y mujeres en las nuevas contrataciones (doble escala salarial), respecto a los salarios de los viejos/ hombres asalariados? ¿Las condiciones laborales de los jornaleros? ¿La de los inmigrantes? ¿Al subempleo? ¿La situación asociada a los empleos menos pagados?, etc. Quizás a todo ello a la vez, aunque el exceso de generalización que comporta el término precarización hace necesaria la matización y el análisis del fenómeno si queremos entender el carácter ambiguo y hasta contradictorio del término.

Desde luego, se puede considerar la precarización como una tendencia del régimen asalariado encaminada a desarticular la agregación de la población trabajadora heredada del pasado, y a evitar su eventual recomposición. En este sentido, los mecanismos puestos en marcha son de todo tipo: jurídico-contractuales, técnicos (organización jerarquizada del trabajo y las tareas) y remunerativos (disgregación y discriminación salarial). Sin embargo, quedarse ahí serviría de muy poco.

Por otro lado, asociar precarización a inestabilidad/dificultad a la hora de acceder a los medios y recursos para garantizar las condiciones de existencia de los individuos avanza en el terreno de la realidad existencial de la gente y, en este sentido, es el que se debería profundizar para evitar generalizaciones, así como para desentrañar los dispositivos puestos en pie desde las instituciones para paliar, e incluso recuperar, el deterioro rampante de las condiciones de vida de una parte de la población asalariada.

No es lo mismo inmigrante (con papeles/contrato) que el sin papeles, ni el inmigrante con contrato que el autóctono, ni la precarización de los jornaleros andaluces, las mujeres de baja cualificación o los hombres parados mayores de cuarenta años puede compararse con la precarización de los becarios e investigadores académicos o la precarización deseada de los profesionales de alta cualificación (informáticos, consultores, artistas y creativos). Tampoco con el/la joven que, gozando de una beca de intercambio universitario, trabaja temporalmente en el sector servicios para obtener un poco de dinero con el que complementar la beca y alargar una estancia provisional en otro país. Son esas diferencias las que marcan la línea de disgregación real de la tendencia que afecta a la población precarizada.

Además, y es otra de las líneas de análisis que hay que tener en cuenta, la precarización no afecta solamente al proceso productivo, sino a todo el ámbito de la reproducción y los servicios. Y aquí entraría la estrategia de expropiación que supone la privatización o mercantilización de bienes comunes, como el agua o el territorio (espacio público privatizado) y el papel que representa la izquierda institucional consagrando el precio de tales bienes (nueva cultura del agua, por ejemplo).

Esta capacidad de generar una gran variedad de situaciones de hecho es lo que ha dado flexibilidad y versatilidad al sistema de reproducción social capitalista en su fase actual en las regiones hegemónicas euro-norteamericanas, mientras exporta las formas de agregación productiva fordista hacia los países de nueva industrialización. Y es en las contradicciones generadas en ese contexto de flexibilidad y mecanismos de contención de la precarización en las que nos movemos.

Por eso constatar la tendencia a la precarización sería sólo una parte del problema si no se abordan también los paliativos o contratendencias que, como en el caso de los fondos europeos o el denominado tercer sector es necesario elucidar, precisamente para señalar sus limitaciones y, en consecuencia, unas eventuales líneas de intervención.

Renovar el consenso productivo y relanzar los beneficios del Capital

De los mecanismos y estrategias de financiación para garantizar la gobernabilidad y la paz social mencionados más arriba puede decirse que se trata de una especie de pacto social tácito que, al concernir fundamentalmente al terreno de la reproducción (asistencia social, producción cultural, negocio del entretenimiento, servicios personales, etc.), aparece como un factor complementario del pacto social que sustenta el consenso productivo, en la medida que actúa como contratendencia a la dinámica de deterioro social que se deriva del consenso productivo.

La aceleración del ciclo de negocio señala, igualmente, un acortamiento tendencial en el ciclo de acumulación del capital que exige una profundización en las reformas hasta ahora llevadas a cabo en el mercado de trabajo. Desde diversas instancias del Gobierno, patronal y sindicatos se invoca la necesidad de un nuevo pacto por la competitividad que garantice una cuota de acumulación para que las empresas sean «competitivas».

Otros dos aspectos cruciales de la intervención sobre el régimen asalariado son el abaratamiento de los despidos (las indemnizaciones y la agilización de los trámites) y la reducción de las cotizaciones patronales a la Seguridad Social. Una vez más el consenso productivo se puso en marcha y el secretario general de CCOO, en una intervención en la FAES, fundación del PP presidida por Aznar, manifestaba su predisposición a negociar que parte de los excedentes que acumula la Seguridad Social sirvieran para la financiación de una rebaja de las cotizaciones sociales.

El abaratamiento del despido ya fue firmado por los sindicatos en 1997 (33 días por año trabajado), pero la patronal exige una nueva reducción, de acuerdo con las recomendaciones de la OCDE. Por si no hubiera bastante, el consenso productivo de patronal y sindicatos se hizo patente, una vez más, al aceptar éstos contenciones salariales en las negociaciones de los convenios a cambio de que las empresas aumenten sus inversiones en I+D+i. En resumidas cuentas, el consenso productivo, en la medida en que legitima y da cobertura práctica a las deslocalizaciones, también contribuye a precarizar las condiciones de trabajo del sector «garantizado» de la clase trabajadora (funcionariado, trabajadores sindicados, etc.) y de la que es una prueba la tendencia a la disminución del salario real (e incluso el nominal para nuevas contrataciones) que, en el plano general, se hace patente en la caída de la participación de los salarios en la renta nacional.

Desde luego, los límites de estas líneas de actuación no se encuentran en la voluntad particular de los integrantes del consenso productivo sustentado por las fuerzas gestoras del capital y la población asalariada encuadrada en los sindicatos, sino en las posibilidades de mantenimiento de ese consenso productivo frente a los intereses del resto de población trabajadora. Y ahí es donde entran en juego los paliativos de la paz social subvencionada de que se hablaba anteriormente; una paz social cuyo coste de equilibrio repercute sobre el déficit público y que se nutre de mecanismos monetarios de peligrosos efectos ocultos, como es el caso de esa bomba de relojería que es el endeudamiento privado, que alcanza al 70% del PIB (a finales de 2007 había aumentado hasta cerca del 90%).

La política seguida en estos años de dinero barato para vivir del crédito (hipotecario, créditos al consumo, etc.) ha servido para ocultar y diferir en el tiempo la disminución real de los ingresos salariales y de los ahorros acumulados por la población trabajadora.

Por supuesto, podría aducirse desde la economía política que los márgenes de intervención en el sentido de atajar la burbuja del endeudamiento son considerables; dicho en otras palabras, en las sociedades opulentas del centro capitalista en que vivimos, existen unos márgenes amplios de empobrecimiento de una parte de la población sin que conlleve necesariamente una convulsión social; no obstante, la cuestión es cómo apurar esos márgenes de empobrecimiento sin que haya una caída del consumo, variable fundamental del crecimiento en la economía capitalista.

Claro que la respuesta no está en las categorías de la economía política sino, precisamente, en la crítica práctica de la economía política. De ahí la necesidad de prestar una especial atención a los mecanismos de contención puestos en pie por la política económica para hacer frente, precisamente, a una eventual crítica práctica de la economía política. Pues, a fin de cuentas, es en las limitaciones materiales de esas iniciativas de contención que configuran las políticas socioeconómicas de los gobiernos capitalistas donde se evidencian las líneas de fisura y, por tanto, las posibilidades reales de la intervención en un sentido transformador de las relaciones sociales.

notas:
(1) A los pocos días de la catástrofe del Prestige, con la aprobación de las primeras subvenciones, las cofradías de pescadores empezaban a desvincularse del movimiento de protesta, pues los pescadores ganaban más con el subsidio que les otorgaban los caciques gestores de los fondos públicos que saliendo a faenar.
(2) Estado de Bienestar.

extraído de la revista Ekintza Zuzena nº35

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article464

Venezuela una «revolución» con un cadáver en la boca

Desde el año 1998 un gobierno, retóricamente de izquierda, ha tomado el poder en Venezuela. Desde esa fecha, los representantes de la nueva burocracia han iniciado un insistente proceso deslegitimizador de todos los cuestionamientos a su gobierno, especialmente contra quienes desde la izquierda (y obviamente el anarquismo) lo rechazan.

Por Rafael Uzcategui

Es cierto que en el llamado «antichavismo» conviven algunos de los sectores más conservadores del país, representantes del anterior status desplazados del poder. Pero tras esta afirmación apuntamos que no es posible entender la situación venezolana atendiendo al esquema infantil gobierno (izquierda) versus «oposición» (derecha).

Los y las anarquistas venezolanos hemos expresado nuestro rechazo al proyecto bolivariano por varias razones. La primera es que detrás del discurso «izquierdizante» del ejecutivo, las políticas concretas han profundizado el rol del país en la globalización económica: a saber, la venta de hidrocarburos, de manera segura y confiable, al mercado energético mundial.

A pesar de su discurso anti-imperialista, el gobierno radicado en Miraflores ha revertido el proceso de nacionalización del petróleo, y ha hecho socias del negocio, a través de la figura de las empresas mixtas, a compañías como Chevron, British Petroleum, Repsol, entre otras. En segundo término, y debido a lo anterior, por una agresiva política fiscal de corte neoliberal, el gobierno está disfrutando de la mayor bonanza económica de los últimos 30 años. Esto ha ocasionado,   por una parte, la aparición de una nueva burguesía, amparada por sus relaciones con el Estado, la cual gobierna junto a los sectores oligárquicos tradicionales vinculados con los sectores dinámicos de la mundialización (telecomunicaciones, banca y finanzas, seguros…)

Por otra, que a pesar de tales cantidades de dinero, la situación de las clases más desfavorecidas del país no ha mejorado sustancialmente. A contracorriente de su propaganda, el gobierno bolivariano no ha cambiado una de las distribuciones de riqueza, del PIB, más desiguales del continente. En tercer lugar, por la estatización militarizada de todos los órdenes de la vida social en Venezuela, especialmente la institucionalización de los movimientos sociales de base.

No solamente realizamos una refutación antiautoritaria del gobierno venezolano, sino una nítida crítica anticapitalista que nos diferencia claramente de la oposición mediática, precisamente, el tipo de antagonista «arquetipo» que interesa difundir como contrario por los voceros del actual tren ejecutivo. Reiteramos que, como anticapitalistas, hemos caracterizado la confrontación de poderes ocurridas en Venezuela como una pugna inter-burguesa, entre factores y representantes de las clases dominantes. Por ello nuestro rechazo, a ambos, se acompaña de la propuesta de la reconstrucción beligerante de la autonomía de los movimientos sociales, un espacio que creemos como precondición para el desarrollo de una alternativa y una propuesta libertaria para el país.

Detrás de la propaganda del actual gobierno venezolano hay un desierto. El llamado «proceso bolivariano» ha difundido al mundo que, desde Caracas, se modifican las injustas relaciones sociales, se hace retroceder la pobreza y el pueblo se hace cargo de su destino. La realidad se resiste a ser maquillada por la demagogia. Venezuela, a pesar de vivir un período inédito de bonanza económica, no ha revertido una de las distribuciones de riqueza más injustas del continente. La ineficacia de las políticas sociales y el agravamiento de los principales problemas del país, son razones de peso que explican la ausencia del pueblo chavista en las urnas el pasado 2-D, cuando se intento legitimar una constitución a medida del proyecto político gubernamental.

Provea, una de las organizaciones sociales antiguas del país, recientemente presentó los resultados de su Informe Anual sobre la situación de los Derechos Humanos en Venezuela. Revisando algunas áreas, se puede dar una verdadera idea de lo que ha significado para los más pobres la demagogia «bolivariana». Por ejemplo dentro de los estancamientos, la situación de los pueblos indígenas continúa signada por la pobreza y el abandono. En un sector donde se han generado grandes expectativas, el área de vivienda, el ejecutivo nacional cumple su octavo año consecutivo en incumplir sus propias metas, construyendo sólo 60.000 de las 150.000 casas prometidas (el déficit se estima en casi 3 millones).

Uno de los programas más propagandeados por el Ejecutivo, como es el caso de la Misión Barrio Adentro, comienza a mostrar signos regresivos y acumularse denuncias sobre ambulatorios cerrados, ausencia de insumos y reducción del horario de atención al público. El sector salud continúa caracterizándose por la coexistencia de dos sistemas: el tradicional, conformado entre otros por ambulatorios y hospitales, y el edificado por Barrio Adentro. No existe un sistema nacional público integrado de salud que garantice el acceso universal y de calidad a los servicios, presentando el sistema tradicional, que realiza una mayor cobertura cuantitativa, serias fallas en su operación.

Los derechos de los trabajadores y trabajadoras no muestran una mejor realidad. Diferentes declaraciones y proyectos del ejecutivo nacional erosionaron la autonomía de las organizaciones sindicales, produciendo su debilitamiento y ausencia de protagonismo en el diseño de las políticas públicas. Como una muestra, fuentes sindicales señalaron que 243 contratos colectivos se encontrarían sin firma en el sector público. Aunque parezca extraordinario, Venezuela ocupó, detrás de Colombia, el segundo lugar en el ranking mundial de peligrosidad para la acción sindical. 53 personas, de ellos 46 dirigentes gremiales, perdieron la vida debido a violencia relacionada con la obtención de puestos de trabajo, tanto en el sector construcción como en el sector petrolero. Por otra parte, se ha intensificado la tendencia denunciada por Provea desde el año 2006 acerca de la criminalización de la protesta. Durante este período 98 manifestaciones fueron reprimidas por los organismos de seguridad del Estado, siendo la cifra más alta en los últimos 8 años.

«Quién habla de revolución y lucha de clases sin referirse a la vida cotidiana, tiene un cadáver en la boca». La frase ilustra la situación venezolana. Los retos para los de abajo son múltiples. En principio, romper el maniqueísmo impuesto por la derecha en el gobierno y la derecha opositora, reconstruyendo el tejido de base de múltiples organizaciones de base beligerantes y autónomas. Rechazando la electoralización de nuestras dinámicas, la agenda de movilización y resistencia debe incluir, en un primer orden, todos los males y problemas que nos aquejan, como oprimidos y oprimidas, en nuestra vida diaria.

publicado en la revista Ekintza Zuzena nº35

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article459

Aquellos barros trajeron estos lodos

La izquierda latinoamericana vuelve a tener un rol político indiscutible. Rol que se expresa electoralmente. En la década de los 80’ 60 millones de latinoamericanos eran gobernados por la izquierda; hoy son más de 260 millones.

Por Revista Alter
Taller A (Uruguay)

Ello es más significativo porque sucede  después de ser derrotada en sus intentos revolucionarios de «izquierda armada». Sucede a pesar de sufrir directamente la represión durante años y, en algunos casos, décadas de dictaduras feroces. Hoy esa izquierda guerrillera, partidaria del foco guevarista, jerárquica y clandestina; más antiimperialista que anticapitalista; con objetivos donde primaba la liberación nacional; con prácticas estalinistas en el interior de las organizaciones partidarias, escondidas detrás de la compartimentación, que significó expulsión de discrepantes e incluso, en algunos casos, como fue el del poeta salvadoreño Roque Dalton, su ejecución; retorna  siendo parte de los nuevos gobiernos de izquierda y en otros integrando la fuerza mayoritaria.

Esta izquierda que no pudo conquistar el poder político con las armas, su objetivo estratégico; lo logra décadas más tarde, después de años de cárcel, de muertos y desaparecidos, por medio de procesos electorales y de complicadas, y a veces contradictorias alianzas políticas, éticamente imposibles de comprender, y explicadas generalmente por el funcional argumento de la «acumulación de fuerza».

Esta izquierda administradora del poder político y continuadora de los lineamientos económicos del capitalismo global, no es capaz de hacer autocrítica de su militancia pasada; de la utilización y manejo de los movimientos de base de acuerdo a los intereses partidarios, habiendo jerarquizado y separado lo político de lo social; de haber debilitado a los movimientos quitándole a sus mejores militantes reclutándolos para su aparato militar. Pues sí, construyó un aparato militar, con todo lo que eso significa, para oponerlo a otro aparato, al  ejército y las fuerzas represivas del Estado. Una institución contra otra concebidas con las mismas formas y mismas jerarquías. Esta posición permitió a los ideólogos, que intentan hoy justificar el terrorismo de estado, pergeñar la «teoría de los dos demonios». Eran tan iguales que, en algunos países, las fuerzas de la guerrilla pasaron a integrar el ejército nacional.

Todo cambia…

Lo nuevo en estas dos últimas décadas, tras la hecatombe de los gobiernos militares que aplicaron la «doctrina de la seguridad nacional» para intentar la implantación de un nuevo orden económico, ha sido las explosiones que han producido la emergencia de inesperados, variados e impredecibles movimientos sociales en América Latina. Algunos de ellos  han resistido los ajustes neoliberales y los recortes de las libertades públicas. Estas resistencias, además, dificultaron la aplicación de los planes de reestructura capitalista y fueron deslegitimando lo que se llamaba «pensamiento único». Abrieron brechas por las que han surgido nuevas formas para pensar y cambiar el mundo.
Los movimientos lograron hacer retroceder privatizaciones, han hecho caer varios presidentes y, en el caso boliviano, han producido acciones insurreccionales que podían haber llevado a formas organizativas de autogobierno apoyadas en las comunidades y en la autogestión.

Estos movimientos, con un protagonismo social importante al igual que las organizaciones sociales que sobrevivieron a las dictaduras militares, en los últimos años han tenido dificultades, han perdido espacios de acción, han sido relegados y en algunos casos subordinados o cooptados por los nuevos gobiernos. Sin embargo no todo se ha perdido; los acontecimientos calaron profundo, hubo cambios que abrieron caminos, se crearon nuevas formas de actuar, nuevas sensibilidades, etc.

No hay gobiernos «buenos» que apoyen y sean favorables a movimientos sociales que buscan su libertad, que construyen autónomamente su sentido de vida, que pelean por la emancipación social. Esto, por supuesto, no quiere decir que no haya diferencias entre un gobierno u otro, no es lo mismo una dictadura o un gobierno de derecha que uno progresista o de «izquierda». Pero, en definitiva, los gobiernos y los estados no pueden permitir la existencia de realidades que ellos no controlen o administren, que se pongan por fuera, en otro lado.

Es bueno recordar que la situación de América Latina se enmarca en la misma inestabilidad en la que se encuentra el capitalismo global. Invasiones, tropas de ocupación, militarización de territorios ricos en materias primas estratégicas como petróleo, agua, alimentos (Paraguay, la triple frontera de Argentina, Paraguay y Brasil, el «Plan Colombia»), presiones de distinto tipo e incluso la posibilidad de cambio de fronteras como sucedió en la ex Yugoslavia, están al orden del día y cuentan con la instrumentación logística de Estados Unidos y las fuerzas represivas «nacionales».

Conquistar el estado, conquistar el poder

Los teóricos marxistas de la «izquierda estadocentrista» señalan en estos nuevos gobiernos, surgidos entre 1999 y 2006, dos grupos: uno de «izquierda» y otro de «centro». En el primero se ubicarían Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Estos gobiernos serían antiimperialistas, aunque sea sólo declarativamente, y opuestos al neoliberalismo. En el segundo grupo encontraríamos a Argentina, Brasil, Chile y Uruguay que tendrían una posición más tibia respecto al neoliberalismo, más mediadora y sólo pretenden mitigar la pobreza que ha producido los embates del capitalismo neoliberal.

Los gobiernos de «izquierda» se enfrentarían a duras y combativas burguesías y empresas transnacionales que siempre se han negado a repartir, aunque sea mínimamente, las riquezas producidas por las clases subalternas. Los capitalistas no quieren aceptar de ninguna manera ver recortados ninguno de sus privilegios que mantienen desde hace siglos. Menos aún en la actualidad, donde sus márgenes de ganancia se han visto reducidos y ha sido necesaria la reubicación de los aparatos extractivos e industriales, y los sistemas de la especulación del capitalismo financiero ya no produce las ganancias de antaño.

Mientras tanto, los gobiernos de «centro» estarían en una posición (frente a una burguesía) más «dialogante», ya que históricamente el liberalismo y el populismo han impulsado  políticas de reparto de riqueza que ha permitido sobre todo la creación de clases medias que han constituido un mercado interno importante y han sido amortiguadoras de los enfrentamientos sociales (humanismo capitalista), salvo en los cortos periodos de su radicalización.

Para estos teóricos la posibilidad de estos nuevos gobiernos  de salir del neoliberalismo es la de reconstruir los estados. «Los estados han sido duramente castigados por las políticas neoliberales» y concluyen en que: «no hay democracia que funcione de la mano de un Estado en descomposición».
Según esta idea los nuevos gobiernos vienen a recuperar a los estados debilitados, replanteando con fuerza la idea de Estado soberano. Atilio Boron replantea, también, el modelo soviético de un Estado con planificación centralizada de la economía y desarrollo del mercado interno.

Parece que lo más importante no sería la reconstrucción comunitaria superando la fragmentación social producida por el capitalismo actual, sino la de salvar estados que inevitablemente seguirán fragmentando y atacando los vínculos sociales y las prácticas que se pongan por afuera suyo, fuera de su control.
Pero no hay duda que las nuevas gobernabilidades, en todos los casos, buscan el fortalecimiento de un Estado debilitado y un papel más activo en relación al mercado y a los organismos internacionales.
John Holloway, discrepando con la posición «estadocentrista», afirma: «Decir que el Estado es un proceso equivale a decir que canaliza la actividad social de cierta manera, de una forma que la reconcilia y la integra en la reproducción del capital. Entrar en contacto con el Estado significa ser empujados a canales dirigidos hacia la reconciliación con el capital».

Pero la derecha neoliberal latinoamericana no se atemoriza fácilmente, por eso ha organizado en Rosario, Argentina, un conclave para ver cómo recupera los gobiernos y lleva nuevamente al continente por la senda, sin ninguna amortiguación, de las políticas de saqueo diseñadas por el capitalismo global.

Las nuevas gobernabilidades fortalecen al estado

La izquierda latinoamericana llega al gobierno en medio de un proceso donde la representación política está entrando en crisis como consecuencia de la profunda deslegitimación que se produce por el fracaso de los gobiernos dictatoriales por la secuela de corrupción, destrucción del entramado social y conculcación de todas las libertades liberales y burguesas. Consecuentemente se enfrenta, como consecuencia a una conciencia surgida del enfrentamiento a los gobiernos dictatoriales, a un nuevo protagonismo social que no acepta ser representado. Pero también la izquierda latinoamericana se desliza encima de una ola de cambios, de gobernabilidades progresistas en la región, que crea expectativas y esperanzas en amplios sectores de las clases subalternas. Esperanzas que, a poco de caminar, tampoco serán la primera vez en ser traicionadas.

La crisis neoliberal y de los partidos gobernantes de derecha es el resultado de su propia deslegitimación y también de décadas de luchas sociales. En el caso de los pueblos indígenas, son más de 500 años de dominación y resistencia cultural. De estas luchas se produce el surgimiento de fuerzas de izquierda y progresistas que tomando parcialmente las banderas de estos movimientos los canalizan hacia políticas estatales, a políticas electorales para ganar el gobierno.
Así las nuevas gobernabilidades aparecen como gobiernos más estables. Son la afirmación de la democracia representativa a la que refuerzan con  alguna variante participativa y consultiva.  Prestan mayor atención a los movimientos a los cuales hacen alguna concesión buscando nuevos pactos sociales para lograr la calma social. Pero estas políticas  reproducen la forma–estado que muchos movimientos habían cuestionado o puesto al menos en discusión.

Para los propios partidos de  la izquierda gobernante, la nueva situación  es consecuencia de una acumulación de fuerzas, en función de una estrategia de poder, que en el caso de Uruguay, según sus propios voceros, comienza al final de los años 50 y que finalmente  les permite conquistar el gobierno en el 2005.
Estos gobiernos de «izquierda» encuentran países con profundas fragmentaciones en distintos ámbitos: cultural, étnico, económico, derechos humanos…

En el plano de la integración regional e internacional las nuevas gobernabilidades están planteando políticas, en algunos casos diferentes; al extremo tal que han logrado conjuntamente bloquear el proyecto norteamericano de creación del ALCA y han dificultado la aplicación del Plan Colombia. Alternativamente Chávez esta impulsando el ALBA con el apoyo de Morales, Correa, Ortega y Castro y, por otro lado, el resto de los otros gobiernos integran el MERCOSUR y no faltan también los que afirman la necesidad de un multilateralismo en las relaciones comerciales. Pero estas diferencias no significan, en un principio, opciones opuestas, sino que se inscriben en el modelo general de recuperación de instrumentos de reconstrucción de los aparatos estatales.

Países como Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay han saldado completamente su deuda con el FMI, mientras que a Bolivia y Nicaragua el propio Fondo les canceló la deuda.  Este organismo, emblemáticamente vinculado con las políticas imperialistas en la región, no ha visto todas las cancelaciones con la misma preocupación. En el caso de Brasil y Uruguay mantienen un buen relacionamiento con el FMI.
Productores de materias primas estratégicas (petróleo y gas) han renegociado los contratos, en el pasado leoninos, con las multinacionales extranjeras poniéndoles límites y nuevos condicionamientos. Las privatizaciones de empresas públicas en algunos casos dieron marcha atrás.

Estos países han creado bancos regionales de desarrollo como el Banco del Sur, acuerdos de producción y distribución de energía y colaboración en materia de salud y educación.
En política de derechos humanos los gobiernos de Argentina, Uruguay y Chile están llevando adelante distintos juicios contra militares y civiles acusados de asesinatos, torturas y desapariciones durante las pasadas dictaduras militares que han posibilitado que terminen condenados algunos de los culpables, desresponsabilizando de esta manera al sistema que exigió (al igual que ahora exige gobiernos de izquierda) dictaduras, torturas, asesinatos. Si bien es necesario aclarar que en Uruguay, vergonzosamente, aún sigue vigente la llamada Ley de Impunidad que garantiza a los violadores de los derechos humanos no ser juzgados por delitos cometidos durante la dictadura salvo que el presidente, por su decisión, los deje afuera de esa ley, que es lo que ha sucedido en algunos casos.

En estos países la lucha por «Verdad y Justicia» fue llevada adelante durante años, en soledad y en difíciles condiciones, por familiares y organizaciones de derechos humanos. Hoy los gobiernos de izquierda han logrado neutralizar y cooptar muchas de esas organizaciones abanderándose con la política de los derechos humanos.
Sin embargo la represión sigue actuando contra los movimientos, deteniendo, juzgando y condenando; y no faltan los asesinados por las fuerzas represivas. Se continúa promoviendo la criminalización y judicialización de los que luchan por sus derechos, de los que no se dejan trampear por estos gobernantes. Esto es evidente en Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela…

Las políticas sociales

Los estados en las nuevas gobernabilidades disponen de recursos, que antes no existían y que son producto de la coyuntura favorable del alza de los precios internacionales de las materias primas, para financiar programas de apoyo a los sectores más pobres. Programas recordamos que son promovidos por el Banco Mundial y toda la gama de organismos multinacionales de créditos.  Todos estos gobiernos de distinta manera están desarrollando políticas públicas de lucha contra la pobreza y la marginalidad en el trabajo, la educación y la salud. Estas políticas son el buque insignia, el programa estrella, en la búsqueda de nuevos consensos sociales, y de la manifestación del intento de restauración de estados “nacionales” confiables para la inversión de capitales.

En el área andina estas políticas de lucha contra la pobreza se vienen llevando adelante desde los gobiernos anteriores a través de planes para el desarrollo y la participación comunitaria promovidos y financiados directamente por el BID. Con estas políticas los gobiernos han logrado neutralizar los movimientos, cooptarlos e integrarlos a las instituciones sociales en algunos casos («Lula» da Silva nombró ministro de trabajo al principal dirigente sindical opositor).

Si bien han aumentado los beneficios sociales otorgados a los más pobres, en general se continúa con una política económica para atraer los capitales de las transnacionales.

Nuevas gobernabilidades y movimientos

En toda América latina los gobiernos anteriores aplicaron las recetas neoliberales con consecuencias graves que sumieron a amplios sectores de las poblaciones en la miseria más atroz. Los de abajo no tuvieron más remedio que aprender a organizar su supervivencia para continuar con sus vidas. Pero además organizaron su rebeldía que se expresaron en importantes movimientos en todo el continente como el «caracazo» en Venezuela, zapatistas en México, los indígenas en Ecuador, cocaleros y guerras del agua y del gas en Bolivia, los Sin Tierra en Brasil y «piqueteros»y fábricas recuperadas en Argentina, movimiento mapuche en Chile…

Algunos piensan que la existencia de estos gobiernos de izquierda con mayor sensibilidad social les da a los de abajo posibilidades de fortalecerse y de lograr conquistas hasta ahora inalcanzables con los gobiernos de derecha. Esto puede ser cierto a corto plazo, pero a la larga todos los gobiernos, incluidos aquellos que quieren lograr un mejor reparto social, inevitablemente tienden a manejar, conquistar e institucionalizar los movimientos de base. Las políticas sociales de las nuevas gobernabilidades tienen mayor capacidad para arrastrar atrás de sí a los movimientos al adueñarse de sus banderas y hacer efectivas algunas de sus reivindicaciones.

Desembarcan con sus funcionarios y técnicos sociales, muchos de ellos militantes sociales, encuestando, numerando, registrando, neutralizando y controlando. Pero sobre todo impulsando un nuevo estilo de trabajo social donde estimulan organizaciones sociales participativas y “autónomas”. Las incitan a que actúen dentro del Estado, reconociéndoles representación institucional, cooptando así movimientos que pasan a definir y vestir estos gobiernos como «populares».

Las nuevas gobernabilidades necesitan controlar los movimientos, pues ellos son creadores de incertidumbre social porque con sus reivindicaciones cuestionan la naturaleza y estructura de los estados en reconstrucción y espantan a los inversores.

El abajo que se mueve

Los movimientos de los pueblos originarios o indígenas son seguramente uno de los rasgos más sobresalientes de estos tiempos. Tal vez ellos están llevando adelante el proceso de descolonización que en estos países nunca se concluyó.  Se han enfrentado duramente a las transnacionales del petróleo en Ecuador y Colombia.
En Chile y Argentina los mapuches han resistido a las empresas madereras y de celulosa. En Chile han sido duramente criminalizados aplicándoles la Ley Antiterrorista (legislada por Pinochet) por parte del gobierno de la socialista Bachelet. El movimiento de lucha del pueblo Mapuche es contra las multinacionales que se adueñan de las tierras indígenas para desarrollar los agro-negocios,  por la autonomía y la gestión comunitaria del territorio sin la ingerencia del Estado chileno.

En Bolivia la lucha por el agua y por el gas y por la nacionalización de los hidrocarburos ha visto a las comunidades indígenas y campesinas en primera fila cuando en octubre del 2003 derribaron a un gobierno y entre mayo y junio del 2005 estuvieron a un paso de tirar al presidente Rodríguez y de organizar un autogobierno, pero Morales y su partido el MAS, negocian y logran que el movimiento insurgente acuerde una tregua con el gobierno, quedando así nuevamente abierta la vía electoral que llevara al aymará Evo Morales a la presidencia de Bolivia. La reivindicación de la nacionalización del gas y el petróleo, el plantear la soberanía sobre estas industrias organizadas según el modelo centralizado estatal  significa hacer entrar otra vez al parlamentarismo y al Estado como interlocutores validos en el conflicto.

En Ecuador los pueblos originarios promueven un estado multicultural y multirracial. En el caso de Ecuador ya los pueblos indígenas en el pasado han hecho alianzas en este sentido con partidos y candidatos a gobiernos que después los traicionaron. Tal vez sea posible la construcción de un nuevo estado donde quepan las culturas indígenas siempre que no se cuestione el mercado capitalista.
Los aymará en Bolivia proponen el autogobierno de las comunidades,  reivindican la construcción de la «nación aymará» oponiéndola a la idea de conquistar el Estado.

El movimiento piquetero en Argentina ha sido debilitado e integrado mayoritariamente en las políticas gubernamentales desde el gobierno de Kirchner. El grupo numéricamente más importante dirigido por D’Elía son actualmente los piqueteros y grupo de choque del gobierno. En esta situación de gran confusión provocada por una política gubernamental que presta mayor atención a la asistencia a las clases más pobres, llegando incluso a suceder que un Movimiento de Trabajadores Desocupados vinculado a una organización anarquista terminó trabajando electoralmente para Kirchner, pasándose con armas y bagajes al lado de las instituciones. Sin embargo algunos sectores piqueteros, fábricas recuperadas, asambleas vecinales continúan afirmando sus vínculos y construyendo autónomamente su vida, produciendo y comercializando de otra manera, autogestionariamente.

El chavismo en Venezuela es un movimiento impulsado desde el gobierno y tiene como líder máximo al propio presidente. Ese ya es su límite de nacimiento, un cordón umbilical que lo une fuertemente al Estado. «Que la gente asuma el poder» esa es la idea de Chávez según escribe entusiasmado el libertario estadounidense Michael Albert. ¿Pero qué significado puede tener esa propuesta cuando es hecha por quien ejerce realmente el poder, el mismo que construye el partido único PSU, para dirigir los destinos de la «revolución bolivariana», y de quien él es el líder máximo. Un poder popular diagramado desde arriba por los funcionarios del gobierno sólo puede servir a fortalecer el poder de los funcionarios, de Chávez y del Estado. Es que el socialismo del siglo XXI está inspirado en ese espejismo denominado socialismo cubano.

«El poder tiene necesidad de disminuir nuestra potencia de actuar para, precisamente, ejercer su poder sobre nosotros» No hay mejor manera para hacer perder el poder hacer de los movimientos que integrarlos al espacio del gobierno, institucionalizando las nuevas formas de participación nacidas en la base del chavismo.
Chávez quiso afirmar su poder, no el poder popular, por medio de un referéndum que el propio movimiento chavista boicoteó. Por eso es necesario diferenciar a Chávez del movimiento que lo apoya.
Los Sin Tierra de Brasil vinculados en su surgimiento a las comunidades eclesiásticas y políticamente al PT, hoy están parcialmente distanciados del partido de Lula a partir de posiciones distintas respecto a la Reforma Agraria y al cultivo de los transgénicos.

El MST es seguramente uno de los movimientos más poderosos de América Latina, pero es también el más estructurado y vertical. Eso tal vez venga de mezclar las posiciones de la iglesia progresista y una izquierda marxista bastante ortodoxa que mira con expectativas hacia la construcción de un estado popular.

Un movimiento muy combativo y participativo en su base, en sus campamentos y en las ocupaciones de tierra, pero que deja de serlo en la medida que se sube en la estructura, ya que se rige por el centralismo democrático.
El movimiento zapatista ha sido el que más han influido en estos tiempos en el movimiento libertario y también el que más ha incidido en la búsqueda de un cambio en el pensamiento emancipatorio en Latinoamérica. Sin embargo la última etapa de los zapatistas de mirar, no hacia abajo como han hecho hasta ahora, sino que con la otra campaña, han recorrido México mirando hacia abajo y a la izquierda. Ello los ubica en un espacio político, el de la izquierda radical, más o menos ortodoxa y leninista, donde se repiten las políticas que los mismos zapatistas han venido criticando. Además el ubicarse no abajo sino abajo y a la izquierda es seguir manteniendo una categoría vinculada a la forma estado que sirve para seguir reproduciéndolo.

También en México el movimiento indígena y popular de Oxaca organizado en el APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oxaca) y en un movimiento aún más amplio conocido como la Comuna de Oxaca, han sido los protagonistas de la resistencia contra el gobernador Ulises Ruiz que es la expresión de años de corrupción y represión. Ya el oxaqueño Flores Magón había encontrado en las comunidades indígenas el fundamento de sus propuestas libertarias.
En Uruguay, los movimientos visibles son nada más que estructuras verticales, sin vida.

Las fuerzas que hubo en algún momento en esas estructuras, fueron ahogadas por los requisitos de la legalidad, legalidad que los integrantes mismos aceptaron corriendo tras la zanahoria de la democracia participativa y las facilidades que promete el «progresismo», que por cierto no son gratuitas. Estas fuerzas se diluyeron en los pasillos del poder, más ocupadas en perseguir permisos legales, en integrarse al sistema que en construir sus propias realidades. Pero, mas allá de intencionalidades el aparato burocrático de los movimientos sociales,  sigue funcionando y reproduciéndose por inercia.

Sin embargo existe, también, un movimiento invisible, disperso e impredecible, que partiendo de sus realidades y sus deseos, busca esa autonomía y crea desde la diferencia, las realidades que desea; haciéndose cargo de la alimentación, la educación, la salud, esquivando la legalidad para poder tener dónde vivir, donde hacer crecer alimentos… viviendo día a día la aventura (en mayor o menor grado) de construir juntos esa realidad que nos posibilite vivir más libre y sanamente.

Nuevos contextos, nuevas capacidades

Una mirada crítica hacia los movimientos, hacia su fragilidad, no implica un juicio negativo. Pues de esa fragilidad, de la crisis de referentes, de las incertezas nace ese deseo de creación, de la búsqueda de nuevos sentidos para nuestras vidas.
Los movimientos no son puros, son heterogéneos, híbridos, son mezclas de diferencias con distinto tipos de impurezas, pero de esas mezclas, de ese mestizaje es de donde pueden nacer las trasformaciones. De lo homogéneo, de lo puro, no hay más que repeticiones, nunca creaciones.

Sin embargo, algunos movimientos de base en América Latina siguen impregnados por esa lógica leninista de que la política partidaria es una instancia superior de la política, separando lo social de lo político, afirmando de esta manera su rol de correa de trasmisión de decisiones tomadas en instancias superiores,  y cuando no es así, muchos de ellos no van mas allá de reivindicaciones corporativas o de practicas clientelares.
La crisis de la representatividad  y del vanguardismo no desemboca  automáticamente al desarrollo de acciones autónomas y en la autoorganización.

Dentro de los nuevos grupos de la izquierda radical, muchos reivindican instrumentalmente la autonomía de los organismos de base, pero es una autonomía construida al servicio de una estrategia de poder. Se juega con el concepto de independencia de clase y autonomía  confundiendo como si fuera lo mismo. En Uruguay en los años ’60 y  ’70 la independencia de clase significaba la independencia del Estado, de los gobiernos de turno, y de los partidos burgueses; pero no de los partidos y grupos de izquierda. Y esa es la autonomía que se intenta hacer pasar.

La estrategia de poder implica la acumulación y ¿cuál es el lugar por excelencia, según esa estrategia, de la acumulación política sino el partido o la organización política?
Para los movimientos sociales, no solo aquellos que se limitan a hacerle solicitudes al Estado en una actitud subalterna; sino sobre todo para aquellos que no quieren quedar atrapados en las redes de las instituciones estatales, parece claro que no se puede seguir peleando igual que antes de estos gobiernos, como si no hubiera sucedido nada. No todo es igual y esta situación actual, que es más compleja, hace necesario la invención de nuevas formas que eviten tanto la cooptación como la marginalización de los movimientos, ¿o será que justamente debemos fomentar la marginalidad misma, en el sentido de que estamos en los márgenes de un sistema del cual queremos salir?

Un contexto nuevo que nos exige y desafía a la creación de nuevos conceptos y prácticas, de otras nuevas capacidades.

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article461

La bandera pirata de Jean Vigo

Por Juan Nicho

“Instrucción”

“Y tú me preguntaste,
¿qué hay en el centro de la tierra?
¿Hay casas diminutas rodeadas de fuego
donde arden los niños no obedientes,
traviesos en la escuela?

Seis años, dulces, seis años dulces,
poblados ya de pútrida enseñanza”. Alfonso Costafreda

Es una niña, estudiadamente ambigua, quien enarbola la bandera pirata manufacturada con exquisito cuidado la víspera por todos los niños rebeldes.

Se trata de boicotear la patochada oficial-académica de la fiesta del colegio. Las autoridades de la ciudad, las fuerzas vivas, estarán presentes, y el momento en que actuar parece inmejorable. Es algo más que una vengan­za contra todos los domingos de castigo, contra las manos demasiado largas de los profesores, contra la mezquindad de los vigilantes y la repugnante mediocri­dad autoritaria de todo el colegio con su insignificante director al frente. Está todo perfectamente calculado y los niños no pueden disimular su excitación. La noche previa al ataque es toda una orgía de desmanes y alegría, de almohadas desplumadas y colchones reventados. Sus movimientos, inmaculadamente recogidos en cámara lenta por Vigo, revelan algo diferente a una simple revuelta. Vemos en ellas un matiz añadido a los colores del motín: la sacra­lidad, la religión entendida como desatado paganismo adherido a la vida, a sus objetos y movimientos, al entrechocar de las palabras que vuelan entre los seres. Ellos saben que están dando rienda suelta a un rito, un ritual que se elabora sin guiones ni estructuras, acora­zándose por los propios sentimientos hilvanados al vuelo.

Sus únicas dudas son respecto a la fidelidad de los par­ticipantes en la rebelión. Temen, con toda la razón del mundo, que alguno de ellos pueda haber sucumbido a las fauces aspirantes del orden: las amenazas, las falsas promesas, las prebendas, privilegios, el terror… Pero no, todos son Niños Perdidos en la Isla del Miedo de un Colegio Público.

Antes de proseguir, recordar que la película de que hablamos, “Zéro en conduit” (1933), fue duramente ata­cada en su tiempo, llegando a ser definitivamente censu­rada y su director marcado para siempre con el estigma de maudite o, más apropiadamente, de inaceptable. Pero Jean Vigo ya había sido marcado por otra realidad más severa que la risible condena de los hombres: la enfermedad. La tuberculosis, en sus últimos coletazos morta­les del siglo, había llamado ya a su puerta y se había ins­talado en él definitivamente. Esto, que fue sin duda un alivio para sus detractores, no pudo hacer en él más que provocar un exasperado aceleramiento de sus intencio­nes creativas. “Zéro en conduit” fue su grito de guerra contra el mundo; pasara lo que pasara él ya había grita­do.

“L’Atalante” fue un dulce canto de cisne de una pre­sencia ya materialmente comprometida por la tisis. En ella, ya desde los primeros tropezones en la gabarra adi­vinamos que el amor es una casi completa imposibilidad. La fragilidad con que se desarrollan sus procesos no augu­ra nada bueno en ningún momento. Por ello su final feliz es un final semi-soñado, sumergido, estructurado débilmente en las brumas del deseo más que de la realidad. ¿Aunque no es el deseo el motor de la realidad? Pero volviendo al “cero en conducta” que obviamente Vigo endosa desde el principio al entorno en el que ha crecido, es ésta una de las pocas películas en las que el rechazo a la educación infantil reglada aparece sin con­templación alguna. Nada puede salvarse del entramado agónico que conforma la escuela, la sensación que provoca es invariablemente la de la asfixia.

La crítica a los sistemas educativos siempre ha sido la que de modo más endeble ha evolucionado. Lo que siempre ha estado en el punto de debate han sido los métodos educativos, los planes de estudio o aún la forma en que debían disponerse los diferentes módulos académicos. Pero casi nunca se ha tratado de cuestionar la base misma del invento uniformador que es la escue­la. Nunca se ha cercenado con virulencia la idea misma de una coerción temprana en la vida de los individuos. La coartada de la necesidad educativa, de la adquisición de conocimientos básicos ocultaba siempre la raíz tupi­da y sucia del invento. Jean Vigo se atrevió a ello, y lo hizo a lo bestia, sin mediar paño tibio alguno en su des­trucción del sistema. La coerción primera, el abuso sexual, la violencia gratuita, el entontecimiento, la uni­formización en la bobería, todo está presente en su breve película de 44 minutos.

Todo en ella rezuma el salvajismo liberador de la vida. La condena estaba anunciada.

Hay que decir también que no es para nada un agujero negro de dolor y rabia, sino que el humor y la ternura pululan por doquier demostrando que en la peor de las situaciones los seres humanos pueden hallar los cauces de comprensión y conocimiento que la colectividad neciamente organizada les niega.

Un personaje de la película, evidente alter ego de Vigo y de su visión de las cosas, suaviza el asco y mantiene a lo largo del metraje una crujiente y quebradiza esperan­za. Paradójicamente se trata de un vigilante. Él es quien a modo de “emboscado” jüngeriano se infiltra en la bestia y, rompiendo sus normas, se ríe abiertamente de ella. Un nuevo vigilante en la escuela, un “policía de patio”, se gana la confianza y el aprecio de los niños más rebeldes pero de un modo muy peculiar y que, en los medios más supuestamente libertarios de hoy resultaría paradójicamente extraño: con la no intervención.

Son demasiados ya los salvadores de la infancia, de los obreros, de las patrias, del tercer mundo, que nos inun­dan con sus blanqueadas soflamas. Miles de aplicados monitores presunta y presuntuosamente progresistas abanderando la causa del libre aprendizaje de los niños; educadores de calle, psicólogos, profesores… todos creen que su intervención es clave para el perfecto des­arrollo de los acontecimientos de la infancia. Y no lo es. Aunque se empeñen en ello.

Se aprende más, si a ello vamos, del no involucramien­to, del prodigio de la libertad sin censuras, que de cual­quier programa de actividades encaminadas al creci­miento personal para pasar la tarde. De la escuela de curas al colegio público de orientación avanzada sólo varían los valores a inculcar a los niños y niñas. Y la escuela libertaria, como monstruo imposible y contra­dictorio, sigue en un sueño del que despertar se hace difícil.

El atípico personaje del vigilante, un joven que se inmis­cuye cuando le apetece en los juegos de los niños y los deja a su aire en todo momento, no es una figura actual. Uno de los escándalos que provoca su actitud “dejada” parte de la permisividad que al parecer mantiene frente a las estrechas relaciones, fuertemente sexualizadas, entre dos alumnos. Y esto es así porque él no les sermo­nea, no les adiestra, no los agobia, sólo observa y sigue su vida, atraído él mismo por mujeres con las que se cruza en la calle y que ocupan su interés. No ve por qué debe meterse donde no le llaman.

En todo caso, y a modo de brillante antecedente de la algo melosa “El club de los poetas muertos”, escenifica con ellos en clase las lecturas de los libros en una especie de improvisación teatral caótica donde todos gritan, fuman y hacen lo que les da la gana. Así, en el momento culmen de la revolución, él tampoco interviene. Se limita a no actuar en ningún sentido, a no reprimir y, única manifes­tación ante el hecho, a celebrar dando saltos y sonrisas, el descalabro del orden establecido.

Llueven piedras, tejas, objetos de todo tipo sobre las marionetas patéticas en que Vigo ve convertidas a las autoridades competentes. Los niños hablan abiertamen­te de “munición” cuando se refieren al cargamento que lanzarán el gran día. No les importan las consecuencias, les da igual el resultado de su empeño. Saben que es per­fectamente inútil. Y por eso es bello, y es perfecto.

A nadie se le escapa la similitud de su revuelta en el tejado con la que los presos emprenden de tanto en tanto (y que sistemáticamente silencian o distorsionan los medios) en todas las prisiones del mundo. Los niños, al igual que los presos (“niños = presos políticos”, decía Deleuze), saben que eso acabará mal, que no pueden vencer, como lo saben los okupas, que viven en la cuen­ta atrás de los desalojos. Es la rebelión por la rebelión misma, la que empieza y acaba en su propia esencia, el sacrificio lúcido del futuro por una realidad terrible y verdaderamente pre­sente.

Sólo por esos momentos de auténtica ordalía la vida se arma de un sentido más denso. No puede nunca destruir­se a quien ha cantado su canción y ha sido acallado luego. La canción ha sido cantada y el eco persigue a los enmudecedores.

La clave, para mí, de la película, y que quizá la diferen­cie de otras versiones más edulcoradas de alborotos estudiantiles se halla en la actitud del personaje más ambi­guo del drama. La niña que se niega a ser manoseada por el rollizo hijo de puta que cree incluido en sus potes­tades de profesor el derecho de pernada infantil. La niña, que aparece como niño-niña, le envía directamen­te a la mierda. Ello genera una suerte de consejo escolar de guerra donde la niña, en presencia del director y de la plana mayor de la escuela, debe abjurar de su insulto y pedir disculpas al obeso obseso. Por supuesto, y aquí está la clave que lo precipita todo, no lo hace. Y no sólo no lo hace, sino que fieramente se reafirma en el mismo epíteto que le lanzó antes. ¡A la mierda!, que diría Fernán Gómez. O como sugeriría tiempo atrás Valle Inclán cuando le recriminaron sus insultos: “Yo no insulto, defino.”

Esta imaginación precisa de la niña es lo que supongo descolocó a los bienpensantes de la época, dispuestos a ver ficcionado un despropósito, pero no su reiteración, la justificación del mismo, su aprobación definitiva. Ellos dan una oportunidad para rectificar y sin embar­go…

Ya no estábamos ante una chiquillada sino ante una reflexionada postura vital. Los niños pasaban a ser intocables. Toda violencia posterior contra ellos resultaría inútil. En realidad, a nadie le ha importado demasiado la vio­lencia contra los niños en las sociedades, digamos, civi­lizadas. Nos escandalizamos rápidamente ante cualquier abuso de los primitivos salvajes del tercer mundo (o del cuarto, como los quieran llamar), pero con ello nadie quiere darse cuenta de que ocultamos lo que aquí ocurre a diario y con una fuerza ciertamente inusitada.

Es una cuestión de propiedad: los niños del tercer mundo tam­bién son nuestros (para ellos van nuestras campañas, incluso los apadrinamos, en una forma virtual de propie­dad), pero es que los estrictamente nuestros son mas nuestros todavía, y nadie ha escrito en ninguna parte que pueda tenerse acceso desde fuera al trato que uno da a lo que es suyo. Alice Miller recuerda las dificultades que tuvo un informe sobre el maltrato infantil en la super­moderna Suiza para ser publicado en los medios del país. Las estadísticas y los casos en esa bonita isla de neutralidad aterrorizan, incluyendo más de catorce tipos diferentes de agresiones físicas a los niños, desde los golpes hasta la misma cámara de tortura instalada en el sótano familiar…

Quien lea una novela autobiográfica escrita no muchos años antes de la película de Jean Vigo comprenderá lo que estoy diciendo: “El niño”, de Jules Vallés, narra una infancia absolutamente destrozada a golpes, sin sentido ya por la monotonía de la violencia y, lo que es peor, vista ya por su víctima con algo espeluznantemente cer­cano a la frialdad. Por fortuna, otro tipo de experiencias, vividas y narradas en posteriores libros, contribuyeron a aliviar en parte ese insoportable dolor del cuerpo y del alma.

Toda esta violencia, toda esta oculta costumbre del daño y la represión a los más débiles es considerado en muchos momentos como la norma, y también lo es ahora, pero con la condición de no hablar de ello, de no exteriorizarlo demasiado… (“El origen”, de Thomas Bernhard, con su tétrico colegio es una muestra de ello). Ocurre quizás que, con el advenimiento de la psiquiatría y de las “ciencias de la mente” ocupando lugares de dis­pensación de poder, posiciones desde las que establecer criterios legales y jurídicos, las cosas han cambiado un poco.

En nuestra época quizá no se hablaría de indisciplina y rebeldía sino de trastorno psicosocial de adaptación. Los chavales despiertos de la película de Vigo serían tratados como chicos conflictivos, de riesgo, portadores de una peligrosa patología social, fruto de familias deses­tructuradas, en fin… como enfermos o inadaptados. Su opinión sobre las cosas deja de contar, su decisión de optar por algo distinto a lo impuesto revela tan sólo un síntoma, a lo sumo un síndrome de carencias afectivas ante el que una buena psicoterapia combinada con un efectivo y com­prensivo trabajo social podría reducir sus manifestacio­nes de violencia hasta la feliz convivencia con sus com­pañeros en el medio de estudio.

Fruto de esta concep­ción sería la evolución de las películas que muestran “hechos de entidad” de los niños, aún censurándolos, a las que buscan despertar la compasión del espectador por la inconsciencia y la locura de los pobres chavales, tipo “El niño que gritó puta”. Y así con todo. Escribo esto mientras empieza a llover y sé que todo lo que se habla es prácticamente inútil. Pero no por eso voy a dejar de recordar nunca esa bandera negra casera, de tela pobre, en la que unos niños fabulosos dibujan dos tibias y una calavera y que alzan sobre el tejado de un colegio y que luego lanzan a sus compañeros que les vitorean desde abajo para que la devoren y jueguen el juego de la ver­dadera guerra, la de la supervivencia contra la estupidez organizada. Quiero creer que esa bandera pirata, sin líderes, sin esperanza, sin demasiado miedo a la muerte, sigue y seguirá ondeando en alguna parte.

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article444

Cuando abusamos del abuso machista…

Lo que son y lo que queremos que sean las relaciones entre hombres y mujeres

«La igualdad como algo deseable ha quebrado la estructura misma de la lógica sexual. Cualquier sentimiento de particularidad sexual (reconocimiento de mis caracteres sexuales) ha sido tenido por irrelevante; y en el caso de los caracteres sexuales terciarios, como indeseables (cuando no ‘inestudiables’, ‘inanalizables’, y otros muchos ‘in’). Y ésta es la paradoja en la que el hombre se ha perdido en tanto concepto (lo que la mujer consiguió a mitad del siglo XIX el hombre lo ha perdido entrando el siglo XX). Dado que de negar alguno de los dos sexos, se ha negado el masculino: el opresor frente al oprimido». S. Sáez, 2002.

Una breve presentación:

Buenas:
Desde la publicación de «Cansadas de tanto neofeminismo y políticamente incorrectas» no han sido pocas las críticas que hemos recibido, algunas muy constructivas que nos han hecho reflexionar sobre nuestra postura y darnos cuenta de las limitaciones del texto, de sus vacíos y carencias y de aquellos aspectos en los que no fuimos demasiado claras a la hora de exponer nuestros argumentos; y otras que más que críticas eran insultos tras los que se parapeta un gran vacío teórico, pataletas de quienes no soportan que se cuestionen sus planteamientos y que preferimos ignorar. Lo último que se pretendía con el fanzine era comenzar una batalla maniqueísta (o estás conmigo o contra mí) con ciertos colectivos feministas, sino que esperábamos abrir un debate constructivo que nos permitiera avanzar en la lucha compartida, de hombres y mujeres, contra la opresión patriarcal. Así que agradecemos las primeras y suprimimos las segundas.

Entre esas aportaciones y críticas, recibimos una invitación de Ekintza Zuzena a colaborar en este número (con el que cumple su veinte aniversario, por cierto: Felicidades y muchas gracias por vuestro esfuerzo de estos años). Y en esta invitación encontramos una buena ocasión para aclarar todo aquello que parece haber dado lugar a confusión en el fanzine y profundizar en algunas cuestiones, en concreto lo relativo al «abuso del abuso machista» que, en ocasiones, vemos que se hace en nuestros entornos.

El discurso antipatriarcal y las relaciones entre los sexos

Antes de entrar de lleno en la cuestión del abuso, creemos que es importante echar la vista atrás y revisar de dónde proceden los actuales discursos antipatriarcales, y en concreto aquellos que se refieren a la sexualidad y otros aspectos de «lo privado»: La observación de que la opresión del patriarcado parecía que se mantenía a través de la historia y de las culturas por parte de las llamadas feministas radicales durante los años 70 y 80, reforzó la idea de que este sistema de opresión operaba con máxima efectividad en la esfera privada. La idea de que lo personal es político propulsada por Kate Millet en su obra «Política sexual» (1969) ganó empuje entre las feministas, y se comprendió que el escrutinio de las propias historias de vida era potencialmente liberador, acompañado por esfuerzos de cambio en la dinámica de las relaciones entre hombres y mujeres: No importaba lo bien intencionados que los hombres pudieran parecer, ya que como detentadores de un profundo interés en su status quo, al nivel de la sexualidad y la afectividad todos eran cómplices.

La sexualidad se convierte, en este momento, en un tema central en la agenda feminista: se critica la heterosexualidad dominante y las formas de sexualidad masculinas; se denuncia el sesgo androcéntrico de la sexología y el psicoanálisis y la relación entre los sexos queda definida como relación política, dando lugar a uno de los debates comunes entre las feministas de los 70 sobre la posibilidad de considerar el lesbianismo como única forma correcta de sexualidad para las mujeres. Los debates en torno a la erótica femenina que se plantean estas autoras -en respuesta a la heterogenitalidad promovida por las teorías reichianas, en pleno auge- se centraron en la concepción de la sexualidad femenina como un terreno de placer y peligro: El feminismo radical como movimiento reclama al feminismo que se cuestione el estatus de la sexualidad en el discurso feminista. Se deja de hablar sólo en términos de agresiones sexuales para hablar de poder: el placer es una fuente de poder y de vida, y no tanto debilitador y corrupto, como plantearán en los 80 otras grandes fracciones del feminismo y, en concreto, el feminismo cultural y antipornográfico.

El llamado feminismo cultural de los 80 llevará esta idea hasta el extremo, pasando, de culpabilizar al patriarcado -en tanto que sistema que concede el poder a los varones- a atacar directamente a los hombres, individual o colectivamente, por el mero hecho de serlo. Bajo este epígrafe se recogen las aportaciones de diversas autoras que, partiendo de un análisis esencialista de la realidad, acentúan las diferencias en lugar de las semejanzas: Si hasta ahora el feminismo se manifestaba en contra de lo biológico como determinante de las desigualdades sociales, el feminismo cultural da una vuelta de tuerca más al proponer que las mujeres han de confiar en sus instintos biológicos, se trata de «pensar a través del cuerpo». Se establece un vínculo directo entre las vidas de las mujeres, sus cuerpos y el orden natural.

Para las feministas radicales la violencia masculina era una estrategia política de dominación, la clave no estaría en la violencia sino en el poder: el pene como arma y el coito como sometimiento se entienden, desde esta perspectiva, como elementos dentro de un sistema de dominación más amplio. La violencia contra las mujeres deja de ser un suceso, un problema personal entre agresor y víctima para definirse como violencia estructural sobre el colectivo femenino. La violencia tiene una función de refuerzo y reproducción del sistema de desigualdad sexual. Frente a este planteamiento las feministas culturales harán del peligro el único foco de análisis, olvidando cualquier reflexión sobre el placer y planteando la violencia masculina como una cuestión identitaria. Desde esta perspectiva el hombre queda definido como violento, agresor potencial por el hecho de ser hombre. La sexualidad masculina: agresiva, irresponsable y genital, se sitúa como nunca antes en el punto de mira. El foco del problema no se sitúa ya en la construcción cultural de los sexos -género- sino en la propia naturaleza de ambos sexos.

La separación entre el feminismo radical y el cultural se produce, básicamente, en el terreno de la sexualidad y, más concretamente, en la relación entre feminismo y lesbianismo. El lesbianismo se planteó, dentro del feminismo cultural, como una opción política -y no como opción sexual- que implicaba el alejamiento del mundo femenino y el masculino. El lesbianismo se presenta como prueba del compromiso absoluto con el feminismo, produciéndose una separación obvia entre lesbianas y feministas heterosexuales:< /br> Ambos sectores -heterosexual y lesbiano- del feminismo cultural coinciden en el desarrollo de un «pensamiento maternal». Ser naturaleza y la capacidad de ser madres inclina a las mujeres hacia la salvación del planeta, dada su superioridad moral frente a los hombres.

El feminismo lesbiano -a caballo entre las propuestas del feminismo radical y el feminismo cultural-, dentro del que destacan autoras como Adrienne Rich y Mary Daly, define la maternidad como vínculo intrínsico y básico entre las mujeres. El lesbianismo es entendido como única alternativa de vida no susceptible de contaminación por el varón, convirtiéndose en una cuestión política que solidariza a las mujeres. La atracción entre mujeres no es sexual, porque eso es algo de varones, sino que se trata de una identificación consciente de unas con otras. Evidentemente, si la relación entre hombres y mujeres se entiende como opresión de unos sobre las otras, la postura de las feministas lesbianas, que deciden separar por completo su vida de la de los hombres, nos parece la más coherente: ¿Cómo vas a compartir tu vida con tu opresor, tu enemigo de clase? De hecho, lo que no entendemos es cómo estos mismos postulados pueden ser mantenidos -también ahora- por mujeres heterosexuales, que comparten y desean compartir su vida intima con hombres: ¿Se puede afirmar que todos los hombres son cómplices de la opresión de las mujeres, que las relaciones heterosexuales son el máximo exponente de esa dominación y, al mismo tiempo, desear y compartir nuestra vida con ellos?

A partir de algunos de los supuestos de estas feministas, y ya en la década de los 80, se crea entre el feminismo, el pacifismo y los movimientos ecologistas una unión que dará origen al actual ecofeminismo, el cual llevará esta separación entre lo «femenino-natural-bueno y lo masculino-cultural-malo» a su máxima expresión. Mientras que en lo que se refiere a la identidad femenina el feminismo cultural distingue entre aquellos rasgos que vienen del patriarcado -pasividad, docilidad…- y aquellos innatos o propios de la naturaleza femenina -bondad, cuidado, ternura…- en lo que se refiere a la naturaleza masculina no se admite tal distinción, definiendo lo masculino como algo innato, expresión de su naturaleza maligna y no como algo en parte construido por el patriarcado y la sociedad.

La sexualidad femenina según un amplio sector de las feministas culturales, se reduce a una expresión del dominio masculino. El deseo de las mujeres -ya sea hacia los hombres como hacia otras mujeres- y su gran variedad de experiencias sensuales, como la masturbación o el placer al dar de mamar o jugar con sus hijos, no se tienen en cuenta, quedan desplazados por la «opresión masculina» arrebatando a las mujeres su identidad como sujetos deseantes y transformándolas en mero objeto de deseo. Y este deseo, considerado exclusivo del sexo masculino, se llena de connotaciones negativas. El sexo y lo erótico quedan definitivamente ligados a la opresión y la violencia masculinas. En este sentido, Catherine MacKinnon afirma que «la socialización de género es el proceso mediante el cual las mujeres acaban identificándose como seres sexuales, como seres que existen para los hombres» (MacKinnon, en Flax 1995: 303).

Susan Brownmiller, Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin son posiblemente las activistas que, desde esta corriente, más empeño pusieron en la criminalización de las relaciones entre los sexos. Partiendo de la premisa «La pornografía es la teoría y la agresión sexual es su práctica» (Dworkin, 1980) éstas y otras feministas culturales emprendieron una lucha contra la pornografía como símbolo de la opresión sexual a partir de la que el sexo queda ligado a la violencia al mismo tiempo que las identidades y relaciones de hombres y mujeres definidas en términos de agresión. De nuevo Dworkin afirma que «es difícil distinguir la seducción de la violación. En la seducción el agresor a veces se molesta en comprar una botella de vino» (Dowrkin, en Amezúa 2003:86)

La violación, el acoso sexual y la pornografía -a las que añaden la prostitución, el striptease, y todo aquello que guarde relación con el erotismo- forman un conjunto que pone en evidencia la misma violencia contra las mujeres: La dominación masculina se basa en el poder de los hombres para tratar a las mujeres como objetos sexuales.

La idea de que la violación es «un proceso consciente de intimidación por el cual todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un estado de miedo» (Brownmiller, 1981) pronto será aceptada más allá de los círculos feministas iniciándose una fuerte persecución de la pornografía como puntal de la ideología masculina que rebasará también los límites del feminismo al encontrar un respaldo legal, mediante la configuración de nuevas figuras como el acoso sexual o los malos tratos, y el consecuente despliegue de leyes, instituciones y medidas penales. De esta manera, lo que estos sectores no habían logrado por la vía de la razón, fue finalmente impuesto por la presión social organizada en torno a la victimización de las mujeres y su instrumentalización.

La violencia contra las mujeres pasa a ocupar, en este momento, un papel central en el discurso feminista, siendo además un nexo de unión entre las feministas de la Igualdad y aquellas defensoras de la Diferencia. En este punto en el que la violencia es concebida como el elemento a través del que se mantienen las desigualdades entre los sexos y al mismo tiempo se ve reforzada por la desigualdad de poder; es en el que ambos discursos se solapan y apoyan, siendo este discurso el que, sumado a la ideología de la Igualdad, trascenderá los límites del movimiento feminista y se asimilará también en el seno de las instituciones democráticas.

Las aportaciones teóricas de estas feministas y las prácticas que de ellas se desprenden son de gran importancia al evidenciar que la represión de las mujeres operaba con mayor efectividad en el terreno de lo íntimo y señalar la necesidad de cambiar ciertas dinámicas en la relación con los hombres. Permitieron que las mujeres se replantearan su sexualidad y cuestionaran lo que venía siendo y lo que querían que fuera; cuestionaran la heteronormatividad impuesta y el poder otorgado a sus padres, compañeros, hermanos, hijos, etc. por el hecho de ser hombres; profundizaron en la importancia de la maternidad entendiéndola como una posibilidad positiva, y alejándose de aquellas feministas que la concebían como una carga, una limitación para el desarrollo y la autonomía de las mujeres; centraron el análisis en el propio cuerpo e invitaron a la reflexión sobre el propio poder. Ofrecieron a las mujeres la posibilidad de decir NO y que significara No… aunque podríamos cuestionarnos qué pasó con nuestra posibilidad de decir SÍ…

De estas aportaciones surgieron los primeros grupos de mujeres en los que éstas analizaban sus vidas, compartían sus problemas cotidianos en la relación con «lo masculino» y planteaban formas colectivas de lucha contra la dominación patriarcal. Sin embargo, al definir todas las relaciones con los hombres desde el punto de vista del poder masculino, olvidaron o silenciaron el poder de las propias mujeres en el terreno de lo íntimo y en la construcción de las relaciones, negándoles, por lo tanto, su responsabilidad y autonomía y su capacidad de cambiarlas. «Lo personal es político» se vio transformado en «lo personal es agresión y nosotras las víctimas».

La misión del feminismo es buscar la igualdad política completa de las mujeres y los hombres. No debería haber impedimentos para el avance social de las mujeres, pero somos mucho mayores que nuestro yo social. Nosotras contemplamos dos esferas: una es social, la otra es sexual y emocional. Puede que un tercio de cada esfera se superponga a la otra; esta es la zona donde el feminismo ha dicho correctamente que «lo personal es político». Pero hay muchísimo más en la historia humana. El hombre ha gobernado tradicionalmente la esfera social, el feminismo le dice que se eche a un lado y comparta su poder. Pero la mujer gobierna la esfera sexual y emocional, y ahí no tiene rival.

La ideología victimista nos parece una caricatura de la historia social e impide que la mujer reconozca su dominación, su papel activo en la construcción de este sistema de relaciones. Estas teóricas olvidaban la complicidad de las mujeres en la construcción de ese sistema de relaciones, mostrándolas constantemente como oprimidas -víctimas inocentes- e ignorando sistemáticamente su propia violencia y su poder, ofreciéndonos, un relato de la humanidad cortada en dos poco realista.

Por una parte las víctimas de la opresión masculina, y por la otra, los verdugos todopoderosos. Los postulados de estas feministas se basan más en sus experiencias personales (violaciones, abusos durante la infancia, lesbianismo militante… en el caso de Dowrkin y Mckinnon) con una fuerte carga emocional, que en la observación de los hechos. El carácter dramático de estos hechos -acosos, violaciones, agresiones, muertes… a partir de este momento calificados como sexuales- paraliza el razonamiento e impide una visión en conjunto que permita avanzar hacia su reducción y la convivencia armónica entre hombres y mujeres.

Tal carga emotiva eclipsó el debate de ideas en torno a los sexos recurriendo al atajo de la moral y, sobre todo, del Código Penal: es decir, una fijación de figuras delictivas para remediar unos problemas urgentes, más que un debate abierto y ordenado para enmarcar la relación entre los sexos y la lucha compartida por la libertad. Cuando aún no se habían digerido las consecuencias de la llamada revolución sexual de los 60, estas feministas junto a la amplia «derecha moral» estadounidense se encargarán de devolver lo sexual al terreno del pecado, lo sucio, el vicio y el delito y de culpar a los hombres de ello.

Creemos que este discurso, orientado a la criminalización de lo sexual y lo masculino en general, caló hondo en la mayor parte de las aportaciones feministas, también de aquellas hechas desde posturas antisistema y también desde el llamado anarcofeminismo, y por eso hemos considerado importante dedicar unas páginas a exponer sus aportaciones y contradicciones, a fin de entender el origen de lo que hemos llamado el actual «abuso del abuso», punto de unión de diversas aportaciones feministas, incluso de corrientes de pensamiento contrarias.

Abusos del abuso

Es desde este análisis de la gestación del discurso antisexual desde el que afirmamos que este feminismo victimista y antihombres desquicia la lucha antipatriarcal, al convertir a los hombres en el enemigo por el hecho de ser hombre, criminalizando lo masculino y enturbiando las relaciones heterosexuales en todos sus aspectos: erótico, convivencial, amistoso… Sabemos que una vez más nos hemos excedido al citar autoras, teorías, etc.

Sabemos que la lucha feminista, como cualquier otra, se hace en la calle, el día a día, y no en los libros; pero nos parece importante señalar las bases teóricas que la historia del feminismo nos ha dejado, al menos aquellas que más han influido en los posicionamientos actuales que consideramos peligrosos en tanto que nos desvían de nuestro objetivo: la lucha por la libertad contra cualquier opresión. En concreto, el empeño puesto en criminalizar nuestras relaciones con los hombres y en considerar cualquier conflicto entre hombres y mujeres como síntoma de la dominación de unos sobre otras.

Nuestras vidas son el testimonio de nuestra lucha, «lo personal es político», y nos partimos la cara a diario para que así sea, crecemos en nuestra lucha y no olvidamos que nuestro peor enemigo seguimos siendo nosotras mismas. Por eso nos esforzamos por comprender de dónde viene nuestro malestar, por ponerle cara al enemigo, saber quiénes somos, dónde estamos y dónde querríamos estar. Por eso nos negamos a asumir posturas victimistas, a renunciar a nuestra propia responsabilidad en todo esto, a echar balones fuera y culpar a los hombres de todos nuestros males… Somos defensoras del ya clásico «Ni una agresión sexista sin respuesta», y nos enorgullece, como ya hemos dicho otras veces, sabernos parte de un movimiento en el que existe repulsa contra las agresiones sexistas y se toman medidas colectivas contra las mismas.

Sin embargo nos entristece ver cómo desde nuestras filas el abuso o la agresión sexual se ha utilizado como pretexto para fines personales, cómo cada vez más situaciones se interpretan como abuso y cómo se enturbian nuestras relaciones. Obvia y lamentablemente la violencia machista existe y merece todo nuestro desprecio. Pero ¿qué ocurre cuando las cosas no son tan claras? ¿Dónde ponemos el límite de qué consideramos y qué no consideramos agresión? ¿Qué ocurre si para mi cualquier réplica a mis argumentos me parece agresiva e insultante, si califico de machista cualquier acto contrario a mis intereses ya venga de un hombre o de otras mujeres?

De toda relación existen al menos dos versiones, y pensamos que antes de posicionarnos y tomar medidas es necesario escuchar ambas. Si no, podemos meter la pata y joder la vida de algún compañero/a… Las relaciones personales son complicadas, existen los conflictos de intereses, se dan juegos de poder, interpretaciones, suspicacias… no podemos reducirlas a «buenos y malos», «víctimas y verdugos»… Si yo me he sentido agredida pero el otro/a no tenía intención de agredirme: ¿Ha habido agresión? Al hacer de esto un problema colectivo, como no podría ser de otra forma, ocurre que a la opinión de una y otro hay que añadir la de aquellos que se ven implicados en la situación y, sin pretenderlo la mayor parte de las veces, se ven convertidos en responsables de la solución.

Con frecuencia la «palabra de la víctima» es considerada prueba suficiente y otras veces ni siquiera se tiene en cuenta aunque existan «pruebas contundentes» -disculpad tanto entrecomillado, pero no nos sentimos cómodas manejando este lenguaje criminológico…- la reacción colectiva dependerá de muchas cosas, como el status político de uno y otra, las amistades que tengan, su implicación en las asambleas, su «curro» en según qué temas, etc. No es lo mismo acusar de agresor a un compañero «comprometido» y con cierto status en el mundillo que atribuir los mismos hechos a otro algo tímido, que a penas se implica y del que, como colectivo, se sabe más bien poco. Igual que no es lo mismo que la «denuncia» venga de una compañera con tablas y redes sociales amplias, caché político, etc. que de otra que no cuente con esos «recursos sociales» o, simplemente, nos caiga peor… Cada situación es completamente distinta, cada conflicto una historia, por lo que reducirlo todo a una cuestión de abuso machista o sexual nos parece un abuso en sí mismo.

Los juegos y abusos de poder en las relaciones existen, y negarlo sería una estupidez por nuestra parte, lo que queremos cuestionar es si este poder lo ostentan siempre los hombres y es un poder machista.

Si dos compañeros -hombres- discuten y uno termina soltando una ostia al otro, pensaremos que se le ha ido la olla, o que tenía razones de sobra porque el otro le estaba calentando, o que es un tío agresivo que todo lo resuelve igual, o pondremos como excusa que iba muy pedo o… habrá muchas respuestas posibles. Si la misma situación se da entre una compañera y un compañero y es él quien termina soltando la ostia, las posibles respuestas tienden a reducirse a una: es un capullo machista.

Pensemos, por ejemplo, en la habitual figura del «baboso» y en las diferencias entre ser un baboso y ser un ligón: Seguro que conocemos cantidad de ocasiones en las que acusar a alguien de baboseo ha servido para desprestigiarle y apartarle de algunas movidas. ¿Dónde ponemos el límite entre ligue y acoso? Nosotras lo ponemos en la negativa explícita por una de las dos partes de continuar por ese camino. Mientras no se muestre un rechazo explícito, por muy clara que creamos que está nuestra postura, el otro -o la otra- pueden interpretar nuestra actitud como parte del juego, y continuar con las insinuaciones o ir un poco más allá. Una violación -una relación sexual forzada- es un abuso de poder -de la mayor fuerza física, generalmente-, una paliza también lo es.

Pero que te toquen el culo intentando ligar, o te abracen más tiempo del deseado, se te «lancen al cuello» intentando besarte o te guiñen un ojo… sólo son eso, formas de continuar con el cortejo que había comenzado. Si tú no quieres continuarlo basta con decir «ya te vale», o ponerte un poco chunga, o soltarle una ostia si lo consideras oportuno y es lo que te sale. Tal vez habría sido más útil y menos violento para ambos no entrar en el juego, no permitir que se llegara a esa situación. ¿Dónde está la autonomía femenina de la que tanto hablan las feministas? Podremos pensar que es un pesado, que tiene un ego demasiado subidito al no haberse dado cuenta de que pasamos de él, que va demasiado pedo -el alcohol es un mal aliado en estas situaciones-, incluso asquearnos un poco y decidir no volver a verle o hablarle. Pero de ahí a acusarle de abuso hay un salto importante.

Y, ¿qué pasa cuando la situación es al revés? Cuando es una mujer quien se pasa de la raya o malinterpreta una situación e intenta ir más allá, lo más probable es que él intente pararle los pies, puede que comente lo «calienta pollas» que le parece -imbéciles hay en todas partes-, pero lo que seguramente no ocurra es que la acuse de abusar de él o de acosarle porque casi nadie le creería y porque probablemente la reacción que generase sería más de burla que de solidaridad… la recomendación de la ostia que hacíamos más arriba es impensable en este caso. En esto del ligoteo le hemos dado la vuelta a la tortilla: nosotras ahora somos quienes podemos mirar, piropear, insinuar o entrar directamente. A ellos, en algunos círculos, más les vale cuidarse mucho de lo que hacen o dicen… Algo tan simple como un «Joder, qué buena está» puede convertirse en la llave para una campaña masiva contra el «baboso» en cuestión por machista y por «permitirse semejante cosificación de las mujeres en espacios liberados»…

A lo que vamos: o ciertas actitudes se consideran válidas para todos/as o para nadie. Hablamos de respeto, y las faltas de respeto lo son independientemente del sexo de quien las hace. Ya va siendo hora de que nos planteemos, además, lo cerca que está nuestra intolerancia hacia cierto lenguaje de la mojigatería… Considerar agresión sexual ciertas expresiones, incluso ciertos insultos, es como afirmar que por fumar porros se terminará siempre enganchado al caballo. Nos parece algo exagerado, un mecanismo de control de la libertad de expresión ejercido con más fuerza sobre los hombres.

Sí, creemos que se abusa del abuso, y cuando todo se interpreta como abuso es imposible que se dé una relación entre iguales, puesto que uno -una- verá todos y cada uno de los gestos y actos del otro como síntomas de su condición de abusador, concibiéndose a sí misma, por lo tanto, como víctima en un estado permanente de inferioridad… En el maltrato psicológico o manipulación se concentran muchas de las cuestiones de las que venimos hablando hasta el momento. En principio, el maltrato psicológico podría definirse como la adopción de una serie de actitudes y palabras por parte de uno orientadas, de manera sistemática, a denigrar, desestabilizar y herir al otro -la otra-.

Pero, lejos de ese abuso y humillación sistemáticas, con frecuencia hemos visto que se apela al maltrato psicológico o la manipulación para tirar por tierra los argumentos de nuestros compañeros por ejemplo durante una discusión: «Me estás manipulando, le das la vuelta a todo, etc.» Acusar a alguien de manipularnos psicológicamente significa aceptar una superioridad argumentativa por su parte y reconocernos nosotras mismas como inferiores, poner al descubierto nuestras propias inseguridades y nuestra falta de confianza en nuestros propios argumentos, sensaciones, opiniones…

En realidad de lo que se le acusa es de ser capaz de razonar sus argumentos con cierta capacidad de convicción, como si esto se tratara de un mal a erradicar, en vez de cuestionarnos nuestra propia incapacidad -por oposición a su supuesta capacidad- y currarnos nuestras propias argumentaciones u otras formas de expresión. Y sabemos que esto no es siempre fácil, somos conscientes de la educastración que nos dieron nuestros padres -y madres, que no se nos olvide- y de la inseguridad que acarrea, pero esta educación castrante en el seno del «Patriarcado Capitalista Blanco» no es motivo ni pretexto suficiente para hacer de la carencia virtud.

En cualquier relación, sea del tipo que sea -familiar, de pareja, amistad, laboral, entre compañeros de lucha…- y sé de entre personas de igual o diferente sexo, habrá siempre alguien que tenga más tablas argumentativas para defender su postura respecto a ciertas cosas que el otro/a, habrá quien se exprese mejor, se muestre más seguro/a de sí, incluso quien grite más. También habrá una de las partes que sea más emotiva, lleve con menos calma ciertas situaciones o cuente con un gran sentido del humor que ayude a liberar ciertas tensiones… Insistimos en que estas diferencias se darán siempre que se junten dos o más individuos e independientemente de que sean hombres o mujeres, por lo que no podemos estar de acuerdo con quienes consideran alguna de estas cualidades como un signo de dominación sexista. Cada uno/a somos diferentes, únicos/as e irrepetibles, y cada una/o tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos, sabemos cómo utilizar las primeras y cómo controlar o corregir los otros.

Habremos de esforzarnos por reconocer los propios y respetar los de los/as demás, esforzarnos por entenderlos y no utilizarlos para nuestro propio beneficio, para construir una relación en positivo y no sobre miserias. Al afirmar que «nos gustan vuestros penes» -afirmación que nos ha costado unos cuantos «enemigos»-, no pretendemos limitar el asunto a una cuestión genital ni coitocentrista, sino utilizar la misma figura -el pene- que usan desde estos feminismos como símbolo de la dominación masculina y darle la vuelta: Pene y coito se han visto culpabilizados, convertidos en herramientas de la dominación masculina.

Por supuesto, sabemos que no es la única forma de compartir placer sexual, el coito no es lo único ni tiene por qué ser lo mejor, y el placer masculino no puede reducirse a la sensibilidad de su glande. Nuestra expresión de la sexualidad es mucho más amplia y hay muchas otras prácticas eróticas que nos parecen tan placenteras o más que éste, pero de ahí a considerar al coito como el «Satanás» de las relaciones hay un trecho: No podemos evitar que se nos escape una risilla cuando oímos ese nuevo término tan extendido en nuestros círculos de «envolvimiento» con el que algunas pretenden sustituir el de «penetración» al que ellas mismas han llenado de connotaciones negativas. El coito supone la introducción del pene en la vagina o el ano, es éste y no aquellos el que se arrima e introduce, o sea, el que penetra y por lo tanto queda envuelto por las paredes de una u otra cavidad.

Penetración nos parece por lo tanto un término muy descriptivo y no encontramos por ninguna parte la supuesta violencia que conlleva, menos aún en las relaciones mutuamente consentidas. Por supuesto, comprendemos que el término envolvimiento tiene también sus ventajas, en tanto que resalta el papel activo de la mujer en el coito, aunque, al surgir como alternativa a la penetración por considerarla negativa o expresión de dominio, pierde parte de su valor.

Proponemos entonces hablar de coito, de follar, etc. expresiones en las que ambos quedan implicados por igual. La reducción del pene a instrumento de dominación, intimidación y agresión nos resulta absurda y vemos en ella mucho más esfuerzo intelectual por discutir la teoría freudiana del complejo de castración que por comprender los mecanismos fisiológicos y las estructuras anatómicas humanas. Así que lo repetimos y repetiremos las veces que haga falta, aunque se nos siga acusando de querer complacer y agradar a los hombres, o de estupideces varias como ser cómplices del falocentrismo imperante: Nos gustan vuestros penes, no los envidiamos, pero nos gustan porque nos gustáis vosotros. Nos alegramos de que seáis parte de nuestras vidas, de compartir con vosotros sueños y proyectos, de saberos cerca, de contar con vosotros para conspirar, afrontar y enfrentarnos a esta realidad de mierda. Gracias por contar también vosotros con nosotras.

Queremos construir espacios donde nuestras diferencias no se sitúen ni por encima ni por debajo de nadie. Queremos compartir con los hombres nuestras luchas, nuestras acciones, nuestra vida, y plantarle cara juntos al dominio patriarcal.

Queremos un mundo sin abusos, nos negamos a seguir siendo víctimas de igual forma que nos negamos a ser las nuevas agresoras. Queremos que se nos tenga en cuenta y queremos tenerles en cuenta. Que se nos respete y entienda, respetarles y entenderles. Combatir junto a ellos el sexismo y construir nuevas relaciones sobre la belleza de las diferencias.

Zaragoza, marzo de 2008

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article442

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No olvidéis a los presos de Action Directe!

La memoria del poder contra la memoria anticapitalista y viceversa

Por revista Ekintza Zuzena

Si la película «Salvador», a pesar de su eminente mediocridad, ha sido promocionada con tan gran despliegue de medios, entre los que no han faltado once nominaciones a los Goya y un premio, no será solamente porque la concentración de la oferta mediática haga que todo quede en casa, ni porque la mayoría de los «académicos del cine español» sean profesionales del espectáculo muy interesados en estar a bien con su productora, Mediapro, multinacional española de la «comunicación», prepotente en varios sectores del mercado correspondiente y un claro exponente de esa tendencia a la concentración. Será quizá también porque en el actual régimen totalitario de dominación mercantil-tecnológico-espectacular los medios se confunden absolutamente con los fines y la oferta crea directamente la demanda.

La historieta que cuenta sobre los últimos días de Puig Antich y los acontecimientos que le llevaron al garrote ha sido compuesta -partiendo de un libro del director de la televisión catalana, que también hizo un documental sobre el mismo tema- por unos mercenarios sin ideas. Su estilo es el de los telefilmes gringos, con el sentimentalismo como principal materia prima, moldeada en los humanitarios valores del individualismo burgués, pero, eso sí, en versión posmoderna. Así que no hace falta que el héroe tenga personalidad, basta con que sea guapo, amante de la familia y de talante bondadoso y tolerante, incluso con sus propios carceleros y verdugos, como corresponde a un «mártir de la lucha por la democracia».

Quizá otro de los factores de su éxito sea, precisamente, que lo cuenta todo desde la perspectiva de los arrepentidos, o más bien, de los que están de vuelta sin haber ido a ninguna parte, de manera que el espectador medio, por el precio de la entrada, pueda ver morir ejecutado al «joven idealista» que lleva dentro y volver, relajado después de la catarsis, a su vida normal de servidumbre voluntaria.

Por otra parte, semejante falsificación, no es más que una de tantas dentro de la corriente iniciada con la llamada «transición española a la democracia» y más vigente hoy en día que nunca, a través, por ejemplo, de la «ley de memoria histórica» o de los diversos intentos de revisión de hechos represivos de la dictadura, uno de ellos patrocinado por las hermanas de Puig Antich, las mismas que se han dejado manejar por los perpetradores de la película.

Un caso parecido es el engendro «Oriol Solé, el Che catalán», que maltrata la figura de otro miembro del MIL, asesinado dos años después que Salvador durante una fuga masiva de la cárcel, presentándole como una especie de «independentista catalán» y «luchador por la democracia», y que no nos sorprendería nada fuera llevado también al cine. Unos episodios cualesquiera de esa corriente revisionista animada desde sus inicios por el partido del orden producto de la reconciliación de todos los servidores fascistas o demócratas del capitalismo, los que ganaron la guerra para acabar con la revolución y los que acabaron con ella para perder la guerra.

La misma alianza que consiguió vencer durante la «transición» contra el proletariado autoorganizado que amenazaba sus sueños de prosperidad con su dinámica de huelgas salvajes, motines en las cárceles y otras actitudes insurreccionales, y que ha querido celebrar sus hazañas con tanto disimulo que pretende ocultar incluso la existencia de los vencidos. Las nuevas tendencias de moda entre la élite dirigente no parecen haber alterado gran cosa la dirección de esa corriente: ahora hablan de lo que ha estado censurado durante años, pero ocultando celosamente cualquier rasgo que pueda resultar peligroso para la dominación.

Los beneficiarios de esa victoria, los mismos que hoy se reparten el poder en la sociedad española, y sus servidores de todas las escalas, incluidos los recién llegados al socaire de la renovación tecnológica, estaban tan interesados entonces como lo están ahora en presentar el franquismo democratizado, una monarquía directamente heredera de Franco, con los mismos policías, jueces o militares que la dictadura y al servicio de los mismos intereses, como un régimen democrático y legítimo «al servicio de todos los españoles».

El mismo bajo el que nos encontramos ahora, así que, en realidad, estamos hablando de historia oficial. Al fin y al cabo, los subproductos mediáticos que sustituyen hoy en día la conciencia, histórica o de cualquier otra clase, son elaborados por un sector de esa capa social sin nombre que constituye la base humana del actual totalitarismo, para consumo de sus congéneres de otros sectores de la misma, de acuerdo con ellos en casi todo y, en primer lugar, en lo fundamental: en aceptar, comprar y vender, la falsificación de todos los aspectos de la vida en que consiste la dominación a la que sirven como si fuera vida auténtica.

Por eso, no se van a poner ahora unos mercachifles mediáticos a desenterrar las vergüenzas de sus mejores clientes contando la verdadera historia del Movimiento Ibérico de Liberación, para trasmitir su herencia envenenada contra el Capital y el Estado y ponerla a disposición de sus potenciales enemigos. No tiene nada de sorprendente que intenten ocultarla con esa especie de máscaras funerarias, verdaderos certificados de defunción de todo lo que tenían de revolucionarios sus protagonistas reales ¡Así se alimentan los chacales de la dominación con los despojos de los asesinados!

El verdadero MIL fue el producto efímero (de enero del 71 a agosto del 73) del acuerdo de personas y grupos de diferentes procedencias en apoyar los intentos de autoorganización del proletariado contra las maniobras dirigistas de los burócratas cristianos, leninistas y demócratas que luchaban por el poder dentro de las Comisiones Obreras de entonces. CCOO habían surgido unos años antes como espontáneos comités de huelga extendiéndose rápidamente por todo el territorio industrial, pero habían caído finalmente bajo la hegemonía de los estalinistas. Éstos propugnaban ya entonces la «Reconciliación Nacional» con el régimen franquista, la colaboración con sus estructuras sindicales, en una toma de posiciones con vistas a su posible democratización, y la negociación con los sectores liberales de la burguesía que habría de necesitar para sus proyectos de modernización económica y social «fuerzas políticas y sindicales progresistas» que, al estilo europeo, integraran en ellos a la clase obrera.

La línea del resto de las organizaciones izquierdistas sólo se diferenciaba en que soñaban con sustituir al PCE en la dirección mientras le seguían el juego. Frente a todo eso, los Grupos Autónomos de Combate, que utilizaron a veces la sigla MIL, o 1000, se propusieron contribuir al fortalecimiento de una corriente obrera autónoma y anticapitalista difundiendo textos antiguos y actuales en defensa de una concepción de la revolución comunista como insurrección general del proletariado autoorganizado.

Y también por medio de la agitación armada (consistente, en su caso, principalmente en expropiaciones de dinero y de material de impresión), que había de servir «como expresión de ira por la cotidianidad humillada del proletariado»; para autofinanciarse y apoyar económicamente las luchas autónomas y la agitación teórica en su defensa; y para demostrar que «el nivel de violencia con el que se puede, y por lo tanto se debe, responder a la violencia capitalista es mucho mayor de lo que comúnmente se cree».

Quisieron practicar, contra todo militarismo o vanguardismo, «el terrorismo mediante la palabra y el acto contra el capital y sus fieles guardianes, sean de derechas o de izquierdas». Para ellos la democracia era, como la dictadura, una forma de la dominación capitalista y los partidos llamados obreros y sus sindicatos, «la izquierda del programa político del Capital».

Tampoco es sorprendente que no cuenten nada nuestros serviciales publicistas del abandono en el que dejaron los «demócratas», empezando por la Asamblea de Cataluña (una especie de plataforma unitaria de la oposición democrática catalana) tanto a Puig Antich como al resto de los presos del MIL. Ni de la verdadera solidaridad con ellos, practicada, sobre todo en forma de atentados, manifestaciones violentas y alguna huelga salvaje, por algunos incontrolados, los cuales, a raíz de la condena a muerte y posterior asesinato de Salvador, respondieron al llamamiento lanzado un poco antes por el GAC Septiembre 73, que agrupaba a los antiguos miembros del autodisuelto MIL ahora presos, en el sentido de que «la intensificación de la lucha por la destrucción del sistema que engendra la represión es la mejor manera de desarrollar la solidaridad revolucionaria con los represaliados».

Hasta que cayeron presos algunos de los participantes, sólo se supo de ellos por sus actos, pues nunca utilizaron unas siglas fijas ni se pudo percibir ninguna estructura permanente en su manera de organizarse: se coordinaban sencillamente en y por la práctica. Y, de hecho, la mayor parte de sus acciones no las reivindicó nadie: se entendían por sí mismas y por el contexto. Todo lo cual recuerda también otra propuesta del MIL: «la organización es la organización de tareas».

La policía y la prensa, íntegramente adicta al régimen de dominación, más o menos como hoy en día, llamaron OLLA (Organització de LLuita Armada) a algunos detenidos, en un intento de aparentar que se había desarticulado una organización, supuestamente responsable de una parte de esas acciones. Además de en el territorio del Estado español, hubo acciones de ese tipo en Francia (donde, por ejemplo, fueron volados con explosivos varios puentes y otras vías de comunicación con España), en Suiza, Bélgica y otros países. Posteriormente, una coordinación de grupos autónomos utilizó las siglas GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista) para reivindicar una serie de acciones realizadas en territorio francés y belga entre mayo y agosto del 74, en solidaridad con los presos del MIL.

Por ejemplo: secuestro del director del Banco de Bilbao en París, atentado contra los autobuses de los peregrinos españoles a Lourdes, sabotajes contra el tour de Francia, atentados contra representaciones diplomáticas españolas, contra oficinas de Iberia, trenes y autobuses con destino a España, puestos fronterizos, etc. Otros grupos autónomos continuaron realizando después con parecido estilo acciones de solidaridad a ambos lados de los Pirineos.

Con todo, la peor omisión de ese «alegato contra la pena de muerte», como llama la crítica sumisa a la citada película, es que ni siquiera menciona el nombre de algunos antiguos miembros de varios de esos grupos, que continúan presos en Francia, condenados a una prolongada muerte en vida por haberse empeñado en continuar aquellas luchas bajo las siglas de Action Directe.

El Estado francés los mantiene encarcelados en un régimen de excepción parecido al FIES. Por ejemplo, Jean-Marc Rouillan, que participó en los GAC-MIL, en los GARI y en varios grupos autónomos posteriores; Nathalie Ménigon, miembro del Colectivo Autónomo de trabajadores de la Banca Nacional de París y de la coordinadora de grupos autónomos parisienses conocida por Camarades; Georges Cipriani, que militó también en diferentes grupos franceses y alemanes.Llos tres, condenados a dos cadenas perpetuas, cumplen este febrero los veinte años de prisión efectiva. Régis Schleicher, otro antiguo componente de los GARI, condenado también a cadena perpetua, lleva más de veintitres años en la cárcel.

Todos han pasado gran parte de ese tiempo en aislamiento sometidos a un verdadero programa de aniquilación en el que el Estado ha hecho de todo para destruirlos tanto física como psíquicamente. Desde luego, los citados productos «culturales» constituyen un insulto a la memoria de sus protagonistas y una provocación para quienes se identifiquen de alguna manera con sus propuestas, pero pueden tener un lado positivo: la posible reacción de los provocados.

Al contar, en versión amañada según los intereses de la dominación, lo que se puede considerar un episodio de su propia historia, les obliga a fijar la atención sobre la misma poniendo a prueba su memoria histórica, y les coloca ante la alternativa de abandonarla en manos del enemigo o dedicarse a fortalecerla. Por otra parte, los insultos duelen más cuanto más se corresponden con la realidad del insultado, y esta película recuerda por defecto que los presos de Action Directe, al fin y al cabo prisioneros de la guerra entre la dominación capitalista y las perspectivas autónomas, han sido abandonados en manos del enemigo por sus supuestos compañeros durante largos años y en las peores condiciones.

Ellos serán lo único que quede vivo de aquella historia a no ser que algunos de los que estamos en la calle decidamos darnos cuenta de que nosotros también somos prisioneros de esa misma guerra. Para terminar de explicar por qué decimos eso, vamos a continuar intentando reanudar, aunque sea parcialmente, el hilo roto de los acontecimientos. Aunque eso sólo se puede hacer realmente en la práctica.

Todavía no se había cerrado completamente la crisis revolucionaria en Portugal cuando en el territorio del Estado español se celebraba la muerte de Franco resucitando en multitud de frentes las tradiciones libertarias de acción directa. Las huelgas salvajes se extendían, poniendo en peligro tanto los beneficios capitalistas como los proyectos reformistas de la nueva «clase política» y haciendo efectiva la autonomía obrera a base de solidaridad, piquetes, asambleas soberanas y delegados revocables.

Mientras en la calle se luchaba, entre otras muchas reivindicaciones de quienes entendían la democracia a su manera y no a la del poder, por la ampliación de la amnistía a los acusados de delitos violentos, en las cárceles, los presos sociales, autoorganizados también por medio de asambleas y de una Coordinadora de Presos En Lucha, se amotinaban en cadena por una reivindicación no menos justa pero inaceptable para el sistema: que se les considerara presos de la dictadura y de la injusta sociedad correspondiente, o sea, presos políticos y que, por tanto, se les amnistiara. También se multiplicaban, con un elevado porcentaje de éxitos, los intentos de fuga, mientras crecía vertiginosamente el número de atracos, a bancos sobre todo, como si el MIL hubiera conseguido, al menos en este aspecto, el objetivo ejemplificante de su agitación armada.

Con todo y con eso, una gran parte de los componentes de los muchos grupos autónomos existentes entonces renunciaron a la defensa de la autonomía, tanto la suya personal como la de las luchas proletarias, participando en la reconstitución de la CNT o integrándose en otros sindicatos y grupúsculos izquierdistas. Sólo algunos individuos y grupos continuaron resistiendo, recurriendo a menudo a acciones violentas, como atracos, atentados con cócteles o explosivos y, en el caso de los autónomos vascos, algunos atentados personales, en apoyo de las luchas obreras autónomas, de las luchas de los presos o contra la represión estatal y paraestatal.

En el 81 cayeron los últimos participantes en una coordinación de grupos de Barcelona, Madrid y Valencia que habían continuado en activo a pesar de la detención de la mayor parte de sus compañeros, precisamente para intentar con todas sus fuerzas liberarlos. Los Comandos Autónomos Anticapitalistas de Euskadi todavía continuaron actuando hasta su desarticulación después de la matanza de Pasajes en marzo del 84, último episodio del verdadero linchamiento al que, una vez derrotados los intentos de autonomía proletaria, les sometieron en formación cerrada todos los poderes constituidos en las sociedades española y vasca, incluidos los sectores abertzales.

Entre el 68 y el 78, en Italia, alcanzó el grado más alto el enfrentamiento entre el proletariado salvaje y el Estado capitalista, el cual no retrocedió para vencer ante ningún medio (provocación, delación, leyes especiales, asesinatos, masacres…), siguiendo el camino abierto en Alemania occidental, en la guerra entre los grupos armados y el Estado, al recurrir éste a leyes antiterroristas, prisiones de alta seguridad con regímenes de tortura blanca y endurecer la represión hasta llegar al asesinato de los presos de la RAF, presentándolo como suicidio con la complicidad de la mayor parte de los medios de «comunicación» internacionales. Medidas que inauguraron el estado de excepción permanente en el que nos encontramos hoy. Los atentados de protesta se extendieron espontáneamente por toda Europa.

En Francia, a pesar del «reflujo» del 68, aún se producían algunas luchas obreras salvajes y ganaba fuerza una corriente autónoma. Eran numerosos los individuos y grupos que intentaban enfrentarse a la dominación capitalista, fuera de los partidos y sindicatos y casi siempre directamente contra ellos, organizando por sí mismos día a día su participación en las luchas sociales que se planteaba en diversos terrenos, como la lucha antinuclear o contra la precarización del trabajo, la solidaridad antirrepresiva, el movimiento anticarcelario, la autodefensa de los inmigrantes, las ocupaciones, etc.

Los intentos de coordinación práctica, aunque efímeros, se sucedieron unos a otros. Incluso en la extrema izquierda, algunas organizaciones se fragmentaron en pequeños grupos produciéndose una verdadera hemorragia de militantes hacia el área de la autonomía. De ahí proceden, por ejemplo, parte de los componentes de los NAPAP (Núcleos Armados Por la Autonomía Proletaria) que reivindicaron en 1977 varios atentados y sabotajes, empezando por la ejecución de un segurata de extrema derecha que en 1972 había matado, en un enfrentamiento entre vigilantes de la Renault y militantes de la GP (Gauche Proletarienne, organización del «maoísmo espontaneísta»), a uno de ellos, Pierrot Overney.

Muchos otros individuos y grupos autónomos anarquistas y comunistas, recurrieron también a acciones armadas, coordinándose de diversas maneras, unas veces coincidiendo espontáneamente en la elección de los objetivos, como las oficinas del paro, agencias de trabajo temporal, comisarías o juzgados, etc. Otras veces la coordinación fue más explícita recurriendo a siglas de circunstancias, al estilo de los GARI, algunos de cuyos antiguos componentes participaban también en ellas.

Por ejemplo, la «Nuit bleue» (Noche azul) antinuclear, jornada de lucha en la que se produjeron, en noviembre del 77, veintitantos atentados en todo el territorio del Estado francés, contra intereses ligados a la industria nuclear, sobre todo instalaciones de EDF (Electricité De France), reivindicados con la sigla CARLOS (Coordination Autonome Radicalement en Lutte Ouverte contre la Société); o las acciones del 78 en Toulouse contra oficinas de empleo y agencias de trabajo temporal en protesta por la precarización reivindicadas CACT (Coordination Autonome Contre le Travail).

De ahí surgió Action Directe, al decidir algunos de los grupos e individuos participantes en ese movimiento coordinarse bajo unas siglas permanentes en una estrategia común a más largo plazo. Mediante acciones armadas simbólicas, intentaron enfrentarse a la reestructuración capitalista que se iniciaba entonces, señalar sus puntos neurálgicos, poner de manifiesto sus principales líneas de fuerza, atacando, por ejemplo, en momentos clave, las sedes patronales, los ministerios de trabajo, comercio o sanidad, las oficinas de extranjería, del paro o de gestión urbanística, los bancos y empresas de armamento, inmobiliarias o de trabajo temporal, los bancos de datos informáticos, los comercios de artículos de lujo, las sedes del FMI o del Banco Mundial, de la UE, de INTERPOL o de la OTAN, atentando contra confidentes y policías, militares traficantes de armas, un dirigente empresarial responsable de miles de despidos… En una primera etapa, a partir del 1 de mayo de 1979, cuando hicieron su primera aparición reivindicando el ametrallamiento de la sede central de la patronal francesa, actuaron casi siempre en estrecho contacto con luchas sociales concretas. A principios del 81, al iniciarse la campaña para las elecciones presidenciales y legislativas a las que se presentaba una coalición de la izquierda liderada por François Mitterrrand, el número de presos de AD había crecido mucho. Durante la campaña y en la primera etapa de mandato de aquél la gente de AD decidió abandonar temporalmente las acciones armadas limitándose a apoyar las luchas de los presos por su libertad, las cuales se resolvieron con una amnistía del gobierno. A partir de ahí, actuaron durante un tiempo a la luz del día, participando abiertamente en las luchas sociales. Incluso mantenían una sede pública en una casa ocupada del barrio de Barbès. Muchos de sus integrantes decidieron abandonar el proyecto por no considerarlo ya necesario en la nueva situación. Entre los que quisieron seguir hubo varias escisiones. Aunque se mantuvieron las siglas, la organización resultó bastante disminuida numéricamente. Cuando el Estado volvió a declararla ilegal, y a medida que se iban debilitando las luchas sociales, la línea de acción, fue cambiando cada vez más en una dirección «antiimperialista», y de especialización en la lucha armada.

Finalmente se aliaron con la RAF alemana y otras «organizaciones de guerrilla» de corte leninista y los atentados se dirigieron mayoritariamente contra el «complejo militar-industrial» occidental, aunque sin olvidar la denuncia de la reestructuración capitalista. La última acción fue la muerte del director general de la Renault, un especialista en «reestructuraciones de plantilla», responsable de uno 50.000 despidos, reivindicada por el «comando Pierre Overney» en noviembre del 86. Poco después fueron detenidos los últimos militantes. Todavía siguen presos.

En la cárcel han mantenido siempre una actitud de enfrentamiento con el sistema penitenciario y contra el régimen especial que sufren. Han hecho varias huelgas de hambre reivindicado, por ejemplo, su abolición, o el reagrupamiento. Con muy poco apoyo exterior, han sufrido durante mucho tiempo lo peor de la represión. Las consecuencias se hacen notar: Georges fue psiquiatrizado a la fuerza; Nathalie ha sufrido varios ataques cerebrales y se encuentra semiparalizada y afectada por una grave depresión.

De un tiempo a esta parte ha habido movilizaciones en Francia, Alemania, Bélgica, Grecia y otros lugares, y alguna también en territorio del Estado español pidiendo su libertad. Pero no han sido suficientes. Sólo se consiguió la de Joëlle Aubron, que llevaba diecisiete años presa y sufría un tumor cerebral. Murió en marzo de 2006. Si los deseos que algunos manifiestan de que lleguen a reabrirse aquellas perspectivas revolucionarias han de cobrar siquiera un mínimo de realidad, se tienen que hacer cargo de sus presos, sin lo cual darían sencillamente risa por su falta de dignidad. Los presos de la lucha armada, son prisioneros de guerra, igual que otros miles de presos que abarrotan las cárceles del mundo: los presos de la precarización, de la inmigración, de la exclusión social, prisioneros de la reestructuración capitalista, igual que todos nosotros.

Ellos son, en relación con quienes estamos en la calle, lo mismo que los FIES respecto a los presos en general: son quienes sufren, como escarmiento por su rebeldía, la cárcel dentro de la cárcel. Pero, en realidad, todos estamos presos, más o menos voluntariamente. Las reivindicaciones actuales de la gente de Action Directe y de quienes les apoyan coinciden con las de quienes luchan hoy contra la cárcel, desde dentro y desde fuera, en Europa y en todo el mundo. La lucha por su liberación es un momento necesario de la lucha contra la opresión.

Más información: www.llibertatsebas.info

Cronología de Action Directe:

1979

– 1 de Mayo.: ametrallamiento de la sede central de la patronal francesa.
– 15 de septiembre: atentados contra los ministerios de Trabajo y Salud.
– 16 de septiembre: destrucción de la sede de la SONACOTRA (sociedad mixta que gestiona las residencias de trabajadores inmigrantes), después que los antidisturbios desalojaran las residencias tras varios meses en huelga de alquileres. Ametrallamiento de los locales oficiales del secretariado de los trabajadores inmigrantes.
– 27 de septiembre: atentado contra los locales de la patronal encargados de la gestión del empleo para la región parisiense.

1980

– 3 y 5 de febrero: atentados contra la dirección de la inspección de trabajo.
– 10 de febrero: atentado contra la UCPI, sociedad inmobiliaria implicada en expropiaciones de viviendas en barrios populares de París.
– 12 de marzo: atentado contra otra sociedad inmobiliaria implicada.
– 14 de marzo: atentado contra los locales de la DST (Dirección de Vigilancia del Territorio. Equivalente al CNI: Centro Nacional de Inteligencia). Atentado contra la sede oficial de la Organización Internacional de Cooperación de las Policías.
– 16 de marzo: ocupación armada del Ministerio de la Cooperación.
– 27-28 de marzo: 32 detenciones. Acciones de respuesta contra el cuartel del GIGN (Grupos de Intervención de la Gendarmería Nacional) y contra una comisaría de Toulouse.
– 15 de abril: lanzamiento de misiles contra Ministerio de Transportes y contra la Dirección de Seguridad de las Carreteras.
– 4 de julio: robo de documentación en blanco en la alcaldía del distrito XXIV de París.
– 28 de agosto: tiroteo con la policía durante un atraco.
– 13 de septiembre: detención de una docena de militantes después de otro tiroteo.
– 17 de septiembre: ametrallamiento del puesto de guardia de la Escuela de Guerra.

1981

– Al principio del invierno, AD suspende sus acciones durante la campaña presidencial.
– 15 de abril:: tiroteo durante el atraco a un banco en París; un policía muerto.
– Después de la elección de Mitterrand, dos huelgas de hambre de los presos de AD en seis meses con un gran apoyo en el exterior. Amnistía y liberación de todos los presos políticos comunistas y anarquistas. Escisión de AD en varias tendencias. Noviembre y diciembre: AD participa en la ocupación de talleres clandestinos en Le Sentier y de viviendas en Barbès (barrio de inmigrantes árabes en París).
– 22 de diciembre: Laouri «Farid» Benchelal, militante de AD, torturado hasta la muerte en la comisaría de Helsinki donde estaba detenido.
– 24/25 de diciembre: siete atentados contra tiendas de lujo, entre ellas la de Rolls Royce, en diferentes ciudades francesas.

1982

– 13 de febrero: ejecución del chivato Gabriel Chahine.
– 19 de febrero: atentado contra el local de las organizaciones fascistas turcas en París.
– 30 de marzo: ametrallamiento de la antena en París del Ministerio de Defensa israelí.
– Abril: sale el texto «Por un proyeto comunista», donde AD se define «comunista libertaria» o anarcomarxista, sin ninguna referencia a Lenin ni a Mao. Se dicen anarquistas, pero luchan por una «sociedad comunista». Detenciones y redadas en las okupas de Barbès. La sede de AD destruida por una bomba.
– Junio: cumbre del G7 en Versalles donde se están decidiendo las políticas neoliberales, atentado contra la sede del FMI y del Banco. Aparece el texto «Sobre el imperialismo», en el cual los USA y la URSS son equiparados como potencias imperialistas.
– Agosto: Acciones armadas contra empresas israelíes y norteamericanas, en respuesta por las masacres de refugiados palestinos en los campos de Sabra et Chatila. AD habla por primera vez de su alineación en el «Frente Antiimperialista».
– 19 de agosto: el Estado «disuelve» AD. Atentado contra el periódico fascista Minuit.

1983

– 31 de mayo: tiroteo con la policía: Dos policías muertos y uno gravemente herido.
– 26 de septiembre: atentado contra la Marina Nacional.
– 29 de septiembre: atentado contre el Círculo Militar Inter-aliado.
– 14 de octubre: tiroteo en París, Ciro Rizzato, militante italiano de los COLP (Comunistas Organizados por la Liberación Proletaria) muerto, y dos policías heridos. Otoño: aparición del mensual L’Internationale.

1984

– 29 de enero: atentado contra la empresa Panhard, que fabrica blindados militares.
– Febrero: detención de una decena de militantes en Francia y en Italia.
– 13 de marzo: emboscada de la policía en Bruselas. Varias detenciones a los pocos días.
– Primavera: con compañeros belgas, atracos a bancos, asalto la armería de un cuartel militar y robo de una tonelada de explosivos. Todo ello en Bélgica.
– 11 de julio: AD inicia la ofensiva «unidad de los revolucionarios en Europa del oeste» con un atentado contra el Instituto Atlántico.
– 12 de julio: atentado contra el Instituto de los Asuntos Atlánticos.
– 13 de julio: atentado contra los servicios informáticos de la oficina de investigación y programación del Ministerio de Defensa .
– 14 de julio: atentado contra edificios del Ministerio de Industria.
– 2 de agosto: atentado contra la sede de la ESA (European Space Agency).
– 23 de agosto: aparcan un coche-bomba bajo las ventanas del hemiciclo de la UE.
– 28 de agosto: atentados contra la sede del PSF y contra el Ministerio de Defensa.
– Septiembre: se inicia una huelga de hambre de 38 días de los presos de AD junto con otros presos por el reagrupamiento y contra el régimen de aislamiento.
– 20/21 de Octubre: atentados contra varias empresas de armamento. Diciembre: detenidos los miembros del colectivo de redacción de L’Internationale. Condenados a grandes penas por «asociación de malhechores».
– 31 de diciembre: Atentado contra la misión técnica del armamento de la Embajada francesa en Bonn.

1985

– 15 de enero: alianza con la RAF en un «frente antiimperialista».
– 25 de enero: ejecución del general Audran, responsable de los asuntos internacionales del Ministerio de Defensa (relación con la OTAN, venta de armas, etc.).
– 13 de abril: atentado contra la banca Leumi y contra la ONI.
– 14 de abril: atentado contra el periódico Minute.
– 27 abril: atentado contra la sede europea del FMI.
– 30 de abril : atentado contra las empresas de armamento TRT y SAT.
– 26 de junio: atentado contra el general Blandin, controlador general de los ejércitos.
– 8 de agosto: un comando común RAF-AD ataca la base aérea USA de Francfort. Tres soldados norteamericanos muertos.
– 5 de septiembre: atentados contra ATIC, Péchiney, Renault, Spie-Batignolles.
– Octubre: atentados contra Radio-France, Antena 2 y la Alta Autoridad del Audiovisual.

1986

– 15 de abril: atentado contra el vicepresidente de la patronal, Guy Brana, Presidente Director General de la rama de armamento de la multinacional Thomson.
– 16 de mayo: penetran en la sede de INTERPOL, ametrallan las diferentes oficinas y colocan varias decenas de kilos de explosivos.
– 21 de julio: atentado contra la sede de la OCDE.
– 9 de septiembre: el Estado francés adopta leyes de excepción antiterroristas. .
– 17 de noviembre : el comando Pierre Overney ejecuta a Georges Besse, PDG de Renault, responsable de 50.000 despidos. 1987
– 21 de febrero: detención de Nathalie Ménigon, Joëlle Aubron, Jean-Marc Rouillan y Georges Cipriani.

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article437

La Huerta Orgázmika de Caballito corre peligro de desalojo

La Huerta Orgázmika de Caballito se encuentra entre una sociedad que mira, en general, para otro lado y el Gobieno de la Ciudad de Buenos Aires que emitió un decreto intimatorio, ilegítimo y por supuesto arbitrario.

Por raas
raas@riseup.net
9-8-2008

“La idea de que el mundo que debería ser, existe verdaderamente, es una creencia de los improductivos, que no anhelan crear un mundo tal y como debería ser. Consideran que existe ya, buscan los medios para llegar a él.” Friedrich Nietzsche (1)

La Sala

Hace unos meses largos la Huerta se vió amenazada por el gobierno de Tellerman que quizo extender la basofia arquitectónica, aunque muy ‘bella’ estéticamente hablando, sobre todo con esos hermosos hierros grises bordeando el perímetro de la plaza Giordano Bruno.

No pudieron por entonces doblegar la resistencia aunque muy focalizada y casi aislada -socialmente hablando- (2) de la Huerta, que mancomunadamente con el Centro Cultural La Sala, Avellaneda 645 (3), intentan modificar la absurda existencia humana en algo digno de ser vivido y disfrutado.

Basta con darse una vuelta por la Huerta, Rojas y las vías del ferrocarril TBA (Sarmiento) o por La Sala para apreciar lo que allí se cocina diariamente, que contrariamente a lo que se ‘vive’ (4) en las calles de toda ciudad neoliberal, postcapitalista o como un@ la quiera mencionar la gente -el grueso- no espera más que la llegada del fin de semana, después de una semana de tedioso trabajo (si es que lo tiene) enfermizo, alienante, estructurante, y disciplinario para poder descansar frente al televisor, tomar pastillas para dormir plácidamente, sacar a los hijos a pasear por patios de comidas, shoppings, drogarse con sustancias u objetos inanimados, o cualquiera otra diversión espectacular y masiva de esta sociedad de adictos (5).

Decía que cuando se ingresa a La Sala si se presta atención y no se es un enfermo mental medicado por los medios masivos, el consumo, la publicidad (la megamaquinaria de control) percibe claramente una atmósfera distina, un universo que vale la pena disfrutar: profilácticos para agarrar, carteles de actividades, afiches anti-sistema, hasta que uno llega a donde está la biblioteca popular ‘Los Libros de la Buena Memoria’ que se había iniciado enfrente de la ex plaza- devenida en cárcel de paseo verde- en Giordano Bruno 831.

En este lugar, además, funcionan cooperativas y colectivos de trabajo como la imprenta Kosme y Fulanito y la editorial Pedaladeorxs del Infierno (6) (que ya editó 2 libros), la cooperativa de productos de limpieza Burbuja Latina (7) que acaba de cumplir seis años, la cooperativa y taller de serigrafía Pedaledorxs, la cerveza artesanal Barbarie, el grupo El Cineasta Ameba (edición de video, salas y problemas), el taller de zapatos y destrucción de la casa King Kong y Pocahontas, el espacio de recuperación y reparación de bicicletas Bicichorros. una cooperativa de consumo responsable, además de talleres de danza, plantas medicinales, y un largo etcétera.

Pero para no alejarme del tema central que nos ocupa y preocupa les cuento que además de una biblioteca hay una pequeña sección de libros y folletos de plantas medicinales, algo tan caro a nuestra civilización que los habitantes de las ciudades (y much@s otro@s también) desprecian con santa ignorancia apoyándose automátamente en el saber biomédico, o sea los grandes laboratorios biotecnológicos (8) de producción de venenos agroquímicos – (9) (10) que se usan para producir más rápidamente cantidades industriales de soja -por ejemplo-, y medicamentos (drogas legales) para hospitales, manicomios y otros centros de encierro- y en la dependencia absoluta que genera esta organización social de libre mercado que cuanto más lejos estén los productores de los consumidores mayor la ganancia y mayor la cantidad de intermediarios que posibilitan que el precio final de un producto alimenticio aumente considerablemente.

No hace falta ser muy sabio para calcular lo que podría pasar a nivel social-alimenticio, amen de la gravedad ya existente para grandes sectores poblacionales, si nuevas crisis como las que se avecinan (11) llegan a golpear en esos y otros sectores de la población de bajos y medios recursos económicos.

Decía que el archivo que tiene la Huerta en la biblioteca sobre el uso medicinal de plantas es un tesoro que no debe perderse, como así tampoco que se efectúe el desalojo anunciado por la administración del mafioso mega-negociante Mauricio Macri y sus secuaces para agrandar el espacio de cemento y control de la plaza Giordano Bruno que el poder -y la desidia, el apoyo pasivo e ignorancia del grueso social- convirtió paulatinamente en un (casi) no-lugar del que Zygmunt Bauman nos habla. (12)

Tampoco deberíamos permitir las personas y grupos resistentes ceder las semillas ancestrales a los grandes grupos transnacionales (13) armando bancos de semillas dispersos por muchos lugares e intercambiarlos entre sí para que no se agoten la variedad de dichas semillas, como vienen haciendo ancestralmente los mapuche y hace un tiempo ‘Semillas para la Vida’ de Marcos Paz en los regulares encuentros de intercambio de semillas (14) en los que la Huerta Orgázmika participa; el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MO.CA.SE.), La Cooperativa de Trabajadores Rurales (C.T.R.) de San Vicente y tantos otros espacios minúsculos.

La Huerta Orgázmika

“Los consumidores guiados por el deseo deben ser ‘producidos’ constantemente, a expensas de una fracción intolerablemenente grande de los costos totales de producción- una fracción que tiende a crecer, y no a achicarse, con la competencia-. Pero (afortunadamente para los productores y consumidores de productos de consumo) el consumismo actual, no se basa en la regulación (estímulo) del deseo, sino en la liberación de fantasías y anhelos” Zygmunt Bauman (12)

Es casi lógico que una sociedad -y no me refiero sólo a la gente y los sectores que tienen con qué comprar o hipotecarse y tampoco sólo de Argentina o de Buenos Aires- que guía sus pasos a la velocidad del que más tiene (que es la imagen que emana del poder establecido) no vea ni asocie las consecuencias de sus actos (consumir acríticamente, repetir maquínicamente lo que en los medios grandes ‘aparece’ como válido), o mejor dicho, de sus no-acciones, de sus ‘yo no fui’, ‘a mi nunca me va a pasar’ reiterados, aburridos, pro-liberalismo y tampoco, claro está, prevea el drama social en el que está inmerso -ni hablar del que se avecina con la grave crisis socio-política-alimentaria a las puertas- pero que ni siquiera se sospecha, no ya como parte integrante del desastre y caos social, sino como generador-productor-repetidor constante de actitudes, acciones, opiniones que configuran una red social complejamente destructiva y arrasadora, en donde la ‘guerra de tod@s contra tod@s’ (15) pareciera ser la pintura más exacta para describir lo que nos sucede.

En este contexto de grave incomunicación entre las personas, enorme carencia de ver y sentir al ‘otro’ como parte integrante de la ‘misma realidad’ (aunque muy dispar entre sí), donde todos los gobiernos sólo corrigen y siguen el rumbo -que es un mandato- de lo que ya está planificado globalmente por el Mercado, en donde cada cual se acopla como puede o quiere al aparato estatal-privado de gestión del desastre (16), ya sea en pequeñas, medianas o grandes empresas, o en el abanico de instituciones y ramas que conforman el Estado, donde el crimen violento- por ‘ser’, ‘tener’ o ‘pertenecer’- contra la propiedad de mercancías o personas, donde una persona puede llegar a matar a otra porque ‘ya no le pertenece’, donde el ‘vale todo’, ‘a mi no me importa’, donde las personas y sectores empobrecidos  económicamente hablando (acorralados por todos lados) razonan con la misma vara -y la misma lógica- que el poderoso y el rico (17), donde el delincuente-asesino es juez, policía, trabajador, desempleado, lumpen, político, obrero, capataz, encargado, empresario, ateo, religioso, hombre o mujer. (18)

En este contexto de fricciones y contradicciones constantes existe la Huerta Orgázmika de Caballito, en medio de un barrio en general ‘bien puesto’, en el barrio donde también existe un agrupamiento de vecin@s que lucha contra la construcción de más y más torres (porque l@s van a perjudicar directamente a est@s vecin@s oportunistamente resistentes), en el barrio que recorren cartoneros en busca de desechos, en el barrio donde las gentes-bien pasean sus mascotas o asean sus autos lujosos, en el barrio donde se realiza todos los jueves al mediodía Comida No Bombas (*). Pegada a las vías del conflictivo y desastroso ferrocarril Sarmiento (propiedad de Trenes de Buenos Aires -T.B.A.), enclavada geográficamente en lo que antes era “…En el 2002, un basural estéril, completamente ignorado por el Estado, y se recuperó desde una iniciativa de los vecinos de la zona. Ahora es un lugar de búsqueda y encuentro, de trabajo y descanso: un desafío al cemento y la vida urbana en el que crecen y se cuidan más de cien variedades de plantas”. Además, la huerta, utiliza los desperdicios orgánicos para así fomentar el ciclo natural de la tierra y sus componentes no generando basura que de otra manera (la mía por ejemplo que tiro todo, orgánico o no, en la misma bolsa) irán a parar a los basurales tóxicos a cielo abierto (19) de graves consecuencias socio-ecológicas. Ahí crece la huerta flanqueada por el cemento de las casas del lado de la calle Giordano Bruno, las vías y casi inmediatamente edificios que ‘rompen’ la vista desde la huerta.

Hay que dejar pues, inexorablemente, de reaccionar tarde a los acontecimientos (20) y al status quo que el poder diseña y estampa aquí y allá, antes y ahora; la Huerta de Caballito es un espacio que ‘se anticipa a los hechos’. Asumiendo que ‘debemos comer lo que cosechamos’, alterando el flujo ‘normal’ de la civilización de consumidores y pasivos receptores de valores, creencias y acciones, ralentizando la destrucción casi total de los espacios verdes y desalentando la intención siempre oculta del poder -a veces no tanto como es el caso del actual gobierno de la ciudad- de mantener a las poblaciones aisladas, separadas, dependientes de centros lejanos de producción de alimentos en manos, como es obvio, de grandes terratenientes y otros adinerados que siguen las directrices del capital y monopolizan y explotan la tierra- y todo lo que se encuentre dentro- sin miramientos de ninguna índole.

Mientras se formen organizaciones y grupos ‘después’ de que el accionar capitalista actuó sobre el cuerpo, ‘desapareciéndolo’ como en la última dictadura cívico-militar iniciada en 1974 (21) -que aún hoy día no termina de terminar- matándolo con cáncer (en el caso de las antenas de celular de las empresas de telefonía) (22) enfermándolo de mil maneras (con el glifosato lanzado por avionetas para el crecimiento ‘sano’ y ‘libre’ de la soja transgénica), eliminando de la faz de la Tierra parte de un bosque como pasa en Jujuy, Salta y otros muchos lugares de Argentina y el mundo; seguiremos padeciendo el avasallamiento, pero percibiéndolo aislada e individualmente como si fueran ataques personales y no sociales. Si la huerta desaparece de la Tierra, habrá desaparecido otro espacio de acción y producción autónomo y sustentable (en pos del ‘desarrollo’ y ‘progresos’ capitalistas), pero no su recuerdo, ni todo lo que se logró con semejante espacio de contra-información ‘verde’, de resistencia, de producción e intercambio de saberes.

El legado de la huerta seguirá en nuestros recuerdos, corazones y caminos emprendidos pase o no pase este impedimento burocrático-estratégico-comercial…

Y toda esta perorata sirvió para no poder describir con palabras todo lo que hace la gente de la Huerta de Caballito con un espacio tan acotado en espacio, pero tan hermoso y creativo.
Pase y vea…

Audios relacionados:

· Entrevista de Radio La Colectiva www.lacolectiva.com.ar (6-9-2008)
www.argentina.indymedia.org/uploads/2008/09/2008_09_06_-_orgaz_en_lacolectiva_comprimido.mp3

· Entrevista en el Programa La Mar en Coche www.marencoche.wordpress.com, de FM La Tribu www.podcast.fmlatribu.com (9-8-2008)
www.argentina.indymedia.org/uploads/2008/09/2008_09_08_-_orgazmika_en_tribu_edit_comprimido.mp3

· Sitios de la Huerta Orgázmika
www.orgazmika.blogspot.com * www.flickr.com/photos/orgazmika (fotografías de actividades, acciones, talleres, etc…)

notas:

1) ‘La Voluntad de poder. Ensayo de una transmutación de todos los valores’ (1888)
2) ¿Qué lucha acaso goza del apoyo ‘masivo’ y ‘popular’ en territorio argentino?, quizá tendríamos que remontarnos a la resistencia activa del pueblo de Oaxaca, y más lejos en el tiempo -aunque todavía en pie- del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (E.Z.L.N.) en Chiapas. Para tratar de encontrar algún ejemplo contemporáneo de un grupo social más o menos unido en cuanto a resistencia a los planes y los deseos del poder. La ciudad de Esquel, enfrentando a la mina de oro, de alguna manera representa también este modo de resistir un designio del capital. El M.S.T. brasilero es otro ejemplo que me viene a la memoria. Los mapuche en tierra chilena pueden ser otro buen ejemplo de resistencia. Pueblos Originarios y acción directa ambientalista www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=423
3) http://cclasala.blogspot.com/
4) Permítaseme este oxímoron tragicómico
5) Vease ‘La Sociedad del Espectáculo’ (1967) de Guy Debord
6) www.pedaleadorxs.blogspot.com ‘Salud Mental y revuelta’ (agotado), y ‘Anarquía Ontológica’ de Hakim Bey, compilación de textos del escritor-poeta neoyorkino. En breve saldrán a la luz ‘El resurgir de los bárbaros’ de Willful Desobedience y ‘Dejar de pensar’
7) Entrevista al colectivo de trabajo Burbuja Latina- 6 años de vida! http://argentina.indymedia.org/news/2008/09/624885.php
8) Bayer, Monsanto, Bagó, Novartis y un largo etcétera.
9) Los efectos de los agroquímicos y otros contaminantes en la salud, de Sandra V. Miguez http://www.ecoportal.net/Contenido/Contenidos/Eco-Noticias/Los_efectos_de_los_agroquimicos_y_otros_contaminantes_en_la_salud
10) Es sabido por quienes buscamos más allá de lo que nos muestran los ‘mass media’ que Mosanto junto a Dow Chemical fabricaron el gas naranja que las tropas norteamericanas echaron desde 1961 a 1971 en el territorio invadido de Vietnam. Cerca de tres millones de vietnamitas sufren los efectos del gas naranja, de Dani Triadó http://www.asiared.com/noticia_pais_info.php?ident=398&id_pais=VN
11) Las soluciones mágicas y las inevitables catástrofes subsiguientes, del Grupo de Reflexión Rural http://argentina.indymedia.org/news/2008/08/621518.php
12) Modernidad Liquida (2000)
13) El Mundo Según Monsanto (2007) de Marie-Monique Robin http://www.imdb.com/title/tt1189345/
14) 2º Feria Intercambio de Semillas de 2008 http://organicsa.net/2%C2%BA-feria-intercambio-de-semillas-de-2008.html
15) “Moralistas, filósofos, legisladores, aduladores de la civilización, he aquí el plano de vuestro París puesto en orden, he aquí el plano perfeccionado en el que están reunidas todas las cosas semejantes. En el centro, y en un primer recinto: hospitales de todas las enfermedades, hospicios de todas las miserias, casas de locos, prisiones, presidios de hombres, de mujeres y de niños. En torno del primer recinto, cuarteles, tribunales, comandancia de policía, casa de los esbirros, emplazamiento de los patíbulos, morada del verdugo y de sus ayudantes. En los cuatro extremos, cámara de los diputados…, Instituto y palacio del Rey. Al margen, lo que alimenta el recinto central, el comercio, sus bribonadas, sus bancarrotas; la industria y sus luchas furiosas; la prensa, sus sofismas; las casa de juego; la prostitución, el pueblo muriéndose de hambre o revolcándose en el desenfreno, siempre al acecho de la voz del Genio de las Revoluciones; los ricos sin corazón… en fin, la guerra encarnizada de todos contra todos” La Phalange, 10 de agosto de 1836, París, Francia. Extraído del libro de Michel Foucault ‘Vigilar y Castigar, el nacimiento de la prisión’ (1976)
16) Entrevista a ‘Los Amigos de Ludd’ http://www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=440
17) Entrevista al líder (encarcelado) de Primer Comando Capital http://argentina.indymedia.org/news/2006/09/441276.php
18) Las redes del poder (1976) Michel Foucault http://ecotropia.noblogs.org/post/2008/09/08/las-redes-del-poder
19) Los desechos cotidianos de una sociedad moderna, accidental… y cretina, de Luis E. Sabini Fernandez http://revistafuturos.com.ar/index.php/otros-escritos/44-otros-escritos/60-desechos-cotidianos-sociedad-moderna
20) El negocio del hambre, de Devinder Sharma http://ecotropia.noblogs.org/post/2008/09/04/el-negocio-del-hambre
21) Se podría decir que, de alguna manera, en este suelo nunca exisitó nada siquiera parecido a la ‘democracia real’ (al menos en grandes porciones de territorio) y que entonces algo que nunca dejó-de-ser no puede ‘empezar’ por consiguiente. Sólo basta recordar o analizar cómo se fundó el Estado-Nación argentino.
22) Ahogándonos en un mar de microondas, de Mae Wan-Ho http://revistafuturos.com.ar/index.php/editorial/30-editorial/46-ahogandonos-en-microondas

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Decreto de desalojo de la huerta

El día miércoles 3 del corriente mes llegó la cédula de notificación con el decreto firmado por el Jefe de Gabinete del Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, intimando a la desocupación de la Huerta Orgánica de Caballito en los próximos 5 días.

La Huerta Orgázmika de Caballito se encuentra entre la calle Rojas, las vías del Ferrocarril Sarmiento (a 30 metros de la estación de Caballito) y la Plaza Giordano Bruno. Este espacio era, en el 2002, un basural estéril, completamente ignorado por el estado, y se recuperó desde una iniciativa de l@s vecin@s de la zona. Ahora es un lugar de búsqueda y encuentro, de trabajo y descanso: un desafío al cemento y la vida urbana en el que crecen y se cuidan más de cien variedades de plantas.

Desde hace varios años, la huerta viene siendo “llamativamente” amenazada, pudiendo, mediante el trabajo cotidiano, seguir creciendo. En este sentido y ratificando nuestra labor, el día 3 de noviembre de 2007, recibimos el dictamen favorable del Representante Fiscal remitiendo la causa al Juzgado Nacional en lo Correccional Nº 5 para su resolución ordenando el archivo de la causa por usurpación DECLARANDO LA INEXISTENCIA DE DELITO.

Ahora, el gobierno, ignorando el dictamen citado pretende: “recuperar el terreno de la huerta” argumentando ponerlo a disposición toda la comunidad, haciendo, de esta forma, notorio su absoluto desconocimiento de la realidad, siendo que el espacio siempre fue objeto de goce y uso de la comunidad toda.

Frente a este ATAQUE A LA LIBERTAD por parte de la gestión macrista vamos a estar en la Huerta Orgázmika de Caballito y en el Centro Cultural La Sala en forma permanente realizando una mesa informativa y continuando con la recolección de firmas.

En las horas siguientes estaremos comunicando las próximas iniciativas y actividades que estaremos realizando durante estos días.

La ciencia socialista, nueva religión de los intelectuales *

El socialismo del siglo XIX no es, como lo afirman sus creyentes, un ataque contra los fundamentos del régimen de despotismo que existe desde hace siglos bajo la forma de toda sociedad civilizada, vale decir el estado. Es nada más que el ataque a una forma de ese despotismo; la dominación de los capitalistas. Incluso en caso de victoria, este socialismo no suprimirá el pillaje de siglos, eliminará únicamente la propiedad privada de los medios materiales de producción, la tierra y las fábricas. No suprimiría más que la explotación capitalista.

Por Jan Vaclav Majaiski

La supresión de la propiedad capitalista, es decir de la posesión privada de los medios de producción no significa la desaparición de la propiedad privada familiar en general. Es justamente la institución de esta última la que garantiza el pillaje secular que asegura a una minoría poseedora y a su descendencia todas las riquezas y toda la herencia cultural de la humanidad. Es precisamente esta institución la que condena a la mayoría de la humanidad a nacer esclavo, tener una vida de trabajos manuales. La expropiación de la clase de los capitalistas no significa en absoluto la expropiación de toda la sociedad burguesa.

Por la sola supresión de los capitalistas privados, la clase obrera moderna, los esclavos contemporáneos, no dejan de ser esclavos condenados a un trabajo manual durante toda su vida; en consecuencia, la plusvalía nacional creada por ellos no desaparece sino que pasa a través de las manos del estado democrático, y se constituye como fondos de sostén para la existencia parasitaria de todos los pícaros, de toda la sociedad burguesa. Esta última, después de la supresión de los capitalistas, continuará siendo una sociedad bajo un sistema de dominación como hasta ahora, la de los conductores y gobernantes cultivados, el mundo de los “manos blancas”, que quedarán en posesión de los beneficios del país, que se repartirán de la misma forma como hasta ahora: como “honorarios” de los “trabajadores intelectuales”; gracias a la propiedad y al modo de vida en familia con el que este sistema se conserva y se reproduce generacionalmente.

La socialización de los medios de producción no significa más que abolición del derecho de propiedad privada y de la gestión privada de fábricas y tierras. En sus ataques al industrial, el socialista no roza siquiera los “honorarios” del director fabril y el ingeniero.
El socialismo del siglo pasado deja inviolables todos los ingresos de los “manos blancas” en tanto que “salarios de trabajadores intelectuales”, y declara que la intelectualidad “no está interesada y no forma parte de la explotación capitalista” (Kautsky).
El socialista contemporáneo no puede ni quiere suprimir el pillaje y la servidumbre seculares.

En la segunda mitad del siglo XIX, el socialismo se ha proclamado por todas partes ciencia social. A continuación de la economía política “proletaria” se crea ahora una sociología “proletaria” y una historiografía “socialista”.
La ciencia social no puede ser el enemigo del régimen de servidumbre que existe desde el desarrollo histórico de la civilización. No desea ser otra cosa que el analista imparcial de ese desarrollo histórico; por consiguiente, no es su enemigo sino más bien su tutora.

Entretanto, el socialismo ha experimentado una tendencia irresistible a convertirse en una verdadera ciencia social. Los sabios socialistas se alejan progresivamente del pensamiento de que toda historia pasada de las sociedades civilizadas no es sino la historia de la servidumbre de la mayoría de la humanidad, que les leyes históricas de los siglos pasados y las de nuestra época, son leyes fundadas sobre el pillaje, la expresión de la voluntad de la minoría dirigente, y se dedican en cambio a analizar estas leyes como si fueran objetivas para describir el desarrollo de la comunidad humana, ocupándose en “revelarlas y formularlas para poder someterse a ellas”.

Gracias a la propagación de la fe, los sabios socialistas han llegado a persuadir a las masas obreras que sometiéndose a la marcha histórica objetiva, se someten al mismo tiempo, sin duda alguna, a las leyes de la naturaleza del siglo XIX, que nos preparan el paraíso socialista.
Con este plan, la ciencia socialista se revela como un simple medio de embotamiento del espíritu de revuelta de los obreros; se convierte, pese a su ateísmo, en una simple meditación religiosa y en una oración para el advenimiento del paraíso socialista. Se convierte en una religión que embota el espíritu y la voluntad de los esclavos del régimen burgués.

La ciencia socialista marxista ha creado una verdadera providencia socialista, gracias a cuya acción la “producción capitalista cava su propia tumba”, se destruye a sí misma por su propio desarrollo; y las leyes económicas irreversibles, independientes incluso de la voluntad de los hombres, los llevan directamente al “reino de la igualdad y la libertad”.

Los años pasan y las profecías marxistas de los sabios socialistas revelan su identidad con las profecías de tantos otros predicadores y sacerdotes. Prometen a los esclavos de la sociedad burguesa la dicha después de la muerte, garantizan el paraíso socialista a sus descendientes.
La certidumbre inquebrantable de la religión científica marxista en el advenimiento inevitable del reino socialista de la libertad bendice al mismo tiempo el progreso burgués, el “progresismo”, la “legitimidad”, la “conformidad en los objetivos” del régimen contemporáneo fundado sobre el pillaje. La creencia marxista en el pasaje inevitable del capitalismo al socialismo; la creencia en el capitalismo en tanto que premisa indispensable para la instauración del socialismo, se convierte a la larga en el equivalente de un… alto grado de amor al progreso burgués, al desarrollo de la dominación total de la burguesía, al pillaje burgués total. Los creyentes, los verdaderos socialistas proletarios, compenetrados de la religión marxista, se convierten en los mejores combatientes por el progreso burgués, los apóstoles más entusiastas y los más cálidos participantes de la revolución burguesa.*

La “pureza” original del evangelio socialista, a pesar de todas las deformaciones llevadas a cabo por los malos pastores de la socialdemocracia no se puede perder ni olvidar. La enseñanza contemporánea del anarquismo se plantea como tarea la de retornar a los principios inquebrantables del socialismo del siglo pasado, en toda su pureza. Al contrario que el oportunismo de la socialdemocracia que ha escandalizado y corrompido a las masas por su aspiración a la reforma y al desarrollo del régimen contemporáneo, la enseñanza anarquista convoca a las masas a la aspiración pura del ideal, a un movimiento directo, sin etapas, hacia el “objetivo final”.
[…]

Los mismos anarquistas no pueden negar la sentencia de Bernstein según la cual en la vida, en la lucha práctica y “real”, cada paso del socialista no puede evitar ser un compromiso y una defección respecto de la doctrina; tanto más que entre ellos, los anarquistas, ha surgido últimamente una práctica específica (el anarcosindicalismo francés). El anarcosindicalista, por su sola participación en cualquier huelga, traiciona sus principios, puesto que entonces no lucha ya por el “objetivo final” sino por “concesiones”, por “reformas”.
Aparentemente, el socialismo del siglo XIX no puede encontrar un camino sin un acomodamiento con el orden burgués existente.

Semejante vía se reencuentra, total y exclusivamente escrita entrelíneas dentro del régimen burgués contemporáneo. El socialismo del s. XIX, incluso bajo su variante más radical, el anarquismo, se convierte en un acontecimiento totalmente legal dentro de una república democrática, bajo la forma de sindicalismo y de la “propaganda del ideal anarquista”. Los anarquistas más irreductibles se convierten en ciudadanos bien intencionados, como los socialdemócratas de la sociedad contemporánea, y no pueden ya conspirar contra las “libertades” democráticas, de expresión, de “prensa”, de “asociación”, que otorgan la posibilidad de acuerdo con sus convicciones (que son a este respecto las mismas que las de los socialdemócratas) de una preparación legal de la revolución social.

La actividad clandestina y conspirativa deviene para los anarquistas en el estado democrático tan utópica, tan blanquista, como para cualquier socialdemócrata.
De hecho, la única vía directa de subversión del orden de servidumbre vigente, la única vía libre de todos los compromisos con la legalidad burguesa, es la de la conspiración clandestina con miras a transformar las huelgas obreras frecuentes y violentas en una insurrección, en una revolución obrera mundial. Esta vía se encuentra totalmente fuera de los límites de la enseñanza socialista actual.

Los socialistas del s. XIX se declaran los enemigos revolucionarios irreductibles, no del régimen contemporáneo de clases, no del régimen burgués en general sino únicamente de la forma de sociedad civilizada que nace a comienzos del desarrollo de la producción capitalista, cuando ésta, explican los marxistas, no ha podido desplegar todavía su papel progresista, y no manifiesto sino sus rasgos más sombríos.
Es precisamente en la medida en que el socialismo se desarrolla como ciencia que se refuerza y se elabora la conciencia de los socialistas acerca de su hostilidad irreductible respecto de la forma monstruosa de la sociedad contemporánea, y solo respecto de ella, forma adquirida a través de la explotación capitalista
Presentado de este modo, el socialismo en tanto que ciencia no puede expresar más que una rebelión contra las “anormalidades mórbidas” de la sociedad contemporánea, no contra la sociedad civilizada en general.

En efecto, ¿cuáles son los motivos, las razones para atacar al régimen burgués actual, de acuerdo con la doctrina socialista? En primer lugar, el agravamiento de la situación de la población, en comparación con el estado en que se vivía en formaciones sociales anteriores, como consecuencia de la ofensiva de la producción capitalista. A continuación, el comportamiento desordenado de la economía, la “anarquía” de la producción, la incapacidad de la sociedad actual de garantizar una evolución justa y constante de la vida económica del país.

La enseñanza marxista predice la caída del capitalismo con independencia de la voluntad de los hombres, y predice la necesidad objetiva del socialismo para la sociedad existente. El objetivismo marxista constituye un sistema que reposa por completo en postulados de este tipo.
El régimen socialista se convierte en una necesidad para todos, puesto que las crisis no le permiten a la sociedad existir bajo su forma anterior. Los socialistas no se rebelan por el derrocamiento de la sociedad actual, en contra el régimen capitalista, sino para curarlo de sus crisis. Lo cual no significa en absoluto el derrocamiento del régimen secular de servidumbre, sino por el contrario, su reafirmación.

Los socialistas científicos declaran que el régimen capitalista es incapaz de sobrevivir, puesto que no está siquiera en condiciones de cumplir lo que realizaban incluso los regímenes autoritarios anteriores, es decir ni siquiera puede ocupar toda la fuerza de trabajo que, al contrario, dilapida mediante la desocupación.

El capitalismo en tanto que estadio social peor de la sociedad civilizada, concentra, al contrario de lo que acontecía en el pasado, todas las riquezas en un puñado de magnates. No sólo que no les permite esperar una mejora a los elementos más fuertes de las clases inferiores sino que incluso amenaza su existencia. Expropia incluso a los mismos capitalistas. Disminuye el número de propietarios. Entonces sobreviene el tan conocido argumento del socialista científico: hacia fines del siglo XIX había un campesinado y un artesanado florecientes, los compañeros oficiales más empeñosos tenían la posibilidad de acceder a la condición de maestros; las individualidades más capaces mantenían incluso la posibilidad de elevarse a posiciones privilegiadas. Las formas antiguas de la sociedad mantenían entre los explotados la esperanza que los más hábiles de entre ellos, el uno por ciento, por ejemplo, o el uno por mil, podrían convertirse en maestros. El capitalismo ha casi aniquilado esa posibilidad y por ello mismo se ha condenado a desaparecer. Es incapaz de multiplicar el número de maestros.

Los socialistas son los enemigos del orden existente porque éste no sabe llevar adelante la economía racionalmente, es incapaz de progresar, los gobiernos son demasiado ignorantes e incapaces de resolver los problemas de la vida, que surgen y se desarrollan cada vez más.

El Manifiesto comunista se esfuerza por presentar todo esto lo más claramente posible:
“Evidentemente, la burguesía es incapaz de mantenerse como la clase dirigente y de imponerle a la sociedad, como ley suprema, las condiciones de vida de su clase. No puede gobernar puesto que no puede asegurar la existencia del esclavo dentro de su misma esclavitud: se ve obligada a dejarle decaer tan bajo que es ella la que debe nutrirlo en lugar de ser nutrida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo el dominio de la burguesía, lo cual significa que la existencia de la burguesía y la existencia de la sociedad se han hecho incompatibles.”
Basta con recordar la naturaleza de la polémica entre los “ortodoxos” y Bernstein para confirmar lo que hemos dicho más arriba.

Para probar que no tiene sentido ser revolucionario en Europa occidental, que la socialdemocracia en tanto que defensora de la clase obrera, debe hacerse reformista, Bernstein debía demostrar que el capitalismo contemporáneo no representaba sino un agravamiento del régimen social en comparación con el que lo había precedido. Todos los ortodoxos reconocieron que la existencia del socialismo científico estaba ligada del modo más estrecho con la resolución de este problema, en un sentido o en otro.

El derrocamiento del orden actual no puede ser posible y aceptable sino cuando degenera o se hace impotente.Kautski lo reconocía de manera harto ingenua. Si es cierto, decía, como sostiene Bernstein, que la crisis que amenaza sin cesar al mundo industrial llegara a desaparecer, si el capitalismo no aniquilase a las capas medias, si el número de propietarios no disminuyese, entonces no habría razón para derrocar al orden existente y, en general, para ser socialista (véanse sus artículos contra Bernstein en Vorwärts).

La degeneración de las clases dirigentes, para un marxista o para cualquier otro socialista contemporáneo, representa la premisa indispensable para la supresión de la esclavitud. Si la sociedad burguesa es capaz de desarrollarse, su derrocamiento se torna impensable. No se puede aspirar a una revolución violenta si uno mismo no cree ni puede convencer a los demás de que la burguesía es débil, que el régimen burgués se “descompondrá” muy pronto e inevitablemente por sí mismo.

Los ortodoxos que experimentaban la necesidad de calmar la intransigencia de sus huestes, dirigida únicamente contra las leyes y las autoridades que impiden el progreso burgués (tal es la posición en que se encuentra la socialdemocracia rusa a partir de la existencia del zarismo), son llevados a forjar la creencia en una “bancarrota de la burguesía” inevitable e inmediata. Lo hacen a despecho de todos los escamoteos de prestidigitación que esto les obliga a cumplir. De este modo, para Parvus, el mismo que considera a la revolución socialista tan remota como para todo bernsteniano, únicamente una revolución burguesa es posible en Rusia en el momento actual; el mismo Parvus demostrará de inmediato apoyado en cifras, que “la catástrofe industrial y la bancarrota definitiva de la burguesía se producirán necesariamente muy pronto.”

El marxismo aspira a comprobar su revolucionarismo y su carácter intransigente muy de otro modo que luchando con intransigencia contra el régimen de pillaje. Se contenta con demostrar que el mismo momento histórico, las leyes mismas de la sociedad humana, independientes y por encima de los hombres –lo cual es una verdadera predicción socialista– no hacen sino condenar a la sociedad burguesa a la debilidad y a la ruina, y al mismo tiempo le da al marxismo la posibilidad de liberar al mundo de la servidumbre.

Pero no hay videncia socialista, no hay ninguna ley de desarrollo de la sociedad independiente de la voluntad de los hombres. No hay fuerzas de la naturaleza que puedan recompensar a los “buenos” oprimidos en razón de sus desdichas, y que castigarían a los opresores injustos por sus malas acciones. Los socialistas se indignan y luchan contra el agravamiento del régimen de clases; su lucha puede suprimir este agravamiento pero no el régimen de clases en sí mismo.

Es por ello que a despecho de las expectativas y las esperanzas de creyentes ingenuos, el socialismo científico no puede más que colaborar activamente con el desarrollo del progreso burgués.

En el socialismo científico esto constituye una conciencia específica y muy profunda. Por sus profesiones de fe, la socialdemocracia tiende a granjearse, a todos los elementos capaces y competentes de la sociedad burguesa contemporánea. En Interés de clase Kautsky declara: “Si la socialdemocracia se ha convertido en el único partido que lucha por el progreso social, debe simultáneamente convertirse en el partido de todos los que aspiran al desarrollo ulterior de la sociedad. […]”
“En la actualidad sólo el proletariado y su partido son los que representan los intereses del progreso social, y al mismo tiempo, los intereses vitales de toda la sociedad […] Los intereses proletarios coinciden actualmente con los de la nación.”

Del mismo modo que la religión cristiana, que después de haber condenado el mundo del mal lo ha encarnado ella misma de un modo sin parangón, análogamente, los partidos socialistas, que han condenado a la ruina al orden existente se convierten, bajo la condenación de los ortodoxos, en los partidos del progreso burgués.
La fe socialista ha empujado a todos sus fieles a luchar por el progreso burgués, por el reforzamiento y el desarrollo de estados burgueses constitucionales. La democracia industrial y política,

la obra cultural en las municipalidades, el cooperativismo y los sindicatos, todo esto debe preparar a los obreros para la vida socialista.
Los anarquistas irreductibles argüirán que el mundo del mal burgués ha corrompido únicamente a los socialdemócratas, que la caída y el oportunismo de estos últimos se presentan como la continuación de su participación en los órganos legislativos actuales. En cuanto a ellos, los anarquistas, postulando la no participación en la política, estarán al abrigo de semejante degeneración.

Lo que hemos señalado más arriba, acerca de la naturaleza de toda la prédica socialista del siglo XIX confirma toda la vanidad de las esperanzas y afirmaciones de los anarquistas. El fundamento de la prédica socialista –la fórmula de la socialización como panacea– bajo cualquier forma, incluso la más pura, no es por sí misma más que una ofensiva contra una de las formas de pillaje, y no contra el pillaje secular en su totalidad. Nada más se puede esperar de la doctrina anarquista pues ella intenta conservar, del mismo modo que las otras doctrinas socialistas, el único evangelio socialista revelado desde hace tiempo, y se amuralla en ello.
En efecto, el principal teórico del anarquismo contemporáneo, Kropotkin, llama a todo el mundo a la revolución poniendo sobre el tapete los mismos motivos que los socialistas científicos.

Podemos leer en Palabras de un rebelde lo siguiente:
“Comprobaremos que se desencadenan dos hechos predominantes: la rebelión de los pueblos, al lado del colapso moral, intelectual y económico de las clases dominantes; y los esfuerzos impotentes, agonizantes de las clases superiores, para impedir este despertar (p. 2) […] [estas clases gobernantes] siempre temerosas, siempre con la vista volcada hacia el pasado, cada vez más y más incapaces de llevar a cabo una acción durable (p. 4) […] Una enfermedad incurable los corroe a todos: la senilidad (p. 10) […] Si las clases dirigentes pudiesen tener el sentimiento de su posición, por cierto que ellas se apresurarían a ponerse al frente de estas aspiraciones [nuevas de los pueblos]. Pero, envejecidas en sus tradiciones, sin otro culto que el de la bolsa de valores, se oponen con todas sus fuerzas a esta nueva corriente de ideas (p. 10).
[…] El trabajador se da cuenta de la incapacidad de las clases gobernantes: incapacidad para comprender sus nuevas aspiraciones, incapacidad para administrar la industria, incapacidad para organizar la producción y el intercambio (p. 7).”

Ya sea bajo la bandera del socialismo científico o la del anarquismo, los trabajadores llevan la ofensiva contra las “clases gobernantes”, únicamente porque ellas son “incapaces de administrar la industria, de organizar la producción y el intercambio”, únicamente porque se han convertido en irreversiblemente “seniles”. La actitud del anarquismo respecto del régimen secular de pillaje, como lo puede comprobar el lector, no es más hostil que la de los “socialistas parlamentarios” corrompidos. Muy al contrario, Kropotkin, aunque enemigo de todo gobierno, demuestra respecto de las “clases dirigentes” una ingenuidad infantil que costaría encontrar entre los socialdemócratas “corrompidos”. Piensa que si “las clases dominantes” no se hubiesen puesto tan “seniles” y si “pudiesen tener el sentimiento de su posición, por cierto se apresurarían a ponerse al frente de estas aspiraciones”, que ellas serían “capaces de llevar a cabo una acción durable.

Todo lo cual crea gran perplejidad: ¿sobre qué base declara Kropotkin con toda su prédica que es hostil a todo gobierno cuando al mismo tiempo no se indigna sino contra las clases gobernantes seniles? Todos los gobiernos progresistas aparecidos más de una vez en el desarrollo histórico, gobiernos que “comprendían” las aspiraciones nuevas, comprendían igualmente, a su modo de ver, la necesidades del pueblo y garantizaban el bienestar de las masas populares.

¿Qué pasaría, entonces, si las clases dirigentes “seniles” fueran reemplazadas por otras, nuevas, jóvenes, no impotentes, no ignorantes? Entonces todas las razones para hacer la revolución, para derribar el gobierno, para ser anarquista, desaparecerían, caducarían. Esta cuestión fatal se perfila delante del anarquismo, con tanta fuerza como delante del socialismo científico, como en general delante de todos los socialistas del siglo pasado. Muy a menudo en la historia, las revoluciones han eliminado a las clases dirigentes “seniles” para reemplazarlas por nuevas.

¿Dónde existe la garantía de que las clases dirigentes podrían cesar de existir en general y verdaderamente?

La única garantía que puede haber al respecto es la aspiración consciente de las masas explotadas de derribar a todas las clases dirigentes, sean ellas retrógradas o progresistas.
Según el razonamiento de los socialistas, la rebelión de los esclavos modernos no surge de la existencia de clases dirigentes en general sino a causa de su degeneración. Esto quiere decir que en la actualidad lo que existe es únicamente una fuerza de indignación y lucha dirigida exclusivamente contra el estancamiento y la degeneración de la sociedad dominante. ¿Dónde se encuentra la fuerza que derrocaría por completo la sociedad dominante, que suprimiría la existencia misma de las clases dirigentes? Se trata de una fuerza que está por encima de los hombres, es una fuerza histórica predestinada, que augura transformar la protesta contra la degeneración y la debilidad actual, del siglo presente, en una lucha contra la dominación en general. Los marxistas se afanan en desarrollar esta creencia por medio de consideraciones y promesas “científicas” y “económicas”; en cuanto a los anarquistas lo hacen a través de la simple propaganda religiosa del ideal anarquista.

De manera similar a la fe cristiana que no concibe en absoluto lo del reino celeste sobre la tierra y no hace más que contribuir a santificar el régimen de pillaje, la religión socialista no crea el paraíso socialista sino que, en rigor, no hace sino contribuir al progreso burgués, al nacimiento de nuevas y jóvenes clases dirigentes cuya ausencia ha motivado su lucha.

El socialismo del s. XIX se afana por comprender únicamente la debilidad y el proceso de descomposición de la forma contemporánea de dominación. Es comprensible, en consecuencia, que el misterio de la dominación en general, no sea ni percibido ni revelado. El socialismo no hace sino demostrar “la incompetencia” y la inadecuación de la sociedad dominante contemporánea, lo cual no prueba en absoluto, la “inadecuación”, el parasitismo y el pillaje de todas las dominaciones a lo largo de la historia. Al contrario, el marxismo considera como su tarea principal la de probar la necesidad, para la comunidad humana, de las clases dirigentes que ya han aparecido a lo largo de la historia.
En consecuencia, el socialismo del s. XIX no desnuda y no tiene ninguna intención de hacerlo, el fundamento de toda dominación, débil o fuerte. No quiere ni siquiera reconocerla, ni tomar conciencia y ver en realidad, el pillaje constante que ha representado y representa la existencia misma de amos en el curso de toda la evolución histórica.

No tiene la fuerza ni la voluntad de crear las premisas humanas verdaderas que engendrarían la caída del régimen secular de pillaje y violencia. Por el contrario, su tarea fundamental consiste en granjearse la confianza de las masas e insuflarles la fe inquebrantable de que constituye, precisamente, la única vía para el derrocamiento del régimen de opresión. He aquí su tarea más primordial: convencer del advenimiento inevitable del paraíso socialista, “independientemente de la voluntad de los hombres”, simplemente provocado por el transcurso histórico, la acción de leyes históricas y objetivas.

¡Pero ésa es la tarea clásica de toda religión y la religión socialista lo logra de un modo brillante! La ciencia positivista y atea del s. XIX no ha preservado a los socialistas de inventar una sustancia sobrenatural y una nueva forma de providencia. Muy por el contrario, en el momento mismo en que el socialismo ha sentido la necesidad irreprimible de convertirse en una ciencia que devele y explique las leyes del desarrollo social, se ha puesto a elaborar ficciones religiosas. La ciencia socialista nos ha dejado los mismos frutos que la ciencia de los sacerdotes paganos o la de los teólogos cristianos.

Los anarquistas se esfuerzan para demostrar que si la ciencia de los marxistas se ha revelado tan mortífera para el socialismo revolucionario, eso se debe a que no han utilizado los auténticos fundamentos y los métodos de la ciencia moderna, sino aquellos propios de una metafísica envejecida y principalmente los de la enseñanza gastada de los heguelianos. Los anarquistas, por el contrario han planteado como fundamento de su doctrina un positivismo estricto, el método “verdaderamente” científico de las ciencias naturales, el método inductivo y deductivo que nos preserva de toda metafísica y garantiza la infalibilidad de la enseñanza socialista.

Los anarquistas, con su aspiración a la “cientificidad” a la par de la de los marxistas, no hacen sino mantener al socialismo en el terrreno de las creencias. La ciencia socialista cumple aquí una función común a todas las religiones, por su pretensión de “cientificidad”, de objetividad, por su carácter omnisciente y obligatorio por todas partes y para todos.

* Escrito en 1905 y publicado en la revista Futuros Nº6: verano- otoño de 2004, Río de la Plata

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Libro ‘La ciencia socialista, religión de intelectuales’, Bardo Ediciones

El asalto oculto a las instituciones

Por Hakim Bey

Los niveles de la organización Inmediatista:

1) El Encuentro. Podría ser cualquier cosa desde una fiesta a un disturbio. Puede ser planeado o no, pero depende de la espontaneidad para “suceder realmente”. Ejemplos: encuentro anarquista, celebración neo-pagana, Rave, breve motín urbano o protesta espontánea. Por supuesto los mejores encuentros se convierten en TAZ’s como algunos de los Be-Ins de los 60s, las primeras reuniones de la tribu Rainbow, o el Disturbio de Stonewall.

2) El potlach horizontal. Un único encuentro de un grupo de amigos para intercambiar regalos. Una orgía planeada podría caer en esta categoría, siendo el regalo el placer sexual — o un banquete, siendo el regalo la comida.

3) La Minga (1). Como una minga de colchas, la Minga inmediatista consiste en un grupo de amigos/as que se reúnen regularmente a colaborar con un proyecto específico. La Minga podría servir como un comité de organización para un encuentro o un potlach, o como una colaboración creativa, un grupo de afinidad para la acción directa, etc. La Minga es como una Serie Pasional del sistema de Fourier, un grupo unido por una pasión compartida que solo puede ser realizada grupalmente.

4) Cuando la Minga adquiere un número de miembros más-o-menos permanente y un propósito mayor que un proyecto singular — un proyecto constante, digamos — puede convertirse en un “club” o una Gesellschaft organizada no-jerárquicamente para la actividad abierta, o también en un “Tong” organizado no-jerárquicamente sino clandestinamente para la actividad secreta. Ahora el Tong es del más inmediato interés para nosotros por razones tácticas, y también porque el club opera en el peligro de la “institucionalización” y por eso (en la frase de Ivan Illich), de la “contra-productividad paradójica”. (Eso es, mientras que la institución se acerca a la rigidez y el monopolio, comienza a tener el efecto opuesto de su propósito original. Sociedades fundadas para la “libertad” se convierten en autoritarias, etc.) El Tong Tradicional también es sujeto de esta trayectoria, pero el Tong Inmediatista es construido, por decirlo de alguna manera, para auto-destruirse cuando ya no sea capaz de servir su propósito.

5) La TAZ puede surgir de cualquiera o de todas las formas anteriores, singularmente, en secuencia, o en un patrón complejo. Aunque he dicho que la TAZ puede durar tan brevemente como una noche o tan extendido como un par de años, esta es sola una regla rústica, y probablemente la mayoría de los ejemplos están entre medio. Una TAZ es más que cualquiera de las primeras cuatro formas, en el sentido de que mientras dura, satisface el horizonte de atención de todos sus participantes; se convierte (por más corta que sea) en una sociedad completa.

6) Finalmente, en el levantamiento, la TAZ quiebra sus propias fronteras y fluye (o quiere fluir) hacia el “mundo entero”, hacia todo el tiempo/espacio inmediato disponible. Mientras dura el levantamiento, y no ha sido acabado por derrota o por un cambio hacia la “Revolución” (que aspira a la permanencia), la Insurrección mantiene la conciencia de la mayoría de sus adherentes espontáneamente sintonizada con ese otro modo esquivo de intensidad, claridad, atención, de realización grupal e individual, y (para ser obtuso) con esa felicidad tan característica de los grandes solevantamientos sociales como la Comuna o 1968. Desde el punto de vista existencial (y aquí invocamos a Stirner, Nietzsche y Camus), esta felicidad es de hecho el propósito del levantamiento.

Los objetivos de la organización Inmediatista son:

1) Convivialidad: el acercamiento en cuanto a cercanía física del grupo para el perfeccionamiento sinérgico de los placeres de sus miembros.

2) Creación: la producción colaborativa, directa e inmediata, de belleza necesaria, fuera de toda estructura de hipermediación, alienación, mercantilización (2) . Hace rato nos hemos hastiado de sutilizar los términos, y si no sabes a lo que nos referimos con “belleza necesaria” podrías también dejar de leer aquí. “Arte” es solo una sub-categoría posible de este misterio, y no necesariamente la más vital.

3) Destrucción: Iríamos más lejos que Bakunin, y diríamos que no hay creación sin destrucción. La noción misma de traer alguna nueva belleza a la vida implica que una fealdad anterior ha sido barrida del lugar o volada en pedazos. La belleza se define a sí misma en parte (pero precisamente) destruyendo la fealdad que no es ella. En nuestra versión del mito Soreliano de la violencia social, sugerimos que ningún acto Inmediatista es completamente auténtico y efectivo sin la creación y la destrucción: toda la dialéctica Inmediatista está implícita en cualquier “acción directa” inmediatista, tanto la creación-en-la-destrucción como la destrucción-en-la-creación. Por eso el “terrorismo poético”, por ejemplo; y por eso el verdadero objetivo o telos de toda nuestra forma organizacional es:

4) la construcción de valores. La “experiencia cumbre” Masloviana es formadora de valores a nivel individual; la factualidad existencial de la Minga, el Tong, la TAZ o el levantamiento permite que una “reevaluación de los valores” fluya de su intensidad colectiva. Otra forma de ponerlo: — la transformación de la vida cotidiana.
El vínculo entre la organización y el objetivo es la táctica. En términos simples, ¿qué es lo que hace la organización Inmediatista? Nuestra “estrategia” es la de optimizar las condiciones para la emergencia de la TAZ (o incluso de la Insurrección) — pero ¿qué acciones específicas pueden ser llevadas a cabo para construir esta estrategia? Sin tácticas, la organización Inmediatista podría también dispersarse de una vez. La “acción directa” debería fomentar la “causa”, pero también debe contener todo el potencial para el florecimiento de la causa en sí misma. De hecho, cada acto debe ser in potentia tanto apuntado al objetivo como idéntico al objetivo.

No podemos usar tácticas que estén limitadas a la mediación; cada acción debe inmediatamente realizar el objetivo, por lo menos en parte, a fin de que no nos encontremos trabajando para abstracciones e incluso simulaciones de nuestro propósito. Aún así, las muy diferentes tácticas y acciones deberían además ser más que la suma de sus partes, y dar vida a la TAZ o al Levantamiento. Así como las organizaciones ordinarias no pueden proveernos de las estructuras que necesitamos, las tácticas ordinarias no pueden satisfacer nuestra demanda de “situaciones” tanto inmediatas como insurreccionarias.

La convivialidad es tanto una táctica como un fin. Noble en sí misma, puede servir como forma y como contenido para modos organizacionales tales como el encuentro, el potlach, el banquete. Pero la convivialidad por sí misma carece de la energía transformativa que generalmente surge solo de un complejo de acciones que incluyen lo que hemos llamado “destrucción” así como “creación”. La organización Inmediatista ideal apunta a este objetivo más complejo, y gana convivialidad como una estructura necesaria en ella. En otras palabras, reunirse en un grupo para planear potenciales TAZ para un grupo incluso mayor es ya un acto Inmediatista que involucra la convivialidad — como el reino de los cielos, se “suma a” todo el esfuerzo sincero por interrupciones más exaltadas. Podría parecer que el más puro acto o táctica Inmediatista involucraría sin embargo creación y destrucción simultánea más que solo convivialidad — por eso la Minga y el Tong son formas organizacionales “mayores” que el encuentro y el potlach.

En la Minga el énfasis está en la creación — la colcha, por así decirlo — el proyecto de arte colaborativo, el acto grupal de generosidad hacia sí misma y hacia la realidad, más que hacia una “audiencia” de consumidores mediatizados. Por supuesto la Minga puede también considerar y emprender acciones destructivas o “criminales”. Pero cuando lo hace ya ha dado, quizás, el primer paso para convertirse en una sociedad secreta o un Tong Inmediatista. Por lo tanto pienso que el Tong es la forma de organización inmediatista más compleja (o la “mayor) que puede ser pre-determinada a un grado significativo. La TAZ y el levantamiento dependen finalmente de muchos factores para que el proceso de “organización” sea llevado a cabo sin “suerte”. Como he dicho, podemos maximizar las posibilidades para la TAZ o la insurrección, pero no podemos realmente “organizarlos” o hacer que sucedan. El Tong, sin embargo, puede ser definido y organizado claramente, y puede realizar acciones complejas, tanto materiales como simbólicas, tanto creativas como destructivas. El Tong no puede garantizar la TAZ, mucho menos la insurrección, pero seguramente puede complacer muchos o la mayoría de los deseos inmediatos de menor complejidad — y después de todo podría ser exitoso en precipitar el gran evento de la TAZ, la Comuna, la “restauración del Ming” como un Gran Festival de Conciencia, el objetivo correlativo de todo deseo.

Teniendo todo esto en cuenta tratemos de imaginar — y luego criticar — posibles tácticas para el grupo Inmediatista, e idealmente para el Tong semi-permanente bien organizado o para el grupo de acción o red de afinidad virtualmente clandestinos, capaces de intentar acciones directas complejas y totalmente desarrolladas en una estrategia articulada. Cada acción de este tipo debe dañar o destruir simultáneamente algunos tiempos/espacios reales y/o imaginarios de “el enemigo”, incluso como crea simultáneamente, para sus perpetradores, la fuerte posibilidad de la experiencia cumbre o la “aventura”: así, en cierto sentido, cada táctica se mueve para apropiar y desviar el espacio del enemigo y eventualmente ocuparlo y transformarlo. Cada táctica o acción ya es potencialmente todo el “Camino” de la autonomía en sí mismo, de la misma forma que cada invocación de lo Real ya contiene la totalidad del camino espiritual (de acuerdo a la “gnosis” del Ismaelismo y el sufismo heterodoxo).

¡Pero espera! Primero: — ¿Quién es “El Enemigo”? Está muy bien eso de murmurar sobre conspiraciones de lo Establecido o de las redes de control psíquico. Estamos hablando de acciones-directas-en-tiempo-real que deben ser llevadas a cabo “en contra” de nodos identificables del poder-en-tiempo-real. La discusión de enemigos abstractos como “el estado” no nos conducirán a ningún lugar. No estoy oprimido (o alienado) directamente por ninguna entidad concreta llamada el estado, sino por grupos específicos como los profesores, la policía, los jefes, etc. Una “Revolución”: podría apuntar a derrocar un “estado”. Pero la Insurrección y todos sus grupos de acción Inmediatista tendrán que descubrir algún objetivo que no sea una idea, un pedazo de papel, un “espectro” que nos encadena a nuestros malos sueños sobre el poder y la impotencia. Jugaremos en la guerra de las imágenes, sí. Pero las imágenes surgen de o fluyen a través de nexos específicos. El espectáculo tiene una estructura, y la estructura tiene coyunturas, cruces, patrones, niveles. El Espectáculo incluso tiene una dirección — a veces — quizás. No es real en la forma en que la TAZ es real. Pero es lo suficientemente real como para un asalto.

Dado que los textos Inmediatistas han sido mayormente dirigidos a los “artistas” y a los “no-autoritarios”, y dado que el Inmediatismo no es un movimiento político sino un juego, incluso un juego estético, parecería inescapablemente obvio que deberíamos buscar al enemigo en los Medios, especialmente en aquellos que consideramos directamente opresivos. Por ejemplo, para el estudiante, el medio opresivo y alienante es “la educación”, y el nexo (el punto de presión) debe, por lo tanto, ser la escuela. Para el artista, la fuente directa de alienación parecería ser el complejo que usualmente llamamos los Medios, que ha usurpado el tiempo y el espacio del arte como quisiéramos practicarlo — que ha redefinido toda la comunicatividad creativa como un intercambio de mercancías o de imágenes alienantes — que ha envenenado el “discurso”. En el pasado el medio alienante era la iglesia y la insurrección era expresada en el lenguaje de la espiritualidad herética versus la religión organizada.

Hoy los Medios cumplen el rol de la Iglesia en la circulación de imágenes. Así como la Iglesia alguna vez tramó una falsa escasez de santidad o salvación, los Medios construyen una falsa escasez de valores, o de “significado”. Así como la Iglesia alguna vez trató de imponer su monopolio en el espíritu, los Medios quieren re-hacer el lenguaje en sí mismo como pura mente, divorciado del cuerpo. Los Medios niegan el significado a la corporalidad, a la vida cotidiana, de la misma forma en que la Iglesia alguna vez definió al cuerpo como malvado y a la vida cotidiana como pecado. Los Medios se definen a sí mismos, o a su discurso, como el universo real. Nosotros, meros consumidores, vivimos en un mundo-mental de ilusiones, con TVs como ojos-enchufes a través de los cuales nos asomamos al mundo de los vivos, los “ricos & famosos”, los reales. Así mismo la religión definió al mundo como una ilusión y al cielo como lo único real — real, pero tan lejos. Si la insurrección le habló alguna vez a la Iglesia como herejía, así debe hablarle ahora a los Medios. Alguna vez, los campesinos revoltosos incendiaron iglesias. Pero, ¿cuáles son exactamente las iglesias de los Medios?

Es fácil sentir nostalgia por tales enemigos magníficos de antaño como la Iglesia Católica Romana. Incluso he tratado de convencerme que todavía vale la pena conspirar contra la desteñida charada actual de odio al sexo. Infiltrar la iglesia; llenar el anaquel de tratados con bellos volantes porno rotulados “Esta es la Cara de Dios”; esconder objetos dada/vudú bajo los asientos y detrás del altar; enviar manifiestos ocultistas al Obispo y al clero; filtrar amedrentamientos satánicos a la prensa idiota; dejar evidencia incriminando a los Illuminati. Un blanco incluso más satisfactorio podrían ser los Mormones, que están completamente cautivados por la hipermediada Tecnología de las Comunicaciones, y aún así intensamente sensibles a la “magia negra” (3).

El Televangelismo ofrece una mezcla especialmente tentadora de Medios y mala religión. Pero cuando se trata del poder real, las iglesias se perciben bastante vacías. El dios las ha abandonado. El dios tiene su propio show estelar de conversación ahora, sus propios auspiciadores corporativos, su propia red. El verdadero blanco son los Medios.

El “asalto mágico”, sin embargo, todavía se mantiene promisoria como una táctica contra esta nueva iglesia y su “nueva inquisición” — precisamente porque los Medios, como la iglesia, hace su trabajo a través de la “magia”, la manipulación de imágenes. De hecho, nuestro mayor problema en asaltar a los Medios será inventar una táctica que no pueda ser recuperada por Babilonia y volverla hacia su propia ventaja-de-poder. Un jadeante reporte de “noticias en vivo” de que la CBS ha sido atacada por hechiceros radicales simplemente se convertiría en parte del “espectáculo de la disidencia”, el drama sub-maniqueo del discurso de la simulación.

La mejor táctica defensiva contra esta co-optación será la sutil complejidad y la profundidad estética de nuestro simbolismo, que debe contener dimensiones fractales intraducibles al lenguaje plano de las imágenes del tubo. Incluso si “ellos” intentan apropiarse de nuestra imaginería, en otras palabras, conllevará un inesperado subtexto “viral” que infectará todos los intentos de recuperación con un nauseabundo malestar de incertidumbre — un “terror poético”.

Una idea simple sería volar una torre de transmisión de TV y luego llevarse el crédito de la acción en nombre de la Sociedad Americana de Poesía (que deberían estar volando torres de TV); pero tal acto puramente destructivo carece del aspecto creativo de la táctica auténticamente inmediatista. Cada acto de destrucción debería idealmente ser también un acto de creación. Supón que pudiéramos dejar en blanco una transmisión en un barrio y al mismo tiempo hacer florecer un milagroso festival, liberando y transformando el centro comercial local en una TAZ de una noche — luego nuestra acción combinaría destrucción y creación en una acción directa de belleza y terror verdaderamente Inmediatista — Bakuninesca, situacionística, dada real por fin.

Los Medios podrían intentar distorsionarla y apropiar su poder para ellos, pero incluso así no podrían borrar jamás la experiencia del barrio liberado y su gente — y es probable que los Medios permanecerían, después de todo, silenciosos, ya que todo el evento parecería demasiado complejo para digerirlo y cagarlo como una “noticia”.

Una acción tan inmensamente complicada estaría más allá de las posibilidades de cualquier Tong Inmediatista, o sólo podría ser realizada por el más rico y completamente desarrollado. Pero el principio puede ser aplicado en bajos niveles de complejidad. Por ejemplo, imagina que un grupo de estudiantes quieren protestar contra el estupidizante efecto de la educación como medio, interrumpiendo o tomándose la escuela por un tiempo. Puede ser hecho fácilmente, como muchos agudos saboteadores secundarios han descubierto. Llevado a cabo como una acción puramente negativa, sin embargo, el gesto puede ser interpretado por la autoridad como “delincuencia” y de esa manera su energía podría ser recuperada para el beneficio del Control.

Los saboteadores deberían crear un punto a través del cual se transmita simultáneamente información valiosa, belleza, un sentido de aventura. Por lo bajo, panfletos anónimos sobre anarquismo, educación en casa, critica a los Medios o información del tipo debieran ser “dejados en la escena” o distribuidos a otros estudiantes, facultades, incluso a la prensa. En el mejor de los casos, una alternativa a la escuela misma debería ser sugerida, a través de la convivialidad, el festival, el aprendizaje liberado, la creatividad compartida (4).

Volviendo al proyecto del “asalto mágico” a los Medios, o al embrujo-de-los-medios:: — debería también combinar en un gesto (más o menos) tanto los elementos creativos como destructivos de la efectiva obra de arte o de terrorismo poético Inmediatista. De esta manera probará (esperamos) ser demasiado compleja para el usual proceso de recuperación. Por ejemplo, sería fútil bombardear al blanco de los Medios con imágenes de horror, derramamiento de sangre, asesinato en serie, abuso sexual alienígena, chapoteo S&M y cosas por el estilo, ya que los Medios mismos son los principales proveedores de tal imaginería.

El semi-satanismo del Guignol calza justo en el espectro del horror-como-control donde la mayor parte de la transmisión ocurre. No puedes competir con las “noticias” por imágenes de disgusto, repulsión, pánico atávico, o gore. Los Medios (si podemos personificarlos por un momento) podrían en primera instancia sorprenderse de que alguien se molestara en reflejar esta mierda de vuelta a los Medios — pero no tendría ningún efecto oculto (5).

Imaginemos (¡otro “experimento-del-pensamiento”!) que un oculto grupo Inmediatista de cierto tamaño y seriedad ha conseguido de alguna manera las direcciones (incluyendo el fax, teléfono, E-mail, o lo que sea) del staff ejecutivo y creativo de un show de TV al cual pudiéramos sentir representando un nadir de alienación y veneno psíquico (digamos “NYPD Blue”). En “La Maldición Malaya del Djinn Negro” (6) sugerí enviar paquetes de objetos dada/vudú a tales personas, junto con advertencias de que su lugar de trabajo había sido maldito. En ese momento, yo estaba poco dispuesto a recomendar maldiciones contra individuos.

Ahora recomendaría, sin embargo, algo aún peor. Además, para estos magnates de los Medios favorecería el tipo horripilante de imaginería Musulmana/herética de reptil de jungla que describí en la operación del “Djinn Negro” — ya que los Medios muestran tanto miedo del terror “Musulmán” y tanta intolerancia contra los Musulmanes — pero ahora haría todo el escenario y la imaginería mucho más compleja. Se les debería enviar a los ejecutivos y escritores de TV objetos tan exquisitos y perturbadores como “cajas” surrealistas, conteniendo imágenes bellas pero “ilegales” de placeres sexuales (7), e intrincado simbolismo espiritual, evocativas imágenes de la autonomía y el placer en la auto-realización, todo muy sutil, replegado, misterioso; estos objetos deben ser hechos con fervor artístico real y la más alta inspiración, pero cada uno pensado para una persona — la víctima del hechizo.

Los receptores podrían bien ser perturbados por estos “regalos” anónimos, pero probablemente no los destruirán, ni siquiera lo discutirán alguna vez. Ningún daño a nuestro plan si es que lo hacen. Pero estos objetos podrían bien lucir demasiado finos, demasiado “caros” para destruirlos — y demasiado “sucios” para mostrárselos a alguien más. Al día siguiente, cada una de las víctimas recibirá una carta explicando que su recepción de los objetos efectuó el envío de una maldición. El hechizo les hará llegar a conocer sus verdaderos deseos, simbolizados por los objetos mágicos. Comenzarán ahora a darse cuenta de que están actuando como enemigos de la raza humana al mercantilizar el deseo y trabajar como agentes del Control del alma.

Los objetos de arte mágicos se entretejerán hacia sus sueños y deseos, haciendo que sus trabajos parezcan ahora no solo venenosamente aburridos, sino también moralmente destructivos. Sus deseos despiertos tan mágicamente los arruinarán para trabajar en los Medios — a menos que se vuelvan hacia la subversión y el sabotaje. En el mejor de los casos, podrán renunciar. Esto podría salvar su sanidad a expensas de sus “carreras” insensatas. Si se quedan en los Medios se debilitarán por el deseo insatisfecho, la vergüenza y la culpa. O se convertirán en rebeldes, y aprenderán a luchar contra el Ojo de Babilonia desde el interior del vientre del ídolo. Mientras que su “show” ha sido escogido para un asalto mágico total por parte de un grupo de hechiceros terroristas Shiitas, o la Escuadra de Choque Vudú de Libia, o algo por el estilo. Por supuesto sería bueno tener un agente interno para plantar “pistas” y espiar información, pero algunas variaciones de este plan pueden ser llevadas a cabo sin una infiltración activa en las instituciones. El asalto inicial podría quizá ser seguido por cartas de propaganda anti-Medios, e incluso tratados Inmediatistas. Si fuera posible, por supuesto, algo de mala suerte podría ser producida para las víctimas o su institución. Travesuras, ya sabes.

Pero, de nuevo, esto no es necesario, e incluso podría salirse del camino de nuestra pura experimentación con el cagar-la-mente y la manipulación de imagen. Deja que los bastardos produzcan su propia mala suerte desde su tristeza interna por ser imbéciles así de malvados, desde su superstición atavística (sin la cual no podrían ser ese tipo de magos de los Medios), desde su temor a la alteridad, desde su sexualidad reprimida. Puedes estar seguro de que lo harán — o que, por lo menos, recordarán la “maldición” cada vez que algo malo les pase.

El principio general puede ser aplicado a otros Medios que no sean la televisión. Una compañía de computadores, por ejemplo, podría ser maldita a través de sus computadores por un hacker talentoso, aunque uno tendría que evitar los escenarios de ciencia ficción como el cyberespacio encantado de William Gibson — demasiado barroco. Las compañías de publicidad funcionan sobre la base de pura magia, cineastas, empresas de Relaciones Publicas, galerías de arte, abogados, incluso políticos (8). Cualquier opresor que trabaje a través de la imagen es susceptible al poder de la imagen.

Debería ser subrayado que aquí no estamos describiendo la Revolución, o la acción política revolucionaria, o siquiera el Levantamiento. Esto es meramente un nuevo tipo de agit-prop neo-hermética, una propuesta para un nuevo tipo de “arte político”, un proyecto para un Tong o los artistas rebeldes, un experimento en el juego del Inmediatismo. Otros lucharán contra la opresión en sus propios campos de especialidad, trabajo, discurso, vida. Como artistas nosotros escogemos luchar dentro del “arte”, dentro del mundo de los Medios, contra la alienación que nos oprime más directamente. Escogemos batallar allí donde vivimos, en vez de teorizar sobre la opresión en algún otro lugar. He intentado sugerir una estrategia e imaginar ciertas tácticas que podrían adelantarla. Ninguna otra afirmación es hecho y ningún detalle mayor debería ser divulgado. El resto es para el Tong.

Admitiré que mi propio gusto podría correr hacia un acercamiento aún más violento a los Medios que el propuesto en este texto. La gente habla acerca de “tomarse” las estaciones de TV, pero ninguno de ellos ha tenido éxito. Por más ridículo que pueda parecer, tendría más sentido dispararle a los televisores en las vitrinas de las tiendas de electrónica que soñar con tomarse los estudios. Pero rayo una línea en el suelo al sugerir atentados contra los fascistas de las Noticias, o incluso el asesinato del perro de Geraldo, por muchas razones que todavía parecen suficientes para mí. De una vez, he tomado a pecho las observaciones de Nietzsche respecto de la inferioridad y la inutilidad del revanchismo como una doctrina política. La mera reacción nunca es una respuesta suficiente — mucho menos una senda noble. Además, no funcionaría. Sería visto como un “ataque a la libre expresión”.

El proyecto propuesto aquí incluye dentro de su estructura la posibilidad de efectivamente cambiar algo — incluso si son solo un par de “mentes”. En otras palabras tiene un aspecto constructivo integral y estrechamente ligado con un aspecto destructivo, para que los dos no puedan ser separados. Nuestro objeto dada/vudú es un ataque y una seducción a la vez, y ambos motivos serán explicados a fondo en los volantes o cartas que los acompañen. Después de todo, está la posibilidad de que podamos convertir a alguien. Claramente, podríamos fallar fácilmente aquí también. Todos nuestros esfuerzos pueden terminar en la basura, olvidados por mentes demasiado bien blindadas incluso para sentir la desazón de un momento. Esto es, después de todo, un mero experimento del pensamiento, o un experimento en el pensamiento. Si quieres puedes incluso llamarlo una forma de crítica estética dirigida a los perpetradores más que a los consumidores del mal arte. El tiempo para la violencia real no ha llegado todavía, si solamente porque la producción de violencia permanece siendo el monopolio de las Instituciones. No hay punto alguno en arriesgarse y alzar una pistola si uno está enfrentándose a un satélite de rayos tipo Estrella de la Muerte (9).

Nuestra tarea es la de alargar las grietas en el seudo monolito del discurso social, desvelando gradualmente porciones de espectáculo vacío, rotulando formas sutiles de control mental, mapeando rutas de escape, astillando la cristalización de la sofocación de la imagen, golpeando en sartenes y potes para despertar a algunos ciudadanos del trance de los Medios, usando los Medios íntimos (10) para orquestar nuestros asaltos a los Grandes Medios y sus Grandes Mentiras, aprendiendo nuevamente a respirar juntos, a vivir en nuestros cuerpos, a resistir la imagen-heroína de la “información”. Lo que aquí he llamado “acción directa” realmente debería ser conocida como acción indirecta, simbólica, viral, oculta y sutil más que efectiva, hiriente, militante y abierta. Si nosotros y nuestros aliados naturales disfrutamos de un poco de éxito, sin embargo, la superestructura podría eventualmente perder tanta coherencia y seguridad que su poder empezaría a resbalarse también.

El día podría llegar (¿quién hubiera pensado que una mañana en 1989 el Comunismo se evaporaría?), podría llegar el día en que el Capitalismo-aún-más-tardío comience a derretirse — después de todo solo ha llegado más allá que el Marxismo y el fascismo porque es aún más estúpido — un día el material mismo del consenso podría empezar a desenhebrarse, junto con la economía y el medio ambiente. Un día el coloso podría temblar y balancearse, como una vieja estatua de Stalin en alguna plaza de provincia. Y en es día quizás una estación de televisión será volada en pedazos y se mantendrá así. Hasta entonces: — uno, diez, mil asaltos ocultos a las instituciones.

Hakim Bey

Notas:
1) N. del T.: Ya que estas traducciones están hechas para Latinoamérica principalmente, utilizo el termino Minga como la más precisa traducción del termino “Bee” usando por Bey, que designa a una tradicional costumbre anglosajona en la que grupos de mujeres (vecinas de un pueblo, de una calle…) se reúnen (al parecer la costumbre aún pervive) para hacer una colcha con retales y de paso charlar, beber y; en definitiva, pasarlo bien. Minga es el nombre que se le da a una tradición similar en diferentes lugares de Sudamérica. En definitiva, un “trabajo gratuito en común”.
2) No estoy usando aquí el término hipermedios en el sentido asignado a él por nuestros camaradas de la Endarquía Xexoxial, que llaman hipermedios simplemente a la apropiación de todos los Medios creativos para un efecto singular (en otras palabras, la nueva etapa más allá de los “Medios mezclados”)… Estoy usando el término “hipermediación” para significar la representación exacerbada al punto de la alienación máxima, como en la imagen de la mercancía.
3) El Mormonismo fue fundado por bribones Masones ocultistas, y los líderes Mormones siguen siendo extremadamente susceptibles a alusiones de un pasado enterrado regresando a rondarlos. La Iglesia Católica Romana podría tratar un “asalto mágico” con un encogimiento milenarista de sofisticación Italiana — pero los Mormones irían por sus armas.
4) Es importante no ser atrapado, ya que esto neutraliza todo poder que podamos haber ganado o buscado expresar, e incluso convierte nuestro propio poder contra nosotros. Una buena acción Inmediatista debería ser relativamente impecable, para acuñar un oxímoron. Ser expulsado de la secundaria podría arruinar el efecto. El Inmediatismo quiere ser un arte marcial, no un camino al martirio.
5) El problema con la mayor parte del arte “transgresor” es que no transgrede ninguno de los valores del Consenso — meramente los exagera, o en el mejor de los casos, los exacerba. La obsesión estética con la muerte hace una mercancía perfecta (imagen-sin-sustancia), ya que el envío del significado de la imagen efectivamente le pondría un fin al consumidor. Comprar muerte es comprar fracaso o fascismo — un borde sobre el cual el mismo Bataille se balanceó con una enfermiza carencia de balance. Digo esto a pesar de la admiración por Bataille.
6) N. del T.: Conjuro de magia negra explicado en uno de los Comunicados de la Asociación de la Anarquía Ontológica.
7) Esto prevendrá que las imágenes alguna vez aparezcan en TV o en fotos de la prensa. Coincidentemente, será también una declaración sobre la relación entre “belleza” y “obscenidad”, y entre “arte” y “censura”, etc., etc.
8) Que generalmente no valen la pena ser atacados como “políticos”, ya que después de todo son meros “tigres de papel” (dicen o parecen ser amenazas, pero no lo son realmente) — pero quizás vale la pena que sean atacados como tigres de papel.
9) Todos los elogios a los activistas que destruyeron un satélite así en California, con hachas. Desafortunadamente fueron pillados, y castigados con la retención de sus salarios para pagar el costo de la destrucción. Nada de bueno.
10) Los Medios íntimos por definición no alcanzan el inconsciente de masas como la TV, las películas, periódicos. Pueden todavía “hablarle” al individuo. Radios FM, videos de acceso público vía cable, pequeña prensa, CDs y cintas de cassette, software y otras tecnologías de la comunicación pueden ser usados como Medios íntimos. Aquí la idea de la Endarquía Xexoxial de los “hipermedios” como una herramienta para la insurrección encuentra su verdadero rol. Existen dos facciones enfrentadas dentro de la teoría no-autoritaria actualmente: — los primitivistas anti-tecnología (Fifth Estate, Anarchy: A Journal of Desire Armed, John Zerzan) y los futurologistas pro-tecnología (incluyendo tanto a los anarcosindicalistas de izquierda como a los anarco-libertarios de derecha). Encuentro todos los argumentos sumamente informativos e inspiradores. En la Zona Temporalmente Autónoma y en otras partes he intentado reconciliar ambas posiciones en mi propio pensamiento. Sugeriría ahora que la cuestión propuesta por estos argumentos no puede ser respondida excepto en el proceso-de-devenir de una praxis (o política) activa del deseo. Imaginemos que “la Revolución” ha tenido lugar. Somos libres de decidir nuestro nivel de tecnología, en un espectro que va desde lo primitivo pre-Era del Hielo hasta la Ciencia Ficción post-industrial. ¿Forzarán los neo-paleolíticos a los futuristas a que dejen su tecnología? ¿Forzarán los cadetes del espacio a los Zerzanianos a comprar equipos de Realidad Virtual? Piadosamente, uno espera que no. La cuestión será, mejor dicho: ¿cuánto deseamos la vida cazadora/recolectora? ¿o la vida CiberEvolucionaria? ¿Deseamos computadores lo suficiente como para forjar chips de silicio nosotros mismos? Porque después de la Revolución nadie aceptará el trabajo alienado. En esto coinciden todas las tendencias no-autoritarias. ¿Quieres un bosque lleno de juego? Eres responsable por su fecundidad y lo salvaje en él. ¿Quieres una nave espacial? Eres responsable de su manufacturación, desde extraer el oro hasta forjar sus partes. Por todos los medios forma una comuna o una Red. Por todos los medios demanda que mi nivel de tecnología no interfiera con el tuyo. Aparte de estas pocas reglas de base para evitar la guerra civil, la sociedad no-autoritaria no puede depender más que en el deseo para conformar su techné. Como Fourier lo habría puesto, el nivel de complejidad económica de una sociedad utópica deberá estar en armonía con la totalidad de todas las Pasiones. No puedo predecir cuál emergería exactamente. Todo lo que puedo imaginar es lo que soy capaz de desear al punto de estar dispuesto a su realización.

Personalmente (como una cosa de gustos) yo visualizo algo bastante como bolo’ bolo: — infinita variedad dentro del contexto básico revolucionario de libertad positiva. Por definición podría no haber tal cosa como una bolo-NASA o un bolo-Wall Street, porque la NASA y Wall Street dependen de la alienación para existir. Esperaría algo más como baja-tecnología o tecnología “apropiada” (imaginada por los teóricos de los 60s como Illich) para ser el promedio Utópico, con alas extremas ocupando una Salvajidad restaurada por un lado, y la Luna por el otro… En cualquier caso, todo es ciencia ficción. En mi escritura trato de visionar tácticas que puedan ser usadas ahora por cualquier tendencia no-autoritaria. Tanto el “Tong” como el asalto a los Medios deberían atraer tanto a primitivistas como a los de la tecnología. Y discuto el uso tanto de la magia como de los computadores porque ambos existen en el mundo que habito, y ambos serán usados en la lucha por la liberación. No solo el futuro, sino también el presente lleva en sí muchas posibilidades, muchos recursos, un exceso superabundante-redundante de potenciales, para ser limitado por ideología. Una teoría de la tecnología es muy restrictiva. El Inmediatismo ofrece, en cambio, una estética de la tecnología, y prefiere la praxis a la teoría.

* Una nota sobre la Arquitectura de la TAZ : Obviamente la TAZ usualmente no deja ninguna ruina a su paso. Construir no es su prioridad. Y aún así todo el espacio habitado es arquitectura — espacio construido, espacio hecho — y la TAZ por definición tiene presencia en el tiempo y el espacio reales. El campamento nómade podría servir quizás como el prototipo primordial. Carpas, casas rodantes, caravanas, botes-casas. La antigua carpa viajera de circo o carnaval podría ofrecer un modelo para la arquitectura de la TAZ. En un escenario urbano, la okupa se convierte en el espacio más común posible para nuestros propósitos, pero en Estados Unidos, a como dé lugar, la ley de propiedad hace que la okupa sea un lugar pobre por definición. La TAZ quiere un espacio rico, no tan rico en articulación (como en el espacio de control, la construcción oficial del capital, la religión, el estado), sino más bien rico en expresión. Los espacios juguetones temporales propuestos por los situacionistas y los urbanistas radicales en los 60s tenían cierto potencial, pero financieramente probaron ser demasiado caros y demasiado planeados. la arquitectura de la ur-TAZ es la de la Comuna de París. El microbarrio es cercado por barricadas.

Las casas idénticas de los pobres son entonces conectadas haciendo pasadizos a través de todas las murallas al nivel del suelo. Estos pasadizos nos recuerdan de las arcadas de Fourier, a través de los cuales los Falansterianos circularían a través de su palacio comunitario, del espacio privado al público y viceversa. La ciudad-cuadra de la Comuna se convirtió en una TAZ fortificada con espacio militar público al nivel del suelo (y en techos) y espacio privado en los pisos superiores, con las calles cerradas como un espacio-festival. Este plan influencia la arquitectura del bolo’ bolo de “P.M”, donde una cuadra-comuna se convierte en una comuna utópica urbana más permanente. En cuanto a la TAZ, es efectuado por un tipo de cierre, pero uno paradójicamente disparado a través de aberturas. Escapa al encierro asfixiante de la Capital, y a la fealdad trágica del espacio urbano. Su arquitectura es suave, no estriado — por eso la carpa, no la prisión; el pasadizo, no el portal; la barricada, no los bulevares de Haussmann.

fuente: www.caosmosis.acracia.net/?p=14

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Comunicado Nº11. Arenga de las fiestas. Número especial sobre la alimentación: ¡Abajo lo light!

La Asociasión de la Anarquía Ontológica convoca un boicot contra todos los productos mercantilizados bajo el santo y seña de lo light; cerveza, carne, dulces bajos en calorías, cosméticos, música, “estilos de vida” preempaquetados, lo que sea.

Por Hakim Bey

El concepto de lo light desarrolla un complejo de simbolismos por el que el Espectáculo espera reutilizar toda repulsión contra su mercantilización del deseo. El producto “natural”, “orgánico”, “saludable” está diseñado para un sector del mercado de consumidores ligeramente insatisfechos, con casos leves de shock del futuro y con una sutil añoranza de tibia autenticidad. Han preparado un nicho para ti, suavemente iluminado con las ilusiones de la simplicidad, la esbeltez, la limpieza, con una pincelada de ascetismo y de autonegación. Por supuesto, esto cuesta un poco más caro… después de todo, la ligereza no fue diseñada para pobres hambrientos primitivos que todavía piensan en la comida como alimento en vez de como decoración. Tiene que ser más cara -de otra forma tú no la comprarías-.

La Clase Media Americana (no me vengas con sutilezas; tú ya sabes a lo que me refiero) cae naturalmente en facciones opuestas pero complementarias: los Ejércitos de la Anorexia y de la Bulimia. Los casos clínicos de estas enfermedades tan sólo representan la espuma psicosomática en una ola de patología cultural, profunda, difusa y en gran medida inconsciente. Los bulímicos son aquellos yupposos de las clases acomodadas que se atiborran de margaritas y vídeo domestico, y después se purgan con comidas light, carreras, o vapuleos (an)aeróbicos. Los anoréxicos son los rebeldes del “estilo de vida”, maníacos a ultranza de la comida, comedores de algas, tristes, pálidos y macilentos -pero satisfechos en su celo puritano y en sus cilicios de diseño-. La grotesca comida basura sólo representa la otra cara de la espectral “dieta sana”: nada sabe a nada sino a serrín y aditivos; todo es o aburrido o carcinogénico -o los dos- y todo es increíblemente estúpido.

La comida, cruda o cocida, no puede escapar al simbolismo. Es y a la vez representa aquello que es. Toda comida es comida del alma; tratarla de cualquier otra forma es cortejar la indigestión, ya crónica o metafísica.

Pero en la cripta al vacío de nuestra civilización, donde casi toda experiencia se encuentra mediatizada, donde la realidad es forzada a través de la malla mortífera de la percepción
consensuada, perdemos contacto con la comida como alimento; empezamos a construirnos personajes basados en lo que consumimos, tratando a los productos como proyecciones de nuestra añoranza de lo auténtico.

La AAO a veces imagina el CAOS como una cornucopia de la creación continua, una especie de geyser de la generosidad cósmica; por tanto nos abstenemos de reivindicar dieta específica alguna, por miedo a ofender a la Sagrada Multiplicidad y a la Santísima Subjetividad. Aquí no hemos venido a venderte otra receta new age más para una salud perfecta (sólo los muertos son perfectamente saludables); a nosotros nos interesa la vida, y no los “estilos de vida”.

Adoramos la verdadera ligereza, y la rica pesadez nos deleita en su momento. El exceso nos sienta perfectamente, la moderación nos complace, y hemos aprendido que el hambre puede ser la más fina de las especias. Todo es ligero y las más exuberantes de las flores crecen alrededor de la letrina. Soñamos con mesas de falansterio y cafés bolo’bolo donde cada festivo grupo de comensales comparte el genio individual de un Brillat-Savarin (ese santo del paladar).

El sheik Abu Sa’id nunca ahorró dinero, ni siquiera lo retuvo por una noche; por eso, en cuanto algún bienhechor donaba una bolsa repleta a su hospicio, los derviches lo celebraban con un festín por todo lo alto; y el resto de los días, pasaban hambre. El punto estaba en disfrutar de ambos estados, pleno y vacío…

Lo light parodia el vacío y la iluminación espirituales, de la misma manera en que Mc Donald’s traviste la imaginería de la plenitud y la celebración. El espíritu humano (por no mencionar el hambre) pueden trascender y superar todo este fetichismo -la alegría puede entrar en erupción incluso en el Burger King, e incluso la cerveza light puede ocultar una dosis de Dionisos-. ¿Pero por qué habríamos de luchar contra esta marea de basura de sablazo hortera barato, cuando podríamos estar bebiendo el vino del paraíso ahora mismo bajo nuestras propias viñas e higueras?

La comida pertenece al reino de la vida cotidiana, a la arena primaria de toda emancipación insurgente, de toda autosuperación espiritual, de toda reocupación del placer, de toda revuelta contra la Maquinaria Planetaria del Trabajo y sus deseos de imitación. Nada más lejos de nosotros que el dogmatizar; el cazador nativo americano puede sustentar su felicidad con ardilla frita, el anarco-taoísta con un puñado de albaricoques secos. El tibetano Milarepa, después de diez años de sopa de nido, se comió un dulce de manteca y alcanzó la iluminación. El necio no ve eros alguno en un buen champan; el brujo puede caer intoxicado con un vaso de agua.

Nuestra cultura, ahogándose en sus propios contaminantes, clama (cual Gohete moribundo) por “¡más luz! ” como si estos afluentes polinsaturados pudieran aliviar de alguna forma nuestra miseria, como si su sosa ligereza y su insípida falta de carácter pudieran protegernos de las sombras acechantes.

¡No! Esta última ilusión nos sorprende finalmente en toda su crueldad. Nos vemos forzados contra nuestras propia inclinaciones perezosas para tomar postura y protestar. ¡Boicot! ¡Boicot! ¡que apaguen la luz!

Apéndice: menú para un banquete negro anarquista (vegetariano y no vegetariano)
Caviar y blinis; huevos de cien años; calamares en su tinta con arroz; calabacines preparados con la piel y sazonados con ajo negro; arroz silvestre con nueces negras y setas negras; trufas en mantequilla negra; venado marinado en oporto, pasado por la barbacoa, servido en rodajas de pan negro y aderezado con castañas asadas. Black Russians; Guiness y champan; té chino negro.
Mousse de chocolate oscuro, café turco, uvas negras, ciruelas, moras, etc.

Más comunicado de la Asosiación de la Anarquía Ontológica www.merzmail.net/comunicados.htm

La conspiración obrera (1º parte)

¿Qué es el socialismo?, ¿qué quieren los socialistas y qué critican?

Por Jan Vaclav Majaiski
Ginebra, 1908

La raíz del mal –sostienen– es la propiedad privada de los medios de producción; individuos que poseen los instrumentos de trabajo, la tierras, las fábricas…

Pero, ¿han proclamado ya los liberadores que todo el mal consiste en la pertenencia de esclavos a amos distintos?

Los socialistas dicen que si se deja de lado a los pequeños propietarios campesinos y a los artesanos que no emplean a nadie y que tampoco se alquilan, y que de todos modos muy pronto se convertirán en proletarios, la sociedad contemporánea se encuentra dividida entre un puñado de propietarios de tierras e industriales, que recogen los frutos del trabajo ajeno y los proletarios que viven de la venta de su fuerza de trabajo […] y que de esto proviene todo el mal.

Y que si se modificara este estado de cosas, de modo tal que la tierra y las fábricas no fueran ya propiedad privada, sino que pertenecieran a toda la sociedad, y que no hubiera ya más patrones, entonces aparecería la feliz república de los trabajadores. Nadie podría vivir del trabajo ajeno, todo sería bueno para todos, puesto que la raíz del mal habría sido extirpada; la propiedad privada de los instrumentos de producción.

[…] Veamos un poco más de cerca esta fábula socialista. Si se descarta al pequeño propietario, según ella, la sociedad contemporánea representa, fuera de un puñado de grandes propietarios, una tropa indiferenciada de proletarios asalariados del capital, humillados por él, de un modo idéntico, ganando todos por igual su pan con el sudor de sus frentes, unos con las manos, otros con su cerebro… ¡Sí!, todos son trabajadores, los hacheros, los labriegos, los tejedores, los ingenieros, los profesores, los contables… sí, pero algunos llevan a cabo exclusivamente un trabajo manual de productores-esclavos en tanto que otros cargan el fardo patronal de la dirección y la organización de esa misma mano de obra, y llevan a cabo lo que los patrones han practicado en todos los tiempos, y lo que realizan todavía hoy en día algunos capitalistas y grandes latifundistas.

Es verdad que los intelectuales, al igual que los proletarios sin calificaciones, deben vender su fuerza de trabajo para vivir, “alquilarse” a un patrón o a toda la sociedad, al estado. Sin embargo, el obrero vende sus manos desnudas, la fuerza física de que ha sido dotado por la naturaleza; del mismo modo que cualquier animal, él vende su sudor y su sangre. El intelectual otorga al mercado los conocimientos que ha adquirido gracias al trabajo de los obreros, como el capitalista ha adquirido a su vez la fábrica; puesto que, mientras él estudiaba en la universidad, viajaba a hacer su práctica al extranjero, los obreros se debatían en la fábrica, producían los medios para su capacitación, su enseñanza “a favor de la humanidad” […]. Él vende a los capitalistas su saber hacer para extraer del mejor modo posible el sudor y la sangre de los obreros. Vende el diploma que ha adquirido gracias a la explotación de aquéllos […].

¿Trabaja más porque ha tenido la posibilidad de estudiar sobre las espaldas de otro en lugar de trabajar? En cuanto al obrero, no puede más que sobrevivir con su salario y perpetuarse en el mercado de trabajo como ganado laborioso, mientras el intelectual vive como los amos y hace de sus hijos “señores”. Así como el propietario lega sus bienes, el intelectual transmite el privilegio de su trabajo ligero, propio y ganancioso, a su descendencia […].

¿Significa esto que habría otros parásitos amén del puñado de propietarios de los medios de producción? No hay sino más con cada año que pasa, con cada paso dado por la civilización […],

con el patrón se encuentra el ingeniero y una docena de sus ayudantes, y por el otro lado, se presenta una jauría de empleados al “servicio” de la sociedad, así como miembros de diversas profesiones liberales; los socialistas no pueden conocer –no pueden siquiera plantearse la pregunta– acerca de los medios mediante los cuales, no poseyendo ningún derecho sobre la tierra y las fábricas, no poseyendo ningún “propiedad”, esta gente se aprovecha del trabajo de los obreros. Son gente inocente, dicen los socialistas, ¡viven de su trabajo!

Callándose en este punto, los socialistas dejan en penumbra y en paz la mejor parte de las ganancias realizadas por el patrón después de su repartija con sus intelectuales mercenarios. El patrón es, ante todo, un organizador intelectual, no se contenta con ser meramente propietario. Mete en su bolsillo izquierdo los dividendos por su aporte de capital, y en su bolsillo derecho una recompensa por su “esfuerzo”, su “penuria”, no sólo por el “riesgo” corrido sino igualmente por su “iniciativa”, por su gestión consecuente, en una palabra, por su penoso y pesado trabajo de organizador. Los socialistas no piensan siquiera atentar contra esta clase de ganancias. Al contrario, expresan de mil modos su respeto por este bolsillo del patrón. Y bien; este bolsillo es una vía de ingreso bajo la forma de remuneración a los organizadores; cada intelectual tiene el mismo bolsillo.

Por consecuencia, hay un papel en el bolsillo derecho del patrón que señala que toma –en tanto organizador del negocio– todo el beneficio que comparte con sus ayudantes. Es aquí que se encuentran las finanzas consagradas a la remuneración de la organización –por el patrón y toda su sabia hermandad– necesaria para la producción contemporánea. En el bolsillo izquierdo tiene otro papel más que estipula que en el momento del reparto, el patrón deberá quedarse con una plusvalía, en tanto que dividendos del capital.

Entonces, cuando el socialista exclama: ¡Abajo la propiedad privada!, significa que hay que desgarrar el papel que se encuentra en el bolsillo izquierdo del patrón y que lo provee de ventajas particulares en relación con otros explotadores, y que es preferible transferir el dinero de este bolsillo al de la derecha, a la suma total del ingreso nacional… ¡Ni más ni menos! ¡En esto consiste todo el socialismo!

El patrón no se queda sin medios para asegurar favorablemente a su descendencia, ni sin poder sobre los no-propietarios, como pasó con el propietario feudal. Pero es la intelectualidad la que se apropia de todo el beneficio.

[…] No sin razón el socialista no quiere organizar el ataque directo contra las ganancias. ¡Es que son las que no piensa disminuir en ningún momento! En tanto que intelectual quiere obtener únicamente, eliminando al capitalismo, un reparto más armonioso de las ganancias en el seno de las sociedad dirigente. Si se la pasa hablando de métodos más racionales de extracción y aumento del ingreso nacional.

El socialismo no es la rebelión de los esclavos contra la sociedad que los despoja; son las quejas y los planes de rapacería pequeña, del intelectual humillado pero que está comenzando a tener parte del control y le disputa al patrón sus beneficios, extraídos de la explotación de los obreros.

Examinemos más circunstanciadamente cómo y por qué el socialista critica al patrón capitalista. Examinemos su propio razonamiento.

En la actualidad los patrones ya no organizan el trabajo de sus obreros, han cesado de dirigirlos por sí mismos, de ejercer el mando directo, y han transmitido estas tareas a la intelectualidad asalariada, en tanto viven la buena vida en sus balnearios y se contentan con percibir sus cupones. Veamos qué dice el socialista. Por esto último que hacen, los capitalistas han devenido, ahora, parásitos. Mientras extraían los beneficios con su propio órgano succionador, los capitalistas no eran parásitos, ¡desde el punto de vista de la prédica socialista! No hacían sino cumplir “un papel socialmente útil”. Análogamente, antes que ellos los nobles esclavistas eran necesarios y útiles (uno puede preguntarse en todo caso, para quiénes). Fueron quienes organizaron las primeras grandes explotaciones (¿a favor de quién, con quiénes?).

Defendían a los villanos contra los nobles vecinos (del mismo modo que el lobo defiende la cabra que acaba de apresar contra uno de sus congéneros vecinos) […] En tanto el noble era el explotador casi único y en todo caso el más activo, no podía ser un parásito. En eso se convierte cuando a su costado se agranda el capitalista, quien emprende mejores trabajos que él y tiene necesidad de caminos seguros y bajo control, por eso es que se pone a organizar con los reyes y príncipes grandes estados fuertes, después pasa a la organización directa del trabajo de los esclavos, a la vista de ganancias bastante más considerables. El noble se convierte en parásito porque deja de ser el principal comanditario del negocio, porque ya no es su organizador; al contrario, sus viejos privilegios –la posesión de esclavos, etc.– impide a los nuevos amos manifestar todas sus capacidades, desarrollar sus métodos para acrecentar el bienestar de las clases privilegiadas.

Así piensan y enseñan todos los señores socialistas, y si los socialistas científicos se caracterizan por ello, mucho más todavía los socialdemócratas.

¿Por qué tendrían que justificar ellos al capitalista e incluso al noble feudal, siendo que éstos erigen un sistema social de explotación?

Para que los bienes acumulados al cabo de los siglos en las manos de la sociedad dirigente, en medio de ese “progreso”, sean considerados como bienes inviolables. Para preparar a fondo la justificación y la legitimación de la deducción de todos los beneficios, de todo el “ingreso nacional”, del “disfrute social”, por la cofradía sabia que se apresta a tomar el lugar de los viejos explotadores. Esta cofradía que los socialistas siempre dejan en la sombra cuando enumeran a los explotadores actuales señalando con el dedo a los capitalistas y a los grandes terratenientes.

¿Un explotador acaso no sería parásito más que cuando cesa de organizar por sí mismo la explotación? Si los socialistas juzgan a los capitalistas como prescindibles y nocivos para la sociedad hoy, es porque no organizan ya la producción; por lo tanto, quienes sí lo hacen en su lugar no serán parásitos en absoluto, aunque se alcen jugosos beneficios. Por lo tanto, según el derecho socialista, son ellos quienes deben ocupar el lugar de los amos, y si toda la ganancia termina en sus manos, no significará, empero, que ellos sean ahora los parásitos de la sociedad. Al contrario, todo volverá a su cauce normal y natural. Lo que no habrá más en la sociedad es gente que percibirá beneficios sin tomar parte en la producción, aunque la esencia eterna de la esclavitud –la división de la sociedad entre explotadores-organizadores a un lado y esclavos-ejecutantes hambreados por el otro– se mantenga en su totalidad.

¿Es así? ¿Hay acaso un antagonismo radical entre los esclavos y los organizadores de la esclavitud, entre el trabajo ajeno y el propio, entre los aprovechadores del trabajo manual y los productores explotados, entre los satisfechos de siempre y los hambreados de siempre? El socialista jamás remarcará esto, ni alrededor suyo ni en el pasado. No ve más que el antagonismo

entre los amos viejos y los nuevos. ¿Será por eso que él designa a la historia del pillaje utilizando términos tan convenientes como “historia del desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad” o del “progreso humano en general, será por ello que funda tantas esperanzas en este proceso “natural”, conforme a las “leyes históricas”? […] ¡No faltaba más! Los amos siempre se han beneficiado de cada “grado de desarrollo de las fuerzas productivas”, siempre han ganado y mucho con cada paso de “progreso”, tanto que les resulta totalmente “natural” aceptar de un modo u otro (dialéctico u otro) la historia “de acuerdo con las leyes de desarrollo”.

Por lo demás, no hay ninguna doctrina socialista que no se haya esforzado con mayor o menor elocuencia, en persuadir a los capitalistas que no tenían nada que perder con el socialismo, del mismo modo en que otrora los liberadores convencían de lo mismo a los señores feudales.

Es evidente que esto no se hace desde los folletos y proclamas que se difunden en el seno del “pueblo”; con ese destinatario se agita un único punto: ¡Abajo el capitalismo!, pero aquello está expresado en obras densas y eruditas escritas por las mismas manos, que el pueblo no lee.

[…] Pero si la jauría de lobos no pierde nada, ¿qué es lo que ganan los carneros? […] Si los socialistas mismos aseguran que los patrones actuales no perderán nada en general, ¿qué es lo que esto podrá aportarle a los obreros, a su exigencia de supresión del hambre y la esclavitud, es decir de la explotación, en una palabra, de las ganancias de los capitalistas y otros parásitos?

Va de suyo que esto no aportará nada, puesto que el progreso de la explotación y su supresión son dos cuestiones totalmente disímiles.

El socialista no lo ignora, pero ¿es ése su negocio? ¿En qué sentido podría preocuparlo?

Kautsky, por ejemplo, a quien se dirigen casi todos los socialistas del mundo entero como a uno de los pilares vivos del socialismo, para preguntarle, pedirle explicaciones y recibir sus enseñanzas, incluso aquella que enseña a los congéneres más jóvenes acerca de cómo es necesario componer hábilmente, para los obreros, proclamas sobre temas como: “¡Abajo el capitalismo!”, Kautsky, pues, en su libro sobre la revolución social declara con total tranquilidad que al día siguiente de la revolución, el salario de los obreros será sin duda más elevado que en la actualidad. y que los gastos sociales aumentarán también sensiblemente (se trata, para hablar en términos más simples, de la paga de todos los parásitos, que serán, para entonces, todos funcionarios sociales, y ya no propietarios como al día de hoy).

Si bien no todos los socialistas lo reconocen tan simple y abiertamente, algunos de entre ellos, en todo caso, no se han asombrado por las declaraciones de su propio apóstol. Todos explican que la lucha del obrero por elevar su salario y sus condiciones de vida no consigue nada, y que la raíz del mal se encuentra en la propiedad privada de los medios de producción, aunque también saben que la transferencia de la propiedad de privada a social no cambiará en absoluto las condiciones de vida de los explotadores y sus explotados.

Alcanza para advertirlo mirar un poco alrededor: ¿son solamente las empresas privada las que esquilman al obrero? ¿Qué pasa en las públicas? ¿En las de ferrocarriles del estado o en las minas nacionalizadas? Y allí no hay patrones privados. ¿Qué pasaría si todos los patrones se camuflaran de la misma manera en fábricas y propiedades raíces, bajo la forma de funcionarios de estado? ¿Habríamos llegado con ello a la república socialista, social, volcada al bienestar general? El socialista sonríe con desprecio: hay que aprender a distinguir la propiedad pública de la social; al día de hoy, dice, hay funcionarios zaristas en las fábricas [nacionalizadas] en tanto que en la repúbica socialista serán empleados sociales; ahora el patrón es la autocracia; más tarde será la sociedad, la república.

En todo caso, podemos observar desde ya en las empresas públicas del estado que la ausencia de propiedad privada de los medios de producción no resuelve en absoluto la cuestión de la explotación del hombre por el hombre, incluso aunque se denomine a ese estado de hecho, en un contexto diferente, como una “producción socializada”.

[…] Es necesario antes que nada conquistar el poder político, obtener todas las libertades posibles (y sobreentendida entre ellas la de morirse de hambre), conquistar la democracia, instaurar la república, más tarde desarrollarlas hasta el fin […] sostienen los social-demócratas y los social-revolucionarios […] para que el capitalismo pueda desplegar todas sus contradicciones, explican los primeros, en tanto que los segundos prefieren dejar ese asunto en la sombra…

Eso significa, afirmamos nosotros, que la libertad total de concurrencia de todos los capitales y de todos los conocimientos, de todos los medios de explotación, ha conducido a los capitalistas actuales a no poder ya prescindir de los intelectuales, a la necesidad para ellos de apelar a las masas de esos explotadores suplementarios y llevarlos al proscenio con el fin de retenerlos a sus flancos.

[…] El estado democrático significa que el científico toma el lugar de la policía, o más bien que se pone en el mismo rango que la policía. Por eso se multiplican los responsables sociales; los diputados, los políticos, los agrónomos, los estadísticos, los corresponsales de periódicos, los abogados, etcétera.

He aquí porqué la intelectualidad democrática aguarda con impaciencia, más que los mismos burgueses, el progreso ulterior de la sociedad burguesa, en general, y las democratizaciones sobrevenidas con él. He aquí porqué esta intelectualidad democrática explica a las masas que se insurgen que su emancipación no se alcanzará a través de la lucha económica, del ataque a la bolsa de sus amos, sino exclusivamente a través de la lucha política, es decir de la lucha para instaurar un régimen tal que esa bolsa pueda acrecentarse de un modo mejor en primer lugar, y sobre todo pueda entreabrirse para la cofradía sapiente. He aquí porqué la intelectualidad considera a la democratización de la sociedad, es decir su propia penetración en todos los poros del estado burgués, como la garantía suficiente de que la socialización constituirá por sí la entrada en un verdadero paraíso y no una nueva prisión, mucho más hermética que la anterior. Y bien, ¡sí!

La transmisión de todos los medios de producción a las manos de la intelectualidad que ya tiene el gobierno social, constituirá para ella un verdadero paraíso. La socialización de los medios de producción, en una democracia, no puede prometer a los trabajadores manuales más que el reforzamiento de la organización de poder que los domina, la reafirmación del estado, en suma.

La sociedad capitalista contemporánea daña los intereses de la intelectualidad, ya sea o no parte integrante del sistema y encima la humilla poniéndola bajo la dependencia de los capitalistas.

Resintiéndose ante tal humillación, el intelectual se resiste y se dirige a los esclavos del trabajo manual, siempre prestos a la rebelión, esforzándose en predicarles la revolución […] cuando el progreso burgués se estanca. Sin embargo, como no sufre por las mismas causas, ni de la misma manera que el obrero, no le propone sino planes de lucha que le permitan eliminar cuanto antes las causas de su propio mal, sin aportar al “camarada” obrero nada en absoluto, salvo la promesa genérica de un futuro mejor. Las exigencias que han movido a los obreros son inevitablemente postergadas por el intelectual; para más tarde, dejadas de lado, para “el futuro”.

¿Cómo gente que vive en la sociedad actual como lobos y corderos podrán luchar juntos por un porvenir mejor, por un porvenir para toda la sociedad? En tanto que unos viven a expensas de los otros. Solo quien quiere enmascarar el antagonismo existente en esta alianza que anuncia tantos problemas, se atreve a hablar del porvenir radiante de la humanidad; quiere enmascarar este antagonismo porque con ello se aprovecha para tratar sus pequeños negocios.

Toda la sumisión de los esclavos se explica por las riquezas que se les quita a cada momento, cada día, en cada pago. El socialista les enseña a dar la espalda a lo que pasa cada día, como si se tratara de cosas insignificantes, para poder fijar mejor la mirada en lo futuro, en las tareas de “la humanidad”. Si el proletariado combate por las premisas de la humanidad “futura” no lo hace de hecho sino para la satisfacción de necesidades bien actuales de la intelectualidad. Si el proletariado se priva de “cosas insignificantes” del presente, en nombre de eso futuro, provee por ese mismo hecho de ventajas al universo de las “manos blancas”. Este último se beneficia de cosas “insignificantes”, de esas necesidades actualmente insatisfechas de la masa obrera, de allí no retira más que una parte suplementaria de riqueza.

El intelectual gana así a dos puntas. La conquista de “grados” le provee, desde ya, de una parte importante del ingreso nacional. El abandono de la lucha por el pan en nombre de esos “grados” por parte de la masa obrera, aumenta directamente y conserva toda esta ganancia nacional.

El mejor azote que somete el esclavo al señor es el hambre del desocupado; pero el cuello blanco enseña que en el estado actual de la economía de la humanidad, ese látigo no es más la obra de los amos, sino que es natural, inevitable, que no se lo puede suprimir, que pretenderlo sería insensato, incluso criminal, puesto que, si no sobreviniera en el momento oportuno, toda la obra futura de la emancipación podría peligrar… según la doctrina socialista no se podrá cocer un pan igual para todos más que en un régimen futuro y de ninguna manera de inmediato, como se lo desearía. La sociedad actual no puede proveer todavía el horno para ese fin. El trabajo no sería tan productivo en la sociedad actual, según lo que declaran. La “sociedad” está todavía demasiado dividida por la competencia a que se libran los poseedores entre sí.

No se está en condiciones de nutrir a todo el mundo. No se trata de que no quiera hacerlo –por no sufrir ella misma de hambre– y que se aproveche de esa hambre extendida entre los productores, para desarrollarse y enriquecerse sin pausa; no, se trata de que “ella” no puede. ¡Eso es lo que dice “el enemigo”, el “destructor” del régimen actual! ¡Un enemigo bien acomodaticio, por cierto! Para decidirse a decir todo esto a todos los que están en la indigencia en medio de innumerables riquezas, y no revelar de inmediato su naturaleza rapaz de explotador, se hace necesario elaborar concienzudamente el ideal socialista, esa piel de cordero que esconde al lobo…

La preparación del paraíso socialista o los sindicatos legales

De acuerdo con la enseñanza socialista, la sociedad actual de pillaje no establece únicamente la esclavitud de los obreros sino que prefigura igualmente la libertad de estos últimos, prepara el futuro paraíso socialista: la explotación capitalista porta en su seno la igualdad socialista, la opresión capitalista nos conduce a la libertad socialista. Por eso no nos debemos asombrar de encontrar simultáneamente entre los socialistas dos concepciones diametralmente opuestas sobre los sindicatos obreros legales. Cuando se trata de la opresión actual de los obreros, la infelicidad y los sufrimientos se transforman al mismo tiempo en bienestar y alegría, lo negro en blanco, la mentira en verdad. Semejante contabilidad doble es la continuación inevitable de sus enseñanzas.

Cuando los socialistas son llevados a discutir con los defensores de un gobierno también reaccionario, por ejemplo, con el gobierno zarista, recuerdan y demuestran con muchísmo celo que los sindicatos obreros representan por sí mismos en toda Europa la garantía del progreso burgués, la garantía de la tranquilidad, del poder y de la solidez del estado burgués. Cuando hablan de esos mismos sindicatos delante de los obreros, les aseguran que las masas laboriosas construyen en ellos el fundamento del futuro régimen socialista. Advirtamos que esto debería significar en la lengua de los socialistas ” abolir el yugo para los obreros”, en tanto que en realidad, solidifica el estado burgués, no contribuye sino a reforzar ese mismo yugo.

Así los socialistas se convierten en verdaderos charlatanes, tanto cuando hablan con los gobiernos burgueses como cuando hablan con los obreros, y siempre con la misma amable sonrisa: demuestran a los gobernantes que los sindicatos refuerzan la dependencia de los obreros; a los obreros les aseguran que los sindicatos los llevarán a la independencia.

¿Pretenden los socialistas tomar a los obreros por imbéciles? En algún caso la burguesía, como en los países de Europa occidental, dejando propagar los sindicatos en la mayoría de las ramas de actividad, ha garantizado efectivamente la tranquilidad al mundo del pillaje. En lo que atañe al fundamento socialista, el negocio se presenta cada vez peor. Cuanto más se elabora este fundamento por parte de los obreros, más los socialistas alaban sus méritos, más alto en el cielo se eleva el edificio socialista.

Examinemos más de cerca porqué todas las consideraciones sobre los fundamentos socialistas, planteadas por los sindicatos y otras organizaciones obreras legales no son más que mentiras.

Para emanciparse, para suprimir la clase de los capitalistas, los socialistas dicen que los obreros deben hacerse cargo de toda la producción. Sin embargo, no pueden hacerlo todo de golpe, deben primero prepararse. En los sindicatos, los obreros –siempre de acuerdo con los socialistas– se familiarizan con todas las particularidades de su rama de producción y se convierten cada vez en más capaces de hacerse cargo, con total independencia, haciendo superfluos a los empresarios privados.

Los socialdemócratas agregan también que los obreros deben aprender a dirigir el estado, y que en sus asociaciones políticas, en el momento de las campañas electorales, en todas sus bancadas parlamentarias, en todas las diversas responsabilidades elegibles, en los consejos municipales y en otras instituciones, los obreros se adueñarán progresivamente del poder de la burguesía, adquiriendo al mismo tiempo todos los conocimientos indispensables para ejercer la dirección estatal. Los socialistas declaran únanimemente, además, ser partidarios de crear todo tipo de sociedades culturales, de universidades populares, para que, pretendidamente, los obreros adquieran en la menor cantidad de tiempo los conocimientos que posee la burguesía cultivada. He aquí como, gracias a los socialistas, se edifica el fundamento de la sociedad socialista por venir. ¡Qué formidable actividad!

–Pásenla bien, diviértanse, mis pequeñuelos; no prohibimos a nadie de soñar. Así responden todos los gobiernos de la Europa occidental a estos planes socialistas de derribamiento del régimen burgués, y le acuerdan a los socialistas la más completa libertad de charlatanería. .

Los obreros tienen que destruir su prisión secular, en tanto que los socialistas los adormecen aconsejándoles que eleven su nivel moral, que desarrollen su inteligencia y su corazón. Los obreros tienen delante suyo el adueñarse de las riquezas del mundo entero, en tanto que los socialistas les aconsejan distraer una parte de su miserable salario servil ¡con el único fin de organizar el paraíso futuro en los sindicatos y otras asociaciones corporativas! Cuando se perjudica una parcela menor de sus riquezas, la burguesía los castiga enviándolos al presidio o a la horca, en tanto que los fariseos socialistas prometen eliminar todas las leyes feroces gracias a la facundia de sus periódicos, a sus discursos en los encuentros callejeros, en los congresos y en las tribunas parlamentarias.

Jamás en lugar alguno, la gente se ha liberado en el terreno de sus enemigos, que es lo que los socialistas prescriben a los obreros. Basta comparar su obra con la de las revoluciones –cuando  nuevas clases realmente se liberaron– y entonces podremos ver que la obra de los socialistas consiste en extinguir la revolución y que, de hecho, no la preparan, sino al contrario, frenan e impiden la revolución obrera.

[…] que los socialistas no se asombren cuando los obreros insurgentes les arranquen al fin las máscaras, y los declaren traidores y enemigos de la revolución obrera.

La conspiración obrera, 2º parte

La conspiración obrera (2º parte)

Todos las enseñanzas socialistas acerca del comunismo futuro y sobre la necesidad de prepararse para ese fin no tienen por objetivo principal sino el distraer a los obreros de la lucha directa e inmediata, y de llevarse al cielo sus esperanzas. Los socialdemócratas declaran, in extremis, que eso es verdad para los utopistas pero que en lo que concierne al socialismo científico –las enseñanzas de Marx y Engels– el asunto es totalmente diferente.

Por Jan Vaclac Majaiksi
Ginebra, 1908

El socialismo científico, precisamente, con sus hechos y cifras ha constituido una absurda fábula acerca del advenimiento del paraíso socialista. Según ellos, los grandes capitalistas, a través de la competencia, aplastan sin pausa a los pequeños capitalistas, y muy pronto, de ese modo, la clase entera de los capitalistas se reducirá a un insignificante puñado de multimillonarios y todo el resto de la sociedad burguesa se transformará en proletarios asalariados. Con el acompañamiento de tales canciones hipócritas nacen cada día millares de nuevos burgueses de manos blancas, que se instalan en los barrios más distinguidos de las grandes ciudades y viven con mucho más lujo que los pequeños propietarios que “perecen” en la competencia con el gran capital. Los más fieles discípulos de Marx se ríen ahora de esta fábula de su maestro, se ríen para sus adentros, ciertamente, puesto que sería altamente inconveniente adoptar delante de todo el mundo una actitud tan irreverente ante un maestro infalible.

Es evidente que este hallazgo “científico” no tiene más objeto que contener los ímpetus de revuelta entre los obreros hasta que toda la burguesía se transforme en un “puñado ínfimo” de multimillonarios. Los socialdemócratas han repetido y continúan haciéndolo detrás de sus guías, sin hacerse el menor problema ante los obreros: “esperen a que los capitalistas hayan cavado sus propias tumbas”, el “desarrollo del capitalismo por su propio movimiento prepara la emancipación del proletariado”. Todo esto, sin duda, “independientemente de la voluntad de los hombres”. Esto debería significar que entre los socialdemócratas para reemplazar a los viejos nacen nuevos dioses socialistas, “bienhechores”, quienes por su poder celestial, reducen a los fuertes y elevan a los débiles.

La ciencia socialista, como toda ciencia social, aun cuando sea enemiga jurada del oscurantismo religioso, sabe operar con las masas obreras haciendo los mismos pases de prestidigitación que los brujos paganos o los sacerdotes cristianos. En cualesquiera de los partidos socialistas, en sus reuniones, en los congresos, durante los desfiles del Primero de Mayo, los obreros rezan, del mismo modo que en las iglesias, para la dicha futura que no se realizará sino en los más remotos descendientes. ¡El fruto no está todavía maduro! ¡Las fuerzas productivas no están todavía suficientemente desarrolladas! ¡La hora de la revolución socialista todavía no ha llegado! ¡Paciencia! Esto es lo que predican infatigablemente todos los curas socialistas. De ese modo, toda la indignación contra la esclavitud, toda la rebeldía contra el mundo de la violencia y la mentira no desencadenan entre los obreros socialistas acciones, ni luchas sino únicamente fe en un régimen futuro de justicia.

Es necesario difundir la nueva religión socialista para salvar el mundo. De todos modos, si la propagación de ésta salva al mundo, la explotación no cesará por ello. Al contrario, el viejo mundo del pillaje se hará sin cesar más fuerte, rejuvenecerá y adquirirá una gran longevidad.

Porque el crecimiento de la fe socialista, o como dicen los socialistas, de la conciencia socialista, no aumenta para nada la capacidad de revuelta de los obreros, ni sus aspiraciones a derrocar la esclavitud secular. Muy por el contrario, significa únicamente un mayor amor hacia el régimen existente. No puede ser de otro modo. ¿En qué consiste pues la fe socialista?

El régimen burgués actual prepara un orden futuro de igualdad y justicia totales. ¿Cómo no valorar entonces, cómo no amar este régimen de pillaje, cómo no participar con todas las fuerzas en su desarrollo y progreso? Para que se transforme cuanto antes, como está pronosticado, en el paraíso socialista. De ese modo exactamente actúan por todas partes los socialistas y los obreros que tienen la fe socialista. Más que la propia burguesía, adoran la grandeza de la “patria” burguesa. Son los mejores combatientes a favor del progreso burgués. Ésta es la razón por la cual el socialismo se extiende tan libremente por todo el mundo, la razón porqué resulta imprescindible a la prosperidad burguesa de modo similar a como lo fue el cristianismo en tiempos pretéritos.

Este papel de religión científica está desempeñado de la mejor manera en beneficio de la burguesía, gracias a la enseñanza de Marx y Engels, por el socialismo científico, el mismo que había dado por tierra tan victoriosamente con los primeros socialistas utópicos que según ellos querían llevar a los obreros a librar batalla prematuramente contra la burguesía, que había iluminado con una luz refulgente –al parecer– la marcha victoriosa del proletariado hacia su emancipación.

Los escritores reaccionarios a menudo le critican a los marxistas de predicar a los obreros la lucha contra la burguesía, la guerra civil generalizada. A esto, los marxistas responden que estos escritores no han comprendido a Marx. Su enseñanza preconiza la lucha de clases únicamente contra un puñado de plutócratas, pero está nutrida de una profunda ternura hacia la sociedad burguesa y su progreso. No hay nada de anarquista ni de insurreccional en esto, muy al contrario, lo que hay es de lo más idealista y religioso.

En este caso preciso, los marxistas dicen la verdad. En efecto, ¿qué es lo que enseña la filosofía de Marx, denominada comprensión materialista de la historia o incluso materialismo histórico y dialéctico? Enseña que en todos los tiempos, en todas las sociedades, todos sus gobiernos y leyes deben corresponder a las necesidades materiales de la gente, a sus necesidades económicas y a sus fuerzas productivas. ¿No significa eso que los propietarios de esclavos en la Antigüedad encadenaban a sus esclavos, que los señores feudales azotaban a sus siervos, que los capitalistas hambrean ahora a los obreros por la exclusiva razón que así lo han exigido y lo exigen todavía “las necesidades de la gente”, siempre de acuerdo con las “necesidades económicas de la sociedad”? ¿Qué más puede pedir la burguesía de los marxistas? ¿Acaso las doctrinas sacerdotales y de los estadistas han intentado demostrar otra cosa?

¡Este socialismo científico contemporáneo es un mecanismo increíblemente maligno! ¡Es tan fácil dejarse seducir por sus hermosas palabras! “La lucha de clases contra los explotadores” quiere decir si se reflexiona un poco: “¡Derroquemos de inmediato a los pillastres!; “material”, “económico” significan con toda seguridad que ésta es una causa exclusivamente obrera. ¿”Materialista” equivaldría a insurreccional entonces? ¿Contra todas las santidades de la religión? Uno se deja seducir por semejantes definiciones puesto que, confiadamente uno quiere aprender todo lo de esta enseñanza. Uno hace toda la escuela socialista y no se da cuenta siquiera de que se ha transformado en un peón intelectual burgués. Uno vive en medio de la opresión de los obreros y uno no la siente ya más, uno se olvida que se ha nacido en una prisión, que se está condenado a un trabajo esclavo para toda la vida. Uno comienza así a amar a la sociedad del pillaje. Se comienza a magnificar como su patria a la unión de todas las Rusias, opresores de todas las nacionalidades. Se desea un renacimiento burgués de esta patria y se pone uno a luchar por la felicidad de esta unión opresora.

Cuanto más se extiende la doctrina socialista por el mundo más se convierte, con el paso del tiempo, en una verdadera doctrina sacerdotaal. Antes todavía, había casos en que los socialistas, en particular los marxistas, se sentían ofendidos al ser comparados con propagandistas religiosos. Hoy en día los socialistas reconocen públicamente que han elaborado una religión nueva. De ahora en adelante, tratarán de calumniador a quien considere a los sacerdotes como estafadores y a la religión como la más sólida cadena de la esclavitud. ¡Qué se creen! ¡Todas las religiones, a su debido tiempo, “han educado a la humanidad”!

Así que ya lo hemos visto, los eruditos socialdemócratas deliberadamente echan un velo sobre la opresión secular de las masas obreras. Consideran con tanta imprudencia como naturalidad la coexistencia de la sociedad civilizada y del estado y denominan colaboración la servidumbre de la mayoría de la humanidad, exclusivamente transformada en bestias de carga para las minorías privilegiadas.

Por cierto que si esta “colaboración” ha sido siempre indispensable para el bien común, ahora lo es en grado superlativo y más lo será hasta tanto el paraíso socialista no se instaure. Esta enseñanza de los socialdemócratas acerca de la homogeneidad del cuerpo social reduce a una declaración hueca y vana toda la voluntad declarada de “lucha de clase contra el régimen de explotación”. En efecto, no pregonan a los obreros más que una “lucha de clases” que no constituye peligro alguno para el orden vigente de pillaje, y que puede ser admitida por toda sociedad burguesa inteligente.

Esta concepción de la colaboración económica de los trabajadores y sus explotadores restaura la intregridad de los preceptos morales de los amos, y hace pesar otra vez sobre los obreros todas las “obligaciones morales” elaboradas hace ya tiempo por los moralistas hipócritas al servicio de los amos; todas las mentiras de estos últimos son resucitadas así por los socialdemócratas, con el único fin sostenido de engañar a los explotados. Los obreros tienen que amar a la unión de ladrones que constituyen sus patrones, unión que se denomina en el mundo de la violencia y la mentira “patria”, “país natal” o “nación”. Deben defender esta unión de ladrones contra sus “enemigos”, y amarla más todavía que los mismos explotadores.

Los obreros deben ser los más sinceros y honestos nacionalistas, los más ardientes patriotas. Por medio de la lucha y la sangre, son obligados a liberar a sus enemigos, los “manos blancas”, ofrecerles la más completa felicidad y la libertad política más amplia. Deben ser esclavos honestos, fieles, desinteresados y generosos ya no por miedo sino a conciencia. Deben incluso despertar entre sus amos la aspiración por la libertad, y por “la verdadera vida de justicia”, por “el radiante ideal de la razón, del amor, del bien, de lo bello”.

¡Ay! La propaganda de los discursos socialistas no se ha perdido por completo. Durante estos últimos años, los obreros socialistas han sorprendido agradablemente a toda la intelectualidad saciada con su “ideal radiante”. Cuando las “hermosas jornadas de octubre”(1) han llegado a declarar “camaradas” a todos los burgueses de “manos blancas” y han repetido tras los socialistas todas las mentiras de sus explotadores; patria, pueblo, nación, verdad, justicia […].

Los obreros rusos han servido de carne de cañón en la lucha emprendida para beneficio de los octubristas y los cadetes.(2) Esta estafa se difundió no por intermedio de los estafadores burgueses habituales, sino por intermedio de los “verdaderos representantes del proletariado”, de los “defensores” de la clase obrera.

[…] Hemos visto como la religión socialista, después de haber enmascarado la opresión secular de las masas obreras, declara que todo estado civilizado es la realización de una colaboración para la satisfacción de necesidades económicas, para el desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad. Apoyándose sobre su “ciencia”, los sacerdotes socialistas declaran que toda la historia es una prolongada preparación de la humanidad hacia una vida futura justa de hombres libres e iguales. El efecto de la predicción socialista es algo verdaderamente misterioso: los amos no han pensado jamás sino en explotar a sus esclavos, en aumentar sus bienes personales, pero pese a todo, esta riqueza acumulada habría servido para educar a los hombres –a despecho de los prolongadísimos malos tratos– y a preparar su dicha futura!

Pero, ¿por qué esta sociedad de hombres libres no ha nacido todavía? La religión socialista responde simplemente que la humanidad no ha tenido todavía tiempo para prepararse, al no disponer de los medios materiales necesarios, y que el mismo pueblo no ha sido suficientemente educado para una vida comunista y fraternal. En consecuencia, es necesario prepararse por todos los medios, puesto que, aseguran los socialistas, en el momento de la emancipación de la clase obrera, la principal dificultad no va a estar en la apropiación de los bienes de la burguesía sino en el saber cómo hacerlos funcionar, para, con la ayuda de esos bienes, conseguir una vida mejor. Cuanto menos tengan los obreros una representación clara del régimen futuro, menos estarán preparados y por lo tanto no valdrá la pena provocar una revolución obrera, exclaman los socialistas superándose unos a otros. No vale la pena atacar a la burguesía; de todos modos eso no sería lo mejor, muy al contrario: una revolución fallida hará retroceder a los obreros, les quitará incluso lo que ya hubieran ganado, destruirá la larga preparación hacia el paraíso socialista.

Por estas palabras que valen oro, la burguesía se prepara a retribuir a los socialistas con mil gentilezas. Les otorga una total libertad de propaganda, les promete pequeños lugares, cálidos y confortables, e incluso sillones ministeriales. La burguesía comprende perfectamente que las baladronadas socialistas pueden serle tan útiles como la propagación de la fe cristiana, como la cárcel y las armas. “No se rebelen”, exhortaban los sacerdotes, porque de lo contrario ¡van a perder la esperanza en el reino celestial! Los socialistas dicen lo mismo: “No se rebelen”, porque si lo hacen, “¡van a destruir todo el fundamento socialista!”

Los socialistas tienen discursos hasta el agotamiento, entintan montañas de papel e invariablemente terminan sus proclamas, sus libros y discursos con una misma consigna: “El régimen socialista es impensable sin una condigna preparación. ¡No comiencen nada sin una buena preparación!”

Los socialistas no se fatigan en vano. Puesto que, durante todo el siglo anterior, al margen de la iglesia socialista y de las revoluciones socialistas burguesas, se fue configurando cada vez más nítidamente una vía de emancipación de los obreros, camino al derribamiento de la opresión secular.

Ninguno de los pensadores socialistas, aunque se los pueda contar a centenares, ha logrado prever o entrever esta vía. Las masas obreras la han ido trazando por sus propios medios: algo que ni los eruditos ni los socialistas pueden admitir sin rencor. Esta vía, es la de la lucha económica de masas de los obreros, la huelga general económica.

¡Cuántos sabios socialistas se han estrujado el magín, al parecer, para conocer cómo los obreros tenían que liberarse, organizarse en la nueva sociedad, para que nuevos explotadores no pudieran nacer!

[…] ¡Abandonen el mundo putrefacto del becerro de oro y funden en países lejanos, en islas desiertas, comunidades según los principios comunistas! Sin ninguna duda, esta empresa de los primeros socialistas terminó con el mismo éxito que aquella de los fanáticos religiosos y otros dementes que se retiraban al desierto para poder comunicarse mejor con Dios…

¡Construyan sus propios bancos, su propia bolsa de valores, después intercambien sus productos sin tener que pasar por la intermediación de mercaderes y capitalistas! Pero esta idea brillante también ha explotado como una pompa de jabón…

Pero no, de ninguna manera, exclamaron los políticos socialistas, no actúen de ese modo, comiencen por derribar los tronos y así el poder pasará a las manos del pueblo. Eso será la dictadura del proletariado, y será la dictadura la que organizará la sociedad futura. Se derribaron los tronos, se ha proclamado la república y el poder del pueblo se ha revelado no como dictadura del proletariado sino como dictadura de la burguesía…

Democraticen la máquina estatal, aconsejan los socialdemócratas, elijan diputados socialistas. Y bien: más de cien diputados socialistas se han elegido en Alemania y ellos han resultado tan charlatanes y tan inútiles como todos los otros “representantes del pueblo”.

¡Hay que conquistar el sufragio universal! Pero para conquistar este sufragio, universal, directo, no existe más que los gobernantes y comandantes que están bien encaramados sobre las espaldas de los trabajadores y cuyo número crece sin cesar…

¡Socialicemos al menos la tierra! proponen los socialistas populistas rusos, démosle al pueblo siquiera eso, dicen. Pero la única transferencia de la tierra al pueblo de la que se puede hablar es aquella por la que aumenta el número de campesinos ricos (los socialistas revolucionarios [socialrevolucionarios] lo saben perfectamente bien por sí mismos). Campesinos con muchos medios que hacen sudar a los campesinos pobres del mismo modo que lo hacen los grandes terratenientes…

En una palabra, de todas las numerosas invenciones socialistas no han resultado sino absurdidades, o peor aún, un aumento del número de explotadores, y en todos los casos, el refuerzo de la opresión de los obreros.

A todas estas lucubraciones socialistas, los obreros responden con su reivindicación básica: ¡aumento de salarios, acortamiento de la jornada de trabajo! “¡Cuánta sordidez, cuánta grosería!, repite el socialista comentando esas consignas. Sí, cuán sórdido es para su ardiente corazón de comunista! ¡Es igualmente grosero para su delicada alma de intelectual!

De todos modos, gracias a las obstinadas revueltas de los obreros, la burguesía se ha visto obligada a aumentar los salarios y a disminuir la cantidad de horas por jornada de trabajo, por lo menos para algunas capas de obreros. ¿Y qué ha pasado? Toda la “elevada” invención de los socialistas no ha aportado consigo sino la liberación de la burguesía y un aumento del número de explotadores, en tanto la “sórdida” conquista de los obreros ha aliviado el trabajo forzado de algunas capas de obreros, sin haber por ello aumentado el número de explotadores. Por primera vez en la historia, ha surgido una lucha llevada adelante por los explotados, a través de la cual éstos han se han servido de una vía emancipadora sin convertirse a la vez en nuevos explotadores, como ha sido hasta ahora, por ejemplo cuando la emancipación de los artesanos o los campesinos.

Los socialistas se esfuerzan en prevenir a los obreros contra toda emancipación demasiado prematura, que no esté suficientemente anclada y que podría dar lugar al nacimiento de nuevos explotadores. Que traten de imaginarse entonces, cuanto puede apresurarse la marcha de la lucha económica y cuán importante puede resultar para los obreros el aumento de salarios o la disminución de horas de la jornada de trabajo. Estas conquistas no podrán dejar de aliviar la opresión de todos los obreros, sin llegar a crear ni un solo puesto nuevo de explotación, ni ingresos parasitarios suplementarios. Muy por el contrario, se trata precisamente de un crecimiento lento de los salarios que se produce, hasta ahora, sin daño alguno para la burguesía, únicamente a favor de determinadas capas privilegiadas de trabajadores. En tanto que, un aumento rápido e importante de salarios como el que puede obtenerse a través de una huelga económica general de los obreros, mejorará la situación de todos los trabajadores.

Esta importante y rápida conquista de los trabajadores trae consigo una consecuencia que hace temblar a los socialistas: la expropiación de los explotadores. Cuando los obreros lleguen a organizar una huelga económica general, cuando hayan desechado las redes de captación democráticas y socialistas, sus reivindicaciones serán tan elevadas y tan insuperables que su satisfacción hará necesario no sólo la expropiación de los grandes capitalistas, sino también una disminución de ingresos privilegiados. Allí se verá la diferencia entre las revoluciones obrera y política. En tanto esta última no hace sino reemplazar a unos holgazanes por otros, la revolución obrera suprime, en su propio desarrollo, todos los aspectos de la holgazanería.

La revolución política suprime el poder de los monarcas para que aquél pase a las manos de los ricos y de la sociedad burguesa en general. Bajan las rentas de los generales, los gendarmes y los curas, únicamente para aumentar la de los científicos de la represión social. Sin embargo, para los obreros, es bien evidente que resulta indistinto llevar a cuestas a los parásitos de una u otra especie. Los intelectuales podrían, en última instancia, decidirse por su revolución “socialista”, la que distribuiría los millones arrebatados a los ricos, a todas los “manos blancas”; los obreros no tendrían nada para ganar en este caso puesto que la suma de ganancias nacionales, el fondo consagrado al mantenimiento de los parásitos no disminuiría para nada.

La revolución obrera, es decir, la huelga económica general, que conquista un salario realmente elevado, disminuye en la misma medida en que aumenta ese fondo destinado a mantener a los monarcas, los ricos, los parásitos “militares” y “civiles”, los burócratas del estado o privados, los capitalistas y la intelectualidad. Es sobre la base del salario miserable y servil de los trabajadores manuales que descansa la existencia de todos los explotadores. La elevación de este salario, es entonces la única vía, la única arma, que puede hacer desaparecer a los explotadores de todo tipo.

Los personajes eruditos, como, entre otros, los socialistas, no quieren oír hablar de la huelga económica general de los obreros, como si no pudieran captar lo que esto significa. De hecho, no hay en esto nada de sorprendente: no quieren comprender lo que la lucha económica general significa y por eso hacen como que les resulta “incomprensible”. No la quieren porque ningún tipo de propietario quiere su propia expropiación. Los personajes eruditos, los socialistas y los pedagogos de todo pelaje gozan de ingresos privilegiados que serían ineluctablemente suprimidos en una revolución obrera.

Sólo las masas obreras pueden comprender la lucha económica general de los trabajadores manuales. Todas las capas de la clase obrera la comprenden, incluso las menos evolucionadas. Incluso las masas analfabetas de los países más atrasados la comprenden por igual. Lo cual quiere decir que su comprensión no proviene de ningún libro […]. Su discernimiento proviene de la sensación misma de opresión sufrida por las masas obreras, y por eso puede ser experimentada por igual en todos los países, en el mundo entero, tanto en Europa como en América, tanto en Francia como en Rusia.

Sin embargo, la lucha económica general y las revueltas económicas de los obreros no estallan a menudo. No es fácil para las masas romper las mallas de las redes socialistas y democráticas que los envuelven, ni es fácil desprenderse de las consignas soporíferas que le entonan los intelectuales o incluso sus propios camaradas devotos a los intereses y a los objetivos de la intelectualidad. ¿Y cómo provocar estas rebeliones si no hay organización dispuesta a sostenerlas y unificarlas, si no hay conspiración obrera, y lo que existe es una conspiración de intelectuales que quieren transformar cada rebelión obrera en una revolución política, para realizar alguno de los ideales de los intelectuales?

En estos últimos tiempos, las masas expresan su rebelión económica cada vez que creen que sus organizaciones y comités preparan la revolución obrera; así ha sido cuando la huelga minera en Ucrania en 1903, y en parte en Italia en 1904; o cuando se sublevan en momentos de indignación y desesperación extremos, como cuando la insurrección italiana de 1898, en Ginebra y en Barcelona en 1902, o incluso, como recientemente, en Belfast. Entonces, los obreros dan por tierra con todos los obstáculos legales de las leyes burguersas y de la ciencia socialista. Irresistiblemente cunde entonces el incendio de la insurrección obrera.

“¡Cuán inescrutable es la psicologia de masas!, declaran con profundidad los intelectuales hipócritas. Sin embargo, en esos momentos de rebelión, los obreros están lejos de expresar reivindicaciones ininteligibles. Se encuentran en su medio puesto que son los ojos de su propia causa. El aumento de salarios, el alivio del régimen de trabajos forzados propio del trabajo manual, son asuntos de todos los explotados y sólo de ellos. Allí no existe ninguna mala jugada llevada adelante por una intriga de intelectuales a favor de un ideal mentiroso. Por el contrario, se trata de una insurrección contra todos los explotadores, contra el mundo de los “manos blancas”. En tales momentos, de huelga económica general, se toma conciencia, todos los obreros toman conciencia, […]. He aquí la razón por la cual se sublevan todos, por qué surge su lucha.

Traducción del ruso al francés: Alexandr Skirda / Retraducción del francés al castellano: Luis E. Sabini Fernández

notas:
1) 1905.
2) Grupos políticos nacidos en el curso de los acontecimientos de 1905, partidarios de una monarquía constitucional.

La conspiración obrera, 1º parte

Publicado en revista Futuros nº6, verano de 2003-2004, Río de la Plata https://revistafuturos.noblogs.org