Soja, símbolo de destrucción de la naturaleza

Hace 50 años, ninguna cultura del mundo comía soja. Entonces en EE.UU. empezó a ser incluida en el 70% de los alimentos procesados. En la actualidad, está presente en el 60% de todos los alimentos procesados “globalmente”.

Por Vandana Shiva

La promoción del uso alimentario de la soja es una enorme experimentación de alcance planetario apoyada en una política de subsidios de 13 mil millones de dólares por parte del gobierno norteamericano entre 1998 y 2004 y por 80 millones de dólares anuales que aporta la industria de ese país. Como resultado de tamaño experimento, la salud de los seres humanos está siendo destruida. La humanidad se nutrió a través de su evolución con más de 80 mil plantas comestibles y con unas tres mil de modo constante.

Actualmente, la humanidad depende apenas de ocho cultivos para la provisión del 75% de sus alimentos.

En 1988 el aceite comestible autóctono de la India, hecho con granos de mostaza, con pulpa de coco, con lino y almendras, todos procesados en frío a través de molinos artesanales, fue prohibido bajo el pretexto de “proteger la seguridad alimentaria”   Al mismo tiempo, se levantaron con inusitada rapidez todas las restricciones a la importación de aceite de soja, todo lo cual afectó los medios de subsistencia de unos  diez millones de agricultores. Los molinos “caseros” de aceite fueron clausurados, de a miles.

Una veintena de agricultores perdieron la vida cuando protestaban contra tales cierres y contra la invasión de soja en el mercado indio, que se hizo con precios de dumping, hundiendo a los cultivos locales. Los millones de toneladas de aceite de soja transgénica vendidos a precios artificialmente baratos siguieron invadiendo el mercado indio.

Las mismas compañías responsables de la operación de dumping en la India; Cargill y ADM, están ahora destruyendo enormes sectores de la región amazónica para plantar soja. Millones de hectáreas de selva tropical son quemadas para preparar el suelo para cultivos destinados a la exportación. En cuanto a los seres humanos, en Brasil y en la India ven como son amenazados sus medios de subsistencia por el fomento de los monocultivos que se acompasan con las grandes empresas del agribusiness.

Las personas en EE.UU. y en Europa sufren también una amenaza, puesto que el 80% de la soja es destinada a alimentar el ganado para obtener carne barata, lo cual destruye tanto la selva lluviosa de la Amazonia como la salud de las personas en los países enriquecidos. La soja tiene un alto contenido de isoflavonas y fitoestrógenos que provocan desequilibrios hormonales en los seres humanos. Los monocultivos afectan así tanto a los subalimentados como a los sobrealimentados.

Mil millones de seres humanos carecen de alimentos suficientes porque los monocultivos industriales los expulsan de sus medios de vida en el campo. Además, unos mil setecientos millones de seres humanos sufren obesidad y dolencias vinculadas con el exceso de alimentación. Al depender de los monocultivos, el sistema alimentario deviene cada vez más en dependiente de los combustibles fósiles utilizados para elaborar fertilizantes sintéticos o para mover grandes máquinas o para el transporte de larga distancia. Superar los monocultivos es un imperativo para procurar la provisión mundial de alimentos. Los pequeños predios con diversidad biológica tienen una productividad mucho más alta y generan así una renta mayor para los agricultores. Y las dietas basadas en alimentos biodiversos proporcionan una nutrición superior.

El control de las grandes corporaciones empresarias sobre la agricultura mundial lleva al monocultivo.
La libertad de alimentar a los habitantes depende de la biodiversidad. La libertad humana y la libertad de las otras especies se refuerzan mutuamente. En nuestro tiempo, la soja se ha convertido en un símbolo de una economía que destroza la naturaleza y los cultivos autónomos. Simboliza el alejamiento de la naturaleza y de nuestros propios cuerpos. Simboliza la codicia y el control: a través de la soja, las corporaciones transnacionales como Monsanto, Cargill, ADM [todas made in USA, n del ed.], se apoderan del control de los suelos y de la biodiversidad.

Monsanto, por ejemplo, tiene una enorme cantidad de patentes sobre la soja GM.
No es que sólo estamos en trance de perder la Amazonia, que puede desaparecer si continúa el actual ritmo de desmonte, también estamos desquiciando el clima del planeta. La Amazonia es el pulmón y el corazón del planeta. Más allá de hacer bajar el nivel de carbono en la atmósfera, ayuda a mejorar el clima y acrecienta la humedad de los vientos alisios. En la medida en que siga desapareciendo se va a reducir la humedad y aumentarán las sequías.  En la de 2005 el nivel del río Amazonas que normalmente puede caer unos 10 a 13 metros, bajó 17 metros. En un sitio del río, en Acre, se podía vadear.

Al “comerse” el río para obtener carne y soja baratas las corporaciones agrocomerciales, como Cargill, en los hechos se están “comiendo” el planeta. Si queremos evitar una catástrofe ecológica y humana total, necesitamos abandonar este primitivísimo modelo de acumulación económica que destruye para crear “crecimiento”.
Solamente las culturas autóctonas pueden enseñarnos cómo vivir de un modo diferente, permitiendo que las diversas especies y las diversas culturas puedan florecer en nuestro planeta.

artículo publicado en Revista futuros nº10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

Congo, siglos de saqueo

Los delitos contra el Congo se repiten siglo tras siglo. Hoy hay allí un gobierno corrupto y ávidas compañías transnacionales mantienen al país en un estado de semicaos para poder seguir extrayendo los riquísimos minerales qua hay en su suelo al menor costo posible, sin consideración alguna a las vidas humanas. El tenebroso corazón del colonialismo late de modo tan repugnante hoy como hace cien años.

Por Carolina Jemsby

Hay una piedra verde en mi escritorio. Es una piedra de cobre, de la mina de Ruashi en Kongo-Kinshasa. Cuando nadie veía me agaché rápidamente y me la metí en el bolsillo, después la escondí mejor y la saqué del país. Ahora resplandece venenosa en el medio de mi escritorio, denunciando siglos de despojo.

A primera vista, la mina Ruashi es un hormiguero. Miles de seres humanos que cavan en una mina a cielo abierto, que llevan con grandes esfuerzos pedazos de metal que extraen de la arena plateada y verde brillante que cubre la zona.
Parece algo irreal. Desde el borde superior se ve a los trabajadores mineros como pequeños muñecos que tropiezan y avanzan a los tumbos con enormes bolsas con piedras de cobre, con pantalones cortos gastadísimos y con ojotas deshechas. Damos una vuelta por el borde para ver la mina en toda su extensión. Tropezamos, nos resbalamos. Mis borceguíes reforzados para escalar montañas resbalan en algo más resbaladizo que el hielo. Me siento una infeliz, deslizándome por la pendiente, recupero el equilibrio y puteo para mí misma mientras veo que al fotógrafo le pasa lo mismo y entonces sí tengo miedo, porque el fondo de la mina está a por lo menos 50 o 60 metros, pero se reincorpora con su cuerpo y la cámara a salvo.

–No tenemos ningún equipo de seguridad, nos dice, con amargura,  Patrick, 35 años, que hace uno trabaja en la mina y nos relata de los accidentes que se suceden uno tras otro.

–Cada semana muere o se lastima alguno; necesitamos yelmos y overoles. Es peligrosísimo trabajar así. Y ganamos poco. A gatas si cobramos, murmura con rabia.
Alrededor se apresuran los trabajadores. Muchos son niños y llevan enormes bolsas pesadas sobre sus enjutas y pequeñas espaldas. Todos los rostros están impregnados de polvo, un polvo brilloso blanquiverdoso, de aspecto muy venenoso que se asienta alrededor de la nariz y la boca.
En los caminos alrededor de la mina transitan camiones permanentemente, que cargan el cobre y desaparecen tan rápidamente como vinieron. ¿Adónde? Nadie lo sabe con certeza. Pero fuera del país. De eso y sólo de eso se trata.

La República Democrática del Congo es un país desangrado, deshecho, saqueado por Occidente desde hace más de un siglo.  Las riquezas del país son enormes, tal vez sea la región de mayor riqueza minera del mundo entero.
Es repugnante ver cómo los delitos contra el Congo se repiten. Jospeh Conrad en El corazón de las tinieblas describe el saqueo del marfil. Luego se dedicaron a saquear el caucho en condiciones igualmente terroríficas. Hoy son diamantes, aceite, oro, coltán, cobre y cantidad de otros minerales que atraen a compañías mineras sin escrúpulos. Y las compañías hacen todo lo posible por mantener la guerra en el Congo y el desorden generalizado, que les permite aumentar los precios.

Imagínese que usted es un director de una minera transnacional importante. Haga usted lo que hiciere, su objetivo es siempre encontrar tanto metal como sea posible al más bajo precio, factores que harán que tu compañía resulte la mayor y más exitosa.
Puede resultar éticamente problemático trabajar en el Congo, pero aquí están los mayores yacimientos del planeta de, por ejemplo, coltán, un metal que se usa en celulares y del que no se conoce otros yacimientos.

Si hay paz, no hay más remedio que conseguir un costosa licencia para explotar el mineral, Además hay que pagar regalías al gobierno y a las autoridades locales y una parte de los metales hay que purificarlos en el lugar, en el Congo. No se puede exportar directamente el mineral en bruto, se necesita algún tipo de inversión en el lugar.  Todo esto, siguiendo las leyes nacionales e internacionales, lo cual es complicado y costoso.

Pero si en cambio rige un estado de conflicto de baja intensidad, todas las legislaciones quedan fuera de juego. Y si se pone un importe adecuado en una cuenta suiza del presidente, se compra una licencia de explotación que te conceda un líder local o un señor de la guerra, es fácil ponerse a extraer el mineral. Y cuesta sólo una fracción  de todo el procedimiento “legal” y no
hay que costear inversiones locales. Todo se hace ilegalmente, pero ¿quién controla?

Ése es, por ejemplo, el concepto de éxito que tiene Lundin Minings, empresa sueca, que está por cierto en la primera línea de “trabajo” dentro del Congo.
La guerra en el Congo viene arreciando desde 1997. Se la ha denominado Primera Guerra Mundial africana y parece haber hecho estallar todos los límites para la crueldad y la maldad humanas. La población civil está siendo permanentemente maltratada, perseguida, violada, mutilada y aterrorizada desde hace casi una década.Ninguna guerra desde fines de la Segunda

Guerra Mundial ha aniquilado tantas vidas como la del Congo, se estima que han muerto hasta ahora unos cinco millones de seres humanos.
Uno siente que se trata de una grosera reiteración de la historia. A fines del siglo XIX, el Congo pertenecía al rey Leopoldo II, de Bélgica y durante su treinta años de “gobierno” se estima que entre tres y veinte millones  [sic] de congoleses fueron asesinados. Los sicarios de Leopoldo presentaban manos derechas seccionadas de sus cuerpos para que se contaran los asesinados y recibir la recompensa calculada sobre esas bases. Los congoleses sobrevivientes fueron forzados a la esclavitud en los plantíos de caucho o en las construcciones ferroviarias y en caminos.
Hoy tiene lugar un proceso de paz. Por primera vez en cuarenta años hay elecciones en el país.  Pero, irónicamente, la paz y la democracia están amenazadas por las enormes riquezas del suelo y el subsuelo. Las compañías mineras tienen muy escaso interés en un proceso de democratización.

Un ejemplo es la empresa minera australiana Anvil Mining. Anvil Mining proveyó a soldados congoleses de camiones y aviones para llevar a cabo una matanza y volverlos a sus sitios. Con ese operativo un centenar aproximado de seres humanos fue masacrado a sangre fría. La empresa también avitualló a los soldados durante el operativo. Ahora ha sido llevada a juicio.
Lubumbashi es una ciudad pletórica de sedes de companías mineras transnacionales y a su ingreso hay un enorme portal que da la bienvenida a “la capital del cobre”.

Como en el Lejano Oeste o en Disneylandia, como si se tratara de cavar y ponerse contento, se hacen cruceros para ricachones en enormes camiones blancos que desfilan por los pésimos caminos hasta que resultan casi intransitables. Desde Lubumbashi a Zambia es corto el camino y por lo tanto no es tan difícil llevarse por allí los metales fuera de frontera. A lo largo de las rutas se ven enormes propagandas de camiones Volvo. Lundin Mining no es por cierto la única empresa sueca que se aprovecha de la situación en el Congo.

La mina de Ruashi queda apenas fuera de la ciudad. Yendo para allí, pasamos al lado de mujeres que venden frutas a la orilla de las rutas, alguna vende carbón para conseguir alguna extra. La pobreza en el Congo es enorme y pocos son los que tienen la posibillidad de comer a satisfacción cada día.
–Ganamos un par de dólares diarios, nos diche Patrick en la mina. [Unos seis pesos argentinos. Unos cincuenta uruguayos].

De aquí procede el bienestar occidental, pienso y contemplo los cuerpos que se hacen trizas buscando afanosamente metales que aquí son tan baratos, con los cuales se hacen celulares baratísimos, baratísimos anillos de matrimonio o diamantes. ¿Cuál es la responsabilidad para los habitantes cualesquiera de los países enriquecidos? ¿Y cuánto derecho tenemos de descargar la responsabilidad sobre las empresas mineras que a su vez tiran tan abajo los precios?
Un muchachito se nos aproxima agitado. Jean-Jacques Lumumba tiene 13 años y arrastra, tira y lucha para poder llevar consigo la bolsa cargada de cobre a lo largo del camino.
–No, si no pesa nada, nos dice. No pasa nada.

El polvo ha coloreado su nariz de un blanquecino brillante y sus ojotas están destrozadas.
–Mis padres no tienen trabajo, no tienen guita y yo quisiera estudiar, verdaderamente, nos cuenta. Por eso va a la escuela de mañana y trabaja en la mina de tarde. Consigue dinero para los gastos escolares, lapiceras, cuadernos de apuntes y libros.

Serge Kapend es geólogo y está preocupado por el trabajo infantil. Nos acompaña hasta el lugar de extracción del cobalto, algunos kilómetros más adelante. Hay cada vez más niños que trabajan en las minas. A menudo son huérfanos que tienen que trabajar para sobrevivir. Son los que hacen los peores trabajos, los más pesados, transportan las bolsas del pozo hacia afuera, por ejemplo. Serge es congoleño y trabajó antes en distintas empresas multinacionales en Lubumbashi. Al día de hoy se cambió de bando y trabaja para el sindicato minero, se hastió de ver y formar parte del saqueo.

–Se necesitan mejores leyes respecto de la explotación de nuestras minas. En la situación actual, las normas se acomodan a lo que se hace. Quien gobierna localmente, o los señores de la guerra, venden el derecho a explotar un sitio, la empresa minera va a ese lugar, extrae las riquezas y se marcha con el botín. El proceso da algunas, muy transitorias, posibilidades de trabajo, pero los recursos desaparecen para siempre del país.
Uno de los objetivos del sindicato es el de poner en regla la extracción y retener una parte de las ganancias dentro del país, nos explica un colega de Serge, Komichelo.
–En verdad, habría que conseguir que las licencias sean otorgadas exclusivamente por el gobierno. Hoy en día cualquiera que tiene una Kalaschinov vende licencias para explotaciones mineras.
–El problema que tenemos hoy en día es que las empresas procuran mantener en pie los conflictos, porque ganan mucha plata con eso. Y mientras el Congo hace todo lo posible por alcanzar la pacificación, hay un actor muy poderoso que hace todo lo posible en sentido contrario, continúa Komichelo.
Alrededor suyo seres humanos se hunden en agujeros negros de cobalto. Ese metal, por ejemplo, se usa en los auriculares de los pequeñísimos MP3.
De pronto estalla el caos y se oyen voces airadas que hacen eco y salen del pozo mayor.
–¡Una mujer en la mina! ¡Esto significa una desgracia! ¡Debe ser una bruja! ¡Mátenla!
Algunos de los revoltosos son sujetados por los guardias que nos acompañan, otros vuelven al trabajo. Yo me voy de allí de prisa. El linchamiento en una mina congoleña pertenece a una de mis pesadillas.

El MONUE, de la ONU, tiene como cometido vigilar la llamada paz en el Congo. Alexandre Essome es jefe de esa repartición en Lubumbashi. Participará de las elecciones como observador y supervisor de la ONU. Su principal preocupación son las minas extranjeras y la presión extorsiva que ejercen sobre los políticos locales y los grupos armados.
–¿Cómo vamos a tener elecciones democráticas y como vamos a poder soñar en alcanzar la paz cuando hay intereses tan poderosos para que continúe la guerra? Las empresas mineras ganan enormes ganancias gracias a la guerra, nos aclara.
En Lubumbashi. hay todo un semillero de empresas mineras extranjeras. En el ámbito del desarrollo global que hoy impera no son sólo empresas occidentales las que llevan delante el despojo; al lado de las belgas, francesas, canadienses y australianas también las hay sudafricanas, libanesas, indias, israelíes y sobre todo, chinas. Todas igualmente brutales en su rapiña.

–Aquí puede pasar cualquier cosa, si contás con el dinero suficiente. Las minas son saqueadas, los interesados son incontables. Hemos comparado la compra de metales y la importación de armas: van juntas: cuanto más metales se embarcan hacia el exterior, más armas entran de contrabando, sostiene Alexandre.
–Le he escrito a las autoridades y les he pedido que hagan algo, pero no hay respuesta.
Levanta los hombros en señal de impotencia. Su oficina está en un barracón en un descampado limitado por alambre de púa en Lubumbashi. Los supervisores para las elecciones ya han llegado y se están entrenando en control de ejercicios democráticos. De alguna manera hay una esperanza de paz y democracia en el Congo. Pero la inmensa mayoría de los delitos desaparecen como en un agujero negro, de ceguera y olvido. Bajo responsabilidad “occidental”.

Sostengo mi piedra verde. Resplandece hermosamente,  tengo en mi mano un pequeño trozo del conflicto. Un signo bien concreto de mi culpa. Fui rápida para tomarla, la escondí con disimulo en mi equipaje y ahora descansa en mi escritorio. Al lado de decenas de toneladas de diamantes, oro y otro metales, testimonia el saqueo ininterrumpido que tiene lugar en el Congo. Y testimonia nuestras culpas.

El artículo con fotografías www.argentina.indymedia.org/news/2007/06/530314.php con fotos del artículo

artículo publicado en Revista futuros nº10 (2007) https://revistafuturos.noblogs.org

La Huerta Orgázmika de Caballito corre peligro de desalojo

La Huerta Orgázmika de Caballito se encuentra entre una sociedad que mira, en general, para otro lado y el Gobieno de la Ciudad de Buenos Aires que emitió un decreto intimatorio, ilegítimo y por supuesto arbitrario.

Por raas
raas@riseup.net
9-8-2008

“La idea de que el mundo que debería ser, existe verdaderamente, es una creencia de los improductivos, que no anhelan crear un mundo tal y como debería ser. Consideran que existe ya, buscan los medios para llegar a él.” Friedrich Nietzsche (1)

La Sala

Hace unos meses largos la Huerta se vió amenazada por el gobierno de Tellerman que quizo extender la basofia arquitectónica, aunque muy ‘bella’ estéticamente hablando, sobre todo con esos hermosos hierros grises bordeando el perímetro de la plaza Giordano Bruno.

No pudieron por entonces doblegar la resistencia aunque muy focalizada y casi aislada -socialmente hablando- (2) de la Huerta, que mancomunadamente con el Centro Cultural La Sala, Avellaneda 645 (3), intentan modificar la absurda existencia humana en algo digno de ser vivido y disfrutado.

Basta con darse una vuelta por la Huerta, Rojas y las vías del ferrocarril TBA (Sarmiento) o por La Sala para apreciar lo que allí se cocina diariamente, que contrariamente a lo que se ‘vive’ (4) en las calles de toda ciudad neoliberal, postcapitalista o como un@ la quiera mencionar la gente -el grueso- no espera más que la llegada del fin de semana, después de una semana de tedioso trabajo (si es que lo tiene) enfermizo, alienante, estructurante, y disciplinario para poder descansar frente al televisor, tomar pastillas para dormir plácidamente, sacar a los hijos a pasear por patios de comidas, shoppings, drogarse con sustancias u objetos inanimados, o cualquiera otra diversión espectacular y masiva de esta sociedad de adictos (5).

Decía que cuando se ingresa a La Sala si se presta atención y no se es un enfermo mental medicado por los medios masivos, el consumo, la publicidad (la megamaquinaria de control) percibe claramente una atmósfera distina, un universo que vale la pena disfrutar: profilácticos para agarrar, carteles de actividades, afiches anti-sistema, hasta que uno llega a donde está la biblioteca popular ‘Los Libros de la Buena Memoria’ que se había iniciado enfrente de la ex plaza- devenida en cárcel de paseo verde- en Giordano Bruno 831.

En este lugar, además, funcionan cooperativas y colectivos de trabajo como la imprenta Kosme y Fulanito y la editorial Pedaladeorxs del Infierno (6) (que ya editó 2 libros), la cooperativa de productos de limpieza Burbuja Latina (7) que acaba de cumplir seis años, la cooperativa y taller de serigrafía Pedaledorxs, la cerveza artesanal Barbarie, el grupo El Cineasta Ameba (edición de video, salas y problemas), el taller de zapatos y destrucción de la casa King Kong y Pocahontas, el espacio de recuperación y reparación de bicicletas Bicichorros. una cooperativa de consumo responsable, además de talleres de danza, plantas medicinales, y un largo etcétera.

Pero para no alejarme del tema central que nos ocupa y preocupa les cuento que además de una biblioteca hay una pequeña sección de libros y folletos de plantas medicinales, algo tan caro a nuestra civilización que los habitantes de las ciudades (y much@s otro@s también) desprecian con santa ignorancia apoyándose automátamente en el saber biomédico, o sea los grandes laboratorios biotecnológicos (8) de producción de venenos agroquímicos – (9) (10) que se usan para producir más rápidamente cantidades industriales de soja -por ejemplo-, y medicamentos (drogas legales) para hospitales, manicomios y otros centros de encierro- y en la dependencia absoluta que genera esta organización social de libre mercado que cuanto más lejos estén los productores de los consumidores mayor la ganancia y mayor la cantidad de intermediarios que posibilitan que el precio final de un producto alimenticio aumente considerablemente.

No hace falta ser muy sabio para calcular lo que podría pasar a nivel social-alimenticio, amen de la gravedad ya existente para grandes sectores poblacionales, si nuevas crisis como las que se avecinan (11) llegan a golpear en esos y otros sectores de la población de bajos y medios recursos económicos.

Decía que el archivo que tiene la Huerta en la biblioteca sobre el uso medicinal de plantas es un tesoro que no debe perderse, como así tampoco que se efectúe el desalojo anunciado por la administración del mafioso mega-negociante Mauricio Macri y sus secuaces para agrandar el espacio de cemento y control de la plaza Giordano Bruno que el poder -y la desidia, el apoyo pasivo e ignorancia del grueso social- convirtió paulatinamente en un (casi) no-lugar del que Zygmunt Bauman nos habla. (12)

Tampoco deberíamos permitir las personas y grupos resistentes ceder las semillas ancestrales a los grandes grupos transnacionales (13) armando bancos de semillas dispersos por muchos lugares e intercambiarlos entre sí para que no se agoten la variedad de dichas semillas, como vienen haciendo ancestralmente los mapuche y hace un tiempo ‘Semillas para la Vida’ de Marcos Paz en los regulares encuentros de intercambio de semillas (14) en los que la Huerta Orgázmika participa; el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MO.CA.SE.), La Cooperativa de Trabajadores Rurales (C.T.R.) de San Vicente y tantos otros espacios minúsculos.

La Huerta Orgázmika

“Los consumidores guiados por el deseo deben ser ‘producidos’ constantemente, a expensas de una fracción intolerablemenente grande de los costos totales de producción- una fracción que tiende a crecer, y no a achicarse, con la competencia-. Pero (afortunadamente para los productores y consumidores de productos de consumo) el consumismo actual, no se basa en la regulación (estímulo) del deseo, sino en la liberación de fantasías y anhelos” Zygmunt Bauman (12)

Es casi lógico que una sociedad -y no me refiero sólo a la gente y los sectores que tienen con qué comprar o hipotecarse y tampoco sólo de Argentina o de Buenos Aires- que guía sus pasos a la velocidad del que más tiene (que es la imagen que emana del poder establecido) no vea ni asocie las consecuencias de sus actos (consumir acríticamente, repetir maquínicamente lo que en los medios grandes ‘aparece’ como válido), o mejor dicho, de sus no-acciones, de sus ‘yo no fui’, ‘a mi nunca me va a pasar’ reiterados, aburridos, pro-liberalismo y tampoco, claro está, prevea el drama social en el que está inmerso -ni hablar del que se avecina con la grave crisis socio-política-alimentaria a las puertas- pero que ni siquiera se sospecha, no ya como parte integrante del desastre y caos social, sino como generador-productor-repetidor constante de actitudes, acciones, opiniones que configuran una red social complejamente destructiva y arrasadora, en donde la ‘guerra de tod@s contra tod@s’ (15) pareciera ser la pintura más exacta para describir lo que nos sucede.

En este contexto de grave incomunicación entre las personas, enorme carencia de ver y sentir al ‘otro’ como parte integrante de la ‘misma realidad’ (aunque muy dispar entre sí), donde todos los gobiernos sólo corrigen y siguen el rumbo -que es un mandato- de lo que ya está planificado globalmente por el Mercado, en donde cada cual se acopla como puede o quiere al aparato estatal-privado de gestión del desastre (16), ya sea en pequeñas, medianas o grandes empresas, o en el abanico de instituciones y ramas que conforman el Estado, donde el crimen violento- por ‘ser’, ‘tener’ o ‘pertenecer’- contra la propiedad de mercancías o personas, donde una persona puede llegar a matar a otra porque ‘ya no le pertenece’, donde el ‘vale todo’, ‘a mi no me importa’, donde las personas y sectores empobrecidos  económicamente hablando (acorralados por todos lados) razonan con la misma vara -y la misma lógica- que el poderoso y el rico (17), donde el delincuente-asesino es juez, policía, trabajador, desempleado, lumpen, político, obrero, capataz, encargado, empresario, ateo, religioso, hombre o mujer. (18)

En este contexto de fricciones y contradicciones constantes existe la Huerta Orgázmika de Caballito, en medio de un barrio en general ‘bien puesto’, en el barrio donde también existe un agrupamiento de vecin@s que lucha contra la construcción de más y más torres (porque l@s van a perjudicar directamente a est@s vecin@s oportunistamente resistentes), en el barrio que recorren cartoneros en busca de desechos, en el barrio donde las gentes-bien pasean sus mascotas o asean sus autos lujosos, en el barrio donde se realiza todos los jueves al mediodía Comida No Bombas (*). Pegada a las vías del conflictivo y desastroso ferrocarril Sarmiento (propiedad de Trenes de Buenos Aires -T.B.A.), enclavada geográficamente en lo que antes era “…En el 2002, un basural estéril, completamente ignorado por el Estado, y se recuperó desde una iniciativa de los vecinos de la zona. Ahora es un lugar de búsqueda y encuentro, de trabajo y descanso: un desafío al cemento y la vida urbana en el que crecen y se cuidan más de cien variedades de plantas”. Además, la huerta, utiliza los desperdicios orgánicos para así fomentar el ciclo natural de la tierra y sus componentes no generando basura que de otra manera (la mía por ejemplo que tiro todo, orgánico o no, en la misma bolsa) irán a parar a los basurales tóxicos a cielo abierto (19) de graves consecuencias socio-ecológicas. Ahí crece la huerta flanqueada por el cemento de las casas del lado de la calle Giordano Bruno, las vías y casi inmediatamente edificios que ‘rompen’ la vista desde la huerta.

Hay que dejar pues, inexorablemente, de reaccionar tarde a los acontecimientos (20) y al status quo que el poder diseña y estampa aquí y allá, antes y ahora; la Huerta de Caballito es un espacio que ‘se anticipa a los hechos’. Asumiendo que ‘debemos comer lo que cosechamos’, alterando el flujo ‘normal’ de la civilización de consumidores y pasivos receptores de valores, creencias y acciones, ralentizando la destrucción casi total de los espacios verdes y desalentando la intención siempre oculta del poder -a veces no tanto como es el caso del actual gobierno de la ciudad- de mantener a las poblaciones aisladas, separadas, dependientes de centros lejanos de producción de alimentos en manos, como es obvio, de grandes terratenientes y otros adinerados que siguen las directrices del capital y monopolizan y explotan la tierra- y todo lo que se encuentre dentro- sin miramientos de ninguna índole.

Mientras se formen organizaciones y grupos ‘después’ de que el accionar capitalista actuó sobre el cuerpo, ‘desapareciéndolo’ como en la última dictadura cívico-militar iniciada en 1974 (21) -que aún hoy día no termina de terminar- matándolo con cáncer (en el caso de las antenas de celular de las empresas de telefonía) (22) enfermándolo de mil maneras (con el glifosato lanzado por avionetas para el crecimiento ‘sano’ y ‘libre’ de la soja transgénica), eliminando de la faz de la Tierra parte de un bosque como pasa en Jujuy, Salta y otros muchos lugares de Argentina y el mundo; seguiremos padeciendo el avasallamiento, pero percibiéndolo aislada e individualmente como si fueran ataques personales y no sociales. Si la huerta desaparece de la Tierra, habrá desaparecido otro espacio de acción y producción autónomo y sustentable (en pos del ‘desarrollo’ y ‘progresos’ capitalistas), pero no su recuerdo, ni todo lo que se logró con semejante espacio de contra-información ‘verde’, de resistencia, de producción e intercambio de saberes.

El legado de la huerta seguirá en nuestros recuerdos, corazones y caminos emprendidos pase o no pase este impedimento burocrático-estratégico-comercial…

Y toda esta perorata sirvió para no poder describir con palabras todo lo que hace la gente de la Huerta de Caballito con un espacio tan acotado en espacio, pero tan hermoso y creativo.
Pase y vea…

Audios relacionados:

· Entrevista de Radio La Colectiva www.lacolectiva.com.ar (6-9-2008)
www.argentina.indymedia.org/uploads/2008/09/2008_09_06_-_orgaz_en_lacolectiva_comprimido.mp3

· Entrevista en el Programa La Mar en Coche www.marencoche.wordpress.com, de FM La Tribu www.podcast.fmlatribu.com (9-8-2008)
www.argentina.indymedia.org/uploads/2008/09/2008_09_08_-_orgazmika_en_tribu_edit_comprimido.mp3

· Sitios de la Huerta Orgázmika
www.orgazmika.blogspot.com * www.flickr.com/photos/orgazmika (fotografías de actividades, acciones, talleres, etc…)

notas:

1) ‘La Voluntad de poder. Ensayo de una transmutación de todos los valores’ (1888)
2) ¿Qué lucha acaso goza del apoyo ‘masivo’ y ‘popular’ en territorio argentino?, quizá tendríamos que remontarnos a la resistencia activa del pueblo de Oaxaca, y más lejos en el tiempo -aunque todavía en pie- del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (E.Z.L.N.) en Chiapas. Para tratar de encontrar algún ejemplo contemporáneo de un grupo social más o menos unido en cuanto a resistencia a los planes y los deseos del poder. La ciudad de Esquel, enfrentando a la mina de oro, de alguna manera representa también este modo de resistir un designio del capital. El M.S.T. brasilero es otro ejemplo que me viene a la memoria. Los mapuche en tierra chilena pueden ser otro buen ejemplo de resistencia. Pueblos Originarios y acción directa ambientalista www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=423
3) http://cclasala.blogspot.com/
4) Permítaseme este oxímoron tragicómico
5) Vease ‘La Sociedad del Espectáculo’ (1967) de Guy Debord
6) www.pedaleadorxs.blogspot.com ‘Salud Mental y revuelta’ (agotado), y ‘Anarquía Ontológica’ de Hakim Bey, compilación de textos del escritor-poeta neoyorkino. En breve saldrán a la luz ‘El resurgir de los bárbaros’ de Willful Desobedience y ‘Dejar de pensar’
7) Entrevista al colectivo de trabajo Burbuja Latina- 6 años de vida! http://argentina.indymedia.org/news/2008/09/624885.php
8) Bayer, Monsanto, Bagó, Novartis y un largo etcétera.
9) Los efectos de los agroquímicos y otros contaminantes en la salud, de Sandra V. Miguez http://www.ecoportal.net/Contenido/Contenidos/Eco-Noticias/Los_efectos_de_los_agroquimicos_y_otros_contaminantes_en_la_salud
10) Es sabido por quienes buscamos más allá de lo que nos muestran los ‘mass media’ que Mosanto junto a Dow Chemical fabricaron el gas naranja que las tropas norteamericanas echaron desde 1961 a 1971 en el territorio invadido de Vietnam. Cerca de tres millones de vietnamitas sufren los efectos del gas naranja, de Dani Triadó http://www.asiared.com/noticia_pais_info.php?ident=398&id_pais=VN
11) Las soluciones mágicas y las inevitables catástrofes subsiguientes, del Grupo de Reflexión Rural http://argentina.indymedia.org/news/2008/08/621518.php
12) Modernidad Liquida (2000)
13) El Mundo Según Monsanto (2007) de Marie-Monique Robin http://www.imdb.com/title/tt1189345/
14) 2º Feria Intercambio de Semillas de 2008 http://organicsa.net/2%C2%BA-feria-intercambio-de-semillas-de-2008.html
15) “Moralistas, filósofos, legisladores, aduladores de la civilización, he aquí el plano de vuestro París puesto en orden, he aquí el plano perfeccionado en el que están reunidas todas las cosas semejantes. En el centro, y en un primer recinto: hospitales de todas las enfermedades, hospicios de todas las miserias, casas de locos, prisiones, presidios de hombres, de mujeres y de niños. En torno del primer recinto, cuarteles, tribunales, comandancia de policía, casa de los esbirros, emplazamiento de los patíbulos, morada del verdugo y de sus ayudantes. En los cuatro extremos, cámara de los diputados…, Instituto y palacio del Rey. Al margen, lo que alimenta el recinto central, el comercio, sus bribonadas, sus bancarrotas; la industria y sus luchas furiosas; la prensa, sus sofismas; las casa de juego; la prostitución, el pueblo muriéndose de hambre o revolcándose en el desenfreno, siempre al acecho de la voz del Genio de las Revoluciones; los ricos sin corazón… en fin, la guerra encarnizada de todos contra todos” La Phalange, 10 de agosto de 1836, París, Francia. Extraído del libro de Michel Foucault ‘Vigilar y Castigar, el nacimiento de la prisión’ (1976)
16) Entrevista a ‘Los Amigos de Ludd’ http://www.nodo50.org/ekintza/article.php3?id_article=440
17) Entrevista al líder (encarcelado) de Primer Comando Capital http://argentina.indymedia.org/news/2006/09/441276.php
18) Las redes del poder (1976) Michel Foucault http://ecotropia.noblogs.org/post/2008/09/08/las-redes-del-poder
19) Los desechos cotidianos de una sociedad moderna, accidental… y cretina, de Luis E. Sabini Fernandez http://revistafuturos.com.ar/index.php/otros-escritos/44-otros-escritos/60-desechos-cotidianos-sociedad-moderna
20) El negocio del hambre, de Devinder Sharma http://ecotropia.noblogs.org/post/2008/09/04/el-negocio-del-hambre
21) Se podría decir que, de alguna manera, en este suelo nunca exisitó nada siquiera parecido a la ‘democracia real’ (al menos en grandes porciones de territorio) y que entonces algo que nunca dejó-de-ser no puede ‘empezar’ por consiguiente. Sólo basta recordar o analizar cómo se fundó el Estado-Nación argentino.
22) Ahogándonos en un mar de microondas, de Mae Wan-Ho http://revistafuturos.com.ar/index.php/editorial/30-editorial/46-ahogandonos-en-microondas

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Decreto de desalojo de la huerta

El día miércoles 3 del corriente mes llegó la cédula de notificación con el decreto firmado por el Jefe de Gabinete del Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, intimando a la desocupación de la Huerta Orgánica de Caballito en los próximos 5 días.

La Huerta Orgázmika de Caballito se encuentra entre la calle Rojas, las vías del Ferrocarril Sarmiento (a 30 metros de la estación de Caballito) y la Plaza Giordano Bruno. Este espacio era, en el 2002, un basural estéril, completamente ignorado por el estado, y se recuperó desde una iniciativa de l@s vecin@s de la zona. Ahora es un lugar de búsqueda y encuentro, de trabajo y descanso: un desafío al cemento y la vida urbana en el que crecen y se cuidan más de cien variedades de plantas.

Desde hace varios años, la huerta viene siendo “llamativamente” amenazada, pudiendo, mediante el trabajo cotidiano, seguir creciendo. En este sentido y ratificando nuestra labor, el día 3 de noviembre de 2007, recibimos el dictamen favorable del Representante Fiscal remitiendo la causa al Juzgado Nacional en lo Correccional Nº 5 para su resolución ordenando el archivo de la causa por usurpación DECLARANDO LA INEXISTENCIA DE DELITO.

Ahora, el gobierno, ignorando el dictamen citado pretende: “recuperar el terreno de la huerta” argumentando ponerlo a disposición toda la comunidad, haciendo, de esta forma, notorio su absoluto desconocimiento de la realidad, siendo que el espacio siempre fue objeto de goce y uso de la comunidad toda.

Frente a este ATAQUE A LA LIBERTAD por parte de la gestión macrista vamos a estar en la Huerta Orgázmika de Caballito y en el Centro Cultural La Sala en forma permanente realizando una mesa informativa y continuando con la recolección de firmas.

En las horas siguientes estaremos comunicando las próximas iniciativas y actividades que estaremos realizando durante estos días.

Los desechos cotidianos de una sociedad moderna, accidental… y cretina

Desde hace ya un tiempo, y no sólo en Argentina, se observa que la cuestión de los desechos cotidianos, la llamada “basura” ha cambiado francamente de status.

Por Luis E. Sabini Fernandez*
luigi14@gmail.com

Brutalmente, podríamos decir que apareció. Porque durante décadas, o siglos, había permanecido cuidadosamente invisibilizada. Sus dimensiones se hicieron tales que difícilmente podía sostenerse aquel ocultamiento, aquella liviana ignorancia.

El sistema establecido de producción de basura cuidó celosamente aquella invisibilización. Era la que permitía eliminar costos, lo que en economía se llama externalizarlos.  Pagadiós, la madre o puta madre natura? si juzgamos por el tratamiento?, los nietos, el fondo oceánico, en fin.

En 1977, cuando el aire de Buenos Aires se había hecho francamente irrespirable, por dos causas bien distintas, es cierto (el aire espiritual por la caza callejera del diferente desde los equipos de torturadores llamados oficialmente grupos de tareas); el aire físico, bien material, había alcanzado tal grado de contaminación mediante la quema de plásticos en todos los edificios de la capital, que el sistema político imperante tuvo que afrontar dicha contaminación. Mediante el cómodo expediente, es cierto, de alojar los desechos en enormes zanjones (que han dado lugar, con las décadas, a preciosuras semánticas como el Camino del Buen Ayre).(1)

La contaminación, entonces,  no desapareció, sólo se aplazó. Con el tiempo, empezó a sufrirla un sector, no más del 1% o el 0,5 % de la población, el más próximo a los vertederos; los vecinos de José León Suárez, Wilde, González Catán y últimamente Ensenada…
Pero si es cierto que desde la Luna la única obra humana perceptible no es la promocionada Muralla China sino el basurero de Nueva York, parece lógico que en algún momento semejante cuestión perdiera su invisibilidad, y que a la larga esperemos que sus responsables vayan perdiendo su impunidad.

La del tero: evitar mostrar donde está el problema

Pero estamos lejos del regocijo, lejos del núcleo problemático. Porque las más de las veces se aborda un problema cuando ya resulta insoslayable. Y sólo eso. Por otra parte, la floración de abordajes que cada vez más escuchamos sobre “la basura” presenta un sesgo sintomático: mucho reciclaje, mucha basura cero, mucha recuperación, las tres erres (reciclar, reducir, reusar) o incluso las algo más radicales cinco erres (rechazar, reparar, reducir, reusar, reciclar), pero todo o casi todo parece dedicado al consumo, al mercado de consumo. Nuestros “basurólogos” más o menos recientes, más o menos oficiales, parecen muy dedicados a encarar el consumo, no la producción. Pero es justamente en la producción de mercancía (que prestamente se hará basura) donde está el núcleo del problema. Por lo cual, toda política concentrada en encauzar el consumo se va a parecer, peligrosamente, a arar en el mar.

Claro que ello tiene una ventaja: no toca los intereses “principales” y, en cambio, tiende a modificar la vida de los que no tienen capacidad decisoria: si no se puede hacer lo importante, al menos parecer como si se lo hiciera. Con un plus nada despreciable desde el punto de vista de las relaciones públicas: encarar la administración de los residuos ya producidos, se ensambla con una actividad que espontáneamente, por necesidad, encararon sectores muy sumergidos de la sociedad contemporánea; los más golpeados por la modernización sacralizada y genocida: campesinos y peones rurales expulsados por la tecnificación creciente, obreros desocupados y con baja calificación, arrancados del mercado de trabajo con modernizaciones o extranjerizaciones, población toda ella que ante la indigencia golpeando a sus puertas, encararon la recolección de lo salvable de sociedades que mientras expulsan gente desde las capas más empobrecidas, por “abajo”, derrochan bienes desde las capas socioeconómicas de más “arriba”.

El problema planteado por los últimos proyectos y exposiciones sobre el tema de “la basura” que leemos cada día más en la prensa, en los sitios-e, que vemos en los informes televisivos, pasa entonces, si se es ejecutivo y sistémico, por ordenar el volumen, establecer centros patéticamente llamados “verdes” donde habrá gente –jamás los programadores– que harán la clasificación de los desechos (eso sí, con guantes y barbijo, ya que no escafandra) y si se es basurólogo pero progre, se pondrá el acento en la tarea socioeconómica de cartoneros, recuperadores y clasificadores y en el reconocimiento de sus derechos como tales.

Casi como si se tratara de una profesión elegida a la que faltaba regular, como si habláramos de rematadores antes de ser colegiados, o de periodistas todavía en actividad espontánea o de diagramadores electrónicos en el momento de su irrupción laboral… como si no se tratara de una opción asumida dentro de la mayor necesidad, arrinconado cada uno por un sistema que tritura no sólo las mercancías…

Por cierto que es mejor que los clasificadores trabajen sin represión,  con reconocimiento (y hasta agradecimiento, bien merecido) social, con mejores condiciones higiénicas, pero el tema de fondo es, como ya señalamos, muy otro. La prueba del nueve de que la actitud de los que han encarado el tema de la basura desde la progresía no conocen ni les importa el destino de los cartoneros y clasificadores por más que los invoquen permanentemente es que, cuando salieron en Montevideo con el inefable intendente Arana unos primorosos contenedorcitos que ahogaban totalmente la labor de recuperación, no sólo no escuchamos críticas ante tal política que englobaba residuos en lugar de separarlos, sino que ni siquiera  hubo espacio para abordar tal medida con el necesario ojo crítico en prensa progre. Se nos dijo: ¿Cómo criticar medidas municipales tan populares (lo cual era cierto)? (2)

¿Campaña de impacto o hecho cultural?

¿En qué términos se manejan desde los medios de incomunicación de masas y desde las direcciones políticas este asunto? Como una cuestión de campañas (de concientización), como una cuestión de organización (los centros verdes en Buenos Aires) y de estructuración de un significativo gremio novel: el de los clasificadores de la basura.

El CEAMSE en el Gran Buenos Aires había procurado en su momento poner en funcionamiento tales centros de clasificación de los restos, de las veinte mil toneladas diarias que el GBA expulsa de sus hogares luego de compradas en supermercados, autoservicios, centros de compras y otros lugares de mercadeo. Tuvieron que suspender las tareas, porque el olor nauseabundo era tal que ni siquiera la gente más maltratada por el sistema podía hacerse cargo. Sin embargo, hay programadores, grupos de inversores asistidos técnicamente, que ven con buenos ojos la instalación de tales cámaras depurativas.

Es interesante seguir “el razonamiento” de especialistas en la materia como Elena Sanusian, auspiciada por el BGS Groups, una empresa de “análisis y asesoramiento de inversiones”, actuante en Argentina (Brasil y Venezuela).

Sanusian, en conferencia sobre el particular, (3) concentra toda la actividad posible para encarar “la solución” de los residuos en la administración de lo consumido y devenido tal, con consignas entradoras, como  “del consumismo irracional al ecoconsumo responsable”. Sostiene que hay que “armar eco-clubes (algo que se utiliza en Europa) donde capacitar a los niños que luego vuelven al seno de sus familias”. Sin embargo, bien pronto se somete a la cruda realidad que nos habita, y entonces postula la separación de la basura (para recuperar, reciclar, reusar) en grandes “establecimientos”, donde “operarios” proceden a hacer esa separación “perfecta”. En medio de la mayor higiene y sin olor alguno. Lo que denomina ‘Plan integral para el tratamiento de los desechos’.

Una transición por lo menos rápida, del análisis social y la concientización al más feroz continuismo: ya estamos “respirando” soluciones tipo Macri.

Dice sin desmayo y con escasa conciencia de sus palabras: “Ésta es la tarea en que tendremos que trabajar todos”. Parafraseando a Orwell, algunos tendrán que hacerlo un poquito más que otros, ¿no?

Insiste mucho en la concientización de los consumidores. Se le ha pasado por alto –menudo detalle–  la concientización de los empresarios. La necesidad de reconfigurar la producción industrial, el universo fabril del cual proviene buena parte, por no decir casi todo lo que poco después se convierte en desechos.

A medida que avanza en su planteo, ni siquiera la concientización minutos antes ensalzada parece ya demasiado importante. Dice, sí, que lo mejor es la separación en el hogar (en origen) pero sostiene a la vez que las plantas de tratamiento son tan eficientes que resulta indiferente el estado en que ingresen los desechos [sic]. Y afirma rotundamente “que funcionan óptimamente aunque los residuos vengan  en el mayor entrevero”. Y da una puntadita final: “Puede haber tratamiento con y sin separación de residuos.” Pero si nosotros en Argentina queremos hacer tratamiento con separación en origen, “tendríamos que empezar desde muy abajo” y eso significaría “un proceso de mucho tiempo”. Por eso, “el valor de las plantas de tratamiento de que estoy hablando es que son aptas no sólo cuando llega la basura separada” sino cuando llega “en el peor estado en que nosotros nos podemos imaginar”. Compactada o sin compactar, incluso directamente desde el camión. “Cae por una tolva en una mesa larga, de ahí se comienza a separar mediante manejo manual en general, se separa lo que es reciclable de lo que no es reciclable [sic]. Se ve que nuestra técnica no ha avanzado un pasito más en “lo reciclable”. Seguro que se pierde.

‘Y así llegamos a tener una partida para lo que se llama disposición final, pero no como la habitual en que va todo entreverado sino que ha pasado por una selección previa…’
Le pregunto final y retóricamente:
-¿Usted ha hecho algo de lo que cuenta? y le abro la puerta de salida: ¿Quién realiza semejante separación?
-“Operarios, claro”, me contesta. Ah.

Los diseñadores de una tarea que ni los esclavistas más imaginativos pudieron concebir

Los grandes solucionadores de la basura cero han encontrado una tarea que ni los más perversos de los esclavistas de todos los tiempos habrían imaginado: seleccionar basura, elegir e ir separando los restos que la humanidad urbana, consumista y sofisticada deja detrás suyo. Imaginen apenas: restos de verduras, cáscaras de banana, potes plásticos de yogur, hilos rotos, pilas gastadas, grasa y bordes del plato del mediodía, medias rotas, sonajero que ya no suena, diskette arruinado, pelo del perro, camiseta gastada, papeles de envolver, sobres de las facturas a pagar, restos de arroz hervido, sobres de té, cáscaras de queso, bolsas de todo lo imaginable, de fruta, de electrodomésticos, bandejas de telgopor, películas plásticas de todo tipo de alimentos, comida en mal estado, plásticos duros de protección de cartuchos, cubeteras averiadas, lamparitas quemadas, otros restos de comida, panes viejos, volantes, comida en pésimo estado, jirones de lo que se te ocurra, mezclados con mugre, biromes gastadas o rotas, restos de carnes, de verdura, ramas y flores ajadas, vasos rotos, agendas y almanaques viejos, agujas hipodérmicas descuidadamente arrojadas al tacho, potes de cremas o desodorantes gastados, cortinas desvencijadas, ropa en desuso, folletería de propaganda, diarios viejos, tubos plásticos de varios productos alimentarios procesados (mostaza, salsa dulce de tomate), muebles rotos y viejos, herramientas ídem, mangueras agujereadas, llaves obsoletas, frascos de mermelada o de cera para muebles, enchufes descompuestos, pañales descartables, herrajes rotos, pasajes caducos, algodones usados, cuadernos en desuso, electrodomésticos inutilizados de todo tipo y tamaño (secadores de pelo, procesadoras de cocina, relojes a pila), botellas de vidrio o de plástico de cerveza, agua, vino, aceite, vinagre, bebidas alcohólicas fuertes, refrescos, y un larguísimo etcétera.

A lo que hay que agregar lo que uno tira en el lugar de trabajo; vasitos plásticos para café, toallas de papel, papelería diversa o desde el auto: envases varios, cubiertas, baterías gastadas, o desde el jardín…

Y estamos hablando de un “hogar” que no bebe agua embotellada… que es el principal problema de saturación de los vertederos hoy en día… Todo eso más o menos junto va creando un hedor nauseabundo. Basta acercarse a los tan bienvenidos contenedorcitos en una día de calor para darse cuenta. La diferencia es que uno lo huele a la distancia y el cartonero, clasificador, a menudo se zambulle adentro para rescatar lo rescatable… Imagine el lector no ya un contenedor de un metro cúbico sino un galpón con cientos de metros cúbicos de tal mixtura., recuerde el lector que el tiempo agrava la situación de los contenidos por putrefacción, agriamiento, aparición de larvas e insectos de todo tipo…

La cuestión de los desechos industriales, del mercado y del hogar no es un problema técnico ni organizativo sino cultural. Esta recorrida por las propuestas en boga nos permite avizorar que estamos muy, pero muy lejos de abordar realmente el problema de “la basura” generada por el consumo irrefrenable.
Encarar el problema es vérselas, precisamente, con ese consumo irrefrenable, el consumismo. La idea de sociedad que nos domina hoy en día. Que dista de ser eterna, natural o inmutable. En rigor, la producción de basura es un fenómeno relativamente reciente de la humanidad. En tiempos pretéritos ni había recolección de basura ni había acumulación propiamente dicha.  O la había en términos casi despreciables. Los vikingos llenaban hoyas durante generaciones. Claro que se trataba de agrupaciones de no más de cientos de seres humanos o tal vez miles. Pero tardaban décadas en llenar una hoya. Y cuando lo hacían, se desplazaban o hacían otra. Con nuestro régimen de consumo, mil habitantes llenaríamos cualquier hoya inmensa en cuestión de meses, no ya de generaciones. A razón de una tonelada o dos diarias, en cuatro o cinco meses tendríamos cubierto un volumen de entre cien y trescientas toneladas… una hoya más bien cuadrada de tres metros de profundidad y de diez metros de lado…

Un modelo occidental, moderno… e irradiante

La sociedad occidental moderna ha sido la gran forjadora de la producción de basura. Muy gradualmente, la sociedad moderna fue abandonando el ciclo de las cosas y constituyendo un proceso económico lineal, según el cual, el producto bruto se convierte en mercancía, se lo usa y se lo expulsa de la sociedad, desentendiéndose de él. En realidad, obligando al resto de la humanidad, ya sea las clases subalternas de los países “industrializados” o las sociedades periféricas (con sus propias reservas ambientales y habitacionales de privilegiados) a hacerse cargo de semejante “producción”, más o menos subrepticiamente expulsada.

La presencia de cada vez más productos químicos de difícil manejo (por su toxicidad, por ejemplo), fue facilitando ese camino, el destino rectilíneo de los bienes desde los albores de la modernidad, con el desarrollo  industrial en auge. Pero fue la invasión literalmente imparable de los termoplásticos a mediados del siglo XX el gran desencadenador de una conformación de la basura como ente ingobernable. Fue el auge ideológico del consumismo, del use-y-tire, la apoteosis de lo nuevo, la depreciación de lo usado, del remiendo, del zurcido, de los refritos alimentarios. El triunfo, en una palabra, del american way of life. Por ejemplo, en la cocina hogareña, todos aquellos platos, incluso sabrosos, como ropa vieja, torrejas, budines de pan, tartas, revueltos de todo tipo, albóndigas, que se hacían tan a menudo con los restos de la  comida anterior, fueron desapareciendo, de las mesas y del imaginario social nuestro. En realidad, la cultura consumista ha arrinconado a la propia cocina hogareña, hoy “nutrida” de deliveries; hasta el idioma proviene del Gran Hermano.

Fue también la llegada del alud de envasados. El mundo empresario, a caballo de razones atendibles, como la higiene, pero en realidad, más movido por los aumentos de rentabilidad que por la salud poblacional, fue universalizando los productos envasados, aboliendo los sistemas a granel.

Con una doble consecuencia: por un lado, como dice Vandana Shiva, las manos se fueron convirtiendo en agentes delictivas por excelencia: una sustancia tocada o rozada por manos, era algo penable, punible o rechazable. Como si lo envasado fuera garantía de pureza y calidad. Y por otro lado, la creación de envases, a menudo dobles, triples, cuádruples, agigantó el problema de la producción de desechos. A esa tijera que nos mutila y agiganta un problema habría que agregarle un tercer aspecto, –tendríamos que hablar de una triple consecuencia entonces– tan o más problemática que las anteriores: los envases que se usan, y los que más se usan, distan de ser inertes. Con lo cual, hemos introducido, modernización mediante, un factor patógeno desconocido o casi desconocido en tiempos tradicionales.

Pensemos que, p. ej.,  para el tratamiento de aguas minerales, hace ya un par de siglos, se usaban espitas de porcelana porque eran del material más inerte que se conocía, para no contaminar el agua surgente. O que el arquitecto romano Vitruvio, hace dos mil años, leyó bien, hace dos mil años, desaconsejaba el uso de cañerías de plomo para la distribución de agua potable en Roma, Pompeya y ciudades del imperio, por ser un metal que desprendía sustancias, no precisamente amigables para los humanos (ya estaba perfectamente diagnosticado el saturnismo). La sociedad moderna europeo-occidental, muy oronda, instaló las cañerías de plomo en todas partes, como señal de progreso, durante los siglos XIX y XX y no sólo para agua fría sino incluso para caliente, cuando el agua caliente se “come” literalmente dichos caños (y por lo tanto, los humanos ingerimos el plomo así extraído y pasado por las canillas respectivas).

La sociedad industrial, que despejó la visión para percibir una serie de acontecimientos inéditos en las sociedades humanas, a la vez, nos encegueció para ver otros aspectos de la naturaleza que las sociedades “tradicionales” sí sabían ver.

Lo que ganamos en técnica lo perdimos en sentido común

Sólo así pudimos “aceptar” plásticos blandos como envases de nuestros alimentos, cuando hay investigaciones terminantes de que dichos materiales empiezan a fundirse y a desprender sustancias cancerígenas a apenas 40 grados centígrados. La temperatura de cualquier verano rioplatense.(4)
Pero aquí estamos encarando el segundo de aquellos desastres: la montaña de basura creció sin medida ni concierto con la aglomeración incontenible de envases. Es lo que vemos hoy en cualquier campo, en cualquier mar.

Si llegamos a entender que se ha ido configurando un sistema de producción de basura que ha sido de interés para determinadas ramas industriales que se han expandido hasta lo irreconocible, como es el caso de la petroquímica, la industria del embalaje, y otras, entonces, es fácil darse cuenta que cualquier intento de cambiar este estado de cosas no pasa tanto por el consumo  –que siempre llega tarde y mal al problema–,  sino por la producción, que de algún modo configura el estado de situación.

Y si nos damos cuenta de esto, también podemos advertir que “el eje” no pasa por campañas de concientización, ni propaganda visual o televisiva, ni por las exhortaciones magisteriales a los niños en las escuelas, aunque todo eso contribuya en algo.

La situación es más bien de carácter económico y político.

Económico, porque ese estado de cosas afecta negativa o positivamente la rentabilidad empresaria.
Político, porque se necesitan decisiones para encauzar la actividad empresaria, por ejemplo, y la actividad material general, para evitar p. ej., el envasado ambientalmente gravoso o sanitariamente peligroso, y tantos otros encauces.

Pero que, por sobre todo, se trata de una cuestión cultural. Si sectores significativos de la población no ven problema en nuestras vidas cotidianas, va a estar difícil conseguir algo, bueno, durable. Porque es la cultura nuestra la que está en juego. Es un hecho cultural, aunque a algunos nos parezca atroz, aceptar sustancias cancerígenas y confiar luego en la medicina legal y oficial para obtener la detección precoz, que es el desiderátum de tantas campañas de “lucha contra el cáncer”).(5)

Si sectores decisivos de población prefieren vivir como viven, en todo caso con detección precoz (de cánceres, alergias, anemias, enfermedades autoinmunes, y otras patologías no sólo corporales sino también “mentales”), la basura es irrefrenable. Y los laboratorios festejarán, seguirán festejando, tal “elección”.

Cultura es lo que uno hace porque no puede no hacerlo

Si la gente advierte que nuestro sistema de vida nos miente, y en realidad es, poco a poco, cada vez más, un sistema de muerte, tal vez sí pueda haber un cambio. Pero tendrá que ser un cambio con rasgos culturales diferenciados. La primera erre tendrá que ser relevante: rechazar el uso de material irreciclable, como p. ej. los blixter, los tetrabrik, los sobres de papel con “la cómoda” ventana de plástico, los papeles plastificados (que no sirven para reciclar como plástico y menos como papel), las pilas no recargables, rechazar el uso “generoso” de bolsas de plástico que terminan rodando con el viento por mares y suelos, rurales y urbanos, rechazar la comida cargada de agrotóxicos, atreverse a reusar cosas, a reciclar. Pero no que lo haga “otro”, sino a partir de una asunción personal: cuando alguien ya no soporta un envenenamiento, lo que se suele llamar en el  contexto una contaminación, por ejemplo, eso quiere decir que en su trama cultural ya no lo puede incorporar (literalmente, metérselo en el cuerpo).

Cuando un edificio de veinte pisos con un predio de media manzana alrededor tenga habitantes que no soporten desprenderse cada día de una tonelada de materia celosamente escondida en bolsas negras de consorcio, y empiecen a reclamar, que, por ejemplo, los restos alimentarios, se composten en el jardín que tienen con solo césped, estaremos hablando de cambios culturales, cambios en la cultura cotidiana, que implica cambios de actitud y situaciones donde uno ya no puede comportarse como lo hacía antes y lo veía hacer a otros.

Mientras sigamos con técnicos viendo cómo hacer para que los cartoneros sean enterrados en vida en grandes recintos con tolvas para que “ellos” separen lo que pueden y devuelvan al cauce principal lo inservible, no habremos avanzado gran cosa, antes bien, nos habremos engañado una vez más. Porque los humanos tenemos la habilidad de hacerlo ene veces.

* Miembro del equipo docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, periodista free-lance y editor de la revista semestral futuros del planeta, la sociedad y  cada uno.

notas:
1) Si esos zanjones además de postergar más que solucionar el problema de la contaminación por los desechos cotidianos, sirvió para resolver “dos en uno”, depositando restos humanos que “cosechaba” la dictadura entonces, es una pregunta de las que han quedado, por lo menos hasta ahora, sin respuesta.
2) En Buenos Aires, poco después, con la gestión Telerman, sobrevino algo por el estilo, aunque con un peregrino intento de clasificación entre residuos secos y húmedos. Tampoco entonces salió algún basurólogo progre a señalar que los promocionados y costosísimos contenedorcitos iban en sentido opuesto a todo criterio de separación en origen, una de las pocas medidas que, encaradas con un trasfondo cultural basado en la conciencia de la cuestión, tiene algún sentido.
3) Dictada en la Fundación R. Rojas, a fines de 2007.
4) Véanse “Detener al PVC” del equipo editorial de Integral, no 98, Barcelona, febrero 1988 y nuestros “Política de migraciones”  Página 12, Boletín Verde, 24 mayo 1992, reeditado en Ciudadanía planetaria, V. Bacchetta (comp.), Federación Internacional de Periodistas Ambientales, Montevideo, 2000;  “ALARA: otro mito tecnológico”, Revista del Sur, no 70, Montevideo, 10 jun. 1997; Basura y cultura, folleto del seminario-taller de Ecología y Derechos Humanos de la Cátedra Libre de DD.HH, de la Fac. de Filosofía y Letras de la UBA, 2º. cuatrimestre 2004; “La petroquímica y su visión autoindulgente sobre el desastre planetario”, www.rebelion.org del 20/6/2006, www.biodiversidadla.org del 21/6/2006, www.ecoportal.net/content/view/full/60988 del 3/7/2006, www.serviciosesenciales.com.ar, s/f.
5) Véase Samuel Epstein, oncólogo, autor de The Breast Cancer Program, estremecedora investigación sobre el cáncer de mama en EE.UU.: Epstein sostiene con documentación y pruebas irrefutables que las grandes organiza-ciones estadounidenses del área; National Cancer Institute (NCI) y American Cancer Society (ACS) luchan por la detección precoz, no por la prevención porque ‘es más la gente que vive del cáncer que la que muere por él’.

Publicado en revista Futuros. https://revistafuturos.noblogs.org

(poesía) El dueño del mundo

Por raas
raas@riseup.net
24-03-2007

Yo, el dueño del mundo
decido desde ahora
y para siempre
que la tragedia será
pan y castigo, escasez y desolación;
que los peces, los mares
las plantas y la gente serán
extintos a mi anotojo.
Trabajarán para mi a destajo,
y los que sobren
desaparecerán por obra
y gracia de mis ejecutores:
los gobiernos del mundo.

Yo, el camaleón azul, verde,
rojo, marrón o amarillo
comandaré, como un viento negro y frío
el trabajo, mi espada favorita,
con su brillo esencial que
tragará mujeres y hombres,
agua, plata, oro, bosques,
sal, tierra, seda y bronce
mandaré a plantar cercos
y brutos seres con
bastones, botas y soberbia
les obsequiaré miseria legal
a cambio de todo;
su espíritu y voluntad.

Yo y solo yo seré rey y amo;
donde haya esperanza e ideas
esparciré opresión, silencio y paz,
con prensa, con astucia,
con garrote y seguidores fieles
agotaré y exprimiré todo lo
que a mi alcance esté.

Mi nombre es uno y todos
ascendí al trono de las mentes
para catapultarme al castillo
del odio y la amenaza.
Los que dictan leyes serán
mis intérpretes, los generales
mis marionetas; mi idioma
es universal y la pobreza,
mi salvación eterna.
Estoy sin ser, palpito sin latir
y muerdo sin dientes.

Oh, yo soy religión y obediencia
fantoche que camina observando.
Yo, el monstruo más temible,
estaré en todas partes;
habrá templos en mi nombre
donde la gente luchará y luchará
y yo siempre venceré…
Soy el verdugo y la cárcel,
la escuela y el banco,
el orden y el caos:
yo, el cementerio volátil.

No habrá sobre este mundo
Carta Magna que no me contemple
seré espurio y contagioso
senil y competitivo
confundiré a locos y sabios
trabajarán para mi,
matarán por mi, con la ciencia
motorizaré el gran plan.

No existirá lugar donde
no hablen de mi.
Las mujeres parirán
para darme más poder.
Yo, soy número y eficacia
control y matanza
suicidio y bonanza
ilusión y progreso.

Se elogiará la paz
a través de la guerra,
se firmarán pactos
que romperán para mi,
por propia decisión.
Yo fabrico armamento
y ofrezco libre albedrío.

Yo gobernaré con sangre
por los siglos de los siglos
y todos gritarán
a coro mi sinfonía, sin tregua.
No tengo secretos
porque lo oculto me pertenece,
las ánimas serán mi advertencia,
el desierto mi testigo,
el tiempo mi aliado.
La jerarquía daré para engañar
a idiotas y guerrilleros:
mi pirámide de cristal líquido
seducirá por doquier.

Hágase mi voluntad
porque yo seré grande y papel,
tintura y fábrica
omnívoro y terrestre.
No existo más allá del mundo,
no tengo terrenos en Marte,
mi poder es inerte en Júpiter,
pero aquí seré fuego, terremoto y agua…
No hay nada, yo seré todo.

HAARP: los ‘músicos’ que nos quieren hacer tocar el arpa

Desde hace unos años han recrudecido las notas que señalan algo tenebroso alrededor del proyecto HAARP, un engendro de los militares estaodunidenses para el control del clima con fines militares.

Por Luis E. Sabini Fernandez
luigi14@gmail.com

Las notas de quienes se han tomado el trabajo de recopilar elementos sobre el proyecto High-Frequency Active Aural Research (Programa de investigación activa de alta frecuencia de la aurora), que es a su vez parte del programa estratégico mayor, Guerra de las Estrellas, apuntan todas ellas a “preocupaciones”, indicios, atisbos, de semejante estrategia, que, faltos de pruebas de alguna concreción, se limitan a hacer un diagnóstico preocupante y a la vez quieren evitar presentar cargos que, sin verificación a la vista, puedan convertirse en flancos débiles a cualquier reacción. Por infundio, calumnia, etcétera.

“Nuestro” estimado Michel Chossudovsky (1) en un trabajo de 2005 ubica el origen de tales proyectos en 1992. (2) Otro estudioso del tema, Nick Begich, (3) en coaturía con Jeane Manning, en cambio, rastrea orígenes de estos planes en la década del 50, algo en lo que coincide el grupo-e en otra presentación reciente. (4)

Públicamente, como aclaran Begich y Manning en su trabajo, HAARP “da la impresión que se trata de un proyecto académico con el objetivo de modificar la ionosfera para mejorar la calidad de nuestras comunicaciones. Sin embargo, diversos documentos de origen militar expresan más claramente que el objetivo de HAARP es aprender a “explotar la ionosfera al servicio de los propósitos del Ministerio de Defensa [sic]”.
Lo cierto es que la Universidad Fairbanks, de Alaska, está empeñada en investigaciones de manipulación atmosférica sin precedentes desde los estallidos de las bombas atómicas.

Se estima que este programa, tan celosamente custodiado por los militares estadounidenses les permitiría proveerse de un tomógrafo cubriendo todo el planeta con el cual verificar a quien lo instrumente si hay o no proliferación nuclear, por ejemplo. Asimismo se podría rastrear aviones volando a muy bajo nivel o cruceros misilísticos, superando así las viejas formas de detección. El manejo de HAARP según sus titulares también habilitaría asegurar mejores y más amplias comunicaciones en áreas extremadamente extensas.
Pero ésas son las “actividades legales” o “a la vista” del proyecto. Para algunos científicos un uso desconsiderado de ondas electromagnéticas, incluidas en los proyectos HAARP, podría incluir cataclismos ambientales.

Antecedentes no faltan. Precisamente en vísperas de lo que cambió el estilo político del planeta con la “guerra al terrorismo” inaugurada en el WTC, el Weekly Telegraph en su edición (semanal) que salió el 5 de setiembre de 2001, reveló “un experimento que se había mantenido oculto en Inglaterra en 1952, y que luego de casi medio siglo salía a luz gracias a la puesta a disposición del público de información del estado hasta entonces confidencial”.
Un aguacero cayó entonces en una pequeña población del sur inglés, Lynmouth, “matando a 35 personas en una sola noche”. El artículo remata: “puede no haber sido un desastre natural”.

Los documentos oficiales hasta entonces confidenciales han permitido conocer planes de la RAF [Fuerza Aérea militar británica] para “precipitar precipitaciones” valga la cacofonía. Algo que las autoridades habían estado negando reiteradamente, pese a atisbos presentados por diferentes ex-miembros de la RAF.

El Ministerio de Defensa británico sostuvo tras lo publicado en el 2001 que no se pudo tratar de una tormenta inducida, y por lo tanto rehuyó toda responsabilidad por los 35 muertos, puesto que los estudios para modificar el clima no empezaron hasta 1954. En resumen: por un esguince cronológico de dos años, el gobierno excusaba toda responsabilidad pública, estatal… Dos años con el paso de las décadas parece una minucia, un esquive poco digno. Para remate, la BBC, al poner a luz los documentos antes secretos reveló que el Archivo Nacional británico se refería a experimentación e inducción climática… entre 1949 y 1955, lo cual es totalmente coherente con el comienzo de la Guerra Fría, pasada la cortísima primavera de posguerra. Tan enmarcados en la Guerra Fría estaban tales planes que en ellos se puede leer que la inducción de lluvias torrenciales estaba pensada “para entorpecer la marcha del enemigo” y ”para incrementar el cauce de los ríos e impedir su franqueo al enemigo” (programa radial de fines de agosto de 2001, BBC Radio 4, cit. p. Weekly Telegraph, ibíd.).

Para terminar con los esquives de responsabilidad institucional, el mismo artículo nos recuerda que a su vez el Science Monitor atribuye los primeros experimentos para desencadenar lluvia a la década de los ’40 en EE.UU. bajo el nombre “Project Cirrus”, conducido por General Electric y encabezado por Irving Langmuir, premio Nobel en Química del año 1932, un especialista en el estudio de las nubes, en la creación de aparatos de descarga de electrones, bombas de vacío, soldadura de hidrógeno atómico y en la producción artificial de lluvia…

Pero no se trata sólo de investigar cuán lejos se ha llegado con el proyecto HAARP, y desde cuánto tiempo se ha estado trabajando en ello. Se trata de ver la mentalidad dominante en las capas militares que procuraron adueñarse del planeta en 1945, que tuvieron un cierto eclipse, por empate al menos aparente de fuerzas con el bloque soviético durante la Guerra Fría, y que a partir de los ’90 otra vez se han sentido los amos indiscutidos, excluyentes.

En un período geopolíticamente similar a éste que estamos viviendo, de unipolaridad, que va de mediados de los 40 hasta comienzos de los ’50 (en 1952 la URSS detona su primera bomba de hidrógeno y se acaba la primacía que creían haber cosechado los estadounidenses para un largo período…), el mundo, igual que ahora, estaba pletórico de candidatos a confrontar con la hegemonía norteamericana. En aquel entonces, todavía “calientes” los planteos racistas (aunque erradicados del vocabulario, junto con la caída ignominiosa del nazismo), los militares se dedicaron a buscar armas étnicas, por ejemplo. De esa época son precisamente el Proyecto Cirrus y la Operación Cumulus.

La necedad y el racismo fueron tan consustanciales al militarismo estadounidense, que había entrevisto con la segunda posguerra el principio de su universalización, que gastaron millones en procurar rastraer virus o bacterias que dañaran a las razas “negra” o “amarilla” dejando indemnes a los blanquitos. Uno de esos proyectos se denominó “Who, me?” e imaginaba encontrar sustancias que vertidas al aire (en un aeropuerto, por ejemplo) hicieran que un chino o un jap despidieran un olor apestoso que por supuesto, presuponían, no iba a desprenderse de los cuerpos blancos. El proyecto, con cierta lógica, aunque también afortunadamente, no encontró las ansiadas sustancias, pero da cuenta de la mentalidad de los dueños del poder, mentalidad que por cierto perdura por encima, o debajo, de coyunturas polìticas o cambios epocales. Salió a luz cuando algunos de los experimentos militares terminaron con la vida de algún civil de los rociados en espacios públicos con sustancias de experimentación y sin aviso, es decir usando a su población como cobayos.1 Cuando los papeles confidenciales de aquella época salieron a luz, en la década de los ’80, se tuvo un panorama de la amplitud de las técnicas militares puestas al servicio de la preponderancia estadounidense.

También la soberbia caracterizó la estrategia militar norteamericana.
La ingeniería genética, por ejemplo, fue entrevista como la posibilidad inagotable de producir agentes patógenos irresistibles, mediante modificaciones genéticas que los hicieran irreconocibles a las defensas biológicas naturales, tradicionales o adquiridas mediante medicamentos. Hay frases que dan el sentido de esa aspiración al poder absoluto: “La ingeniería genética empuja el potencial de crear patógenos nuevos hasta el infinito”; “La barrera moral para la guerra biológica ha sido franqueada”, la primera pertenece a un “informe” del Depto. de Defensa [sic] de EE.UU., en general más conocidos, vaya uno a saber por qué, por sus funciones ofensivas, y la segunda, una escaramuza ética del director de la CIA de los ’80, suponemos que etólogo William Webster…
Los proyectos étnicos, así como los bioquímicos pertenecen exactamente a la misma época que el Proyecto Cirrus y la Operación Cumulus que hemos espigado.

Y es a la luz del modus operandi, sistémico, de los mandos militares estadounidenses que tenemos que juzgar la posibilidad, la probabilidad, la certeza de estrategias de dominio climático, de poder militar a través de modificaciones climáticas.
Integrar entonces los datos fraccionados que se conocen, como los que presentamos sucintamente, con esta estrategia o cosmovisión con aspiraciones al dominio planetario que ha caracterizado a la élite de EE.UU. y que, de alguna manera, ha tenido éxito en llevarla a cabo. Con las armas sofisticadas que estamos repasando, con las más tradicionales de los bombardeos o sencillamente con el poder cultural que han sabido diseminar en el mundo entero, al punto que hoy en día podemos hablar, mal que nos pese, de una americanization de, en mayor o menor medida, todas las sociedades humanas.

El antídoto está en nosotros. Conciencia, resistencia, forja de otros vínculos. No aceptar que un país sea doblegado mediante el clima. Como tampoco deberíamos aceptar que fuera doblegado por hambre o enfermedades, como el sur sahariano, o por los bombardeos, “convencionales” o nucleares. Perdimos con Irak. No deberíamos perder con Irán. El universo de los agresores debería ser conmovido por nuestra reacción: no se puede agredir impunemente y proseguir “como si nada”, la “vida cotidiana”. La de ellos, y la nuestra.

notas:
1) “Falsedades globales: como el BM y el PNUD distorsionan las nociones de pobreza planetaria”, futuros, nº 2, invierno 2001.
2) “La nueva «arma de destrucción masiva», manipulación del clima con fines militares”, Global Research, Canadá.
3) “The Military Pandora’s Box”, www.haarp.net
4) El proyecto HAARP o la tierra en peligro www.formarse.com.ar/conspiraciones/proyecto_haarp.htm

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