Para amar de nuevo

Recomendación: leer el poema con esta canción de fondo
http://www.youtube.com/watch?v=_x3PQ5QhMJs

para amar de nuevo –es tan obvio…
para amar de nuevo hay que abandonar el amor.

porque si el amor es una cadena como la que usás
para atar tu bicicleta a un poste de la calle
si es una faja de miss universo con su cetro de lentejuelas
si es un vestido que te ponés para ser la más linda de la fiesta
si es una manta con la que te abrigás de un frío
que viene de tus propios huesos helados
si es un toldo que te protege de la intemperie del mundo

entonces que se quiebre –mucho mejor ser náufraga

averiguá el color que tiene la vida cuando la caminás sin muletas
enriquecete de tu miseria personal hasta entender
que el amor quizás sea más un brillo del instante recreándose
paso a paso
que un territorio alambrado que heredaste

hasta que puedas confiar
en el pacto silencioso que se produce o no
se produce o no –más allá de cualquier cosa que pactemos

hasta que pierdas el vértigo y salgas un sábado a la noche
con las monedas para el bondi y un caramelo de menta en el bolsillo
y sientas el impulso de andar sin Guía-T
por lo imposible de una libertad-compartida

hasta que amarte sea la certeza de un abismo
donde los dos nos perdemos
porque siempre
siempre y para siempre desde el momento mismo
en que saltaste hacia mi boca como un suicida salta
de un décimo piso
siempre y para siempre
vamos a estar enamorados del reencuentro

Sol Fantín

fuente http://solfantinpoesia.blogspot.com

Los oídos de Dios

El general llegó a la provincia en su avión particular, se atusó el bigotito y sin perder un instante subió a los siete coches que lo llevaron directamente, junto con sus edecanes, a la vieja casona donde funcionaba la emisora local, en cuyos fondos un enorme gallo rojo y sus diez gallinas temían, aterrados, que los ilustres visitantes significasen cena de agasajo o sea degollación para ellos.

Las aves estaban allí porque las autoridades de la emisora, a petición del sereno, le habían permitido criarlas para compensar con su venta o consumo un sueldo tan estrecho, y el general, a la sazón presidente de la república, estaba allí porque iba a asistir a una transmisión en cadena, para toda América Latina, donde hablaría de su plan de gobierno para desarrollar a las provincias pobres.

Un par de horas antes de la llegada del presidente los servicios de seguridad husmearon por todos los rincones de la casa y le ordenaron al sereno que colocase en el patio una valla para evitar que las gallinas se metiesen en la sala de transmisión, como aquella vez, cuando en plena novela radial de la siesta se oyeron cacareos o aquella otra cuando el canto de un gallo trasnochado salió al éter introduciendo elementos corraleros en plena transmisión de un mensaje del obispo a todos los fieles de la diócesis.

Las diez de la mañana y ya treinta y nueve grados, rieguen los patios otra vez, mojen las paredes, escondan las gallinas por favor y traigan más ventiladores, decía el director de la emisora oyendo los pitidos nerviosos de los agentes de tráfico cortando la circulación y abriendo paso en todas las calles a los siete coches que traían al presidente y a su comitiva, los ayudantes de campo y los asesores en cuestiones de límites, el capellán con su hisopo lleno de agua listo para bendecir las nuevas instalaciones (regalo del presidente) que permitirían a partir de ahora que nuestra radio se oyese desde cualquier rincón del vasto mundo, según el adjetivo elegido por el jefe de locutores encargado de la transmisión especial vía satélite.

El cual lucía, anudada bajo la nuez, una corbata pajarita que se movía acusando cada una de sus palabras como en un lenguaje de sordomudos, mientras sudaba por un lado, a causa del calor, y tiritaba de frío por el otro, a causa del miedo a su primera entrevista con un presidente que tenía siete bigotes, o que venía en siete coches, ya no sabía ni lo que pensaba mientras oía, más aterrado que las gallinas en el corral del fondo, el chirrido de los frenos de los coches oficiales que llegaban, y los micrófonos conectados en cadena con todas las radios del mundo, tenga en cuenta, había dicho el director, que a partir de ahora hasta Su Santidad el Papa puede estar escuchando sus palabras, que no me salga ninguna gansada ni palabra gangosa ni saliva atravesada en la garganta madre mía.

El patio y la galería se llenaron de majestuosidades cuando entró el presidente con sus setenta guardaespaldas y el pecho empedrado de medallas. Los ventiladores del techo y las paredes de la sala de transmisión echaban chispas refrescando a la gente mientras el capellán rociaba con agua bendita las instalaciones y el gallo de los fondos de la casa saltaba sin dificultad sobre la valla sin que nadie lo viera y se mezclaba con guardaespaldas y edecanes.

Un gallo enorme, rojo, de estampa casi bíblica. Con esos ojos de guerrero asirio, esa cresta de gorro frigio, ese pico iridiscente. Con unas plumas del pecho donde las medallas del presidente hubiesen lucido de verdad, y esas patas escamosas y esos espolones por donde se asomaban remotos antepasados ínclitos. Con un cuello en cuya fragilidad todo el gallo se debilitaba y suavizaba para diluirse en plumas diminutas y nerviosas donde latía oculto el resplandor de los cuchillos. Avanzando sin saberlo, entre botas refulgentes, hacia un objetivo que ignoraba pero que lo atraía poderosamente.

—Señor —dijo el locutor ajustando el micrófono a la altura de los siete bigotes del presidente y pensando en los millones de oyentes que estarían escuchando sus palabras desde México hasta Tierra del Fuego, y en el Papa, medio sordo, pegando la oreja al aparato para no perder ni una sola palabra, y en los satélites espías norteamericanos que grababan sin perder ni una sílaba, era increíble la cantidad de sucesos casi simultáneos que pasaban por la mente del jefe de locutores con rapidez electrónica cuando sus labios todavía no habían abandonado la eñe de “señor” y se disponían a lanzarse desde allí hacia el final de la palabra mientras la corbata pajarita temblaba fielmente debajo de la nuez—, señor presidente por favor, el pueblo, qué digo, el mundo entero está esperando sus palabras esclarecedoras sobre las cuestiones más candentes, el hambre en el norte y en el sur, las cuestiones de límites por el este y el oeste, qué nos puede decir usted de estos momentos tan cruciales que vivimos.

El gallo, que se había detenido junto a las botas del presidente de la nación, saltó verticalmente y sin dejar de agitar las alas que le permitían mantenerse en el aire como un helicóptero se colocó entre la boca del general y el micrófono. La mirada que cruzaron el animal y el hombre fue un relámpago en el tiempo. Acabada la cual, el gallo, dirigiendo su pico hacia el micrófono, arrojó al éter la única palabra que su garganta y la forma de su pico le habían concedido desde hacía milenios, un kikiriki que venía desde el fondo de los tiempos pasando pro Biblias y Coranes, un kikiriki que millones de hogares escucharon como la esperada palabra del presidente.

Los edecanes sacaron sus sables y los guardaespaldas sus revólveres, pero el gallo ya había saltado la tapia que daba a la casa del vecino y nunca pudieron dar con él. El general se volvió airado hacia sus coches mientras el locutor, aterrado, hablaba de desperfectos técnicos y el canto del gallo abandonaba el ámbito provincial y con la velocidad de la luz ganaba los espacios.

Cuando el presidente abandonó el aeropuerto en su avión particular, el canto del gallo ya había abandonado la Tierra y tras rozar la Luna se dirigía hacia otros rumbos. Y el general no había llegado todavía a Buenos Aires cuando el kikiriki sabiamente modulado iba pasando junto a Júpiter coloso y poco después rozaba la octava luna de Saturno. Y esa noche no había acabado de dormirse el general cuando el canto del gallo estaba ya muy lejos de este rincón de la galaxia signado por el crimen y la muerte, en busca, en su condición de plegaria, de quien está dispuesto a escucharlo en otros mundos, pidiendo a quien sea salir de este degolladero.

Daniel Moyano *

extraído de El estuche de cocodrilo (1989).

Daniel Moyano (Buenos Aires, 1928, España, 1992), cuentista y novelista argentino.

fuente www.abanico.org.ar/2004/10/oidos.htm

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El genio de la multitud

Hay suficiente perfidia, odio, violencia y arbitrariedad en el ser humano
promedio como para suplir a cualquier ejército cualquier día.

Y los mejores en el asesinato son aquellos que predican en su contra
y los mejores odiando son aquellos que predican el amor
y los mejores en la guerra son finalmente aquellos que predican la paz.

Aquellos que predican a dios, necesitan a dios
aquellos que predican la paz no tienen paz
aquellos que predican la paz no tienen amor.

Cuidado con los predicadores
cuidado con los sabiondos
cuidado con aquellos que siempre están leyendo libros
cuidado tanto con aquellos que detestan la pobreza
como con aquellos que se enorgullecen de ella
cuidado con aquellos que fácilmente hacen elogios
porque necesitan elogios a cambio
cuidado con aquellos que fácilmente censuran
están asustados de lo que no conocen
cuidado con los que buscan constantemente las multitudes porque
no son nada estando solos
cuidado con el hombre promedio con la mujer promedio
cuidado con su amor, su amor es promedio
busca lo promedio.

Pero hay un genio en su odio
hay suficiente genio en su odio como para matarte
como para matar a quien sea
no queriendo la soledad
no entendiendo la soledad
intentarán destruir cualquier cosa
que difiera de ellos
no siendo capaces de crear arte
no entenderán el arte
tomarán su fracaso como creadores
sólo como un fracaso del mundo
no siendo capaces de amar completamente
creerán que tu amor es incompleto
y entonces te odiarán
y su odio será perfecto.

Como un diamente reluciente
como un cuchillo
como una montaña
como un tigre
como una cicuta.

Su arte más refinado.

Charles Bukowski

fuente http://elgrancharlesbukowski.blogspot.com

La milenaria guerra de Cómo y Por-qué

El bárbaro y sanguinario Cómo reina hace por lo menos 2500 años. O más. No podemos precisarlo. Es cierto que Por-qué ha bajado a la tierra algunas veces, pero ha debido retirarse luego de sacrificar a quienes lo encarnaron por un tiempo.

A través de la historia, Por-qué, el dios Primero -el que conocen los niños y al que luego aprenden a olvidar- ha sido el subversivo por excelencia. Hace mucho tiempo, las escuelas y las universidades emprendieron una carrera enloquecida en beneficio de Cómo, mientras Por-qué fue relegado sistemáticamente a los márgenes ilegales de la filosofía y la inmoralidad.

En la política y en el pensamiento colectivo -ese que se jacta de su pragmatismo y de no perder su tiempo filosofando inútilmente-, desde la práctica más humilde hasta aquella otra que dicta los destinos del mundo, se ha decretado que el problema de la humanidad consiste en resolver el Cómo.

Tomemos, por ejemplo, el mayor tabú y el mayor paradigma de nuestros tiempos: el terrorismo. Todos -absolutamente todos- los esfuerzos intelectuales del mundo “decente” están concentrados en resolver cómo combatirlo. Los discursos son unánimes. Aún aquellos que están en lucha dialéctica están de acuerdo en resolver el Cómo. Todos estamos en contra de eso que casi todos entendemos por “terrorismo”. Pero ¿cuántos están preocupados en responder ¿por qué existe eso que llamamos terrorismo? Cada vez que baja Por-qué a la tierra es una amenaza a la seguridad. Si el debate mundial se centrara no en el Cómo sino en el Por-qué, seguramente habría que comenzar por definir con más claridad los límites del significado del término “terrorista”. Lo cual es, claro, peligroso. Muchos arrogantes insospechados caerían dentro de la misma bolsa. Muchos amigos y “adversarios” serían igualmente identificados con el mismo término.

Por lo tanto, cuando esto ocurre, se debe recurrir nuevamente a Cómo, con desesperación, para que desplace la incómoda voz de Por-qué. El cómo es una especialidad de Cómo: a Por-qué se lo neutraliza y se destruye identificándolo con el tabú, con el antiparadigma, con el peligro… Sacrificado Por-qué, una vez más, Cómo otorga sus medallas de moralismo patriota a sus ciegos servidores. Y el orgullo del guerrero eyacula, una vez más. Porque el Cómo -en términos psicoanalíticos- es eso: matar, eyacular y morir.

Sin embargo, y pese a todas estas tragedias humanas, gran parte de la resolución del Cómo radica en la correcta respuesta del Por-qué. Pero si alguien se atreviese a lanzar al viento semejante pregunta, sería etiquetado como una amenaza. Incluso, correría el serio riesgo de ser etiquetado de -ya que estamos- “terrorista”.

Pero ¿por qué el Por-qué es siempre subversivo?

Si estoy ante las respuestas de un adversario dialéctico siempre podré defenderme más fácilmente: me defenderé con mis propias respuestas. Una parte importante de una defensa consiste en identificar con claridad al adversario -no digamos “enemigo”, no echemos leña a esa hoguera de radicalizaciones genocidas-. En ese caso, sabré qué debo enfrentar y, probablemente, ya conozca mis propias respuestas de antemano.

Pero ¿qué ocurriría si mi adversario en lugar de lanzarme sus respuestas comenzara a interrogarme sobre los Por-qué de mis seguridades? Seguramente, y sobre todo si mis convicciones están fundamentadas en el barro, como es casi la norma, cada una de mis lanzas dialécticas se quebrarían en el aire, mi edificio ideológico comenzaría a crujir. ¿Por qué? Porque el mundo moderno ha entrenado hombres y mujeres obsesionados con el Cómo: cómo tener éxito, cómo hacer lo que la sociedad espera de nosotros, cómo derrotar a nuestros adversarios, cómo inventar enemigos, cómo y cómo. El Cómo es siempre combativo, guerrero, no tiene paz; al Por-qué no le interesa el triunfo ni la derrota, sino la verdad. Pero ¿a quién le importa la verdad? Al Cómo sólo le importa la verdad si le es útil; si le resulta una amenaza, simplemente se inventa otra verdad a su medida. Él siempre sabe cómo. Pero si reapareciera Por-qué en nuestras sociedades, seguramente la mayoría de las sólidas estructuras que brillan con orgullo en nuestro mundo comenzarían a crujir. Entonces atraparemos a Por-qué, como antes atrapamos a Sócrates y a Cristo, y lo sentenciaremos a muerte. ¿Por qué? Por hacer demasiadas preguntas, por preguntarse y por preguntarnos Por-qué en lugar de preocuparse del dios Cómo.

Un hombre inteligente sabe Cómo, pero sólo el sabio sabe Por-qué. Saber Cómo es saber imponer una respuesta, pero saber Por-qué es saber formularse a tiempo la pregunta. No necesitas gritar ni levantar la voz; sólo pregunta con calma y en voz baja -¿por qué?.

Jorge Majfud
1-6-2004

fuente www.voltairenet.org/La-milenaria-guerra-de-Como-y-Por

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Rawan

Rawan
era una refugiada
porque ya no le quedaban paredes
ni techo
ni casa

Rawan
era unos ojos negros
porque la vida
se los había teñido
de muerte

Rawan
era palestina
porque las fronteras parcelan el hambre
alentando
el exterminio

Rawan
era dos balazos
porque sus pies en la mira
caminaron la calle
del verdugo

Rawan
era una golosina en el puño
porque la ilusión
puede más
que la sangre

Rawan Abu Zeid
tenía tres años

Jamás supo lo que era un misíl
ni abrió fuego contra nadie

Hamas o Likud
Palestina o Israel
Árabes o Judíos
Y entre los dos la bestia
siempre insatisfecha
del Imperio

Hoy vuelve a hablar la voz del abuelo y dice:
“ALA AKBAR”
y si existe..
no está ni con los unos
ni con los otros

porque
es otro charco rojo
en el suelo

de nadie

rOjAmheL

fuente http://www.poesiasalvaje.org/fuego

La lotería de Babilonia

Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles. Miren: a mi mano derecha le falta el índice.

Miren: por este desgarrón de la capa se ve en mi estómago un tatuaje bermejo; es el segundo símbolo, Beth. Esta letra, en las noches de luna llena, me confiere poder sobre los hombres cuya marca es Ghimel, pero me subordina a los de Aleph, que en las noches sin luna deben obediencia a los de Ghimel. En el crepúsculo del alba, en un sótano, he yugulado ante una piedra negra toros sagrados. Durante un año de la luna, he sido declarado invisible: gritaba y no me respondían, robaba el pan y no me decapitaban. He conocido lo que ignoran los griegos: la incertidumbre. En una cámara de bronce, ante el pañuelo silencioso del estrangulador, la esperanza me ha sido fiel; en el río de los deleites, el pánico. Heráclides Póntico refiere con admiración que Pitágoras recordaba haber sido Pirro y antes Euforbo y antes algún otro mortal; para recordar vicisitudes análogas yo no preciso recurrir a la muerte ni aún a la impostura.

Debo esa variedad casi atroz a una institución que otras repúblicas ignoran o que obra en ellas de modo imperfecto y secreto: la lotería. No he indagado su historia; sé que los magos no logran ponerse de acuerdo; sé de sus poderosos propósitos lo que puede saber de la luna el hombre no versado en astrología. Soy de un país vertiginoso donde la lotería es parte principal de la realidad: hasta el día de hoy, he pensado tan poco en ella como en la conducta de los dioses indescifrables o de mi corazón. Ahora, lejos de Babilonia y de sus queridas costumbres, pienso con algún asombro en la lotería y en las conjeturas blasfemas que en el crepúsculo murmuran los hombres velados.

Mi padre refería que antiguamente ¿cuestión de siglos, de años? la lotería en Babilonia era un juego de carácter plebeyo. Refería (ignoro si con verdad) que los barberos despachaban por monedas de cobre rectángulos de hueso o de pergamino adornados de símbolos. En pleno día se verificaba un sorteo: los agraciados recibían, sin otra corroboración del azar, monedas acuñadas de plata. El procedimiento era elemental, como ven ustedes.

Naturalmente, esas «loterías» fracasaron. Su virtud moral era nula. No se dirigían a todas las facultades del hombre: únicamente a su esperanza. Ante la indiferencia pública, los mercaderes que fundaron esas loterías venales, comenzaron a perder el dinero. Alguien ensayó una reforma: la interpolación de unas pocas suertes adversas en el censo de números favorables. Mediante esa reforma, los compradores de rectángulos numerados corrían el doble albur de ganar una suma y de pagar una multa a veces cuantiosa. Ese leve peligro (por cada treinta números favorables había un número aciago) despertó, como es natural, el interés del público. Los babilonios se entregaron al juego. El que no adquiría suertes era considerado un pusilánime, un apocado. Con el tiempo, ese desdén justificado se duplicó. Era despreciado el que no jugaba, pero también eran despreciados los perdedores que abonaban la multa. La Compañía (así empezó a llamársela entonces) tuvo que velar por los ganadores, que no podían cobrar los premios si faltaba en las cajas el importe casi total de las multas. Entabló una demanda a los perdedores: el juez los condenó a pagar la multa original y las costas o a unos días de cárcel. Todos optaron por la cárcel, para defraudar a la Compañía. De esa bravata de unos pocos nace el todo poder de la Compañía: su valor eclesiástico, metafísico.

Poco después, los informes de los sorteos omitieron las enumeraciones de multas y se limitaron a publicar los días de prisión que designaba cada número adverso. Ese laconismo, casi inadvertido en su tiempo, fue de importancia capital. Fue la primera aparición en la lotería de «elementos no pecuniarios». El éxito fue grande. Instada por los jugadores, la Compañía se vio precisada a aumentar los números adversos.

Nadie ignora que el pueblo de Babilonia es muy devoto de la lógica, y aun de la simetría. Era incoherente que los números faustos se computaran en redondas monedas y los infaustos en días y noches de cárcel. Algunos moralistas razonaron que la posesión de monedas no siempre determina la felicidad y que otras formas de la dicha son quizá más directas.

Otra inquietud cundía en los barrios bajos. Los miembros del colegio sacerdotal multiplicaban las puestas y gozaban de todas las vicisitudes del terror y de la esperanza; los pobres (con envidia razonable o inevitable) se sabían excluidos de ese vaivén, notoriamente delicioso. El justo anhelo de que todos, pobres y ricos, participasen por igual en la lotería, inspiró una indignada agitación, cuya memoria no han desdibujado los años. Algunos obstinados no comprendieron (o simularon no comprender) que se trataba de un orden nuevo, de una etapa histórica necesaria… Un esclavo robó un billete carmesí, que en el sorteo lo hizo acreedor a que le quemaran la lengua. El código fijaba esa misma pena para el que robaba un billete. Algunos babilonios argumentaban que merecía el hierro candente, en su calidad de ladrón; otros, magnánimos, que el verdugo debía aplicárselo porque así lo había determinado el azar… Hubo disturbios, hubo efusiones lamentables de sangre; pero la gente babilónica impuso finalmente su voluntad, contra la oposición de los ricos.

El pueblo consiguió con plenitud sus fines generosos. En primer término, logró que la Compañía aceptara la suma del poder público. (Esa unificación era necesaria, dada la vastedad y complejidad de las nuevas operaciones.) En segundo término, logró que la lotería fuera secreta, gratuita y general. Quedó abolida la venta mercenaria de suertes. Ya iniciado en los misterios de Bel, todo hombre libre automáticamente participaba en los sorteos sagrados, que se efectuaban en los laberintos del dios cada sesenta noches y que determinaban su destino hasta el otro ejercicio. Las consecuencias eran incalculables. Una jugada feliz podía motivar su elevación al concilio de magos o la prisión de un enemigo (notorio o íntimo) o el encontrar, en la pacífica tiniebla del cuarto, la mujer que empieza a inquietarnos o que no esperábamos reveer; una jugada adversa: la mutilación, la variada infamia, la muerte. A veces un solo hecho -el tabernario asesinato de C, la apoteosis misteriosa de B- era la solución genial de treinta o cuarenta sorteos. Combinar las jugadas era difícil; pero hay que recordar que los individuos de la Compañía eran (y son) todopoderosos y astutos.

En muchos casos, el conocimiento de que ciertas felicidades eran simple fábrica del azar  hubiera aminorado su virtud; para eludir ese inconveniente, los agentes de la Compañía usaban de las sugestiones y de la magia. Sus pasos, sus manejos, eran secretos. Para indagar las íntimas esperanzas y los íntimos terrores de cada cual, disponían de astrólogos y de espías. Había ciertos leones de piedra, había una letrina sagrada llamada Qaphqa, había unas grietas en un polvoriento acueducto que, según opinión general, daban a la Compañía; las personas malignas o benévolas depositaban delaciones en esos sitios. Un archivo alfabético recogía esas noticias de variable veracidad.

Increíblemente, no faltaron murmuraciones. La Compañía, con su discreción habitual, no replicó directamente. Prefirió borrajear en los escombros de una fábrica de caretas un argumento breve, que ahora figura en las escrituras sagradas. Esa pieza doctrinal observaba que la lotería es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo. Observaba asimismo que esos leones y ese recipiente sagrado, aunque no desautorizados por la Compañía (que no renunciaba al derecho de consultarlos), funcionaban sin garantía oficial.

Esa declaración apaciguó las inquietudes públicas. También produjo otros efectos, acaso no previstos por el autor. Modificó hondamente el espíritu y las operaciones de la Compañía. Poco tiempo me queda; nos avisan que la nave está por zarpar; pero trataré de explicarlo. Por inverosímil que sea, nadie había ensayado hasta entonces una teoría general de los juegos. El babilonio es poco especulativo. Acata los dictámenes del azar, les entrega su vida, su esperanza, su terror pánico, pero no se le ocurre investigar sus leyes laberínticas, ni las esferas giratorias que lo revelan. Sin embargo, la declaración oficiosa que he mencionado inspiró muchas discusiones de carácter jurídico-matemático. De alguna de ellas nació la conjetura siguiente: Si la lotería es una intensificación del azar, una periódica infusión del caos en el cosmos ¿no convendría que el azar interviniera en todas las etapas del sorteo y no en una sola? ¿No es irrisorio que el azar dicte la muerte de alguien y que las circunstancias de esa muerte -la reserva, la publicidad, el plazo de una hora o de un siglo- no estén sujetas al azar? Esos escrúpulos tan justos provocaron al fin una considerable reforma, cuyas complejidades (agravadas por un ejercicio de siglos) no entienden sino algunos especialistas; pero que intentaré resumir, siquiera de modo simbólico.

Imaginemos un primer sorteo, que dicta la muerte de un hombre. Para su cumplimiento se procede a un otro sorteo, que propone (digamos) nueve ejecutores posibles. De esos ejecutores, cuatro pueden iniciar un tercer sorteo que dirá el nombre del verdugo, dos pueden reemplazar la orden adversa por una orden feliz (el encuentro de un tesoro, digamos), otro exacerbará la muerte (es decir la hará infame o la enriquecerá de torturas), otros pueden negarse a cumplirla… Tal es el esquema simbólico. En la realidad el número de sorteos es infinito. Ninguna decisión es final, todas se ramifican en otras. Los ignorantes suponen que infinitos sorteos requieren un tiempo infinito; en realidad basta que el tiempo sea infinitamente subdivisible, como lo enseña la famosa parábola del Certamen con la Tortuga. Esa infinitud condice de admirable manera con los sinuosos números del Azar y con el Arquetipo Celestial de la Lotería, que adoran los platónicos…

Algún eco deforme de nuestros ritos parece haber retumbado en el Tíber: Ello Lampridio, en la Vida de Antonino Heliogábalo, refiere que este emperador escribía en conchas las suertes que destinaba a los convidados, de manera que uno recibía diez libras de oro y otro diez moscas, diez lirones, diez osos. Es lícito recordar que Heliogábalo se educó en el Asia Menor, entre los sacerdotes del dios epónimo. También hay sorteos impersonales, de propósito indefinido: uno decreta que se arroje a las aguas del Eufrates un zafiro de Taprobana; otro, que desde el techo de una torre se suelte un pájaro; otro, que cada siglo se retire (o se añada) un gramo de arena de los innumerables que hay en la playa. Las consecuencias son, a veces, terribles. Bajo el influjo bienhechor de la Compañía, nuestras costumbres están saturadas de azar. El comprador de una docena de ánforas de vino damasceno no se maravillará si una de ellas encierra un talismán o una víbora; el escribano que redacta un contrato no deja casi nunca de introducir algún dato erróneo; yo mismo, en esta apresurada declaración he falseado algún esplendor, alguna atrocidad. Quizá, también, alguna misteriosa monotonía… Nuestros historiadores, que son los más perspicaces del orbe, han inventado un método para corregir el azar; es fama que las operaciones de ese método son (en general) fidedignas; aunque, naturalmente, no se divulgan sin alguna dosis de engaño. Por lo demás, nada tan contaminado de ficción como la historia de la Compañía…

Un documento paleográfico, exhumado en un templo, puede ser obra del sorteo de ayer o de un sorteo secular. No se publica un libro sin alguna divergencia entre cada uno de los ejemplares. Los escribas prestan juramento secreto de omitir, de interpolar, de variar. También se ejerce la mentira indirecta.

La Compañía, con modestia divina, elude toda publicidad. Sus agentes, como es natural, son secretos; las órdenes que imparte continuamente (quizá incesantemente) no difieren de las que prodigan los impostores. Además ¿quién podrá jactarse de ser un mero impostor? El ebrio que improvisa un mandato absurdo, el soñador que se despierta de golpe y ahoga con las manos a la mujer que duerme a su lado ¿no ejecutan, acaso, una secreta decisión de la Compañía? Ese funcionamiento silencioso, comparable al de Dios, provoca toda suerte de conjeturas. Alguna abominablemente insinúa que hace ya siglos que no existe la Compañía y que el sacro desorden de nuestras vidas es puramente hereditario, tradicional; otra la juzga eterna y enseña que perdurará hasta la última noche, cuando el último dios anonade el mundo. Otra declara que la Compañía es omnipotente, pero que sólo influye en cosas minúsculas: en el grito de un pájaro, en los matices de la herrumbre y del polvo, en los entresueños del alba. Otra, por boca de heresiarcas enmascarados, que no ha existido nunca y no existirá. Otra, no menos vil, razona que es indiferente afirmar o negar la realidad de la tenebrosa corporación, porque Babilonia no es otra cosa que un infinito juego de azares. Fin

Jorge Luis Borges
1974

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Facundo Cabral: un autista que hizo historia con su guitarra

Facundo Cabral, juglar de la canción popular argentina, tuvo una vida marcada por el abandono, la pobreza y el dolor, a los que se sobrepuso con una “fuerza espiritual” que fue además motor de su arte y de su mensaje a favor de la paz y la vida.

“Soy un vagabundo first class”, se definió Cabral hace unos pocos meses, en una de sus últimas entrevistas, en la que señaló que de él “no se podía esperar nada” y finalmente tuvo una “vida extraordinaria”.

Esa vida, que se apagó hoy de una forma trágica y violenta en Guatemala, comenzó el 22 de mayo de 1937 en la ciudad bonaerense de La Plata, en el seno de una familia marcada por el abandono de su padre, Rodolfo, cuando Cabral aún estaba en el vientre de su madre.

“Soy un tipo de suerte”, dijo el artista, al relatar que él y dos hermanos son sobrevivientes de un total de siete hijos que tuvo su madre, Sara, quien sola, acosada por la pobreza, resolvió mudarse a Tierra del Fuego, en el extremo sur de Argentina.

Fue autista, según dijo

Autista, según reveló alguna vez el propio artista, Cabral dijo su primera palabra a los 6 años, al pronunciar el nombre de su madre.

Volvió a hablar a los 9, cuando detuvo el auto oficial que trasladaba al entonces presidente Juan Domingo Perón, le preguntó si había trabajo y la esposa del mandatario, Evita, se alegró de que “por fin” alguien pidiera empleo y no limosna y ordenó a los suyos que le dieran un trabajo a Sara.

Así, la familia se traslada a la ciudad bonaerense de Tandil, donde Cabral, mientras trabaja como peón rural, toma contacto con la música folclórica, pero también con el alcohol y la delincuencia.

Estuvo en un reformatorio

Por robar, es enviado a un reformatorio, donde, gracias a un jesuita, mitiga su comportamiento violento entre los libros de una biblioteca.

Finalmente se escapa y se produce el mítico encuentro con Simón, un vagabundo que le hizo descubrir a Dios al recitarle el Sermón de la Montaña y, además, dar el empujón inicial a su carrera musical pues aquella experiencia epifánica le movió a componer su primera canción “Vuele bajo”, una canción de cuna.

Con su guitarra al hombro, pocos años después, se mudó a la turística ciudad bonaerense de Mar del Plata, donde el dueño de un hotel le dio la oportunidad de cantar en público por primera vez.

Su fama se consagra en 1970

Se consagró en 1970 con “No soy de aquí, ni soy de allá”, canción mundialmente famosa.

Predicador del “cristianismo ecuménico”, a Cabral se lo escuchó incansablemente hablar de Jesucristo, de Gandhi y de la Madre Teresa de Calcuta.

Cabral relató que una vez le preguntaron a la beata si tenía amigos artistas, en referencia al cantautor argentino, ella respondió: “El no es artista. Es un testigo. Es un testimonio de lo que puede hacer Dios con tu vida si te dejas llevar por Él”.

Además de su mensaje espiritual, sus canciones se caracterizaron por un tono de crítica social y protesta, rasgo este último por el que se vio obligado a exiliarse en 1976, con el advenimiento de la dictadura militar que gobernó Argentina hasta 1983.

Fue un exiliado

Exiliado en México, siguió con su carrera musical. A los 40 años, conoció en Nueva York al “amor de su vida”, una joven veinte años menor que él con la que tuvo una hija. Ambas murieron en un accidente de avión.

Abatido por la tragedia, fue precisamente la Madre Teresa quien le sacudió preguntándole “Facundo, ¿dónde vas a poner el amor que te va a sobrar?”, y así se lo llevó a bañar leprosos a Calcuta.

En 1984, regresó a Argentina para ser profeta en su tierra, vendiendo discos y llenando teatros y estadios.

Hombre de mil anécdotas, de vida intensa, vivía desde hace algunos años en un hotel de Buenos Aires, ya casi ciego, pero sin dejar de crear y comunicar su arte.

Grabó decenas de discos y escribió varios libros, una decena de ellos editados, entre ellos “Borges y yo”, donde repasa sus diálogos con el célebre escritor argentino.

Declarado por la Unesco “Mensajero mundial de la paz” y nominado al Nobel de la Paz en 2008, Cabral murió paradójicamente víctima de una atroz violencia, a la que no le tenía miedo.

“Si estás poblado de amor no podés tener miedo porque el amor es valentía. Yo me crié en la violencia, con siete hermanos, nueve años en el desierto y cuatro de ellos murieron de hambre y de frío. Me crié con la violencia, luego la dictadura, el abandono de mi padre”, dijo Cabral el año pasado, en un entrevista en México, cuando le preguntaron si no tenía miedo de actuar allí.

(Con información de EFE)

fuente www.cubadebate.cu

Descargar uno de sus monólogos aquí

Bicicletas voladoras

Cuando choquen los planetas y el mundo se termine, sólo quedará una manera de escapar: la bicicleta.

Sobre dos ruedas y pedaleando fuerte se podrá llegar más lejos que las balas y las esquirlas nucleares. Más allá de las plagas, los gritos de horror y las nevadas de ceniza. Y si los planetas no chocan y el mundo no se acaba, quedará siempre, también, una forma de fugarse en bicicleta. Como no hace ruido y sabe esfumarse a tiempo, nadie lo va a notar. En silencio y suavemente, como las hadas y los gatos, los hombres y mujeres libres se podrán alejar del calor y la tristeza sin ensuciar el alma ni el ambiente. Y así va a ser posible para todos llegar sin prisa y sin pausa a cualquier punto de la tierra.

Como duendes burlones y obstinados los ciclistas van dejando atrás a los autos empantanados, a los aviones que estallan como globos en el aire, a los grandes y pesados camiones y a las naves espaciales. Los poderosos les temen cada vez más. Los agentes de tránsito no saben cómo hacer para contenerlos. Unos y otros aceptan resignados que si alguna cosa está fuera del nuevo orden mundial, eso es la bicicleta.

Leonardo da Vinci la dibujó hace cinco siglos en un instante de inspiración suprema. Desde entonces hasta hoy evolucionó tan vertiginosamente que pronto va a convertirse en una metáfora de sí misma. Ya no pesa casi nada, es veloz, es refinada, y un día va a volar, como lo anticipó el poeta José Pedroni. Montados en esa máquina secreta y sutil, los ciclistas se han convertido en los últimos anarquistas de este siglo. Circulando a contramano, pasando la luz roja, sobre la vereda, por caminos de tierra o sobre arenas lunares, ellos niegan una y otra vez las leyes del sistema y superan todos los esquemas conocidos en materia de libre albedrío.

Aun admitiendo que esa extraordinaria ubicuidad tiene sus riesgos, ellos suponen, a la manera de las viejas vanguardias, que no existe ninguna corriente avanzada en el mundo que pueda imponer sus postulados sin sufrir bajas ni derrotas. Y que en cualquier caso hay que seguir pedaleando sin pausa hasta la victoria final.

La tarea no es fácil. Los hombres se han aburguesado y se encapsulan en autos, colectivos, subtes y ascensores. Lejos del viento, del sol y las estrellas fueron ganados para una existencia oscura, burocrática y carente de emoción. Los arrogantes defensores de la autopista global lograron por ahora implantar el encierro y el transporte de mercado  como un modo de vida único y excluyente. Pero no será por mucho tiempo. Las bicicletas volverán, volarán y serán millones.

Luis Gruss

fuente www.argentina.indymedia.org/news/2011/06/784545.php

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Usted es un negro de mierda

Pase y vea señora

Negros aceitosos, gordos adiposos y raquíticos minusválidos; judíos rancios e indigentes mugrientos y condenados; bolitas hediondos y paraguas come naranjas; travestis, lesbianas, homosexuales en general; pobres cieguitos, sordos de mierda, rengos hijos de puta. En fin: todo aquel que se sienta, al menos en una parte, diferente a las personas normales y bien hechas, absténgase de continuar con el siguiente texto.

-¡Qué barbaridad! ¡ Qué atropello! ¡Que degeneración humana ha de ser quien dice esto! ¡Pero que descarado!… mi Dios– Suena el timbre y la señora desiste la lectura para abrir la puerta de calle.
-¿Tiene algo?- Un nene la mira desde lo bajo con ojos de cachorro.
-Si, mi vida, esperá- doña vuelve a la cocina y manotea un paquete de galletitas de agua del estante.
-Tomá. Pero te lo comés vos solito ¿eh?.- Le apoya una mano en la cabeza y acaricia uno de sus mechones grasientos con la seguridad de quien acaricia por primera vez un perro desconocido. Después cierra y se va adentro para ver la tele. Algo le hace ruido en la nuca: ese chico era rubio y de ojos azules, qué extraño. Pero está segura: de haber sido morocho no hubiera dudado en hacer la misma caridad. Faltaba más… una creyente acérrima como ella… Envalentonada por su bondad y por sus propios pensamientos antirracistas cambia de idea. Apaga el noticiero y le vuelve a hacer frente a la lectura.

¿Se decidió a seguir?, entonces escuche. No hay nada como poder dormir con la conciencia tranquila ¿O no?. Nadie descansa mejor que el buen ciudadano, que apoya el noble parietal sobre la mullida almohada para recomponer las fatigas de su benevolente espíritu.
Seguro. Usted es una persona que dice no ser ni más ni menos que cualquier otra. Seguro. Usted venera la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Seguro. Usted está en contra de cualquier clase de sometimiento a la especie que pertenece. Seguro. Usted, cada vez que puede, hace el bien; por eso no duda en soltar una moneda en cada ocasión que un negrito se avasalla contra su motorizada propiedad privada para limpiarle el parabrisas en algún semáforo; usted siempre suelta una chirola, por más que eso le rompa soberanamente las pelotas; por más que, en algún rincón, sienta un completo rechazo y un escalofrío en la médula por el sólo hecho de tener esos seres en harapos en las cercanías de su coche.

Por suerte existe el vil metal, que es el ente regulador por excelencia de la condición humana. Pensar que una simple moneda sirve para mantener la distancia divina y necesaria entre dos mundos que por fortuna son irreconciliables. Entonces usted sigue su camino con la convicción de que el universo es un lugar algo mejor ahora que su bondad ha intervenido con cara de moneda de cinco; y esa caras polvorientas, de narices con mocos sucios, vuelven a esperar el próximo semáforo para establecer un nuevo contacto con el paraíso celeste de los filántropos. Cada hormiga a su hormiguero.

Doña se rasca la cabeza y sus pupilas revolotean y brillan como bicho de luz. Y otra vez el timbre. Otro nene, éste más acorde con el villero prototipo. Por supuesto no escapó al examen exhaustivo: morochazo. Manchas blancuzcas en la piel, carcomida por los hongos contagiados por vaya a saberse qué perro. Mocos más verdes de lo común amenazando con rozar la boca. Labios sucios matizados con una sustancia mezcla de tierra y saliva. Mismos ojos de cachorro que el anterior, mismo pedido. A este no se lo acaricia.
La señora va adentro y vuelve con otro paquete.

– Es el último que les doy ¿eh?. Ya le di uno hoy al otro nene.- Como si los cuerpos y las almas del hambre fueran uno sólo y todos dieran igual.
Doña hecha llave y cerrojo a la puerta. Otra vez a la lectura.

A la mierda. La empalagosa compasión, ese es el problema, o al menos es el manto de estupidez que impide llamar a las cosas por su nombre. Y a la cosa, en este caso, solo se la puede llamar de una forma: racismo. Así como suena: encolerizado, cobarde, enfermizo y agazapado ra – cis – mo. Palabra en desuso y que suena hasta idiota cuando se la pronuncia.

Racismo: serpiente ponzoñosa que se atraganta y envenena con su propia lengua bífida. Monstruo de dos cabezas voraces que se devoran mutuamente. La primera, madre de la segunda, es el miedo personal o grupal motivado en lo que el otro o los otros representan; es el temor a la perdida de determinado bien, status o condición a manos de supuestos despreciables. La segunda, engendrada como encubrimiento de la primera, es la necesidad de creerse y justificarse superior y distinto; es el dividir las aguas, marcar territorio, establecer que las diferencias existen y son inconciliables. Es degradar por temor a ser degradado. Es soltar la moneda con misericordia.

Pocas veces se manifiesta a lo que se teme. De no ser así sería común escuchar: “Estos bolivianos de mierda tienen más conciencia del laburo que yo”, o “escondé el reloj, este morocho seguro que te lo afana”, o, “No soporto estar al lado de este puto” ,o, “judío tacaño, hijo de puta y cagador”

La degradación y la conciencia de superioridad aparecen como moscas en la bosta en el “¡qué lo parió, estos bolitas de mierda nos invaden el país!”, o, “ahí viene un negro, mejor le doy veinticinco centavos así se va”; o en el odio exacerbado del homofóbico que no se anima a asumir su propia homosexualidad, o en el desprecio pseudo-nazi hacia la sapiencia y laboriosidad del pueblo judío.
El racismo es eso: tiritar de miedo y enfundarse en un traje de soberbia y supremacía para disimularlo.

Doña golpea la mesa con vehemencia y dice que es mentira, que el racismo ya pasó, que el racismo era algo así como la lucha entre los blancos y los negros.
Pero fíjese bien señora, que tal vez la cosa se ha hecho un poco más compleja. Pensemos en esto, un minúsculo ejemplo de la estupidez que vomitamos sin siquiera darnos cuenta: la siempre tan útil y cómoda expresión “negro de mierda” no hace referencia singular al de piel morena, sino que derivó a tal punto que, hoy, se usa para nombrar a toda aquella persona que se haya comportado o actuado de forma vil o reprochable. El ser negro está referido implícitamente en el significado de la expresión. En criollo: ser negro es ser una basura.

Aunque por decir “negro de mierda” una y otra vez no se va a ser ni mejor ni peor ciudadano. Las palabras no son de temer y hay que aceptar los reveses lingüísticos. Por eso acúñese el término e impleménteselo a discreción. Llámese “negro de mierda” a todo aquel que haya tenido una actitud o conducta estúpida y despreciable. En fin, llámese “negro de mierda” a todo aquel que se sintió plenamente autorizado a seguir adelante después de haber leído las primeras líneas de este texto.

Leandro N. Moreno
ln_moreno@hotmail.com
2005

fuente www.argentina.indymedia.org/news/2005/02/263901.php

Ahora somos verdes

Aunque no lo creas, en los tiempos del abuelo, muchas personas torturaban a los canarios encerrándolos en pequeñas jaulas que colgaban en sus propias casas. Otros mataban a piedrazos a los pajaritos, tirándoles con una honda, porque sí, por desprecio, simplemente. Claro que en la misma época, los chicos jugaban libres y sin temor con sus pelotas y bicicletas en las calles de los barrios que parecían el patio común de todos los vecinos.

Eso era antes, mucho antes de nuestros tiempos, en que respetamos y cuidamos a los pájaros que ahora se mueven entre nosotros libres y sin temor, mientras algunos encierran a los chicos en las jaulas de sus propias casas, sin bicicletas ni patios y hay quienes los matan en las calles de los barrios, porque sí , por desprecio, simplemente.

Walter Rago

fuente: revista futuros nº 13
www.revistafuturos.com.ar

Muerte de Leila Lorenzo

Una noche Leila Lorenzo me vino a buscar a la plaza. Leila se había ofendido conmigo hacía unos dos años porque le había roto por accidente la foto de su gran amor, el fallecido Marcos Mora. Leila era una romántica Leila cantaba a todas las criaturas de la noche solamente con su llegada, y yo con felicidad paraba de trabajar para recibir como se debía a una reina, con una cerveza bien helada. Desde hacía un tiempo yo había vuelto a beber, y sorprendido noté que ya no era el borracho de antes, me aburría la idea de beber la interminable cantidad de alcohol las borracheras que se repetían ya no me interesaban para nada, algo adentro mío había cambiado por alguna razón. Pero una cerveza, o dos cervezas con una vieja amiga no se podía negar, la borrachera alegre es siempre bienvenida, y la alegría de volver a ver a Leila era grande. A Leila la traía en la silla de ruedas un sobrino desde su casa, Leila no tenía piernas y pesaba alrededor de 150 kilos esa noche en Palermo. El sobrino había nacido en el Chaco y los padres lo mandaron a lo de Leila para que estudiara en Buenos Aires, a cambio el púber atendía las necesidades higiénicas de la sexagenaria. Leila estaba a punto de morir, según me contaba, y venía a despedirse de mí, y de otros amigos que quería y le importaban. Leila era propensa a tumores malignos y esta vez decía que no zafaba. Le tuve que creer porque era la primera vez que me contaba algo así. Leila calculaba que no le quedaba más de una semana, cagaba sangre dos veces por día, temblaba todo el tiempo, se ahogaba. Algunas veces vomitaba sangre y rosas, unas rosas rojas que despedían un maravilloso perfume, Leila me regaló un ramo para mi señora. Nunca supe bien cómo tratar a un moribundo, no era la primera vez que un amigo estaba al pie de la muerte frente a mí, y me ponía muy nervioso la sensación de no tener tema de conversación ante una noticia tan terrible como la que me traía Leila. Pero sin embargo Leila que me conocía bien me entretuvo con comentarios sobre mis libros que afortunadamente habían llegado a sus manos y sobre una posible edición post mortem de un libro editado por mí de sus poemas, si no tenía inconvenientes y cómo los iba a tener cada palabra de Leila se incrustaba en el cuerpo de las personas que sabíamos reconocer la poesía que brotaba de la podredumbre de esta ciudad vaciada desde su nacimiento, de estas piedras y este asfalto podrido solamente desgracias trae esta ciudad, somos unos mal nacidos malditos desde el nacimiento hasta que ya no damos más, hasta que nos pasan los años hasta que nos lleva alguna enfermedad, o alguna desgracia, pero la peor desgracia es haber nacido en esta tierra de nadie y eso Leila y yo lo sabíamos bien, y por eso queríamos brindar, y por eso Leila eligió estar conmigo en uno de los últimos momentos de su vida. Leila Lorenzo murió dos días después en su casa mientras cagaba, el sobrino cuando vio el cadáver se volvió al Chaco sin avisarle a nadie. El cuerpo de Leila después de muerta siguió fabricando flores de su sangre que no quería coagular, y el aroma de su cadáver era el perfume de la rosas, que día tras día se intensificaba. Por eso mismo fue que los vecinos no se enteraron de la muerte de Leila así como así, porque el olor que despedía Leila y que se intensificaba día a día era hermoso, y alegraba el lugar. Toda la manzana donde quedaba el edificio de Leila Lorenzo, en el barrio de Paternal recibió esos días con una gran alegría, la gente fifaba y se emborrachaba y se abrazaba con los amigos sin saber en realidad que era lo que les producía esas ganas de festejar. Pero todo lo bueno alguna vez tenía que terminar, las rosas rojas de Leila taparon las cañerías del edificio, y cuando tiraron la puerta del departamento de Leila abajo, cuando entraron al baño se encontraron con su carne secada y su rostro cadavérico deformado por los dos meses de abandono, los gusanos que recorrían el cuerpo de Leila tenían fascinantes colores, y algunos incluso se animaban a volar, de repente largaban unas alas multicolores y zumbaban armoniosamente alrededor de los invasores. Pero los gusanos no dejan de ser gusanos y cuando el cadáver de Leila se enterró todos los gusanos y los habitantes de esa manzana del barrio de Paternal volvieron a su desgracia diaria, a respirar el aire podrido de sus conciencias fétidas, a calcular sus tacañerías diarias, a maltratar a sus hijos y a sus parejas, a sus empleados y a los mendigos, y a los nenes de la calle, y a envidiar a sus vecinos. Nunca supieron qué fue lo que hizo que tuvieran unos días tan felices en sus casas y en las calles del barrio de sus casas, pero eso ya había pasado, porque no había sido por ellos, porque nada bueno podía salir de ellos.

Diego Arbit
Extracción de su novela “Soy todo ojos mirando”, escrita en el 2003
fuente: www.elinterpretador.net/Diego%20Arbit%20-%20Soy%20todo%20ojos%20mirando.htm

Con el tiempo…

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.

Y uno aprende que el amor no significa acostarse.

Y que una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender… Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado inseguro para planes… y los futuros tienen su forma de caerse por la mitad. Y después de un tiempo uno aprende que, si es demasiado, hasta el calor del sol puede quemar.

Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores. Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno es realmente fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende… y así cada día.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien, porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás con una persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo aprendes que los verdaderos amigos son contados y que quien no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de falsas amistades.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en momentos de ira siguen hiriendo durante toda la vida. Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es atributo sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, es muy probable que la amistad jamás sea igual. Con el tiempo te das cuenta que aun siendo feliz con tus amigos, lloras por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá multiplicadas las mismas humillaciones o desprecios.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el sendero del mañana no existe.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas y forzarlas a que pasen, ocasiona que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás a los que se marcharon.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, pues ante una tumba ya no tiene sentido. Pero desgraciadamente, sólo con el tiempo..

Así hablaba Nietzsche

(A 6.000 pies sobre el nivel del hombre y del tiempo. A 100 años de la muerte de Federico Nietzsche, el filósofo siempre póstumo, el mayor huracán en el horizonte humano, apostando por las posibilidades del pensamiento en esta deshumana encrucijada emputecida).

1. Nosotros, hijos del futuro, sonámbulos del día, los que aún vivimos, aún pensamos, aún tenemos que vivir, tenemos que pensar, tenemos que vivir y vivir peligrosamente con voluntad de eternizar, tomando por asalto el cielo, bajo la sombra, tras el sol.

2. Iluminados por la nueva aurora, con el viejo Dios muerto, zarparemos hacia cualquier peligro, con el mar nunca más abierto, rumiando por entre la noche, por mucho tiempo.

3. Alrededor de cada aquí gira la bola del allá. El centro está en todas partes. La senda de la eternidad es tortuosa. ¡Ya viene, ya se acerca el Gran Mediodía! Llegó nuestra hora, nuestra alborada. Nuestro día empieza. ¡Sube, sube, Gran Mediodía!

4. Tendremos que improvisar. Improvisar nuestro día. ¡Perder el suelo por alguna vez! ¡Flotar! ¡Errar! ¡Estar locos! Debemos añadir a la virtud un grano de locura. Nuestro asombro: la dignidad de la locura.

5. Penuria, temor, terror, miedo. ¡La soledad! Lo que sabemos de nosotros mismos. Lo que otros saben de nosotros. Mantener en pie la duración del sueño. Imponerse la ley de la coincidencia. Se requiere de la más virtuosa estupidez. Los que somos diferentes somos la excepción y el peligro

6. Luces y sombras. Prosa y poesía. Crecimiento después de la muerte. Aprender a rendir homenaje. Dios, el viejo Dios ha muerto. ¡Tenemos que vencer todavía su sombra! El mayor reproche a la existencia es Dios. ¿Qué habría de crearse si existieran los dioses? ¿De qué extraño lugar brotó la poesía? ¡Mucho mienten los poetas! ¡Ser cada uno su propio sacerdote! Reflexionar acerca de la necesidad de nuevos órdenes. Providencia personal, divina. ¡Ir hacia el sol! ¡Traer la luz a la tierra!

7. Alejarse de las cosas. Desfigurarlas. Darles superficie, piel. Nunca más guerreros, orgullosos, que cuando se cierne la tormenta. Crearse su propio sol. La vida es un medio del conocimiento. No reír, no llorar, no odiar, sino entender.

8. Aprender a oír. También el amor se tiene que aprender. ¡La alegría compartida! ¡La vida es una mujer! No dejarse engañar, no engañar, no engañarnos. ¿Dios mismo nuestra más larga mentira? ¿Será el hombre una equivocación de Dios? ¿O Dios una equivocación del hombre?

9. El fin de la tragedia es ser uno mismo, por encima del miedo y de la compasión, es la eterna alegría que lleva en sí el júbilo del aniquilamiento. Empéñate en ser tú mismo y lo serás.

10. No hay nada que ofenda tanto como el brusco convencimiento de las distancias… en inmensa soledad azulada… contra porvenires que aún no se han podido adivinar… Soy luz… Mi soledad nace de estar envuelto en luz. ¡Oh, soledad de todos los que dan! ¡Oh, silencio de todos los que lucen! Como huracanes, los soles vuelven a lo largo de su ruta…

El hombre, una cosa informe, una materia, un pedrusco que necesita la mano del escultor.

Ardiente voluntad de crear me empuja inmensamente hacia los hombres. Mi martillo golpea cruelmente contra esa prisión… ¡No arrojes lejos de ti al héroe que hay en tu alma! He aquí que el día viene… El hombre es una cosa que debe ser superada: el cómo es cosa tuya… Profundo es el dolor, pero la alegría es más profunda que la pena… ¡Sube, pues, sube, Gran Mediodía!.

Ecce Homo. Dionisios enfrente del crucificado.

Pablo Mora*

* Poeta. Profesor Titular, Jubilado, UNET.

fuente: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/mora.html

Del enamoramiento y el amor… *

Si estás alerta, muchas cosas simplemente desaparecen; no ne­cesitas deshacerte de ellas.

En estado consciente, ciertas cosas no son posibles; Y esta es mi definición, no existe otro criterio. Si es­tás consciente no puedes enamorarte; por lo tanto, caer enamorado es un pecado. Puedes amar, pero eso no es como una caída, es como una as­censión. ¿Por qué [en inglés] se usa la expresión «caer enamorado» (falling in love)? Es una caída; estás cayendo, no estás ascendiendo. Cuando estás consciente, no es posible caer… ni si­quiera en el amor. No es posible, sim­plemente no lo es. Con la conciencia no es posible; asciendes en el amor. Y ascender en el amor es un fenómeno totalmente diferente del enamora­miento. Estar enamorado es un estado onírico. Por eso a la gente que está enamorada se le nota en los ojos; es como si estuvieran más dormidos que los demás, intoxicados, so­ñando. Se les nota en los ojos porque sus ojos tienen una ensoña­ción. Las personas que ascienden en el amor son totalmente dife­rentes. Se nota que ya no están soñando, que están afrontando la realidad y eso las hace crecer.

Al enamorarte sigues siendo un niño; al ascender en el amor, maduras y en poco tiempo, el amor deja de ser una relación; se convierte en un estado de tu ser. Entonces ya no se-puede decir que ames a este y no ames a aquel, no; simplemente, amas. Es algo que compartes con cualquiera que se acerque a ti. Ocurra lo que ocurra, tú das tu amor. Tocas una piedra y la tocas como si estuvie­ras tocando el cuerpo de tu persona amada. Miras un árbol y lo mi­ras como si miraras el rostro de tu amado. Se convierte en un esta­do del ser. No es que estés enamorado, es que eres amor. Esto es ascender, no caer.

El amor es hermoso cuando asciendes por él, y se convierte en algo sucio y feo cuando desciendes por él. Y tarde o temprano des­cubrirás que resulta venenoso, que se convierte en un cautiverio. Has quedado atrapado, tu libertad ha sido aplastada; te han cortado las alas, ya no eres libre. Al caer enamorado te conviertes en una po­sesión; tú posees y permites que alguien te posea a ti. Te conviertes en un objeto, y tratas de convertir en un objeto a la persona de la que te has enamorado.

Mira una pareja de marido y mujer. Los dos se han convertido en objetos, ya no son personas. Los dos intentan poseer al otro. Solo las cosas se pueden poseer, no las personas. ¿Cómo puedes poseer una persona? ¿Cómo puedes dominar a una persona? ¿Cómo puedes convertir a una persona en una posesión? ¡Imposible! Pero el mari­do está intentando poseer a la esposa; la esposa intenta lo mismo. Se produce un choque, y los dos acaban por convertirse básica­mente en enemigos. Son destructivos el uno para el otro.

Sucedió que el mulá Nasruddin entró en la oficina de un ce­menterio y se quejó al encargado:
-Sé que mi esposa está enterrada en este cementerio, pero no encuentro su tumba.
El encargado consultó su registro y preguntó:
-¿Cómo se llama?
-Señora del mulá Nasruddin -dijo el mulá.
El encargado volvió a mirar y dijo:
-No hay ninguna señora del mulá Nasruddin, pero sí que hay un mulá Nasruddin. Lo siento, parece que ha habido un error en el registro.
-No hay ningún error-dijo Nasruddin-. ¿Dónde está la tum­ba del mulá Nasruddin? Porque todo está a mi nombre.
¡Incluso la tumba de su mujer!

Posesión… todos se empeñan en poseer al ser amado, al aman­te. Ya no hay amor. De hecho, cuando posees a una persona, odias, destruyes, matas; eres un asesino. El amor debería dar libertad; el amor es libertad. El amor hace al ser amado cada vez más libre, el amor da alas, el amor abre la inmensidad del cielo. No puede con­vertirse en una prisión, en un encierro. Pero ese amor tú no lo co­noces, porque solo se da cuando estás despierto; esa calidad de amor solo aparece cuando hay conciencia. El amor que tú conoces es un pecado, porque se genera en el sueño.

Osho

* Titulo elegido arbitrariamente

fuente: http://argentina.indymedia.org/news/2010/09/749709.php

Carta a Pablo

París, 29 de marzo de 1845:
Soy el mismo, como antes, enemigo declarado de la realidad existente, sólo con esta diferencia: que he cesado de ser teórico, que he vencido, en fin, en mí, la metafísica y la filosofía, y que me he arrojado enteramente, con toda mi alma, en el mundo práctico, el mundo del hecho real. Créeme, amigo, la vida es bella; ahora tengo pleno derecho a decir eso, porque he cesado hace mucho de mirarla a través de las construcciones teóricas y a no conocerla más que en fantasía, porque he experimentado efectivamente muchas de sus amarguras, he sufrido mucho y he caído a menudo en la desesperación.

Yo amo, Pablo, amo apasionadamente: no sé si puedo ser amado como yo quisiera serlo, pero no desespero; sé al menos que se tiene mucha simpatía hacia mí; debo y quiero merecer el amor de aquella a quien amo, amándola religiosamente, es decir, activamente; ella está sometida a la más terrible y a la más infame esclavitud y debo libertarla combatiendo a sus opresores y encendiendo en su corazón el sentimiento de su propia dignidad, suscitando en ella el amor y la necesidad de la libertad, los instintos de la rebeldía y de la independencia, recordándole el sentimiento de su fuerza y de sus derechos.

Amar es querer la libertad, la completa independencia de otro; el primer acto del verdadero amor es la emancipación completa del objeto que se ama; no se puede amar verdaderamente más que a un ser perfectamente libre, independiente, no sólo de todos los demás, sino aun y sobre todo de aquel de quien se es amado y a quien se ama.

He ahí mi profesión de fe política, social y religiosa, he ahí el sentido íntimo, no sólo de mis actos y de mis tendencias políticas, sino también, en tanto que puedo, el de mi existencia particular e individual; porque el tiempo en que podrían ser separados esos dos géneros de acción está muy lejos de nosotros; ahora el hombre quiere la libertad en todas las acepciones y en todas las aplicaciones de esa palabra, o bien no la quiere de ningún modo; querer la dependencia de aquel a quien se ama es amar una cosa y no un ser humano, porque no se distingue el ser humano de la cosa más que por la libertad; y si el amor implicase también la dependencia, sería lo más peligroso e infame del mundo, porque sería entonces una fuente inagotable de esclavitud y de embrutecimiento para la humanidad.

Todo lo que emancipa a los hombres, todo lo que, al hacerlos volver a sí mismos, suscita en ellos el principio de su vida propia, de su actividad original y realmente independiente, todo lo que les da la fuerza para ser ellos mismos, es verdad; todo el resto es falso, liberticida, absurdo. Emancipar al hombre, he ahí la única influencia legítima y bienhechora.

Abajo todos los dogmas religiosos y filosóficos –no son más que mentiras–; la verdad no es una teoría, sino un hecho; la vida misma es la comunidad de hombres libres e independientes, es la santa unidad del amor que brota de las profundidades misteriosas e infinitas de la libertad individual.

Mijail Bakunin

Fuente: “El amor libre: la revolución sexual de los anarquistas”, Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires, 1973.

fuente: http://argentina.indymedia.org/news/2010/09/749697.php

Con furia y rabia

Con furia y rabia acuso al demagogo
y a su capitalismo de las palabras
pues es preciso saber que la palabra es sagrada
que de lejos muy lejos un pueblo la trajo
y en ella puso su alma confiada

De lejos muy lejos desde el inicio
el hombre supo de sí por la palabra
y nombró la piedra la flor el agua
 y todo emergió porque él lo dijo

Con furia y rabia acuso al demagogo
que se promueve a la sombra de la palabra
y de la palabra hace poder y juego
y transforma las palabras en moneda
como se hizo con el trigo y con la tierra.

Sophia de Mello Breyner Andresen

fuente: http://www.nodo50.org/mlrs/weblog/archives/archive_2008-m01.php

El joven que murió pensando una poesía póstuma

Tren maquínico de esperanzas super idiotas
apabulla el entendimiento pasivo y pacifico de los veedores
que son mayoría en este laberinto del terror entrópico apodado tierra,
desarrolla la gran estructura de poder invisible
que todo lo toca y adormece hasta el paroxismo diabólico.

Placentas de virus de laboratorio adoquinean con taladro
las mentes creyentes en la fabula fabulosa del circo mediático
cercando los cientos de otros caminos basureados en el trayecto
enfermando para curar las hipocondrías corporativas
de miles de santos sádicos en busca de réditos rápidos.

Luchadores de paquete televisado luchan para sobresalir
y golpear la inocencia de seres que serán payasos medicados
pintarrajeados con semen de plomo a boca rojo vivo mostrados
como víctimas en el show jolgorioso del masivo medio de fines en globo
asesinadores de mujeres parvulentas que desean trompadas y dinero.

Matadores de ilusión se empecinan en descreer de lo tangible
para aferrarse a mitos coloridos que huelen a lotería descompuesta
invadiendo la atmósfera del humus de productos que luego se ofrecen
a compañías sedientas de sonora adquisición compulsiva
ante la panorámica vista de ventanas cerradas con pegamentos que sobran.

Guerra estética global engloba la podredumbre de mundos
diseñados y aniquiladores listos para usar una noche
para enterrarse al finalizar el coctel de caretas, alcohol y pastillas
que formatean los discos duros de agentes de bolsa y comerciantes
ávidos de mostrar toda su biblia de números y esqueletos lejanos.

Jugadores políticos apuestan en el árbol invertido de la ruleta fantasma
susurrando verdades de plástico para millones sin piso ni fondo blanco
sacuden las torres embelesadas de aguas termales y pantallas oblicuas
para poder saltar al vacío olímpico de la obsolencia planificada
dirigidas por triangulación aplastan las veredas limpias del invernadero urbano.

Cementeros despojan voluntades vencidas antes del embarazamiento
para encorsetarlas con mentiras a medias disponen golpizas furiosas
generando llantos que no sacuden ni el polvo móvil de monitores con internet
estropeando fiestas privadas ajenas y descontinuadas en el tiempo
para no sucumbir al espejo devuelto como pobreza débil encubierta.

Grosores espantados de tanto reír usan anteojos para no ver el sol
gimotean exclamando los escalones de la pizarra repleta de productos
que sobreviven a la experiencia de una conciencia muerta en vida
presificando la memoria inmemorial de tiempos añejos
para invadir de violenta violación con antenas el espacio aéreo virgen.

Sufragios sufrientes de largas hileras de títeres escamotean vergüenza
para disponer de la libertad de glamoroso libre mercado
ofrecida por la soldadesca estéril de fuerzas enfermas consagradas
al imperio de lo hábil masculino y a la quietud de las formas con veña
carecen de músculos habilitados para la salud de una voluntad que no poseen.

Masas de cotillón adornan los templos de la barbarie establecida
mientras estatuas de vidrio templado hablan rectificando jaulas
justificando los edificios de piedra a prueba de razones
que salpican las muecas de padres y madres entontecidas con trabajo y reloj
para no mirarse las caras y seguir reproduciendo plaga para el cosmos.

Perversidades que vociferan el anuncio de un tiempo en otro cuerpo celeste
posteriores a la arquitectura bélica y evolutiva de la sistémica decadencia
del epilogo de criaturas sin voz ni voto arrojadas como regalo
a los dioses del progreso involutivo de mentes sin fruto posible
envalentonadas por los galardones que ofrecen las clínicas con titulo.

Carreteras desoladas y peces que ya no laten abundan después del caramelo de neutrones
estigmatizada previamente por religiosos poderes a la izquierda del mapa
cierran el paso a las animas que se animan a seguir zigzagueando
en el destierro de la metástasis universal que termino de crecer a la sombra
de muchedumbres agolpadas en entradas de castillos de naipe.

raas
raas@riseup.net
29-5-2010

texto en PDF

La historia del sostenedor del cielo

“Según nuestros más anteriores, al cielo hay que sostenerlo para que no se caiga. O sea que el cielo no mero está firme, sino que cada tanto se pone débil y como que se desmaya y se deja caer así nomás como se caen las hojas de los árboles y entonces puras calamidades que pasan porque llega el mal a la milpa y la lluvia lo rompe todo y el sol castiga al suelo y es la guerra quien manda y es la mentira quien vence y es la muerte quien camina y es el dolor quien piensa. Dijeron nuestros más anteriores que así pasa porque los dioses que hicieron el mundo, los más primeros, tanto empeño pusieron en hacer el mundo que, después de terminarlo, ya no muy tenían fuerza para hacer el cielo o sea el techo de nuestra casa y le pusieron ahí nomás lo que se les ocurrió y entonces el cielo está puesto sobre la tierra nomás como un techo de ésos de plástico. Entonces el cielo no está mero firme, sino que a veces como que se afloja. Y has de saber que cuando esto pasa, se desarreglan los vientos y las aguas, el fuego se inquieta y la tierra da en levantarse y caminarse sin encontrar donde estarse sosiega.”

Por eso dijeron los que antes de nosotros se llegaron, que, pintados de colores diferentes, cuatro dioses se regresaron al mundo y, haciéndose gigantes, se pusieron en las cuatro esquinas del mundo para agarrarlo al cielo para que no se cayera y se estuviera quieto y bien planito, para que sin pena lo caminaran el sol y la luna y las estrellas y los sueños. Pero, también cuentan aquellos del paso primero en estas tierras, que a veces a uno o a más de los bacabes, los sostenedores del cielo, como que le entra su sueño y como que se duerme o se distrae con alguna nube y entonces no lo tensa bien su lado del techo del mundo o sea del cielo, y entonces el cielo o sea el techo del mundo como que se afloja y como que se quiere caer sobre la tierra, y el sol y luna ya no tienen plano su camino y las estrellas igual.

Así pasó desde el principio, por eso los dioses primeros, los que nacieron el mundo dejaron encargado a uno de los sostenedores del cielo y él debe estarse pendiente para leer el cielo y ver cuando empieza a aflojarse y entonces este sostenedor debe hablarle a los otros sostenedores para que despierten y vuelvan a tensar su lado y las cosas se acomoden de nuevo. Y este sostenedor nunca duerme, siempre debe estar alerta y pendiente para despertar a los demás cuando el mal se cae sobre la tierra. Y dicen los más antiguos en el paso y la palabra que este sostenedor del cielo lleva en el pecho colgado un caracol y con él escucha los ruidos y silencios del mundo para ver si todo está cabal, y con el caracol los llama a los otros sostenedores para que no se duerman o para que se despierten. Y dicen aquellos que más primero fueron que, para no dormirse, este sostenedor del cielo va y viene dentro y fuera de su propio corazón, por los caminos que lleva en el pecho, y dicen aquellos enseñadores antiguos que este sostenedor enseñó a los hombres y mujeres la palabra y su escritura porque, dicen mientras la palabra camine el mundo es posible que el mal se aquiete y esté el mundo cabal, así dicen.

Por eso la palabra del que no duerme, del que está pendiente del mal y sus maldades, no camina directo de uno a otro lado, sino que anda hacia sí misma, siguiendo las líneas del corazón, y hacia fuera, siguiendo las líneas de la razón, y dicen los sabedores de antes que el corazón de los hombres y mujeres tiene la forma de un caracol y quienes tienen buen corazón y su pensamiento se andan de uno a otro lado, despertando a los dioses y a los hombres para que se estén pendientes de que el mundo se esté cabal. Por eso, quien vela cuando los demás duermen usa un su caracol, y lo usa para muchas cosas, pero sobre todo para no olvidar.” Con las últimas palabras, el Viejo Antonio ha tomado una varita y algo ha dibujado en la tierra. Se va el Viejo Antonio y yo me voy también.

Al oriente el sol se asoma apenas por el horizonte, como asomándose nomás, como checando si quien vela no se ha dormido y si hay alguien pendiente de que el mundo vuelva a estar cabal. Regresé al lugar a la hora del pozol, cuando el sol ya había secado la tierra y mi gorra. A un lado del tronco caído, sobre la tierra, vi el dibujo que había hecho el Viejo Antonio. Era una espiral de trazo firme, era un caracol. El sol estaba por la mitad de su camino cuando regresé a la reunión con los comités. Decidida la madrugada anterior la muerte de los “Aguascalientes”, se decidía ahora el nacimiento de los “Caracoles” con otras funciones, además de las que tenían los ya agónicos “Aguascalientes”. Así los “Caracoles” serán como puertas para entrarse a las comunidades y para que las comunidades salgan; como ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera; como bocinas para sacar lejos nuestra palabra y para escuchar la del que lejos está. Pero sobre todo, para recordarnos que debemos velar y estar pendientes de la cabalidad de los mundos que pueblan el mundo.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Julio del 2003.

Texto extraido de www.nodo50.org/pchiapas/chiapas/documentos/cielo.htm que a su vez es un extracto del comunicado ‘Chiapas: La treceava estela (tercera parte): Un nombre’. www.jornada.unam.mx/2003/07/25/006n1pol.php?origen=index.html&fly=2

Ven

Ven amigo,
vive y lánzate
hasta los siglos oscuros,
hasta el techo de las galaxias,
hasta el límite marcado.

Despierta y mira, si puedes,
como este mundo agoniza,
como las manos más sucias
exprimen como a un limón
esta bolita azulada.

Ven conmigo a contemplar
como este sistema mata
de hambre y desesperanza
pueblos que no son rentables,
vidas que no le interesan,
voces de miles de gentes
que no aceptamos su yugo.

Ven conmigo y mira como
militares y banqueros
nos manejan a su anotojo.

Ven conmigo y cállate,
como otros muchos callaron;
callaron para vivir
y se murieron callados.

Levantad los corazones

Entre mares de cerveza,
entre esquemas primitivos
y revoluciones muertas.

¿Dónde quedó nuestra fuerza?
¿Dónde vive el hombre vivo?

¿Aún crees en este sistema?
¿Aún no hueles a podrido?

Todavía nos queda tiempo;
vamos amigo, alza el puño,
nos comieron el terreno.

La historia te llama a gritos,
tu verdad es su veneno…

Millones de hombres libres
rompiendo las telarañas
y millones de intenciones
saliendo de las entrañas
de un sub-mundo a la deriva
gobernado por cabrones…

Las huellas no se borraron
¡Levantad los corazones!
 
Eugenio Muñoz

Extraído de ‘Los Ojos del Ahogado’. Madrid, Junio de 1999.

El canto de los pajaritos

El dulce sonido no se escucha
los pajaritos vibrando y volando
comiendo y piando, el ruido, la música
vuelan de árbol en rama
de rama en árbol
su sonido embriaga de placer,
cuando uno está dispuesto a escucharlo.

La tenue brisa sobre sus ojos
salpica por un rato su alma seca
aquí el canto de los pájaros no suena
se oye un grito de bala, un misil silvando
y el señor cambia su modelo 2003.

Los pájaros no son amigos de la violencia
porque la guerra enceguece su alegría
el canto de los pajaritos se calla impotente
mientras el dinero mercantil obliga
a millones cayendo al pozo
del mundo sin razón sin retorno.

La guerra vence a los pajaritos, los calla
y ellos piensan que no es justo,
que ninguna persona debería tolerarla.
Pero esas aves cantoras no saben
que el billete es el director de orquesta
para silenciar obstáculos y acallar pajaritos.

Por qué es entonces que el sonido de los pajaritos
se parece tanto a las invasiones,
a la explotación, a la miseria, al hambre…?
Porque su sonido es tan habitual
que no se oye… salvo que estés dispuesta
a hacerlo…

raas / raas(@)riseup.net
28-10-2005

fuente: http://chiapas.indymedia.org/display.php3?article_id=116204

¿Quién vendrá a mi funeral?

Dislocarse el hombro para tener la excusa perfecta, decir que no se puede sostener el fusil, acabar con ésta contradicción, bajar los ánimos apaciguar la ira, beber modesto, desentenderse por completo, inyectarse una pizca de lo que me ofrece el cartel, cenar lujoso, dormir en hoteles sin demoler, besar a la chica de la propaganda, abrazar el sueño americano, descansar en la plusvalía, sonreírle al patrón, sufrir para lograr la redención, cumplir los domingos, comulgar con el casto, mezquinar la limosna, aplaudir el final de la ópera, embriagarme en boliches sin miradas, cantarle a la bandera, cumplir con el sufragio, saludar al oficial, desvirgar a quien se le miente en el horario de oficina, conformar el estómago, vestir a la moda, desangrar al prójimo, pagar los impuestos, cumplir con la hipoteca, ejecutar a los deudores, tener hijos, eternizar el apellido, abonar la cuota del colegio, educar castigando, perderse en la distancia, ver televisión en la cena, subir el volumen, dormirse antes de… ¿Quién vendrá  a mi funeral?

Camilo Torres
santoboinaybarba@hotmail.com

Lo que se puede hacer…

Lo que se puede hacer se contemplar con tristeza a esa pobre gente, ahuecada, sospechosa de expandir la metástasis del poder microscopicamente día tras día, eligiendo voluntariamente rendirse ante los esclavos que ostentan el poder, allá y ahora, antes y acá. Tarde o temprano, esos buenos padres y madres de la normalidad mortuoria, se verán, al menos 1 minuto de sus amargas existencias frente al espejo y dirán en voz bien baja, a escondidas, ‘que triste persona soy’ para que solo ellos se escuchen y vuelvan, nuevamente, a encender el mismo botón para seguir reproduciendo silenciosamente las violaciones, las vejaciones, los atropellos por y para la quietud máxima de la paz de los cementerios.

La servidumbre voluntaria no es nueva, pero la muerte en vida de millones de personas miedosas adquiere aceleradamente rasgos absolutamente sombríos; espantados y aterrados se adosan al tieso esclavo triunfador, a la ley, al orden, a la policía… cualquier cosa antes que sus pálidas vidas den un vuelco de aunque sea 1 grado, suficiente quizá para mirar la verdad a la cara. Dicen que si la tierra cambia su eje al menos en 1 grado dejaría de existir la vida tal como la conocemos. Dicen que la tierra quizá no se tuerza nunca jamas por el caos cosmológico y la entropía universal, sino por los seres humanos que habitaron alguna vez este planeta y que tan rápido destruyeron.

Magia, risa y zonas temporalmente autónomas!

raas
raas(arroba)riseup.net

Contra los dirigentes

Contra los dirigentes
y sus cátedras esquematizantes
emprenderé mi furia invisible
sin nombre ni bandera
allá donde haya algún venerador del dinero
yo estaré para despertarlo del sueño,
ese largo camino hacia su empobrecimiento,
sin ansias de discutir cosas
que no se quieren cambiar.

Contra los empresarios y sindicalistas
y sus guardianes del espionaje
apuntaré mis ideas vitales,
contra el mafioso y patoteril centralismo
y su muerta democracia falsa y oblicua;
en guerra estoy indefinidamente
contra el poder de las estatuas vivas
establacidas por normas cobardes
y efímeras, aunque antiguas.

Contra los dirigentes y los partidos
el orden y el progreso,
(la costumbre mansa de obedecer)
dirigiré mis cañones.
Contranatura de inteligencias,
eso es una empresa, eso, un gobierno
una fiesta de las cosas ocultas
nunca admitidas en público,
un despilfarro de optimismo
por el trabajo de otros.

Contra la evanescencia de tu poder,
arrojaré mi venganza fatal
y cuando no tengas protección,
romperé los vidrios del espejismo
teleológico de siempre y abriré
las jaulas humanas de la esperanza
sin fe ni ternura, pero con dedicatoria:
una marca de fuego en tus huesos dejaré.

Anónimamente escupiré tu plato favorito
rodeado de falsedades excéntricas
y objetos de lujos interminables
envenenando tus pensamientos e ilusión.
Contra el parlamentarismo
y sus fiestas de nunca acabar
sellaré el partido a mi favor
jugando bien y tocando siempre
sin ser marcado ni agarrado.
Romperé la luz de tus ojos
cuando sea todavía temprano.

Contra las escuelas de exterminio
llevaré, también, la palabra de los siglos por venir
en la pesada mochila del pasado
quebrando las gramáticas oficiales
con mi lanza afilada y sagaz.
A caballo por la ciudad perdida en la bomba,
(donde ya no caen las hojas)
allí donde la máscara sea indispensable,
jugaré mi última carta de despedida
la furia de los exiliados del caos organizado
asaltaremos, sin más, sin ruido y con pompa
los cuarteles del consumo.

Contra los detentores del palacio
un objeto de plata en tus ideas dejaré
como para sacar conversación
y después me iré sin decir nada
combatiendo sin cesar
la serie y los ejércitos de esclavos
en sus disfraces camuflados de complicidad e idiotez.
Porque la legalidad será un cuento
y las fronteras meras ilusiones ópticas.

No hay mejor ataque que una buena sorpresa
con una defensa ordenada y calma
contra la idea de acumulación y ostentación,
hablaré sin decir en cada punto del rizoma
para poder golpear y huir en las cimas de lo corporeo
y diluirme en la vasta red del otro mundo.
No seré visto por cámara alguna
ni sistemas de detección avanzados
porque devine en sombra y silencio.

Jugaré mi carta contra la masa y
la sociedad de usos y creencias premoldeadas
de repeticiones y mecanismos ajenos
hasta el epílogo del partido,
y contra tu necesidad de poseer más.
La sociedad del espectáculo debe perecer:
con hechizos, meditación y fuego lo intentaremos.

No descansaré nunca, empero, porque otra seré
sin cuerpo y sin rostro; en la selva vertical,
en tus territorios, en la radio, en tu nido,
en los árboles, en tu linterna y en tu fusil
pero llegaremos muy antes para saludarte
las cámaras no percibirán nada
porque habrá penumbra y raras figuras difusas
y tus perros no nos verán llegar,
porque los muertos ya estamos muertos.

raas / raas@riseup.net
verano de 2009

Política interior

Por Slawomir Mrozek

Juanito le quitó un juguete a Pedrito. Pedrito se quejó de ello a su hermano mayor. El hermano mayor de Pedrito se dirigió inmediatamente al patio y le dio una patada a Juanito. Juanito fue corriendo a la cercana planta embotelladora de agua con gas donde estaba empleado su hermano mayor y le informó de la patada. Aquel mismo día, al anochecer, el hermano de Pedrito fue víctima de una fuerte paliza.

El padre del agredido era colega del dueño de la planta embotelladora de agua con gas donde estaba empleado el autor de la agresión. El hermano de Juanito fue despedido. Pero su tía era cocinera de la cuñada de la mujer del director del Departamente de la Pequeña Industria, y al dueño de la planta embotelladora de agua con gas le quitaron la licencia.

El sobrino del dueño de la fábrica de agua con gas trabajaba en la policía secreta. El director del Departamento de la Pequeña Industria fue arrestado. El gobernador de la región, pariente lejano del arrestado, lo consideró una provocación e intercedió por él en la capital.

El gobierno del país, temiendo un aumento de la influenciad de la policía, se aseguró el apoyo del ejército y destituyó al ministro del Interior de su cargo. La influencia del Ejército aumentó.

A pesar de la enérgica acción del gobierno, Pedrito no recuperó su juguete, que se quedó en poder de Juanito.

Pero Juanito no disfrutó de él por mucho tiempo. Se lo quitó Pepito, que tenía un hermano en la Primera División Acorazada.

fuente: www.mquinadecoserpalabras.blogspot.com/2007/07/sawomir-mroek_18.html

(poesía) Al general

Por Eugenio Muñoz

He tenido un sueño
He tenido un sueño

Reuniones de gente
escupían tu tumba
y un remolino
de sombras siniestras
comían satisfechas
tus entrañas huecas.

Mientras, la ciudad
despertaba fuerte
y el sol prometía
una tarde libre,
una tarde limpia.

Y sobre tus restos
unas nubes negras
llovían
sangre contenida.

Del suelo crecieron
mil zarzas de acero
queriendo abrazarte.

Mientras, en el pueblo,
la gente entre abrazos
miraba la luna,
se veía alegre,
se veía pura.

No sólo era un sueño.

Pronto,
fantoches de barro
soñarás por siempre
la noche profunda.

Pronto, la verdad sedienta
clavará en tu frente
el sufrir eterno.

Pronto serás sólo tierra,
tierra que una vez sembraste de muertos.

Pronto,
serás olvidado,
serás breves textos
entre libros viejos.

Extraído de Los ojos del ahogado, Madrid, junio de 1999