Sócrates, Trasímaco y el argumento de la banda de ladrones

En el primer libro de la República de Platón -que, en ciertos círculos de la erudición, suele denominarse Trasímaco para distinguirlo del resto de la obra por su posible composición previa- Sócrates defiende la necesidad de la justicia, como elemento de la convivencia organizada en la vida social de los seres humanos, con un argumento que desde entonces constituirá, al menos en la tradición intelectual de la cultura de Occidente, un tema ininterrumpido de debate y controversia.

Por Joaquín E. Meabe

El examen del asunto, que se conoce bajo el emblemático título de argumento de la banda de ladrones, ha sido objeto de las más diversas interpretaciones. A fines de la antigüedad lo recepciona San Agustín (1) para censurar la inmoralidad del gobernante injusto y, en el apogeo de iluminismo, Jean-Jacques Rousseau (2) retoma una de las extensiones de su conclusión para desestimar racionalmente la pretensión de juridicidad del derecho del más fuerte.

Más cerca nuestro Hans Kelsen (3), pone en entredicho su solvencia argumentativa de cara a una posible fundamentación científica del derecho y, desde otro punto vista, Martín Kriele (4) anota los reparos a que da lugar la comparación del bandido con el estado en punto al examen de la legitimidad como presupuesto de la soberanía.

Toda esta discusión, tan interesante como extensa, exhibe, sin embargo un curioso desplazamiento donde se sustituye la estructura originaria del argumento en beneficio de sus extensiones interpretativas. Así, por ejemplo, Kelsen no discute directamente a Platón sino que impugna la exposición de San Agustín y, por su parte, Kriele solo examina la derivación conclusiva desarrollada por Rousseau.

Es cierto que en todos los desarrollos del asunto campea algo parecido a un efecto de atmósfera platónico, pero el descuido que lleva a omitir la formulación completa del argumento originario no solo desdibuja el contencioso sino que se desentiende, con demasiada rapidez, de algunos aspectos que pueden resultar altamente instructivos para cualquier revisión crítica de los desempeños recíprocos en el interior de estructuras complejas, como la organización gubernamental, con sus respectivos cuadros de burócratas, funcionarios y dependientes encasillados dentro de una engorrosa y complicada trama de poderes e intereses. Nada mejor entonces que empezar por el principio y, como el texto en el que Platón desarrolla el argumento es bastante escueto lo vamos a reproducir aquí de manera completa.

El texto de Platón (5) en esta sección de la obra comienza con un requerimiento del Sócrates platónico a Trasímaco, orientado a defender la justicia ciudadana (6) conforme a la cual se practica un reparto racional y equilibrado de adjudicaciones y reconocimientos recíprocos de derechos:
-Para complacerme – dice Sócrates (7)- contéstame: ¿Te parece que una polis, un contingente organizado para la guerra, una banda de piratas o ladrones o cualquier etnos que se propusiera algo injusto, consumaría este hacer si, recíprocamente entre ellos, se hicieran injusticia?
-Desde ya que no.- contesta Trasímaco.
-Y si no actuaran con injusticia ¿no les resultaría mejor?- inquiere Sócrates.
-Seguramente – contesta Trasímaco.
-La stasis (8) resulta [entonces], Trasímaco, el producto de la injusticia y de los odios y peleas recíprocas, mientras que la justicia equipara y crea concordia ¿no te parece?
-Lo admitiré – dice Trasímaco – solo para no polemizar contigo.
-Haces bien en obrar así, oh amigo – dice Sócrates – , pero ahora dime, siendo la obra propia de la injusticia el generar odio en cualquier lugar en el que se establece, lo mismo entre libres que entre esclavos, ¿no los hará (9) inaptos para cualquier empresa común, a partir de que se odian y se dividen entre sí?
-Seguramente – contesta Trasímaco.
-Si se genera entre dos ¿no los hará dividirse y odiarse y tornarse enemigos, tanto entre sí como en relación a los justos?
-Así será, creo – responde Trasímaco.
-Y si la injusticia, oh admirado amigo, se generare en uno solo ¿perdería aquel poder o lo guardaría intacto?
-Creo que lo conservaría intacto – agrega Trasímaco.
-Por consiguiente -resume Sócrates- sea que emerja en un agregado de procedencia común (10) , en una ciudad (11) , en una Familia (12), en un contingente armado para la guerra (13) o en donde sea, aparece (14) con la propiedad de generar, primero, la incapacidad para obrar en común (15) , a causa de la discordia social generalizada (16) y las disputas (17), y luego, por la enemistad propia de uno mismo y por la recíproca con el justo. ¿[O] no es así?
-Así parece -contesta Trasímaco.
-Y si no apareciera más que en uno solo, produciría asimismo todos esos resultados porque esta en su sí mismo el factor que hace generarlo.
Primero, lo hará incapaz de obrar. Al hacerlo rebelde y discorde consigo mismo; y después lo tornará enemigo de si mismo tanto como de los justos ¿O no?
-Ciertamente -contesta Trasímaco. (18)

Como se comprueba después de su lectura, el argumento incluye una variedad de cuestiones, comprensivas de un amplio espectro de tematizaciones que interesan al derecho, a la teoría de la justicia y a los problemas más amplios de convivencia consensuada y de legitimación de los desempeños, tanto en las grandes estructuras de poder (19) como en el interior mismo de los individuos que enfrentan, en su conciencia o en su alma, las tendencias antagónicas del bien y del mal.

Los asuntos genéricos (20) han acaparado, indudablemente, la atención en la mayoría de los casos como se puede ver con un ligero repaso de Rousseau, Kelsen y Kriele; y, curiosamente, lo que se ofrecía, en la antigüedad, como una herramienta de crítica política y social frente a la injusticia, ha pasado a revistar, en el interior de los debates y de las modernas controversias especializadas de los filósofos sociales y de los teóricos del derecho, como un asunto técnico-filosófico relacionado con cuestiones epistemológicas y de argumentación internas a esas disciplinas.

Todo eso de por sí no debería ser motivo de censura o reproche, puesto que la obra de Platón aparece naturalmente asociada al desarrollo de esas disciplinas; y su estímulo ha sido, en muchas ocasiones, el más genuino soporte de su progreso.
Sin embargo, lo desplazado o desatendido en la tradición intelectual moderna, vicaria del argumento de la banda de ladrones, es justamente aquello que hoy -cuando necesitamos, más que nunca, una revisión crítica de los fundamentos de nuestros propios desempeños -, se nos presenta como un asunto crucial que vale la pena repasar de manera atenta y cuidadosa.

Se percibe ante todo, en la formulación original del argumento, como lo pone en evidencia la más ligera lectura del texto, que Platón parte de un singular isomorfismo: Polis, Ejército, Banda de Piratas o Ladrones y Diferentes Etnos (21), se consideran por sus semejanzas antes que por sus diferencias, de tal modo que cualquiera de ellas puede transformarse, en razón del predominio de la injusticia sobre la justicia, en su recíproca.

O dicho de otro modo, tanto una polis como un contingente armado para la guerra pueden volverse algo similar a una banda de piratas o ladrones. (22) Tamaña transitividad viene dada, de acuerdo al argumento, por la pérdida de aptitud, capacidad o dinamis del grupo para llevar adelante acciones comunes fundadas en la reciprocidad y la justicia. La injusticia genera stasis, que equivale a un desorden social generalizado donde predomina el odio, el egoísmo, la crueldad y el despojo, lo que no implica la desaparición del orden de agregación social que contiene al conjunto (23) sino más bien su degradación o corrupción generalizada.

Se pierde así el poder para obrar en común y se marcha a la disolución. La pérdida de poder, sin embargo, debe entenderse con arreglo al sentido griego de la palabra dýnamis, cuya voz, en nuestro castellano actual, se traduciría con la palabra poder, siempre y cuando se le de a esta el alcance de poder material de ejecución de alguna cosa, lo que indica, a su vez, una asociación de potencia y virtud (o areté) para ejecutar dicha potencia.

Para que no queden dudas de que esta asociación es pertinente al argumento Platón relaciona la discordia y la incapacidad para realizar actos en común en un grupo con la disensión interna que padece el propio individuo, enfrentado a disposiciones antagónicas que lo paraliza de la misma forma al no poder decidir entre el bien y el mal.

De todo lo cual se sigue, en el argumento, que la propia banda de ladrones debe practicar la justicia en su seno, aunque la omita respecto de los demás. De igual modo tanto una polis como un ejército, una familia o un grupo social o racial cualquiera no se diferenciará de una banda de piratas o ladrones cuando orienta su desempeño hacia la injusticia. Y lo más grave es que cuando así ocurre el único poder que se conserva intacto es aquel poder para dividir y provocar odio, para degradar y tornar a unos y otros enemigos entre sí.

El resultado de todo esto es aquello que San Agustín define como el máximo despojo (24) que no es sino la pérdida de lo que arraiga y sostiene la agregación social: el deber de reciprocidad en el que se asienta la noción mínima de justicia indispensable para la convivencia; que, cuando falta, transforma a los reinos e imperios en bandas de ladrones. Para el criterio moderno -donde el político se nos presenta como una figura diferenciada y, en general, autosuficiente-, parece este cargo de Platón y de San Agustín algo demasiado grave y severo; y, con seguridad, ningún político o grupo político lo admitiría para sí, aunque, a veces, utilice el epíteto como instrumento retórico destinado a descalificar al adversario.

Ahora bien, el hombre común y todo aquel ciudadano o residente que se encuentra al margen de las estructuras de poder puede, no obstante, extraer de todo esto una lección distinta y, desde ya, valiosa para su autoconservación como hombre libre y como ser humano no degradado y envilecido por esa especie de stasis del alma insinuada por Platón. En primer lugar, como lo señala el propio Platón, la injusticia resulta, conforme al argumento de la banda de ladrones, una especie de vara o termómetro, si se quiere, para medir la degradación del gobernante y para enjuiciar la degradación de uno mismo en el seno del estado; y en segundo lugar, sirve para discernir en uno mismo la eventual capacidad o aptitud para la acción común o convivencial.

La banda de ladrones resulta así, en orden al desenvolvimiento de la acción política en el seno del estado, algo más que una mera fuerza malévola. Como tal es, asimismo, un reflejo de lo que nos falta y la imagen que proyecta y devuelve esa parte de nuestra propia identidad que anuncia ya la falta de acción común o, si se quiere, la ineptitud tendencial para evitar el máximo despojo del que habla San Agustín, que hace a la pérdida de todo aquello que forma la identidad, el arraigo y la pertenencia.

Todo esto, sin duda, es tremendo; pero aun queda un inquietante remanente en el argumento que reclama atención y sobre el cual vale la pena detenerse, un instante más, especialmente por su curioso efecto de contraste.

Platón desarrolla ese último efecto en un examen del sujeto particular, equidistante de los agregados sociales amplios, cuyo paralelismo le sirve después para enlazar uno y otro por la ramificación de las extensiones del mal, que converge en cada caso con una específica potencia destructiva: la aptitud para formar al enemigo y para hacer del hombre un ser stásico, un enemigo de todo, incluso de sí mismo. Se trata de una consumación de la discordia que labiliza el vínculo y reemplaza la justicia por el odio.

Cuando esta tarea se ha completado ya no queda nada por hacer y solo cabe alimentar el egoísmo y el rencor, que al desplazarse del conjunto o agregado humano al interior del individuo completa el ciclo de descomposición.

A diferencia de otros teóricos que imaginan que el egoísmo y el odio cumplen una función activa y hasta benéfica, Platón sostiene la inutilidad absoluta de esos sentimientos y advierte acerca del error de cualquier parcialidad (interés, egoísmo, odio) de cara a la disposición con la que debemos enfrentar a las bandas de ladrones y piratas. Incluso para los que creen, como Carl Schmitt, que el esquema dicotómico amigo-enemigo es básico e ineludible, el argumento de la banda de ladrones se ofrece como la alternativa racional de complementaridad que permite superar la debilidad del que ha sido reducido a la pura condición de enemigo y que por ello ya se ha cercenado la expectativa de la justicia hacia el otro.

A partir de allí, la conciencia del justo obrar opera como un factor decisivo que reconcilia al individuo consigo mismo y lo prepara para afrontar la adversidad y desmantelar el odio.

Platón no pone ejemplos, pero desde entonces la historia de la humanidad ha sido más que pródiga en ese sentido como lo demuestran Sócrates, San Francisco, Juana de Arco y Ghandi. Demás esta decir, que (para usar una poco feliz metáfora bélica) en todos esos casos, como ha ocurrido entre nosotros con Manuel Belgrano o el padre Carlos Mugica, el hecho de haber perdido casi todas sus batallas no fue un obstáculo para ganar la guerra.

El argumento de la banda de ladrones, en consecuencia, y con arreglo a una lectura política, en el viejo sentido filosófico que asocia la acción con la potencia y esta con la virtud, puede llegar a ser un importante instrumento teórico y una singular herramienta intelectual destinada a preservar la autoafirmación individual y todo aquello que conduce a una vida social libre, segura y previsible. Y, en ese plano, la fórmula misma pierde su carácter ofensivo para transformarse en un molde objetivo que define un estado de cosas inapropiado que se debe evitar en beneficio de todos.

Las diferentes bandas que asolan nuestros actuales estados, extensos y complicados, quizá no se inmuten ante nuestro argumento; pero el resto, que no se conforma con semejante trama, seguramente no dejará de prestarle atención y eso, ya de por sí, es mas que suficiente de cara a su eventual valor operativo.

notas:
1) Civitas Dei , IV, 4.
2) Du Contrat Social, I, 3.
3) Reine Rechtslehre, 19602, § 6.
4) Einführung in die Staatslehre. Die gesschichtlichen Legitimätsgrundlagen des demokratischen Verfassungsstaates, 1975, § 3.
5) Rep. 351c-352a. La presenta traducción es nuestra. Hemos tomado como base el texto establecido por John Burnet (Oxford, OCT, 1905) y lo hemos confrontado con el propuesto por Emile Chambry (París, Les Belles Lettres, 1947-1949). Asimismo hemos tenido en cuenta los trabajos anteriores de José Manuel Pavón y Manuel Fernández Galiano [La República, Madrid, 3 vls., Madrid, 1949], Antonio Camarero [Platón, República, Bs.As., 1963], Antonio Gómez Robledo [Platón, La República, México, 1971] y Conrado Eggers Lann [Platón, Obras, vol. IV. República. Madrid, 1986].
6) Esta justicia ciudadana se denomina dikaiosyne. Semejante dispositivo de adjudicación o asignación de derechos y castigos es, desde ya, bastante diferente a nuestra moderna función judicial. Hay sin embargo un isomorfismo estructural que permite establecer una comparación en el plano estricto de la justicia material más allá de todas las diferencias en los mecanismos y procedimientos actuales cuyo sesgo formal es su rasgo idiosincrático. Y justamente la posibilidad misma de esa comparación es la que nos permite subrayar el valor crucial del argumento platónico.
7) Al inicio del argumento.
8 ) Preferimos no traducir stasis que significa discordia social generalizada.
9) Se refiere a los que lo engendran en su seno.
10) El termino griego utilizado por Platón es: engenetai.
11) El término griego utilizado por Platón es: polei.
12) El término griego utilizado por Platón es: génei.
13) El término griego utilizado por Platón es: stratopédo.
14) Se refiere implícitamente a la injusticia.
15) La frase griega utilizada por Platón es: auto poien prattein.
16) El término griego utilizado por Platón es: staizein.
17) El término griego utilizado por Platón es: diaphereethai.
18) Aquí concluye el desarrollo formal del argumento.
19) Vg.: el estado, el gobierno, el ejército, etc.
20) Derecho, teoría de la justicia, problemas de legitimidad.
21) Agregados que se estructuran en torno a una regla de linaje como la familia o la tribu.
22) Si hicieran falta ejemplos actuales, bastaría observar la historia reciente de la Argentina moderna desde 1976 en adelante.
23) Polis, ejército, banda, etnos, etc.
24) Magna latrocinium, Civitas Dei , IV, 4.

fuente: http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei

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Nosotros, los antidesarrollistas

La fe en el crecimiento económico ilimitado como solución a los males sociales ha sido inherente al régimen capitalista, pero no fue hasta los años cincuenta del siglo pasado cuando dicha fe, bajo el nombre de desarrollismo, se convirtió en una política de Estado.

A partir de entonces, la Razón de Estado fue principalmente Razón de Mercado. Por primera vez, la supervivencia de las estructuras de poder estatales no dependía de guerras, aunque fueran “frías”, sino de economías, preferentemente “calientes”. La libertad, siempre asociada al derecho civil, pasaba cada vez más por el derecho mercantil. Ser libre fue a partir de entonces, exclusivamente, poder trabajar, comprar y vender libremente, sin regulaciones, sin trabas. En lo sucesivo, el grado de libertad de las sociedades capitalistas vino determinado por el porcentaje de parados y el nivel de consumo, es decir, por el grado de integración de los trabajadores. Y corolariamente, la protesta social más auténtica se definió como rechazo al trabajo y al consumismo, es decir, como negación de la economía independizada de la colectividad, como crítica antiindustrial, como antidesarrollismo.

Pronto, el desarrollismo se ha convertido en una amenaza no sólo para el medio ambiente y del territorio, sino para la vida de las personas, reducida ya a los imperativos laborales y consumistas. La alteración de los ciclos geoquímicos, el envenenamiento del entorno, la disolución de los ecosistemas, ponen literalmente en peligro la continuidad de la especie humana. La relación entre la sociedad urbana y el entorno suburbializado ha sido cada vez más crítica, pues la urbanización generalizada del mundo conlleva su banalización destructiva no menos generalizada: uniformización del territorio mediante su fácil accesibilidad; destrucción territorial por la contaminación y el ladrillo; ruina de sus habitantes por inmersión en un nuevo medio artificializado, sucio y hostil.

El desarrollismo, al valorizar el territorio y la vida, era inherente a la degradación del medio natural y la descomposición social, pero, a partir del momento en que cualquier forma de crecer devino fundamentalmente una forma de destruir, la destrucción misma llegó a ser un factor económico nuevo y se convirtió en condición sine qua non. El desarrollismo encontró sus límites en el agotamiento de recursos, el calentamiento global, el cáncer y la producción de basura. Las fuerzas productivas autónomas eran principalmente fuerzas destructivas, lo cual volvía problemático y peligroso las huidas hacia delante. Pero la solución al problema, desde la lógica capitalista, residía en ese mismo peligro. Gracias a él podían convertirse en valor de cambio los elementos naturales gratuitos como el sol, el clima, el agua, el aire, el paisaje…

O los síntomas de descomposición social como el vandalismo, la agresividad, los robos, la marginación… El riesgo se volvió capital. Las críticas ecológicas y sociológicas proporcionaron ideas y argumentos a los dirigentes mundiales. Así pues, la nueva clase dominante ligada a la economía globalizada, ha creído hallar la solución en el sindicalismo de concertación, la tecnología policial, el consumismo “crítico”, el reciclaje y la industria verde; en resumen, en el desarrollismo “sostenible” y su complemento político, la democracia “participativa.”

El crecimiento económico, a partir de los años setenta, no pudo asegurarse más por la mano de obra y pasó a depender completamente del desarrollo técnico. La tecnología se transformó en la principal fuerza productiva, suprimiendo las contradicciones que se desprendían de la preponderancia de la fuerza de trabajo. En adelante los obreros dejaban de ser el elemento principal del proceso productivo, y por consiguiente, perdían interés como factor estratégico de la lucha social.

Si los conflictos laborales nunca habían cuestionado la naturaleza alienante del trabajo, ni el objeto o las consecuencias de la producción, puesto que las luchas obreras siempre se movían en la órbita del capital, menos cuestionarían ahora el meollo del problema, la máquina, condenándose a la ineficacia más absoluta como luchas por la libertad y la emancipación. Las ideologías obreristas eran progresistas; consideraban el trabajo como una actividad moralmente neutra y mantenían una confianza ciega en la ciencia y la técnica, a las que suponían los pilares del progreso una vez los medios de producción cayeran en manos proletarias.

Criticaban el dominio burgués por no poder desarrollar a fondo sus capacidades productivas, o sea, por no poder ser suficientemente desarrollista. En ese punto demostraron estar equivocadas: el capitalismo, en lugar de inhibir las fuerzas productivas las va desarrollando al máximo. La sociedad plenamente burguesa es una sociedad de la abundancia. Y precisamente es esa abundancia, producto de dicho desarrollo, la que ha destruido la sociedad. En el polo opuesto, los antidesarrollistas, por definición contrarios al crecimiento de las fuerzas productivas, cuestionan los medios de producción mismos, ya que la producción, cuya demanda viene determinada por necesidades ficticias y deseos manipulados, es en su mayoría inútil y perjudicial. Lejos de querer apropiarse de ellos, aspiran a desmantelarlos. No apuestan por la autogestión de lo existente, sino por el retorno a lo local.

También cuestionan la abundancia, por ser sólo abundancia de mercancías. Y critican el concepto obrerista de crisis como momento ascendente de las fuerzas revolucionarias. Bien al contrario, el capitalismo ha sabido instalarse en ella y demostrar más capacidad de maniobra que sus supuestos enemigos. La historia de los últimos años enseña que las crisis, lejos de hacer emerger un sujeto histórico cualquiera, no han hecho más que catapultar la contrarrevolución.

La visión del futuro proletario era la sociedad convertida en fábrica, nada esencialmente distinto del presente, en que la sociedad entera es un hipermercado. La diferencia obedece a que en el periodo de dominio real del capital los centros comerciales han sustituido a las fábricas y, por lo tanto, el consumo prima sobre el trabajo. Mientras las clases peligrosas se convertían en masas asalariadas dóciles, objetos pasivos del capital, el capitalismo ha profundizado su dominio, aflojando los lazos que le ligaban al mundo laboral. A su manera, el capitalismo moderno también está contra el trabajo.

En la fase anterior de dominio capitalista formal se trabajaba para consumir; en la actual, hay que consumir incesantemente para que el trabajo exista. La lucha antidesarrollista quiere romper este círculo infernal, por lo que parte pues de la negación tanto del trabajo como del consumo, cosa que lleva a cuestionar la existencia de los lugares mal llamados ciudades, donde ambas actividades son preponderantes. Condena esos conglomerados amorfos poblados de masas solitarias en nombre del principio perdido que presidió su fundación: el ágora. Es la dialéctica trabajo/consumo la que caracteriza a las ciudades al mismo tiempo como empresas, mercados y fábricas globales.

Por eso, el espacio urbano ha dejado de ser un lugar público para la discusión, el autogobierno, el juego o la fiesta, y su reconstrucción se rige por los criterios más espectaculares y desarrollistas. La crítica del desarrollismo es entonces una crítica del urbanismo; la resistencia a la urbanización es por excelencia una defensa del territorio.

La defensa del territorio, que tras la desaparición de la agricultura tradicional se sitúa en el centro de la cuestión social, es un combate contra su conversión en mercancía, o sea, contra la constitución de un mercado del territorio. El territorio es ahora el factor desarrollista fundamental, fuente inagotable de suelo para urbanizar, promesa de gigantescas infraestructuras, lugar para la instalación de centrales energéticas y vertederos, espacio ideal para el turismo y la industria del ocio…

Es una mina inagotable de impuestos y puestos de trabajo basura, algo con lo que poner de acuerdo a las autoridades regionales, las fuerzas vivas municipales y los ecologistas neorrurales, para quienes la cuestión territorial es sobre todo un problema fiscal y de empleos. La lógica de la mercancía está fragmentando y colonizando el territorio desde las conurbaciones, componiendo con todo un solo sistema metropolitano. Las luchas antidesarrollistas tienen pues en la defensa del territorio un dique contra la oleada urbanizadora del capital. Intentan que retrocedan las fronteras urbanas. Son luchas por la recuperación del colectivismo agrario y por la desurbanización. Pero también son luchas que buscan el reencuentro y la comunicación entre las personas, luchas por el restablecimiento de la vida pública.

Para que el antidesarrollismo llene de contenido las luchas sociales ha de surgir una cultura política radicalmente diferente a la que hoy predomina. Es una cultura del “no”. No a cualquier imperativo económico, no a cualquier decisión del Estado. No se trata pues de participar en el juego político actual para contribuir en la medida que fuere a la administración del presente estado de cosas. Se trata mejor de reconstruir entre los oprimidos, fuera de la política pero en el seno mismo del conflicto, una comunidad de intereses opuestos a dicho estado.

Para eso la multiplicidad de intereses locales ha de condensarse y reforzarse en un interés general, a fin de plasmarse a través del debate público en objetivos concretos y alternativas reales. Una comunidad así ha de ser igualitaria y estar guiada por la voluntad de vivir de otro modo. La política antidesarrollista se basa en el principio de la acción directa y la representación colectiva, por lo que no ha de reproducir la separación entre dirigentes y dirigidos que conforma la sociedad vigente. En esa vuelta a lo público, la economía ha de regresar al domus, ha de volver a ser lo que fue, una actividad doméstica. La comunidad ha de asegurarse contra todo poder separado, por un lado, organizándose horizontalmente mediante estructuras asamblearias, y controlando lo más directamente posible a sus delegados o enlaces, de forma que no se conviertan en jerarquías formales o informales. Por el otro, rompiendo la sumisión a la racionalidad mercantil y tecnológica. Nunca podrá dominar las condiciones de su propia reproducción inalterada si actúa de otro modo, es decir, si cree en la tecnología y en el mercado, si reconoce alguna legitimidad en las instituciones del poder dominante o adopta sus métodos de funcionamiento.

Para recuperar y desactivar la rebelión social, principalmente juvenil, contra las nuevas condiciones de la dominación, las que obedecen al mecanismo de construcción/destrucción/reconstrucción típico del desarrollismo, se pone en marcha una versión degenerada de la lucha de clases, los llamados “movimientos sociales”, plataformas inclusive. Puesto que ya no se quiere otro orden social, el mito del “ciudadano” puede sustituir cómodamente al mito del proletariado en los nuevos esquemas ideológicos. El ciudadanismo es el hijo más legítimo del obrerismo y del progresismo caducos. No surge para enterrarlos, sino para revitalizar su cadáver.

En un momento en que no hay más auténtico diálogo que el que pueda existir entre los núcleos rebeldes, aquél sólo pretende dialogar con los poderes, hacerse un hueco desde donde tratar de negociar. Pero la comunidad de los oprimidos no ha de intentar coexistir pacíficamente con la sociedad opresora pues su existencia no se justifica sino en la lucha contra ella. Una manera de vivir diferente no ha de cimentarse en el diálogo y la negociación institucional con la forma esclava precedente. Su consolidación no vendrá pues ni de una transacción, ni de una crisis económica cualquiera, sino de una secesión masiva, de una disidencia generalizada, de una ruptura drástica con la política y con el mercado. En otras palabras, de una revolución de nuevo tipo. Puesto que el camino contrario a la revolución conduce no sólo a la infelicidad y la sumisión, sino a la extinción biológica de la humanidad, nosotros, los antidesarrollistas, estamos por ella.

El pensamiento antidesarrollista o antiindustrial no representa una nueva moda, una crítica puramente negativa del pensamiento científico y de las ideologías progresistas, o un vulgar primitivismo que propugna retroceder a un momento cualquiera de la Historia. Tampoco es una simple denuncia de la domesticación del proletariado y del despotismo del capital. Menos todavía algo tan mistificador como una teoría unitaria de la sociedad, propiedad de la última de las vanguardias o del último de los movimientos. Va más allá que eso. Es el estadio más avanzado de la conciencia social e histórica. Es una forma determinada de conciencia de cuya generalización depende la salvación de la época.

Miquel Amorós

Manifiesto del 7 de marzo de 2010

fuente: http://alasbarricadas.org/noticias/?q=node/13531

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Carta sobre el mal llamado “conflicto mapuche”

A la luz del actual panorama político por el que transita la sociedad de este lado del sur del mundo, nos parece pertinente poner en cuestión el llamado “conflicto mapuche” por tratarse mas bien del conflicto del Estado chileno y agentes privados nacionales y transnacionales con el pueblo mapuche en resistencia. Esta situación la entenderemos como un conflicto territorial.

El conflicto territorial es un desacuerdo, un no acuerdo, un choque de distintas visiones respecto del uso del territorio y sus recursos (ya sean el agua, la tierra, los bosques, el mar). Este conflicto se manifiesta a través de los actores que están involucrados en el territorio: el Estado como agente regulador, el mercado como mecanismo de articulación y las comunidades locales como sujetos receptores de políticas e inversiones.

En términos simples, el conflicto territorial se produce cuando un grupo de poder articula el espacio en función de su modelo de desarrollo, y en esa acción desarticula otros modos de vida locales que no necesariamente comparten la misma visión de desarrollo. Este proceso puede ser entendido como desterritorialización.

La desterritorialización es una manera de referirse al despojo o usurpación del territorio por parte de agentes externos a los pueblos o comunidades locales históricamente arraigadas a la tierra. En la acción, representa la imposición de un modelo de desarrollo y una cosmovisión (en este caso capitalista – occidental) mediante la cual los pueblos son despojados de su capacidad de conducir bajo sus modelos de desarrollo y su cosmovisión, la forma en que se relacionarán con la madre tierra (ñukemapu). En concreto, el Estado chileno y los consorcios empresariales son los agentes desterritorializadores de la realidad local mapuche.

Sin embargo, el panorama se vuelve aún más complejo si consideramos que el pueblo mapuche está en un proceso contrario, el de reterritorialización. Son cada vez más las comunidades de las distintas identidades territoriales que conforman el pueblo mapuche las que están en un proceso de recuperación de lo que representa el ser gente de la tierra. Este proceso se manifiesta en la recuperación de la lengua, del kimun, y de la tierra, como partes componentes de una gran lucha tendiente a mantener viva la cultura y la forma de vida de un pueblo que quiere ser y existir.

Para dimensionar en parte el concepto de territorio mapuche, las palabras de un lonko de la identidad territorial bafkehche son pertinentes “…cada espacio geográfico en una dimensión territorial esta supeditado a una fuerza que es superior a nosotros, que no tenemos que atropellar o pasar por alto, sino que vivir y convivir con esa diversidad con respeto a los elementos de la naturaleza. Si nosotros como seres humanos no respetamos una planta, una hierba medicinal, estamos atentando a nosotros mismos…”

En concreto, el conflicto territorial entre el Estado chileno y el pueblo mapuche se manifiesta en una zona particular del wallmapu que corresponde administrativamente a las regiones del Bio-Bio, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos.

El concepto de desterritorialización se materializa por la presencia del Estado chileno como agente regulador de los territorios y del mercado como mecanismo de articulación del espacio. Recordemos que al tradicional destino triguero y forestal con el que se especializó la producción de esta zona luego de su ocupación durante el siglo XIX y XX, actualmente habría que agregar las explotaciones mineras en Lleu-Lleu, la producción salmonera en Melipeuco, la instalación de plantas de celulosa en Mininco, la contaminación del mar en Mehuin, la generación de energía eléctrica en Ralco y la generación de energía geotérmica en Sollipulli, solo por mencionar algunos ejemplos. Todas, en beneficio del desarrollo y el progreso de las chilenas y chilenos concentrados en las ciudades y “el granero de Chile” como era conocida esta parte del país, no fue ni ha sido capaz de alimentar a los hijos de su tierra.

Por otra parte, el concepto de reterritorialización se enmarca dentro de un proceso de lucha. “… Somos un pueblo que ha resistido muchos siglos por lo tanto el llamado es que nuestra gente asuma su ser y su identidad íntegramente y que luchemos por nuestros derechos fundamentales como el derecho a la vida y al territorio. Es una visión, una forma de vida la que defendemos y no podemos dejarla morir…” es el mensaje de un peñi a su pueblo.

Para finalizar, el silencio cómplice de las esferas del conocimiento formal no nos sorprende. Muchos geógrafos se han manifestado en la prensa sobre el reciente terremoto en el país, por tratarse de un tema “científico”, pero cuando se trata de asumir una postura política respecto de un conflicto territorial, el Geógrafo apela a la neutralidad de la ciencia, pese a definirse como un “especialista del territorio”.

Esta condición la entendemos, porque hoy la Geografía es una disciplina secuestrada en poder de los militares, las sociedades geográficas, los departamentos universitarios y el aula escolar. Al contrario y en abierta oposición a estas posturas, consideramos que es valido definir el ámbito investigativo de la geografía desde los problemas y tensiones sociales expresadas territorialmente y asumir el compromiso político del quehacer geográfico.

Esperamos haber contribuido con otros puntos de vista respecto de la actual situación de la huelga de hambre de los prisioneros políticos mapuche, que hoy cumplen 80 días de ayuno. Manifestamos nuestro apoyo y compromiso con la causa del pueblo mapuche y enviamos un especial saludo a los peñi y lamgen que nos han permitido conocer parte de su cultura y su cosmovisión.

Nutuay Iñ Taiñ Mapu
Weichan Mapu Mew

Colectivo de Geografía Crítica y Social Gladys Armijo

fuente: http://clajadep.lahaine.org/articulo.php?p=9939&more=1&c=1

La tragedia de hacer de la necesidad una virtud y convertir los manuales en Biblia

La estadolatria, el culto a la personalidad y la incultura política que considera la democracia y la libertad aliados genéticos de la explotación y la opresión, han deformado el proyecto.

Duele. Hay verdades que duelen decirlas, realidades que acongojan exponerlas, términos que uno prefiere evitar. Molesta que el enemigo aproveche determinados reconocimientos y tergiversándolo todo, aumente sus intentos de difamación y desaliento.

Pero es peor el ocultamiento. También no ir a la raíz del asunto, porque se encamina a los compañeros y a los amigos a errores internos más mortales que el ataque exterior, los mismos que destruyeron la obra emancipadora en más de 10 países. Agregándose la vergüenza de sin resistencia alguna, mas bien con alegría, de los supuestos beneficiarios.

Se sabe que, todo mensajero de verdades incomodas o portador de noticias no agradables, corre el riego de los antiguos. En la antigüedad, cuando alguien traía una mala noticia al campo de batalla, lo asesinaban vilmente. Se acostumbraba a matar sin una gota de misericordia al infeliz correo que llegaba con malas nuevas. Y la civilización moderna ha cambiado poco en cuanto a echarle la culpa a quien le pone a pensar.

La mayoría de la gente quiere escuchar lo que cree, la verdad viene después. La cosa se complica porque también es verdad la sentencia de Michel de Montaigne, las palabras pertenecen una mitad a quien las dice y otra a quien las escucha.

La terrible verdad de que no hubo instauración del socialismo, no hubo Estados de obreros y campesinos, y las fuerzas de izquierda adolecieron de los mismos defectos de sus enemigos de derecha, a saber: los oportunismos, los nepotismos, las corrupciones, los verticalismos y los militarismos, todo tan dolorosos, que las reacciones están monopolizadas del deseo de matar al mensajero.

Ante tan enorme decepción, la izquierda ha reaccionado de formas diversas: traición de izquierda, aferramiento dogmático y desfasado a la nostalgia de izquierda, y crítica de izquierda a la izquierda para que no mueran los principios de una acción política de mayorías inspirada en la utopía siempre vigente del bienestar colectivo. Pero todas acarician la idea de matar los mensajeros.

En vez de matar mensajeros, toca a los revolucionarios de esta época hacer la crítica y la autocrítica correspondiente, sacar las experiencias y salir adelante entre todos con un nuevo consenso socialista. Es penoso y no motivo alguno de alegrías o mérito. Las buenas intenciones deben ser respetadas y admiradas, pero con resultados tan claros, no se pueden evadir los análisis. Aferrarse al dogmatismo lleva a la derrota, por reforma o involución capitalista.

Debemos dejar de engañarnos a nosotros mismos y eso exige valor personal y honestidad intelectual no común.

Es bien cierto que la historia nunca nos lo cuenta todo; pero La historia acaba por aclarar muchas cosas. El capital no tuvo mejor aliado en su lucha contra el socialismo que el modelo de sociedad socialista –condicionamientos aparte-cuyo contenido esencial fue el culto, que esta desarrolló -por las razones que fueran, y son múltiples, -por la adoración a los jefes, al estado monopólico y autoritario, el partido infalible- y el virus del poder personal y permanente basado en la meritocracia cuasi-hereditaria; cuya filosofía pedestre y primitiva, viajaba hacia atrás en la historia y quería convencer a los ciudadanos que el líder, el rey debía pensar por ellos, el estado los subvencionaba, que el estado les daba y no aceptaban la realidad de que las riquezas las creaba el pueblo, que los dirigentes no repartían nada que antes no fuera creado por el trabajo de todos y que todos teníamos el derecho de pensar y hablar.

Un modelo que privilegiaba la radicalidad de los medios y la postergación constante de los fines.

Un modelo que como corolario de esto, sospechó permanentemente de las palabras democracia y libertad, y como no podía excluirla totalmente, las sustituyó por participación y dignidad o soberanía. Un modelo que educó a los ciudadanos en una trilogía falsa -propia del estalinismo y el fascismo- y ya desmentida por la historia, la de que Pueblo, Partido y Líder son siempre e ineludiblemente una misma cosa y que dada las buenas intenciones y los sacrificios realizados el mal solo podía venir de fuera y solo entes infrahumanos, homúnculos desagradecidos podían discrepar del paraíso construido.

Un modelo en que solo era admitida la crítica si provenía de dirigentes aceptados y calificados, en que la unidad no dependía del consenso entre todos los revolucionarios sino en estar de acuerdo con lo que diga el jefe, los líderes. Un modelo que sospechaba de toda contribución que no viniera de la más alta cúpula del partido, y donde solo se podía criticar y comprender, y hablar y expresar lo necesario en el lugar indicado, a la hora indicada y a la persona indicada tal como se les permite a los militares en los cuarteles.

Un modelo que ignoró totalmente la necesidad de eliminar el salario como método de explotación y las diferencias clasistas que este impone,

1.-El olvido de aportes fundacionales vitales

Los fundadores dedicaron más esfuerzos a demoler y revelar las esencias del capitalismo que a elucubrar acerca de un futuro poco visible. Eran las masas trasformando el capitalismo y transformándose a sí mismas, quienes debían hacerlo. Pero es falso que nos dejaran fuertes señales para el camino. Los que hicieron de la necesidad virtud y de una experiencia única el modelo para todos y lo impusieron mediante múltiples presiones, actuaron por ignorancia y presiones del brutal enemigo, pero también con malicia al ocultarnos lecciones conocidas.

Los problemas provocados por el trabajo asalariado, la alienación la concepción errónea respecto a la desvinculación de la distribución de la producción, la necesidad de no enfrentar la igualdad y la libertad, la necesidad de evaporar el estado y controlar la burocracia, de la democracia socialista y la participación de los obreros sin partido en el control del estado y del propio partido están perfectamente claras

Marx señaló: “los asalariados han sido el producto histórico de la expropiación de los productores propietarios individuales de sus propias condiciones de producción bajo la sociedad feudal (campesinos y artesanos). Para que la superen, porque en el socialismo, el desarrollo de las fuerzas productivas que supone no admite otra propiedad individual de las condiciones objetivas del trabajo social que no sea sobre la base de la propiedad colectiva, la de los propietarios libres asociados”.

Marx afirmó en sus manuscritos económicos filosóficos… El salario es una consecuencia inmediata del trabajo alienado, y este es la causa inmediata de la propiedad privada. En consecuencia si cae uno debe caer el otro.

Marx expresa: “El socialismo vulgar -y por intermedio suyo una parte de la democracia- ha aprendido de los economistas burgueses a considerar y a tratar la distribución como algo independiente del modo de producción, y por tanto, a exponer el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución. Una vez que esta dilucidada la verdadera relación de las cosas ¿ Por que volver atrás)?”

En cuanto al estado, recordamos que, en su trabajo sobre La Comuna de París, Marx escribió: “El proletariado sólo necesita el Estado temporalmente. Nosotros no discrepamos en modo alguno con los anarquistas en cuanto al problema de la abolición del Estado como meta final. Lo que afirmamos es que para alcanzar esta meta es necesario el empleo temporal de las armas, de los medios del Poder del Estado para emplearlos contra los explotadores”.

Como se ve, la discrepancia con los anarquistas era que Marx y Engels concebía al Estado como un instrumento de transición, mientras que aquéllos desconfiaban de ese papel, ya que para ellos podría usurpar la revolución. La historia confirmó la alerta de esos revolucionarios. El poder devoró al proyecto, el estado burocrático devoró al partido emancipador y la razón de su existencia fue priorizada por sobre los ideales.

Para Marx, el régimen socialista debe devolver “al organismo social todas las fuerzas que hasta entonces venía absorbiendo el Estado parásito, que se nutre a expensas de la sociedad y entorpece su libre movimiento”. Marx también afirmo “Pero estaba reservado a la Economía Política del trabajo alcanzar un triunfo más completo todavía sobre la Economía Política de la propiedad. Nos referimos al movimiento cooperativo, y sobre todo a las fábricas cooperativas creadas sin apoyo alguno, por iniciativa de algunos obreros audaces.”

Ese modelo fracasado, estatista y autoritario, olvidó por tanto, la afirmación de Marx y Engels,… “No tenemos ninguna intención de cambiar la libertad por la igualdad, estamos convencidos que ningún orden social podrá asegurar la libertad personal tanto, como una sociedad basada en la propiedad comunal.” Como la del revolucionario ruso Mijaíl B. “Libertad sin Socialismo es privilegio e injusticia; Socialismo sin Libertad es esclavitud y brutalidad.”.. Y también la de Lenin de 1923, que ciertamente puso en entre dichos afirmaciones anteriores del mismo…..”Nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo…hora bien, el régimen de cooperativistas cultos, cuando existe la propiedad social sobre los medios de producción, y cuando el proletariado ha triunfado como clase sobre la burguesía, es Socialismo.”

Lenin había visto venir el monstruo, e intentó detenerlo, por ello, en al articulo Sobre el Mandato del Consejo de Trabajo y Defensa a las instituciones de los Soviets locales, señaló… Aún vemos a cada paso la herencia del primer periodo del Poder soviético, a saber: del periodo de la enconadísima guerra civil y del sabotaje rabioso, herencia que se manifiesta en que los comunistas se encierran en un estrecho círculo de gobernantes, temiendo o no sabiendo incorporar a la obra a trabajadores sin partido en número suficiente. Se debe emprender urgentemente y con todas las fuerzas la corrección de ese defecto.

El 20 de septiembre de 1921 sus preocupaciones le llevaron a escribir: Acerca de la depuración del partido. Donde denuncia a los arribistas que anteponían sus intereses personales sobre los del conjunto del pueblo… Frente a los que se han acostumbrado demasiado a “mandar como comisarios”, frente a los “burocratizados”, son valiosas en grado superlativo las indicaciones de la masa proletaria sin partido y, en muchos casos, también las de la masa campesina sin partido. La masa trabajadora percibe con extraordinaria sensibilidad la diferencia entre los comunistas honrados y fieles y los que inspiran repugnancia al hombre que se gana el pan con el sudor de su frente, al hombre que no tiene ningún privilegio ni “acceso a los jefes”… Todo oportunista se distingue por su capacidad de adaptación…El partido debe ser depurado de los granujas, de los burocratizados, de los comunistas deshonestos y carentes de firmeza…

2.-El modelo y la postergación de los fines

Los fines de la acción revolucionaria, el proyecto donde el libre desenvolvimiento de uno sea la condición del libre desenvolvimiento de todos, el proyecto de la extinción paulatina del estado, el proyecto del trabajador libre asociado, de la autogestión y cooperativización, de la planificación democrática, el de no cambiar la justicia por la libertad fueron postergados en la misma medida que aumentaba la radicalidad de los medios, lucha armada, clase contra clase, muerte y desenmascaramiento del enemigo del pueblo, el militante de acero y sin dudas, las calles y la universidad no de todos los ciudadanos, sino de nosotros los revolucionarios etc.

Claramente, se evidenció el fracaso de la concepción filosófica de vanguardias y Partidos militarizados que sustituyen la soberanía popular. La economía de ordeno y mando, planificación burocrática y déficit permanente, El estado de democracia representativa indirecta, El estado de ausencia de estado de derecho, el concepto de organizaciones populares como correas de transmisión, el estado de anti religiosidad constitucional agresiva, el intento internacionalista voluntarista de llevar a pueblos en estadio de comunidad primitiva al comunismo, etc.

Y no hacen falta más pruebas que el rechazo y la indiferencia con que los pueblos de la tercera parte del globo acogieron la caída.

Cesar L. Méndez y Gabriel González

fuente: www.kaosenlared.net/noticia/tragedia-hacer-necesidad-virtud-convertir-manuales-biblia-1

El amor falaz de Occidente

De acuerdo con la tradición cultural occidental, el amor, cuando es verdadero, es para siempre, sólo basta encontrar a nuestra “media naranja”. En este texto, extracto del libro Falacias del amor, publicado por editorial Paidós, la autora reflexiona sobre los mitos que rodean al amor y propone nuevas pautas para redimensionar un sentimiento siempre problemático.

En Occidente ha prevalecido una concepción irracional sobre el amor. Curiosamente éste fue uno de los aportes más significativos de los antiguos griegos —fundadores de la cultura racionalista— a nuestras formas contemporáneas de entender el amor, y también una de las tantas razones por las que se ha establecido un nexo tan estrecho entre amor y sufrimiento. A diferencia de los hindúes, de los chinos o de los japoneses, los griegos no entendieron al amor como una virtud a ser cultivada sino como una enfermedad, como una forma de locura que, aunque muy dulce, puede destruir todo lo que una comunidad e incluso el mismo amante, valoran.

El amor no fue considerado un arte, una práctica que se enseña, se aprende y se perfecciona, sino un mecanismo irracional, espontáneo, no intencional e inducido desde el exterior —mediante las flechas de un dios caprichoso— que deja al individuo inerme, a merced de fuerzas completamente externas a sí mismo.Un refrán popular previene que “la única ventaja de jugar con fuego es que uno puede aprender a no quemarse”. Desde una perspectiva completamente irracionalista del amor, estaríamos condenados a quemarnos una y otra vez.

La concepción hegemónica que hemos heredado de los griegos identifica al amor como una forma particular y breve de éste que conocemos como enamoramiento, una exquisita efervescencia con pronta fecha de vencimiento, basada en la idealización y en la ausencia del ser amado. Esta noción ha dado lugar a una recurrente falacia en el discurso amoroso, la de la ambigüedad que supone el uso de la palabra amor con sentidos diversos a lo largo de un mismo razonamiento, por ejemplo cuando se afirma que la pareja debe estar basada en el amor (en referencia a una acepción amplia que conjuga la atracción sexual con el compañerismo y el apego que se establece con el paso del tiempo), y que por tanto cuando uno de sus integrantes no ama (en alusión a la efervescencia del enamoramiento), ya no tiene sentido seguir juntos.

A la caza del alma gemelaEntender el amor como un sentimiento espontáneo y repentino (tal es la concepción del flechazo), y no como una relación que se construye a lo largo del tiempo, supone el desarrollo de altas dosis de idealización, en particular por parte de las mujeres, que aún son más educadas para el amor que los hombres. (1) “Acabo de conocer a un hombre maravilloso; es de ficción, pero no se puede tener todo”, comenta la protagonista de La rosa púrpura del Cairo, una película de Woody Allen que refleja muy bien el proceso de idealización que caracteriza al discurso amoroso femenino. Contribuyen a esta idealización procedimientos característicos de la seducción amorosa como la mímesis, que lleva a brindar una imagen mejorada de uno mismo, subrayando las afinidades y ocultando los desacuerdos y las propias debilidades.

Cuando se ingresa al amor por la puerta del flechazo y del enamoramiento, las expectativas suelen ser altísimas: el otro no es quien es, sino quien deseamos que sea, y con frecuencia se incurre en una falacia de generalización indebida al considerar que en unos pocos encuentros resulta evidente que los amantes están “hechos el uno para el otro”. Se espera que la pasión se afiance en la pareja, pero cuando el hechizo se ha roto —y la pasión es finita por definición—, sólo resta el desengaño, la desilusión o el omnipotente deseo femenino de cambiar al otro. Este proceso de desencantamiento también se vincula con la falacia de falsa analogía presente en le mito del andrógino (divulgado popularmente como el de las “almas gemelas” o el de la “media naranja”). Si mediante el flechazo se reconoce a la “mitad perdida”, con mucha más razón el amado deberá responder a la imagen que se ha forjado de él, similar por otra parte a la que el amante tiene de sí mismo.

De la analogía de las “almas gemelas” se desprenden otras ideas que han contribuido a anudar amor y sufrimiento: la de no juzgarse “completo” si no se está en pareja, la de confundir la pérdida de un amor la pérdida de nuestra capacidad de amar y el supuesto de que una y sólo una persona está destinada a “hacernos felices” en el amor. La falsa analogía de las almas que vagan en busca de su mitad perdida también dio lugar a la falacia de la falsa dicotomía (o falacia del “blanco o negro”), que plantea mediante juegos de oposiciones dos alternativas, sin considerar que en realidad existen muchas más. Los crímenes y los suicidios pasionales, un tópico de referencia obligada desde la mitología griega hasta el presente, con frecuencia presuponen esta concepción según la cual sólo una persona está “destinada” a amarnos.

Si la relación con el “alma gemela” no es posible, la vida carecería de sentido. Nuestra propia integridad habría sido avasallada. Pero el amor no consagra la individualidad. No somos naranjas rebanadas ni erramos en busca de nuestra mitad perdida. A lo sumo encontraremos personas afines pero distintas de nosotros a las que podremos amar más allá del periodo de encantamiento primero (si lo hubiere), de acuerdo con nuestra disposición para conciliar las diferencias y los problemas que sobrevienen a toda relación humana que se prolonga en el tiempo.

Amar la búsqueda del amor

La concepción platónica del deseo como ausencia —según la cual se ama fundamentalmente cuando se carece del sujeto amado o de sus cualidades dignas de amor—, profundizada por el cristianismo, el amor cortés medieval, el romanticismo, el psicoanálisis y la sociedad de masas contemporánea, favoreció la concentración del interés en el periodo de la conquista. Amaríamos más la búsqueda del amor que el amor en sí mismo. Desde esta perspectiva se juzgó erróneamente que el ser humano es por definición un animal insatisfecho, sin considerar que el deseo también se crea en la presencia de lo amable y de sus cualidades.

La concepción platónica, fundamentalmente a través del carácter extremo que adquirió para el cristianismo, también contribuyó a estrechar el lazo entre amor y sufrimiento mediante el dualismo con que descalificó el cuerpo a favor de la esfera espiritual. A diferencia de India y China, donde se pensó que la iluminación espiritual está asociada con el sexo y es una forma de trascender la mortalidad, Occidente inscribió a la sexualidad en el registro de lo inconfesable, suscitando complementariamente su sobredimensionamiento, multiplicando al infinito el placer de decir el amor y valorando a la sexualidad como si se tratara de la clave de la condición humana en su conjunto.

La cultura occidental pareció menos interesada en focalizar su atención en un arte de amar que en inscribir el discurso amoroso en el registro de lo prohibido y de lo permitido, en el de las “normas” y en el de sus supuestos “desvíos”. De ahí la fascinación por los “amores prohibidos” y la identificación del “triángulo amoroso” con el argumento de las historias de amor.

Lamentablemente las mejores ideas sobre el amor aportadas por el cristianismo —su acento en el amor entendido como donación y no como exigencia, su ampliación del concepto de amor al conjunto de la humanidad—, fueron oscurecidas por la exaltación del sufrimiento en prácticas autoflagelantes que en muchos casos pretendían dominar los impulsos sexuales, y por siglos de intolerancia y persecuciones realizadas paradójicamente en nombre de la “religión del amor”.

El orgullo de sufrir por amorEl Romanticismo consagró la infelicidad como destino del amor. Madame Bovary, la novela realista de Flaubert, describió la infelicidad de la mujer burguesa educada en el romanticismo, y fue una historia arquetípica en la descripción los efectos indeseados que la “educación para el amor” (bovarismo) suele tener en gran cantidad de mujeres. Flaubert valora el amor-pasión en su justo límite: no lo juzga omnipotente e incluso lo desmitifica por la frecuencia con que conduce a la desdicha al abrevar en ausencias, idealización y expectativas desmedidas. La revolución sexual que tuvo lugar a mediados del siglo XX invirtió definitivamente el dualismo platónico y cristiano: el cuerpo sería ocasión para la alegría, para la experimentación y para la libertad.

Todas las orientaciones sexuales serían admitidas. Sin embargo, también fue clara la voluntad de disciplinamiento en autores como Wilhelm Reich, que aseguraban que cuando culminara el proceso de liberación sexual desaparecería la homosexualidad de la faz de la Tierra, o en ciertos cultores del amor libre cuando sólo podían sostener el ideal de la “pareja abierta” (2) al precio de un enorme sufrimiento, infligido a sí mismos o a sus parejas. Por supuesto, no fue el caso de todos los cultores de la “pareja abierta”: muchos de ellos experimentaron nuevas formas de entender el amor sin infligir daño en aras de un “deber ser”.

Siempre que se ama existe la posibilidad de sufrir. La mayor parte de las cosas que nos colman de felicidad, al mismo tiempo tienen el poder de infligirnos dolor. Sin embargo, las concepciones hegemónicas que signaron a Occidente dieron un paso más, llegando a postular la “dignidad” del sufrimiento por amor y entendiendo que el dolor es prueba de la intensidad del sentimiento.

El amor en los tiempos del consumismo

Parte de la cuota necesaria de sufrimiento que implica el amor se vincula con el hecho de que, como individuos modernos y occidentales, debemos elegir por nuestra cuenta a la pareja con la que compartiremos gran cantidad de momentos de nuestra vida. Como sujetos modernos, estamos librados a nuestras propias fuerzas. Como sujetos modernos, somos compelidos a pensar que el cambio siempre es bueno para nuestras vidas. La publicidad y las representaciones culturales no parecen decirnos otra cosa. No es extraño que el zapping amoroso se convierta entonces en el juego generalizado de la sociedad de consumo.

Si antes se toleraba demasiado, ahora no se tolera casi nada, de modo que con frecuencia el amor adquiere la vida útil de un electrodoméstico. Como sujetos modernos, también, vivimos una época en la que el lazo social tiende a quebrarse. Los más afortunados encuentran en la familia, en los amigos o en la pareja un amparo que los preserva de las inclemencias de un individualismo feroz. Otros sufren uno de los efectos más penosos del individualismo moderno: se sienten solos, desamparados, excluidos de la estructura de “vida en pareja” o de “vida en familia” que aún parecería signar hegemónicamente a ciertas sociedades.(3)

Reflexionar sobre el amor constituye un verdadero desafío en momentos en que los cambios científicos se tornan vertiginosos, cuando es posible escindir por completo la sexualidad de la reproducción, cuando los métodos de fertilización asistida plantean cambios que apenas alcanzamos a vislumbrar, cuando asistimos a cambios sustanciales como la disolución de un modelo de familia centrado en la crianza de los hijos.

El amor puede exceder en mucho el periodo del enamoramiento o del amor-pasión. El amor-acción o amor-compañero es un amor de más largo alcance que implica querer al otro porque se lo conoce y se goza de su presencia y no de su ausencia, una relación en la que el paso del tiempo puede estrechar el vínculo y convertirse en un dato a favor y no en contra, y en la que es posible sobrellevar los problemas que necesariamente alcanzan a toda relación humana duradera.

Creo que el amor en sus múltiples formas tiene un fuerte componente emancipador ante la lógica ascética del trabajo y del deber. En un mundo cosificado y hostil, el amor aún representa el reino de la gratuidad. Encuentro que un desafío importante para el individuo contemporáneo es aceptar el carácter problemático del amor frente a las imágenes idealizadas de gran cantidad de representaciones culturales. La pareja sigue siendo el ámbito donde es posible aunar una ética de la ternura con el sexo, cultivando el amor como un arte, es decir, aprendiendo del error para barajar nuevamente las cartas de uno de los juegos más bellos y antiguos del mundo.

Roxana Kreimer *

3 de mayo de 2007

notas:
1) Las mujeres juegan más con muñecas y están más en contacto con narraciones románticas, mientras que los varones juegan con autos o con armas de guerra.
2) Que no supone la exclusividad sexual.
3) En grandes ciudades como Nueva York o Berlín parece bastante más frecuente que el eje articulador de la vida sean los amigos y no la pareja. En estas ciudades, no estar en pareja no parece tan desafortunado como en otras más conservadoras.* Filosofa y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.

* Tomado del libro Falacias del amor, de Editorial Paidós.

fuente: www.jornada.unam.mx/2007/05/03/ls-amorfalaz.html

¿Se puede hacer algo?

¿Cuántas personas en su sano juicio pueden defender el sistema en el que vivimos? 

Ni siquiera los líderes mundiales se atreven a reivindicar abiertamente la barbarie imperante al desnudo. Su labor es la de escenificar la fe, el orden y el control sobre una lógica suicida, que se mantiene con la fuerza de las armas y de las «ilusiones necesarias». Sin embargo, todo está a la vista para el que quiera ver: un puñado de mafiosos, criminales, asesinos, ladrones y mentirosos gobiernan un mundo cada vez más caótico y degradado que nos arrastra y nos devora.

¿Hasta qué punto somos cómplices? No se puede decir que entre la «gente común» abunden los abiertos defensores de lo existente. Aunque la dominación sea en buena medida sutil, automática e inercial, también es evidente y obscena. Para que surta efecto deben fomentarse e imponerse la dependencia, la desorientación, el conformismo, la comodidad, el miedo a enfrentarse a la injusticia y sus consecuencias (represión, aislamiento social), las falsas alternativas o el egoísmo miserable del que defiende sus pequeños privilegios en medio del naufragio universal.

A pesar de todo, los amos del mundo son conscientes de que el caos se va a ir extendiendo de diversas formas (catástrofes, lucha por los recursos, guerras, estallidos sociales, miseria, ingobernabilidad,…) Esto, que ya es evidente en el llamado Tercer Mundo resulta una amenaza para la «seguridad» y el «bienestar» (el modo de vida) de los países «desarrollados». Ante la perspectiva de una crisis que parece haber llegado para quedarse, de una conjunción de incertidumbres y amenazas entre planificadas e imprevisibles, el poder trata de afianzar el teatro de la gobernabilidad, del sistema sin repuesto que se salvará si todos tiramos la botella en el contenedor verde y, sobre todo, si obedecemos. Pero el capitalismo, aunque «reformable» e incluso «refundable» sólo se mantendrá buscando su propia ruina. Mientras tanto, seguirán el saqueo, la destrucción y la muerte. También las resistencias.

Gobernar el caos y reconducirlo, modelar, descomponer y someter a las poblaciones, administrar la muerte a escala global y aplastar la protesta son los auténticos objetivos del milenio. El reforzamiento del aparato militar y del estado policial a escala planetaria son las respuestas preventivas ante lo que vendrá. La excusa, el terrorismo. Y de poco sirve saber y decir lo evidente: que ellos son los mayores terroristas y que, en el peor de los casos, los «otros» son simples aprendices.

¿Qué hacer?

Históricamente ya se ha probado casi todo: lo individual y lo colectivo, la rebelión o el asalto a la fábrica, pasando por la no-violencia y la desobediencia civil, la acción directa, la revolución interior, la revolución social o la toma del poder. El Sistema ha permanecido y ha sabido evolucionar y fortalecerse. Ello no ha impedido que la necesidad ética y vital de resistir y luchar, de responder a la opresión, de reafirmar que no estamos completamente muertos haya permanecido como una de las razones de que aún se pueda hablar de dignidad humana.

Si no nos dejamos seducir por las apariencias y desacreditamos la idea de que el Sistema se puede cambiar desde dentro, de que el Estado y sus instituciones puedan ser distintos a lo que son, sólo queda la maquinaria de los intereses creados y el autoengaño. Fuera de esto las formas de enfrentamiento han sido diversas. El conflicto armado ha llevado a menudo a la estigmatización terrorista, a la criminalización y al aislamiento, dentro de un marco de represión cada vez más estrecho y con costos personales muy grandes. Muchas iniciativas pacíficas y bienintencionadas han mostrado pronto sus límites y han sido recuperadas, institucionalizadas y rentabilizadas dentro de la lógica del mercado. Otras han caído en el terreno de lo espectacular, lo simbólico o lo testimonial. Todo ha dejado su huella, ha abierto y cerrado puertas y ha engrosado el caudal de la experiencia, la renovación y la repetición.

Lo colectivo sigue siendo, a pesar de todo, una poderosa fuente de aprendizaje en un medio cada vez más fragmentado y atomizado. También lo individual como fuerza primera y voluntad de vivir. El enfrentamiento, la visibilidad de la lucha, la radicalidad, el ejemplo, la autenticidad, la fusión de medios y fines, la ética y la necesidad inmediata forman una complejidad que no es ajena a las contradicciones, a las interpretaciones y al peso adverso de la maquinaria que se quiere sabotear. En cualquier caso, las luchas que permanecen son las que se interrogan a sí mismas, las que despliegan hondo sus raíces, las que crean verdadera ilusión y esperanza, las que nos transforman sin retroceso, las que nos hacen «utópicos» y nos dan fuerza para vivir y pelear en medio de la mediocridad, la resignación y la apatía. No es fácil, pero es imprescindible.

Extraído de la revista Ekintza Zuzena nº36

fuente: www.nodo50.org/ekintza

Seducción perversa

¿Qué hay de tan seductor en estos mundos listos para usar creados por el capital? ¿Qué es lo que los diferencia de los mundos concretos, actuales?

Por Suely Rolnik

La respuesta a esta pregunta salta a la vista si podemos penetrar el velo espesamente tejido de imágenes que empañan el ejercicio objetivante de nuestra sensibilidad visual y ofuscan su ejercicio vibrátil. Podemos entonces ver que lo que seduce en estos mundos en es la imagen de autoconfianza, prestigio y poder de los personajes que los habitan, como si ellos hubiesen resuelto la paradoja incorporándose para siempre a los salones de los supuestamente “garantizados” [1]. En otras palabras, lo que seduce de los mundos-imagen creados por el capital es, básicamente, la ilusión que transmiten de que existen mundos cuyos habitantes nunca experimentan fragilidad y sentimientos de vértigo, o que por lo menos tienen el poder de evitarlos o controlar la inquietud que provocan, viviendo una especie de existencia hedonista, llana y sin turbulencia, eternamente estable. Esta ilusión alberga la promesa de que esa vida existe, que el acceso a ella es posible, y aún más, que sólo depende de la incorporación de los mundos creados por el capital. Una relación perversa se establece entre la subjetividad del receptor/consumidor y estos personajes-imagen.

El glamour de esta gente privilegiada y el hecho de que como seres mediáticos son inaccesibles por su propia naturaleza, es interpretado por el receptor como una señal de su superioridad. Como en cualquier relación perversa en la que la persona seducida idealiza la arrogante indiferencia de la persona que seduce –en lugar de verla como signo de su miseria narcisista y su incapacidad de ser afectada por el otro—, el receptor/consumidor de estos personajes se siente descalificado y excluido del mundo de ellos. Identificado con este ser-de-imagen y tomándolo como modelo con la esperanza de que un día llegará a ser digno de pertenecer a su mundo, el consumidor comienza a desear parecérsele, poniéndose en una posición de sumisión y perpetua demanda de reconocimiento. Como ese deseo queda insatisfecho, por definición, la esperanza es de corta vida. El sentimiento de exclusión siempre retorna, y la subjetividad, para librarse de este sentimiento, se somete aun más, movilizando continuamente sus fuerzas a un grado más alto, en una carrera vertiginosa para encontrar mundos listos-para-usar para incorporarlos y concretarlos.

Esta promesa mentirosa constituye el mito fundamental del capitalismo mundial integrado [2]: la fuerza impulsora de su política de subjetivación, la diferencia que introduce en la experiencia contemporánea de desterritorialización. La ilusión que mantuvo la estructura del sujeto moderno adquiere aquí una nueva fórmula. Es transvaluado y alcanza la cima de su credibilidad en la religión del capitalismo cultural. Una religión monoteísta cuyo escenario es básicamente el mismo de todas las religiones de esta tradición: existe un Dios todopoderoso que promete el paraíso, con la diferencia de que el capital está en la función de Dios y el paraíso que promete está en esta vida y no más allá de ella. Los seres glamorosos de los mundos de la propaganda y del entretenimiento cultural de masas, con su garantido glamour, son los santos de un panteón comercial: “superestrellas” que brillan en el cielo-imagen por encima de las cabezas de cada uno, anunciando la posibilidad de unirse a ellos [3].

La creencia en la promesa religiosa de un paraíso capitalista es lo que sostiene la instrumentalización exitosa de los poderes subjetivos. El sentimiento de humillación que produce esta creencia y la esperanza de algún día alcanzar esa meta y escapar de la exclusión moviliza el deseo de realizar los mundos listos-para-usar ofrecidos en el mercado. Por medio de esta dinámica, la subjetividad se torna el productor activo de estos mundos: una servidumbre voluntaria que no es alcanzada por represión u obediencia a un código moral, como en las religiones monoteístas tradicionales, en las que el acceso al paraíso depende de la virtud. Aquí el código no existe; al contrario, cuanto más original es el mundo que la corporación transmite, tanto mayor es su poder para competir, entendiendo la originalidad en este contexto como un mero artificio de imagen que diferencia un mundo de todo el resto. Lo que seduce es esta diferencia, pues su incorporación haría del consumidor un ser distinto y por encima de todos los otros, lo cual es esencial en esta política de relación con el otro porque alimenta la ilusión de estar más cerca del panteón imaginario.

En este contexto la vida pública es reemplazada por un reality show global orquestado por el capitalismo cultural-informacional que se ha apoderado de todo el planeta. Una especie de pantalla de dimensiones mundiales, donde la gente disputa con uñas y dientes un papel de figurante, un lugar fugaz e imaginario que debe ser objeto permanente de inversiones y ser incesantemente administrado y garantizado contra todo y contra todos.

notas:
1) Me refiero aquí a la noción propuesta por varias tendencias dentro del operaísmo laAutonomíia Operaria, en la Italia de los años 70setenta, según como esretomada y reelaborada por Felix Guattari. Véase Félis Guattari, F. y Suely Rolnikk, S., Micropolítica: cartografias do desejo, Petrópolis, Vozes, 1985, pp. 187-190 (aparecerápróximamente en inglés como Schizo-analysis in Brazil, Nueva York, Semiotext, MIT, 2006 Micropolítica: cartografía del deseo, versión castellana en Traficantes de Sueños, Madrid, 2006, y Tinta Limón, Buenos Aires, 2006).
2) “Capitalismo mundial integrado”” (CMI) es una expresión acuñada por Felix Guattari ya al final de los años 60sesenta como alternativa al término “globalización”, que él consideraba demasiado genéricoa y que se presta a ocultar el sentido fundamentalmente económico y específicamente capitalista y neoliberal del fenómeno de trasnacionalización que comenzó a instalarse en aquella época. Véase Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y revoluciones moleculares, Traficantes de Sueños, Madrid, 2004..
3) Véase Cf.Brian Holmes,“Reverse Imagineering: Toward the New Urban Struggles. Or: Why smash the state when your neighborhood theme park is so much closer?” (www.creativecommons.org/licenses/by-nd-nc/1.0/) y ; véase también: “Warhol in the Rising Sun: Art, Subcultures and Semiotic Production,”

Fragmento de ‘Antropofagia zombie’ www.brumaria.net/textos/Brumaria7/14suelyrolnik.htm

Del gobierno y los tratados…

“El gobierno, bajo el pretexto de la seguridad y el progreso, nos ‘libera’ de nuestras tierras, recursos, cultura, dignidad y futuro. Ellos violan cada tratado que han hecho con nosotros. Uso la palabra ‘liberar’ en tono de burla y sarcasmo, de la misma manera que ellos usan las palabras ‘daño colateral’ cuando asesinan hombres, mujeres y niños. Ellos describen a la gente que defiende sus tierras como terroristas, salvajes y hostiles, y nos acusan de ser los agresores. Mis palabras buscan encontrar a los no indios. Miren ahora antes de que sea demasiado tarde, vean lo que se esta haciendo a otros en su nombre y vean cuanta destrucción permiten ustedes cuando no dicen nada. Su propio tratado, el que existe entre ustedes y el gobierno, es violado todos los días, este tratado es conocido comúnmente como Constitución”  Leonard Peltier, Penitencieria de Leavenworth, Kansas, Estados Unidos, Enero de 2004.

Extraído del libro ‘Muertos Incomodos (Falta lo que falta)’ del Subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II

Mentiras que se oirán este 24

La mentira más clásica es la de las plañideras y plañideros que se van a trepar a las tribunas a lloriquear, con estas o parecidas palabras, que “el 24 de marzo de 1976 marca el comienzo de la larga noche del terrorismo de Estado”. Lo cual, como lo sabe quien quiera saberlo, no es cierto: el peronismo no sólo preparó el terreno para el golpe del ’76 al desarticular el ascenso de masas generado a partir del Cordobazo, sino que dio comienzo al genocidio con 1.500 asesinatos, casi 1.000 detenidos-desaparecidos y el terror —atentados y amenazas— campeando en las calles sin freno alguno.

Pero, más importante aún, fue que Perón, desde la médula misma del “movimiento popular” sentó la doctrina que guió a lo que vendría: en su mensaje por cadena nacional del domingo 20 de enero de 1974, Perón prometió que tomaría las “medidas pertinentes para atacar el mal en sus raíces. El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos”. Y el 22 envió una carta a los militares, donde aseguró que “la estrategia integral que conducimos desde el gobierno”, junto a “la población, Fuerzas Policiales y de seguridad, y si es necesario de las Fuerzas Armadas” (…) “…harán que el reducido número de sicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República”. “Aniquilar” y “exterminio”, ideas que presidieron el accionar represivo, fueron, pues, directivas expresas de Perón, el héroe y mentor de muchos de los que estos días van a estar en los palcos y en los medios protestando su rechazo al genocidio.

Los números no cierran

Como si fueran pocas las mentiras contra las que debemos lidiar, ahora también se suma a este aquelarre el Encuentro Memoria Verdad y Justicia, con una convocatoria en la que proclama “No importa qué diga el gobierno: 95% de genocidas libres”. Como los que están presos —el 5% restante— son unas pocas decenas, para contar las cuales bastan y sobran los dedos de una mano, resulta matemáticamente diáfano que los números del Encuentro coinciden con los que la señora presidenta aventuró el año pasado: los genocidas en la Argentina fueron alrededor de mil. ¿Leyó bien? Vuelva a leer: mil (1.000).

Pero los organismos de derechos humanos y las estimaciones oficiales de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CoNaDeP) determinan, por ahora, la cifra provisional de 550 centros clandestinos. Si sólo fueran 1.000 los responsables del secuestro, tortura y asesinato de 30.000 personas, suponiendo que hubieran realizado esforzados turnos de doce horas, sin vacaciones, enfermedades, descanso semanal ni feriados, da una presencia en todo momento de menos de un represor por campo de concentración. Exactamente, 0,91 represor, que durante las doce horas de su turno tenía que descubrir y encontrar a sus víctimas, secuestrarlas y tenerlas cautivas, en algunos casos, durante meses y años; interrogarlas y torturarlas; procesar las declaraciones así arrancadas, y alimentar a los cautivos, y moverlos de unos centros clandestinos a otros, y asesinarlos, y custodiar el perímetro de campos de concentración a veces muy extensos, y hacer operativo su funcionamiento las 24 horas del día durante años.

El “95%” que dice el MVJ y la grosera tergiversación de los hechos que implica son un cachetazo, una afrenta a la verdad, a la historia, a la memoria que supuestamente quiere representar. Quizá el propósito no sea tan canalla como el de la señora presidenta y su partido; quizá sea el resultado de no querer ver de frente el rostro de una realidad tan penosa y difícil. Pero, la consecuencia es la  misma que la que persiguen los canallas: engañar y desarmar políticamente al pueblo.

Mil represores contra el mundo entero

Otra falsedad que oiremos hasta la náusea es la de que el pueblo estuvo desde el primer momento en contra de la dictadura y, los que no, fue porque no tenían ni idea de lo que estaba pasando. Los que sí combatimos a la dictadura sabemos cuán dolorosamente falsa es esa afirmación. Porque si el pueblo estuvo en contra, resulta que mil genocidas se impusieron sobre treinta y pico millones de habitantes, y sobre sus organizaciones políticas y sindicales, porque si uno oye a sus dirigentes, resulta que también combatieron a la dictadura.

Pero eso no es todo: sumando los efectivos de aquel entonces de las fuerzas armadas, y gendarmería, y prefectura, y las policías federal y provinciales da, en números redondos, 250.000 hombres de armas. Mil cometieron crímenes de lesa humanidad, ¿y los 249.000 restantes, qué hacían mientras tanto? Porque no podían ignorar lo que pasaba, ya que los centros clandestinos de detención —sobre todo los más grandes— funcionaban en dependencias militares y policiales que paralelamente cumplían con sus tareas habituales. ¿Así que 249.000 efectivos armados repudiaban lo que sucedía ante sus narices y no hacían nada por impedirlo? Aunque los mil fueran sus jefes, ¿no se rebelaban —249 a 1— ante tamañas aberraciones y las reprimían, con la escasamente cruenta que hubiera sido tal acción ante una relación de fuerzas tan desproporcionada?

No sólo nos mienten, también nos insultan

Insultan nuestra inteligencia. Por cierto, es increíble que después de más de treinta años tengamos que seguir repitiendo estas obviedades. Pero, lamentablemente, es así. Muchos de quienes lean estas palabras, que no podrán rebatir, volverán, sin embargo, a enarbolar de inmediato sus rancias mentiras. El conjunto de estas aberraciones, lejos de ser debilidades, descuidos o flaquezas, forma parte de un sólido aparato ideológico, el del populismo. El populismo, que contrariamente a procurar el cambio, como vocifera, está aquí para impedirlo, muy contento con lo que hay, tanto en el plano cultural, como en el político, el social y el económico.

Pero lo venceremos, indefectiblemente lo venceremos: todo lo sólido se desvanece en el aire.

Vecinos Memoriosos / vecinos.memoriosos@gmail.com
23-3-2009

www.argentina.indymedia.org/news/2009/03/660775.php

 

 

La ciudad invernadero

Las reflexiones y abordajes críticos al fenómeno de la ciudad contemporánea han sido un tema recurrente en los últimos años desde el campo de la sociología, la antropología y la filosofía, haciendo especial hincapié, por lo general, en los efectos que los cambios económicos del capitalismo de la información han tenido sobre la vida urbana en las ciudades globales o megalópolis.

Con diferentes nombres-concepto se ha intentado encerrar en el siempre tranquilizador lenguaje teórico lo que no es sino una amalgama confusa de acciones políticas, configuraciones espaciales espectaculares, profundos cambios en la percepción y en la vivencia del espacio urbano y, sobre todo, el lento pero seguro surgimiento de un tipo de vida urbana que en nada se parece al propio de la ciudad moderna-industrial, si bien ésta continúa existiendo en el paisaje urbano como ruina y a través del recuerdo de la generacion que contribuyó a su construcción. En las últimas décadas el urbanismo, entendido éste como el planeamiento de la ciudad, ha sido abandonado casi completamente (como proyecto integrador y consciente) en manos de multinacionales de la construcción con las consecuencias conocidas por todos: edificación indiscriminada de viviendas, superinflacción de los precios, desarrollos incontrolados en las periferias, precarización del empleo, terciarización de la ciudad y corrupción política.

Desgraciadamente, las consecuencias de esta generalización de la ideología del beneficio rápido y para todos (también para los llamados pequeños inversores que se han tragado el cuento del Capital) se empiezan a notar ahora en forma de crisis económica y de «desinfle» de la eufemísticamente llamada «burbuja inmobiliaria», mientras las instituciones económicas globales y sus defensores en las instituciones hacen todos los esfuerzos posibles por suavizar el problema. Aunque desde el punto de vista económico, al parecer, se puede afirmar el final de un modelo, desde el punto de vista de los modos de vida en el espacio urbano contemporáneo estamos en el comienzo de nuevas formas de socialización y de alienación de (y en) este espacio, lo que equivale a decir nuevas formas de control del espacio y de dominación política.

El espacio urbano

Herederos como somos de una tradición de pensamiento idealista y profundamente antimaterialista es evidente que el abordaje teórico de la cuestión urbana desde premisas bien diferentes debe ser un pensamiento del afuera tanto como de la corporalidad y del espacio, ya que desde nuestra posición histórica y autoconsciente el cuerpo ha pasado a ocupar uno de los filones críticos más interesantes para reflexionar sobre los cambios urbanos y las transformaciones sociales. La concepción político-institucional del espacio urbano es heredera de la concepción idealista que ve en éste sólo sus cualidades cuantificables, lo cual permite la puesta en práctica de la misma en el diseño urbano de las ciudades. Por otra parte, esta concepción del espacio urbano como un no-lugar, es decir, como el espacio que hay que ocupar puesto que está vacío, es la que también sostiene la episteme sobre la que se fundan los proyectos de construcción de viviendas, edificios emblemáticos, plazas, infraestructuras de transporte, etc.

Es decir, política y capital no coinciden sólo por interés estratégico, sino, fundamentalmente, porque comparten una concepción de la ciudad en la que la vida urbana es ignorada, tal y como muestran una y otra vez las maquetas con que se presentan todos y cado uno de los proyectos de «renovación» urbana: En estas construcciones en miniatura aparece la ciudad soñada por la política de la dominación, una ciudad en la que todo (y todos) responden con disciplina a la vida que para ellos ha sido diseñada desde un lugar (la perspectiva del mirar es aquí fundamental) que sólo puede corresponder a un demiurgo de lo social. Ciudad siempre blanca, higiénica y aséptica, en la que los edificios siempre representan una magnitud superior a la de las personas que, cuando las hay, siempre aparecen en amable e inofensivo paseo. Podríamos decir, sin temor a exagerar, que la ciudad contemporánea es eso y nada más en las cabezas de quienes las sueñan y las construyen después.

Las consecuencias sociales de la puesta en práctica de este sueño urbano de la élites se han dejado sentir desde hace décadas en todo el mundo. Aunque las diferencias nacionales y locales han hecho que el modelo tenga sus particularidades y desarrollos diferentes y específicos, resulta posible definir un modelo general que permita comprender los procesos de exclusión social, destrucción del espacio, generación de iconos urbanos y construcción de un espacio sometido a la vigilancia y el control. Giandomenico Amendola definió muy acertadamente este modelo con el nombre de ciudad posmoderna.

El fundamento económico del mismo es la mercantilización del espacio urbano y la búsqueda de beneficios gracias a la puesta en venta de la ciudad como imagen-marca. Para que esta transformación pudiera iniciarse era necesario que previamente la ruina, el deterioro y la crisis económica hubieran afectado de un modo definitivo a la ciudad, tanto en su aspecto físico como por lo que respecta al siempre inexplorado campo de la emoción y el sentimiento de sus ciudadanos. Sin un sentimiento de derrota y una invencible apatía política nunca hubiese sido posible desplazar poblaciones, destruir los edificios vinculados al pasado más reciente y hacer que nuevos relatos urbanos fueran creídos, aceptados y repetidos por todos de manera entusiasta.

La huida del centro urbano que, como consecuencia del propio desarrollo de la ciudad industrial, se había convertido en lugar de residencia para las clases trabajadoras (cuya desesperada condición denunciara Engels anticipando las reflexiones del urbanismo de izquierdas) hizo que la expansión hacia las periferias (el fenómeno de la suburbanización) de las clases medias se convirtiera en el leit motiv para un pensamiento profundamente negativo en torno a la ciudad.

El miedo urbano hace su aparición como una mezcla de mitos, realidades y sospechas sobre los peligros que encerraba el centro urbano y, sobre todo, sus habitantes. La utopía de un espacio de seguridad se solapa con la necesidad de poner tierra de por medio, en forma de muros, consenso y zonificación residencial. Las islas urbanas, también llamadas Edge Cities, surgen como comunidades socialmente homogéneas cuyos servicios son asegurados por el capital en forma de centros comerciales, centros financieros, etc. Este modelo de ciudad cambia en torno a los años 80 debido a causas económicas y políticas derivadas de la expansión mundial de los mercados. La fase expansiva de la ciudad concluye y se inaugura otra de recuperación de los centros urbanos por parte de las clases medias por medio de toda una serie de políticas urbanísticas encaminadas a una «vuelta al centro» que tendrá en el diseño urbano y en la gentrificación la excusa para desplazar a las clases trabajadoras y/o marginales a los espacios residuales de las viviendas en bloques.

Este proyecto de reencantamiento urbano nunca hubiera sido posible sin la consolidación de la economía simbólica y el capitalismo de la información que supusieron una mutación estructural y cultural de importantes consecuencias en el espacio urbano. Por un lado, el centro se recupera como espacio privilegiado en el que las empresas instalan sus centros de decisión y mando, al compás del desmantelamiento de viejas fábricas y demás infraestructuras de la ciudad industrial agónica. Por otro, la progresiva consolidación de un nuevo tipo de experiencia urbana nos acerca a una mitología sobre la ciudad en la que los medios de masas (el cine, la televisión, la red) han acercado la posibilidad de una conciliación del sueño y la realidad (o una confusión de ambos estados) que se plasman en la apología de la arquitectura del capricho en la que el capital hace posible que la vida urbana se establezca sobre un lecho de deseos (o de narcosis) narcisistas que sólo pueden ser puestos en práctica para la minoría habitante de los centros y que se convierten en espectáculo urbano a los ojos de todos cuantos pierden el espacio de su infancia.

En este sentido, el enorme poder e influencia de los arquitectos contemporáneos en el diseño de las ciudades debe ser visto como una muestra de una radical mutación de las categorías políticas y de la percepción del mundo en que vivimos. Ya no se trata en lo fundamental de construir edificios con una función determinada (la praxis de la arquitectura durante siglos) sino de proyectar en la ciudad las imágenes del mundo de los sueños como un anuncio de un porvenir lleno de buenos presagios e indiferencia ante la rudeza de lo real. La seducción de las formas contra la aspereza de un mundo que se rechaza. Quienes pueden permitírselo, lo pagan.

La experiencia en la ciudad posmoderna es un habitar en lo incierto, en la falta de identidad, en el fragmento y en la velocidad. Ha sido el filósofo y urbanista P. Virilio quien más acertadamente ha señalado las consecuencias de este modo de organización de la vida, así como sus peligros más inmediatos: la desaparición de la geografía y de la posibilidad de establecer un vínculo con la naturaleza (con la humana, propiamente). La permanente confusión entre el mundo de las imágenes y la realidad es la nota característica de muchas de las grandes aglomeraciones urbanas de nuestros tiempos.

En sus espacios (¿calles?) es difícil distinguir el simulacro urbano de la ciudad misma, la imagen publicitaria lo invade todo, la experiencia del ciberespacio se hace cada vez más presente. Es imprescindible estar conectado permanentemente para habitar en el sueño de la indiferenciación digital. Sin embargo, este sueño es sólo una parte muy pequeña del mundo de las realidades contemporáneas contra el que se levanta: Pobreza, miseria, desmantelamiento del estado de bienestar, terrorismo empresarial, exclusión, vigilancia, violencia institucional… Precisamente la realidad.

El pacto colectivo de simulación en que vivimos en las ciudades del primer mundo se funda sobre un miedo atávico a lo real que la globalización informacional ha venido a solventar por medio de la constitución de un espacio interior autoinmune cuyas fronteras psicopolíticas nos aislan definitivamente de una exterioridad peligrosa. P. Sloterdijk ha trazado la genealogía del concepto «esfera» (y de la propia globalización como extensión del principio-esfera) desde la antiguedad clásica hasta nuestros días, poniendo de manifiesto la necesidad de una aproximación genealógica y psico-política a los fenómenos contemporáneos que con tanta histeria se analizan en la literatura «especializada».

En su definición del espacio capitalista de mundo, Sloterdijk afirma que éste «no constituye una estructura coherente alguna; no es una magnitud semejante a una casa-vivienda, sino una instalación de confort de cualidad semejante a un invernadero o a un rizoma de enclaves pretenciosos y cápsulas acolchadas.» Un invernadero en el que lo público hace ya mucho que deja de ser un concepto político que se refiera a los espacios urbanos centrales (desde un punto de vista tanto local como global) puesto que la exterioridad era su posibilidad misma. Sólo en aquellos lugares en que la cobertura afloje o sea inexistente es posible encontrar aún vida urbana y posibilidad de vida política, tanto en los espacios urbanos de los países ricos como en los de los países pobres cuya acelerada urbanización merece un análisis aparte.

Bilbao transformado

Si uno escucha con atención las declaraciones políticas que desde la inauguración en Bilbao de la franquicia Guggenheim se han hecho en torno a la necesidad de no perder el «tren del progreso» caerá en la cuenta de la indisimulada pretensión de hacer de la ciudad en su conjunto un centro atractivo para el capital, al precio que sea. En el caso concreto de Bilbao, los llamados proyectos urbanísticos han consistido en la edificación de artefactos arquitectónicos de firma, productos del capricho de los arquitectos de moda en el escaparate internacional. En torno a estos edificios se ha optado claramente por la constitución de un espacio donde la mercancía (desde el propio edificio como objeto de contemplación económica) sea omnipresente y accesible a los bolsillos más pudientes. En lugar de contemplar a la ciudad como el conjunto de sus habitantes y de sus necesidades sociales, esta pragmática del ladrillo ha hecho del diseño urbano la herramienta con la que grandes beneficios empresariales han robado el suelo público a sus moradores, obviando cualquier consideración que la meramente económico-espectacular.

Las estrategias de seducción puestas en marcha por los gestores de la operación (Gobierno Vasco, Ayuntamiento, Bancos, constructoras) no se hicieron esperar y fueron dirigidas, en lo fundamental, a una ciudadanía que había asistido impotente y desconcertada al desmantelamiento del tejido industrial y que se encontraba sumida en una neblina de incertidumbre y confusión: El Bilbao industrial y todo lo que contribuyó a la formación de una identidad urbana colectiva (aunque escindida en clases o, si se prefiere, en las dos márgenes de la Ría) se desvanecía súbitamente ante los ojos asombrados de todos. Este momento de crisis se mostró, a la larga, como el motivo psicológico fundamental esgrimido por los adalides del museo, desde políticos, periodistas y financieros oportunistas para ofrecer a la ciudadanía un sueño de renovación y un futuro de oportunidades (eslogan del capitalismo de la seducción) que les sacara de la crisis que las ruinas industriales del pasado, tan presentes en el paisaje urbano de Bilbao, no dejaban de recordarles.

Sin embargo, se trataba de otra cosa bien diferente que de la sola instalación de un museo en una u otra ciudad de Europa, en este caso Bilbao. De lo que se trataba era del inicio de una gran operación económico-urbanística que, a la vista del jugoso pastel inmobiliario cuya primera porción se comió el propio museo, iba a transformar el espacio industrial degradado y en desuso de la ribera de la ría en una zona residencial de lujo y ocio cultural que inaugurase una nueva centralidad urbana atractora de turistas y, por supuesto, de grandes inversiones. Es decir, asistimos al surgimiento de una nueva sintaxis arquitectónica (e incluso, política) y de una nueva estética urbana que sigue la pauta de lo que los economistas eufemísticamente denominan Marketing urbano, lo cual no es más que un tecnicismo de especialistas que encubre descaradamente la privatización del espacio público, el servilismo de los políticos municipales y la entrega de espacios urbanos a la empresa privada para su gestión mercantil.

La consolidación en este nuevo centro de un espacio de seguridad y de control (cuyo paradigma, como es bien sabido, es el metro de Bilbao) es la consecuencia directa de su característica principal, el hecho de haber desalojado permanentemente la vida urbana de su interior o, en otras palabras, de haberse convertido en un interior en sí mismo, en un invernadero al aire libre donde cuanto ocurre refleja el sueño con que fue concebido: el pasear anodino e inofensivo de quienes habitan estas maquetas es cuanta acción se espera de un lugar en el que el conflicto, la vida agitada e inquietante de la calle han sido proscritos. Por un lado, por la propia existencia de una vigilancia y de un control policial de estos espacios para la gente de bien que atraída por la imagen de ciudad «moderna» la visita y la consume; por otro, por la interiorización que los habitantes de la misma hacen con respecto a la disciplina corporal necesaria para acercarse a contemplar las maravillas del lujo y de la vida que tienden a desear para sí en un futuro mejorable. Unos y otros como asépticos y blancos ciudadanos en miniatura.

Ante el acoso de este mal llamado urbanismo, se impone la necesidad de dar una respuesta crítica a la despolitización de la ciudadanía y al deterioro del espacio público urbano (que es, en esencia, político), que son la desgraciada consecuencia del acoso que el capitalismo internacionalizado ejerce desde hace décadas sobre la ciudad, así como poner el énfasis en la profunda imbricación de los procesos de generación de capital con el surgimiento de un modelo de ciudad volcada hacia la vigilancia-espectáculo o el espectáculo vigilante.

La progresiva mercantilización del objeto ciudad y la consolidación de la economía simbólica son fenómenos coextensivos a la creciente complejidad informacional del mundo, al menos en los países ricos, así como a un creciente aislamiento social en zonas protegidas y vigiladas. La generación de una ciudad-residuo como contraparte a la lógica de la exclusión pone en evidencia la panoplia de desigualdades sobre las que se levanta la ciudad contemporánea, así como los procesos de invisibilización puestos en marcha en contra de los excluidos del sueño urbano. Además, tal y como vienen a demostrar los hechos más recientes (cierre de gaztetxes, planes para el mercado de la Ribera, Zorrozaurre) las consecuencias sociales de este modelo de ciudad muestran con evidencia su solapamiento con una apuesta política por la represión de la participación ciudadana (más allá del puntual maquillaje de las izquierdas gobernantes) en la toma de decisiones sobre la ciudad, así como de los colectivos ciudadanos de todo color que durante los últimos 25 años han propuesto modelos alternativos de hacer y de construir la ciudad sobre bases más sociales, ecológicas, solidarias e igualitarias.

El desenfrenado «fin de fiesta» capitalista (a la vista de una crisis de ciclo cuyos sostenedores, animadores e instigadores son los mismos que ahora querrán aconsejarnos sobre medidas de contención, ahorro y etc.) supone un derroche intolerable e injusto que, en lo que respecta a los planes de futuro, puede suponer la pérdida de un gran número de espacios singulares en los que no sólo se trabajó durante años, sino que han sido las condiciones de posibilidad de nuestra experiencia urbana. Una experiencia que, más allá de las concepciones carcelarias y panópticas, ha estado y debería estar llena de variedad, tensión, conflicto y compromiso por un habitar consciente de que la ciudad es el lugar de nuestro tiempo histórico.

Andeka Larrea

revista Ekintza Zuzena nº35
www.nodo50.org/ekintza/

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Más allá de los límites

Asistimos al afianzamiento -sobre todo en el mundo occidental- de un modelo de autoritarismo democrático como estrategia de gestión frente a la progresiva inestabilidad e incertidumbre de un sistema que hace aguas por diferentes lados (conflictos y crisis sociales, políticas, económicas, ecológicas,…), pero que parece no estar todavía en situación de hundirse. El fascismo amable (mezcla de autoritarismo y seducción) impone sus reglas de infantilización y alienación consumista, de vaciamiento de la capacidad de pensar y vivir autónomamente, de descomposición social y deshumanización. Los mecanismos de seducción tratan de invisibilizar, insensibilizar o, cuanto menos, generar impotencia y resignación frente a las transformaciones y cambios de la realidad y frente a los horrores que suceden dentro y fuera de los muros del primer mundo.

Estos cambios modelan un panorama de creciente represión y control social que se aplican y se visualizan de forma ejemplarizante sobre sectores estigmatizados (inmigrantes, terroristas,…), pero cuya proyección es el disciplinamiento del grueso de la población. El terrorismo económico-militar y la gestión del miedo, el desarrollo de las tecnologías de control (implantación de ficheros de datos, biometrías, videovigilancia, etc.) y los cambios legales (endurecimiento de las legislaciones penales, restricciones en los flujos migratorios procedentes del tercer mundo, etc.) configuran un conjunto de medidas que pretende tanto prevenir factores de desestabilización como aplastar a aquellos sectores considerados como peligrosos para el status quo.

Euskal Herria es un ejemplo diáfano de estas transformaciones: una sociedad primermundista más o menos acomodada en lo económico en la que se da un proceso de represión política de gran calado contra un sector social criminalizado en su conjunto. Detenciones, torturas, montajes y procesos judiciales y encarcelamientos, labor educativa de pacificación y normalización y guerra mediática son las estrategias utilizadas por el estado en un espacio que por su amplitud y complejidad sirve de laboratorio para amplias estrategias de control social, que aunque obscenas y atentatorias contra los propios principios democráticos y los derechos fundamentales, consiguen (sobre todo fuera del País Vasco, pero también dentro) una amplia legitimación ciudadana tanto por activa como por pasiva.

La izquierda abertzale, por su dimensión y su dinámica política es el blanco fundamental de este ataque. Este hecho se ve facilitado por viejos y graves errores políticos y por las carencias éticas derivadas en buena medida de la práctica armada. Sin embargo, la estrategia de fondo es mucho más amplia y pretende borrar o mutilar las ideas y prácticas que tratan de salirse de la vía muerta del marco democrático como fachada de un capitalismo convertido en fatalidad. Como ejemplo, la lucha contra el TAV muestra de forma clara el conflicto entre la maquinaria de la democracia capitalista y la capacidad de resistencia como forma activa de ejercicio de la libertad y la dignidad. El autoritarismo democrático no va a permitir que sus proyectos sean cuestionados más allá del simulacro o la marginalidad. Cuando se desbordan los límites del espectáculo, de la libertad vigilada, el sistema reacciona con las armas que precise en cada momento. En este caso, con la criminalización y la conversión de toda oposición en fenómeno terrorista (tal como ha ocurrido con el sumario 18/98+).

La erradicación de la violencia y el imperio de la paz se convierten en los iconos de este sistema orwelliano que se basa en la violencia estructural (desde los accidentes laborales hasta la guerra de Afganistán) y en la sistemática manipulación del lenguaje. Es un lavado de cerebro que trata, en el fondo, de anular la capacidad de resistencia frente a las injusticias, que siempre tiene que sobrepasar los corsés que impone el sistema -tanto ideológicos como prácticos- para poder conseguir sus objetivos. No hay cambios reales sin riesgos ni sin costos, pero tampoco sin la capacidad de generar ejemplos prácticos de acción y referencias éticas que de alguna manera prefiguren algo mejor al margen de lo que nos depare la lucha, que es en sí misma un medio y una parte fundamental de nuestra vida.

Editorial de la revista Ekintza Zuzena nº 35
www.nodo50.org/ekintza/

 

Estados Unidos es una religión *

Los gobernantes estadounidenses se ven a sí mismos como sacerdotes, con una misión divina, eliminar los demonios de la faz de la Tierra.

Por George Monbiot

El artículo de G. Monbiot fue publicado hace un año, cuando las tropas de ocupación detectaron y dieron muerte a dos hijos de Saddam Hussein. Su comienzo describe hechos de ese momento y la pertinaz falla del “comando civil y militar de las tropas estadounidenses” para ver la realidad. Por ello, se pregunta, por ejemplo: “¿Se supone acaso que tengamos que creer que los servicios de seguridad son los únicos que no pueden ver que hay muchísimos iraquíes que se quieren desembarazar de EE.UU. como en su momento querían desembarazarse de Hussein?

Monbiot llega así a la cuestión nodal, que desarrollará en el resto del artículo y que traducimos y publicamos íntegramente a partir de su hipótesis: No hay un fallo de información, hay un fallo ideológico.

Para entender porqué persiste este fallo debemos primero captar una realidad que se aborda infrecuentemente en el periodismo. Estados Unidos ya no es una nación. Hoy en día es una ideología. Sus soldados han incursionado en Irak para exonerar a su pueblo no sólo de su dictador, su petróleo y su soberanía, sino también de sus penumbras. Así lo dijo George Bush cuando le habló a las tropas el día en que anunció la victoria: “Donde vayan, ustedes llevan consigo un mensaje de esperanza, un mensaje que es antiguo y a la vez novísimo. En las palabras del profeta Isaías, «a los cautivos, ‘salgan’ y a quienes estaban en las penumbras ‘sean libres’».

Así que los soldados de EE.UU. ya no son meramente combatientes terrenales; han devenido en misioneros. Ya no matan sencillamente enemigos, están eliminando demonios. El pueblo que reconstruyó los rostros de Uday y Qusay [los hijos de Hussein eliminados violentalmente, a los que alude el principio del artículo; n. del t.] olvidó desprolijamente restituirles el par de cuernitos, uno encima de cada ceja, pero las autoridades norteamericanas se encargaron de transmitir claramente que se trataba de oponentes pertenecientes a otro reino. Como todos aquellos que envían misioneros a ultramar, el elenco de sacerdotes mayores de EE.UU. no puede concebir que los infieles puedan resistir por su propia y libre voluntad; si rechazan la conversión que se les ofrece, es porque interviene la labor del demonio, en su disfraz como precedente dictador de Irak.

Como nos lo muestra Clifford Longley en su fascinante libro Chosen People [Pueblo elegido], publicado en 2002, los “padres fundadores” de EE.UU., aunque alguna vez se desviaron de ello, en general sentían que estaban guiados por un propósito divino. Thomas Jefferson argüía que el sello oficial de EE.UU. tendría que representar a los israelitas “guiados por una nube durante el día y una colmuna de fuego en la noche”. George Washington clamaba, en su alocución inicial que todo paso hacia la independencia “se caracterizaba por una señal de acción providencial”.

Longley sostiene que la formación de la identidad estadounidense fue parte de un proceso de “sobreseimientos sucesivos”. La Iglesia Católica romana sostenía que ella había suplantado a los judíos como pueblo elegido, en tanto los judíos habían sido repudiados por Dios. Los protestantes ingleses acusaron a los católicos de quebrar la fe y aclamaron a los cuatro vientos que ellos se habían convertido en el pueblo elegido por Dios. Los revolucionarios independentistas fundadores de EE.UU. sostuvieron a su vez que los ingleses habían roto el pacto divino y que ahora los estadounidenses se habían convertido en el pueblo elegido, con el divino deber de poner a disposición del dominio de Dios a todo el mundo. Y como para mostrar que estas creencias persisten, George Bush  recordó un llamado de Woodrow Wilson. “EE.UU.”, citó, “tiene una energía espiritual en sí mismo que no tiene ninguna otra nación para contribuir a la liberación de la humanidad.”

Poco a poco, esta noción de ser elegido ha ido confluyendo con otra idea, todavía más peligrosa. No es exactamente que los yanquis son el pueblo elegido por Dios sino que el mismísimo EE.UU. configura en sí mismo un proyecto divino. En su adiós presidencial, Ronald Reagan habló de su país como “una ciudad luminosa sobre una colina”, una referencia al Sermón de la Montaña. Pero lo que Jesucristo describía no era un Jerusalem terrenal, sino el reino de los cielos. En las alusiones de Reagan no sólo se daba por descontado que EE.UU. constituye el reino de Dios sino que también se puede ubicar al reino del infierno aquí en nuestro planeta: entonces se trataba del “reino del mal”, Unión Soviética, contra el cual estaban encomendados los guerreros sagrados.

Desde los ataques a Nueva York, la noción de divinidad para EE.UU. no ha hecho sino extenderse y acentuar sus rasgos. En diciembre de 2001, Rudy Giuliani, el intentente neoyorquino hizo su discurso mayor en la capilla de San Pablo, cerca del lugar donde se levantaban las Torrres Gemelas recién destruidas. “Todo consiste”, sostuvo, “en que abraces la causa de EE.UU.  y entiendas sus ideales y lo que está en juego. Abraham Lincoln solía decir que la comprobación de tu americanism era… cuánto creías en EE.UU. Porque somos como una religión, realmente. Una religión secular.” La capilla en la que habló había sido consagrada no exactamente por Dios sino por el hecho de que George Washington una vez había orado en ella. EE.UU. no tiene ya necesidad de invocar a Dios: es Dios, y los que marchan al exterior lo hacen para distribuir la luz y hacerlo en nombre de un reinado celestial. La bandera se ha convertido en algo tan sagrado como la Biblia: el nombre de la nación se ha hecho tan sagrado como el de Dios. La presidencia se ha convertido en consonancia, en un sacerdocio supremo.

Así que aquellos que cuestionan la política exterior de Bush ya no son sólo críticos, son blasfemos. Los estados extranjeros que procuran modificar su política malgastan su tiempo: se puede negociar con políticos, pero no se puede negociar con sacerdotes. EE.UU. tiene una misión divina y como sugirió Bush en enero de 2003: “defender… las esperanzas de toda la humanidad” y guay de quienes ponen sus esperanzas en algo distinto al american way of life [awol].

Los peligros de una divinidad nacional apenas si necesitan explicitarse. Japón marchó a la guerra en la década de los 30 convencido, como Bush, que poseía un mandato divino para “liberar” al Asia y extender el reino del Imperio Divino.  Iban a, como predijo el teórico fascista Kita Ikki, “iluminar la oscuridad del mundo entero”. Los que buscan traer el cielo a la tierra están únicamente destinados a configurar un infierno.

N. del T.: Nos atrevemos a cerrar la fermentaria nota de Monbiot con una cita de Blas Pascal que no hace sino concebir lo mismo cuatro largos siglos atrás: ‘El hombre es medio ángel y medio bestia, y cada vez que procura convertirse totalmente en ángel se convierte totalmente en bestia.” [cit. p. Mario Sambarino, seminario de Filosofía de la práctica de la Fac. de Humanidades y Ciencias, Montevideo, 1971].

nota:
* Título del original: “America is a religion”. El original juega con el apócope habitual del nombre, United States of America, y la habitual mención ideológica al americanismo. Nosotros no admitimos que desde EE.UU se usurpe el nombre de todo el continente llamado eurocéntricamente “El Nuevo Mundo”. [n. del ed.]

Publicado en Guardian Weekly, Londres, 7-13/8/2003.
Traducción del inglés: Luis E. Sabini Fernández

artículo publicado en Revista futuros nº7. https://revistafuturos.noblogs.org

Entre la movilización y la paz social subvencionada

Indicaciones acerca de la situación social en el Estado Español

Por Corsino Vela

El proceso de desactivación del movimiento de contestación social se inserta en el proceso general de desactivación de la conflictividad social que se aprecia en los diferentes países de la Unión Europea. Una desactivación que, si bien se hace ostensible en el plano general de la movilización y contestación al sistema capitalista, tiene su reverso en la proliferación de formas perversas de conflictividad de baja intensidad (violencia contra inmigrantes, contra las mujeres, intensificación del chantaje y presión psíquica y física en el lugar de trabajo, etc.) que marcan la senda de un proceso general de descomposición de expresiones sociales heredadas del ciclo de luchas del pasado reciente, mientras abren paso a una reorganización de la sociedad sobre las bases de un nuevo autoritarismo: el totalitarismo democrático.

De este modo, mediante la invocación reiterada de una categoría vaciada de contenido, la democracia, se da pábulo a una especie de estado neocorporativo en el que la colusión de intereses entre las instancias gestoras de la representación social y económica (corporaciones empresariales, partidos, sindicatos, ONGs y demás asociaciones de la denominada sociedad civil) legitima y ampara prácticamente la expropiación de los bienes colectivos (agua, territorio/espacio público), así como la explotación y exclusión de las facciones de la población asalariada con menos capacidad de defensa de sus intereses (inmigrantes, mujeres, jóvenes, ancianos, etc., que constituyen precisamente los segmentos de la población asalariada menos competitivos).

Con este trasfondo, que marca en igual medida la ruina cultural de la izquierda histórica (socialdemocrática y leninista), se ha dado rienda suelta a la imaginación discursiva postmoderna, donde la práctica del lenguaje y el gusto por el neologismo han tomado el lugar del lenguaje de la práctica, toda vez que ésta, sepultada en el proceso de transformación impulsado por la acumulación intensiva de capital de las dos últimas décadas, ha sido relegada a mera expresión formal, simbólica, lingüística, ideológica, en fin, del antagonismo.

Con ello, la producción de un discurso antagonista vendría a llenar el hueco dejado por la casi total ausencia de una práctica social antagonista. Así, mientras avanza el proceso de socavamiento de las condiciones de vida (precarización), la mayor parte de la población limita su contestación a la muestra de un malestar que encuentra su satisfacción en el recambio de las figuras en el sistema de representación política. Por otra parte, la imparable devaluación intelectual de la izquierda lleva a definir como movimientos sociales la mera agregación de diferentes segmentos de opinión.

Del mismo modo que confundir sindicalismo con movimiento obrero es un error interesado de ciertas formas ideologizadas de la izquierda tradicional, es un abuso de lenguaje identificar como movimientos sociales las movilizaciones de simples corrientes de opinión (contrarias a la guerra, por ejemplo). Si algún significado tiene todavía el concepto de movimiento social será en relación con su dimensión y contenido, en la medida que por su relevancia pone en entredicho la relación social existente y se hace expresión tendencial de la superación práctica de esas relaciones sociales.

La paradoja que representaron grandes movilizaciones (Nunca Mais, No a la Guerra, 11-M, etc.) y la impotencia de las multitudes remite a la creciente disparidad entre la autonomización formal y la sumisión real de la política respecto de las exigencias de la acumulación de capital. Se hace «la política que se puede hacer», como no paran de repetirnos los profesionales de la representación política o, lo que viene a ser lo mismo, se hace lo que se puede para mantener el equilibrio entre los movimientos espasmódicos del capital y sus consecuencias sociales inmediatas, y el mantenimiento de la estabilidad social necesaria para proseguir el proceso de acumulación.

Indagar en los mecanismos que hacen posible esa aparente supresión del antagonismo en la fase totalitarista democrática, discernir si nos encontramos ante la superación/supresión real del antagonismo social inherente a la condición asalariada o, por el contrario, si se trata de su encubrimiento de acuerdo con las condiciones de la fase actual de acumulación de capital, es algo que se pretende avanzar en las páginas que siguen. Y, sobre todo, abordar los mecanismos de articulación social del Estado neocorporativo del totalitarismo democrático para poner en evidencia, al menos, algunas de sus limitaciones prácticas. Si no queremos renunciar a pensar lo social tendremos, pues, que alejarnos tanto del ensimismamiento de la obviedad descriptiva de la práctica de la acumulación de capital, como de la huida que representa el discurso del rechazo meramente ideológico del mundo circundante.

La elucubración discursiva acerca de la transformación social ha llevado, hasta cierto punto, a oscurecer el análisis de la práctica de la acumulación de capital, de sus tendencias y posibilidades, que son también y sobre todo, sus limitaciones. Pues, a fin de cuentas, es en el trasfondo de esas limitaciones donde se encuentran las posibilidades reales, prácticas, de cualquier intervención encaminada a modificar la situación social presente.

Desde luego, no hay una sola razón, ni una sola forma de aproximación a la cuestión, sino que son varios los indicadores que pueden ayudar a esclarecer el panorama social; en las páginas que siguen se pretende abordar algunos de los entresijos de las aparentes paradojas, comenzando por plantear el papel de la esfera de la representación política en las actuales condiciones de desarrollo del Capital. Y más concretamente, qué tipo de subjetividad política genera la población asalariada en una sociedad como la española, plenamente integrada en el circuito de acumulación transnacional de capital. Pues, a fin de cuentas, la pregunta nada retórica de cualquier indagación crítica en la sociedad capitalista es ¿de qué se vive?

A partir de ahí se puede comprender el quién y cómo de la articulación social de esa subjetividad, de su naturaleza, sus adhesiones y disensiones. Pues la dependencia que establece el régimen asalariado en su forma concreta -y compleja- dentro de la fase actual de desarrollo capitalista es la que marca el horizonte de la conflictividad social real; de ahí también que los diferentes modos que reviste la condición asalariada sea a la vez que un medio de garantizar unas determinadas condiciones materiales de vida, una forma de gestión de la conflictividad potencial que acompaña la relación asalariada.

De ahí que, en cierto sentido, la respuesta a la pregunta de qué vives sea también una manera de responder a la cuestión acerca de los mecanismos de gobernabilidad puestos en pie por el capital y el estado.

Por otra parte, la forma específica de inserción en el régimen general de asalariado es la que permite avanzar en la hipótesis acerca de un eventual sujeto social capaz de dar expresión concreta a sus intereses y a la forma de enfrentarlos al capital; un sujeto que, en las actuales circunstancias, sólo se presenta como hipótesis teórica, como corresponde a la realidad práctica fragmentaria de la conflictividad difusa de la población asalariada en defensa de sus medios de subsistencia.

La paz social subvecionada

La integración del Estado Español en la Unión Europea en 1986 supuso por parte del PSOE, que había accedido al gobierno en 1982, la continuación de la reestructuración iniciada con el gobierno de UCD y la transformación de la estructura productiva española con amplias repercusiones en forma de paro masivo y desintegración social. A cambio de entregar el mercado español al capital transnacional, el país recibiría para compensar los desequilibrios, una parte sustancial del presupuesto europeo destinado a los nuevos estados adherentes.

Los fondos europeos se convirtieron así en un instrumento de amortiguación de los impactos negativos de la integración y, sobre todo, en un instrumento de articulación social y política, a través de la distribución de puestos de trabajo, subvenciones y prebendas sufragados con el dinero europeo. Se forjaron de ese modo nuevas formas de adhesión a los aparatos políticos y sindicales y, en otros casos, se potenciaron los lazos tradicionales del clientelismo; es decir, se establecieron las bases de una articulación social que, al tiempo que contribuye a potenciar las inversiones y transfería al capital privado parte de los fondos recibidos, permitía atenuar los potenciales focos de conflictividad.

Si contemplamos la actividad generada por la riada de euros recibida por el estado español y las relaciones sociales que genera, nos hallamos, sin duda, con algunas de las claves de comprensión de la situación social. Desde luego, la mayor parte de esa masa de capital va a engrosar las arcas del capital privado, por medio de concesiones, contratos y subvenciones directas o a través de mecanismos indirectos (ayudas a I+D, exenciones fiscales y de pagos a la Seguridad Social, ayudas al fomento de empleo, etc.) que, a su vez, contribuyen a fomentar las fidelidades clientelares (en esto es paradigmático el caso del Prestige1).

Si, por una parte, se produce una ofensiva contra lo público y la asistencia social, en general, por otra, hay que dilucidar cuál es la magnitud de las medidas sociales puestas en práctica, precisamente para paliar el deterioro social (PER, subsidio agrario, renta de inserción, subsidios a parados de larga duración, etc.), y  cómo intervienen todas esas medidas a la hora de potenciar una determinada forma de precarización creciente, pero sostenible, del trabajo asalariado a través del denominado tercer sector, por ejemplo, o la generación de empleo para titulados universitarios desempleados en programas de formación, o los innumerables sistemas de becas, proyectos de promoción cultural, etc., impulsados desde todas las instancias de la administración y las entidades privadas.

Todo ello comporta un fenómeno de encuadramiento social bajo formas asalariadas más o menos evidentes cuya financiación proviene en su mayor parte de las subvenciones públicas o de las exenciones fiscales en el caso de las entidades privadas. Y en ese espacio de encuadramiento social que incorpora un número nada despreciable de personas, es donde se producen las adhesiones y alineamientos políticos que caracterizan la forma actual del clientelismo.

Producción de entretenimiento y ‘tercer sector’

La inserción del Estado Español como país intermedio en la cadena productiva transnacional y la especialización en el terciario que le acompaña crea una base social improductiva, ligada a ciertas esferas de lo que en la crítica de la economía política se denominaría «producción de desperdicio» (la producción militar, pero también la cultural, espectáculos, ocio/turismo, formación, producción inducida por el estado o los gobiernos regionales, etc.), que experimenta sus limitaciones de intervención política precisamente en su condición deficitaria (depende de la plusvalía social producida), o bien periférica (de bajo nivel de valorización del capital).

Precisamente, el excedente que se transfiere a la producción cultural y de entretenimiento en los países capitalistas cumple una doble función en cuanto a activar el segmento de la economía improductiva (en una especie de keynesianismo tardío), por un lado y, por el otro, como forma de desactivar el potencial conflictivo que pudiera acarrear el paro masivo. Es en este contexto en el que hay que entender las políticas de subvenciones, programas asistenciales y fomento de la producción cultural en los países hegemónicos del centro capitalista; expresiones todas ellas de lo que podríamos denominar welfare (2) oculto, pues aunque la evolución reciente del capital desmonta el welfare al estilo de lo que se conocía en los años sesenta, no es menos cierto que articula otras formas de prevención y contención de la conflictividad que garanticen un relativo bienestar a la población precarizada.

Además, este welfare oculto es selectivo, ya que en buena medida se accede a la condición de beneficiario por medio de relaciones personales, de participación y pertenencia, al partido gobernante en el ayuntamiento o al sindicato, por ejemplo, lo que forja vínculos clientelares, a diferencia del carácter universal, de cobertura generalizada y de acceso más abierto del sistema de welfare de los años sesenta.

El sistema de financiación de las adhesiones políticas potenciado desde las instituciones públicas y desde las entidades privadas beneficiarias de los fondos europeos, lo que no deja de ser una forma de privatización de la plusvalía social transferida al capital privado, complejiza las relaciones de clase respecto a la fase capitalista precedente.

Se genera, así, una relación asalariada menos homogénea de lo que pudiera parecer en la sociedad industrial expansiva, que da origen a una amplia capa de población asalariada cuya función en el orden productivo (reproductivo) es menos crítica o se convierte, simplemente, en improductiva, mientras que, al mismo tiempo, los sectores críticos en el proceso de reproducción capitalista, que cuentan entre sus componentes con amplios sectores de la clase trabajadora tradicional (encuadrada en sindicatos), sustentan el «consenso productivo», según feliz expresión del gerente de uno de los llamados sindicatos mayoritarios. Y la construcción práctica de ese consenso, que separa los segmentos de la población asalariada que son clave en el proceso de acumulación, de quienes se encuentran en la esfera de la reproducción social, no es una cuestión sin importancia.

Dado el desarrollo del denominado tercer sector en los países capitalistas desarrollados, hay que contemplarlo en la doble dimensión de su importancia social y «productiva»; es decir, en tanto forma de encuadramiento de una determinada masa de población que «trabaja» en la esfera asistencial y la solidaridad internacional y establece una determinada relación de dependencia financiera con el Estado, las instituciones privadas del capital (fundaciones), y en tanto sector deficitario que detrae capital a la inversión directamente productiva.

El denominado tercer sector es una esfera de actividad que, en un sentido restrictivo, se puede circunscribir (informe de Esade) a las ONG involucradas en las actividades de cooperación con otros países y que en el año 2000, por ejemplo, obtuvo una financiación superior a los 87.000 millones de ptas.

Ahora bien, si a ese tercer sector añadimos las actividades culturales, los servicios asistenciales en los países del centro capitalista, la producción de entretenimiento, los servicios de escaso valor añadido, nos encontramos con un indicador del agravamiento del déficit público y de gasto ineficiente para el capital (de ahí las peticiones de recortes desde las patronales), aunque también –de ahí su ambivalencia- tiene una función decisiva en el plano de la reproducción social, además de ser un medio de abaratamiento de los servicios sociales,  y un elemento importante de encuadramiento de una fuerza de trabajo no aprovechable en la esfera directamente productiva.

El crecimiento del tercer sector en los países capitalistas desarrollados hay que entenderlo, pues, como un mal necesario para el Capital, y una expresión del desempleo encubierto, en la medida en que funciona como paliativo a la degradación general de las condiciones de vida de la población menos competitiva (asistencialismo) y como área de encuadramiento de una parte de la población cualificada (técnicos, gestores, animadores, etc.) que encuentran en el tercer sector una salida de subempleo más o menos precarizado.

Precisamente, porque el tercer sector es un dispositivo de atenuación de los desequilibrios sociales, se presenta como una forma problemática de financiación de la paz social pues si, por una parte, contribuye a abaratar los servicios de asistencia social y la producción de entretenimiento, además de constituir una base de fidelización de una masa de población (la directamente asistida y la «asistente», que encuentra su medio de vida en esa forma asalariada), por otra, no puede evitar aparecer como un factor de gasto social ineficiente, ya que la parte de riqueza social que se transfiera a esas actividades tendrá un impacto directo sobre la masa de capital acumulada. Eso explica las preocupaciones del capital privado por el incremento del déficit…

Mención aparte merece el voluntariado -aunque una parte del tercer sector también es trabajo voluntario, no pagado- o la recuperación de la solidaridad activa asistencial por parte del capital y el Estado, en la forma de ahorro efectivo del gasto público, mediante la aportación voluntaria y desinteresada de trabajo social no remunerado en actividades no productivas o rentables para el capital privado. Según el estudio del ATD Fourth World, a comienzos de esta década se ha evaluado entre el 8% y el 14% del PIB de diferentes países la aportación del trabajo voluntario.

Aunque no contemplados en el ámbito del denominado tercer sector, pero también partícipes indirectos en éste, a través de los programas de formación y, especialmente, en razón a su propia naturaleza, están los sindicatos, así como otras instituciones de representación y gestión (asociaciones de vecinos). Los aparatos sindicales, como instituciones integradas en el sistema de representación y gestión de la fuerza de trabajo, constituyen en sí mismos un modo de empleo. ¿Cuántas personas, entre profesionales de la representación (burócratas) y empleados (administrativos), dependen económicamente de los sindicatos?, ¿cuál es el número de beneficiarios de las prebendas que generan los diferentes niveles de representación (horas sindicales) y que representan una oportunidad profesional para antiguos obreros que dejan la planta de producción para vegetar en los despachos y en el compadreo con los directivos de las empresas? ¿No se trata, por lo demás, de un sector social, cuantitativamente relevante cuyos intereses económicos y profesionales dependen directamente vinculados al Estado (subvenciones) y a la estructura de representación vinculada a la nueva organización del trabajo que, hegemonizada por el capital, se deriva de la reestructuración productiva de los años ochenta? ¿A quien puede sorprender, por tanto, el consenso productivo y el alineamiento de los sindicatos mayoritarios con el frente del orden capitalista?

Precarizados sí, pero ¿qué perecarización?

Precarización es un vocablo que ha hecho fortuna en la literatura izquierdista, aunque el uso abusivo de la palabra ha llevado a un creciente oscurecimiento del concepto. ¿A qué nos referimos exactamente cuando decimos precarización? ¿Nos estamos refiriendo a las condiciones jurídicas de contratación (a su temporalidad, informalidad o inexistencia)?¿A la reducción de los salarios de jóvenes y mujeres en las nuevas contrataciones (doble escala salarial), respecto a los salarios de los viejos/ hombres asalariados? ¿Las condiciones laborales de los jornaleros? ¿La de los inmigrantes? ¿Al subempleo? ¿La situación asociada a los empleos menos pagados?, etc. Quizás a todo ello a la vez, aunque el exceso de generalización que comporta el término precarización hace necesaria la matización y el análisis del fenómeno si queremos entender el carácter ambiguo y hasta contradictorio del término.

Desde luego, se puede considerar la precarización como una tendencia del régimen asalariado encaminada a desarticular la agregación de la población trabajadora heredada del pasado, y a evitar su eventual recomposición. En este sentido, los mecanismos puestos en marcha son de todo tipo: jurídico-contractuales, técnicos (organización jerarquizada del trabajo y las tareas) y remunerativos (disgregación y discriminación salarial). Sin embargo, quedarse ahí serviría de muy poco.

Por otro lado, asociar precarización a inestabilidad/dificultad a la hora de acceder a los medios y recursos para garantizar las condiciones de existencia de los individuos avanza en el terreno de la realidad existencial de la gente y, en este sentido, es el que se debería profundizar para evitar generalizaciones, así como para desentrañar los dispositivos puestos en pie desde las instituciones para paliar, e incluso recuperar, el deterioro rampante de las condiciones de vida de una parte de la población asalariada.

No es lo mismo inmigrante (con papeles/contrato) que el sin papeles, ni el inmigrante con contrato que el autóctono, ni la precarización de los jornaleros andaluces, las mujeres de baja cualificación o los hombres parados mayores de cuarenta años puede compararse con la precarización de los becarios e investigadores académicos o la precarización deseada de los profesionales de alta cualificación (informáticos, consultores, artistas y creativos). Tampoco con el/la joven que, gozando de una beca de intercambio universitario, trabaja temporalmente en el sector servicios para obtener un poco de dinero con el que complementar la beca y alargar una estancia provisional en otro país. Son esas diferencias las que marcan la línea de disgregación real de la tendencia que afecta a la población precarizada.

Además, y es otra de las líneas de análisis que hay que tener en cuenta, la precarización no afecta solamente al proceso productivo, sino a todo el ámbito de la reproducción y los servicios. Y aquí entraría la estrategia de expropiación que supone la privatización o mercantilización de bienes comunes, como el agua o el territorio (espacio público privatizado) y el papel que representa la izquierda institucional consagrando el precio de tales bienes (nueva cultura del agua, por ejemplo).

Esta capacidad de generar una gran variedad de situaciones de hecho es lo que ha dado flexibilidad y versatilidad al sistema de reproducción social capitalista en su fase actual en las regiones hegemónicas euro-norteamericanas, mientras exporta las formas de agregación productiva fordista hacia los países de nueva industrialización. Y es en las contradicciones generadas en ese contexto de flexibilidad y mecanismos de contención de la precarización en las que nos movemos.

Por eso constatar la tendencia a la precarización sería sólo una parte del problema si no se abordan también los paliativos o contratendencias que, como en el caso de los fondos europeos o el denominado tercer sector es necesario elucidar, precisamente para señalar sus limitaciones y, en consecuencia, unas eventuales líneas de intervención.

Renovar el consenso productivo y relanzar los beneficios del Capital

De los mecanismos y estrategias de financiación para garantizar la gobernabilidad y la paz social mencionados más arriba puede decirse que se trata de una especie de pacto social tácito que, al concernir fundamentalmente al terreno de la reproducción (asistencia social, producción cultural, negocio del entretenimiento, servicios personales, etc.), aparece como un factor complementario del pacto social que sustenta el consenso productivo, en la medida que actúa como contratendencia a la dinámica de deterioro social que se deriva del consenso productivo.

La aceleración del ciclo de negocio señala, igualmente, un acortamiento tendencial en el ciclo de acumulación del capital que exige una profundización en las reformas hasta ahora llevadas a cabo en el mercado de trabajo. Desde diversas instancias del Gobierno, patronal y sindicatos se invoca la necesidad de un nuevo pacto por la competitividad que garantice una cuota de acumulación para que las empresas sean «competitivas».

Otros dos aspectos cruciales de la intervención sobre el régimen asalariado son el abaratamiento de los despidos (las indemnizaciones y la agilización de los trámites) y la reducción de las cotizaciones patronales a la Seguridad Social. Una vez más el consenso productivo se puso en marcha y el secretario general de CCOO, en una intervención en la FAES, fundación del PP presidida por Aznar, manifestaba su predisposición a negociar que parte de los excedentes que acumula la Seguridad Social sirvieran para la financiación de una rebaja de las cotizaciones sociales.

El abaratamiento del despido ya fue firmado por los sindicatos en 1997 (33 días por año trabajado), pero la patronal exige una nueva reducción, de acuerdo con las recomendaciones de la OCDE. Por si no hubiera bastante, el consenso productivo de patronal y sindicatos se hizo patente, una vez más, al aceptar éstos contenciones salariales en las negociaciones de los convenios a cambio de que las empresas aumenten sus inversiones en I+D+i. En resumidas cuentas, el consenso productivo, en la medida en que legitima y da cobertura práctica a las deslocalizaciones, también contribuye a precarizar las condiciones de trabajo del sector «garantizado» de la clase trabajadora (funcionariado, trabajadores sindicados, etc.) y de la que es una prueba la tendencia a la disminución del salario real (e incluso el nominal para nuevas contrataciones) que, en el plano general, se hace patente en la caída de la participación de los salarios en la renta nacional.

Desde luego, los límites de estas líneas de actuación no se encuentran en la voluntad particular de los integrantes del consenso productivo sustentado por las fuerzas gestoras del capital y la población asalariada encuadrada en los sindicatos, sino en las posibilidades de mantenimiento de ese consenso productivo frente a los intereses del resto de población trabajadora. Y ahí es donde entran en juego los paliativos de la paz social subvencionada de que se hablaba anteriormente; una paz social cuyo coste de equilibrio repercute sobre el déficit público y que se nutre de mecanismos monetarios de peligrosos efectos ocultos, como es el caso de esa bomba de relojería que es el endeudamiento privado, que alcanza al 70% del PIB (a finales de 2007 había aumentado hasta cerca del 90%).

La política seguida en estos años de dinero barato para vivir del crédito (hipotecario, créditos al consumo, etc.) ha servido para ocultar y diferir en el tiempo la disminución real de los ingresos salariales y de los ahorros acumulados por la población trabajadora.

Por supuesto, podría aducirse desde la economía política que los márgenes de intervención en el sentido de atajar la burbuja del endeudamiento son considerables; dicho en otras palabras, en las sociedades opulentas del centro capitalista en que vivimos, existen unos márgenes amplios de empobrecimiento de una parte de la población sin que conlleve necesariamente una convulsión social; no obstante, la cuestión es cómo apurar esos márgenes de empobrecimiento sin que haya una caída del consumo, variable fundamental del crecimiento en la economía capitalista.

Claro que la respuesta no está en las categorías de la economía política sino, precisamente, en la crítica práctica de la economía política. De ahí la necesidad de prestar una especial atención a los mecanismos de contención puestos en pie por la política económica para hacer frente, precisamente, a una eventual crítica práctica de la economía política. Pues, a fin de cuentas, es en las limitaciones materiales de esas iniciativas de contención que configuran las políticas socioeconómicas de los gobiernos capitalistas donde se evidencian las líneas de fisura y, por tanto, las posibilidades reales de la intervención en un sentido transformador de las relaciones sociales.

notas:
(1) A los pocos días de la catástrofe del Prestige, con la aprobación de las primeras subvenciones, las cofradías de pescadores empezaban a desvincularse del movimiento de protesta, pues los pescadores ganaban más con el subsidio que les otorgaban los caciques gestores de los fondos públicos que saliendo a faenar.
(2) Estado de Bienestar.

extraído de la revista Ekintza Zuzena nº35

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article464

Disipando los mitos de la vacunación

Introducción a las contradicciones entre la ciencia médica y las políticas de vacunación

Por Alan Phillips*

Introducción

Cuando mi hijo empezó a recibir las vacunas obligatorias a los dos meses de edad, yo no sabía que las vacunas tenían riesgos. Pero había una contradicción en el volante de la clínica: las probabilidades de que mi hijo tuviera una reacción adversa seria a la vacuna triple era de 1 en 1750, mientras que el riesgo de morir de tos convulsa era uno en varios millones. Cuando le mencioné esto al médico, no estuvo de acuerdo, se enojó, y salió violentamente del consultorio mascullando: “Creo que debería leer ese volante alguna vez…”. Poco tiempo después me enteré de un niño que había quedado inválido por una vacuna, así que decidí investigar el tema yo mismo. Me enteré de cosas que me alarmaron tanto que me siento obligado a compartirlas. Para eso escribí este informe.

Las autoridades médicas atribuyen la disminución de las enfermedades a las vacunas, nos aseguran que no tienen riesgos, y que son efectivas. Sin embargo estas afirmaciones están en directa contradicción con estadísticas gubernamentales, estudios médicos, informes de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), y con las opiniones de prestigiosos investigadores científicos de distintas partes del mundo. De hecho, las enfermedades infecciosas disminuyeron sostenidamente durante décadas antes de la introducción de las campañas vacunatorias; cada año, médicos norteamericanos dan parte de miles de reacciones serias a las vacunas, incluídos cientos de muertes y casos de invalidez permanente; han ocurrido epidemias en poblaciones totalmente vacunadas, y existen investigadores que atribuyen decenas de problemas inmunológicos y neurológicos crónicos a los programas de vacunación masiva.

Décadas de estudios médicos aparecidos en las más prestigiosas publicaciones médicas del mundo han documentado el fracaso de las vacunas, y sus efectos adversos, incluso muertes. Decenas de libros escritos por médicos, científicos e investigadores independientes revelan serias fallas en la teoría y en la práctica de la vacunación. A pesar de todo esto, aunque parezca increíble, la mayoría de los médicos y padres desconocen esta evidencia. Esto ha empezado a cambiar durante los últimos años, a medida que un creciente movimiento de padres y proveedores de salud, de distintas partes del mundo, toma conciencia de los problemas asociados a las vacunación obligatoria de la población, y la cuestiona. Existe un creciente movimiento internacional que está eligiendo no ser parte de la inmunización sistemática obligatoria. Este informe presenta parte de la información en la que se basa dicho movimiento.

Mi objetivo no es decirle ni a usted ni a nadie si debe o no vacunar. Lo que busco es señalar, con la mayor urgencia, algunas muy buenas razones por las cuales todo el mundo debería evaluar los hechos antes de decidir si aceptar o no la vacunación. Como padre, me escandalicé al enterarme de que no existe ninguna obligación legal, ni una ética profesional, que obligue a los pediatras a estar informados en profundidad sobre los riesgos de la vacunación (para no mencionar el deber de informar a los padres de que al vacunar hay riesgo de muerte o de invalidez permanente). También quedé consternado al ver personalmente que la mayoría de los médicos, si bien con las mejores intenciones, llevan a cabo procedimientos basados en información incompleta, y, en algunos casos, totalmente errónea.

Este informe no es más que una breve introducción al tema. Se justifica y es altamente recomendable que usted siga investigando por su cuenta. Verá que es la única manera de tener una visión objetiva, ya que esta es una controversia altamente emocional.

Sea cauto: según la experiencia de mucha gente, los pediatras no están dispuestos a conversar sobre este tema tranquilamente y con una mente abierta, o no son capaces de hacerlo, tal vez porque muchos de ellos han puesto en juego su identidad personal y su reputación profesional en base a la supuesta seguridad y efectividad de las vacunas. Además, su profesión les exige que promuevan la vacunación. De todos modos, según comentarios de mucha gente, a la mayoría de los médicos le es muy difícil reconocer la evidencia de que las vacunas causan problemas. El primer pediatra con el que intenté compartir lo que había hallado me gritó enojado cuando mencioné el tema con tranquilidad. Los conceptos erróneos tienen raíces muy profundas.

1° Mito de la vacunación

“Las vacunas son seguras… ¿no es así?”

El sistema VAERS (Sistema de Notificación sobre los Efectos Adversos de las Vacunas) fue establecido por el Congreso bajo el Acta Nacional de Compensación por Daños causados por Vacunas a Niños de 1986. Recibe anualmente unas 11.000 notificaciones de reacciones adversas serias a las vacunas, entre las cuales se cuentan unas cien o doscientas muertes, y un número varias veces mayor de casos de invalidez permanente.[i] Según funcionarios del sistema VAERS, el 15% de las reacciones adversas son “serias” (tales como: tener que ser llevado a la sala de emergencias, ser hospitalizado, un episodio que ponga en juego la vida, invalidez permanente, o muerte). Según análisis independientes de las notificaciones del sistema VAERS, en el caso de la vacuna contra la Hepatitis B, las reacciones adversas “serias” llegan al 50% [ii]. Si bien estos datos son alarmantes, no son más que la punta del iceberg. La FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) calcula que solamente se notifican el 1% de las reacciones adversas serias [iii] [iv], y los CDC (Centros para el Control de las Enfermedades) reconocen que sólo se notifican alrededor del 10% de los casos.[v] De hecho, han habido en el Congreso declaraciones sobre casos en los que se les dice a los estudiantes de medicina que no notifiquen los posibles casos de reacciones adversas.[vi]

El Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC), una organización de base, fundada por padres de niños muertos y dañados por las vacunas, ha realizado sus propias investigaciones[vii]. Este Centro informó que “en Nueva York, sólo 1 de cada 40 consultorios médicos (2,5%) confirmó que se notifica una muerte o un daño después de una vacuna”. Dicho de otra forma, 97,5% de las muertes y casos de invalidez relacionados con las vacunas no se notifican en ese lugar. Dejando de lado las implicaciones sobre la ética médica (la ley federal de los Estados Unidos exige que los médicos notifiquen los casos serios de reacciones adversas[viii]), estos datos sugieren que las muertes y los casos de daños graves pueden ser en realidad de 10 a 100 veces más que lo que se notifica.

En el caso de la tos convulsa, el número de muertes causadas por la vacuna es mucho mayor que el número de muertes causadas por la enfermedad, que de acuerdo a los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) ha sido alrededor de 10 por año en los últimos años, y solamente 8 en 1993, último año de incidencia pico de la enfermedad (la tos convulsa aparece cada 3 ó 4 años, nadie sabe por qué, pero está claro que la vacunación no es cíclica). Si tenemos en cuenta que la mayor parte de las reacciones adversas no se notifican, puede que la vacuna sea 100 veces más mortal que la enfermedad. Algunos sostienen que este es un costo necesario para evitar el regreso de una enfermedad que sería más mortal que la vacuna. Pero dado que la mayor parte de la disminución de la incidencia de las enfermedades en este siglo fue anterior al uso generalizado de las vacunas (las muertes por tos convulsa disminuyeron un 79% antes del uso sistemático de las vacunas), y dado que las tasas de disminución de incidencia de las enfermedades se mantuvieron prácticamente iguales luego de la introducción de la vacunación generalizada de la población, las muertes causadas por las vacunas hoy en día no se pueden justificar diciendo que son un sacrificio necesario para el beneficio de una sociedad libre de enfermedades.

Por desgracia, la historia de las muertes vinculadas a las vacunas no termina ahí. A nivel internacional, diversos estudios han señalado a la vacunación como una causa del Síndrome de Muerte Infantil Súbita (SMIS)[ix] [x] (El Síndrome de Muerte Infantil Súbita, SMIS, es un diagnóstico genérico dado cuando se desconoce la causa específica de la muerte; se estima que en los Estados Unidos se producen entre 5.000 y 10.000 muertes anuales de SMIS). De acuerdo a un estudio, la incidencia máxima de SMIS ocurre a los 2 y 4 meses de edad, precisamente cuando se dan las dos primeras vacunas obligatorias[xi], mientras que en otro estudio se halló un claro correlato que se extiende tres semanas luego de la vacunación. De acuerdo a otro estudio, en los EE.UU. 3.000 niños mueren dentro de los 4 días de recibir una vacuna (aunque parezca increíble, los autores no mencionaron ningún vínculo entre las vacunas y el SMIS), mientras que los estudios de otros investigadores indican que la mitad de los casos de SMIS son causados por las vacunas.[xii]

A los estudios iniciales que mostraban una relación causal entre el SMIS y las vacunas les siguieron rápidamente estudios auspiciados por los fabricantes de vacunas, cuya conclusión fue que no había ninguna relación; uno de tales estudios sostuvo que la incidencia de SMIS en niños vacunados era levemente menor que en los no vacunados. Sin embargo, muchos de estos estudios fueron cuestionados por otro estudio que mostró que por “confusión”, los resultados habían favorecido erróneamente a las vacunas.[xiii] En el mejor de los casos, los distintos estudios se contradicen. Sin embargo, ¿no deberíamos ser prudentes? ¿No debería cualquier relación creíble entre las vacunas y las muertes infantiles ser motivo suficiente para el monitoreo generalizado y meticuloso de todos los casos de SMIS, para saber su status vacunatorio? Las autoridades médicas han preferido la negación antes que la cautela.

A mediados de los ´70, Japón elevó la edad de vacunación, de dos meses a dos años; la incidencia de SMIS disminuyó dramáticamente.[xiv] Pasó de estar 17° en el ránking de mortalidad infantil a estar 1° (o sea, tuvieron la tasa de mortalidad infantil más baja del mundo cuando los bebés no recibían vacunas). La tasa de vacunación en Inglaterra bajó temporalmente a un 30%, en la misma época, luego de informes en la prensa acerca de daño cerebral causado por las vacunas. La mortalidad infantil bajó mucho durante unos dos años, y luego volvió a subir justo cuando aumentaron las tasas de vacunación a fines de los ´70. A pesar de estas experiencias, la postura de la comunidad médica sigue siendo la negación. Los jueces de instrucción no examinan el status vacunatorio de las víctimas de SMIS, y las familias continúan pagando un alto precio, desconocedoras de los peligros de las vacunas. Además, se les niega el derecho a elegir.

Las afirmaciones de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) y de los CDC (Centros para el Control de las Enfermedades) acerca de la falta de notificación sobre reacciones adversas, sugieren que en realidad las mismas cada año pueden ser entre 100.000 y 1 millón (y las reacciones “serias” serían aproximadamente un 20%). Un estudio que revela que 1 de cada 175 niños que recibieron todas las dosis de la vacuna triple bacteriana tuvieron “reacciones severas”[xv] y un informe para abogados, escrito por un médico, según el cual, de cada 300 aplicaciones de la vacuna triple bacteriana, 1 resulta en convulsiones, dan sustento a esta idea.[xvi]

De hecho, las muertes causadas por la tos convulsa en Inglaterra disminuyeron cuando la tasa de vacunación bajó de 80% a 30% a mediados de los ´70. La conclusión del estudio del epidemiólogo sueco B. Trollfors, sobre la toxicidad y eficacia de la vacuna contra la tos convulsa alrededor del mundo, fue que “hoy en día, la mortalidad causada por la tos convulsa es muy baja en los países industrializados, y no hay diferencia entre los países con tasas de vacunación altas, bajas, e inexistentes”. También descubrió que Inglaterra, Gales y Alemania Occidental tuvieron más víctimas por la tos convulsa en 1970, cuando la tasa de vacunación era alta, que en la segunda mitad de 1980, cuando dicha tasa había disminuido.[xvii]

Además de la vida y salud de nuestros niños, las vacunas nos cuestan dinero. El Programa Nacional de Compensación por Daños causados por las Vacunas (NVICP), del gobierno federal de los EE.UU. ha pagado más de 1.200 millones de dólares desde 1988 hasta hoy a las familias de niños dañados y muertos por las vacunas,[xviii] con dinero que viene de un impuesto a las vacunas que pagan quienes las reciben. Mientras tanto, las compañías farmacéuticas tienen un mercado cautivo: en los 50 estados de los EE.UU., las vacunas son obligatorias por ley (aunque se pueden evitar legalmente en la mayoría de los casos; ver el 9° Mito), sin embargo estas mismas compañías tienen “inmunidad” en cuanto a la responsabilidad por las consecuencias de sus productos. Más aún, se les ha permitido utilizar órdenes de la corte que prohíben informar públicamente sobre un caso que está ante la justicia, como herramienta de influencia en los arreglos legales por daños causados por las vacunas, para así impedir que se revele al público información sobre los peligros de las mismas. Está claro que tales arreglos son inmorales; obligan al público norteamericano a pagar, sin saberlo, por las responsabilidades legales de los fabricantes de vacunas, y a la vez intentan garantizar que el mismo público seguirá desconocedor de los peligros de sus productos. Esta situación también disminuye cualquier incentivo que puedan tener los fabricantes para producir vacunas más seguras (después de todo, cuando la vacuna causa una muerte o una lesión, ellos no tienen que pagar, sino que siguen recibiendo sus ganancias).

Debe mencionarse especialmente el hecho de que las compañías de seguros (que realizan los mejores estudios sobre responsabilidad del fabricante) se niegan a cubrir las reacciones adversas a las vacunas. Las ganancias parecen ser lo que determina la posición tanto de la industria farmacéutica como de las compañías de seguros.

1° Verdad de la vacunación

“Las vacunas causan un número significativo de muertes y casos de invalidez, a un increíble costo personal y financiero para las familias, que no están informadas al respecto”.

2° Mito de la vacunación

“Las vacunas son muy efectivas…¿no es cierto?”

En la literatura médica encontramos un sorprendente número de estudios que documentan el fracaso de las vacunas. Ha habido epidemias de sarampión, paperas, viruela, poliomelitis y gripe en poblaciones de personas vacunadas.[xix] [xx] [xxi] [xxii] [xxiii] En 1989 los Centro para el Control de las Enfermedades (CDC) informaron que “entre los niños en edad escolar, han ocurrido epidemias (de sarampión) en escuelas con tasas de vacunación superiores al 98%”.[xxiv] Han ocurrido en todas las áreas del país, incluídas áreas que no tienen casos de sarampión hace años”.[xxv] Los CDC informan incluso sobre una epidemia en una población con una tasa de vacunación del 100%.[xxvi] Un estudio que examinó este fenómeno concluyó que “la paradoja evidente es que a medida que las tasas de inmunización contra el sarampión alcanzan niveles elevados, el sarampión se vuelve una enfermedad de gente inmunizada”.[xxvii] Según un estudio más reciente, la vacuna contra el sarampión “produce supresión inmunitaria, la cual contribuye a aumentar la suceptibilidad a otras infecciones”.[xxviii] Estos estudios sugieren que el objetivo de la “inmunización” total de la población puede de hecho ser contraproducente, como muestran los casos de epidemias luego de la vacunación completa de países enteros. En Japón, hubo un aumento anual de los casos de viruela luego de la introducción de la vacunación obligatoria en 1872. En 1892, ya habían muerto 29.979 personas, y todas habían sido vacunadas.[xxix] A principio del 1900, las Filipinas sufrieron la peor epidemia de viruela de su historia, después de que 8 millones de personas recibieran 24,5 millones de dosis de vacunas (una tasa de vacunación del 95%); la tasa de mortalidad se cuadruplicó como consecuencia.[xxx] Antes de la primer ley de vacunación obligatoria en Inglaterra, en 1853, la mayor mortalidad por la viruela en un período de dos años había sido de 2.000; en 1870-71, Inglaterra y Gales tubieron 23.000 muertes causadas por la viruela[xxxi]

En 1989, Omán sufrió una epidemia generalizada de polio, seis meses después de haber alcanzado la vacunación completa de la población.[xxxii][xxxii][xxxii] En 1986, en los EE.UU., el 90% de 1.300 casos de tos convulsa en Kansas habían sido “adecuadamente vacunados”.[xxxiii] El 72% de los casos de tos convulsa de la epidemia de Chicago en 1993 estaban al día con sus vacunas.[xxxiv]

2° Verdad de la vacunación

“La evidencia sugiere que la vacunación es un método poco confiable para prevenir enfermedades”.

3° Mito de la vacunación

“Las vacunas son la causa de la baja incidencia de enfermedades en los EE.UU. hoy en día… ¿no es así?”

De acuerdo a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, las enfermedades infantiles disminuyeron un 90% entre 1850 y 1940, paralelamente a las mejorías en higiene y sanidad, bastante antes de los programas de vacunación obligatoria. La publicación The Medical Sentinel informó hace poco: “entre 1911 y 1935, en los EE.UU., las cuatro causas principales de muerte infantil por enfermedades infecciosas eran la difteria, la tos convulsa, la escarlatina y el sarampión. Sin embargo, en 1945, la tasa de mortalidad de las cuatro enfermedades juntas había disminuído un 95%, antes de la implementación de los programas sistemáticos de vacunación”[xxxv]

Por lo tanto, en el mejor de los casos, se puede examinar la vacunación sólo en relación al pequeño porcentaje de reducción de enfermedades que ocurrió después de su uso generalizado. Sin embargo, incluso su papel en esta pequeña disminución puede cuestionarse, ya que las tasas de disminución de las enfermedades antes de la introducción de las vacunas se mantuvieron prácticamente iguales después de su introducción. Además, en los países europeos que rechazaron las vacunas contra la viruela y la poliomelitis, las epidemias terminaron al mismo tiempo que en los países donde la vacuna era obligatoria; por lo tanto está claro que las vacunas no fueron el único factor determinante. De hecho, inicialmente, luego de las campañas de inmunización contra la viruela y la polio, hubo un aumento significativo en la incidencia de estas enfermedades. Después de que se hiciera obligatoria la vacunación contra la viruela, esta enfermedad continuó siendo corriente e incluso aumentó mucho, mientras que la incidencia de otras enfermedades siguió disminuyendo sin el uso de vacunas. Eventualmente, en Inglaterra y Gales, las tasas de incidencia de viruela y de vacunación contra la enfermedad disminuyeron simultáneamente durante varias décadas, entre 1870 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.[xxxvi] Por lo tanto, es imposible saber si la vacunación contribuyó o no a la disminución sostenida de las tasas de mortalidad de la enfermedad, o si la disminución se mantuvo tal cual venía simplemente por los mismos motivos que probablemente causaron la disminución inicial – mejoras en la sanidad e higiene, mejoras en la alimentación, transporte, y desarrollo de infraestructura, tecnología de preservación de los alimentos, y posiblemente ciclos naturales de las enfermedades. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud apoya esta conclusión, ya que indica que las tasas de mortalidad y enfermedad en los países del tercer mundo no están directamente relacionadas con la vacunación o con los tratamientos médicos, sino que se hallan estrechamente vinculadas al standard de higiene y alimentación.[xxxvii] Atribuirle a las vacunas el mérito por la incidencia actual de las enfermedades es una enorme exageración, incluso un error.

Los partidarios de la vacunas señalan las estadísticas de incidencia en lugar de las de mortalidad, como prueba de la efectividad de las vacunas. Sin embargo, los expertos en estadística nos dicen que la mortalidad es un mejor indicador que la incidencia de la enfermedad, por la simple razón de que la calidad de la notificación y de los archivos es mucho más alta en el caso de la mortalidad.[xxxviii] Por ejemplo, una encuesta realizada en la ciudad de Nueva York reveló que tan sólo el 3,2% de los pediatras daban parte de los casos de sarampión al departamento de salud. En 1974, el Centro para el Control de las Enfermedades indicó que hubo 36 casos de sarampión en Georgia, mientras que el Sistema de Vigilancia del estado de Georgia informó que hubo 660 casos.[xxxix] En 1982, funcionarios de salud del estado de Maryland culparon a un programa de televisión (“D.P.T. – Vaccine Roulette” [Vacuna Triple – Ruleta Rusa] que advertía sobre los peligros de la vacuna triple), de causar una epidemia de tos convulsa. Sin embargo, cuando el Dr. J. Anthony Morris, que había sido el virólogo nro. 1 de la División de Estándares Biológicos de los EE.UU., analizó los 41 casos, solamente 5 casos estaban confirmados, y todos habían sido vacunados.[xl] Casos como éstos demuestran la falacia de basarse en los datos de incidencia, a pesar de lo cual los partidarios de las vacunas tienden a utilizarlos indiscriminadamente.

3° Verdad de la vacunación

“No se ha establecido con claridad qué influencia han ejercido las vacunas (si es que han ejercido alguna influencia) en la disminución de la incidencia de las enfermedades infecciosas en los siglos 19 y 20”

4° Mito de la vacunación

“La vacunación se basa en correctos principios teórico-prácticos de inmunización… ¿no es cierto?”

La evidencia clínica a favor de las vacunas reside en su capacidad de estimular la producción de anticuerpos en el receptor. Esto no está en discusión. Sin embargo, lo que no está claro, es si la producción de anticuerpos crea o no inmunidad. Por ejemplo, los niños anémicos con deficiencia de gamaglobulina no pueden producir anticuerpos, a pesar de lo cual se recuperan de las enfermedades infecciosas casi tan rápido como los demás niños.[xli] Además, un estudio publicado por el Consejo Médico Británico en 1950 durante una epidemia de difteria llegó a la conclusión de que no había relación entre la cantidad de anticuerpos y la incidencia de la enfermedad; los investigadores encontraron personas resistentes a la enfermedad que tenían niveles de anticuerpos extremadamente bajos, y enfermos con niveles altos de anticuerpos.[xlii] La inmunidad natural es un proceso complejo que involucra muchos órganos y sistemas; no se puede reproducir en su totalidad estimulando artificialmente la producción de anticuerpos.

La investigación también indica que la vacunación hace que las células del sistema inmunitario queden “dedicadas” al antígeno específico de la vacuna, volviéndolas incapaces de reaccionar ante otras infecciones. Por lo tanto, puede que en realidad nuestra reserva inmunológica disminuya por las vacunas, causando una menor resistencia general.[xliii]

Otro componente de la teoría de la inmunización es la “inmunidad de grupo”, que dice que cuando suficientes personas en una comunidad están inmunizadas, todas quedan protegidas como resultado. Como mostró el 2° Mito, hay muchos casos documentados que demuestran exactamente lo contrario: casos de poblaciones totalmente vacunadas que han experimentado epidemias; en el caso del sarampion, esto parece ser el resultado directo de la alta tasa de vacunación.[xliv] Según un epidemiólogo del estado de Minnesota, la vacuna contra la meningitis aumenta el riesgo de contraer la enfermedad. Un estudio reveló que los chicos vacunados tenían cinco veces más chances de contraer meningitis que los no vacunados.[xlv]

Aunque resulte sorprendente, nunca se ha demostrado clínicamente que la vacunación sea efectiva para prevenir enferemdades, por el simple motivo de que ningún investigador ha expuesto directamente a individuos a la enfermedad (ni tampoco pueden hacerlo éticamente).

El stándard preferido de la comunidad médica, el estudio doble ciego, con grupo de control con placebo, no se ha utilizado para comparar personas vacunadas con personas no vacunadas, por lo tanto la vacunación no está probada científicamente. También es importante reconocer que no todas las personas expuestas a una enfermedad desarrollan síntomas (de hecho, es suficiente que un pequeño porcentaje de la población desarrolle síntomas para declarar una epidemia). Por lo tanto, si se expone a la enfermedad a un individuo vacunado, y no se enferma, es imposible saber si la vacuna funcionó, ya que no hay forma de saber si esta persona hubiera desarrollado síntomas de no haber estado vacunada. Vale la pena mencionar también que en brotes de años recientes se han registrado más casos de enfermedad en los niños vacunados que en los no vacunados.

Otro aspecto sorprendente de la práctica vacunatoria es que se trata a todos los niños de la misma manera, independientemente de su edad y/ó peso. Un bebé de dos meses que pesa 3 kilos recibe la misma dosis que un niño de 5 años que pesa 17 kilos. Los bebés con sistemas inmunitarios inmaduros y en proceso de desarrollo pueden recibir, en proporción al peso, cinco o más veces la dosis que se le aplica a un niño mayor. Además, se ha establecido, mediante mediciones al azar, que el número de “unidades” en cada dosis puede variar entre un 50% y un 300% de lo que indica la etiqueta; los controles de calidad de fabricación toleran, según parece, un alto margen de error. El Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC) ha identificado en reiteradas oportunidades las llamadas “partidas calientes” (partidas asociadas con índices de invalidez y muerte desproporcionadamente altos), pero la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se niega a intervenir para impedir más muertes y daños innecesarios. De hecho, nunca se ha retirado del mercado una partida individual de vacunas debido a reacciones adversas. Sin embargo, la vacuna contra el rotavirus fue sacada de circulación a los pocos meses de haber sido introducida, porque causó obstrucciones intestinales en muchos de los receptores. Aunque parezca increíble, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) y los CDC (Centros para el Control de las Enfermedades) sabían de este problema antes del otorgamiento de la licencia para esta vacuna, sin embargo, de todas maneras, ambas organizaciones la aprobaron por unanimidad.[xlvi]

Por último, la práctica de la vacunación supone que todas las personas responderán de la misma manera a una vacuna, independientemente de su raza, cultura, dieta, constitución genética, ubicación geográfica o cualquier otra característica. Posiblemente la mejor demostración de que esto es falso ocurrió hace unos años en el Territorio del Norte, en Australia, donde las crecientes campañas de vacunación resultaron en una increíble mortalidad infantil del 50% entre los aborígenes.[xlvii] Según el Dr. A. Kalokerinos, que investigó el tema, fue sorprendente que sobrevivieran tantos. Cabe preguntarse acerca de los sobrevivientes, porque si la mitad murió, la otra mitad no debe haber salido ilesa.

Casi tan preocupante como el anterior es un estudio aparecido hace muy poco tiempo en el New England Journal of Medicine. En él se señaló que un numero considerable de niños rumanos estaba contrayendo poliomelitis por la vacuna. Se encontró una relación con las inyecciones de antibióticos: una dosis aplicada dentro del mes de recibida la vacuna aumentaba 8 veces el riesgo de contraer poliomelitis, de dos a nueve inyecciones lo aumentaban 27 veces, y 10 o más inyecciones lo aumentaban 182 veces.[xlviii]

¿Qué otros factores que no se tienen en cuenta en la teoría de la vacunación aparecerán inesperadamente, para revelar consecuencias no previstas o previamente pasadas por alto? No podemos ni siquiera empezar a comprender totalmente el alcance y el grado del peligro de las vacunas hasta que los investigadores no empiecen a observar e informar con seriedad. Mientras tanto, la población de países enteros está apostando, sin saberlo, en un juego en el que podrían perfectamente elegir no jugar, si se les dieran de antemano todas las “reglas del juego”.

4° Verdad de la vacunación

“Se ha demostrado en la práctica que muchos de los supuestos en que se basan la teoría y práctica de la inmunización son falsos o no han sido demostrados”.

5° Mito de la vacunación

“Las enfermedades infantiles son extremadamente peligrosas… ¿lo son, realmente?”

En el mundo moderno en que vivimos, la mayoría de las enfermedades infantiles tienen pocas consecuencias serias. Incluso las conservadoras estadísticas de tos convulsa de los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), para el período 1992-94 indican una tasa de recuperación del 99,8%. De hecho, luego de la epidemia de sarampión en Ohio y Chicago en el otoño de 1993, en la que hubo cientos de casos, un experto en enfermedades infecciosas del Hospital Infantil de Cincinnati dijo: “La enfermedad fue muy suave, no hubo muertos, y nadie fue a terapia intensiva”.

En la inmensa mayoría de los casos, las enfermedades infantiles son benignas y se autolimitan. También confieren, por lo general, inmunidad de por vida a esa enfermedad, mientras que las vacunas confieren tan solo una inmunidad temporal. De hecho, la naturaleza temporal de la inmunidad de la vacuna puede crear una situación más peligrosa para el futuro del niño. Por ejemplo, se estima que la nueva vacuna contra la varicela tiene una efectividad de entre 6 y 10 años. Si es efectiva, pospondrá la vulnerabilidad del niño hasta la adultez, en la cual la mortalidad de la enfermedad, si bien es rara, es 20 veces mayor que durante la niñez. Las “fiestas de sarampión” solían ser frecuentes en Gran Bretaña: si un chico tenía sarampión, otros padres del barrio traían corriendo a sus hijos para que jugaran con el chico infectado, a propósito para que contrayera la enfermedad y desarrollara inmunidad. Esto evita el riesgo de infección en la adultez, en la que la enfermedad es más peligrosa, y proporciona los beneficios de un sistema inmunitario fortalecido por el proceso natural de la enfermedad.

Aproximadamente la mitad de los casos de sarampión que se dieron a fines de la década del ´80 fueron adolescentes y adultos, la mayoría de los cuales habían sido vacunados de niños[xlix][xlix][xlix]. y puede que las dosis de refuerzo recomendadas protejan durante menos de 6 meses.[l] A algunos profesionales de la salud les preocupa la posibilidad de que el virus de la vacuna contra la varicela se pueda “reactivar más adelante, causando herpes zoster (culebrilla) ú otras enfermedades del sistema inmunitario”.[li] El Dr. A. Lavin, del Departamento de Pediatría del Centro Médico St. Luke, en Cleveland, Ohio, se opuso rotundamente al otorgamiento de la licencia a la nueva vacuna, “hasta que realmente sepamos…cuál es el riesgo de inyectar ADN mutado (virus del herpes) en el genoma del huésped (los niños)”.[lii] La verdad es que nadie sabe cuál es el riesgo, pero la vacuna ha sido autorizada, es recomendada por las autoridades médicas, y rápidamente se está volviendo obligatoria en todo el país.

Las enfermedades infecciosas son peligrosas en raras ocasiones, y además pueden, de hecho, desempeñar un papel vital en el desarrollo de un sistema inmunológico fuerte y sano. Las personas que no han tenido sarampión tienen un riesgo mayor de contraer ciertas enfermedades de la piel, enfermedades degenerativas de los huesos y cartílagos, y ciertos tumores, mientras que el no haber tenido paperas ha sido asociado con un riesgo mayor de contraer cáncer de ovario. Los médicos antroposóficos recomiendan solamente las vacunas contra la polio y el tétanos; creen que pescarse las otras enfermedades de la niñez es beneficioso, ya que fortalece y hace madurar el sistema inmunitario.

5° Verdad de la vacunación

“Se exagera mucho sobre el peligro de las enfermedades infantiles, para asustar a los padres para que acepten un tratamiento cuestionable pero altamente lucrativo”.

6° Mito de la vacunación

“Está claro que vencer a la poliomelitis fue una de los grandes éxitos de la vacunación… ¿o no?”

En seis estados de Nueva Inglaterra se informó que los casos de poliomelitis habían aumentado un año después de la introducción de la vacuna Salk. Los aumentos fueron desde el doble de casos en Vermont hasta un sorprendente aumento del 642% en el número de casos en Massachusetts. También aumentó la incidencia en otros estados. En Wisconsin se multiplicó por cinco. De hecho, Idaho y Utah interrumpieron la vacunación debido al aumento de la incidencia y de la tasa de mortalidad. En 1959, el 77.5% de los casos de parálisis en Massachusetts había recibido 3 dosis de la vacuna inyectable contra la poliomelitis. En 1962, durante audiencias del Congreso de los EE.UU., el Dr. Bernard Greenberg, a cargo del Departamento de Bioestadísticas de la Escuela de Salud Pública (Universidad de Carolina del Norte) testificó que no solamente los casos de poliomelitis aumentaron considerablemente luego de la introducción de la vacunación obligatoria (50% de 1957 a 1958, 80% de 1958 a 1959), sino que las estadísticas fueron manipuladas por el Servicio de Salud Pública para dar la imagen opuesta.[liii] Es importante entender que la vacuna contra la polio no tuvo aceptación universal al principio. A pesar de esto, en Europa, los casos de poliomelitis disminuyeron tanto en los países que vacunaron como en los que no lo hicieron.

De acuerdo a la Dra. Viera Scheibner, autora e investigadora, las autoridades médicas eliminaron de las estadísticas el 90% de los casos de poliomelitis cambiando la definición de la enfermedad cuando se comenzó a utilizar la vacuna. En realidad, mientras tanto, la vacuna seguía causando casos de poliomelitis paralítica en varios países, en una época en la cual el virus natural no estaba causando ninguna epidemia.

Por ejemplo, los casos de meningitis viral y aséptica, que tienen síntomas similares a los de la polio, se diagnosticaban y archivaban como casos de polio antes de la introducción de la vacuna, pero se los separó y eliminó de las estadísticas de polio luego de empezar a usarse la vacuna. Además, se aumentó de 20 a 35 el número de casos necesarios para declarar una epidemia, y el requisito para ser incluído en las estadísticas de parálisis se cambió de síntomas de 24 horas de duración a síntomas de 60 días de duración (la parálisis de muchas víctimas de polio era temporal). Es lógico que la poliomelitis haya disminuído dramaticamente después de la introducción de la vacuna – por lo menos en los papeles. En 1985, los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC) informaron que el 87% de los casos de poliomelitis de los EE.UU., entre 1973 y 1983, fueron causados por la vacuna, y más tarde declararon que todos los casos fueron causados por la vacuna, menos algunos que fueron importados – la mayoría de los cuales habían sido vacunados.

Jonas Salk, inventor de la vacuna inyectable contra la poliomelitis, declaró ante un subcomité del Senado que casi todos los brotes de poliomelitis a partir de 1961 fueron causados por la vacuna antipoliomelítica oral. En un seminario sobre vacunas contra la polio auspiciado por el Instituto de Medicina y los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades, el Dr. Samuel Katz, de la Universidad de Duke, citó los 8-10 casos de polio paralítica asociados con la vacuna oral contra la polio, casos de personas que habían tomado esta vacuna, y la ausencia de polio natural en el hemisferio occidental durante los últimos cuatro años. Jessica Scheer, del Centro de Investigación del Hospital Nacional de Rehabilitación (Washington, D.C.) señaló que la mayoría de los padres no son concientes de que en los EE.UU. la vacunación contra la poliomelitis implica “un pequeño número de sacrificios cada año”. Hay que agregar a esta contradicción el hecho de que la mayoría de los casos de reacciones adversas no se notifican, y las experiencias del Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (quienes confirman y corrigen diagnósticos errados de reacciones a las vacunas). Todo esto sugiere que el número real de “sacrificios” causados por la vacuna antipoliomelítica puede ser de 10 a 100 veces mayor que el número citado por los Centros para el Control de las Enfermedades. Debido a esto, el virus vivo de la polio ya no se usa comúnmente.

Con seguridad, la poliomelitis tal como se la conocía en la primera mitad del siglo 20 ya no existe. Sin embargo, la disminución en la incidencia que se produjo luego de los picos de polio a fines de los ´40 y principios de los ´50 había empezado años antes de que se introdujera la vacuna.

6° Verdad de la vacunación

“La vacuna contra la polio invirtió por un tiempo la disminución de la enfermedad que se venía dando cuando se introdujo la vacuna; esto fue ocultado deliberadamente por las autoridades médicas. En Europa, la polio disminuyó en los países que utilizaron la vacuna y en los que no lo hicieron”.

7° Mito de la vacunación

“Mi hijo no tuvo ninguna reacción a las vacunas, así que no tengo de qué preocuparme… ¿no es cierto?”

Entre los efectos adversos a largo plazo de las vacunas se han documentado: desórdenes crónicos inmunológicos y neurológicos, tales como autismo, hiperactividad, desórdenes de déficit de atención, dislexia, alergias, cáncer, y otras enfermedades, muchas de las cuales casi no existían antes de las campañas de vacunación sistemática. Entre los componentes de las vacunas encontramos conocidas sustancias tóxicas y cancerígenas, como el timerosal (un derivado del mercurio), el fosfato de aluminio, y el formaldehído (según el Centro de Información sobre los Venenos, de Australia, no existe una dosis aceptable de formaldehído que pueda inyectarse sin riesgo en un ser humano), y fenoxietanol (comúnmente conocido como anticongelante). Algunos de estos ingredientes son tóxicos a nivel gastrointestinal, hepático, respiratorio, cardiovascular, sanguíneo, o reproductivo. También hay sustancias neurotóxicas, y otras que afectan el desarrollo. Estos son sólo algunos de los peligros que se conocen. Los sistemas de ránking químico colocan a muchos de los ingredientes de las vacunas entre las sustancias más peligrosas, y están fuertemente reguladas. Se sabe que algunos de estos ingredientes pueden causar serios daños incluso en dosis microscópicas. Sumado a esto, el medio en que se producen algunas vacunas contiene células diploides originadas en tejido fetal abortado. Si esto se supiera, podría afectar la decisión de vacunar de mucha gente.

Harris Coulter, Ph.D., investigador, autor e historiador de la medicina, afirmó que su extensa investigación reveló que las inmunizaciones infantiles están “… causando una encefalitis de bajo grado en los niños, a una escala mucho mayor de la que las autoridades médicas estaban dispuestas a admitir, alrededor del 15-20% de todos los niños”. Señala que las secuelas de la encefalitis (inflamación del cerebro, consecuencia documentada de la vacunación) incluyen: autismo, problemas de aprendizaje, daño cerebral mínimo y no tan mínimo, convulsiones, epilepsia, trastornos del sueño y de la alimentación, trastornos sexuales, asma, síndrome de muerte infantil súbita, diabetes, obesidad y violencia impulsiva. Estos son precisamente los trastornos que afectan a la sociedad contemporánea. Muchos de estos desórdenes eran relativamente raros en el pasado, pero se han vuelto más comunes a medida que se han generalizado los programas de vacunación infantil. Coulter también señala que “…la toxina de la tos convulsa se utiliza para crear encefalitis en animales de laboratorio.” Por lo tanto, no sólo se conoce la capacidad de causar daño cerebral que tiene la vacuna contra la tos convulsa; los investigadores clínicos cuentan con esta característica al estudiar desórdenes cerebrales.

En un estudio alemán se encontró una relación entre las vacunas y 22 problemas neurológicos, incluídos el déficit de atención y la epilepsia. Otro dilema es que los elementos virales de las vacunas pueden permanecer en el cuerpo humano y mutar durante años, con consecuencias desconocidas. Millones de niños están siendo parte de un experimento enorme que carece de una buena planificación y seguimiento; y la comunidad médica no está haciendo ningún esfuerzo sincero y organizado para monitorear los efectos negativos o para determinar las consecuencias a largo plazo. Dado que los estudios a largo plazo sobre los efectos adversos de las vacunas son virtualmente inexistentes, su uso generalizado, sin el consentimiento de personas debidamente informadas, constituye experimentación médica. Tal como lo señalaran la Asociación Americana de Médicos y Cirujanos y el Centro Nacional de Información sobre las Vacunas, esto es una violación del primer principio del Código de Nüremberg, “obra central de la bioética moderna”.[liv] [lv]

El doctor Bart Classen, Ph.D., fundador de Classen Immunotherapies y creador de tecnologías aplicadas a las vacunas, ha llevado a cabo estudios epidemiológicos alrededor del mundo y ha hallado que las vacunas son la causa del 79% de los casos de diabetes tipo 1 en niños de menos de 10 años de edad. El aumento del riesgo iba desde 9% con la vacuna contra la difteria hasta 50% en el caso de la vacuna contra la hepatitis B. De acuerdo a Classen, los datos de los Centros para el Control de las Enfermedades confirman sus conclusiones. Sin embargo, las implicaciones de su trabajo van mucho más allá de la diabetes, tal como señala este comentario suyo en el British Medical Journal, en 1999: “La incidencia de muchas enfermedades inmunológicas crónicas, como ser el asma, las alergias y los cánceres inmuno-modulados, ha aumentado rápidamente y puede también estar vinculada a la vacunación”.[lvi] Sus hallazgos sobre la diabetes pueden ser tan sólo la punta del iceberg.

Estudios recientes en los Estados Unidos y en Inglaterra sugieren que las vacunas causan autismo.[lvii] [lviii] [lix] El envenenamiento con mercurio y el autismo tienen síntomas casi idénticos,[lx] y un solo día de aplicación de vacunas puede inyectar 41 veces más que el nivel de mercurio que se sabe causa daño.[lxi] La incidencia de autismo en California ha aumentado 1000% en los últimos 20 años, con aumentos dramáticos luego de la introducción de la vacuna triple viral a principios de los ´80. En Inglaterra hubo un dramático crecimiento del autismo comenzando en los ´90, luego de que se introdujera allí la vacuna triple viral. Algunos niños reciben, a través de las vacunas, 100 veces más mercurio que la cantidad máxima permitida por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). En enero del año 2000, la revista de Reacciones Adversas a los Medicamentos informó que la vacuna triple viral no fue testeada adecuadamente y que no se le debió haber otorgado la licencia. Otro dato que apoya la sospecha de que las vacunas causan autismo es la existencia de un grupo de médicos que han logrado mejorías enormes en la salud y el comportamiento de pacientes autistas, mediante la utilización de un régimen sistemático de desintoxicación de mercurio.[lxii] Hoy en día, 1 de cada 150 niños padece autismo, de acuerdo al Centro Nacional de Información sobre las Vacunas. A principios de los años 40, antes de la introducción de la mayoría de las vacunas que hoy son habituales, el autimo era una enfermedad rara, y pocos eran los médicos que alguna vez veían un caso.

7° Verdad de la vacunación

“Los efectos adversos de las vacunas a largo plazo han sido virtualmente ignorados, a pesar de correlaciones convincentes con muchas enfermedades crónicas. Los médicos no pueden explicar el dramático aumento de muchas de estas enfermedades.”

8° Mito de la vacunación

“Las vacunas son la única forma de prevenir enfermedades… ¿o no?”

La mayoría de los padres se sienten obligados a tomar alguna medida para prevenir las enfermedades de sus hijos. Si bien nada brinda una garantía del 100%, existen opciones viables. Históricamente, la homeopatía ha demostrado muchas veces ser más efectiva que la medicina alopática en la prevención y el tratamiento de enfermedades. En el brote de cólera de 1849 en los EE.UU., la tasa de mortalidad de quienes utilizaron la medicina alopática fue de entre el 48% y el 60%, mientras que los hospitales homeopáticos tuvieron una tasa de mortalidad de solamente 3%.[lxiii] A grandes rasgos, estos porcentajes siguen siendo ciertos, hoy en día, en el caso del cólera.[lxiv] En estudios epidemiológicos recientes se ve que los remedios homeopáticos son iguales o mejores para prevenir enfermedades que la vacunación ortodoxa. Hay informes de poblaciones tratadas homeopáticamente después de haber estado expuestas al causante de la enfermedad, que tuvieron una tasa de éxito del 100% – ninguno de los que recibieron el tratamiento se enfermó.[lxv]

Se pueden conseguir kits homeopáticos para la prevención de enfermedades.[lxvi] Los remedios homeopáticos también se pueden tomar solamente durante los momentos de mayor riesgo (brotes de la enfermedad, viajes, etc), y han demostrado ser altamente efectivos en tales casos. Y debido a que estos remedios no tienen componentes tóxicos, tampoco tienen efectos adversos. Además, la homeopatía ha sido efectiva para revertir algunas de las discapacidades causadas por las reacciones a las vacunas, así como también muchas otras enfermdades crónicas con las cuales la medicina alopática ha tenido poco éxito.

8° Verdad de la vacunación

“Existen hace décadas alternativas efectivas y seguras a las vacunas (y han sido documentadas). Sin embargo han sido atacadas y suprimidas en forma sistemática por la comunidad médica.”

9° Mito de la vacunación

“Las vacunas son obligatorias por ley, por lo tanto son inevitables… ¿no es así?”

Las leyes que regulan la vacunación varían según el estado. Si bien todos los estados legalmente requieren la vacunación, todos ofrecen uno o más exenciones legales. Es raro que los funcionarios escolares y sanitarios ofrezcan voluntariamente información sobre las exenciones, y a menudo brindan información equivocada. Por lo tanto, es importante conocer las leyes en su estado para saber exactamente cuáles son los requisitos. Cada estado ofrece uno o más de los siguientes tres tipos de exención:

1) Exención médica: Los 50 estados de los EE.UU. permiten una exención médica. Sin embargo, son pocos los pediatras que examinan si hay indicadores de aumento de riesgo, antes de aplicar las vacunas, así que es aconsejable que los padres investiguen este tema por sí mismos, si tienen motivos para creer que su hijo puede estar predispuesto a una reacción a las vacunas. La epilepsia, las alergias severas, y/ó una reacción adversa anterior en un niño o en algún hermano, son sólo algunas de las muchas condiciones, en la historia de un niño o en la de su familia, que pueden aumentar el riesgo de tener una reacción adversa, y que por lo tanto dan derecho a una exención médica para una o más vacunas.. Por lo general, sin embargo, son difíciles de conseguir, a veces se dan solamente a aquellos que ya han tenido una reacción adversa, o son válidas sólo para la vacuna que se cree causó la reacción adversa anterior, o temporales, con validez sólo mientras dure la condición que dio lugar a la exención.

2) Exención religiosa: Se permiten exenciones religiosas en 48 estados (todos menos Mississippi y West Virginia). Las leyes de un estado pueden requerir que sea necesario ser miembro de una religión establecida. Sin embargo, este requisito ha sido hallado inconstitucional en cortes federales de Nueva York; las creencias religiosas personales son suficientes para obtener una exención religiosa, aunque usted no pertenezca a una religión organizada.[lxvii] [lxviii] [lxix] [lxx] En un caso, los denunciantes fueron indemnizados por daños; según la corte, el estado había violado sus derechos civiles al negarles una exención religiosa.

3) Exención de carácter personal o filosófico: Unos 19 estados permiten este tipo de exención, reconociendo el derecho de objetar la vacunación por motivos que no sean ni médicos ni religiosos.

No se les puede prohibir a los niños exentos que vayan a la escuela, salvo durante brotes locales de la enfermedad. Todas las escuelas, privadas o públicas, deben acatar las mismas leyes estatales y las mismas exenciones legales para las vacunas.

La mejor manera de conseguir un ejemplar de las leyes de vacunación de su estado es a través de un funcionario estatal de salud pública. Puede que alcance con llamar por teléfono al Departamento de Epidemiología o Inmunización de su estado (el nombre exacto depende del estado) para pedir que le envíen por correo un ejemplar. O, por una pequeña suma, el NVIC y New Atlantean Press le venderán una copia de las leyes de inmunización de su estado (ver información al final de este artículo). Se pueden buscar ls estatutos en Internet (ver, por ejemplo, www.findlaw.com), pero de haber cambios muy recientes en la ley, estas fuentes pueden no incluírlos. También son buenas fuentes, por supuesto, las bibliotecas legales y los abogados.

9° Verdad de la vacunación

“Muchos ciudadanos norteamericanos (no todos) pueden conseguir exenciones legales a las vacunas”.

10° Mito de la vacunación

“Los funcionarios de salud pública siempre tienen la salud como prioridad absoluta… ¿no es cierto?”

La historia de la vacunación está repleta de casos documentados de engaños con el fín de mostrar a las vacunas como los poderosos vencedores de las enfermedades, cuando de hecho muchas veces han demorado e incluso revertido la disminución de las mismas. El Departamento de Salud del Reino Unido ha admitido que el diagnóstico de las enfermedades subsecuentes dependía de si la persona había o no recibido vacunas; cuando habían sido vacunadas se les daba un diagnóstico alternativo; se falsificaban los registros de los hospitales y los certificados de defunción. Hoy en día, muchos médicos siguen siendo reacios a diagnosticar ciertas enfermedades en niños vacunados, y el mito sobre el éxito de las vacunas continúa.

Los conflictos de intereses son la norma en la industria de las vacunas. Miembros y presidentes de los comités consultivos sobre las vacunas, tanto en la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) como en los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), poseen acciones en empresas farmacéuticas que fabrican vacunas; en ambos comités hay individuos dueños de patentes de vacunas que están bajo consideración o que pueden ser afectadas por las decisiones que estos mismos comités tomen. Los CDC otorgan anualmente exoneraciones por conflictos de intereses a cada miembro del comité de asesoramiento, lo cual permite la plena participación en los debates que culminan con el voto de cada uno de los miembros, tengan o no un interés económico en la decisión..[lxxi]

La preocupación por las recciones adversas y por los conflictos de intereses hizo que la Sociedad Norteamericana de Médicos y Cirujanos emitiese una resoluciòn para que el Congreso pidiera una “moratoria en la obligatoriedad de las vacunas y que los médicos insistan acerca de que la persona debe realmente informarse antes de decidir si vacunar o no”. Aprobada por unanimidad en el mes de octubre del año 2000, en el encuentro anual de la Sociedad, la resolución hace referencia al “creciente número de vacunas infantiles obligatorias a las cuales se… somete a los niños sin… informar a los padres sobre los potenciales efectos adversos”; “al hecho de que las pruebas de seguridad de muchas vacunas son limitadas y los datos no están disponibles para ser examinados independientemente, por lo cual la vacunación sistemática de la población es equivalente a la experimentación médica, y por lo tanto está sujeta al Código de Nüremberg, que requiere que los participantes estén informados para acceder voluntariamente al procedimiento”; y el hecho de que “el proceso de aprobar y “recomendar” vacunas está viciado por los conflictos de intereses”.[lxxii]

El doctor Bart Classen, Licenciado en administración de empresas, es fundador y CEO de Classen Immunotherapies. Se dedica a desarrollar tecnología aplicada a las vacunas. En octubre de 1999, en una declaración al Congreso, sostuvo que “está claro… que lo que determina las políticas de inmunización del gobierno… es la política y no la ciencia. Puedo mencionar numerosos casos en que los empleados del Servicio de Salud Pública de los EE.UU…. parecen estar interesados en beneficiarse personalmente, actuando como representantes comerciales, apoyando fines políticos. En un caso en particular, los empleados de un gobierno extranjero, que estaban financiados y trabajaban estrechamente vinculados al Servicio de Salud Pública de los EE.UU., enviaron datos falsos a una importante publicación médica. Los datos verdaderos indicaban que la vacuna era peligrosa, pero los datos falsos que se enviaron indicaban que no había riesgo. Un empleado del Instituto Nacional de Salud, quien maneja subvenciones de grandes sumas para las vacunas, publicó una carta con información falsa, conjuntamente con uno de los empleados de aquel gobierno extranjero. Como usted sabe, es ilegal falsificar datos provenientes de investigaciones financiadas por el gobierno de los EE.UU.”. El Dr. Classen recomendó que el Congreso contrate a un fiscal especial “para determinar si los funcionarios de salud están respetando las leyes promulgadas para asegurar que las vacunas sean seguras” y para determinar “si los funcionarios de salud pública, conjuntamente con los fabricantes, están engañando al público acerca de la seguridad de estos productos”.[lxxiii]

15.000 ciudadanos franceses han demandado a su gobierno a causa de las reacciones adversas provocadas por la vacuna contra la hepatitis B.[lxxiv] Los anteriores funcionarios de salud pública están cumpliendo condenas en prisión, luego de que se supiera que no actuaron de acuerdo a la ley para garantizar que la vacuna sea segura, y se ha interrumpido el uso de esta vacuna para los niños en edad escolar. Pero aún puede ser la suerte del personal militar de los EE.UU.: “…cuatro cartas de la Administración de Alimentos y Medicamentos y del Sercicio de Salud Pública… revelan claramente que se aprobó la comercialización de la vacuna contra el ántrax sin haberse efectuado ni siquiera una prueba clínica controlada”.[lxxv] Obviamente, las pruebas clínicas son absolutamente indispensables para determinar que cualquier producto farmacéutico sea seguro y efectivo. El personal militar ha sido, y sigue siendo, sujeto involuntario de un experimento médico carente de ética.

10° Verdad de la vacunación

“Muchos de los funcionarios de salud pública que toman decisiones acerca de las políticas de vacunación se benefician substancialmente con sus propias decisiones”.

Conclusiones

En el Medical Post de diciembre de 1994, la doctora canadiense Guylaine Lanctot, autora del best-seller “Medical Mafia” (La mafia médica), dijo: “Las autoridades médicas siguen mintiendo. La vacunación ha sido un desastre para el sistema inmunitario. De hecho, causa muchas enfermedades. La verdad es que con las vacunas estamos cambiando nuestro código genético… dentro de 100 años se sabrá que las vacunas fueron el mayor crimen contra la humanidad”. Después de un análisis crítico de literalmente decenas de miles de páginas de la literatura científica sobre las vacunas, la Dra. Viera Scheibner llegó a la conclusión de que “no hay ninguna evidencia de que las vacunas tengan la capacidad de prevenir ninguna enfermedad. Por el contrario, existe una gran cantidad de evidencia de que causan serios efectos adversos”.[lxxvi] El Dr. Classen ha dicho: “Mi datos demuestran que los estudios que se utilizan para apoyar la vacunación son tan defectuosos que es imposible decir si la inmunización brinda o no un beneficio neto a alguna persona o a la sociedad en general. Esta pregunta solo se puede responder con estudios adecuados, estudios que nunca se han llevado a cabo. El error de los estudios anteriores es que no se hizo ningún seguimiento a largo plazo ni se tuvo en cuenta la toxicidad crónica. La Sociedad Norteamericana de Microbiología ha apoyado mi investigación… y por lo tanto, reconoce la necesidad de realizar estudios adecuados”.[lxxvii] Estas posturas pueden parecer radicales, pero no carecen de fundamento. La continua negación de la evidencia en contra de las vacunas no hace más que perpetuar los “Mitos” de su “éxito” y lo que es más importante, sus consecuencias negativas en nuestros niños y en nuestra sociedad. Se justifica claramente la necesidad de llevar a cabo investigaciones científicas enérgicas y abarcativas. Sin embargo, los programas de vacunación continúan expandiéndose, aunque no existan tales investigaciones. Las ganancias de los fabricantes están garantizadas, mientras que la responsabilidad por los efectos negativos está curiosamente ausente. Esto es muy triste sobre todo si tenemos en cuenta que existen alternativas seguras y efectivas, que pueden conseguirse con facilidad.

Las afirmaciones de más arriba no provienen de un puñado de lunáticos marginales; hay denuncias de organizaciones profesionales enteras. A nivel mundial, las críticas a las vacunas provienen de un número creciente de científicos con reputación y credibilidad, de investigadres, y de padres que se han informado sobre el tema. Son los funcionarios de salud pública y los partidarios intransigentes de las vacunas (muchos de los cuales tienen intereses financieros que dependen del resultado del debate) los que están empezando a perder credibilidad, al negarse a reconocer la evidencia creciente sobre los problemas de las vacunas, y al negarse a abordar los problemas reales, serios y documentados de las vacunas.

Mientras tanto, la carrera continúa. Se están desarrollando más de 200 nuevas vacunas[lxxviii] para todo, desde control de natalidad hasta adicción a la cocaína. Aproximadamente 100 ya están en fase de ensayo clínico. Hay investigadores trabajando en el desarrrollo de vacunas que puedan administrarse con sprays nasales, mosquitos (sí, leyó bien, mosquitos), y frutas de plantas “transgénicas” en las que se cultiva el virus de la vacuna. Dado que cada adulto y cada niño de este planeta es un potencial receptor obligado de múltiples dosis, y dado que cada sistema de salud y cada gobierno es un potencial comprador, no es sorprendente que se gasten muchísimos millones de dólares alimentando la creciente industria multimillonaria de las vacunas. Sin protestas públicas, seguirán apareciendo vacunas que tendremos que recibir nosotros y nuestros hijos. Y aunque las ganancias se calculan con facilidad, el costo humano real está siendo ignorado.

Sea cual sea su decisión sobre las vacunación, infórmese primero; tiene ese derecho y esa responsabilidad. Es un tema difícil, pero hay más que suficiente en juego como para justificar el tiempo y la energía que hagan falta para investigarlo.

Referencias:

[1] Vaccine Adverse Events Reporting System (VAERS); National Technical Information Service, Springfield, VA 22161, 703-487-4650, 703-487-4600; see also NVIC, infra note 7; and the VAERS website at http://www.fda.gov/cber/vaers/vaers.htm.
[2] Statement of the National Vaccine Information Center (NVIC), Hearing of the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and Human Resources, “Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?” September 28, 1999.
[3] Less than 1%, according to Barbara Fisher, citing former FDA Commissioner David Kessler, 1993, JAMA, in the Statement of the NVIC, supra note 2.
[4] Less than 10%, according to KM Severyn, R.Ph., Ph.D. in the Dayton Daily News, May 28, 1993. (Vaccine Policy Institute, 251 Ridgeway Dr., Dayton, OH 45459)
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[7] National Vaccine Information Center (NVIC), 512 Maple Ave. W. #206, Vienna, VA 22180, 703-938-0342; “Investigative Report on the Vaccine Adverse Event Reporting System.”
[8] 42 U.S.C.S. § 300aa-25(b)(1)(A),(B).
[9] Karlsson L. Scheibner V. Association between non-specific stress syndrome, DPT injections and cot death. Paper presented to the 2nd immunization conference, Canberra, Australia, May 27-29, 1992. See also Viera Schiebner, Ph.D., Vaccination: 100 Years of Orthodox Research Shows that Vaccines Represent a Medical Assault on the Immune System for discussion and references.
[10] W.C. Torch, “Diptheria-pertussis-tetanus (DPT) immunization: A potential cause of the sudden infant death syndrome (SIDS),” (Amer. Academy of Neurology, 34th Annual Meeting, Apr 25 – May 1, 1982), Neurology 32(4), pt. 2.
[11] Id.
[12] Viera Schiebner, Ph.D., Vaccination: 100 Years of Orthodox Research Shows that Vaccines Represent a Medical Assault on the Immune System, 1993.
[13] Confounding in studies of adverse reactions to vaccines [see comments]. Fine PE, Chen RT, REVIEW ARTICLE: 38 REFS. Comment in: Am J Epidemiol 1994 Jan 15;139(2):229-30. Division of Immunization, Centers for Disease Control, Atlanta, GA 30333.
[14] See Viera Scheibner, supra note 12.
[15] Nature and Rates of Adverse Reactions Associated with DTP and DT Immunizations in Infants and Children (Pediatrics, Nov. 1981, Vol. 68, No. 5)
[16] DPT Report, The Fresno Bee, Community Relations, 1626 E. Street, Fresno, CA 93786, December 5, 1984.
[17] Trollfors B, Rabo, E. 1981. Whooping cough in adults. British Medical Journal (September 12), 696-97.
[18] National Vaccine Injury Compensation Program (NVICP) http://bhpr.hrsa.gov/vicp/.
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[28] Clinical Immunology and Immunopathology, May 1996; 79(2): 163-170.
[29] Trevor Gunn, Mass Immunization, A Point in Question, at 15 (citing E.D. Hume, Pasteur Exposed-The False Foundations of Modern Medicine, Bookreal, Australia, 1989.)
[30] Physician William Howard Hay’s address of June 25, 1937; printed in the Congressional Record.
[31] Eleanor McBean, The Poisoned Needle, Health Research, 1956.
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[33] Neil Miller, Vaccines: Are They Really Safe and Effective? Fifth Printing, 1994, at 33.
[34] Chicago Dept. of Health.
[35] Harold Buttram, M.D., “Vaccine Scene 2000, Review and Update,” Medical Sentinel, Vol.5 No. 2, March/April 2000.
[36] Neil Miller, supra note 33 at 45 [NVIC News, April 92 at 12].
[37] S. Curtis, A Handbook of Homeopathic Alternatives to Immunization.
[38] Darrell Huff, How to Lie With Statistics, W.W. Norton & Co., Inc., 1954 at 84.
[39] Quoted from the internet, credited to Keith Block, M.D., a family physician from Evanston, Illinois, who has spent years collecting data in the medical literature on immunizations.
[40] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 15.
[41] Id. at 21.
[42] Id. at 21 (British Medical Council Publication 272, May 1950).
[43] See Trevor Gunn, supra, note 29, at 21; see also Neil Miller, supra note 33 at 47 (Buttram, MD, Hoffman, Mothering Magazine, Winter 1985 at 30; Kalokerinos and Dettman, MDs, “The Dangers of Immunization,” Biological Research Inst. [Australia], 1979, at 49).
[44] See Mayo Vaccine Research Group, supra note 27.
[45] See Neil Miller, supra note 33 at 34.
[46] Chairman/Congressman Dan Burton, Committee of Government Reform, Opening Statement, “FACA: Conflicts of Interest and Vaccine Development, Preserving the Integrity of the Process,” June 2000.
[47] Archie Kalolerinos, MD, Every Second Child, Keats Publishing, Inc. 1981.
[48] Washington Post, February 22, 1995.
[49] Reported by KM Severyn, R.Ph, Ph.D. in the Dayton Daily News, June 3, 1995.
[50] Vaccine Information and Awareness (VIA), “Measles and Antibody Titre Levels,” from Vaccine Weekly, January 1996.
[51] NVIC Press Release, “Consumer Group Warns use of New Chicken Pox Vaccine in all Healthy Children May Cause More Serious Disease”.
[52] Id. [Reported by KM Severyn, R.Ph., Ph.D.]
[53] Hearings before the Committee on Interstate and Foreign Commerce, House of Representatives, 87th Congress, Second Session on H.R. 10541, May 1962, at 94.
[54] NVIC Vaccine Conference Program Guide, 1997.
[55] Unanimous resolution of the AAPS, 57th Annual Meeting, St. Louis, MO, October, 2000; see http://www.aapsonline.org/.
[56] British Medical Journal, 1999, 318:193, 16 (January).
[57] Singh V, Yang V. Serological association of measles virus and human herpes virus-6 with brain autoantibodies in autism. Clinical Immunology and Immunopathology 1998;88(l):105-108.
[58] Wakefield AJ, et al. Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. Lancet 1998;351:637-641.
[59] Wakefield AJ, Anthony A, Murch SH, Thomson M, Montgomery SM, et al. Enterocolitis in Children With Developmental Disorders. Am JGastroenterol September; 95:2285-2295.
[60] Stephanie Cave, MD, NVIC Vaccine Conference, September, 2000; see http://www.909shot.com for conference transcripts and information.
[61] Congressman Dan Burton, House Committee on Government Reform, Hearing on Mercury and Medicine, 6/18/2000.
[62] Press Release, Feb. 12, 2001; see http://www.autism.com/ari/press1.html
[63] Dana Ullman, Discovering Homeopathy, at 42 (Thomas L. Bradford, Logic Figures, p68, 113-146; Coulter, Divided Legacy, Vol 3, p268).
[64] See S. Curtis, supra note 34.
[65] See S. Curtis, supra note 34.
[66] Isaac Golden, Vaccination? A Review of Risks and Alternatives, 5th Edition, 1994. (Australia).
[67] Allanson v. Clinton Central School District, No. CV 84-174, slip op. at 5 (N.D.N.Y. 1984).
[68] Sherr and Levy vs. Northport East-Northport Union Free School District, 672 F. Supp. 81 (E.D.N.Y. 1987).
[69] Fishkin v. Yonkers Public Schools, 710 F. Supp. 506 (S.D.N.Y. 1989).
[70] Berg v. Glen Cove City School District, 853 F. Supp. 651 (E.D.N.Y. 1994).
[71] Congressman Dan Burton, Committee on Government Reform, “FACA: Conflicts of Interest and Vaccine Development: Preserving the Integrity of the Process,” June 15, 2000.
[72] “AAPS Resolution Concerning Mandatory Vaccines” at http://www.aapsonline.org/aaps/.
[73] J. Barthelow Classen, M.D., M.B.A.
President and CEO, Classen Immunotherapies, Inc., 6517 Montrose Ave, Baltimore, MD 21212
Tel: (410) 377-4549 Fax: (410) 377-8526
E-mail: Classen@vaccines.net, letter to The Honorable Dan Burton, Chairman U.S. House of Representatives, Committee on Government Reform, Washington, DC 20515, October 12th, 1999, at http://vaccines.net.
[74] “Show us the Science,” Mothering Magazine, March/April 2001, Report on the Sept. 2000 NVIC Vaccine Conference.
[75] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.
[76] Viera Scheibner, PhD, 178 Govetts Leap Road, Blackheath, NSW 2785, Australia; phone +61 (0)2 4787 8203, Fax +61 (0)2 4787 8988
[77] See J. Barthelow Classen, MD, MBA, supra note 73.
[78] Statement of the National Vaccine Information Center, Hearing of the House Subcommittee on Criminal Justice, Drug Policy and Human Resources, “Compensating Vaccine Injuries: Are Reforms Needed?” September 28, 1999.

Para más información:

En español:
1. Liga para la Libertad de Vacunación: www.vacunacionlibre.org

Acerca del autor

Al momento de terminar esta revisión, Alan Phillips es un estudiante de 3° año de Derecho en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, y es cofundador y codirector de Citizens for Healthcare Freedom, una organización sin fines de lucro dedicada a concientizar a la población sobre las vacunas y partidaria de la toma de decisiones luego de informarse. Alan tiene experiencia en escritos técnicos, evaluación de escritos, educación primaria, ha sido escritor independiente y ha investigado temas de salud alternativa. Es conocido a nivel internacional como músico profesional y como productor. Es reverendo, y
tiene planeado dedicarse a la abogacía en Chapel Hill, Carolina del Norte, luego de su admisión en el Colegio de Abogados.

También disponibles

Alan ha investigado y escrito sobre varios temas legales vinculados a las vacunas, incluído el tema de las exenciones legales (con especial atención a la exenciones religiosas en conexión con la ley federal),
sobre el Programa Nacional de Compensación por Daños causados por las Vacunas, y sobre la conexión entre los daños causados por las vacunas y el síndrome del bebé sacudido; casos documentados en los que los padres y las personas responsables por un niño son culpadas de abuso de menores, y luego se demuestra que el daño fue causado por una vacuna.

* Director de Citizens for Healthcare Freedom Ultima revisión: Mayo de 2001 sacado de www.axel.org.ar/articulos/vacunas/disipando.htm

Venezuela una «revolución» con un cadáver en la boca

Desde el año 1998 un gobierno, retóricamente de izquierda, ha tomado el poder en Venezuela. Desde esa fecha, los representantes de la nueva burocracia han iniciado un insistente proceso deslegitimizador de todos los cuestionamientos a su gobierno, especialmente contra quienes desde la izquierda (y obviamente el anarquismo) lo rechazan.

Por Rafael Uzcategui

Es cierto que en el llamado «antichavismo» conviven algunos de los sectores más conservadores del país, representantes del anterior status desplazados del poder. Pero tras esta afirmación apuntamos que no es posible entender la situación venezolana atendiendo al esquema infantil gobierno (izquierda) versus «oposición» (derecha).

Los y las anarquistas venezolanos hemos expresado nuestro rechazo al proyecto bolivariano por varias razones. La primera es que detrás del discurso «izquierdizante» del ejecutivo, las políticas concretas han profundizado el rol del país en la globalización económica: a saber, la venta de hidrocarburos, de manera segura y confiable, al mercado energético mundial.

A pesar de su discurso anti-imperialista, el gobierno radicado en Miraflores ha revertido el proceso de nacionalización del petróleo, y ha hecho socias del negocio, a través de la figura de las empresas mixtas, a compañías como Chevron, British Petroleum, Repsol, entre otras. En segundo término, y debido a lo anterior, por una agresiva política fiscal de corte neoliberal, el gobierno está disfrutando de la mayor bonanza económica de los últimos 30 años. Esto ha ocasionado,   por una parte, la aparición de una nueva burguesía, amparada por sus relaciones con el Estado, la cual gobierna junto a los sectores oligárquicos tradicionales vinculados con los sectores dinámicos de la mundialización (telecomunicaciones, banca y finanzas, seguros…)

Por otra, que a pesar de tales cantidades de dinero, la situación de las clases más desfavorecidas del país no ha mejorado sustancialmente. A contracorriente de su propaganda, el gobierno bolivariano no ha cambiado una de las distribuciones de riqueza, del PIB, más desiguales del continente. En tercer lugar, por la estatización militarizada de todos los órdenes de la vida social en Venezuela, especialmente la institucionalización de los movimientos sociales de base.

No solamente realizamos una refutación antiautoritaria del gobierno venezolano, sino una nítida crítica anticapitalista que nos diferencia claramente de la oposición mediática, precisamente, el tipo de antagonista «arquetipo» que interesa difundir como contrario por los voceros del actual tren ejecutivo. Reiteramos que, como anticapitalistas, hemos caracterizado la confrontación de poderes ocurridas en Venezuela como una pugna inter-burguesa, entre factores y representantes de las clases dominantes. Por ello nuestro rechazo, a ambos, se acompaña de la propuesta de la reconstrucción beligerante de la autonomía de los movimientos sociales, un espacio que creemos como precondición para el desarrollo de una alternativa y una propuesta libertaria para el país.

Detrás de la propaganda del actual gobierno venezolano hay un desierto. El llamado «proceso bolivariano» ha difundido al mundo que, desde Caracas, se modifican las injustas relaciones sociales, se hace retroceder la pobreza y el pueblo se hace cargo de su destino. La realidad se resiste a ser maquillada por la demagogia. Venezuela, a pesar de vivir un período inédito de bonanza económica, no ha revertido una de las distribuciones de riqueza más injustas del continente. La ineficacia de las políticas sociales y el agravamiento de los principales problemas del país, son razones de peso que explican la ausencia del pueblo chavista en las urnas el pasado 2-D, cuando se intento legitimar una constitución a medida del proyecto político gubernamental.

Provea, una de las organizaciones sociales antiguas del país, recientemente presentó los resultados de su Informe Anual sobre la situación de los Derechos Humanos en Venezuela. Revisando algunas áreas, se puede dar una verdadera idea de lo que ha significado para los más pobres la demagogia «bolivariana». Por ejemplo dentro de los estancamientos, la situación de los pueblos indígenas continúa signada por la pobreza y el abandono. En un sector donde se han generado grandes expectativas, el área de vivienda, el ejecutivo nacional cumple su octavo año consecutivo en incumplir sus propias metas, construyendo sólo 60.000 de las 150.000 casas prometidas (el déficit se estima en casi 3 millones).

Uno de los programas más propagandeados por el Ejecutivo, como es el caso de la Misión Barrio Adentro, comienza a mostrar signos regresivos y acumularse denuncias sobre ambulatorios cerrados, ausencia de insumos y reducción del horario de atención al público. El sector salud continúa caracterizándose por la coexistencia de dos sistemas: el tradicional, conformado entre otros por ambulatorios y hospitales, y el edificado por Barrio Adentro. No existe un sistema nacional público integrado de salud que garantice el acceso universal y de calidad a los servicios, presentando el sistema tradicional, que realiza una mayor cobertura cuantitativa, serias fallas en su operación.

Los derechos de los trabajadores y trabajadoras no muestran una mejor realidad. Diferentes declaraciones y proyectos del ejecutivo nacional erosionaron la autonomía de las organizaciones sindicales, produciendo su debilitamiento y ausencia de protagonismo en el diseño de las políticas públicas. Como una muestra, fuentes sindicales señalaron que 243 contratos colectivos se encontrarían sin firma en el sector público. Aunque parezca extraordinario, Venezuela ocupó, detrás de Colombia, el segundo lugar en el ranking mundial de peligrosidad para la acción sindical. 53 personas, de ellos 46 dirigentes gremiales, perdieron la vida debido a violencia relacionada con la obtención de puestos de trabajo, tanto en el sector construcción como en el sector petrolero. Por otra parte, se ha intensificado la tendencia denunciada por Provea desde el año 2006 acerca de la criminalización de la protesta. Durante este período 98 manifestaciones fueron reprimidas por los organismos de seguridad del Estado, siendo la cifra más alta en los últimos 8 años.

«Quién habla de revolución y lucha de clases sin referirse a la vida cotidiana, tiene un cadáver en la boca». La frase ilustra la situación venezolana. Los retos para los de abajo son múltiples. En principio, romper el maniqueísmo impuesto por la derecha en el gobierno y la derecha opositora, reconstruyendo el tejido de base de múltiples organizaciones de base beligerantes y autónomas. Rechazando la electoralización de nuestras dinámicas, la agenda de movilización y resistencia debe incluir, en un primer orden, todos los males y problemas que nos aquejan, como oprimidos y oprimidas, en nuestra vida diaria.

publicado en la revista Ekintza Zuzena nº35

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article459

Aquellos barros trajeron estos lodos

La izquierda latinoamericana vuelve a tener un rol político indiscutible. Rol que se expresa electoralmente. En la década de los 80’ 60 millones de latinoamericanos eran gobernados por la izquierda; hoy son más de 260 millones.

Por Revista Alter
Taller A (Uruguay)

Ello es más significativo porque sucede  después de ser derrotada en sus intentos revolucionarios de «izquierda armada». Sucede a pesar de sufrir directamente la represión durante años y, en algunos casos, décadas de dictaduras feroces. Hoy esa izquierda guerrillera, partidaria del foco guevarista, jerárquica y clandestina; más antiimperialista que anticapitalista; con objetivos donde primaba la liberación nacional; con prácticas estalinistas en el interior de las organizaciones partidarias, escondidas detrás de la compartimentación, que significó expulsión de discrepantes e incluso, en algunos casos, como fue el del poeta salvadoreño Roque Dalton, su ejecución; retorna  siendo parte de los nuevos gobiernos de izquierda y en otros integrando la fuerza mayoritaria.

Esta izquierda que no pudo conquistar el poder político con las armas, su objetivo estratégico; lo logra décadas más tarde, después de años de cárcel, de muertos y desaparecidos, por medio de procesos electorales y de complicadas, y a veces contradictorias alianzas políticas, éticamente imposibles de comprender, y explicadas generalmente por el funcional argumento de la «acumulación de fuerza».

Esta izquierda administradora del poder político y continuadora de los lineamientos económicos del capitalismo global, no es capaz de hacer autocrítica de su militancia pasada; de la utilización y manejo de los movimientos de base de acuerdo a los intereses partidarios, habiendo jerarquizado y separado lo político de lo social; de haber debilitado a los movimientos quitándole a sus mejores militantes reclutándolos para su aparato militar. Pues sí, construyó un aparato militar, con todo lo que eso significa, para oponerlo a otro aparato, al  ejército y las fuerzas represivas del Estado. Una institución contra otra concebidas con las mismas formas y mismas jerarquías. Esta posición permitió a los ideólogos, que intentan hoy justificar el terrorismo de estado, pergeñar la «teoría de los dos demonios». Eran tan iguales que, en algunos países, las fuerzas de la guerrilla pasaron a integrar el ejército nacional.

Todo cambia…

Lo nuevo en estas dos últimas décadas, tras la hecatombe de los gobiernos militares que aplicaron la «doctrina de la seguridad nacional» para intentar la implantación de un nuevo orden económico, ha sido las explosiones que han producido la emergencia de inesperados, variados e impredecibles movimientos sociales en América Latina. Algunos de ellos  han resistido los ajustes neoliberales y los recortes de las libertades públicas. Estas resistencias, además, dificultaron la aplicación de los planes de reestructura capitalista y fueron deslegitimando lo que se llamaba «pensamiento único». Abrieron brechas por las que han surgido nuevas formas para pensar y cambiar el mundo.
Los movimientos lograron hacer retroceder privatizaciones, han hecho caer varios presidentes y, en el caso boliviano, han producido acciones insurreccionales que podían haber llevado a formas organizativas de autogobierno apoyadas en las comunidades y en la autogestión.

Estos movimientos, con un protagonismo social importante al igual que las organizaciones sociales que sobrevivieron a las dictaduras militares, en los últimos años han tenido dificultades, han perdido espacios de acción, han sido relegados y en algunos casos subordinados o cooptados por los nuevos gobiernos. Sin embargo no todo se ha perdido; los acontecimientos calaron profundo, hubo cambios que abrieron caminos, se crearon nuevas formas de actuar, nuevas sensibilidades, etc.

No hay gobiernos «buenos» que apoyen y sean favorables a movimientos sociales que buscan su libertad, que construyen autónomamente su sentido de vida, que pelean por la emancipación social. Esto, por supuesto, no quiere decir que no haya diferencias entre un gobierno u otro, no es lo mismo una dictadura o un gobierno de derecha que uno progresista o de «izquierda». Pero, en definitiva, los gobiernos y los estados no pueden permitir la existencia de realidades que ellos no controlen o administren, que se pongan por fuera, en otro lado.

Es bueno recordar que la situación de América Latina se enmarca en la misma inestabilidad en la que se encuentra el capitalismo global. Invasiones, tropas de ocupación, militarización de territorios ricos en materias primas estratégicas como petróleo, agua, alimentos (Paraguay, la triple frontera de Argentina, Paraguay y Brasil, el «Plan Colombia»), presiones de distinto tipo e incluso la posibilidad de cambio de fronteras como sucedió en la ex Yugoslavia, están al orden del día y cuentan con la instrumentación logística de Estados Unidos y las fuerzas represivas «nacionales».

Conquistar el estado, conquistar el poder

Los teóricos marxistas de la «izquierda estadocentrista» señalan en estos nuevos gobiernos, surgidos entre 1999 y 2006, dos grupos: uno de «izquierda» y otro de «centro». En el primero se ubicarían Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Estos gobiernos serían antiimperialistas, aunque sea sólo declarativamente, y opuestos al neoliberalismo. En el segundo grupo encontraríamos a Argentina, Brasil, Chile y Uruguay que tendrían una posición más tibia respecto al neoliberalismo, más mediadora y sólo pretenden mitigar la pobreza que ha producido los embates del capitalismo neoliberal.

Los gobiernos de «izquierda» se enfrentarían a duras y combativas burguesías y empresas transnacionales que siempre se han negado a repartir, aunque sea mínimamente, las riquezas producidas por las clases subalternas. Los capitalistas no quieren aceptar de ninguna manera ver recortados ninguno de sus privilegios que mantienen desde hace siglos. Menos aún en la actualidad, donde sus márgenes de ganancia se han visto reducidos y ha sido necesaria la reubicación de los aparatos extractivos e industriales, y los sistemas de la especulación del capitalismo financiero ya no produce las ganancias de antaño.

Mientras tanto, los gobiernos de «centro» estarían en una posición (frente a una burguesía) más «dialogante», ya que históricamente el liberalismo y el populismo han impulsado  políticas de reparto de riqueza que ha permitido sobre todo la creación de clases medias que han constituido un mercado interno importante y han sido amortiguadoras de los enfrentamientos sociales (humanismo capitalista), salvo en los cortos periodos de su radicalización.

Para estos teóricos la posibilidad de estos nuevos gobiernos  de salir del neoliberalismo es la de reconstruir los estados. «Los estados han sido duramente castigados por las políticas neoliberales» y concluyen en que: «no hay democracia que funcione de la mano de un Estado en descomposición».
Según esta idea los nuevos gobiernos vienen a recuperar a los estados debilitados, replanteando con fuerza la idea de Estado soberano. Atilio Boron replantea, también, el modelo soviético de un Estado con planificación centralizada de la economía y desarrollo del mercado interno.

Parece que lo más importante no sería la reconstrucción comunitaria superando la fragmentación social producida por el capitalismo actual, sino la de salvar estados que inevitablemente seguirán fragmentando y atacando los vínculos sociales y las prácticas que se pongan por afuera suyo, fuera de su control.
Pero no hay duda que las nuevas gobernabilidades, en todos los casos, buscan el fortalecimiento de un Estado debilitado y un papel más activo en relación al mercado y a los organismos internacionales.
John Holloway, discrepando con la posición «estadocentrista», afirma: «Decir que el Estado es un proceso equivale a decir que canaliza la actividad social de cierta manera, de una forma que la reconcilia y la integra en la reproducción del capital. Entrar en contacto con el Estado significa ser empujados a canales dirigidos hacia la reconciliación con el capital».

Pero la derecha neoliberal latinoamericana no se atemoriza fácilmente, por eso ha organizado en Rosario, Argentina, un conclave para ver cómo recupera los gobiernos y lleva nuevamente al continente por la senda, sin ninguna amortiguación, de las políticas de saqueo diseñadas por el capitalismo global.

Las nuevas gobernabilidades fortalecen al estado

La izquierda latinoamericana llega al gobierno en medio de un proceso donde la representación política está entrando en crisis como consecuencia de la profunda deslegitimación que se produce por el fracaso de los gobiernos dictatoriales por la secuela de corrupción, destrucción del entramado social y conculcación de todas las libertades liberales y burguesas. Consecuentemente se enfrenta, como consecuencia a una conciencia surgida del enfrentamiento a los gobiernos dictatoriales, a un nuevo protagonismo social que no acepta ser representado. Pero también la izquierda latinoamericana se desliza encima de una ola de cambios, de gobernabilidades progresistas en la región, que crea expectativas y esperanzas en amplios sectores de las clases subalternas. Esperanzas que, a poco de caminar, tampoco serán la primera vez en ser traicionadas.

La crisis neoliberal y de los partidos gobernantes de derecha es el resultado de su propia deslegitimación y también de décadas de luchas sociales. En el caso de los pueblos indígenas, son más de 500 años de dominación y resistencia cultural. De estas luchas se produce el surgimiento de fuerzas de izquierda y progresistas que tomando parcialmente las banderas de estos movimientos los canalizan hacia políticas estatales, a políticas electorales para ganar el gobierno.
Así las nuevas gobernabilidades aparecen como gobiernos más estables. Son la afirmación de la democracia representativa a la que refuerzan con  alguna variante participativa y consultiva.  Prestan mayor atención a los movimientos a los cuales hacen alguna concesión buscando nuevos pactos sociales para lograr la calma social. Pero estas políticas  reproducen la forma–estado que muchos movimientos habían cuestionado o puesto al menos en discusión.

Para los propios partidos de  la izquierda gobernante, la nueva situación  es consecuencia de una acumulación de fuerzas, en función de una estrategia de poder, que en el caso de Uruguay, según sus propios voceros, comienza al final de los años 50 y que finalmente  les permite conquistar el gobierno en el 2005.
Estos gobiernos de «izquierda» encuentran países con profundas fragmentaciones en distintos ámbitos: cultural, étnico, económico, derechos humanos…

En el plano de la integración regional e internacional las nuevas gobernabilidades están planteando políticas, en algunos casos diferentes; al extremo tal que han logrado conjuntamente bloquear el proyecto norteamericano de creación del ALCA y han dificultado la aplicación del Plan Colombia. Alternativamente Chávez esta impulsando el ALBA con el apoyo de Morales, Correa, Ortega y Castro y, por otro lado, el resto de los otros gobiernos integran el MERCOSUR y no faltan también los que afirman la necesidad de un multilateralismo en las relaciones comerciales. Pero estas diferencias no significan, en un principio, opciones opuestas, sino que se inscriben en el modelo general de recuperación de instrumentos de reconstrucción de los aparatos estatales.

Países como Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay han saldado completamente su deuda con el FMI, mientras que a Bolivia y Nicaragua el propio Fondo les canceló la deuda.  Este organismo, emblemáticamente vinculado con las políticas imperialistas en la región, no ha visto todas las cancelaciones con la misma preocupación. En el caso de Brasil y Uruguay mantienen un buen relacionamiento con el FMI.
Productores de materias primas estratégicas (petróleo y gas) han renegociado los contratos, en el pasado leoninos, con las multinacionales extranjeras poniéndoles límites y nuevos condicionamientos. Las privatizaciones de empresas públicas en algunos casos dieron marcha atrás.

Estos países han creado bancos regionales de desarrollo como el Banco del Sur, acuerdos de producción y distribución de energía y colaboración en materia de salud y educación.
En política de derechos humanos los gobiernos de Argentina, Uruguay y Chile están llevando adelante distintos juicios contra militares y civiles acusados de asesinatos, torturas y desapariciones durante las pasadas dictaduras militares que han posibilitado que terminen condenados algunos de los culpables, desresponsabilizando de esta manera al sistema que exigió (al igual que ahora exige gobiernos de izquierda) dictaduras, torturas, asesinatos. Si bien es necesario aclarar que en Uruguay, vergonzosamente, aún sigue vigente la llamada Ley de Impunidad que garantiza a los violadores de los derechos humanos no ser juzgados por delitos cometidos durante la dictadura salvo que el presidente, por su decisión, los deje afuera de esa ley, que es lo que ha sucedido en algunos casos.

En estos países la lucha por «Verdad y Justicia» fue llevada adelante durante años, en soledad y en difíciles condiciones, por familiares y organizaciones de derechos humanos. Hoy los gobiernos de izquierda han logrado neutralizar y cooptar muchas de esas organizaciones abanderándose con la política de los derechos humanos.
Sin embargo la represión sigue actuando contra los movimientos, deteniendo, juzgando y condenando; y no faltan los asesinados por las fuerzas represivas. Se continúa promoviendo la criminalización y judicialización de los que luchan por sus derechos, de los que no se dejan trampear por estos gobernantes. Esto es evidente en Chile, Argentina, Uruguay, Venezuela…

Las políticas sociales

Los estados en las nuevas gobernabilidades disponen de recursos, que antes no existían y que son producto de la coyuntura favorable del alza de los precios internacionales de las materias primas, para financiar programas de apoyo a los sectores más pobres. Programas recordamos que son promovidos por el Banco Mundial y toda la gama de organismos multinacionales de créditos.  Todos estos gobiernos de distinta manera están desarrollando políticas públicas de lucha contra la pobreza y la marginalidad en el trabajo, la educación y la salud. Estas políticas son el buque insignia, el programa estrella, en la búsqueda de nuevos consensos sociales, y de la manifestación del intento de restauración de estados “nacionales” confiables para la inversión de capitales.

En el área andina estas políticas de lucha contra la pobreza se vienen llevando adelante desde los gobiernos anteriores a través de planes para el desarrollo y la participación comunitaria promovidos y financiados directamente por el BID. Con estas políticas los gobiernos han logrado neutralizar los movimientos, cooptarlos e integrarlos a las instituciones sociales en algunos casos («Lula» da Silva nombró ministro de trabajo al principal dirigente sindical opositor).

Si bien han aumentado los beneficios sociales otorgados a los más pobres, en general se continúa con una política económica para atraer los capitales de las transnacionales.

Nuevas gobernabilidades y movimientos

En toda América latina los gobiernos anteriores aplicaron las recetas neoliberales con consecuencias graves que sumieron a amplios sectores de las poblaciones en la miseria más atroz. Los de abajo no tuvieron más remedio que aprender a organizar su supervivencia para continuar con sus vidas. Pero además organizaron su rebeldía que se expresaron en importantes movimientos en todo el continente como el «caracazo» en Venezuela, zapatistas en México, los indígenas en Ecuador, cocaleros y guerras del agua y del gas en Bolivia, los Sin Tierra en Brasil y «piqueteros»y fábricas recuperadas en Argentina, movimiento mapuche en Chile…

Algunos piensan que la existencia de estos gobiernos de izquierda con mayor sensibilidad social les da a los de abajo posibilidades de fortalecerse y de lograr conquistas hasta ahora inalcanzables con los gobiernos de derecha. Esto puede ser cierto a corto plazo, pero a la larga todos los gobiernos, incluidos aquellos que quieren lograr un mejor reparto social, inevitablemente tienden a manejar, conquistar e institucionalizar los movimientos de base. Las políticas sociales de las nuevas gobernabilidades tienen mayor capacidad para arrastrar atrás de sí a los movimientos al adueñarse de sus banderas y hacer efectivas algunas de sus reivindicaciones.

Desembarcan con sus funcionarios y técnicos sociales, muchos de ellos militantes sociales, encuestando, numerando, registrando, neutralizando y controlando. Pero sobre todo impulsando un nuevo estilo de trabajo social donde estimulan organizaciones sociales participativas y “autónomas”. Las incitan a que actúen dentro del Estado, reconociéndoles representación institucional, cooptando así movimientos que pasan a definir y vestir estos gobiernos como «populares».

Las nuevas gobernabilidades necesitan controlar los movimientos, pues ellos son creadores de incertidumbre social porque con sus reivindicaciones cuestionan la naturaleza y estructura de los estados en reconstrucción y espantan a los inversores.

El abajo que se mueve

Los movimientos de los pueblos originarios o indígenas son seguramente uno de los rasgos más sobresalientes de estos tiempos. Tal vez ellos están llevando adelante el proceso de descolonización que en estos países nunca se concluyó.  Se han enfrentado duramente a las transnacionales del petróleo en Ecuador y Colombia.
En Chile y Argentina los mapuches han resistido a las empresas madereras y de celulosa. En Chile han sido duramente criminalizados aplicándoles la Ley Antiterrorista (legislada por Pinochet) por parte del gobierno de la socialista Bachelet. El movimiento de lucha del pueblo Mapuche es contra las multinacionales que se adueñan de las tierras indígenas para desarrollar los agro-negocios,  por la autonomía y la gestión comunitaria del territorio sin la ingerencia del Estado chileno.

En Bolivia la lucha por el agua y por el gas y por la nacionalización de los hidrocarburos ha visto a las comunidades indígenas y campesinas en primera fila cuando en octubre del 2003 derribaron a un gobierno y entre mayo y junio del 2005 estuvieron a un paso de tirar al presidente Rodríguez y de organizar un autogobierno, pero Morales y su partido el MAS, negocian y logran que el movimiento insurgente acuerde una tregua con el gobierno, quedando así nuevamente abierta la vía electoral que llevara al aymará Evo Morales a la presidencia de Bolivia. La reivindicación de la nacionalización del gas y el petróleo, el plantear la soberanía sobre estas industrias organizadas según el modelo centralizado estatal  significa hacer entrar otra vez al parlamentarismo y al Estado como interlocutores validos en el conflicto.

En Ecuador los pueblos originarios promueven un estado multicultural y multirracial. En el caso de Ecuador ya los pueblos indígenas en el pasado han hecho alianzas en este sentido con partidos y candidatos a gobiernos que después los traicionaron. Tal vez sea posible la construcción de un nuevo estado donde quepan las culturas indígenas siempre que no se cuestione el mercado capitalista.
Los aymará en Bolivia proponen el autogobierno de las comunidades,  reivindican la construcción de la «nación aymará» oponiéndola a la idea de conquistar el Estado.

El movimiento piquetero en Argentina ha sido debilitado e integrado mayoritariamente en las políticas gubernamentales desde el gobierno de Kirchner. El grupo numéricamente más importante dirigido por D’Elía son actualmente los piqueteros y grupo de choque del gobierno. En esta situación de gran confusión provocada por una política gubernamental que presta mayor atención a la asistencia a las clases más pobres, llegando incluso a suceder que un Movimiento de Trabajadores Desocupados vinculado a una organización anarquista terminó trabajando electoralmente para Kirchner, pasándose con armas y bagajes al lado de las instituciones. Sin embargo algunos sectores piqueteros, fábricas recuperadas, asambleas vecinales continúan afirmando sus vínculos y construyendo autónomamente su vida, produciendo y comercializando de otra manera, autogestionariamente.

El chavismo en Venezuela es un movimiento impulsado desde el gobierno y tiene como líder máximo al propio presidente. Ese ya es su límite de nacimiento, un cordón umbilical que lo une fuertemente al Estado. «Que la gente asuma el poder» esa es la idea de Chávez según escribe entusiasmado el libertario estadounidense Michael Albert. ¿Pero qué significado puede tener esa propuesta cuando es hecha por quien ejerce realmente el poder, el mismo que construye el partido único PSU, para dirigir los destinos de la «revolución bolivariana», y de quien él es el líder máximo. Un poder popular diagramado desde arriba por los funcionarios del gobierno sólo puede servir a fortalecer el poder de los funcionarios, de Chávez y del Estado. Es que el socialismo del siglo XXI está inspirado en ese espejismo denominado socialismo cubano.

«El poder tiene necesidad de disminuir nuestra potencia de actuar para, precisamente, ejercer su poder sobre nosotros» No hay mejor manera para hacer perder el poder hacer de los movimientos que integrarlos al espacio del gobierno, institucionalizando las nuevas formas de participación nacidas en la base del chavismo.
Chávez quiso afirmar su poder, no el poder popular, por medio de un referéndum que el propio movimiento chavista boicoteó. Por eso es necesario diferenciar a Chávez del movimiento que lo apoya.
Los Sin Tierra de Brasil vinculados en su surgimiento a las comunidades eclesiásticas y políticamente al PT, hoy están parcialmente distanciados del partido de Lula a partir de posiciones distintas respecto a la Reforma Agraria y al cultivo de los transgénicos.

El MST es seguramente uno de los movimientos más poderosos de América Latina, pero es también el más estructurado y vertical. Eso tal vez venga de mezclar las posiciones de la iglesia progresista y una izquierda marxista bastante ortodoxa que mira con expectativas hacia la construcción de un estado popular.

Un movimiento muy combativo y participativo en su base, en sus campamentos y en las ocupaciones de tierra, pero que deja de serlo en la medida que se sube en la estructura, ya que se rige por el centralismo democrático.
El movimiento zapatista ha sido el que más han influido en estos tiempos en el movimiento libertario y también el que más ha incidido en la búsqueda de un cambio en el pensamiento emancipatorio en Latinoamérica. Sin embargo la última etapa de los zapatistas de mirar, no hacia abajo como han hecho hasta ahora, sino que con la otra campaña, han recorrido México mirando hacia abajo y a la izquierda. Ello los ubica en un espacio político, el de la izquierda radical, más o menos ortodoxa y leninista, donde se repiten las políticas que los mismos zapatistas han venido criticando. Además el ubicarse no abajo sino abajo y a la izquierda es seguir manteniendo una categoría vinculada a la forma estado que sirve para seguir reproduciéndolo.

También en México el movimiento indígena y popular de Oxaca organizado en el APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oxaca) y en un movimiento aún más amplio conocido como la Comuna de Oxaca, han sido los protagonistas de la resistencia contra el gobernador Ulises Ruiz que es la expresión de años de corrupción y represión. Ya el oxaqueño Flores Magón había encontrado en las comunidades indígenas el fundamento de sus propuestas libertarias.
En Uruguay, los movimientos visibles son nada más que estructuras verticales, sin vida.

Las fuerzas que hubo en algún momento en esas estructuras, fueron ahogadas por los requisitos de la legalidad, legalidad que los integrantes mismos aceptaron corriendo tras la zanahoria de la democracia participativa y las facilidades que promete el «progresismo», que por cierto no son gratuitas. Estas fuerzas se diluyeron en los pasillos del poder, más ocupadas en perseguir permisos legales, en integrarse al sistema que en construir sus propias realidades. Pero, mas allá de intencionalidades el aparato burocrático de los movimientos sociales,  sigue funcionando y reproduciéndose por inercia.

Sin embargo existe, también, un movimiento invisible, disperso e impredecible, que partiendo de sus realidades y sus deseos, busca esa autonomía y crea desde la diferencia, las realidades que desea; haciéndose cargo de la alimentación, la educación, la salud, esquivando la legalidad para poder tener dónde vivir, donde hacer crecer alimentos… viviendo día a día la aventura (en mayor o menor grado) de construir juntos esa realidad que nos posibilite vivir más libre y sanamente.

Nuevos contextos, nuevas capacidades

Una mirada crítica hacia los movimientos, hacia su fragilidad, no implica un juicio negativo. Pues de esa fragilidad, de la crisis de referentes, de las incertezas nace ese deseo de creación, de la búsqueda de nuevos sentidos para nuestras vidas.
Los movimientos no son puros, son heterogéneos, híbridos, son mezclas de diferencias con distinto tipos de impurezas, pero de esas mezclas, de ese mestizaje es de donde pueden nacer las trasformaciones. De lo homogéneo, de lo puro, no hay más que repeticiones, nunca creaciones.

Sin embargo, algunos movimientos de base en América Latina siguen impregnados por esa lógica leninista de que la política partidaria es una instancia superior de la política, separando lo social de lo político, afirmando de esta manera su rol de correa de trasmisión de decisiones tomadas en instancias superiores,  y cuando no es así, muchos de ellos no van mas allá de reivindicaciones corporativas o de practicas clientelares.
La crisis de la representatividad  y del vanguardismo no desemboca  automáticamente al desarrollo de acciones autónomas y en la autoorganización.

Dentro de los nuevos grupos de la izquierda radical, muchos reivindican instrumentalmente la autonomía de los organismos de base, pero es una autonomía construida al servicio de una estrategia de poder. Se juega con el concepto de independencia de clase y autonomía  confundiendo como si fuera lo mismo. En Uruguay en los años ’60 y  ’70 la independencia de clase significaba la independencia del Estado, de los gobiernos de turno, y de los partidos burgueses; pero no de los partidos y grupos de izquierda. Y esa es la autonomía que se intenta hacer pasar.

La estrategia de poder implica la acumulación y ¿cuál es el lugar por excelencia, según esa estrategia, de la acumulación política sino el partido o la organización política?
Para los movimientos sociales, no solo aquellos que se limitan a hacerle solicitudes al Estado en una actitud subalterna; sino sobre todo para aquellos que no quieren quedar atrapados en las redes de las instituciones estatales, parece claro que no se puede seguir peleando igual que antes de estos gobiernos, como si no hubiera sucedido nada. No todo es igual y esta situación actual, que es más compleja, hace necesario la invención de nuevas formas que eviten tanto la cooptación como la marginalización de los movimientos, ¿o será que justamente debemos fomentar la marginalidad misma, en el sentido de que estamos en los márgenes de un sistema del cual queremos salir?

Un contexto nuevo que nos exige y desafía a la creación de nuevos conceptos y prácticas, de otras nuevas capacidades.

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article461

Cuando abusamos del abuso machista…

Lo que son y lo que queremos que sean las relaciones entre hombres y mujeres

«La igualdad como algo deseable ha quebrado la estructura misma de la lógica sexual. Cualquier sentimiento de particularidad sexual (reconocimiento de mis caracteres sexuales) ha sido tenido por irrelevante; y en el caso de los caracteres sexuales terciarios, como indeseables (cuando no ‘inestudiables’, ‘inanalizables’, y otros muchos ‘in’). Y ésta es la paradoja en la que el hombre se ha perdido en tanto concepto (lo que la mujer consiguió a mitad del siglo XIX el hombre lo ha perdido entrando el siglo XX). Dado que de negar alguno de los dos sexos, se ha negado el masculino: el opresor frente al oprimido». S. Sáez, 2002.

Una breve presentación:

Buenas:
Desde la publicación de «Cansadas de tanto neofeminismo y políticamente incorrectas» no han sido pocas las críticas que hemos recibido, algunas muy constructivas que nos han hecho reflexionar sobre nuestra postura y darnos cuenta de las limitaciones del texto, de sus vacíos y carencias y de aquellos aspectos en los que no fuimos demasiado claras a la hora de exponer nuestros argumentos; y otras que más que críticas eran insultos tras los que se parapeta un gran vacío teórico, pataletas de quienes no soportan que se cuestionen sus planteamientos y que preferimos ignorar. Lo último que se pretendía con el fanzine era comenzar una batalla maniqueísta (o estás conmigo o contra mí) con ciertos colectivos feministas, sino que esperábamos abrir un debate constructivo que nos permitiera avanzar en la lucha compartida, de hombres y mujeres, contra la opresión patriarcal. Así que agradecemos las primeras y suprimimos las segundas.

Entre esas aportaciones y críticas, recibimos una invitación de Ekintza Zuzena a colaborar en este número (con el que cumple su veinte aniversario, por cierto: Felicidades y muchas gracias por vuestro esfuerzo de estos años). Y en esta invitación encontramos una buena ocasión para aclarar todo aquello que parece haber dado lugar a confusión en el fanzine y profundizar en algunas cuestiones, en concreto lo relativo al «abuso del abuso machista» que, en ocasiones, vemos que se hace en nuestros entornos.

El discurso antipatriarcal y las relaciones entre los sexos

Antes de entrar de lleno en la cuestión del abuso, creemos que es importante echar la vista atrás y revisar de dónde proceden los actuales discursos antipatriarcales, y en concreto aquellos que se refieren a la sexualidad y otros aspectos de «lo privado»: La observación de que la opresión del patriarcado parecía que se mantenía a través de la historia y de las culturas por parte de las llamadas feministas radicales durante los años 70 y 80, reforzó la idea de que este sistema de opresión operaba con máxima efectividad en la esfera privada. La idea de que lo personal es político propulsada por Kate Millet en su obra «Política sexual» (1969) ganó empuje entre las feministas, y se comprendió que el escrutinio de las propias historias de vida era potencialmente liberador, acompañado por esfuerzos de cambio en la dinámica de las relaciones entre hombres y mujeres: No importaba lo bien intencionados que los hombres pudieran parecer, ya que como detentadores de un profundo interés en su status quo, al nivel de la sexualidad y la afectividad todos eran cómplices.

La sexualidad se convierte, en este momento, en un tema central en la agenda feminista: se critica la heterosexualidad dominante y las formas de sexualidad masculinas; se denuncia el sesgo androcéntrico de la sexología y el psicoanálisis y la relación entre los sexos queda definida como relación política, dando lugar a uno de los debates comunes entre las feministas de los 70 sobre la posibilidad de considerar el lesbianismo como única forma correcta de sexualidad para las mujeres. Los debates en torno a la erótica femenina que se plantean estas autoras -en respuesta a la heterogenitalidad promovida por las teorías reichianas, en pleno auge- se centraron en la concepción de la sexualidad femenina como un terreno de placer y peligro: El feminismo radical como movimiento reclama al feminismo que se cuestione el estatus de la sexualidad en el discurso feminista. Se deja de hablar sólo en términos de agresiones sexuales para hablar de poder: el placer es una fuente de poder y de vida, y no tanto debilitador y corrupto, como plantearán en los 80 otras grandes fracciones del feminismo y, en concreto, el feminismo cultural y antipornográfico.

El llamado feminismo cultural de los 80 llevará esta idea hasta el extremo, pasando, de culpabilizar al patriarcado -en tanto que sistema que concede el poder a los varones- a atacar directamente a los hombres, individual o colectivamente, por el mero hecho de serlo. Bajo este epígrafe se recogen las aportaciones de diversas autoras que, partiendo de un análisis esencialista de la realidad, acentúan las diferencias en lugar de las semejanzas: Si hasta ahora el feminismo se manifestaba en contra de lo biológico como determinante de las desigualdades sociales, el feminismo cultural da una vuelta de tuerca más al proponer que las mujeres han de confiar en sus instintos biológicos, se trata de «pensar a través del cuerpo». Se establece un vínculo directo entre las vidas de las mujeres, sus cuerpos y el orden natural.

Para las feministas radicales la violencia masculina era una estrategia política de dominación, la clave no estaría en la violencia sino en el poder: el pene como arma y el coito como sometimiento se entienden, desde esta perspectiva, como elementos dentro de un sistema de dominación más amplio. La violencia contra las mujeres deja de ser un suceso, un problema personal entre agresor y víctima para definirse como violencia estructural sobre el colectivo femenino. La violencia tiene una función de refuerzo y reproducción del sistema de desigualdad sexual. Frente a este planteamiento las feministas culturales harán del peligro el único foco de análisis, olvidando cualquier reflexión sobre el placer y planteando la violencia masculina como una cuestión identitaria. Desde esta perspectiva el hombre queda definido como violento, agresor potencial por el hecho de ser hombre. La sexualidad masculina: agresiva, irresponsable y genital, se sitúa como nunca antes en el punto de mira. El foco del problema no se sitúa ya en la construcción cultural de los sexos -género- sino en la propia naturaleza de ambos sexos.

La separación entre el feminismo radical y el cultural se produce, básicamente, en el terreno de la sexualidad y, más concretamente, en la relación entre feminismo y lesbianismo. El lesbianismo se planteó, dentro del feminismo cultural, como una opción política -y no como opción sexual- que implicaba el alejamiento del mundo femenino y el masculino. El lesbianismo se presenta como prueba del compromiso absoluto con el feminismo, produciéndose una separación obvia entre lesbianas y feministas heterosexuales:< /br> Ambos sectores -heterosexual y lesbiano- del feminismo cultural coinciden en el desarrollo de un «pensamiento maternal». Ser naturaleza y la capacidad de ser madres inclina a las mujeres hacia la salvación del planeta, dada su superioridad moral frente a los hombres.

El feminismo lesbiano -a caballo entre las propuestas del feminismo radical y el feminismo cultural-, dentro del que destacan autoras como Adrienne Rich y Mary Daly, define la maternidad como vínculo intrínsico y básico entre las mujeres. El lesbianismo es entendido como única alternativa de vida no susceptible de contaminación por el varón, convirtiéndose en una cuestión política que solidariza a las mujeres. La atracción entre mujeres no es sexual, porque eso es algo de varones, sino que se trata de una identificación consciente de unas con otras. Evidentemente, si la relación entre hombres y mujeres se entiende como opresión de unos sobre las otras, la postura de las feministas lesbianas, que deciden separar por completo su vida de la de los hombres, nos parece la más coherente: ¿Cómo vas a compartir tu vida con tu opresor, tu enemigo de clase? De hecho, lo que no entendemos es cómo estos mismos postulados pueden ser mantenidos -también ahora- por mujeres heterosexuales, que comparten y desean compartir su vida intima con hombres: ¿Se puede afirmar que todos los hombres son cómplices de la opresión de las mujeres, que las relaciones heterosexuales son el máximo exponente de esa dominación y, al mismo tiempo, desear y compartir nuestra vida con ellos?

A partir de algunos de los supuestos de estas feministas, y ya en la década de los 80, se crea entre el feminismo, el pacifismo y los movimientos ecologistas una unión que dará origen al actual ecofeminismo, el cual llevará esta separación entre lo «femenino-natural-bueno y lo masculino-cultural-malo» a su máxima expresión. Mientras que en lo que se refiere a la identidad femenina el feminismo cultural distingue entre aquellos rasgos que vienen del patriarcado -pasividad, docilidad…- y aquellos innatos o propios de la naturaleza femenina -bondad, cuidado, ternura…- en lo que se refiere a la naturaleza masculina no se admite tal distinción, definiendo lo masculino como algo innato, expresión de su naturaleza maligna y no como algo en parte construido por el patriarcado y la sociedad.

La sexualidad femenina según un amplio sector de las feministas culturales, se reduce a una expresión del dominio masculino. El deseo de las mujeres -ya sea hacia los hombres como hacia otras mujeres- y su gran variedad de experiencias sensuales, como la masturbación o el placer al dar de mamar o jugar con sus hijos, no se tienen en cuenta, quedan desplazados por la «opresión masculina» arrebatando a las mujeres su identidad como sujetos deseantes y transformándolas en mero objeto de deseo. Y este deseo, considerado exclusivo del sexo masculino, se llena de connotaciones negativas. El sexo y lo erótico quedan definitivamente ligados a la opresión y la violencia masculinas. En este sentido, Catherine MacKinnon afirma que «la socialización de género es el proceso mediante el cual las mujeres acaban identificándose como seres sexuales, como seres que existen para los hombres» (MacKinnon, en Flax 1995: 303).

Susan Brownmiller, Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin son posiblemente las activistas que, desde esta corriente, más empeño pusieron en la criminalización de las relaciones entre los sexos. Partiendo de la premisa «La pornografía es la teoría y la agresión sexual es su práctica» (Dworkin, 1980) éstas y otras feministas culturales emprendieron una lucha contra la pornografía como símbolo de la opresión sexual a partir de la que el sexo queda ligado a la violencia al mismo tiempo que las identidades y relaciones de hombres y mujeres definidas en términos de agresión. De nuevo Dworkin afirma que «es difícil distinguir la seducción de la violación. En la seducción el agresor a veces se molesta en comprar una botella de vino» (Dowrkin, en Amezúa 2003:86)

La violación, el acoso sexual y la pornografía -a las que añaden la prostitución, el striptease, y todo aquello que guarde relación con el erotismo- forman un conjunto que pone en evidencia la misma violencia contra las mujeres: La dominación masculina se basa en el poder de los hombres para tratar a las mujeres como objetos sexuales.

La idea de que la violación es «un proceso consciente de intimidación por el cual todos los hombres mantienen a todas las mujeres en un estado de miedo» (Brownmiller, 1981) pronto será aceptada más allá de los círculos feministas iniciándose una fuerte persecución de la pornografía como puntal de la ideología masculina que rebasará también los límites del feminismo al encontrar un respaldo legal, mediante la configuración de nuevas figuras como el acoso sexual o los malos tratos, y el consecuente despliegue de leyes, instituciones y medidas penales. De esta manera, lo que estos sectores no habían logrado por la vía de la razón, fue finalmente impuesto por la presión social organizada en torno a la victimización de las mujeres y su instrumentalización.

La violencia contra las mujeres pasa a ocupar, en este momento, un papel central en el discurso feminista, siendo además un nexo de unión entre las feministas de la Igualdad y aquellas defensoras de la Diferencia. En este punto en el que la violencia es concebida como el elemento a través del que se mantienen las desigualdades entre los sexos y al mismo tiempo se ve reforzada por la desigualdad de poder; es en el que ambos discursos se solapan y apoyan, siendo este discurso el que, sumado a la ideología de la Igualdad, trascenderá los límites del movimiento feminista y se asimilará también en el seno de las instituciones democráticas.

Las aportaciones teóricas de estas feministas y las prácticas que de ellas se desprenden son de gran importancia al evidenciar que la represión de las mujeres operaba con mayor efectividad en el terreno de lo íntimo y señalar la necesidad de cambiar ciertas dinámicas en la relación con los hombres. Permitieron que las mujeres se replantearan su sexualidad y cuestionaran lo que venía siendo y lo que querían que fuera; cuestionaran la heteronormatividad impuesta y el poder otorgado a sus padres, compañeros, hermanos, hijos, etc. por el hecho de ser hombres; profundizaron en la importancia de la maternidad entendiéndola como una posibilidad positiva, y alejándose de aquellas feministas que la concebían como una carga, una limitación para el desarrollo y la autonomía de las mujeres; centraron el análisis en el propio cuerpo e invitaron a la reflexión sobre el propio poder. Ofrecieron a las mujeres la posibilidad de decir NO y que significara No… aunque podríamos cuestionarnos qué pasó con nuestra posibilidad de decir SÍ…

De estas aportaciones surgieron los primeros grupos de mujeres en los que éstas analizaban sus vidas, compartían sus problemas cotidianos en la relación con «lo masculino» y planteaban formas colectivas de lucha contra la dominación patriarcal. Sin embargo, al definir todas las relaciones con los hombres desde el punto de vista del poder masculino, olvidaron o silenciaron el poder de las propias mujeres en el terreno de lo íntimo y en la construcción de las relaciones, negándoles, por lo tanto, su responsabilidad y autonomía y su capacidad de cambiarlas. «Lo personal es político» se vio transformado en «lo personal es agresión y nosotras las víctimas».

La misión del feminismo es buscar la igualdad política completa de las mujeres y los hombres. No debería haber impedimentos para el avance social de las mujeres, pero somos mucho mayores que nuestro yo social. Nosotras contemplamos dos esferas: una es social, la otra es sexual y emocional. Puede que un tercio de cada esfera se superponga a la otra; esta es la zona donde el feminismo ha dicho correctamente que «lo personal es político». Pero hay muchísimo más en la historia humana. El hombre ha gobernado tradicionalmente la esfera social, el feminismo le dice que se eche a un lado y comparta su poder. Pero la mujer gobierna la esfera sexual y emocional, y ahí no tiene rival.

La ideología victimista nos parece una caricatura de la historia social e impide que la mujer reconozca su dominación, su papel activo en la construcción de este sistema de relaciones. Estas teóricas olvidaban la complicidad de las mujeres en la construcción de ese sistema de relaciones, mostrándolas constantemente como oprimidas -víctimas inocentes- e ignorando sistemáticamente su propia violencia y su poder, ofreciéndonos, un relato de la humanidad cortada en dos poco realista.

Por una parte las víctimas de la opresión masculina, y por la otra, los verdugos todopoderosos. Los postulados de estas feministas se basan más en sus experiencias personales (violaciones, abusos durante la infancia, lesbianismo militante… en el caso de Dowrkin y Mckinnon) con una fuerte carga emocional, que en la observación de los hechos. El carácter dramático de estos hechos -acosos, violaciones, agresiones, muertes… a partir de este momento calificados como sexuales- paraliza el razonamiento e impide una visión en conjunto que permita avanzar hacia su reducción y la convivencia armónica entre hombres y mujeres.

Tal carga emotiva eclipsó el debate de ideas en torno a los sexos recurriendo al atajo de la moral y, sobre todo, del Código Penal: es decir, una fijación de figuras delictivas para remediar unos problemas urgentes, más que un debate abierto y ordenado para enmarcar la relación entre los sexos y la lucha compartida por la libertad. Cuando aún no se habían digerido las consecuencias de la llamada revolución sexual de los 60, estas feministas junto a la amplia «derecha moral» estadounidense se encargarán de devolver lo sexual al terreno del pecado, lo sucio, el vicio y el delito y de culpar a los hombres de ello.

Creemos que este discurso, orientado a la criminalización de lo sexual y lo masculino en general, caló hondo en la mayor parte de las aportaciones feministas, también de aquellas hechas desde posturas antisistema y también desde el llamado anarcofeminismo, y por eso hemos considerado importante dedicar unas páginas a exponer sus aportaciones y contradicciones, a fin de entender el origen de lo que hemos llamado el actual «abuso del abuso», punto de unión de diversas aportaciones feministas, incluso de corrientes de pensamiento contrarias.

Abusos del abuso

Es desde este análisis de la gestación del discurso antisexual desde el que afirmamos que este feminismo victimista y antihombres desquicia la lucha antipatriarcal, al convertir a los hombres en el enemigo por el hecho de ser hombre, criminalizando lo masculino y enturbiando las relaciones heterosexuales en todos sus aspectos: erótico, convivencial, amistoso… Sabemos que una vez más nos hemos excedido al citar autoras, teorías, etc.

Sabemos que la lucha feminista, como cualquier otra, se hace en la calle, el día a día, y no en los libros; pero nos parece importante señalar las bases teóricas que la historia del feminismo nos ha dejado, al menos aquellas que más han influido en los posicionamientos actuales que consideramos peligrosos en tanto que nos desvían de nuestro objetivo: la lucha por la libertad contra cualquier opresión. En concreto, el empeño puesto en criminalizar nuestras relaciones con los hombres y en considerar cualquier conflicto entre hombres y mujeres como síntoma de la dominación de unos sobre otras.

Nuestras vidas son el testimonio de nuestra lucha, «lo personal es político», y nos partimos la cara a diario para que así sea, crecemos en nuestra lucha y no olvidamos que nuestro peor enemigo seguimos siendo nosotras mismas. Por eso nos esforzamos por comprender de dónde viene nuestro malestar, por ponerle cara al enemigo, saber quiénes somos, dónde estamos y dónde querríamos estar. Por eso nos negamos a asumir posturas victimistas, a renunciar a nuestra propia responsabilidad en todo esto, a echar balones fuera y culpar a los hombres de todos nuestros males… Somos defensoras del ya clásico «Ni una agresión sexista sin respuesta», y nos enorgullece, como ya hemos dicho otras veces, sabernos parte de un movimiento en el que existe repulsa contra las agresiones sexistas y se toman medidas colectivas contra las mismas.

Sin embargo nos entristece ver cómo desde nuestras filas el abuso o la agresión sexual se ha utilizado como pretexto para fines personales, cómo cada vez más situaciones se interpretan como abuso y cómo se enturbian nuestras relaciones. Obvia y lamentablemente la violencia machista existe y merece todo nuestro desprecio. Pero ¿qué ocurre cuando las cosas no son tan claras? ¿Dónde ponemos el límite de qué consideramos y qué no consideramos agresión? ¿Qué ocurre si para mi cualquier réplica a mis argumentos me parece agresiva e insultante, si califico de machista cualquier acto contrario a mis intereses ya venga de un hombre o de otras mujeres?

De toda relación existen al menos dos versiones, y pensamos que antes de posicionarnos y tomar medidas es necesario escuchar ambas. Si no, podemos meter la pata y joder la vida de algún compañero/a… Las relaciones personales son complicadas, existen los conflictos de intereses, se dan juegos de poder, interpretaciones, suspicacias… no podemos reducirlas a «buenos y malos», «víctimas y verdugos»… Si yo me he sentido agredida pero el otro/a no tenía intención de agredirme: ¿Ha habido agresión? Al hacer de esto un problema colectivo, como no podría ser de otra forma, ocurre que a la opinión de una y otro hay que añadir la de aquellos que se ven implicados en la situación y, sin pretenderlo la mayor parte de las veces, se ven convertidos en responsables de la solución.

Con frecuencia la «palabra de la víctima» es considerada prueba suficiente y otras veces ni siquiera se tiene en cuenta aunque existan «pruebas contundentes» -disculpad tanto entrecomillado, pero no nos sentimos cómodas manejando este lenguaje criminológico…- la reacción colectiva dependerá de muchas cosas, como el status político de uno y otra, las amistades que tengan, su implicación en las asambleas, su «curro» en según qué temas, etc. No es lo mismo acusar de agresor a un compañero «comprometido» y con cierto status en el mundillo que atribuir los mismos hechos a otro algo tímido, que a penas se implica y del que, como colectivo, se sabe más bien poco. Igual que no es lo mismo que la «denuncia» venga de una compañera con tablas y redes sociales amplias, caché político, etc. que de otra que no cuente con esos «recursos sociales» o, simplemente, nos caiga peor… Cada situación es completamente distinta, cada conflicto una historia, por lo que reducirlo todo a una cuestión de abuso machista o sexual nos parece un abuso en sí mismo.

Los juegos y abusos de poder en las relaciones existen, y negarlo sería una estupidez por nuestra parte, lo que queremos cuestionar es si este poder lo ostentan siempre los hombres y es un poder machista.

Si dos compañeros -hombres- discuten y uno termina soltando una ostia al otro, pensaremos que se le ha ido la olla, o que tenía razones de sobra porque el otro le estaba calentando, o que es un tío agresivo que todo lo resuelve igual, o pondremos como excusa que iba muy pedo o… habrá muchas respuestas posibles. Si la misma situación se da entre una compañera y un compañero y es él quien termina soltando la ostia, las posibles respuestas tienden a reducirse a una: es un capullo machista.

Pensemos, por ejemplo, en la habitual figura del «baboso» y en las diferencias entre ser un baboso y ser un ligón: Seguro que conocemos cantidad de ocasiones en las que acusar a alguien de baboseo ha servido para desprestigiarle y apartarle de algunas movidas. ¿Dónde ponemos el límite entre ligue y acoso? Nosotras lo ponemos en la negativa explícita por una de las dos partes de continuar por ese camino. Mientras no se muestre un rechazo explícito, por muy clara que creamos que está nuestra postura, el otro -o la otra- pueden interpretar nuestra actitud como parte del juego, y continuar con las insinuaciones o ir un poco más allá. Una violación -una relación sexual forzada- es un abuso de poder -de la mayor fuerza física, generalmente-, una paliza también lo es.

Pero que te toquen el culo intentando ligar, o te abracen más tiempo del deseado, se te «lancen al cuello» intentando besarte o te guiñen un ojo… sólo son eso, formas de continuar con el cortejo que había comenzado. Si tú no quieres continuarlo basta con decir «ya te vale», o ponerte un poco chunga, o soltarle una ostia si lo consideras oportuno y es lo que te sale. Tal vez habría sido más útil y menos violento para ambos no entrar en el juego, no permitir que se llegara a esa situación. ¿Dónde está la autonomía femenina de la que tanto hablan las feministas? Podremos pensar que es un pesado, que tiene un ego demasiado subidito al no haberse dado cuenta de que pasamos de él, que va demasiado pedo -el alcohol es un mal aliado en estas situaciones-, incluso asquearnos un poco y decidir no volver a verle o hablarle. Pero de ahí a acusarle de abuso hay un salto importante.

Y, ¿qué pasa cuando la situación es al revés? Cuando es una mujer quien se pasa de la raya o malinterpreta una situación e intenta ir más allá, lo más probable es que él intente pararle los pies, puede que comente lo «calienta pollas» que le parece -imbéciles hay en todas partes-, pero lo que seguramente no ocurra es que la acuse de abusar de él o de acosarle porque casi nadie le creería y porque probablemente la reacción que generase sería más de burla que de solidaridad… la recomendación de la ostia que hacíamos más arriba es impensable en este caso. En esto del ligoteo le hemos dado la vuelta a la tortilla: nosotras ahora somos quienes podemos mirar, piropear, insinuar o entrar directamente. A ellos, en algunos círculos, más les vale cuidarse mucho de lo que hacen o dicen… Algo tan simple como un «Joder, qué buena está» puede convertirse en la llave para una campaña masiva contra el «baboso» en cuestión por machista y por «permitirse semejante cosificación de las mujeres en espacios liberados»…

A lo que vamos: o ciertas actitudes se consideran válidas para todos/as o para nadie. Hablamos de respeto, y las faltas de respeto lo son independientemente del sexo de quien las hace. Ya va siendo hora de que nos planteemos, además, lo cerca que está nuestra intolerancia hacia cierto lenguaje de la mojigatería… Considerar agresión sexual ciertas expresiones, incluso ciertos insultos, es como afirmar que por fumar porros se terminará siempre enganchado al caballo. Nos parece algo exagerado, un mecanismo de control de la libertad de expresión ejercido con más fuerza sobre los hombres.

Sí, creemos que se abusa del abuso, y cuando todo se interpreta como abuso es imposible que se dé una relación entre iguales, puesto que uno -una- verá todos y cada uno de los gestos y actos del otro como síntomas de su condición de abusador, concibiéndose a sí misma, por lo tanto, como víctima en un estado permanente de inferioridad… En el maltrato psicológico o manipulación se concentran muchas de las cuestiones de las que venimos hablando hasta el momento. En principio, el maltrato psicológico podría definirse como la adopción de una serie de actitudes y palabras por parte de uno orientadas, de manera sistemática, a denigrar, desestabilizar y herir al otro -la otra-.

Pero, lejos de ese abuso y humillación sistemáticas, con frecuencia hemos visto que se apela al maltrato psicológico o la manipulación para tirar por tierra los argumentos de nuestros compañeros por ejemplo durante una discusión: «Me estás manipulando, le das la vuelta a todo, etc.» Acusar a alguien de manipularnos psicológicamente significa aceptar una superioridad argumentativa por su parte y reconocernos nosotras mismas como inferiores, poner al descubierto nuestras propias inseguridades y nuestra falta de confianza en nuestros propios argumentos, sensaciones, opiniones…

En realidad de lo que se le acusa es de ser capaz de razonar sus argumentos con cierta capacidad de convicción, como si esto se tratara de un mal a erradicar, en vez de cuestionarnos nuestra propia incapacidad -por oposición a su supuesta capacidad- y currarnos nuestras propias argumentaciones u otras formas de expresión. Y sabemos que esto no es siempre fácil, somos conscientes de la educastración que nos dieron nuestros padres -y madres, que no se nos olvide- y de la inseguridad que acarrea, pero esta educación castrante en el seno del «Patriarcado Capitalista Blanco» no es motivo ni pretexto suficiente para hacer de la carencia virtud.

En cualquier relación, sea del tipo que sea -familiar, de pareja, amistad, laboral, entre compañeros de lucha…- y sé de entre personas de igual o diferente sexo, habrá siempre alguien que tenga más tablas argumentativas para defender su postura respecto a ciertas cosas que el otro/a, habrá quien se exprese mejor, se muestre más seguro/a de sí, incluso quien grite más. También habrá una de las partes que sea más emotiva, lleve con menos calma ciertas situaciones o cuente con un gran sentido del humor que ayude a liberar ciertas tensiones… Insistimos en que estas diferencias se darán siempre que se junten dos o más individuos e independientemente de que sean hombres o mujeres, por lo que no podemos estar de acuerdo con quienes consideran alguna de estas cualidades como un signo de dominación sexista. Cada uno/a somos diferentes, únicos/as e irrepetibles, y cada una/o tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos, sabemos cómo utilizar las primeras y cómo controlar o corregir los otros.

Habremos de esforzarnos por reconocer los propios y respetar los de los/as demás, esforzarnos por entenderlos y no utilizarlos para nuestro propio beneficio, para construir una relación en positivo y no sobre miserias. Al afirmar que «nos gustan vuestros penes» -afirmación que nos ha costado unos cuantos «enemigos»-, no pretendemos limitar el asunto a una cuestión genital ni coitocentrista, sino utilizar la misma figura -el pene- que usan desde estos feminismos como símbolo de la dominación masculina y darle la vuelta: Pene y coito se han visto culpabilizados, convertidos en herramientas de la dominación masculina.

Por supuesto, sabemos que no es la única forma de compartir placer sexual, el coito no es lo único ni tiene por qué ser lo mejor, y el placer masculino no puede reducirse a la sensibilidad de su glande. Nuestra expresión de la sexualidad es mucho más amplia y hay muchas otras prácticas eróticas que nos parecen tan placenteras o más que éste, pero de ahí a considerar al coito como el «Satanás» de las relaciones hay un trecho: No podemos evitar que se nos escape una risilla cuando oímos ese nuevo término tan extendido en nuestros círculos de «envolvimiento» con el que algunas pretenden sustituir el de «penetración» al que ellas mismas han llenado de connotaciones negativas. El coito supone la introducción del pene en la vagina o el ano, es éste y no aquellos el que se arrima e introduce, o sea, el que penetra y por lo tanto queda envuelto por las paredes de una u otra cavidad.

Penetración nos parece por lo tanto un término muy descriptivo y no encontramos por ninguna parte la supuesta violencia que conlleva, menos aún en las relaciones mutuamente consentidas. Por supuesto, comprendemos que el término envolvimiento tiene también sus ventajas, en tanto que resalta el papel activo de la mujer en el coito, aunque, al surgir como alternativa a la penetración por considerarla negativa o expresión de dominio, pierde parte de su valor.

Proponemos entonces hablar de coito, de follar, etc. expresiones en las que ambos quedan implicados por igual. La reducción del pene a instrumento de dominación, intimidación y agresión nos resulta absurda y vemos en ella mucho más esfuerzo intelectual por discutir la teoría freudiana del complejo de castración que por comprender los mecanismos fisiológicos y las estructuras anatómicas humanas. Así que lo repetimos y repetiremos las veces que haga falta, aunque se nos siga acusando de querer complacer y agradar a los hombres, o de estupideces varias como ser cómplices del falocentrismo imperante: Nos gustan vuestros penes, no los envidiamos, pero nos gustan porque nos gustáis vosotros. Nos alegramos de que seáis parte de nuestras vidas, de compartir con vosotros sueños y proyectos, de saberos cerca, de contar con vosotros para conspirar, afrontar y enfrentarnos a esta realidad de mierda. Gracias por contar también vosotros con nosotras.

Queremos construir espacios donde nuestras diferencias no se sitúen ni por encima ni por debajo de nadie. Queremos compartir con los hombres nuestras luchas, nuestras acciones, nuestra vida, y plantarle cara juntos al dominio patriarcal.

Queremos un mundo sin abusos, nos negamos a seguir siendo víctimas de igual forma que nos negamos a ser las nuevas agresoras. Queremos que se nos tenga en cuenta y queremos tenerles en cuenta. Que se nos respete y entienda, respetarles y entenderles. Combatir junto a ellos el sexismo y construir nuevas relaciones sobre la belleza de las diferencias.

Zaragoza, marzo de 2008

fuente: https://www.nodo50.org/ekintza/spip.php?article442

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Las redes del poder

Vamos a intentar hacer un análisis de la noción de poder. Yo no soy el primero, lejos de ello, que intenta desechar el esquema freudiano que opone instinto a represión -instinto y cultura. Toda una escuela de psicoanalistas intentó, desde hace decenas de años, modificar, elaborar este esquema freudiano de instinto vs cultura, e instinto vs represión-me refiero tanto a psicoanalistas de lengua inglesa como francesa.

Por Michel Foucault

Como Melanie Klein, Winnicot y Lacan, que intentaron demostrar que la represión, lejos de ser un mecanismo secundario, interior, tardío, que intentaría controlar un juego instintivo dado por la naturaleza, forma parte del mecanismo del instinto o, por lo menos, del proceso mediante el cual se desenvuelve el instinto sexual, se constituye como pulsión.

La noción freudiana de TRIEB1 no debe ser interpretada como un simple dato natural o un mecanismo biológico natural sobre el cual la represión vendría a depositar su ley de prohibición, sino, según esos psicoanalistas, como algo, que ya está profundamente penetrado por la represión. La carencia, la castración, la laguna, la prohibición, la ley, ya son elementos mediante los cuales se constituye el deseo como deseo sexual, lo cual implica, por lo tanto, una transformación de la noción primitiva de instinto sexual tal como Freud la había concebido al final del siglo XIX.

Es necesario, entonces, pensar el instinto no como un dato natural, sino como una elaboración; todo un juego complejo entre el cuerpo y la ley, entre el cuerpo y los mecanismos culturales que aseguran el control sobre el pueblo.

Por lo tanto, creo yo que los psicoanalistas desplazaron considerablemente el problema, haciendo surgir una nueva noción de instinto, una nueva concepción de instinto, de pulsión, de deseo. Pero lo que me perturba o por lo menos, me parece insuficiente, es que en esta elaboración propuesta por los psicoanalistas, ellos cambian tal vez el concepto de deseo, pero no cambian en absoluto la concepción de poder.

Continúan considerando entre sí que el significado del poder, el punto central, aquello en que consiste el poder, es aún la prohibición, la ley, el hecho de decir no, una vez más la forma, la fórmula «tú no debes». El poder es esencialmente aquello que dice «tú no debes». Me parece que esta es una concepción -y de eso hablaré más adelante-totalmente insuficiente del poder, una concepción jurídica, una concepción formal del poder y que es necesario elaborar otra concepción del poder que permitirá sin duda comprender mejor las relaciones que se establecieron entre poder y sexualidad en las sociedades occidentales.

Voy a intentar o, mejor, mostrar en qué dirección se puede desarrollar un análisis del poder que no sea simplemente una concepción jurídica, negativa, del poder, sino una concepción positiva de la tecnología del poder.

Frecuentemente encontramos entre los psicoanalistas, los psicólogos y los sociólogos esta concepción según la cual el poder es esencialmente la regla, la ley, la prohibición, lo que marca un límite entre lo permitido y lo prohibido. Creo que esta concepción de poder fue, a fines del siglo XIX, formulada incisivamente y extensamente elaborada por la etnología.

La etnología siempre intentó detectar sistemas de poder en sociedades diferentes de las nuestras en términos de sistemas de reglas. Y nosotros mismos, cuando intentamos reflexionar sobre nuestra sociedad, sobre la manera como el poder se ejerce en ella, lo hacemos fundamentalmente a partir de una concepción jurídica: dónde está el poder, quién posee el poder, cuáles son las reglas que rigen el poder, cuál es el sistema de leyes que el poder establece sobre el cuerpo social. Por lo tanto, para nuestras sociedades hacemos siempre una sociología jurídica del poder y cuando estudiamos sociedades diferentes de las nuestras hacemos una etnología que es esencialmente una etnología de la regla, una etnología de la prohibición. Vean, por ejemplo, en los estudios etnológicos de Durkheim a Levi-Strauss, cuál es el problema que siempre reaparece, perpetuamente reelaborado: el problema de la prohibición, especialmente la prohibición del incesto.

A partir de esa matriz; de ese núcleo que sería la prohibición del incesto, se intentó comprender el funcionamiento general del sistema. Yfue necesario esperar hasta años más recientes para°que aparecieran nuevos enfoques sobre el poder, ya sea desde el punto de vista marxista o desde perspectivas más alejadas del marxismo clásico. De cualquier modo, a partir de allí vemos aparecer, con los trabajos de Clastres, en Bélgica, por ejemplo, toda una nueva concepción del poder como tecnología que intenta emanciparse del primado, de ese privilegio de la regla y la prohibición que, en el fondo, había reinado sobre la etnología desde Durkheim hasta Levi-Strauss.

En todo caso, .la cuestión que yo quería plantear es la siguiente: ¿Cómo fue posible que nuestra sociedad, la sociedad occidental en general, haya concebido el poder de una manera tan restrictiva, tan pobre, tan negativa? ¿Por qué concebimos siempre el poder como regla y prohibición, por qué este privilegio? Evidentemente podemos decir que ello se debe a la influencia de Kant, idea según la cual, en última instancia, la ley moral, el « tú no debes», la oposición «debes/no debes» es, en el fondo, la matriz de la regulación de toda la conducta humana. Pero, en verdad, esta explicación por la influencia de Kant es evidentemente insuficiente.

El problema consiste en saber si Kant tuvo tal influencia. ¿Por qué fue tan poderosa? ¿Por qué Durkheim, filósofo de vagas simpatías socialistas del inicio de la Tercera República francesa, se pudo apoyar de esa manera sobre Kant cuando se trataba de hacer el análisis del mecanismo del poder en una sociedad? Creo que podemos analizar la razón de ello en los siguientes términos: en el fondo, en Occidente, los grandes sistemas establecidos desde la Edad Media se desarrollaron por intermedio del crecimiento del poder monárquico, a costas del poder o mejor, de los poderes feudales. Ahora, en esta lucha entre los poderes feudales y el poder monárquico, el derecho fue siempre el instrumento del poder monárquico contra las instituciones, las costumbres, los reglamentos, las formas de ligazón y de pertenencia características de la sociedad feudal. Voy a dar dos ejemplos: por un lado el poder monárquico se desarrolla en Occidente en gran parte sobre las instituciones jurídicas y judiciales, y desarrollando tales instituciones logró sustituir la vieja solución de los litigios privados mediante la guerra civil por un sistema de tribunales con leyes, que proporcionaban de hecho al poder monárquico la posibilidad de resolver él mismo las disputas entre los individuos.

De esa manera, el derecho romano, que reaparece en Occidente en los siglos XIII y XIV, fue’ un instrumento formidable en las manos de la monarquía para lograr definir las formas y los mecanismos de su propio poder, a costa de los poderes feudales. En otras palabras, el crecimiento del Estado en Europa fue parcialmente garantizado, o, en todo caso, usó como instrumento el desarrollo de un pensamiento jurídico. El poder monárquico, el poder del Estado, está esencialmente representado en el derecho. Ahora bien, sucede que al mismo tiempo que la burguesía, que se aprovecha extensamente del desarrollo del poder real y de la disminución, del retroceso de los poderes feudales, tenía un interés en desarrollar ese sistema de derecho que le permitida, por otro lado, dar forma a los intercambios económicos; que garantizaban ,su propio desarrollo social. De modo que el vocabulario, la forma del derecho, fue un sistema de representación del poder común a la burguesía y a la monarquía. La burguesía y la monarquía lograron instalar, poco a poco, desde el fin de la Edad Media hasta el siglo XVIII, una forma de poder que se representaba, que se presentaba como discurso, como lenguaje, el vocabulario del derecho.

Y cuando la burguesía se desembarazó finalmente del poder monárquico, lo hizo precisamente utilizando ese discurso jurídico que había sido hasta entonces el de la monarquía, el cual fue usado en contra de la propia monarquía.

Para proporcionar un ejemplo sencillo, Rousseau, cuando hizo su teoría del Estado, intentó mostrar cómo nace un soberano, pero un soberano colectivo, un soberano como cuerpo social o, mejor, un cuerpo social como soberano a partir de la cesión de los derechos individuales, de su alienación y de la formulación de leyes de prohibición que cada individuo está obligado a reconocer, pues fue él mismo quien se impuso la ley, en la medida en que él mismo es miembro del soberano, en la medida en que él es él mismo el soberano. Entonces, el instrumento teórico por medio del cual se realizó la crítica de la institución monárquica, ese instrumento teórico fue el instrumento del derecho, que había sido instituido por la propia monarquía.

En otras palabras, Occidente nunca tuvo otro sistema de representación, de formulación y de análisis del poder que no fuera el sistema del derecho, el sistema de la ley. Y yo creo que esta es la razón por la cual, a fin de cuentas, no tuvimos hasta recientemente otras posibilidades de analizar el poder excepto esas nociones elementales, fundamentales que son las de ley, regla, soberano, delegación de poder, etc.. Y creo que es de esta concepción jurídica del poder, de esta concepción del poder mediante la ley y el soberano, a partir de la regla y la prohibición, de la que es necesario ahora liberarse si queremos proceder a un análisis del poder, no desde su representación sino desde su funcionamiento.

Ahora bien, ¿cómo podríamos intentar analizar el poder en sus mecanismos positivos? Me parece que en un cierto número de textos podemos encontrar los elementos fundamentales para un análisis de ese tipo.

Podemos encontrarlos tal vez en Bentham, un filósofo inglés del fin del siglo XVIII y comienzos del XIX que, en el fondo, fue el más grande teórico del poder burgués, y podemos evidentemente encontrarlos en Marx también; esencialmente en el libro II de < El Capital». Es ahí que, pienso, podemos encontrar algunos elementos de los cuales me serviré para analizar el poder en sus mecanismos positivos.

En resumen, lo que podemos encontrar en el libro II deEl Capital, es, en primer lugar, que en el fondo no existe UN poder, sino varios poderes. Poderes quiere decir: formas de dominación, formas de sujeción que operan localmente, por ejemplo, en una oficina, en el ejército, en una propiedad de tipo esclavista o en una propiedad donde existen relaciones serviles. Se trata siempre de formas locales, regionales de poder, que poseen su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y técnica. Todas estas formas de poder son heterogéneas. No podemos entonces hablar de poder si queremos hacer un análisis del poder, sino que debemos hablar de los poderes o intentar localizarlos en sus especificidades históricas y geográficas.

Así, a partir de ese principio metodológico, ¿cómo podríamos hacer la historia de los mecanismos de poder a propósito de la sexualidad? Creo que, de modo muy esquemático, podríamos decir lo siguiente: el sistema de poder que la monarquía había logrado organizar a partir del fin de la Edad Media presentaba para el desarrollo del capitalismo dos inconvenientes mayores: (1) El poder político, tal como se ejercía en el cuerpo social, era un poder muy discontinuo. Las mallas de la red eran muy grandes, un número casi infinito de cosas, de elementos, de conductas, de procesos escapaban al control del poder. Si tomamos, por ejemplo, un punto preciso, la importancia del contrabando en toda Europa hasta fines del siglo XVIII, podemos percibir un flujo económico muy importante, casi tan importante como el otro, un flujo que escapaba enteramente al poder. Era además, una de las condiciones de existencia de las personas; de no haber existido piratería marítima, el comercio no habría podido funcionar y las personas no habrían podido vivir. Bien, en otras palabras, la ilegalidad era una de las condiciones de vida, pero al mismo tiempo significaba que había ciertas cosas que escapaban al poder y sobre las cuales no tenia control. Entonces, inconvenientes procesos económicos, diversos mecanismos, de algún modo quedaban fuera de control y exigían la instauración de un poder continuo, preciso, de algún modo atómico. Pasar así de un poder lagunar, global, a un poder atómico e individualizante, que cada uno, que cada individuo, en él mismo, en su cuerpo, en sus gestos, pudiese ser controlado en vez de esos controles globales y de masa.

El segundo gran inconveniente de los mecanismos de poder, tal como funcionaban en la monarquía, es que eran sistemas excesivamente onerosos. Y eran onerosos justamente porque la función del poder -aquello en que consistía el poder- era esencialmente el poder de recaudar, de tener el derecho a recaudar cualquier cosa -un impuesto, un décimo, cuando se trataba del clero-sobre las cosechas que se realizaban; la recaudación obligatoria de tal o cual porcentaje para el señor, pata el pod°y real, para el clero. El poder era entonces recaudador y predatorio. En esta medida operaba siempre una sustracción económica y, lejos, consecuentemente, de favorecer o estimular el flujo económico, era permanentemente su obstáculo y freno. Entonces aparece una segunda preocupación, una segunda necesidad: encontrar un mecanismo de poder tal que al mismo tiempo que controlase las cosas y las personas hasta en sus más mínimos detalles no fuese tan oneroso ni esencialmente predatario, que se ejerciera en el mismo sentido del proceso económico.

Bien, teniendo así esos dos objetivos creo que podemos comprender, groseramente, la gran mutación tecnológica del poder en Occidente. Tenemos el hábito -y una vez más según el espíritu de un marxismo un tanto primario- de decir que la gran invención, todo el mundo lo sabe, fue la máquina de vapor o invenciones de este tipo.

Es verdad que eso fue muy importante, pero hubo toda una serie de otras invenciones tecnológicas tan importantes como ésas y que fueron, en última instancia, condiciones de funcionamiento de las otras. Así ocurrió con la tecnología política, hubo toda una invención al nivel de las formas de poder a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Por lo tanto, es necesario hacer no sólo la historia de las técnicas industriales, sino también de las técnicas políticas, y yo creo que podemos agrupar en dos grandes capítulos las invenciones de. tecnología política, las cuales debemos acreditar sobre todo a los siglos XVII y XVIII. Yolas agruparía en dos capítulos porque me parece que se desarrollaron en dos direcciones diferentes: de un lado existe esta tecnología que llamaría de disciplina. Disciplina es, en el fondo, el mecanismo del poder por el cual alcanzamos a controlar en el cuerpo social hasta los elementos más tenues por los cuales llegamos a tocar los propios átomos sociales; esto es, los individuos. Técnicas de individualización del poder. Cómo vigilar a alguien, cómo controlar su conducta, su compartimiento, sus aptitudes, cómo intensificar su rendimiento, cómo multiplicar sus capacidades, cómo colocarlo en el lugar donde será más útil; esto es lo que es, a mi modo de ver, la disciplina.

Y les cito en este instante el ejemplo de la disciplina en el ejército. Es un ejemplo importante porque es el punto donde fue descubierta la disciplina y dónde se la desarrolló en primer lugar. Ligada, entonces, a esa otra invención de orden técnico que fue la invención del fusil de tiro relativamente rápido. A partir de ese momento, podemos decir lo siguiente: que el soldado dejaba de ser intercambiable, dejaba de ser pura y simplemente carne de cañón y un simple individuo capaz de golpear. Para ser un buen soldado había que saber tirar, por lo tanto, era necesario pasar por un proceso de aprendizaje y era necesario que el soldado supiera desplazarse, que supiera coordinar sus gestos con los de los demás soldados; en suma, el soldado se volvía habilidoso.

Por lo tanto, precioso. Y cuanto más precioso, más necesario era conservarlo y cuanta más necesidad de conservarlo, más necesidad había de enseñarle técnicas capaces de salvarle la vida en la batalla, y mientras más técnicas se le enseñaban más tiempo duraba el aprendizaje, más precioso era él, etc.. Y bruscamente se crea una especie de embalo, de esas técnicas militares de adiestramiento que culminarán en el famoso ejército prusiano de Federico II, que gastaba lo esencial de su tiempo haciendo ejercicios. El ejército prusiano, el modelo de disciplina prusiana, es precisamente la perfección, la intensidad máxima de esa disciplina corporal del soldado que fue hasta cierto punto el modelo de las otras disciplinas.

El otro lugar en donde vemos aparecer esta nueva tecnología disciplinaria es la educación. Fue primero en los colegios y después en las escuelas secundarias donde vemos aparecer esos métodos disciplinarios en que los individuos son individualizados dentro de la multiplicidad. El colegio reúne decenas, centenas y a veces millares de escolares, y se trata entonces de ejercer sobré ellos un poder que será justamente mucho menos oneroso que el poder del preceptor que no puede existir sino entre alumno y maestro. Allí tenemos un maestro para decenas de discípulos y es necesario, a pesar de esa multiplicidad de alumnos, que se logre una individualización del poder, un control permanente, una vigilancia en todos los instantes, así, la aparición de este personaje que todos aquellos que estudiaron en colegios conocen bien, que es el vigilante (2) que en la pirámide corresponde al suboficial del ejército; aparición también de las notas cuantitativas, de los exámenes, de los concursos, etc., posibilidades, en consecuencia, de clasificar a los individuos de tal manera que cada uno esté exactamente en su lugar, bajo los ojos del maestro o en la clasificación-calificación o el juicio que hacemos sobre cada uno de ellos.

Vean, por ejemplo, cómo ustedes están sentados delante de `mí, en fila. Es una posición que tal vez les parezca natural; sin embargo es bueno recordar que ella es relativamente reciente en la historia de la civilización y que es posible encontrar todavía a comienzos del siglo XIX escuelas donde los alumnos se presentaban en grupos de pie alrededor de un profesor que les dicta cátedra.

Eso implica que el profesor no puede vigilarlos realmente e individualmente: hay un grupo de alumnos por un lado y el profesor por otro. Actualmente ustedes son ubicados en fila, los ojos del profesor pueden individualizar a cada uno, puede nombrarlos para saber si están presentes, qué hacen, si divagan, si bostezan, etc. ‘podo esto, todas estas futilidades, en realidad son futilidades, pero futilidades muy importantes, porque finalmente, fue en el nivel de toda una serie de ejercicios de poder, en esas pequeñas técnicas que estos nuevos mecanismos pudieron investir; pudieron operar. Lo que pasó en el ejército y en los colegios puede ser visto igualmente en las oficinas a lo largo del siglo XIX.

Y es lo que llamaré tecnología individualizante de poder. Es una tecnología que enfoca a los individuos hasta- en sus cuerpos, en sus comportamientos; se trata, grosso modo, de una especie de anatomía política, una política que hace blanco en los individuos hasta anatomizarlos:

Bien, he ahí una familia de tecnologías de poder que aparece un poco más tarde, en la segunda mitad del siglo XVIII; y que fue desarrollada-es preciso decir que la primera, para vergüenza de Francia, fue sobretodo desarrollada en Francia y en Alemania principalmente en Inglaterra, tecnologías éstas que no enfocan a los individuos, sino que ponen blanco en lo contrario, en la población.

En otras palabras, el siglo XVIII descubrió esa cosa capital: que el poder no se ejerce simplemente sobre los individuos entendidos como sujetos-súbditos -lo que era la tesis fundamental de la monarquía, según la cual por un lado está el soberano y por otro los súb dinabre que aquello sobre lo que se ejerce el poder es la población. ¿Qué quiere decir población? No quiere decir simplemente un grupo humano numeroso, quiere decir un grupo de seres vivos que son atravesados, comandados, regidos, por procesos de leyes biológicas. Una población tiene una curva etaria, una pirámide etaria, tiene una morbilidad, tiene un estado de salud; una población puede perecer o, al contrario, puede desarrollarse.

Todo esto comienza a ser descubierto en el siglo XVIII. Se percibe que la relación de poder con el sujeto o, mejor, con el individuo no debe ser simplemente esa forma de sujeción que permite al poder recaudar bienes sobre el súbdito, riquezas y eventualmente su cuerpo y su sangre, sino que el poder se debe ejercer sobre los individuos en tanto constituyen una especie de entidad biológica que debe ser tomada en consideración si queremos precisamente utilizar esa población como máquina de producir todo, de producir riquezas, de producir bienes, de producir otros individuos, etc. El descubrimiento de la población es, al mismo tiempo que el descubrimiento del individuo y del cuerpo adiestrable, creo yo, otro gran núcleo tecnológico en torno del cual los procedimientos políticos de Occidente se transformaron.

Se inventó en ese momento, en oposición a la anátomo-política que recién mencioné, lo que llamaré bio-política. Es en ese momento cuando vemos aparecer cosas, problemas como, el del hábitat, el de las condiciones de vida en una ciudad, el de la higiene pública o la modificación de las relaciones entre la natalidad y la mortalidad. Fue en ese momento cuando apareció el problema de cómo se puede hacer para que la gente tenga más hijos o, en todo caso, cómo podemos regular el flujo de la población, cómo podemos controlar igualmente la tasa de crecimiento de una población, de las migraciones, etc.

Y a partir de allí toda una serie de técnicas de observación entre las cuales está la estadística, evidentemente, pero también todos los grandes organismos administrativos, económicos y políticos, todo eso encargado de la regulación de la población. Por lo tanto, creo yo, hay dos grandes revoluciones en la tecnología del poder: descubrimiento de la disciplina y descubrimiento de la regulación, perfeccionamiento de una anátomopolitica y perfeccionamiento de una bio-política.

A partir del siglo XVIII, la vida se hace objeto de poder la vida y el cuerpo. Antes existían sujetos, sujetos jurídicos a quienes se les podía retirar los bienes, y la vida además. Ahora existen cuerpos y poblaciones. El poder se hace materialista. Deja de ser esencialmente jurídico. Ahora debe lidiar con esas cosas reales que son el cuerpo, la vida. La vida entra en el dominio del poder, mutación capital, una de las más importantes sin duda, en la historia de las sociedades humanas y es evidente que se puede percibir cómo el sexo se vuelve a partir de ese momento, el siglo XVIII, una pieza absolutamente capital, porque, en el fondo, el sexo está exactamente ubicado en el lugar de la articulación entre las disciplinas individuales del cuerpo y las regulaciones de la población.

El sexo viene a ser aquello a partir de lo cual se puede garantizar la vigilancia sobre los individuo s y entonces se comprende por qué en el siglo XVIII, y justamente en los colegios, la sexualidad de los adolescentes se vuelve un problema médico, un problema moral, casi un problema político de primera importancia porque mediante y so pretexto de este control de la sexualidad se podía vigilar a los colegiales, a los adolescentes a lo largo de sus vidas, a cada instante, aun durante el sueño. Entonces el sexo se tornará un instrumento de disciplinamiento, y va a ser uno de los elementos esenciales de esa anátomo-política de la que hablé, pero por otro lado es el sexo el que asegura la reproducción de las poblaciones. Y con el sexo, con una política del sexo podemos cambiar las relaciones entre natalidad y mortalidad; en todo caso la política del sexo se va a integrar al interior de toda esa política de la vida que va a ser tan importante en el siglo XIX. El sexo es el eje (3) entre la anátomo-política y la bio-política, él está en la encrucijada de las disciplinas y de las regulaciones y es en esa función que él se transforma, al fin del siglo XIX, en una pieza política de primera importancia para hacer de la sociedad una máquina de producir.

Foucault: -¿Quieren ustedes hacer alguna pregunta?

Auditorio: -¿Qué tipo de productividad pretende lograr el poder en las prisiones?

Foucault: -Esa es una larga historia: el sistema de la prisión, quiero decir, de la prisión represiva, de la prisión como castigo, fue establecido tardíamente, prácticamente al fin del siglo XVIII. Antes de ésa fecha la prisión no era un castigo legal: se aprisionaba a las personas simplemente para retenerlas antes de procesarlas y no para castigarlas, salvo en casos excepcionales. Bien, se crean las prisiones como sistema de represión afirmándose lo siguiente: la prisión va a ser un sistema de reeducación de los criminales. Después de una estadía en la prisión, gracias a una domesticación de tipo militar y escolar, vamos a poder transformar a un delincuente en un individuo obediente a las leyes. Se buscaba la producción de individuos obedientes.

Ahora bien, inmediatamente, en los primeros tiempos de los sistemas de las prisiones quedó en claro que ellos no producían aquel resultado, sino, en verdad, su opuesto: mientras más tiempo se pasaba en prisión menos se era reeducado y más delincuente se era. No sólo productividad nula, sino productividad negativa. En consecuencia, el sistema de las prisiones debería haber desaparecido. Pero permaneció y continúa, y cuando preguntamos a las personas qué podríamos colocar en vez de las prisiones, nadie responde.

¿Por qué las prisiones permanecieron a pesar de esta contraproductividad? Yo diré que precisamente porque, de hecho producían delincuentes y la delincuencia tiene una cierta utilidad económico-política en las sociedades que conocernos: La utilidad mencionada podemos revelarla fácilmente: 1) Cuanto más delincuentes existan, más crímenes existirán; cuanto más crímenes hayan, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo en la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad cada nuevo día. Desde 1830 en todos los países del mundo se desarrollaron campañas sobre el tema del crecimiento de la delincuencia, hecho que nunca ha sido probado, pero esta supuesta presencia, esta amenaza, ese crecimiento de la delincuencia es un factor de aceptación de los controles.

Pero eso no es todo, la delincuencia posee también una utilidad económica; vean la cantidad de tráficos perfectamente lucrativos e inscriptos en el lucro capitalista que pasan por la delincuencia: la prostitución; todos saben que el control de la prostitución en todos los países de Europa es realizado por personas que tienen el nombre profesional de proxenetas y que son todos ellos ex-delincuentes que tienen por función canalizar, para circuitos económicos tales como la hotelería de personas que tienen cuentas en bancos, los lucros recaudados sobre el placer sexual. La prostitución permitió volver oneroso el placer sexual de las poblaciones y su encuadramiento permitió derivar para determinados circuitos el lucro sobre el placer sexual. El tráfico de armas, el tráfico de drogas, en suma, toda una serie de tráficos que por una u otra razón no pueden ser legal y directamente realizados en la sociedad pueden serlo por la delincuencia, que los asegura.

 

Si agregamos a eso el hecho de que la delincuencia sirve masivamente en el siglo XIX y aún en el siglo XX a toda una serie de alteraciones políticas tales como romper huelgas, infiltrar sindicatos obreros, servir de mano de obra y guardaespaldas de los jefes de partidos políticos, aun de los más o menos dignos. Aquí estoy hablando precisamente de Francia, en donde todos los partidos políticos tienen una mano de obra que varia desde los colocadores de afiches hasta los aporreadores o matones, mano de obra que está constituida por delincuentes. Así tenernos toda una serie de instituciones económicas y políticas que opera sobre la base de la delincuencia y en esta medida la prisión que fabrica un delincuente profesional posee una utilidad y una productividad.

Auditorio: -Todas mis preguntas se fundamentan en la crítica que Dominique Lecourt le ha hecho: si usted da un paso más adelante dejará de ser un un arqueólogo, un arqueólogo del saber, si usted da ese paso, usted caería en el materialismo histórico. Ese es el fundamento de la pregunta. Quiero saber por qué usted afirma que aquellos que defienden el materialismo histórico y el psicoanálisis no están seguros de sí mismos, no están seguros de la cientificidad de sus posiciones. La primera cosa queme sorprende después de leer tanto la diferencia entre refoulement y repression (4), diferencia que no tenemos en portugués, es que usted empezó hablando de repression sin diferenciarla de refoulement (5). Eso es una sorpresa para mí y la segunda sorpresa es que, en la tentativa de trazar una anatomía de lo social basándose en la disciplina del ejército, usted utiliza la misma terminología que usan los abogados actuales en el Brasil. En el Congreso de OAB (Orden de los Abogados del Brasil) realizado hace poco tiempo en Salvador, los abogados utilizaron abundantemente las palabras compensar y disciplinar al definir su función jurídica. Curiosamente usted utiliza los mismos términos para hablar del poder, es decir, usando el mismo lenguaje jurídico: lo que le pregunto es si usted no cae en el mismo discurso de la apariencia de la sociedad capitalista dentro de la ilusión del poder que comienzan a utilizar esos juristas. Así, la nueva ley de sociedades anónimas se presenta como un instrumento para disciplinar los monopolios, pero lo que ella realmente significa es ser un valioso instrumento tecnológico muy avanzado que obedece a determinaciones independientes de la voluntad de los juristas que son las necesidades de reproducción del capital. En este sentido me sorprende el uso de la misma terminología, continuando, en tanto usted establece una dialéctica entre tecnología y disciplina, y mi última sorpresa es que usted toma como elemento de análisis social a la población, volviendo así a un período anterior a aquel en que Marx criticó a Ricardo.

Foucault: -Voy a intentar responder brevemente a las dos preguntas. Veamos el tema general de la cuestión. Del problema Lecourt y del materialismo histórico hablaré mañana, pero sobre los otros dos puntos usted tiene razón, pues se refiere a lo que afirmé esta mañana. En primer lugar yo no hablé en efecto de refoulement, hablé siempre de represión, de interdicción y de ley.

Bien, ello se debe al carácter.necesariamente breve y alusivo de aquello que no puedo decir en tan poco tiempo. El pensamiento de Freud es en efecto mucho más sutil que la imagen que presenté aquí. En torno de esa noción de recalque se ubica el debate entre, digamos, grosso modo, Reich y los reichianos, Marcuse, etc., y por otro lado los psicoanalistas más propiamente psicoanalistas, como Melanie Klein y principalmente Lacan. Porque la noción de recalque puede ser utilizada para un análisis de los mecanismos sociales de represión afirmando que la instancia que determina el recalque es una cierta realidad social que se impone como principio de realidad e inmediatamente provoca el recalque. En términos generales éste es el análisis reichiano modificado por Marcuse con la noción de más represión y del otro lado usted tiene a los lacanianos, que retoman la noción de recalque y afirman: nada de eso, cuando Freud habla de recalque él no está pensando en represión, sino en un cierto mecanismo absolutamente constitutivo del deseo, porque para Freud, dice Lacan, no existe deseo no recalcado, el deseo no existe como deseo sino porque es recalcado y porque lo que constituye el deseo es la ley, y así él retira de la noción de ley el concepto de recalque.

Por lo tanto, dos interpretaciones: la interpretación por la represión y la interpretación por la ley, que describen de hecho dos fenómenos o dos procesos absolutamente diferentes. Es verdad que la noción de recalque en Freud conforme los textos puede ser utilizada en un sentido o en otro. Fue para evitar ese difícil problema de interpretación freudiana que yo hablé de represión, porque sucede que los historiadores de la sexualidad nunca utilizaron otra noción que no fuera la de represión y esto por una razón muy sencilla, y es que este concepto hace aparecer los contornos sociales que determinan el recalque. Podemos, por lo tanto, hacer la historia del recalque a partir de la noción de represión, en tanto que a partir de la noción de interdicción, que de algún modo es más o menos isomorfa en todas las sociedades, no podemos hacer la historia de la sexualidad. Es así como evité la noción de recalque y hablé solamente de represión.

En segundo lugar, me sorprende mucho que los abogados utilicen la palabra disciplina-en cuanto a la palabra compensar, no la usé ni una vez- y con respecto a esto quiero decir lo siguiente: creo que desde el nacimiento de aquello que yo llamo bio-poder o anátomo-política estamos viviendo en una sociedad que comienza a dejar de ser una sociedad jurídica. La sociedad jurídica fue la sociedad monárquica. Las sociedades europ1as de los siglos XII al XVIII eran esencialmente sociedades jurídicas, en las cuales el problema del derecho era un problema fundamental: se combatía por él, se hacían revoluciones por él, cte. A partir del siglo XIX, en las sociedades que se daban bajo la forma de sociedades de derecho, con Parlamentos, legislaciones, códigos, tribunales, existía de hecho todo un otro mecanismo de poder que se infiltraba, que no obedecía a las formas jurídicas y que no tenía por principio fundamental la ley, sino el principio de la norma, y que poseía instrumentos que no eran los tribunales, la ley y el aparato judiciario, sino la medicina, la psiquiatría, la psicología, cte. Por lo tanto, estamos en un mundo disciplinario, estamos en un mundo de la regulación. Creemos que estamos todavía en el mundo de la ley, pero de hecho es otro tipo de poder que está en vías de constitución por intermedio de conexiones que ya no son más conexiones jurídicas. Así, es perfectamente normal que usted encuentre la palabra disciplina eri la boca de los abogados. Llega a ser interesante verlo que concierne a un punto interesante: cómo la sociedad de la normatización al mismo tiempo puede habitar y hacer disfuncionar la sociedad del derecho.

 

Veamos lo que pasa en el sistema penal. En países de Europa como Alemania, Francia e Inglaterra, prácticamente no hay ningún criminal un poco importante y en breve no habrá ninguna’ persona que pase por los tribunales penales que no pase también por las manos de un especialista en medicina, psiquiatría o psicología. Eso porque vivimos en una sociedad en la que el crimen ya no es más simplemente ni esencialmente la transgresión a la ley sino el desvío en relación con una norma. En lo que respecta a la penalidad sólo se habla ahora en términos de neurosis, desvío, agresividad, pulsión, etc. Ustedes lo saben muy bien. Por lo tanto, cuando hablo de disciplina, de normalización, yo no caigo en el plano jurídico; son, por el contrario, los hombres de derecho, los hombres de la ley, los juristas quienes están obligados a emplear ese vocabulario de la disciplina y la normatización. Que se hable de disciplina en el congreso de OAB no hace más que confirmar lo .que dije y no es que caiga en una concepción jurídica. Los que están fuera de lugar son ellos.

Auditorio: -¿Cómo ve la relación entre saber y poder? ¿Es la tecnología del poder la que provoca la perversión sexual o es la anarquía natural biológica que existe en el hombre la que lo provoca…

Foucault: -Sobre este último punto, es decir, sobre lo que motiva, ló que explica el desarrollo de esta tecnología,_no creo que podamos decir que sea el desarrollo biológico. Intenté demostrar lo contrario, es decir, ¿cómo forma parte del desarrollo del capitalismo esta mutación de la tecnología del poder? Forma parte de ese desarrollo en la medida en que, por un lado, fue el desarrollo del capitalismo lo~que hizo necesaria esta mutación tecnológica, pero, por otro, esa mutación hizo posible el desarrollo del capitalismo; una implicación perpetua de dos movimientos que están de algún modo engrampados el uno con el otro.

Bien, con respecto a la otra cuestión que concierne al hecho de las relaciones de poder… Cuando existe alianza del placer con el poder, ese es un problema importante. Lo que quiero decir brevemente es que es justamente eso que parece caracterizar los mecanismos de poder en función de nuestras sociedades, es lo que hace que no podamos decir simplemente que el poder tiene por función interdictar, prohibir. Si admitimos que el poder sólo tiene por función prohibir, estamos obligados a inventar mecanismos -como Lacan y otros están obligados a hacerlo- para poder decir: < Vean, nos identificamos con el poder». O entonces decimos que hay una relación masoquista que se establece con el poder y que hace que gocemos de aquel que prohíbe; pero en compensación, si usted admite que la función del poder no es esencialmente prohibir, sino producir, producir placer, en ese momento se puede comprender, al mismo tiempo cómo se puede obedecer al poder y encontrar en el hecho de la obediencia placer, que no es masoquista necesariamente. Los niños nos pueden servir de ejemplo: creo que la manera como se hizo de la sexualidad de los los niños un problema fundamental para la familia burguesa del siglo XIX provocó y volvió posible un gran número de controles sobre la familia, sobre los padres, sobre los niños, etc., sobre los niños, etc., al mismo tiempo que produjo toda una serie de placeres nuevos: placer en los padres al vigilar a los hijos, placer de los niños enjugar con su propia sexualidad contra sus padres o con sus padres, etc., toda una nueva economía del placer alrededor del cuerpo del niño. No hace falta decir que los padres, por masoquismo, se identificaron con la ley…

Auditorio: -Usted no respondió a la pregunta que se le hizo sobre las relaciones entre el saber y el poder, y sobre el poder que usted, Michel, ejerce mediante su saber…

Foucault: -En efecto, la pregunta debe ser planteada. Bien, creo que -en todo caso en el sentido de los análisis que hago, cuya fuente de inspiración usted puede ver- las relaciones de poder no deben ser consideradas de una manera un poco esquemática, como: de un lado están los que tienen el poder y del otro los que no lo tienen. Aquí un cierto marxismo académico utiliza frecuentemente la oposición clase dominante /clase dominada, discurso dominante/ discurso dominado, etc. Ahora, en primer lugar, ese dualismo nunca será encontrado en Marx, en cambio sí puede ser encontrado en pensadores reaccionarios y racistas como Gobineau, que admiten que en una sociedad hay dos clases, una dominada y la otra que domina. Usted va a encontrar eso en muchos lugares pero nunca en Marx porque en efecto Marx es demasiado astuto como para poder admitir esto; él sabia perfectamente que lo que hace la solidez de las relaciones de poder es que ellas no terminan jamás, que no hay de un lado algunos y de otro lado muchos; ellas la atraviesan en todos lados; la clase obrera retransmite relaciones de poder, ejerce relaciones de poder. El hecho de que usted sea estudiante implica que ya está inserto, es una cierta situación de poder; yo, como profesor, estoy igualmente en una situación de poder, estoy en una situación de poder porque soy hombre y no una mujer, y el hecho de que usted sea una mujer implica que está igualmente en una situación de poder, pero no la misma, todos estamos en situación, etc. Bien, si de cualquier persona que sabe algo podemos decir «usted ejerce el poder», me parece una crítica estúpida en la metida en que se limita a eso. Lo que es interesante es, en efecto, saber cómo en un grupo, en una clase, en una sociedad operan mallas de poder, es decir, cuál es la localización exacta de cada uno en la red del poder, cómo él lo ejerce de.nuevo, cómo lo conserva, cómo él hace impacto en los demás, etc…

Texto desgrabado de la conferencia pronunciada en 1976 en Brasil. Publicada en la revista anarquista Barbarie, N°4 y 5, (1981-2), San Salvador de Bahía, Brasil.

Traducción: Heloísa Primavera

notas:
1) En mayúscula en el original. Pulsión en vocabulario freudiano.
2) Surveillant, en el original francés.
3) Charniére (bisagra), en el original francés.
4) En francés en el original.
5) Refoulement: Recalcamento o recalque en la edición portuguesa del «Vocabulario de psicoanálisis», de Laplanche y Pontalis, Ed. Martins Fontes. Es el uso consagrado en diversas traducciones de textos psicoanalíticos. Se adoptó en este texto el término recalque.

Extraído de ‘El Lenguage Libertario’ Chistian Ferrer (compilador). Libro en PDF

fuente: www.es.wikisource.org/wiki/Las_redes_del_poder

La sociedad industrial- del espectáculo (fragmento de 1836)

Por Michel Foucault

“Moralistas, filósofos, legisladores, aduladores de la civilización, he aquí el plano de vuestro París puesto en orden, he aquí el plano perfeccionado en el que están reunidas todas las cosas semejantes. En el centro, y en un primer recinto: hospitales de todas las enfermedades, hospicios de todas las miserias, casas de locos, prisiones, presidios de hombres, de mujeres y de niños. En torno del primer recinto, cuarteles, tribunales, comandancia de policía, casa de los esbirros, emplazamiento de los patíbulos, morada del verdugo y de sus ayudantes. En los cuatro extremos, cámara de los diputados…, Instituto y palacio del Rey. Al margen, lo que alimenta el recinto central, el comercio, sus bribonadas, sus bancarrotas; la industria y sus luchas furiosas; la prensa, sus sofismas; las casa de juego; la prostitución, el pueblo muriéndose de hambre o revolcándose en el desenfreno, siempre al acecho de la voz del Genio de las Revoluciones; los ricos sin corazón… en fin, la guerra encarnizada de todos contra todos” La Phalange, 10 de agosto de 1836, París, Francia

Extraído del libro de Michel Foucault, Vigilar y Castigar, el nacimiento de la prisión (1976). Fondo de Cultura Económica.

La ciencia socialista, nueva religión de los intelectuales *

El socialismo del siglo XIX no es, como lo afirman sus creyentes, un ataque contra los fundamentos del régimen de despotismo que existe desde hace siglos bajo la forma de toda sociedad civilizada, vale decir el estado. Es nada más que el ataque a una forma de ese despotismo; la dominación de los capitalistas. Incluso en caso de victoria, este socialismo no suprimirá el pillaje de siglos, eliminará únicamente la propiedad privada de los medios materiales de producción, la tierra y las fábricas. No suprimiría más que la explotación capitalista.

Por Jan Vaclav Majaiski

La supresión de la propiedad capitalista, es decir de la posesión privada de los medios de producción no significa la desaparición de la propiedad privada familiar en general. Es justamente la institución de esta última la que garantiza el pillaje secular que asegura a una minoría poseedora y a su descendencia todas las riquezas y toda la herencia cultural de la humanidad. Es precisamente esta institución la que condena a la mayoría de la humanidad a nacer esclavo, tener una vida de trabajos manuales. La expropiación de la clase de los capitalistas no significa en absoluto la expropiación de toda la sociedad burguesa.

Por la sola supresión de los capitalistas privados, la clase obrera moderna, los esclavos contemporáneos, no dejan de ser esclavos condenados a un trabajo manual durante toda su vida; en consecuencia, la plusvalía nacional creada por ellos no desaparece sino que pasa a través de las manos del estado democrático, y se constituye como fondos de sostén para la existencia parasitaria de todos los pícaros, de toda la sociedad burguesa. Esta última, después de la supresión de los capitalistas, continuará siendo una sociedad bajo un sistema de dominación como hasta ahora, la de los conductores y gobernantes cultivados, el mundo de los “manos blancas”, que quedarán en posesión de los beneficios del país, que se repartirán de la misma forma como hasta ahora: como “honorarios” de los “trabajadores intelectuales”; gracias a la propiedad y al modo de vida en familia con el que este sistema se conserva y se reproduce generacionalmente.

La socialización de los medios de producción no significa más que abolición del derecho de propiedad privada y de la gestión privada de fábricas y tierras. En sus ataques al industrial, el socialista no roza siquiera los “honorarios” del director fabril y el ingeniero.
El socialismo del siglo pasado deja inviolables todos los ingresos de los “manos blancas” en tanto que “salarios de trabajadores intelectuales”, y declara que la intelectualidad “no está interesada y no forma parte de la explotación capitalista” (Kautsky).
El socialista contemporáneo no puede ni quiere suprimir el pillaje y la servidumbre seculares.

En la segunda mitad del siglo XIX, el socialismo se ha proclamado por todas partes ciencia social. A continuación de la economía política “proletaria” se crea ahora una sociología “proletaria” y una historiografía “socialista”.
La ciencia social no puede ser el enemigo del régimen de servidumbre que existe desde el desarrollo histórico de la civilización. No desea ser otra cosa que el analista imparcial de ese desarrollo histórico; por consiguiente, no es su enemigo sino más bien su tutora.

Entretanto, el socialismo ha experimentado una tendencia irresistible a convertirse en una verdadera ciencia social. Los sabios socialistas se alejan progresivamente del pensamiento de que toda historia pasada de las sociedades civilizadas no es sino la historia de la servidumbre de la mayoría de la humanidad, que les leyes históricas de los siglos pasados y las de nuestra época, son leyes fundadas sobre el pillaje, la expresión de la voluntad de la minoría dirigente, y se dedican en cambio a analizar estas leyes como si fueran objetivas para describir el desarrollo de la comunidad humana, ocupándose en “revelarlas y formularlas para poder someterse a ellas”.

Gracias a la propagación de la fe, los sabios socialistas han llegado a persuadir a las masas obreras que sometiéndose a la marcha histórica objetiva, se someten al mismo tiempo, sin duda alguna, a las leyes de la naturaleza del siglo XIX, que nos preparan el paraíso socialista.
Con este plan, la ciencia socialista se revela como un simple medio de embotamiento del espíritu de revuelta de los obreros; se convierte, pese a su ateísmo, en una simple meditación religiosa y en una oración para el advenimiento del paraíso socialista. Se convierte en una religión que embota el espíritu y la voluntad de los esclavos del régimen burgués.

La ciencia socialista marxista ha creado una verdadera providencia socialista, gracias a cuya acción la “producción capitalista cava su propia tumba”, se destruye a sí misma por su propio desarrollo; y las leyes económicas irreversibles, independientes incluso de la voluntad de los hombres, los llevan directamente al “reino de la igualdad y la libertad”.

Los años pasan y las profecías marxistas de los sabios socialistas revelan su identidad con las profecías de tantos otros predicadores y sacerdotes. Prometen a los esclavos de la sociedad burguesa la dicha después de la muerte, garantizan el paraíso socialista a sus descendientes.
La certidumbre inquebrantable de la religión científica marxista en el advenimiento inevitable del reino socialista de la libertad bendice al mismo tiempo el progreso burgués, el “progresismo”, la “legitimidad”, la “conformidad en los objetivos” del régimen contemporáneo fundado sobre el pillaje. La creencia marxista en el pasaje inevitable del capitalismo al socialismo; la creencia en el capitalismo en tanto que premisa indispensable para la instauración del socialismo, se convierte a la larga en el equivalente de un… alto grado de amor al progreso burgués, al desarrollo de la dominación total de la burguesía, al pillaje burgués total. Los creyentes, los verdaderos socialistas proletarios, compenetrados de la religión marxista, se convierten en los mejores combatientes por el progreso burgués, los apóstoles más entusiastas y los más cálidos participantes de la revolución burguesa.*

La “pureza” original del evangelio socialista, a pesar de todas las deformaciones llevadas a cabo por los malos pastores de la socialdemocracia no se puede perder ni olvidar. La enseñanza contemporánea del anarquismo se plantea como tarea la de retornar a los principios inquebrantables del socialismo del siglo pasado, en toda su pureza. Al contrario que el oportunismo de la socialdemocracia que ha escandalizado y corrompido a las masas por su aspiración a la reforma y al desarrollo del régimen contemporáneo, la enseñanza anarquista convoca a las masas a la aspiración pura del ideal, a un movimiento directo, sin etapas, hacia el “objetivo final”.
[…]

Los mismos anarquistas no pueden negar la sentencia de Bernstein según la cual en la vida, en la lucha práctica y “real”, cada paso del socialista no puede evitar ser un compromiso y una defección respecto de la doctrina; tanto más que entre ellos, los anarquistas, ha surgido últimamente una práctica específica (el anarcosindicalismo francés). El anarcosindicalista, por su sola participación en cualquier huelga, traiciona sus principios, puesto que entonces no lucha ya por el “objetivo final” sino por “concesiones”, por “reformas”.
Aparentemente, el socialismo del siglo XIX no puede encontrar un camino sin un acomodamiento con el orden burgués existente.

Semejante vía se reencuentra, total y exclusivamente escrita entrelíneas dentro del régimen burgués contemporáneo. El socialismo del s. XIX, incluso bajo su variante más radical, el anarquismo, se convierte en un acontecimiento totalmente legal dentro de una república democrática, bajo la forma de sindicalismo y de la “propaganda del ideal anarquista”. Los anarquistas más irreductibles se convierten en ciudadanos bien intencionados, como los socialdemócratas de la sociedad contemporánea, y no pueden ya conspirar contra las “libertades” democráticas, de expresión, de “prensa”, de “asociación”, que otorgan la posibilidad de acuerdo con sus convicciones (que son a este respecto las mismas que las de los socialdemócratas) de una preparación legal de la revolución social.

La actividad clandestina y conspirativa deviene para los anarquistas en el estado democrático tan utópica, tan blanquista, como para cualquier socialdemócrata.
De hecho, la única vía directa de subversión del orden de servidumbre vigente, la única vía libre de todos los compromisos con la legalidad burguesa, es la de la conspiración clandestina con miras a transformar las huelgas obreras frecuentes y violentas en una insurrección, en una revolución obrera mundial. Esta vía se encuentra totalmente fuera de los límites de la enseñanza socialista actual.

Los socialistas del s. XIX se declaran los enemigos revolucionarios irreductibles, no del régimen contemporáneo de clases, no del régimen burgués en general sino únicamente de la forma de sociedad civilizada que nace a comienzos del desarrollo de la producción capitalista, cuando ésta, explican los marxistas, no ha podido desplegar todavía su papel progresista, y no manifiesto sino sus rasgos más sombríos.
Es precisamente en la medida en que el socialismo se desarrolla como ciencia que se refuerza y se elabora la conciencia de los socialistas acerca de su hostilidad irreductible respecto de la forma monstruosa de la sociedad contemporánea, y solo respecto de ella, forma adquirida a través de la explotación capitalista
Presentado de este modo, el socialismo en tanto que ciencia no puede expresar más que una rebelión contra las “anormalidades mórbidas” de la sociedad contemporánea, no contra la sociedad civilizada en general.

En efecto, ¿cuáles son los motivos, las razones para atacar al régimen burgués actual, de acuerdo con la doctrina socialista? En primer lugar, el agravamiento de la situación de la población, en comparación con el estado en que se vivía en formaciones sociales anteriores, como consecuencia de la ofensiva de la producción capitalista. A continuación, el comportamiento desordenado de la economía, la “anarquía” de la producción, la incapacidad de la sociedad actual de garantizar una evolución justa y constante de la vida económica del país.

La enseñanza marxista predice la caída del capitalismo con independencia de la voluntad de los hombres, y predice la necesidad objetiva del socialismo para la sociedad existente. El objetivismo marxista constituye un sistema que reposa por completo en postulados de este tipo.
El régimen socialista se convierte en una necesidad para todos, puesto que las crisis no le permiten a la sociedad existir bajo su forma anterior. Los socialistas no se rebelan por el derrocamiento de la sociedad actual, en contra el régimen capitalista, sino para curarlo de sus crisis. Lo cual no significa en absoluto el derrocamiento del régimen secular de servidumbre, sino por el contrario, su reafirmación.

Los socialistas científicos declaran que el régimen capitalista es incapaz de sobrevivir, puesto que no está siquiera en condiciones de cumplir lo que realizaban incluso los regímenes autoritarios anteriores, es decir ni siquiera puede ocupar toda la fuerza de trabajo que, al contrario, dilapida mediante la desocupación.

El capitalismo en tanto que estadio social peor de la sociedad civilizada, concentra, al contrario de lo que acontecía en el pasado, todas las riquezas en un puñado de magnates. No sólo que no les permite esperar una mejora a los elementos más fuertes de las clases inferiores sino que incluso amenaza su existencia. Expropia incluso a los mismos capitalistas. Disminuye el número de propietarios. Entonces sobreviene el tan conocido argumento del socialista científico: hacia fines del siglo XIX había un campesinado y un artesanado florecientes, los compañeros oficiales más empeñosos tenían la posibilidad de acceder a la condición de maestros; las individualidades más capaces mantenían incluso la posibilidad de elevarse a posiciones privilegiadas. Las formas antiguas de la sociedad mantenían entre los explotados la esperanza que los más hábiles de entre ellos, el uno por ciento, por ejemplo, o el uno por mil, podrían convertirse en maestros. El capitalismo ha casi aniquilado esa posibilidad y por ello mismo se ha condenado a desaparecer. Es incapaz de multiplicar el número de maestros.

Los socialistas son los enemigos del orden existente porque éste no sabe llevar adelante la economía racionalmente, es incapaz de progresar, los gobiernos son demasiado ignorantes e incapaces de resolver los problemas de la vida, que surgen y se desarrollan cada vez más.

El Manifiesto comunista se esfuerza por presentar todo esto lo más claramente posible:
“Evidentemente, la burguesía es incapaz de mantenerse como la clase dirigente y de imponerle a la sociedad, como ley suprema, las condiciones de vida de su clase. No puede gobernar puesto que no puede asegurar la existencia del esclavo dentro de su misma esclavitud: se ve obligada a dejarle decaer tan bajo que es ella la que debe nutrirlo en lugar de ser nutrida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo el dominio de la burguesía, lo cual significa que la existencia de la burguesía y la existencia de la sociedad se han hecho incompatibles.”
Basta con recordar la naturaleza de la polémica entre los “ortodoxos” y Bernstein para confirmar lo que hemos dicho más arriba.

Para probar que no tiene sentido ser revolucionario en Europa occidental, que la socialdemocracia en tanto que defensora de la clase obrera, debe hacerse reformista, Bernstein debía demostrar que el capitalismo contemporáneo no representaba sino un agravamiento del régimen social en comparación con el que lo había precedido. Todos los ortodoxos reconocieron que la existencia del socialismo científico estaba ligada del modo más estrecho con la resolución de este problema, en un sentido o en otro.

El derrocamiento del orden actual no puede ser posible y aceptable sino cuando degenera o se hace impotente.Kautski lo reconocía de manera harto ingenua. Si es cierto, decía, como sostiene Bernstein, que la crisis que amenaza sin cesar al mundo industrial llegara a desaparecer, si el capitalismo no aniquilase a las capas medias, si el número de propietarios no disminuyese, entonces no habría razón para derrocar al orden existente y, en general, para ser socialista (véanse sus artículos contra Bernstein en Vorwärts).

La degeneración de las clases dirigentes, para un marxista o para cualquier otro socialista contemporáneo, representa la premisa indispensable para la supresión de la esclavitud. Si la sociedad burguesa es capaz de desarrollarse, su derrocamiento se torna impensable. No se puede aspirar a una revolución violenta si uno mismo no cree ni puede convencer a los demás de que la burguesía es débil, que el régimen burgués se “descompondrá” muy pronto e inevitablemente por sí mismo.

Los ortodoxos que experimentaban la necesidad de calmar la intransigencia de sus huestes, dirigida únicamente contra las leyes y las autoridades que impiden el progreso burgués (tal es la posición en que se encuentra la socialdemocracia rusa a partir de la existencia del zarismo), son llevados a forjar la creencia en una “bancarrota de la burguesía” inevitable e inmediata. Lo hacen a despecho de todos los escamoteos de prestidigitación que esto les obliga a cumplir. De este modo, para Parvus, el mismo que considera a la revolución socialista tan remota como para todo bernsteniano, únicamente una revolución burguesa es posible en Rusia en el momento actual; el mismo Parvus demostrará de inmediato apoyado en cifras, que “la catástrofe industrial y la bancarrota definitiva de la burguesía se producirán necesariamente muy pronto.”

El marxismo aspira a comprobar su revolucionarismo y su carácter intransigente muy de otro modo que luchando con intransigencia contra el régimen de pillaje. Se contenta con demostrar que el mismo momento histórico, las leyes mismas de la sociedad humana, independientes y por encima de los hombres –lo cual es una verdadera predicción socialista– no hacen sino condenar a la sociedad burguesa a la debilidad y a la ruina, y al mismo tiempo le da al marxismo la posibilidad de liberar al mundo de la servidumbre.

Pero no hay videncia socialista, no hay ninguna ley de desarrollo de la sociedad independiente de la voluntad de los hombres. No hay fuerzas de la naturaleza que puedan recompensar a los “buenos” oprimidos en razón de sus desdichas, y que castigarían a los opresores injustos por sus malas acciones. Los socialistas se indignan y luchan contra el agravamiento del régimen de clases; su lucha puede suprimir este agravamiento pero no el régimen de clases en sí mismo.

Es por ello que a despecho de las expectativas y las esperanzas de creyentes ingenuos, el socialismo científico no puede más que colaborar activamente con el desarrollo del progreso burgués.

En el socialismo científico esto constituye una conciencia específica y muy profunda. Por sus profesiones de fe, la socialdemocracia tiende a granjearse, a todos los elementos capaces y competentes de la sociedad burguesa contemporánea. En Interés de clase Kautsky declara: “Si la socialdemocracia se ha convertido en el único partido que lucha por el progreso social, debe simultáneamente convertirse en el partido de todos los que aspiran al desarrollo ulterior de la sociedad. […]”
“En la actualidad sólo el proletariado y su partido son los que representan los intereses del progreso social, y al mismo tiempo, los intereses vitales de toda la sociedad […] Los intereses proletarios coinciden actualmente con los de la nación.”

Del mismo modo que la religión cristiana, que después de haber condenado el mundo del mal lo ha encarnado ella misma de un modo sin parangón, análogamente, los partidos socialistas, que han condenado a la ruina al orden existente se convierten, bajo la condenación de los ortodoxos, en los partidos del progreso burgués.
La fe socialista ha empujado a todos sus fieles a luchar por el progreso burgués, por el reforzamiento y el desarrollo de estados burgueses constitucionales. La democracia industrial y política,

la obra cultural en las municipalidades, el cooperativismo y los sindicatos, todo esto debe preparar a los obreros para la vida socialista.
Los anarquistas irreductibles argüirán que el mundo del mal burgués ha corrompido únicamente a los socialdemócratas, que la caída y el oportunismo de estos últimos se presentan como la continuación de su participación en los órganos legislativos actuales. En cuanto a ellos, los anarquistas, postulando la no participación en la política, estarán al abrigo de semejante degeneración.

Lo que hemos señalado más arriba, acerca de la naturaleza de toda la prédica socialista del siglo XIX confirma toda la vanidad de las esperanzas y afirmaciones de los anarquistas. El fundamento de la prédica socialista –la fórmula de la socialización como panacea– bajo cualquier forma, incluso la más pura, no es por sí misma más que una ofensiva contra una de las formas de pillaje, y no contra el pillaje secular en su totalidad. Nada más se puede esperar de la doctrina anarquista pues ella intenta conservar, del mismo modo que las otras doctrinas socialistas, el único evangelio socialista revelado desde hace tiempo, y se amuralla en ello.
En efecto, el principal teórico del anarquismo contemporáneo, Kropotkin, llama a todo el mundo a la revolución poniendo sobre el tapete los mismos motivos que los socialistas científicos.

Podemos leer en Palabras de un rebelde lo siguiente:
“Comprobaremos que se desencadenan dos hechos predominantes: la rebelión de los pueblos, al lado del colapso moral, intelectual y económico de las clases dominantes; y los esfuerzos impotentes, agonizantes de las clases superiores, para impedir este despertar (p. 2) […] [estas clases gobernantes] siempre temerosas, siempre con la vista volcada hacia el pasado, cada vez más y más incapaces de llevar a cabo una acción durable (p. 4) […] Una enfermedad incurable los corroe a todos: la senilidad (p. 10) […] Si las clases dirigentes pudiesen tener el sentimiento de su posición, por cierto que ellas se apresurarían a ponerse al frente de estas aspiraciones [nuevas de los pueblos]. Pero, envejecidas en sus tradiciones, sin otro culto que el de la bolsa de valores, se oponen con todas sus fuerzas a esta nueva corriente de ideas (p. 10).
[…] El trabajador se da cuenta de la incapacidad de las clases gobernantes: incapacidad para comprender sus nuevas aspiraciones, incapacidad para administrar la industria, incapacidad para organizar la producción y el intercambio (p. 7).”

Ya sea bajo la bandera del socialismo científico o la del anarquismo, los trabajadores llevan la ofensiva contra las “clases gobernantes”, únicamente porque ellas son “incapaces de administrar la industria, de organizar la producción y el intercambio”, únicamente porque se han convertido en irreversiblemente “seniles”. La actitud del anarquismo respecto del régimen secular de pillaje, como lo puede comprobar el lector, no es más hostil que la de los “socialistas parlamentarios” corrompidos. Muy al contrario, Kropotkin, aunque enemigo de todo gobierno, demuestra respecto de las “clases dirigentes” una ingenuidad infantil que costaría encontrar entre los socialdemócratas “corrompidos”. Piensa que si “las clases dominantes” no se hubiesen puesto tan “seniles” y si “pudiesen tener el sentimiento de su posición, por cierto se apresurarían a ponerse al frente de estas aspiraciones”, que ellas serían “capaces de llevar a cabo una acción durable.

Todo lo cual crea gran perplejidad: ¿sobre qué base declara Kropotkin con toda su prédica que es hostil a todo gobierno cuando al mismo tiempo no se indigna sino contra las clases gobernantes seniles? Todos los gobiernos progresistas aparecidos más de una vez en el desarrollo histórico, gobiernos que “comprendían” las aspiraciones nuevas, comprendían igualmente, a su modo de ver, la necesidades del pueblo y garantizaban el bienestar de las masas populares.

¿Qué pasaría, entonces, si las clases dirigentes “seniles” fueran reemplazadas por otras, nuevas, jóvenes, no impotentes, no ignorantes? Entonces todas las razones para hacer la revolución, para derribar el gobierno, para ser anarquista, desaparecerían, caducarían. Esta cuestión fatal se perfila delante del anarquismo, con tanta fuerza como delante del socialismo científico, como en general delante de todos los socialistas del siglo pasado. Muy a menudo en la historia, las revoluciones han eliminado a las clases dirigentes “seniles” para reemplazarlas por nuevas.

¿Dónde existe la garantía de que las clases dirigentes podrían cesar de existir en general y verdaderamente?

La única garantía que puede haber al respecto es la aspiración consciente de las masas explotadas de derribar a todas las clases dirigentes, sean ellas retrógradas o progresistas.
Según el razonamiento de los socialistas, la rebelión de los esclavos modernos no surge de la existencia de clases dirigentes en general sino a causa de su degeneración. Esto quiere decir que en la actualidad lo que existe es únicamente una fuerza de indignación y lucha dirigida exclusivamente contra el estancamiento y la degeneración de la sociedad dominante. ¿Dónde se encuentra la fuerza que derrocaría por completo la sociedad dominante, que suprimiría la existencia misma de las clases dirigentes? Se trata de una fuerza que está por encima de los hombres, es una fuerza histórica predestinada, que augura transformar la protesta contra la degeneración y la debilidad actual, del siglo presente, en una lucha contra la dominación en general. Los marxistas se afanan en desarrollar esta creencia por medio de consideraciones y promesas “científicas” y “económicas”; en cuanto a los anarquistas lo hacen a través de la simple propaganda religiosa del ideal anarquista.

De manera similar a la fe cristiana que no concibe en absoluto lo del reino celeste sobre la tierra y no hace más que contribuir a santificar el régimen de pillaje, la religión socialista no crea el paraíso socialista sino que, en rigor, no hace sino contribuir al progreso burgués, al nacimiento de nuevas y jóvenes clases dirigentes cuya ausencia ha motivado su lucha.

El socialismo del s. XIX se afana por comprender únicamente la debilidad y el proceso de descomposición de la forma contemporánea de dominación. Es comprensible, en consecuencia, que el misterio de la dominación en general, no sea ni percibido ni revelado. El socialismo no hace sino demostrar “la incompetencia” y la inadecuación de la sociedad dominante contemporánea, lo cual no prueba en absoluto, la “inadecuación”, el parasitismo y el pillaje de todas las dominaciones a lo largo de la historia. Al contrario, el marxismo considera como su tarea principal la de probar la necesidad, para la comunidad humana, de las clases dirigentes que ya han aparecido a lo largo de la historia.
En consecuencia, el socialismo del s. XIX no desnuda y no tiene ninguna intención de hacerlo, el fundamento de toda dominación, débil o fuerte. No quiere ni siquiera reconocerla, ni tomar conciencia y ver en realidad, el pillaje constante que ha representado y representa la existencia misma de amos en el curso de toda la evolución histórica.

No tiene la fuerza ni la voluntad de crear las premisas humanas verdaderas que engendrarían la caída del régimen secular de pillaje y violencia. Por el contrario, su tarea fundamental consiste en granjearse la confianza de las masas e insuflarles la fe inquebrantable de que constituye, precisamente, la única vía para el derrocamiento del régimen de opresión. He aquí su tarea más primordial: convencer del advenimiento inevitable del paraíso socialista, “independientemente de la voluntad de los hombres”, simplemente provocado por el transcurso histórico, la acción de leyes históricas y objetivas.

¡Pero ésa es la tarea clásica de toda religión y la religión socialista lo logra de un modo brillante! La ciencia positivista y atea del s. XIX no ha preservado a los socialistas de inventar una sustancia sobrenatural y una nueva forma de providencia. Muy por el contrario, en el momento mismo en que el socialismo ha sentido la necesidad irreprimible de convertirse en una ciencia que devele y explique las leyes del desarrollo social, se ha puesto a elaborar ficciones religiosas. La ciencia socialista nos ha dejado los mismos frutos que la ciencia de los sacerdotes paganos o la de los teólogos cristianos.

Los anarquistas se esfuerzan para demostrar que si la ciencia de los marxistas se ha revelado tan mortífera para el socialismo revolucionario, eso se debe a que no han utilizado los auténticos fundamentos y los métodos de la ciencia moderna, sino aquellos propios de una metafísica envejecida y principalmente los de la enseñanza gastada de los heguelianos. Los anarquistas, por el contrario han planteado como fundamento de su doctrina un positivismo estricto, el método “verdaderamente” científico de las ciencias naturales, el método inductivo y deductivo que nos preserva de toda metafísica y garantiza la infalibilidad de la enseñanza socialista.

Los anarquistas, con su aspiración a la “cientificidad” a la par de la de los marxistas, no hacen sino mantener al socialismo en el terrreno de las creencias. La ciencia socialista cumple aquí una función común a todas las religiones, por su pretensión de “cientificidad”, de objetividad, por su carácter omnisciente y obligatorio por todas partes y para todos.

* Escrito en 1905 y publicado en la revista Futuros Nº6: verano- otoño de 2004, Río de la Plata

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Libro ‘La ciencia socialista, religión de intelectuales’, Bardo Ediciones

Comunicado Nº11. Arenga de las fiestas. Número especial sobre la alimentación: ¡Abajo lo light!

La Asociasión de la Anarquía Ontológica convoca un boicot contra todos los productos mercantilizados bajo el santo y seña de lo light; cerveza, carne, dulces bajos en calorías, cosméticos, música, “estilos de vida” preempaquetados, lo que sea.

Por Hakim Bey

El concepto de lo light desarrolla un complejo de simbolismos por el que el Espectáculo espera reutilizar toda repulsión contra su mercantilización del deseo. El producto “natural”, “orgánico”, “saludable” está diseñado para un sector del mercado de consumidores ligeramente insatisfechos, con casos leves de shock del futuro y con una sutil añoranza de tibia autenticidad. Han preparado un nicho para ti, suavemente iluminado con las ilusiones de la simplicidad, la esbeltez, la limpieza, con una pincelada de ascetismo y de autonegación. Por supuesto, esto cuesta un poco más caro… después de todo, la ligereza no fue diseñada para pobres hambrientos primitivos que todavía piensan en la comida como alimento en vez de como decoración. Tiene que ser más cara -de otra forma tú no la comprarías-.

La Clase Media Americana (no me vengas con sutilezas; tú ya sabes a lo que me refiero) cae naturalmente en facciones opuestas pero complementarias: los Ejércitos de la Anorexia y de la Bulimia. Los casos clínicos de estas enfermedades tan sólo representan la espuma psicosomática en una ola de patología cultural, profunda, difusa y en gran medida inconsciente. Los bulímicos son aquellos yupposos de las clases acomodadas que se atiborran de margaritas y vídeo domestico, y después se purgan con comidas light, carreras, o vapuleos (an)aeróbicos. Los anoréxicos son los rebeldes del “estilo de vida”, maníacos a ultranza de la comida, comedores de algas, tristes, pálidos y macilentos -pero satisfechos en su celo puritano y en sus cilicios de diseño-. La grotesca comida basura sólo representa la otra cara de la espectral “dieta sana”: nada sabe a nada sino a serrín y aditivos; todo es o aburrido o carcinogénico -o los dos- y todo es increíblemente estúpido.

La comida, cruda o cocida, no puede escapar al simbolismo. Es y a la vez representa aquello que es. Toda comida es comida del alma; tratarla de cualquier otra forma es cortejar la indigestión, ya crónica o metafísica.

Pero en la cripta al vacío de nuestra civilización, donde casi toda experiencia se encuentra mediatizada, donde la realidad es forzada a través de la malla mortífera de la percepción
consensuada, perdemos contacto con la comida como alimento; empezamos a construirnos personajes basados en lo que consumimos, tratando a los productos como proyecciones de nuestra añoranza de lo auténtico.

La AAO a veces imagina el CAOS como una cornucopia de la creación continua, una especie de geyser de la generosidad cósmica; por tanto nos abstenemos de reivindicar dieta específica alguna, por miedo a ofender a la Sagrada Multiplicidad y a la Santísima Subjetividad. Aquí no hemos venido a venderte otra receta new age más para una salud perfecta (sólo los muertos son perfectamente saludables); a nosotros nos interesa la vida, y no los “estilos de vida”.

Adoramos la verdadera ligereza, y la rica pesadez nos deleita en su momento. El exceso nos sienta perfectamente, la moderación nos complace, y hemos aprendido que el hambre puede ser la más fina de las especias. Todo es ligero y las más exuberantes de las flores crecen alrededor de la letrina. Soñamos con mesas de falansterio y cafés bolo’bolo donde cada festivo grupo de comensales comparte el genio individual de un Brillat-Savarin (ese santo del paladar).

El sheik Abu Sa’id nunca ahorró dinero, ni siquiera lo retuvo por una noche; por eso, en cuanto algún bienhechor donaba una bolsa repleta a su hospicio, los derviches lo celebraban con un festín por todo lo alto; y el resto de los días, pasaban hambre. El punto estaba en disfrutar de ambos estados, pleno y vacío…

Lo light parodia el vacío y la iluminación espirituales, de la misma manera en que Mc Donald’s traviste la imaginería de la plenitud y la celebración. El espíritu humano (por no mencionar el hambre) pueden trascender y superar todo este fetichismo -la alegría puede entrar en erupción incluso en el Burger King, e incluso la cerveza light puede ocultar una dosis de Dionisos-. ¿Pero por qué habríamos de luchar contra esta marea de basura de sablazo hortera barato, cuando podríamos estar bebiendo el vino del paraíso ahora mismo bajo nuestras propias viñas e higueras?

La comida pertenece al reino de la vida cotidiana, a la arena primaria de toda emancipación insurgente, de toda autosuperación espiritual, de toda reocupación del placer, de toda revuelta contra la Maquinaria Planetaria del Trabajo y sus deseos de imitación. Nada más lejos de nosotros que el dogmatizar; el cazador nativo americano puede sustentar su felicidad con ardilla frita, el anarco-taoísta con un puñado de albaricoques secos. El tibetano Milarepa, después de diez años de sopa de nido, se comió un dulce de manteca y alcanzó la iluminación. El necio no ve eros alguno en un buen champan; el brujo puede caer intoxicado con un vaso de agua.

Nuestra cultura, ahogándose en sus propios contaminantes, clama (cual Gohete moribundo) por “¡más luz! ” como si estos afluentes polinsaturados pudieran aliviar de alguna forma nuestra miseria, como si su sosa ligereza y su insípida falta de carácter pudieran protegernos de las sombras acechantes.

¡No! Esta última ilusión nos sorprende finalmente en toda su crueldad. Nos vemos forzados contra nuestras propia inclinaciones perezosas para tomar postura y protestar. ¡Boicot! ¡Boicot! ¡que apaguen la luz!

Apéndice: menú para un banquete negro anarquista (vegetariano y no vegetariano)
Caviar y blinis; huevos de cien años; calamares en su tinta con arroz; calabacines preparados con la piel y sazonados con ajo negro; arroz silvestre con nueces negras y setas negras; trufas en mantequilla negra; venado marinado en oporto, pasado por la barbacoa, servido en rodajas de pan negro y aderezado con castañas asadas. Black Russians; Guiness y champan; té chino negro.
Mousse de chocolate oscuro, café turco, uvas negras, ciruelas, moras, etc.

Más comunicado de la Asosiación de la Anarquía Ontológica www.merzmail.net/comunicados.htm

Jan Vaclav Majaiski, ¿y a éste quién lo conoce?

Presentación en castellano de Earnest Pavesip sobre un texto escrito en 1908 por Jan Vaclav Makaiski. Serie aparecida en diferentes números de la revista Futuros.

Por Earnest Pavesip

El por qué de este texto “vetusto”

Presentamos un texto de JanVaclav Majaiski (1866-1926), un polaco nacido bajo el imperio de los zares y que vivió toda su vida en la Rusia, ya sea imperial clásica o en la neoimperial soviética. Muere de un infarto –algo que según sus allegados le ahorró una purga segura e inminente–, trabajando como corrector en las imprentas del estado-partido.

Sin pretender ser exhaustivos, no conocemos traducciones al castellano de sus numerosos trabajos, lo cual no deja de ser significativo, dada la importancia de sus reflexiones, el carácter crítico y fermentario de sus análisis. Al punto que Lenin llegó a polemizar con él en los tiempos en que la izquierda rusa se permitía los debates públicos (es decir, antes de 1917).

Nuestra presentación está motivada por la actitud más opuesta que podamos albergar a un panegírico, a una actitud de seguidismo. Los cien años que median entre la realidad que él vivió y sobre la que procuró actuar, y la nuestra, revelan la enorme distancia que tenemos en visiones políticas, expectativas, actitudes, creencias porque sin duda vivimos realidades muy distintas. Visiones tan dispares de la economía, la revolución o la familia, para nombrar tres configuraciones conceptuales francamente separables nos permiten verificar esas distancias.

Pero lo que creemos que está absolutamente en pie es su osadía intelectual, su penetración para desnudar naturalezas engoladas y escamoteadas en tantos sectores de la izquierda de su época… algo que tanto necesitamos en la nuestra.

Hacer una crítica de la izquierda desde la izquierda no es tarea fácil. Sus razones tuvieron una dramática vigencia durante un siglo; el colapso soviético descentra el peso de su crítica; el socialismo ya no es lo que era. De todos modos, su tesis principal, de que el socialismo no es sino la ideología enmascaradora del proyecto de tantos intelectuales de sustituir a la burguesía como clase o capa dominante tiene de alguna manera una corroboración siquiera indirecta en el fenómeno que corroe a las capas intelectuales en todas partes desde el desmembramiento del “campo socialista”. La increíble agudeza de la crítica majaiskiana durante casi todo el siglo XX se ha trasmutado desde los noventa en dos sentidos: pierde vigencia pero confirma su tesis.

Basta ver el trasiego de tantos intelectuales otrora socialistas a las carpas bien remuneradas del neoconservadurismo mal llamado neoliberalismo, su integración en esos organismos “de nuevo tipo” llamados oenegés, a veces con el corazón a la izquierda, pero demasiado a menudo con el bolsillo a la derecha, y tantos otros fenómenos que nos muestran el entramado de poder y conocimiento que tan bien supo exponer Majaiski.

Es curiosa, sintomática y penosa la ausencia prácticamente total de este trabajador polaco, perseguido y encarcelado, en los debates políticos de todo el siglo XX en el mundo de habla castellana. Porque, además, cuando uno habla del s. XX, es inevitable hablar de socialismo. Y el alineamiento de fuerzas, al menos hasta 1990, fue el de pre-suponer a la derecha como burguesa, capitalista, antisocialista y a la izquierda como socialista más o menos anticapitalista en sus tan diversos ropajes.

Majaiski rompió ya en los albores del s. XX con esa falsa dicotomía. Haber omitido sus reflexiones ha dificultado reconocer los vicios, las falsedades ideológicas del campo socialista desde el pensamiento crítico, paradójicamente esclavizado por sus propios puntos de partida presuntamente revolucionarios.

Esta debilidad autocrítica por cierto trasciende la cortedad intelectual del mundo hispanohablante porque es un fenómeno de mucho mayor alcance. Porque también hay que saber que aunque existieron ediciones en francés o inglés (y tal vez en ruso, polaco), se trataron siempre de rara avis.

Se pueden reconocer varias vías de escape o de solución a la crisis de los noventa por parte de los intelectuales ex-orgánicos o ex-intelectuales ahora orgánicos. Unos, anteponiendo la “fuente de trabajo” a cualquier otra consideración, han abandonado “la revolución y sus inmediaciones” y han encontrado en el sistema de poderes establecidos sus lugarcitos al sol, procediendo a una democratización, liberalización u occidentalización de sus almas.

Hay un segundo grupo, que se ha replegado y mantiene en rescoldo los viejos calores, a la espera de un reverdecimiento que vuelva propicio el retorno a “la lucha por el socialismo”.

Tal vez estos dos sean los comportamientos más abundantes, pero creo que existe otra constelación, más arduamente asible por sus características menos nítidas, menos instrumentales, más actitudinales: es el de la cantidad de militantes, de críticos, de gente inquieta que han abandonado todo programa de cambio, de modificaciones sociales para acercarnos a una vida más vivible, pero que no trasmutan la vieja derrota en un aggiornamiento profesional ni un repliegue “táctico” sino en una verdadera crisis acerca de la sociedad. En un desnudamiento. Lo cual no es sino una crisis acerca de qué es el mundo y cómo se transforma. Para estos agónicos, Majaiski puede ser un removedor, pese a su pérdida de vigencia (definitiva o transitoria, porque hay también quienes insisten en que este triunfo del neoconservadurismo, este retorno al capitalismo manchesteriano de hace dos siglos no es sino un paréntesis, convicción que el que suscribe no comparte).

Entendemos que Majaiski puede aportar a las sendas del “pensamiento alternativo” como muchos califican a lo que procura oponerse al “pensamiento único”, el que procura persuadirnos de que el doctor Pangloss tenía razón…

Su desnudamiento del “paraíso socialista” diez años de 1917 es sencillamente estremecedor Lo mismo puede decirse de su perspicacia para ver el papel que en una perspectiva revolucionaria, los intelectuales se atribuyen a sí mismos y le atribuyen a otros. Percibir y denunciarlo décadas antes de que plasmara el intelectual orgánico en el estado soviético, en un amplísimo despliegue que cubre desde Trotski con sus proyectos de trabajo forzado, Zhadov con su realismo socialista, pasando por Neruda con su Oda a Stalin y por Liberman explicando durante el posestalinismo porqué los apparatchik tenían que tener ingresos varias veces superiores a los de obreros, es francamente notable. Qué decir de su acercamiento a la noción del conocimiento como poder, ciertamente muy elaborado en la segunda mitad del s. XX por estudiosos como Foucault, pero analizados por Majaiski con singular acierto medio siglo antes…

Un advertencia final sobre los múltiples corchetes que señalan pasajes ausentes. Alexandr Skirda, el editor de la selección de trabajos de Majaiski del cual hacemos esta extracción, en 1979, en plena época en que el socialismo estaba o parecía estar en auge (Vietnam y Afganistán tenían entonces luces muy distintas a las actuales) explicita que ha editado los pasajes “más actuales y pertinentes”. En el pos-“socialismo real”, tras el colapso soviético y en un mundo unipolar la actualidad del texto de Majaiski se ha reducido, ha incluso cambiado de sentido. Ya no va a servir, como cuando fue pensado y escrito, para analizar las posiciones y los ardides de la ideología socialista, pero bien nos puede servir para analizar otras ideologías, el papel de los intelectuales en los sistemas de dominación (¿intelectuales orgánicos de qué?) y otras cuestiones que es mejor ir dejando libradas al lector.

Publicado en revista Futuros nº6, verano de 2003-2004, Río de la Plata. https://revistafuturos.noblogs.org

Artículos de Jan Vaclav Majaiski:

La ciencia socialista, nueva religión de los intelectuales
La conspiración obrera
La conspiración obrera (2º parte)

La conspiración obrera (1º parte)

¿Qué es el socialismo?, ¿qué quieren los socialistas y qué critican?

Por Jan Vaclav Majaiski
Ginebra, 1908

La raíz del mal –sostienen– es la propiedad privada de los medios de producción; individuos que poseen los instrumentos de trabajo, la tierras, las fábricas…

Pero, ¿han proclamado ya los liberadores que todo el mal consiste en la pertenencia de esclavos a amos distintos?

Los socialistas dicen que si se deja de lado a los pequeños propietarios campesinos y a los artesanos que no emplean a nadie y que tampoco se alquilan, y que de todos modos muy pronto se convertirán en proletarios, la sociedad contemporánea se encuentra dividida entre un puñado de propietarios de tierras e industriales, que recogen los frutos del trabajo ajeno y los proletarios que viven de la venta de su fuerza de trabajo […] y que de esto proviene todo el mal.

Y que si se modificara este estado de cosas, de modo tal que la tierra y las fábricas no fueran ya propiedad privada, sino que pertenecieran a toda la sociedad, y que no hubiera ya más patrones, entonces aparecería la feliz república de los trabajadores. Nadie podría vivir del trabajo ajeno, todo sería bueno para todos, puesto que la raíz del mal habría sido extirpada; la propiedad privada de los instrumentos de producción.

[…] Veamos un poco más de cerca esta fábula socialista. Si se descarta al pequeño propietario, según ella, la sociedad contemporánea representa, fuera de un puñado de grandes propietarios, una tropa indiferenciada de proletarios asalariados del capital, humillados por él, de un modo idéntico, ganando todos por igual su pan con el sudor de sus frentes, unos con las manos, otros con su cerebro… ¡Sí!, todos son trabajadores, los hacheros, los labriegos, los tejedores, los ingenieros, los profesores, los contables… sí, pero algunos llevan a cabo exclusivamente un trabajo manual de productores-esclavos en tanto que otros cargan el fardo patronal de la dirección y la organización de esa misma mano de obra, y llevan a cabo lo que los patrones han practicado en todos los tiempos, y lo que realizan todavía hoy en día algunos capitalistas y grandes latifundistas.

Es verdad que los intelectuales, al igual que los proletarios sin calificaciones, deben vender su fuerza de trabajo para vivir, “alquilarse” a un patrón o a toda la sociedad, al estado. Sin embargo, el obrero vende sus manos desnudas, la fuerza física de que ha sido dotado por la naturaleza; del mismo modo que cualquier animal, él vende su sudor y su sangre. El intelectual otorga al mercado los conocimientos que ha adquirido gracias al trabajo de los obreros, como el capitalista ha adquirido a su vez la fábrica; puesto que, mientras él estudiaba en la universidad, viajaba a hacer su práctica al extranjero, los obreros se debatían en la fábrica, producían los medios para su capacitación, su enseñanza “a favor de la humanidad” […]. Él vende a los capitalistas su saber hacer para extraer del mejor modo posible el sudor y la sangre de los obreros. Vende el diploma que ha adquirido gracias a la explotación de aquéllos […].

¿Trabaja más porque ha tenido la posibilidad de estudiar sobre las espaldas de otro en lugar de trabajar? En cuanto al obrero, no puede más que sobrevivir con su salario y perpetuarse en el mercado de trabajo como ganado laborioso, mientras el intelectual vive como los amos y hace de sus hijos “señores”. Así como el propietario lega sus bienes, el intelectual transmite el privilegio de su trabajo ligero, propio y ganancioso, a su descendencia […].

¿Significa esto que habría otros parásitos amén del puñado de propietarios de los medios de producción? No hay sino más con cada año que pasa, con cada paso dado por la civilización […],

con el patrón se encuentra el ingeniero y una docena de sus ayudantes, y por el otro lado, se presenta una jauría de empleados al “servicio” de la sociedad, así como miembros de diversas profesiones liberales; los socialistas no pueden conocer –no pueden siquiera plantearse la pregunta– acerca de los medios mediante los cuales, no poseyendo ningún derecho sobre la tierra y las fábricas, no poseyendo ningún “propiedad”, esta gente se aprovecha del trabajo de los obreros. Son gente inocente, dicen los socialistas, ¡viven de su trabajo!

Callándose en este punto, los socialistas dejan en penumbra y en paz la mejor parte de las ganancias realizadas por el patrón después de su repartija con sus intelectuales mercenarios. El patrón es, ante todo, un organizador intelectual, no se contenta con ser meramente propietario. Mete en su bolsillo izquierdo los dividendos por su aporte de capital, y en su bolsillo derecho una recompensa por su “esfuerzo”, su “penuria”, no sólo por el “riesgo” corrido sino igualmente por su “iniciativa”, por su gestión consecuente, en una palabra, por su penoso y pesado trabajo de organizador. Los socialistas no piensan siquiera atentar contra esta clase de ganancias. Al contrario, expresan de mil modos su respeto por este bolsillo del patrón. Y bien; este bolsillo es una vía de ingreso bajo la forma de remuneración a los organizadores; cada intelectual tiene el mismo bolsillo.

Por consecuencia, hay un papel en el bolsillo derecho del patrón que señala que toma –en tanto organizador del negocio– todo el beneficio que comparte con sus ayudantes. Es aquí que se encuentran las finanzas consagradas a la remuneración de la organización –por el patrón y toda su sabia hermandad– necesaria para la producción contemporánea. En el bolsillo izquierdo tiene otro papel más que estipula que en el momento del reparto, el patrón deberá quedarse con una plusvalía, en tanto que dividendos del capital.

Entonces, cuando el socialista exclama: ¡Abajo la propiedad privada!, significa que hay que desgarrar el papel que se encuentra en el bolsillo izquierdo del patrón y que lo provee de ventajas particulares en relación con otros explotadores, y que es preferible transferir el dinero de este bolsillo al de la derecha, a la suma total del ingreso nacional… ¡Ni más ni menos! ¡En esto consiste todo el socialismo!

El patrón no se queda sin medios para asegurar favorablemente a su descendencia, ni sin poder sobre los no-propietarios, como pasó con el propietario feudal. Pero es la intelectualidad la que se apropia de todo el beneficio.

[…] No sin razón el socialista no quiere organizar el ataque directo contra las ganancias. ¡Es que son las que no piensa disminuir en ningún momento! En tanto que intelectual quiere obtener únicamente, eliminando al capitalismo, un reparto más armonioso de las ganancias en el seno de las sociedad dirigente. Si se la pasa hablando de métodos más racionales de extracción y aumento del ingreso nacional.

El socialismo no es la rebelión de los esclavos contra la sociedad que los despoja; son las quejas y los planes de rapacería pequeña, del intelectual humillado pero que está comenzando a tener parte del control y le disputa al patrón sus beneficios, extraídos de la explotación de los obreros.

Examinemos más circunstanciadamente cómo y por qué el socialista critica al patrón capitalista. Examinemos su propio razonamiento.

En la actualidad los patrones ya no organizan el trabajo de sus obreros, han cesado de dirigirlos por sí mismos, de ejercer el mando directo, y han transmitido estas tareas a la intelectualidad asalariada, en tanto viven la buena vida en sus balnearios y se contentan con percibir sus cupones. Veamos qué dice el socialista. Por esto último que hacen, los capitalistas han devenido, ahora, parásitos. Mientras extraían los beneficios con su propio órgano succionador, los capitalistas no eran parásitos, ¡desde el punto de vista de la prédica socialista! No hacían sino cumplir “un papel socialmente útil”. Análogamente, antes que ellos los nobles esclavistas eran necesarios y útiles (uno puede preguntarse en todo caso, para quiénes). Fueron quienes organizaron las primeras grandes explotaciones (¿a favor de quién, con quiénes?).

Defendían a los villanos contra los nobles vecinos (del mismo modo que el lobo defiende la cabra que acaba de apresar contra uno de sus congéneros vecinos) […] En tanto el noble era el explotador casi único y en todo caso el más activo, no podía ser un parásito. En eso se convierte cuando a su costado se agranda el capitalista, quien emprende mejores trabajos que él y tiene necesidad de caminos seguros y bajo control, por eso es que se pone a organizar con los reyes y príncipes grandes estados fuertes, después pasa a la organización directa del trabajo de los esclavos, a la vista de ganancias bastante más considerables. El noble se convierte en parásito porque deja de ser el principal comanditario del negocio, porque ya no es su organizador; al contrario, sus viejos privilegios –la posesión de esclavos, etc.– impide a los nuevos amos manifestar todas sus capacidades, desarrollar sus métodos para acrecentar el bienestar de las clases privilegiadas.

Así piensan y enseñan todos los señores socialistas, y si los socialistas científicos se caracterizan por ello, mucho más todavía los socialdemócratas.

¿Por qué tendrían que justificar ellos al capitalista e incluso al noble feudal, siendo que éstos erigen un sistema social de explotación?

Para que los bienes acumulados al cabo de los siglos en las manos de la sociedad dirigente, en medio de ese “progreso”, sean considerados como bienes inviolables. Para preparar a fondo la justificación y la legitimación de la deducción de todos los beneficios, de todo el “ingreso nacional”, del “disfrute social”, por la cofradía sabia que se apresta a tomar el lugar de los viejos explotadores. Esta cofradía que los socialistas siempre dejan en la sombra cuando enumeran a los explotadores actuales señalando con el dedo a los capitalistas y a los grandes terratenientes.

¿Un explotador acaso no sería parásito más que cuando cesa de organizar por sí mismo la explotación? Si los socialistas juzgan a los capitalistas como prescindibles y nocivos para la sociedad hoy, es porque no organizan ya la producción; por lo tanto, quienes sí lo hacen en su lugar no serán parásitos en absoluto, aunque se alcen jugosos beneficios. Por lo tanto, según el derecho socialista, son ellos quienes deben ocupar el lugar de los amos, y si toda la ganancia termina en sus manos, no significará, empero, que ellos sean ahora los parásitos de la sociedad. Al contrario, todo volverá a su cauce normal y natural. Lo que no habrá más en la sociedad es gente que percibirá beneficios sin tomar parte en la producción, aunque la esencia eterna de la esclavitud –la división de la sociedad entre explotadores-organizadores a un lado y esclavos-ejecutantes hambreados por el otro– se mantenga en su totalidad.

¿Es así? ¿Hay acaso un antagonismo radical entre los esclavos y los organizadores de la esclavitud, entre el trabajo ajeno y el propio, entre los aprovechadores del trabajo manual y los productores explotados, entre los satisfechos de siempre y los hambreados de siempre? El socialista jamás remarcará esto, ni alrededor suyo ni en el pasado. No ve más que el antagonismo

entre los amos viejos y los nuevos. ¿Será por eso que él designa a la historia del pillaje utilizando términos tan convenientes como “historia del desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad” o del “progreso humano en general, será por ello que funda tantas esperanzas en este proceso “natural”, conforme a las “leyes históricas”? […] ¡No faltaba más! Los amos siempre se han beneficiado de cada “grado de desarrollo de las fuerzas productivas”, siempre han ganado y mucho con cada paso de “progreso”, tanto que les resulta totalmente “natural” aceptar de un modo u otro (dialéctico u otro) la historia “de acuerdo con las leyes de desarrollo”.

Por lo demás, no hay ninguna doctrina socialista que no se haya esforzado con mayor o menor elocuencia, en persuadir a los capitalistas que no tenían nada que perder con el socialismo, del mismo modo en que otrora los liberadores convencían de lo mismo a los señores feudales.

Es evidente que esto no se hace desde los folletos y proclamas que se difunden en el seno del “pueblo”; con ese destinatario se agita un único punto: ¡Abajo el capitalismo!, pero aquello está expresado en obras densas y eruditas escritas por las mismas manos, que el pueblo no lee.

[…] Pero si la jauría de lobos no pierde nada, ¿qué es lo que ganan los carneros? […] Si los socialistas mismos aseguran que los patrones actuales no perderán nada en general, ¿qué es lo que esto podrá aportarle a los obreros, a su exigencia de supresión del hambre y la esclavitud, es decir de la explotación, en una palabra, de las ganancias de los capitalistas y otros parásitos?

Va de suyo que esto no aportará nada, puesto que el progreso de la explotación y su supresión son dos cuestiones totalmente disímiles.

El socialista no lo ignora, pero ¿es ése su negocio? ¿En qué sentido podría preocuparlo?

Kautsky, por ejemplo, a quien se dirigen casi todos los socialistas del mundo entero como a uno de los pilares vivos del socialismo, para preguntarle, pedirle explicaciones y recibir sus enseñanzas, incluso aquella que enseña a los congéneres más jóvenes acerca de cómo es necesario componer hábilmente, para los obreros, proclamas sobre temas como: “¡Abajo el capitalismo!”, Kautsky, pues, en su libro sobre la revolución social declara con total tranquilidad que al día siguiente de la revolución, el salario de los obreros será sin duda más elevado que en la actualidad. y que los gastos sociales aumentarán también sensiblemente (se trata, para hablar en términos más simples, de la paga de todos los parásitos, que serán, para entonces, todos funcionarios sociales, y ya no propietarios como al día de hoy).

Si bien no todos los socialistas lo reconocen tan simple y abiertamente, algunos de entre ellos, en todo caso, no se han asombrado por las declaraciones de su propio apóstol. Todos explican que la lucha del obrero por elevar su salario y sus condiciones de vida no consigue nada, y que la raíz del mal se encuentra en la propiedad privada de los medios de producción, aunque también saben que la transferencia de la propiedad de privada a social no cambiará en absoluto las condiciones de vida de los explotadores y sus explotados.

Alcanza para advertirlo mirar un poco alrededor: ¿son solamente las empresas privada las que esquilman al obrero? ¿Qué pasa en las públicas? ¿En las de ferrocarriles del estado o en las minas nacionalizadas? Y allí no hay patrones privados. ¿Qué pasaría si todos los patrones se camuflaran de la misma manera en fábricas y propiedades raíces, bajo la forma de funcionarios de estado? ¿Habríamos llegado con ello a la república socialista, social, volcada al bienestar general? El socialista sonríe con desprecio: hay que aprender a distinguir la propiedad pública de la social; al día de hoy, dice, hay funcionarios zaristas en las fábricas [nacionalizadas] en tanto que en la repúbica socialista serán empleados sociales; ahora el patrón es la autocracia; más tarde será la sociedad, la república.

En todo caso, podemos observar desde ya en las empresas públicas del estado que la ausencia de propiedad privada de los medios de producción no resuelve en absoluto la cuestión de la explotación del hombre por el hombre, incluso aunque se denomine a ese estado de hecho, en un contexto diferente, como una “producción socializada”.

[…] Es necesario antes que nada conquistar el poder político, obtener todas las libertades posibles (y sobreentendida entre ellas la de morirse de hambre), conquistar la democracia, instaurar la república, más tarde desarrollarlas hasta el fin […] sostienen los social-demócratas y los social-revolucionarios […] para que el capitalismo pueda desplegar todas sus contradicciones, explican los primeros, en tanto que los segundos prefieren dejar ese asunto en la sombra…

Eso significa, afirmamos nosotros, que la libertad total de concurrencia de todos los capitales y de todos los conocimientos, de todos los medios de explotación, ha conducido a los capitalistas actuales a no poder ya prescindir de los intelectuales, a la necesidad para ellos de apelar a las masas de esos explotadores suplementarios y llevarlos al proscenio con el fin de retenerlos a sus flancos.

[…] El estado democrático significa que el científico toma el lugar de la policía, o más bien que se pone en el mismo rango que la policía. Por eso se multiplican los responsables sociales; los diputados, los políticos, los agrónomos, los estadísticos, los corresponsales de periódicos, los abogados, etcétera.

He aquí porqué la intelectualidad democrática aguarda con impaciencia, más que los mismos burgueses, el progreso ulterior de la sociedad burguesa, en general, y las democratizaciones sobrevenidas con él. He aquí porqué esta intelectualidad democrática explica a las masas que se insurgen que su emancipación no se alcanzará a través de la lucha económica, del ataque a la bolsa de sus amos, sino exclusivamente a través de la lucha política, es decir de la lucha para instaurar un régimen tal que esa bolsa pueda acrecentarse de un modo mejor en primer lugar, y sobre todo pueda entreabrirse para la cofradía sapiente. He aquí porqué la intelectualidad considera a la democratización de la sociedad, es decir su propia penetración en todos los poros del estado burgués, como la garantía suficiente de que la socialización constituirá por sí la entrada en un verdadero paraíso y no una nueva prisión, mucho más hermética que la anterior. Y bien, ¡sí!

La transmisión de todos los medios de producción a las manos de la intelectualidad que ya tiene el gobierno social, constituirá para ella un verdadero paraíso. La socialización de los medios de producción, en una democracia, no puede prometer a los trabajadores manuales más que el reforzamiento de la organización de poder que los domina, la reafirmación del estado, en suma.

La sociedad capitalista contemporánea daña los intereses de la intelectualidad, ya sea o no parte integrante del sistema y encima la humilla poniéndola bajo la dependencia de los capitalistas.

Resintiéndose ante tal humillación, el intelectual se resiste y se dirige a los esclavos del trabajo manual, siempre prestos a la rebelión, esforzándose en predicarles la revolución […] cuando el progreso burgués se estanca. Sin embargo, como no sufre por las mismas causas, ni de la misma manera que el obrero, no le propone sino planes de lucha que le permitan eliminar cuanto antes las causas de su propio mal, sin aportar al “camarada” obrero nada en absoluto, salvo la promesa genérica de un futuro mejor. Las exigencias que han movido a los obreros son inevitablemente postergadas por el intelectual; para más tarde, dejadas de lado, para “el futuro”.

¿Cómo gente que vive en la sociedad actual como lobos y corderos podrán luchar juntos por un porvenir mejor, por un porvenir para toda la sociedad? En tanto que unos viven a expensas de los otros. Solo quien quiere enmascarar el antagonismo existente en esta alianza que anuncia tantos problemas, se atreve a hablar del porvenir radiante de la humanidad; quiere enmascarar este antagonismo porque con ello se aprovecha para tratar sus pequeños negocios.

Toda la sumisión de los esclavos se explica por las riquezas que se les quita a cada momento, cada día, en cada pago. El socialista les enseña a dar la espalda a lo que pasa cada día, como si se tratara de cosas insignificantes, para poder fijar mejor la mirada en lo futuro, en las tareas de “la humanidad”. Si el proletariado combate por las premisas de la humanidad “futura” no lo hace de hecho sino para la satisfacción de necesidades bien actuales de la intelectualidad. Si el proletariado se priva de “cosas insignificantes” del presente, en nombre de eso futuro, provee por ese mismo hecho de ventajas al universo de las “manos blancas”. Este último se beneficia de cosas “insignificantes”, de esas necesidades actualmente insatisfechas de la masa obrera, de allí no retira más que una parte suplementaria de riqueza.

El intelectual gana así a dos puntas. La conquista de “grados” le provee, desde ya, de una parte importante del ingreso nacional. El abandono de la lucha por el pan en nombre de esos “grados” por parte de la masa obrera, aumenta directamente y conserva toda esta ganancia nacional.

El mejor azote que somete el esclavo al señor es el hambre del desocupado; pero el cuello blanco enseña que en el estado actual de la economía de la humanidad, ese látigo no es más la obra de los amos, sino que es natural, inevitable, que no se lo puede suprimir, que pretenderlo sería insensato, incluso criminal, puesto que, si no sobreviniera en el momento oportuno, toda la obra futura de la emancipación podría peligrar… según la doctrina socialista no se podrá cocer un pan igual para todos más que en un régimen futuro y de ninguna manera de inmediato, como se lo desearía. La sociedad actual no puede proveer todavía el horno para ese fin. El trabajo no sería tan productivo en la sociedad actual, según lo que declaran. La “sociedad” está todavía demasiado dividida por la competencia a que se libran los poseedores entre sí.

No se está en condiciones de nutrir a todo el mundo. No se trata de que no quiera hacerlo –por no sufrir ella misma de hambre– y que se aproveche de esa hambre extendida entre los productores, para desarrollarse y enriquecerse sin pausa; no, se trata de que “ella” no puede. ¡Eso es lo que dice “el enemigo”, el “destructor” del régimen actual! ¡Un enemigo bien acomodaticio, por cierto! Para decidirse a decir todo esto a todos los que están en la indigencia en medio de innumerables riquezas, y no revelar de inmediato su naturaleza rapaz de explotador, se hace necesario elaborar concienzudamente el ideal socialista, esa piel de cordero que esconde al lobo…

La preparación del paraíso socialista o los sindicatos legales

De acuerdo con la enseñanza socialista, la sociedad actual de pillaje no establece únicamente la esclavitud de los obreros sino que prefigura igualmente la libertad de estos últimos, prepara el futuro paraíso socialista: la explotación capitalista porta en su seno la igualdad socialista, la opresión capitalista nos conduce a la libertad socialista. Por eso no nos debemos asombrar de encontrar simultáneamente entre los socialistas dos concepciones diametralmente opuestas sobre los sindicatos obreros legales. Cuando se trata de la opresión actual de los obreros, la infelicidad y los sufrimientos se transforman al mismo tiempo en bienestar y alegría, lo negro en blanco, la mentira en verdad. Semejante contabilidad doble es la continuación inevitable de sus enseñanzas.

Cuando los socialistas son llevados a discutir con los defensores de un gobierno también reaccionario, por ejemplo, con el gobierno zarista, recuerdan y demuestran con muchísmo celo que los sindicatos obreros representan por sí mismos en toda Europa la garantía del progreso burgués, la garantía de la tranquilidad, del poder y de la solidez del estado burgués. Cuando hablan de esos mismos sindicatos delante de los obreros, les aseguran que las masas laboriosas construyen en ellos el fundamento del futuro régimen socialista. Advirtamos que esto debería significar en la lengua de los socialistas ” abolir el yugo para los obreros”, en tanto que en realidad, solidifica el estado burgués, no contribuye sino a reforzar ese mismo yugo.

Así los socialistas se convierten en verdaderos charlatanes, tanto cuando hablan con los gobiernos burgueses como cuando hablan con los obreros, y siempre con la misma amable sonrisa: demuestran a los gobernantes que los sindicatos refuerzan la dependencia de los obreros; a los obreros les aseguran que los sindicatos los llevarán a la independencia.

¿Pretenden los socialistas tomar a los obreros por imbéciles? En algún caso la burguesía, como en los países de Europa occidental, dejando propagar los sindicatos en la mayoría de las ramas de actividad, ha garantizado efectivamente la tranquilidad al mundo del pillaje. En lo que atañe al fundamento socialista, el negocio se presenta cada vez peor. Cuanto más se elabora este fundamento por parte de los obreros, más los socialistas alaban sus méritos, más alto en el cielo se eleva el edificio socialista.

Examinemos más de cerca porqué todas las consideraciones sobre los fundamentos socialistas, planteadas por los sindicatos y otras organizaciones obreras legales no son más que mentiras.

Para emanciparse, para suprimir la clase de los capitalistas, los socialistas dicen que los obreros deben hacerse cargo de toda la producción. Sin embargo, no pueden hacerlo todo de golpe, deben primero prepararse. En los sindicatos, los obreros –siempre de acuerdo con los socialistas– se familiarizan con todas las particularidades de su rama de producción y se convierten cada vez en más capaces de hacerse cargo, con total independencia, haciendo superfluos a los empresarios privados.

Los socialdemócratas agregan también que los obreros deben aprender a dirigir el estado, y que en sus asociaciones políticas, en el momento de las campañas electorales, en todas sus bancadas parlamentarias, en todas las diversas responsabilidades elegibles, en los consejos municipales y en otras instituciones, los obreros se adueñarán progresivamente del poder de la burguesía, adquiriendo al mismo tiempo todos los conocimientos indispensables para ejercer la dirección estatal. Los socialistas declaran únanimemente, además, ser partidarios de crear todo tipo de sociedades culturales, de universidades populares, para que, pretendidamente, los obreros adquieran en la menor cantidad de tiempo los conocimientos que posee la burguesía cultivada. He aquí como, gracias a los socialistas, se edifica el fundamento de la sociedad socialista por venir. ¡Qué formidable actividad!

–Pásenla bien, diviértanse, mis pequeñuelos; no prohibimos a nadie de soñar. Así responden todos los gobiernos de la Europa occidental a estos planes socialistas de derribamiento del régimen burgués, y le acuerdan a los socialistas la más completa libertad de charlatanería. .

Los obreros tienen que destruir su prisión secular, en tanto que los socialistas los adormecen aconsejándoles que eleven su nivel moral, que desarrollen su inteligencia y su corazón. Los obreros tienen delante suyo el adueñarse de las riquezas del mundo entero, en tanto que los socialistas les aconsejan distraer una parte de su miserable salario servil ¡con el único fin de organizar el paraíso futuro en los sindicatos y otras asociaciones corporativas! Cuando se perjudica una parcela menor de sus riquezas, la burguesía los castiga enviándolos al presidio o a la horca, en tanto que los fariseos socialistas prometen eliminar todas las leyes feroces gracias a la facundia de sus periódicos, a sus discursos en los encuentros callejeros, en los congresos y en las tribunas parlamentarias.

Jamás en lugar alguno, la gente se ha liberado en el terreno de sus enemigos, que es lo que los socialistas prescriben a los obreros. Basta comparar su obra con la de las revoluciones –cuando  nuevas clases realmente se liberaron– y entonces podremos ver que la obra de los socialistas consiste en extinguir la revolución y que, de hecho, no la preparan, sino al contrario, frenan e impiden la revolución obrera.

[…] que los socialistas no se asombren cuando los obreros insurgentes les arranquen al fin las máscaras, y los declaren traidores y enemigos de la revolución obrera.

La conspiración obrera, 2º parte

La conspiración obrera (2º parte)

Todos las enseñanzas socialistas acerca del comunismo futuro y sobre la necesidad de prepararse para ese fin no tienen por objetivo principal sino el distraer a los obreros de la lucha directa e inmediata, y de llevarse al cielo sus esperanzas. Los socialdemócratas declaran, in extremis, que eso es verdad para los utopistas pero que en lo que concierne al socialismo científico –las enseñanzas de Marx y Engels– el asunto es totalmente diferente.

Por Jan Vaclac Majaiksi
Ginebra, 1908

El socialismo científico, precisamente, con sus hechos y cifras ha constituido una absurda fábula acerca del advenimiento del paraíso socialista. Según ellos, los grandes capitalistas, a través de la competencia, aplastan sin pausa a los pequeños capitalistas, y muy pronto, de ese modo, la clase entera de los capitalistas se reducirá a un insignificante puñado de multimillonarios y todo el resto de la sociedad burguesa se transformará en proletarios asalariados. Con el acompañamiento de tales canciones hipócritas nacen cada día millares de nuevos burgueses de manos blancas, que se instalan en los barrios más distinguidos de las grandes ciudades y viven con mucho más lujo que los pequeños propietarios que “perecen” en la competencia con el gran capital. Los más fieles discípulos de Marx se ríen ahora de esta fábula de su maestro, se ríen para sus adentros, ciertamente, puesto que sería altamente inconveniente adoptar delante de todo el mundo una actitud tan irreverente ante un maestro infalible.

Es evidente que este hallazgo “científico” no tiene más objeto que contener los ímpetus de revuelta entre los obreros hasta que toda la burguesía se transforme en un “puñado ínfimo” de multimillonarios. Los socialdemócratas han repetido y continúan haciéndolo detrás de sus guías, sin hacerse el menor problema ante los obreros: “esperen a que los capitalistas hayan cavado sus propias tumbas”, el “desarrollo del capitalismo por su propio movimiento prepara la emancipación del proletariado”. Todo esto, sin duda, “independientemente de la voluntad de los hombres”. Esto debería significar que entre los socialdemócratas para reemplazar a los viejos nacen nuevos dioses socialistas, “bienhechores”, quienes por su poder celestial, reducen a los fuertes y elevan a los débiles.

La ciencia socialista, como toda ciencia social, aun cuando sea enemiga jurada del oscurantismo religioso, sabe operar con las masas obreras haciendo los mismos pases de prestidigitación que los brujos paganos o los sacerdotes cristianos. En cualesquiera de los partidos socialistas, en sus reuniones, en los congresos, durante los desfiles del Primero de Mayo, los obreros rezan, del mismo modo que en las iglesias, para la dicha futura que no se realizará sino en los más remotos descendientes. ¡El fruto no está todavía maduro! ¡Las fuerzas productivas no están todavía suficientemente desarrolladas! ¡La hora de la revolución socialista todavía no ha llegado! ¡Paciencia! Esto es lo que predican infatigablemente todos los curas socialistas. De ese modo, toda la indignación contra la esclavitud, toda la rebeldía contra el mundo de la violencia y la mentira no desencadenan entre los obreros socialistas acciones, ni luchas sino únicamente fe en un régimen futuro de justicia.

Es necesario difundir la nueva religión socialista para salvar el mundo. De todos modos, si la propagación de ésta salva al mundo, la explotación no cesará por ello. Al contrario, el viejo mundo del pillaje se hará sin cesar más fuerte, rejuvenecerá y adquirirá una gran longevidad.

Porque el crecimiento de la fe socialista, o como dicen los socialistas, de la conciencia socialista, no aumenta para nada la capacidad de revuelta de los obreros, ni sus aspiraciones a derrocar la esclavitud secular. Muy por el contrario, significa únicamente un mayor amor hacia el régimen existente. No puede ser de otro modo. ¿En qué consiste pues la fe socialista?

El régimen burgués actual prepara un orden futuro de igualdad y justicia totales. ¿Cómo no valorar entonces, cómo no amar este régimen de pillaje, cómo no participar con todas las fuerzas en su desarrollo y progreso? Para que se transforme cuanto antes, como está pronosticado, en el paraíso socialista. De ese modo exactamente actúan por todas partes los socialistas y los obreros que tienen la fe socialista. Más que la propia burguesía, adoran la grandeza de la “patria” burguesa. Son los mejores combatientes a favor del progreso burgués. Ésta es la razón por la cual el socialismo se extiende tan libremente por todo el mundo, la razón porqué resulta imprescindible a la prosperidad burguesa de modo similar a como lo fue el cristianismo en tiempos pretéritos.

Este papel de religión científica está desempeñado de la mejor manera en beneficio de la burguesía, gracias a la enseñanza de Marx y Engels, por el socialismo científico, el mismo que había dado por tierra tan victoriosamente con los primeros socialistas utópicos que según ellos querían llevar a los obreros a librar batalla prematuramente contra la burguesía, que había iluminado con una luz refulgente –al parecer– la marcha victoriosa del proletariado hacia su emancipación.

Los escritores reaccionarios a menudo le critican a los marxistas de predicar a los obreros la lucha contra la burguesía, la guerra civil generalizada. A esto, los marxistas responden que estos escritores no han comprendido a Marx. Su enseñanza preconiza la lucha de clases únicamente contra un puñado de plutócratas, pero está nutrida de una profunda ternura hacia la sociedad burguesa y su progreso. No hay nada de anarquista ni de insurreccional en esto, muy al contrario, lo que hay es de lo más idealista y religioso.

En este caso preciso, los marxistas dicen la verdad. En efecto, ¿qué es lo que enseña la filosofía de Marx, denominada comprensión materialista de la historia o incluso materialismo histórico y dialéctico? Enseña que en todos los tiempos, en todas las sociedades, todos sus gobiernos y leyes deben corresponder a las necesidades materiales de la gente, a sus necesidades económicas y a sus fuerzas productivas. ¿No significa eso que los propietarios de esclavos en la Antigüedad encadenaban a sus esclavos, que los señores feudales azotaban a sus siervos, que los capitalistas hambrean ahora a los obreros por la exclusiva razón que así lo han exigido y lo exigen todavía “las necesidades de la gente”, siempre de acuerdo con las “necesidades económicas de la sociedad”? ¿Qué más puede pedir la burguesía de los marxistas? ¿Acaso las doctrinas sacerdotales y de los estadistas han intentado demostrar otra cosa?

¡Este socialismo científico contemporáneo es un mecanismo increíblemente maligno! ¡Es tan fácil dejarse seducir por sus hermosas palabras! “La lucha de clases contra los explotadores” quiere decir si se reflexiona un poco: “¡Derroquemos de inmediato a los pillastres!; “material”, “económico” significan con toda seguridad que ésta es una causa exclusivamente obrera. ¿”Materialista” equivaldría a insurreccional entonces? ¿Contra todas las santidades de la religión? Uno se deja seducir por semejantes definiciones puesto que, confiadamente uno quiere aprender todo lo de esta enseñanza. Uno hace toda la escuela socialista y no se da cuenta siquiera de que se ha transformado en un peón intelectual burgués. Uno vive en medio de la opresión de los obreros y uno no la siente ya más, uno se olvida que se ha nacido en una prisión, que se está condenado a un trabajo esclavo para toda la vida. Uno comienza así a amar a la sociedad del pillaje. Se comienza a magnificar como su patria a la unión de todas las Rusias, opresores de todas las nacionalidades. Se desea un renacimiento burgués de esta patria y se pone uno a luchar por la felicidad de esta unión opresora.

Cuanto más se extiende la doctrina socialista por el mundo más se convierte, con el paso del tiempo, en una verdadera doctrina sacerdotaal. Antes todavía, había casos en que los socialistas, en particular los marxistas, se sentían ofendidos al ser comparados con propagandistas religiosos. Hoy en día los socialistas reconocen públicamente que han elaborado una religión nueva. De ahora en adelante, tratarán de calumniador a quien considere a los sacerdotes como estafadores y a la religión como la más sólida cadena de la esclavitud. ¡Qué se creen! ¡Todas las religiones, a su debido tiempo, “han educado a la humanidad”!

Así que ya lo hemos visto, los eruditos socialdemócratas deliberadamente echan un velo sobre la opresión secular de las masas obreras. Consideran con tanta imprudencia como naturalidad la coexistencia de la sociedad civilizada y del estado y denominan colaboración la servidumbre de la mayoría de la humanidad, exclusivamente transformada en bestias de carga para las minorías privilegiadas.

Por cierto que si esta “colaboración” ha sido siempre indispensable para el bien común, ahora lo es en grado superlativo y más lo será hasta tanto el paraíso socialista no se instaure. Esta enseñanza de los socialdemócratas acerca de la homogeneidad del cuerpo social reduce a una declaración hueca y vana toda la voluntad declarada de “lucha de clase contra el régimen de explotación”. En efecto, no pregonan a los obreros más que una “lucha de clases” que no constituye peligro alguno para el orden vigente de pillaje, y que puede ser admitida por toda sociedad burguesa inteligente.

Esta concepción de la colaboración económica de los trabajadores y sus explotadores restaura la intregridad de los preceptos morales de los amos, y hace pesar otra vez sobre los obreros todas las “obligaciones morales” elaboradas hace ya tiempo por los moralistas hipócritas al servicio de los amos; todas las mentiras de estos últimos son resucitadas así por los socialdemócratas, con el único fin sostenido de engañar a los explotados. Los obreros tienen que amar a la unión de ladrones que constituyen sus patrones, unión que se denomina en el mundo de la violencia y la mentira “patria”, “país natal” o “nación”. Deben defender esta unión de ladrones contra sus “enemigos”, y amarla más todavía que los mismos explotadores.

Los obreros deben ser los más sinceros y honestos nacionalistas, los más ardientes patriotas. Por medio de la lucha y la sangre, son obligados a liberar a sus enemigos, los “manos blancas”, ofrecerles la más completa felicidad y la libertad política más amplia. Deben ser esclavos honestos, fieles, desinteresados y generosos ya no por miedo sino a conciencia. Deben incluso despertar entre sus amos la aspiración por la libertad, y por “la verdadera vida de justicia”, por “el radiante ideal de la razón, del amor, del bien, de lo bello”.

¡Ay! La propaganda de los discursos socialistas no se ha perdido por completo. Durante estos últimos años, los obreros socialistas han sorprendido agradablemente a toda la intelectualidad saciada con su “ideal radiante”. Cuando las “hermosas jornadas de octubre”(1) han llegado a declarar “camaradas” a todos los burgueses de “manos blancas” y han repetido tras los socialistas todas las mentiras de sus explotadores; patria, pueblo, nación, verdad, justicia […].

Los obreros rusos han servido de carne de cañón en la lucha emprendida para beneficio de los octubristas y los cadetes.(2) Esta estafa se difundió no por intermedio de los estafadores burgueses habituales, sino por intermedio de los “verdaderos representantes del proletariado”, de los “defensores” de la clase obrera.

[…] Hemos visto como la religión socialista, después de haber enmascarado la opresión secular de las masas obreras, declara que todo estado civilizado es la realización de una colaboración para la satisfacción de necesidades económicas, para el desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad. Apoyándose sobre su “ciencia”, los sacerdotes socialistas declaran que toda la historia es una prolongada preparación de la humanidad hacia una vida futura justa de hombres libres e iguales. El efecto de la predicción socialista es algo verdaderamente misterioso: los amos no han pensado jamás sino en explotar a sus esclavos, en aumentar sus bienes personales, pero pese a todo, esta riqueza acumulada habría servido para educar a los hombres –a despecho de los prolongadísimos malos tratos– y a preparar su dicha futura!

Pero, ¿por qué esta sociedad de hombres libres no ha nacido todavía? La religión socialista responde simplemente que la humanidad no ha tenido todavía tiempo para prepararse, al no disponer de los medios materiales necesarios, y que el mismo pueblo no ha sido suficientemente educado para una vida comunista y fraternal. En consecuencia, es necesario prepararse por todos los medios, puesto que, aseguran los socialistas, en el momento de la emancipación de la clase obrera, la principal dificultad no va a estar en la apropiación de los bienes de la burguesía sino en el saber cómo hacerlos funcionar, para, con la ayuda de esos bienes, conseguir una vida mejor. Cuanto menos tengan los obreros una representación clara del régimen futuro, menos estarán preparados y por lo tanto no valdrá la pena provocar una revolución obrera, exclaman los socialistas superándose unos a otros. No vale la pena atacar a la burguesía; de todos modos eso no sería lo mejor, muy al contrario: una revolución fallida hará retroceder a los obreros, les quitará incluso lo que ya hubieran ganado, destruirá la larga preparación hacia el paraíso socialista.

Por estas palabras que valen oro, la burguesía se prepara a retribuir a los socialistas con mil gentilezas. Les otorga una total libertad de propaganda, les promete pequeños lugares, cálidos y confortables, e incluso sillones ministeriales. La burguesía comprende perfectamente que las baladronadas socialistas pueden serle tan útiles como la propagación de la fe cristiana, como la cárcel y las armas. “No se rebelen”, exhortaban los sacerdotes, porque de lo contrario ¡van a perder la esperanza en el reino celestial! Los socialistas dicen lo mismo: “No se rebelen”, porque si lo hacen, “¡van a destruir todo el fundamento socialista!”

Los socialistas tienen discursos hasta el agotamiento, entintan montañas de papel e invariablemente terminan sus proclamas, sus libros y discursos con una misma consigna: “El régimen socialista es impensable sin una condigna preparación. ¡No comiencen nada sin una buena preparación!”

Los socialistas no se fatigan en vano. Puesto que, durante todo el siglo anterior, al margen de la iglesia socialista y de las revoluciones socialistas burguesas, se fue configurando cada vez más nítidamente una vía de emancipación de los obreros, camino al derribamiento de la opresión secular.

Ninguno de los pensadores socialistas, aunque se los pueda contar a centenares, ha logrado prever o entrever esta vía. Las masas obreras la han ido trazando por sus propios medios: algo que ni los eruditos ni los socialistas pueden admitir sin rencor. Esta vía, es la de la lucha económica de masas de los obreros, la huelga general económica.

¡Cuántos sabios socialistas se han estrujado el magín, al parecer, para conocer cómo los obreros tenían que liberarse, organizarse en la nueva sociedad, para que nuevos explotadores no pudieran nacer!

[…] ¡Abandonen el mundo putrefacto del becerro de oro y funden en países lejanos, en islas desiertas, comunidades según los principios comunistas! Sin ninguna duda, esta empresa de los primeros socialistas terminó con el mismo éxito que aquella de los fanáticos religiosos y otros dementes que se retiraban al desierto para poder comunicarse mejor con Dios…

¡Construyan sus propios bancos, su propia bolsa de valores, después intercambien sus productos sin tener que pasar por la intermediación de mercaderes y capitalistas! Pero esta idea brillante también ha explotado como una pompa de jabón…

Pero no, de ninguna manera, exclamaron los políticos socialistas, no actúen de ese modo, comiencen por derribar los tronos y así el poder pasará a las manos del pueblo. Eso será la dictadura del proletariado, y será la dictadura la que organizará la sociedad futura. Se derribaron los tronos, se ha proclamado la república y el poder del pueblo se ha revelado no como dictadura del proletariado sino como dictadura de la burguesía…

Democraticen la máquina estatal, aconsejan los socialdemócratas, elijan diputados socialistas. Y bien: más de cien diputados socialistas se han elegido en Alemania y ellos han resultado tan charlatanes y tan inútiles como todos los otros “representantes del pueblo”.

¡Hay que conquistar el sufragio universal! Pero para conquistar este sufragio, universal, directo, no existe más que los gobernantes y comandantes que están bien encaramados sobre las espaldas de los trabajadores y cuyo número crece sin cesar…

¡Socialicemos al menos la tierra! proponen los socialistas populistas rusos, démosle al pueblo siquiera eso, dicen. Pero la única transferencia de la tierra al pueblo de la que se puede hablar es aquella por la que aumenta el número de campesinos ricos (los socialistas revolucionarios [socialrevolucionarios] lo saben perfectamente bien por sí mismos). Campesinos con muchos medios que hacen sudar a los campesinos pobres del mismo modo que lo hacen los grandes terratenientes…

En una palabra, de todas las numerosas invenciones socialistas no han resultado sino absurdidades, o peor aún, un aumento del número de explotadores, y en todos los casos, el refuerzo de la opresión de los obreros.

A todas estas lucubraciones socialistas, los obreros responden con su reivindicación básica: ¡aumento de salarios, acortamiento de la jornada de trabajo! “¡Cuánta sordidez, cuánta grosería!, repite el socialista comentando esas consignas. Sí, cuán sórdido es para su ardiente corazón de comunista! ¡Es igualmente grosero para su delicada alma de intelectual!

De todos modos, gracias a las obstinadas revueltas de los obreros, la burguesía se ha visto obligada a aumentar los salarios y a disminuir la cantidad de horas por jornada de trabajo, por lo menos para algunas capas de obreros. ¿Y qué ha pasado? Toda la “elevada” invención de los socialistas no ha aportado consigo sino la liberación de la burguesía y un aumento del número de explotadores, en tanto la “sórdida” conquista de los obreros ha aliviado el trabajo forzado de algunas capas de obreros, sin haber por ello aumentado el número de explotadores. Por primera vez en la historia, ha surgido una lucha llevada adelante por los explotados, a través de la cual éstos han se han servido de una vía emancipadora sin convertirse a la vez en nuevos explotadores, como ha sido hasta ahora, por ejemplo cuando la emancipación de los artesanos o los campesinos.

Los socialistas se esfuerzan en prevenir a los obreros contra toda emancipación demasiado prematura, que no esté suficientemente anclada y que podría dar lugar al nacimiento de nuevos explotadores. Que traten de imaginarse entonces, cuanto puede apresurarse la marcha de la lucha económica y cuán importante puede resultar para los obreros el aumento de salarios o la disminución de horas de la jornada de trabajo. Estas conquistas no podrán dejar de aliviar la opresión de todos los obreros, sin llegar a crear ni un solo puesto nuevo de explotación, ni ingresos parasitarios suplementarios. Muy por el contrario, se trata precisamente de un crecimiento lento de los salarios que se produce, hasta ahora, sin daño alguno para la burguesía, únicamente a favor de determinadas capas privilegiadas de trabajadores. En tanto que, un aumento rápido e importante de salarios como el que puede obtenerse a través de una huelga económica general de los obreros, mejorará la situación de todos los trabajadores.

Esta importante y rápida conquista de los trabajadores trae consigo una consecuencia que hace temblar a los socialistas: la expropiación de los explotadores. Cuando los obreros lleguen a organizar una huelga económica general, cuando hayan desechado las redes de captación democráticas y socialistas, sus reivindicaciones serán tan elevadas y tan insuperables que su satisfacción hará necesario no sólo la expropiación de los grandes capitalistas, sino también una disminución de ingresos privilegiados. Allí se verá la diferencia entre las revoluciones obrera y política. En tanto esta última no hace sino reemplazar a unos holgazanes por otros, la revolución obrera suprime, en su propio desarrollo, todos los aspectos de la holgazanería.

La revolución política suprime el poder de los monarcas para que aquél pase a las manos de los ricos y de la sociedad burguesa en general. Bajan las rentas de los generales, los gendarmes y los curas, únicamente para aumentar la de los científicos de la represión social. Sin embargo, para los obreros, es bien evidente que resulta indistinto llevar a cuestas a los parásitos de una u otra especie. Los intelectuales podrían, en última instancia, decidirse por su revolución “socialista”, la que distribuiría los millones arrebatados a los ricos, a todas los “manos blancas”; los obreros no tendrían nada para ganar en este caso puesto que la suma de ganancias nacionales, el fondo consagrado al mantenimiento de los parásitos no disminuiría para nada.

La revolución obrera, es decir, la huelga económica general, que conquista un salario realmente elevado, disminuye en la misma medida en que aumenta ese fondo destinado a mantener a los monarcas, los ricos, los parásitos “militares” y “civiles”, los burócratas del estado o privados, los capitalistas y la intelectualidad. Es sobre la base del salario miserable y servil de los trabajadores manuales que descansa la existencia de todos los explotadores. La elevación de este salario, es entonces la única vía, la única arma, que puede hacer desaparecer a los explotadores de todo tipo.

Los personajes eruditos, como, entre otros, los socialistas, no quieren oír hablar de la huelga económica general de los obreros, como si no pudieran captar lo que esto significa. De hecho, no hay en esto nada de sorprendente: no quieren comprender lo que la lucha económica general significa y por eso hacen como que les resulta “incomprensible”. No la quieren porque ningún tipo de propietario quiere su propia expropiación. Los personajes eruditos, los socialistas y los pedagogos de todo pelaje gozan de ingresos privilegiados que serían ineluctablemente suprimidos en una revolución obrera.

Sólo las masas obreras pueden comprender la lucha económica general de los trabajadores manuales. Todas las capas de la clase obrera la comprenden, incluso las menos evolucionadas. Incluso las masas analfabetas de los países más atrasados la comprenden por igual. Lo cual quiere decir que su comprensión no proviene de ningún libro […]. Su discernimiento proviene de la sensación misma de opresión sufrida por las masas obreras, y por eso puede ser experimentada por igual en todos los países, en el mundo entero, tanto en Europa como en América, tanto en Francia como en Rusia.

Sin embargo, la lucha económica general y las revueltas económicas de los obreros no estallan a menudo. No es fácil para las masas romper las mallas de las redes socialistas y democráticas que los envuelven, ni es fácil desprenderse de las consignas soporíferas que le entonan los intelectuales o incluso sus propios camaradas devotos a los intereses y a los objetivos de la intelectualidad. ¿Y cómo provocar estas rebeliones si no hay organización dispuesta a sostenerlas y unificarlas, si no hay conspiración obrera, y lo que existe es una conspiración de intelectuales que quieren transformar cada rebelión obrera en una revolución política, para realizar alguno de los ideales de los intelectuales?

En estos últimos tiempos, las masas expresan su rebelión económica cada vez que creen que sus organizaciones y comités preparan la revolución obrera; así ha sido cuando la huelga minera en Ucrania en 1903, y en parte en Italia en 1904; o cuando se sublevan en momentos de indignación y desesperación extremos, como cuando la insurrección italiana de 1898, en Ginebra y en Barcelona en 1902, o incluso, como recientemente, en Belfast. Entonces, los obreros dan por tierra con todos los obstáculos legales de las leyes burguersas y de la ciencia socialista. Irresistiblemente cunde entonces el incendio de la insurrección obrera.

“¡Cuán inescrutable es la psicologia de masas!, declaran con profundidad los intelectuales hipócritas. Sin embargo, en esos momentos de rebelión, los obreros están lejos de expresar reivindicaciones ininteligibles. Se encuentran en su medio puesto que son los ojos de su propia causa. El aumento de salarios, el alivio del régimen de trabajos forzados propio del trabajo manual, son asuntos de todos los explotados y sólo de ellos. Allí no existe ninguna mala jugada llevada adelante por una intriga de intelectuales a favor de un ideal mentiroso. Por el contrario, se trata de una insurrección contra todos los explotadores, contra el mundo de los “manos blancas”. En tales momentos, de huelga económica general, se toma conciencia, todos los obreros toman conciencia, […]. He aquí la razón por la cual se sublevan todos, por qué surge su lucha.

Traducción del ruso al francés: Alexandr Skirda / Retraducción del francés al castellano: Luis E. Sabini Fernández

notas:
1) 1905.
2) Grupos políticos nacidos en el curso de los acontecimientos de 1905, partidarios de una monarquía constitucional.

La conspiración obrera, 1º parte

Publicado en revista Futuros nº6, verano de 2003-2004, Río de la Plata https://revistafuturos.noblogs.org